sábado, 14 de abril de 2012

OZZIE GUILLÉN Y LA TIRANOFILIA VENEZOLANA

Iben Martínez


Hace pocos días, Oswaldo Guillén, timonel profesional de equipos de béisbol 
en Grandes Ligas,  declaró su amor y admiración por Fidel Castro.
“¿Quieres saber porqué?”-  ofreció, explicativo -, “porque  durante todos 
estos años mucha gente ha intentado matarlo pero  el [&%$)@#%&] 
todavía está ahí”.
Como la entrevista fue concedida en el áspero inglés de gente 
ruda que se habla al sur de Chicago, donde está el parque de los 
Medias Blancas, antiguo equipo de Ozzie, debemos suponer que 
el pudibundo corchete relleno de arañitas que inserta la prensa gringa 
en la transcripción quiere decir algo así como “moderfocker”, equivalente 
a nuestro enfático “coñoe’sumadre”.
Que se sepa, el manejador venezolano que, al  momento de formular
sus declaraciones y hasta nuevo aviso, es el manejador de los “Marlins 
de Miami”, no aportó otras razones para su admiración. Solo esa: el 
Comandante Moderfocker sigue allí, a pesar de más de seiscientos intentos 
de magnicidio, reales o imaginados por el G2 cubano. Solo eso, el 
superlativo récord de sobrevivencia y su correlato, el de ininterumpida
permanencia  en el poder, es lo que lleva a Ozzie a afirmar “amo a Fidel”.
La fanaticada de los Marlins, en su gran mayoría cubanos en el exilio 
y cubanos de origen estadounidense, ha puesto el grito  en el cielo y 
ahora alienta un boicot al equipo floridano que no cesará hasta que 
despidan al réprobo. La gerencia general del equipo se ha “desmarcado”, 
como suele decirse, con una declaración de prensa que inequívocamente 
censura las opiniones del antiguo shortstop de los Media Blancas y de los 
Orioles de Baltimore. Se ha afirmado insistentemente que Ozzie, el 
hablador Ozzie, el desenfadado Ozzie que siempre contaba con la absolución 
luego de cada uno de sus provocadores despropósitos, se ha quedado al fin sin 
trabajo en la Gran Carpa.
De súbito, el cielo de la Florida se ha vuelto de concreto armado antes de 
caerle encima a Ozzie mientras todo el mundo, urbi et interneti, como diría 
mi entrañable amigo Ricardo Bada, piensa que el venezolano merece al menos 
ser sumergido a la fuerza en un barril de brea y emplumado hasta la gorra antes 
de desterrarlo para siempre de Miami.  Mientras escribo esta bagatela, sin embargo, 
llega la noticia de que la alta gerencia de los Marlins ha suspendido al lenguaraz 
por solamente cinco partidos. Y, casi inmediatamente, comienza una rueda de 
prensa televisada en la que Ozzie toma para sí el ejemplo de un Heberto 
Padilla forzado a “autocriticarse” ante la Unión de Escritores y Artistas  de Cuba. 
A despecho de su rueda de prensa, me late que el hoy “arrepentido” Ozzie 
sigue creyendo que Fidel es digno de admiración porque ha estado allí contra v
iento y marea y “no se ha dejado tumbar”, pero, ¡cuidado!, eso mismo 
creen millones de latinoamericanos. Digo “creen” y no “piensan” porque, tal  
como dejó dicho el gran Juan de Mairena,bajo lo que se piensa está lo que se cree
La tiranofilia es la disposición a condonar de antemano todas las arbitrariedades 
de un déspota en la creencia de que la sujeción a poderes independientes del Poder 
Ejecutivo no es más que un estorbo para el iluminado que nos tiraniza y a 
“hay que dejar trabajar”. La permanencia en el poder absoluto es acaso el 
supremo valor en nuestras sociedaes, acostumbradas a abdicar de sus 
responsabilidades otorgándole a un iluminado imprescindible la potestad de 
tiranizar. Ella ha avivado en todo tiempo el argumento en pro de la reeeleción.
En Venezuela,  pese a ser una democracia desde 1958 , ha sido frecuente gobernar 
con poderes especiales, los hechos, por completo dictatoriales, durante casi la 
totalidad de los períodos presidenciales. Gobernó así Rómulo Betancourt, so pretexto 
de derrotar la insurgencia guerrillera. Igual hizo Carlos Andrés Pérez, en su primer 
período, para afrontar mejor las turbulencias del boom petrolero del 73. Y lo ha 
hecho Chávez durante catorce años, sin “burguesas” rémoras  leguleyas que 
entorpezcan  sus salvadores designios. Y ni hablemos de  la primera  mitad del 
siglo pasado, y mucho menos del siglo de Bolivar, aquel incomprendido, beneficiario 
perpetuo de poderes  dictatoriales invariablemente extorsionados al Legislativo cada 
vez que se le trancaba el serrucho. 
De modo que, concedido: Guillén es insincero en su retractación  porque, siendo 
latinoamericano, en el fondo de su corazón –en el corazón de su corazón, según 
dice la locución gringa– admira a Fidel Castro, sí, pero ni más ni mas menos que lo 
admiraban las empingorotadas señoronas de la high society caraqueña cuando, 
en 1989, se desmoñaban por estrechar la mano de Fidel, invitado estrella a la coronación 
de Carlos Andrés Pérez.  Y por las mismas razones: “No se le puede quitar que  es un 
hombre de una gran personalidad. ¡Cuántos  presidentes no ha visto pasar por la Casa 
Blanca y él sigue estando allí, convencido de su vaina”.
Por todo lo que sabemos, la mitad de nuestros compatriotas apoya los usos de Chávez, 
mientras que un gran contingente del bando opositor considera, ¡todavia hoy!, que los 
políticos,  al fin los oficiantes del juego democrático,  deberían hervir todos en las 
pailas del infierno.
 Y añoran un Chávez de signo contrario.

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viernes, 13 de abril de 2012

LA CRISIS EN CINCO ACTOS

Alberto Benegas Lynch


En esta nota periodística ensayaré resumir los ejes centrales de esta nueva crisis iniciada en 2008 que, de un tiempo a esta parte, con mayor o menor rigor, tiene en vilo al mundo y que a nuestro juicio todavía no se ha develado en toda su magnitud.
Como los anteriores desbarranques, el origen se sitúa en los atropellos y descalabros de un aparato estatal desbocado que formula promesas de imposible cumplimiento, se entromete en los arreglos contractuales pacíficos entre las personas, manipula la moneda, el crédito y la tasa de interés en el contexto del inaudito sistema bancario de reserva fraccional administrado por la banca central, decreta disposiciones laborales que expulsan del mercado a los que más requieren de empleo, incrementa el gasto de modo astronómico, eleva el déficit fiscal a límites exorbitantes, aumenta el endeudamiento público a alturas inconcebibles para cualquier mente responsable y llena volúmenes y volúmenes con legislaciones, controles, regulaciones y reglamentos que asfixian la economía y relegan el derecho a meras declamaciones sin contenido y sin brújula ni parámetros extramuros de la norma positiva, en un contexto de aniquilación de la división horizontal de poderes.
Ese es el primer acto donde se sientan las bases de lo que luego indefectiblemente vendrá. El segundo acto, naturalmente consiste en el crujir de la economía que se nota con mayor intensidad en las grandes corporaciones, industriales, comerciales y financieras que amenazan con despidos en masa y con quebrantos de diversa envergadura.
En el tercer acto surge el pánico por la antedicha posibilidad de derrumbe en cadena de colosos del mundo de los negocios con lo que los gobiernos se abalanzan a forzar “salvatajes” en gran escala de aquellos emporios en dificultades, desde luego con recursos provenientes de aumentos adicionales en los gravámenes, con mayores presiones inflacionarias, contrayendo dosis mayores de deuda o haciendo uso de los tres canales simultáneamente.
El cuarto acto muestra una escalada de agitadas manifestaciones de “indignados” y otras protestas sindicales y sociales de diversa magnitud y violencia. Son los que sienten en sus bolsillos la severidad de la crisis que están financiando compulsivamente. Son los relativamente más débiles que no han tenido poder de lobby para recibir los mencionados “salvatajes” (por otra parte estas transferencias compulsivas de recursos no pueden generalizarse: siempre se llevan a cabo a favor de algunos y en contra de otros que son los que se hacen cargo de los platos rotos).
El quinto acto que tiene lugar en paralelo a las anteriores etapas estriba en el necesario apoyo logístico no solo de las políticas de la primera etapa (que muchos proponen acentuar) sino de las comentadas medidas de financiamiento forzoso. Estos se dividen en cuatro categorías. En primer lugar, los propios agentes gubernamentales que defienden lo hecho. En segundo término, los ideólogos keynesianos y socialistas y las nefastas burocracias internacionales y sus compañeros de ruta que alegan peligros de “crisis sistémicas” sin percatarse que de modo superlativo están contribuyendo a profundizar sus raíces y consecuencias. En tercer lugar, los integrantes de las grandes corporaciones y sus voceros que se mantienen a flote merced a lo ocurrido, sin asumir los costos por su ineptitud e irresponsabilidad, al contrario de los genuinos empresarios que operan en base a la satisfacción de sus clientes. Y en cuarto lugar, los usufructuarios de dividendos y rentas provenientes de esas empresas, quienes declaman en la sobremesa sobre el dolor de los relativamente más pobres pero les importan un bledo a la hora de recoger los frutos malhabidos, situación que es compartida también por buena parte de los administradores de carteras, concentrados y abstraídos en sus arbitrajes como si pudieran seguir con sus negocios con independencia de lo que ocurra en el mundo que los rodea.
Si se viera el proceso de la crisis en una secuencia cinematográfica se observaría en una punta a los mal llamados empresarios que acuerdan con el poder de turno y, en la otra, a los esquilmados en el fruto de sus trabajos, cual aspiradora gigante que succiona sus ahorros y carcome todas sus ilusiones. Pero lo llamativo del caso es que cuando estos explotados se quejan, piden más de lo mismo en cuanto a las políticas que precisamente los empobrecieron. Esto último se debe al nefasto clima educativo que hace de operación pinza: por un lado recetas socialistas, intervencionistas y estatistas y, por otro, la propaganda escolar y universitaria que en gran medida enseña que es buena la destrucción del derecho de propiedad y que la solución radica en el autoritarismo de un Leviatán cada vez más adiposo y hambriento, sin necesidad de  que las personas realicen esfuerzos ni asuman responsabilidades y afronten sus deberes.
Es de desear que la situación se revierta con el esfuerzo de quienes defienden los valores y principios de la sociedad abierta y combaten la prepotencia del sistemático e inmisericorde atropello gubernamental, paradójicamente encargado de proteger y garantizar los derechos de la gente, pero en los hechos convertido en el peor enemigo de las libertades individuales. Si esto no se revierte, el peso cada vez mayor sobre los más necesitados hará explotar por los aires todo vestigio de civilización. Es tragicómico en verdad que se pretenda responsabilizar de la crisis al inexistente capitalismo en una carrera desenfrenada por acentuar la desaparición de todo vestigio de aquel sistema.
Resulta indispensable que los estatistas asuman la responsabilidad por sus propuestas y no pretendan endosarla a corrientes de pensamiento que propugnan la libertad. Tal como ha escrito Antoine de Saint-Exupéry, que vale tanto para esto último como para los que se arrogan derechos sobre el bolsillo del vecino: “Un ser humano significa, precisamente, ser responsable”.
Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de América (EE.UU.) el 11 de abril de 2012.

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CULPA SIN CONTRICIÓN


Aníbal Romero


Las recientes apariciones públicas del Presidente de la República permiten varias interpretaciones: en primer lugar, en un plano humano elemental, resulta evidente que el jefe del Estado experimenta la perplejidad y miedo que la toma de conciencia de nuestra finitud suscita en cada uno de nosotros, en algún momento de nuestras vidas. Es un miedo normal que, en el caso de una persona acostumbrada al ejercicio del poder y rodeada de adulantes, seguramente se acentúa y multiplica. En días recientes, su santidad el Papa afirmó: “La soberbia es la esencia del pecado”. Esta frase de Benedicto XVI permite, en segundo lugar, aclarar otro aspecto de la crisis individual de Hugo Chávez, y apreciar con mayor nitidez sus repercusiones institucionales. Me refiero, por un lado, al contraste entre sus plegarias al cielo, sus solicitudes a Dios para que prolongue su vida y su afirmación de que “ahora es más cristiano que nunca” y, por otro lado, una trayectoria política que estos pasados años se caracterizó por sus ataques implacables a la Iglesia Católica, sus ofensas a cardenales, obispos y sacerdotes, y su reiterada prédica marxista.
Nos enfrentamos a una contradicción elocuente que pone de manifiesto no solamente una falta de seriedad verdaderamente patética en cualquier ser humano, sino particularmente cuestionable en el caso de un personaje con las ansias de figuración histórica, permanente y prepotente actitud de perdonavidas, y propensión a humillar a los otros, que siempre ha revelado el caudillo de la disparatada “revolución bolivariana”.
Lo más asombroso de todo esto (aunque tal vez ya nada proveniente de Hugo Chávez debería sorprendernos), es la absoluta incapacidad para la autocrítica que ha exhibido en sus intervenciones, rogando a la Divina Providencia la extensión de su existencia. Después de trece años de arbitrariedades y abuso de poder, de persecuciones e injustos encarcelamientos por motivos políticos; luego de más de una década durante la cual nuestra sociedad ha sido deliberadamente sometida a un proceso de división y propagación del odio; de un tiempo que ha visto morir violentamente a decenas de miles y la emigración masiva de otros tantos, así como el desmantelamiento de la estructura institucional y productiva que Venezuela había levantado con el empeño de varias generaciones. Después de este período de oprobiosa sumisión del país al despotismo castrista, y de utilización caprichosa y sin controles de los recursos públicos, el Presidente de la República, llegada la hora de hacer un balance, se muestra tercamente renuente a abrir, al menos, una pequeña rendija que apunte más allá de la soberbia, el delirio y la autocomplacencia, y le posibilite comprender y asumir su culpa.
Esa culpa palpita en el corazón de Venezuela. Ignoro si será juzgada en esta tierra o si tocará hacerlo al Autor del universo, más allá de nuestras limitaciones. Pero si bien la culpa, en un plano ético y político, es clara e inequívoca, de alguna contrición no se vislumbra ni atisbo. Por el contrario, y en forma cuasi mágica y frívola, con un rosario bendito colgando del cuello, Hugo Chávez pide la intervención de Cristo para que le conceda años adicionales y proseguir así su obra destructiva.
En una dimensión adicional de las cosas, pienso que la muerte, no menos que la vida, exige de nosotros un esfuerzo de dignidad. Me pregunto si los familiares del Presidente, o los oportunistas que le circundan, captan la naturaleza poco digna de lo que estamos presenciando y procuran atenuarla.
O quizás también tienen miedo.

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LA ENFERMEDAD VENEZOLANA

Miguel Angel Santos
EL UNIVERSAL

Siempre recuerdo que Miguel Rodríguez decía que la enfermedad holandesa era el diagnóstico correcto para el país equivocado. Se trataba, según él, de la enfermedad venezolana. En medio de estos aires de posibilidad que predominan por estos días, de qué podemos hacer como sociedad y qué tan alto podemos aspirar sin sentirnos ingenuos, es una idea que vale la pena rescatar.
¿En qué consiste la enfermedad holandesa? La secuencia es sencilla. Imagine Ud. un país con un único recurso natural de exportación que de repente experimenta una enorme bonanza de precios. Sin que haya variado su capacidad de producción, experimenta un fenomenal aumento en su riqueza, que impacta la demanda de bienes y servicios. Esa demanda cae sobre una economía que, a grandes rasgos, tiene dos sectores: Un sector exportador (cuyos precios no pueden cambiar mucho porque compiten en los mercados internacionales) y un sector que no compite con precios internacionales porque no es transable (el sector servicios). Siendo así, el primer impacto de la bonanza es un aumento de precios en el sector servicios que, como sugiere la lógica económica, provoca una movilización de recursos de mano de obra y capital que vienen saliendo del sector comercial en búsqueda de mejores rendimientos. Como resultado, se registra una caída en la producción de bienes exportables, que hace a ese país aún más dependiente de ese único recurso. La inflación interna (en servicios) ha provocado un aumento de salarios que el sector exportador no puede trasladar a precios porque perdería competitividad en los mercados internacionales.
Lo demás ya se conoce. El principal producto exportador termina por convertirse en el único, debido al traslado de los recursos productivos hacia el sector no transable. Hasta aquí se trata de un resultado de esos que los economistas llaman “de eficiencia de equilibrio general”, que favorece a todos. Con el único detalle, que típicamente el precio de ese único producto de exportaciones es muy volátil, y como resultado de la secuencia descrita ese país se ha vuelto mucho más vulnerable a esos vaivenes. ¿Le suena conocido?
¿Qué se puede hacer en estos casos? Las soluciones que han surgido hasta ahora son relativamente elementales. La primera es evitar volcar sobre la economía todo el aumento en el poder adquisitivo que genera la bonanza, desviando los recursos hacia un fondo de ahorro. Otra estrategia sería promover un plan de inversión público (porque en nuestro caso el recurso es propiedad del Estado) con base en importaciones de bienes de capital. Estos bienes generan capacidades productivas a futuro, no provocan la dependencia que sí trae el aumento salvaje de las importaciones de bienes de consumo, y se pueden reducir “sin dolor” en el evento de una desaceleración de precios. Otra política menos convencional sería crear un mercado común, para facilitar la movilidad de trabajadores de otros países hacia el sector transable y evitar la inflación que lleva a la pérdida de competitividad. En resumen: Fondo de ahorros, plan de inversión pública a través de importación de bienes de capital, y mayor integración. La salida nuestra seguro pasa por aquí. La clave está en ser creativos en la ejecución y acertados en la secuencia. 

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Del salto de talanquera


                 

JEAN MANINAT |  EL UNIVERSAL
viernes 13 de abril de 2012
El gato que está en la oscuridad 
Roberto Carlos 

El salto de talanquera es una práctica tan añeja como la especie humana. Todo el que lo haya practicado ha sufrido el escarnio de los que se quedaron del otro lado, sin vista y sin luz, renuentes a dar el paso con el que sueñan todas las noches y posponen todos los días. 

Por supuesto, el "salto" nunca sorprende a los jefes, jamás escuchará usted a un jerarca rojo decir: ¡diantres, menuda sorpresa nos hemos llevado! Por el contrario, argüirán que siempre supieron que el que se fue hoy es el mismo traidor de ayer y, para curarse en salud, anunciarán el advenimiento de nuevos traidores entre los suyos. 

Todos contra todos en el cuadrilátero de la sospecha. 

Por eso acunan pesadillas recurrentes en las que, a la inversa de las películas de terror à la mode, los zombis se auxilian los unos a los otros para dejar de serzombis y poder pensar por sí mismos. Los mandamás despiertan sudando fantasmas. 

¿Seré yo maestro? Se flagelan en la intimidad aterrados de que el iris del ojo izquierdo refleje la admiración recóndita que sienten por los que se atrevieron a dudar y se marcharon. 

El salto de talanquera que más impactó a los habitantes de las catacumbas en el año 36, lo realizó Pablo de Tarso (perseguidor implacable de cristianos) cuando cabalgaba por el camino de Damasco y en medio de un súbito resplandor escuchó la voz del Señor que lo increpaba por sus tantas y seguidas tropelías: el hombre cayó a tierra y despertó convertido al cristianismo y con nuevo nombre: San Pablo. Luego, ni fieras ni espadas impedirían la "saltadera" del paganismo al cristianismo, se supone que para bien de nosotros los paganos. 

El miedo al "salto" inventó, incluso, obstáculos físicos para hacerlo más peligroso y letal. Los comunistas al mando de la exRepública Democrática Alemana (perdón pero así se llamaba) forzaron el divorcio de Berlín levantando un muro de hormigón para dividir la ciudad en un lado oriental y comunista y otro occidental y capitalista. Fueron cientos los lesionados y los que perecieron tratando de saltar la talanquera del Berlín "comunista y solidario" al Berlín "capitalista y corrupto". Qué yo sepa, nunca se registró un intento de salto, físicamente hablando, a la inversa. 

A una isla la pueden convertir en una talanquera rodeada de agua por todas partes, sólo para propiciar los más imaginativos artilugios y las más pacientes coartadas para burlarla. Así, han asomado de la imaginación de un pueblo siempre vivaz: bicicletas acuáticas, automóviles que nadan, neumáticos que no se desinflan, chapaletas incansables, bañeras autopropulsadas; o años de excelsos estudios musicales para un día oír de cerca los sonidos de tan lejos, abriles de extenuante entrenamiento olímpico para "saltar" allende los mares, el minucioso recuento del desencanto con el sistema que una vez se apoyó para aguijonear a los precavidos, hasta dejarse morir, heroicamente, de hambre. Es un catálogo triste de las inauditas formas que asume la libertad cuando es suprimida y quiere... saltar la talanquera. 

Hay también, no se crean, saltos de talanquera con glamour: ¿Cuántos ciudadanos chinos cambiaron el Traje Mao por un una prenda Louis Vuitton? ¿Ellibro rojo por el i-Pad¿El capital por crear capital? ¿La bicicleta por la motoneta y luego por una berlinetta? Se cuentan con los dedos de millones de manos. 

De manera tal que podrán "emitir" las leyes que quieran como billetes falsos para comprar conciencias y debilitar voluntades. De nada les valdrá, la duda se instaló entre los suyos, aun cuando sigan vistiendo de rojo. 

Por lo demás, ya está visto: los caudillos siempre terminan señalando traidores desde la tribuna, en medio de una sala semivacía donde deambulan acongojados los últimos traidores. 

@jeanmaninat 

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jueves, 12 de abril de 2012


DESPUES DE CHÁVEZ, UN NARCOESTADO
Roger Noriega
Hugo Chávez ha tratado de ocultar durante 10 meses que está perdiendo la batalla contra el cáncer y está determinado a aparentar que sigue al mando del régimen y el futuro de la nación. Sin embargo, en Semana Santa las cámaras de televisión capturaron a Chávez rogando por su vida ante un crucifijo y su madre en su iglesia natal. Las emociones de Chávez sorprendieron a su círculo íntimo y llevaron a algunos a cuestionar su salud mental. Como resultado de ello, de acuerdo con mis fuentes al interior del palacio presidencial, el ministro de Defensa el general Henry Rangel Silva ha desarrollado un plan para imponer la ley marcial si la condición de Chávez se deteriora aun más y propicia cualquier tipo de inestabilidad.
Esto fue realmente dramático. ¿Por qué no hay nadie fuera de Venezuela prestando atención? Algunos cínicos en este país todavía creen que Chávez está exagerando su enfermedad para sacar provecho político, mientras que sus más fervientes seguidores esperan que tenga una recuperación milagrosa. La oposición democrática cautelosamente se ha preparado para una elección presidencial competitiva fijada para el 7 de octubre – en contra de Chávez o un sustituto. Y los políticos de Washington y la mayoría de las capitales regionales están aparentemente dormidas mientras todo esto ocurre.
En mi opinión, la muerte inminente del caudillo venezolano podría poner al país en el camino hacia una crisis política y social. El cuadro militar instalado por Chávez en enero ya se está comportando como un régimen de facto decidido a mantenerse en el poder a toda costa. Y La Habana, Teherán, Moscú y Pekín se están moviendo para proteger sus intereses. Si el presidente de EE.UU., Barack Obama, demostrara algún tipo de preocupación en cuanto a esta situación podría comenzar a poner freno a la crisis en Venezuela, poner un alto a la agenda destructiva de Chávez y recuperar el rol de los Estados Unidos en su propio vecindario. Pero si él no actúa, las consecuencias podrían ser catastróficas.
Fuentes cercanas al equipo médico de Chávez me comentan que desde hace meses, los médicos han estado tratando de contener los síntomas y han tratado de estabilizar a un paciente adicto al trabajo para administrar quimioterapia y radioterapia de último minuto. En ese momento en el que Chávez oró públicamente por un milagro, dejó a un lado su obsesión de atacar a la oposición o de orquestar una una sucesión de poder por parte de partidarios más leales. Tal vez él sabe que sus lugartenientes y aliados extranjeros se comportan como si él ya estuviera muerto – la consolidando el poder, la configuración de una “junta revolucionaria” y trazando medidas represivas.
Uno de ellos es el operador y militar chavista, Diosdado Cabello. El hombre, que fue instalado por Chávez para liderar el partido en el poder, así como la Asamblea Nacional en enero. El nombramiento de Cabello estaba destinado a tranquilizar a un grupo poderoso de narcomilitares – El general Rangel Silva, el general Cliver Alcalá, jefe de inteligencia, el general retirado Hugo Carvajal y media docena de altos oficiales que han sido clasificados como “capos de la droga” por parte del gobierno de los EE.UU. Estos hombres despiadados nunca entregaran el el poder y la impunidad que este les garantiza – y ellos no se hacen ilusiones de que las elecciones les conferirán “legitimidad” en un narco-estado venezolano, confiando en cambio en miles de millones de dólares en ganancias mal habidas y decenas de miles de soldados bajo su mando.
El liderazgo civil chavista – incluyendo el canciller Nicolás Maduro, el vicepresidente Elías Jaua y el hermano del presidente, Adán Chávez, gobernador del estado Barinas – están dispuestos a reivindicar la agenda ideológica de su movimiento en las elecciones de este otoño. Maduro es extraordinariamente leal al presidente y es considerado por los observadores políticos venezolanos como el sustituto más viable en la boleta electoral. Por encima de todo, estos hombres anhelan el poder político y harán hasta lo imposible para hacerse indispensables para los líderes militares que llevan la batuta en este momento.
Fidel y Raúl Castro están desesperados por conservar las exportaciones de petróleo venezolano que sustenta el régimen en bancarrota. De acuerdo con una fuente que está enterada de la situación en Cuba, Raúl ha aconsejado a Chávez que se prepare para pasar el poder a una “junta revolucionaria”. Pero los venezolanos que desconfían de los Castro están seguros de que esta junta estará formada en su mayoría por hombres leales a La Habana. Cabello no se fía de los Castro, pero con miles de agentes de inteligencia cubanos en Venezuela, los hermanos Castro son una fuerza que debe ser tomada en cuenta.
China ha proporcionado más de $20 mil millones en préstamos a Chávez en los últimos 18 meses y que serán pagados con petróleo con un valor muy por debajo del precio de mercado. La mayor parte de estos fondos estaban destinados para los fondos de sobornos de Chávez antes de que los chinos estuvieran enterados de su enfermedad terminal. Otros $4 mil millones se están negociando ahora, pero mis fuentes en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela dicen que los chinos están exigiendo nuevas garantías. Beijing también está peleando para asegurarse de que cualquier gobierno post-Chávez cumplirá sus acuerdos preferenciales. Sin embargo, estos contratos abusivos están siendo examinados por los principales miembros de la oposición de la Asamblea Nacional.
Irán depende más que nunca de sus bancos y otras empresas en Venezuela como un medio para el lavado de miles de millones en fondos para evadir las sanciones financieras internacionales. Las empresas asociadas a la Guardia Revolucionaria Iraní, la Fuerza Qods, y de ilícitos programas de misiles nucleares y balísticos han invertido millones en infraestructura en instalaciones misteriosas en toda Venezuela. Teherán tendrá que luchar para mantener su posición estratégica cerca de EE.UU, que es vital para su e supervivencia en los meses críticos venideros.
Rusia está considerando la posibilidad de pagar entre mil y dos mi millones en pagos en las próximas semanas para amarrar su acuerdos de petróleo y gas natural previamente firmados con Chávez. Algunos en Moscú, sin embargo, están cansados de la incertidumbre en Venezuela, sobre todo porque saben que los días de Chávez están contados. Las empresas rusas están decidiendo ahora si seria prudente seguir apoyando al régimen de Chávez, que ha sido un cliente fiable de más de $13 mil millones en armas rusas, o esperar a ver si un gobierno sucesor honrará sus acuerdos en el sector de petróleo y gas.
La sucesión al estilo soviético que los chavistas corruptos y sus instructores cubanos están tratando de imponer al pueblo venezolano es otra circunstancia que un hecho. Hay espacio y tiempo para que los amigos de la democracia desempeñen un papel constructivo.
Mis fuentes me comentan que Cabello y compañía estarían mas dispuestos a recurrir a medidas inconstitucionales y a la represión si no pueden contar con el apoyo de Moscú y Beijing. Los chavistas tienen la intención de prometer la continuación de contratos baratos de petróleo para contar con este apoyo. Una diplomacia discreta por parte de EE.UU. – que trabaje en conjunto con aliados de ideas afines – puede ayudar a echar por tierra estos planes. Los chinos y los rusos no pueden estar dispuestos a defender a otro régimen violento y Washington debería reunir a los líderes latinoamericanos para evitar un escenario similar al de Siria en el Hemisferio Occidental.
En el corazón de la estrategia chavista se encuentra un narco estado, dirigido por hombres con vínculos bien documentados con el narcotráfico. La Casa Blanca debería instruir a las agencias policiales estadounidenses para aplastar los fundamentos de ese régimen. Un juez venezolano, o un general corrupto testificando en un tribunal federal de los EE.UU. podría dar el golpe de gracia a ese régimen y destruir cualquier ilusión de legitimidad o capacidad de supervivencia.
Agencias de inteligencia estadounidenses han permanecido virtualmente ciegas a la presencia iraní en Venezuela. Si se les instruye que hagan una investigación exhaustiva sobre lo que realmente esta pasando estoy convencido de que descubrirían una amenaza grave y creciente contra la seguridad de los Estados Unidos y sus aliados en la región. Estas pruebas ayudarán a motivar a los vecinos de Venezuela a adoptar una postura contra un régimen aún más peligroso tomando forma en Caracas.
La milicia en Venezuela no es un monolito y Chávez ha debilitado su propia estrategia de sucesión otorgando a los narco-generales posiciones visibles y operativas. El hecho de que los narco-generales estarán más dispuestos a recurrir a medidas inconstitucionales y a la represión para mantener el poder y los diferencia de los soldados comunes y corrientes y de los generales institucionalistas. El ejército de Estados Unidos aún tiene mucho peso con estos hombres. Una advertencia de simple respeto a la constitución y de servir a su pueblo puede dividir el grueso de la fuerza lejos de los narcos y negarles los medios para imponer su voluntad. (Generales institucionalistas pueden reaccionar de una manera similar a las noticias de que Irán está llevando a cabo operaciones secretas en territorio venezolano que son inconstitucionales y que fomentan provocaciones peligrosas.)
Hay mucho que Estados Unidos y la comunidad internacional puede hacer sin interferir en la política interna de Venezuela. Aunque los líderes de la oposición democrática están decididos a mantener distanciarse de Washington, deberían por lo menos demostrar que buscan al apoyo los Estados Unidos y otros países claves para obtener la solidaridad que se merecen. Por otra parte, cualquiera que piense que la oposición puede lidiar con Cuba, China, Rusia, Irán, los traficantes de drogas, y Hezbollah, sin el respaldo internacional no esta pensando con claridad.
Por desgracia, los diplomáticos de carrera de Estados Unidos en Washington encargados de Venezuela han pasado los últimos dos años restándole importancia a la crisis en ese país y los otros tres años antes básicamente sin hacer nada. Así que si hay alguna esperanza de liderazgo por parte de EE.UU., se requerirá la atención de la secretaria de Estado Hillary Clinton o del presidente Obama. Por desgracia, en nuestro propio vecindario ,” liderar detrás del telón” no es una opción.

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miércoles, 11 de abril de 2012


NUESTRO VECINO BRASIL

Emilio Nouel V.

Hoy, Brasil es, en términos de béisbol, un jugador de grandes ligas. Está ubicado en el sexto o séptimo lugar como economía. Es el receptor más grande de inversiones extranjeras en la región latinoamericana, su modelo económico-social cuenta con la admiración de muchos y es ejemplo a seguir para algunos políticos. Su búsqueda de hegemonía en Suramérica no es un secreto y de alguna manera ha querido hacerle contrapeso a EEUU en el hemisferio.
Brasil pertenece a ese grupo de nuevas potencias emergentes, los BRICs (Brasil, Rusia, India y China), cuya influencia global ha aumentado en las últimas décadas.

                       

Tiene aspiraciones para entrar en el Consejo de Seguridad con derecho a veto al igual que los cinco grandes, ha participado en conflictos más allá de las fronteras regionales y se ha concertado con países de otras latitudes de cara a problemas internacionales muy sensible (caso Irán y armas nucleares).
Ciertamente, los brasileños tienen una audiencia y prestigio global que los coloca en puesto destacado en el concierto de las naciones.
No obstante, no son pocos los analistas y observadores de su realidad económica, que de un tiempo a esta parte comienzan a ver nubarrones en su futuro, si no toma ciertas medidas correctivas.
Eso que los economistas llaman los ciclos serían las causas de un pronóstico no muy halagüeño para ese país vecino y determinante en nuestro vecindario.
El año pasado, el venezolano Moisés Naím, se preguntaba si Brasil no era una burbuja (El País, 1 de Mayo de 2011). Señalaba que a pesar de los grandes avances en la ampliación de la clase media, mediante la eliminación de la pobreza en amplios sectores de la población y una mayor prosperidad general, se observaba una sobrevaluación de la moneda, “la más sobrevaluada del mundo”, lo cual junto a otros aspectos (expansión del crédito y el gasto público), ha sobrecalentado la economía, siendo esto motivo de preocupación para las autoridades gubernamentales. Concluía el artículo advirtiendo que “La euforia y la complacencia son las enemigas más amenazantes para el exitoso Brasil de hoy.”
Más recientemente, el ex Ministro de Finanzas chileno, Andrés Velasco, señala que a finales del 2011 el crecimiento que venía siendo espectacular, se estancó, aunque se prevé para 2012 uno de 3,5% o menos.
En cualquier caso, la economía viene arrastrando problemas de productividad no resueltos. Hay ciertas reformas tributarias y laborales que han sido instrumentadas. Algunos indican la necesidad de invertir en innovación tecnológica para alcanzar un mayor valor agregado de los productos, lo que le permitiría competir mejor en los mercados internacionales con los productos chinos, coreanos o indios. De no ponerse en práctica estos cambios y permanecer amarrados a las materias primas, Brasil correría el riesgo de quedar rezagada como economía a mediano plazo.
A Brasil algunos la llaman “Belindia”, a medio camino entre un país como Bélgica y la India.  Ciertamente, su PIB lo coloca en el puesto 7º mundial, pero también está en materia de competitividad en el 53, tiene un bajo PIB per cápita (9.390 US-dólares), y según el índice Doing Business (Banco Mundial) se encuentra ubicado en el puesto 126 de83 economías analizadas.  
A pesar de esos pronósticos y advertencias económicas, en lo político, Brasil goza de una estabilidad y gobernabilidad que le confieren los consensos entre las fuerzas políticas más importantes, la vigencia del Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos.
No obstante, vastos sectores de la población siguen al margen de los beneficios de una economía que ha crecido mucho, sobre todo, a partir de las políticas del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, continuadas por Lula Da Silva.
Un problema serio parece ser también el de los altos niveles de corrupción, aunque el país no parece resentir mucho ese asunto.
En el hemisferio, Brasil es un actor de primer orden. Las relaciones con EEUU, aunque cordiales, civilizadas y no pugnaces, no han estado exentas de ciertos roces en los últimos tiempos, en la ocasión de varios temas. En los días que corren, la Presidente Dilma Rouseff fue recibida por el Presidente Barack Obama, y se señala como motivo principal de la visita el tema monetario. Se ha señalado que la alta liquidez internacional que sería provocada por los países más desarrollados, podría afectar negativamente la competitividad de países emergentes como Brasil, y esto requiere de medidas concertadas entre los países.
El gobierno brasileño acusa a EEUU y China de promover una guerra cambiaria para aumentar sus exportaciones.
En cualquier caso, Brasil y EEUU han mantenido y consolidado sus relaciones no solo en el campo economico, sino también en otros como el político-hemisférico, el energético y el educativo, a pesar de la divergencias.
Para sus vecinos, el papel que juegue Brasil en el futuro es muy importante. Está claro el particular interés que ha puesto en iniciativas como UNASUR, cuyo futuro no aparece muy despejado, habida cuenta de las distintas ópticas y opciones que se manejan en la región. A Venezuela, particularmente, importa mantener las mejores relaciones con ese país, sobre bases civilizadas, reciprocidad y autonomía, desde una posición oficial que esté alejada del personalismo, de posturas ideologizadas y mucho menos de conductas pendencieras, con el resto de los actores de la región.
EMILIO NOUEL V.

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Email: emilio.nouel@gmail.com


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