lunes, 3 de octubre de 2016

JERARCAS DEL REGIMEN: ESCUCHEN

Pedro Luis Echeverria

Transcurren los días y ustedes continúan  sin resolver los acuciantes problemas del país, por el contrario,  han aumentado la represión indiscriminada y han  perfeccionado y profundizado los métodos y mecanismos para ejercerla. Ha crecido el número de  víctimas fatales, desaparecidos, lesionados, torturados y  detenidos  sin el derecho al debido proceso;  grupos armados e irregulares auspiciados, protegidos y financiados por ustedes incrementan  los ataques a personas, y a la propiedad privada.  Inventan conspiraciones nacionales e internacionales supuestamente orientadas a desestabilizar al régimen. Hostigan a los medios de comunicación y a los periodistas Mienten  y ocultan las cifras de desempeño económico del país. Tratan de infundir miedo, mediante la manipulación de leyes e  instituciones para acusar y acosar a todo aquel que profesa ideas y valores diferentes de la visión de ustedes.  Crean  alharacas, sin lógica ni fundamentos, sobre cualquier cosa que se les ocurra. Manipulan a sus seguidores, para generar una avalancha de odios hacia la disidencia. Ustedes, adoptan el insulto y la mentira como formas de descalificar a sus oponentes sean éstos políticos, militares, empresarios o figuras más o menos públicas. La institucionalidad al servicio de ustedes descarada e ilegalmente torpedea, obstaculiza y retrasa el derecho constitucional de la población a convocar y celebrar el RR y eso, por si no se han percatado, los ha convertido en un gobierno írrito que actúa de espaldas  y  en contra del país.
En síntesis, ustedes tratan por todos los medios a su alcance aplastar la voluntad de cientos de miles de personas, tratando de potenciar su sumisión y la erradicación del ansia de cambio del régimen y de su forma de gobernar que es lo que el país mayoritariamente reclama. Ustedes no han cedido un ápice a las justas demandas de la disidencia que facilitarían la posibilidad de realizar acciones, con eficacia política, sobre la forma de abordar conjuntamente las soluciones a la terrible situación que vive el país. Irresponsablemente, asumen el rol de feroz contendiente, en lugar de abrir, mediante acciones políticas contundentes y veraces, los caminos para el entendimiento y la paz, los cierran, pero, a pesar de todo ello, la fuerza opositora se legitima, crece, persevera, se mantiene unida, resiste, se reinventa, lucha y sus justos reclamos se extienden  y movilizan al hombre de a pie, a ciudades, pueblos y a todos los sectores sociales.
Promover la paz y el entendimiento, supone la edificación institucional de la democracia y el estado de derecho; significa disponer y crear instituciones políticas y judiciales respetadas y creíbles para la administración y solución de conflictos por vías no violentas. Ello, les exige a ustedes  la aplicación  de una justicia objetiva e imparcial en el proceso de cambio en el que estamos envueltos, pero ustedes no lo hacen.  Deben  privilegiar la actitud reflexiva sobre lo emocional. Vivimos una nueva era; “el chavismo-madurismo”   emite los últimos estertores de su agonía, pero, ustedes tozudamente continúan prisioneros de viejas y rígidas doctrinas que les impiden ver  cómo es la realidad que los circunda. Ustedes no han sido capaces de entender el país de hoy y mucho menos son aptos para  gerenciar  una transición hacia un nuevo paradigma de desarrollo democrático; ustedes no han podido ni  pueden dar respuesta a los anhelos de paz y progreso de la sociedad venezolana. Ustedes son los responsables de la tragedia nacional que vivimos. Por qué no se van?


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domingo, 2 de octubre de 2016

ALICIA MACHADO CONTRA LOS VAMPIROS

CARLOS RAUL HERNANDEZ

Cuando un gángster hábil, sin escrúpulos y con coraje confronta las instituciones dispuesto a asaltarlas, la columna vertebral y las piernas del liderazgo tiemblan y con demasiada frecuencia ceden. Ocurrió en muchas partes desde la Rusia de Kerensky -derrocado por Lenin sin disparar un tiro-, hasta Evo Morales, pasando por Hitler que recibió la Cancillería de Von Hindenburg, encarnación de la aristocracia junker. En esos episodios hay elementos comunes: la antipolítica que multiplica los resentimientos, injustificados o no, de parte de “las masas”, y la alevosía de grupos de las clases medias, -siempre decisivas en esos lances-, que añoran un hombre fuerte que desaparezca los odiados partidos políticos y sus “privilegios”. Las elites traicionan y le sobreseen a la Bestia Apocalíptica sus ruindades, crímenes, amenazas, la complacen en los tribunales y van a besarle la cola para ganar su clemencia. Hoy es Donald Trump.
Tales grupos quieren acomodarse al cambio, tal como lo vivimos no hace mucho. Hasta ese momento democráticos, transgreden por sentirse más identificados con la Bestia en lenguaradas de fuego que con los políticos convencionales, administradores aburridos de las instituciones. Es un espectáculo ver las patanerías Trump, conocer su vida marrullera, su historia de triquiñuelas, y como degrada a “los políticos”, precisamente él, que emerge de lodazales financieros. Pero lo reta una dura y ojalá no la traicionen como ocurrió aquí. Nadie comprendió mejor la postración frente al hombre fuerte que el filósofo letonio-británico Isaiah Berlin en su tratado El sentido de la realidad, que debían leerse todos los aspirantes a líderes. Berlin apenas escribió de corrido dos libros, uno sobre el Romanticismo y otro sobre Marx.
 
El tarado intemporal
Su extensa bibliografía existe porque nos hicieron el favor de grabar sus clases y publicarlas. Su pensamiento es excepcional, porque además de ser un académico erudito, era un hombre de acción, nada menos que espía británico en la Unión Soviética de Stalin. No era un hablador de p… ¿Estamos a un paso o dos de que la maldición del hombre fuerte se concrete en EEUU? ¿Habrá medido la sociedad norteamericana el problema planetario de un eventual triunfo de Trump? Está cabeza a cabeza con Hillary, dato que alarma porque evidencia un arquetipo de apoyante medio que podría llamarse el tarado intemporal universal, cuyas críticas a Hillary son redomadamente insólitas. Como Orlando, el personaje de Virginia Woolf, es el mismo tarado que se ilusionó con Getulio Vargas, con Sandino, con Perón, con Fidel, con Allende, con Velasco, con el comandante, con Podemos, para luego llorar arrepentido lágrimas inútiles. Ahora su esperanza con Trump.
Para el intemporal Hillary miente -los emails-, es inexpresiva, “aburrida” por su condición burocrática, por política. Poco confiable porque mantuvo el autocontrol y no lloró desconsolada ante los medios cuando su marido divertía a Mónica Lewinsky. Muchos hubieran querido verla despechada y desgarrar su amargura en televisión. En el debate presidencial del lunes 26 de julio (2016) Trump exhibe la falsedad compulsiva que lo embarga al atacar al gobierno de Bill Clinton con argumentos de los 80 y 90, hoy denegados por la Historia, al mejor Presidente de EEUU durante el siglo XX, que superó al insuperable Ronald Reagan. Impulsó la revolución informática y se fomentó 20 millones de empleos, con lo que la desocupación que se arrastraba desde Carter desapareció.
 
Llena eres de gracia
Para ello tuvo que enfrentarse al nacionalismo económico antiglobalización de derecha e izquierda y abrir la economía a la competencia, obturada desde el populismo de Roosevelt. Demostró que una sociedad sana y de crecimiento estable en el tiempo solo es posible con la apertura y la competencia. Hasta en Venezuela ya eso se entendió, pero este magnate que se hizo con quiebras ficticias y el apoyo del gobierno, miente y hace bullying. Hillary responde y unge a la maravillosa Alicia Machado –otra dura, a la que sus compatriotas ridiculizaban– como imagen de la campaña, y apoya la democracia venezolana frontalmente. Una self-made-woman hispana, que venía en transporte colectivo desde Maracay a Caracas para los entrenamientos del Miss Venezuela, que superó obstáculos, zancadillas –entre ellas las del propio copetón–, crisis personales, y al final conquista su destino, un gran emblema para exhibirlo a los norteamericanos y al mundo.
Sobrevivió a Trump, a un marido de conducta “miserable” y a un doble cáncer de mama. Es de gran importancia por la situación de Venezuela en lucha agónica de muchos años para frenar un régimen marxista, y en este momento para que no ruede por el desbarrancadero de los Estados fallidos. Nuestra querida y admirada Alicia, bella y voluntariosa, extraordinaria, es modelo en diversos sentidos de la palabra. Hoy es el emblema de los latinos en la primera nación del mundo, y cercana a la potencial primera mujer Presidente de EEUU. Símbolo de la feminidad, la belleza y la sangre mestiza, protagonista en un momento en que en el Norte se juega una carta peligrosa. Alicia se enfrenta a la maldición del hombre fuerte, que aparece hasta en las mejores familias. Ahora es mejor no burlarse mucho de ella.

@CarlosRaulHer

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CORRER O ENCARAMARSE

RAUL FUENTES

EL NACIONAL

Está muy en boga y, al parecer, es bien visto por la disidencia purista, ese sector que contaría al gobierno con menos severidad que a la concertación unitaria, tildar de cobarde a la dirigencia de esta. Es muy fácil disparar irreflexiva y automáticamente 140 caracteres por minuto para afirmar que, en razón de maquiavélicas confabulaciones, presumidas o imaginadas, la MUD legitima al mascarón de proa de la dictadura milico-civil y es, por tanto, corresponsable de las frustraciones sociales, económicas y políticas del venezolano que depositó su confianza en ella; sí: es demasiado sencillo acribillar, desde el ordenador o el smartphone, a quienes, muy a pesar de sus discrepancias, lograron compaginar pareceres para diseñar una política de eficacia demostrada exitosamente en las elecciones parlamentarias y corroborada con creces en la Toma de Caracas. Que esas manifestaciones no derivaron en insurrección es lamento al uso de quienes sueñan con un «carmonazo» y anhelan corra sangre, siempre y cuando no sea la suya.
Las iniquidades del despotismo pueden precipitar la desobediencia civil y esta, la insurrección. Ocurre, según los tratadistas, cuando convergen condiciones objetivas y subjetivas. Deseos no empreñan. De sobra lo saben los cagarreproches que, con sus andanadas contra la oposición organizada, le hacen un gran favor al régimen. Coreando a los oficiantes del continuismo, suscriben la tesis de que la MUD dejó sucumbir el revocatorio –falaz afirmación que exime de culpabilidad en el calculado incumplimiento de los lapsos estipulados por la ley a las alegres comadronas que procuran su aborto– y, para más inri, celebran con sibilino «yo lo dije» el aparente naufragio de la consulta. Sus predicciones exceden, por rebuscadas, acaso malintencionadas, nuestra capacidad de asombro, y nos ponen a pensar que se complacen maliciosamente con una zozobra del RR que sería acta de defunción de la Mesa; esta, se mantiene en sus trece e hizo lo apropiado: definió un itinerario sin bailar al son que tocan los insufribles managers de tribuna, a objeto de convertir los tres días pautados por las celestinas para el recaudo de firmas en jornadas por el cambio, y lograr que el referéndum se realice este año, se respete el artículo 72 de la Constitución y las manifestaciones de voluntad se computen nacionalmente.
Con los humos ofuscándole la sesera, después de ser exaltado a la presidencia del Movimiento de Países No Alineados –no por méritos, sino por correspondencia pro témpore al país que monta sus ferias de vanidades–, Nicolás dice misa y predica para nadie, a pesar de que las alcahuetas rojas del CNE procuraron atornillarlo al cargo con una temeraria vuelta de tuerca a su servilismo; sin embargo, su imagen, reputación y credibilidad están mucho más comprometidas que las de Fujimori cuando este disolvió el Congreso peruano. La fortuna ha dejado de sonreírle y quizás sus camaradas lo conminen a abandonar la carrera sin alcanzar la meta; por supuesto, hay un pero que importa en una hipotética y tardía revocación o una forzosa renuncia.
“Tanto monta, monta tanto” fue lema utilizado por los reyes católicos –el origen de la frase se atribuye a Alejandro Magno y atañe al nudo gordiano (da lo mimo desatar que cortar)– que por mediación popular aclaraba que reina y rey compartían por igual los cetros de Castilla y Aragón: “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”. Aquí no hay claridad sobre quiénes ejercen el mando, lo que ha dado lugar a toda suerte de especulaciones. No hay una dupla ni un triunvirato; si unos aseveran que gobierna una tetrarquía, otros dirán que un quinteto. Transémonos por una sinarquía y, as: tanto monta, monta tanto, Nicolás como Diosdado y Diosdado como Padrino y Padrino como El Aissami o como Istúriz… etcétera, etcétera. Entonces, en el supuesto casi negado por el CNE de que prescindamos de Nicolás el próximo año –acierta María Corina–, saldríamos del dictador, mas no de la dictadura, y la idea es que el chavismo palme de madurismo como «el marxismo murió de marxismo» (Popper dixit).
La sumisión de los poderes Judicial y Electoral al Ejecutivo para desconocer a la genuina representación popular (Asamblea Nacional) e impedir la celebración del referendo y los comicios regionales pone a prueba la paciencia de la gente. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1793) establece que «cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y cada una de su porciones, el más sagrado de los deberes». En caso de que el CNE no rectifique a tiempo, entonces sí –aunque abogue por un cambio apegada a la letra y espíritu de las leyes–, la MUD debe decidir si corre o se encarama en el derecho de rebelión. La bicha lo contempla. Sería un buen plan B.


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MUD

FERNANDO RODRIGUEZ

EL NACIONAL

Si la MUD cesase de existir, como algunos “opositores” aspiran, este gobierno terminaría de enterrar el país. Cada vez que se produce en ella un traspié o una equivocación, inevitables en todo quehacer colectivo, una banda histérica pide su cabeza, la acusa de los pecados más viles y le atribuye una alta cuota de las culpas de los males que carcomen la nación. No importa que al lado del real o supuesto desatino ocasional existan los más loables y objetivos aciertos, igual se pide el cepo para la detestada mesa. Por ejemplo, el que se haya producido un mal manejado (y autocriticado, ojo) diálogo secreto con el gobierno, en momentos en que se venía de la monumental concentración del 1° de septiembre, sirvió para que las agresivas aves de rapiña se lanzaran sobre la presa. O, apenas ayer, bastaron las siniestras medidas del CNE para el revocatorio para que se declarara la derrota de aguerridos meses de empeño y la necesidad de buscar otras instituciones y otros caminos.
Pero en este último caso fue la misma MUD la que elaboró una recia política para enfrentar el atropello despótico. Lo cual los silenciará por un rato. Anotemos que esta nueva estrategia tiene grandes virtudes, sean cuales fuesen sus resultados, siempre posibles: ha sido profundamente, inesperadamente, unitaria: María Corina incluida, Capriles rompiendo una lanza por Leopoldo, Falcón ubicándose sin equívocos… No hay duda de que va a movilizar gente en gruesas cantidades, ya veremos el 12 de octubre. Su argumento central sobre el 20% nacional es tan inobjetable o, lo que es lo mismo, el del gobierno es tan absurdo constitucional y lógicamente que no debería sino prevalecer. En fin, que la MUD está más viva y activa que nunca. Y en más de un frente; hoy Capriles celebra, por primera vez que recuerde, el sendero del diálogo por la mediación vaticana. El diálogo cada vez más digerible, si miramos al lado, a Colombia, y un poquito más lejos, a los hijos y nietos de Fidel embelesados por el Internet y por el Norte promisorio.
Pero ¿quiénes son esos sujetos que hacen tanto ruido y cuya función parece ser desmoralizar a los que quieren salir de esta podredumbre en que vivimos? Difícil decirlo. Hay técnicos en el juego sucio que no se sabe a quién sirven. Descocados de siempre que viven del desenfreno. Intelectuales necios que posan en solitario porque no les gustan las fotos en grupo. Muchos hablan sin límites, pero desde la ciudad de Miami, sin temer los grillos de Leopoldo o Ceballos ni los asedios incesantes contra otros. Seguramente algunos desesperados, de buena ley. En general, tienen en común que, además de denigrar de las tibiezas y supuestas complicidades de la MUD, una obsesiva pasión por las redes, la creencia en todas las “leyendas urbanas” sobre el gobierno y la oposición, buena parte viven en urbanizaciones confortables, o en un exilio autodecretado. Jamás han hablado de una solución coherente que no sea el disfrazado golpe de Estado o una onanista ilusión del pueblo, sin ellos, claro, lanzándose a conquistar todas las plazas y los recintos del poder. Son la antipolítica, pues.
En estos días les ha dado por inventar otra MUD en la que prevalezca lo civil. Señores, la política la hacen los políticos, como los empresarios hacen empresas y los futbolistas meten goles. Si lo hacen mal, hay que buscar nuevos políticos, no hay otra manera. Si de algo padeció la fenecida Coordinadora Democrática es de quedar, en buena medida, en manos apolíticas, de poderosos o aficionados. En principio, los medios y empresarios que hicieron despóticamente lo que todos sabemos. Pero también los sopotocientos vecinos de San Román o la asociación de amigos de Maturín tratando de hacer un programa de gobierno, dígame usted. Lo que no quiere decir que no haya que recurrir a cualquier ciudadano organizado, y hasta solitario, que pueda ilustrar o empujar la causa. Eso se hizo cabalmente en esta última jornada referendaria.
Hasta que algunas mentes lúcidas, hay que recordar a Teodoro Petkoff necesariamente, decidieron que el camino era electoral y la rectoría del movimiento debería ser de los maltrechos partidos políticos, pero políticos. Y por esos predios andamos, mayoritarios, con sindéresis, empujando la esperanza.

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LA PAZ DE COLOMBIA Y LA DE VENEZUELA

ELSA CARDOZO

EL NACIONAL

Hoy es un día muy importante para Colombia, sus vecinos y, más allá, para el registro histórico sobre las posibilidades de la negociación de conflictos cuando quienes crean las condiciones para que sea posible no pierden de vista su propósito ni el balance entre sus costos y beneficios. La consulta de este domingo coloca en manos de los colombianos la decisión final sobre un compromiso muy complejo, arduamente negociado en cada uno de sus aspectos y que deja muy bien definido el compromiso de todos con una hoja de ruta que debe ser cuidadosamente seguida.
Para los académicos, analistas y consultores es este un caso de obligado estudio sobre por qué y cómo desde la confrontación existencial se abre paso la posibilidad y necesidad de negociar su final; sobre la elección del lugar, los garantes y acompañantes de la negociación, para sumarle apoyos y neutralizar adversarios; sobre la definición misma de la agenda y el orden de los temas a ir acordando; sobre el papel de la presión y las operaciones militares gubernamentales antes y durante las negociaciones con las que se corroboró una y otra vez la debilidad material y política de las FARC; sobre la búsqueda simultánea de recursos para financiar la transición, y entre muchos otros aspectos, sobre los muy críticos y socialmente sensibles temas de la justicia para el tránsito a la paz.
Así es, todo un caso que visto desde Venezuela obliga a mucha reflexión sobre lo que significa para nosotros. Por supuesto que lo anotado sobre el “caso de estudio” nos es de enorme interés, pero en términos muy diferentes. Aquí hay que comenzar por precisar que es el gobierno mismo el que se ha alejado de la legalidad y desde donde se alienta y ejerce materialmente una temible escalada de violencia. Pero hay otros aspectos de mucho interés en lo que hoy se decide en Colombia: por sus efectos en la relación bilateral y en los movimientos recientes en el mapa regional.
La extensión del control del Estado colombiano sobre su territorio y el desarrollo de las conversaciones de paz ha propiciado y seguirá alentando la mudanza hacia territorio venezolano de irregulares no pacificables y de todas las actividades ilegales y criminales que los acompañan. Un gobierno genuinamente preocupado por la seguridad del Estado y sus ciudadanos, aparte de contar con la política de fronteras correspondiente, debería haber aprovechado su cercanía a la negociación para acordar sistemas de coordinación y control mutuamente beneficiosos, con apoyo y posibles incentivos y financiamiento internacional. Pero eso no lo tenemos en Venezuela y, entre todos los vecinos de Colombia, somos el país más vulnerable.
Si por décadas se dijo, con toda razón, que la paz en Colombia era la paz para Venezuela, desde hace unos años la fórmula se fue invirtiendo a medida que se conjugaban la estrategia militar y política de los colombianos para alcanzar su paz y la del gobierno venezolano de alentar sus alianzas insólitas y la confrontación interior. Es curioso que incluso de eso el gobierno de Juan Manuel Santos supo sacar partido y, al dar a Venezuela un papel en la negociación, hizo buen uso de los vínculos del gobierno con la guerrilla y, a la vez, desalentó –participación de Cuba mediante– la posibilidad del saboteo.
En estos días el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, planteó ante la Asamblea General de de las Naciones Unidas la necesidad de inmediata atención a la crisis venezolana por un grupo de apoyo, y precisó en días sucesivos el papel que en él debería tener Colombia.Lo cierto es que en el movido mapa político latinoamericano la paz abre a nuestro vecino nuevas posibilidades y responsabilidades. En cuanto a Venezuela, urge una relación atendida desde referencias de seguridad y humanas más integrales que las impuestas por la prioridad de las negociaciones de paz que, para el bien de todos, esperamos ver refrendada hoy. Así sea.

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LA MUERTE DE LA MUD

ELIA PINO ITURRIETA

EL NACIONAL

El documento de la MUD que responde a las arbitrarias decisiones de la oficina electoral sobre el RR es una pieza de antología que puede cambiar el panorama político en breve plazo, si sus letras se convierten en realidad. Si alguien habló hace poco de la muerte de los partidos coligados, puede tener razón debido a que, con la redacción del aludido texto, las organizaciones más importantes de la oposición inician una nueva fase de lucha que involucra a la mayoría de la sociedad civil en un capítulo que, de llevarse a cabo, convierte en prólogo los trabajos anteriores. Debemos pensar que habrá un después a partir de la aparición del documento, no en balde los redactores quieren iniciar un proceso de democratización de las decisiones que no había distinguido sus conductas previas.
¿La MUD debía manejar los asuntos políticos en el hermetismo de sus salones, como lo hizo hasta ahora? Desde luego. Todavía sin el cálculo preciso de sus fuerzas, y sin la seguridad de un apoyo constante de la ciudadanía, era razonable que unas pocas manos, las más expertas, se ocuparan de orientar el sendero espinoso. Más aún, convenía que las decisiones de mayor trascendencia, o las más arriesgadas, solo dependieran del interés de los partidos más fuertes e influyentes, o de los líderes más reconocidos por la sociedad, para evitar una heterogeneidad que desembocara en debilidad. Puede resultar odioso que uno se ponga a celebrar el sigilo de unos cónclaves en cuyo interior solo se mueven los intereses de las organizaciones más sólidas, pero evitaban el ruido de las banderías frágiles para reflexionar sin el estorbo de las menudencias. ¿Funcionaron esos encierros? Desde luego. Las mayorías no los vieron con malos ojos y apoyaron lo esencial de sus decisiones, hasta el punto de afirmar la existencia, ahora sin alternativa de duda, de una mayoría dispuesta a dar la batalla decisiva contra la dictadura.
Corroborada tal situación, y ante la resistencia de la “revolución” frente a cualquier mecanismo democrático que la condene a una desaparición inevitable, los partidos coligados llamaron a reuniones amplias que condujeron al anuncio del programa de lucha que ahora proponen. Del hermetismo se pasó a las consultas, los despachos de la MUD se animaron con la heterogeneidad de múltiples voces, pero también con el clamor de diversos intereses que apenas había considerado, para iniciar un capítulo que parece prometedor. Ahora la MUD no habló por sus miembros, sino por la colectividad a la cual involucró para una movilización de voluntades que puede ser esencial para salir del chavismo. ¿Por qué? Porque ese proceso de democratización que se podía echar en falta debe desembocar en hechos que no han sido frecuentes. Ahora se debe luchar en forma coordinada desde los gremios grandes y pequeños, desde los sindicatos, desde las instituciones cívicas, desde las organizaciones no gubernamentales, desde las asociaciones de vecinos y desde los despachos de los empresarios. La MUD no presentó un documento como portavoz de ella misma, sino de todos los sectores a los cuales comprometió en acciones de mayor profundidad.
De allí la decisión de acudir al nuevo capítulo de recolección de firmas para el RR, pese a la ilegalidad de las instrucciones proporcionadas por la oficina electoral. El hecho de que se tomara la decisión de seguir adelante sin que se opte por un acatamiento ciego de las decisiones que la dictadura pretende imponer, sin que la última palabra dependa de cuatro empleadas solícitas del mandón, sino de una movilización social de grandes proporciones, de unos hechos que no sean solamente las habituales marchas, sugiere la cercanía de actividades políticas de estreno que pueden fulminar al chavismo. Las denuncias sobre la burla de la Constitución en el manejo del RR no dependerán ahora de la dirigencia exclusiva de los partidos, ni del entusiasmo de sus seguidores más fieles, sino de una avalancha de presencias ciudadanas y de una cascada de muestras de inconformidad que probablemente no tengan precedentes. Es lo que se desprende del documento aludido al principio, gracias a cuya lucidez pueden provocarse fenómenos jamás vistos hasta ahora. Si La MUD murió, como se ha propalado, resucitó vigorosa al día siguiente.

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¿Para qué los filósofos?

       MARIO VARGAS LLOSA

EL PAÍS

En un bouquiniste de los alrededores de Nôtre Dame encontré, medio desecha por el tiempo y el manoseo de los paseantes, la primera edición de Pourquoi des philosophes? (1957), de Jean-François Revel. La compré y la volví a leer, medio siglo después de la primera lectura. Este panfleto volteriano con que Revel inició su carrera literaria conserva intacta su explosiva ferocidad y tal vez ella ha aumentado porque algunas de las figuras con las que se encarniza, como Heidegger, Jacques Lacan o Claude Lévi-Strauss, se han convertido desde entonces en referencias intelectuales intocables.
Como diría él mismo después, este libro fue su despedida tormentosa de la filosofía. Y, por cierto, de la universidad francesa y de sus profesores de humanidades, otro de sus blancos, a los que acusaba de estar muy por detrás de las universidades norteamericanas y alemanas, medio aletargados por el amiguismo mafioso y una retórica cada vez más incomprensible e insulsa. Este libro tuvo consecuencias muy provechosas para los lectores de Revel: lo sacó de un mundo académico donde acaso hubiera vegetado muy lejos de la actualidad y lo convirtió en el formidable periodista y pensador político que sería. Sus artículos y ensayos, con los de Raymond Aron, fueron un modelo de lucidez en esa segunda mitad del siglo XX, marcada en Francia por el predominio casi absoluto del marxismo y sus variantes, a los que ambos se enfrentaron con valentía y talento en nombre de la cultura democrática. Nadie los ha reemplazado y sin ellos los diarios y revistas francesas parecen haberse apocado y entristecido.
La palabra panfleto tiene ahora cierto relente ignominioso, de texto vulgar, desmañado e insultante, pero en el siglo XVIII era un género creativo y respetable, de alto nivel, del que se valían los intelectuales más ilustres para ventilar sus diferencias. En esa tradición se inscriben muchos de los libros de Revel, como ¿Para qué los filósofos?, un ajuste de cuentas con los pensadores de su tiempo y con la propia filosofía a la que, según este ensayo, los descubrimientos científicos, de un lado, y, de otro, la falta de vuelo, de originalidad y el oscurantismo de los filósofos modernos va encogiendo como una piel de zapa y —lo peor— volviendo cada vez menos legible. Revel sabía de lo que hablaba, tenía un conocimiento profundo de los clásicos griegos y todo su libro está plagado de contrastes entre lo que significaba “filosofar” en la Grecia de Platón y Aristóteles, o en la Europa de Leibniz, Descartes, Pascal, Kant y Hegel y el modesto y superespecializado quehacer (confinado a menudo en la lingüística) que usurpa su nombre en nuestros días.
Pero no sólo hay críticas severas en el libro contra los filósofos contemporáneos; también algunos elogios. De Sartre, por ejemplo, por El ser y la nada, que le parece a Revel una reflexión profunda, de gran audacia especulativa, y de Freud, de quien hace una reivindicación beligerante, sobre todo contra ciertos psicoanalistas, como Jacques Lacan, quien, a su juicio, no sólo frivoliza y enreda grotescamente las ideas de Freud, sino lo utiliza para levantarse un vanidoso monumento a sí mismo. Para quienes hemos perdido muchas horas tratando de entender a Lacan (sin conseguirlo), la dura crítica que le merece a Revel resulta alentadora.
No así, sin embargo, las severas reprimendas a Claude Lévi-Strauss, cuyo libro sobre Las estructuras elementales del parentesco Revel cuestiona de raíz, acusando a su autor de ser un buen psicólogo pero no aportar nada desde el punto de vista sociológico al conocimiento del hombre primitivo. Esta aseveración la extiende al conjunto de los estudios sobre las sociedades marginales de Lévi-Strauss, con el argumento de que al reducir todo el análisis a describir la mentalidad primitiva, concentrándose en su intimidad psicológica, se desentendió de investigar lo más importante desde el punto de vista social: por qué las instituciones de la sociedad tradicional tuvieron determinado carácter, por qué se diferenciaban tanto unas de otras, qué necesidades satisfacían los rituales, creencias e instituciones de cada comunidad. La obra de Lévi-Strauss estaba todavía en proceso cuando Revel escribió este ensayo y tal vez otra hubiera sido su evaluación del gran antropólogo si hubiera tenido una perspectiva más amplia de su obra.
En el año 1971, con motivo de una reedición de ¿Para qué los filósofos?, Revel escribió un extenso prólogo pasando revista a lo que había ocurrido en el ámbito intelectual de Francia en los últimos 11 años. No rectificaba nada de lo que había escrito en 1957 y, por el contrario, encontraba en el “estructuralismo”, entonces de moda, las mismas insuficiencias e imposturas que había denunciado en los años del “existencialismo”. Sus críticas más acerbas las dirige a Althusser y a Foucault, sobre todo a este último, muy de actualidad desde la publicación de Las palabras y las cosas, quien había declarado que “Sartre era un hombre del siglo XIX” y cuyas aparatosas afirmaciones según las cuales “las humanidades no existen” y “del hombre, una invención reciente, se puede prever el fin próximo” hacían las delicias de los bistrots de Saint-Germain. (Todavía apedreaba policías y negaba la existencia del sida). Revel advierte que las modas van arrastrando a la filosofía a unos niveles de artificialidad y esoterismo que parece una forma de suicidio, empezando por el fuego graneado que los nuevos filósofos disparan contra el humanismo. Pero lo que excita más su humor sarcástico es la extraña alianza que se daba entre el esnobismo político —léase marxismo o, todavía más grave, maoísmo— y las especulaciones más alambicadas de las “teorías” que producían sin freno los literatos y críticos de una corriente estructuralista que abarcaba tantas disciplinas y géneros que ya nadie sabía sobre qué escribía. En esto se lleva todos los premios la revista Tel Quel, cuyo genio tutelar, el sutil Roland Barthes, acababa de explicar, inaugurando sus charlas en el Collège de France, que “la lengua es fascista”. El análisis de un número especial de Tel Quel que hace Revel, ridiculizando la pretensión de los discípulos de Barthes y Derrida de que sus teorías literarias y experimentos lingüísticos servirán al proletariado para derrotar a la burguesía en la batalla a muerte en que están trabados, no tiene desperdicio. Basta citar una frase: “La función ideológica de Tel Quel es muy clara: consiste en fabricar una cultura burguesa presentándola como antiburguesa. Ya que ella es antiburguesa y proletaria en la exacta medida en que la finca de María Antonieta, en el Petit Trianon, era antimonárquica y campesina”.
Por encima y por debajo de la virulencia intelectual que anima este ensayo de Revel, algo sigue ahora tan válido como entonces: la nostalgia de una vida intelectual creativa y responsable, que ayude a ver claro aquello que parece confuso, y en la que las ideas rivalicen y jueguen un papel central en la búsqueda de soluciones para los escalofriantes problemas que enfrenta el mundo de hoy.

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© Mario Vargas Llosa, 2016.

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