sábado, 29 de junio de 2013

MÉXICO NO ESTÁ EN SUDAMÉRICA
  Jordi Soler
La inmensa mayoría de los españoles sabe que México es un país que está en Sudamérica. Así se los han contado desde que tienen memoria y además cada día los medios de comunicación españoles, radio, televisión, periódicos y blogs, se refieren a México invariablemente como “el país sudamericano”.
Muy de vez en cuando un redactor responsable trata de enmendar el disparate y coloca a México en Centroamérica.
Basta mirar un mapamundi, o hurgar mínimamente en internet (en páginas que no sean españolas, claro) para enterarse de que México está en Norteamérica. Que este flagrante error, esta descortesía que lleva vigente unas cuantas décadas, no se corrija sino, al contrario, se perpetué cada día en los medios de comunicación, es un síntoma del escaso interés que hay en España por todos esos países que, curiosamente, provienen de aquí.
Es verdad que hay un discurso generalizado que celebra las evidentes afinidades que existen entre españoles y latinoamericanos; de hecho las afinidades son tantas que al final España parece un país mucho más latinoamericano que europeo.
Por supuesto que, entre las personas de cierta edad, hay un recuerdo cariñoso de los programas de televisión doblados al español con acentos latinoamericanos, cierta nostalgia por la música y las películas mexicanas, y también se acuerdan, de vez en cuando, de algún primo que terminó en “Sudamérica”. Para la España de hoy Latinoamérica son las canciones de Julieta Venegas y de Juanes, dos o tres escritores, un par de cineastas, un hermano que ha tenido que emigrar allá, y las noticias, casi siempre atroces, que difunden los medios de comunicación, y casi siempre exultantes, cuando el tema es económico. Eso es todo, el conocimiento de aquel continente que se tiene en España es epidérmico; igual que el que se tiene de Inglaterra o de Holanda, dirá usted, pero resulta que a Latinoamérica no solo debería ponérsele especial atención, tendría que ser el aliado por excelencia y esto, me temo, está muy lejos todavía: basta ver el recelo que sigue provocando en la sociedad española un señor ecuatoriano, o una señora peruana, y la dureza con que, en el aeropuerto o en plena calle, se les aplican las leyes migratorias a estas personas que, por el trato que se les dispensa, parecen más bien el enemigo.
Lo de situar a México invariablemente y durante décadas en otra latitud no es un ejemplo banal, es uno de los síntomas del discreto, aunque sostenido, desdén español hacia Latinoamérica.La cosa es especialmente grave en este momento en que España está obligada a mirar hacia el exterior y, sobre todo, a esos países latinoamericanos que experimentan un gran crecimiento económico y que son rigurosamente afines, mucho más que los alemanes o los chinos, a pesar de que esta rigurosa afinidad lleve quinientos años arrastrando el cadáver de la conquista. ¿No sería ya momento de enterrar ese cadáver?
Hay otros casos de más altura como, por ejemplo, la presencia del rey en las Cumbres Iberoamericanas, un gesto político que merecería una profunda reflexión, que evidentemente no se ha hecho; ¿a alguien se le ha ocurrido pensar lo que significa la figura del rey de España para un latinoamericano? La figura del rey en Latinoamérica es, cuando menos, extraña; aquí queda claro que se trata del jefe del Estado pero allá, donde las monarquías solo aparecen en los libros de historia, o en los de ficción, esto se entiende poco. Si se trata de una reunión de presidentes, ¿no basta con que asista el presidente español? ¿De qué forma puede interpretarse la presencia oficial del rey, en un país que fue conquistado por un rey de España y que más tarde logró independizarse de otro rey de España? El célebre “por qué no te callas” que le soltó el rey a Hugo Chávez en una de estas Cumbres, tiene mucho más fondo del que se le ha querido ver y está directamente relacionado con el disparate de situar a México en Sudamérica: ambos son producto de ese desdén que he mencionado más arriba, del desinterés y del profundo desconocimiento que en general existe en España de todos los países que provienen, precisamente, de aquí.
La propuesta de enterrar el cadáver de la conquista tiene doble filo: en Latinoamérica hay que deshacerse de la idea de que todos los españoles son Hernán Cortés, y en España hay que erradicar la mirada imperial que se sigue aplicando a los latinoamericanos.
Si un inmigrante latinoamericano quiere probar suerte e instalarse en la madre patria, se enfrentará a las mismas dificultades legales que cualquier otro inmigrante que venga, por ejemplo, de Bakú; lo cual aniquila el concepto de “mundo hispano”, de la ruta de ida y vuelta que sería lo deseable en un planeta cada vez más interconectado, donde los individuos se desplazan de un país a otro con mayor facilidad, y los Estados, consecuentemente, deberían poner al día sus leyes migratorias.
El fenómeno de la continua migración entre España y América Latina, observado desde la perspectiva de Lao Tse, ese filósofo que sostenía que todos los males provienen del estancamiento, de las energías que no fluyen, sería precisamente el de un flujo estancado, que llega al continente americano y se queda ahí, ya no completa el trayecto de regreso que lo pondría a circular y a producir sinergias que redundarían en el beneficio de las dos orillas del mundo hispano. Pero esta circularidad que proponía el filósofo en su inagotable Tao te king está, de momento, fuera de la agenda internacional, y además relegada a un sitio muy remoto, a juzgar por esa curiosa iniciativa, que ha hecho últimamente su aparición y que, ante el duro trato que recibe el inmigrante latinoamericano, raya en la inmoralidad: la madre patria, que no es muy generosa con sus descendientes que han nacido fuera de la península, si lo es con un japonés, o ruso que, a cambio de la compra de una propiedad de cierto valor, recibirá en el acto un permiso de residencia.
De esa multitud de españoles que, a lo largo del tiempo, han sido recibidos con los brazos abiertos en los países latinoamericanos, ya nadie se acuerda, excepto cuando se avecina la temporada electoral y se vuelve urgente ir a pedir el voto a los emigrantes. Esos miles de españoles que durante años han emigrado a Latinoamérica, han ido conformando una suerte de España exterior, un país, repartido en varios países, que ha ido enriqueciendo a diversas sociedades y además ha difundido la manera de ser española, ese talento para vivir la vida que no posee la mayoría de los pueblos y que ha sido directamente heredado a Latinoamérica. Resulta asombroso que a la hora de hablar de “la marca España”, una idea que debería estar más enfocada al modelo de la Commonwealth que a la tienda de souvenirs, nadie tome en cuenta a esta gente, a los españoles del exterior, a ellos que, precisamente, han sido, durante siglos, los grandes difusores de esta marca.Quizá sea el momento de reconsiderar el papel que ha jugado tradicionalmente España en el mundo hispano, de asumir la responsabilidad que le toca y empezar a contar, de verdad, con esos trescientos setenta y cinco millones de potenciales aliados que tiene en Latinoamérica y que ya empiezan a ser más prósperos y más ricos que ella. Se trata, por supuesto, de ir más allá de los negocios que hacen Repsol y Telefónica, o de los artistas y sus obras que viajan de un lado a otro con gran naturalidad, o de la industria turística, las playas y el sol; lo que hace falta es voluntad, un proyecto serio, mucha diplomacia y un montón de pedagogía para conseguir que en España México regrese a Norteamérica y que, por ejemplo, los peruanos no sean vistos aquí como invasores sino como descendientes de la madre patria y también, por supuesto, para que del otro lado, como decía más arriba, el español deje de ser visto como el heredero del conquistador.
España debería aprovechar esta época oscura para mirar con seriedad hacia Latinoamérica, hacer el esfuerzo de formar una causa común, enterrar el cadáver de la conquista y la mirada imperial, y empezar a construir una nueva relación, moderna y liberada de lastres y estereotipos, con ese mundo hispano que palpita cada vez con más fuerza, del otro lado del mar.
Jordi Soler es escritor.
twitter@jsolerescritor

Leer más...
Para limpiar el país
 


RAÚL FUENTES

rfuentesx@gmail.com


C hesterton se inclinaba a admitir la irracionalidad de una aventura, pero exigía cordura al aventurero. Por lo menos eso infiero de mi imprudente y atrevida traducción de una frase que junto a otras de diversos autores componen el repertorio de un viejo almanaque "Quote A Day" que, por casualidad, llegó a mis manos. La cita, "The adventures may be mad, but the adventurer must be sane", explica en parte por qué llamaban "príncipe de las paradojas" al creador del Padre Brown, y, de paso, nos da pie para preguntarnos si es factible lo inverso, a saber, que una iniciativa inteligente pueda ser llevada a feliz término bajo la conducción de un mentecato; y, a juzgar por lo que padecemos actualmente en nuestro país, la respuesta debería ser un obvio y contundente no.

Lo que acontece en Venezuela, me atrevo a suponer, se debe a la concurrencia de dos insensateces: una, que atañe al proyecto bolivariano en sí y en tanto que empresa imposible, por retrógrada y a contramano de la historia; y otra que se deriva de la irracionalidad de un liderazgo paleolítico, embelesado por un mondongo ideológico, difícil de digerir en virtud de una prédica redentora inspirada por el resentimiento; una prédica maniquea que pone del lado de los buenos (es decir, los chavistas) un arsenal retórico donde lo sublime no tiene cabida porque cede espacio a la cursilería, y del lado de los malos (es decir, el imperio, la derecha y la oposición) una colección de adjetivos para descalificar que, en sana lógica, le calza mejor a estos "boy scouts" rojos siempre listos "para salvar el planeta" y emprender otras aventuras semejantes para las cuales se creen predestinados.

Lástima que cuando Maduro y sus secuaces hablan es poco lo que entendemos, no precisamente por la profundidad de sus ideas sino porque lo hacen en un castellano aproximado, duro de interpretar y casi imposible de asimilar. En su denodado esfuerzo por vestir la piel del desaparecido, Nicolás asume la pedante ampulosidad y el exceso de falta de ignorancia de su antecesor para confundir año escolar con ciclo lectivo y, además perpetrar perlas sin desperdicios como, por ejemplo, "son compatriotas de la misma patria", que recuerdan a aquel Cantinflas de "hay momentos en la vida que son verdaderamente momentáneos", donde es imposible discernir entre entusiasmo y cinismo.

La metamorfosis que padece Maduro no alcanza, sin embargo, a modificar su primitiva concepción del mundo, signada por arrebatos místicos lindantes con el delirio y le provocan alucinaciones que, en cualquier otra latitud distinta a la nuestra, ya hubiesen sido motivo para la apertura de una investigación respecto al equilibrio mental de un ilegítimo gobernante que pasea su gabinete por plazas y solares, como si de un circo ambulante se tratase, para hacer y que "gobierno de calle", un teatro esencialmente demagógico, con pésima puesta en escena, y escasos espectadores, pues el público se cansa de promesas huecas.

La capacidad de mutar no es habilidad exclusiva del presunto presidente. Su canciller experimenta con el mimetismo lingüístico para tratar de calcar, si no en longitud, cuando menos en procacidad, el discurso del padre de las misiones.

Éste, en las postrimerías de su vida y de su última campaña, amonestaba al electorado por ocuparse de nimiedades como el racionamiento eléctrico o la falta de agua y no del futuro de la revolución socialista y bolivariana... Jaua, quien además se ocupa de Corpomiranda, un organismo creado para boicotear la gestión del gobernador Capriles, ha dicho que "la patria no se mide por el anaquel de un supermercado" y su furor llegó al paroxismo cuando, haciendo gala de la vulgaridad heredera del paracaidista barinés, agregó: "Nosotros somos los hijos y las hijas de los libertadores de este continente ¡carajo! Como nos lo enseñó Chávez, de manera que pueden agarrar su rollo de papel tualé este burguesito y se lo mete por donde mejor le quepa, ¡porque aquí sí tenemos patria bolivariana revolucionaria socialista! ¿Ustedes quieren patria o papel tualé?" Estos aventureros sin norte y sin brújula, cuyas andanzas y correrías se acometen en nombre de una patria que invocan a menudo e irrespetan con frecuencia, merecen que se les recuerde una de las muchas y certeras agudezas de Oscar Wilde según la cual "el patriotismo es la virtud de los depravados"; y, además, cabe decirles que, tal como se presenta su gestión y las aterradoras perspectivas que se abren ante nosotros, preferimos el papel tualé a una patria tutelada por el neocolonialismo político cubano porque así, al menos, tendremos cómo limpiar las toneladas de porquerías que ellos, siguiendo directrices de La Habana, han vertido sobre el suelo nacional. 

Leer más...

viernes, 28 de junio de 2013

LO CORRECTO EN POLITICA EXTERIOR


              JOSEPH S. NYE

CAMBRIDGE – Algunos críticos reclaman que el Presidente de EE.UU. Barack Obama hizo campaña basándose en una retórica inspiradora y la ambición de “inclinar el arco de la historia”, para acabar convirtiéndose en un líder pragmático y transaccional una vez obtenida la presidencia. Sin embargo, en este tema Obama no es ninguna excepción.

Muchos líderes cambian de objetivos y estilo a lo largo de sus carreras. Uno de los grandes transformadores de la historia, Otto von Bismarck, se orientó cada vez más hacia el statu quo y los avances graduales tras lograr la unificación alemana bajo la égida de Prusia. De manera similar, los objetivos y estilo de Franklin Delano Roosevelt eran modestos y progresivos en su primer mandato, pero se volvieron transformacionales en 1938, tras decidir que Adolph Hitler representaba una amenaza existencial para EE.UU.
El liderazgo transaccional es más eficaz en ambientes estables y predecibles, mientras que es más probable que surjan estilos inspiradores en tiempos de cambios políticos y sociales rápidos y discontinuos. Los objetivos transformacionales y el estilo inspirador de un líder como Mahatma Gandhi en India o Nelson Mandela en Sudáfrica pueden influir de manera importante en contextos políticos fluidos, en particular en países en desarrollo con límites institucionales débiles.
En contraste, la estructura de  la política exterior de Estados Unidos se encuentra muy encuadrada por instituciones como el Congreso, los tribunales y la constitución, por lo que deberíamos inclinarnos a esperar de ella menos liderazgos transformacionales.
Sin embargo, incluso la Constitución estadounidense es ambigua acerca de los poderes del Congreso y el presidente en asuntos de política exterior. En el mejor de los casos, crea lo que un experto constitucional denominó “una invitación a luchar”. Más aún, mucho depende de las condiciones externas. Woodrow Wilson, Franklin Roosevelt y Harry Truman desarrollaron objetivos transformacionales únicamente como respuesta a sucesos externos ocurridos tras su llegada al cargo.
Las condiciones de crisis pueden librar a un líder talentoso de los límites que representan los intereses creados y la inercia burocrática que, por lo general, inhiben la acción del sistema estadounidense. Se dice que Bill Clinton, atrapado en los complacientes años 90, envidiaba las condiciones de crisis que rodearon a Franklin Roosevelt en los años 30.
En situaciones así, la acción se vuelve más fluida. Los líderes con objetivos transformacionales tienen más posibilidades de lograrlos, y es más probable que el estilo inspirador encuentre seguidores con capacidad de respuesta y otorgue más relevancia al cargo. Por ejemplo, George W. Bush aprovechó las condiciones de crisis después del 11 de septiembre de 2001 para dar más asertividad al poder ejecutivo, así como invadir Irak.
Sin embargo, si bien los tiempos turbulentos pueden servir de escenario para los líderes transformacionales, no significa que siempre la mejor opción sea contar con líderes atrevidos y arriesgados para abordar las crisis. A diferencia de su hijo, el Presidente George H. W. Bush era transaccional pero llevó a cabo una política exterior muy exitosa.
Sean transformacionales o graduales en sus objetivos, para ser eficaces, los líderes precisan de ciertas habilidades de poder suave y duro. Entre las primeras podemos mencionar la inteligencia emocional (autocontrol y la capacidad de usar señales emocionales para atraer a los demás), visión (una imagen atractiva del futuro en que se equilibren ideales, objetivos y capacidades) y comunicación (la habilidad de usar palabras y símbolos para persuadir tanto a un círculo íntimo como al público más general). Para el uso de los recursos de poder duro, dos habilidades revisten una importancia especial: capacidad organizacional y una aptitud “maquiavélica” para intimidar, comprar y negociar  con el fin de crear coaliciones ganadoras.
Por sobre todo, para un liderazgo eficaz se requiere inteligencia contextual y una habilidad de diagnóstico intuitivo que ayude al líder a comprender el cambio, definir objetivos y alinear estrategias y tácticas de manera adecuada. Como me dijera una vez Lee Kuan Yew, fundador del Singapur moderno, un líder debe aprender rápido, testear la realidad, estar preparado para cambiar de mirada si cambian las condiciones, y actuar con tranquilidad en situaciones de crisis.
La inteligencia contextual implica la capacidad de discernir tendencias en ambientes complejos y adaptabilidad al intentar dar forma a las situaciones. Bismarck se refirió una vez a esto como la habilidad de intuir los movimientos de Dios en la historia y coger el dobladillo de Su ropaje cuando pasa. De manera más prosaica, los líderes con inteligencia contextual, como los surfistas, pueden evaluar y adaptarse a las nuevas olas y subirse a ellas.
Los líderes de este tipo no solamente adaptan su estilo a las situaciones y las necesidades de sus seguidores: también crean flujos de información que “dan sentido a sus corazonadas”. Esto implica la habilidad de evaluar la política de diversos grupos y comprender las posiciones y puntos fuertes de distintos actores, con el fin de decidir cuándo y de qué manera hacer uso de sus habilidades transaccionales e inspiradoras. Es la parte de la suerte que uno mismo se hace.
Esta habilidad es crucial en situaciones no estructuradas, cuando suele ser más complicado formular las preguntas correctas que recibir las respuestas adecuadas. Los líderes dotados con inteligencia contextual pueden dar significado o proporcionar una “ruta que seguir” al definir el problema que enfrenta un grupo. Comprenden las tensiones entre los diferentes valores que componen un problema y cómo equilibrar lo deseable con lo factible. En particular, para la inteligencia contextual es necesario entender las culturas de los grupos, la distribución de los recursos de poder, las necesidades y exigencias de los seguidores, los flujos de información y el sentido de la oportunidad.
La inteligencia contextual es de particular importancia en política exterior, ya que los líderes eficaces deben comprender la cultura y la estructura de poder de otras sociedades, además del modo en que interactúan como sistema internacional. Con años de experiencia en asuntos extranjeros, George H. W. Bush gozaba de una excelente inteligencia contextual. Casi sin experiencia alguna en el ámbito internacional, “W” no la poseía. Y esa brecha demostró ser la diferencia entre el éxito del padre y el fracaso del hijo.
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Read more at http://www.project-syndicate.org/commentary/contextual-intelligence-and-foreign-policy-leadership-by-joseph-s--nye/spanish#wRsRUssfFrpHjVpA.99 

Leer más...
LA LÓGICA DE LA ECONOMÍA INFORMAL



 Ricardo Hausmann

CAMBRIDGE – Un fantasma ronda los países en vías de desarrollo: el fantasma de la «economía informal». Para algunos, el sector informal incluye a todas las empresas no registradas ante las autoridades. Para otros, se refiere a las que escapan al pago de impuestos. La Organización Internacional del Trabajo la define como el conjunto de empresas suficientemente pequeñas como para quedar fuera del código laboral.
Sin importar su definición, lo que ha preocupado a muchos economistas y captado la atención de los responsables de las políticas es que la cola de la distribución del tamaño de las empresas en los países en vías de desarrollo es larga. En relación con los países desarrollados, una cantidad inusualmente grande de empresas pequeñas e improductivas coexiste con una pequeña cantidad de empresas grandes y productivas.
Según el razonamiento económico habitual, esto es ineficiente. Si las empresas pequeñas e improductivas cerrasen sus puertas y las de mayor tamaño y productividad contrataran a sus trabajadores, aumentaría tanto el producto total como el bienestar. Esto debiera ocurrir automáticamente gracias a la mano invisible de la competencia, porque las empresas más productivas debieran ser capaces de producir mejores productos a menores precios y de atraer a los trabajadores con salarios más elevados.
Entonces, ¿por qué no sucede habitualmente esto en los países en vías de desarrollo? ¿Por qué sobreviven las empresas ineficientes y atrapan recursos en actividades de baja productividad? ¿Qué impide al mercado aplicar su magia y mejorar la situación de todos?
En un esfuerzo por ocuparse del problema, los gobiernos de Colombia, México, Perú, Sudáfrica y otros países se han adoptado cambios en sus códigos impositivos, rediseñado sus sistemas de registro y explorado los problemas de los incentivos potencialmente perversos asociados a los programas de asistencia social. Si bien todavía no hay resultados definitivos sobre la efectividad de estas iniciativas, apostaría en contra de su éxito.
Son necesarios muchos años de entrenamiento y pensamiento económico abstracto para ignorar lo obvio. La característica más notable de la producción moderna es que moviliza mucho conocimiento práctico –demasiado como para que quepa en la cabeza de una única persona.
La producción moderna requiere una división del trabajo entre quienes saben de tecnología, comercialización, finanzas, logística, administración de recursos humanos, contratos, normativa, distribución, atención al cliente y muchas otras cosas. Requiere habilidades manuales e intelectuales que deben usarse conjuntamente. Simplemente piensen en las distintas habilidades especializadas (muchas de ellas reconocidas por los premios Oscar) que deben combinarse para producir una sola película.
Para concentrar esas habilidades, la gente debe cooperar dentro de una misma empresa o en agrupamientos de empresas relacionadas. Pero, para trabajar juntas, las personas deben viajar desde sus hogares hasta los sitios de producción. ¿Cómo hacen eso?
En la típica ciudad de un país en vías de desarrollo… con dificultad. Los tiempos de viaje diario para los trabajadores del sector formal con bajos ingresos suelen exceder las tres horas y el costo directo promedio del transporte equivale a dos horas de trabajo al salario mínimo. Un turno de ocho horas se convierte en uno de once, por el cual se solo se percibe una paga neta de seis horas.
Esto implica un impuesto efectivo del 45 % sobre los trabajadores del sector formal con bajos ingresos. Sumemos a esto las molestias del viaje y los potenciales problemas causados por estar lejos del hogar en caso de una emergencia familiar. Cuando se consideran estas cuestiones, resulta más fácil entender por qué la gente prefiere hacer algo útil cerca de sus hogares que en los sitios donde tiene lugar la producción moderna.
Pero en las favelas o barrios marginales donde viven los pobres urbanos en los países en vías de desarrollo, hay poca diversidad en términos de las habilidades que la gente puede combinar con las suyas propias para hacer cosas de manera productiva. En consecuencia, las únicas formas factibles de producción usan muy pocos trabajadores de baja calificación y, por lo tanto, funcionan con baja productividad. Se especializan en la preparación de alimentos, la venta minorista, la construcción, las reparaciones, los cibercafés y una variedad de actividades adicionales que pueden realizarse en casa y venderse a los vecinos (a menudo a través de una ventana que da a la calle).
Los economistas y responsables de las políticas han olvidado los aspectos físicos de la vida urbana. La política de vivienda habitualmente se discute con un flagrante desprecio por el transporte urbano y la ubicación de las zonas industriales y comerciales autorizadas. Cuando los planificadores diseñaron Punta Cana –el exitosísimo destino turístico en República Dominicana– o la gigantesca planta de Fiat en Betim, Brasil, olvidaron planificar adecuadamente el alojamiento para sus trabajadores. No sorprende que rápidamente surgieran barrios marginales.
El sector informal es en gran medida consecuencia de que la gente esté desconectada de las redes de producción moderna –una ineficiencia que no se resolverá simplemente reduciendo el costo de registrar un emprendimiento ni obligando a las empresas pequeñas a pagar impuestos. Hace falta un rediseño del espacio urbano que incluya metros subterráneos o canales dedicados para autobuses, y un enfoque más integral para la vivienda, los servicios sociales y las áreas de producción. Para resolver este problema, no basta que los gobiernos dejen de hacer algunas maldades. Tendrán que comenzar a hacer algunas cosas buenas.



Leer más...
RAMÓN GUILLERMO AVELEDO: “Hay que nacionalizar la política exterior de Venezuela”

Desde la librería Kalathos en los Galpones de los Chorros, en Caracas se presentó el libro “Democracia, Paz y Desarrollo: temas de política exterior”, del Grupo Ávila con la firma del integrante de la comisión de enlace internacional de la Unidad, Edmundo González.
González agradeció a los presentes y explicó que este texto constituye un esfuerzo colectivo de especialistas de la materia, que con el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer y al  Grupo Ávila, el cual está conformado por: Milos Alcalay, Milagros Betancourt, Carlos Bivero, Adriana Boersner, Jocely Henriquez, Guillermina da Silva, Sadio Garavini, Fernando Gerbasi, Beatriz Gerbasi, Tomas Hernandez, Emilio Nouel, Rosario Orellana, Alexandra Paris, Norman Pino, Adolfo Salguerio, José Ramón Sanchez, María Teresa Romero, Maruja Tarre y Adolfo Thaylhardat;  quienes preocupados por el acontecer nacional trabajaron en un foco de análisis de 22 artículos,  para que se logre la meta de un mundo donde todos puedan en armonía, vivir y progresar en paz.
El evento también contó con la participación de Ramón Guillermo Aveledo, secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, quien además de elogiar el trabajo presentado, agregó que Venezuela tiene una política exterior alternativa, y  consideró que es necesario nacionalizar la política exterior, pues –a su juicio– un pequeño grupo de personas se apropio de esta, aupados por la privatización que el gobierno nacional ha hecho de ella,  obviando además los intereses de la nación, inclusive los de aquellos que son cónsonos con su visión de país. “La política exterior debe atender la idea que la sociedad tiene de sí misma”, dijo.
“Esta es una obra del trabajo, la responsabilidad y la seriedad, y como es obra de esas tres virtudes se me ocurre compartir con ustedes menciones  de Max Weber, quien asegura que son condiciones existenciales de la labor política la pasión, el sentido de la responsabilidad y la mesura. La pasión para ser usada como fuerza constructiva; la responsabilidad de hacer lo posible para que las cosas pasen y estar pendiente de sus efectos y consecuencias;  y la mesura, que  conectado con Sorin, resaltan la virtud de la eubolia, que significa hablar convenientemente, ser discreto con la lengua. Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice. Esto parece ser difícil de aplicar, en tiempos de twitter,  de urgencia,  de campanillas rápidas que registran los periódicos, pero las decisiones mesuradas las registran los libros de historia”, sentenció
 Por esto, Aveledo agradeció en retrospectiva el trabajo del grupo Ávila y la Fundación Adenauer, comprometiéndolos  para que en lo sucesivo continúen con su labor de aportar, sin ánimos de ser los protagonistas de la política, las bases de una política exterior alternativa. “Un mundo que se parezca a la Venezuela que queremos. Un mundo de democracia, desarrollo y paz”, finalizó.

Leer más...
De golpes y constituyentes

  EDUARDO FERNANDEZ

Los venezolanos no escarmentamos. Nos hemos pasado 200 años apostando a soluciones mágicas: golpes, a veces llamados revoluciones, y constituyentes. Si con golpes y con constituyentes se construyera un país, Venezuela sería tremendo país. Solo Bolivia y Haití compiten con nosotros en el número de golpes y de constituyentes que hemos tenido en nuestra historia. Fui uno de los pocos que se opuso al último proceso constituyente celebrado en Venezuela.
Recuerdo que entonces dije que ese proceso era: inconstitucional, inconveniente, inoportuno, imprudente e innecesario. Hugo Chávez tuvo la habilidad de reunir a un grupo de distinguidos compatriotas para que lo ayudaran a promover esa constituyente. Lo que le interesaba a Chávez no era el texto de una nueva Constitución -la de 1961 era bastante buena-, lo que quería el nuevo caudillo era el poder absoluto, como efectivamente lo logró.

Testigos autorizados me han contado que Chávez no se preocupó del texto de la Constitución salvo para que lo complacieran en el nombre, República Bolivariana. Lo demás lo tenía sin cuidado. Prueba de eso es que "socialismo" no aparece ni una sola vez en el texto.

Ahora de nuevo surgen los que, abrumados por el desastre de los últimos años, se inclinan por la solución mágica: el golpe o la constituyente. Es inútil argumentar en contra. Piensan que el próximo golpe sí va a ser bueno, lo van a dirigir unos militares institucionalistas, quienes, por cierto, todos se han formado gritando la ridícula consigna de patria, socialismo o muerte y dando vivas al caudillo de turno ahora convertido en "Comandante Eterno", igual que Páez, Monagas, Guzmán, Crespo, Castro, Gómez, etc.

Yo alguna vez querría ver cómo se cumple una Constitución y no cómo se cambia. El problema de Venezuela no está en la Constitución, está en el incumplimiento de ella. De esta y de todas las anteriores y me temo que de todas las que puedan venir detrás de los próximos golpes, de las próximas revoluciones, de los próximos caudillos y de las próximas constituyentes.
Y una pregunta final: ¿quién va a convocar la próxima constituyente y con qué propósito? ¿Redactar un nuevo texto o tener el poder absoluto? 

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
Presidente de Ifedec

Leer más...

Los anaqueles de la vergüenza

JEAN MANINAT  

 EL UNIVERSAL
viernes 28 de junio de 2013
"Nosotros somos los hijos y las hijas de los libertadores de este continente ¡Car...! Como nos lo enseñó Chávez, de manera que puede agarrar su rollo de papel tualé este burguesito y... ¿Ustedes quieren patria o papel tualé? Es una necedad, compañeros, porque un problema puntual de abastecimiento no puede medirse con un valor supremo como lo es tener patria. La patria no se mide en un supermercado. No tiene nada que ver con un anaquel".

Ni el más excelso de los humoristas, en el paroxismo de su mejor representación, hubiese tenido la capacidad destructora y burlesca que contienen las palabras arriba citada. Sería la más genial de las boutades.

Pero no, son reales y conforman la declaración que diese recientemente, nada menos que el canciller venezolano Elías Jaua, uno de los jerarcas más importantes del régimen y  quien representa al país internacionalmente.

Ha sido tal el bochorno, que un buen número de amigos del exterior me han escrito para preguntar sí era verdad tamaña desmesura o una exageración de los medios de comunicación. Un viejo sindicalista español, de origen socialista, que ha visto de todo, sobre todo anaqueles vacíos, hambre y desabastecimiento durante la guerra civil en su país, me escribió un correo indignado por la forma como estos y cito: "pretendidos socialistas están volviendo m... una corriente histórica que nació con la vocación justiciera de que todo el mundo se llevara un pan a la boca". En su momento, como muchos otros, se hizo ilusiones con la emergencia chavista que pronto se disiparon hechas migajas rojas.

La prensa internacional ha recogido el desbarro como una prueba más del exotismo caribeño, entre sorprendidos y risueños ante tamaña muestra de cantinflada política y económica, alumbrada por referencias a una supuesta condición revolucionaria que ya no tiene empuje alguno para maquillar tanta ineficiencia e indolencia oficial.  Si algo ha demostrado las revoluciones es su gran capacidad para causar hambrunas y desesperanza.

Pretender poner a todo un país frente la delirante disyuntiva de patria o desabastecimiento, por no hacer referencia al ya mancillado tema del papel higiénico, es prueba de un infantilismo revolucionario digno de quien no se ha preocupado, al menos, de leer un poco de historia. Nada más  peligroso que un santón revolucionario desprovisto de formación y conocimientos básicos. El régimen de Pol Pot  en Cambodia estaba repleto de ellos.

Iván Bunin, el primer escritor ruso en ganarse un Nobel, en su libro Días malditos(Un diario de la revolución), relata el pandemonium destructor desatado por los bolcheviques en los dos primeros años de la revolución rusa. Soldados borrachos ajusticiando a sus oficiales, obreros armados y pendencieros sembrando el pánico, campesinos embrutecidos por siglos de explotación a la búsqueda de la revancha, lumpen proletarios disfrazados de comisarios políticos requisando hogares para expoliarlos de sus enseres. Una inmensa pira humana y cultural llevada a cabo en nombre de la justicia social. Paradójicamente, Stalin se encargaría de borrarlos a todos en nombre del comunismo.

El canciller Jaua, en lo que probablemente serán sus continuos viajes, debería detenerse en los mercados de los países latinoamericanos que visite. Digamos: Brasil, Ecuador, Perú, Chile, México, Panamá, Colombia, por nombrar tan solo algunos, y verá los estantes llenos de productos de toda clase, las fruterías y las carnicerías rebosantes, puestos y más puestos repletos de artículos. Pero sobre todo verá a ciudadanos satisfechos, unos contentos de poder comprar y otros de poder vender. Y todos... de poder consumir.

Sí algo no es la patria es un anaquel vacío de productos para la gente. Por el contrario, son los anaqueles de la vergüenza.

@jeanmaninat


Leer más...