miércoles, 30 de julio de 2014

Putin, Corea, Ucrania

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  Anibal Romero

Por mera casualidad, buscando una lectura a la vez entretenida y provechosa, saqué de un estante el libro de Max Hastings sobre La guerra de Corea, publicado inicialmente en Londres en 1987. Ha resultado ser, en efecto, una obra sumamente interesante y aleccionadora de la que he aprendido mucho. El libro de Hastings me ha ayudado igualmente a reflexionar con mayor claridad acerca de eventos actuales, en especial –como explicaré—sobre la crisis en Ucrania.
Recordemos algunos hechos de la guerra de Corea: cuando las tropas norcoreanas atravesaron la frontera del paralelo 38 e invadieron Corea del Sur, en 1950, aplastaron a su paso la débil resistencia de los surcoreanos y de los relativamente escasos contingentes estadounidenses entonces desplegados en el área. El avance de los ejércitos de Kim IlSung parecía indetenible, hasta que MacArthur llevó a cabo el famoso desembarco en Inchon. A partir de allí fueron los norcoreanos quienes retrocedieron, con los norteamericanos, surcoreanos y otros contingentes menores, actuando bajo el paraguas de la ONU, persiguiendo a las tropas de Kim IlSung más allá del paralelo 38 y marchando peligrosamente hacia el río Yalu; es decir, hacia la frontera entre Corea del Norte y China.
En el contexto de la entonces prevaleciente atmósfera de Guerra Fría, la inminente derrota norcoreana y el avance aliado al río Yaluestaba colocando grandes concentraciones de tropas y armamentos estadounidenses cada día más cerca de una China que apenas un año antes (1949) había experimentado el triunfo comunista de Mao Tse Tung y sus seguidores. La situación fue percibida por los comunistas chinos como una severa amenaza a sus intereses vitales pero, a pesar de las señales, deliberadas o no, que enviaron por diversos medios y de distintas maneras, haciendo de un modo u otro saber que no iban a tolerar de brazos cruzados la situación y que se verían forzados a intervenir militarmente en Corea, ni Washington ni Seúl ni los aliados de Estados Unidos en Europa tomaron suficientemente en serio los avisos provenientes de Beijing.
El resultado de estas fallas de inteligencia estratégica fue la masiva participación china en Corea, que empezó a finales de 1950 y generó una de las más severas sorpresas y crudos reveses que hayan sufrido en toda su historia las armas de Estados Unidos. Solo mediante enormes esfuerzos, y luego de tres años y más de 33.000 muertes norteamericanas en batalla (así como de centenares de miles de coreanos y chinos, militares y civiles), logró Washington estabilizar el panorama militar en Corea y retornar al status quo inicial; es decir, a la partición de Corea en dos mitades a lo largo del paralelo 38.
Cabe precisar que los comunistas chinos intervinieron masivamente en Corea a pesar de que para ese momento no contaban con el arma atómica, arriesgándose a una retaliación nuclear unilateral por parte de Washington (opción que, de hecho, fue considerada pero no ejecutada por Truman y sus asesores). La percepción china de que lo que estaba en juego era para ellos un interés vital superó todo consejo de prudencia.
¿Qué tiene que ver esto con Putin y la crisis en Ucrania? Lo diré sin adornos y luego lo ampliaré: Putin ha estado enviando señales inequívocas acerca del interés vital que para Rusia representa Ucrania, señales que indican que Putin estará dispuesto a correr grandes riesgos, inclusive el riesgo de una guerra mucho más amplia en Europa, si tal interés vital no es respetado de manera que resulte aceptable al Kremlin. No obstante, ni Washington ni los europeos ni el gobierno de Kiev parecieran entender qué es lo que de hecho está en juego entre Rusia, Ucrania y Occidente, y esta falla y confusión en las percepciones y entendimiento del asunto puede desatar una crisis de proporciones que pocos ahora imaginan.
Debo aclarar un punto: No estoy acá juzgando desde una perspectiva moral los objetivos de Putin y Rusia, ni fijando posición sobre cuestiones éticas o valores políticos. Mi propósito es llevar a cabo un análisis estratégico imparcial y desapasionado. Tampoco me referiré a las causas inmediatas de la actual coyuntura, pero procuraré ubicar lo que ocurre en perspectiva histórica. Es obvio por lo demás que la crisis en Corea y la actual en Ucrania no son iguales, pero las analogías son reveladoras.
Los rusos llevan en su memoria colectiva la marca de tres invasiones: La de Napoleón en 1812, la del Kaiser Prusiano en 1914 y la de Hitler en 1941. Solo esta última les cobró 20 millones de muertes, tal vez más. Para Rusia el “colchón” territorial en Ucrania es una cuestión fundamental, en una medida que quizás no es apreciada adecuadamente por un Occidente que juega con no poca frivolidad este complicado ajedrez geopolítico.
Nada de lo que he dicho implica que de mi lado piense que es justo o legítimo que el Kremlin domine Ucrania, o ejerza sobre ese país una influencia dominante. Lo único que digo es que ni Putin ni Rusia van a admitir que el implacable avance de la OTAN y de la Unión Europea hacia las puertas de Moscú y San Petersburgo, avance que empezó a raíz del colapso de la URSS y que aún sigue en marcha, se concrete “por las buenas”.
Por otra parte, afirmo lo siguiente: si tal avance va en serio, si Washington, Londres y Kiev pretenden, de veras, frustrar decisivamente a Putin en Ucrania, la línea que están siguiendo, basada en sanciones económicas sin verdadero respaldo militar, lo que probablemente logrará será provocar a Moscú y fortalecerle en sus propósitos. Europa no tiene la fuerza militar para atemorizar al Kremlin. En medio de la crisis socioeconómica que actualmente afecta a la Unión Europea, los gastos de defensa hace años que no alcanzan el mínimo de 2% del PTB que requiere la OTAN, con excepción de Polonia y algún otro país miembro. Europa está financieramente asfixiada bajo el peso de sus impagables Estados de Bienestar y no tiene dinero para defenderse. En cuanto a Washington es difícil concebir a dos personajes menos aptos para enfrentar un desafío como el planteado por Putin que Barack Obama y John Kerry, un par de ilusos a quienes nadie teme ni respeta en cuanto a sus posturas en el escenario internacional.
En otras palabras, lo de Putin en Ucrania, así como lo de Mao Tse Tung en Corea en 1950, es en serio. Putin está y estará preparado a asumir muy graves riesgos para impedir una Ucrania subordinada a la OTAN y a la Unión Europea. Si los líderes en Washington, Londres, París y Berlín no entienden el tema con la debida claridad, si continúan refugiándose en irritantes sanciones económicas o en insulsas comparaciones de Putin con Hitler, que solo sirven para provocar sin llegar al fondo del asunto, la crisis ucraniana no hará sino empeorar.
Cabe adicionalmente preguntarse: ¿tienen claro Washington y sus aliados qué es lo que buscan con esta confrontación? ¿Derribar a Putin? ¿No es quizás concebible que pudiese sustituirle otro nacionalista ruso aún más radical? ¿Poner a Rusia de rodillas hambreando a su pueblo con las sanciones económicas? ¿No preferiría Putin en tal caso una guerra? ¿Obligar a Putin a desistir de sus ambiciones en Ucrania? ¿Es ello factible sin una patente amenaza militar frente a Rusia?
Solo hay dos opciones en las circunstancias: o bien Estados Unidos y Europa se plantan ante Putin con recursos militares suficientes para disuadirle, o bien le ofrecen una vía alternativa de negociación en términos que de manera significativa respondan favorablemente a las aspiraciones estratégicas de Moscú.
En lo personal, y luego de analizar lo ocurrido en Corea, estoy convencido de que los peligros potenciales de la crisis ucraniana son mucho más graves de lo que en general se piensa. Me agradaría estar equivocado, pero me atrevo a hacer esta observación: no es inteligente subestimar a Rusia. Eso lo aprendieron por las malas el emperador francés y el fuhrer nazi.

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Ramón Guillermo Aveledo: Se informó al canciller chileno situación de los presos políticos

EL UNIVERSAL
martes 29 de julio de 2014
Caracas.- El secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Ramón Guillermo Aveledo, señaló que se le había informado al Canciller de Chile, Heraldo Muñoz, sobre la situación de los Derechos Humanos y de los presos políticos en Venezuela.
Aveledo, expresó estar muy complacido de haber conversado con Muñoz sobre la situación de Venezuela y que en esta reunión se explicaron las razones por las cuales se había congelado el diálogo político con el Gobierno Nacional y la disposición que existe para retomarlo pero con resultados concretos.
"Nosotros expresamos nuestra disposición a que vuelva a haber diálogo, pero que sea un diálogo con resultados, un diálogo serio y donde se obtengan avances concretos en beneficio de la convivencia y progreso de los venezolanos", indicó Aveledo, citado por una nota de prensa de la alianza opositora.
Asimismo expresó que se le había informado al Canciller sobre la situación de los Derechos Humanos, de los presos en Venezuela, concretamente el caso de los estudiantes y los dirigentes políticos detenidos.
"Le informamos al canciller la situación de los estudiantes apresados y también la de los dirigentes políticos, y en todo este asunto el Canciller Muñoz mostró la mayor apertura y la mayor receptividad de escuchar nuestros planteamientos, así que la Mesa de la Unidad le agradece enormemente el habernos recibido con cordialidad aquí en la embajada de Chile porque ésta es una República sudamericana que nosotros admiramos por su democracia y la solidez de sus instituciones", señaló el Secretario Ejecutivo.
Finalizó haciendo un llamado a que se respeten los valores que exige cualquier democracia en América Latina dado que en Venezuela hay una evidente violación a los Derechos Humanos.

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martes, 29 de julio de 2014

El desperdicio de la guerra


Photo of Jeffrey D. Sachs
Jeffrey D. Sachs

NUEVA YORK – Karl Marx escribió, en una frase que se hizo famosa, que la historia se repite «la primera vez como tragedia, la segunda, como farsa». Sin embargo, cuando vemos lo que ocurre en la actualidad, no podemos evitar preguntarnos si después de una tragedia no nos aguarda otra más. Aquí estamos, a un siglo del inicio de la Primera Guerra Mundial, rodeados de un torrente de violencia, duplicidad y cinismo muy similar al que llevó al mundo al desastre en 1914. Y las regiones del mundo implicadas en ese entonces también lo están ahora.
La Segunda Guerra Mundial comenzó con un cierto modo de pensar, un convencimiento de que los acuciantes problemas sociales y políticos en Europa Central podrían solucionarse por medios militares. Un siglo antes, el teórico militar alemán Carl von Clausewitz había escrito que la guerra es «la continuación de la política por otros medios». Suficientes políticos estuvieron de acuerdo con él en 1914.
Sin embargo, la Primera Guerra Mundial demostró que Clausewitz se había equivocado trágicamente respecto de los tiempos modernos. La guerra en la era industrial es tragedia, desastre y devastación, no soluciona ningún problema político; no constituye la continuación de la política, sino del fracaso político.
La Primera Guerra Mundial puso fin a cuatro regímenes imperiales: la dinastía prusiana (Hohenzollern), la dinastía rusa (Romanov), la dinastía turca (osmanlí/otomana), y la dinastía austrohúngara (Habsburgo). La guerra no solo causó millones de muertes; dejó además un legado de revolución, bancarrota estatal, proteccionismo y colapso financiero que creó el marco para el ascenso de Hitler, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.
Aún hoy seguimos tambaleantes. El territorio que alguna vez formó parte del imperio otomano –multiétnico, multiestatal y multirreligioso– nuevamente se ve envuelto en conflictos de guerra, desde Libia hasta Palestina-Israel, Siria e Irak. La región de los Balcanes mantiene una atmósfera de resentimiento y división política, Bosnia y Herzegovina se muestran incapaces de instituir un gobierno central eficaz y Serbia se encuentra profundamente sacudida por el bombardeo de la NATO de 1999 y la polémica independencia de Kosovo en 2008, a pesar de su amarga oposición.
El antiguo imperio ruso también experimenta una creciente agitación, una suerte de reacción demorada frente al colapso de la Unión Soviética en 1991: Rusia ataca a Ucrania y continúan los estallidos de violencia en Georgia, Moldavia y otros sitios. En Asia Oriental, las tensiones entre China y Japón –ecos del siglo pasado– son un peligro en aumento.
Como ocurrió hace un siglo, líderes vanidosos e ignorantes se inclinan a la lucha sin propósitos claros ni perspectivas realistas para la resolución de los factores políticos, económicos, sociales y ecológicos subyacentes que dan lugar a las tensiones. Demasiados gobiernos asumen una postura de disparar primero y pensar después.
Consideremos a los EE. UU., su estrategia básica ha sido la de enviar tropas, drones o bombarderos a cualquier lugar que amenace su acceso al petróleo, proteja a fundamentalistas islámicos o cree algún otro tipo de problemas para sus intereses, por ejemplo, los piratas en la costa de Somalia. Así, las tropas estadounidenses, la CIA, los drones con misiles o los ejércitos con respaldo de EE. UU. participan en luchas en toda la zona que se extiende desde la región de Sahel en África Occidental, a través de Libia, Somalia, Yemen, Siria, Irak, Afganistán y más allá.
Toda esta actividad militar cuesta cientos de miles de vidas y billones de dólares. Pero, en vez de solucionar un único problema subyacente, el caos aumenta y amenaza con producir una guerra que se extenderá cada vez más.
El comportamiento ruso no es mucho mejor: durante un tiempo, Rusia respaldó el derecho internacional y se quejó, con razón, de que EE. UU. y la NATO estaban violando el derecho internacional en Kosovo, Irak, Siria y Libia.
Pero el entonces presidente Vladimir Putin apuntó a Ucrania, temiendo que el país se volviera hacia Europa. Repentinamente calló sus afirmaciones sobre el respeto del derecho internacional. Su gobierno luego anexó ilegalmente a Crimea y está llevando a cabo una guerra de guerrillas cada vez más brutal en el este ucraniano (primero a través de representantes y, según parece ahora, con participación directa de las fuerzas rusas).
En este contexto, la suerte del vuelo 17 de Malaysia Airlines es aterrorizante, no solo por su brutalidad sino también como indicio de un mundo enloquecido. Mientras escribo estas líneas, se desconoce quiénes apuntaron y dispararon el misil, aunque los culpables más probables son rebeldes en el este ucraniano, con apoyo ruso. Sobre lo que hay indudable certeza, sin embargo, es que la violencia desatada por la guerra de Putin en Ucrania ha costado cientos de vidas inocentes y acercado al mundo al desastre.
En la actualidad, no hay héroes en las grandes potencias, el cinismo reina en todas las partes involucradas. EE. UU. ciertamente infringe el derecho internacional al recurrir a la fuerza sin autorización de las Naciones Unidas. Envía drones y fuerzas secretas a países soberanos sin su aprobación. Espía implacablemente tanto a sus amigos como a sus enemigos.
Rusia hace lo mismo, inflige muertes en Ucrania, Georgia y otros países vecinos. Las únicas constantes en todo esto son el fácil recurso a la violencia y las mentiras que inevitablemente lo acompañan.
Las principales diferencias entre la actualidad y el mundo en 1914 son cuatro. En primer lugar, hemos pasado desde entonces por dos guerras desastrosas, una gran depresión y una guerra fría. Y tuvimos la oportunidad de aprender una o dos cosas sobre la estupidez y futilidad de la violencia colectiva organizada. En segundo lugar, la próxima guerra mundial en esta era nuclear pondrá, casi con seguridad, fin al mundo.
La tercera gran diferencia es que hoy día, con nuestras maravillosas tecnologías, contamos con todas las oportunidades para solucionar los problemas subyacentes de la pobreza, el hambre, las migraciones forzadas y la degradación ambiental, que crean tantos peligrosos polvorines.
Finalmente, tenemos al derecho internacional, si es que decidimos usarlo. Las facciones beligerantes en Europa y Asia hace 100 años no podían recurrir al Consejo de Seguridad ni a la Asamblea de la ONU, jurisdicciones donde la diplomacia, no la guerra, puede ser la verdadera continuación de la política. Hemos sido bendecidos con la posibilidad de construir la paz a través de una institución global fundada para ayudar a garantizar que la guerra mundial nunca se repita.Como ciudadanos del mundo, nuestro trabajo ahora es exigir la paz a través de la diplomacia y de iniciativas globales, regionales y nacionales que se ocupen del azote de la pobreza, las enfermedades y la degradación ambiental. En este centésimo aniversario de uno de los mayores desastres de la historia humana, hagamos que a las tragedias no sean sucedidas ni por farsas ni por otras tragedias, sino por el triunfo de la cooperación y la decencia.

Traducción al español por Leopoldo Gurman.


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Human Rights Watch denuncia abusos y falta independencia judicial en Venezuela


La organización Human Rights Watch pidió hoy al Comité de Derechos Humanos de la ONU que tenga en cuenta en su próximo análisis los abusos, la falta de independencia judicial y la censura encubierta que existe en Venezuela.
La organización de defensa de los derechos humanos presentó un documento en el que recoge los aspectos “más preocupantes” respecto al cumplimiento por parte de Venezuela del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) de la ONU. HRW alerta del “uso excesivo” de la fuerza de los cuerpos de seguridad venezolanos contra los manifestantes en las protestas surgidas el 12 de febrero de 2014 contra el Gobierno que sufrieron “violentas golpizas”.
Las fuerzas de seguridad “dispararon armas de fuego, perdigones y gases lacrimógenos de manera indiscriminada contra la multitud, y en algunos casos dispararon perdigones deliberadamente y a quemarropa contra personas que no estaban armadas”, indica. Además, “permitieron que pandillas armadas partidarias del Gobierno atacaran a civiles que no estaban armados y en algunos casos colaboraron abiertamente con las pandillas”.
La ONG denuncia los “abusos” contra fotógrafos profesionales y ciudadanos para “impedir que estas personas documentaran las tácticas aplicadas por miembros de las fuerzas de seguridad”. En cuanto a los detenidos, en “muchos casos” permanecieron incomunicados en bases militares durante 48 horas o más antes de ser llevados ante un juez y sufrieron “severas golpizas, descargas eléctricas o quemaduras”, también fueron “obligados a mantenerse en cuclillas o arrodillados, sin moverse, durante varias horas”.
“En algunos casos, los maltratos claramente constituyeron tortura”, afirma HRW, que señala que el hecho de que se hayan cometido “reiteradamente” por miembros de distintas fuerzas de seguridad en tres estados y la capital “avala la conclusión de que los abusos formaron parte de una práctica sistemática”.
Otro de las aspectos que denuncia para que tenga el cuenta el comité de la ONU es la “ausencia de independencia judicial y garantías de debido proceso” ya que según la organización, que entrevistó a decenas de víctimas, indicaron que se les negó el acceso a abogados hasta minutos antes de las audiencias judiciales.
En materia jurídica, señala que desde 2004 el poder judicial dejó de ser un “independiente” y miembros del Tribunal Supremo han manifestado públicamente “su compromiso con promover la agenda política del gobierno”.
La ONG recuerda que el proceso penal contra la jueza venezolana María Lourdes Afiuni en 2009 -que fue encarcelada por haber puesto en libertad de forma supuestamente irregular a un empresario crítico con el Gobierno- “ha repercutido en la independencia de los jueces de tribunales inferiores”. Además, denuncia la “discriminación política” que sufren los funcionarios que no comulgan con las ideas del Gobierno.
Asimismo acusa al Gobierno venezolano de haber atribuido “insistentemente” los sucesos violentos durante las manifestaciones a sus opositores políticos “sin aportar pruebas creíbles”.
En este sentido, señala que acusó al opositor Leopoldo López de ser el “autor intelectual” de las muertes relacionadas con protestas y “actuó rápidamente para conseguir su arresto” por varios delitos, incluido homicidio, que posteriormente retiró “cuando trascendieron grabaciones de vídeo donde se mostraba a miembros de las fuerzas de seguridad disparando contra manifestantes no armados”.
En cuanto a la libertad de expresión, denuncia la “forma abusiva” en la que ha utilizado su potestad de regular los medios de comunicación lo que ha llevado a una “autocensura generalizada”.
HRW denuncia que el Gobierno ha intentado además “marginar” a los defensores de los derechos humanos del país acusándolos “reiteradamente” de atentar contra la democracia venezolana con la colaboración del Gobierno de Estados Unidos. EFE

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EL ABISMO
CARLOS MACHADO ALLISON   
EL UNIVERSAL
Lo peor es que piensan que lo están haciendo bien. Juran que las treinta y tantas misiones, el denso aparato burocrático, controles, inspectores pacotilleros, Fuerzas Armadas y la obsoleta visión marxista del mundo, harán la felicidad de los venezolanos. Tal es la soberbia y la estulticia que a unos, no les permite ver el deterioro del país y a otros, les parece conveniente para el triunfo de la revolución. En efecto las revoluciones solo tienen éxito cuando no hay agua, electricidad, comida, vivienda, educación, servicios médicos, aseo urbano y vialidad. Cuando todo esto falta, cuando todos son pobres, triunfan las revoluciones (Giordani dixit).
Cosechamos 15 años de logros importantes. Tres notorios, la inseguridad personal, la escasez y la pérdida de soberanía. Resultado de un proyecto bien orquestado. Acabaron con la capacidad técnica y el poder de los cuerpos de seguridad, se aseguraron que las cárceles fueran universidades de la delincuencia. Arremetieron contra la producción de alimentos, confiscación de tierras, control de precios y nacionalización de organizaciones como Agroisleña, pero como había un gran flujo de dólares, anclaron la moneda para que los alimentos importados resultaran más baratos. Al final el 50% de la carne bovina es importada, de 9 millones de hectáreas de caña, ahora cultivamos seis, la producción de leche se estancó, pasamos por una crisis con las papas y ahora les toca a las hortalizas cuyo precio se disparó. 
Abastecidos de arroz, ahora dependemos de Guyana y Argentina. El café viene de Nicaragua, la leche UHT procede de Uruguay, Ecuador y Argentina. Necesitamos 4 millones de toneladas de maíz y producimos millón y medio, el resto viene de Estados Unidos y algo de Argentina. Los productores no encuentran agroquímicos, falta maquinaria, la Ley del Trabajo los acorraló, la pobre vialidad, falta de repuestos y lubricantes aumentan los precios. La desconfianza abatió las inversiones y ahora con un predecible año seco, no hay suficientes pozos activos, nuevos reservorios o sistemas de riego. Falta azúcar, café, carne, leche, papel higiénico, envases, tapas, aluminio, aditivos, detergentes, aceite, harina de trigo y de maíz, edulcorantes, alimentos dietéticos, a veces pollo o arroz regulado. Sobra corrupción. No hay dólares para importar medicinas, equipos médicos y repuestos. Pero sí para pagarle a Cuba, hacer donaciones, financiar, corredores de la F1, televisoras multinacionales, misiones "milagro", armas rusas, empresas de maletín, petróleo caribeño y cuanto cachivache produzca el imperio chino, ahora encargado de la prospección de nuestros recursos. ¿Cuántos imperios hay? Formalmente ninguno, se acabaron hacia 1945, pero si por imperio entendemos el tamaño de la economía y la dependencia, entonces la lista es larga: Estados Unidos, China, Alemania, Japón, Francia y Brasil entre otros. Sin soberanía, ¿de quién dependemos? En lo político, de Cuba, en lo económico de China, en lo militar de Rusia, en transporte de China y Brasil. Caímos en el abismo y tan brutos somos que, perdidos en conflictos intrascendentes, ni siquiera nos unimos para evitarlo.

Carlosmach2013@gmail.com

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SOBRE LA PRETENDIDA TRANSICIÓN

RICARDO COMBELLAS

EL UNIVERSAL

No es fácil contestar las preguntas de la transición. ¿Cuál transición?, ¿Hacia dónde se dirige?, ¿Cuál es su propósito, su destino? Inquietantes preguntas sin fácil respuesta. Soñar es hermoso, pero también existen las pesadillas que perturban nuestros sueños y llenan algunas veces de amargura nuestra vida. Para el régimen de la V República, lo dijo mil veces su líder eterno, y lo repiten sus sucesores, no hay marcha atrás. La transición es hacia el socialismo, el llamado socialismo del siglo XXI. Por supuesto que puede haber contramarchas, pasos de aceleración y pasos de disminución, pero el objetivo se mantiene incólume. Si regímenes plenamente totalitarios, como Lenin y la NEP o Mao y sus cien flores, pudieron frenar en un momento dado su proyecto político, para reiniciarlo luego con mayor intensidad, cómo no poder hacerlo una revolución tan peculiar y distinta como la pretendida bolivariana.
Debemos comenzar por detenernos en la naturaleza del régimen y luego hacernos las pretendidas preguntas sobre la transición. Su definición a mi entender es compleja, y no se despacha con un superficial blanco y negro. Primero, es una conjunción de elementos civiles y militares, una alianza estratégica radical, donde tiende a predominar, ante la ausencia del líder carismático, factor fundamental de su unión, su ala militar, más bien diría yo militarista. Su ideología, además, no se atiene al cartabón tradicional de las ideologías del siglo XX. Tiene ingredientes ortodoxos con inclinación al marxismo en su versión cubana, junto a elementos rescatados de la historia patria reinterpretados en clave revolucionaria: el Árbol de las Tres Raíces. A esto hay que agregar la praxis de sus tres lustros en el poder, pues así como la teoría condiciona la praxis, el método dialéctico nos dice que la praxis también condiciona la teoría. Y esto lo digo pues las graves falencias del régimen han estado en la praxis, y allí se localiza su Talón de Aquiles. Cierto que se ha logrado una relativa igualación social y las clases menesterosas han obtenido indudables beneficios en el reparto de la riqueza, olvido flagrante de la IV República en su etapa decadente, pero el costo ha sido demasiado alto: la formación de una nueva clase privilegiada en el Estado y la sociedad, una grosera y excesiva corrupción, como  tal vez nunca habíamos tenido en nuestra historia republicana, y un déficit de eficiencia en la gestión pública manifestado en altos índices de despilfarro. Por último está el tema espiritual, seudoreligioso, el clamor por el líder desaparecido y las preguntas que surgen sobre la rutinización del carisma, un punto no definitivamente resuelto por la revolución chavista.
Otras preguntas que me surgen se relacionan con la idea y el concepto de democracia. Soy irreverente con los puristas si afirmo que no existe un arquetipo de democracia, una suerte de barómetro para sentenciar nuestro puntaje. Sí existe un arquetipo de la democracia, pero es el de la democracia liberal que en buena parte comparto; pero no todas las democracias son liberales y muchas nunca lo han sido ni lo pretenden serlo. Los modelos de democracia varían, como varían las tradiciones históricas y culturales de los países y la fortaleza de sus ideologías dominantes. Para los bolivarianos la democracia está subordinada a los objetivos de la revolución. No se trata de que la democracia sea un concepto adjetivo, pero sí, y esto hay que enfatizarlo, subordinado, repito, a los objetivos revolucionarios. En mi opinión este factor es el que convierte en un difícil acertijo la llamada transición democrática. Por supuesto el que esto escribe así lo quiere pero no se hace ilusiones.
Alguien dijo alguna vez que en Venezuela los ciclos históricos terminan no con votos sino con balas. La violencia, ese feo instrumento que nadie quiere para la transición, sería no la partera de la revolución como diría Engels, sino su sepulturera. Necesitamos mucha inteligencia, prudencia, unión y cordura para conjurarla.

ricardojcombellas@gmail.com


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Mesa de la Unidad: "Hay Unidad para rato"

Luego de una productiva y cordial reunión entre los diferentes integrantes de la Alternativa Democrática se acordó crear una estrategia de lucha cívica para enfrentar a Nicolás Maduro

Prensa Unidad Venezuela (Caracas, 28 de julio de 2014).- Todos los partidos que integran la Unidad Democrática acordaron trabajar en conjunto para articular y desarrollar una estrategia de lucha cívica y constitucional que enfrente al actual régimen que existe en Venezuela. 
El secretario ejecutivo adjunto, Cristóbal Fernández Daló, explicó que este acuerdo surgió luego de un encuentro en el que participaron todos los representantes de la Mesa y que sirvió para debatir sobre los próximos pasos que emprenderá la Alternativa Democrática. “El clima vivido en la reunión de hoy nos permite decir que hay Unidad para rato”, aseguró.
Además, informó que a pesar de las diferencias que existen la reunión fue productiva y cordial. “La Mesa da Unidad abordará las tareas conjuntas necesarias para producir los cambios imprescindibles para la Venezuela de hoy”, resaltó.
Fernández Daló explicó que acordaron organizarse para “rechazar el paquetazo hambreador que prepara este gobierno con más devaluación, más deuda pública, inflación, escasez de alimentos y medicamentos (…) en medio de una espantosa corrupción que ha devorado inmensas fortunas que han debido ponerse al servicio de nuestro pueblo. Es evidente que el modelo que nos han querido imponer desde Cuba es inviable, por eso estamos conscientes del cambio que se exige de un gobierno que se hunde y pretende arrastra al país que estamos obligados a defender”.
Otro de los acuerdos a los que llegaron hoy fue luchar por la libertad de los presos políticos “y la justicia para las víctimas de la violencia”. La Unidad ratificó que trabajará para rescatar “los poderes públicos que son manipulados descaradamente por este gobierno que se despacha y se da el vuelto en los tribunales de la República para criminalizar la disidencia, persiguiendo a los estudiantes y líderes de la oposición”.
Además, informó que se concretará “una reforma organizativa que aspiramos concluya en el fortalecimiento de esta plataforma que no desestimará la participación y opiniones de otros factores políticos y civiles que buscan, igual que nosotros, ese cambio urgente y necesario en el marco de nuestra constitución”. 
Al encuentro asistieron el gobernador de Miranda, Henrique Capriles, la diputada María Corina Machado; el alcalde metropolitano, Antonio Ledezma y miembros de los partidos políticos Voluntad Popular, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, AD, Copei, ABP, Causa R, Proyecto Venezuela, Avanzada Progresista y Movimiento Progresista de Venezuela.

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