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miércoles, 3 de noviembre de 2010
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¿DEBEMOS DESCONOCER TRATADOS, CONVENIOS O CONTRATOS INTERNACIONALES SUSCRITOS POR CHÁVEZ?
Recientemente, varios venezolanos han lanzado a
Dicha propuesta pide que
La fundamentación de tal propuesta sería la “doctrina de la deuda odiosa”, cuyo formulador fue el jurista ruso, ex ministro del Zar Nicolás II, Alexander Nahum Sack, quien hacia el año 1927 la define así: "Si un poder despótico contrae una deuda, no por las necesidades o el interés de su pueblo, sino para fortalecer su régimen despótico, para reprimir a la población que lo combate, ésta es una deuda odiosa e ilegítima para la población de todo el Estado. Esta deuda no es obligatoria para la nación, es un deuda del régimen, es una deuda personal del poder que la ha contratado, en consecuencia, ella cae con la caída de este poder”.
La doctrina Sack, por otro lado, confiere a los acreedores una responsabilidad en la deuda, al señalar que si éstos conocían los designios del prestatario, estarían cometiendo “un acto hostil frente al pueblo”, lo cual los expone a la contingencia de un eventual no pago de aquella si el régimen cae; por tanto, no podrían reclamar lo debido. Estaríamos entonces frente a una situación en la que no se aplicaría el principio aceptado del Derecho Internacional (DI) de que todo tratado en vigor vincula a las partes y debe ser cumplido de buena fe (pacta sunt servanda).
Ahora bien, el asunto planteado, a mi juicio, puede ser abordado desde 3 ópticas distintas, por cierto, no desvinculadas. Así, tenemos que hay razones jurídicas, de conveniencia política y/o de oportunidad.
Las más largas y complejas de explicar son las de naturaleza jurídica, lo cual en este corto espacio debemos presentar muy apretadamente.
El Derecho Internacional aceptado por las naciones civilizadas tiene sus fuentes. Primero, las fuentes convencionales (tratados); segundo, las fuentes consuetudinarias (la costumbre internacional) y, por último, los principios no escritos. Con mucho menor peso, los actos unilaterales de los estados y organizaciones internacionales, y finalmente, la jurisprudencia internacional.
La doctrina, como es el caso de la deuda odiosa, es sólo eso, una teoría que no se ha convertido en un tratado, ni en una costumbre, ni en un principio de derecho, que haya sido aceptado en el conjunto del Derecho Internacional. Puede ser que moralmente tenga toda la justificación que queramos darle, pero no alcanza el rango exigible en el DI.
Ciertamente, en la historia hay varios casos concretos que tal doctrina ha sido esgrimida. En México, por Benito Juárez (1861); en
El tema, sin embargo, ha generado múltiples estudios académicos, entre los cuales cabe mencionar uno, que está relacionado directamente con la petición que se hace a
Para concluir con este punto, valga sólo mencionar, que en el caso hipotético de que tal doctrina tuviera la posibilidad de ser esgrimida, negarnos a pagar tales deudas, implicaría demostrar 3 cosas: a) ausencia de consentimiento, es decir, que no haya sido contraída por la voluntad del pueblo (¿quien representa la voluntad popular en Venezuela hoy? ¿No es
El otro enfoque, es el de la conveniencia política de hacer una declaración como la solicitada por algunos venezolanos. La interrogante principal es: ¿conviene a los intereses políticos de las fuerzas democráticas hacer una declaración en la que se advierta urbi et orbe que el gobierno que tome posesión en el 2012 desconocerá los convenios que haya firmado el actual, sin tomar en cuenta las normas, los principios y la costumbre internacionales aceptados por la comunidad internacional?
¿Cómo serían vistas las fuerzas democráticas, no sólo por los gobiernos autoritarios más cercanos o afines a Chávez, sino también por aquellos que también han firmado acuerdos con él pero que son democráticos? Los partidos que conforman
El reconocimiento internacional de que goza hoy la oposición, sobre todo, a partir de la conducta política asumida en los últimos años y demostrada en los eventos electorales, no puede ser echada por la borda adoptando posiciones que podrían ser tachadas de irresponsables. Las fuerzas democráticas necesitan ganarse la confianza de la comunidad internacional, que aun debe ser consolidada. El nuevo gobierno que entrará en el 2012 dispone de un programa y de los equipos profesionales y técnicos formados y experimentados que asumirán la conducción del país, y el manejo adecuado de lo internacional es fundamental para ganar apoyos y neutralizar las amenazas. Nuestra conducta gubernamental no puede ser vista como la de un Estado maula, infractor de las reglas de convivencia internacionales. Ni siquiera los sandinistas al llegar al poder, se atrevieron a desconocer la deuda de Somoza. Fueron los cubanos, sí, los cubanos, los que les recomendaron no hacerlo.
Chávez ha firmado miles de convenios de diversa naturaleza. Allí están, los bielorrusos, los iraníes, los sirios, los cubanos; pero están también argentinos, brasileños, ecuatorianos, rusos, ucranianos, portugueses, españoles, chinos, entre otros.
No obstante, el respeto de estos compromisos no significa que no puedan ser revisados o renegociados en su momento. Todo tratado puede se modificado o denunciado, cláusulas de escape siempre están en los textos de cada uno. Con tal propósito, el nuevo gobierno del 2012 hará los estudios correspondientes, y con base en la normativa internacional hará lo que tenga que hacer, todo en defensa de los intereses del país. De allí que la comunidad internacional deba quedarse tranquila al respecto de lo que será la conducta de las fuerzas democráticas venezolanas.
De lo anterior se deduce la respuesta del tercer enfoque posible de este asunto. ¿Resulta realmente oportuno hoy hacer tal propuesta, habida cuenta del prestigio que comenzamos a recuperar como oposición, en contraste con el acelerado descrédito que el gobierno de Chávez viene experimentando en el ámbito internacional? Después de que hemos logrado crear un matriz de opinión en el mundo adversa al tiranuelo de Miraflores ¿vamos ahora a generar un innecesario ruido en nuestra relación con los países y los sectores democráticos del planeta, planteando un tema que en lugar de ayudar a nuestra causa la puede enturbiar? Las respuestas a estas interrogantes son obvias. De sobra sabemos los disparates que está cometiendo el gobierno en la esfera internacional y cuánto nos costará a los venezolanos enderezar esos entuertos. El momento de la justicia se acerca cada vez más..
EMILIO NOUEL V.
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Irrespeto a la FAN
Teodoro Petkoff
Tal Cual
El Presidente “aconsejó” a la oposición que rece por su triunfo (el de él) en 2012 porque de lo contrario los militares se van a alzar. “Ellos (es decir, la oposición) tratarían de echar de la Fuerza Armada a todos los que apoyan a Chávez y se les alzarán los militares”. Se lee y no se puede creer que Chacumbele haya sido capaz de tamaño exabrupto. Al chantaje tradicional que hace a los pobres, asegurándoles que si la oposición gana van a ser eliminadas las “misiones”, se une éste, dirigido ahora a los militares. Yo-El-Supremo realmente está perdiendo la brújula. Sus palabras trasudan un absoluto desprecio por el pueblo –y ahora por los militares–. Es la idea de que los demás son débiles mentales o tontos, a los cuales se puede manipular de modo tan burdo.
De entrada, hay una total falta de respeto por la Fuerza Armada como institución y por cada militar en tanto que persona y ciudadano. Atribuye a cada militar su propia condición. Se proyecta él en los militares. En el último medio siglo el único militar que se ha alzado contra un gobierno democráticamente elegido ha sido precisamente Chacumbele.
De manera que ahora nos amenaza con dirigir un nuevo golpe contra un veredicto popular. Porque obviamente, ¿cómo se alzarían los militares si su comandante en jefe no se los ordena? Chacumbele es quien seguramente se pasea por la posibilidad de esa felonía. Pero se equivoca. Es bien probable que corra la misma suerte de Pinochet, cuando instó a la Fuerza Armada chilena a desconocer el resultado electoral que lo sacó de la presidencia y a Chile de la dictadura. En este caso, la respuesta fue rotundamente negativa. “Tendríamos que matar a medio Chile”.
Chacumbele tiene que estar ya bastante nervioso por la perspectiva de una derrota electoral en 2012. Apelar a una jugada tan torpe no habla precisamente de alguien que se siente seguro. Este mensaje va a ser repetido una y mil veces de aquí a esa fecha, tratando de que la mentira repetida hasta el infinito termine por volverse verdad. Otra vez se equivoca. Un nuevo gobierno dará a la FAN el trato institucional que Chacumbele no ha sido capaz de darle. Todo se regirá por la Constitución y la Ley y nadie tiene porqué temer arbitrariedades ni abusos. Por otro lado, una Fuerza Armada que ha tolerado disciplinadamente once años de dislates de toda índole por parte de Chacumbele, precisamente por respetar su condición de Presidente democráticamente elegido, ¿por qué razón habría de ignorar un resultado electoral de 2012, tan democrático como el de 2006, pero que esta vez consagre la alternabilidad republicana en el poder? ¿Por qué ofende a la FAN de esta manera? Por otra parte, ¿cómo se atreve el Presidente a dividir a la FAN entre oficiales que apoyan a Chávez y los que, implícitamente, no lo harían? ¿Será necesario recordarle nuevamente el texto constitucional, que establece el carácter no partidista de la FAN y su subordinación a los intereses nacionales y “en ningún caso a los de persona alguna”? ¿Es acaso la FAN una montonera donde no existen vínculos institucionales entre sus integrantes sino la obediencia a un caudillo que la maneja a su antojo?
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sábado, 30 de octubre de 2010
Casa de segundones
30 Octubre, 2010
Elías Pino Iturrieta
El título del artículo se toma de una frase lapidaria de Rómulo Gallegos. La pronunció cuando recibía el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Central de Venezuela, después del derrocamiento de Pérez Jiménez. “Universidad, casa de segundones, hermana menor de la revuelta armada, tú también tienes la culpa”, dijo entonces. Hoy la repito para llamar la atención sobre cómo los miembros de esa casa de estudios han contemplado en silencio y sin hacer nada digno de señalamiento, el insólito y deplorable “allanamiento musical” que llevó a cabo el alcalde de Caracas hace poco.
Que un funcionario de cuarta categoría tome la decisión de hacer un concierto en el campus universitario porque se le pega la gana y sin autorización del equipo rectoral, no es sino un signo de los tiempos. Es otra manifestación de la falta de respeto hacia las fórmulas habituales de convivencia que ha impuesto la “revolución” como parte de la rutina. Que se profundice el ataque contra la autonomía universitaria mediante cualquier tipo de manifestaciones, a través de las cuales se comunique desprecio por lo que ella representa, no es sino la continuación de un designio que no ha ocultado el régimen desde su advenimiento. Que el alcalde de la ciudad reemplace la utilización de la fuerza pública por una banda de rock para penetrar “triunfante” en la ciudad universitaria sin tomarse la molestia de pedir permiso, simplemente porque quiere exhibir el podercito que maneja o porque tiene la necesidad de complacer a un jefe que ha encontrado resistencias de sobra en el alma mater, no es sino la continuación de un libreto de insultos y conductas groseras mediante el cual ha querido manifestar el Gobierno su menosprecio de la ciudadanía. Nada nuevo destacamos en la actitud de marras, por consiguiente, que no sea el hecho de asegurar que la sociedad ha permitido, como si no le incumbiese, tales muestras de incivilidad y prepotencia.
En los últimos años, la UCV ha sido baluarte de la libertad y fortaleza de la defensa del saber en las más calificadas escalas. Nadie puede dudar de la dignidad manifestada por el actual equipo rectoral ante los continuos ataques del Ejecutivo, que no sólo han consistido en la negación de recursos materiales sino también en la promoción de sucesos violentos que han colocado a los miembros de la institución, estudiantes y profesores, en situaciones de indiscutible riesgo. Sin embargo, la institución no ha reaccionado con énfasis ante el “allanamiento musical”, es decir, frente a un vilipendio como jamás se ha visto ninguno en sus anales. La mansión de la libertad y la dignidad se convierte en casa llana por el capricho de un mandoncito, un faro de luz deviene en circo vocinglero gracias a los dineros de la alcaldía, y las autoridades universitarias se conforman con divulgar un comunicado de protesta, como otros muchos que han publicado, o con ofrecer entrevistas en la radio; y los profesores y los estudiantes, tan aguerridos en la víspera, hacen mutis por el foro. No pretende este profesor jubilado ofrecer a sus antiguos colegas y a los bachilleres de la actualidad la mecha para la candela, sino simplemente escribir sobre cómo le extraña ese paso del dinamismo a la apatía, de las algaradas al mutismo, que ha caracterizado su recepción del más elocuente “Desorden Público” que les haya concernido.
Temo que, pese a lo que se observe desde fuera, la UCV carece hoy de elementos de cohesión susceptibles de conducir a respuestas tan vigorosas como las que requiere el “allanamiento musical”. Pareciera que el equipo rectoral ha perdido la coherencia de sus inicios, hasta el extremo de mostrar fracturas evidentes. No va descaminado quien observe a los profesores, y en especial a su dirigencia, dando tumbos por el presupuesto sin detenerse en los problemas de fondo que persisten o se agudizan en la casa de estudios. Lo propio parece que sucede con el movimiento estudiantil, más fraccionado de lo que a primera vista se descubre y estorbado por rencillas debido a las cuales pierde gasolina un motor imprescindible para el claustro en el cual se forman. Nada halagüeño, en suma, sino todo lo contrario. No sé hasta qué punto haya convenido volver a la sentencia de Gallegos para describir la situación de la actual UCV, mi casa de estudios, el lugar en el que me formé y al que debo lo fundamental de lo que he hecho en la vida, pero su precaria respuesta frente a la insultante penetración del alcalde fulano de tal no es como para sentarse a aplaudir.
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Quién es quién en la plaza de las lágrimas
Jorge Fernández Díaz
La Nación
Tuvo que morir su líder máximo para que el kirchnerismo se materializara ante la opinión pública como un auténtico fenómeno de masas. Las marchas y concentraciones de otras ocasiones dejaban dudas puesto que el aparato del gran partido de gobierno era capaz de llenar fácilmente plazas y estadios. No es que no haya habido esta vez clientelismo, caciquismo y aparato, pero nadie puede negar que el asunto excedió sobradamente ese corset del lugar común. Sindicalistas, organizaciones sociales, cooperativas, municipios y hasta gobernaciones enviaron a sus principales militantes desde todos los territorios de la República. Pero lo interesante fue descubrir, entre tantos, a espontáneos de todas las clases sociales. Algunos de ellos acudían, como siempre, ante la simple pero legítima fascinación que siempre produce la muerte abrupta y famosa. Acongojada por la inmolación de un político popular, y aun manteniendo con Kirchner algunas diferencias, mucha gente de a pie quiso transmitir su honda pena y su solidaridad con la viuda.
Los más pobres, que son tradicionalmente peronistas, llegaron del conurbano bonaerense y de las barriadas más humildes de la Capital para abrazar el fantasma de quien más les había dado. El crac de 2001 puso a esas clases pauperizadas al borde de la inanición y la sola comparación del antes y el después explica la valorización que existía sobre el presidente del Partido Justicialista. Es verdad que la inflación es el impuesto de los pobres, pero no resulta menos cierto que el consumo movió la rueda y permitió el crecimiento del cuentapropismo y del empleo en negro, que las paritarias atemperaron la caída en el proletariado nacional y que los polémicos planes sociales actuaron como paracaídas de los desamparados e indigentes. El 80% de los hombres que habitan las villas miseria son honestos albañiles bendecidos por el boom de la construcción y la obra pública. Los encuestadores dicen que, en todo este grupo, la imagen positiva de los Kirchner crece un 20% por encima de la media. No hay prácticamente ningún otro grupo político que trabaje en esas clases sociales. El peronismo está solo militando en el barro, mientras el resto de los partidos duerme el confortable sueño de la clase media.
Nada de esto, sin embargo, difiere demasiado del folklore peronista. Lo que agrega claramente el movimiento de Néstor y Cristina Kirchner, además de militantes estatales (hijos del nuevo Estado) es un sector flamante y creciente de las clases medias urbanas ideologizadas. Allí no hay ningún beneficio gubernamental directo. Pero hay cosas muy importantes en el orden de lo simbólico. Con su revival de los 70, Kirchner logró darles a esos jóvenes prematuramente desilusionados con la política nada más y nada menos que una causa. Una misión moral. Al generarles enemigos, les generó también ideales nuevos y les dio una droga irresistible para la juventud: el sentido de la épica y la combatividad.
Esos jóvenes que estos días plagaron el cortejo fúnebre son beligerantes defensores de los derechos humanos y del nacionalismo progresista. Combaten la anomia luchando en las redes sociales y en los colegios y en las facultades, donde han ido ganando un lugar a expensas de otros actores políticos de los partidos tradicionales, como el radicalismo.
Eran estos jóvenes quienes más consignas duras cantaban en la larga vigilia. Son ellos quienes más van a operar en el proceso de mistificación de alguien a quien consideran un mártir: "Persona muerta en defensa de una causa, cuya muerte da precisamente testimonio de su fe en ella". Para muchos de estos jóvenes, Néstor Kirchner es hoy más puro que antes. Yo diría que es tranquilizadoramente puro, puesto que muerto ya no puede cometer defecciones o pecados. Es una imagen detenida, un blasón para llevar al futuro.
Esta gigantesca masa humana no representa ni al "pueblo" ni a la "sociedad" ni a la "gente" ni a las "mayorías, todos conceptos abstractos y manipulables. Pero tienen la elocuencia de un fenómeno social que no puede ser minimizado.
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