jueves, 3 de octubre de 2019

La vida poco «comunista» de Karl Marx: criadas, deudas y despilfarro de dinero en alcohol y burdeles
ISRAEL VIANA
ABC
KARL MARX es el pensador que, posiblemente, más ha influido en la historia y la política de los dos últimos siglos, imprescindible para configurar el mundo tal y como lo conocemos hoy. Su obra es la responsable del surgimiento de ideologías tan importantes como el comunismo y el socialismo, que dio lugar a regímenes dominantes y longevos como la URSS de Lenin y Stalin, la China de Mao Tse Tung, la Cuba de Fidel Castro, la Camboya de Pol Pot, la Rumanía de Ceausescu o la Yugoslavia de Tito.
Desde su muerte, obviamente, se ha hablado y escrito mucho sobre sus ideas, pero no tanto sobre si estas han sido coherentes con la propia vida de su autor. Resulta chocante pensar que el hombre que se alzó contra los obreros esclavizados e introdujo conceptos como la lucha de clases, la dictadura del proletariado y la importancia del trabajo llevara una vida de burgués y fuera, durante su juventud, un estudiante aficionado a los burdeles, las borracheras y los suspensos. Esa otra parte de su vida la recogen Malcolm Otero y Santi Giménez en «El club de los execrables» (Penguin Random House, 2018), donde cuentan el lado oscuro de otros de los personajes más idolatrados de la humanidad, como Churchill, Chaplin, Picasso, Hitchcock o Einstein.
El de Marx tiene lo suyo. No hay más que ver dónde gastó su estancia en la Universidad de Bonn, muy lejos de las aulas. Se unió al Club de la Taberna de Tréveris, una asociación de bebedores de la que llegó a ser su presidente. Allí malgastó sus primeros meses con unos compañeros de batallas que, encima, le describían como un juerguista violento e infiel, muy poco preocupado por su formación. La situación tocó fondo cuando, en el primer semestre de 1836, las autoridades universitarias lo expulsaron por «desorden nocturno en la vía pública y embriaguez».
La solución de la familia Marx, una familia de clase media acomodada, fue matricularle en Derecho por la Universidad Humboldt de Berlín y tampoco le fue muy bien. Sus estudios en leyes no le interesaron mucho (o nada), pero allí por lo menos comenzó a desarrollar su querencia hacia las ideas filosóficas de los jóvenes hegelianos. Finalmente se doctoró en la Universidad de Jena —conocida en el ámbito académico como un centro donde se conseguían títulos con relativa facilidad— con una tesis sobre el materialismo de Demócrito y Epicuro.

«Más que los jóvenes millonarios»

Marx nunca llegó a sentar la cabeza del todo. Durante su estancia en la Universidad de Berlín, donde pasó cuatro años y medio, fue encarcelado por alboroto y embriaguez y, además, fue acusado de llevar armas no permitidas. Llegó incluso a batirse en duelo y en el diploma que se le extendió la institución constaba que había sido denunciado en varias ocasiones por no saldar debidamente sus deudas económicas. En aquella época fue frecuente que su padre le llamase la atención por el mal uso que hacía del dinero que la familia le enviaba para su manutención.
Prueba de ello es la carta que este le manda preguntándole por cómo era posible que, durante el primer año en la capital alemana, se gastara 700 tárelos, tres o cuatro veces más que cualquier otro estudiante de su edad. «Más que los jóvenes millonarios», le decía este. Era casi lo que ganaba un concejal del ayuntamiento de Berlín. «A veces me hago a mí mismo amargos reproches por haberte aflojado demasiado la bolsa y he aquí el resultado: corre el cuarto mes del año judicial y tú ya has gastado 280 táleros. Yo no he ganado todavía esa cantidad durante todo el invierno», añadía su padre en otra carta recogida por Antonio Cruz en « Sociología: una desmitificación» (Clie, 2002).
Después de aquello, Marx se volcó en el periodismo. Se trasladó a la ciudad de Colonia en 1842 y comenzó a escribir para el periódico radical «Gaceta Renana». Allí expresó libremente unas opiniones cada vez más socialistas sobre la política, junto a unos compañeros de trabajo que le describían como un hombre dominante, impetuoso, apasionado y con una confianza sobredimensionada en sí mismo.

Matrimonio aristócrata

El pensador alemán ya se había casado con Jenny von Westphalen, una baronesa de la clase dirigente prusiana que rompió su compromiso con un joven alférez aristocrático para estar con él. Otra cosa es que Marx le correspondiera con es debido. Lo primero que hizo este fue pedirle que pagara las deudas que había contraído de sus de juergas y afición a las prostitutas. Y ni aún así detuvo sus excesos. La dote de su esposa se esfumó rápidamente. En la misma noche de bodas perdió una buena parte del dinero que le había regalado su suegra.
Obviamente, no se habló de estas cosas cuando, en mayo, un manuscrito del pensador alemán fue vendido por 523.000 dólares en una subasta celebrada en Pekín. Más de 1.250 páginas de notas que el filósofo de Tréveris produjo en Londres, entre septiembre de 1860 y agosto de 1863, como preparación para su obra cumbre, « El Capital», base de la ideología comunista. Fue precisamente durante su estancia en la capital británica, y mientras su propia familia sufría calamidades, cuando se pulió su propia herencia a base de borracheras.
Durante esos años, Marx y su familia tuvieron que sobrevivir de las pequeñas ayudas que les brindaba su suegra millonaria y sus amigos. El propio Friedrich Engels, con quien el filósofo alemán escribió su famoso « Manifiesto comunista» en 1848, tuvo que regalarles una casa. Y a pesar de ello, no consiguió que llegara a su hogar la estabilidad económica que tanto ansiaban su mujer y sus hijos. Él mismo lo confiesa en una carta a su amigo, en la que reconoce que, a pesar de no tener que pagar ningún alquiler, sus deudas no paran de crecer. Esto no impidió que Marx veraneara en los mejores balnearios ni que mandara a sus hijas a estudiar piano, idiomas, dibujo y clases de buenas maneras con los mejores profesores de Londres. Todo ello, claro, pagado por Engels.

Un yerno de «mala» familia

Resulta sorprendente igualmente que el famoso pensador socialista, promotor de la lucha de clases, llegara a escribir otra carta en la que expresaba sus dudas sobre el marido de una de estas hijas. La razón: no tenía claro que fuera de buena familia. Una actitud no muy propia de alguien que pregonaba contra la opresión y defendía a las clases obreras más desprotegidas y desfavorecidas.
Marx, en 1875
                                  Marx, en 1875 – ABC
Otra dato curioso es que, a pesar de las penurias económicas que arrastró, el autor del «Manifiesto comunista» tuvo una criada trabajando en su casa durante toda su vida. Su nombre era Helene Demuth y servía a familias ricas desde los diez años. Después de pasar por varias mansiones llegó a la de la baronesa Westphalen, la suegra de Marx. Cuando la hija de esta se casó con el pensador, les regaló a su sirvienta, que tuvo que seguir al matrimonio hasta París y Londres aunque solo hablaba alemán.
Por su trabajo, Karl Marx no la pagaba ni un solo céntimo, a pesar que se encargaba de las tareas domésticas, de cuidar a sus siete hijos y de administrar los pocos recursos de la familia. Y por si no fuera poco, el filósofo mantuvo con ella una relación extramatrimonial. En 1850 dejó embarazada a su mujer y, aprovechando un viaje de esta a Holanda para conseguir fondos para la causa marxista, también a su criada. Él no lo reconoció, hasta el mundo de que le dijo a su esposa que el padre era su amigo Engels. Hasta le puso el nombre de su colaborador.
A causa de esto, la mujer de Marx no podía ver a Engels. Marx mantuvo la mentira durante un tiempo, pidiéndole a su esposa que no le recriminara nada a su amigo, que no solo le regaló un piso, sino que asumió una paternidad que no le correspondía. Y cuando la señora von Westphalen por fin conoció la verdad, aquello se convirtió en una especie de herida familiar silenciada para los restos. «No se hablaba del asunto, en parte porque el hecho les parecía escandaloso a la luz de la moral burguesa imperante en la época, y en parte porque no se ajustaba a los rasgos heroicos e idílicos propios de un ídolo de las masas. Se borraron, pues, todas las huellas de ese hijo y, sólo la casualidad, preservó de la destrucción una carta que aclaraba el asunto», escribió el filósofo alemán Hans Blumenberg, en «Karl Marx en documentos propios y testimonios gráficos» (Salvat 1984).
Pero ahí no acabaron las andanzas del fundador del comunismo. Además de su afición por los prostíbulos londinenses, cuentan Otero y Giménez que, mientras su mujer estaba convaleciente con varicela, intentó abusar de su sobrina. Todo ello mientras su familia sufría un revés tras otro. De sus siete hijos, solo consiguieron sobrevivir tres hijas. Y de estas, una murió de cáncer a los 38 años y las otras dos se suicidaron. Una de ellas, Laura, lo hizo junto con a su marido, Paul Lafargue, uno de los introductores del marxismo en España y autor del famoso «El derecho a la pereza». Habían pactado hace años ya que se quitarían la vida cuando su salud no les permitiera mantener su independencia vital y lo cumplieron pasados los 60 años. La otra, Eleanor, se envenenó a los 43 al descubrir que su compañero, el socialista Edward Aveling, se había casado en secreto con una amante.



Leer más...

miércoles, 2 de octubre de 2019


¿POR QUÉ NOS ODIAN?

Trino Márquez

Las expresiones de xenofobia de reducidos grupos de la sociedad peruana, incluidos policías y medios de comunicación, han causado un hondo impacto en Venezuela. La ahora exdiputada Esther Saavedra,  de Fuerza Popular, partido dirigido por Keiko Fujimori, en una intervención en el Congreso llegó a solicitar que el ejército sacara a los venezolanos, malos y buenos, de esa nación. Lanzó una proclama similar al Decreto de Guerra a Muerte: venezolanos, contad con la muerte aun siendo inocentes, le faltó decir a la señora. ¿Por qué tanto odio del fujimorismo contra los miembros de la diáspora que se encuentran en Perú? La conocida periodista Rosa María Palacios, en su programa Sin Guion, señaló que ese encono perseguía distraer la atención porque los reflectores de la opinión pública estaban colocados sobre los casos de corrupción que salpican a la mayoría fujimorista del Congreso y en las tensiones existentes entre el Parlamento y el Ejecutivo. Ya sabemos cómo se resolvió el conflicto. El presidente Martín Vizcarra decidió clausurar el órgano legislativo y convocar nuevas elecciones en enero próximo. Las piruetas chauvinistas del fujimorismo no fueron  eficaces. Esther Saavedra y Keiko Fujimori deben de estar  decepcionadas.  Sin embargo, el problema de la xenofobia va más allá de la manipulación política. Nicolás Maduro condenó de forma categórica los episodios de persecución y acoso a los venezolanos. Era lo menos que podía hacer quien es el gran culpable de la tragedia que viven millones de compatriotas expulsados al exterior. Su aparente furia no puede encubrir esa responsabilidad inocultable.

Hacia Perú se han movilizado más de medio millón de venezolanos. Acnur, la Oficina Internacional de Migraciones y el gobierno peruano estiman que 2019 cerrará con una población cercana al millón de exiliados. Esta cifra es muy alta para una nación de proporciones medias como esa. El impacto en los servicios públicos será muy alto. Al Gobierno le resultará muy difícil atender las demandas de esa población tan elevada.

Ese choque hay que examinarlo en su contexto.   En un trabajo publicado en BBC Mundo, el periodista Ángel Bermúdez señala que los gastos realizados por los venezolanos en 2018, de acuerdo con cifras del Banco Central de Perú, representaron un punto de los cuatro que creció el PIB durante ese lapso. En otros términos, la contribución fue de 25%. Nada despreciable. Otro dato significativo, también según el banco central, es que la inflación en 2018 disminuyó, especialmente porque la oferta laboral del contingente de venezolanos permitió que la remuneración salarial se mantuviera estable. La gran mayoría de ellos trabajan en el sector formal. Solo una franja compuesta por 30.000 compatriotas se desempeña en el sector informal. Los venezolanos contribuyeron a que hubiese crecimiento sin inflación y sin expansión acelerada de la informalidad, objetivo que toda economía sana aspira.

La periodista Rosa María Palacios ha desmontado algunas mentiras difundidas por los xenófobos. Una de ellas es que los venezolanos están protegidos por la Ley de sueldo mínimo vital. Palacios demuestra que tal prerrogativa no existe. La ley de sueldo mínimo rige para todos los trabajadores peruanos, sin que se discrimine o privilegie a ningún estrato en particular. Otro dato relevante es el que se refiere a la delincuencia. Los xenófobos dicen que los delitos han aumentado de forma exponencial. Una nueva distorsión. En Perú la población penitenciaria asciende a 70.000 reclusos. De ellos, solo 74 son venezolanos. Entonces, ¿a partir de cuál criterio se establece que los venezolanos son ‘delincuentes’? En el grupo emigrante hay capas que carecen de educación y formación en un oficio calificado. Este núcleo trata de ganarse la vida de formas poco convencionales. Algunos transgreden las normas. Cometen delitos. Lo mismo ocurría con quienes abandonaron Perú durante la aciaga década de los ochenta, cuando los terroristas de Sendero Luminoso y Túpac Amaru causaban pánico entre los peruanos y muchos de ellos huían despavoridos hacia otras naciones del continente, entre ellas Venezuela. Aquí nadie dijo que todos los peruanos eran unos gamberros que debían ser expulsados en masa. 
La xenofobia siempre conduce por caminos descarriados. Lo que más les duele es que 70% de los venezolanos que se hallan en Perú poseen títulos universitarios. Son profesionales y técnicos de alta calificación. El pequeño lote de desadaptados que han cometido actos repudiables no representa a la inmensa mayoría que ha salido a buscar un destino mejor al que Nicolás Maduro y su socialismo del siglo XXI ofrecen.  Los xenófobos odian al extranjero, al que es distinto, porque son mediocres, no se atreven a competir, tienen complejo de inferioridad y colocan la responsabilidad de sus males en factores externos.

La buena noticia es que en la capital peruana se formó hace algunos años el Grupo de Lima, que reúne a gobiernos democráticos que enfrentan sin tregua a Nicolás Maduro. En este momento ese comportamiento solidario debemos subrayarlo, al igual que la actitud de la mayoría de los peruanos, que han recibido a los venezolanos con respeto y fraternidad.

@trinomarquezc

Leer más...
SOLO 2%  de opositores piensan que Zambrano y Fermín los representan
Por Eugenio Martínez 
La Mesa de Diálogo, instalada entre el régimen de Nicolás Maduro y los partidos disidentes de la oposición, no cuenta con el aval de la mayoría de los venezolanos.
Según el estudio de opinión pública realizado por la firma More Consulting, el 67% de los ciudadanos consideran que el acuerdo alcanzado en la Mesa de Diálogo es poco o nada creíble. Los resultados de la encuesta de ámbito nacional indican que 91% de quienes se dicen opositores y 71% de los ciudadanos que se definen como independientes, ven como incierto que Nicolás Maduro cumpla con los compromisos firmados con Claudio Fermín, Timoteo Zambrano y los representantes de los partidos MAS, Avanzada Progresista y Bandera Roja.
La percepción cambia signicativamente si sólo se considera la opinión de quienes se dicen chavistas (el sector minoritario en Venezuela según el estudio). Mientras la mayoría de los opositores y de los independientes desconfían de las ofertas de diálogo que sirvieron para instalar la Mesa, 7 de cada 10 chavistas confían en que se concretarán las promesas de liberar a los presos políticos y designar a nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE).
Si se consulta a los ciudadanos el aval que otorgan a los integrantes de la Mesa de Diálogo como representantes de la oposición venezolana, destaca el bajo nivel de legitimidad que tienen estas organizaciones y sus líderes.
Según el estudio de More Consulting, 54,4% de los ciudadanos consideran como representantes legítimos de la oposición al presidente de la Asamblea Nacional (AN) Juan Guaidó y al grupo de partidos que se articulan en torno a él. Por otra parte, apenas 14% cree que Timoteo Zambrano y Claudio Fermín (y las organizaciones que se articulan en torno a ellos) representan a la oposición.
Si se analiza este reconocimiento por autodefinición política en el caso de quienes se dicen opositores, 81,8% aseguran que los representantes legítimos de la oposición son los líderes y partidos agrupados en torno a la gura de Guaidó. Mientras, el 12% sostiene que la verdadera representación opositora se encuentra en María Corina Machado y en los diputados de la fracción parlamentaria 16 de Julio. Apenas 2,3% cree que Zambrano y Fermín representan los intereses de la oposición.
En el caso de los independientes sólo 13% considera a Fermín y Zambrano como los legítimos voceros de la oposición; mientras 48% considera que la representación legítima de la oposición recae en Juan Guaidó, y 13% señala a María Corina Machado.
Sólo entre quienes dicen apoyar a la revolución se cree que Fermín y Zambrano representan a la oposición. Esta es la idea de 33% de quienes se dicen chavistas. Por otra parte, el estudio concluye que la conformación de una Mesa de Diálogo sin la participación de Guaidó (o de sus representantes) es rechazada por 53% de los ciudadanos. Sólo quienes se dicen chavistas en su mayoría (75%) avalan una negociación sin la participación de los principales partidos opositores o sus representantes.
Fermín y Zambrano mal evaluados
El 16% dice tener una opinión favorable de las acciones de Claudio Fermín por el bienestar en el país, mientras 43% describe al líder del partido Soluciones desfavorablemente. Ante esta pregunta, 40% de los ciudadanos sostienen que poseen poca información para evaluar el desempeño de Fermín. Como ocurre al momento de analizarse la Mesa de Diálogo, quienes se dicen chavistas valoran mejor el desempeño de Fermín que los opositores e independientes. En este sentido, 26,4% de los chavistas, 16% de los
independientes, y 9% de los opositores dicen tener una opinión favorable de él.
En el caso del diputado Timoteo Zambrano destaca el desconocimiento. 7% valora favorablemente a Zambrano, mientras 26% tiene una opinión desfavorable de él. En este caso destaca que 16% de los encuestados sostienen que tienen poco o ninguna información sobre el diputado, mientras 50% dice que no lo conoce.
Avalan regresar a Noruega
La posibilidad que se retome el proceso de negociación promovido por Noruega es avalada por 56% de los ciudadanos, mientras 39% está en contra.
En este caso, los ciudadanos que se dicen opositores son el sector más crítico con la posibilidad de reiniciar las conversaciones. Si se analiza el aval que los ciudadanos otorgan a que se retomen las conversaciones entre los representantes de Maduro y Guaidó, destaca que 78% de quienes se dicen chavistas y 57% de los independientes están de acuerdo con esta posibilidad. No obstante, sólo 39% de quienes se dicen opositores respaldan esta opción.
Para la mayoría de los ciudadanos que adversan a la Revolución Bolivariana retomar el proceso de diálogo no es una opción. Con esta idea concuerdan 59% de los opositores.
Maduro vs. Guaidó
Según el estudio de More Consulting, 28% de los ciudadanos describen favorablemente a Maduro mientras 70% dice tener una opinión desfavorable de él. Como ocurre al valorar la Mesa de Diálogo, sólo quienes se dicen chavistas describen positivamente a Maduro. El estudio indica que mientras 19% de los independientes describen favorablemente a Maduro, 82,9% de los chavistas tienen una opinión positiva de él.
En contraste a los números de Maduro, Juan Guaidó sigue manteniendo un balance positivo; el 49,7% tiene una opinión favorable y 27% lo describe desfavorablemente. En este caso 22% declinó responder.
Sólo 2% de los opositores piensan que Zambrano y Fermín los representan
El estudio de More Consulting se realizó entre el 17 y 21 de septiembre. Consistió en 1.379 entrevistas a personas naturales de sexo masculino y femenino, mayores de 18 años e inscritas en el Registro Electoral. El estudio tiene un error muestral de 2,64%, y un nivel de conanza de 95%.



Leer más...

martes, 1 de octubre de 2019

Se buscan empresarios









Luis Ugalde sj




Está bien que los diputados del régimen anuncien que van a cumplir con su deber de participar en la Asamblea Nacional para la que fueron elegidos. Mejor aún que suelten a todos los indebidamente presos por persecución política. Pero es de mal gusto el show que montó el régimen dando a entender que ya viene el cambio, cuando lo hacen para bloquearlo, prolongar el infierno y negar que desde enero tenemos un dictador no elegido legítimamente y que pretende el poder hasta el 2025. Con la actual política y desastre productivo, impuestos por la represión armada y los ilegítimos TSJ y Asamblea Constituyente, no tenemos futuro.
Trabajadores-empresarios-productores. Solo podremos decir que Venezuela cambió el día que veamos a miles de empresarios y millones de trabajadores produciendo a tope y ganando vida y prosperidad. Pero lo ofrecido en la Casa Amarilla por Jorge Rodríguez no abre la puerta al cambio, sino que busca perpetuar esta Venezuela invivible con Presidente y Constituyente ilegítimos, con maniobras tácticas y mentiras. Sin un reconocimiento objetivo de la gravísima enfermedad, se agrava cada día la tragedia económica y social y la inviabilidad del régimen. ¿Dónde estaremos en Navidad si llegan hasta allá?
Habrá cambio cuando régimen y oposición - apoyados efectivamente por los países democráticos- salgamos con férrea voluntad para transformarnos de improductivos a productores en todas las áreas. Saldrá el sol si pronto amanecemos con privatización de cientos de empresas expropiadas y arruinadas, cuando la inversión empresarial nacional e internacional se sienta atraída y con garantías jurídicas, cuando la destrozada actividad petrolera se abra a la iniciativa privada y en el mundo empresarial corra como epidemia incontenible la fiebre de la producción, inversión y creatividad. Habrá cambio el día que podamos decir que cien mil millones de dólares venezolanos están regresando al país con tecnología actualizada y vienen acompañados de otros cien mil millones de inversión extranjera directa. Solo así cesará la catastrófica pérdida de más del 30% del PIB este año, luego del bajón increíble del 60% durante cinco o seis años. Para que ese cambio ocurra hay que hacer algo muy distinto del simulacro de negociación donde el gobierno disimuladamente negó la salida del dictador, el fin de la Constituyente “supraconstitucional” y el cambio de la ruinosa economía. 
Acuerdo político nacional e internacional para pasar de improductivos en agonía a productores unidos. Para ello no solo los políticos deben dejar de lado sus viejas deformaciones, los empresarios deberán arriesgar, sacudir la rutina de décadas y los increíbles hechos de corrupción cometidos por muchos de ellos en complicidad con el gobierno “revolucionario”. Solamente si miles de empresarios amanecen con proyectos y fiebre de producción, cesará la fiebre del éxodo y empezarán millones de venezolanos a considerar su regreso. Ninguna negociación puede quedarse en lo meramente político aplazando para el año que viene la búsqueda de soluciones socioeconómicas con el nuevo gobierno. Si régimen y oposición no toman en serio de inmediato el cambio del desastre económico, el país va a estallar irremediablemente.
La Constitución en el artículo 233 establece que cuando no hay Presidente electo el Presidente de la AN “se encargará de la Presidencia de la República”. Ninguna propuesta psiquiátrica puede ocultar esto y ninguna negociación sensata puede desplazar hasta el 2020 los cambios socioeconómicos que son de vida o muerte, sino que hoy mismo es necesaria la transición “Larrazábal II” con urgencia socioeconómica, como decíamos hace un par de años. Transición no únicamente con ayuda humanitaria masiva, sino con cambios inmediatos para la transformación productiva, defendidos por los partidos, los militares, la sociedad civil organizada, las iglesias, las universidades… Un gobierno de transición acordado con inmediato cambio de ruta socioeconómica productiva. De lo contrario, está garantizado el fracaso del actual régimen y también del que vendrá a sustituirlo.
Millones de chavistas, que sufren el desastre actual y desean servir al país, serán bienvenidos a esa postguerra de reconstrucción y unidad nacional con una población reconciliada, sin linchamientos político-sociales, ni venganzas por propia mano que refuerzan cadenas criminales. La verdadera justicia tiene otros caminos. Es imprescindible que todos los venezolanos y los países amigos nos concentremos en este propósito estratégico y que la Fuerza Armada Venezolana descubra su importantísimo papel constitucional en el paso de la actual muerte a la construcción de la vida. Los acuerdos políticos se necesitan para esto.
No hay que ser un genio para ver las dificultades de lo arriba dicho. Quien considere que tiene talento no pierda tiempo en buscar objeciones (lo que es muy fácil), úselo para  encontrar soluciones, a fin de que Venezuela se encuentre consigo misma y desate todas las fuerzas productivas y constructivas. De lo contrario no habrá vida. Levantar de inmediato la bandera y crear las condiciones de posibilidades para que miles de empresarios y millones de trabajadores y ciudadanos con inversión, creatividad, tecnología y con todas las garantías jurídicas se pongan en marcha. Para que esto ocurra cuanto antes hace falta un decidido gobierno legítimo de transición, mucho antes de que se puedan realizar las elecciones presidenciales que no se hicieron constitucionalmente en 2018.

Caracas, martes 1 de octubre de 2019.
1

Leer más...
Retomar la perspectiva





Humberto García Larralde






El supuesto acuerdo entre partidos minoritarios y el régimen de Maduro ha enturbiado el aire en sectores opositores. Cumplió así con uno de los objetivos que buscó el madurismo: lograr ser reconocido por quienes dicen ser opositores, desmoralizar con ello a la población e intentar confundir a los países democráticos que depositaron su confianza en Juan Guaidó. Pero los descalificativos ad-hominem –contra la persona y no contra su argumento—no se justifican. Además de restar fuerzas en vez de sumar, el torneo de dimes y diretes obnubilan el sentido de la lucha contra la dictadura. A riesgo de “llover sobre lo mojado”, conviene retomar aspectos que muchos dan por sentado a ver si evitamos tal extravío.

El problema
Venezuela se encuentra colapsada en prácticamente todos los ámbitos salvo, hasta ahora, en la disposición mayoritaria de sus habitantes por desalojar del poder a los responsables de este desastre. Sobran diagnósticos y cifras: Somos el país que, no estando en guerra, registra el mayor desplome económico en el mundo moderno. Hambre, desolación, servicios destruidos y muerte es lo que hoy queda de una nación antes reconocida por sus oportunidades: un estado fallido. De ahí la imperiosa necesidad de cambios fundamentales que permitan rescatar sus enormes potencialidades y dotar a sus residentes de la oportunidad de vivir dignamente conforme a sus esfuerzos, talentos y aptitudes. Se trata de acortarles los terribles padecimientos que hoy sufren y devolverles un país en el que prive la libertad y la justicia. En fin, evitar convertirnos en el “ex país” de que habla Agustín Blanco Muñoz.
Para ello es imprescindible desalojar a la oligarquía militar – civil que hoy usurpa el poder político. Ésta se niega a irse o a cambiar sus políticas porque de ello depende su depredación de la riqueza social. Recurre, por ende, a medios represivos crueles –asesinatos, secuestros, torturas, persecuciones, razias de exterminio (FAES) y demás elementos del arsenal del terrorismo de estado—para preservar sus privilegios, en el puro estilo fascista. El informe de la Bachelet es bastante elocuente al respecto. Le entrega la seguridad de estado a la inteligencia castrista y, más allá, empodera a bandas de malandros y cuerpos o agentes de seguridad (FAES) como fuerza de choque para intimidar o eliminar a opositores. Asimismo, ha entregado zonas importantes del territorio nacional –fronteras y áreas mineras de Guayana—a la guerrilla colombiana y/o al narcotráfico. Conforma una organización criminal –un atajo mafioso—cuyo eje central lo constituyen altos oficiales militares prostituidos por corruptelas, fuentes de oportunidades para el lucro inusitadas.
Esta oligarquía potencia su crueldad al ampararse en una construcción ideológica basada en símbolos patrioteros y elementos de la mitología comunista, que la hace refractaria a todo entendimiento con las fuerzas democráticas. Como genuinos herederos de Bolívar y depositarios de conquistas providenciales de una prometida “revolución”, se sienten envestidos de una superioridad moral ante sus críticos, devenidos en enemigos. Se aíslan en una falsa realidad que les exime de tener que rendir cuentas o de justificar sus acciones y que, cual bálsamo limpiador, les absuelve sus crímenes. Esta ideología propicia la conversión de sus seguidores en sectas, inmunes a toda increpación racional, e invoca la solidaridad automática de mentes retrógradas en otros países que, insólitamente, se auto califican de izquierda (¡!).
¿Negociaciones?
Es iluso pretender que a esta oligarquía militar – civil la anim


Leer más...