domingo, 2 de diciembre de 2012


MISILES SALVAVIDAS

            Moises Nailm
Las armas son para matar. Pero la sorpresa es que, a veces, algunas salvan vidas. Este es el caso de los misiles anti-misil que Israel utilizó para protegerse de los cohetes lanzados por Hamás desde Gaza en su más reciente conflicto. Y no me refiero al hecho de que este sistema, llamado Cúpula de Hierro, evitara la muerte de civiles israelíes. Eso, sin duda, lo logró. Pero también evitó la muerte de miles de inocentes en la Franja de Gaza. También frenó una desestabilización aún mayor de esa convulsionada región y, posiblemente, hasta impidió un peligrosísimo enfrentamiento armado entre Israel y Egipto. ¿Cómo puede un arma lograr todo eso?
Durante los ocho días que duró el conflicto, los partidarios de Hamás lanzaron desde Gaza 1.506 cohetes hacia Israel. Más de la mitad cayeron en zonas despobladas. Pero el 84% de los 421 cohetes que hubiesen estallado en centros urbanos fueron destruidos en el aire por el sistema antimisiles israelí (que es capaz de establecer el patrón de vuelo de los cohetes e ignorar aquellos que caerán áreas despobladas sin causar bajas). Un total de 58 cohetes palestinos estallaron en áreas pobladas, matando a cinco israelíes e hiriendo a 240.
¿Qué hubiese sucedido si los cohetes de Hamás hubiesen tenido más éxito, y hubieran caído en Tel Aviv y otras grandes ciudades, causando no 5, sino 1.000, 3.000 o más muertes entre la población civil? La respuesta es obvia: el Gobierno de Israel —al igual que el de cualquier otro país del mundo— habría invadido Gaza. Esto habría implicado un ataque de infantería y carros blindados y la lucha casa por casa en una de las áreas urbanas más densamente pobladas del mundo, y con civiles atrapados dentro del campo de batalla.
Hoy estaríamos hablando de miles de muertos y de una violenta reacción en cadena en todo el mudo árabe. El nuevo presidente egipcio, Mohamed Morsi, en vez de actuar como intermediario en las negociaciones de paz, como de hecho lo hizo, muy probablemente se hubiese visto obligado a mandar a sus soldados a luchar al lado de Hamás, un grupo que, al igual que Morsi y el actual Gobierno egipcio, pertenece a los Hermanos Musulmanes. Los demás países árabes y el resto del mundo musulmán no hubiesen podido permanecer como espectadores pasivos. Estados Unidos tampoco. La veloz escalada del conflicto y sus innumerables e imprevisibles consecuencias hubiesen sido enormes —y globales.
Si bien en este nuevo conflicto entre Hamás e Israel se logró limitar el número de civiles muertos y heridos en Israel, no ocurrió lo mismo entre los habitantes de Gaza. De acuerdo a las Naciones Unidas, en la Franja fallecieron 103 civiles (que fuentes israelíes rebajan a 57). La fuerza aérea israelí informó de que llevó a cabo 1.500 ataques contra blancos en Gaza que destruyeron casi todos los centros de comando de Hamás, 26 fábricas de armas, depósitos de armamentos y explosivos y más de 12.000 cohetes, así como cientos de túneles.
Este no es el final de esta tragedia, sino un capítulo más de un conflicto largo y doloroso cuya solución nunca será militar. El fanatismo, la irracionalidad y lo que la historiadora Barbara Tuchman —refiriéndose a las insensateces que llevaron a gobiernos y naciones a cometer fatídicos errores— llamó “la marcha de la locura” vienen moldeando esta situación desde hace mucho tiempo. Hamás se niega a aceptar el derecho de Israel a existir como nación y promete seguir haciendo todo lo necesario para acabar con ese país. Y el Gobierno israelí anuncia que seguirá adelante con la construcción de más de 3.000 viviendas en los asentamientos más políticamente sensibles de los territorios ocupados el mismo día que la Asamblea General de Naciones Unidas admitió por abrumadora mayoría de votos a Palestina como “Estado Observador”, lo cual supone un reconocimiento de su soberanía sobre áreas controladas por Israel desde 1967.
Es difícil imaginar posiciones más absurdas y más claramente contraproducentes. Hay evidencias incontrovertibles de que la posición de Hamás con respecto a la destrucción del Estado de Israel ha impedido el progreso del pueblo palestino, cuyos intereses dice representar. Lo mismo vale para la construcción de cada vez más asentamientos israelíes en los territorios ocupados. Estas construcciones debilitan la seguridad nacional de Israel. Pero las nefastas fuerzas que impulsan a la marcha de la locura no menguan. Son inmunes a la evidencia.
En medio de tantas insensateces, y solo como consuelo temporal, también aparecen de vez en cuando iniciativas que salvan vidas. Como estos misiles.
Twitter @moisesnaim

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LAS ASISTENTES DEL DOCTOR MARQUINA


     Alberto Barrera Tiszka


Tengo algunas amigas que, apenas parpadea una noticia sobre la salud de Chávez, se convierten de inmediato en asistentes espontáneas de cuanto especialista esté dispuesto a compartir, generosamente, su opinión sobre el caso. Hay de todo: cirujanos, teólogos, brujos de distintas escuelas, homeópatas, econometristas con posgrados en curación con las manos, cuánticos, ingenieros que le meten al espiritismo, galenos graduados en Wikipedia, acupunturistas chinísimos, mentalistas, profesionales de la curiosidad clínica… Un día me llamó Angie para comentarme las declaraciones que, sobre la salud del Presidente, había proferido un técnico dental de Cochabamba. Cualquier nota sirve. Cualquier información es buena. Conocer la verdad puede convertirse en un ansia.
Pero, sin duda alguna, entre toda la multitud de nuevos peritos en nosología que tiene el país, algunas de mis amigas prefieren al doctor Marquina. Él es un combo completo. Tiene supuesta información secreta y opina con promiscuidad. Actúa de inmediato y suele tener algún suspenso al alcance de la mano. Cuando se anuncia el rumor de un viaje de Chávez a Cuba, ahí ya está Marquina, tuiteando que da gusto, organizando cirugías en el aire, usando el estetoscopio como micrófono. Marquina dice. Marquina opina. Marquina sabe. No es un doctor: es un eco. Si arrimas tu oreja, lograrás escuchar el cuerpo del Presidente.
Todo pasa, por supuesto, por el silencio. No decir lo que ocurre tiene sus riesgos. Se puede controlar un secreto, pero no hay manera de gobernar la curiosidad, las distintas versiones que se multiplican, tratando de indagar sobre ese secreto. En muy pocos días, nuevamente, el enigma de la salud de Chávez se ha transformado otra vez en una industria de murmullos.  
Se ha dicho que jamás se curó, que su cuerpo le está pasando ahora factura por el esfuerzo realizado en la campaña electoral. Pero también se asegura que sí estaba curado pero que, justamente después de ganar las elecciones, el tumor volvió a aparecer en sus caderas. Además, no falta quien vuelve a afirmar que, en realidad, no tiene nada, que nunca ha estado mal, que su enfermedad sólo es un guión de Fidel; que cuando va a Cuba los dos se sientan al borde de una alberca, en una soleada casa de El Vedado, y pasan horas carcajeándose, leyendo las diferentes noticias, tomando mojitos y muriéndose de risa.
Otra versión sostiene que la enfermedad es un disfraz. Según esto, el Presidente viajó a La Habana para asesorar a las FARC en las negociaciones de paz con el Gobierno de Colombia. Todo forma parte de una estrategia del comunismo internacional. Están fraguando una revolución bolivariana en Colombia. Quieren repetir el proceso. Y Chávez dirige todo desde las sombras. Por eso se hace el enfermito, dicen. Pero el tipo está como una pepa, dicen. Un cáncer –insisten– también puede ser una cortina de humo.
Una certeza diferente: hay quienes afirman que Chávez fue a La Habana porque: 1) Fidel está muy débil, 2) Fidel está agonizando, 3) Fidel acaba de morir, 4) todas las anteriores. La enfermedad da para todo. Se ha dicho, también, que este viaje forma parte de la campaña electoral. Sólo es un plan publicitario que contempla una nueva resurrección del comandante, justo unos días antes de las elecciones, con un regreso triunfal, enérgico, recorriendo todo el territorio, levantándole la mano a todos los candidatos oficialistas. El Dios de la vida nos indica el camino. Nuevamente hemos derrotado el imperio de la jeringas. Viviremos y venceremos.
Esta semana, el ministro Villegas propuso un comentario gracioso para enfrentar la situación. “Tú los ves molestos –dijo– porque Chávez sale y hace una cadena, y ahora salen reclamando porque Chávez no sale”. Asumir que lo que ocurre sólo angustia a la oposición es una manera de frivolizar la realidad y de escamotear el problema de fondo: el derecho a la verdad. ¿Quién decide qué podemos o qué no podemos saber los venezolanos? Trátese de la salud del Presidente, del presupuesto nacional, de la situación penitenciaria o de la producción de petróleo. ¿Quién decide qué información debemos o no debemos conocer?
Chávez mantiene en secreto su enfermedad porque eso le da poder, un poder sobre los demás. Prefiere el contagio de la incertidumbre a decir oportuna y verazmente lo que le ocurre. Ese también es un síntoma. Un diagnóstico sobre la delicada situación de la verdad en el país. “¿Sabes algo nuevo?”, me pregunta una de las asistentes de Marquina apenas atiendo el teléfono. Le digo que no. Y comienza entonces a darme un reporte sobre las últimas conjeturas que pasean por Internet. Nadie se enferma solo.

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sábado, 1 de diciembre de 2012


MOMENTO DECISIVO
EDITORIAL DE EL NACIONAL
Una de las características resaltantes de la oposición es su ceguera para identificar a tiempo los momentos favorables para su desarrollo como fuerza de poder y de cambio en la Venezuela chavista. Ello se traduce en una persistente incapacidad tanto para avanzar en los tiempos en que las fuerzas del oficialismo lucen debilitadas y divididas, como también para articular una política de consolidación y resistencia cuando el Gobierno y sus organizaciones se muestran desafiantes.
Vivimos unos de esos momentos y, como ha ocurrido en el pasado, vuelven las fuerzas oficialistas a mostrar una fortaleza que no sólo no existe sino que apenas resiste el empuje unitario de una oposición consolidada alrededor de un objetivo: el rescate de la democracia.
Se está perdiendo un tiempo valiosísimo en discusiones que pueden esperar y madurar en el tiempo mientras que el momento histórico exige más acción, más pasos prácticos y concretos, tácticas más eficaces y elaboradas tomando en cuenta los errores del pasado inmediato.
Pareciera que ceder en una batalla ha significado perder la guerra, cerrar a cal y canto un rumbo y no, como es lo lógico y lo sensato, enderezar la carga y continuar el camino elegido porque es el único posible y el que representa los valores fundamentales por los que siempre hemos luchado los venezolanos.
Luce fácil y rápido leer estas afirmaciones, aceptarlas o indignarse ante ellas, pero lo verdaderamente difícil es romper esa muralla que se ha levantado entre nosotros mismos, en el sentido de que somos enemigos hasta de nuestras propias sombras y desconfiamos de todo aquel que no acepte totalmente nuestras interpretación de lo que está pasando.
La propaganda del oficialismo ha creado un clima de incertidumbre que siembra en la oposición un clima de miedo y derrota. Nadie se plantea lo contrario: que el oficialismo atraviesa por los mismos miedos e incertidumbres que no obedecen a una propaganda de la oposición, sino al propio conocimiento que ellos tienen de la debilidad de sus fuerzas electorales atadas a un hilo endeble que el tiempo puede romper: el carisma de un líder y los hasta ahora inagotables recursos del petróleo.
Esos dos pilares están mostrando las grietas del tiempo y un acelerado desgaste. ¿Estamos preparados para nuevos escenarios políticos sin abandonar y consolidar la vía electoral que, quiérase o no, ha sido la gran bombona de oxígeno que el oficialismo no ha podido cerrar y por la cual sobrevivimos en medio de un asalto feroz contra la Constitución?
Las elecciones del 16 de diciembre son esenciales para la oposición, como lo son también la integración de los consejos legislativos regionales que pueden coadyuvar a una reforma constitucional que la oposición rechaza. También las elecciones municipales deben ser peleadas ciudad por ciudad, pueblo a pueblo. Los tiempos de una jornada democrática son largos y exigentes. La premisa es ganar.

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El demonio, el horror, el bien



     Carlos Raúl Hernandez

Schopenhauer dijo que "este mundo no puede ser obra de un ser bondadoso, sino de un demonio, para deleitarse en la contemplación de la tortura de los justos", obviamente inspirado en la secta de los Cátaros del siglo XII. Mick Jagger, toma el modelo del Mefistófeles de Goethe, presenta al demonio como un sofisticado caballero, esgrimista de la ironía, que fomenta el mal con la mayor exquisitez. Posiblemente de allí Bram Stoker diseña Drácula, un aristócrata de las tinieblas, que se parece poco al Príncipe Vlad, su versión verdadera.

La imaginación medieval del hacedor del mal lo presenta con cuernos, cola y una apariencia monstruosa. Lutero cuenta que en su reclusorio de Wartburg debió arrojarle un tintero al maligno que lo asediaba mientras traducía la Biblia del latín al alemán para hacerla accesible a su pueblo. Estas son figuras literarias del mal. Distinta es su estremecedora presencia material. La que atormentaba a la juez Afiuni noche tras noche con la amenaza de rociarla con gasolina para encenderle fuego ¿Cómo dormía Afiuni?

El Maligno que se transfiguró en un grupo de degenerados que entraba a su calabozo, según cuenta Francisco Olivares en la estremecedora obra La presa del comandante. Con rostro de lobo feroz que pinta en la carátula. Agentes de la Gestapo que irrumpían en los hogares de los judíos, violaban las mujeres, destruían todo y se robaban las joyas. Aun peor: el bello rostro de la funcionaria venezolana que la amenaza con demandarla por llorar en público y hacer saber su inmenso dolor, su inenarrable humillación.

El Maligno cotidiano no es elegante. Los torturados en Alemania nazi o Cuba estaban privados del placer de morir destrozados por la tortura. Los revivía Menguele para verlos padecer. Solo es cosa del demonio, el sadismo de mantener policías inocentes ocho años presos, para que sufran al máximo el demencial tormento y se mueran lentamente, a conciencia. Borges decía que cualquier animal es superior al hombre porque no tiene conciencia de su fin. El peor crimen es hacer a un hombre tomar conciencia de la muerte.

Al poeta venezolano Alí Lameda, por hacer un chiste sobre Kim Il Sum, lo enterraron vivo en un calabozo de dos metros de largo por uno y medio de alto, donde estuvo siete años hasta que lo liberó la intermediación de Carlos Andrés Pérez. Se necesita un corazón agusanado para permitir que un humano cualquiera, aunque se tratara de Goebbels, fuera testigo impotente de su destrucción paulatina. Si el hombre es bueno o malo, es un antiguo debate aclarado por la filosofía y el sicoanálisis.

Pero hay unos peores que otros. El demonio cotidiano no tiene buenas maneras. Es el dolor horrendo, la impiedad, la sangre vertida entre carcajadas, el disfrute de despanzurrar humanos. "El infierno son los demás", dijo Sartre. La frase es demasiado elocuente.

Según narradores medievales, el Maligno se paseaba por los campos de batalla y disfrutaba la agonía de los destripados, que clamaban locos de sed entre sus propios intestinos desventrados y las fétidas emanaciones de los cuerpos que ya se descomponían. El Gran Mentiroso traiciona siempre. El sádico Ricardo III, que sedujo a la viuda del hombre que él mismo había asesinado, en medio de la batalla, impotente, clamaba cambiar "mi trono por un caballo". El animal era su única vinculación para recuperar del sentido del poder. Satanás se reía de su aliado en desesperación.

Un cineasta maldito Paul Schrader, tal vez el más grande y más frustrado de los directores de Hollywood, en una película también maldita, la última versión de El Exorcista, casi desconocida porque el estudio la rechazó, nos da una versión de Satanás: el desamparo, la desesperación, la angustia, la enfermedad, la crueldad, el dolor que no se puede calmar, el infierno que se lleva en el alma, la prisión entre los barrotes del propio cerebro. La indefensión frente al verdugo interno y externo

Pero los hombres derrotan al demonio. Lo hizo Job quien sufrió tormentos inmerecidos por ser un hombre bondadoso. También William Wallace quien murió gritando por la libertad de Escocia y por la mujer que amó, en un suplicio incomparable en la historia, cortado en pedazos. María Antonieta cuando se disculpó por pisar el pie del verdugo. Julius Fucik, Walesa, Mandela, desmienten aquella terrible frase de Neruda "ocurre que me canso de ser hombre". El hombre gana porque siendo la criatura más débil de la creación, construyó el mundo. Lucifer pierde porque sus sucesores cada vez son menos. Ganaremos a nombre del ser humano.

@carlosraulher
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¡SOMOS UNA GANDOLA ATASCADA!
                                                                                          
 

Enrique Viloria Vera

La realidad cotidiana, cada vez más castigada por la ineficiencia y negligencia  gubernamental que la acompaña, es suficiente para calificar al in crescendo desgobierno bolivariano -  caracterizado por no hacer, dejar pasar o hacerlo mal -  como una gandola atascada.

En efecto, una gandola atorada por 16 horas en la principal vía rápida de Caracas es la guinda que adorna la inmensa torta gerencial que pone cotidianamente la V República. A esta surrealista situación - verdadera expresión de nuestro Realismo Mágico Bolivariano - se suman otras que, en su conjunto, rivalizan con las andanzas de la familia Buendía en Macondo.

Registra la prensa nacional e internacional inauditas situaciones dignas de algún record mundial. Una grúa de peso y alcance descomunal deambula por el país a los ojos de todos y de nadie; una iguana paraliza una central eléctrica; un cachicamo incendia una refinería; un zamuro derriba dos aviones chinos en el desfile de nuestra gloriosa aviación nacional; un mercenario chiquito y flaquito es contratado para asesinar al LÍDER y  - hambriento - es apresado mientras asaltaba una arepera armado con una pistola de utilería.

Igualmente, se publica un mapa oficial con las capitales de estado equivocadas; se nombran embajadores en países inexistentes o con los que no tenemos relaciones diplomáticas; se insulta a troche y moche al Presidente del Imperio sin que éste se entere o se dé por aludido; se ponen diez veces primeras piedras para edificar cualquier cosa que nunca se construye; se contrata una fábrica de helados que no puede producirlos debido a que no cuenta con electricidad, como tantos otros denostados ciudadanos de esta ineficiente V República.

Pero como lo de la gandola atascada nada. Primero llegaron los representantes de las comunas - asesorados por la inteligencia cubiche -  para echarle hombro y músculo al asunto al son de ¡Así! ¡Así! ¡Así es que se gobierna!, protegidos  de los ojos escuálidos por los Círculos y Colectivos Armados de la Revolución Bonita. Vista la imposibilidad de mover a la bestia, fueron convocados expertos rusos y bielorrusos, quienes sugirieron volar con explosivos el puente y la gandola. Afortunadamente la respuesta del Ministro de turno fue nacionalista y contundente: “Ya la Patria cuenta con suficientes puentes derruidos”.

Finalmente, a las 15 horas de iniciado el atasco fueron traídos, clandestinamente por La Carlota, dos técnicos gringos de una reconocida empresa transnacional de tractores que en media hora resolvieron el asunto.

Fidel y Raúl fueron ampliamente  informados de este importante logro de la Revolución. El LÍDER todavía no lo sabe…para contento de todos sus súbditos, duerme plácido como un bebé, oxigenándose en su moderna y exclusiva cámara hiperbárica.   

¡NO JODA! ¡QUÉ  COSA MA GRANDE SOMOS!

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¿A QUIEN SE LE OCURRIÓ?


    Fausto Masó

Chávez nos obliga a olvidarnos de las elecciones regionales, a dejar de lado los aumentos de precios del maíz, el arroz, los artículos básicos; nos hace presa de los rumores, aunque los voceros oficiales finjan hablar mucho del cáncer de Chávez. En vez de un informe profesional, como ocurre siempre en los casos de los enfermos célebres, el propio Presidente, a cuenta gotas y según su conveniencia, nos dice parte de la verdad; abandonó el país, pero calla lo más decisivo, el lugar exacto del tumor, el pronóstico médico. Alimenta así las más atroces especulaciones, el ABC de Madrid publica que el tumor se reprodujo en varios lugares. Chávez, que conoce la verdad, nos manipula, vuelve el cáncer un arma política. Chávez se comporta como un rey, no como un presidente, mantiene a sus súbditos en la ignorancia mientras finge que los está informando.
Esta vez coincidirá deliberadamente en La Habana con los negociadores de las FARC y volverá cuando le convenga, quizá unos días antes de las elecciones, o quizá para informar de verdad sobre su mal. Antes provocó que la oposición reclamara su ausencia, preguntara dónde se escondía y ahora insista en el carácter mortal de su enfermedad, lo que desbarata el cuadro político ante la posibilidad de una nueva convocatoria electoral en los primeros meses del 2013.
Esa incertidumbre Chávez la maneja desde el primer día de su enfermedad: alentó a los que sin confesarlo desean su muerte; igual que siempre fomenta la polarización, también trata de desestabilizar a una parte de la oposición, aupar a los más radicales, volverlos abstencionistas, o a que se agoten en una palabrería extrema, o en ocultar la alegría que les genera pensar que la Providencia lo derrotará, cuando en realidad hasta ahora le ha permitido aparecer y desaparecer del escenario público en un espectáculo lamentable, propio de un país subdesarrollado.
Vivimos una mala telenovela, escrita desde Miraflores, donde un político juega con la posibilidad de su propia muerte, explota el sentimentalismo del venezolano, la fe de sus seguidores y la rabia de los que se oponen. Somos las víctimas de una trama lacrimosa.
Es un espectáculo lamentable.
Toda esta patraña se inventó cuando a Chávez le informaron de su enfermedad; él discutió con Fidel Castro el tratamiento político de su bendito tumor, la forma de convertirlo de una maldición a un terremoto noticioso, como ha sido hasta ahora. Vimos a un Chávez abrumado el primer día, inmediatamente adivinó que no le convenía convencer a los electores de que moriría pronto, entonces habló de que se curaría con la ayuda del Cristo de La Grita y la solidaridad del pueblo. Enfermo de cáncer ganó las elecciones, ahora viaja a La Habana, interrumpe la campaña de las elecciones regionales. ¿Es esto casual o bien deliberado? Lo segundo, lo que no quita que quizá viva sus “últimos días” o le queden muchos años de vida. Inevitablemente caemos en la trampa. Nunca presentará un verdadero informe médico porque perdería el arma con que maneja a unos amantes de la telenovela.
A quién se le ocurrió esta trama, ¿al propio Chávez o a Fidel? Los países árabes invierten su riqueza petrolera; gracias a Chávez la despilfarramos quizá por última vez, porque esta bonanza no volverá a repetirse igual y sólo ha servido para acabar con las autopistas, las ciudades, las empresas básicas.


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MARÍA LOURDES AFIUNI EN LA OEA

       GUILLERMO A. COCHEZ

  EL UNIVERSAL
El 28 de noviembre se presentó en el Consejo Permanente de la OEA Patricia Pérez, argentina, presidente de la Coalición Mundial de Mujeres con SIDA; se refirió a las mujeres con dicho virus que en algunos países son violadas sexualmente y utilizadas para contagiar al enemigo en tiempos de guerra. Al tomar la palabra y agradecerle su disertación, reflexioné sobre el 25 pasado donde se había celebrado el "Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer" declarado por la ONU en recordación al sacrificio de las hermanas Mirabal, dominicanas asesinadas por combatir al sátrapa Trujillo. 

Recordé también que fue la Comisión Interamericana de Mujeres el primer órgano multilateral creado para asegurar el reconocimiento de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de las mujeres, derechos que hoy promueve extensamente la OEA, tal como lo establece su Carta Constitutiva. Consideré importante hacer un llamado a nuestros gobernantes y expresar que hoy en día la violencia contra la mujer, incluyendo aquellas en posiciones de liderazgo y puestos públicos, sucede y continúa. 

En ese contexto, me ha llamado la atención el trabajo de investigación de Francisco Olivares de El Universal, Premio Nacional de Periodismo en su país, a través de su libro presentado el 23 de noviembre en Caracas, y del cual envíe extractos (Runrunes) y copia de su carátula a todos mis colegas en la OEA. En dicho libro cuenta la increíble y triste historia de la juez María Lourdes Afiuni, historia que debe ser conocida, sobre todo en una organización que como la OEA protege los derechos humanos en el Continente. 

Desde 2010 la relatora de las Naciones Unidas para la Independencia de Jueces y Abogados, presentó el caso Afiuni y dijo que éste "es un ataque abierto contra los principios de las Naciones Unidas". La relatora señaló que "mantener a la juez en condiciones que ponen en peligro su integridad física, tendría un impacto en la independencia de los jueces en Venezuela, quienes pueden tener un destino similar si actúan contra intereses del gobierno." En febrero 2011, la diputada María Corina Machado entregó a la expresidente Michelle Bachelet, jefa de ONU Mujeres, carta firmada por 7.980 venezolanas que pedían la libertad de la jueza Afiuni. 

La Comisión Internacional de Juristas y el Observatorio para la Protección de los Derechos Humanos, entre otras entidades de derechos humanos, ha expresado su repudio por esa inhumana detención. Aunque como abogado podría llegar a conclusiones sobre las arbitrariedades de este caso, como diplomático no estoy llamado a valorar los hechos relacionados al encarcelamiento de la doctora Afiuni. Sin embargo, habiendo manifestaciones expresas de relatorías de la ONU, entidades de la sociedad civil mundiales, es nuestra facultad hacer un llamado a la OEA, defensora de los derechos humanos, para que haga una pausa y conozca los detalles de este caso 

Me motivé a hablar del tema por el contenido del libro de Olivares, "Afiuni: La presa del comandante", en donde la jueza hasta expresa que su integridad fue abiertamente violada durante su estancia en prisión, motivándole una serie de peligrosas intervenciones quirúrgicas, que finalmente demostraron su gravedad para obtener la medida de casa por cárcel, después de estar encarcelada en el infierno donde "vivió" por tantos meses. 

Embajador de Panamá ante la OEA 

gcochez@covad.net

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