domingo, 1 de octubre de 2017

PSIQUIATRIA SOVIETICA EN VENEZUELA



   HECTOR SCHAMIS
 
EL PAIS
 
"¿Existen enfermedades y desórdenes nerviosos en una sociedad comunista? Evidentemente que sí. Entonces, habrá delitos que son propios de personas con mentes anormales...En relación a aquellos que se oponen al comunismo, podemos decirles claramente que el estado mental de dichas personas no es normal".
Las palabras precedentes, de Nikita Khrushchev, fueron pronunciadas en 1959. Son por demás elocuentes. Quien se opone al comunismo no puede ser una persona normal. Su filosofía fundante, el marxismo-leninismo, es el gran recipiente de sabiduría y verdad. Ergo, el disidente solo puede ser alguien con una alteración mental.
Así fue el comienzo de la psiquiatría soviética: el diagnóstico como mecanismo de control social, el confinamiento hospitalario como estrategia represiva.
Los disidentes eran internados bajo custodia psiquiátrica y sus puntos de vista políticos, tomados como evidencia de su enfermedad. Habitualmente, dichas opiniones eran catalogadas como síntomas de esquizofrenia o paranoia. Y con frecuencia se los sometía a régimen de aislamiento, privados de aire y luz natural y, muy especialmente, privados de material de lectura y escritura.
La literatura sobre el tema es amplia. Buena parte de ella ha sido producida por las propias víctimas, Vladimir Bukovsky entre los más renombrados. A partir de dichos testimonios se abrió un verdadero campo de estudio—la utilización política de la psiquiatría—que se extendió más allá de la Unión Soviética—por ejemplo, a China y a Cuba—y más allá del período comunista. Existe evidencia de que el mismo método de coerción continúa vigente en Rusia, Bielorrusia y Kazakstán.
No existe evidencia que sea usado en Venezuela, aunque tal vez solo hasta ahora. Hay una historia que contar al respecto. En marzo de 2014, el entonces presidente de la Asamblea Nacional y hoy diputado Diosdado Cabello demandó a la directiva del medio periodístico Tal Cual por difamación. El director del medio es Teodoro Petkoff.
Los acusados recibieron medidas preventivas que incluyen la prohibición de salida del país desde entonces, en un proceso plagado de arbitrariedades y por un delito que prescribe al año de haber sido supuestamente cometido. Pero, lejos de emitir sentencia, el tribunal ha procedido de manera soviética.
Ocurre que el juez de la causa ha dictaminado que Petkoff padece de "demencia vascular" y que no es apto para afrontar un juicio. Sus derechos jurídicos quedan así en manos de un tutor provisoriamente designado por el juzgado. Como tal, Petkoff pierde su entidad civil. Algunos usaron el término "muerte civil".
En otras palabras, el régimen ha declarado a Petkoff incapaz, demente. Como en la Unión Soviética, es un mecanismo de estigmatización. Es que la locura es más efectiva que la cárcel. Es una humillación con la cual se busca invalidar las ideas del intelectual disidente; o sea, descalificar su propia identidad y propósito vital.
La libertad se puede perder por encarcelamiento, como los cientos de presos políticos venezolanos. Se puede perder por confinamiento psiquiátrico, como en la Unión Soviética. Y se pierde por un diagnóstico con intencionalidad política hecho decisión judicial, como en el caso de Petkoff. Es inevitable pensar en alguna influencia del alcalde del municipio Libertador, el Doctor Jorge Rodríguez, médico psiquiatra.
La medicina convertida en el instrumento del abuso. A su ya larga lista, el régimen de Maduro le está agregando un nuevo tipo de crimen.

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¿Dónde va a parar el dólar?

LUIS VICENTE LEON
 
EL UNIVERSAL
 
Si la respuesta oficial a la crisis es la racional: abrir mercados, sincerar la economía, ajustar precios, estimular el aparato productivo, negociar para restablecer la institucionalidad y los derechos de la población a expresarse con elecciones libres, transparentes, universales, directas y secretas, entonces durará algún tiempo rescatar los equilibrios, pero la moneda y la economía se estabilizarán. Pero si el gobierno hace lo contrario, es decir, lo que ha hecho hasta ahora, el resultado será mucho peor que lo que hemos vivido.
La devaluación es la consecuencia natural de hacerlo mal. En los debates académicos, los economistas presentan sus análisis del problema y explican el impacto que sobre la moneda tiene la creación de dinero sin respaldo, la pérdida de reservas internacionales, los desequilibrios causados por la caída de la oferta interna de divisas, vinculada a la reducción del precio del petróleo y la producción de Pdvsa, las manipulaciones de los operadores cambiarios ilegales (que se producen por la falta de transparencia que genera el control) y, como si fuera poco, ahora añadimos el impacto de las sanciones financieras internacionales, que debilitan la generación de ingresos de la nación, produciendo mayores desequilibrios entre oferta y demanda de dólares. Pero, todo eso se traduce en una sola variable fundamental: confianza.
Todo lo que hemos descrito, unido a la crisis política, social e internacional del país afecta la confianza de los agentes económicos, incluyendo al venezolano común. Y si no confían en que las autoridades son capaces de hacer lo que hay que hacer para rescatar el valor de la moneda, garantizar el funcionamiento adecuado del país, preservar la producción y la oferta de bienes y servicios, evitar las tentaciones de crear dinero artificial para financiarse con papelillo y ajustar sus gastos para adaptarse a su nueva situación de flujo de caja, entonces es natural que los tenedores de capital, las empresas y las personas que generan y acumulan bolívares sientan que éstos van a perder valor a una velocidad exponencial, amenazando su patrimonio. Si la expectativa es que sus bolívares valdrán cada vez menos, entonces es natural que intenten protegerse, saliendo de ellos y canjeándolos por moneda dura, llámese dólar o euros o si los presionas mucho, rupias, rublos, yuanes, pesos o lo que sea, en las que el mercado tiene una confianza infinitamente mayor que en el bolívar. El tema es que la oferta de esas divisas es restringida, y su mercado interno es enano, por lo que la presión de demanda de los actores desesperados por protegerse impacta el precio día a día, lo que amplificado por los agentes cambiarios interesados en tomar ventaja de la distorsión, crea una bola de nieve que se lleva por el barranco al bolívar.
El tipo de cambio enloquece y la devaluación es salvaje e imparable, los agentes que no consiguen divisas, igual no quieren quedarse con sus bolívares, lo que les lleva a buscar bienes duraderos y presionan sus precios; adelantan las compras de insumos, materias primas y comida, presionando la escasez. La inflación se desborda y refuerza la pérdida de valor de la moneda, la confianza empeora y volvemos a empezar el ciclo de destrucción económica en el que estamos.
No se decreta el rescate del equilibrio. No se recupera la confianza agrediendo a los agentes económicos o internacionales. No se rescata la producción apresando productores. No gana valor la moneda aislándose internacionalmente, ni bloqueando elecciones. Y si esa es la respuesta oficial a la mamá de las crisis que estamos viviendo, la respuesta a la pregunta ¿dónde va a para el dólar? es demoledora: Al infinito… y más allá.
luisvleon@gmail.com
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La señal de Caín

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   CARLOS RAUL HERNANDEZ

EL UNIVERSAL
 
A Chúo Torrealba

No es azaroso que resuciten la antipolítica y el llamado a la abstención. Personajes de pedigree en la debacle del sistema democrático repiten lo dicho en largos 25 años, ahora  junto a otros sumados en el camino: el problema son los partidos, los adecos, PJ, viejos o nuevos, “la dictadura de partidos”. Regresa semejante prédica porque los que la fraguaron se sacuden intranquilos en sus tumbas después de dejarnos esta herencia sin lograr su objetivo y salen para atormentar de nuevo a los vivos. Grupos de poder fáctico creían que merecían por heráldica llegar a la cumbre y su único obstáculo eran esas excrecencias de clase media, batallón  de licenciados y rasos sin sofisticación, ignorantes de que un bordeaux y un borgoña son cosas muy distintas. Derrumbaron todo y mataron nuestra vida civilizada, porque olvidaban lo esencial: no existe libertad sin democracia ni democracia sin partidos.
La libertad es un valor absoluto, una abstracción que se hace real solo con instituciones que la materializan. Y los partidos son la brigada de choque que las protege de invasiones bárbaras. Los antipolíticos trabajaron como el coyote, para que el correcaminos revolucionario los utilizara y se burlara de su desmañamiento e ingenuidad. Un cuarto de siglo después de provocar la peor tragedia nacional y fracasar en todo género de intentos, las agónicas elecciones primarias demostraron que nuevamente solo los partidos, mochos, cojos, malheridos, tienen los redaños necesarios para pelear en el barro. Los prospectos para sustituirlos, después de océanos de saliva y millones, declaraciones y metidas de pata, no lograron crear nada, ¿Será que esa flor ya no retoña, tiene muerto el corazón?
 
Yo y mi persona
Quienes estudian el discurso clorhídrico, cismático, disolvente, de los antipolíticos, concluyen que no existen en él los componentes estratégicos y adultos básicos, ni la ruta a seguir, como se esperaría de quienes quieren dirigir a los demás y por eso sus repetidos traspiés. Lo que hay son lugares comunes, obsesivas afirmaciones del yo, autoelogios subliminales “soy valiente, honesto, inquebrantable, estoy dispuesto a todo: soy mejor que tú”, el componente narcisista. Al lado de este autoalivio del orador, desde su perspectiva de espejo un superhéroe, viene la reláfica de males del gobierno o “la dictadura”, que designaremos con los andaluces la quejica, la lloradera. Un tercer elemento lo podemos llamar cainita, el resentimiento, el propósito de ruina contra el hermano que ha tenido relativo éxito en edificar fuerzas estables, los colaboracionistas.
Tono y gestual de permanente hastío, de ira, de sermón al oyente, de sanción desde un imaginario podio moral inexistente. Ese es el factor apostólico, el cuarto componente del discurso. Y el último: como no hay una plataforma de acción sino que el grueso del planteamiento es degradar, negar lo que hace el otro, la disertación es parásita, un constructo de frases vacías, enumeración de males, consignas sin afán de comprensión ni explicar qué hacer, que depende del otro. Tono airado y regañón, autoelogios al coraje y devaluación de quienes no compartieron sus acciones. Quieren que la oposición pierda todas las gobernaciones, porque los mandatarios electos y la AN, serán la estructura institucional legítima para emprender un cambio pacífico, negociado, democrático, constitucional. De hecho en estos largos años solo dejaron vidrios rotos y los asesores que se buscaron los llevaron por el camino de perdición.
 
Solo les queda hígado
Su sesuda estrategia era esperar un  golpe de Estado de militares buenos que les entregarían el poder, y ahora sueñan con una invasión extranjera que haga lo mismo. Si el gobierno demostrara ser menos maneto y no comete la avilantez de sabotear la elección regional, el sistema político de recambio será principalmente de dirigentes que un poco a escobazos aprenden de política, pero ahí van y comienzan a entender la necesidad de negociar y convivir. Suficiente con tener un hoy gobierno de torquemadas para que el futuro también lo sea. La fuerza de los hechos, el darwinismo político hizo lo suyo y siguen vivos los que supieron vivir. Ahogados en el fracaso, no les queda más que usar la misma navaja oxidada con la que mataron al sistema hace 25 años: hay que acabar con los partidos. Ese es el trasfondo del abstencionismo, los calle-calle, y los resistencios, los Mártires de Weston, etc.
Esta elección es la más difícil que han enfrentado las fuerzas democráticas, porque además del atropello oficial y del uso privado de la maquinaria del Estado, como a lo largo de 25 años los rojos vuelven a conseguir un aliado en los antipolíticos para producir abstención. No pudieron construir nada y no son líderes ni de sí mismos, porque los gobiernan sus hígados, como demostraron las primarias, y cada rato se estrellan. El daño que hace la prédica abstencionista es incalculable, porque los sectores medios son proclives a ella. Quienes tienen formación universitaria y un trabajo intelectual, creen que eso los dota de saber político, sin darse cuenta que ese es un oficio como otro que requiere experiencia, y no están preparados porque consideraciones emocionales o moralistas los confunden. En cambio la opinión política de la mayoría, –los sectores populares, es utilitaria, pragmática– como analizaron Bentham y Mills, dos liberales tardíos.
@CarlosRaulHer
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SONIDOS CONSONANTES

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                     FERNANDO RODRIGUEZ

EL NACIONAL
 
Que María Corina Machado haya declarado que no propone la abstención para las venideras regionales y que ni siquiera va a criticar a los votantes, es una proposición que, leída sin obsesiones por la lógica, indica sensatez y generosidad políticas. Igual que las de Primero Justicia en Aragua o Un Nuevo Tiempo en Zulia, para citar dos lugares electorales controversiales, al reconocer a sus adversarios en las primarias y asegurar su ayuda. Todo lo cual, si se suma a algunas encuestas creíbles, hace prever buenos vientos para la MUD en esa justa comicial que puede ser decisiva para el futuro del país. Esto corrobora la solemne necedad de algunos profesionales de la antiunidad que suelen reconocer muy generosamente que la MUD es muy buena en asuntos de votos… no así en batallas navales ni en los dobles de tenis donde es regalada y traicionera.
Por supuesto que nosotros creemos también, y mira que lo hemos dicho, que este gobierno –mezcla de vocación despótica, debilidad terminal y falta de cualquier escrúpulo ético– es capaz de toda felonía, pero nos parece que en esta ocasión le va a resultar algo más difícil ponerlas en práctica. Una sola razón: ante la avasalladora avalancha, poca veces vista, de improperios, condenas, sanciones, maldiciones y otros conjuros de la comunidad internacional democrática, al gobierno le ha dado por aparentar ser el más devoto creyente en la paz, el diálogo fraterno y el amor al prójimo. Sus respuestas a esa multitud de injerencistas alevosos que, por demás, parecen incrementarse día a día, ¡hasta Cristina!, han sido comedidas y hasta rastreras, verbigracia, Maduro pidiéndole aunque sea un mensajito a Trump.
De manera que, salvo que la revolución decida retrotraernos al comunismo primitivo y al nomadismo, cosa que tampoco debe descartarse, tiene que tener un mínimo de decencia en los comicios, lo que quiere decir que no debería superar las porquerías que hace habitualmente. Pongamos por caso que el doctor Escarrá se ilumine y con algún latinazo pretenda inhabilitar a Carlos Ocariz. O que las chicas del Consejo Nacional Electoral sigan bailando al ritmo Smartmatic, ahora con todo y testigos adversos. No debería ser. El diálogo por el cual se desvela tanto el madurismo sirve de barrera a las marramucias electorales de grueso calibre, tales las barbaridades fascistas de la constituyente.
Pero también las cosas pueden funcionar, para bien, en dirección contraria, de las elecciones hacia la negociación. Porque de ganar, como espera la oposición, de verdad que la elección sería lo más parecido a un referéndum que tengamos a la mano, como decía Borges estos días. Y no solo eso, sino que una diferencia abultada pondría de manifiesto el fraude de fines de julio, porque no es posible que se hayan evaporado algunos millones de votos en momentos constituyentes en que el pueblo ha tomado la nación en sus propias e impolutas manos.
De manera que a estas alturas empecinarse en abstenciones parece actitud poco cuerda. Ya Gustavo Tarre puso en juego una fina pieza cuando afirmó que, aun siendo contrario al viraje que llevó de la calle a los votos, una vez que este tuvo lugar, y lo tuvo, no había otra opción que asumir estos y no hacerle un cuantioso y quizás decisorio regalo a los bárbaros que nos destruyen (el pacifista, por ejemplo, no es el mismo antes y después de la declaración de guerra). Tampoco hay que olvidar que las sanciones y acosos del público exterior están despertando una convicción económica que hasta ahora no estaba demasiado clara, que sí podemos llegar al llegadero, al infierno del default y otras hogueras. Lo que hace que la prisa se multiplique sin cesar, y ganar gobernaciones cuantiosamente de alguna manera va a acelerar los relojes, entre otras razones porque están a la vuelta de la esquina.
Si haber producido un aluvión de solidaridades del planeta, tener al gobierno gimoteando hipócritamente loas a la humana fraternidad y concebir sólidas esperanzas de configurar un batallón de gobernadores, si todo ello no es política acertada y promisoria es que a usted le gusta, le gusta de verdad, la violencia como único camino para encontrar la pureza del alma de los pueblos. Eso suena muy mal y tiene ecos muy antiguos.

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De sanciones, negociaciones y elecciones

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                                  ELSA CARDOZO

EL NACIONAL

La preocupación de los gobiernos democráticos del mundo por la situación de Venezuela ha devenido en demanda de una pronta y pacífica solución democrática: tarea de los venezolanos en la que se reconoce el necesario complemento del apoyo exterior. Sanciones, impulso a negociaciones serias y elecciones regionales son tres aspectos en los que se manifiesta como nunca antes la atención internacional.
En lo que va de este año, las sanciones comenzaron el pasado 1° de abril con la medida de suspensión de Venezuela del Mercosur; seguida, el 3 de abril, por la calificación de la situación venezolana por el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos como de “ruptura inconstitucional del orden democrático”, siguiendo al pie de la letra la Carta Democrática Interamericana. A partir de julio, en el marco de la Ley de Defensa de los Derechos Humanos y la Sociedad Civil, el gobierno de Estados Unidos ha decidido cuatro tandas de sanciones que se han materializado en restricciones de visado y financieras –aplicadas también las sanciones iniciales por Colombia, Panamá, Canadá y México– que afectan individualmente a unas cuatro decenas de altos funcionarios, incluidos vicepresidente y presidente. Entre agosto y septiembre se sumaron otras dos modalidades de sanción, una sobre operaciones financieras y otra, en aplicación del llamado veto migratorio, de restricción de ingreso de funcionarios vinculados con el sistema de control de identificación. Focalizadas en individualidades han sido también las anunciadas luego por el gobierno de Canadá, del mismo tenor de las que estarían en proceso de consideración en la Unión Europea.
De mayor importancia por el mensaje político que lo acompaña y sus consecuencias prácticas ha sido el expreso desconocimiento de la asamblea nacional constituyente por medio centenar de países, que solo reconocen a la legítima Asamblea Nacional. También a comienzos de agosto, a partir de un muy franco diagnóstico y disposición a actuar ante el agravamiento de la situación en Venezuela, fueron anunciadas iniciativas diplomáticas por los doce países americanos del llamado Grupo de Lima, ratificadas en septiembre en su segunda declaración.  
Capítulo aparte merecerían, con más espacio y paciencia de los lectores de estas líneas, las decisiones restrictivas de varias instituciones financieras transnacionales y nacionales que han alegado riesgos reputacionales, de seguridad y económicos, así como derivados de la opacidad e incumplimientos del gobierno venezolano. Anotados quedan, junto al conjunto de diagnósticos, preocupaciones y sanciones, como parte del cuadro en el que desde la comunidad internacional se alentaron y acompañaron los encuentros en República Dominicana en procura de una negociación seria, significativa, que conduzca a un acuerdo que permita “salvaguardar la democracia y los derechos humanos en Venezuela”, como sostuvo el secretario general de las Naciones Unidas.
La necesidad de esa negociación, tanto como lo que de ella se exige, está presente en todos los mensajes internacionales. Así lo expuso en su más reciente declaración el Grupo de Lima: “Dichos acercamientos deben ser desarrollados con buena fe, reglas, objetivos y plazos claros, así como garantías de cumplimiento, para lo que resulta esencial el acompañamiento internacional de este esfuerzo”. Esa ha sido la posición de quienes desde el exterior han promovido los contactos que, dada la actitud y actos de un gobierno que los obstaculiza y les resta credibilidad, fueron argumentadamente suspendidos por la representación de la oposición.
Mientras tanto, el proceso electoral regional ha seguido su muy accidentada marcha. Está llena de obstáculos que sin disimulo va imponiendo el gobierno, en un contexto internacional en el que abundan precisos y detallados diagnósticos sobre la decadente situación venezolana, las responsabilidades del gobierno en ello y la importancia de hacer seguimiento cercano a lo que aquí sucede. La efectiva voluntad de participación de los venezolanos en las elecciones regionales, la defensa de sus resultados y el aprovechamiento de sus consecuencias serán piezas claves en este cuadro.

elsacardozo@gmail.com


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El descubrimiento de Saab

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                   ELIAS PINO ITURRIETA
 
EL NACIONAL
 
Después de una deslucida actuación como defensor del pueblo, se le ha encargado a Tarek William Saab el papel de adalid de la justicia. Fue escudo del régimen, antes que protector de los derechos de la ciudadanía, pero ahora, por una de las maromas de supervivencia que lleva a cabo la dictadura, tiene la obligación de ver por la aplicación de los códigos a los cuales se quiere aferrar el dictador para pescar enemigos con el objeto de mantenerse en el poder. El designado ha cambiado el trabajo perezoso del pasado reciente por una febril búsqueda de villanos que se ha convertido en la sorpresa de los tiempos de lenidad del chavismo; la pasividad por una insistencia que, seguramente gracias a la prisa que caracterizó el traslado de un cargo a otro sin cabal explicación, lo mete en un tremedal cuya corriente lo lleva a topar con las tropelías que no quiso observar en el pasado reciente, pese a que desfilaban frente a su nariz para burlarse del pueblo al cual tenía la obligación de defender.
Sabemos el motivo de la cabriola. Como la fiscal Ortega Díaz fue tocada por el rayo cuando hacía su camino de Damasco, debía remendarse el capote de la transfiguración de la funcionaria con una aguja diligente e insospechable de vacilación. Una cirugía de urgencia puso los ojos en el reemplazante, no en balde el superávit de las energías que no había gastado en plaza anterior podía actuar ahora con la furia de los huracanes. Debía arrasar con la credibilidad de la burócrata que había comprado boleto en el tren de la ingratitud, en el vagón de primera clase de la infidelidad, para explicar el itinerario como un viaje hacia la felonía. Como fracasó el ardid de meter polizontes de repuesto en la maleta de un inocente automóvil en el estacionamiento del fortín antes sacrosanto, la dictadura hizo por todo lo alto la mudanza del defensor con la urgencia del caso. Después del papelón de una sierva convertida en parte del maletero, de un contrabando de vergüenza y carcajada, entró por la puerta grande el colosal remendador. Pero desconocía la crueldad que le esperaba agazapada, el rompecabezas que no podía soldar sin meter en problemas al promotor de la mudanza.
Para complacer a los patrones, Saab ha pretendido el descrédito de la fiscal mediante la demostración de su artero desempeño en el trabajo. Quiere probar que, en lugar de buscar que se aplicara justicia, la doctora se dedicó, con una legión de alcahuetes y de empleadillos sumisos, a obstruirla o a impedirla del todo. Quiere señalar que, durante el tiempo dedicado a sus funciones, largo y proceloso, célebre y aplaudido, reinaron la inmoralidad y la complicidad en los predios del Poder Moral. En las guerras habitualmente sucedidas entre las cúpulas que comienzan a fragmentarse se sabe que estas operaciones suceden, que tal tipo de colisiones forman parte de la cotidianidad, que se debe hacer molienda de quien antes fuera compañero en el triunfal camino, que corre la sangre de unos mientras se salva el pellejo de otros, pero ahora no solo está en juego la supervivencia de los querellantes, sino también la suerte del régimen al cual, quizá sin imaginar las consecuencias, la querella de sus principales empleados somete a un escrutinio que jamás esperaba.
Cuando revela la complicidad de la fiscal en operaciones alejadas de la legalidad, en ocultamientos y complicidades con una serie de delitos de grande monta, en hacerse la ciega ante la masiva concurrencia de delincuentes en la pasarela de los negocios públicos, Saab la emprende contra la burócrata que debe desacreditar, desde luego, pero también contra el régimen en cuyo cobijo florecieron los corruptos cuyo tránsito pasó inadvertido en las escalas más altas de autoridad. Saab desvela los pecados de la doctora Ortega Díaz, para eso lo puso Maduro en el deplorable encargo, pero también los negociados, los latrocinios, los crímenes del chavismo contra la cosa pública. No pone al descubierto casos aislados, sino toda una urdimbre de infracciones de gran calado que salpican a un enjambre de funcionarios y a una multitudinaria clientela. Se mudó a la carrera, aceptó rápido el cometido, no pensó en la magnitud de la flamante encomienda, y ahora escribe con líneas torcidas una crónica general de ladrones y bellacos.

epinoiturrieta@el-nacional.com
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¿Una nación de suicidas?

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                                TULIO HERNANDEZ

EL NACIONAL
 
I
No es monopolio de los gobernantes. Cuando una sociedad está enferma, la mayoría de sus integrantes también lo está. La cúpula es siempre la más enajenada. Pero las víctimas suelen ser también presas de patologías extremas.
Perturbado, por ejemplo, estaba el pueblo mejor educado de Europa, el alemán. Terminó seducido, como una adolescente ilusa, por Adolfo Hitler. Un sargento neurótico con derecho de exterminar con el apoyo popular a humanos considerados pecaminosos. Judíos. Comunistas. Homosexuales.
Perturbadas también estaban sus víctimas. Las del Holocausto. Que como lo cuenta Primo Levi en Si esto es un hombre, llegaban a situaciones de confusión mental, desesperación irracional o pérdida de la dignidad con tal de sobrevivir en medio de tanta privación.

II
Eso, intuyo, nos está ocurriendo a buena parte de los venezolanos en medio de la debacle terminal que  padecemos desde hace por lo menos 24 años. Desde que Rafael Caldera, en su rol de Saturno devorando a sus hijos, llegó al poder asesinando al partido que fundó. El disparo en el pecho a la democracia bipartidista. Es mi hipótesis delirante: “La tentación del  suicidio político se ha convertido en Venezuela en una tradición moderna”.
Suicidas fueron los liderazgos de AD y Copei negándose a emprender los cambios urgentes que las alarmas encendidas –Caracazo, golpes militares, estudios académicos– reclamaban. Aprendices de suicidas fueron los protagonistas del Carbonazo, que convirtieron una rebelión popular de masas en onanista opereta bufa. Atornillaron en el poder a Hugo Chávez. Le dieron el oxígeno que la realidad política le negaba.
Suicida la dirigencia política opositora que, en 2005, ordenando abstención, le regaló a la tiranía roja bananera el poder absoluto en la Asamblea Nacional. Y suicida, más suicida pero con más suerte que los anteriores, la terquedad de la dirigencia chavista empeñada en seguir las fórmulas de un modelo, los estatismos comunistas, fracasado en todos los lugares donde triunfó.
Cada cierto tempo algún venezolano actualiza aquella frase cruel: “Estábamos al borde del abismo, pero hoy hemos dado un paso al frente”.

III
Ahora nos enfrentamos a un nuevo círculo suicida: la obsesiva élite parapolítica que, desde su templo mayor en Miami, predica la abstención para las próximas elecciones de gobernadores.
¿Quiénes son? Lo podemos inferir por sus rostros más visibles. Como el de Diego Arria. Una claque de políticos menores, eternos derrotados, que nunca ha obtenido un cargo importante de elección popular. Un club de corazones solitarios.
¿Qué argumentan? Que ir a elecciones es legitimar el poder de lo chavomaduristas y traicionar las luchas de calle que tantos muertos dejaron
¿En qué se equivocan? En que el chavomadurismo no necesita legitimarse porque ejerce su poder al margen de la ley y la Constitución. Es un gobierno de fuerza. Así convoque a elecciones, luego de las sanciones de Estados Unidos y Canadá, en el escenario internacional, es un Estado forajido. Pero si se les deja, si logran, gracias a la abstención, hacerse de todas las gobernaciones en elecciones democráticas, les estaremos regalando otra bombona de oxígeno.
¿Y los muertos? ¿Los estamos traicionando? Por supuesto que no. Lamentablemente toda lucha contra un gobierno de terror se lleva, siempre, muchas vidas. 30.000 se cargaron los gobiernos militares de la Argentina. Y, al final, hubo que negociar una salida. Porque, entre otros que manejan el sentido común, Sun Tzu nos ha enseñado que una de las artes mayores de la guerra es saber cuándo replegarse. No vale la pena seguir llevando muertos, que honramos, al molino de los rojos si sabemos que no podemos derrotarlos con palos y piedras. Dos pasos adelante, uno atrás, decían en Vietnam. Y derrotaron a los gringos.

IV
Entonces solo nos queda la lucha política. Que los abstencionistas de Miami, allá ellos, aguarden pacientemente la llegada de los Marines vía Los Roques. Que se bronceen a la espera de que los militares rebeldes salgan del clóset. O que terminen de armar el Frente de Liberación Nacional Comandante Urdaneta. Mientras tanto a  nosotros, a los mortales, a los de a pie, solo nos queda ir a elecciones porque en democracia menguada quien abandona un espacio de lucha no tiene perdón de Dios.
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