miércoles, 8 de junio de 2016

ZAPATERO, EL CORREVEIDILE



          IBSEN MARTINEZ


Tiene la disposición de ser el cómplice de Maduro para evitar la derrota del chavismo
Figurémonos el momento exacto en que José Luis Rodríguez Zapatero penetró en el ignominioso cubil en que la dictadura de Nicolás Maduro mantiene encerrado, arbitraria e ilegalmente, desde hace más de dos años, a Leopoldo López.
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Iba, seguramente, de traje y corbata. No hay razón alguna para dudar de sus modales de exjefe del Gobierno español ni para pensar que Leopoldo —como en Venezuela lo llamamos todos— haya hecho a un lado los suyos. Imagino que Rodríguez Zapatero hubo de encorvarse mucho para entrar al umbrío habitáculo mil veces visitado en la alta noche por los esbirros de la Guardia Nacional Bolivariana encargados de intentar quebrar la moral del preso político más conspicuo de América Latina con intempestivas requisas, para no hablar de la pertinaz lluvia excrementicia con la que han pretendido doblegar la dignidad del exalcalde de Chacao.
Nadie, suponemos, pidió a Rodríguez Zapatero que se desnudase por completo —como sí se ha obligado vejatoriamente a la madre y a la esposa de Lepopoldo— para ser “esculcado” antes de entrevistarse con el líder de una de las organizaciones políticas más señaladas de la Mesa de la Unidad Democrática. Pero admitamos que todo es posible en la Venezuela de Maduro, así que también cabe imaginar que hayan dispuesto un perchero donde el prominente político español pudiese colgar sus prendas de vestir mientras giraba desnudo, las manos en alto, en obsequio de los cancerberos de la cárcel militar de Ramo Verde.
No es ocioso pensar en la contextura moral de Rodríguez Zapatero. Quizá ese algo que informa su expediente personal de aquiescencia frente a la dictadura cubana, por ejemplo, lo haya llevado a acceder gustoso a desnudarse, y quién sabe si hasta a acuclillarse en la sala de espejos, para brindar seguridades a los esbirros del régimen de que no llevaba oculta en sus entrañas una escofina para limar barrotes. ¿Retendrían su pasaporte durante la entrevista?
La verdad, dice una reseña periodística, es que la reunión tuvo lugar en una oficina en la planta baja del anexo B de la prisión, de ordinario provista de cámaras de vídeo, y en presencia de Adriana López, hermana menor del dirigente demócrata. Rodríguez Zapatero llegó elocuentemente escoltado por Jorge Rodríguez, quizá el más cínico de los fulleros electorales del régimen.
Ahora bien, ¿qué tiene Rodríguez Zapatero que no hayan tenido Felipe González o Andrés Pastrana, por mencionar solo a dos expresidentes iberoamericanos que en el pasado han querido visitar a López sin lograrlo?
La respuesta es clara: tan solo la disposición de ser cómplice de Maduro en su designio de evitar la derrota definitiva del modelo chavista si el exchófer de colectivos llegase a medirse en un referéndum revocatorio, ya sea durante este año o el Día del Juicio.
Que es vocero de buena fe en el “diálogo” necesario, es la coartada de Rodríguez Zapatero. Conociéndolo, tengo para mí que todo el gasto de la conversación lo hizo Leopoldo al cantarle las cuarenta al político español, antes de despedirlo con cajas destempladas. Rodríguez Zapatero, en verdad, no llevaba mucho que decir, salvo una aborrecible proposición de parte de Maduro: la libertad de Leopoldo López a cambio de su apaciguamiento, de la fractura de la unidad opositora venezolana en torno a la impostergabilidad del referéndum revocatorio. “No negocio mi libertad por el revocatorio de Maduro”, ha dicho Leopoldo a Rodríguez Zapatero, mozo de brega vallisoletano, chico de mandados del tirano más estulto que haya padecido Venezuela, enviando de paso un mensaje a la masa opositora nacional: no desfallecer ahora que el fin está cada día más cerca.

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EL DIÁLOGO NECESARIO

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                  POMPEYO MARQUEZ

Este es un momento estelar en la búsqueda de una salida a la crisis venezolana con la participación de demócratas del continente tales como los expresidentes Zapatero, Torrijos y Fernández y el secretario general de UNASUR, el expresidente Ernesto Samper. Hay una información en El Universal del domingo 29/5/16 referida a la visita al Papa Francisco por parte de Leonel Fernández, el coordinador del diálogo. Según esa información en dicha entrevista barajaron diferentes opciones para que esta vez no fracasen las conversaciones.
La MUD nunca se ha negado a conversar, la situación ha llegado a esta características de catástrofe por la tozudez de la dupla Maduro-Maduro que ha roto, mejor dicho han dinamitado puentes para el diálogo.
En el dominó hay una figura que dice que “mano segura no se tranca” y un experto en negociación recuerda que lo que está seguro no se negocia. Pongamos un ejemplo: ¿Cómo se va a negociar sobre el respeto de la Constitución?; otro ejemplo, ¿Cómo va a echar para atrás la MUD todo lo andado hacia el Revocatorio, que es un derecho constitucional para el cual se han recogido más de 2 millones de firmas, estableciéndose un compromiso de la dirigencia política con el electorado que ha sufragado mayoritariamente a favor de un cambio?
De allí que con toda razón la MUD y Henrique Capriles subrayen que el Revocatorio lo retarda descaradamente el CNE por instrucciones Jorge Rodríguez que quiere repetir su “hazaña” que le dio resultado con el Referendo Revocatorio de 2004, cuando formaba parte del CNE y él lo dominaba a su antojo; retardaba y retardaba el RR hasta tanto rindieran resultados la presencia de médicos cubanos en los barrios y otros programas sociales recién implementados…  y le sonó la flauta.
Ahora Jorge Rodríguez quiere repetir aquella experiencia, pero en este momento vivimos una realidad diferente a la del 2004, entre otras variables, porque quedó demostrado el 6-D que somos mayoría quienes queremos un cambio.
Están dadas las condiciones para un diálogo pero con un gobierno de transición que unifique al país y le abra caminos a la democracia y a la República civil. Es la lucha por la libertad que no tiene precio, que no es negociable; están en lo justo quienes proponen no solo hablar de diálogo sino también sobre acuerdos y negociación: Revocatorio, fin de la crisis humanitaria y libertad para los presos políticos.

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martes, 7 de junio de 2016

REALPOLITIK



    FERNANDO MIRES

(Desde Alemania, recordando Armenia, pasando por Turquía, hasta llegar a Venezuela)

1.
La prensa aplaudió la resolución del Parlamento Alemán (Bundestag) (02.06.2016). acerca de debatir y dictaminar sobre un tema histórico, el genocidio cometido por Turquía en el pueblo armenio el año 1915. El hecho, ampliamente documentado por una extensa bibliografía es apenas mencionado en la historiografía oficial turca.
Por cierto, y como era de esperarse, Erdogan expresó su malestar en contra de la injerencia de Alemania en la historia de Turquía. Desde su punto de vista, tenía sus razones.
A ese zorro de la política que es Erdogan no se le escaparon los alcances políticos del acto. A través de una revisión del pasado un grupo parlamentario intenta condenar el presente de un gobierno “amigo” que no se caracteriza precisamente por seguir con rigurosidad la carta de los derechos humanos. Sin embargo, hay un problema ¿por qué lo hacen ahora y no antes?
¿Sufrieron los impulsores de la resolución sobre Armenia un repentino ataque de humanismo? Tratándose de políticos que no nacieron ayer es inevitable pensar que el grupo parlamentario intentó, además, extraer dividendos del caso armenio. Por cierto, marcar distancia con la “islamista” Turquía de Erdogan mostrándose al público como esclarecidos occidentales. De paso, cosechar algunos votos de los clientes del partido de la xenofobia, el DfU. Y todo a bajo costo. Los que vivieron en los tiempos del genocidio otomano en Armenia ya están muertos y los muertos no discuten. 
Discutir sobre el pasado siempre será más fácil que hacerlo sobre el presente.
Por supuesto, ninguna persona con sensibilidad puede ni debe callar frente al genocidio cometido al pueblo armenio, no importa cuanto tiempo haya pasado. Pero –he aquí la pregunta pesada- ¿es tarea de un Parlamento dictaminar acerca de los acontecimientos de la historia universal o sobre hechos que no forman parte del inventario político de nuestro tiempo? ¿Por qué no protestan los parlamentarios en contra de los feroces ataques realizados por Erdogan en contra del pueblo kurdo, hechos que no ocurrieron hace un siglo sino en estos precisos momentos? 
Inevitablemente, aunque uno no quiera, es imposible evitar la capciosa pregunta: ¿No será porque la mayoría de los kurdos son musulmanes y los armenios asesinados hace más de un siglo eran cristianos?
A ese juego doble y escurridizo no se prestó Angela Merkel. Ante la sorpresa de muchos periodistas ella no asistió a la sesión del supuesto debate histórico.
Más allá del juicio que la canciller Merkel tenga sobre Erdogan y su gobierno –seguramente no es muy positivo- ella sabe que Turquía es una pieza vital para la estabilidad y la seguridad de Europa. Como era de esperarse, Merkel fue acusada de practicar una Realpolitik. Como si eso fuera un delito.
Distinto hubiera sido si los historiadores del país, reunidos en un gran congreso hubiesen discutido y dictaminado sobre el caso armenio. Ese dictamen –con la presencia formal de algunos parlamentarios- habría tenido más resonancia  que aquel “debate” realizado por diputados algunos de los cuales solo se informaron el día anterior de lo que había sucedido en la Armenia de 1915.

2.
Interesante: el mismo día en que tuvo lugar el debate parlamentario sobre Armenia el Canal ZDF realizó una larga entrevista a Joschka Fischer. Como hablando de soslayo el inteligente ex ministro del exterior deslizó una frase que evidentemente no quiso continuar. ¿Por qué Turquía y no Rusia?
Evidentemente, ¿por qué no Rusia? ¿No son las masacres cometidas al pueblo chechenio tan condenables como las cometidas por el Imperio Otomano a los armenios hace un siglo? ¿No son los bombardeos que realiza Putin sobre la población civil siria actos de vandalismo internacional?
El hoy, no el ayer, es el tiempo de la política. Eso fue lo que quiso decir Joschka Fischer
Fischer fue claro. Si vamos a hablar sobre las delicadas relaciones Alemania -Turquía  hay que hacerlo en los términos que impone una Realpolitik. Y lo dijo así, utilizando esa misma palabra con la cual fue estigmatizada la Merkel. La razón según Fischer es obvia: si alguna vez los potenciales conflictos con la Rusia de Putin escalan, Turquía deberá ser aliada de Europa como lo fue en la Guerra Fría en contra de la URSS. Si en cambio los conflictos con Turquía escalan, Rusia nunca apoyará a Europa. Parece que en ese punto no hay por donde equivocarse.
Varias veces durante la entrevista se refirió Fischer a la necesidad de implementar una Realpolitik apoyando en todos los términos a la política internacional de su antigua rival, Angela Merkel. Evidentemente, el ex ministro estaba realizando un esfuerzo por reivindicar el verdadero sentido de la idea de la Realpolitik tanto en las relaciones con Rusia como con Turquía.
Realpolitik significa hacer política de y en la realidad. Lo contrario a la Realpolitik es política de la irrealidad. ¿Puede alguien imaginar una política irreal o una política de la irrealidad? La política, se quiera o no, será siempre real. La política es Realpolitik.
El término Realpolitik fue usado por primera vez por el legendario canciller Otto von Bismark, fundador del moderno estado alemán. Con ello entendía Bismark una política ausente de sobrepesos ideológicos, morales y religiosos. Su objetivo era lograr un equilibrio entre los diversos imperios europeos, evitar la carrera armamentista y con ello, nuevas guerras.
Bismark, evidentemente, seguía la línea de Maquiavelo en el sentido de que la lógica de la política internacional debe estar subordinada a las relaciones reales ( y no imaginarias) de poder. De acuerdo a esa línea, antes de cada confrontación es preciso medir las fuerzas del enemigo. Si estas son superiores, o similares, es necesario establecer pactos a fin de evitar una destrucción mutua. Las discusiones ideológicas, religiosas, o la apelación a valores humanistas en nombre de una supuesta moral universal, debían, según Bismark, ser dejadas de lado si el objetivo era no perder las posiciones alcanzadas.   
Un estudioso de la política de Bismark, el notable jurista Carl Schmitt, entendió perfectamente el sentido de la Realpolitik bismarkiana. En su libro central, “El Concepto de lo Político”, acuñó Schmitt la frase: “Humanidad es bestialidad”. Con ello intentó señalar que en nombre de los grandes valores morales universales han sido cometidos los más espantosos crímenes de la historia.
El propósito de Schmitt era entender a la política como una práctica que tiene lugar en el plano de la realidad concreta de acuerdo a la dimensión exacta de las diferencias entre fuerzas antagónicas en el marco de la lucha por el poder. De acuerdo a Schmitt, la política debe ser regida de acuerdo a condiciones de tiempo y lugar muy determinadas y siguiendo un delineamiento preciso de los intereses reales de cada grupo antagónico.
Tiempo después de Schmitt, el teórico máximo del humanismo socialdemócrata alemán, Jürgen Habermas, intentaría en un breve ensayo (traducido al español como “Una guerra en el límite entre el derecho y la moral”) invertir las formulaciones de Schmitt, proponiendo una intervención humanista –es decir, basada en principios éticos- en la región del Kosovo. Esa intervención tuvo efectivamente lugar. Pero no se hizo –en contra de lo que suponía Habermas- en nombre de valores humanitarios universales, sino para asegurar la estabilidad geopolítica de Europa. Así lo reconoció el mismo Joschka Fischer. Así es la Realpolitik entendida en el sentido maquiavélico, bismarkiano y schmitiano del término.

3.
El tema de la Realpolitik ha sobredeterminado otra discusión que tiene lugar en latitudes muy lejanas a la Alemania de Merkel y a la Turquía de Erdogan. Pues, precisamente cuando Merkel era atacada por llevar a cabo una política realista, en la OEA, su secretario general Luis Almagro presentaba un documento destinado a activar la Carta Democrática, procedimiento mediante el cual el gobierno de Venezuela deberá ser cuestionado por su dictatorial política interior. Para muchos, una heroica quijotería. No obstante, Almagro en su función no podía hacer otra cosa. Lo que está en juego en este momento es la credibilidad de la OEA.
En cierto sentido la actitud de Almagro también sigue principios derivados de una política real.
Hablando en términos reales en Venezuela no solo hay una catástrofe económica inducida. Hay además presos políticos destinados a ser canjeados, hay una justicia adherida al poder ejecutivo y sobre todo –esto es lo que importa más a Almagro- hay un desconocimiento de la voluntad ciudadana expresada en la sustitución de la Asamblea Nacional por un mercenario Tribunal de Justicia. La supresión de la potestad parlamentaria venezolana podría sentar un caso precedente que no debe ser seguido por ningún país latinoamericano. Había entonces que actuar.
Desde el punto de vista político, Almagro sobrevaloró tal vez la disposición democrática de los gobiernos representados en la OEA. La impresión general es que la condena al gobierno de Venezuela no será mayoritaria y si lo es, lo será a través de documentos muy amplios y difusos. Contrasta ese hecho con las declaraciones emitidas por una gran cantidad de ex-presidentes latinoamericanos.
La mayoría de los ex-presidentes han condenado de modo categórico las violaciones a los derechos humanos y políticos que tienen lugar en Venezuela . ¿Cómo explicar esta aparente contradicción? La respuesta no puede ser más simple: mientras los ex-presidentes opinan de acuerdo a principios elementales de la ética política, los presidentes en ejercicio lo hacen desde el punto de vista de los intereses políticos que representan. 
Al parecer nos enfrentamos con una discordancia entre ética y política real. De acuerdo a Kant, cuando se presenta esta discordancia estamos frente a un síntoma  de mal funcionamiento en la ética o en la política. Pero si seguimos la línea de Maquiavelo y no la de Kant (o lo que es casi lo mismo, la de Schmitt y no la de Habermas) no podemos sino conceder cierta razón a los gobiernos hoy tildados de cobardes por un sector extremadamente emocionalizado de la opinión pública venezolana.
Política es lucha por el poder. Ese es el único punto en el cual están de acuerdo todos los filósofos políticos de la modernidad. Eso no significa que la política sea inmoral. Solo significa que la moral política, a diferencias de la moral personal, debe estar  subordinada a objetivos y relaciones de poder. O si no, no es política. En cambio, si un político falla a los intereses de quienes lo eligieron, no acata a la moral de la política.
En términos más claros: los gobiernos latinoamericanos solo condenarán al régimen de Venezuela bajo la condición de que esa condena no signifique aumentar problemas internos o, si mediante el acto de condena pueden obtener ciertas ganancias políticas, o si el gobierno de Venezuela atenta en contra de la soberanía nacional de uno o varios países.
La política es y será así. Es por eso que a ciertos columnistas  venezolanos, desatados en vendavales de injurias en contra del “traidor” presidente Mauricio Macri solo se les puede recomendar que escriban sus próximos artículos en las revistas del corazón. Porque de política no entienden nada.
Pensemos políticamente: Macri comenzó su gobierno aplicando correcciones económicas al precio de polarizar la de por sí muy polarizada política argentina. Luego del periodo de ajuste, Macri decidió llevar a cabo un intenso programa de política social. Para ello requiere del apoyo del Parlamento, esto es, del peronismo no-cristinista. En síntesis: Macri necesita des-polarizar. En ese marco –mucho más que en la candidatura de la señora Malcorra a la secretaría general de la ONU- se inscribe la política internacional del gobierno Macri.
Desde el punto de vista de una moral universalista, Macri puede ser criticado. Pero, hay que tener muy claro que esa moral no tiene nada que ver con la moral de la política real. Al fin y al cabo los electores de Macri lo eligieron para que terminara con la ineficacia política, administrativa y económica con la que sumió el cristinismo a Argentina y no para que liberara a Venezuela de alguna tiranía. Duro es decirlo, pero así son las cosas.
Por esas mismas razones los venezolanos no deben esperar que la solución de sus problemas provenga desde alguna galaxia o desde la OEA. En el mejor de los casos una resolución internacional podría ayudar a deslegitimar algo más al gobierno. Pero la liberación política de la nación solo puede ser llevada a cabo desde el interior, luchando todos unidos a favor de la única posibilidad democrática que se presenta en estos momentos: el revocatorio.
Eso también es realismo político. Eso también es Realpolitik.

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El Helicóptero
Bernard Horande - @BHorande

El escenario se le va encogiendo al régimen venezolano. No es que no tenga aún cierto margen de maniobra. Pero los acontecimientos se precipitan.
Maduro y su camarilla van sintiendo la presión. El país está sumido en la crisis más grave que se ha experimentado en la era republicana. No es que la gente está perdiendo la paciencia, sino que ya la perdió.
De todas partes del país llegan a cada hora reportes sobre saqueos por comida, estallidos sociales, protestas, denuncias, linchamientos, heridos y muertos. La olla de presión se calienta cada vez más. La pregunta que todo el mundo se hace es: "¿Cuándo explotará esto?".
Lo que le ha quedado al maduro-cabellismo es ordenar represión. Pretenden que les siga funcionando la estrategia de "candelita que se prende, candelita que se apaga". Pero no. Los venezolanos estamos hartos. Ya no son "candelitas", son auténticos incendios. Y no se apagan tan fácilmente.
En la autopista Francisco Fajardo, a la altura de La Urbina, hace pocos días la Guardia Nacional tuvo que salir huyendo ante la furia de la gente de Petare.
En otros sitios, los militares no hallan cómo parar a una población desesperada. Las informaciones indican que muchos han decidido no disparar contra el pueblo. No quieren verse las caras en el tribunal de La Haya.
A Maduro se le agotan las salidas. Su crasa ignorancia, sus ineptos consejeros, su miedo al futuro y su prepotencia ilimitada le impiden diseñar su partida. Por eso huye hacia adelante. Peor para él.
Pretende iniciar a estas alturas un diálogo. Podría ser, pero se nota la insinceridad y la maniobra. Quiere distraer. ¿Ganar tiempo? No, que va, ya no queda.
La propuesta de diálogo debe ser aprovechada por la oposición para desnudar al régimen y seguir presionando, ahora en un frente más, sin abandonar ni uno de los que ya se tienen activados. Y sin ceder ni en un milímetro en el Referéndum Revocatorio.
En el plano internacional, ni hablar. Como dice la canción, "tooodoo se derrumboooó...", a Maduro no le viene saliendo nada bien. Odian a la OEA "imperialista" pero siguen participando en ella tratando de cuadrar votos. Hace un año no hubieran perdido la reciente votación.
La Carta Democrática Interamericana se presenta como una espada de Damocles. Expone a Maduro y a su gobierno como una vergüenza mundial. Por cierto, también debería ser invocada la Carta Social de las Américas de la OEA, como acertadamente propuso el movimiento socio-político GENTE - Generación Independiente.
El escenario de MERCOSUR también se presenta como una amenaza para el régimen chavista. Paraguay, en un episodio del tipo "te espero en la bajadita", presiona por la salida de Venezuela de esa instancia.
A los venezolanos nos quieren escamotear la comida a través de un perverso y discriminatorio mecanismo inventado por la dirigencia roja-rojita. Lo denominan CLAP, Comités Locales de Abastecimiento y Producción. Pero el Abastecimiento no se ve. ¿Y la Producción? Menos.
Por ello, la gente se indignó colmando con violentas protestas las Avenidas Fuerzas Armadas, Baralt y Urdaneta. Ya no se trata del alejado Este de Caracas.  El "Urdanetazo" fue muy cerca de Miraflores.
Para concluir este artículo, sostengo que Maduro y sus compinches temen más una marcha hacia Miraflores de 25.000 personas por la Avenida Sucre proveniente del Oeste de Caracas que una de 1.000.000 de personas venida del Este.
Ah, perdón, se me olvidaba... sobre el título de este artículo.... el helicóptero...
Resulta que para el 19 de Diciembre de 2001, la situación social en Argentina se volvía incontrolable. Saqueos y mini-estallidos por todo el país.
El Presidente para entonces, Fernando De La Rúa, decretó Estado de Sitio. En lugar de calmarse, la situación empeoró. Muertos y heridos.
Al día siguiente, 20 de Diciembre, en Buenos Aires la situación se desbordó, con saqueos a supermercados, cacerolazos y marchas llamando a la renuncia del Presidente y su gobierno.
Finalmente, De La Rúa se vio obligado a renunciar. Cuando iba a tomar el ascensor para abandonar la Casa Rosada, le advirtieron:
– "No, señor presidente, hay muchísima gente furiosa en la Plaza de Mayo. No puede salir por tierra. Ya está listo el helicóptero".
Lo llevaron a la azotea y allí estaba, apenas posado con el fin de no descargar todo su peso sobre el histórico edificio, un helicóptero Sikorsky S76B.
Cuando el aparato se elevó, lo que el ya ex-presidente en su escapatoria alcanzó a escuchar fueron gritos e insultos de la gente enardecida allí muy cerca, en la Plaza de Mayo.


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lunes, 6 de junio de 2016

RAFAEL CALDERA

Eduardo Fernandez

Rómulo Betancourt y él fueron los dos políticos más importantes de su tiempo; es decir, de la segunda mitad del siglo XX.

De Caldera podría decirse lo que dijo el gran escritor uruguayo José Enrique Rodó de Simón Bolívar: “Grande en el pensamiento, grande en la acción, grande en el infortunio, grande para magnificar la parte impura que cabe en el alma de los grandes…”

Caldera fue grande en el pensamiento. Fue un intelectual prestado a la política o un político prestado a la Academia. Su biografía de Andrés Bello, escrita cuando todavía no había cumplido los veinte años ha sido objeto de los más encendidos elogios por parte de la crítica especializada. Su obra Derecho del Trabajo es uno de los textos más reconocidos en el ámbito del derecho laboral. Su discurso “la hora de Emaús” pronunciado en diciembre de 1956 en la Sala de Conciertos de la Ciudad Universitaria de Caracas, su colección de perfiles biográficos recogidos en las varias ediciones de Moldes para la Fragua; su actuación en las varias academias de las que fue individuo de número: la Academia de Ciencias Políticas y Sociales y la Academia venezolana de la Lengua lo acreditan como un gran pensador.

Además, Caldera pensó en Venezuela, diagnosticó sus problemas, escudriñó en su historia, presentó propuestas para su superación y trabajó incansablemente por su progreso.

Caldera fue un hombre de acción. Liderizó el esfuerzo por darle a Venezuela una democracia política con contenido de justicia social. Asumió la responsabilidad de ponerse al frente en la tarea de construir un gran partido político popular inspirado en los valores del Humanismo Cristiano, se propuso ser Presidente de la República y pudo lograrlo a fuerza de perseverancia y de tenacidad, en dos oportunidades.

Sin duda alguna, Caldera le dio al ejercicio de la presidencia de la República un sentido de servicio y de respeto a los valores Republicanos y a los principios democráticos.

Desde la presidencia de la República hizo todo lo que estuvo a su alcance para servir al pueblo venezolano y al progreso de la nación.

Caldera fue grande también en el infortunio.

Fue candidato en circunstancias muy adversas frente a la candidatura imbatible de Rómulo Gallegos en 1947. La de Caldera fue una candidatura simbólica pero necesaria para iniciar la siembra que floreció, años después, en un gran partido político llamado COPEI.

De nuevo fue candidato frente a Rómulo Betancourt en 1958 y frente a Raúl Leoni en 1963. Supo asumir con dignidad sus derrotas electorales. En cada una de ellas iba creciendo la fuerza que lo respaldaba.

En 1968 logró coronar por primera vez su ambición presidencial frente a la candidatura del doctor Gonzalo Barrios. En 1983 vuelve a ser candidato frente a Jaime Lusinchi sufriendo una derrota muy significativa. En las palabras que pronunció para reconocer la victoria de su adversario incurrió en una generosa exageración cuando dijo “el pueblo nunca se equivoca”.

Me tocó ser discípulo de Caldera en la universidad, en la actividad política y en la experiencia internacional.

Considero un privilegio que agradezco siempre el haber podido contar con su magisterio.

Las circunstancias de la vida me llevaron a tener que competir con él cuando sentí que mi obligación era poner mi nombre al servicio de una generación venezolana, la generación de 1958, que en el año 1988 sentía que ya había madurado y que era el momento de asumir la responsabilidad de gobernar al país y de imprimir a la vida venezolana los cambios que considerábamos necesarios.

La reacción de Caldera frente a la contundente mayoría que respaldó mi candidatura en el Congreso Presidencial Social Cristiano que se celebró en el Poliedro de Caracas en noviembre de 1987 me parece que habría que anotarlo en aquello de “la parte impura que cabe en el alma de los grandes”.

Su empeño en volver a ser Presidente de Venezuela lo llevó a tener que gobernar en circunstancias muy difíciles y a tener que terminar el brillante ciclo de su notable carrera política, entregando los símbolos del poder a un Teniente Coronel golpista que representaba el retroceso a lo peor de la historia política venezolana.

Caldera, como dijo Rodó de Bolívar fue: “grande en el pensamiento, grande en la acción, grande en el infortunio y grande para magnificar la parte impura que cabe en el alma de los grandes...”

Eduardo Fernández
@efernandezve
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Lo urgente, es urgente


Pedro Luis Echeverria 
Sumamente movidas las dos últimas semanas de actividad política en nuestro país. Varios hechos marcaron su dinamismo. Se iniciaron con la valiente y decidida actitud del Sr. Almagro de convocar al Comité Permanente de la OEA  a una reunión especial para discutir el enjundioso informe que preparó sobre la crisis institucional que transita Venezuela y sus negativos efectos sobre la vigencia de los valores democráticos. Igualmente, y como corolario de la referida convocatoria,  examinar colectivamente la posibilidad de iniciar el proceso de activación de la Carta Democrática de esa Organización
El régimen, por su parte, de manera unilateral designó a un grupo de ex presidentes, muy afines al Gobierno, como "oficiantes" para promover la posibilidad de establecer algunas bases para la celebración de un eventual diálogo con la oposición; de esta manera el régimen trata de ganar tiempo para postergar hasta, al menos, el próximo año la celebración del referendo revocatorio incoado por la disidencia venezolana.
 Los "oficiantes" pro gubernamentales en cumplimiento de lo solicitado por Maduro, invitaron a representantes del gobierno y de la oposición a unas reuniones de exploración sobre el tema. La oposición de manera apresurada y sin sopesar debidamente el significado y consecuencias de este llamado, procedió subrepticiamente a reunirse con los ex presidentes y plantear sus condiciones para un posible diálogo con el gobierno. De esta sorpresiva y errática acción opositora se desprenden tres lecturas: a) La oposición acepta, sin objeciones de ninguna especie, a los " oficiantes " designados por el régimen; b) tácitamente expresa su disposición a participar en un diálogo cuya duración, agenda y otros detalles son, hasta ahora, desconocidos y; c) debilitó la fuerza y viabilidad de la iniciativa Almagro y fortaleció la posición de aquellos países miembros de la OEA, reacios a la invocación y aplicación de la Carta Democrática como los ulteriores hechos acaecidos lo demostraron y; d) La celebración del  referendo revocatorio y la aplicación de la Carta Democrática podrían ser postergados hasta que se agote el camino del diálogo.
Los reiterados errores de apreciación de los momentos políticos por parte de la dirigencia opositora y la consecuente equivocada estrategia de acción que, con base en tal apreciación, diseña, en muchas oportunidades ha llenado de dudas y vacilaciones al país opositor, ha desperdiciado  tiempo en discusiones y rivalidades inconducentes, ha puesto en "zona de peligro" los tiempos previstos en la Constitución para convocar, este año, el referendo revocatorio y ha postergado la exitosa realización de contundentes acciones políticas.
Es impostergable que las organizaciones políticas y sus dirigentes, nucleados en la MUD, entren en mejor sintonía con las necesidades y urgencias del sufrido pueblo venezolano.


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domingo, 5 de junio de 2016

POLÍTICA DEL CORAZÓN
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        CARLOS RAUL HERNANDEZ

Lo único negativo del encuentro entre la oposición y el gobierno en República Dominicana, es que no se dio. Pero hubo varias incidencias colaterales dignas de comentar. Sirvió para medir el grado de irracionalidad de la guerrilla virtual, cruda después de diecisiete años de errores y malos consejos. Sigue al acecho para lanzarse a la yugular de la oposición real, la única que existe y mantiene la alternativa, precisamente por no seguir consejos cabeza de ñema que atornillaron a Chávez y Maduro. A la Unidad en este caso se le oyó un cierto pistoneo, porque al desmentir no reivindicó la necesidad del diálogo como principio, un elemento político esencial. Se perdió la ocasión de educar a esos grupos de clases medias con cierta capacidad de descrédito en las redes y que habría que esforzarse por ayudar a salir de su inverecundia.
Aunque lamentablemente no llegan aún, conversaciones, diálogos y negociaciones son necesarios para superar esta pesadilla, como lo fueron en Nicaragua, Chile y decenas de otros ejemplos, y la vocación de aplastar no funciona de un lado ni de otro. La revolución intenta hace diecisiete años  borrar la alternativa y lejos de lograrlo hoy es mayoría. El régimen es impopular, detestado (régimen incluye al Tribunal Supremo, el CNE y la Fiscalía, entre otros) y se sostiene únicamente en un sector de la FAN. No podrían ni caminar sin andadera. A la oposición virtual no le importa que el mundo entero llame al diálogo, los grandes poderes latinoamericanos y mundiales, incluido nada menos que el G7. Cada vez que se habla de eso, salen con su retreta de moralinas, necedades, denuncias de traición y demás bisuterías mentales.


REGRESO a la mayoría…


Si negociar permite la salida de Leopoldo López y otros inocentes encarcelados, algunos por más de diez años, si impide la violencia, la irrupción de los militares, bienvenido sea. La oposición real debe explicarle a la virtual que no parece resolverse la crisis sin hablar. La alternativa quiere llegar al poder para estabilizar, tranquilizar y lograr el progreso y no para autodesestabilizarse. La mayoría de los gobiernos en transiciones en las que el odio se convirtió en política, fracasaron y un gran experto en el tema escribió que la peor amenaza en las transiciones son los radicales. ETA puso en peligro la española al asesinar a Carrero Blanco, porque Franco lo sustituyó con un línea dura, Carlos Arias. Y la izquierda suicida de Chile la arriesgó al liquidar a Jaime Guzmán, senador de la derecha. El diálogo, la negociación, las conversaciones son bandera y primera prioridad de las fuerzas democrática que actúen en cualquier circunstancia.
Por desgracia este gobierno sicópata no entiende la necesidad de prevenir la violencia. Se creen protegidos, pero serían las primeras víctimas. Cuando los partidos regresaron a la conducción (luego de la hora loca 1999-2006) su propósito pasó a ser ganar a la gente que estaba del otro lado, los sectores populares. El primer razonamiento de un político antes de responder a cualquier situación -y en eso se diferencia su oficio de otros- es interrogarse sobre qué se gana en la operación y cómo reaccionarán o lo interpretarán los interlocutores estratégicos. Eso define un dirigente cuya subconsciencia se formó con el paso del tiempo y la acumulación de cicatrices y derrotas que lo diferencian de un aficionado. Sabe que no debe arriesgar la fuerza construida y que los traspiés la ponen en peligro, que debe preservar lo obtenido y crecer en respaldo. Elude la confrontación y busca negociar.
…Ma non troppo
Los aficionados actúan emocional, moralista, principista o conceptualoidemente, lo que Hegel llamaba “política del corazón”, sin sentido de la realidad y a veces hasta del ridículo. Sus alocuciones, en vez de señalar caminos, alternativas, tácticas, se constituyen de tres elementos que componen la “estrategia” de barbería, peluquería o taxi: quejumbres con enumeración de los males que nos devoran (incluidos precios e inseguridad), insultos al adversario y moralismos o principismos impracticables (y masajes al ego). Uno de los ejemplos es lo de la “nacionalidad de Maduro”. En tres años los denunciantes no tienen ningún balance que ofrecer y el planteamiento ha sido irrelevante. Pero al señalarlo emerge la respuesta moralista, valorativa, envuelta en la bandera, mojada en la sangre de los libertadores, y por supuesto, en la traición de la MUD. Para hacer de los cuernos palos y más cruel la ironía, veamos esto.
El “Supremo” -organismo al que habría que recurrir sobre la partida de nacimiento- favoreció a venezolanos hijos de extranjeros. Es evidente que el único fin es de reabrir de nuevo el ocioso debate. La Unidad desde 2006 volvió a la política  popular, tal como lo fue para los partidos de la era democrática. Durante esa hora loca que duró entre el 99 y 2006, la conquista de las mayorías no era algo que apareciera en los radares diletantes, lo que explica disparates como el paro petrolero y el retiro de la Asamblea Nacional. Por eso no hay que exagerar el descuido a los sectores medios, pero tampoco incurrir en la ligereza de condescender con sus errores y hay que hacer esfuerzos pedagógicos para convencerlos, aunque es difícil explicar al ignorante que cree saber. Y desagradable tener aliados que esperan cómodamente en los recodos para apuñalearte.
@CarlosRaulHer

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