domingo, 2 de enero de 2011

La destrucción como necesidad
ELÍAS PINO ITURRIETA EL UNIVERSAL
2 de enero de 2011
Mucho se ha escrito sobre el papel de destructor que ha distinguido al presidente Chávez desde su ascenso al poder. Llevamos años leyendo y diciendo cosas sobre el particular, pero quizá falte un análisis solvente de lo que, más que una vocación, es en su caso una fuerza mayor. Ahora no se pretende tal análisis, sino apenas una aproximación que puede ayudar a los inventarios que cada quien realiza en fin de año. Haremos el intento de explicar este punto esencial de la vida venezolana, para ver si tiene sentido. La destrucción encuentra origen en el hecho de que quiera imponer un proyecto confuso de dominación sobre cuyo contenido sólo tiene él noción cierta, si llegamos a conceder que la tiene. Una noción que no parece distinguida por la estabilidad, sino por una constante mudanza del parecer personal debido a la cual topa con escollos formidables. La sociedad soñada por Chávez es un anhelo individual, un deseo privado que no puede convertirse en público sino mediante la aniquilación de todo lo que se le opone. No pretende la transformación de la realidad partiendo de un plan pensado con la debida propiedad, sino mediante lo que le vaya sugiriendo cada insomnio o cada trance de febril inspiración. El revoltillo está dirigido hacia cualquier meta, según vaya trajinando la receta al vaivén del capricho, motivo que obliga a una colisión con la diversidad de situaciones y personas a las cuales involucra. Un designio proveniente de pulsiones personales al cual no soporta una formación profesional en que se pueda confiar, ni un vínculo debidamente acreditado con la política ni la preocupación por estudios metódicos del arte de gobernar ni disciplinas relacionadas con una organización como los partidos políticos de cuño contemporáneo, es una tendencia ciega que fatalmente está destinada a la aniquilación de los factores que la adversen. Es una escoba desconcertada que todo lo barre. Debido a su irracionalidad y a su arbitrariedad esenciales, no congenia con la operación de discriminar. Para Chávez el entendimiento de Venezuela es un ejercicio autobiográfico. El país y su historia discurren de acuerdo con las vicisitudes de una oscura criatura de provincia a quien, según una unilateral interpretación, se le negaron las oportunidades del estrellato cuando fue oportuno. La evolución del país se resume en las frustraciones y en el resentimiento de quien imagina que se le escamoteaba un derecho a la supremacía, burlado por contendientes ventajistas a quienes debe cobrar la afrenta de un camino circundado de veneno. Todo pasa, necesariamente, por el rasero personal de quien ve el presente y el pasado según el estrecho prisma de unas vivencias supuestamente reprimidas por la maldad de quienes se ocuparon de arrinconarlas por el simple hecho de que no cabían en su cálculo de privilegiados. De allí la ausencia de matices, las generalizaciones brutales, las negaciones descomunales, el predominio de la superficialidad, la colocación del yo sobre los intereses del resto, en una carrera que mira la evolución del entorno y de los habitantes del entorno en función de lo que sucedió o pudo suceder a quien, gracias a la pródiga ruleta que usualmente se juega en el país, tiene ahora la ocasión de escudriñar y escribir la historia desde una atalaya cuyo guía es sólo quien la registra y redacta. La estrecha y escabrosa topografía de lo autobiográfico determina una versión de la república cuyo destino es, por consiguiente, la desaparición de la república según ella se ha formado desde el siglo XIX, o desde poco antes. Porque la autobiografía se revuelve a su antojo entre antaño y hogaño, con el propósito de meterlos en su rígido molde. La prepotencia del autobiógrafo no sólo topa con el bulto de un entorno heterogéneo cuyas características se resisten a una absurda simplificación, sino también con una historia que se le vuelve levantisca por el simple hecho de una procedencia en la cual destaca la influencia del liberalismo como factor principal. Una sociedad aclimatada desde los inicios republicanos en el regazo del pensamiento liberal, no calza en la horma de un entendimiento en el cual sólo privan los intereses de quien la observa sin buscar el auxilio de unos prismáticos debido a que siente que sus ojos penetran los secretos de cualquier horizonte. El empeño de convertir a Venezuela en una autobiografía pretenciosa, es decir, en una peripecia individual que comienza en el tiempo de remotas luchas de esclavos y cimarrones, no puede sino crear enemistades en sentido panorámico y buscar su eliminación sin dejar títere con cabeza, desde el principio y hasta nuestros días. De lo contrario la autobiografía quedaría en nada. A los problemas descritos se agrega la palmaria incapacidad de quien quiere hacer un país a su imagen y semejanza. Como carece de las herramientas para la edificación de estructuras destinadas a la permanencia, se puede contar con la desaparición de lo que de su voluntad dependa y de lo que puede ser su sostén: instituciones de fomento material, organismos de seguridad, despachos y servicios que antes funcionaban, sistemas educativos, etc. Ni lo que lo puede apoyar está garantizado en sus designios. Esto último pudiera considerarse como una ventaja, como el fatal desenlace de una pretensión sin fundamento, si no se convirtiera finalmente en una calamidad general. Aunque la calamidad de real envergadura sea, por supuesto, la fuerza mayor que determina el destino de un hombre que debe destruir para subsistir.

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Tiempo de palabra

CARLOS BLANCO EL UNIVERSAL

2 de enero de 2011

CAP

Carlos Andrés Pérez fue derrocado por los mismos que encumbraron a Chávez en uno de los más grotescos giros de la historia. Pérez, el hombre de la Gran Venezuela, el que promovió la centralidad del Estado en los 70 bajo el impulso de la cuadruplicación de los precios del petróleo en el paroxismo del populismo criollo, fue el mismo hombre que entendió la necesidad de dar un viraje intenso y extenso como salida a la década perdida de los 80. Un hijo de lo que fue el modelo político y económico por excelencia de América Latina tuvo la virtud de entender el cambio de los tiempos y asumió con coraje dar un vuelco radical a la conducción del Estado. En su segundo gobierno se atrevió a convocar a venezolanos independientes, algunos adversarios de su gestión en los 70 como quien esto escribe, para labrar una transformación profunda en la vida del país. Esta amplitud, la ausencia de odios, la carencia de facturas por cobrar, le permitió rodearse de aquellos a los que consideró aptos para la tarea que quería emprender. Su única ambición era la historia, solía decir. La escogencia del gabinete ejecutivo fue un punto inicial de fricción con el grupo que controlaba su partido y marcó el inicio de una guerra que el núcleo duro de AD libró contra CAP hasta que fue derrocado. Algún día los dirigentes de AD reconocerán su responsabilidad en la tragedia de derrocar a Pérez.
Los Ejes del Gobierno.
El Presidente se comprometió a fondo con las reformas políticas propuestas por la COPRE desde que era candidato. El 23 de enero de 1988, en un discurso célebre con ocasión de los 30 años de la democracia, anunció que su eventual gobierno asumiría la reforma del Estado. Él y Eduardo Fernández, junto a otros candidatos, impulsaron la aprobación de la ley para la elección popular de gobernadores en 1988, lo que por cierto desmiente la idea de que dicha elección fue producto del Caracazo ocurrido meses después en febrero de 1989. Para impulsar la descentralización, apenas llegado al gobierno comenzó a convencer a los remisos, lo logró con algunos y se enfrentó a los otros. Estaba persuadido de que la historia esperaba a quien se atreviera a transferir poder a las regiones y municipios aun a costa del propio. Esto no se lo perdonaron quienes disfrutaban de la cercanía a Miraflores como mecanismo para gobernar el país. Contribuyó a desatar un proceso que, al decir de Ramón J. Velásquez, fue la transformación más importante del siglo XX venezolano, y que como apuntó hace poco Arnoldo Gabaldón, es una de las líneas de resistencia de hoy frente al régimen de Chávez. El otro eje de la transformación fue el de la reforma económica y social. Un equipo integrado por profesionales independientes como Miguel Rodríguez, Moisés Naím, Gustavo Roosen, Eduardo Quintero, Gerver Torres, Jonathan Coles, Fernando Martínez Móttola, Roberto Smith, Imelda Cisneros, Pedro Rosas Bravo, Ricardo Hausmann, Carlos Hernández Delfino, Rafael Orihuela, Marisela Padrón y Teresa Albánez entre muchos otros, tuvo el apoyo de CAP para abrir la economía y la sociedad. Como señaló Moisés Naím en memorable artículo en El Nacional, le quitó al sector empresarial privado las amarras que lo mantenían subordinado a los caprichos gubernamentales, aun al elevado costo de ver a buena parte de ese sector -liberado por las políticas de CAP- convertido en factor esencial de la conspiración que lo derrocó.
Los Errores.
Un día cualquiera, quien esto escribe le planteó al Presidente que no era posible avanzar en la reforma sin apoyo político, y este contestó, terminante. "Ministro, hagan su trabajo que yo me encargo de darles el apoyo que requieran para hacer lo que tienen que hacer". En esta anécdota se revela la grandeza y la equivocación de un hombre como Pérez. Le abrió paso a una generación para que gobernara, invirtió todo su capital político en apoyarla, corrió el riesgo de quedarse solo para lograr las reformas, confiado en esa elusiva hechicera que es la historia. El error de CAP y de quienes lo acompañaron, quien esto escribe entre los primeros, fue pensar que la nueva libertad adquirida y que las oportunidades de participación logradas generarían las condiciones para continuar con los cambios. Se sobrestimó la bondad de las reformas; el Presidente y el gobierno sobrestimaron su capital político, mientras se subestimó la importancia de AD, así como la venganza histórica que aguardaba, solapada, entre los herederos del gomecismo, del medinismo y del perezjimenismo. Se subestimó la conspiración, cuyos elementos civiles y militares se conocían y CAP jamás pensó que en las FAN se pudiera albergar una traición como la que después afloró y, menos aun, que la corte de "los notables" iba a aprovecharla para derrocarlo. No; no es verdad que funcionaron los mecanismos institucionales, como dicen, sino que Pérez no concibió otra forma de enfrentar la conspiración que la convicción en su inocencia.
La Corrupción.
CAP vio su reputación deshecha por las acusaciones de corrupción. Hasta el sol de hoy el único juicio que lo condenó en la Corte Suprema de Justicia fue haber dispuesto dólares de la partida secreta para la custodia de Violeta Chamorro en Nicaragua, dado el dominio que ejercía el Movimiento Sandinista en todos los organismos de seguridad de ese país. La corrupción que se le atribuye a Pérez fue la de la Gran Venezuela de los 70, en la que el descomunal ingreso petrolero desbordó la capacidad de absorción productiva y legítima de esos ingresos. No, no fue Pérez; fue una sociedad cuyas élites en buena medida se lanzaron a la piñata petrolera, pero que una vez venidas las vacas flacas le atribuyó al Presidente su propia responsabilidad. Exactamente como ahora: nadie es responsable del advenimiento de Chávez.
El Solitario.
Los grandes "amigos" de CAP lo abandonaron en la desgracia. Supo que no eran amigos más que del poder. Después de los oropeles de la gloria se avino a la familia y a pocos amigos; cuando enfermó, en los destellos que le permitían los viejos reflejos sólo quería regresar a Venezuela para luchar por el retorno de la democracia. Llegó a reconocer su ingenuidad al no ver el poder de sus enemigos pero jamás se arrepintió de haber sido un demócrata a tiempo completo, aun en los amargos tiempos que condujeron a su prisión y exilio. Para este narrador es un orgullo haber trabajado con CAP. En ese tiempo fue posible soñar con un país pujante, contemporáneo, desarrollado, libre. El futuro parecía posible... No hay que descuidar sin embargo a quienes con mezquindad quieren desconocer el papel de Carlos Andrés Pérez en la historia; son esa parte de Venezuela que no se cansa de dar mordiscos. Ya vienen...

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sábado, 1 de enero de 2011

VENEZUELA: FUERTE ACREEDOR DE LA REGION
Venezuela se está convirtiendo aceleradamente en uno de los fuertes acreedores de la región, apuntalado por los negocios petroleros, que se han multiplicado durante el gobierno del presidente Hugo Chávez.
Las cuentas de la petrolera estatal (PDVSA) apenas se detienen en las deudas de Bolivia o República Dominicana, ya que su atención está en el ingreso global que obtiene de ventas al mercado de Estados Unidos, a pesar de las diferencias ideológicas con el “imperio”. Sin embargo, sus montos siguen abultándose.
Poco antes de que el gobierno aliado del presidente de Bolivia, Evo Morales, anunciara el aumento en los precios de la gasolina, que provocó una airada reacción popular, reveló que había acumulado con Venezuela una deuda de 272 millones de dólares por las compras petroleras de los últimos años.
La deuda ubica a Venezuela como el principal acreedor de Bolivia.
Un patrón similar con otros países
Las ventas de productos energéticos con Paraguay y Uruguay siguen un similar patrón, y en el Caribe ha aumentado con Cuba y República Dominicana, entre otros de los miembros del pacto energético de Petrocaribe, auspiciado por Caracas.
Con el gobierno aliado de La Habana, Chávez ha suscrito unos 1.300 proyectos conjuntos, entre ellos la exportación de más de 100.000 barriles diarios de crudo y productos refinados.
El intercambio con Cuba ha aumentado exponencialmente hasta alcanzar montos estimados en 2.000 millones de dólares al año y sus cuentas están sujetas al acuerdo binacional que permite como pago la presencia en Venezuela de miles de maestros, médicos y asesores cubanos.
Con República Dominicana, la deuda petrolera ascendió hasta 1.325 millones, pero se ha refinanciado a través de los mecanismos de Petrocaribe y Santo Domingo ofreció pagar parte del monto con producto alimenticios.
En América del Sur, PDVSA renegoció con la petrolera paraguaya Petropar una deuda de 250 millones de dólares, de manera que el grueso se pague en un lapso de 15 años, a un interés de dos por ciento anual.
Con Uruguay, el monto adeudado asciende a 500 millones de dólares, que comenzó a subir desde 2005, cuando estaba en el gobierno el presidente Tabaré Vázquez.
El comercio con Brasil
El asimétrico comercio con Brasil, que supera los 2.000 millones de dólares al año, estuvo complementado desde 2009 gracias a un acuerdo para la venta de 249.000 barriles diarios de nafta liviana, mientras que el respaldo económico de Caracas a Argentina y Ecuador se centró en la compra de bonos de la deuda pública.
Los principios de Petrocaribe ilustran la política de Caracas sobre el comercio con el petróleo, que afirma se basa en al solidaridad.
“Bajo las premisas del comercio justo, la complementación, la solidaridad, la justicia social y la voluntad común de avanzar, esta iniciativa de integración regional continúa siendo la única alternativa real que tienen los países en desarrollo de procurarse un acceso seguro y confiable a las fuentes de energía”, explica PDVSA sobre el acuerdo energético regional creado en 2005.
300.000 barriles diarios a Petrocaribe
Hacia los 17 miembros activos, Venezuela envía unos 300.000 barriles diarios de crudo y productos, cuya forma de pago, además del trueque, prevé condiciones de dos años de gracias y un interés de 1 por ciento si el precio del barril supera los 40 dólares.
Honduras, que tenía esos beneficios de Petrocaribe, fue retirada del acuerdo luego del golpe contra Manuel Zelaya en 2009.
“Antes de Petrocaribe, los países de la región no tenían ningún control sobre la cadena de suministro de crudo y productos y dependían de las transnacionales y de la especulación de los intermediarios”, señala el acuerdo energético.
Además, se pregunta si Petrocaribe es un acuerdo desventajoso para Venezuela.
“¡No! Con esta iniciativa de política exterior, el país recupera su presencia en un espacio que le es natural, debido no sólo a la cercanía geográfica, sino a las profundas afinidades culturales e históricas que unen a nuestros pueblos. En el pasado, Venezuela había cedido este espacio ante las transnacionales y los intermediarios, quienes hicieron de esta región un ‘mercado premium’, pues al dominar todos los eslabones de la cadena de comercialización, eran quienes establecían las reglas y los precios”, indica.
En otro gesto de solidaridad, Venezuela condonó el año pasado a Haití una deuda por la factura petrolera de 395 millones de dólares.
Apuntala el liderazgo de Chávez
Analistas sostienen que el liderazgo de Chávez en la región ha sido apuntalado por las ventas petroleras con condiciones ventajosas, pero que una economía como la venezolana, que tiene dos años en recesión, y con los gastos aumentando, necesitará recuperar sus deudas.
El economista y ex director de PDVSA José Toro Hardy dijo que la situación de la petrolera es alarmante, con unas operaciones “muy golpeadas” y puso en duda el nivel de producción 3,1 millones de barriles diarios, que dice el gobierno.
“Es una empresa que ha perdido el norte. PDVSA despidió parte de personal que sabía de petróleo (después de la huelga de fines de 2002), la capacidad de refinación está en retroceso, su deuda financiera supera los 27.000 millones de dólares, sin hablar de la deuda con contratistas locales”, dijo a dpa.
Toro señaló que la industria aporta el 95 por ciento de la divisas al país y a pesar de tener ingresos anuales por cerca de 50.000 millones de dólares requiere aumentar sus ingresos ante el creciente gasto del gobierno de Chávez, cercano a cumplir 12 años.
“Los acuerdos en Petrocaribe tienen una utilidad que es casi cero y los miembros tienen además la posibilidad de pagar sus deuda en trueque, con productos alimenticios”, señaló.
Néstor Rojas Mavares (dpa)

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Devaluación afectará 40% de las importaciones básicas del país

El Universal

Desde el 1 de enero de 2011 la paridad cambiaria oficial del país será de 4,30 bolívares por dólar, eliminando así la tasa preferencial de 2,60 bolívares bajo la cual se importaba una porción importante de los rubros considerados básicos, como alimentos y medicinas. Aun con esto, el presidente del Banco Central de Venezuela (BCV), Nelson Merentes, señaló que "los modelos matemáticos y econométricos reflejan que no habrá un impacto significativo en los precios". Según el funcionario, " la experiencia demuestra el poco impacto", y para sustentarlo comentó que el pasado mes de enero se realizó un ajuste cambiario (60% promedio) y la inflación de 2010 terminó en 26,9%, 1,8 puntos por encima de la registrada en 2009, que fue 25,1%, y en ese período no se revisó el tipo de cambio. Para 2011 se proyecta una inflación entre 23 y 25% que a juicio del presidente del BCV "no será difícil de alcanzar". El ministro de Planificación y Finanzas, Jorge Giordani, quien sustituyó devaluación por unificación, dijo que "la medida simplifica el manejo de la situación, que tendrá una serie de consecuencias en la economía y en las inversiones que se realizarán en el 2011". Pero las cifras oficiales muestran que al cierre del tercer trimestre del año, 48% de las divisas entregadas por Cadivi para importaciones ordinarias correspondían a asignaciones a 2,60 bolívares por dólar. Este volumen de importaciones, que a septiembre sumaban 7 millardos de dólares, sufre un ajuste de 65,4% con la nueva decisión oficial en materia cambiaria. Las compras de alimentos, materias para medicinas, maquinarias y equipos, libros y útiles escolares, serán los más impactados con la medida. Jorge Giordani aseguró que en este contexto se mantendrá el Sitme, "cuyo valor máximo será 5,30 bolívares". Adiós al 2,60 La Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), el pasado 15 de enero, había determinado que de un total de 6.394 ítems que pueden ser importados, 59% recibiría dólares a 4,30 bolívares y el 41% restante, recibiría las divisas a 2,60. Entre esos rubros que se importan con esta tipo de cambio están las materias primas básicas para la producción de alimentos, como aceite, trigo y leche que no se producen en el país; así como maíz, arroz, carne de res, café, azúcar y hortalizas que se han vuelto deficitarios por la disminución de la producción interna. Esta medida se aplica en un momento en que el precios de las materias primas tienden al alza en los mercados internacionales, lo cual tendrá impacto en los costos de producción del sector agroindustrial. Asimismo, los materiales de empaque para los alimentos procesados se elaboran a partir de componentes foráneos, cuyos costos también se ven afectados por la devaluación. La modificación en la tasa de cambio elevará por lo menos 65,4% los costos de producción de los alimentos. Actualmente 18 rubros básicos están sometidos al control de precios. Luego de que devaluarán en enero, el Ejecutivo espero hasta marzo para hacer los primeros ajustes en los productos regulados. Recientemente se hicieron otras revisiones y quedaron pendientes aumentos en rubros sensibles como pan, pastas y carne de res. Las importaciones de materias primas agrícolas que hace el Estado también pasan de Bs 2,60 a Bs 4,30. Impacto inflacionario Para el economista Orlando Ochoa la devaluación anunciada por las autoridades repercutirá en la inflación de 2011. "Lo que me sorprende es que tanto el ministro Giordani como el presidente del BCV, Nelson Merentes, dicen que la meta de inflación para 2011 sería entre 23 y 25%, justamente minutos antes de anunciar una devaluación que afecta la estructura de precios básicos", declaró Ochoa a Globovisión. En el sector empresarial coinciden. "Esta devaluación, en particular, significa un golpe muy fuerte para los pobres", señaló Víctor Maldonado, director de la Cámara de Comercio de Caracas. Por su parte, Fernando Morgado, presidente de Consecomercio, indicó que el Gobierno nacional deberá asumir la responsabilidad del incremento de precios. "Lamentándolo mucho vendrá una liberación de algunos precios o una escasez de productos". Noel Álvarez, presidente de Fedecámaras, vaticinó que 2011 será el tercer año consecutivo de recesión. "No vamos a tener crecimiento económico sostenible porque se ha destruido el aparato productivo".

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Gobierno apuesta al repunte ante un escenario adverso

MAYELA ARMAS H. EL UNIVERSAL
31 de diciembre de 2010

El ministro de Planificación y Finanzas, Jorge Giordani, y el presidente del Banco Central de Venezuela, Nelson Merentes, aseguran que en 2011 se alcanzará la recuperación, pero aún algunas variables que estimulan la actividad económica distan de una tendencia positiva. El mensaje anual del Banco Central señala que en 2010 la actividad económica cayó 1,9% y aunque el ente emisor destaca un comportamiento favorable en el último trimestre del año, esas cifras oficiales muestran que de los cinco factores que impulsan el crecimiento, tres siguen en desaceleración. El consumo en 2010 registró una caída de 2,8%, la inversión reflejó un retroceso de 4,8% y las importaciones descendieron 1%, los datos positivos fueron el gasto público, que repuntó 2,7%, pero cuyo crecimiento se aleja del registrado en 2007 y 2008, y las exportaciones que subieron 11%, gracias al comportamiento que tuvieron los precios del crudo, porque los volúmenes de exportación fueron más bajos. Ante unas variables que todavía no se recuperan, el Ejecutiva realiza otro ajuste cambiario, que si bien garantiza más ingresos al fisco, impactará en aquellos sectores que tienen más peso en la economía. En duda Las cifras del BCV indican que la actividad no petrolera tuvo una contracción de 1,8% y en el detalle se observa que áreas como la manufactura, el comercio y la construcción terminaron con saldo negativo. La manufactura tuvo una caída de 4,2%, y en ese resultado, de acuerdo a lo indicado por las autoridades, incidió la gestión del primer semestre, debido a que la crisis eléctrica limitó la capacidad de expansión del sector productivo y se restringió la entrega de divisas. En la segunda mitad del año, el flujo de dólares aumentó, y ello según los voceros oficiales se reflejó en los resultados de los últimos meses, no obstante, los datos del BCV sobre el cierre de 2010 muestran que las importaciones de bienes de consumo final e intermedio tuvieron una caída de 1,5 y 3,2%, mientras que la compras de los entes públicos se incrementaron. El presidente del BCV en el marco del anuncio de la unificación cambiaria, manifestó que en el control de la inflación se tienen que "hacer esfuerzos para incrementar la oferta de bienes y servicios (...) hay que producir más para que siga la tendencia a la moderación". Pero a partir de este 1 de enero las importaciones de alimentos, equipos y materia prima deberán ser adquiridas a una paridad de 4,30 bolívares, cuando este año se autorizaban a la tasa de 2,60 bolívares. A ello se suma la intención del Ejecutivo de ajustar los tributos, en especial la alícuota del Impuesto al Valor Agregado (IVA). Ese aumento también impactará en otro sector como el comercio, que en 2010 terminó con una contracción de 6,3%. De acuerdo a las cifras publicadas por el BCV, el comercio junto con la construcción fueron las actividades con las caídas más pronunciadas. Falta de insumos La actividad de la construcción en 2010 tuvo un retroceso de 7,2%, lo cual no se registraba desde el año 2002. En ese resultado incidieron la menor inversión pública y privada así como las fallas en el suministro de los insumos básicos. En el transcurso del año han sido constantes los problemas con el abastecimiento de los materiales esenciales como cemento, cabillas y agregados, y en esas dificultades ha incidido la menor producción. A esas fallas se ha sumado el descenso de la inversión, si bien hubo un repunte en los egresos del sector público, esos fondos se dirigieron más a otras áreas que a la construcción. Ante la emergencia registrada por las lluvias, el Gobierno tendrá que realizar un mayor esfuerzo de inyección de recursos en construcción de viviendas y rehabilitación de vías y puentes. De ejecutarse las obras la demanda de insumos aumentará cuando la producción se encuentra en declive. El informe del BCV muestra que la formación bruta de capital tuvo una contracción de 4,8% y agrega que en el segundo semestre tuvo una mejoría, pero la inversión se orientó más hacia el sector eléctrico.

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La última batalla de CAP

Mguel Ángel Santos

La historia tiene sus ironías. Durante los días que rodearon a la pasada Navidad, en la medida en que Carlos Andrés Pérez se acercaba a su fin, aquí en Venezuela Chávez terminaba de retocar un conjunto muy particular de leyes que efectivamente clausuran la democracia venezolana. Y uno no puede dejar de pensar que la historia le ha jugado una broma macabra al país: Dieciocho años después de aquél golpe, diecisiete después de que las élites se asomaran a aquella inmensa hoguera para atizarla con sus propias brazas, Chávez, ahora Presidente, termina de desarmar la democracia, que cae inerte casi al unísono con la última respiración de CAP. Visto así, este acto de nuestra historia culmina con un desenlace de corte shakesperiano, un final común que nos revela que en aquella pira de 1992-1993 se cocinaba algo mucho más grande que la propia figura de CAP: allí se empezó a consumir a fuego lento la propia democracia venezolana. Más allá de la conocidísima trayectoria de Pérez, quería repasar y ordenar en mi pensamiento, haciendo uso de la disciplina de la escritura, algunos ratos compartidos con el ex Presidente. En 1995 un grupo de estudiantes de la extinta Maestría en Políticas Públicas del IESA le propusimos al ex Presidente, que ya para entonces tenía la Ahumada por cárcel, que nos reuniéramos una vez al mes a conversar. ¿De qué? De lo que nosotros estudiábamos, del país, de la escena internacional, de lo que fuere. A fin de cuentas CAP se sentía cómodo en cualquier terreno. A diferencia de otros, esa comodidad derivaba de su amplio conocimiento de la escena mundial y no de la ignorancia absoluta de su propia ignorancia. "Ustedes serán Master en Políticas Públicas, pero yo soy doctor en ciencias generales". En ocasiones nos acompañaban algunos de sus ex Ministros, en particular Miguel Rodríguez y Julián Villalba. En todas aquellas visitas que le hicimos en el transcurso de algo más de un año el rasgo que más me llamó la atención de CAP era su carencia de resentimientos. Miguel, con el carro estacionado en el año 1993 y los rencores vivos, solía recordarle que ese precisamente era el rasgo que había dado al traste con su presidencia, su presunción de buena fe lo llevó a renovar la Corte Suprema de Justicia y a nombrar a un conjunto de magistrados que acabarían por ceder a las presiones de las élites. El caso más resaltante fue el de Ramón Escovar Salom, a quien Pérez, tendiéndole un puente, nombró Fiscal General a pesar de una vieja rencilla ocurrida durante su primera presidencia, y quien terminaría por enjuiciarlo para cobrar venganza. Habría muchas cosas más que decir sobre CAP, pero la mayoría ya han sido expresadas por personajes de mayor estatura en todas partes del mundo. Leyendo todas esas reseñas internacionales en el aeropuerto de Barajas me di cuenta de que hacía muchos años, ya no sabría decir cuantos, que el reconocimiento mundial hacia un personaje de nuestra política no me hacía sentir tan orgulloso de ser venezolano. Gracias a CAP por los buenos momentos. La historia no sólo le absolverá, sino que además le reivindicará como uno de los pilares tempranos de una democracia para la que parece que aún no estábamos preparados.

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2011: año de la resistencia


ARGELIA RÍOS EL UNIVERSAL
31 de diciembre de 2010

Mañana ya es año nuevo. Sabemos, sin embargo, que "el futuro" nos ha alcanzado hace rato, y que su conductor lo impregnó arbitrariamente de los peores vapores del pasado. Los pronósticos más pesimistas ya son una realidad, aunque otros tantos se cristalizarán entre este 2011 y el próximo 2012. Diciembre de 2010 no será un pie de página en la historia de Venezuela. Con la arbitraria Ley Habilitante se consumó un golpe de Estado que procura doblegar al país. Pero es ahora la sociedad la que tiene la última palabra. A ella le corresponde decidir si está dispuesta a encorvarse ante el poder omnímodo de la esclavitud que supone una dictadura. Todo cuanto ocurrirá en este ciclo turbulento que se inicia será consecuencia no sólo del afán perpetuista del presidente Chávez y de su nomenclatura. Como tantas veces se ha dicho, el Gobierno llegará hasta donde los ciudadanos se lo permitan. La disposición del país para desafiar a quien pretende tiranizarle será decisiva. La batalla que debe darse no es un asunto que corresponda exclusivamente a los líderes y dirigentes políticos. Su rol, de hecho, es infinitamente inferior al de la gente, que aspira de ellos el estímulo de su coraje y de su acompañamiento. Colocada ante esta ruta de oscuridad y opresión, la sociedad está obligada a hacerse respetar. Gobiernos como éste ocultan con la fuerza su temor a los pueblos que gobiernan. Con la espalda al sol, el de Chávez tiene marcado en la frente su fecha de vencimiento. Es ostensible que todo cuanto hace procura evadirla, mediante desgarrones destinados a desmoralizar a la nación democrática. Si el país se desmoraliza, la revolución bolivariana sentirá que tiene la vía libre para continuar estrangulándolo. Estamos en una lucha contra el tiempo. De lo que se trata es de resistir con firmeza, empinándose por encima de los temores y complejos de inferioridad derivados de anteriores fracasos. No basta ser la mayoría para imponerle a Chávez la decisión de que Venezuela se conduzca por las veredas democráticas. Esa mayoría -que ya existe y está en proceso de afianzamiento- requiere mostrarse en toda su dimensión, sin fertilizarle al Gobierno los terrenos que ha venido preparando para triunfar en la violencia. Cuestionar, alzar la voz, exigir obediencia a la soberanía popular, mostrar abiertamente el rechazo a las iniciativas inicuas del régimen, son parte de la movilización que se requiere para coronar el propósito de imponer la restitución de las garantías constitucionales. Visibilizarse como mayoría dispuesta a hacerse respetar es el reto de los venezolanos en este 2011. Chávez sabe que su destino se escribe al final de cada una de las 104 semanas que le restan en el poder. La esperanza es que este año nuevo no haya una sola de ellas en la que no se le muestre un recio espíritu de resistencia al sometimiento.

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