sábado, 6 de febrero de 2021

 LA SOCIEDAD CIVIL RESISTE


  ISMAEL PÉREZ VIGIL


Ahora estamos ante una nueva arremetida en contra de la sociedad civil y sus organizaciones. Lo ocurrido en contra de los comedores de Caracas Mi Convive −Alimenta la Solidaridad− en Miranda y Azul Positivo, en el Zulia, entre otras, son una muestra de eso. Digo “nueva arremetida” pues esa también ha sido una de las estrategias del régimen desde que asumió el poder en 1999.

En un principio, cuando aún funcionaba el disimulo, el régimen “promovió” la participación ciudadana, no porque le interesara, sino porque era una manera de deslegitimar y restar influencia a los partidos. Se recordará que, en las bases comiciales propuestas por Hugo Chávez para la elección de los representantes a la Asamblea Constituyente de 1999, no se permitió la actuación de los partidos y se estimuló al ciudadano, a recoger firmas para postularse y luego para ser candidatos a la Asamblea.

Entusiasmados e ingenuos nos lanzamos muchos a esa competencia sin darnos cuenta que la trampa ya estaba tendida con el “Quino de Chávez”, que le permitió adueñarse del 96% de los delegados con menos del 30% del padrón electoral. Como han sido siempre todos sus “triunfos”.

Pero, a pesar de todo, la sociedad civil desde ese entonces entro en la historia política venezolana y adquirió, por esfuerzo propio y por su resistencia al régimen, el derecho a que se le tome en cuenta, aun cuando las arremetidas en su contra han sido numerosas.

En principio, son varias las funciones que la Constitución Bolivariana le atribuye a la sociedad civil −aun cuando no defina el concepto de una manera precisa− y varias las instancias en las que se prevé su participación:

– En el capítulo II del Título VII, artículo 326, Seguridad de la nación, establece la corresponsabilidad de la sociedad civil con el Estado

– En el Sistema de Justicia, formando parte del Comité de Postulaciones Judiciales.

– En el nivel del Gobierno Local y Federal, donde se crean los Consejos Locales de Planificación Pública,

– En el Comité de Postulaciones del Consejo Moral Republicano que elegirá el Defensor(a) del Pueblo, el Fiscal (a) General y el Contralor (a) General de la República. (Artículo 279).

– Entre las funciones de la Asamblea Nacional, que está obligada a consultar la sociedad civil, incluso de los Estados, para todos los procesos de aprobación de las leyes

– En el Poder Electoral, donde integran el Comité Postulaciones y forman parte del Cuerpo Rectoral

Se pudiera decir que no cabía duda cual era la posición de la Constitución Bolivariana y la intención del Legislador en cuanto al papel de la sociedad civil; sin embargo, el TSJ con varias sentencias dictadas por la Sala Constitucional, ha disminuido, confiscado o menoscabado estos derechos. Lo que demuestra, perfectamente, cual es la verdadera posición del régimen con relación a la sociedad civil.

Son varias las sentencias dictadas por el TSJ en las que se alude a la sociedad civil, todas de la Sala Constitucional, pero las más importantes, las que quiero destacar, son:

1) La Nº 656, expediente Nº 00-1728, del 30 de junio de 2000, en el caso de la Defensora del Pueblo contra de la Comisión Legislativa Nacional.

2) La Nº 1050, Exp. Nº 00-2378, del 23 de agosto de 2000, en el caso de habeas data de la Red de Veedores; y

3) La Nº 1395, Exp. 00-1901, del 21 de noviembre de 2000, en el caso de los Gobernadores contra el Ministerio de Finanzas.

En estas sentencias hay varios elementos en común; uno de ellos es la interpretación estrecha del artículo 70 de la Constitución al restringir la participación ciudadana:

– al comité de postulaciones judiciales (artículo 270);

– a postular miembros para el Consejo Nacional Electoral (artículo 296 eiusdem); y

– a la posibilidad de postular candidatos en los procesos electorales (artículo 67 eiusdem), pero… esto solo a las asociaciones con fines políticos (partidos políticos), que después declara que no son sociedad civil.

En efecto, el TSJ restringe el papel de la sociedad civil y anula el carácter “más amplio” que se reflejaba en la Constitución Bolivariana; así, de acuerdo con estas sentencias y según la Sala Constitucional del TSJ, no son sociedad civil y en consecuencia no pueden ejercer las funciones que les confiere la Constitución:

– Las organizaciones militares, religiosas, estatales y los partidos políticos.

– Las organizaciones financiadas por el Estado.

– Las organizaciones que estén afiliadas, subsidiadas, financiadas o sostenidas directa o indirectamente desde el exterior a menos que reciben ayuda económica de organismos internacionales, producto de colectas provenientes de la solidaridad humana, o que sean contratadas desde el exterior para realizar estudios.

– Las organizaciones locales que no tengan proyección nacional.

– Las que no estén organizadas y no tengan funcionamiento democrático, con un número de miembros que permita elecciones o que se manejen con criterios “cupulares” o verticales.

– Aquellas cuyos voceros sean militares activos o religiosos.

– Las que antagonicen con el Estado o que pretendan suplir sus falencias o responsabilidades ante la sociedad. (Casos de Caracas Mi Convive o Alimenta la Solidaridad y Azul Positivo)

– Las que persigan el adoctrinamiento religioso o intereses propios que distorsionen los fines de la sociedad civil.

– Las que no tengan personalidad jurídica.

Como se puede apreciar, a través de estas sentencias el TSJ ha moldeado, “rebanado” y restringido, considerablemente, el concepto de sociedad civil y deja el terreno preparado para que, a futuro, prácticamente ninguna organización pueda considerarse sociedad civil.

Sin embargo −y este es un punto que debemos enfatizar y tener muy claro− las sentencias del TSJ no restringen, ni limitan o prohíben la posibilidad de actuar o de constituir organizaciones no gubernamentales o de que la sociedad civil se organice o que obtenga financiamiento interno o externo. Simplemente —sin ironía— limitan las posibilidades de actuar en el contexto de la Constitución Bolivariana, es decir para participar o formar parte de algunas de las instituciones que allí se señalan, que enumero más arriba.

De allí que tengan especial relevancia en este momento dos actividades o reuniones promovidas por la sociedad civil; una ya efectuada de manera muy exitosa, el día de ayer en el Palacio de las Academias, donde se reunieron más de 130 personas y en la organización del evento y la redacción del documento que salió del mismo, más de doscientas de organizaciones; me refiero al II Foro Cívico Multiactores, convocado por la Academia de Medicina, Fedecámaras y Dialogo Social, para estimular una reflexión y diálogo sobre el rol del Foro Cívico Nacional en una solución negociada a la crisis del país. El documento final de este encuentro se puede ver en el siguiente vinculo aquí.

El segundo evento está siendo convocado para realizarse el próximo jueves 11 de febrero, promovido por la Universidad Católica Andrés Bello, Provea, Transparencia Venezuela, Avessoc, Cáritas Venezuela, Caracas Press Club y Efecto Cocuyo, con el nombre de “La sociedad civil responde a los desafíos de la Venezuela del 2021”, que seguramente será igual de exitoso.

Concluyo remarcando y enfatizando que aunque estamos frente a una nueva arremetida del régimen contra la sociedad civil y ante una confiscación legal o el menoscabo de un derecho, por culpa de una interpretación del TSJ, la actividad de la sociedad civil y sus organizaciones no es una actividad ilegal, ni para la ONG, ni para quien la financie y el régimen no logrará su objetivo de intimidar a los ciudadanos organizados, ni impedir su acción.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/


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Reventón, 50 años después


     RAÚL FUENTES

Papel literario El Nacional

Cuando Nelson Rivera me preguntó si me atrevería a escribir un artículo sobre Reventón, —“Un artículo que recuerde la historia y recorrido de la revista”—, le respondí afirmativamente. Lo hice por razones más emocionales: el próximo 6 de febrero cumplirá dos años de fallecido nuestro entrañable amigo y compañero de ruta Pablo Antillano, y este 2021, medio siglo de una gran aventura editorial que emprendimos juntos. Sobreestimé, confieso, mis capacidades mnemotécnicas, pues en 50 años agitados de viajes y mudanzas, extravié mi colección de ejemplares impresos y de materiales rubricados por mí y otros miembros del equipo embarcado asociado a aquella apasionante empresa periodística, germinada a fines de la década del 60 del siglo pasado, en la Universidad Central de Venezuela. No me propongo analizar los asuntos tratados en la revista. Tampoco ambiciono pergeñar una gesta basada en sus repercusiones. Me limito a resumir su corta y fructífera existencia.

Cursaba yo 6° semestre en la Facultad de Arquitectura cuando conocí a Pablo Antillano, quien, procedente de Maracaibo, comenzaba el tercero, sin mucho apego ni aplicación, porque su inquietud intelectual desbordaba el rigor de la escuadra y el escalímetro. Eran los días de la renovación académica, y el influjo del mayo francés, la guerra de Vietnam, el poder de las flores y la invasión a Checoslovaquia se hacían sentir en una juventud sin norte. Pablo se había vinculado al Teatro Experimental de Arquitectura y allí inicié mi colaboración con él, actuando en el montaje de Algunos en el islote, obra de Rodolfo Santana.

Del teatro pasamos a la organización de performances y espectáculos audiovisuales en apoyo al movimiento renovador, en especial durante la toma de la Dirección de Cultura cuando, en colaboración con Jacobo Borges, organizamos un happening de padre y señor nuestro en el Aula Magna. Fueron años de andaduras nocturnas por la efervescente Sabana Grande y de adhesión sin compromisos a un club político constituido por emergentes convencidos de la necesidad de vincularse a los barrios populares, utilizando las artes escénicas, la fotografía y el periodismo mural como herramientas de captación. En entrevista concedida a Milagros Socorro (Revista Bigott, 2001) Pablo lo explicaba así: “En ese proceso empezamos a escribir crítica y a conformar grupos de teatro callejero. Lo llamábamos Agitprop (agitación y propaganda), una especie de periodismo mezclado con teatro. Los primeros grupos bolcheviques, donde estaba Maïakovsky, por ejemplo, se autodenominaban “núcleos de agitación y propaganda”. Nosotros tomamos esa idea como vehículo para discutir grandes temas, pero los hacíamos con transparencias, diapositivas y espectáculos en La Vega, en Petare y en otros lugares de Caracas. Hablo del año 1967, 1968. Caldera allanó la Universidad Central de Venezuela en el año 68, y nosotros quedamos como realengos, la agitación política era muy fuerte, la universidad estaba en la calle. Teníamos mucho tiempo, cuando uno es estudiante, sin clases durante dos o tres años, uno está en la calle echando vainas”.

Y en esa echadera de vainas, Pablo fue a parar a Vea y Lea, revista editada por Pedro Miranda, periodista chileno y trotskista, y financiada por el banquero venezolano Edgard Dao. Allí recalamos un par de estudiantes de periodismo, un fotógrafo y yo, arquitecto recién graduado, con diploma en el congelador de un rectorado intervenido. La revista del trotskista cayó en manos de un grupete ultraizquierdista y rápida e infortunadamente devino en panfleto de insignificante tiraje; sin embargo, esta experiencia nos condujo a la creación de Reventón.

Carlos Ramírez Faría, vinculado por nexos familiares a Panorama y a Momento, aspiraba a editar una revista revolucionaria, aunque ello comportara un enfrentamiento con su parentela. Nosotros también, pero no exactamente en el sentido ideológico del epíteto. Puestas las cartas sobre la mesa, llegamos a un acuerdo y nos instalamos en oficinas anexas a la sede de Momento, en la avenida Libertador.  Carlos, quien la bautizó —el nombre era una clara alusión al reventón del pozo Barroso II (14 de diciembre de 1922) y, acaso, un velado guiño a la reversión de las concesiones petroleras pautada para 1984 —, fungiría de director (a partir del cuarto o quinto número, la dirección pasó a ser oficiada colectivamente) y Antillano ejercería la jefatura de redacción. El resto del staff lo conformaban Richard Izarra, Enrique Rondón, Armando Valero (fotógrafo), José Luis Garrido (diagramador) y quien esto garabatea. Exornadas las paredes de la redacción con nuestros rostros en alto contraste, nos dispusimos a concretar el sueño.

El 1° de mayo de 1971 las portadas del primer número de Reventón asombraron al público y causaron perplejidad entre algunos periodistas, porque la forma y contenido de la publicación chocaban o rompían con sus paradigmas; sin embargo, Jesús Sanoja Hernández le prodigó elogios desde el principio y transmitió su entusiasmo a los alumnos de la Escuela de Comunicación Social. Una vez en la calle el flamante quincenario, el transeúnte descubrió en él a quienes realmente tenían la sartén por el mango. Los nombres de los amos del valle y del país se asomaban a las ventanas de un collage de atractiva composición, distinta a las portadas al uso y   agotadas en una mirada de los semanarios convencionales. Lo mismo puede decirse de sus titulares. Ni escandalosos ni amarillistas, su rotundidad invitaba a la lectura de textos redactados con una mezcla de corrección informativa y frescura juvenil, no exenta de humor e ironía.

El primer número de Reventón se agotó y, 15 días después, el segundo fue retirado de circulación por órdenes del gobierno. Lorenzo Fernández, a la sazón ministro del Interior y candidato a la sucesión de Caldera, justificaba la interdicción en el programa de Sofía Ímber y Carlos Rangel, alegando un presunto carácter subversivo y generador de odios de su contenido. Los efectos de la reacción oficial tuvieron serias consecuencias. Pablo las detalló en estos términos: “Esa edición despertó la ira del presidente por un artículo de Richard Izarra, quien era hijo de un militar, que abordaba ciertos casos de corrupción en las Fuerzas Armadas y de irregularidades con los ascensos, es decir, los temas clásicos del mundo militar, intocables en la Venezuela de entonces. Pusieron preso a Richard (tenía dieciocho años y era estudiante) en el Cuartel San Carlos, lo que provocó una gran conmoción sentimental en la audiencia y contribuyó a que la revista aumentara espectacularmente su circulación. Pero Carlos Ramírez Faría no quería meterse en problemas y decidió suspendernos el financiamiento, así que nos quedamos sin oficina”.

Sin un lugar donde anidar y empollar las ideas, entramos en contacto con Miguel Ángel Capriles.  Pablo fue el interlocutor propuesto por el consejo de redacción para tratar con el dueño de los diarios Últimas NoticiasEl Mundo y Líder, y de unas cuantas revistas hogareñas, deportivas, hípicas y faranduleras, quien nos cedió un pequeño pero confortable espacio en el 7° piso de la Torre de la Prensa. También puso a disposición nuestra los archivos de la Cadena Capriles, lo cual le venía de perlas a una publicación cuya misión era indagar y profundizar en los vínculos del empresariado con sindicatos, partidos, instituciones gubernamentales y otras instancias del poder político y económico. Eso sí, la revista debía imprimirse en Grabados Nacionales y distribuirse a través de Dipuca, empresas propiedad del poderoso editor de La Trilla. Reventón no necesitaba de especial apoyo financiero para subsistir. Era autosuficiente, a pesar de las triquiñuelas de los hermanos Capriles. Gracias a su circulación (unos 20.000 ejemplares), se convirtió en la revista más vendida y leída del país; además, a sus fundadores no les movía interés pecuniario alguno.

Estuvimos cómodos en la torre de marfil de Miguel Ángel hasta que el senador, editor y contrabandista de hilacha cayó en desgracia y tuvimos la infeliz ocurrencia de publicar, con la debida aclaratoria sobre la responsabilidad y de lo expuesto en él, un comunicado de un grupo guerrillero. Así, le pusimos al gobierno en bandeja de plata el pretexto necesario para llevarnos a los tribunales militares. Sólo Ramírez se puso a derecho. Los demás, anarquistas en el fondo y sin dolientes en las organizaciones políticas y gremiales, decidimos salir del país por los caminos verdes. Pablo y yo nos fuimos a Chile por tierra en odisea inolvidable, cuyas incidencias valdría la pena relatar en otra crónica (asignatura pendiente). Tal desbandada fue el principio del fin de Reventón. Carlucho, al salir de la cárcel, apoyado en Luis Miquilena y Germán Socorro, y con la colaboración de Kotepa Delgado y Earle Herrera   —y la mía desde el cuartel San Carlos, donde permanecía recluido desde mi retorno de Chile—, logró imprimir unos 5 o 6 números, combativos, pero sin alma, y pésimamente distribuidos.

Hasta aquí los hechos y el cuento con base en mis recuerdos de las circunstancias atinentes a Reventón. La revista circuló durante menos de un año, mas su impacto fue mayúsculo y se puede hablar con propiedad y, cual dicen los mexicanos, de un parteaguas: un antes y un después de Reventón en el periodismo de combate. A partir de su irrupción en la escena nacional, los espacios en blanco de los negociados y atropellos se llenarían con los nombres y apellidos de los culpables, porque ya no bastaba con referirse a capitalistas, burgueses, funcionarios, etc. Ese fue el legado de Reventón.

Quizá no se estile y sea inelegante, pero debo concluir esta línea con una aclaratoria. “Nada más poético que las transiciones y las mezclas heterogéneas”, son palabras de Novalis citadas por Borges en reseña de The Albatross book of living prose. Esa frase, según el autor de El Aleph, “define, sin explicarlo, el encanto peculiar de las antologías”. No sé si la selección de reportajes y artículos publicados en Reventón reunidos por Carlos Ramírez Faría en el libro Venezuela huele mal seduzca al lector; sin embargo, sí le proporcionará cierto placer descubrir cómo y por qué ese provocador magazín quincenal cautivó a los lectores hace medio siglo. El prólogo y el epílogo del florilegio abundan con precisión de relojería en datos y cifras; y aunque difiero de su balance subjetivo de los acontecimientos aquí sintetizados, me he valido de sus páginas a fin de refrescar mi memoria.



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 EL CHAVISMO MÁGICO


SIFRIZUELA


EL ESTÍMULO


A pocos días de culminar enero, Nicolás Maduro, vistiendo camisa amarilla y en compañía del dúo Rodríguez, mostró una pequeña poción en su mano. Era “la medicina que neutraliza 100 por ciento al coronavirus, el Carvativir”, por supuesto, “mejor conocido como las goticas milagrosas de José Gregorio Hernández”. Infinitamente más eficaz que las vacunas, el Carvativir había demostrado su poder supernatural por medio de “experimentos masivos con todos los pacientes que estaban en el Poliedro de Caracas y en el hospital de Coche”, curando incluso a aquellos en condiciones críticas: “10 goticas debajo de la lengua cada cuatro horas y el milagro se hace, se hace. Es un poderoso antiviral, made in Venezuela”.

La comunidad científica pegó un grito: no hubo grupos de control, no hubo pruebas con placebo, ni siquiera hubo publicación científica alguna que demostrara un estudio. ¿Y la bioética?, se preguntaron otros ante la posibilidad de que se hubiesen hecho ‘experimentos masivos’ sin el consentimiento de los enfermos del Poliedro.

Siguieron los pronunciamientos de la Sociedad Venezolana de Infectología, la Academia Nacional de Medicina y –con una carta– 51 científicos del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) advertían desconocer cualquier estudio o prueba clínica y pedían cautela a la población. Por su parte, Maduro alegaba que una “mente brillante” estaba detrás de las gotas y que su identidad estaba siendo protegida. El Carvativir, milagroso como es, era un asunto de fe meramente: mágico, distante de la ciencia experimental.

Por ello, ¿qué importaba? El beato José Gregorio Hernández tenía que ver algo con las goticas milagrosas, aunque nunca se explicó mucho: quizás, con su sombrero y mostacho, había bajado desde los cielos para entregarle las gotas a los revolucionarios. O quizás, en una estatuilla de capilla las había llorado en acto milagroso. O, más probable aún, las habían recibido en un desenfrenado rito de espiritismo en Sorte. La Iglesia hizo silencio.

Pero, como demostró la investigación de EsPaja, el milagro parecía realmente venir de Raúl Ojeda Rondón; un sujeto, no reconocido como médico venezolano, que había subido un documento en Scribd con la ‘propuesta farmacológica’ del Carvativir: timol, un principio extraído de la planta de tomillo común en la cocina. Un producto ya usado como antiséptico y antibacterial y no recomendado para uso humano. Por ello, quizás, y en la onda mágica, se debería cambiar el timol por cariaquito morado: a ver si nos sacudimos esta pava tan inmensa que cargamos como país.

Venezuela: superpotencia anti-pandémica

El Carvativir es solo la más nueva adición al abanico de pócimas y teorías descabelladas que el chavismo con su pensamiento mágico ha ofrecido en cuanto a la covid. Primero, fueron los PDF que Maduro compartió en su Twitter en marzo de 2020: en ellos, escritos por un columnista de Aporrea llamado Sirio Quintero (que no es científico ni médico), se alegaba infundadamente que el coronavirus proviene de “larvas” del VIH y que era un “arma de bioterrorismo y genocidio diseñada contra las razas asiáticas, latinoamericanas y afrodescendientes”. El “antídoto”, publicado en el portal oficialista Aporrea, era una mezcla de malojillo, saúco, jengibre, pimienta negra y limones amarillos.

Pero los meses pasaron y el embudo vegetal demostró ser ineficaz contra el arma de sida racializado que Quintero describía. Entonces, en noviembre –de nuevo sin publicación académica, aceptación alguna de la comunidad científica ni pruebas clínicas– Maduro anunció tener la “cura definitiva”: la molécula DR-10, que es capaz de “neutralizar y eliminar al 100 por ciento el coronavirus”. En apariencia similar al Carvativir, la molécula venía en una botellita llena de líquido amarillento.

Además, explicaba el gobernador Rafael Lacava (¿DR-10 por Drácula?), la molécula, extraída de una supuesta planta medicinal de Puerto Cabello, también podía tratar el VPH, el ébola y la hepatitis C. Era, como el malojillo y el tomillo, otro milagro misterioso de la naturaleza: esta vez, quizás, con magia siniestra de vampiro cortesía de aquel conde que rige la Transilvania tropical que ha creado en Carabobo con sus autobuses y aeropuertos con logos de murciélago.

Sigilosa, pasó la Dracumolécula sin hacer mucho: sin hacer nada, realmente. Por ello, pocos días antes de anunciar el Carvativir, Maduro inauguró en Caracas el Centro Científico Nacional del Ozono de la mano del traumatólogo Luis Fernando Ojeda Arenas: allí los enfermos de covid verían “beneficios extraordinarios” por medio de la ozonoterapia (una supuesta terapia que consiste en inyectar ozono, el mismo de la capa atmosférica, al cuerpo humano). La Sociedad Venezolana de Infectología pegó otro grito: la ozonoterapia “carece de evidencias científicas. No es recomendado por ningún organismo [de salud]”, alertaron en su denuncia, “es un fraude para la salud. Una pseudociencia. Una práctica con riesgo y peligros” (en Argentina, donde está prohibido, causó la muerte de dos pacientes).

Pero el chavismo no hizo caso. ¿Cómo iba a hacerlo? Su pensamiento es mágico, liberado del empirismo y entregado a la superstición. La ciencia, ‘hegemónica’ y ‘racional’, no tiene espacio en la magia como discurso oficial: en la institucionalización de los ritos supernaturales y las soluciones instantáneas por medio del Más Allá; en las gotas milagrosas, las moléculas de plantas misteriosas, las curaciones vegetales o el extraordinario ozono.

Es más, para el chavismo, como ‘buenos revolucionarios’ que son –usando el término irónico de Carlos Rangel- la ciencia debe hacerse de lado: es corrompedora, como todo lo que trajo la civilización occidental en la conquista, nos aleja del paraíso precolombino de ‘buenos salvajes’ en felicidad plena y sin pecado original que fuimos antes de la ruinosa propiedad privada.

Por ello, cuando la Academia de Ciencias de Venezuela publicó un informe sobre el posible y dañino impacto que el coronavirus realmente podía hacer en Venezuela, Diosdado Cabello –live from el Mazo Dando– afirmó que la Academia de Ciencias estaba invitando a un ‘tun, tun’ de las fuerzas de seguridad del Estado. Porque, ¿qué van a saber esos científicos, peones del insensible y racional Occidente, cuando el chavismo mágico tiene a José Gregorio Hernández, al ozono, a la Pachamama y seguramente a María Lionza de su lado? ¿Cuando tiene, sobre experimentos y empirismo, a las teofanías mismas?

Mientras tanto, alertaba el Observatorio Infodemics Covid19 de la Fundación Bruno Kessler en Italia, Venezuela y Perú ostentan las tasas más bajas de confiabilidad de noticias sobre la pandemia entre 83 países analizados: solo 1 de 4 tweets se consideran confiables. Somos el epicentro de la infodemia.

La demolición de la ciencia

“Este régimen muestra un desprecio por la ciencia”, dijo en una entrevista Gioconda Cunto de San Blas, primera mujer en ser miembro de número la Academia de Ciencias y en ser su presidente: “Se caracteriza por un desprecio hacia el conocimiento, hacia la disciplina y hacia el trabajo intelectual”. Por ello, quizás prefiriendo la magia, el chavismo lanzó una cruzada contra el sector científico del país.

A pesar de estar siempre lejos del 2 por ciento del PIB para el desarrollo científico que recomienda la UNESCO, Venezuela –alzándose sobre pozos y lagos de petróleo– logró notables avances científicos durante el siglo pasado. El siglo XIX había visto la fascinación por los fósiles y el petróleo de José María Vargas; las investigaciones de Vicente Marcano, padre de la ciencia experimental en Venezuela, en laboratorios hechos por el mismo; la fundación de la Gaceta médica de Caracas en 1893 de la mano del cirujano Luis Razetti como también las reformas que impulsó de las cátedras de Anatomía y de Medicina Operatoria de la Universidad Central; entre otros antecedentes. De hecho, el siglo XX abriría con los debates entre Razetti y José Gregorio Hernández en cuanto al evolucionismo y el creacionismo.

Así, en sucesión al entrar el nuevo siglo, Razetti fundó el Colegio de Médicos (1902), la Academia Nacional de Medicina (1904) y el Instituto Anatómico (1911). En 1917, el Congreso aprobaría la fundación de la Academia de Ciencias (sus primeros miembros no se integraron hasta 1933).

En 1954 y bajo la dirección de Humberto Fernández-Morán (creador del bisturí de diamante y exiliado tras la caída del régimen perezjimenista), se crea el Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales que en 1959, bajo la dirección de Marcel Roche, luego se convertiría en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). A su vez, Francisco De Venanzi transformaría el Departamento de Ciencias Naturales de la UCV (creado en 1947) en la Escuela de Ciencias (1958). Además, entre 1950 y 1960, Arnoldo Gabaldón sacaría a Venezuela de su pesadilla con la malaria por medio de la primera campaña de la historia contra la enfermedad (se basó en usar el compuesto DDT para saneamiento).

De hecho, en 1960, el IVIC empezó a operar uno de los primeros reactores nucleares (el RV-1) de América Latina, hoy convertido en planta de investigación de rayos gamma. Por su parte, la UCV seguiría abriendo carreras y posgrados en diferentes ámbitos científicos a través de los setenta, ochenta y noventa.

El chavismo, en sus inicios, continuó esa expansión: creó el Ministerio del Poder Popular para la Ciencia, Tecnología e Innovación (que daba mayor visibilidad al sector en el gobierno) y creó la Ley Orgánica para la Ciencia y Tecnología (Locti) que permitía a científicos tener acceso a fondos externos por medio de convenios propios con empresas y el Estado. Pero, en 2010, el Estado decidió que el financiamiento ya no iría directo a los científicos sino a un fondo donde el gobierno decidiría cómo distribuir los recursos. Entonces, vino la guerra con el IVIC.

Bajo la dirección de uno de los simpatizantes del chavismo –como han reportado NatureScience y Caracas Chronicles– hubo un proceso sistemático de despidos de científicos e investigadores opositores. Luego, alegando que “la meritocracia iba contra la democracia”, el Consejo Directivo del IVIC fue gradualmente privado de su autonomía. Pronto estalló una guerra entre los investigadores y el director chavista, quien alegaba que Venezuela no necesitaba investigaciones ‘burguesas’ sino ciencia aplicada (aunque él se especializa en mariposas).

El golpe más duro vino con la eliminación del programa de Permanencia de Labores de Investigación, que permitía a científicos retirados continuar su labor y que producía la mayoría de las investigaciones publicadas en revistas científicas arbitradas. Fue un despido abrupto del personal más valioso del IVIC, en nombre de la ‘igualdad’, incluyendo a Cunto de San Blas. No le dieron ni las gracias.

Ahora, varios años después y con el auge de sectores de la oposición que parecen haber apropiado la anti-ciencia del chavismo, la posibilidad de recibir más de un millón de vacunas contra la covid de Astra-Zeneca este mismo año (por medio del programa COVAX de la OMS, que distribuye vacunas en naciones del Tercer Mundo) se esfuma: el Estado chavista le debe más de 11 millones de dólares en deudas a la Organización Panamericana de la Salud. Y tiene hasta el 9 de febrero para pagar. ¡Pero tenemos magia!

Las ruinas de la ciencia

Tras la demolición, quedaron las ruinas: los laboratorios carecen de reactivos cruciales, forzando a los investigadores a trabajar con bases de datos publicadas por otros investigadores del mundo; la Biblioteca Marcel Roche del IVIC (su orgullo; declarada por la UNESCO como Biblioteca Regional de Ciencia y Tecnología para América Latina y el Caribe) no tiene presupuesto para renovar sus suscripciones a publicaciones científicas y los investigadores y científicos -tanto de la Academia como del IVIC- trabajan por amor al arte: sin honorarios ni sueldos. Entre 30% y 60% del personal científico del país, dependiendo de cada institución, ha abandonado sus cargos: la mayoría por el éxodo de profesionales a otros países; la deserción en la UCV y la USB ronda entre el 50% y el 60% y el Instituto de Medicina Tropical ha quedado – literalmente – en ruinas.

De hecho, el chavismo –en pleno 2020– ha propuesto usar al IVIC para sembrar cultivos. Es decir, transformarlo en un montón de conucos con la excusa de superar el “consumismo”: aunque a los investigadores no les alcance el sueldo.

Así, desde 2008, la cantidad de patentes y publicaciones en Venezuela ha decaído estrepitosamente: en 2017, el sistema Scimago Journal & Country Rank anunciaba que el número de publicaciones científicas en Venezuela había decaído casi 30% en 10 años.

Chamanes rojos, transversales, multidimensionales y populares

Tras la demolición, han venido los extraños reemplazos pseudocientíficos: el Congreso Venezolano de Medicina Natural (“sanadores con energía”, “mandalas de sanación”, “biblioterapia” “curación con sábila”, “escuela quántica”, entre otros) celebrado en 2019 en el IVIC, por ejemplo, donde se propuso crear un Centro de Medicina Natural del IVIC como también vincular al Instituto con “propuestas populares”.

El IVIC convertido en un templo New Age o, en palabras del exinvestigador del IVIC Claudio Mendoza, en un sitio de “hechiceros que no tienen nada que ver con la ciencia”.

¿Es esto un nuevo rebranding del chavismo mágico, surfeando sobre aquellas teorías poscoloniales que ven a la ciencia como un sistema de conocimiento provincial de Occidente y abogan por una ‘igualdad de poder discursivo’ con otras ‘formas de conocimiento’ – indígenas, autóctonas, espirituales, experienciales, mágicas, etcétera? Un intento, citando al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México bajo López Obrador (quizás la más nueva encarnación del socialismo del siglo XXI), para ‘reemplazar’ al “pensamiento científico racionalista, hegemónico y colonizador” por “un diálogo de saberes transversales y multidimensional”.

Porque a la ciencia, aparentemente, hay que “descolonizarla” de aquellos ‘opresivos paradigmas occidentales’ como lo son el método científico, la reproducibilidad y la falsabilidad. Porque el chavismo, mientras arrasa las tierras de los yekuana y pemón, ha querido hacer a la descolonización suya: por ejemplo, en octubre de 2018, Maduro anunció la creación de un Instituto Nacional para la Descolonización de “la visión eurocéntrica de la cultura y la ciencia” mientras que en 2020 el nombre de la autopista Francisco de Fajardo fue cambiado por Cacique Guaicaipuro como parte de un proceso de “descolonizar todo el pensamiento, en la escuela, en los liceos, en la comunidad”, según Erika Farías. De hecho, el término descolonización aparece tres veces en el Plan de la Patria 2019-2025, recalcando la “descolonización del pensamiento”.

En fin, otro intento teatral más del chavismo de apropiarse alguna causa social liberal o progresista: porque se proclaman feministas, pero la mujer ha regresado al gomecismo; esbozan banderas arcoíris en sus marchas, pero se alían con fundamentalistas evangélicos y no avanzan legislación alguna al respecto; se juran ecologistas e indigenistas, pero el Orinoco es un wasteland de mercurio y los manglares de Morrocoy se contaminan de petróleo derramado.

Todo para complacer (y ganarse) a esos personajes –esos misfits de las ciudades liberales del primer mundo– con sus vestimentas hipsters, té matcha en mano y laptops Apple decoradas con calcomanías de banderitas trans o trilladas frases feministas que conforman una izquierda trasnochada e hipócrita que se proclama progresista pero aplaude al chavismo desde sus cafés veganos en Berkeley o Sciences Po en París.

Es decir, todo para ganarse a Jill Stein y su brigada de ecologistas rojos del Green Party norteamericano que acusan a la oposición con fotos manipuladas y mentiras descaradas sobre ser supremacistas blancos; a las ‘feministas’ de Code Pink, que ocuparon nuestra embajada en Washington en nombre de Maduro y que muy contentas han defendido al patriarcal régimen iraní; o a dos de las fundadoras de Black Lives Matter, tomándose fotos sonrientes con Maduro (cabeza del régimen que lidera la brutalidad policial en el mundo).

O simplemente a Alina Duarte, una tankie de Washington que se proclama periodista, y resume la absurdidad del asunto en un tweet: hay “afroestadounidenses, musulmanes, latinxs, gays, lesbianas, transexuales, transgénero, árabes, palestinxs, pidiendo no más sanciones a Venezuela” frente a la embajada ocupada por sus amigos ultraizquierdistas. Entonces, ¿Qué importa que ningún venezolano apoye la ocupación de su embajada por parte de un montón de gringos? Total, ¡Está presente el abanico interseccional (no-venezolano) entero!

Venezuela emancipada

Así, tras años de ‘descolonización’ del pensamiento y derrocamientos de ‘formalismos’ e ‘instituciones burguesas’, Venezuela ha sido emancipada: emancipada de la ciencia. En su lugar, finalmente retornando a nuestro épico pasado de buenos salvajes, hemos recibido la tierra prometida de árboles dorados y arcoíris en las montañas: un país que no tendrá vacunación masiva si acaso hasta 2023, acosado por enfermedades que habían sido erradicadas hace décadas (desde la resucitada malaria, pasando por la resucitada fiebre amarilla y el virus Guanarito, hasta la resucitada difteria), con sus publicaciones desapareciendo, sus científicos emigrando, sus “medicinas” provenientes de mitos de internet y fuerzas sobrenaturales y su estructura científica hecha casi cenizas. Un país mágico, como el chavismo: de hechiceros, médiums y curanderos.

Por ello, en un mundo de ciencia ficción donde el trabajo automatizado amenaza con reemplazar al hombre y las energías renovables hacen temblar al petróleo, nos veremos forzados a hacer un salto rápido y desesperado hacia el futuro platinado o fenecer en el intento porque –a diferencia de los 35 años de atraso bajo el gomecismo que refería Mariano Picón Salas, para la Venezuela de principios del siglo XX– el país se ha atrasado veinte años y ha retrocedido casi un siglo.


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viernes, 5 de febrero de 2021

 ¡SE ACABÓ!


              JEAN MANINAT


Se acabó lo que nunca se dio, la ficción de un Gobierno paralelo, alterno, propulsado con batería extranjera, y el rudo y desorbitado empeño de una familia por escalar políticamente, a la altura de una serie de Netflix (no les extrañe que su producción ya esté en negociación).


Pero como suele suceder en las telenovelas -o como se denominen hoy en día- el que paga los platos rotos, el que al final resulta desechable en la historia es el bueno, el humilde, el afable y bienquerido por todos que subió en el escalafón de la empresa por mérito propio, se rozó con los propietarios, para que luego lo lanzaran abismo abajo sus nada fiables valedores. Las caídas en cámara lenta son interminables como la eternidad.

Con él también se despeña la candidez de las bases opositoras siempre honestas y dispuestas a darle su “oportunidad” al primero(a) que venga a venderles, sí o sí, raspados de ayuda humanitaria en la frontera, helados de aventuras en autopistas repletas de promesas fantasmas, incursiones militares dignas de Monty Python. Poca importa, al fin y al cabo, la política, para ellos, es concebida como un pase de “dónde está la bolita” y sabemos que el ojo sólo ve lo que quiere ver. Y mire que son rápidos en el albur.

Al contrario de Dios, la política ahorca, asfixia y dispensa cadáveres vivientes, pretendientes al antiguo trono sin haber tenido el piano para ejercer los dedos alternativos del oficio. Los “padres fundadores” entregaron partidos políticos a duras penas establecidos y luego triunfantes, y hoy solo quedan escombros y polvo. Ah, pero si viera usted la pose, el garbo dirigente, el látigo del verbo presumiendo inteligencia, la banalidad de la banalidad haciendo de las suyas, el espectáculo suplantando la política.

Pero la astucia de la razón prevalece, y la idea de que la ruta electoral, pacífica, constitucional y democrática debe ser “la salida”, parece haber recobrado pertinencia y hasta en las cabecitas más renuentes parece caracolear la idea, pero veremos qué pasa con la alta volatilidad de la dirigencia opositora. Pasado mañana cambian de opinión y…

El Gobierno lucha con sus demonios rojos internos. ¿Quién vencerá a quién? Se preguntan los incautos, presumiendo que hay fracturas por sanar -o cobrar- nunca expuestas, como si eso importara. Mientras el país sigue sufriendo.

Sin un Trump que los naricee, y luego de claudicar su independencia política clamando ayuda al mundo (Help I need somebody), su decoro como dirigentes- prótesis desvanecido, con una opinión regional e internacional cambiante a favor del diálogo y la política, es mejor que den un paso al lado, se dediquen a su bienestar familiar y personal -se lo merece sobre todo la prole- y permitan que una nueva generación recupere lo que ellos dilapidaron metódicamente desde el 2015 a estos lamentables días. Sería un buen gesto de solidaridad pandémica.

¡Se acabó!

@jeanmaninat


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 Fuenteovejuna                     

  EDUARDO FERNANDEZ


¿Quién mató a la democracia venezolana? Fuenteovejuna, Señor. Y ¿quién es Fuenteovejuna? ¡Todos a una, Señor!

Una de las obras más conocidas de la literatura clásica española es Fuenteovejuna de Lope de Vega. En esa obra está el célebre diálogo:
-¿Quién mató al Comendador?
-Fuenteovejuna, Señor
-Y ¿quién es Fuenteovejuna?
-¡Todos a una, Señor!

¿Quién mató a la democracia venezolana? Fuenteovejuna, Señor. Y ¿quién es Fuenteovejuna? ¡Todos a una, Señor!

Cuando las circunstancias permitan un examen desapasionado y objetivo de las causas que llevaron al colapso de la experiencia democrática venezolana en la segunda mitad del siglo XX, se verá que ese proceso fue el resultado de una tragicomedia de equivocaciones en la que aparecen involucrados casi todos los sectores de la vida nacional: a la cabeza de las cuales, por supuesto, los gobiernos de la república civil, los partidos políticos, los medios de comunicación social, los empresarios, los sindicatos, las universidades, el mundo académico, las Fuerzas Armadas, los dirigentes espirituales y religiosos. Hubo una responsabilidad muy difundida entre todos los sectores de la vida nacional, para contribuir a cerrar aquel paréntesis de civilidad, de alternabilidad y de República Civil que se extendió entre 1958 y 1998.

No se atendieron a tiempo las señales inequívocas de que algo andaba mal en la democracia venezolana. El cinco de julio de 1987 hice un discurso en el Congreso en el que sostuve que “el pueblo está bravo”. Agregué: “y tiene muy buenas razones para estarlo”.

Entonces dije que los venezolanos teníamos derecho a sentirnos orgullosos de haber logrado una experiencia democrática que era una referencia para todo el continente. Pero que surgían señales preocupantes en el horizonte, que debían ser observadas y procesadas.

Hablé de los cinco déficits: el déficit político democrático, el económico, el social, el cultural y el moral y presenté propuestas para su superación. Lo que se hizo fue muy poco y muy tarde.

Hoy tenemos derecho a preguntarnos, ¿Quién será el responsable de que un régimen tan perverso y un gobierno tan malo como el que tenemos, se haya perpetuado en el poder por dos largas décadas y todo indica que sigue contando con una fortaleza inexplicable? Fuenteovejuna, Señor. Y ¿quién es Fuenteovejuna? Todos a una, Señor.

Es tiempo de que cada uno de nosotros, individualmente considerados o desde la perspectiva del sector social en el que actúa, examine su propia responsabilidad en la tragedia que vive Venezuela y los venezolanos. "Todos a una" estamos llamados a sacar al país de esta tragedia.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
@EFernandezVE


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jueves, 4 de febrero de 2021

Diálogo con los sitiados


                Trino Márquez

 

El gobierno inició una ronda de diálogos con distintos sectores, con el supuesto fin de tratar la situación nacional y buscarles salida a los problemas más acuciantes que mantienen en jaque al país. Con quiénes conversará, aun no lo sabemos. El itinerario no se conoce. ¿Incluirá a los partidos que antes integraron la Mesa de Unidad Democrática (MUD) y ahora se encuentran agrupados en torno del G-4? ¿Hablará con Juan Guaidó y los diputados que integran la Asamblea Nacional electa en 2015? ¿Tomará en cuenta a los obispos de la Conferencia Episcopal Venezolana? ¿Oirá la opinión de las autoridades de las universidades autónomas y de las universidades privadas más importantes? ¿Intercambiará opiniones con la Federación Venezolana de Maestros y con la Federación Médica Venezolana? ¿Les prestará atención a los estudiantes universitarios? ¿Llamará a los familiares de los presos políticos, civiles y militares? ¿Escuchará la voz de la diáspora? Veremos.

         Tengo la impresión de que Nicolás Maduro y Jorge Rodríguez escogerán con pinza a sus interlocutores. Seleccionarán aquellos sectores que  les resulten más incómodos, porque son más vulnerables. Aunque, si van a pulsar la opinión  del país, deberían buscar una muestra representativa de la Venezuela profunda: de ese país desecho, en el cual dominan los sentimientos de ira, frustración y amargura, asociados a la pobreza generalizada, el deterioro de los servicios públicos, la falta de empleo y oportunidades para progresar. Una sociedad en la que más de un tercio de sus pobladores quiere emigrar cuando pase la pandemia.

El paso inicial del gobierno fue hablar con Fedecamaras. Algunos intransigentes han criticado a la institución por haberse reunido con Rodríguez, tratando de lograr con el Ejecutivo un armisticio que permita la convivencia en el ambiente más distendido posible. A Ricardo Cusanno, su presidente, le han dado sin misericordia. Lo han acusado de colaboracionista, vendido y una larga lista de descalificativos similares. Nada originales, por cierto. Son los mismos denuestos que suelen aplicarse cuando un dirigente  asume responsabilidades que no son del agrado de la jauría.   Seguro que la mayoría de sus detractores no están obligados a pagar una nómina semanal, quincenal o mensual. No tienen ni la más remota idea de lo que significa conseguir insumos y materias primas de forma regular. Ni lidian con los funcionarios del Seniat, muchos de los cuales parecen agentes del Sebin. Ni se imaginan cuánto cuesta mantener la disciplina laboral o incrementar la productividad y la eficiencia,  en una ambiente donde las normas se han resquebrajado.  Por fortuna, Cusanno no se ha dejado intimidar. Ha defendido el derecho y la obligación del gremio empresarial a reunirse con el gobierno para atemperar el clima económico tan hostil existente en Venezuela.  Sería un error garrafal que Fedecamaras volviese a aspirar ocupar el lugar de los partidos y de la dirigencia política.

Es a las organizaciones partidistas –y no a organismos gremiales como Fedecamaras- a los que les corresponde luchar por lograr  negociaciones que aborden los problemas cruciales del país. El primero de ellos es ver cómo salir, al menor costo posible,  del régimen que preside Nicolás Maduro. En diversos estudios de opinión –cuando se enumeran las causas del drama nacional- su gobierno aparece como la causa principal de esas deficiencias. Una sólida mayoría, superior a 60%, piensa  que los problemas                –hiperinflación, colapso de los servicios públicos, pobreza y desempleo- no tendrán respuesta hasta que Maduro abandone Miraflores.  También la mayoría desea que la solución sea pacífica y electoral. No está de acuerdo con ninguna invasión extranjera y, desde hace algunos meses, ni siquiera considera que las sanciones internacionales sean convenientes. Prefiere que el apoyo internacional se traduzca en una fuerte presión sobre la claque gobernante para admita convocar unas elecciones presidenciales transparentes y justas, supervisadas por organismos internacionales.

La convocatoria, en el horizonte cercano, de esas votaciones tendría que ser el asunto medular de una ronda negociadora  comprometida con los intereses nacionales. Pero, para logar ese propósito hay que poseer una fuerza de la cual la oposición política carece en este momento. La MUD se desintegró y el G-4 no logra alcanzar la coherencia que le permita actuar con eficacia. Juan Guaidó perdió su base de sustentación organizativa. Su partido, Voluntad Popular, ha sido desmantelado. Sus dirigentes más importantes se encuentran en el exterior.

En medio de este cuadro de debilidad de los partidos democráticos, el gobierno decidió emprender una iniciativa política para refrescarle el rostro a Maduro y darle alguna legitimidad a la desaliñada Asamblea Nacional electa el 6 de diciembre. El gobierno movió sus piezas. Los rusos también juegan, reza el lugar común. Los gremios y grupos de la sociedad civil que Nicolás Maduro convoque al diálogo tendrán que acudir. De lo contrario, las consecuencias serán fatales. El régimen tratara de conectarse con la sociedad sitiada y sin opciones. A la dirigencia democrática le corresponde entender que así funciona la política real. Veremos si finalmente realiza los cambios internos que debe introducir.

@trinomarquezc


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COLLAGE SOBRE RÓMULO BETANCOURT (L) 

                   (Gobierno Constitucional –XII-) 


            Carlos Canache Mata

  Entre las 4 y treinta minutos y las 5 de la madrugada del 26 de junio de 1961, un grupo de militares, algunos de los cuales habían participado anteriormente en asonadas conspirativas de los años 1958 y 1960, se apoderan del Cuartel “Pedro María Freites”, de Barcelona, de la sede de la Gobernación del Estado Anzoátegui, de las oficinas de la Digepol, de la Policía Judicial y, después de un tiroteo, de la casa regional de Acción Democrática. A la misma hora, oficiales del Destacamento 99 de la Guardia Nacional en La Guaira intentaron tomar el comando y posiciones claves  del  Litoral. En Ciudad Bolívar, fue detenido el oficial Hugo Barillas cuando insinuaba a conspirar a otros oficiales de esa plaza.

Los cabecillas, en el Cuartel “Pedro María Freites”, de Barcelona –ese golpe de Estado es conocido posteriormente con el nombre de “el barcelonazo-  son el Mayor Luis Alberto Vivas Ramírez y los Capitanes Rubén Massó Perdomo y Tesalio Murillo. En las crónicas de los diversos medios de prensa y en varios libros, entre ellos el de Agustín Blanco Muñoz –“La Conspiración Cívico-Militar: Guairazo, Barcelonazo, Carupanazo y Porteñazo”- hay detalles del hecho y declaraciones del Capitán Murillo, del Gobernador del Estado Rafael Solórzano Bruce y mías, ocupaba yo entonces la Secretaría General de Gobierno, en representación de mi partido Acción Democrática, en el marco del Gobierno de Coalición presidido por Rómulo Betancourt, que se estableció en cumplimiento del Pacto de Punto Fijo, del que se había retirado URD –como ya vimos- en noviembre del año anterior. De seguidas, haré un resumen de lo acontecido ese día.

Se me buscó en mi residencia y, al amanecer, se me llevó al Cuartel “Pedro María Freites”; escoltado de un piquete de soldados entré sin saludar, por razones de dignidad, al Mayor Vivas Ramírez, quien estaba en la  puerta de ese establecimiento militar. Fui sentado, rodeado de dos soldados que me vigilan, en el corredor que está frente al primer patio, el patio principal del Cuartel. Como a las seis de la mañana o un poco más, un militar que no conocía, de tamaño bajo, trigueño, me llama: Doctor Canache, hágame el favor. Voy hacia el patio, y entonces se me identifica y me dice: Doctor, yo soy el Capitán Massó Perdomo, yo soy muy amigo de su hermano el Capitán Canache Mata -yo lo interrumpo y le digo que éste no es hermano mío, sino primo doble- y quiero decirle que ha habido un golpe, de carácter nacional, debe producirse ahora el levantamiento de otros cuarteles y quiero decirle que su vida no va a correr ningún peligro, lo mismo que la vida del Gobernador del Estado, quien va a venir dentro de pocos momentos. Efectivamente, poco tiempo después, alrededor de las siete de la mañana, llegaron el Gobernador Solórzano y el Director de Política, Efraín Landa, quienes también fueron sentados en el mismo corredor, a mi lado.

Había un gran movimiento en el cuartel. Muchos civiles, vestidos de militares con un brazalete amarillo, entraban y salían. Serían algo así como las diez de la mañana, cuando un soldado, ametralladora en mano, se acerca y me dice: Doctor Canache, hágame el favor, acompáñeme. Me levanto y lo acompaño, me lleva al local de la cocina. Allí me dice: yo soy el sargento Piña, usted es de Píritu y mi esposa es támbién de ese pueblo y lo conoce a usted; yo quiero salvarlo, va a comenzar ya la recaptura del cuartel, va a haber mucho plomo, y es posible que una bala loca, en ese corredor a la intemperie en que están, mate a cualquiera de ustedes. Lo he traído para dejarlo aquí. Pasó rápidamente por mi mente el recuerdo del escondite de Antonio Leocadio Guzmán en una cocina, le dije que le agradecía su gesto, pero que no podía quedarme sin que  trajera también al Gobernador y el Director de Política; me respondió que eso no se podía hacer porque sería muy notado, entonces le pedí que me llevara de nuevo a mi asiento en el corredor, y así se hizo. Les estoy contando a mis compañeros de gobierno mi conversación con Piña cuando, en cuatro o cinco minutos, comenzó la recaptura del cuartel y se escuchan los tiros, centenares de tiros, mientras unidades de combate de la Aviación hacían pases razantes sobre la guarnición, a nuestro lado cae herido Efraín Landa que empieza a sangrar, y, después de haber permanecido tirados al suelo mientras tronaba el plomo, al terminar éste, el Teniente Ramón Carrasquel, jefe de la recaptura, el sargento Piña y otros soldados rompen la puerta del  casino y nos introducen en él. Desde allí, el Gobernador Solórzano y yo anunciamos la recuperación del Cuartel “Pedro María Freites” para el Gobierno democrático, a través del teléfono, que se encadena con las emisoras locales “Ondas Porteñas”, “Radio Barcelona” y “Radio Puerto La Cruz”. Salimos del casino, los militares nos meten en una camioneta, dejamos a Landa para que trataran su herida en la Clínica “Guzmán Lander”, y el Gobernador Solórzano y yo seguimos hacia la sede de la Gobernación (yo pasé por la casa de Acción Democrática, que había sido recuperada, y dirigí unas breves palabras a la multitud allí congregada). Es en la Gobernación donde el Gobernador y yo nos enteramos de que hubo alrededor de 16 civiles muertos en el Cuartel y 10 heridos de gravedad, de los cuales 4 murieron cinco o seis días después en el Hospital Razzetti, de Barcelona. Los civiles comprometidos en el fracasado golpe, hicieron correr la especie de que en el Cuartel hubo fusilamientos, lo que ha sido desmentido por diversos medios hasta por algunos de los cabecillas militares participantes de la conspiración. El Presidente Betancourt se refirió a esa asonada militar en un acto de masas, celebrado en la Plaza de El Silencio de Caracas con motivo del tercer aniversario del Gobierno Constitucional, en estos términos: “El último episodio de esa recurrencia dictatorialista es lo que se conoce en el argot político de Venezuela como el ‘barcelonazo’. Se infiltraron unos oficiales retirados y un grupo de civiles en el cuartel Freites de Barcelona y allí la mayoría quedaron tendidos y otros están en la cárcel, porque quien se introduzca en un cuartel en Venezuela no será recibido con serpentina y confetis, sino con plomo” (1). Sin caer en el exceso de acciones repudiables, por cobardes, como serían los fusilamientos a personas indefensas.

El 12 de marzo de 1962, al presentar su Cuarto Mensaje ante el Congreso Nacional, el Presidente Betancourt dijo que durante el año de 1961 su Gobierno fue acosado, con la intención de derrocarlo, por dos corrientes minoritarias. Una, la de los propiciadores del golpe militar clásico de derecha, y otra, la de los insurgentes de la extrema izquierda: “…Igualmente débil desde el punto de vista numérico, pero de una enceguecida tenacidad en su empeño de minar y de destruir las instituciones democráticas, para que se instale por la fuerza en Venezuela un régimen que sea calco y copia del que rige en Cuba. Se trata de las minorías extremistas propiciadoras de la llamada ‘insurrección popular’, cuyas actividades, tan desorbitadas como condenadas al fracaso, han dejado una estela de muertos y un pálpito de zozobra en más de un momento del discurrir de la vida nacional en los años de 1960 y 1961” (2).

En marzo de 1961, el Partido Comunista de Venezuela (PCV) celebra su III Congreso y aprueba un extenso documento de doce capítulos donde expone una tesis política, del mismo corte del editorial del MIR del 14 de octubre de 1960, y en la conclusión del Capítulo XII aboga por la formación de un nuevo Gobierno, cuando expresa: “Todo indica que el actual Gobierno resulta incapaz de iniciar o realizar transformaciones progresistas en la estructura de la economía nacional; resulta incapaz para asegurarle al país la estabilidad democrática y al pueblo venezolano una mejoría en sus condiciones de vida y trabajo…La salvación del país no está en un simple cambio de Ministros, ni en formales ajustes coalicionistas. Una política identificada con el pueblo sólo puede ser realizada por un gobierno en el cual el papel principal lo ejerzan las fuerzas y las clases progresistas y populares. Una política de independencia y de soberanía sólo puede ser impulsada por un Gobierno patriótico y democrático…El Partido Comunista llama a la lucha por la formación de un gobierno democrático y patriótico, expresión de la inmensa mayoría del pueblo” (3). Aparecen pintas en las paredes de las calles de Caracas y de ciudades y pueblos del interior con las consignas de “Nuevo Gobierno, ya” y de “RR” (Renuncia Rómulo).

Fracasa la invasión a Cuba por Playa Girón preparada por los servicios de seguridad e inteligencia de Estados Unidos y con la participación de exiliados cubanos anticastristas. Los planes de la invasión, elaborados por la administración del presidente Eisenhower, suponían que iba a producirse un levantamiento general de la población. Todo estaba listo para la invasión cuando Kennedy asume la presidencia de Estados Unidos, quien expresó dudas sobre el éxito de la operación ante los representantes de los cuerpos de seguridad e inteligencia de las Fuerzas Armadas y de funcionarios del Ejecutivo de los Estados Unidos, accediendo, no muy convencido, a que continuaran los planes. Después del fracaso, quedó con la preocupación de que habiendo podido detener la invasión, no lo hizo.

Lo de Playa Girón repercutió en Venezuela, y los medios de comunicación informan que hubo un muerto y diez heridos en las manifestaciones del día 9 de abril, y hay actos terroristas contra cubanos anticastristas. El día 22, el Presidente Betancourt pide, infructuosamente, al presidente cubano Oswaldo Dorticós, la suspensión de los fusilamientos en la isla como consecuencia de la fracasada invasión, y el gobierno cubano reaccionó en forma que el Gobierno venezolano consideró injuriosa, por cuanto el Canciller de ese gobierno acusó a Venezuela y a su Jefe del Estado “de actuar bajo los dictados e indicaciones de potencias extranjeras”. Por ello, el Presidente Betancourt, en Mensaje dirigido al país el 11 de noviembre de 1961 por cadena de radio y televisión, anunció el rompimiento de las relaciones diplomátias y consulares con el régimen de Cuba. En ese Mensaje, afirmó: “La única respuesta decorosa que podía dárseles a quienes así rebasaban todos los límites de lo tolerable en las relaciones internacionales, es la que ha dado el gobierno que presido”, y, además, llamó a los “que manifiesten su oposición a esta decisión del Gobierno nacional” a que lo hagan “por los métodos pacíficos y legales de la críitica desde sus curules parlamentarias y desde sus órganos de prensa” (4). El anuncio  presidencial de la ruptura de las relaciones con el gobierno cubano y el enjuiciamiento de éste por los Cancilleres de América reunidos en Punta del Este, determinaron el recrudecimiento de la violencia, como lo afirma el historiador Ramón J. Velásquez: “Hubo manifestaciones tumultuosas en Barquisimeto con el saldo de cuatro muertos y cuarenta y seis heridos. Manifestaciones y motines en San Juan de Los Morros, Cumaná y Carúpano y manifestaciones en Punto Fijo y Mérida y patrullaje militar en Cabimas. En Caracas se repiten las escenas de noviembre de 1960. El 26 de noviembre circula la noticia del secuestro de un avión de Avensa por tres estudiantes y dos obreros. La operación ‘Livia Gouverner’ así llamada en recuerdo de la universitaria muerta el 1° de noviembre en el asalto a la quinta ‘La Hogareña’, aparece como la primera de las luchas que más tarde efectuaría la organización conocida, a partir del 4 de mayo de 1962, como el FALN o Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. El 30 de noviembre el Gobieno ordena el allanamiento de veintitrés locales del PCV y del MIR” (5).

El 16  de diciembre de 1961, el Presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, y su esposa, Jacqueline de Kennedy, llegaron a Venezuela para una visita de dos días. En el Aeropuerto de Maiquetía fueron recibidos por el  Presidente Rómulo Betancourt y su esposa, Carmen Valverde de Betancourt. En su discurso de bienvenida, el Presidente  venezolano manifestó que conversaría sobre la problemática internacional, regional y nacional con el Presidente Kennedy, y refiriéndose al distinguido viisitante dijo que “se está escuchando otra vez en la Casa Blanca, el mensaje de Franklin D. Roosevelt”. Seguidamente hizo uso de la palabra el Presidente Kennedy: “Vengo a Venezuela como el primer presidente norteamericano que ha llegado en visita oficial a este país. Pero en cierto sentido vengo también siguiendo los pasos de otro Presidente norteamericano, Franklin Roosevelt, porque fue él quien mejor entendió la interdependencia de vuestro país y el mío, quien desechó las actitudes anticuadas del pasado, quien se dirigió a vosotros en ocasión de gran peligro para pediros ayuda y guía, y quien dedicó mi nación a la política del Buen Vecino…Aquí en Venezuela está realizándose ese principio, logro de la justicia social y económica bajo la democracia”. Al concluir la visita, ambos Presidentes emitieron una declaración conjunta, en la que en el punto 6°, expresan: “Los dos Presidentes manifestaron su convicción de que una labor de gran aliento en el campo social conforme a los principios de la Alianza para el Progreso, debe estar estrechamente vinculada al proceso de desarrollo económico. Los precios de los productos básicos y las prácticas comerciales de los países inportadores deben tomar en consideración de modo efectivo la dependencia de la América Latina de las exportaciones. El reconocimiento de esta realidad es factor vital para la vigencia, en su letra y su espíritu, de la Carta de Punta del Este” (6).

A diferencia de la visita del vicepresidente Richard Nixon y señora, en 1958, la del Presidente Kennedy y señora fue recibida con complacencia y, como lo señaló la prensa, hubo “desbordante júbilo en las avenidas de Caracas, donde el público vitoreó al Presidente Kennedy y su esposa” (El Universal, 17 de diciembre de 1961).

En el próximo Collage nos referiremos a la situación económica del país en 1961, y las medidas tomadas por el Gobierno.

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Notas

1-Rómulo Betancourt. “La Revolución Democrática en Venezuela”. Tomo II. Caracas/1968. Pág. 234.

2-Rómulo Betancourt. Obra citada. Pág. 351.

3- Ramón J. Velásquez. “Aspectos de la Evolución Política de Venezuela en el Úlimo Medio Siglo de Historia 1926-1976”. Venezuela Moderna. Fundación Eugenio Mendoza. Caracas 1976. Pág. 218-219.

4-Rómulo Betancourt. Obra citada. Pág. 183 y 185.

5-Ramón J. Velásquez. Obra citada. Pág. 220.

6-“Historia Gráfica de Venezuela”. José Rivas Rivas. El Gobierno de Rómulo Betancourt-segunda parte-. Ediciones Toran C. A., en Caracas, Venezuela 1993. Pág. 129.

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