martes, 28 de marzo de 2017

DICTADURA, TIRANIA Y AUTOCRACIA

Marta de la Vega

En ¿Qué es democracia? G. Sartori precisa que “El Estado dictatorial es el Estado inconstitucional, un Estado en el cual el dictador viola la Constitución, o escribe una Constitución que le permita todo”. La forma extrema de contraposición a la democracia es la autocracia, que “es autoinvestidura, es proclamarse jefe de sí mismo o encontrarse en situación de ser jefe por derecho hereditario”.
En la dictadura, el poder se ejerce como dominación centrada en la imposición unilateral de los dictados de un autócrata o de una minoría oligárquica, adjetivo este tomado de la Grecia antigua. Se trata del gobierno de unos pocos, que en general pertenecen a una misma familia, estamento o sector social, que no tienen ni los méritos ni la formación, ni la “virtud” como areté propia de la nobleza, es decir, de la aristocracia, que significa el gobierno de los mejores.
Por ello el régimen oligárquico fue en la Grecia antigua la negación o degeneración de la aristocracia. El poder dictatorial es ejercido sin posibilidad de disensos y de manera abusiva. La legitimidad, en el caso de una dictadura, está ausente, pues no resulta de una competencia equitativa a la que concurren rivales en condiciones iguales en la lucha por el poder, ni la legitimidad reposa en el acatamiento voluntario de las normas por parte de la ciudadanía ni en la soberanía popular.
J.J. Rousseau, en el Contrato social, también se refiere a la dictadura y a la tiranía Todos estos regímenes son una degeneración del sistema político y en particular del Estado. Para él, hay dos vías por las cuales un gobierno degenera, cuando se disuelve el Estado.
La primera, “cuando el Príncipe no administra el Estado de acuerdo con las leyes y usurpa el poder soberano”. Ocurre entonces “un cambio notable pues no es el gobierno el que se concentra sino el Estado (…). Este se disuelve, siendo reemplazado por los miembros del gobierno únicamente, el cual se convierte en dueño y tirano del pueblo”. Es la apropiación del Estado por parte del gobierno, cuyos miembros o instituciones usurpan las estructuras del Estado.
La coacción ilegítima se convierte en instrumento para mantenerse en el poder. Roto el pacto social, el hilo constitucional es destruido. “De suerte que en el momento en que el gobierno usurpa la soberanía, el pacto social se rompe, y todos los ciudadanos, al recobrar de derecho su libertad natural, se ven forzados, pero no obligados, a obedecer”, agrega Rousseau. Impera el poder del más fuerte, no la autoridad del más idóneo para gobernar.
La segunda, “ocurre cuando los miembros del gobierno usurpan por separado el poder que deben ejercer en conjunto”. Tal caso es, para Rousseau, “infracción de las leyes no menor y que produce mayores desórdenes”.Es cuando uno de los poderes se impone sobre los demás o por encima de uno de ellos y los subordina a sus propios intereses o los de su facción.
Así hipertrofia y desvirtúa sus funciones como cuando el poder ejecutivo busca subyugar al legislativo que, de acuerdo con Rousseau, es el poder más importante, y en esta intromisión usurpadora es secundado por otro de los poderes públicos, el poder judicial.
¿Cuándo un gobierno degenera en tiranía? Según Rousseau “tirano es el rey que gobierna con violencia y sin miramiento a la justicia y a las leyes”. Y añade: “En la acepción precisa del
vocablo, tirano es un particular que se abroga la autoridad real sin derecho”, como lo explicaron en la antigüedad los griegos, fueran príncipes buenos o malos pero cuya autoridad no era legítima. Y concluye: “Tirano y usurpador son, pues, perfectamente sinónimos”.
Las consecuencias son funestas y trágicas para la sociedad. Abandono de obligaciones de Estado como asegurar salud, alimentación y seguridad, que cobra innecesarias muertes en Venezuela. ¿Nos dicen algo estas palabras de 1761 para entender el régimen presidido por Maduro?

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domingo, 26 de marzo de 2017

VENEZUELA FALLIDA

CARLOS ALBERTO MONTANER

El asunto es más grave. El régimen chavista de Nicolás Maduro, sin duda, ha violado todos los incisos de la Carta Democrática Interamericana de la OEA y merece ser sancionado, pero suspender a Venezuela de la Organización de los Estados Americanos es poca cosa y, tal vez, llega muy tarde. El daño que ha sufrido esa sociedad ha sido muy profundo.
Peor que tratar de convertir a Venezuela en otra Cuba, es haberla transformado en otro Congo, un país caótico y desorganizado, dominado por jefecillos locales que viven a punta de cuchillo. Venezuela, además de ser un Estado forajido que agrede a los demás, es un Estado fallido que incumple sus propias leyes e ignora sus instituciones, del que ha desaparecido el principio de autoridad, la capacidad de reprimir se ha atomizado en mil centros violentos, y el aparato estatal no responde a las órdenes de quienes, supuestamente, mandan.
Maduro, un señor que dice tonterías y baila salsa, dirige precariamente uno de esos centros. “Por ahora” es el más poderoso, pero sólo provisionalmente. Está a su alcance encarcelar a Leopoldo López o a Antonio Ledezma, porque la oposición actúa dentro de unos esquemas republicanos pacíficos y predecibles, pero Maduro no puede controlar a los miles de venezolanos de rompe y rasga, los malandros a los que el chavismo armó y les dio patente de corso para que desvalijaran y aterrorizaran a lo que llaman “la burguesía”, es decir, las personas empeñadas en tener una vida decente y normal.
Es la anomia total. La absoluta falta de principios, valores y normas civilizadas. Aunque quisiera, que no es el caso, Maduro tampoco puede impedir la producción y tráfico de estupefacientes. Esa, desde la perspectiva chavista, es solo una zona más de enriquecimiento. El narcotráfico apenas es una variante del delito. Lo practican muchos generales coludidos con los capos de la droga, e incluso sus propios parientes más cercanos, como sucede con sus narcosobrinos. Hay unos ladrones de cuello blanco que roban en PDVSA. Otros crean empresas de maletín para intermediar en las compras del Estado o reciben cuantiosas coimas de compañías como Odebrecht. En el fondo, son iguales.
¿Cómo llamarlos al orden si el chavismo ha sido una inmensa máquina dedicada a delinquir? El desalmado que mata a una muchacha para robarle un teléfono celular siente que lo que él hace no es peor que aprovecharse de las relaciones personales para obtener dólares a precios preferentes y enriquecerse por medio de cambios tramposos. Cada uno rebaña lo que puede y como puede. El perraje, que es impresentable, usa la navaja o la pistola para extorsionar o matar a cualquiera y huir de la escena del crimen a bordo de una moto. El bandido sofisticado utiliza un bolígrafo de oro, tiene cuenta en un paraíso fiscal, y se prepara para abandonar Venezuela en su propia avioneta tan pronto el barco comience a hundirse. Uno y otro se hermanan en la impunidad y en el desprecio por el país en que nacieron.
¿Qué más puede ocurrir en Venezuela? Dada la infinita incapacidad del régimen y la creciente pérdida de autoridad, puede suceder cualquier cosa. Ya está sucediendo. El default y la consecuente desaparición del crédito para importar alimentos están a las puertas. Como resultado de ello, es previsible una hambruna que mate a miles de venezolanos o los deje en puro hueso y pellejo. La ausencia prolongada de electricidad y agua potable no es descartable. Tampoco la aparición de unas infecciones monstruosas e incontrolables. Seguirá, in crescendo, la desesperante hiperinflación que va agregándoles ceros a los precios y puede llegar a cifras incalculables, como sucedió en Alemania en los años veinte del siglo pasado o en la década de los ochenta en países andinos del vecindario como Perú, Bolivia y Ecuador.
¿Cómo se le pone fin a esta pesadilla? Es difícil creer que Maduro se acoja al sentido común y busque una solución colegiada junto a la oposición, que es la infinita mayoría del país. Raúl Castro le ordenará que resista y se atrinchere en el discurso antiimperialista. Raúl está dispuesto a pelear hasta el último venezolano. Todo lo que le interesa a La Habana es continuar con el ordeño de la vaca lechera. No veo a Nicolás Maduro perdiendo unas elecciones y colocándole la banda presidencial a Henrique Capriles, a María Corina Machado, y mucho menos a Leopoldo López.
Se cumplirá, sin embargo, un dictum propio de estas situaciones: mientras más dure, y mientras mayor sea la destrucción de los fundamentos nacionales, más dolorosa y sangrienta será la cura.

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LAS CÁSCARAS DE MADURO

EL ESPECTADOR, EDITORIAL

Una nueva provocación militar  en la frontera esta semana, generada de manera irresponsable por el Gobierno de Venezuela, pudo haber terminado de forma indeseable. Gracias al prudente manejo diplomático que le dieron nuestra Cancillería y el Ministerio de Defensa, no se cayó en la trampa alentada por el presidente Nicolás Maduro. De otra manera se habría llegado a lo que buscaba Caracas, esto es, crear un innecesario problema binacional justo cuando en el marco de la OEA se analiza la activación de la Carta Democrática a Venezuela.
Este tipo de incidentes se han presentado en el pasado y se seguirán presentando hacia futuro. Mientras continúe la grave crisis que afronta desde hace varios años el país vecino, la cortina de humo de ambientar incidentes fronterizos será una constante. El paso de militares a territorio colombiano, la caída de un helicóptero de la Fuerza Aérea Venezolana, el hostigamiento a un avión de Avianca, el cierre de la frontera y, el más grave, la expulsión de miles de compatriotas, forman parte de un listado creciente de provocaciones.
Lo importante, como lo ha hecho el presidente Juan Manuel Santos, es mantener la cabeza fría y no permitir una indeseable confrontación. Eso, precisamente, es lo que se busca desde el Palacio de Miraflores. De hecho, no han demorado en aparecer aquí quienes prefieren tañer los tambores de guerra, en vez de contribuir a apaciguar los ánimos. En su deseo de golpear al Gobierno con lo que tengan a mano, actúan de manera irresponsable al exacerbar el sentimiento nacionalista y, de paso, hacerles el juego a los militaristas al otro lado de la frontera.
Este hecho sucede de manera simultánea, y no por mera coincidencia, con el debate que se está llevando a cabo en la OEA con respecto a la Carta Democrática Interamericana (CDI) y la eventual suspensión de Venezuela de la Organización. Tal y como lo solicitó su secretario general, Luis Almagro, y como lo manifestamos en este espacio, es hora de que los estados miembros tomen medidas más radicales con respecto a las muy graves violaciones al Estado de Derecho, a la violación de los derechos humanos a los opositores al régimen, a garantizar la actividad democrática, representada en el libre ejercicio electoral tal y como lo dispone la Constitución de dicho país.
El jueves en la tarde, 14 países de la OEA, entre ellos Colombia, firmaron una fuerte Declaración en la que se refieren a una serie de aspectos esenciales que deben resolverse, en aras de lograr una salida constitucional a la coyuntura por la cual atraviesa el país. Entre otras cosas, solicitan de manera “urgente que se atienda de manera prioritaria la liberación de presos políticos, se reconozca la legitimidad de las decisiones de la Asamblea Nacional, según la Constitución, y que se establezca un calendario electoral que incluya las elecciones pospuestas”.
Infortunadamente la Declaración no fue firmada por ninguno de los países del Caribe, ni por Ecuador, Bolivia, Nicaragua o El Salvador. De esta forma, queda clara una vez más la influencia del Alba y Petrocaribe, es decir, que la diplomacia petrolera aún le da réditos a Venezuela frente a muchos de estos países que reciben préstamos y petróleo a precios especiales. A la hora de las decisiones diplomáticas en los foros regionales, se pasa la cuenta de cobro representada en apoyos incondicionales. No en vano la canciller, Delcy Rodríguez, realizó un urgente viaje por varios países del Caribe en los últimos días para “reafirmar” dichos apoyos. Ahí está el resultado de sus gestiones.
Es de esperar que, ante la profundización de la crisis venezolana y una mayor presión por parte de la comunidad internacional y de los organismos como la OEA, el gobierno de Nicolás Maduro continúe con el peligroso juego de las provocaciones fronterizas. La respuesta no puede ser otra que la de no pisar las cascaritas de Maduro.

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VENEZUELA-COLOMBIA:  COLETAZOS DE LA CRISIS

SEMANA

El martes pasado, cuando los habitantes de la vereda Los Pájaros, de Arauquita (Arauca), fueron hasta las Bocas de Jujú no daban crédito a sus ojos. En la finca de Edgardo Camacho había un destacamento de 60 militares venezolanos, y la bandera de ese país se elevaba por encima de 300 matas de plátano que habían tumbado para construir su campamento de paso. Ese día la noticia se regó como pólvora y tanto la personera de ese municipio como el alcalde encargado fueron hasta el lugar para comprobar lo que estaba ocurriendo. Los militares venezolanos, encabezados por el coronel Franklin Varela, les contestaron que ese era territorio de su país y que no se irían de ahí.
Al día siguiente, el miércoles 22 de marzo, la noticia estaba en Bogotá. A las dos de la tarde no paraban de sonar los teléfonos tanto de la canciller, María Ángela Holguín, como los del ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas. En la Casa de Nariño había revuelo y en Arauca todos estaban aterrados con una situación que nunca se había presentado y que temían podía terminar en una confrontación militar.
La canciller y el ministro de Defensa iniciaron de inmediato contactos con sus colegas en Caracas, Delcy Rodríguez y Franklin Padrino. Ambos funcionarios del gobierno bolivariano adujeron que los soldados estaban en territorio venezolano y acordaron que al día siguiente los dos países enviarían sendas comisiones para verificar la situación en el terreno.
En Colombia estaba claro que las tropas venezolanas estaban violando la soberanía del país, pero era necesario ir hasta allá con todo un equipo técnico para que no hubiese lugar a ninguna duda. Por eso esa misma noche viajaron a Arauca dos de los grandes expertos que tiene el país en materia de límites: el jefe de Soberanía de la Cancillería, Ricardo Montenegro, y el contraalmirante John Carlos Flórez de la Armada.
Ese mismo día Santos empezó a combinar dos estrategias, la del algodón y la del acero, es decir la diplomática y la militar. Hizo varias llamadas a países amigos y a Unasur, entre otros organismos multilaterales, para ponerlos sobre aviso de la situación. Se abstuvo de comunicarse con la OEA. Al mismo tiempo, 400 soldados adscritos a la Brigada 18 se movilizaron hacia la región, varios aviones hicieron sobrevuelos y otras unidades realizaron maniobras de inteligencia.
En Arauca, el comandante de la Brigada 18 estaba en contacto con su par, el comandante del Ejército en el estado Apure. Este último le informó en la noche del miércoles que el coronel a cargo de las tropas en el río Arauca había decidido levantar el campamento y moverse hacia territorio claramente venezolano para evitar incidentes. Sin embargo, esa misma tarde ocurrió todo lo contrario. Al amanecer del jueves, había más tropa bolivariana en el lugar y, según dijeron a los colombianos, habían recibido órdenes de Caracas de permanecer allí.
Ese jueves amaneció lloviendo a cántaros y el jefe de Soberanía y el contraalmirante Flórez decidieron viajar por carretera hasta el sitio invadido. La comisión enviada desde Caracas, en cambio, nunca llegó pues el mal clima les impidió arribar en helicóptero. La de Colombia comprobó hacia media mañana que el lugar donde ondeaba la bandera venezolana era territorio colombiano. No había ni islas ni brazos que dieran lugar a confusión. Cuando Montenegro llamó a la Casa de Nariño ya el presidente Santos estaba reunido con la canciller Holguín, el ministro de Defensa y la cúpula militar en una jornada que duró más de cinco horas. Todos escucharon por el altavoz cuando Montenegro dijo: “No hay ninguna duda. Es territorio colombiano”.
Con esta convicción y luego de un concienzudo análisis diplomático y militar, Santos llamó por teléfono al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. En pocas palabras le exigió retirar de inmediato sus tropas. La idea que tenía el gobierno venezolano era que comisiones de ambos países se sentaran a verificar la situación de los límites. Pero Santos dijo que no habría ningún tipo de reunión hasta que los soldados no salieran de allí. Debían salir ese mismo día o quedarían, se infería de su tono, agotadas las vías diplomáticas.
Maduro aprovechó para reclamarle por su posición en la OEA donde cursa una resolución contra Venezuela por la violación de la Carta Democrática. Colombia apoya una serie de medidas que conducirían a abrir un diálogo político con la oposición de ese país, lo cual el gobierno venezolano interpreta como una injerencia indebida en sus asuntos internos por parte no solo de este, sino de otros países del hemisferio. Santos, en un tono muy enérgico, le dijo que el único tema que tratarían en esa conversación, que por cierto se extendió por 20 minutos, sería la salida de los soldados. Santos además le recordó a Maduro que durante los siete años su gobierno había hecho ingentes esfuerzos y grandes sacrificios políticos por mantener una relación respetuosa y cordial.
Finalmente Maduro se comprometió a mover las tropas de inmediato y así sucedió. Horas después, los soldados salieron del territorio araucano, tal como lo notificó el propio Santos en Twitter, y la canciller venezolana leyó un comunicado en el que expresaba que los cambios del río Arauca habían producido esta situación y que “en el pasado, debido a las condiciones de terreno hemos tenido diferencias de interpretación que deben ser solucionadas diplomáticamente, no de otra forma”.
Las hipótesis
Así quedó superado muy pronto el episodio militar más grave en las relaciones entre los dos países en los últimos años. Ese mismo día los militares colombianos, acompañados de varios campesinos, izaron el pabellón nacional en el lugar. Pero nadie en Colombia ha quedado tranquilo del todo. La pregunta que queda en el ambiente es qué hay detrás de este episodio. Al respecto hay dos hipótesis y ninguna de ellas da cabida a pensar que este fue un hecho fortuito.
La primera hipótesis es la de la provocación. El gobierno colombiano cree que Venezuela buscaba un pretexto para generar una crisis entre los dos países y así levantar una cortina de humo sobre la crisis política que atraviesa su país, y de paso decretar un estado de excepción o emergencia. Esto ha ocurrido en el pasado, o por lo menos así fueron interpretadas muchas de las peleas que el presidente Hugo Chávez casó tanto con Colombia, en tiempos de Álvaro Uribe, como con Estados Unidos, país con el que mantuvo una constante confrontación. Respecto a Colombia, incluso al final del gobierno de Uribe se llegó a hablar de un estado de preguerra, y ambos países se dotaron de armas de defensa nacional para precaver un escenario bélico.
Si esa fuera la apuesta de Maduro, le habría salido muy mal. La conversación entre ambos presidentes y la subsiguiente salida de las tropas le ha costado duros cuestionamientos de quienes en los círculos radicales de Caracas creen que debió pelear por una redefinición de los límites en Arauca. “Hay cierta molestia de este lado de que el gobierno ni siquiera haya esperado para determinar conjuntamente dónde está la frontera, sino que prácticamente Santos mandó a sacar a los militares y Maduro obedeció”, dice Philip Gunson, analista sénior del International Crisis Group para el área andina. “Esto es una humillación para Venezuela”, agrega.
La segunda hipótesis es que esta fue una jugada de los militares venezolanos, que por tradición han tenido un papel crucial en las relaciones internacionales de ese país. No cabe duda de que el límite entre Colombia y Venezuela es el río Arauca. Así está definido desde hace casi dos siglos. Ahora, el río cambia. Eso es una realidad. Lo que no ha cambiado es el tratado ni la definición de la frontera.
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En 1931 existían cuatro islas, y una comisión binacional decidió que se le asignarían dos a Colombia y dos a Venezuela. Esas islas han desaparecido parcialmente, se han fragmentado y algunas se han adherido a las riberas de un lado y de otro. Por eso Venezuela arguyó que los militares estaban en una isla, en el entendido de que es un terreno que se pegó a Colombia, pero que sigue siendo suyo. Algo que suena absurdo en el derecho internacional y que de ninguna manera modifica el tratado fronterizo, según el cual el río, con islas o sin ellas, marca el límite entre ambos países.
Para muchos observadores no deja de ser preocupante que una tropa pequeña, que está patrullando un río, de repente ice la bandera de su país en un campamento de paso. Ese gesto ha llamado la atención y da pie a interpretar que se pueden combinar las dos hipótesis: la de los militares venezolanos de volver sobre el tema de los límites, y la del gobierno de Caracas de encontrar algún pretexto para cambiar la ecuación política frente a la crisis doméstica, donde ha perdido espacios tan importantes como la mayoría en la Asamblea Nacional, o en el terreno internacional, donde está a punto de salir del club de las democracias por cuenta de sus eventuales incumplimientos a los principios de la OEA.
En el mundo entero se presentan este tipo de problemas con los ríos límitrofes. Pero a nadie se le había ocurrido hasta ahora mandar tropas y plantar la bandera antes de entablar un diálogo razonable sobre una realidad sin duda compleja. Para el excanciller Julio Londoño ese es el paso que sigue. Porque, según él mismo señala, desde hace 40 años hay discusiones sobre estas islas, y seguramente van a continuar.
Está prevista una reunión binacional para hablar de este tema pero aún no están claros los alcances de la misma, ni si Venezuela aspira a que se redefinan los límites.
El problema, además, es que los incidentes en el río Arauca son frecuentes pues ambos países pueden usar su cauce en operaciones, especialmente contra el contrabando. A eso se suma que de ambos lados operan grupos armados, tanto guerrillas colombianas como grupos de autodefensa bolivariana en Venezuela. En el vecino país, la crisis política e institucional se siente en forma de desgreño en algunas regiones como Apure. Y del lado colombiano, es conocida la dificultad del Estado para controlar su territorio. Esto le da una particular porosidad a la frontera, y exige un diálogo más refinado entre los representantes de ambos países.
Hay quienes piensan que tanto a Maduro como a Santos, un incidente fronterizo les daría oxígeno ante sus problemas internos. Eso está descartado porque como se pudo ver esta semana, la diplomacia funcionó como debía ser, para que no se escalara un problema que pudo haberse convertido en Troya.
El asunto es que con el deterioro tan dramático de la situación política, económica y social de Venezuela, cualquier incidente de soberanía con Colombia, que encienda la llama nacionalista allá, ofrece al gobierno de Caracas una oportunidad para cohesionar un país fragmentado que se está desmoronando. Dadas las diferencias históricas sobre el tema limítrofe, cualquier incidente o escaramuza puede ser un fósforo al aire en un ambiente cargado que podría llegar a ser explosivo.

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GRACIAS, MARIO, VIDA EN LIBERTAD

ENRIQUE KRAUZE

En la cena de Pascua que año tras año, desde hace milenios, se celebra en la tradición judía, hay un canto fascinante. Se titula Nos bastaría.Data del siglo IX y es una concatenación de expresiones de gratitud por los prodigios sucesivos que el pueblo de Israel recibió en su éxodo de cuarenta años hacia la tierra prometida. Extraído de su contexto religioso, el canto suena más natural y permanente. Puede expresar, por ejemplo, la gratitud acumulativa de hijos a padres, de discípulos a maestros. En ocasión de su cumpleaños 81, quiero recurrir a esa antigua fórmula para expresar a Mario Vargas Llosa mi gratitud de lector, de intelectual, de liberal y de amigo.
Si solo hubiera leído su obra de ficción, me bastaría. Cuántas aventuras e historias me han hecho vivir vicariamente esos libros, con su vaivén de temas amorosos, políticos y sociales. Cuánto agradezco el anclaje de sus novelas en la mejor tradición realista del siglo XIX, las sorpresas de su técnica faulkneriana, las emociones de sus tramas, sus personajes inolvidables, su magnífica arquitectura, su estilo preciso, claro y penetrante, tan alejado de nuestros funestos ismos: barroquismo, regionalismo, sentimentalismo.
Pensando solo en algunos títulos que he reseñado, recuerdo Historia de Mayta. Todo lo que hay que decir del fanatismo guerrillero en América Latina está ahí: fue una torcida religiosidad católica radicalizada hacia el marxismo y enamorada de su autoproclamada virtud, que llenó de muerte la región para luego volver la vista atrás sin verdadera conciencia o memoria de su responsabilidad en la tragedia. Años después leí La fiesta del Chivo, ese retrato alucinante y definitivo del dictador latinoamericano que también lo es de la sociedad y el entorno que lo reclama y aplaude, y que, finalmente, en un raro grito de libertad, a veces, lo exorciza. Nada más remoto a Vargas Losa que la fascinación del poder (tan característica en nuestra cultura y nuestra literatura). Pero lo notable es su capacidad de canalizar su repulsión hacia la recreación puntual, quirúrgica de la maldad. La literatura se vuelve así la mejor venganza. Y, sin embargo, no basta la venganza: es preciso soñar con un mundo mejor, con un mundo perfecto, y ese fue el motivo de otra novela que leí con avidez: el retrato casi titánico de Flora Tristán, tan ligada a la historia peruana, a la historia del arte y a la historia de una idea que obsesiona a Vargas Llosa como obsesionó a la humanidad desde la Ilustración, y que nuestro tiempo, quizá, ha sepultado: la idea de la utopía.
Si Mario Vargas Llosa solo me hubiera dado, como lector, su obra de ficción, me bastaría. Pero me ha dado también una extraordinaria obra monográfica de no ficción. La utopía arcaica, por ejemplo. Publicado en 1996, no conozco análisis histórico y antropológico más exhaustivo y riguroso sobre el indigenismo. Proviniendo de Perú, con su omnipresente herencia indígena, Vargas Llosa logra comprender (antes que criticar) el pensamiento y la obra de autores notables (como José María Arguedas) que creyeron en la restauración de una Arcadia incaica tan imaginaria como imposible. En 1993 Mario publicó otra obra memorable, El pez en el agua (su autobiografía), exorcismo de una campaña presidencial que viví de cerca. Ese ajuste de cuentas de Mario consigo mismo me permitió asomarme, como biógrafo, a la vida temprana de Vargas Llosa y me ayudó a comprender los límites de la acción política para un intelectual.
Si Vargas Llosa solo nos hubiera dado sus novelas y sus monografías y no hubiera escrito ensayos, reportajes o artículos, nos bastaría. Pero ocurre que también nos ha dado (y sigue dando) una obra vasta y aguda en esos géneros. Sus ensayos no son académicos ni teóricos: son ensayos narrados, llenos de color y vivacidad. Y de combatividad moral. Cuando comencé a leerlo en Plural, comprendí que Mario era una especie de cruzado de la libertad. Su adhesión a la revolución cubana no fue un acto de sumisión ideológica: fue un acto de fe en una causa liberadora que pronto reveló su cara autoritaria. En aquellos años setenta, Mario transitó de la liberación a la libertad, de Sartre a Camus, del universo racionalista y revolucionario francés al universo empírico y liberal inglés. Sus autores fueron los míos. Fue entonces cuando lo conocí en Lima. Estábamos en la antesala de la década de los ochenta, en la que Vuelta se enfrentó a las dictaduras de derecha y las revoluciones de izquierda. Mario dio buena parte de esa batalla en la revista de Octavio Paz. Sus causas eran las nuestras. Fue un decenio decisivo en su vida, con la publicación de La guerra del fin del mundo (esa obra maestra en la tradición tolstoiana), sus desgarradores reportajes como La matanza de Uchuraccay y sus textos sobre la alternativa democrática y liberal para América Latina. Mario no piensa ya como Sartre pero encarna puntualmente al “intelectual comprometido” con su tiempo. Toda injusticia, todo conflicto, todo extremo lo incita a escribir, a reportear, como un joven impetuoso en busca del peligro, en Irak, en Oriente Próximo, en Venezuela.
Si Mario nos hubiera legado su obra de ficción, sus monografías y ensayos, sus artículos y reportajes, pero no hubiera desplegado ningún esfuerzo político directo, obviamente nos bastaría. Pero también ha desplegado ese esfuerzo. Su campaña presidencial, vilipendiada en su tiempo, fue la semilla de los cambios democráticos que, desde entonces, no sin recaídas lamentables, ha vivido la región. En 1990 (¿cómo olvidarlo?) sentenció al sistema político mexicano con dos palabras: “dictadura perfecta”. Años más tarde creó la Fundación para la Libertad, que ha congregado al pensamiento liberal ofreciendo soluciones prácticas a los problemas de la región. He acompañado a Mario en varios encuentros de la Fundación pero ninguno se compara al que tuvo lugar en Venezuela, cuando Hugo Chávez, en una de sus típicas bravuconadas, lo retó a un debate público. Aquella noche en el hotel rodeamos a Mario como un equipo en torno a un boxeador que la mañana siguiente libraría una pelea por el campeonato mundial. A última hora Chávez reculó: él solo debatía con presidentes, no con escritores.
Si a lo largo de más de medio siglo de actividad literaria e intelectual nuestros caminos no se hubieran cruzado, le estaría obviamente agradecido. Pero para mi fortuna nuestros caminos se cruzaron. Nuestra amistad se construyó alrededor de las revistas Vuelta y Letras Libres. Y hemos sido compañeros de una larga travesía liberal en la cual yo he aprendido mucho. No cesa de admirarme su combatividad, su energía, su capacidad para reinventarse. ¿De dónde provienen?
Muchas veces he creído ver en el rostro de Mario una expresión de tristeza o lástima ante el macabro espectáculo del mundo. Pero de pronto, con naturalidad, aparece una sonrisa. Hay un estoico en el fondo de Mario, pero un estoico que responde con imaginación, ironía e inteligencia. Y con humor. El trabajador espartano se divierte y reencuentra el amor. Por eso, en momentos de desfallecimiento o duda, me basta hablar con él por teléfono para recobrar la alegría.
Gracias, Mario. No llegaremos a la Tierra Prometida. No existe la Tierra Prometida. La Tierra Prometida es la literatura: vida en libertad.

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EEUU: LOS AMERICANOS BLANCOS SE ESTAN MURIENDO

Moises Naim

El País

En Estados Unidos, los hombres blancos de mediana edad y con menos educación se están muriendo a un ritmo inusitado. De hecho, su tasa de mortalidad es mayor que la de los hispanos o los negros de su misma edad y de su mismo nivel educativo. La mortalidad de los blancos menos educados es también mucho más alta ahora de lo que había sido hasta comienzos de este siglo. Este es un fenómeno exclusivamente estadounidense. En otros países desarrollados no sucede.
Esta es una de las conclusiones de un importante estudio que acaban de presentar en Washington el Premio Nobel de Economía Angus Deaton y Anne Case, una destacada economista de la universidad de Princeton (y esposa de Deaton).
Ya en 2015, estos dos economistas habían causado revuelo con un estudio que por primera vez documentaba el trágico aumento de las muertes entre los estadounidenses blancos sin estudios universitarios. Mientras que en 1999 su tasa de mortalidad era un 30% más baja que la de los negros de sus mismas características, para el año 2015 la mortalidad de los blancos era un 30% más alta que la de los afroamericanos.Estos cambios en EEUU revierten décadas de progreso. Durante el siglo pasado, y aun hoy, la mortalidad a nivel mundial ha venido cayendo al 2% cada año, en todos los países y en todas las categorías demográficas. Pero los norteamericanos blancos sin mucha preparación académica son la excepción. ¿Qué pasó? Pues que, en este grupo, los suicidios y las muertes por sobredosis de drogasy por alcoholismo aumentaron drásticamente. El cáncer y las enfermedades cardiacas también se agudizaron, así como la obesidad. Desde el 2000, las muertes por estas causas entre los blancos no-hispanos, entre 50 y 54 años de edad, se han duplicado. Y para el 2015 morían a una tasa dos veces mayor que la de las mujeres blancas con las mismas características (y cuatro veces más que la de los hombres blancos que alcanzaron a ir a la universidad).
Una explicación común para esta tragedia es el desempleo que afectó duramente a este grupo de trabajadores, tanto a causa de la crisis como por la globalización y la automatización de la producción, que están haciendo desaparecer los puestos de trabajo de baja cualificación.
Deaton y Case no dudan de que el desempleo y la consecuente caída en los ingresos son factores importantes. Pero según ellos no son suficiente explicación y mantienen que la mayor mortalidad de los blancos en EEUU tiene “causas más profundas”. ¿Cómo se explica, si no, que los hispanos y negros que también perdieron sus empleos e ingresos aumentaran su longevidad? ¿Y por qué entre los trabajadores europeos que fueron víctimas de los embates de la gran recesión del 2008 y las políticas de austeridad no se dan las letales tendencias que afectan a los trabajadores blancos estadounidenses? Es más, en Europa la longevidad de quienes tienen menos años de estudio (y menos ingresos) ha seguido subiendo --y a más velocidad-- que la de los europeos con mayor nivel educativo.
Según los dos economistas, las causas más profundas de este fenómeno tienen que ver con lo que ellos llaman “desventajas acumulativas”. Estas son condiciones debilitantes y hábitos disfuncionales que este grupo humano ha ido acumulando durante toda su vida como reacción a profundas transformaciones económicas y sociales. Con frecuencia comenzó con el abandono de los estudios secundarios y la entrada temprana en el mercado de trabajo en épocas de empleos abundantes y salarios atractivos. Pero esta “bonanza laboral” se fue extinguiendo y otros cambios en la sociedad –el papel de las mujeres, el aumento de los divorcios y la fragmentación familiar, la movilidad geográfica– dificultaron la vida a los hombres blancos, y los hicieron más vulnerables a lo que Deaton y Case describen como “muertes por desesperanza”. Son hombres que no ven un futuro mejor ni para ellos ni para su familia.
Esta desesperanza causa gran sufrimiento. En EEUU la mitad de los hombres desempleados toma medicinas contra el dolor y dos tercios consume opioides. El abuso de estas drogas se ha convertido en una gravísima epidemia. En 2015, más estadounidenses fallecieron por sobredosis de drogas que por armas de fuego y accidentes de tránsito. ¿La abrumadora mayoría de las víctimas? Hombres blancos.
Dos preguntas finales: Primera: ¿Por que los hombres blancos de origen hispano, poca educación formal y mala situación económica mueren menos? Porque tienen más esperanzas de lo que les depara el futuro. Ellos no están añorando una mejor situación económica que tuvieron en el pasado. Nunca los tuvieron. Para ellos el futuro solo puede ser mejor. Y para sus hijos aun mas.
Segunda: ¿Cuál es la reacción política de los blancos estadounidenses con altas tasas de mortalidad? Votar por Donald Trump. Más del 60 por ciento de ellos así lo hizo.




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Unidad Democrática deplora atropello contra alcaldesa metropolitana (e), Helen Fernández

La Unidad Democrática expresa su máxima condena al vil ataque del cual fueron víctimas este sábado la alcaldesa metropolitana encargada, Helen Fernández, y el diputado a la Asamblea Nacional, Richard Blanco, cuando ambos cumplían una visita a la zona de Casalta III, en el oeste de Caracas, acción perpetrada por sujetos afectos al oficialismo.

Tal como fue difundido, ambas autoridades, en compañía de sus equipos de trabajo, desplegaban acciones inherentes a la función de atender a las comunidades más desasistidas por el Gobierno nacional, cuando resultaron interceptados, mientras se desplazaban en camionetas oficiales del ayuntamiento mayor, por una veintena de sujetos encapuchados, integrantes de los denominados “colectivos”.

Los individuos, portando armas largas y cortas, los conminaron a salir de los vehículos, procediendo a abalear las unidades, robando teléfonos celulares, además de proferir amenazar. Inclusive, se conoció que un motorizado de la comitiva fue golpeado por los vándalos.

Tras la repudiable ofensiva, la alcaldesa Helen Fernández se dirigió a la Fiscalía General de la República para introducir la demanda correspondiente, con la esperanza de que se haga justicia ante tal atropello.

Al reiterar su repudio por el suceso, la Unidad Democrática envía su palabra solidaria a la alcaldesa Helen Fernández, al diputado Richard Blanco, y al resto de las personas que los acompañaban, a la vez que reconoce la labor desplegada en el sagrado compromiso adquirido por quienes solo buscan responder a la crisis que atraviesa el pueblo, ávido de la recuperación de la democracia venezolana.
 
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MUGABE Y LAS PANADERÍAS

LUIS VICENTE LEÓN

EL UNIVERSAL

Este artículo lo referí hace tiempo, pero su vigencia es perfecta. Lo recordamos a propósito de la intervención de panaderías.
Algunos piensan que la embarazosa historia de los controles de precios de los griegos, analizada impecablemente por Ángel Alayón en Prodavinci hace varios años, debía haber sido suficiente como para que el mundo entendiera lo inadecuado e inútil de esa medida. Pero la historia nos ha mostrado que el error se ha repetido una y otra vez, pese a que el resultado siempre ha sido desastroso.
Volvamos a ver la historia que Ángel nos cuenta, ahora desplazados a Zimbabwe en el siglo 21.
“Imagine una economía en la que los precios se duplican diariamente. A ese endemoniado ritmo llegó a crecer la inflación en Zimbabwe. La cifra oficial durante el 2008 alcanzó la ilegible cifra de doscientos treinta y un millón por ciento anual (231.000.000.000%). El dinero no valía nada y los ciudadanos sobrevivían en medio de uno de los fenómenos económico más temidos: la hiperinflación. Pero regresemos la película de Zimbabwe ocho años y vayamos hasta el 2000.
Desde principios del 2000, Zimbabwe sufría las consecuencias de la desinversión que implicó la confiscación de las tierras de los hacendados blancos y de una política monetaria expansiva. Los precios comenzaron a subir, al principio con cierta timidez, alcanzando para el año 2000 un 54%. Cinco años después, los precios crecían a un 585,4%  anual y ya para el 2006 los precios rompieron la barrera de los mil.
Robert Mugabe se enfrentó a un dilema y decidió perseguir a los comerciantes culpándolos del proceso inflacionario. En diciembre de 2006, Burombo Mudumo y Lemmy Chikomo, de Lobels Bakery, fueron sentenciados a cuatro meses de prisión por vender el pan por encima de los precios regulados. El magistrado que dictó sentencia dijo que “el encarcelamiento debería servir de advertencia a otros potenciales violadores de la Ley”. Los panaderos, ahora presos, argumentaron en su defensa que habían enviado cartas a los ministerios encargados de la regulación de precios advirtiéndoles que si vendían a los precios establecidos se verían obligados a parar la producción. Nunca recibieron respuesta y, ante el dilema, decidieron producir y vender. No creían que serían castigados con la pérdida de su libertad, pero entre rejas se vieron.
Los precios aceleraron su ascenso, así que Mugabe decidió tomar cartas en el asunto y decidió prohibir la inflación. Sí, leyó bien: prohibir la inflación. Emitió un decreto que obligaba a disminuir de forma inmediata en un cincuenta por ciento (50%) todos los precios de la economía y, luego de esa extraordinaria reducción de precios, nadie podría subirlos nuevamente.
La política de Mugabe tuvo consecuencias inmediatas: en solo un fin de semana los consumidores agotaron todas las existencias de alimentos y electrodomésticos. En la mañana del lunes los comercios amanecieron vacíos y unos cuantos comerciantes despertaron tras las rejas por presunta especulación y acaparamiento. A partir de ese momento era prácticamente imposible conseguir carne, sal, azúcar, pan, leche o aceite en Zimbabwe. Los economistas desistieron de la idea de medir la inflación por una razón: los precios eran irrelevantes,  no había productos.
La situación en Zimbabwe ha mejorado desde el 2009. Mugabe aceptó el uso de moneda extranjera como medio de pago y comenzó un proceso de liberación de los precios. Incluso ha dado señales de permitir el retorno de los antiguos hacendados a sus tierras. Zimbabwe es un país que continúa errando en un complicado laberinto político y económico, pero, paradójicamente, ahora lo transita tomado de la mano del Fondo Monetario Internacional, su antiguo enemigo”.
Sin comentarios.
@luisvicenteleon

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"...carta desgraciada, puño y letra de mi amada"

CARLOS RAUL HERNANDEZ

Los pronosticadores y adivinos tienen material para los siguientes 21 meses, a ver qué descubren en esta política congelada. Incertidumbre. No hubo elección de gobernadores en 2016, y después de una ristra de triunfos electorales, se apagaron los faroles y se encendieron los lirios. En un mundo normal, este año debieran hacerse, el próximo las presidenciales, pero el gobierno camina hacia atrás con la cabeza torcida hacia adelante. ¿Decidirá no contarse en elecciones burguesas porque su poder es una emanación revolucionaria irrevocable y trascendente? ¿Es posible que Venezuela sea Cuba dos? ¿Al contrario, irá con mega-elecciones en 2018? ¿Será Maduro u otro candidato, Cabello o Istúriz? ¿Se lanzará Lorenzo Mendoza en este momento de juegos abiertos y vacío político? ¿Cuáles son los alcances de una eventual sanción de la Carta ¿Democrática Interamericana?
El socialismo desestima el dolor humano requerido para conquistar el paraíso. Para el brillante psicótico Maurice Merleau-Ponty en su libro Humanismo y terror de 1946, no importaban los millones de muertes en el estalinismo. Ni la miseria infernal, los gulags y el encierro de la revolución en una cortina de hierro, su aislamiento feroz. Todo lo justificaría el sueño esplendoroso de la sociedad justa, el socialismo futuro. Al final de la Historia, los sufrimientos habrían sido los ladrillos para construir la Justicia, lo que Lacan denomina “ética del juicio final”. ¿Vale eso hoy cuando las promesas revolucionarias terminaron en amasijos de escombros y fracasos retorcidos, narraciones siniestras, derrelictos cubiertos de azules cucarachas de mar? Como Stalin, Castro mantuvo el poder con la excusa de “la agresión imperialista”, “el bloqueo” y la expulsión de la OEA que le permitieron encerrarse y aislarse.
 
Aplicación que nunca se aplicó
El año pasado con motivo del debate en la OEA, el Secretario General Almagro anunció iniciada la aplicación (como una pomada) en Venezuela de la Carta Democrática Interamericana, cosa que no fue cierta. Según afirma ahora Almagro, en esta segunda vez sí será verdad y por doquier la ingenuidad se frota las manos. Pero la Carta no autoriza a la comunidad americana –que tampoco cuenta con fuerzas disuasivas– para intervenir ningún país, aunque dos tercios de la Asamblea de Cancilleres pueden expulsarlo de su seno y aislarlo como favorece al totalitarismo. A la polémica y confusa salida de Hugo Chávez de la Presidencia de la República en abril 2002, una cómoda mayoría bolivariana del organismo interamericano, en uso de la Carta exigió restablecer el esquema constitucional de inmediato, al tiempo que el poder disidente por su cuenta se desmoronaba por conflictos internos. La experiencia duró poco más de 48 horas.
Nada tuvo que ver la Carta pero apareció asociada al regreso de Chávez sobre los hombros del general Baduel. No hubo tiempo de sanciones. En Honduras (2009) el Tribunal Supremo y el Congreso destituyen a Manuel Zelaya conforme dictaba el mandato constitucional, lo que la mayoría bolivariana de la OEA llamó golpe de Estado y expulsó al país. Y el resultado fue inane, a pesar de que se aplicó a fondo. Los poderes legítimos de Honduras mantuvieron su decisión por bastante tiempo sin atender al dictamen, hasta que completaron el proceso electoral y escogieron un nuevo Presidente. En Paraguay (2012)  los poderes también eyectaron constitucionalmente al Presidente Fernando Lugo. De nuevo quisieron forzar su restitución en el cargo, pero como en Honduras el intento no tuvo resultado.
 
País castigado gobierno impune 
Los pequeños Honduras y Paraguay ignoraron a la OEA que tiene pegada de niña, porque carece de cuerpos coactivos, como Cascos Azules. Solo recurre a declaraciones políticas, expulsiones, que en casi todo el mundo han sido contraproducentes. Cuba, Irak, Corea, Irán, Siria, demostraron la inutilidad incluso de sanciones económicas ¿Aislar a Venezuela de la comunidad regional impediría o estimularía un riego totalitario y posiblemente una situación social como la de Haití? Al Assad recibió amenazas rudas y plomo enviado por EEUU, Alemania, Francia, Gran Bretaña y otros países, y hoy paradójicamente recuperó control sobre casi todo el territorio nacional, al costo de haberlo convertido en un reino espectral de ciudades derruidas. Conduce Siria a la Edad de Piedra sin que nadie se lo pueda impedir.
Almagro vuelve a trastabillar al proponer elecciones presidenciales en treinta días, un favor para el gobierno que le permite desarmarlo fácilmente por inconstitucional. Dos tercios podrían expulsar al país, de acuerdo con el artículo 21 del reglamento, una terrible noticia para la sociedad, no tanto para el gobierno. Si rechazan la propuesta del secretario general, lo dejan mal colocado para el desempeño de sus funciones y sería un triunfo de Maduro. Si se aprueba la primera fase, lo contenido en el artículo 20, que requiere dieciocho votos, se impone el avenimiento, conversaciones y negociaciones de las partes, –cosa que hasta ahora factores del gobierno y de la parte de la oposición con malderrabia no se cansaron de maldecir– en vías de volver orden. A tragarse de nuevo las boberías, hacerse amigos del diálogo y  emprenderlo esta vez con seriedad y ayuda de expertos internacionales. 
@CarlosRaulHer

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COMER EN LIBERTAD

FERNANDO RODRIGUEZ

Sartre dijo una vez que el marxismo no decía una sola palabra sobre el individuo. Por ejemplo, podía decir que Flaubert era un burgués rentista de mediados del XIX, pero en el fondo nada decía sobre el autor de Madame Bovary, ya que a ningún otro burgués rentista le era dado escribirla. Predicaciones genéricas, de clase, sin carne y hueso.
Eso mismo se traducía en su ideología y realizaciones políticas y, por ende, en prescindir de la libertad y la dignidad de cada persona, reducida a sus determinaciones abstractas económicas e históricas. Posiblemente fue su mayor error y aquel que comandó su marcha hacia su paulatina minusvalía y su desaparición. Y el sustrato que lo condujo al despotismo y al crimen. No se mata a un hombre concreto sino al ejemplar sin rostro de una clase antagónica. La historia es una máquina, de la cual somos piezas.
Si algo definitivo ha aportado la modernidad es justamente la idea de individuo cívico. Y si alguna concepción política ha encarnado esa noción es el liberalismo, en el mejor sentido de la palabra (hay un mal sentido, aquel que pretende que la deidad del mercado, sin límites ni itinerario, debe conducir la aventura humana). Existe un amplio espacio de cada quien que solo compete a su libertad y en el que toda intromisión es mal venida, aun de la mayoría de sus congéneres, el soberano que llaman. Libertad en grado sumo. Que en el fondo es también nuestro efímero lugar en el universo, nuestra condena a la contingencia y al azar, y nuestra muerte solitaria. “Pienso luego existo”.
Es la diferencia esencial que con mucha sagacidad apuntaba Norberto Bobbio entre la democracia de los antiguos, el imperio irrestricto de la mayoría, y la de los modernos, los inalienables derechos de los individuos, a partir de los cuales se construye el pacto social. Libertad de pensar y expresarse, de orar o no hacerlo, de amar, de procrear, de escoger la sexualidad, de ser respetado en su integridad corporal y psíquica, elegir hasta su tiempo de morir… y, agreguemos, por ejemplo, de administrar sus funciones biológicas elementales como comer y, su contrario, defecar.
Toda esta perorata atropellada y seguramente ahuecada viene al caso para referirme a un hecho muy tangible y presente que me ha movido viejas ideas. Aparentemente intrascendente, circunstancial y pragmático. La casi unanimidad de los venezolanos, dice Venebarómetro, prefiere comprar sus alimentos libremente, en el portugués de la esquina o en el supermercado, que recibirlo dosificado, coaccionado, ideologizado por el régimen heredero del más vetusto y maloliente colectivismo, comunitarismo, tribalismo populista. Los Clap, los carnets patrióticos y otros adefesios son visitantes indeseados en ese nuestro espacio de la privacidad, de la libertad, del derecho de hacerlo a la manera que nos place. Claro que hay otros límites a nuestras posibilidades, siempre los hay; para el caso, la pobreza. Pero aun así, por duras que sean nuestras circunstancias, que ese ámbito primero sea justamente nuestro y no la del rebaño es un dato existencial demasiado importante. Indica dónde está el aire que se nos quiere sustraer, la condición de toda otra opresión, el intento de convertirnos en serie, en tropa, en hijos sumisos de caudillos, en populacho. Sí, contra la pobreza debemos luchar, pero para que ello sea posible tenemos que estar de pie y tener nombre y apellido, luego entraremos a negociar con los iguales, con ese otro que nos convoca y convocamos, invitación y reverencia.
Si revisamos las encuestas de estos años que parecen siglos y que nos pesan cada mañana al levantarnos, encontraremos al menos una constante alentadora. Los venezolanos no queremos ser cubanos, a pesar de todas las plegarias del Eterno y su corte, ni abandonamos nuestros hábitos de consumo por supuesto no siempre adecuados, ni nuestra polifónica estructura cultural, etc. Allí se estrellan las prédicas sin cese, las interminables cadenas radioeléctricas, los ojos que nos vigilan desde el más allá, la educación sesgada, los chantajes politiqueros, los cuerpos represivos… en fin, el régimen despótico. Y eso es un signo de salud que debemos proteger y potenciar.
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Hausmann: “La oposición venezolana no está preparada para luchar en una dictadura, sino en democracia”

Ignacio Fariza

El País

Ricardo Hausmann (Caracas, 1956) es uno de los economistas más influyentes de Latinoamérica, uno de los mayores expertos en desarrollo económico del mundo, execonomista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, exministro de Planificación de Venezuela y, en los últimos 17 años, profesor de Harvard. También es cuñado de Braulio Jatar, periodista venezolano que lleva seis meses en prisión y uno de los grandes enemigos de Nicolás Maduro. Hausmann atiende a EL PAÍS horas antes de cerrar la Convención Bancaria mexicana de Acapulco.
Pregunta. ¿Qué salida le ve a la crisis política venezolana?
Respuesta. La situación es extremadamente grave. Venezuela no es una democracia: es una dictadura dura. Y la violación de la Constitución es tan extrema que no es fácil encontrar una solución política a la crisis. La Asamblea Nacional no tiene ningún rol: no existe.
P. ¿Qué puede hacer la oposición?
R. Todas sus destrezas resultan absolutamente inútiles en el marco de una dictadura. No está preparada para luchar contra una dictadura, sino para hacerlo en democracia. Cuando el Gobierno se atrevió a eliminar el referéndum revocatorio, salió más de un millón de personas a las calles. Entonces, la comunidad internacional se movilizó para detener eso y abrir un proceso de diálogo que fracasó rotundamente. Las peticiones de la OEA son magníficas, pero una negociación parte de que las partes tienen algo que transar y en este caso la oposición no tiene nada que dar porque no tiene poder de ningún tipo.
P. ¿Hasta qué punto es importante la presión internacional?
R. Sin esa presión, la cosa está muy cuesta arriba. Creo que en los últimos años la comunidad internacional ha manejado muy mal el capítulo venezolano. Hay personas, como [Luis] Almagro [secretario general de la OEA], que sí lo entienden en profundidad y que han actuado de acuerdo a la normativa internacional y a la decencia. Pero se cometió un error estratégico al no poner más presión el verano pasado y creo que ahora también se cometería un error si no pone más presión para que Venezuela cumpla los acuerdos internacionales que ha suscrito.
P. Pero esa presión, con altibajos, ha estado siempre encima de la mesa.
R. No lo creo. Cuando hablamos de altibajos, no tengo problema con los bajos; pero si con los altis. En muchos momentos no habido presión. Obviamente, en la comunidad internacional sobre lo que ocurre en Venezuela ha mejorado; el progreso ha sido enorme. Y me gustó mucho la declaración del ministro [Luis] Videgaray [canciller mexicano]. Pero pedir un regreso al diálogo fracasado no me parece una estrategia válida.
P. ¿Qué deberían pedir?
R. Por lo menos, cambiar el mecanismo de diálogo. Y hacerle pagar un mayor coste político internacional.
P. ¿Habrá unidad opositora para las elecciones de 2018?
R. El problema no es si la oposición política puede o no puede generar mecanismos para lograr un consenso. Venezuela tiene una larga tradición democrática y de negociación política: era una democracia consolidada antes que España. Pero en una dictadura eso no importa. Cuando tienes un Tribunal Supremo y un Consejo Nacional Electoral totalmente vendidos…
P. ¿Podría regresar a la prosperidad perdida si cierra su crisis política?
R. Soy optimista. Un cambio político llevaría a un proceso de recuperación económica relativamente acelerado. El marco general de cómo darle vuelta a la situación está más o menos claro y tiene que partir por una restitución de los mecanismos básicos del mercado. No puedes tener tres tipos de cambio; el mecanismo de precios tiene que volver a funcionar y que sea el mercado el que los determine… Hoy, Venezuela es insolvente: no tiene acceso a los mercados internacionales y necesitar una reestructuración de su deuda. Lo que ha fracasado es un sistema que ha tratado de sustituir a la sociedad y tenemos que ir a otro que empodere a la sociedad. Un Gobierno que no deja que la sociedad haga cosas, fracasa.
P. Hay, además, un problema en la gestión de la riqueza petrolera.
R. Sí. Pero no es que el país no tenga la capacidad de manejar su producción de crudo: los técnicos petroleros venezolanos están por todo el mundo y manejan la industria petrolera de Colombia, de Canadá o de Arabia Saudí. Se habla mucho de la bajada de precio del petróleo, pero en 2012, cuando el barril estaba a 104 dólares, el déficit fiscal estaba en el 18,6% del PIB. El Gobierno gastaba como si el barril estuviese a 200 dólares. También estaba a 100 dólares cuando los mercados dijeron que el país estaba en una trayectoria de deuda insostenible. Y cuando entró en recesión…
P. ¿Por qué produce menos cada vez?
R. Ya con el barril a 100 dólares, también, la producción petrolera caía todos los años. A finales de los noventa, el país producía 3,7 millones de barriles. Ahora, 1,9. En el boom petrolero más largo de la historia, todos los países de la OPEP aumentaron su producción. Menos el que más reservas tiene de todo el mundo: Venezuela. PDVSA [la petrolera estatal venezolana] ha sido un desastre operativo. Venezuela es un país que cree que vive del petróleo, pero el 88% del dinero en circulación tiene respaldo en un préstamo del propio banco central a PDVSA en vez de en reservas internacionales.
P. ¿Tiene remedio?
R. Sí. Si aplicara una política petrolera como la colombiana o mexicana, por ejemplo, el mundo tocaría la puerta de Venezuela.
P. ¿Hay riesgo de que parte de esas ingentes reservas se queden bajo tierra cuando el petróleo sea sustituido por otras fuentes de energía?
R. Sí. Cuando acabe la edad del petróleo quedará aún mucho crudo bajo tierra. Y gracias a Dios, por lo que significaría en términos de emisiones. Venezuela no puede pensar que todo ese petróleo lo va a poder vender. El futuro del país no puede depender únicamente del crudo. Cuando yo nací, Venezuela tenía siete millones de habitantes y producía tres millones de barriles. Hoy, con 30 millones de habitantes, produce 1,9. Nunca vamos a poder vivir la prosperidad que conocimos si seguimos pensando que nuestro futuro es petrolero. Es una dependencia enfermiza que ha hecho mucho daño.

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viernes, 24 de marzo de 2017

Borges: América exige a Maduro elecciones, respeto a la AN y liberación de presos políticos

REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

El presidente de la Asamblea Nacional, diputado Julio Borges (Unidad-Miranda), se pronunció sobre la declaración conjunta que realizaron 14 países de América Latina que exigen al Gobierno nacional el calendario electoral, el respeto al Poder Legislativo y la Constitución y la liberación de presos políticos y aseguró que la petición “está dentro de la Constitución”.
“No se trata de intervencionismos, se trata de la petición a que sea el pueblo venezolano, como está en la Constitución, quienes puedan tener en sus manos la posibilidad de lograr la solución del voto (…) Estar dentro de la Constitución es aceptar la Carta Democrática Interamericana”, enfatizó Borges, quien encabezó este viernes la reunión de Diálogo Social donde se congregaron las distintas federaciones y centrales obreras del país.
Desde el pasillo de la Cámara de Diputados, el presidente del Parlamento destacó que este pronunciamiento de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica Guatemala Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Estados Unidos y Uruguay debe ser “motivo de orgullo y una gran victoria” para los venezolanos porque se está presionando desde la región para tener una solución a la crisis que vive el país.
“Estamos en una Venezuela donde la gente se muere de hambre, donde no hay empleo y donde hay violencia y corrupción generalizada. Hay un entendimiento de que a través del voto, podemos cambiar esta Venezuela miserable, corrupta por una Venezuela prospera y unida”, recalcó.
En el documento que fue enviado por las cancillerías de los 14 países consideran urgente que se atienda de manera prioritaria en Venezuela “la liberación de presos políticos, se reconozca la legitimidad de las decisiones de la Asamblea Nacional, según la Constitución y que se establezca un calendario electoral, que incluya las elecciones pospuestas”, reza el texto.
Borges destacó, además, que por primera vez los 14 países hablan de presos políticos, “siempre se nombraban como personas detenidas o se utilizaban otras frases muy diplomáticas. Hoy se dice con todas sus letras que en Venezuela hay presos políticos y se exige su liberación inmediata”.
Asimismo, exigen categóricamente el respeto a la Asamblea Nacional y a la Constitución que el Gobierno “ha violado e irrespetado”, al no reconocer que el parlamento fue elegido por el voto de 14 millones de venezolanos. “El Gobierno le ha puesto un candado a la Asamblea Nacional y nosotros seguimos aquí, resistiendo y luchando, haciendo leyes para que el país cambie”.
También pide que se acepte la ayuda humanitaria que han ofrecido varios países de la región. “No es posible que el Gobierno venezolano sea el primero que le cierre las puertas a los países de la región que quieren poner medicina y comida gratuita para todos los venezolanos”.
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PETRÓLEO VENEZOLANO CAE A 41,19 DOLARES EL BARRIL

EFE

El precio del barril de petróleo venezolano perdió 0,59 centavos de dólar en los últimos siete días al pasar de los 41,78 dólares que cotizó la semana pasada a los 41,19 dólares de esta, informó hoy el Ministerio de Petróleo venezolano. EFE.
“La preocupación por el alto nivel de producción en países fuera de la Opep, que contrarresta los esfuerzos por reducir el exceso de inventarios globales, siguió pesando en el ánimo de quienes operan en los mercados de futuros de petróleo”, dice el informe semanal de la cartera petrolera venezolana.
Con esta cifra, el precio promedio de venta del petróleo venezolano en lo que va de 2017 se sitúa en 45,04 dólares por barril, lo que representa una recuperación frente a la media de 35,15 dólares registrada en 2016.
La cesta de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) también presentó una bajada al pasar de 49,26 a 48,88 dólares el barril.
El Ministerio de Petróleo también informó sobre el comportamiento de los precios de otros crudos, entre ellos el Brent, que cerró en 51,11, y del crudo Intermedio de Texas (WTI), que se cotizó en 48,20 dólares el barril.
Venezuela es uno de los principales países exportadores de petróleo y ha experimentado una curva de descenso en los precios del hidrocarburo, que comenzó en septiembre de 2014, cuando se cotizaba a 90,19 dólares el barril.
La OPEP acordó a finales de 2016 en Viena reducir su producción de crudo hasta los 32,5 millones de barriles diarios (mbd) a partir del 1 de enero de 2017, lo que supuso el retiro de 1,2 mbd respecto a octubre de 2016.
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VALIDAR Y EXIGIR


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              SIMON GARCÍA

El gobierno, además de inventar un enemigo externo y criminalizar el ejercicio de la democracia, actúa obsesionado por ganar tiempo. No rectificará por decisión propia. Intentará desesperadamente diferir el momento de asumir algún cambio en su plan de imponer a perpetuidad su control totalitario sobre la sociedad.
La cúpula no quiere ninguna elección porque el voto es el comienzo de su fin. Por ello el CNE incurrió deliberadamente en incumplimiento de funciones y no realizó en diciembre de 2016 las elecciones para gobernadores. Por ello han inventado como requisito, previo a esa elección, la validación de los partidos y no sólo han llenado ese procedimiento de toda clase de obstáculos, sino que lo diseñaron para impedir que más de un  1% de los ciudadanos muestre la mayoritaria decisión de restablecer la democracia y ponerle fin al régimen que le destruye sus vidas.
A Maduro no le importa la tragedia que su gobierno ocasiona, sino chapalear como sea hacia un salvavidas para el pequeño grupo de altos funcionarios y boliburgueses que disfrutan de privilegios y de impunidades.  Por eso se burla de la demanda de cambio del 90% de la población y a través de las rectoras vivarachas pretende impone dos meses engaña bobos para que cada ciudadano que autenticó su identidad en las máquinas capta huellas demuestre que no hubo un fantasma que lo sustituyó ni fue llevado en autobús tras la zanahoria de una Gran Misión. Burla y agravio.
Uno de los voceros de esa cúpula, que nos cuesta calamidades sociales, pérdida de derechos y liquidación de la democracia, ha soltado la especie de todavía pueden dejar sin registro a cualquiera de los partidos. Azuzan a quienes opinan que la validación avala al gobierno y subestiman lo que implica favorecer la ilegalización de la oposición.
Todas estas patéticas jugadas para retardar una elección inevitable es una motivación más para apoyar a la gente que, desde los partidos, constituye la vanguardia que asume la primera línea de la resistencia que toda la sociedad muestra frente a las inconstitucionalidades, indecencias y abusos del cada vez más reducido cogollito de los privilegiados del poder.
El gobierno está en pánico porque siente la inminencia de una amenaza creíble: la aplicación de la carta democrática. Ahora su simulacro de revolución está al desnudo en el mundo, incluso para partidos de izquierda, como una creciente crisis de hambre y empobrecimiento por corrupción, destrucción del aparato productivo y violación sistemática del Estado de Derecho.
La OEA tiene el respaldo suficiente para actuar, pero los procedimientos de la democracia son lentos y deben agotar la posibilidad de que Maduro decida dejar de ser el problema y formar parte de una solución electoral, pacífica, constitucional y sostenida como salida común por los propios venezolanos. Si los seguidores descontentos con Maduro no lo confrontan internamente por temor, seguirá la masiva desafiliación afectiva de sus partidarios.
Hay que validar a los partidos de la MUD que aún tienen que parar el penalti pitado por el CNE a favor de la cúpula. Hay que ganarle esta nueva batalla a la cúpula. Hay que validar y comenzar a ser ciudadanos más críticos y exigentes con los partidos que necesitan nuestro apoyo.
Por ahora hay que recordar que sin elección de gobernadores no hay presidenciales. No corramos anticipadamente hacia donde no es.
@garciasim

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NI VALIDAN NI PRESTAN LA BATEA



                JEAN MANINAT

Los dados de la política son realengos, tienen vida propia; por más que usted los sobe con los dedos para darles un pase mágico, o sople con fervor el cubilete donde los bate antes de arrojarlos en el tapiz, ellos seguirán su curso indómito para alterar la jugada ingenuamente prefabricada. (Un golpe de dados jamás abolirá el azar, alertó Mallarmé, quien no era político, pero sí un soberbio poeta).

El Consejo Nacional Electoral (CNE) en su oficio perverso de obstruir, lejos de facilitar y defender, el derecho de los venezolanos a votar, supuso que al sembrar un nuevo obstáculo en el camino hacia las elecciones regionales, los militantes de la oposición democrática iban a desfallecer y entregarse víctimas del Síndrome de Estocolmo: estos diablos saben mucho y están asesorados por los cubanos, y no saldrían a validar a sus organizaciones políticas. De nuevo se equivocaron las rectoras y sus mandantes y con ellos quienes desde un sector de la oposición llamaron a no participar en el proceso “para no convalidar a la dictadura”.

¿Qué queda claro de este nuevo esfuerzo de los militantes de a pie para recuperar la democracia en Venezuela, ciñéndose con orgullo sus colores partidarios?  Sin duda, la  capacidad para reponerse de premuras  teledirigidas y retomar de nuevo el empeño de no dejarse vencer por un poder desarbolado, que sólo teme el voto que porta la gente en su cédula de identidad.

Allí está la calle, sin reflectores épicos, sin muertos santiguados desde el exterior, sin benefactores iracundos que le exigen a los otros lo que ellos mismos no están dispuestos a hacer con sus hijos, puestos a  buen resguardo en el extranjero. Hay una epopeya simple, kantiana, la de quienes cumplen con “su” deber ser  -al fin y al cabo es una opción íntima- y salen a validar su voluntad democrática en medio de ventiscas autoritarias cuando es requerido.

Son los héroes anónimos del 6D/2015, y son aquellos que han salido, y saldrán, a validar, contra viento y marea oficialista, su pertenencia a una opción política.  Los partidos son el nutriente básico de la democracia, por eso la antipolítica militante los adversa, los detesta, por eso sus emisarios le pavimentaron la vía al galáctico para que concluyera la obra que ellos habían comenzado

El CNE hurgará con ansia en su maletín de pócimas venenosas para torcer la voluntad de cambio de los venezolanos; los de siempre en la oposición anhelarán in pectore que encuentre el modo de darles la razón y disuelva las elecciones regionales.

Viven para socavar lo que otros hacen: acusan a los demás de blandengues, apuntan con el dedito índice iracundo, exigen marchas hacia Miraflores que no pueden organizar, prometen soluciones instantáneas que luego causan desasosiego y frustración, y hurtan el cuerpo a su responsabilidad democrática cuando es requerida. Ni validan, ni prestan la batea… viven “selfimismados”.

@jeanmaninat
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Y ahora las panaderías

Eduardo Fernandez
Expropiaron Agroisleña y se acabó la producción agrícola y pecuaria en el país. Expropiaron las empresas productoras de café y los venezolanos nos quedamos sin café.

Expropiaron las empresas lácteas y nos quedamos sin leche. Expropiaron Sidor y nos quedamos sin acero. Expropiaron los centrales azucareros y nos quedamos sin azúcar. Ofrecieron la Ruta de la Empanada y las arepas socialistas, y ambas brillan por su ausencia. Ahora le toca el turno a las panaderías y nos quedaremos sin pan.

Esas expropiaciones solo han servido para poner en evidencia la incompetencia del Gobierno, pero también el despilfarro de la inmensa riqueza que le ha tocado manejar y, además, la manera de construir oportunidades para la corrupción.

Despilfarro, corrupción e ineficiencia son las tres palabras que caracterizan la gestión del Gobierno. En el marco de esa política que se hace en nombre del socialismo, de la revolución y de los intereses de los pobres, lo que se ha producido es hambre, desabastecimiento, inflación, deterioro del poder adquisitivo del ingreso familiar, colas, corrupción, alto costo de la vida y desnutrición.

¿Será que no se dan cuenta? ¿Será que los dogmas ideológicos pueden más que las enseñanzas de la realidad? ¿Será que nadie les ha informado que hay hambre y desnutrición y que los ciudadanos no consiguen alimentos ni medicinas?

El Gobierno ni aprende ni rectifica. Por causa de esas políticas equivocadas ha empobrecido a un país que no tendría que estar pasando tantas penurias. Un país que tiene recursos suficientes para vivir mejor, mucho mejor.

Gracias a esas políticas equivocadas, el Gobierno perdería cualquier elección que se convoque en cualquier nivel. Por eso le huye a las elecciones. Por eso toma la peligrosa deriva del autoritarismo y de la reducción de los espacios democráticos. Lo mismo que ha ocurrido en todos los países en los que se ha ensayado el modelo del socialismo real.

El Estado existe para cosas muy importantes: proteger la vida de los ciudadanos y sus propiedades. En Venezuela, ni la vida ni las propiedades están protegidas por el Estado.
El Gobierno ni aprende ni rectifica. Está empeñado en cavar su propia tumba. Pero lo más grave es que está cavando la tumba de muchos venezolanos.
Seguiremos conversando.
Eduardo Fernández
@EFernandezVE

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14 países de OEA piden que se realicen elecciones en Venezuela

EFE

Un grupo de 14 países de la Organización de Estados Americanos (OEA) urgió este jueves en una declaración conjunta al gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, que programe un calendario electoral y que libere a los "presos políticos".
"Consideramos urgente que se atienda de manera prioritaria la liberación de presos políticos, se reconozca la legitimidad de las decisiones de la Asamblea Nacional, según la Constitución, y que se establezca un calendario electoral, que incluya las elecciones pospuestas", según el texto publicado por las Cancillerías.
El documento indica que la suspensión de un país miembro (como pidió el secretario general de la OEA, Luis Almagro, para Venezuela) "es el último recurso y que antes de esa decisión deben agotarse los esfuerzos diplomáticos en un plazo razonable".
La declaración la firman Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Estados Unidos y Uruguay.
Estos países son del llamado "grupo de los 15", como se les conoce ya en los pasillos de la OEA, cuyo liderazgo se atribuye a México y al que también pertenece Belice pero que no se suma en esta ocasión por neutralidad al ostentar la presidencia de turno del Consejo Permanente, según explicaron a Efe fuentes diplomáticas.
Los 14 países firmantes se declaran "profundamente preocupados por la situación que atraviesa la hermana República Bolivariana de Venezuela" y declaran su "compromiso con la promoción y defensa de la democracia y los derechos humanos de acuerdo con la Carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana".
Prometen evaluar "con detenimiento" el informe que Almagro publicó el 14 de marzo, en el que pedía aplicar la Carta Democrática para suspender a Venezuela si no convoca elecciones en 30 días, y lo analizarán "con miras a acordar el curso de acción que corresponda dentro de la organización".
Reiteran su apoyo al "diálogo y la negociación" para solucionar "los problemas" que afronta el pueblo venezolano y por ello hacen "un llamado para que se cumplan a cabalidad los acuerdos alcanzados en el marco de las mesas establecidas durante el proceso de acompañamiento impulsado por los expresidentes y la El Vaticano".
"Y avancen -prosigue- en la pronta identificación de soluciones concretas, con apego a las disposiciones de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, para garantizar la efectiva separación de poderes y el respeto al Estado de Derecho y a las instituciones democráticas".
Concluyen ofreciéndose a "colaborar con el pueblo y el gobierno de Venezuela en todo aquello que pueda contribuir a una solución de los desafíos políticos, económicos y sociales de ese país".
"Y nos mantendremos atentos a los esfuerzos para abordar estos desafíos durante las próximas semanas a fin de considerar los siguientes pasos necesarios", concluye el texto.

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LIBERTAD Y DEMOCRACIA


HERNAN BONILLA

EL PAÍS DE URUGUAY

La vida en democracia es un logro de la civilización en tanto permite una forma de gobierno legítimo en la medida que se cumplan algunas condiciones como elecciones limpias, participación sin restricciones de personas y partidos, y libertad de expresión y de prensa, entre otras.
Sin embargo, estas condiciones formales no alcanzan para definir una democracia plena, y menos aún las condiciones básicas que aseguran la libertad de las personas. Recientemente el presidente Vázquez, verbigracia, manifestó que Venezuela es una democracia porque tiene tres poderes funcionando. Suponiendo que hablaba en serio, es claro que el avasallamiento del Poder Legislativo por parte del Poder Ejecutivo y del Judicial sometido al gobierno dista mucho del ideal de Montesquieu.

Si le agregamos los presos políticos, la ausencia absoluta de libertad de prensa, las amenazas que sufren a diario políticos, periodistas y cualquiera que disguste al gobierno, es evidente que merece mucho más el calificativo de dictadura que de democracia. Aquí se cruza otro tema, que es la consabida hemiplejia moral de izquierda y derecha que se niega a considerar antidemocráticos a los gobiernos que le caen en gracia, cuando para cualquier persona que valore genuinamente la democracia y la libertad cualquier dictador violador contumaz de los más elementales derechos humanos resulta despreciable.

Hay otros aspectos más complejos en este tema, y tienen que ver con el propio funcionamiento de un sistema democrático, aún aquel en que rija la separación de poderes. Uno de ellos es el peligro del mayoritarismo, cuando la democracia es ilimitada y mayorías circunstanciales en el Parlamento pueden aprobar legislación que cercene derechos individuales o de las minorías. Este es un viejo debate aún no saldado. La democracia compatible con la libertad del ser humano es necesariamente limitada, en tanto no puede legislar contra los derechos naturales, para citar un ejemplo que ha estado en el tapete últimamente en nuestro país, el derecho de propiedad.

Un segundo aspecto, vinculado al anterior, es la diferencia entre Ley y legislación. No es lo mismo el consenso de normas bajo el que vive y se desarrolla una sociedad de origen más o menos espontáneo y consuetudinario, que aquella legislación que se aprueba en base a los deseos de moldear una sociedad.

Este es un tema crucial. Es sumamente peligroso para la libertad que un legislador inspirado en el modelo de sociedad que persigue pretenda aprobar nueva legislación con la intención de cambiar hábitos, normas morales y prácticas cuyo origen ignora y sentido desconoce. No me refiero, por cierto, a la legislación contra la discriminación u otra ampliamente compartible, sino a aquella inspirada en un sentido refundacional que pretende hacer tabla rasa con la sabiduría acumulada por la experiencia de generaciones. Detrás de este tema está la observación fundamental de Hume de que las normas morales no son consecuencia de nuestra razón y por lo tanto no pueden cambiarse discrecionalmente sin afectar aspectos de la vida en sociedad que no son discernibles por el aspirante a ingeniero social.

Un verdadero Estado de Derecho implica mucho más que votar cada cinco años y que exista una separación formal de poderes.

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jueves, 23 de marzo de 2017

PARTIDOS POLITICOS MAYORITARIOS DE ESPAÑA (PP,PSOE Y CIUDADANOS) DIERON APOYO AL INFORME DEL SEC. GENERAL DE LA OEA

Representantes de tres de los partidos mayoritarios en España -PP, PSOE y Ciudadanos- y un grupo de opositores venezolanos dieron hoy su apoyo en Madrid al informe del SG de la OEA, Luis Almagro, y reclamaron la activación de la Carta Democrática en Venezuela.
Diputados de esos tres partidos intervinieron en un acto en la sede de la Asociación de la Prensa, en el que señalaron que sus respectivas formaciones están dispuestas a promover iniciativas para activar la Carta Democrática.
Se trata de una herramienta de la Organización de Estados Americanos (OEA) que impone sanciones a los países donde se registren rupturas del orden democrático.
“España está en la lucha por la libertad de Venezuela y de otras dictaduras desde el día uno”, afirmó el diputado del gubernamental PP (conservador) José Ramón García, quien añadió que “el pueblo de Venezuela no puede ser un rehén de Nicolás Maduro”.
Para García, “habrá una Venezuela democrática muy pronto”, ya que, según explicó, “el lobo totalitario -en referencia al presidente Maduro- no puede esconderse más”.
En esto coincidió también el diputado por el partido de Ciudadanos (liberales) Fernando Maura, quien afirmó que “muchos españoles que votan a otros partidos también apoyan la lucha en Venezuela”.
Por su parte, el parlamentario socialista (PSOE) Antonio Gutiérrez Limones señaló que sus correligionarios, los expresidentes del Gobierno Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, “se han implicado directamente en ayudar a Venezuela” y que lo harán también cuando llegue el tiempo de la “reconciliación”.
Los opositores venezolanos pidieron al Ejecutivo español “ayuda en la recta final”, para que los venezolanos puedan decidir su futuro en unas elecciones.
“Los venezolanos se enfrentan a una época muy oscura, frente a esto todos los partidos democráticos tenemos que permanecer unidos”, afirmó el líder opositor Lester Toledo del partido Voluntad Popular -al que también pertenece el opositor encarcelado Leopoldo López-.
Según el informe elaborado por Almagro, para el restablecimiento del “hilo democrático” en Venezuela es necesario que se convoquen elecciones, se libere a los presos políticos -un total de 104, según la oposición- y se abra un canal humanitario para que alimentos y medicinas puedan llegar al país.
Desde marzo de 2014, la oposición venezolana reclama la aplicación en su país de la Carta Democrática Interamericana, un proceso que Almagro puso en marcha en mayo de 2016, pero que finalmente no fue aprobado. EFE
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Julio Borges: Carta Democrática es la intervención del pueblo con el voto


          borges

El presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, rechazó este jueves las declaraciones del primer mandatario nacional, Nicolás Maduro, quien acusó de traición a la patria a los diputados de oposición que aprobaron un acuerdo para apoyar la reactivación de la Carta Democrática a Venezuela, reseña Unión Radio.
Borges afirmó que la presión internacional está apuntando a solicitar elecciones en Venezuela, de allí que el jefe de Estado arremeta contra la oposición.
“La Carta Democrática no tiene nada que ver con intervención extranjera, intervención militar, sino todo lo contrario, es una ley que lo que pide es la intervención del pueblo venezolano a través del voto para reordenar el caos de país que estamos viviendo”, dijo.
Para Borges el gobierno no puede seguir huyendo de la realidad ”y la realidad lo está encontrando, y todo el mundo y América lo tiene en la mira, no para una intervención, sino para que se hagan elecciones, el gobierno no tiene escape, tiene la cuenta regresiva encima”.

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LAS DOS VENEZUELA


ALBERTO BARRERA TYSZKA

También las relaciones internacionales dependen de la fe. Una experiencia tan frágil y misteriosa sostiene en buena medida la geopolítica del planeta. Todo parte del mismo principio: confiar en el otro. Aunque sea mínimamente. Creer o suponer que el otro está diciendo la verdad. Cuando los funcionaros del gobierno de Venezuela declaran en la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra, la mayoría de los venezolanos necesitamos una traducción simultánea. No entendemos nada de lo que dicen. Ellos hablan de otro país, de un país que no conocemos, que no existe. Los vemos y escuchamos y solo quisiéramos tener la oportunidad de ponerle subtítulos a sus palabras para que el mundo lea la realidad que no pronuncia nuestro gobierno.
Tarek William Saab, quien ocupa el más alto cargo en la Defensoría del Pueblo, estuvo en la ONU y expresó su voluntad de “ser un actor fundamental para la protección y defensa de los derechos humanos”. Sin embargo, no dijo nada sobre la OLHP: un plan represivo, paradójicamente llamado Operaciones de Liberación Humanista del Pueblo, que permite a los militares y a la policía actuar arbitrariamente, con violencia e impunidad, en los sectores populares. Todas las organizaciones de derechos humanos del país han cuestionado las detenciones arbitrarias, las desapariciones y los homicidios ejecutados por estos comandos armados. Se ha denunciado que se comportan como grupos de exterminio, los oficiales llevan máscaras de calaveras sobre sus rostros y actúan como si tuvieran licencia para matar.
Las alertas en contra de las OLHP son cada vez más numerosas. Hay incluso casos de masacres, desapariciones o asesinatos de grupos, como el ocurrido en la población de Barlovento en el año 2016. El saldo fue de doce jóvenes en fosas comunes. De eso no habló el Defensor del Pueblo en Ginebra. Ese país no existe.
Iris Varela es la ministra para el Servicio Penitenciario. También ella viajó a Ginebra y estuvo en la reunión de la ONU. Ahí habló de cómo el gobierno ha logrado “pacificar” y “dignificar” los centros penitenciarios del país. Las cifras oficiales aseguran que no hay hacinamiento carcelario pero, según la organización Observatorio Venezolano de Prisiones, los datos reales son otros: la cantidad de reclusos casi duplica la capacidad de las instalaciones. De esto no habló la ministra Iris Valera.
Tampoco mencionó que, justo en esos mismos días, las excavaciones realizadas en uno de los principales reclusorios del país seguían tropezándose con restos humanos. En la Penitenciaría General de Venezuela, cerrada hace cinco meses, se ha encontrado una fosa común donde, hasta el momento, han aparecido 14 cuerpos. Aseguran que podrían ser veinte.
Esta prisión venía siendo objeto de diversos cuestionamientos desde hace mucho tiempo. Humberto Prado, director del OVP, afirma que ya en el año 2009 denunciaron casos de desapariciones en dicho centro de reclusión. Según esta organización, “la realidad de las cárceles en nuestro país es que el Estado le ha entregado su control a grupos armados de internos”.
Iris Varela no dijo en Ginebra que, en algunas cárceles del país, controladas por capos que han hecho de la ilegalidad una industria, se puede encontrar una discoteca, una piscina, una agencia bancaria, un zoológico, una pizzería, una pista de motocross… y también, por supuesto, una fosa llena de cadáveres. Ese país tampoco existe para el gobierno.
El embajador venezolano ante la ONU en Ginebra se llama Jorge Valero. Él asegura que todos los cuestionamientos sobre el estado de las libertades en Venezuela forman parte de una “campaña mediática”. Declara que en el país no hay presos políticos sino terroristas encarcelados. Sin embargo, las estadísticas del Foro Penal Venezolano son muy distintas: solo en el año 2016 hubo 2732 arrestos políticos. Aparte de los dirigentes políticos más conocidos, como Leopoldo López, Daniel Ceballos o Yon Goicoechea, existen más de cien detenidos por razones políticas, la mayoría enjuiciados por tribunales militares, de manera anticonstitucional. Algunos tienen incluso órdenes de libertad, expedidas por jueces civiles, que no han sido acatadas por las autoridades. De esto no habla Jorge Valero. Tampoco menciona al diputado Gilber Caro, que fue encarcelado, una violación a su inmunidad parlamentaria, sin la presentación de una acusación formal. O al professor universitario Santiago Guevara, detenido y acusado de traición a la patria por haber participado en una reunión en una panadería. Valero no dice nada de ese país. No lo nombra. En Ginebra, sin pestañear, afirma que “no es cierto que en Venezuela se restrinjan las libertades, sino más bien se respetan escrupulosamente”. ¿Qué se puede hacer con quien miente sin pudor, con tanta facilidad?
El discurso oficial del gobierno venezolano afirma que no hay crisis sino conspiración, que no hay escasez, que no hay hambre. Asegura que la justicia es transparente, que hay equilibrio de poderes, que las instituciones tienen independencia. La realidad confirma lo contrario. Las cifras no oficiales señalan que no somos un país sino un derrumbe. Las encuestas muestran que los venezolanos queremos un cambio. Pero, mientras tanto, el gobierno sigue hablando en una lengua incomprensible, ejerciendo la violencia. Cada vez más, su idioma más claro es la represión.
Los organismos internacionales y los demás países del mundo, más temprano que tarde, tendrán que decidir con cuál de estos dos países se comprometen. Pueden ser, con su silencio, cómplices de la élite que controla el poder. O pueden ser activamente solidarios con quienes, padecen las consecuencias del poder. Cada vez hay menos matices. O están con la Venezuela pomposa que declara en Ginebra, o con la Venezuela urgente que aparece en los subtítulos. Ante el fracaso del diálogo, se hace indispensable la presión extranjera para buscar una salida democrática, justa y transparente. No se trata de una invasión. Solo es necesario apoyar a la Venezuela que sí quiere contarse a través de los votos, al país que exige que haya elecciones.

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