lunes, 3 de octubre de 2016

¿Y AHORA QUÉ?

Eduardo Fernandez

Pasó lo que era previsible. El Gobierno se aferra al poder y niega cualquier posibilidad de salida institucional por la vía de un referéndum revocatorio que ellos mismos introdujeron en el texto constitucional.

A la luz de la decisión del Gobierno, mucha gente me pregunta: “¿y ahora qué hacemos?”. Mi respuesta es muy clara: seguir luchando. Seguir luchando hasta vencer.

¿Y qué significa vencer? Vencer significa construir un país mejor. Significa sustituir con métodos pacíficos, democráticos, constitucionales y populares al actual gobierno y reemplazarlo por uno democrático, de unidad nacional, con ideas claras para que haya comida en la mesa de la familia venezolana y resolver los problemas de desabastecimiento, alto costo de la vida, inseguridad y deterioro de los servicios públicos. Vencer significa trabajar incansablemente a favor de la libertad, la democracia, el Estado de Derecho, el respeto a los derechos humanos, de la libertad de los presos políticos, de una administración de justicia independiente e imparcial, de un clima político que propicie el diálogo y el respeto entre todos los venezolanos.

Vencer significa presentar con claridad la patria que queremos construir: un país en el que prevalezcan el amor y la fraternidad y no el odio ni la división. Un país en el que reine la justicia social y en el que todos los ciudadanos tengan acceso a un trabajo productivo y moderno. Un país en el que los anaqueles de los mercados estén llenos de artículos -ojalá producidos aquí- y los bolsillos de los venezolanos tengan suficiente dinero para comprar lo que se necesita para vivir bien.

Lo que tenemos que hacer es no renunciar a la esperanza, no resignarnos, no abandonar el compromiso de luchar dentro de la Constitución y a favor de un cambio pacífico.

Lo que hay que hacer es no dejarnos dominar por el desaliento ni caer en la tentación de apelar a procedimientos contrarios a nuestras convicciones, y además imprácticos y contraproducentes.

Lo que hay hacer es recordar lo que recomendaba San Benito: “Rezar y trabajar”.

El futuro de Venezuela tiene que ser un futuro de progreso, de paz, de predominio de las instituciones y del Estado de Derecho, de justicia social, igualdad de oportunidades, buena educación, buenos hospitales y atención sanitaria; de inversiones, confianza, buenas escuelas y maestros bien preparados y bien pagados. De cero corrupción, de seguridad, de alegría y de fraternidad.

Lo que tenemos que hacer es seguir luchando hasta vencer.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
@EFernandezVE

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Referéndum Revocatorio: ¿Cara o sello?

BENIGNO ALARCÓN



El referéndum revocatorio, tal como está planteado al día de hoy, depende más de su conversión en una movilización con incidencia, que del cumplimiento de las condiciones impuestas por el Consejo Nacional Electoral (CNE).
Las condiciones impuestas por el Consejo Nacional Electoral para el referéndum revocatorio demuestran, una vez más, que el país no cuenta hoy con un poder electoral independiente e imparcial capaz de asumir las funciones de árbitro electoral que toda democracia necesita como requisito esencial de su propia existencia. Siendo la participación electoral el mecanismo institucional por excelencia para el arbitraje de las diferencias políticas en democracia, el debilitamiento de la institución electoral no implica la desaparición de los conflictos políticos sino, por el contrario, su agravamiento, ya que el descenso de su legitimidad implica el peligro de un potencial desconocimiento de sus decisiones con el consecuente escalamiento de los conflictos no resueltos, que tal como sucede con el agua cuando se acumula, buscará cualquier grieta en el sistema para su liberación o terminará haciendo las paredes que lo contienen.
Es así como, en las recientes decisiones, hemos encontrado una muestra contundente de contradicciones entre lo que hasta ahora se ha cacareado como los grandes avances del CNE y las verdades tras el discurso. El CNE, lejos de facilitar y garantizar el derecho a la participación política, niega tal derecho consagrado en la Constitución vigente al imponer condiciones supra-constitucionales para la celebración del referéndum revocatorio, tal como fue la exigencia del 1% inicial y ahora la pretensión de colocar al 20% de las manifestaciones de voluntad la condición adicional de su distribución regional. Es obvio para todos, que ni la Constitución ni norma alguna exigen ni permiten tal interpretación, así como tampoco se exige que para la elección de un presidente se deba obtener la mayoría en cada estado del país, con lo que ningún presidente de los hasta ahora electos habría ganado una elección en Venezuela. La intención de tal condición es evidentemente obstruccionista de un derecho reconocido y protegido constitucionalmente sobre lo cual, hasta ahora, el Tribunal Supremo de Justicia ha guardado absoluto silencio.
Con tales decisiones el CNE busca inclinar la ruta al revocatorio de manera tal de hacer casi imposible su materialización, sin negar de manera directa el ejercicio del derecho constitucional a la participación política, con lo se coloca a la oposición en el dilema entre aceptar o no el desafío bajo condiciones desfavorables, mientras se afirma que el derecho a revocar no se ha negado y el proceso sigue por la ruta y bajo los términos impuestos por el organismo electoral para tratar de impedir su celebración, al menos durante este año.
Mientras tanto, la oposición parece haber sorteado bastante bien la trampa puesta para provocar su división ante el dilema entre asistir o no al referéndum revocatorio, en el entendimiento de que esta partida se juega con las cartas que tocan, y no con las que se quisieran, lo que les deja al menos con alguna probabilidad de ganar, o no se juega y se pierde todo. Toca ahora a la oposición hacer comprender a los electores la lógica detrás de esta controvertida decisión.
Evidentemente, tomada esta decisión, no quedan superados todos los obstáculos ni mucho menos. Aceptar el desafío no implica que pueda ganarse, sino que se está dispuesto a hacer el mejor esfuerzo posible, y considerando que los rusos también juegan.
Y aunque todos estaríamos de acuerdo en que las estrategias no se discuten públicamente, las alternativas son tan limitadas como lanzar una moneda al aire, por lo que no hablar de ellas no tienen ninguna utilidad desde el punto de vista estratégico ya que el gobierno sabe bien que la oposición solo puede escoger entre las dos caras del revocatorio: el trámite administrativo o la acción política, o sea cara o sello.
Jugar cara implicaría centrar todo el esfuerzo en el acto administrativo, maliciosamente regulado por el CNE para que la oposición trate de completar el 20% de expresiones de voluntad en cada estado, lo cual es matemáticamente poco probable con el número de máquinas impuestas y con una distribución de centros, de la que posiblemente hoy tendremos noticias, que buscará alejarlos de los electores de oposición.
Jugar sello implicaría centrar el esfuerzo en el acto político de evidenciar la voluntad de la mayoría, haciendo que los días 26, 27 y 28 se centren en la movilización evidente e innegable de mucho más del 20% de los venezolanos para exigir un cambio político, millones de personas que copen los centros de votación exigiendo el ejercicio de su derecho, así como la implementación de mecanismos paralelos de registro que permitan demostrar cuantos electores avalan la revocatoria, independientemente de cuantos logren superar el embudo administrativo impuesto por el CNE, para cerrar con una gran movilización, concentrada en un solo lugar y a una misma hora. Nada de protestas difusas en pequeños grupos por todo el país que solo facilitan la represión y la violencia. Una gran concentración pacífica e inamovible que al concentrarse en un solo lugar le dé seguridad a la gente y tienda a masificarse en la medida que las horas pasan y no se tiene respuesta. Una concentración cuyo objetivo no puede ser otro que el de exigir un pronunciamiento inmediato sobre los resultados y la fecha definitiva del revocatorio, considerando que la recolección de voluntades se hace de manera automatizada, tal como se hace con una elección.
En mi opinión, solo una jugada que haga uso inteligente de la movilización pacífica, que sea capaz de masificarse, será capaz de colocar al actual gobierno ante un dilema represivo que terminará de inclinar la cancha a favor de la mayoría del país. Y Usted, ¿qué jugaría? ¿Cara o sello?

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Santos: “No me rendiré, seguiré buscando la paz

SALLY PALOMINO

EL PAÍS

El presidente Juan Manuel Santos ha aceptado la derrota del sí en el plebiscito por la paz. Rodeado del equipo negociador, se dirigió a los colombianos en una breve intervención en la que reconoció el triunfo del no sobre el en la votación del plebiscito por la paz que se vivió este domingo en Colombia. En sus primeras palabras aseguró que velará para que el orden público se mantenga y que el cese al fuego y hostilidades se mantendrá vigente.
“Como Jefe de Estado, soy el garante de la estabilidad de la nación, y esta decisión democrática no debe afectar dicha estabilidad, que voy a garantizar. Como presidente, conservo intactas mis facultades y mi obligación para mantener el orden público y para buscar y negociar la paz. El cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo sigue vigente, y seguirá vigente. Escucho a los que dijeron no y escucho a los que dijeron sí”.
Pese a ser el gran derrotado del plebiscito, Santos ha asegurado sobre su futuro: “Seguiré buscando la paz hasta el último minuto de mi mandato porque ese es el camino para dejarles un mejor país a nuestros hijos”. El mandatario ha señalado que este lunes convocará a todas las fuerzas políticas del país y en particular a las que han dicho que no al proceso de paz con las FARC, para buscar puntos de encuentro y encontrar un camino para construir país. En su discurso reveló que ha dado la orden para que en las próximas horas los jefes del equipo negociador del Gobierno viajen a Cuba, en donde se han desarrollado los diálogos con las FARC para mantener informados a los negociadores de la guerrilla sobre el resultado de este diálogo político.
“Todos, sin excepción, quieren la paz. Así lo han dicho expresamente. Mañana mismo convocaré a todas las fuerzas políticas –y en particular a las que se manifestaron hoy por el no, para escucharlas, abrir espacios de diálogo y determinar el camino a seguir. Siempre he creído en el sabio consejo chino de buscar oportunidades en cualquier situación. Y aquí tenemos una oportunidad que se nos abre, con la nueva realidad política que se manifestó a través del plebiscito”, ha dicho Santos, que aseguró que su trabajo por la paz continuará.

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Colombia: El triunfo de Uribe y del ‘no’ silencioso

Jacobo García

El País

El expresidente Álvaro Uribe llegó al plebiscito del domingo tras dos derrotas electorales, una nacional y otra regional, sin recursos, opacado por los medios y ninguneado por las encuestadoras que daban una clara victoria al sí. Durante muchos meses parecía una voz clamando en el desierto que se movía recorriendo pueblos, universidades o teatros, muy alejado de la onerosa campaña oficial del sí.
Sin embargo, el exmandatario sale reforzado y surge como el gran vencedor de una elección que se echó a las espaldas y en la que logró casi seis millones y medio de votos que dijeron No al acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC. Aunque la ley le impide volver a presentarse a la presidencia de Colombia ha dejado claro que no tiene seguidores, sino fieles, que siguen contra viento y marea sus indicaciones y no se lo dicen a los encuestadores.
Originalmente no era fácil defender el no, una postura que a ojos de la comunidad internacional suponía continuar con la dialéctica guerrerista que lo caracterizó y que lo hizo tan popular en el país cuando logró recuperar vías de comunicación y mermar a la guerrilla hasta reducirla a poco más de 6.000 miembros.
Tras consumar su victoria mostró su rostro más firme y conciliador.  "Colombianos, corrijamos el rumbo. Todos queremos la paz", destacó Álvaro Uribe en un corto mensaje de 5 minutos, en tono pausado, mediante el cual daba a entender que acepta el diálogo nacional abierto por Santos tras la victoria del no, aunque no dio un visto bueno claro. El expresidente hizo especial énfasis en su negativa a la reforma tributaria esbozada por Santos. Pidió reflexión a la comunidad internacional, "que nos escuchen las razones" y reclamó un "alivio judicial sin impunidad" para soldados y policías.
Desde que hace cuatro años el presidente Juan Manuel Santos se embarcó en la aventura de la paz el uribismo también ha ido mutando su mensaje. Del rechazo y el desconcierto inicial, al ver como su ministro de Defensa -Santos- renegaba de su padre político -Uribe- y encabezaba un proceso impensable años atrás, al “queremos la paz, pero no esta paz” de este domingo, como señaló su mano derecha Francisco ‘Pacho’ Santos, nada más conocer los resultados.
El que fuera el vicepresidente de Álvaro Uribe ( 2002-2010) fue el primero en aparecer. Eufórico pero tranquilo dijo que la victoria del no obliga a buscar la paz tras una renegociación integral de los acuerdos, algo poco probable a tenor de lo expresado por los negociadores del gobierno. “Nosotros también queremos la paz pero con un mayor estándar de justicia y verdad”, defendió ante los suyos. “La victoria del no es un mensaje de amor a Colombia y recibimos los resultados con alegría pero sin soberbia”, añadió.
También a las FARC y a su secretario general Timoleón Jiménez, alias TImochenko, les dijo que “pueden estar tranquilos, tengan confianza, porque queremos que este proceso paz avance”. Francisco Santos -primo del mandatario- hizo también un llamado para que la guerrilla no volvieran al monte. “Vamos a trabajar con el Gobierno para poder reconducir este acuerdo y para que esta paz llegue a buen puerto, con justicia, reparación, reconciliación y perdón”, insistió. “Una paz en donde quepamos todos y no sólo la mitad de los colombianos".
Hasta la votación de ayer domingo Álvaro Uribe y un pequeño grupo de afines han cabalgado en silencio durante los últimos meses, sin embargo, sus argumentos, en los que criticaban la impunidad de la que gozarían los guerrilleros si prosperaba el plebiscito, han calado en un electorado que no se dejó arrollar por el sunami oficialista a favor del sí.
Los argumentos triunfantes del uribismo eran muy claros; los guerrilleros no pagarían ni un día de cárcel, las FARC no hicieron público su patrimonio y, por tanto, es injusto que sólo el Estado indemnice a la víctimas y el narcotráfico será considerado un delito político lo que prolongaría durante décadas los cultivos. La población también rechazó que los guerrilleros obtuvieran cinco escaños en la Asamblea de forma directa y sin necesidad de elecciones.
Finalmente Álvaro Uribe jugó un partido en total desventaja con el marcador, el árbitro y el campo en contra y ganó por más de 40.000 votos de diferencia. Su victoria electoral le concede una nueva vida política con la que pocos contaban.

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Colombia dice ‘no’ al acuerdo de paz con las FARC

JAVIER LAFUENTE

El País


En un mundo de locuras sin fronteras, Colombia optaba este domingo por dar un salto al vacío o ser ejemplo para el planeta. Ganó la primera opción. El 50,2% decidió votar en contra del acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC, por el 49.7% que se decantó por el ‘sí’. La abstención, de más del 60%, y la pésima imagen de la guerrilla han sido determinantes en el resultado de la votación, que ninguna encuesta supo predecir. Evitar que continúe el conflicto armado, que ha atravesado el país durante más de 50 años y ha dejado ocho millones de víctimas, es el primer desafío. El presidente, Juan Manuel Santos, ha asegurado que el cese bilateral del fuego seguirá vigente. Colombia se adentra, no obstante, en un limbo plagado de incertidumbre. Nadie sabe con exactitud qué va a ocurrir a partir de ahora.
La votación pone de manifiesto la enorme polarización que existe en Colombia. El expresidente Álvaro Uribe, máximo abanderado del no, el mismo que consiguió unir a casi todo el país en torno a la política de Seguridad Democrática que debilitó las FARC, volvió a recurrir al juego de palabras con el que ha conseguido profundizar la división de la sociedad: “La paz es ilusionante, los textos de La Habana son decepcionantes”, aseguró tras votar. Durante el mes de campaña del plebiscito, el exmandatario trató de hacer calar la idea de que si se rechazaban los acuerdos, estos se podrían renegociar, algo contra lo que han sido tajantes el Gobierno y las FARC. La posibilidad de participar en política de los líderes guerrilleros y el hecho de que ninguno pagará cárcel siempre y cuando reconozca sus crímenes ha sido la piedra angular de su campaña, a sabiendas de que la mayoría de los colombianos, incluso entre los votantes del sí, no lo ven con buenos ojos. Uribe es el triunfador político de esta jornada, si es que después de que se rechace un acuerdo de paz se puede hablar de ganadores.
Uribe sabe que el rechazo a las FARC trasciende a su persona y ha sabido sacar partido de ello. La guerrilla sigue siendo muy impopular entre los colombianos. En el último año han tratado de abrirse al mundo y mostrar una modernización de su discurso, pero la desconfianza después de 52 años de guerra sigue siendo la nota predominante. Ni siquiera los actos de perdón de las últimas semanas han servido de acicate. Tampoco que la tarde previa a la votación anunciasen que harían un inventario de sus bienes, algo a lo que se habían negado hasta ahora porque decían que carecían de ellos. La destrucción, verificada por la ONU, de más de 600 kilos de explosivos el día anterior al plebiscito, tampoco supuso un vuelco a la hora de salir a votar en una lluviosa jornada. Son, obvio, mensajes trascendentales, necesarios para construir un futuro en paz, pero llegan tarde y resultan en muchos casos oportunistas.
La votación puso de manifiesto la falta de solidaridad en un país atravesado por la guerra. Los lugares más golpeados, sobre todo los de la costa, optaron por el `si’, pero son municipios que aportaban un número de votos infinitamente menor al de las zonas urbanas o los núcleos rurales más poblados, donde la violencia del conflicto hace tiempo que dejó de golpear. El interior del país optó por rechazar los acuerdos.
El plebiscito también ha puesto en evidencia la falta de liderazgo en la política colombiana, que ya urgía de una renovación ante el crónico clientelismo. Solo un partido, el Centro Democrático, es decir, Álvaro Uribe, ha conseguido movilizar más gente que el resto de las formaciones políticas. El gran damnificado es el presidente, Juan Manuel Santos. El hombre que consiguió firmar un proceso de paz con las FARC después de 52 años de guerra, que convocó el plebiscito sin necesidad de hacerlo, ha sufrido un varapalo monumental. "No me rendiré, seguiré buscando la paz hasta el último minuto de mi mandato", aseguró.
El día después de la votación más trascendental de la historia de Colombia está más cerca de durar 24 años que 24 horas. El acuerdo entre el Gobierno y las FARC no solucionaba los males de Colombia. Apenas abría una senda para transitar hacia un periodo de modernización, para afrontar y resolver los problemas que datan incluso de antes de 1964, cuando las FARC se alzaron en armas. La negociación había sido el triunfo de un bien escaso en todo el mundo: la voluntad política. Los representantes de quienes durante más de cinco décadas se dieron plomo lograron en cuatro años, muy intensos pero solo cuatro al fin y al cabo, redactar un documento de casi 300 páginas que pone fin al conflicto. Lo hicieron dialogando, cediendo, tratando de buscar una salida digna para un país que, al final, prefirió el salto al vacío

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LA OPINION DE POMPEYO

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Es hora de no aguantar más


El mundo democrático ve con asombro lo que sucede todos los días en nuestro país. La involución que se ha sufrido es de proporciones indescriptibles. Un gobierno que es una dictadura militar civil que ha aprobado una “nueva” ley: hago lo que estoy haciendo porque me da la gana. Y en esa dirección somete incondicionalmente a los otros poderes entre los cuales resaltan el tribunal supremo de justicia y el consejo nacional electoral.
Este último lo manejan cuatro comadres pesuvistas que solo piensan en cómo garantizar que Maduro y su cúpula militar se perpetue en el poder. Con esta idea obsesiva actúan desvergonzadamente, patean la Constitución, violan las leyes y reglamentos asumidos por ellos desde hace años, creando un derecho consuetudinario en materia de referéndum cuando se aplicó contra Chávez se levantó la idea de que se trataba de un cargo nacional como lo es la presidencia de la República. En relación a las máquinas ahora arbitrariamente se quiere establecer el uso de tan solo 5 mil.
Más de un técnico insiste en que hay tiempo para realizar el Referendum a finales de noviembre o comienzos de diciembre de 2016, pero lo único importante para las rectoras es como regodearse ante el aprendiz de dictador, y en consecuencia, retardar, obstaculizar, inventar nuevas normas sobrevenidas con tal de ganar tiempo e imponer a juro el RR para el 2017, que no tendría los mismos efectos que realizado este año.
El título de este comentario es elocuente: es hora de no aguantar más, y así será. El plan de movilizaciones trazado por la MUD –en consulta con los más diversos sectores sociales y ONGs– contempla que los días 26, 27 y 28 de octubre serán de intensa movilización, de colmar las calles en una rebelión pacífica y electoral, y subrayamos lo de pacífica y electoral para que las fuerzas armadas y policiales sepan a qué atenerse y no lanzarse de bruces por el camino de “el infierno” que lo representa la bestial represión a que está sometida la disidencia. Previo a estos días, el martes 12 de octubre está convocada una movilización especial.
Terminamos este comentario resaltando una idea básica. La disidencia, el deseo de cambio, de RR de Maduro va más allá de la MUD, incluye a sectores del chavismo, cansados de la impericia y brutalidades de Maduro. A preparnos para hacer cumplir la Constitución.

Acuerdo Nacional
 
Estos meses que van hasta diciembre, fecha tope para la realización del RR2016 contra Maduro, serán de intensa movilización, de colocar como prioridad salvar a Venezuela y garantizarle una calidad de vida satisfactoria a nuestro pueblo, a todos los venezolanos sin excepción.
En los predios de la alternativa democrática se habla de la necesidad de un acuerdo nacional, incluyente, a partir de una visión sobre el futuro inmediato del país de que todos somos necesarios, que están dadas las condiciones para la unidad nacional y para un gobierno de transición que lleve a la práctica ese gran acuerdo nacional.
Hay que levantar la esperanza de que estamos cerca del inicio de la solución de la profunda crisis que afecta a la aplastante mayoría de quienes habitamos este territorio llamado Venezuela. Ese acuerdo nacional, en nuestra opinión, debe ser una plataforma que contenga los principales puntos políticos, económicos, sociales y convocar a la Nación venezolana a realizar un esfuerzo supremo para salir del foso a que ha sido conducido por las erróneas políticas de una dictadura militar civil que además de mediocre e incapaz, como lo demuestran los resultados de cerca de 18 años de gestión y está liderada por una cúpula corrupta.
El centro de ese acuerdo nacional es reinstaurar la democracia, la República civil, una política económica sostenible que modernice a Venezuela, que la haga progresar en todos los ámbitos donde los déficits de libertad, de empleo y de comida (¡Tenemos hambre!, es un grito que se oye a lo largo y ancho de todo el territorio nacional).
La idea del acuerdo nacional en nuestra opinión, sería hacer patente lo de la unidad nacional. Razones sobran para intentar llevar a la práctica esta idea que se barajan en los medios de la alternativa democrática, y el camino escogido por la MUD de consulta, de intercambio de opiniones, de unificación, luce como el más adecuado en este momento de grandes dificultades, problemas y peligros que amenazan a la paz de la República, que pareciera les importa un comino a los Maduro y a su camarilla, incluida por supuesto las cuatro comadres de la oficina electoral de Miraflores que por comodidad denominan CNE, quienes intentan retrasar el RR2016, la válvula de escape pacífica y electoral a la crisis.
No se trata de soluciones de izquierda, de derecha, de centro, sino de algo más específico respondiendo que responda a las exigencias de estas dramáticas horas que vive nuestro pueblo, es en una palabra, convenger en esa unidad nacional, los puntos que servirán de encuentro a los más diversos sectores de la sociedad venezolana.
Como advertencia final, es bueno precisar que no desaparecerán las diferencias, pero nos convoca y nos une un objetivo que permitirá abrir las puertas a una nueva Venezuela, como será el RR2016 del aprendiz de dictador.

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Los jesuitas se pronuncian ante situación del país

La Compañía de Jesús, provincial de Venezuela, se pronunció este domingo sobre la situación política, social y económica que vive el país producto de las decisiones del presidente Nicolás Maduro.
Por medio de una circular firmada por el padre José Virtuoso, los Jesuitas aseguraron que “El presente es tiempo de tragedia para Venezuela. El país padece problemas que no habían sido conocidos por las últimas generaciones de venezolanos. La mayoría de la gente vive con gran esfuerzo en una situación de sobrevivencia que empuja a vivir en trance, en shock, perdiéndose todo sentido de normalidad en la cotidianidad”.
Además, calificó de inadmisible la última decisión del CNE sobre el proceso de recolección del 20% de voluntades, pues “tergiversa el sentido literal del artículo 72 de la Constitución Nacional”.
Virtuoso reconoció Venezuela es una olla de presión con las válvulas tapadas. “La crisis venezolana es de carácter fundamentalmente político. Se ha roto la legitimidad del gobierno, quedando en minoría electoral pero detentando el control de casi todos los poderes públicos nacionales con excepción de la Asamblea Nacional, a la cual margina sistemáticamente”.
La Compañía de Jesús afirmó que es necesario el apoyo en las comunidades y garantizar encuentros para el discernimiento y la deliberación sobre la realidad. “Como cuerpo de jesuitas y laicos, agrupados en obras, sectores y redes apostólicas, es necesario diseñar estrategias de incidencia en nuestros respectivos campos de acción, promover el análisis compartido, acompañar a nuestros equipos de trabajo y a la gente a quienes servimos y promover espacios de encuentro para la acción con otros actores que realizan tareas similares a las nuestras”.

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