martes, 6 de julio de 2010

Lo llaman "atrasismo"

Marcos Aguinis
Para LA NACION


Desde España, el escritor Horacio Vázquez-Rial nos provee de una palabra develadora que acaba de acuñar: "atrasismo". Se refiere a una potente ideología, infiltrada en los espacios de la izquierda (o llamada izquierda), que en lugar de querer un avance hacia el progreso, impulsa hacia el atraso. Es cierto que ama a los pobres y marginados, pero no los ayuda a superar la miseria. Por el contrario, la miseria de franjas cada vez más grandes es celebrada como una victoria.

Vázquez-Rial cita a Carlos Alberto Montaner, quien describió a los miembros de esta filiación absurda como "gentes que, paradójicamente, admiran el modelo de desarrollo de los pueblos que menos progresan". Aparecen los ejemplos de Venezuela, Bolivia y Cuba, entre otros. En vez de apuntar hacia el mañana, se atornillan a un ultraconservadurism o empobrecedor que les impide avanzar. Un líder indigenista boliviano confesó que "nuestro futuro es nuestro pasado". Terrible. Porque el derecho a cultivar la hermosa identidad indígena y los valores que ella contiene son distorsionados hacia una dirección autodestructiva. En lugar de ponerse al día, para que esos factores sean dinámicos y productivos en el presente, aspiran a quedarse atados a las tumbas. Es tan ridículo como si los egipcios pretendieran vivir en los tiempos de los faraones y los italianos en los de César Augusto.

La solidaridad con los que sufren privaciones no es acompañada por un análisis profundo de sus causas, como lo hicieron grandes pensadores y estudiosos, entre los que incluyo, claro, a Karl Marx. No. Se manejan con esquemas que no miran las evidencias de los cambios en el mundo. Esos esquemas fueron útiles y acertados tiempo atrás. Por ejemplo, el proletariado, que adquirió luminosidad mesiánica porque era la clase social que redimiría a todos los hombres, ya no existe o no existe con las características del siglo XIX. Sólo mencionarlo es una antigüedad.

Otras categorías e instituciones siguen su mismo destino. El capitalismo tampoco es igual al descripto por los clásicos y ya se duda si el nombre es suficientemente abarcativo de sus proteiformes rasgos. Sin embargo, el "atrasismo" lo ve como el claro enemigo número uno. Y todo lo que pueda destruirlo es apoyado con alegría. Por eso, algunos fracasos de este sistema (crisis financiera, perseverancia de la pobreza, castigo de la desocupación, desigualdad insolente y otros flagelos) son voceados como victorias. Hasta se desea que haya más crisis, pobreza, desocupación y desigualdad. Cuanto peor, mejor. Se ansía que el capitalismo caiga en ruinas. Pero ¿con qué reemplazo? ¿Cuál socialismo o cuál comunismo es inmune al fracaso y garantiza el Edén?

No se mira lejos. Sólo se quiere la descomposició n y la caída del capitalismo. Este anhelo se vigorizó con el indigerible fracaso de las experiencias estalinista, maoísta, castrista y guerrillera. El deseo de muchos Vietnam expresado con sinceridad tanática por el Che no se ha cumplido. Algunos reemplazan esa catástrofe (con antifaces de cierta respetabilidad) por el terrorismo islámico. No hay que ser muy agudo para descubrir estalinistas, maoístas y castristas entre quienes aparentan defender ahora la democracia y, de un modo artero, esquivan la mirada y el discurso ante el avance de los talibanes y la persistencia de muchas dictaduras.

El "atrasismo" tiene hondas raíces. Proviene de los tiempos en que comenzó la esclavitud entre los seres humanos. Una persona encadenada a otra y obligada a producirle riquezas de modo forzado no podía dejar de anhelar quemárselas. Su primera aspiración era sabotearlo, herirlo y asesinarlo. Luego quitarle lo que tenía. Esto se mantuvo e incrementó a lo largo de milenios. Las crónicas y la literatura ofrecen infinitos testimonios. La epopeya radicaba en asesinar al tirano, no en narrar cómo el oprimido luego se dedicaba a crear su propia riqueza. Esto último es aburrido y no estremece. Estremece demoler al opresor. En la misma línea va la saga de Robin Hood: quitar al que tiene. La distribución alegra, pero no estimula a seguir produciendo, de esto no se habla.

Una línea semejante cursa el tema de la plusvalía. Cuando Marx la estudió, no tuvo a su alcance las pruebas de que la riqueza también se produce sin robo. Después Lenin desarrolló el concepto del imperialismo mediante el traslado de la plusvalía a países enteros saqueados por una potencia. Pero resulta que ahora existen individuos y países que han prosperado de una forma asombrosa sin atracar ni colonizar a nadie. ¿Entonces?

También abunda la tendencia a culpar de los fracasos a factores externos. Buscar un chivo expiatorio es muy frecuente. A nivel global ahora el chivo expiatorio, según la oportunidad, se llama capitalismo, FMI, imperialismo, Israel, liberalismo, etcétera. En la Argentina y Venezuela sus gobiernos añaden a la prensa independiente. Son los culpables. Los malditos culpables. Los que hay que erradicar para que el mundo funcione mejor. ¿Funcionará mejor?

En el "atrasismo" se confunden las cosas. Ha incorporado racionalizaciones y clichés que pretenden justificar errores graves. Incluso se ha llegado a invertir el objetivo inicial de la izquierda. En efecto, en su origen la izquierda fue libertaria, crítica, no aceptaba dictaduras, ni cercenamiento de los derechos individuales, ni quedarse en la pobreza. El objetivo máximo era llegar a que hubiese tanta abundancia para que "cada uno dé según su necesidad y cada uno produzca según su capacidad". Se deseaba la riqueza. Sin coerciones. Sin tiranías. Sin envidia ni rencor. El paraíso.

Pero esto fue distorsionado tras la Revolución Francesa misma, que impuso el terror para liquidar a los antiguos dueños, devoró sucesivas capas de revolucionarios y desembocó en la dictadura napoleónica. La segunda gran distorsión de la izquierda, cuyas consecuencias duran hasta el presente, ocurrió tras la Revolución Rusa. Cayó en la tragedia de otra dictadura, esta vez "en nombre" del proletariado. Gulags, genocidio, purgas, regresión artística, antisemitismo, cercenamiento de los derechos individuales, silencio de la prensa, censura en todos los campos de la actividad humana, abominación de la democracia y degüello de la libertad. Ese modelo "progresista" fue reproducido por Mao, Pol Pot y otros regímenes. Todos ellos generaron atraso económico, político y social. Pero sus fanáticos no lo quieren reconocer. Inventan argumentos risueños para mantener la ilusión. Ninguno de ellos consiguió desarrollos excepcionales, a lo sumo efectuó plagios del capitalismo horrible.

Un ejemplo perfecto de "atrasismo" lo ofrece ahora la Franja de Gaza. Empecemos por reconocer la legitimidad de sus habitantes por conseguir la autodeterminació n porque nunca, nunca desde los tiempos de los filisteos, habían gozado de entera libertad. Después del mandato británico cayeron bajo dominio egipcio por dos décadas. En ese período no se les facilitó la autonomía ni el progreso, sino que se los utilizó para hostilizar a las poblaciones civiles de Israel. Aumentó la pobreza y no se permitió que los refugiados de la guerra se integrasen al mercado. Luego cayeron bajo el control israelí. Tras varias décadas de una convivencia aceptable, que incluía trabajo para cientos de miles en la misma Israel y los beneficios de sus hospitales, universidades, provisión de insumos y comercio bilateral, surgieron los antagonismos. Unos diez mil israelíes construyeron en ese territorio varios asentamientos que lograron un despliegue alucinante, porque hasta exportaron flores a Holanda y quesos a Suiza. ¡Desde la Franja de Gaza! Los reclamos de terminar con la ocupación israelí, sin embargo, hicieron que un duro como Ariel Sharon decidiese retirar todas sus fuerzas e incluso sacar de los pelos y las orejas a los colonos judíos. Gaza se convirtió en un territorio Judenrein (limpio de judíos).

Terminó la ocupación, a la que se le echaba la culpa de todos los males. Sharon tuvo la esperanza que de ahí nacería un significativo avance hacia la paz. Pero Gaza no se convirtió en la piedra basal de un Estado palestino fraterno y progresista, sino en la plataforma de lanzamientos de inclementes misiles. Hace poco visité Sderot, cerca de la frontera, y vi una cantidad impresionante de esos misiles, disparados contra centros comerciales, hospitales y escuelas. Vi también los búnkeres donde huyen a refugiarse cada vez que suena la alarma. Del lado de Gaza, en cambio, no hay refugios porque usan de escudo humano a la población. Si mueren muchos, mayor será su éxito mediático.

Advertí que en Gaza se practica el "atrasismo" en plenitud. No se construyen centros turísticos, ni aprovechan las bellezas del mar, ni los descubrimientos arqueológicos, ni las fértiles huertas y granjas que habían construido los israelíes, ni se marcha hacia una producción que lleve a la prosperidad del pueblo. Al contrario, se gastan millones de dólares en misiles y en demostraciones estériles. En aumentar el atraso. Antes de que Hamas tomase el control, no había "crisis humanitaria". La crisis fue creada por el gobierno fundamentalista, precisamente, luego de rebelarse contra la Autoridad Palestina y asesinar a un centenar y medio de sus funcionarios. No acepta la solución de dos Estados (uno judío y otro árabe) porque sólo quiere la destrucción del envidiado y exitoso Israel. Su objetivo es destruir, no construir. Echan la culpa al otro e invocan el bloqueo, olvidando por qué nació. Antes de que empezaran a disparar su lluvia de misiles no había bloqueo alguno. Incluso en las actuales circunstancias ingresan a diario en la Franja de Gaza camiones con toneladas de insumos israelíes, que incluyen alimentos, vacunas y artículos medicinales. Muchísimo más de lo que podría aportar la más nutrida flota extranjera. He visto también a numerosos habitantes de Gaza en los hospitales israelíes.

La aún parcialmente ocupada Cisjor-dania, por el contrario, dejó de enviar criminales suicidas y se dedica a progresar en serio. Por haber disminuido la corrupción y dejar de llamar a la guerra, su crecimiento llegará este año ¡al 10%! Ahí comienzan a ponerse las bases de un brillante Estado palestino. Pese a estos datos, el "atrasismo" de Gaza convoca más simpatías. Y estas simpatías sabotean el progreso, eternizan al atraso. Quienes de verdad aman a los palestinos deberían exaltar el modelo de Cisjordania y condenar el de Gaza. No es fácil, sin embargo, desprenderse de la confusión que el "atrasismo" genera. Es una diabólica trampa de la que ni siquiera pueden liberarse muchas mentes lúcidas. © LA NACION

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lunes, 5 de julio de 2010

La traición de las élites

Trino Márquez

El papel de las élites dentro de los procesos de cambio o en el mantenimiento del orden establecido, ha sido ampliamente estudiado por la teoría y la sociología política. Desde Max Weber, Vilfredo Pareto, Gaetano Mosca y Robert Michels, a comienzos del siglo XX, hasta Robert Dahl, luego de la segunda mitad de la centuria pasada, numerosos han sido los pensadores que se han ocupado de este asunto. Cada uno de ellos destaca, desde su propia perspectiva, el enorme peso de las vanguardias políticas, intelectuales, gremiales o sindicales, en las transformaciones sociales o en la conservación de los modelos existentes. En Venezuela este tema se estudió en el pasado con densidad. CONFLICTO Y CONSENSO, la investigación dirigida por José Agustín Silva Michelena en la década de los sesenta, representa un clásico que todavía sirve de ejemplo en las exploraciones sobre la materia. Posteriormente aparece publicado EL RETO DE LAS ÉLITES, de José Antonio Gil Yepes, otro hito relevante. Habría que agregar los aportes de Juan Carlos Rey y Aníbal Romero, entre otros investigadores, quienes diagnosticaron a la dirigencia nacional durante el período comprendido entre 1958 y 1998.

Hay, sin embargo, una deuda pendiente. Aún nos faltan estudios exhaustivos acerca de lo ocurrido con las élites del país durante el período inmediatamente anterior al triunfo del actual jefe de Estado y en los primeros años de su gobierno. Con el fin de comenzar a cubrir este déficit, Carlos Raúl Hernández y Luis Emilio Rondón escriben LA DEMOCRACIA TRAICIONADA (Rayuela, 2010), texto fundamental en el esfuerzo de despejar los enigmas y responder las preguntas acerca de cómo y por qué una democracia considerada de las más sólidas de América Latina y el mundo, se encuentra hoy en una etapa agónica. Sus autores abordan las interrogantes desde una perspectiva histórica. Comienzan revisando los efectos benéficos del Pacto de Punto Fijo y se extienden hasta el análisis de la Constituyente del 99 y las políticas orientadas a la destrucción de la economía de mercado, en el plano económico, y de la democracia liberal, en el plano político. La tesis de Hernández y Rondón es concluyente: a un sector significativo de la dirigencia nacional le faltó claridad y decisión para asumir la defensa de la democracia y propiciar los cambios que habrían permitido que el sistema se remozara y profundizara. Incluso, por momentos se opuso a las reformas que habrían modernizado la economía y transformado el Estado para hacerlo más eficiente. Hubo quienes apostaron a la crisis del sistema pensando que serían ellos los beneficiados del colapso. No lograron percibir la dimensión de la fractura social que había venido gestándose, ni las características del liderazgo alternativo que las críticas despiadadas a la democracia había incubado. Se produjo, de acuerdo con sus términos, una traición a la democracia.

De la lectura de este libro y de la aciaga experiencia de los últimos once años, en los que hemos visto cómo la democracia es atropellada y la libertad, en todas las esferas, es acosada y reducida a espacios cada vez más restringidos, puede concluirse que la preservación del orden democrático es una tarea diaria. En Latinoamérica -y probablemente en cualquier sociedad del planeta- la libertad no tiene un seguro que la proteja indefinidamente contra la posibilidad de que surjan autócratas que quieran destruirla en nombre del pueblo, de los oprimidos, de los explotados, o de cualquiera otra de esas monsergas utilizadas para engañar incautos e imponer modelos tiránicos en los cuales el Estado asfixia a los individuos. La responsabilidad esencial de la defensa, preservación e intensificación de la democracia y la libertad reside en la élite. Sin la existencia de este factor el pueblo llano puede convertirse en presa fácil de demagogos populistas y déspotas, capaces de valerse de las masas para imponer lo que Alexis de Tocqueville llamó la "dictadura de las mayorías". La experiencia venezolana indica que la élite tiene que prever y anticiparse a los acontecimientos, incluso en aquellos países donde no se vislumbran crisis de gobernabilidad en el panorama. En esta región del planeta, el respeto al Estado de Derecho y la independencia de los poderes, base de la democracia, siempre están bajo acecho. La influencia de la tradición caudillista es demasiado perniciosa. Una dirigencia con firmes convicciones democráticas es un poderoso antídoto contra esa distorsión.


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DISCURSO DEL 5 DE JULIO de 2010 DE RAMÓN GUILLERMO AVELEDO
MAracaibo

“Era llegado julio…”, nos relata Rafael María Baralt los hechos de 1811, y el Congreso “Pasaba entretanto el tiempo en inútiles discusiones sobre puntos secundarios de administración gubernativa y económica, mientras que el negocio capital de la independencia o de la sumisión se difería.” Baralt continua contándonos: “…el 5 de julio, abierta la discusión, llenaba un gran golpe de gente las tribunas y galerías de la asamblea. Nunca tanta se había visto…”. El debate se dio y el público lo seguía en medio de expresiones de su emoción, hasta que, sigamos la relación del marabino ilustre: “El congreso declaró, pues, que las provincias de Venezuela representadas en él formarían una confederación de estados libres, soberanos e independientes…” Celebrar aquel acontecimiento nos convoca. Conocer y comprender la historia que nuestros antepasados y nosotros construimos en los dos siglos siguientes es nuestra necesidad. Asumir con decisión los retos que hoy tenemos por delante es el más imperativo de nuestros deberes. Porque las patrias nunca son obra terminada, se van haciendo, las vamos haciendo. Celebrar el acto civil, pacífico, político, de un Congreso que delibera y decide. Donde posiciones distintas se ventilan, con razones y con pasiones, pero siempre con respeto por la postura ajena, incluso la del congresista que no votó la resolución. Recordar que en un Congreso, libre, los diputados de las provincias de Venezuela debatieron y decidieron la fundación de la República, es más que oportuno cuando nos aprestamos a elegir diputados que nos representen a todos, que legislen para todos y que vigilen la buena gestión del gobierno y el uso correcto de los dineros públicos desde la Asamblea Nacional, a pocos pasos del lugar sagrado donde los Padres de la Patria se reunieron.
Elijamos diputados que estén orgullosos del origen histórico del mandato que ejercerán, que estén a la altura del compromiso que tienen por delante. Diputados del tamaño de la esperanza que acompañará cada voto que reciban. Elijamos diputados que no vayan a creer que un jefe único personifica al pueblo, porque están perfectamente conscientes de que su único jefe es el pueblo que los elije.
Podemos hoy revisar una trayectoria nacional accidentada. Brillantes logros, notables carencias. Mirar el pasado a conciencia, pero sin nostalgia, y el futuro sin miedo.
Por eso, al compartir este día con ustedes, es mucho más que una formalidad de la cortesía, agradecer al Gobernador del Zulia, Pablo Pérez, esta invitación, que adquiere para mí una significación mayor, pues coincide con el segundo centenario del natalicio de Rafael María Baralt, en quien Augusto Mijares admira “equilibrio y rectitud”, virtudes que siempre hacen falta en la vida republicana.
Equilibrio y rectitud pueden ser, en tiempos de crisis, bienes escasos cuya cotización sube. Equilibrio se pide a los poderes públicos y rectitud a quienes los ejercen. Equilibrio y rectitud demanda la sociedad a sus integrantes, para que la convivencia libre y pacífica sea posible y fructífera. Equilibrio y rectitud, el civismo los pide a cada ciudadano, para que en la defensa de sus posiciones o la promoción de sus intereses legítimos, sean como afluentes de aguas limpias en el inmenso lago de una democracia cada vez más verdadera, más productiva y más justa.

Del 19 de abril de este año 2010, al 5 de julio del que viene, estamos conmemorando el Bicentenario de Venezuela. No es un festejo del poderoso, ni una larguísima campaña publicitaria del poder nacional y de la noción que del mismo tienen sus actuales titulares. La efemérides es de todos, porque todos somos Venezuela y nadie puede reservarse el derecho de admisión a la nacionalidad. Y porque es el alma nacional, que nos pertenece como le pertenecemos, la que nos llama a ser más, a ser mejores, a empinarnos sobre lo ordinario, a mirar por encima de los hombros de la cotidianidad, más allá de la anécdota y del discurso, a sentir y proclamar sin miedo que este no es un pueblo sumiso que entrega su libertad a cambio una promesa dudosa, que este no es un pueblo acomplejado o resentido, que este es un pueblo seguro de sí mismo, inconforme y constructivo, capaz de lograr las metas más altas, que quiere estudiar y trabajar, producir, crear, soñar. Un pueblo que sabe ser responsable y sabe ser solidario. Un pueblo que quiere progresar, porque aspira que sus hijos vivan mejor, pero que nunca olvida a los que no tienen. Un pueblo que sabe reír, pero que no es indiferente con los que sufren. Un pueblo que defiende su derecho a la paz.
Ese es el pueblo que somos, que nadie se equivoque.
La decisión de aquel 5 de julio fue constituir a Venezuela como una patria libre.
Y ¿Qué es hoy una patria libre?
Una patria libre es una Venezuela libre de la arbitrariedad.
Con instituciones sólidas, estables, respetadas, por un pueblo que recibe el beneficio de sus actuaciones. Con una democracia sana, abierta al cambio y capaz de valorar la estabilidad. Con leyes justas, bien aplicadas y bien cumplidas. Con poderes públicos equilibrados, en un Estado donde cada uno cumple su deber constitucional y coopera con los demás en la realización de los fines comunes. Con una Asamblea que represente, legisle y vigile. Con una judicatura imparcial, idónea, independiente, que como ha dicho recientemente el Gobernador, “no puede ver militancia partidista ni clase social para impartir justicia”. Con una Contraloría que controle, y una Fiscalía que persiga el delito, y una Defensoría que nos defienda del atropello, el abuso y de la inoperancia de los servicios públicos. Con un poder electoral que brille por su pulcritud y destaque por su eficiencia.
Una república descentralizada, donde poder nacional, estados y municipios entienden que cada uno tiene su ámbito y que todos deben colaborar para beneficio de la gente. Un país donde la participación es promoción popular hacia niveles más altos de calidad de vida y hacia una democracia más completa, y jamás una manipulación para debilitar el voto y el acceso de los ciudadanos al poder real. Porque una cosa es el pueblo organizado, que todos los demócratas queremos, y otra un pueblo manipulado, que el pueblo no quiere ser.
Una sociedad madura, adulta, que asume sus responsabilidades, alcanza sus metas y no busca excusas para sus fracasos, sino que identifica la falla, corrige y sigue adelante.
Una patria libre es una Venezuela libre de la pobreza.
Una sociedad productiva y de progreso, que busca la prosperidad y la abundancia. Que entiende, como en la palabra de Andrés Eloy Blanco, que “trabajo es lo que hay que dar, y su valor al trabajo”. Que promueve el empleo. Que valora el espíritu emprendedor. Que multiplica las oportunidades. Que da confianza para que sus hijos tengan nuevas ideas e inviertan en ellas, y crea un clima hospitalario, abierto, para que vengan muchas inversiones de todas partes.
Un país que entiende la realidad del mundo globalizado y su conectividad compleja, y se prepara para progresar en él, como han hecho otros pueblos de América Latina y Asia. Forma su gente, adecúa su legislación, optimiza sus condiciones, para defenderse de las eventuales amenazas, pero sobre todo para aprovechar con sagacidad y previsión de futuro, las oportunidades que los cambios traen.
Un país sin complejos, que entiende lo que vale y sabe lo que puede. Que comprende y valora el aporte de hombres y mujeres, gente del campo y de la ciudad, jóvenes y viejos, criollos, indígenas o inmigrantes. Que está consciente de que necesita a cada ciudadano suyo: obrero, agricultor, comerciante, industrial, profesional, ganadero, financiero, trabajador de la economía informal, deportista, intelectual, artista, profesor, estudiante, ama de casa. Que tiene claro que la riqueza no está allí, para recogerla, que hay que producirla. Que la riqueza no es mala, si procede del trabajo honrado, del esfuerzo creador, de la iniciativa productiva. Que la riqueza no es para envidiarla o para padecerla, sino para generarla y para ofrecer a todos, a todos sin excepción, a todos sin exclusión, a todos sin discriminación, la oportunidad de tener bienestar, seguridad, futuro, para ellos y para sus familias.
Una patria libre es una Venezuela libre de la desigualdad.
Una nación justa en sus tribunales, pero sobre todo justa en sus procederes. Justa con el derecho de cada uno. Justa con los deberes de todos. Justa para dar y justa a la hora de pedir.
Una sociedad solidaria. Que está allí para tender una mano, cuando uno de los suyos lo necesita. Que no es indiferente. Que no discrimina. Que no ignora al pobre o al desvalido. Que no deja en el camino a los más débiles. Que cuida a sus niños, ampara a sus mujeres y respeta activamente a sus mayores. Que protege y que promueve. Que ayuda para la autoayuda.
Una patria libre de la violencia.
De la violencia del delito, que roba vidas, paz y frutos del trabajo. De la violencia de la inseguridad. De la violencia de la intolerancia. De la violencia de la incomprensión.
Libre del miedo. Libre del odio.
Una sociedad que sabe convivir en paz. Que entiende la diversidad. Que respeta las diferencias, y que sabe ventilarlas civilizadamente y superarlas, para trabajar juntos allí donde haga falta, como dice la gaita, sin rencor.
Una patria libre es una Venezuela libre de la ignorancia.
Porque la ignorancia limita la realización plena de la dignidad humana y, por lo tanto, deshumaniza.
Una sociedad que ofrece educación de calidad y pertinencia para todos. Desde el pre-escolar hasta la universidad. Una sociedad educadora que sabe que el aprendizaje no acaba nunca.
Una nación abierta a las nuevas ideas. Que estudia. Que investiga. Que aprecia el conocimiento y lo busca. Una nación que, con apetito de horizontes nuevos, mira a la ciencia con curiosidad deseosa y a la tecnología como herramienta de progreso. Un pueblo que valora la cultura. Su cultura y la cultura universal de la que aquella forma parte. Entendiendo siempre, con Yepes Boscán, “que la libertad representa un elemento esencial de la cultura, en particular la libertad de crear y decidir los valores que uno sostiene como un deber y de defender la existencia a la cual aspira.”
Una patria libre es una Venezuela libre de la enfermedad.
Una nación sana, porque promueve la salud para evitar la enfermedad, y atiende oportuna y eficientemente a sus enfermos. Una sociedad que enfrenta con claridad la drogadicción, sus causas y sus consecuencias, y no transige con el negocio vil, destructivo, venenoso del narcotráfico.
Un país que promueve el deporte desde la escuela y la comunidad vecinal hasta la alta competencia y el profesional. El deporte estudiantil y popular por sus virtudes formativas: atención al cuerpo y a la mente, disciplina, sentido del trabajo en equipo, sana competencia y espíritu de logro, respeto a las reglas. El deporte de alta competencia por su contribución al refuerzo de la autoestima nacional. El deporte profesional por eso mismo, pero también como motor de la participación deportiva de los niños y jóvenes, creador de oportunidades y fuente de esperanzas.
Cada vez que vemos brillar a un venezolano en las ligas más exigentes del beisbol, el baloncesto o el futbol, se alimenta la confianza en que cualquier muchacho de cualquier parte del país, si es perseverante y disciplinado en el cultivo de sus talentos, puede triunfar en el escenario más competitivo del planeta, porque no estamos hechos para la mediocridad.
Una patria libre es una Venezuela libre de la dominación extranjera. De toda dominación extranjera.
Una nación que se respete a sí misma, que respete a todos y que se haga respetar. Que coopere con la paz y el progreso de la humanidad. Que tenga buenas, constructivas, fructíferas relaciones con todos los países, pero que no sea la finca, el pateadero o la caja chica de nadie. Que ve el mundo sin complejos.
Una nación que coopera. Abierta a recibir y dispuesta a dar cooperación. Que no es autosuficiente, ni arrogante. Que no se siente hermana mayor de otras naciones soberanas, pero tampoco hermanita menor de ninguna.
Una nación reconocida, más que por el grosor de su chequera y la prodigalidad para manejarla, por la solidez de sus principios y su serena firmeza para sostenerlos. Una nación respetada, más que por la agresiva beligerancia de sus palabras, por la estatura de su autoridad moral. Porque tiene valores. Valores espirituales y morales, valores cívicos y valores familiares. Porque el nuestro es un patriotismo de libertad y de vida, eso lo hace más fuerte, más potente, más indomable.
Esa patria libre de la arbitrariedad, de la pobreza, de la desigualdad, de la violencia, de la ignorancia, de la enfermedad y de la dominación extranjera puede ser. Lograrla está en nuestras manos.
Pueden intentar convencernos de que es imposible, de que todo intento es inútil.
Pueden intentar dominarnos por el miedo y la resignación.
Pueden intentar imponernos la oscuridad como modo de vida, pero no podrán con nosotros, porque en medio de la oscuridad siempre brillará la conciencia democrática de un pueblo que es amigo de la luz, y no de las tinieblas. Es el espíritu del 5 de julio, el espíritu de la patria libre que, como el Zulia por las noches, relampaguea.

Ramón Guillermo Aveledo, en el Acto Solemne de la Gobernación del Estado Zulia, en Conmemoración del 5 de Julio


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viernes, 2 de julio de 2010

CIUDADANÍA ACTIVA
Venezuela clasifica el 26 de septiembre.

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Y se topó con la economía

VENECONOMÍA

Durante más de once años el presidente Hugo Chávez impuso su agresiva agenda política a Venezuela. Con un don de encantador de masas, captó por años el apoyo de millones de venezolanos, sobre todo los más empobrecidos, quienes avalaron su imaginaria lucha de clases. Así, Chávez sumó tantos a su favor para apoltronarse en el poder y ejercer su hegemonía sobre todos los poderes públicos y sobre el sector productivo y económico del país.
En el ínterin, Chávez dividió en dos toletes a la población y aplicó como política de Estado la segregación y la persecución de amplios sectores del país. También se dedicó a llevar a su mínima expresión al sector productivo privado, a fuerza de barbarie y robo de tierras, empresas y propiedades.
Para completar su mala faena, el batallón de prosélitos que comanda Chávez condenó al colapso al sector público, por ineptitud, desidia, corrupción y, sobre todo, por el mal manejo y despilfarro de los ingentes recursos del petróleo. Los males de PDVSA también acumulan una capacidad de producción severamente disminuida y una corrupción generalizada, expresada en su mejor magnitud en los casos de los alimentos putrefactos de PDVAL y los derrames petroleros no atendidos con pericia y diligencia. Incluso, a pesar de la recuperación del precio del barril a niveles promedio de $70,03 en 2010, casi 23% más que en 2009, PDVSA no logra recuperar sus ingresos. Esto ha traído como consecuencia el agravamiento de errada política cambiaria.
El desacertado enfoque comunista de Chávez, también llevó a una severa y sostenida crisis del Sistema Eléctrico con sus nefastas secuelas en la productividad nacional y la calidad de vida del ciudadano.
Las contradictorias políticas del Gobierno han traído como consecuencia una continuada y acelerada caída del PIB y una alta inflación que acumula 14,5% en lo que va de 2010, todo lo cual ha dado paso a lo que podría ser una de las recesiones más graves de la historia de Venezuela.
Pero, la agenda política de Chávez irremediablemente se topó con la economía, y parece que ya los vientos no están a su favor.
La mayoría de las encuestas viene reflejando una caída sostenida de la aceptación de la gestión de Hugo Chávez. En una de las últimas, la de Consultores 21, realizada el 4 de junio en una muestra de 1.500 casos en 66 poblados del país, 59% de los encuestados piensa que el Gobierno de Chávez es malo y, en su mayoría, percibe que el principal problema del país es la situación económica. Pero la peor noticia para el mandatario es que más de 55% de la muestra lo responsabiliza de los problemas del país y cree que él es incapaz de resolver los problemas que los aqueja.
Su respuesta a esta realidad es la de todo hegemón: Represión, control y más control.


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jueves, 1 de julio de 2010

Alcaldes metropolitanos llaman a enfrentar la Ley de Comunas

El concejal Omar Villalba (UNT) y los alcaldes Myriam Do Nascimento (El Hatillo), Gerardo Blyde (Baruta), Emilio Graterón (Chacao) y Ovidio Lozada (Los Salias) (Oswer Díaz)

Alcaldes de cuatro municipalidades que integran la Gran Caracas hicieron un firme alerta ayer, en rueda de prensa conjunta, sobre el gravísimo paso que representa la Ley de Comunas, aprobada en primera discusión en la Asamblea Nacional, como el primer escalón hacia la consolidación del comunismo en Venezuela y el desconocimiento de facto del sistema democrático federal establecido en la Constitución de 1999.

Impulsarán de inmediato una campaña de divulgación sobre los contenidos del instrumento y que "el pueblo decida cómo quiere vivir: sin propiedad privada, sin propiedad individual, porque este es el inicio del comunismo".

Gerardo Blyde (Baruta-UNT), Emilio Graterón (Chacao), Myriam Do Nascimento (El Hatillo-AD) y Ovidio Lozada (Los Salias-PJ) anunciaron que la próxima semana se realizará un nuevo encuentro con todos los alcaldes, al que están convocados los de la corriente oficialista para analizar las implicaciones del instrumento legislativo, que incluso anula la reciente creación de los consejos comunales y significa, en la práctica, la desaparición de la organización ciudadana a nivel municipal. En principio consignarán un documento con todas las observaciones sobre el proyecto de ley en la Asamblea Nacional, que se encuentra en la fase de consultas.

Lozada excusó la ausencia del alcalde Carlos Ocariz (Sucre-PJ), pero aseguró que comparte la denuncia, mientras se conoció que el alcalde metropolitano Antonio Ledezma (ABP), se encontraba de viaje en el exterior.

Los "soviets" fracasaron
Blyde, abogado constitucionalista y ex diputado, actuó como portavoz del grupo y dejó claro que la Asamblea Nacional, siendo un poder constituido, usurpa funciones al tomarse atribuciones de un poder constituyente cuando modifica y crea instancias en la división político territorial de Venezuela que no le fueron encomendadas por el pueblo. Todo lo contrario, recordó Blyde, el electorado votó en 2007 por rechazar esos lineamientos en el referendo constitucional que perdió Hugo Chávez.

El alcalde de Baruta aseveró que se pretende copiar una figura que fracasó en la desaparecida Unión Soviética, como fueron los soviets. Dijo que como están concebidas, las comunas elegirían a sus conductores en procesos de segundo, tercero y cuarto grados, lo que niega la presunta participación ciudadana de la que habla el chavismo. Instó a los ciudadanos a revisar los artículos de la Constitución del 1 al 9 para que constaten que en ninguna parte se indica que Venezuela se constituirá como un estado socialista ni habla de los principios constitutivos del Socialismo del Siglo XXI.

Gerardo Blyde también llamó al alerta a los titulares del Tribunal Supremo de Justicia, del Ministerio Público y del CNE, pues dijo que en la estructura de las comunas se prevé la creación de poderes paralelos con jurisdicciones comunales. Insistió en que se rompe la reserva legal al crear asimismo un poder legislativo comunal, lo que rompe la reserva legal prevista en la Constitución a la Asamblea Nacional, los consejos legislativos y municipales.

Estado comunista
Blyde aclaró que quienes no simpaticen con el proceso chavista no serán tomados en cuenta en la constitución de las comunas, de modo que "si ya es una odisea" tener algún acceso a los menguados recursos que le llegan a los municipios, menos posibilidades tendrán las autoridades de satisfacer demandas de servicios.

"Esta es la primera ley que formalmente pretende crear el Estado comunista", afirmó el alcalde, y aseguró que la pretendida creación de una partida especial presupuestaria para las comunas no va a incluir ninguno de los proyectos que planifique el alcalde con los vecinos, sino que solo atenderá los lineamientos del presidente de la República y del ministerio de adscripción.

También el alcalde Emilio Graterón hizo un enérgico llamado a todos los alcaldes del país, incluyendo a los del PSUV, para que enfrenten este "golpe de Estado" que incluye la Ley de Economía Social y la de Contraloría Social. "Tienen que dar la pelea, este es el primer paso para destruir el sistema democrático federal como lo conocemos. Esto va a generar un colapso de todo el sistema de gobierno local", añadió Graterón, para quien con los consejos comunales aún es posible gobernar en democracia.

Elvia Gómez
EL UNIVERSAL


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Salvo Venezuela, Suramérica deja atrás la crisis económica

Si bien el precio del petróleo se mantiene en un promedio de 70 dólares en lo que va de año, la economía venezolana no ha logrado salir de la recesión y en el primer trimestre sufrió una caída de 5,8%.

El alza en las materias primas benefició a la región (Archivo)

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Las estadísticas oficiales desnudan que las principales economías de Suramérica, excepto Venezuela, han recuperado el crecimiento dejando atrás el impacto de la crisis global.

Brasil, el gigante de la región, crece 9% al contrastar el primer trimestre de este año con el mismo lapso de 2009, gracias a la inversión y el consumo.

El gasto en bienes de capital, es decir, máquinas y equipos que permiten aumentar la producción en el futuro, se elevó 7,4%, mientras que el sector agrícola logró una expansión de 2,7% según los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

El resto del mapa también muestra resultados favorables en el primer trimestre. Argentina crece 6,8%, Colombia 4,4%, Perú 6%, Paraguay 10,9%, Uruguay 8,9%, Bolivia 3,26%, Ecuador 0,6% y Chile, pese al impacto del terremoto, avanza 1%.

Si bien el precio del petróleo se mantiene en un promedio de 70 dólares en lo que va de año, la economía venezolana no ha logrado salir de la recesión y en el primer trimestre sufrió una caída de 5,8%.

Los venezolanos no solo padecen una recesión que elimina puestos de trabajo, sino que los precios se incrementan con la mayor velocidad en la región y merman la capacidad de compra de las familias.

Entre enero y mayo de este año ningún país de América acumula una inflación superior a 5,2% y en Venezuela el resultado es de 14,2%.

El tratamiento
La Cepal analiza en un informe las políticas implementadas por los países latinoamericanos para contener el impacto del temblor en Estados Unidos y Europa, principales motores del crecimiento global.

En el área monetaria "los bancos centrales desplegaron una intensa actividad para inyectar liquidez a fin de permitir el normal funcionamiento de los mercados de crédito locales u otorgar recursos para el financiamiento allí donde éstos no llegan".

En el terreno fiscal los gobierno han suministrado una dosis de gasto en distintos programas como infraestructura y estímulos a sectores estratégicos.

Al mismo tiempo la rebaja de impuestos y programas para proteger a los sectores más débiles complementan la actuación de los gobiernos.

Alicia Bárcena, secretaria de la Cepal, señaló esta semana que el organismo incrementó su proyección de crecimiento para la región en 2010 desde 4,1 hasta 4,5%.

La economista dijo a Efe que, en buena medida, las mejores perspectivas se deben al alto precio de las materias primas en los mercados mundiales.

"En gran medida esto ha sido porque ha habido un repunte en la economía asiática" con una pujanza en China que "ha permitido que Suramérica tenga un dinamismo económico mayor", apuntó Bárcena.

En un entorno donde la inversión privada se ha evaporado y la inflación le resta poder de compra a los bolívares que inyecta el Gobierno, firmas especializadas prevén poco crecimiento para Venezuela a pesar de los altos precios del petróleo.

El Grupo BBVA, que en Venezuela timonea al Banco Provincial, proyecta una caída de la economía en el orden de 2,5% para este año y Barclays Capital un descenso de 5,4%.

Para 2011 Braclays pronostica un pequeño rebote de 2% en la economía venezolana e inflación de 29%.

Víctor Salmerón
EL UNIVERSAL


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