jueves, 5 de agosto de 2021

ESTA CRISIS MULTIDIMENSIONAL

      Carlos Canache Mata


Con Chávez comenzó la noche para la democracia venezolana. Continúa con Maduro. Un ventrílocuo externo –la dictadura cubana- le presta voz, una voz que ayudada por el retintín de las espuelas militares domésticas, retumba en la oscuridad de la crisis multidimensional en que vivimos. Crisis política. Crisis económico-social. Crisis ética.

La crisis política rueda con velocidad de descarrilamiento institucional. El extravío de la ruta, que se estrenó con el régimen del comandante fallecido, se ha mantenido y acentuado con el hijastro que lo sucedió en 1913.  Nadie cree que el elemento esencial de la democracia -la soberanía popular expresada por el sufragio para escoger los que ejercerán el poder- tiene vigencia en Venezuela. Sobre todo, desde que en el año 2015 se eligió una Asamblea Nacional, la Asamblea Nacional legítima, en la que el pueblo le dió a la oposición una mayoría calificada. Desde entonces, el miedo a una limpia y verdadera consulta de la voluntad electoral de los venezolanos se pasea como un fantasma por los pasillos del palacio presidencial de Miraflores. La separación e independencia de las ramas del poder público pasó a ser un cuento, no un cuento de hadas, sino un cuento de horror. El respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales de que nos habla el artículo 3° de la Carta Democrática Interamericana, se lo llevó el viento del llamado “socialismo del siglo XXI”. Los que disienten del oficialismo son sometidos a torturas, y a sus pies quedó hecha trizas la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, suscrita por nuestro país. La libertad de expresión ya oyó su réquiem con el cierre de más de doscientos medios de comunicación y los incontables bloqueos a portales web y plataformas digitales. En fin, el Estado de Derecho, con paso firme, entró al olvido. Antes de que llegara la pandemia del coronavirus, ya el régimen dictatorial imperante había puesto tapabocas a los  venezolanos.

La crisis económica continúa sin detenerse. Las caídas del Producto Interno Bruto (PIB) nos indican que llevamos siete años de contracción económica; entre 2013 y 2020, la actividad económica se redujo 83%, y, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), para este año 2021 Venezuela tendrá el peor desempeño con -4%.  Desde el año 2017, el país entró en una etapa hiperinflacionaria cuando en un mes la tasa superó el 50% y sólo se puede dar por concluida cuando esa tasa esté por debajo de ese porcentaje durante 12 meses. Mientras no cese el financiamiento monetario del déficit fiscal y éste se siga cubriendo con el dinero inorgánico emitido por el Banco Central, al alza de precios no se parará. Se ha destruido el poder adquisitivo del bolívar, que, como moneda, ha perdido sus tres funciones: a) como unidad de cuenta, ya no sirve para fijar los precios, hay una dolarización de facto, primero los precios se fijan en dólares, y luego se hace el cálculo en bolívares; b) como medio de intercambio: hoy más del 70% de las transacciones del país se realizan en dólares c) como depósito de valor, tampoco ahora sirve, porque ahora nadie ahorra en bolívares debido a su acelerada devaluación, se ahorra en dólares u otras divisas. Conforme a la ONU, quien perciba menos de 1,25 dólares diarios, se ubica en pobreza extrema, el asalariado en Venezuela se estima que gana 5 o 6 centavos de dolar. En Venezuela hay dos hambres: hambre de comida y hambre de libertad y democracia. Por eso, hay una migración masiva. El pasado 29 de julio, la OEA emitió un informe en el que advierte que “la migración venezolana puede llegar a los 7 (siete) millones de personas a finales de 2021 o inicios de 2022, superando el éxodo de Siria, considerdo el mayor del mundo, con 6,7 millones de refugiados que han abandonado ese país”.

La crisis ética está a la vista. El régimen que nos oprime desde hace 22 años es el que más ha robado en toda nuestra historia republicana, y en el ranking mundial de gobiernos gozosos de hurtar los dineros públicos, ocupa  sitio  encumbrado en el indeseado Olimpo de la corrupción. Sus personeros no podrían presentar, si se les pidiera, un testimonium paupertatis (certificado de pobreza). El índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, en su último informe sobre Venezuela -mes de junio de este año 2021- asigna a nuestro país, en una escala donde 100 es muy limpio, apenas 15 puntos, “esta cifra le otorgó el título del país de América con el peor manejo de sus recursos y como la quinta nación en el mundo con esta práctica desbordada” (en Panam Post del 14-6-2021).


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Unidad para negociar

           Trino Márquez

 

En los más recientes estudios de opinión que conozco, entre ellos los de Consultores 21, se ve clarísima la postura de los venezolanos, oficialistas y opositores, en relación con dos temas.

El primero se refiere a los deseos de unidad que siente la población opositora. La gente espera que los principales líderes -que forman un pelotón bastante compacto, con Juan Guaidó encabezando el lote- se pongan de acuerdo con relación a una estrategia común, que incluya la convocatoria a elecciones nacionales, y la solución de los principales déficits que afectan a la nación, en primer lugar, la inflación, considerado el peor azote del país en su conjunto y por cada venezolano en particular, seguido de la búsqueda de respuestas al drama de los servicios públicos, la vacunación masiva y ordenada, y la escasez de agua, gas, gasolina y gasoil.

La conveniencia de que gobierno y oposición se reúnan a negociar es el otro asunto en el cual existe un amplio acuerdo. Esta aspiración la comparten maduristas y opositores en rangos similares. Los ciudadanos no quieren una salida violenta a la crisis. Ni que se produzca una invasión extranjera. La mayoría se pronuncia contra las sanciones internacionales, aunque admite que sin esa presión resulta imposible que el régimen acepte sentarse en torno a una mesa para discutir y pactar. La mayoría también desea que las conversaciones giren en torno de materias concretas y no a generalidades o principios abstractos que no aterricen en respuestas especias al infierno que viven los venezolanos día a día.

El gobierno sabe que una oposición dividida es una oposición debilitada. Por ese motivo estimula la fragmentación. Esta política comenzó a aplicarla desde hace años. Durante la fase más reciente, estimuló la formación de la Mesa Nacional de Diálogo, la ‘mesita de noche’, y financió a los ‘alacranes’, a quienes les entregó la presidencia de la Asamblea Nacional electa en 2015, luego del golpe que le dieron a Juan Guaidó. Ambos grupos carecen de representación y reconocimiento internacional. El régimen trató de fortalecer esas facciones, pero fracasó. En las elecciones parlamentarias de diciembre del año pasado, solo lograron movilizar un escaso número de electores, lo que les permitió lograr unos pocos diputados en la Asamblea.

A pesar del fiasco que representan la ‘mesita’ y los ‘alacranes’, el gobierno insiste en calificarlos de oposición, referirse de vez en cuando a ellos e incluirlos en las negociaciones. Quiere tenerlos en México, o donde sea que la ronda se efectúe, para que suavicen las peticiones del bando opositor, concilien las posiciones encontradas y perfumen las demandas del gobierno. No serán un factor decisivo, pero le servirán como quinta columna a Maduro cuando quiera acusar de ‘intransigente’ a la oposición legítima, si esta no acepta bajar la cerviz ante la soberbia del mandatario.  

La oposición representada por Gerardo Blyde tendrá que lidiar en dos frentes: con el gobierno de Maduro y con sus amanuenses, que se moverán con sigilo para no quedar al descubierto en los primeros intercambios.

La fuerza con la que llegue la oposición al nuevo ciclo de negociaciones dependerá del apoyo internacional que reciba y de la fuerza que obtenga en las próximas elecciones regionales. En relación con este último aspecto, la ambivalencia de la dirigencia opositora está jugando a favor del gobierno. Estamos en agosto y todavía no ha habido un pronunciamiento categórico acerca de si el G-4 participará o no en esos comicios. Esta ambigüedad propicia la confusión. Se habla de exigir condiciones. El nuevo CNE señala continuos logros que corrigen los entuertos de los rectores anteriores. Sin embargo, esos avances  no complacen a quienes se resisten a concurrir a la cita electoral. El gobierno aprovecha el enredo para apresar a Freddy Guevara, mantener detenido a Roland Carreño, ordenar la captura de Emilio Graterón, postergar la devolución de la tarjeta de Acción Democrática a sus legítimos dirigentes.  Maduro y los suyos realizan un trabajo de zapa. Talan y erosionan la capacidad de las organizaciones democráticas.

Mientras el caos impera en el mundo opositor, en el oficialismo, a pesar de las diferencias existentes entre el  ala que apoya a Nicolás Maduro y la que respalda a Diosdado Cabello, el proceso avanza. Sus primarias copan la escena política. En el PSUV bloquean las aspiraciones de Arias Cárdenas en Zulia y de Elías Jagua en Miranda, dos dirigentes que en el pasado fueron relevantes. Les impiden a setenta por ciento de los alcaldes oficialistas concurrir a la consulta electoral organizada por el partido y, en consecuencia, reelegirse. A golpe y porrazo promueven la emergencia de un nuevo liderazgo regional y local.

Si la oposición no quiere que las nuevas negociaciones vuelvan a naufragar sin que el gobierno pague los costos, debe comenzar por ponerse de acuerdo consigo misma. Debe unirse alrededor de una estrategia y, hasta donde sea posible y conveniente, informarla para que el país la respalde.

@trinomarquezc


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miércoles, 4 de agosto de 2021

 RECUPERAR EL RUMBO

        MARTA DE LA VEGA


TALCUAL


Es muy lamentable conocer la muerte del rector de la Universidad Simón Bolívar, Dr. Enrique Planchart. Fue un pionero en la enseñanza de las matemáticas y en la promoción de su estudio y desarrollo entre los niños y jóvenes venezolanos, mediante los concursos impulsados desde el Centro Nacional para el Mejoramiento de la Enseñanza de la Ciencia (Cenamec), que dirigió por diez años entre 1989 y 1999. También propuso junto con otros colegas y dirigió en la universidad en 2000, el Programa PIO, Programa de Igualdad de Oportunidades, para favorecer entre los estudiantes socioeconómicamente menos aventajados de último año de bachillerato de liceos públicos, la oportunidad de fortalecer su formación académica para acceder en mejores condiciones a la educación superior.

Fue un recio luchador por la excelencia académica, por el respeto al espíritu crítico y libertario, por la integridad intelectual y moral de los integrantes de la comunidad universitaria y un defensor de los mejores valores democráticos y la autonomía de la Universidad Simón Bolívar, de la cual me honro en ser parte, al igual que su viuda, Isbelia Martín, física teórica y luchadora por el rescate de los principios fundadores de nuestra universidad.

Aunque el profesor Planchart tenía quebrantos de salud y había superado una grave lesión a costa de la sonoridad completa de su voz, nunca dejó de ejercer plenamente sus funciones como profesor titular, miembro de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, hasta que el desgaste que sin duda produjeron los forzados años de rectorado más allá del tiempo legal de su mandato, de cuatro años, lo obligaron a ausentarse desde fines de 2019. Sucumbió, no por la edad, sino por la manipulada intromisión del régimen inicuo, que impidió realizar elecciones para renovar autoridades por una sentencia emitida en 2013 por la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia, como consecuencia del recurso contencioso electoral interpuesto ante dicha sala por una representación del personal administrativo, obrero y estudiantil de la USB.

También nuestras universidades necesitan recuperar el rumbo. Esta institución ha sufrido del deterioro y de la mayor crisis de la historia del país. La reconstrucción implica que quienes la integramos, alumnos, egresados, profesores, personal administrativo, técnico y obreros, aportemos desde ya nuestros esfuerzos para no dejarlo para el día después, como destacaba el rector Planchart en una de sus intervenciones de 2019. Tenemos claro que es imperativo no solo para el país cambiar la ruta, que va hacia un callejón sin salida, sino para todas las instituciones que sustentan el tejido social, hoy tan desgarrado.

Nuestra bitácora: recuperar el espíritu de cuerpo y de pertenencia; los valores de sentido del logro, superación, aspiración a la excelencia, honestidad intelectual, probidad en nuestras acciones y autoexigencia, en lugar de complacencia con el facilismo, el pragmatismo vacío de valores, el oportunismo, la corrupción y el fraude, que conducen a la anomia moral, al «todo vale» y el «sálvese quien pueda». Esta no es una arandela de buenos deseos sino una brújula.

Estas metas valen igualmente para el país y sus ciudadanos. La unidad, tan evocada y estratégicamente ignorada, es la primera condición. Unidad de objetivos y de propósitos, más allá de las intenciones particulares. La segunda, la negociación, no como medio para ganar tiempo el grupo dominante sino para establecer las condiciones irreductibles, con amenazas creíbles para presionar la salida de Maduro y su séquito, ya que sabemos que la camarilla dominante de las instituciones nacionales del poder público no va a abandonar voluntariamente sus privilegios ni el control social destructor y excluyente, pese a las promesas y retórica de inclusión.

Solo en este contexto, la exigencia de elecciones, no solo regionales y locales sino presidenciales, con cumplimiento riguroso de los parámetros internacionales de transparencia y universalidad, así como respeto, sin excepciones, a los derechos humanos, puede asegurar que nuestro voto elija. Mientras tanto, no hay condiciones que rompan el círculo vicioso de esta voluntad perversa de dominación, con migajas de poder para que nada cambie sino para ahondar el malestar cotidiano, cada vez más resignado y sin esperanza.

Marta De La Vega es Investigadora en las áreas de filosofía política, estética, historia. Profesora en UCAB y USB.


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 LA NORIA DEL DIALOGO


CARLOS BLANCO


EL NACIONAL


  1. Toda solución mediante el diálogo siempre es preferible a una solución equivalente mediante el conflicto. Esto no se consigue solo en un manual de buenas costumbres sino en lo que la más alta sabiduría política aconseja. El problema se presenta cuando el diálogo no es entre un par de amigos en el proceso de decisión sobre si ir a Chuspa o a Choroní, sino entre adversarios. Incluso, entre adversarios, supongamos adecos y copeyanos, los razonamientos solían estar combinados con pequeñas torceduras de brazo, pero donde el razonamiento presidía las más de las veces. O peleas más fuertes, entre la antigua CTV y los gobiernos democráticos, con más hechos –paros, huelgas, trancas de vías– que razonamientos, pero en general dentro de ciertos límites convenidos por la ley y por la preservación del orden existente.
  2. El diálogo con el régimen de Maduro debería tener otras características, más parecidas a las del que sostiene la policía con altavoces cuando rodea el lugar donde el capo tiene secuestrado al país: “Estás rodeado, te ofrecemos respetar tus derechos…, pero ríndete… sal con las manos en alto… un delegado de Noruega va a entrar para garantizarte todo”. Obviamente, esta no es la situación actual.
  3. El diálogo al que concurren los representantes de Guaidó y de los cuatro partidos que dominaron la Asamblea Nacional elegida hace 6 años está basado en una desigualdad estructural, con el poder escorado hacia Maduro, con una neutralidad favorable a Maduro de la mayoría de los países europeos (en la medida en que favorecen sus elecciones regionales), y con el apoyo de Estados Unidos hacia los opositores, cuya baza fundamental son las sanciones como zanahoria tentadora hacia el régimen. Sin embargo, sabido que Estados Unidos no está en plan –en este momento– de avanzar más fuertemente contra la pandilla roja en el poder, el balance se inclina hacia esta.
  4. Como lo dicho hasta acá lo saben los negociadores, el argumento que parecen sostener es de que el diálogo es una barrera que hay que trasponer para satisfacer la presión internacional y para mostrar que si hubiese una rendija que evitara los enfrentamientos, se aprovecharía. Lo que no parecen advertir los jefes de los partidos es que haber demorado una decisión clara y precisa en relación con las elecciones regionales, no es que ha dejado en suspenso a sus organizaciones hasta que ocurriese una adecuada clarificación de la situación, sino que ha incidido en que su fragmentación sea mayor.
  5. Todos los partidos han estado sometidos a una fragmentación producto del ambiente de represión, sequía financiera, rumbos inciertos, y carencia de efectiva representación. Luego Maduro ha presentado la tentación electoral; lo que a veces se piensa como una forma (equivocada o no) de lograr pedazos de poder; sin embargo, la verdad es que para muchos miembros de partidos en diferentes niveles es un problema que va más allá de la política: se trata de conseguir un trabajo para sí, una oportunidad para que las redes burocráticas permitan solventar problemas de la familia civil o política, y lograr apoyos para futuros “emprendimientos” en la carrera política.
  6. Las direcciones de los partidos prefirieron aplazar definiciones para que los dirigentes nacionales lograran acuerdos en un tema muy divisivo; así, aplazaron y aplazaron –como lo hacen hasta el sol de hoy–, pero lejos de lograr evitar esas divisiones entre los dirigentes, lo que lograron fue que los partidos se fragmentaran aún más. La carrera por las bases municipales y regionales tiene connotaciones olímpicas. Pocas veces se ha visto esta explosión de candidaturas autónomas que se le imponen, “sí o sí”, a los partidos por sus propios militantes. Ahora las direcciones nacionales no dirigen sino que son dirigidas y la excusa de los jefes es que están escuchando a las bases: mentira podrida. Las bases ni son escuchadas ni los escuchan. No es la antipolítica la que erosiona hoy a los partidos sino la hiperpolítica: cada militante convertido en dirección nacional, dirección regional y base partidista, basado en su real gana.
  7. Esos partidos que van a negociar en México podrán negociar muchas cosas, pero no la participación electoral: su gente decidió por su cuenta si participa o no; no hay decisión que pueda emerger de allí que cambie sustancialmente lo que ya han decidido por abajo –participar o abstenerse- lo que no han podido comprender los de arriba. Por esta razón, lo de México visto como un trámite necesario por parte de la oposición, aunque de allí no vaya a salir nada como piensan muchos de los dirigentes, no deja ilesos a sus asistentes: daña si se acuerdan con el régimen; daña si no se acuerdan con éste.
  8. Satisfacer el delirio noruego por una salida que complazca a Maduro, a los opositores que negocian, a los países europeos, a Estados Unidos, a rusos, chinos y cubanos, es posible que culmine con varios contentos por sus logros; en ningún caso pareciese que entre estos estarán las fuerzas de la libertad y la democracia en Venezuela.
  9. Maduro quiere que le quiten las sanciones y que lo reconozcan como presidente. Las sanciones no creo que ni queriendo las quita el gobierno americano porque todavía no hay definiciones políticas ni gruesas ni finas sobre Venezuela; Estados Unidos no lo va a reconocer tampoco; los demás lo reconocen de hecho y, al hacerlo, esperan concesiones: hará algunas y ciertos países dirán que ha cedido para empujar el tema electoral. En términos de la libertad de los venezolanos: nada.
  10. Sin compartir a plenitud el dicho cubano –“lo bueno de esto es lo malo que se está poniendo”- lo cierto es que habrá nuevas clarificaciones en las posiciones en juego y, sin ninguna duda, nuevas oportunidades.

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Confianza ciudadana y 21 de noviembre

GONZALO GONZALEZ

EL NACIONAL


La mayoritaria ausencia ciudadana de los centros de votación en los comicios presidenciales de 2018 y parlamentarios de 2020 es explicable por la pérdida de confianza en el voto como genuino instrumento de su voluntad política y sus preferencias.

Esa desconfianza es producto del largo, consistente y planificado trabajo del régimen para envilecer el sistema electoral y desnaturalizar el voto. En otras palabras, los comicios dejaron de ser: justos, libres, competitivos, verificables.

La culminación del  proceso de desnaturalización del sistema electoral se produjo en 2016 cuando el chavismo constató que su antaño arraigo popular se estaba licuando y que la reversión de esa situación era poco probable. Tiempo después del secuestro del revocatorio, Maduro afirmó que solo habría elecciones si era para que las ganara el PSUV. Más claro imposible.

La recuperación de la confianza ciudadana en el sistema electoral y en el voto pasa por la concurrencia de distintas situaciones que han sido denominadas “condiciones”. Esas condiciones son un compendio de factores políticos, ambientales, legales, técnicos y por la convicción ciudadana de que votar casa con sus intereses, cualesquiera ellos sean. Al respecto de lo anterior hay que recordar que buena parte de los venezolanos hemos votado en el pasado en las condiciones adecuadas que garantizaron la libertad, justeza, competitividad y verificabilidad del sufragio como instrumento.

De cara a la megaelección convocada para el 21 de noviembre conviene preguntarse si se han producido los cambios necesarios para devolverle la confianza a la ciudadanía en el sistema electoral y en el voto como instrumento para volver masivamente a los centros de votación.

En mi criterio, no se ha producido la apertura adecuada para distender la crispación política y garantizar el ambiente adecuado para un proceso electoral normal: continúa la persecución  contra partidos y dirigentes políticos democráticos, persisten las inhabilitaciones de dirigentes y activistas políticos, permanece el secuestro de partidos políticos, tarjetas, símbolos; también el acoso a organizaciones no gubernamentales, activistas de los derechos humanos, la persecución de dirigentes sociales, gremiales simplemente por luchar y defender sus reivindicaciones. Incluso cuando parecía sellada la paz entre gobierno y cúpula empresarial Maduro, la semana pasada, arremetió y amenazó al empresariado de manera genérica argumentando la comisión de no se sabe cuáles irregularidades. Persiste el acoso a los medios de comunicación independientes y el abuso, el ventajismo en los medios del Estado. Por si esto fuese poco, los colectivos y el hampa asociada al régimen, instrumentos de control socio político, sobre todo en los sectores populares, siguen presente amenazando la seguridad y libertad de la sociedad.

Desde el CNE se anuncia que se han realizado auditorías y otras acciones en el terreno técnico-electoral, avaladas por una comisión de expertos en la materia, que garantizarían la pulcritud de la votación y bloquean cualquier intento de fraude a nivel de las mesas electorales. Sin embargo, instituciones solventes en la materia como Súmate argumentan la insuficiencia de los avances en el particular.

En Venezuela la descentralización y la autonomía regional y municipal son casi formales porque el chavismo en consonancia con su concepción autoritario dictatorial del ejercicio del poder se esmeró en llevar a cabo un proceso de recentralización de la mayor parte de las competencias político administrativas que la  legislación vigente otorgó a las gobernaciones y alcaldías. No contento con ello el gobierno nacional les niega y regatea la parte del Situado Constitucional que les corresponde. Y si el gobernador o el alcalde son de oposición les nombra los llamados protectores o les crea nuevas jurisdicciones político administrativas paralelas.

Maduro se comprometió a desechar la ilegal figura del protector, lo cual pareció un gesto positivo, pero no fue más que una movida publicitaria porque la AN usurpadora aprobó en primera discusión la Ley del Poder Comunal que liquida definitivamente los estados y  municipios.

A escasos cuatro meses de los comicios no se percibe ambiente electoral a nivel ciudadano; solo en algunos sectores políticos hay una carrera frenética de postulaciones de variada índole y procedencia: chavistas, mesito-alacranes y sectores opositores decididos a participar en los comicios a todo evento, también aparecen los candidatos profesionales que se postulan a cuanto cargo vaya a elegirse a ver si alguna vez la pegan. De unidad de las fuerzas democráticas nada se avizora faltando poco para que se cierre el periodo de postulaciones.

Pareciera que estamos en presencia de una especie de burbuja electoral en la cual habitan ciertos sectores políticos. Hablamos de burbuja porque pareciera que esos esfuerzos y afanes electorales no tienen por los momentos conexión con el sentimiento y los intereses de una parte sustancial de la ciudadanía.

Al día de hoy, 3 de agosto, se pueden extraer dos conclusiones de la situación: no existen suficientes incentivos para que la ciudadanía vuelva masivamente a los centros de votación porque no se han producido los cambios que le devuelvan confianza en el sistema electoral. El régimen se encamina a obtener una victoria política que trasciende de largo las ganancias electorales y de posiciones. Asunto este que abordaremos en próxima fecha.

Aprovechamos la ocasión para felicitar a El Nacional en su 78 aniversario. Cumpleaños que transita en medio del acoso de la dictadura que pretende y busca su neutralización y desaparición.


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martes, 3 de agosto de 2021

La oposición en su laberinto

                   GEHARD CARTAY


Realmente uno no termina de comprender el desarrollo de la estrategia de los partidos del llamado G4 frente al evento electoral de noviembre próximo.

Y es que, superado el mantra de los tres objetivos que se plantearon hace algún tiempo -y que no fueron logrados-, ahora pareciera que tampoco hay claridad frente a la cita del CNE para noviembre próximo. No obstante, Juan Guaidó declaró este miércoles pasado que no hay condiciones para participar en ese “evento”, tal como lo calificó, en virtud de que en su opinión no son unas elecciones libres, competitivas y justas. Sin embargo, a estas alturas del tiempo todavía no hay una definición al respecto por parte de los partidos del G4, salvo la lógica creencia mayoritaria de que, en honor a la coherencia y el realismo, los partidos que acompañan a Guaidó no acudirían a tal evento por las mismas razones esgrimidas en 2018 y 2020.

Como se recordará, los partidos del G4 no participaron en 2018 porque no reconocían –como ahora tampoco– la presidencia de Maduro, ni la legitimidad de aquel simulacro de elecciones, convocado nueve meses antes de lo previsto. Desconocieron también entonces la decisión del TSJ madurista de designar en junio pasado un espurio CNE, en abierta violación a la Constitución. Además, señalaron que las decisiones de ese organismo electoral, con motivo del evento de diciembre pasado, también contradecían la Carta Magna, no sólo porque ese inconstitucional CNE “legisló” en materia de elecciones –sin tener potestades para ello–, sino porque, además, creó una porción de diputados fantasmas que no representan ninguna entidad federal y no fueron electos por nadie, aparte de no estar contemplados en las normas constitucionales.

Guaidó y el G4 denunciaron que entonces, al igual que ahora, no existían condiciones electorales mínimas que aseguraran la legitimidad y veracidad de los resultados. Insistieron en que sólo reconocerían aquellos eventos comiciales convocados por un CNE nombrado conforme la Carta Magna, que, a su vez, estableciera las condiciones mínimas de cualquier elección democrática, transparente y libre y que, finalmente, organizara elecciones presidenciales, parlamentarias y regionales, en estricto apego al Estado de Derecho y la legalidad.

Por supuesto que estos eventos debían desarrollarse en un clima de libertades ciudadanas y respeto a los derechos humanos, vale decir, sin presos políticos, sin perseguidos y sin exiliados. Esa exigencia –natural en una democracia que se precie como tal, pero exigencia al fin y al cabo en una dictadura– debía ser dirigida por un Poder Electoral que garantizara equidad y equilibrio, capaz de enfrentar el ventajismo y la corrupción propias de un régimen que los ha venido usando desde hace ya dos décadas.

Que se sepa, ninguna de esas condiciones planteadas por la oposición mayoritaria se han cumplido a esta fecha. Ninguna. Hasta ahora, la designación de dos rectores vinculados al sector opositor y la oferta de Maduro de que no se designarán en el futuro los inconstitucionales “protectores” para anular a los gobernadores electos por fuerzas opositoras, no son suficientes para pretender que se han mejorado las condiciones electorales.

Por estas razones, esperamos que las probables negociaciones en México sirvan a tales propósitos y, en caso de ser acordados, activar la participación del G4 en unas auténticas elecciones integrales. En ese caso, resulta obvio que debería reprogramarse el simulacro de noviembre y fijar una nueva fecha que incluya las presidenciales. Algunos dirán que “esto es como mucho pedir”, aunque apenas sea exigir el cumplimiento de la Constitución. Mientras tanto, hay que mantener movilizada a la gente opositora en todas partes, reclamando solución a los miles de problemas que soportamos, entre ellos, la ausencia de elecciones libres y soberanas.

Por desgracia, dentro del G4 la impaciencia y la “candidaturitis” de algunos de sus aspirantes a gobernadores, alcaldes, legisladores y concejales amenazan con no esperar que ese proceso de diálogo, negociaciones y acuerdos concluya, si es que acaso se produce, con la decisión de participar en noviembre, en caso de que mejoren las condiciones, por supuesto. Algunos ya han sucumbido ante sus ambiciones de figuración y han lanzado sus candidaturas. Si esto llegara a generalizarse, el porvenir de Guaidó y el G4 puede resultar muy comprometido, a menos que mantengan a su gente “metida en cintura” y a la espera de la decisión final que adopten.

Y aquí se presentará otro asunto a considerar: si las fulanas conversaciones fracasan y la decisión del G4 fuera la de no participar en el evento de noviembre, la gran mayoría la entendería como demostración de coherencia y firmeza. Pero si se resolviera asistir al mismo sin que mejoren las condiciones electorales, no sé cómo Guaidó y el G4 van a desdecirse de su discurso anterior y qué razones van a alegar para que la gente que los ha apoyado hasta ahora los acompañen a participar.

Resulta obvio que si esas conversaciones llegaran a concluir en un acuerdo que satisfaga ambas partes, las cosas serán muy distintas y se abriría para todos un panorama promisor sobre el que se podría comentar en su momento.

Pero, por ahora, como dice la canción, “eso es lo que hay…”

 


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domingo, 1 de agosto de 2021

 NUEVOS "EXITOS" PETROLEROS

           RAMON PEÑA


Un comunicado del régimen celebra la “Soberana y exitosa negociación para la adquisición del 100% de Petrocedeño”, empresa mixta que operaba la mayor porción de la Faja del Orinoco. Originalmente fue una Alianza Estratégica firmada en 1996 entre PDVSA y las multinacionales Total y Statoil (hoy Equinor), con una inversión de US$ 4.2 millardos, para procesar 200 mil barriles diarios de crudo extra pesado de alto contenido de azufre y convertirlo en crudo sintético de alta calidad. Hoy produce solo 14 mil barriles diarios.

¿Cómo presumir de “exitosa” la salida de transnacionales, con sólido músculo financiero, de un país que no tiene recursos ni para llevar las refinerías al menos a 10 % de su capacidad para semi abastecer el mercado interno de combustibles? Estas dos empresas, como otras, sufrieron la transformación de Asociaciones Estratégicas en Empresas Mixtas, por un abusivo Decreto Ley del expropiador lenguaraz en 2006, que transfirió todas las actividades de las asociaciones al control estatal y  confiscó de facto sus derechos, incluidos de propiedad, con resultados catastróficos, para los socios y el país. Ocasionó incrementos inusitados de costos de producción, que aunados a la inseguridad jurídica y operacional alimentaron su decisión de abandonar el país. En el caso de Total, tras una pérdida de US$1.380 millones. Este divorcio fue  precipitado por la decisión unilateral de PDVSA de utilizar las plantas mejoradoras de Petrocedeño para producir componentes de gasolina ante el desastre operativo de las refinerías.

Celebrar la salida de multinacionales, hoy constreñidas por el objetivo mundial de reducir emisiones netas a cero a mediados de siglo y simultáneamente esperar nuevos inversionistas en el crudo extra pesado de la Faja, oscila entre la ignorancia y el sarcasmo.

El festivo comunicado oficial ostenta la misma credibilidad del emitido hace algunas semanas por el Ministro de Petróleo, cuando aseguró que a final de junio se acabarían las colas por la gasolina.

 


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