domingo, 1 de marzo de 2015

TRANSICIÓN Y FANTASÍAS

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CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ
Para que sirvieron las firmas de convocantes a "la constituyente" el año pasado? ¿Cuántas firmas hacen falta para que comience "la transición"? En cambio la derrota en las parlamentarias o una posible emergencia de extrema izquierda remacharían las cadenas de López y el alcalde Ledezma, por no pensar peor. Es triste que quienes desean ser líderes no entiendan algo tan simple. A muchos los mordió el mismo bicho que a los opositores de Juan Vicente Gómez cuyos desacuerdos, invasiones, alzamientos fallidos y divisiones, facilitaron crear un régimen de miedo que duró 27 años hasta su muerte. Pero siempre existe la posibilidad de que algún pajarito hable hoy a varios aspirantes a líderes y les haga comprender la dramática necesidad de bajar a tierra y enfrentar unidos y sin más inventos el reto electoral inmediato. Mientras la gente se dispersa en ocurrencias geniales como la salida, la constituyente y ahora la transición, más se aleja la posibilidad de materializar la única tarea real que procede.
El único freno visible a una perspectiva totalitaria es el triunfo electoral de las fuerzas del cambio. No hay otra llave. De no ser así viene un abismo insondable, que no se sabe dónde cae. Desde antes de 1928 -fecha de un gran acontecimiento opositor- existieron grupos que concebían la política en términos modernos y que intentaron fundar sindicatos y partidos, pero también iluminados dispuestos a romperlo todo si no giraba alrededor de sus ocurrencias mesiánicas y equivocadas. En otra banda estaban los grupos tradicionales de caudillos y ex caudillos que convertían sus peonadas en pequeños ejércitos y querían resolver las cosas con más barbarie. Algunos creían que el sol de la libertad vendría en desembarcos y otras operaciones espectaculares y heroicas pero siempre trágicas.

El caudillismo ruge
Había los que se contentaban con hacer "clubes políticos" para reunirse a discutir y elucubrar en los medios ilustrados, especie de twitter de los años. Divididos y enfrentados, odiaban más a sus compañeros con desacuerdos que a la dictadura. Esos fraccionamientos, recelos, envidias y odios ayudaron a Gómez a reinar hasta su muerte. Por fortuna Rómulo Betancourt, el más importante pensador democrático, estratega y líder latinoamericano del siglo XX se propuso aplacar la insensatez con partidos políticos estructurados, ideológicos, claras normativas de funcionamiento y dedicados a organizarse y promover movimientos sociales democráticos. Pero el caudillismo rugía en plena transición (transición de verdad) por los graves errores de AD, Copei, URD y la falta de experiencia política del maestro Rómulo Gallegos.
Nació y murió la dictadura en 1958 y la experiencia de entre 1945-1948 hizo que Betancourt se dedicara a meter en cintura dos factores esenciales en la caída de lo que él llamó "el experimento democrático", Caldera y Villalba, y por eso nace el Pacto de Punto Fijo de octubre de 1958. Ese fue un acuerdo para conducir la transición e impedir que los militares que habían derrocado a Pérez Jiménez regresaran al poder, o que lo hiciera la izquierda radical. Betancourt promovió una alianza amplia que incorporó a casi toda la sociedad, partidos, empresarios, sindicatos, clero, y a su vera se hicieron varios pactos, como el Programa mínimo común de gobierno, el Pacto obrero patronal y la Constitución de 1961, entre otros. Ese acuerdo para la transición de verdad, -aunque nunca se llamara así-, tenía sentido porque ya la dictadura había caído y se vivía efectivamente una transición.

Acuerdo de los que piensan igual
Y revestía un rasgo esencial: no era una operación entre minorías que pensaban lo mismo -no fue el caso del niño que solo sabía leer en su libro- y se extendía a los partidos que habían desestabilizado a Gallegos. Betancourt pudo sobreponerse al odio, el resentimiento y el rencor por los sucesos recientes, para asegurar el porvenir. El liderazgo político creó una ola de optimismo y fe en el futuro que presidió la época, el espíritu del 23 de enero, basado en la Unidad, la idea de que vendría algo esplendoroso. Lo que se aprecia hoy, al contrario, es una arremetida a fondo del poder para segar los espacios democráticos que se mantienen a duras penas, el encarcelamiento y la amenaza contra dirigentes democráticos, violencia contra jóvenes estudiantes, el avance del poder total, y luce surrealista hablar de acuerdo para una transición imaginaria.
La urgencia es llamar a votar en las primarias opositoras y en las elecciones, darle esperanzas a la ciudadanía e incluir la mayor cantidad posible de sectores. El acuerdo pertinente debe dirigir su mensaje hacia los grupos sociales reticentes a la alternativa democrática, que con frecuencia tienen buenas razones. Debe terminarse con los juegos florales, y las exigencias del momento claman por reacciones serias y maduras. Se vive un salto vacío en la oscuridad pero hay una enorme posibilidad de ganar las parlamentarias. Las diferencias surgidas sobre la transición ilusa reverdecen la ponzoña de que hay opositores buenos y malos, honestos y deshonestos, colaboracionistas y radicales y promueven la división y el abstencionismo ¿Transición? ¿Cómo, cuándo, dónde? Son fantasías y el documento que debía presentar la alternativa en su totalidad debería ser para llamar a la gente a votar. Hay una gran posibilidad de conquistar el Poder Legislativo para comenzar a superar una crisis que amenaza con el caos.

@CarlosRaulHer
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EL PAPA PIDIÓ REZAR POR VENEZUELA Y ANIMÓ A ABRIR UN DIÁLOGO SINCERO Y CONSTRUCTIVO


Papa Francisco | Foto EFE

El papa Francisco exhortó hoy a rechazar la violencia en Venezuela al recordar que "está viviendo nuevamente momentos de aguda tensión" y animó a reabrir un diálogo "sincero y constructivo".
"Deseo recordar Venezuela, que está viviendo momentos de aguda tensión. Rezo por las víctimas y en particular por el chico asesinado hace pocos días en San Cristóbal", dijo Francisco tras el rezo dominical del Ángelus.
El papa Francisco, que ya ha instado en el pasado en varias ocasiones a la reconciliación en este país, leyó este llamamiento tras recordar también las persecuciones a los cristianos en Siria e Irak.
En su llamamiento, exhortó "al rechazo de la violencia y al respeto de la dignidad de cada persona a la sacralidad de la vida humana".
Asimismo, animó a "retomar un camino común para el bien del país reabriendo espacios de encuentro y de diálogo sinceros y constructivos".
Francisco concluyó su mensaje "confiando a este querido país a la intercesión materna de Nuestra Señora de Coromoto (la patrona de Venezuela)".
La crisis venezolana se ha agudizado los últimos días tras la denuncia del presidente Nicolás Maduro de haber desarticulado una trama golpista de parte de la oposición y un grupo de militares de la fuerza aérea bolivariana, varios de los cuales están detenidos.
El joven al que se refirió hoy el papa era Kluivert Roa, de 14 años, que murió el pasado 24 de febrero tras recibir un disparo en la cabeza durante una manifestación en San Cristóbal, en una jornada en la que la capital del estado de Táchira vivió una serie protestas en varios puntos.
Una parte de la oposición había pedido el pasado 25 de febrero la "intervención" del papa Francisco y la opositora María Corina Machado acudió a la sede de la nunciatura apostólica en Caracas para entregar una carta dirigida al pontífice argentino.
El papa Francisco ya ha instado en el pasado en varias ocasiones a la reconciliación en este país.



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ESPINAS EN EL CORAZÓN

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TULIO HERNANDEZ


El asesinato de Kluivert Roa gravitará por mucho tiempo sobre la memoria colectiva venezolana. Se convertirá en algo así como un emblema. Porque se trata de un acontecimiento que expresa y resume la naturaleza del gobierno de Nicolás Maduro. Un gobierno que será recordado por años, y tal vez décadas, como uno de los más torpes, intolerantes, ineptos, negados al diálogo y ensangrentados sin necesidad, que hayamos tenido en la era democrática y posdemocrática venezolana.
El asesinato de Kluivert Roa es uno de esos acontecimientos que cambian historias. Por trágico. Por triste. Y, sobre todo, por simbólico. La escena, para decirlo en términos cinematográficos, resume la tragedia de un país signado por el odio. Los venezolanos matándose entre sí. Un muchacho asesinando a un niño. Un policía de 23 años, presumiblemente poseído por la ira, en medio de una protesta política de calle, persigue a un estudiante de apenas 14 años, le dispara a mansalva y lo mata. Frente a testigos.
El hecho podría ser una nota más en las páginas rojas. Al final, hay que aceptarlo, en la Venezuela del socialismo del siglo XXI que un policía, un guardia nacional o un miembro de los colectivos paramilitares oficialistas asesine en la calle a alguien en una manifestación de protesta política ya es un asunto cotidiano.
Pero el hecho de que la víctima sea un adolescente, que –no importa cuántas justificaciones se invente el gobierno– no haya duda alguna de que fue asesinado por un policía, y que todo ocurrió en la ciudad de San Cristóbal, el mismo lugar donde hace un año se inició la revuelta popular que dejó la cruenta cifra de 45 muertos y aproximadamente 2.000 jóvenes detenidos, cerca de 40 de ellos con pruebas evidentes de torturas, lo convierte en un símbolo.
En San Cristóbal la tristeza se percibe en el aire. Como gas lacrimógeno. Hace llorar incluso a los más rudos. Y la tristeza política empozada en el alma deviene en ira impotente. En bomba de tiempo. José Gregorio Vielma Mora ha hecho todo lo posible para convertirse en el gobernador más odiado desde los días de Eustoquio Gómez. Aquel sobrino del dictador Juan Vicente, presidente del Táchira, que hizo colgar vivos en una plaza, con los mismos garfios con los que se cuelga a los cerdos en los mercados, a tres opositores. Para que murieran a la vista de todos. Los zamuros les comieron los ojos cuando aún agonizaban. Nadie podía acercarse a socorrerlos.
Vielma Mora, no hay que olvidarlo, generó las chispas que prendieron la mecha que incendió a Venezuela por varios meses cuando, hace un año, decidió enviar a prisión en el estado Falcón a tres estudiantes detenidos en manifestaciones de protestas en la capital tachirense. La respuesta en la calle fue tan contundente que tuvo que regresarlos a casa y liberarlos. San Cristóbal se convirtió por meses en un campo de batalla, hasta que el gobierno decidió intervenirla militarmente con tropas armadas de guerra y vuelos rasantes de F16.
El futuro pinta oscuro. El asesinato de Kluivert Roa es una espina en el corazón. Un mal presagio. Un castigo innecesario. Un aviso de hacia dónde vamos si no logramos cambiar el rumbo. Una nueva advertencia de cuánto sufrimiento genera el desprecio ideológico y el odio de clases. La señal de que siempre se puede estar peor.
Maduro y su gobierno no solo malversan los recursos provenientes del petróleo. Han comenzado a dilapidar sin tregua las escasas reservas de prestigio que aún tenía en ciertas izquierdas extranjeras. Los máximos dirigentes de dos de los más importantes partidos opositores están presos sin razón. El alcalde de San Cristóbal también. Igual más de cien estudiantes opositores. Kluivert está muerto. Como Bassil, como Redman, como Génesis, como Geraldine. Otros de los estudiantes caídos. Desde Bill Clinton hasta una diputada de Podemos, la franquicia chavista en España, los ha cuestionado por represores. En las redes sociales circuló el miércoles una fotografía de una manifestación en Sao Paulo. La pancarta decía: “¡Maduro assassino!”.

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DICTADURA

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ELIAS PINO ITURRIETA



(Hoy repito fielmente un artículo escrito hace seis meses).

El régimen había tratado de ocultar su identidad, pero las circunstancias le han permitido revelarla. Se afanó, desde los tiempos de Chávez, en ofrecer una fachada de democracia, pero el primer tumbo de importancia lo ha conducido a mostrarse como lo que de veras es y como quería ser desde el principio: una administración autoritaria, arbitraria e inescrupulosa como otras semejantes que han convertido a Venezuela en prisión asquerosa y maloliente. No es una sorpresa para quienes alertamos desde un ominoso 4 de febrero sobre la orientación de una militarada, pero los intermitentes coqueteos del chavismo con lo que los venezolanos consideramos como convivencia democrática le habían permitido una simulación que ahora se desploma. No fuera sino solo por el descubrimiento pleno del monstruo que había solapado con éxito su esencia, es infinita la deuda que tenemos con las manifestaciones de los estudiantes y con la presencia de los partidos políticos.
No se trata de un camino lento que por fin toma el régimen, sino de un acto mecánico o automático que estaba dispuesto a llevar a cabo, o en el que venía  pensando en espera de pretexto. Para el chavismo degenerado en madurismo solo fue cuestión de pasar el suiche para lucir como deseaba, atronador y desafiante, apenas fue asunto de propinar la patada que llevaba una década de ensayos en los cálculos de su sala situacional. Una patada contra las formalidades que en apariencia había respetado –la existencia de un parlamento que parece parlamento, el permiso para realizar elecciones controladas desde las alturas, la tolerancia de mítines en las temporadas de mítines, la licencia para que los voceros de la oposición se expresaran con relativa tranquilidad, la posibilidad de escribir artículos sueltos en la prensa y críticas ocasionales en los medios radioeléctricos, la aceptación  de protestas deshilvanadas, etc.– pero que deseaba desterrar cuando lo permitiera el tiempo. Ya la atmósfera lo permitió y el chavismo, llegado hasta el límite de su degeneración, se permite el lujo de exhibir sus colmillos afilados y ansiosos de la carne de sus rivales, en cumplimiento de un antiguo y arraigado anhelo.
El chavismo degenerado en madurismo había preparado sus fuerzas y las había utilizado, ya las habíamos sufrido en ocasiones, pero ahora las amontona y las echa a la calle en forma tumultuaria, para que no quede duda de lo que es y de lo que siempre ha querido ser. El silencio de los medios radioeléctricos, dosificado en cómodas cuotas, ya es avasallante. El anuncio del jefe del Estado sobre el próximo turno de la prensa escrita en el estadio de la mudez, indica la profundización de una hostilidad de la cual se ufanó el fundador de la hegemonía. La utilización de las Fuerzas Armadas como herramienta cruenta de un proyecto de control autoritario, ha pasado de los episodios singulares al establecimiento de una aplanadora que no se compadece con la letra de la Constitución. Las fuerzas paramilitares que ha amamantado con la más nutritiva de las leches ya no actúan en jurisdicciones determinadas, sino en el  coto de caza más amplio que es toda la república. Ríanse ustedes de La Sagrada, policía represiva del gomecismo, al hacer comparación con la Guardia Nacional Bolivariana de nuestros días. Miren como querubines del firmamento a los bandoleros rurales de la Guerra Federal, cuando hagan analogías con los paramilitares que siembran el terror en motos y con armamento obsequiados por el régimen. Allí estaban todas esas escandalosas negaciones del republicanismo, ya habían hecho apariciones esporádicas, ya habían comido con sus fauces hambrientas, pero ahora protagonizan, para que nadie albergue dudas, la función de arrase que anhelaban sus líderes.
Sin embargo, Venezuela no es territorio de un solo protagonista oscuro. La sociedad sale otra vez a la calle, a manifestar su repudio de la dictadura en  marchas pacíficas. Los estudiantes libran batallas dignas de encomio, aunque temerarias. Mientras puede, uno escribe contra la autocracia convertida en vergüenza y en peso insoportable. Nicolás Maduro, por ahora y no se sabe hasta cuándo, se enorgullece de que lo veamos como quería que lo viéramos.


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CHAVEZ VS MADURO: PETRÓLEO, POPULARIDAD Y ELECCIONES

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Francisco Monaldi



La aprobación de Nicolás Maduro viene cayendo sistemáticamente y ronda 20%, mientras que la de Hugo Chávez ha declinado bastante menos y todavía supera 50%. Los estudios de opinión y grupos focales nos indican que tanto los chavistas como algunos opositores perciben a Maduro como incapaz de darle continuidad al “legado del gigante”. Las habilidades políticas de Chávez y su carisma son incuestionables, pero ¿cuánto de su popularidad, presente y pasada, es atribuible a estas características y cuánto a la lotería petrolera?
La evidencia internacional es clara. La principal variable que explica la popularidad presidencial es la percepción de bienestar económico de los ciudadanos. La correlación entre la aprobación de Chávez y esta variable superaba el 80%. De hecho la sensación de prosperidad, combinada con si el presidente es o no candidato a la reelección, explican el grueso de los resultados electorales en América Latina. En el caso de países petroleros y de otros exportadores de materias primas, la evidencia demuestra que los electores premian a los gobernantes cuando los precios de sus exportaciones están altos, especialmente cuando están subiendo, y los castigan cuando pasa lo contrario. Un presidente incompetente, corrupto y poco carismático, puede ser muy popular cuando se vive un boom de precios. Al revés un presidente con todos los atributos positivos puede ser muy impopular si tiene la mala suerte de gobernar en época de vacas flacas. Los electores no distinguen bien entre suerte y aptitud.
Entre 2004 y 2013 vivimos la década de mayor auge de los precios de los recursos naturales. Esta bendición combinada con la abundancia de liquidez internacional, llevó a los exportadores netos de commodities de Latinoamérica a tener una “década dorada” con alto crecimiento y reducciones significativas de la pobreza. En promedio, este grupo de países recibió ingresos extraordinarios acumulados por el equivalente a 120% del PIB. Venezuela es el que más recibió, con más de 300%, Bolivia le siguió con cerca de 200%, luego quedaron Chile y Ecuador. Prácticamente todos los presidentes de países exportadores fueron muy populares y los que pudieron lanzarse a la reelección, fueron reelectos por amplio margen. Para muestra los casos de los Kirchner, Lula, Morales, Correa, Vázquez, Uribe, Bachelet y por supuesto Chávez. En el caso de Venezuela no solo nos gastamos todo el boom sino que nos endeudamos aceleradamente, por lo que el consumo per cápita se elevó en más de 60% en términos reales durante 2004-2008, llevando a Chávez a más que duplicar su popularidad durante ese periodo de un piso de 30% a cerca de 70%. Venezuela era una fiesta. En contraste, con la caída del precio del petróleo, en 2008-2009, tuvimos que ajustarnos un poco el cinturón y Chávez perdió casi 20 puntos de popularidad, lo que llevó al chavismo a sacar menos de 50% de los votos en las elecciones legislativas de 2010.
Las aparentemente amplias victorias electorales de Chávez, con ventaja sobre sus adversarios de 26 puntos en 2006 y de 11 puntos en 2012, fueron con márgenes inferiores a las de otros presidentes como Uribe, Morales, Kirchner y Correa. De hecho, durante el periodo de auge, todos los presidentes que lo intentaron se reeligieron y el promedio regional de margen de victoria fue de cerca de 25 puntos. En términos de popularidad, entre 2008 y 2011, la aprobación de Chávez fue inferior a la de los presidentes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Uruguay. Solo se recuperó en 2012 a tiempo para su última reelección. De manera que el difunto no luce tan exitoso en términos comparados. Recibió el auge más grande de la región y su desempeño relativo de popularidad fue mediocre. ¿Por qué fue menos popular de lo que ha debido ser? A mi modo de ver por una mezcla de la incompetencia de su gestión con su radicalismo ideológico. La mayoría de los venezolanos nunca compraron el modelo. Solo el mantener los bolsillos de sus electores llenos, le permitió a Chávez seguir ganando elecciones estando tan lejos de las preferencias de la mayoría.
Como los políticos saben que un incremento en el consumo de la población lleva a mejores resultados electorales, en ocasiones tratan de generar auges en los meses previos a las elecciones en base a gasto público, aumentos de la liquidez y apreciación cambiaria. Esto a la larga es nefasto para el desempeño económico, traduciéndose en menor crecimiento y mayor inflación. Por eso en las democracias establecidas hay fuertes limitaciones institucionales a la manipulación del ciclo electoral y los votantes son menos proclives a dejarse engañar por estos auges efímeros, que saben que a la larga tendrán que pagar. La inexistencia de límites en Venezuela, la falta de autonomía del BCV y el discrecional presupuesto parafiscal, permitió que Chávez manufacturara auges a “punta de esteroides” durante las elecciones de 2006 y 2012. Este último episodio de crecimiento explosivo del gasto y las importaciones, con inmensa sobrevaluación cambiaria, constituye posiblemente el más irresponsable manejo macroeconómico en la historia contemporánea de Venezuela. Como con descaro confesó Giordani, botaron la casa por la ventana para ganar, llegando a tener el déficit fiscal más alto de la historia, de casi 20% del PIB, en el año del pico histórico en el promedio anual de los precios del crudo. Sin duda que Maduro y su equipo económico han demostrado una ineptitud notable para manejar el necesario ajuste posterior. Pero en lo esencial, la debacle actual empezó antes de que cayera el precio del petróleo y es consecuencia de los mega desequilibrios forjados durante la borrachera de 2011-2012. Ahora esta realidad se combina con el colapso de precios del petróleo para que la popularidad de Maduro venga en picada.
Los venezolanos fuimos víctimas de un presidente que avanzó una agenda desastrosa para el país con el capital político que compró con el boom de consumo permitido por el auge petrolero más grande de la historia. Ello se combinó con su capacidad para manipular el ciclo electoral de forma funesta, para llevarnos a la catastrófica circunstancia en que nos encontramos hoy. Pero trágicamente, como Chávez murió en la cúspide del boom, muchos venezolanos lo recuerdan con nostalgia y le echan toda la culpa a la incompetencia de su sucesor. Por eso, lamentablemente, como el peronismo en Argentina, el chavismo, que no el madurismo, probablemente seguirá siendo una marca política valiosa en el futuro.



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¿ENTENDERLOS O EXTRADITARLOS?

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  Moises Naim



Europa está aterrada y perpleja por los asesinatos de inocentes a manos de extremistas islámicos. ¿Por qué está pasando esto? ¿Qué hacer? La mayoría de la gente no tiene respuestas a estas preguntas. La mayoría, pero no todos. Hay grupos que tienen perfectamente claro por qué sucede esto y qué se debe hacer al respecto. Hay dos grupos en particular que tienen visiones extremas y totalmente contrapuestas de las causas del terrorismo islámico y de cuáles deberían ser los remedios. Si bien ambos representan minorías, sus puntos de vista aparecen cada vez más en los debates sobre estos temas.  A unos los llamo "los contextualistas" y a los otros "los aislacionistas".
Para los contextualistas la causa del terrorismo que azota a Europa es la conducta -pasada y presente-  de los gobiernos europeos y de Estados Unidos.  Para unos, esto comenzó en las cruzadas o en el periodo colonial, mientras que otros sostienen que el terrorismo islámico se nutre de agresiones, humillaciones y maltratos más recientes, como la guerra en Irak, el apoyo a las dictaduras petroleras del Medio Oriente aliadas con occidente y el apoyo a Israel en el conflicto con los palestinos.  También en el fracaso europeo en integrar a los inmigrantes, el alto desempleo de jóvenes musulmanes, la discriminación que sufren, la desesperanza y la falta de identidad, todo lo cual los hace presa fácil de una causa religiosa mal interpretada, revanchista y beligerante que promete darles dignidad y una vida más interesante que llenará muchos de sus vacíos vitales.  Un buen ejemplo de la perspectiva de los contextualistas la ofreció  recientemente en el Nouvel Observateur Henry Rousell,  uno de los fundadores de Charlie Hebdo, al comentar el atentado contra el semanario: "el ataque puede ser visto a la luz de las guerras en las cuales Francia se ha involucrado, conflictos donde su participación no era necesaria, donde peores masacres que la de Charlie Hebdo tienen lugar todos los días, varias veces al día, donde nuestros bombardeos acumulan muertes sobre muertes en la esperanza de salvar a potentados que se sienten amenazados y que no son mejores que quienes los amenazan".
Los aislacionistas no lo ven así.  Según ellos la responsabilidad por este terrorismo no hay que buscarlo en el contexto sino en quienes cometen estas atrocidades y en los fraudulentos líderes religiosos que manipulan a jóvenes del Medio Oriente y África del Norte o a europeos hijos de inmigrantes de esas regiones, quienes son convertidos en terroristas suicidas.  Según esta perspectiva, el problema no es el contexto sino la numerosa inmigración de musulmanes y lo que ellos llaman la "islamificación" de Europa. Opinan que Europa está siendo "invadida" por una multitud de musulmanes que no llegan para integrarse a la sociedad sino para transformarla de acuerdo a su religión. Ponen como ejemplo que estos inmigrantes no aceptan tres valores fundamentales para los europeos: la separación de Estado y religión, el trato igualitario para las mujeres y la tolerancia hacia quienes profesan otras religiones. Los aislacionistas opinan que la solución al terrorismo radica en actuaciones policiales preventivas más eficaces, en políticas migratorias más restrictivas y en el fortalecimiento de las fronteras para bloquear la entrada de nuevos inmigrantes.  En toda Europa han aparecido partidos políticos y agrupaciones que proponen severas medidas en contra de los inmigrantes ilegales y otras iniciativas destinadas a contener la expansión del islamismo radical.
Tanto a los contextualistas como a los aislacionistas les faltan respuestas sólidas a preguntas claves. Si el problema es el contexto, la historia y la discriminación que hay contra los inmigrantes,  ¿por qué no hay terroristas suicidas latinos? Los inmigrantes latinoamericanos  en Europa no viven en condiciones significativamente mejores que los inmigrantes árabes. No obstante, el terrorismo religioso no existe entre los latinos. ¿Por qué India o Indonesia, los dos países con la mayor población musulmana del mundo, no producen tantos terroristas suicidas como los países árabes?   
Por su parte, los aislacionistas tampoco tienen buenas respuestas a la realidad de que en un mundo tan globalizado, conectado e integrado como el de hoy los bloqueos no funcionan. La fronteras siempre han sido porosas y las de hoy lo son más que nunca.  Los costos y esfuerzos de estos bloqueos en relación a sus pocos beneficios y dudosa eficacia no auguran buenos resultados. Otro problema es que la percepción de la "invasión" de inmigrantes es exagerada. Según la encuestadora IPSOS Mori, los franceses creen que en su país los inmigrantes son 24% de la población cuando en realidad son 10%. En España opinan que son 24% pero de hecho son la mitad, 12%. La brecha es igual en otros países europeos.  
El terrorismo islámico es una amenaza terrible que, a pesar de sus proclamaciones medievales, es un fenómeno nuevo. Suponer que lo entendemos y que existen soluciones "obvias" a este problema es un peligroso error.

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DISPAREN PRIMERO

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Alberto Barrera Tyszka


El gobierno ha convertido los golpes de Estado en un género televisivo. Ya son un clásico en esta década. Forman parte fundamental de la programación oficial. Se trata de un tipo de seriado que tiene sus reglas y su propio sentido de la verosimilitud. Por ejemplo: siempre se narran actos fallidos. Más que golpes de Estado, en realidad, se cuentan pregolpes de Estado. Nunca vemos un tanque en movimiento, un avión volando bajo, unos militares agazapados entre las sombras, un teniente coronel hablando a cámara… No. El concepto de este género es distinto. Es un producto más elaborado, que presenta la desactivación de amenazas inminentes y que siempre ofrece una trama de contra, retruque y requetecontrainteligencia. Es un curioso invento de nuestro telegobierno: programas de acción sin acción.
Este miércoles me senté a ver Con el Mazo Dando. Esa noche prometían el tradicional capítulo de la “presentación de pruebas”. El propio Nicolás Maduro había participado con un tuit en la jornada publicitaria. Juro que lo observé con toda seriedad. Deseo honestamente entender la urdimbre de esta nueva serie, encontrarle algún sentido a todo lo que está pasando. El episodio fue largo, algo aburrido y con algunos momentos muy desacertados. Jorge y Diosdado se ríen, comparten complicidades que el público no entiende, se pasan chistes a medias, juegan a darse uno al otro la palabra, al uy-uy-uy, tenemos por ahí una noticia bomba, y vuelven a reírse y se muestran tan encantados que la audiencia ya no sabe si, en verdad, están denunciando un golpe de Estado o están haciendo casting para un “Ellos que se conocen tanto” en la radio con César Miguel Rondón.
Cuando por fin llega el momento tan esperado de las evidencias, el capítulo flaquea, el relato resulta frágil, quebradizo. En el primer testimonio falla el audio. El segundo es breve y poco contundente. El tercero es largo y tedioso. Un tal teniente L. Lugo habla con un desconocido sin aportar ningún dato trepidante. El público empieza a sentir que los párpados son de tela.
A medida que avanza la transmisión, las cosas no mejoran y los animadores comienzan a desesperarse. “Las evidencias son notorias. Las pruebas están extremadamente claras”, dicen. Pero el argumento se deshace y la narración resulta cada vez más desopilante: aseguran que Patricia Poleo, desde Miami, sería el detonante del golpe. Afirman que, en Estados Unidos, un comunicado como el Acuerdo Nacional para la Transición, sería suficiente motivo para una condena de 70 años de cárcel. Jorge y Diosdado lucen cada vez más vulnerables en la pantalla. La ficción requiere cierta lógica. Para mentir también se necesita coherencia.
Un gobierno dedicado a perseguir palabras es un gobierno profundamente débil. Demuestra que está perdiendo su voz. Por eso necesita callar a los otros. El debate en la Asamblea Nacional sobre un texto publicado en un periódico es una de las tonterías más asombrosas de toda nuestra historia parlamentaria. Pienso que muchos de los que nos oponemos al gobierno ni siquiera suscribimos ese acuerdo. Que muchos pensamos que la verdadera política produce transiciones, no las decreta. Que la realidad del país es más compleja que un simple esquema entre dos modelos. Pero entendemos que cualquiera tiene derecho de decir lo que piensa y lo que sueña con respecto al futuro del país. Que el poder no puede imponer su diccionario privado en el que los verbos hablar y delinquir significan lo mismo.
El oficialismo no quiere enfrentar la realidad, pero sí pretende censurar su eco. La ficción de los pregolpes de Estado les parece más verosímil que la inflación. Prefieren debatir sobre un comunicado publicado en la prensa que sobre el asesinato de un adolescente a manos de un policía. Nuestra historia es rara y cruel: a 26 años del Caracazo, un gobierno, supuestamente revolucionario, considera que una protesta puede ser un acto terrorista y se da permiso para reprimir usando la fuerza. Disparen primero. Piensen después.

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