domingo, 5 de junio de 2016

ESCRITURA CON PROPÓSITO

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                    ELIAS PINO ITURRIETA


Cuando el país estaba sumido en el agujero perezjimenista, Mario Briceño Iragorry escribió páginas marcadas por un pesimismo pocas veces manifestado en las letras venezolanas. El predominio de una militarada mediocre, pero también la sumisión de las llamadas fuerzas vivas y del pueblo en general, hicieron que el historiador ofreciera diagnósticos terribles sobre el sendero de una sociedad condenada a la abyección. Su tinta cargada de dolor se retorcía ante la necesidad de proclamar la condena de una colectividad sin salvación. Su conciencia sentía la obligación de moverse tras el objetivo de anunciar la clausura de la república que existió alguna vez, pero que vivía su declive más lacerante sin darse cuenta de que era un asunto que le concernía y del cual era responsable.
El título de uno de sus ensayos de mayor profundidad, Mensaje sin destino, da cuenta de cómo consideraba la cercanía de un apocalipsis nacional. No escribía para nadie, de acuerdo con el encabezamiento del texto, sino solo para cumplir una misión de humanista. Advertía sobre la inminencia de un fatídico final de naturaleza histórica, ante cuya llegada la resistencia sería seguramente baldía. Si nada se había hecho para detener el advenimiento de una de las dictaduras más opacas y rapaces de todos los tiempos, y después se celebraban las glorias del “Nuevo Ideal Nacional” sin el menor atisbo de vergüenza, llenaba cuartillas para salvar su compromiso personal con la decencia sin contar con la posibilidad de que los lectores pensaran sobre la cuota de incumbencia que les correspondía en el drama. Escribía un ensayo inútil, como había anunciado en la portada.
¿Manifestaba Briceño Iragorry una desilusión sin destinatarios, que el futuro confirmaría? El estercolero del chavismo sería la corroboración de su análisis. Mediante la más ligera analogía se llegaría a la conclusión de que, en materia de cloacas y oscuridades, la sociedad ha llegado hoy a mayores escalas de degradación. ¿Acaso no celebró hace una década, con bombos y platillos, el advenimiento de lo que sería uno de los capítulos más deplorables de su evolución? ¿Acaso en una comparación entre la impudicia de ayer y la impudicia de hoy no se llevaría medalla de oro la segunda? Ciertamente este tipo de parangones se presta para desenlaces discutibles, pero no es inoportuno señalar que, sin el adecuado respeto de las precisiones, una ilación de porquerías y complicidades desemboca siempre en hoyo fétido, o en la parálisis generalizada de valores sobre la cual reflexionó el autor en medio del desgarramiento.
Sin embargo,  el mensaje de Briceño Iragorry tuvo destino en su tiempo. Se leyó en los pasillos de las universidades y en los rincones del Instituto Pedagógico, para ser acicate de una juventud que lo aclamó cuando regresó del exilio y lo consideró como una reserva moral que se debía utilizar en una faena pendiente de regeneración. Ni siquiera los esbirros del dictador pudieron impedir las reuniones que ocurrieron para discutir el texto. Le sobraron entonces lectores a sus páginas, para que el pesimismo de una lámpara  solitaria no se convirtiera en fatalidad. En  el fondo de su sensibilidad el autor sabía que no escribía para que el viento se llevara sus letras.
Probablemente los venezolanos comunes de la actualidad no las hayan conocido, pero se sintieron convocados por su angustia cuando dieron la cara contra la arbitrariedad y la indignidad en las elecciones parlamentarias, cuando hicieron gala de su necesidad de rescatar los valores pisoteados por la nueva militarada. A tales valores quiso hacer ofrenda postrera, en sus horas de desencanto, uno de los pensadores más importantes de Venezuela. Pero siento que las han ignorado de manera olímpica los líderes de la oposición, seguramente más aficionados a la lectura que la mayoría de los electores y quizás más estudiados, pero demasiado modosos ante la militarada, excesivamente vacilantes y aun tolerantes con la mediocridad y la ladronería,  cada vez más distanciados del civismo masivo que la sociedad está estrenando. En consecuencia, este artículo termina con una sugerencia: lean en conjunto a don Mario antes de la próxima reunión de la MUD.


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Un problema de todos

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Las catástrofes naturales, las guerras y las crisis económicas generan emigrantes y refugiados que huyen por miedo o hambre. Las guerras en África y Asia están desestabilizando a toda Europa Occidental; en los ochenta las guerras en Centroamérica expulsaron a millones de sus países. ¿Cuáles serán las consecuencias para los gobiernos del continente si el deterioro social, político, económico y de seguridad de Venezuela sigue creciendo? La diáspora venezolana ya está en marcha, pero, ante la crisis humanitaria que se ha desatado y el peligro de una mayor conflictividad, se puede afirmar que lo peor estaría por venir.
En los últimos dos años más de 50.000 venezolanos han sido asesinados por la falta de seguridad, la inflación de alimentos supera 700% y las fábricas privadas y públicas están paralizando su producción por falta de insumos. La escasez de medicinas y comida está generando muertes y saqueos todos los días. Los cortes de energía y agua han forzado a reducir la semana laboral y escolar. Más de un millón de personas han huido del país en la última década, el 90% en los últimos cuatro años. La desesperación y la irritación están creciendo aceleradamente. Hay brotes espontáneos de violencia todos los días. Una anarquía que deja la sensación de que no hay gobierno.
El Gobierno del Maduro se considera víctima de una guerra económica, pero la mal llamada revolución bolivariana no ha enfrentado una guerra contrarrevolucionaria como la que vivió Nicaragua en los 80 y tampoco un embargo como el que ha soportado Cuba durante medio siglo. Las relaciones comerciales y diplomáticas de Venezuela son normales con todo el mundo; EE UU no ha dejado de comprarnos petróleo, nadie nos ha agredido, ni cerrado mercados. El único culpable del desastre económico venezolano es el actual gobierno. El manejo en extremo festinado e ineficiente de la bonanza petrolera que ya concluyó, el desmantelamiento de la casi totalidad de la planta productiva y comercial del país y la pelea permanente con los empresarios, han derivado en emergencia humanitaria.
El año pasado la oposición unida ganó en las elecciones parlamentarias obteniendo la mayoría absoluta con 112 de los 167 escaños que tiene la Asamblea Nacional. Durante 17 años el gobierno se jactó de ser democrático, pero esta victoria de la oposición acabó con la farsa y ahora el gobierno de Maduro se ha alejado completamente de la Constitución y la democracia. No respeta las facultades constitucionales de la Asamblea Nacional, rechaza la realización del referéndum revocatorio establecido por la constitución y demandado por los venezolanos, se opone a programar las elecciones de gobernadores, se niega a liberar a decenas de presos políticos, prohíbe el derecho de manifestación pacífica en el momento en que los ciudadanos tienen razones para protestar y se empecina en hacer más de lo mismo frente a la calamidad económica y social que ha creado.
El anterior gobierno argentino perdió las elecciones y entregó el poder, el gobierno brasileño rechazó políticamente las disposiciones de su parlamento, pero las aceptó; el gobierno de Nicaragua se entiende sin problemas con los empresarios, Cuba restablece relaciones con Estados Unidos y los guerrilleros de las FARC están por firmar la paz con el Gobierno colombiano. Maduro se empeña en mantenerse gobernando por la fuerza, afectando el futuro y exponiendo al país a un desastre humanitario. ¿Cuántos cientos de miles de refugiados y emigrantes venezolanos están dispuestos a aceptar los gobiernos de la región?, ¿Cuántos Chapos, Pablos y grandes capos tendrá que perseguir el mundo si Venezuela termina convertida en una gran retaguardia criminal?
Los opositores venezolanos somos clara mayoría y estamos organizados en partidos políticos, no estamos armados, no creemos ni promovemos la violencia, al contrario, en sentido estricto somos el mecanismo principal para evitarla. No podemos dar, ni queremos que nadie dé, un golpe de Estado. No queremos venganza ni persecución, no deseamos repetir la intolerancia que hemos sufrido, eso no ayudaría a resolver la crisis económica que sufren millones de venezolanos. Queremos un cambio legal ordenado y pacífico que permita reconciliar al país y reconstruir su economía. En definitiva, lo único que pedimos es que se respete la constitución y las leyes para que los venezolanos podamos votar y decidir mediante un referéndum revocatorio, establecido en el artículo 72 de nuestra carta magna.

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La demencia no alcanzó para explicar al nazismo



Las investigaciones de posguerra sobre los criminales nazis arrojaron hipótesis insoportables que poco a poco fueron convirtiéndose en verdades. El “nazi” –si ésta fuera una clasificación posible que no diferenciara entre SS, oficiales, soldados rasos, afiliados fanáticos del partido o jerarcas de alto mando– no tenía ningún signo visible por el cual pudiera distinguirse del resto de la humanidad. La maldad no se expresa ni en el aspecto físico ni el comportamiento social en todos los ámbitos de esa persona. Marga, la mujer de Himmler, según puede leerse en su correspondencia con él, recientemente publicada, era una mujer enamorada. Y aunque Marga haya puesto en una de sus cartas: “Tengo mucha suerte de tener un marido maligno que ama a su esposa maligna”, es difícil pensar que lo haya hecho verdaderamente consciente del peso de la palabra. Estando en prisión Goering, quien había saqueado media Europa arrebatando sus obras de arte, se enteró de que uno de los Vermeer que poseía, Cristo y la adúltera, era obra de un falsificador holandés, Van Megereen. Le dijo a su abogado que no entendía cómo podía existir tanta maldad en el mundo como para falsificar una obra. La hija del sanguinario Klaus Barbie relata en un documental que a su papá le gustaba reunirse debajo del pino de Navidad con los niños y cantar villancicos: “Era un buen papá”. No fue más tranquilizador el ensayo de Hanna Arendt de 1963 Eichmann en Jerusalén, donde acuña la expresión “banalidad del mal” queriendo significar la grisura, indiferencia y obediencia con que Adolf Eichmann mandaba a la muerte a miles de judíos a Auschwitz, excusándose en que “yo sólo controlaba la puntualidad de los trenes”.
La línea general de pensamiento sobre delincuencia sostenía, hacia la década del 30, que los desórdenes de personalidad desencadenaban buena parte de la actividad criminal. Estos desórdenes incluían comportamiento antisocial, narcisismo y paranoia. En conclusión, el crimen había pasado a convertirse en un problema médico. Mantengan saludable la mente de las personas o cúrenlas apropiadamente y no habrá crimen. En 1945, en la Cámara de Representantes de los EE.UU., la congresista Emily Taft Douglas exhortó al Tribunal Militar encargado de los juicios: “No sabemos nada sobre crímenes de guerra. Sabemos algo específico sobre atrocidades pero no comprendemos la psicología de los crímenes de guerra. Estos crímenes fueron cultivados por una enfermedad psicológica que debemos llegar a entender porque, de otra manera, no podremos lidiar con ello en el futuro”. Los estudios del nazismo dieron pie a un nuevo modo de ver al psicópata: había nacido el genocida.
El nazi y el psiquiatra, el libro de Jack El-Hai donde reseña las investigaciones que hizo el Dr. Douglas Kelley trabajando como psiquiatra con el primer contingente de prisioneros nazis por crímenes de guerra, entre ellos Hermann Goering, el hombre con más títulos y estrellas después del propio Hitler –incluido el título de sucesor del Reich–; Alfred Rosenberg escritor y adoctrinador de la cultura y filosofía nazis, Julius Streicher, director del periódico antisemita Der Stürmer , funcionario de alto nivel del partido y gobernador de Franconia; Robert Ley, director del Frente de Trabajo Alemán, después que se dispusiera la eliminación de cualquier sindicato de trabajo; Von Ribbentrop; Ernst Kaltenbrunner, líder de la Gestapo; y más adelante Rudolf Hess. El psiquiatra se dispuso a escucharlos prescindiendo de enjuiciarlos por sus crímenes de guerra, si esto fuera posible, para poder elaborar un informe. Quería trabajar como el biólogo con sus ratas de laboratorio. Su primer “cobayo” fue Goering, al que tuvo que curar de su adicción a un derivado de la morfina. Cuenta el informe que cuando Goering cayó prisionero tenía un estuche de piel con veinte mil pastillas adentro, que él decía eran para su tratamiento del corazón. En busca de si hay una “mente nazi”, Kelley los sometió al test de Rorschach y llegó a la conclusión de que eran individuos con rasgos neuróticos o perversiones, que pudieron tal vez incrementar su sadismo y sus ansias de poder, pero que de ningún modo son la causa de los crímenes cometidos. El mismo Hitler fue analizado hasta el cansancio a través de sus libros y los hechos históricos, en el cual se llega a la conclusión de que era un neurótico profundo, con tanto miedo a morir –en ocasiones, de cáncer de estómago, como su alma máter Napoleón Bonaparte– que llegó a adelantar campañas militares para verlas y gloriarse de ellas. Fuera de Robert Ley, que padecía daño cerebral, Kelley infomó que no había ningún loco de remate. “La demencia no explica a los nazis”, escribió. “Ellos solamente eran, como lo somos todos los humanos, criaturas producto de su propio ambiente; y también eran –en mayor grado que los demás seres humanos– creadores de ese ambiente.” Al comienzo, los dichos de Kelley explicaban que Hitler hizo que toda una raza pensara con el tálamo y no corticalmente, y esto hizo que el pueblo sucumbiera ante Goebbels, Streicher, Ley y los otros propagandistas. Esta explicación de Kelley quizá satisfaga a los fans de las neurociencias; no obstante cayó en saco roto. No era una explicación lo suficientemente buena.
Si bien Kelley había leído el estudio de un antecesor, Is Germany Incurable?, del psiquiatra estadounidense Richard Brickner, de 1943, no estaba del todo de acuerdo con él. Brickner postula que “la nación alemana, y con ella el régimen nazi, sufría de paranoia, la única condición mental que asusta incluso al psiquiatra mismo porque, a menos de que se atienda, puede terminar en asesinato. El asesinato es el resultado lógico de su particular visión del mundo. La gente paranoica sufre de megalomanía, que es la necesidad de dominar a otros; delirio de persecución, y una obsesión de adulterar el pasado para que coincida con su visión del mundo. El fascismo, la agresión y el antisemitismo eran, por tanto, sólo síntomas de lo que aquejaba a la Alemania nazi”.
Kelley disentía en un punto bastante importante para entender el poder: eran individuos más semejantes a los directivos de una empresa que a vulgares o extraordinarios enfermos mentales. Esta gente dirigía una empresa, la Tercer Reich Inc., con su sector de directivos, su plantel de intelectuales y publicistas y otro plantel que coordina que las reglas se cumplan. La mayor parte de la empresa eran adictos al trabajo. Trabajaban como esclavos fanáticos en su tarea de nazificar el mundo, y “es terrible que nosotros no tengamos tanta energía para dedicarnos a lograr que la democracia funcione”, opinó Kelley.
En una de sus conferencias en los EE.UU., luego de la ejecución de los criminales en 1946, Kelley hizo hincapié en que “son gente que existe en todos los países del mundo. Sus patrones de personalidad no son oscuros, pero tienen intereses peculiares, desean obtener poder. Y si ustedes dicen que aquí no hay ese tipo de gente, yo estoy casi seguro de que, incluso en los EE.UU., hay quienes con gusto escalarían sobre los cadáveres de la mitad de sus compatriotas si eso les permitiera obtener el control sobre la otra mitad, y que son las personas que, actualmente, sólo se dedican a hablar, las que utilizan los derechos de la democracia de una forma antidemocrática”.
¿Cuál era la solución que el Dr. Kelley proponía ante semejante amenaza constante y propia, quizá, de la condición humana? Estimular a la mayor cantidad de gente a votar y educar a los votantes para elegir de forma crítica y no siguiendo reacciones emocionales fuertes. “Negarse a votar por cualquier candidato que aprovechara las creencias religiosas y la raza de cualquier grupo para hacerse de ‘capital político’, o que hiciera referencias directas o indirectas a la raza y al patrimonio cultural o moral de sus oponentes.” Después de la lectura del material, para aquellos interiorizados o no en la temática, nada más les va a quedar un amargor en la mente que los llevará a suplicar al cielo que nunca tengamos la necesidad de un Dr. Kelley, que el pensamiento crítico cambie los movimientos de un país como el nuestro, tan pasional y que mira con buenos ojos todo arranque de pasión.
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viernes, 3 de junio de 2016

CAIDA Y MESA LIMPIA

 Antonio A. Herrera-Vaillant

La reacción visceral de muchos indignados ante regímenes totalitarios es desearles “caída y mesa limpia”: o sea, barrer hasta sus últimos vestigios.

Situaciones insolentemente injustas, abusivas y odiosas incitan imágenes de Hitler acorralado, Mussolini guindando, Chapitas acribillado, o Noriega esposado. Pero deseos no empreñan y el factor decisivo en política es lo posible: Las rendiciones incondicionales sólo ocurren cuando el equilibrio de fuerzas lo permite.

Son poco viables las salidas heroicas cuando “bravo pueblo” no pasa de ser leyenda esfumada junto a los idealistas que lanzaron la Independencia.

La historia latinoamericana incluye más dictadores que terminan en lujosos exilios de Madrid, París o New York, que heroicos opositores triunfantes. Algunos tiranos alcanzan morir longevos y en la paz de sus lechos palaciegos para ser luego sepultados en medio de congojas públicas y homenajes oficiales. No olvidemos a Juan Vicente Gómez y quizás algún otro. Muy pocos reciben “su merecido”.

Esperar que los marginales bajen arrasando gobiernos no es opción cuando bajan para formar dóciles colas en mercados y farmacias, pastoreados por “pranes” y “bachaqueros”. El lumpen jamás derrota tiranías.

Incitar a idealistas inermes a enfrentar pandillas y fuerzas armadas hasta los dientes y sin frenos morales es tan inútil como irresponsable.

Soñar con cascos azules o marines obvia el hecho que la prioridad diplomática del señor Obama es evitar confrontaciones - y no la suerte de otros pueblos.

La comunidad internacional se limita a machacar la pasiva, insulsa e imprecisa palabra “diálogo”, que normalmente termina en repetición de estériles libretos: El mismo diálogo de sordos que existe desde hace años en Venezuela.

Frente a temas que desesperadamente claman por soluciones urgentes la palabra que se impondrá es negociar: Negociar con mayúscula, comedidamente, y en relativa paridad de condiciones.

Para Venezuela se acerca implacablemente el momento de negociación, que surgirá en la medida que los factores armados se hundan sin alternativas en un pantano que ellos mismos crearon.

Llegado tal momento harán falta estadistas con talento para medir la correlación de factores, identificar prioridades, y reconocer si las condiciones objetivas permiten caída y mesa limpia, o tender puentes de plata para un enemigo en fuga. 

Simón Bolívar administró similar disyuntiva al negociar con Morillo para extinguir la guerra a muerte. Por suerte no tuvo que soportar volubles columnistas o “héroes” de Internet que lo tildaran de vendido, cómplice y cobarde. 

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MANIPULACIÓN

          Jean Maninat

Una mentira repetida mil veces, siempre termina siendo eso: una mentira. Lo debe haber pensado Joseph Goebbels, cuando a su alrededor caía hecha escombros la epopeya propagandística que ayudó a montar con el apoyo -entre tantos otros- de una genial fotógrafa y un hábil y arribista arquitecto. De poco valió la puesta en escena de un fastuoso Tercer Reich, ni los millones de ciudadanos que servían de comparsa saludando con el brazo extendido al Führer y levantando a sus criaturas rubias para que atisbaran a la distancia al nuevo dios germánico. Al final, las águilas imperiales y las esvásticas eran de cartón piedra y el hombre que los condujo hacia la peor pesadilla de su historia: un bufón engreído y sangriento. La verdad siempre sale a flote por más que se la trate de tergiversar, manipulándola.
La manipulación es una inclinación en el ser humano que funciona -en su momento más pri­mario- como semiconductor del circuito integrado que conforman el cerebro con las glándulas lagrimales que excitan los folletones, los nervios faciales que rigen las “caritas” que transmutan un rostro, la palabra adiestrada para hacer hervir la melaza que recubre algunos corazones, o el pálpito patrio envuelto en una bandera estridente, como todas las banderas.
La manipulación también puede ser arte sublime, como el de Chaplin comiéndose un zapato en La quimera del oro. O el vehículo de una argucia orquestada desde el poder político para tratar de engatusar a la opinión pública cuando le es adversa.
Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo, todo el tiempo, es una advertencia que se le atribuye a Abraham Lincoln y forma parte del arsenal de sentido común que se acumula con el tiempo. Al expresidente norteamericano se le escapó  que hay quienes son capaces de engañarse a sí mismos todo el tiempo.  A fuerza de querer tergiversar la verdad, quienes han hecho de la manipulación su praxis política, ter­minan por creer sus propias fabricaciones a pie juntillas, como el hipnotizador de feria que cae en trance junto a su víctima de tanto repetir duérmete.
El gobierno no ha querido reconocer la gravedad de la situación que vive Venezuela, gracias a su gestión y falta de voluntad para rectificar a tiempo. Inmerso en su guión de intentar fundir, a juro, la realidad con su discurso, supone que todavía es posible la gambeta vistosa, el bluf que deslumbra, sin darse cuenta que los observadores internacionales ya ni pestañean ante tanta cabriola y el país hace tiempo ya que dejó de creerle.
El intento de manipular la información sobre el diálogo que se sostuvo en República Dominicana con los mediadores de Unasur para Venezuela, mediante unos tuiters de la cancillería deslizando falsamente que habría habido un encuentro entre el gobierno y la MUD, fue infantil en su concepción y torpe en su confección. Le mostró a la troika -los expresidentes Zapatero, Fernández y Torrijos- con lo que le toca lidiar de cerca en el proceso de diálogo. Y a quienes siguen, con inusitado interés, la situación venezolana -que son muchos y cada día más importantes- el poco grado de seriedad con el cual el gobierno asume sus compromisos.
Ténganlo por seguro. No se puede manipular a todos, todo el tiempo.
@jeanmaninat

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LAS RESERVAS INTERNACIONALES DE VENEZUELA

Grafica 1 RIL Mayo 2016

La empresa Inter-American Trends ha publicado hoy en su cuenta Twitter (@iatrends) el movimiento de las Reservas Internacionales Líquidas (RIL) de Venezuela en la segunda quincena del mes de Mayo.
De acuerdo a los datos publicados por el Banco Central y los cálculos de Inter-American Trends, las reservas en oro monetario del país se colocaron en 242 toneladas métricas (Tm).
Para el 27 de Mayo, las Reservas Internacionales Líquidas (RIL) se ubicaron en $100 millones, manteniendo el desmoronamiento  de las mismas. Representa una caída del 49% con respecto al nivel que tenían en la segunda semana del mes ($196 millones). Desde que Maduro asumió el poder es el nivel más bajo de RIL.
Asimismo, en la segunda quincena de Mayo, el BCV ha liquidado divisas por el orden de $190 millones para importaciones de bienes y servicios. En este período PDVSA vendió escasamente $117 millones al BCV, debido a las dificultades de flujo de caja.
El director ejecutivo de Inter American Trends, Antonio de la Cruz, manifestó que PDVSA ha tenido una caída de ingreso estimada en $2.140 millones durante enero – mayo 2016, respecto al mismo período del año 2015, por los envíos de crudo a Estados Unidos. Lo que ha impactado directamente la venta de dólares al BCV.
Por el nivel tan crítico en que se encuentran las RIL, el BCV tendrá que valerse de una nueva operación de SWAP/venta  del oro monetario (242Tm) de la nación, o de algún retiro de los Derechos Especiales de Giro que mantiene el país en el FMI para poder mejorar los niveles de las RIL.
Las Reservas Internacionales se ubicaron en $12.118 millones, el nivel más bajo desde hace 13 años, febrero 2003.
Las Reservas Internacionales totales del país, están constituidas por sus posesiones en oro monetario, los Derechos Especiales de Giro (DEG) en el Fondo Monetario Internacional y divisas líquidas que son las Reservas Internacionales Líquidas (RIL).
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LA CARTA DEMOCRÁTICA


LAUREANO MARQUEZ

Una de las primeras cosas que le enseñan a los estudiantes en las escuelas de estudios jurídicos es que el derecho internacional, en eso que llaman los latinistas “stricto senso”, no existe. Para que exista Derecho, debe estar garantizada su vigencia y cumplimiento por eso que llaman “el monopolio de la violencia legítima”, cosa que solo sucede al interior de los Estados. Quizá la única excepción a lo señalado, es el tema de las violaciones a los Derechos Humanos, donde el derecho internacional sí ha logrado grandes avances con sanciones muy concretas para los que han incurrido en delitos.
Esta semana he recibido un montón de llamadas que en tono angustioso, sin siquiera mediar saludo, soltaron la pregunta:
– ¿Es verdad que aplicaron la Carta Democrática?… Es decir, ¿al final nos salvamos? ¿Por fin la OEA nos va a sacar de esto? Como si de la decisión del organismo dependiera nuestro futuro.
Para uno es muy doloroso responder que la Carta Democrática no significa nada en relación a nuestro cambio político, que nos corresponde nosotros, porque nadie va a venir a hacernos la tarea de restituir la democracia. Pero también, en otro sentido, la carta democrática significa muchísimo por la trascendencia política y moral de lo que decidan los países miembros de la OEA. Ya el gobierno, consciente de ello, con esa finura legendaria que le caracteriza, ha tomado los dos únicos caminos que conoce: mandar a la gente a introducirse documentos, acuerdos internacionales y hasta periódicos “por donde les quepa” y comprar votos, asumiendo que los paises del Caribe se comportarán como los ciudadanos colocados al borde de la inanición, que terminarán vendiendo la conciencia por un plato de lentejas.
No es la OEA la que va a decidir si en Venezuela hay democracia o no. Los ciudadanos de este país ya conocemos la respuesta. La decisión que tome la OEA, más que a nosotros, que ya estamos bastante embromados, le afecta fundamentalmente a la organización misma. Si en una situación tan crítica para un país miembro, que vive ya una tragedia humanitaria por causas de todos conocidas (la guerra económica, obviamente) y donde han perdido vigencia todos los principios y valores de la democracia, la libertad, la tolerancia y los Derechos Humanos, la OEA dice que aquí todo está de maravilla, peor para ella, porque su utilidad y prestigio quedarán en entredicho. Sería tan vergonzoso como que la FAO nos diese un premio por nuestro desempeño en materia de alimentación.
En verdad ya es digno de reconocer que el Sr. Almagro, contrariando la usanza de los secretarios generales de la OEA, se haya tomado en serio su trabajo y no haya guardado cómplice silencio. Mucho más respeto merece cuando proviene de una corriente de pensamiento de izquierda. Es meritorio cuando el juicio de un hombre no se deja nublar por sus puntos de vista ideológicos y es capaz de reconocer lo que no está bien en cualquier caso.
Los ojos del mundo están puestos sobre nosotros, nos miran con asombro: somos el extraño caso de un país que decidió destruirse justo en el momento en que sus ingresos fueron los más elevados de toda su historia. Nuestros males ancestrales: autoritarismo, corrupcion, militarismo, caudillismo y ausencia de justicia, se dieron cita en este tiempo como nunca en nuestra pasado.
Hay una maldición china que dice: ojalá te toquen vivir tiempos interesantes. La parte buena es que estamos viviendo los tiempos más interesantes de nuestra vida. Nuestro deber es que prevalezca la Venezuela que es mayoritariamente honesta, trabajadora y buena. Construir una democracia estable y duradera, elevar el nivel cultural de nuestros pueblos, para que no caigan nuevamente en el abismo de la demagogia populista. Ojalá la OEA entienda la gravedad de este momento y todo lo que está en juego para el continente.
A ver sí a esta si le das contestación, OEA
Del amor pa’ que te escribo,
y aquí queda como amigo
tu afectísimo y atento y muy seguro servidor

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