martes, 28 de diciembre de 2010

EL LEGADO DE CARLOS ANDRÉS PÉREZ

Rodolfo Terragno

Eran chilenos que, si no hubiesen huido, se habrían consumido en las hogueras de Augusto Pinochet. Eran uruguayos que estaban vivos porque Gregorio Álvarez no había tenido oportunidad de prenderlos. Éramos argentinos perseguidos por los Videla, los Massera y los Agosti de aquella Argentina aciaga.
Carlos Andrés Pérez (presidente de Venezuela entre 1974 y 1979) nos salvaguardó a todos.
De no haber sido por él, y su ministro Diego Arria, se habría hinchado aun más las macabras bolsas de las dictaduras del sur, llenas de “desapariciones forzadas”, ejecuciones subrepticias y feroces torturas. Como asesor de aquel gobierno, me correspondí elevarle al Jefe de Estado, periódicamente, noticias sobre la represión en la Argentina. El solía compartir tal información –y otra que le llegaba de fuentes diversas—con Jimmy Carter. Fue a raíz de su contacto con los EE.UU. que trabé amistad con Bob Pastor, asesor para Asuntos Interamericanos de Carter. Bob impulsó en el Capitolio la “enmienda Humphrey-Kennedy”, por la cual el Departamento de Defensa dejó de proveer equipos y asistencia militar a la Argentina.
Pérez desempeñó, en esto, un papel protagónico.
Carter le recomendó, sin embargo, no sumarse a las sanciones de los Estados Unidos contra la Argentina. La tesis del gobierno norteamericano era que, mientras el Departamento de Estado acosaba a la dictadura, otro país debía lograr avances por la vía del diálogo.
Pérez y su embajador en Buenos Aires, Ernesto Santander, realizaron gestiones a favor de numerosos desaparecidos. A la vez, durante la visita de Jorge Rafael Videla a Caracas, en 1977, el presidente venezolano se valió de un memorando –que yo preparé junto con Tomás Eloy Martínez y otros argentinos exilados– y mostró al dictador su preocupación por las “aparentes” violaciones seriales de los derechos humanos en la Argentina.
Las vidas salvadas por tales gestiones fueron pocas, dada la magnitud de los crímenes cometidos por el régimen y la descentralización del aparato represivo.
Pérez, de cualquier manera, hizo todos los esfuerzos posibles para ayudar a la pacificación de la Argentina. Algunos lo acusaron de “doble estándar” porque, mientras condenaba las violaciones de los derechos humanos en el Cono Sur, restablecía relaciones con Cuba y mantenía vínculos estrechos con la Unión Soviética y China. Sus críticos presumían que a aquel social-demócrata sólo lo preocupaban los crímenes de la derecha.
Yo sentí que Pérez procuraba influir allí donde hubiera (o él creyese que había) posibilidad de tener algún efecto. Supuso que ése era el caso de la Argentina, y actuó en consecuencia.
No sólo por eso debe ser reconocido.
Promovió la cultura como nadie . La Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, creada por él, becó a decenas de miles de estudiantes. Pérez creó, también, la Biblioteca Ayacucho, y confió la dirección literaria a un notorio desterrado uruguayo: Ángel Rama. Esa deslumbrante editorial pública imprimió obras precolombinas; documentos históricos, clásicos de las letras iberoamericanas y una colección de teatro rioplatense.
En materia económica, Pérez fue intervencionista . Nacionalizó el petróleo y el hierro; creó Petróleos de Venezuela (PDVSA) y prohibió el despido arbitrario.
Hay quienes, por desconocimiento, dicen que en su segundo gobierno (1989-1993) hizo un “giro al neoliberalismo”. El segundo fue distinto del primero, pero no por una mutación ideológica. El barril de petróleo que, a principios de los 80 costaba 54 dólares, a fines de los 90 había bajado a 11 dólares.
En su segundo mandato, Venezuela pasó a recibir 20 por ciento de lo que entraba una década antes. En esas condiciones, el ajuste no era un vuelco doctrinario; era una necesidad.
Las restricciones causaron, como era natural, que esto provocara el descontento social y el fracaso de la gestión.
Pérez sobrevivió a fallidos golpes de Estado, pero no a una decisión judicial que lo destituyó por presunta corrupción. Él, que había contribuido al derrocamiento de Somoza, apostaba a que Violeta Chamorro –más que Daniel Ortega— establecería en Nicaragua una democracia ortodoxa y estable. Empleó entonces fondos reservados de su gobierno, no en provecho personal sino para conceder apoyo financiero a Chamorro. Fue por eso que se la condenó.
En la Argentina, donde se ignora adónde van los fondos reservados –y se sospecha que no es a fortalecer democracia alguna– aquella condena habría resultado exótica.
Sin embargo, quienes sólo tienen “memoria final”, recuerdan la caída y borran sus luchas, su vocación progresista y el ardor con el que defendió los derechos humanos.

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HOMENAJE AL AMIGO
Felipe González
Ha muerto como un trasterrado sin dejar de mirar a su tierra, Venezuela, a la que dedicó su vida, sus esfuerzos, su pasión. Por ninguna razón merecía ese destino, incluyendo el procesamiento que lo sacó de su segunda presidencia de la República. Cuando se sosieguen las cosas y se vea la perspectiva histórica con cierta objetividad, esto quedará claro.
Carlos Andrés Pérez ha sido mi amigo durante casi cuatro décadas. Amigo más allá de los acuerdos y desacuerdos y, por eso, amigo. Es fácil hablar de amistad cuando solo hay coincidencias y realmente complicado cuando las discrepancias se manifiestan o cuando las circunstancias de la vida hacen el camino difícil y los que estaban próximos, o algo más que próximos, toman distancias “porque les conviene”.
También ha sido siempre amigo de España, en el poder y en la oposición; dentro de su país y en exilio. Allá por el año 76, cuando balbuceaba la Transición en España, con el Rey ya en su sitio, pero sin partidos legalizados que articularan el pluralismo democrático, me trajo en su avión, procedente del Congreso de la Internacional Socialista en Suiza.
El Rey fue a recibirlo, con los rituales de rigor. Convinimos que yo debería descender del avión oficial por otra puerta, con la discreción debida para no interferir en la ceremonia oficial. Una de las magníficas tiras de Peridis ilustra el momento en que el presidente de Venezuela saluda al Rey y le dice “traigo contrabando en el avión”. Yo era ese contrabando. Naturalmente desaparecí de ese escenario sin que nadie se percatara, salvo por sus palabras y la risa del Rey. Hasta la primavera siguiente no se produjo la legalización de los partidos.
La anécdota ayuda a comprender la personalidad arrolladora de CAP, como todo el mundo le llamaba. También su pasión por las libertades democráticas y, lo que antes decía, su sentido profundo de la amistad.
Nos separaban 20 años de edad, llevaba dos años en la presidencia y tenía 54. Yo viajaba a Venezuela y me recibía a las 5.45, indefectiblemente, después de haber caminado durante una hora ”el presidente que camina” había sido eslogan e idea fuerza de la campaña que lo llevó a la presidencia de la República?. “¿Crees que estarán puestas las calles de Caracas?”, le decía cuando me convocaba, recién llegado a la residencia oficial.
Años después, en 1983, yo estaba en el gobierno y CAP en la oposición. Cada vez que me veía o cuando impaciente llamaba por teléfono, insistía en que lo estaba haciendo mal. Reconversión industrial, ajuste económico, reformas de fondo, le parecían un seguro definitivo para la catástrofe electoral. Salvaba siempre la amistad cargando las culpas en los ministros de Economía y de Industria ?Boyer y Solchaga? en aquella dura época de los comienzos del mandato.
Era inevitable que me viera como un joven con poca experiencia que no hacía, como Mitterrand, lo que se esperaba de un socialista. No ponía límites a su crítica, siempre privada y personal, pero implacable. Su mandato presidencial, en aquella Venezuela que se había incorporado al club de los petroleros, que había conformado la OPEP y participado del primer gran salto en los precios, allá por los años 73-74, después de la Guerra de Yom Kippur, estuvo lleno de expansión y crecimiento. Nosotros vivíamos exactamente lo contrario. Llegábamos al gobierno sin habernos ajustado a ese choque y soportando el segundo en 1982.
Por esos años de su primera presidencia, estábamos en un congreso de Acción Democrática y Carlos Andrés, exuberante, repasaba la situación internacional, tocándolo todo, desde Singapur a Brasil, pasando por África y Europa. Gonzalo Barrios, viejo y sabio dirigente del partido, comentaba a mi lado, con su dificultad para articular fluidamente: “Este Carlos Andrés está muy bien; tal vez le falte un poquito de ignorancia”.
Con CAP viví los momentos cruciales de la caída de Somoza y del triunfo sandinista, la guerra terrible de Centroamérica, los esfuerzos para enderezar la paz, el apoyo a las elecciones que le dieron el triunfo a Violeta Chamorro en Nicaragua y su afán por darle seguridad, que tantos y dramáticos disgustos le costó. Con él estuve en el primer aniversario de ese triunfo sandinista y en su reencuentro con Fidel Castro, con ese motivo.
Habían compartido exilio y después duros enfrentamientos por la presencia de la guerrilla procubana en la naciente democracia venezolana que presidió Rómulo Betancourt. Habían sido amigos en el exilio compartido y enemigos enfrentados con violencia en el poder, contraponiendo la revolución democrática de Venezuela a la revolución comunista de Cuba. Aquellas horas de charla y discusión, hasta la madrugada, se me quedaron grabadas para siempre. La dureza de los enfrentamientos se disolvía en una discusión caribeña, de viejos luchadores que habían optado por caminos distintos, e incompatibles ?democracia o dictadura?.
Como sería interminable el relato, quiero revelar un momento crucial de su segunda presidencia, en la que también se cruzaron nuestras experiencias vitales. En ese periodo, 1989-1993, CAP emprendió políticas de reformas estructurales y de ajustes económicos en una dirección totalmente diferente de las que caracterizaron al primero. Por primera vez coincidíamos al frente de las responsabilidades de gobierno. Debo añadir que lo que hacía me parecía necesario y se parecía mucho más a las políticas que habíamos hecho nosotros y que, como dije, él criticó con dureza en 1983, 1984 y 1985. Estábamos más cerca, no en la amistad que era la misma, sino en el análisis de lo que había que hacer para desarrollar la economía y crear valor para mantener la cohesión social.
Después de los disturbios que se conocieron como El caracazo, protestas sociales contra las políticas de ajuste que se saldaron con una oleada de violencia y decenas de muertes, lo llamé por teléfono para tratar de informarle de algo muy grave que me estaba llegando. Le advertí de que no era apropiado que le pasara la información por esa vía y decidió mandarme a una persona de su confianza. Le hablé a ese enviado de lo que sabía: los preparativos de un golpe militar inmediato. CAP había entendido mi preocupación y el enviado ya tenía preparada su respuesta. Lo negó resueltamente y me pasó el mensaje del presidente de que no había ningún riesgo de movimientos militares. Un par de meses después se produjo la asonada del teniente coronel Chávez, hoy presidente.
Varias veces, con CAP fuera de su país, comentamos este suceso dramático. Y hace poco más de cuatro cuatro años, también lo hablé con Chávez, en un encuentro personal en Caracas, con el propósito de conocer si él sabía que yo le había advertido a CAP de que se preparaba un golpe contra él. Me dijo Chávez que él no sabía que yo le había advertido a CAP, pero que no le extrañaba de que no lo creyera. Era la posición oficial, me dijo.
Carlos Andrés, incansable en su lucha por la libertad y la justicia, con sus aciertos y sus errores como todos los líderes importantes, reposa ya de su larga vida, pero no lo hará definitivamente hasta que lo que queda de él llegue a su Venezuela.

Felipe González fue presidente del Gobierno español entre 1982 y 1996

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CAP: UN HOMBRE DEFECTUOSO
Moisés Naim
Carlos Andrés Pérez fue un venezolano excepcional y un gigante moral y políticamente superior a la gran mayoría de sus acusadores.
Carlos Andrés Pérez (CAP) murió desterrado, con su reputación dañada, su partido político en ruinas y su intento de modernizar a Venezuela fracasado. Es fácil imaginar que la acusación que más le dolía es que sin él, y sus muchos errores, Hugo Chávez y la tragedia histórica que este representa se hubiesen podido evitar.
No hay dudas de que Carlos Andrés Pérez es culpable de muchas de las acusaciones que se le hacen. Pero tampoco hay dudas de que este hombre tan defectuoso fue un venezolano excepcional y un gigante moral y políticamente superior a la gran mayoría de sus acusadores. ¿Se imagina usted a alguno de quienes lo defenestraron políticamente -el teniente coronel, los intelectuales, los dueños de los medios de comunicación, sus columnistas, los grupos económicos o los demás líderes políticos del momento- tomando voluntariamente medidas que reducen su poder? Carlos Andrés Pérez podía nombrar a dedo a gobernadores y alcaldes. En cambio, promovió reformas que permiten a los ciudadanos elegirlos directamente, lo cual obviamente redujo su poder.
Al llegar en 1989 a su segunda presidencia, heredó un sistema económico que le daba al Gobierno -y a él- todo el poder sobre la economía. El Gobierno decidía qué empresas podían tener acceso a dólares baratos y cuáles no. Qué periódicos y canales de televisión podían importar insumos y a qué precio. A qué precio se podían vender desde los huevos hasta el hielo. No es de extrañar que los medios de comunicación y los grandes grupos económicos vivían postrados a los pies del Gobierno. Pérez abolió este perverso sistema.
La mayor eficiencia económica y la eliminación de la inmensa corrupción que es inevitable en este sistema constituyeron un gran avance. Pero este avance también ocurrió a expensas del poder presidencial. Casi instantáneamente, quienes antes mendigaban por cargos, divisas o aumentos de precios utilizaron su nueva libertad para atacar inmisericordemente a Pérez y su gobierno. Como los tiburones que huelen la sangre en el agua, los más diversos actores -desde los más primitivos gorilas a los más sofisticados ‘notables’, de los políticos más oportunistas a los empresarios más avezados- se lanzaron contra él. La avidez por el poder, el dinero, o viejos resentimientos y, en algunos casos, la ideología actuaron como potentes estímulos para pequeños políticos, súbitamente transformados en los formidables agresores que lograron sacar a Pérez del juego. Este, convencido de que las reglas de la democracia había que respetarlas a toda costa, los dejó hacer. Se rehusó a utilizar los instrumentos del poder -tan comunes en la Venezuela de antes y en la de hoy- para defenderse de sus enemigos. “Como no soy un acumulador de resentimientos, me equivoqué al suponer que todos actuábamos así y que las diferencias y duelos políticos nunca serían duelos a muerte”, dijo en 1993 en su último discurso como presidente. Y añadió: “No he perseguido a nadie… Sin embargo, contra nadie se ha desatado una campaña tan sistemática, larga y obsesiva como la que se ha ensañado contra mí y mi gobierno. La he soportado con la convicción de que en las democracias son siempre preferibles los abusos de la oposición que los abusos del gobierno”.
¿Se imaginan a sus más recientes imitadores actuando así? ¿Cuántos presidentes latinoamericanos puede usted nombrar que, ante una campaña política para sacarlos del poder, lo entregan voluntariamente y salen del palacio presidencial para ir a la cárcel solo motivados por el ánimo de proteger las reglas que separan la vida en sociedad de la barbarie?
Su pasión por la democracia no terminaba en los linderos de su patria. Los demócratas de Latinoamérica, del Caribe y hasta España y Portugal han dado fe de que la eficaz intervención de Carlos Andrés Pérez fue determinante en los momentos más críticos de sus luchas.
Este hombre tan defectuoso murió viendo cómo en su país sus ideales son pisoteados a diario y su legado es despreciado hasta por quienes se beneficiaron de su obra. Pero los hechos son tercos y, tarde o temprano, afloran. La historia lo reivindicará como uno de los grandes líderes continentales del siglo XX. Paz a sus restos
.

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NAVIDAD Y ESPERANZA

Luis Ugalde

El Nacional

Un país sin esperanza es como un pájaro con alas cortadas. Los pueblos se vuelven irreconocibles cuando les matan el alma colectiva y creadora. Siempre me vuelve la deprimente imagen que hace 46 años se me grabó en la plaza principal del Cuzco al ver a aquellos indios doblados barriendo el piso con unas grandes ramas a modo de escobas. ¿Cómo se explica el abismo entre estos pobres y humillados hombres y sus antepasados que construyeron la maravilla del Templo del Sol o la ciudad sagrada de Machu Picchu? Son ellos mismos; ayer con sueños y alma creativa y hoy con la columna vertebral de su espíritu quebrada. Es un misterio el auge y la muerte de las culturas. Desde luego detrás de las obras culturales más admirables, como en las pirámides de Egipto o en asombrosos monumentos aztecas, hay imperios de iniquidad y de esclavitud, pero animados por un espíritu de grandeza, aunque sea sacrificando vidas para ofrendar una tumba al faraón. En la Cuba de hace medio siglo hubo sueños de liberación y de dignidad, pero el faraón de turno los convirtió en la actual imperante desesperanza donde los sueños de los jóvenes sólo se proyectan al otro lado del “mar de la felicidad”; mientras él clama contra la infelicidad del resto del mundo para no mirar la ruina de su isla. Venezuela hoy se debate entre la esperanza y el desaliento. Cientos de miles de jóvenes preparados lanzan sus sueños y talentos fuera del país, aunque no todos puedan salir. El régimen juega al desaliento de los insumisos y se apresura a aprobar una catarata de leyes para aferrarse al poder. Como si conversara con Fidel, Chávez dice: ustedes se afianzaron porque sus opositores huyeron a Miami, nuestra hazaña es mayor, pues tenemos que neutralizar, anular y ahuyentar a los de dentro. Hoy la desesperanza es común a los opositores, a los propios seguidores del régimen y a millones de pobres colgados entre palabras henchidas de promesas y la cruel y vacía realidad. Recientemente en un barrio de repetidas promesas rojitas, frustradas y barridas por las lluvias desmesuradas, un periodista le preguntó a uno de los afectados qué ayuda esperaba y recibió una respuesta amarga: “luego de tantas falsas promesas, ahora no espero nada”. Es lo peor que nos puede pasar, que la gente pobre se resigne a su negación y no espere nada; que el régimen, perdida su utopía por el inútil esfuerzo de encerrarla en la jaula de la sumisión, se aferre cínicamente al poder en sí mismo, sin propósito liberador; que los emprendedores agredidos, pero todavía con recursos económicos y formación, coloquen el nido de sus sueños y creatividad en Panamá, Colombia o Miami. Afortunadamente Venezuela tiene futuro y esperanza; tiene con qué y con quiénes, pero necesita emocionarse con un proyecto de liberación compartido y en democracia, es decir, con todos y para todos. Hoy como nunca necesitamos vencer la tentación de la desesperanza, diseñar una propuesta de transformación que nos invita a la movilización hacia un país de progreso y dignidad para todos. La Navidad en Venezuela, que empieza antes de diciembre y termina en el nuevo año, siempre vuelve cargada de esperanza trascendente como visita de Dios que nos llama a la vocación más sublime. En torno al Niño de Belén se renueva la esperanza en el Amor que es más fuerte que la muerte, capaz de convertir las aspiraciones en realidades y las palabras en hechos de carne y sangre. Escuchemos la invitación transformadora del Maestro al tullido que tiene fe: “Levántate y camina”; asume tu responsabilidad y cambia el odio en tu país en convivencia creadora. En medio de esta gigantesca irresponsabilidad manipuladora que juega con las desgracias, ayudémonos unos a otros a avivar la esperanza de vida, con respeto y solidaridad, con instituciones y políticas serias que permitan construir casa y hábitat acogedores, con salud, educación, seguridad… y trabajo digno y creativo.. No es una vergüenza vencer el escepticismo y seguir con esperanza activa, ni cosa de niños que creen en San Nicolás o en los regalos del Niño Jesús con tarjeta en los centros comerciales. El futuro de Venezuela está presente y en esta Navidad y Año Nuevo lo vivimos, no como ilusión de escape, sino como fuego interior que ninguna manipulación ni amenaza puede apagar.

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EDITORIAL: Venezuela y Cuba: crisis complementarias


EL MERCURIO
http://blogs.elmercurio.com/editorial/



En el exterior, hay mayoritario escepticismo en cuanto a que puedan sortear la crisis que estiman inevitable, aunque no inminente. Los gobiernos extranjeros reaccionan con prudencia, conscientes de que intervenciones externas pueden resultar contraproducentes para el establecimiento de una real democracia. Interesante es el silencio de los dirigentes comunistas y socialistas chilenos: hace poco tiempo, al término del gobierno de la Concertación, junto con la Presidenta Bachelet visitaron y respaldaron al régimen cubano.Con ocasión de la clausura de la legislatura ordinaria de la Asamblea Nacional, el Presidente Castro ha planteado que Cuba se encuentra en una disyuntiva: "O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio: nos hundimos, y hundiremos el esfuerzo de generaciones enteras".Este dramático reconocimiento fue complementado con severas autocríticas sobre 50 años en la construcción del socialismo. Al respecto, destacó el incumplimiento de los planes de desarrollo y planteó condenar el secretismo del régimen; introducir reformas estructurales en la gestión económica, incluyendo la revisión del principio leninista que asigna al Estado la propiedad de los medios de producción; promover el trabajo por cuenta propia, aplicar la tributación progresiva, eliminar la libreta de racionamiento y las restricciones en las producciones agrícolas, y focalizar los subsidios en las personas. También anticipó que deberían seguir nuevos cambios económicos a la conclusión del VI Congreso del PC de Cuba, que tendrá lugar a mediados del próximo año. Refiriéndose a este encuentro, cuya convocatoria se había postergado, advirtió que "debe ser, por ley de la vida, el último de la mayoría de los que integramos la generación histórica. El tiempo que nos queda es corto".El Presidente Castro ha puesto límites a las reformas propuestas: no significarán eliminar la planificación ni sustituirla por el mercado; tampoco permitirán la acumulación y concentración de capitales. Más importante, se descartan cambios favorables a las libertades políticas y a los derechos humanos. En fin, ha reiterado que "a mí no me eligieron Presidente para restaurar el capitalismo en Cuba ni para entregar la revolución. Fui elegido para defender, mantener y continuar perfeccionando el socialismo, no para destruirlo".Nadie puede asegurar cuál será el modelo económico que establecerá Raúl Castro, pero es notable el hecho de que se haya abierto un camino, dando espacios al potencial emprendedor del pueblo cubano.Hugo Chávez opta por asumir poderes extraordinariosTambién Chávez parece estar consciente de que el tiempo para instalar el socialismo del siglo XXI se le agota. Un nuevo Congreso asume en enero y la oposición elevará a 40 por ciento su hoy nula representación en la saliente Asamblea Legislativa. Para sortear este impedimento y para aprovechar la mayoría en extinción, ha solicitado y recibido de ésta una delegación de facultades para legislar por decreto durante los próximos 18 meses. El gobernante ha manifestado que están prácticamente finalizados los textos de 20 decretos que serán promulgados recurriendo a la ley habilitante.Paralelamente, el Presidente venezolano, anticipando su pérdida de control del Legislativo, está concluyendo la aprobación de un importante paquete de leyes que reducen la libertad de expresión, el derecho de asociación, la propiedad privada y las libertades políticas. El incremento del poder presidencial se extiende a la prensa y telecomunicaciones, incluyendo restricciones a internet, centralizando su acceso a través de servidores controlados por el gobierno. Y para eliminar la cadena de televisión opositora, cancela las concesiones antiguas y exige la presentación de nuevas solicitudes. En materia electoral, para inhabilitar a sus opositores ha establecido nuevos delitos en la categoría de fraudes, que permiten la expulsión de la Asamblea y la inhabilidad para desempeñar cargos públicos hasta por ocho años a quienes cambien su militancia política. Prácticamente ningún sector se ha dejado fuera de la autoridad presidencial. Hasta se ha removido la autonomía de las universidades.La escalada de acumulación de poderes por Chávez se agrega a su dominio del tribunal electoral y de la justicia. Surge así la posibilidad de acusarlo por infringir el artículo 20 de la Carta Democrática de la OEA, al llevar a cabo una modificación constitucional que afecta gravemente el sistema democrático.Los excesos de Chávez, la creciente oposición interna y el deterioro político y económico de Venezuela lo exponen a reacciones adversas sin precedentes. Mientras el régimen castrista parece optar por la moderación, Hugo Chávez prefiere continuar con la radicalización. Su estrategia sólo lo ha fortalecido en las apariencias, dado el significativo deterioro de la economía venezolana y la creciente oposición interna, mejor organizada que la cubana. Pero no todas son malas noticias para el Presidente de Venezuela: el aumento del precio del petróleo podría contribuir a atenuar las manifestaciones del fracaso de su gobierno.

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HUGO CHÁVEZ, DICTADOR DE VENEZUELA

Luis María ANSON

El caudillo bufón de Venezuela se ha convertido ya en dictador de la nación. Los plenos poderes que le ha otorgado la Asamblea significan la proclamación oficial de la dictadura, en una sucia maniobra que pretende desvirtuar la derrota chavista tras las últimas elecciones.Si Hugo Chávez hubiera proclamado el comunismo castrista de golpe se habría tropezado con una considerable resistencia internacional. Ha tenido la habilidad de hacerlo en pequeñas dosis. Desde hace al menos cinco años vengo escribiendo sobre la inexorable marcha del caudillo Chávez hacia la dictadura comunista, al mejor estilo de Castro, que es quien le asesora y estimula. Caracas está tomada por los agentes castristas y Chávez pone cada día un ladrillo más en la construcción del Estado totalitario.Ante una nueva Asamblea que podría recortar sus propósitos y maniobras, el caudillo bufón se ha desenmascarado y se ha atribuido plenos poderes dictatoriales. Expertos en política venezolana me aseguran que no ven fórmulas pacíficas para desmontar al sátrapa. El sistema castrista mantiene al tirano cubano en la Habana desde hace medio siglo. Y Chávez está recorriendo el mismo camino para desesperación del admirable pueblo de Venezuela, merecedor de mejor suerte.
Luis María ANSON de la Real Academia Española

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domingo, 26 de diciembre de 2010



GOBERNADOR PEREZ VIVAS DEL TÁCHIRA:


"Estoy dictando decreto de duelo por 3 días ente la muerte del Presidente Perez y convocaré funeral en su memoria el Lunes a las 5 pm en SAN CRISTÓBAL".


GOBERNADOR SALAS FEO DE CARABOBO:


"Decreto duelo de 3 días por muerte de ex presidente Carlos Andrés Pérez"



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