miércoles, 3 de julio de 2013

LA DIGNIDAD PARAGUAYA

JULIO PREVE FOLLE


EL PAÍS-MONTEVIDEO

1.7.2013

Las mismas han contado con el acuerdo enfático del presidente actual, Federico Franco, manifestando así un enfoque de continuidad en materia de política exterior, vital para un país pequeño y necesitado de profesionalidad y determinación en el relacionamiento externo. Esta necesidad de sólidos vínculos económicos y políticos no deriva, al menos no solamente, de su condición de país mediterráneo. En efecto, esta necesidad de buenos vínculos es tan relevante para Paraguay como para nosotros o Brasil, países todos necesitados de intercambio de bienes, de servicios, de inversión extranjera. Contrasta esta necesidad con un documento de nuestro gobierno actual que destaca la importancia de no firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos, y sí hacerlo en cambio con Surinam, Ecuador y algún otro país "compañero".

Chicana.

Lo que ocurrió el año pasado con Paraguay fue una mancha enorme en nuestra política exterior, que a muchos uruguayos no solo nos molestó sino que nos avergonzó. El gobierno, con la expulsión de Paraguay y la incorporación de Venezuela, hizo cosas que nunca se habían visto. La primera fue imponernos una decisión de petit comité, de espaldas a la opinión de al menos la mitad de los uruguayos, lo contrario a lo que había ocurrido siempre con las decisiones de este tipo. Así, por ejemplo, en el ingreso del país al Mercosur, el presidente de la época procuró un consenso muy amplio que luego fue decisivo durante el proceso de negociación. Por el contrario, aquella decisión que confirma un importante viraje de nuestra política exterior al ideologizarla por completo, no solo fue tomada en un repentino e indigno conciliábulo, sino que recogió un muy pobre consenso nacional. En efecto, contra ella se manifestaron los partidos tradicionales, de a ratos el vicepresidente, la Cámara de Industrias, las gremiales agropecuarias, entre otras opiniones. La expulsión de Paraguay fue vergonzosa en tanto bajo ningún concepto se podía afirmar que el juicio político al presidente Lugo se había realizado fuera de derecho. Pero los hechos posteriores se encargaron de probar que el pretexto utilizado no era cierto. En primer lugar y porque en horas, los restantes socios aprovecharon para violar el derecho Mercosur y admitir a Venezuela en la unión aduanera sin la aprobación necesaria de un Estado Parte, tal como lo señala textual y lacónicamente el artículo 37 del Protocolo de Ouro Preto: "Las decisiones de los órganos del Mercosur serán tomadas por consenso y con la presencia de todos los Estados Partes". Pero, además, la chicana se ha quedado sin fundamento por todo lo que vino después tal como se preveía, esto es la ratificación de toda la institucionalidad paraguaya, las elecciones ejemplares, la sucesión presidencial en marcha, y una concordancia fuerte en las posiciones externas entre Franco y Cartes. Ahora, ambos coinciden en una afirmación cuya dignidad me genera envidia: Paraguay no vuelve el Mercosur de cualquier forma, y no acepta hacerlo en la presidencia pro tempore legalmente trucha de Venezuela, lograda a partir de una membresía votada sin el consenso exigido.

Cartes.

Lo ha dicho con toda claridad y sin medir costos económicos: con Venezuela no vuelve. La Triple Alianza había dispuesto, como si Paraguay fuera una nación infantil sometida a reprimendas de los mayores, que el 15 de agosto cuando cambiara el gobierno, podía volver al Mercosur. Sus presidentes en cambio -Franco y Cartes-, considerando ilegítima la incorporación de Venezuela -no la votó Paraguay- han manifestado que no, tal como lo dispuso en su momento el senado paraguayo. Más aún, el mandatario electo planteó que se suspenda la asunción de Venezuela a la presidencia pro tempore del mercado regional y se designe a Paraguay en esa función, para corregir el error cometido. La Triple Alianza deberá ahora tomar una determinación que en los hechos supone que, o expulsa a Paraguay del Mercosur, o hace lo propio con Venezuela, cuyo gobierno no solo es de dudoso vínculo con muchas libertades como la de prensa por ejemplo, sino que tuvo en la presidencia a quien en 1992 intentó un golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez. La frase de Cartes debe ser un legítimo orgullo para los paraguayos: "…pero nuestra voluntad política tiene un límite, que es el Estado de Derecho, y si la presidencia la ocupa Venezuela, no sería posible la reincorporación de Paraguay por una cuestión de dignidad" dijo, después de señalar que no tiene problemas con Venezuela como nación. Tiene toda la razón Cartes, no puede volver el 15 de agosto con la Presidencia de Venezuela, como si nada hubiera pasado. Se le ofreció a Paraguay incluso una ignominia, para hacer como si no hubiese pasado nada: "Nos han planteado salidas económicas, como por ejemplo la posibilidad de que Pdvsa (la petrolera estatal venezolana) condone la deuda que mantiene con ella Petropar (la importadora pública paraguaya), pero este es un problema que no puede tener una solución económica, porque requiere de una salida política, y eso pasa por que se le otorgue al Paraguay la presidencia pro tempore ahora, porque es a quien le corresponde, de acuerdo con la alternancia". Esto dijo Cartes en otra intervención digna de elogio.

Asociado.

Con sensatez, el presidente electo no deja de señalar lo obvio que es la importancia del Mercosur en su relacionamiento externo. En este sentido, recuerda que un millón de paraguayos viven en Argentina, y que Brasil es vital en la colocación de su producción. Ello no obstante, Paraguay ya es observador en la Alianza del Pacífico integrada por México, Colombia, Perú y Chile, pero postulando la necesidad de que sea el bloque el que negocie con esa Alianza o con la Unión Europea. En definitiva, el país hermano pone la mira donde debe estar, es decir en la sociedad con los serios, los económicamente confiables, intentando un estatuto posible con sus socios y vecinos. La ocasión se le presenta para permanecer como una especie de estado asociado, quizás sin la presión del arancel externo común que cumplía poco. Esto seguramente no le impida continuar su senda de espectacular crecimiento a partir de una importante bienvenida a empresarios de todos lados, entre los que hay que contar a agricultores argentinos y brasileños, y ganaderos uruguayos que ya poseen allí tierras en una extensión que casi alcanza a Tacuarembó y Rivera juntos. Si Paraguay crece este año como se prevé un 13%, volverá a lograr dos dígitos en este guarismo, al igual que en 5 de los últimos 8 años. En definitiva, el estatuto que le asignaron a Paraguay, o el que logre con una renovada proximidad pero también a cierta distancia, por ejemplo como estado asociado, marca de alguna manera el rumbo de política exterior que Uruguay debe retomar, para lograr relaciones con los países más serios, lejos de los que hoy constituyen una pesadilla de populismo, falta de libertad, menoscabo del derecho, y pobreza.

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PARA HABLAR BIEN DE LA OPOSICIÓN


FRANCISCO SUNIAGA

El Nacional

Como ocurre cada vez que se presentan en algún lugar del planeta, las manifestaciones masivas en Brasil y Turquía han elevado el volumen de las voces que en Venezuela reclaman un comportamiento similar de la oposición. Se alarman esos voceros por lo que entienden es pasividad criolla ante circunstancias que consideran peores que las reinantes en las sociedades donde en esta ocasión han florecido las protestas. Los comentarios al respecto suelen rematarse con alusiones infamantes a la falta de testículos de los varones de este país (que, según se colige de las quejas, sí tienen los turcos y brasileños).
Hay que ser comprensivos con la desesperación de muchos ciudadanos ante el terrible panorama que tenemos enfrente. Pero irrita la persistencia en el error de minimizar el esfuerzo realizado por la oposición y su liderazgo en su enfrentamiento con el chavismo.
Para comenzar, no es verdad que la sociedad democrática venezolana haya sido pasiva ante el autoritarismo chavista. Por el contrario, tiene catorce años resistiendo, sola, con una notoria falta de solidaridad internacional. A lo largo de esa resistencia ha realizado manifestaciones públicas mayores y alcanzado objetivos de superior complejidad política que los de cualquier otra oposición democrática. Basta pensar un poco en lo que ha significado materializar la unidad a través del proceso de primarias, un hito alcanzado después de esfuerzos ciclópeos que nos pone mucho más allá del tumulto político.
Quienes hoy se autoflagelan al mirar por televisión las manifestaciones de brasileños y turcos, y piden mayor contundencia, ¡ya!, al liderazgo, se olvidan de repasar dónde estaba antes la oposición, dónde está ahora y dónde puede estar en el futuro (de continuar ejecutando el plan democrático: votar y organizarse). Interrogantes que hay que formularse para poder juzgar con justicia el caso.
No se puede olvidar que enfrente hay un adversario extraordinariamente fuerte y particularmente perverso: un régimen que cuenta con copiosos recursos, puestos todos al servicio del objetivo de mantenerse en el poder a como dé lugar, en especial los destinados a comprar apoyo internacional. Que aquí se lucha contra un constructo autoritario, inmoral y sofisticado que ha hecho suyos los métodos y las formas del sistema político más oprobioso en la historia moderna de América –el de la Cuba de los hermanos Castro– para aplastar a sus opositores.
Para enfrentar a ese monstruo se cuenta, no por casualidad, con un liderazgo joven y curtido en la lucha política, que ha brotado de una competencia libérrima y democrática, como fueron las primarias. Demócratas que han estado sometidos a la campaña nacional e internacional de descrédito más brutal en la historia venezolana. A quienes se ha perseguido y hostigado sin piedad y consideración alguna. Y allí están, resistiendo, encabezados por Henrique Capriles, que ha sido valiente en el plano humano y certero en las decisiones políticas más difíciles. Un líder que dirige con el ejemplo y que ha conducido a la oposición a vivir su mejor momento.
Como es observable a diario, este Gobierno, corrompido por sus propios vicios y contradicciones, está contra las cuerdas precisamente por la sostenida acción opositora. Aunque abusó groseramente del poder y recurrió a la trampa electoral para alterar los resultados de las últimas elecciones, el chavismo sabe que esa posibilidad tampoco le alcanzará en el futuro inmediato (si los demócratas hacen su tarea y van a votar, amparados en el creciente perfeccionamiento de los mecanismos para cuidar los votos).
Claro que el liderazgo opositor puede y debe ser objeto de las críticas de los ciudadanos. Pero esas críticas no pueden llegar al punto de la agresión ni pueden estar alimentadas por el reconcomio (algunos “críticos” no terminan de aceptar que ni ellos ni sus tesis fueron apoyadas por el pueblo opositor). Ni mucho menos ser producto de la impaciencia. Críticas como esas sólo son ruido que molesta en la tarea de, con serenidad e inteligencia, hacer lo que hay que hacer, democrática y pacíficamente, para salir de este régimen: empujarlo duro, sin usar la violencia ni darles a los sátrapas la justificación para usarla contra los venezolanos (nadie quiere una Siria).
Por último, para terminar de hablar bien de la oposición, menos cierto es lo de afirmar que, a diferencia de Brasil y Turquía, en Venezuela ha faltado testosterona para lidiar con esta adversidad. Al contrario (Teodoro Petkoff dixit) aquí lo que ha sobrado, desde los tiempos de Guaicaipuro, son testículos, lo que ha faltado es cerebro y, por encima de todo, paciencia, mucha paciencia.

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EL (DES) GOBIERNO DE MORSI



Ignacio Álvarez-Ossorio

Egipto se encuentra al borde del abismo. Un año después de la toma de posesión de Mohamed Morsi como presidente, el país está inmerso en una aguda crisis política, social y económica. Las esperanzas que muchos sectores de la sociedad egipcia habían depositado en los Hermanos Musulmanes han quedado defraudadas ante su manifiesta incapacidad para estabilizar la situación. Tras imponerse en las elecciones presidenciales, Morsi prometió que sería el presidente de todos los egipcios y que no trataría de imponer una agenda islamista, exactamente lo contrario de lo que hizo después. En lugar de negociar un pacto con el resto de fuerzas políticas para superar la compleja situación que atenazaba al país, la Hermandad movilizó a todos sus peones para controlar las principales estructuras estatales en un proceso que los egipcios denominan ijwanización (del árabe ijwan, hermanos). Como único compañero de viaje en esta arriesgada travesía han elegido al movimiento salafista, que aspira a restablecer el califato islámico y es generosamente financiado por Arabia Saudí.
Tras la disolución del Parlamento, el presidente Morsi ha maniobrado para concentrar buena parte del poder ejecutivo, legislativo y, también, judicial. Estos movimientos explican el creciente malestar de los sectores seculares, que consideran que se ha reforzado el presidencialismo y que el Partido de la Libertad y la Justicia, marca política de la Hermandad, disfruta de una situación cuasi monopolística muy parecida a la que, en época de Mubarak, detentó el oficialista Partido Nacional Democrático.
Si bien es cierto que los Hermanos Musulmanes y las fuerzas seculares colaboraron activamente para derribar a Mubarak, desde la llegada al poder de los islamistas el abismo que les separa se ha ido ensanchando hasta hacerse prácticamente infranqueable. El decreto presidencial del 22 de noviembre marcó un punto de no retorno al conceder plena inmunidad a Morsi, quien además se arrogó el derecho de adoptar aquellas medidas que considerase convenientes para “proteger al país y los objetivos de la revolución”. El referéndum constitucional, celebrado a mediados de diciembre, agravó la situación, ya que la nueva carta magna fracasaba a la hora de garantizar las libertades fundamentales. Una muestra del amplio rechazo que generó fue la escasa participación: apenas un 33% del censo electoral (20 puntos por debajo del porcentaje registrado en las elecciones legislativas y presidenciales).
Para tratar de hacer frente al desafío islamista, la oposición secular ha establecido un Frente de Salvación Nacional en el que toman parte tanto los partidos tradicionales (Wafd, Karama y Tagammu) como los de nuevo cuño (Partido de la Constitución, Partido Social Democrático Egipcio o Partido de los Egipcios Libres), así como diversos movimientos juveniles y sindicatos. Sus principales demandas son la retirada del decreto presidencial, la derogación de la Constitución y el establecimiento de una nueva Asamblea Constituyente.En estos meses, las posiciones de islamistas y seculares se han polarizado todavía más. El último eslabón de esta cadena de desencuentros lo representa una ambiciosa campaña de desobediencia civil iniciada en abril para reunir tantas firmas como votos obtuvo Morsi en las elecciones. El objetivo final sería desalojar del poder al presidente al considerar que “ha cosechado un rotundo fracaso en sus objetivos, puesto que no ha traído la seguridad ni la justicia social y se ha mostrado incapaz de gobernar una gran nación como Egipto”.
Si bien es cierto que la oposición parece haber extraído algunas lecciones de los errores cometidos desde la caída de Mubarak (entre ellos la falta de liderazgo, la fragmentación política y la incapacidad de articular un discurso que conecte con el electorado), no está del todo claro que dicho frente sea capaz de permanecer unido hasta las próximas elecciones, que se celebrarán en otoño, ya que el único elemento que le cohesiona es su rechazo frontal a Morsi. Las diversas formaciones que toman parte en esta heterogénea coalición mantienen fuertes discrepancias en torno a la hoja de ruta para sacar a Egipto de la profunda crisis en la que se encuentra inmerso.
Junto a la polarización sociopolítica, el principal problema que atenaza a Egipto es su delicada situación económica. No debe pasarse por alto que gran parte de las reivindicaciones de la revolución del 25 de enero de 2011 tenían un trasfondo económico: mayor justicia social, mejor redistribución de la riqueza y creación de puestos de trabajo para la juventud, que representa más de la mitad de la población.El Gobierno islamista también ha intensificado la presión sobre sus críticos. En los últimos meses se han multiplicado las campañas contra las organizaciones de la sociedad civil y las nuevas centrales sindicales surgidas tras la revolución. Asimismo se ha experimentado un rebrote del sectarismo, como muestran los diversos linchamientos y persecuciones entre la minoría chií (integrada por, al menos, 200.000 personas) y la población copta (unos nueve millones), muchos de ellos alentados desde las filas salafistas.
El Proyecto Renacimiento, planteado a bombo y platillo durante la campaña electoral de Morsi, pretendía captar 200.000 millones de dólares en inversiones y alcanzar, en un plazo de cinco años, un crecimiento del 7% anual. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, ya que la economía apenas creció el pasado año un 1,8% (frente al 5% del periodo 2006-2010). Entre 2009 y 2012, el déficit fiscal se duplicó, pasando del 5,6% al 11%. Hoy en día, la deuda pública representa ya el 85% del PIB y las divisas están prácticamente agotadas (desde la caída de Mubarak se han gastado dos terceras partes de las reservas). La importación de productos de primera necesidad, como el trigo y el gasóleo, se ha disparado y cada vez es más costosa debido a la depreciación de la moneda local (más de un 15% en los últimos seis meses). La inflación no deja de escalar y ya supera el 11%, mientras casi la mitad de la población vive bajo el umbral de la pobreza (un 25% con menos de un dólar al día y otro 24% con dos). Además, son cada vez más frecuentes los cortes de agua y electricidad.
Ante esta dramática situación, el Gobierno egipcio negocia con el FMI un préstamo de 4.800 millones de dólares, pero no parece dispuesto a asumir el elevado coste electoral que tendría la retirada de las subvenciones a productos básicos como el pan, la electricidad o el gasóleo (que suman una quinta parte del presupuesto). La aplicación de este plan de ajuste podría desencadenar una segunda ola revolucionaria, un escenario explosivo si tenemos en cuenta que los Hermanos Musulmanes deberán someterse nuevamente al veredicto de las urnas en otoño.

Ignacio Álvarez-Ossorio es profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante y editor de Sociedad civil y contestación en Oriente Medio y Norte de África (Fundación CIDOB, 2013).La mayoría de los analistas coinciden en que la hegemonía política de los islamistas está seriamente amenazada. Es más que probable que la formación sufra un fuerte castigo en las próximas elecciones, aunque no está claro quién será el principal beneficiado. Si bien es cierto que parte de dicho voto podría ir a parar a los salafistas, hay quienes consideran que estos también podrían retroceder posiciones por sus divisiones internas. Esta circunstancia podría beneficiar a los partidos islamistas de nuevo cuño, como Egipto Fuerte de Abul Futuh, quien logró casi cuatro millones de votos en las elecciones presidenciales. También el secular Frente de Salvación Nacional, en el que participan Mohamed el Baradei y Amr Musa, podría avanzar posiciones de conseguir mantener su cohesión y movilizar a quienes se abstuvieron en las pasadas elecciones. De lo que no cabe ninguna duda es que la sociedad está cada día más polarizada y que las crecientes tensiones entre islamistas y seculares podrían provocar un choque de trenes que haga saltar en pedazos la frágil transición egipcia. Ante esta posibilidad, los militares se mantienen a la expectativa esperando que se den las condiciones para recuperar el poder que detentaron con mano de hierro durante casi medio siglo.

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martes, 2 de julio de 2013

ENTRE LA TRASCENDENCIA Y LA REVOLUCIÓN




Leandro Area

Afirmar que existe la eternidad o que todo se transforma es una fórmula insuficiente, banal, para iluminar el mundo de lo temporal en el que estamos inmersos en cada segundo que transcurre. Evasiones más bien. Tanto en los ámbitos de la acción humana como en los procesos de la naturaleza, aunque biología e historia tal vez ni se conozcan, la realidad es elusiva, inmediata, fugaz y única.

 Los mitos, los símbolos y las deidades han sido las únicas elaboraciones del pensamiento con pretensión de infinito, y por encima de los bamboleos de lo cotidiano quieren  establecerse, con fijeza y seguridad, ante el imperio inasible de lo vulgar, ¿mediocre, glorioso?, más allá de la misericordia que los ha creado, extrañándola. Ni siquiera la Teoría del Caos logra deshacerse de su efímera trascendencia. Un mundo regido por el desorden, sinónimo envenenado del término revolución, no logra atemorizar ni a los profetas más festivos del desastre. Lacónico y tal vez triste, pero más efectivo, es quien vende las mercaderías de la seguridad, del éxito, la longevidad, la vida plena, a cambio de largas cuotas de sumisión, letra menuda y precios cómodos.¿Qué más podemos hacer los que podemos?

                                                 

Pero el Big-Bang  mejor es que no se repita, y si no que lo digan las criaturas del pre-cámbrico, que ya son seres domesticados por el miedo al terror que sentimos  frente a la gran explosión; núcleo que desbarata y aniquila las posibilidades de futuro. Ese principio y ese fin, el de lo permanente, ese neutro perpetuo, propio de teorías políticas y religiosas, a veces enhebradas entre sí, se fue deshilachando a lo largo del tiempo como las catedrales góticas o las pirámides, no solo las de Egipto, con ciertas búsquedas, encuentros y desencuentros del conocimiento: la rueda por ejemplo, la tierra redonda, “pienso luego existo”, Darwin, Marx, pero sobre él Lenin con el flamígero aporte de la revolución y del partido proletario, la teoría de la relatividad, y otros detalles.

Ya desde entonces no fue así repetido que el hombre constituía, era, un títere de fuerzas exteriores sino que él era capaz, solo de soledad, pero a través de su voluntad y en lucha con sus fantasmas, entre ellos el de la razón, si no miremos a cierto Goya, crear el mundo. Sin dejar de ser homo sapiens devino en homo faber. Y no fue poco sino crucial este descubrimiento. La aparición de la libertad, esa pesadilla inconclusa, surgió maravillosamente de entre estas murallas de hueso y carne que somos. Llegar a la luna ha sido una simpleza al lado de aquél hecho: ¡Podemos hacer, decidir, escoger, equivocarnos, empezar de nuevo, pecar y redimirnos aunque al final muramos!

A todas estas, quedó algo en el tintero insatisfecho de lo obvio: el análisis del transcurrir; tema al que se le ha prestado poca atención a no ser por iniciados, o sensibles, o locos. Pienso, en principio, que el interés teórico por entender lo cotidiano, lo repetido, proviene, paradójicamente, del marxismo y de quienes desde la cárcel de allá adentro descubrieron, ¡qué osadía!, que además de la historia, con hache de herradura, con sus leyes, su implacable precisión y sus intrincados y asexuados logaritmos, se encontraba la vida que Freud sintetizó en los sueños.

Quisieron también hacer marchar a la humanidad toda, de manera desigual y combinada, pero a toda, a punta de leyes en la historia: del sistema esclavista al feudalismo  luego al capitalismo y, posteriormente, así se anunciaba con bombos y platillos, al socialismo, para, en definitiva, reposar, anclar, ¿fin de la historia?, en el puerto plácido del  comunismo en el que seríamos felices, es decir inhumanos. Algunos rebeldes se dieron cuenta de que existía la vida de todos los días, la cual también podía ser entendida desde su implacable precisión, que la tiene, pero nunca a contrapelo con lo que ocurría en el inevitable camino de la historia. La una, la minúscula, era reflejo de la otra, la glotona mayor.

Pero en el fondo el marxismo real, mucho en el más allá y poco del más acá, no ha estado interesado por esas trivialidades.¿Qué interés  puede tener el abominable y estorboso ser humano y sus detalles contaminados de “pequeño –minúsculo- burgués” para la construcción del “hombre nuevo” que, por otra parte, de tanto redimirlo, caducó?. Siempre ha preferido el encanto por lo violento disfrazado de glorioso, (la violencia como partera de la historia, el asalto, la ruptura, la guerra de guerrillas, infiltrar al enemigo, el ataque por sorpresa -no necesariamente por la espalda-, el golpe, la revolución en suma), que no es más que el síntoma externo de una alergia o desprecio por lo que ocurre y nos  rodea, un desgano y desencanto por el mundo tal y como es de miserable y de misericordioso, en donde “lo normal” no es el salto, sino, casi siempre, la transformación lenta, percibida de forma acelerada a veces, pero a fin de cuentas incrementalmente en ocurrencia de los seres que atraviesan largos y dificilísimos períodos de transición y adiestramiento para lograr la adaptación a los cambios externos y también internos, que no son más que una forma sublimada de conocimiento; descubrir, entender y cambiar hacia adentro.

Lo cierto es que entre estos dos polos de esa tensión, la trascendencia y la revolución, se han ido no sólo 2011 años (d. c.), sino muchos más de preocupación filosófica y política entre la avaricia por la inmortalidad y el desencanto por lo cotidiano De ello nos ha quedado una profunda decepción y frustración existencial. Hemos dejado de lado y al garete y por inexcusables razones, al menos dentro de las ciencias sociales en general pero en la ciencia política más todavía, el tratamiento del tema de la transformación, del tránsito, y de lo que más me interesa subrayar aquí, la transición como problema, centro y meollo de la política, cuyo objetivo ya no debe ser ni el Príncipe, ni el Estado, ni el Derecho, ni el Poder en frío y con mayúscula, sino el poder de todos y de cada uno en el sentido de fuerza constructiva a favor de los demás que son todos .

Tres detallitos. En el Diccionario de la Ciencia Política de Bobbio, N. y Matteucci, N, (Siglo XXV, ed. 1982), que consta de 1.751 páginas y en el que intervienen un número significativo de autores italianos, valga decirlo, no existe ni una entrada específica al tema de la transición política democrática. Vengo y me digo que ese diccionario es del año 1976 en su edición original en italiano, que ya tiene 35 años, y entonces voy y busco en Internet y encuentro que en Wikipedia, por ejemplo, me dicen que no hay información sobre este tópico. Cito: “Wikipedia no tiene una página con el nombre exacto de transición política”. Y sigue diciendo: “transición a la democracia puede significar varias etapas en la historia de países que terminan un régimen militar y empiezan un régimen democrático”. Entre las que existen se enumeran allí: la transición chilena, la española, la portuguesa; la transición al capitalismo, la demográfica y finalmente algo que se denomina “comunidad de transición”, que es según allí se dice, “un proyecto para afrontar el doble desafío del cambio climático y del pico de producción del petróleo”. Seguidamente busco en los artículos de fondo y no hay suficientes, la verdad sea dicha, en la proporción que pienso debería haberlos.

En las escuelas de ciencia política, pero también en las de sociología, economía, historia, derecho, filosofía, estudios internacionales y otras afines, deberían crearse áreas de estudio, especialistas y especializaciones, sobre este aspecto vital de la vida política y social no sólo en democracia, puesto que la transición no sólo refleja, y en exclusividad, el frágil puente que se atraviesa entre un régimen militar, autoritario y dictatorial, en todos sus bemoles, y la democracia, en todos sus sostenidos, puesto que puede haber también una transición a la inversa, en retroceso; de un régimen democrático a uno menos democrático o de una dictadura hacia el tribalismo o el fundamentalismo islámico, que es una de las opciones presentes en la realidad actual del mundo árabe.

Y no hay que olvidar jamás que la vida, y también la política lo es, requiere mucho más que de sangre o lágrimas sino además de sudor, persistencia y desvelo hasta para aquellos que no la practican o desprecian.

Leandro Area







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El premio de la FAO



CARLOS MACHADO ALLISON |  

EL UNIVERSAL
martes 2 de julio de 2013 
Poco tardó la FAO en aclarar el asunto del premio. El mismo no toma en cuenta el origen de los alimentos, sino la disponibilidad de calorías y el modo en que se distribuyen, señala el organismo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Si ese es el único criterio, entonces Venezuela lo ha cumplido ya que ha aumentado la disponibilidad de calorías gracias a enormes importaciones y subsidios.

Pero el premio resulta paradójico porque en la definición de seguridad alimentaria (FAO, 1995) se encuentra la regularidad del suministro y aquí éste es tan epiléptico que hasta el BCV reconoce que el índice de escasez anda por el 20%. En segundo lugar, porque en esa misma definición se hace referencia al acceso, es decir a la capacidad de compra y no a subsidios volátiles. Además la FAO proclama la necesidad de aumentar la producción local y fortalecer los derechos de propiedad, cosa que no ocurre en Venezuela. Tampoco contempla las calorías que consumen los venezolanos en la búsqueda de alimentos, la demanda de agua generada por las colas, el costo del transporte y las horas laborables perdidas mientras se busca algún producto. Ni, aunque admite que le preocupa, la tasa de inflación en alimentos que de mantener el ritmo actual, se aproximará al 100% en éste año.

El premio no considera la sostenibilidad, criterio valorado por FAO, es decir el mantenimiento constante e intergeneracional de la producción con bajo impacto ambiental y adecuadas tecnologías. Ignora la calidad de la alimentación ya que el incremento reciente es principalmente en carbohidratos, grasa y azúcares y, hasta fines del año pasado, también aves y huevos. El aporte de las frutas ha disminuido, así como el de raíces y tubérculos frescos y el de las hortalizas ha tenido poco cambio. También ignora el gasto innecesario en divisas y la corrupción.

Se obvia la calidad final de los productos y los servicios conexos. Estamos mejor que en el África subsahariana, pero muy mal cuando nos comparamos con otros países de la región. Visitar un supermercado, uno a cielo abierto, un Mercal o un mercado municipal es un tormento: pocos empleados pueden orientar al cliente, sólo saben donde están los productos del pasillo asignado, los gerentes están escondidos en sus oficinas, productos maltratados, cajas o latas abolla- das, vegetales marchitos o descompuestos, papas con tierra, pimentones salpicados, naranjas de aspecto lamentable, cambures aporreados y tubérculos con hongos y bacterias, quesos de oscuro origen. Los guacales descargados como si fueran piedras y no alimentos. Los cambios positivos de la década de 1990, que marcaron un gran adelanto en las técnicas de los supermercados, se está perdiendo: "No encontramos mano de obra adecuada". "La rotación es muy elevada" son argumentos válidos, pero no suficientes. Las fallas del sistema de suministro, hacen que las pérdidas finales, en punto de venta y hogar sean muy elevadas. La FAO debería modificar las bases del premio y así lograr un impacto positivo en las cadenas agroalimentarias.

cemacallison@gmail.com

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lunes, 1 de julio de 2013

BIENVENIDA LA PERMUTA Y LA DERECHA



                  LUIS OLIVEROS

EL UNIVERSAL
lunes 1 de julio de 2013  
Venezuela sufre una crisis cambiaria. Lo increíble es que se produce luego de dos años consecutivos con un precio del barril de petróleo a más de $100 y en medio de otro con una cotización similar. No podemos echarle la culpa al Imperio, ni al mercado petrolero, ni al capitalismo como en 2008 o a las casas de Bolsa como en el 2010. El desastre tiene pinta de monje y de quien lo colocó y mantuvo en su puesto. Esta crisis cambiaria forma parte del nefasto legado que nos dejó "El Gigante".

En mayo del 2010 se tomó una decisión sin precedentes en Venezuela, que afectó no solo el mercado de capitales (de por sí ya era bastante limitado, pequeño y sin profundidad) sino también al mercado de divisas, empresas y familias: se culpó a las casas de Bolsa del alza del tipo de cambio paralelo y de robarse las reservas internacionales del país (digno de Ripley's). Casi el 90% de ellas fueron destinadas a desaparecer, generando desempleo y llevando a varios de sus directivos y trabajadores a la cárcel. El odio y el profundo desconocimiento de la economía venezolana de un hombre generaron la cacería de brujas.
Hoy increíblemente se habla que para julio pudiera volver algún mecanismo parecido al de la permuta, aquel que tuvimos hasta el 2010. El desastre cambiario que tenemos, causado por una fuerte restricción de divisas que comenzó en el último trimestre del año 2012 (pasamos de liquidaciones de $120 y $40 millones diarios entre Cadivi y Sitme a $90 y $15 millones respectivamente) y que se agravó luego de la devaluación y del cierre del Sitme (y con la aparición fugaz de algo llamado Sicad) estarían propiciando su regreso. La disminución de poder del nefasto monje dentro del gabinete estaría trayendo de regreso no solo las operaciones de permuta, sino un considerable viraje hacia la Derecha en el manejo de la economía. Cada vez son más las voces dentro del Gobierno que exponen la inmensa crisis en la que estamos y la necesidad de flexibilizar controles, comenzando por el de cambios.
El actual gobierno entendió que antes de oír al fulano monje o hacerle caso a las viudas de la izquierda mediocre que escriben en Aporrea, hay que reunirse con los empresarios y eso es lo que está haciendo (fue lo primero). El viraje está ocurriendo, aunque disfrazado para evitar problemas ideológicos o discusiones con seguidores radicales del antiguo líder. Es un viraje para sobrevivir, de seguir el modelo anterior el Gobierno podría convertirse en insostenible, y eso lo entendió el madurismo.
Los problemas económicos de nuestro país son profundos, pero solucionables con las medidas adecuadas. Ese viraje a la derecha es necesario pero no suficiente. Falta mucho por recorrer. La economía hará pagar la inacción de estos meses. El madurismo impone su pragmatismo y abraza a la derecha, mientras el chavismo cada día más tiende a desaparecer.




@luisoliveros13

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SOBRE PODER, ECONOMÍA Y CORRUPCIÓN


                                                


Con ocasión de la visita que realiza Nicolás Maduro a Rusia, el tema que nos ocupa en estas líneas no podría ser más pertinente.
En varias ocasiones, he escrito sobre la existencia, a mi juicio, de una suerte de “internacional” que he denominado “Corruptos sin fronteras”, cuyos miembros, gobernantes y sus testaferros, se apoyan y protegen mutuamente.
He querido llamar la atención sobre este fenómeno político-económico-delictivo que trasciende los límites territoriales de los países, pero que guarda una cierta organicidad, por los múltiples lazos que unen a los distintos actores mundiales que allí operan.
Los linderos entre la política y el delito se han ido desdibujando cada vez más, teniendo que cargar la primera con un desprestigio muchas veces injusto.  
El venezolano Moisés Naím escribió hace algunos años un valioso y bien documentado libro, “Ilícito”, en el que, entre otros asuntos, subraya precisamente los vínculos crecientes entre el mundo criminal y la política.
Como país de ingentes recursos petroleros, Venezuela no ha escapado a la acción de grupos que actúan como mafias alrededor del poder y de los negocios que se derivan de éste.  
En el ámbito internacional, el ruso Vladimir Putin y su grupo “El Lago” son el ejemplo más visible de este tipo de mafias en los tiempos que corren. 
La trayectoria meteórica de esta camarilla hacia la toma del poder político total y el apoderamiento de  miles de millones de dólares ha sido una sola operación simultánea. Nunca habría tenido tanta razón Lord Acton, como en esta saga de corrupción completa y redonda.
Gobiernan a su antojo y son inmensamente ricos. Manejan las empresas más importantes del Estado y del sector privado. Casi el 25 % del PIB ruso está en sus manos.
Sólo un puñado de hombres de Volodia Putin controlan todos los puestos claves politicos y de la economía (Sechin, Shuvalov, Zubkov, Gref, Timchenko, Abramovich, Yakunin, Kovalchuk, Fursenko, Medvedev, Miller, Arkadi y Boris Rottemberg, Tokarev, Chemezov): gas, petróleo, medios de comunicación, construcción, industria de armas y el sistema financiero. Así, además del gobierno, dominan Gazprom (gas), el Banco de Rusia, Gazprom Bank,  Rosneft (petróleo), Rusal (aluminio), Gunvor (comercializadora de petróleo), Novatek (gas), Transneft (oleoductos), Rosteknologi (tecnología, defensa), Canal NTV, radio Eco Moscú, el periódico Izvestia y el equipo de futbol Chelsea, por sólo mencionar las más importantes empresas.
Todos estos hombres forman parte del grupo El Lago, que así se llama por el lago Komsomolsky, a cuyas orillas han construido grandes mansiones y se suelen reunir.  Todos, amigos de “Volodia”; de la infancia unos, pero en su mayoría, excompañeros de la tenebrosa KGB.
De modo pues, que la de este gobierno, es hoy la máxima expresión de corrupción política, modus operandi que se reproduce en algunos países, como Argentina o Venezuela, cada uno con sus matices propios, pero con iguales resultados letales.
En nuestra atribulada Venezuela, una muy similar relación perversa de poder y economía la hemos venido observando en los últimos años. No queremos decir que antes el fenómeno no se haya dado entre nosotros.
Sin embargo, lo que en nuestro caso sí resultan nuevos son las formas, dimensiones y los vínculos externos que está exhibiendo el fenómeno en Venezuela, sobre todo, con un poder autoritario de vocación totalitaria como el que padecemos. 
Personajes oscuros e inescrupulosos, cuyas credenciales más importantes son las de haber pertenecido al sector militar o estar relacionado con éste, ligados con grupos radicales violentos y terroristas, el narcotráfico, el contrabando, lavado de dinero  y otros delitos, están al frente o tienen sus fichas en muchas oficinas públicas, con capacidad para obtener negocios ilegalmente, mediante el tráfico de influencias y el peculado. 
Y esto lo saben quienes desde dentro del chavismo decente empiezan a ver que la podredumbre se extiende y amenaza con barrerlos a todos ellos, justos por pecadores.
En torno a PDVSA, las finanzas públicas, el negocio de los seguros colectivos, las compras de alimentos, la construcción de grandes obras, la aduanas, las empresas del Estado y el narcotráfico, se ha construido una armazón de relaciones a cuya cabeza está un estado mayor de forajidos cívico-militares, carentes de todo escrúpulo a la hora de hacerse con los dineros públicos y cometer todo tipo de tropelías.
Los “Volodias” mafiosos criollos son conocidos por todos. Son amigos del Volodia ruso y se identifican en el modus operandi. Están muchos al frente de Ministerios, empresas públicas y en el parlamento, aparecen en la “Lista Clinton”, y sus fortunas súbitas, vidas dispendiosas y extravagancias de nuevo ricos, son notorias.   
Es posible combatir y reducir esta grave calamidad que nos afecta a todos, especialmente, a los más pobres. En nuestro país, es un problema adicional al político de fondo. El poder y su brazo económico están hoy al servicio de una camarilla política corrompida, como en la Rusia que visita el inefable Maduro.  
La ardua lucha que nos corresponde no es solamente contra una corrupción extendida como nunca, es también contra el autoritarismo militar de vocación totalitaria, que persigue erradicar todo vestigio de democracia y de libertad.

EMILIO NOUEL V.
@ENouelV

emilio.nouel@gmail.com 

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