jueves, 4 de septiembre de 2014

LA POLITICA ECONÓMICA DE MARINA SILVA

Sergio Arancibia

Si las elecciones presidenciales brasileñas fueran hoy día, la nueva presidente de dicho país sería Marina Silva. Pero como las elecciones son dentro de un mes, cualquier cosa puede pasar. Sin embargo, cualquiera que sea el resultado definitivo, es interesante analizar  algunas de las ideas y proposiciones que han estado presentes en esa confrontación electoral y democrática, pues, de una u otra manera, son parte de las ideas y proposiciones que recorren al sistema  político latinoamericano.
La candidata Marina Silva - convertida en el fenómeno electoral de última hora, y representante en alta medida del espíritu rebelde y contestatario que no encontraba hasta ahora su lugar en la política brasileña- ha planteado que, de ser electa presidente,  mantendrá en Brasil el tipo de cambio flotante. En otras palabras mantendrá una política cambiaria en la cual la oferta y demanda de dólares define día a día el precio de dicha divisa  en el mercado local.  Eso es así en la mayoría de los países latinoamericanos, incluso en Argentina, donde un dólar a un precio fijo y oficial coexiste con un dólar a un precio más libre y elevado.  Este tipo de estructura cambiaria es compatible con lo que se denomina en la jerga monetaria “un tipo de cambio sucio”, en el cual el precio final de la divisa no depende tanto de lo que hagan o dejen de hacer miles o millones de anónimos demandantes  o ofertantes, sino que depende en alta medida de que lo haga o deje de hacer el Banco Central respectivo. Siendo este organismo el principal tenedor de divisas en el seno del país, las compras o ventas que éste realice  en el mercado cambiario se convierten en un elemento determinante de lo que allí sucede. Tampoco hay que confundir la flexibilidad en el precio de la divisa, con la liberalidad en cuanto a su acceso. En Venezuela se tuvo durante casi dos  décadas un precio fijo de la divisas en 4.3 bolívares por dólar - lo cual significa que era un precio controlado, que no dependía de los vaivenes de la oferta y la demanda - pero había libertad de acceso al mercado correspondiente: cualquiera podía, a ese precio,  comprar o vender dólares sin mayores complicaciones ni permisos. Con ese precio controlado para una mercancía abundante y de libre acceso, Venezuela conoció un periodo largo de crecimiento económico.  Con un precio flotante o flexible, y con libre acceso, Marina Silva pretende sacar a Brasil de la situación crítica en que se encuentra su economía. Es dable suponer que esa política se traduciría en una cierta devaluación controlada del real, con el consiguiente estímulo a las exportaciones.
Otra piedra angular de sus proposiciones económicas es darle al Banco Central el grado de autonomía que necesita como para que este organismo desempeñe un rol central en la lucha contra la inflación.  Se habla de llevar adelante una política monetaria basada en lo que se denomina “una inflación esperada” en la cual el ejecutivo, junto con el Banco Central definen la tasa de inflación meta con la cual se funcionará durante un período de tiempo determinado, por lo general un año, depositando en el Banco Central la autoridad no solo para monitorear diariamente el grado de avance en lo que respecta a esa meta, sino para que tome todas las medidas de política monetaria – tasa de interés, montos de incremento de la liquidez o de la base monetaria, operaciones de mercado abierto, etc.- para efectos de que la tasa de incremento de los precios se mantenga dentro de los niveles presupuestados. En otras palabras, se le da al país, en la campaña presidencial, un mensaje claro en el sentido de que la lucha contra la inflación hay que tomarla en serio. Se trata de un enemigo económico suficientemente poderoso que no se puede dejar que levante cabeza, pues amenazaría todas las posibilidades de crecimiento de la economía brasileña.
El tercer pilar de la plataforma económica de la candidata Marina Silva es la responsabilidad fiscal. No se consigue nada con darle autoridad al Banco Central para que persiga una determinada tasa de inflación, si el Gobierno no se atiene a gastar una cantidad muy cercana a lo que ha recaudado. Gastar alegremente, sin tener en cuenta los ingresos con que se cuenta, rinde buenos dividendos electorales en el corto plazo, pero no es una herramienta que se pueda utilizar en forma sostenida por ningún gobierno responsable. 
En síntesis, pareciera que la campaña presidencial brasileña no se ha convertido, ni antes ni después de la emergencia de Marina Silva, en un torneo de populismo y de demagogia. Cochina envidia es lo que nos da.
sergio-arancibia.blogspot.com 


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¿QUIEN ES REALMENTE MARINA SILVA?


    EMILIO NOUEL V.

Las próximas elecciones presidenciales en Brasil han dado mucho de qué hablar en estos días. Hasta hace poco casi todos daban por seguro el triunfo de doña Dilma, a pesar de las fuertes manifestaciones que hubo el año pasado y las más recientes contra los gastos que trajo consigo el Mundial de futbol.
Ciertamente, un malestar se había venido incubando en la sociedad brasileña que al final afloró. La economía no ha estado marchando bien. Se espera que el PIB caiga este año 0,52%. El deterioro del nivel de vida de ciertas capas medias y bajas de la población generó un rechazo a las políticas gubernamentales, y el apoyo que tuvo el gobierno se empezó a derrumbar.
No obstante, nadie aun ponía en duda que la presidente reconduciría su mandato hacia un nuevo período. Pero la vida, como diría Ruben Blades, te da sorpresas, y los cisnes negros existen.
Un hecho lamentable e inesperado llevó a asumir la candidatura presidencial del Partido Socialista de Brasil (PSB) a Marina Silva, ex ministra de Lula Da Silva, antigua militante comunista y del PT, una mujer que en lo personal ha vivido momentos complicados: víctima de malaria, hepatitis, lesmaniasis y contaminación por mercurio. Dicen que estuvo casi a punto de meterse a monja en su juventud, que ha manifestado haber tenido una revelación divina y hoy es evangélica pentecostal. La acusan de fundamentalista, que cree en la versión de la Biblia sobre el origen del hombre, y que es mesiánica.
Otros han señalado que después de ser candidata, hay una “nueva Marina”, que de bagre ha pasado a ser tiburón, por sus posiciones respecto de las políticas económicas ortodoxas que ha comenzado a defender: estabilidad cambiaria, equilibrio fiscal, independencia del banco central. De intransigente ambientalista, opuesta a los transgénicos y contraria al matrimonio gay, hoy esos temas brillan por su ausencia en su discurso electoral. Un analista dice que es un caso curioso “de autodeconstrucción”.
Llegó a obtener el 19 % de los votos en las elecciones pasadas, lo cual no es poco.
Nadie sabe lo que realmente piensa, dicen que es una traidora a sus principios y una egocentrista, que puede llevar a un país incierto; a un retroceso; por su estilo, no es transparente, es fundamentalista religiosa, pero que a la vez se habría copiado el programa económico de Fernando Henrique Cardoso, un “Cardoso con faldas”, reaccionaria, y que pretende entregarle a los bancos la facultad de fijar los intereses que cobren. Algunos dicen que expresa una “flexibilidad transideológica” particular que abona a la indefinición que evidencia. Otros la comparan con Obama y su carrera fulgurante que lo llevó a  la presidencia, sobre todo, por el cambio que representó éste en su momento.
Si desde dentro del mismo Brasil se expresan tan variados enfoques sobre el personaje, con más razón desde el exterior. 
El dato duro es que el fenómeno electoral que representa da al traste con la polarización tradicional entre el PT y el PSDB, una novedad sin duda.
Según encuestas recientes, Silva es apoyada por el 53% de evangélicos, el 42% de los católicos. Cifra relevante en un país tan religioso como Brasil.
Como observador, no me luce claro el desenlace en esta contienda electoral. Habrá que ver cómo se mueve en las próximas semanas el electorado de un partido como el PSDB, cuyo candidato tiene un apoyo, según sondeos, del 15%.  No están descartados acuerdos para la segunda vuelta, que por los vientos que soplan será entre Dilma y Marina.
Para nuestro país, Venezuela, el resultado final no deja de ser relevante, por las repercusiones en la región que pueda tener un cambio en el gobierno brasileño.
EMLIO NOUEL V.
@ENouelV

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Es la guerra santa, idiotas!


    Arturo Perez-Reverte

Pinchos morunos y cerveza. A la sombra de la antigua muralla de Melilla, mi interlocutor -treinta años de cómplice amistad- se recuesta en la silla y sonríe, amargo. «No se dan cuenta, esos idiotas -dice-. Es una guerra, y estamos metidos en ella. Es la tercera guerra mundial, y no se dan cuenta». Mi amigo sabe de qué habla, pues desde hace mucho es soldado en esa guerra. Soldado anónimo, sin uniforme. De los que a menudo tuvieron que dormir con una pistola debajo de la almohada. «Es una guerra -insiste metiendo el bigote en la espuma de la cerveza-. Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo».

Mientras escucho, pienso en el enemigo. Y no necesito forzar la imaginación, pues durante parte de mi vida habité ese territorio. Costumbres, métodos, manera de ejercer la violencia. Todo me es familiar. Todo se repite, como se repite la Historia desde los tiempos de los turcos, Constantinopla y las Cruzadas. Incluso desde las Termópilas. Como se repitió en aquel Irán, donde los incautos de allí y los imbéciles de aquí aplaudían la caída del Sha y la llegada del libertador Jomeini y sus ayatollás. Como se repitió en el babeo indiscriminado ante las diversas primaveras árabes, que al final -sorpresa para los idiotas profesionales- resultaron ser preludios de muy negros inviernos. Inviernos que son de esperar, por otra parte, cuando las palabras libertad y democracia, conceptos occidentales que nuestra ignorancia nos hace creer exportables en frío, por las buenas, fiadas a la bondad del corazón humano, acaban siendo administradas por curas, imanes, sacerdotes o como queramos llamarlos, fanáticos con turbante o sin él, que tarde o temprano hacen verdad de nuevo, entre sus también fanáticos feligreses, lo que escribió el barón Holbach en el siglo XVIII: «Cuando los hombres creen no temer más que a su dios, no se detienen en general ante nada».

Porque es la Yihad, idiotas. Es la guerra santa. Lo sabe mi amigo en Melilla, lo sé yo en mi pequeña parcela de experiencia personal, lo sabe el que haya estado allí. Lo sabe quien haya leído Historia, o sea capaz de encarar los periódicos y la tele con lucidez. Lo sabe quien busque en Internet los miles de vídeos y fotografías de ejecuciones, de cabezas cortadas, de críos mostrando sonrientes a los degollados por sus padres, de mujeres y niños violados por infieles al Islam, de adúlteras lapidadas -cómo callan en eso las ultrafeministas, tan sensibles para otras chorradas-, de criminales cortando cuellos en vivo mientras gritan «Alá Ajbar» y docenas de espectadores lo graban con sus putos teléfonos móviles. Lo sabe quien lea las pancartas que un niño musulmán -no en Iraq, sino en Australia- exhibe con el texto: «Degollad a quien insulte al Profeta». Lo sabe quien vea la pancarta exhibida por un joven estudiante musulmán -no en Damasco, sino en Londres- donde advierte: «Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia».

A Occidente, a Europa, le costó siglos de sufrimiento alcanzar la libertad de la que hoy goza. Poder ser adúltera sin que te lapiden, o blasfemar sin que te quemen o que te cuelguen de una grúa. Ponerte falda corta sin que te llamen puta. Gozamos las ventajas de esa lucha, ganada tras muchos combates contra nuestros propios fanatismos, en la que demasiada gente buena perdió la vida: combates que Occidente libró cuando era joven y aún tenía fe. Pero ahora los jóvenes son otros: el niño de la pancarta, el cortador de cabezas, el fanático dispuesto a llevarse por delante a treinta infieles e ir al Paraíso. En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros. Europa, donde nació la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam radical es joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los cojones, ellos y ellas, muy puestos en su sitio. Dar mala imagen en Youtube les importa un rábano: al contrario, es otra arma en su guerra. Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal, que a menudo lo desea, pero que nunca puede lograrlo del todo, atrapado en sus propias contradicciones socioteológicas. Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho más que una inmensa gilipollez. Es un suicidio. Vean Internet, insisto, y díganme qué diablos vamos a negociar. Y con quién. Es una guerra, y no hay otra que afrontarla. Asumirla sin complejos. Porque el frente de combate no está sólo allí, al otro lado del televisor, sino también aquí. En el corazón mismo de Roma. Porque -creo que lo escribí hace tiempo, aunque igual no fui yo- es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros.

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miércoles, 3 de septiembre de 2014

MESA DE LA UNIDAD DEMOCRÁTICA: Maduro perdió la oportunidad de hacer los cambios que el país exige

El gobierno ratificó el curso de un modelo económico y social fracasado

Los anuncios del día de ayer, 2 de septiembre de 2014, constituyen un reacomodo burocrático en la estructura del gobierno sin que ello implique la resolución de la profunda crisis económica y social que padecen los venezolanos.
La rotación de ministros sin un cambio en las orientaciones fundamentales del modelo económico y social vigente con toda seguridad va a acentuar los signos de la crisis, traducida ésta en caída de la actividad económica, elevada inflación, devaluación del bolívar, escasez de bienes, clima de inseguridad personal y deterioro de los servicios públicos.
Maduro desperdició una clara oportunidad de presentar ante el país un conjunto de acciones encaminadas a darle respuestas a problemas acuciantes de los venezolanos. Se dedicó más bien a presentar un país que solo existe en su imaginación, a realizar cambios cosméticos y a seguir engrosando el ya frondoso  e ineficiente aparato estatal con la creación de seis (6) nuevas vicepresidencias. Ministros desgastados en la acción de un gobierno incompetente fueron trasladados a otros cargos, totalmente ajenos a los que anteriormente desempeñaron, en una señal clara de la improvisación en esas designaciones. Un elemento que sobresale en los nombramientos es el sectarismo con el cual el partido de gobierno maneja la conformación del tren ministerial, dando cabida en el mismo exclusivamente a militantes del PSUV y a militares.
La escasez en lugar de reducirse, se extiende como un cancer que abarca todos los bienes necesarios para la vida como son los alimentos, las medicinas, material hospitalario, repuestos, insumos de construcción, vehículos,  aceite de motor, equipos, electrodomésticos y un largo etcétera.    
Aunque los venezolanos esperaban que Nicolás Maduro, delineara medidas en materia económica coherentes para disminuir la inflación, restaurar la sanidad de las finanzas, mejorar el abastecimiento de alimentos, medicinas e insumos y recuperar el poder adquisitivo de los salarios, optó el gobierno por ratificar el curso de un modelo económico y social fracasado que ha sumido al país en una crisis desconocida para los venezolanos. Ese modelo estatista e ineficiente es el principal responsable de las penurias que hoy padecen los venezolanos. Debido a la ausencia de acciones concretas de política económica, el país corre el riesgo cierto de que la inflación se desborde y que el bolívar continúe su curso devaluacionista que ha experimentado en los últimos meses.
Con más burocracia, con más amenazas y con más controles represivos no se va a resolver la insuficiencia de la producción, la inflación desbordada, la escasez y la crisis económica que nos golpea cada día más!   Venezuela necesita un cambio de modelo que la enrumbe por el camino del Progreso, de la creación de nuevas oportunidades de empleo para los millones de jóvenes que se incorporan a la vida productiva.  
La Mesa de la Unidad Democrática ha sido clara y precisa con los venezolanos. Nuestra propuesta se orienta a la creación de una economía sana y solidaria al servicio del pueblo. Para que ello se materialice, se requieren acciones para bajar la inflación, aumentar la producción nacional, elevar la competitividad, crear empleos de calidad y mejorar la cantidad y calidad de los servicios públicos. Nada de esto lo puede hacer este gobierno, ya desgastado y sin capacidad de instrumentar los cambios que el país exige. 

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El Estado Islámico ordena la ablación de todas las mujeres y niñas en el norte de Irak

Francisco Carrión
El Mundo, España
El Estado Islámico ha ordenado que todas las niñas y mujeres entre 11 y 46 años de Mosul, la segunda ciudad de Irak, sean sometidas a la mutilación genital femenina, una práctica atroz poco común en el país árabe, ha denunciado este jueves la ONU. En la fetua (edicto islámico), el líder del Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés) y autoproclamado califa Abu Bakr al Bagdadi exige que se lleve a cabo la ablación para "alejar a las mujeres del libertinaje y la inmoralidad". El Fondo de Población de la ONU calcula que la medida podría afectar a unas 4 millones de mujeres y menores de edad.
"Es algo muy nuevo en Irak, especialmente en este área y es motivo de gran preocupación", ha alertado Jacqueline Badcock, coordinadora humanitaria de la ONU en Irak por videoconferencia desde Erbil, la capital de la región autónoma del Kurdistán. "No es la voluntad del pueblo iraquí ni de las mujeres iraquíes en estas zonas vulnerables controladas por los terroristas", ha recalcado.
Hasta la fecha, la ablación de clítoris era casi inexistente en Irak, reducida a algunas zonas de Erbil y Suleimaniya, en el Kurdistán. Un portavoz de la policía de Mosul, Ahmed Obaydi, ha declarado al diario kurdo Basnews que el objetivo del IS -que ha diluido la frontera entre Irak y Siria y cuenta con un largo historial de torturas, ejecuciones sumarias, secuestros y amputaciones- es "evitar la inmoralidad y promover actitudes islámicas". "La decisión fue tomada como un regalo de Al Bagdadi a la gente de Mosul", ha declarado el agente.

Una práctica común en África

Más de 125 millones de mujeres han sufrido la circuncisión femenina en todo el planeta. La práctica, común en una veintena de países africanos, es ajena al mundo musulmán. De hecho, solo está arraigada en Sudán y Egipto. En la tierra de los faraones, 27,2 millones de mujeres -el 91 por ciento de las egipcias en edad fértil- han sido víctimas de esta terrible costumbre. Ilegalizada desde 2008, el pasado mayo se inició el primer juicio contra un médico y un padre por la muerte de una niña tras la operación. Es una práctica extendida entre musulmanes y cristianos egipcios.
La extirpación parcial o total de los órganos genitales es una violación de los derechos humanos. Su práctica, a menudo en pésimas condiciones higiénicas, puede provocar hemorragias prolongadas, infecciones, infertilidad e incluso la muerte. En Egipto, por ejemplo, sus partidarios insisten que se trata de una practica religiosa que reduce la libido de las mujeres, preserva su virginidad hasta el matrimonio y elimina cualquier tentación de adulterio.
Asimismo, la ONU ha señalado este jueves que en Mosul solo quedan veinte familias cristianas después de que el IS amenazara la semana pasada con la muerte a todos aquellos fieles que no se convirtieran al islam, pagaran un impuesto o abandonaran la urbe. Desde entonces, la mayoría de los vecinos cristianos ha huido de la ciudad y sus propiedades han sido confiscadas. Las familias que han optado por permanecer en Mosul han abrazado el islam o han pagado el impuesto, ha detallado la ONU.
El IS tomó el pasado 9 de junio Mosul, la segunda ciudad de Irak. Desde entonces, sus conquistas han diluido la frontera con Siria. A finales del mes pasado, su líder Abu Bakr al Bagdadi proclamó la restauración del califato. Sus dominios se extienden ya desde la provincia siria de Alepo (norte) hasta la iraquí de Diyala (este).

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¿Qué fue lo que pasó?


Maria Isabel Puerta
Maria Isabel Puerta

¿Habrá balance de La Salida?
Pasados unos meses, el esperado balance sobre las iniciativas desplegadas para promover el cambio político sigue ausente de la discusión. Es posible que se deba a que la misma inercia en el escenario político, de la que no escapan ninguno de sus actores, la paralice. Sin embargo, es necesaria una reflexión sobre las circunstancias que definen el momento que vive el país. Lo que comenzó como un reclamo por el asedio de la delincuencia en las universidades, terminó en una espiral de protestas que avivaron a los sectores más radicales de la oposición en una movilización de grupos que basan su estrategia en el bloqueo de determinadas zonas residenciales, para provocar una reacción social que a su vez logre una respuesta institucional de sectores dentro del Gobierno, y que ese escenario conduzca a una “salida“ a la actual situación.
Sin embargo, la protesta ni fue masiva, ni cumplió con el propósito que la originó. Pero sus consecuencias se han dejado sentir de una forma profunda e innegable. En medio de las protestas, surgió la posibilidad de darle cauce a los reclamos del sector opositor a través de un proceso de conversaciones con el Gobierno, denominado “diálogo” que rápidamente se extinguió porque no hubo la disposición del Ejecutivo de atender las exigencias de la oposición en la definición de la agenda del encuentro.
A partir de ese momento, el desencuentro que se percibía como una posibilidad se hizo real en términos de diferencias que lucen, a pesar de los esfuerzos presentes, como insalvables. Se trata de diferencias de objetivos y estrategias que chocan entre sí al tratar de definirse la táctica política frente al Gobierno. Unas diferencias que se vienen arrastrando posiblemente desde las mismas primarias de la oposición y que los sucesivos eventos electorales neutralizaron, pero que la ausencia de un proceso electoral este año, volvió a encender.
¿Qué es la oposición?
La oposición reúne a veintinueve (29) partidos políticos que se oponen al modelo chavista, cuyo desarrollo ha sido condicionado por los diferentes eventos que han marcado la vida de la nación durante los últimos 15 años, desde su antecesora, la Coordinadora Democrática (CD), hasta la actual Mesa de la Unidad (MUD) . Su composición original ha variando a medida que sectores descontentos del propio oficialismo se han ido separando y progresivamente incorporando a esta coalición: Avanzada Progresista y Movimiento al Socialismo fueron actores políticos del chavismo, ahora contrarios al Gobierno.
Como toda coalición, en ella se expresan distintas voces que representan desde la socialdemocracia, pasando por el socialcristianismo y el centro hasta las más diversas corrientes de izquierda. Y como es de esperar, las diferencias ideológicas llegan a ser muy profundas porque su propósito de alianza obedece no a las afinidades doctrinarias, sino a la necesidad de crear condiciones suficientes para desplazar del poder al chavismo. Eso dejó un margen inevitable para contradicciones que se mantuvieron represadas, no muy discretamente, hasta principios de este año y que sin eventos electorales que los comprometieran, fueron expuestas.
¿Queda Oposición?
Luego del fracaso de la salida y del intento de diálogo, la mira se centró en la MUD, las voces más críticas de la oposición insistieron en la responsabilidad de su secretario ejecutivo en la crisis de la coalición y su renuncia terminó profundizando una debilidad que ya se mostraba a principios de año: muchas agendas internas con poca incidencia en la agenda nacional. Esa desconexión no hizo más que agudizarse en medio de jornadas incesantes de reclamos entre unos y otros simpatizantes de la salida y la MUD (sobre todo en las redes sociales). Mientras, en los sectores C, D y E del país un 70% desconoce qué fue la salida, un 48,5% valora positivamente el desempeño de la MUD, de acuerdo a las últimas encuestas (Delphos y Datanálisis) que circulan a nivel nacional.
Esas cifras no pueden dejar de verse con preocupación porque reflejan la poca afinidad que hay entre quienes representan al sector del país que no aprueba (o comulga) con el Gobierno y que por esa misma razón no logra empatía alguna con los que ha ido tomando distancia, bien sea por frustración o desencanto, pero mantienen cautela frente a quienes se supone encarnan una alternativa política. Las desavenencias de la Oposición son la razón fundamental de la desconfianza de aquellos que se han desprendido del chavismo y de quienes tradicionalmente se consideran no alineados.
El más reciente intento de recomposición de la Unidad, que ha anunciado una reestructuración organizacional, hasta ahora no ha sugerido una definición de propósitos concretos que pareciera ser lo que el país está esperando. Todavía es pronto para emitir un juicio pero la inercia del país y de su conducción política no exime a la Oposición, que necesita encontrar un argumento que la relacione con el resto del país. Esa es una tarea impostergable, porque cualquiera que aspire dirigir los destinos de la nación, necesariamente debe contar con la mayoría de sus ciudadanos, la mitad es insuficiente.
¿Y el Gobierno?
El Gobierno supo sacarle provecho a la división opositora, en un momento cuando la crisis económica comenzaba a tomar forma, eso le permitió responsabilizar a la ola de protestas en las principales ciudades del país, de una supuesta ofensiva destinada a la desestabilización política, en el marco de una “guerra económica“. La crisis por desabastecimiento y escasez se mantuvo en un conveniente segundo plano, porque la jornada diaria se consumía en el relato de los enfrentamientos entre los cuerpos represivos y los jóvenes estudiantes en protesta, a quienes el Gobierno sin pudor alguno culpaba de las dificultades para conseguir los productos de la cesta básica que escaseaban en los anaqueles.
Una puesta en escena que sin duda ha contribuido enormemente a desviar la atención del perfil ineficiente del Gobierno. Una vez que el diálogo (que nunca comenzó efectivamente) entró en crisis y las protestas fueron disminuyendo de intensidad, el país fue entrando en consciencia con la realidad: no hay suficientes divisas para satisfacer a todos los sectores, el Gobierno no asume su responsabilidad en ello y en este momento no existe una ruta clara de medidas de emergencia para corregir la crisis en las finanzas públicas.
¿Qué nos espera?
El Gobierno sigue retrasando medidas esperadas como la devaluación, y otras de tipo fiscal, que contribuirían a generar unas condiciones mínimas para iniciar un programa de ajustes, pero seguramente creían que con el auxilio que representaba la extensión del convenio chino, sería suficiente.
Nos espera una profundización de la crisis, con o sin medidas, por lo que se hace necesario lograr un compromiso de los factores que adversan al Gobierno, de unir esfuerzos para enfrentar la situación de crisis terminal que con toda seguridad se nos avecina. Para eso es imprescindible comprender que aquí no está en juego una hipotética candidatura presidencial sino la posibilidad cierta de tener cómo enfrentar una debacle nacional. Eso no lo resuelve un candidato sino un liderazgo colectivo que se encuentre en sintonía con los reclamos cotidianos de quienes que no tienen interés alguno en épicas desfasadas que no le hablan al venezolano promedio.

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martes, 2 de septiembre de 2014

ZAPATAZOS


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