domingo, 31 de agosto de 2014

EL VACÍO

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Alberto Barrera Tyszka

Nicolás Maduro y Cristóbal Fernández Daló se parecen.
Los dos comparten una irremediable imagen de transitoriedad. Uno los ve y siente que son eventuales, que están de paso. El caso de Maduro es más grave, por supuesto. No solo por las responsabilidades que tiene sino porque, además, tras todos los intentos, su caso no mejora. Por más presidencias que le den, continúa asociado a la misma marca, como si fuera un interino, tiene un no sé qué de provisionalidad que no se quita con nada. En el caso de Fernández Daló ni siquiera se entiende demasiado bien cómo llegó, por qué está ahí. Tiene la ventaja de saberse una circunstancia, parte de un camino hacia otro lado. Eso los asemeja. Ambos parecen un mientras tanto.
Venezuela debe ser el único país del mundo donde renuncia todo el tren ejecutivo y no ocurre nada. Los funcionarios ponen sus cargos a la orden y todo sigue igual. El mensaje es patético: nos están diciendo que el poder es un limbo. Que los funcionarios son prescindibles. Que es lo mismo si están o no están. Que todo da igual. Así es que se gobierna: no haciendo nada.
Como contraparte, esta misma semana el presidente Maduro, que no parece tener tiempo ni cabeza para enfrentar la renuncia de su gabinete, sí tuvo tiempo y lengua para nombrar y juramentar las nuevas comisiones del PSUV. Todo fue transmitido por VTV, el canal privatizado que ahora tiene la nueva oligarquía. Con los recursos de todos, desarrollan su empresa particular. Quizás Maduro piensa que administrar su partido es lo mismo que gobernar el país. O tal vez le resulta más fácil. O quizás, en el fondo, se sienta más cómodo en la presidencia del PSUV que en la presidencia de Venezuela. Quizás siente que ahí sí puede hacerlo mejor.
En su ausencia, el personalismo de Chávez se hace cada vez más presente. Lo que ocurre ahora también es una evidencia del egocentrismo con el que el líder fundó su nueva república. Un sistema creado para girar siempre a su alrededor. La gerencia pública se transformó en una ceremonia caprichosa y particular. Chávez fue un hombre de gran éxito con las masas. Pero eso no lo convirtió automáticamente en un gran político. Él representa el más perverso clímax de la privatización de lo público. La consigna “todos somos Chávez” también puede leerse como la reducción de la diversidad, bajo el peso de un solo nombre; el sometimiento a la voluntad de un militar que se empeñó en imponerle al colectivo su propia identidad. “Quien no es chavista, no es venezolano”. Lo dijo él mismo en junio del año 2012. Más que una frase, es un síntoma.
Hoy sus herederos son militares, amigos, compadres, militantes, oportunistas…pero no necesariamente políticos. El país se derrumba y el gobierno no gobierna. Todos ponen su cargo a la orden y nadie acepta o rechaza las renuncias. No se toman decisiones. Solo hay amagues, ademanes. El único Plan de la Patria parece ser la inercia.
Del otro lado, la oposición también heredó el sistema sin eje, la ausencia de Chávez. Lentamente, ha ido acompañando al gobierno en su propio deterioro. El país se derrumba y la oposición convoca a un cacerolazo. No puede ser ésa su mejor reacción ante una crisis social cada vez más creciente. En más de un sentido, parece compartir también la parálisis política que vive el gobierno. La MUD ya luce como una larga despedida familiar. Es la consecuencia menos trágica de La Salida que, por lo que se ve, ya nadie desea recordar. Los líderes que juraban no abandonar la calle, ahora quieren organizar debates y congresos. Los presos corren el riesgo de quedarse solos. Hay mucho candidato a notable o a pre notable buscando cupo mientras los ciudadanos, convocados por Carlos Raúl Hernández y Alonso Moleiro tratan de organizarse para promover la unidad, para exigir más y mejor política.
De eso se trata. Siempre volvemos al mismo ay. Dice Colette Capriles que vivimos “en el reino de la antipolítica”. Ahora tal vez empecemos a sentir que donde reina la antipolítica, gobierna el vacío.

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sábado, 30 de agosto de 2014

INDICES DE INFLACIÓN EN AMÉRICA LATINA
AÑO 2013


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LA TERCERA UTOPÍA

Demetrio-magnoli
Demétrio Magnoli
FOLHA SAO PAULO
Asustados, PSDB y el PT propagan la leyenda de que el ascenso de Marina Silva se debe a la conmoción generada por la muerte trágica de Eduardo Campos. Ellos saben que es otra cosa. 
En Brasil, los electores buscan administradores, gerentes, cuando se trata de disputas municipales o provinciales. En las elecciones presidenciales, más bien, buscan la personificaçión de una utopia posible. Fernando H. Cardoso y Lula llegaron a Planalto en las alas de grandes ambiciones. Hoy, es Marina quien aparece como la representación de una ruptura profunda.
La utopia asociada a FHC puede ser sintetizada por las ideas de estabilización y modernización. Desde el segundo mandato tucano, sin embargo, el PSDB abandonó el senderode las reformas y, bajo el fuego de la crítica petista, borró el horizonte utópico con los colores grises de la "capacidad gerencial". Las candidaturas de Alckmin (2006) y Serra (2010) no fueron previsíbles fracasos electorales, sino innegables desastres políticos. Aécio Neves es un heredero de la pérdida de rumbo y, aunque tanteó en la dirección correcta, nunca consiguió atravesar la frontera del electorado tucano para seducir la mayoria desencantada con el lulopetismo.
La utopia asociada a Lula puede ser sintetizada por la ideas de igualdad y justiçia social. Empujado por los vientos de popa de la economía mundial, el potencial utópico del lulopetismo duró un mandato más que los dos tucanos, pero se encerró en el cuadrienio de Dilma Rousseff. Sus reformas sociales prácticamente se agotaron en las políticas de crédito y transferências de renta que ayudaron a estimular el boom de consumo popular. Hoy, en un sentido fundamental, el PT  se convirtió en una nueva Arena: el partido cuya fuerza emana del control de la máquina pública. El mapa de las intenciones de voto en la candidata-presidente evidencia una regresión política del partido que trazó su camino al poder entre los electores de alta y media escolaridad de los grandes centros urbanos.
Marina aparece como representación de la tercera utopia, muy nítidamente expresada en las Jornadas de Junio de 2013. El mapa del voto "marinista", bastante inclinado en la dirección del Centro-Sur y de las mayores ciudades, revela que la voluntad mayoritária de cambio tiende a concentrarse en torno de ella. La "nueva política", divisa un tanto misteriosa de la candidata, traduce la ambición de recuperación del Estado como cosa pública, es decir, como instrumento de los ciudadanos para la gestión de los bienes públicos.
La ruptura propuesta por Marina anida en una paradoja. De un lado, la candidata embiste contra el PT y el PSDB, presentándolos como facetas enfrentadas de un mismo "viejo orden" que debe ser superado. De otro, ensaya una extraña invitación para que los dos partidos rivales ocupen lugares en su hipotético gobierno. FHC y Lula juntos, bajo el paraguas de Marina, como sugirió Eduardo Giannetti, un asesor del círculo interno del "marinismo", significaría la repentina abolición, por un mero acto de voluntad, de las divergencias de fondo sobre el Estado, la economía y la sociedad que marcan el debate brasileño desde el fin de la dictadura militar.
El discurso de la "tercera via" es, siempre, tan atrayente cuanto peligroso. Definirla como una unión de los polos políticos tradicionales equivale a disolver la idea de cambio en un caldo fino de un falso consenso. Las palabras de Giannetti obedecen, tal vez, a una finalidad utilitaria de rebatir la crítica que apunta a las carencias de una estructura partidista sólida y de cuadros administrativos experimentados en el movimiento "marinista". No obstante, detrás de ellas se divisa el espectro del gobierno de unidad nacional, recurso al que las democracias apelan solamente en casos de guerra o de colapso social.
En principio, las elecciones tratan sobre probabilidad, no sobre la verdad. Una buena campaña electoral es aquella capaz de reducir la distancia entre una y otra. Por lo pronto, la utopía de cambio personificada en Marina circula en la esfera de las probabilidades..

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Los 8 millones de petrodólares que Chávez inyectó en el Arcis

Miguel Paz
EL MOSTRADOR CHILE

Las platas bolivarianas fueron entregadas en enero por el banco del Estado venezolano para ir en ayuda de la casa de estudios. La embajadora María Urbaneja habría sido pieza clave en las gestiones con Caracas para obtener los fondos. Una vez recibidos, Marambio y el PC aprovecharon de pedir la salida de los otros socios y tomar el control total de la universidad, a través de su inmobiliaria Libertad.
No contaron billetes uno por uno ni necesitaron un “valijero” como Guido Antonioni Wilson, el venezolano detenido el año pasado en el aeropuerto de Ezeiza intentando ingresar ilegalmente 800 mil dólares a la Argentina. Pero recibieron $8 millones de dólares luego de viajar a Caracas, para sellar el acuerdo que habría sido visado por el presidente venezolano Hugo Chávez y monitoreado por su embajadora en Chile, María Urbaneja.
La historia de cómo el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes), de propiedad estatal, hizo en enero pasado el millonario préstamo a la Universidad Arcis, de propiedad del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL), del Partido Comunista; la Fundación Joel Marambio, del empresario y ex mirista Max Marambio; y la Fundación Salvador S.A., de Jorge Arrate, Roberto Celedón, José María Bulnes y Adil Brkovic, se remonta al sábado 10 de noviembre del año pasado.
Ese día, aprovechando su participación en el encuentro alternativo a la XVII Cumbre Iberoamericana, la casa de estudios dio a Hugo Chávez Frías el grado de Doctor Honoris Causa. Y durante su estadía en Chile, el mandatario habría manifestado su disposición a otorgar un mayor apoyo a la Universidad del que ya le estaba dando desde 2005, mediante un acuerdo de intercambio académico con la Universidad Bolivariana de Venezuela, creada por él.
Una de las formas de hacerlo fue sellar un nuevo convenio, esta vez entre Arcis y la Fundación Gran Mariscal Ayacucho, institución adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior, que entrega becas para que venezolanos estudien en alguno de los programas de postgrado de Arcis. Son cerca de 200 becas.
La otra vía fue la entrega de un crédito blando del Bandes, para resolver la situación financiera de Arcis, por cerca de $8 millones de dólares (alrededor de $4 mil millones de pesos) pagadero a 20 años, con un interés anual del 3,3 por ciento y un año de gracia antes de empezar a pagar.
Cómo se gestó el préstamo
Pieza clave en la obtención de los recursos frescos para la casa de estudios, que venía de enfrentar una seria crisis luego de una toma que se prolongó desde el 23 de mayo al 15 de junio de 2006 y que dividió en dos bandos a los socios de la Universidad, habría sido la embajadora de Venezuela en Santiago, María Urbaneja, quien no respondió los llamados de El Mostrador para pedirle su versión de los hechos.
Por aquel entonces el cineasta Sergio Trabucco era secretario general del directorio de la Universidad y, según fuentes de la casa de estudios, propuso sondear entidades bancarias chilenas para conseguir un préstamo. “Pero como ni siquiera el BancoEstado estuvo dispuesto a prestarle plata al Arcis, él apeló a su cercanía con la embajadora María Urbaneja, con quien es íntimo”, explica otro personero que conoció las gestiones de primera mano.
Trabucco estuvo exiliado varios años en Venezuela, donde logró forjar una nutrida red de amistades en el mundo intelectual y político de izquierda, incluida Urbaneja, a quien conoce desde los tiempos de la Unidad Popular. Debido a ello, le planteó a la diplomática la necesidad de conseguir un crédito blando, amparado en los activos de la universidad, para repotenciar la casa de estudios.
Una vez que desde Caracas llegó el visto bueno para estudiar el préstamo del Bandes, entidad supeditada al Ministerio del Poder Popular de las Finanzas, habrían viajado a Venezuela Juan Andrés Lagos, encargado de relaciones internacionales del PC, su compañero de partido, el vicerrector de gestión y finanzas de Arcis, Galo Eidelstein, y el propio Max Marambio, quien quería cerciorarse por sí mismo de la concreción del préstamo.
Meses antes el ex escolta de Salvador Allende y amigo íntimo de Fidel Castro habría expuesto el interés de vender su parte de la Universidad, materia que incluso se habría discutido con representantes de la Corporación Santo Tomás, del fallecido Gerardo Rocha, y del Instituto Los Leones, ligado a Fernando Vicencio. La perspectiva de la inyección de dinero venezolano le habría hecho cambiar de opinión.
El millonario préstamo se cerró en enero. Para eso viajó a Caracas el rector de Arcis, Carlos Margotta -quien no respondió los llamados de este medio- y se reunió con directivos del Bandes, oficializando la operación financiera.
Entonces comenzaron los problemas, aseguran altas fuentes de la casa de estudios que discrepan de cómo se maneja el proyecto universitario.
Toma de control
En principio la idea del préstamo habría sido que llegara directamente a la Corporación Universidad Arcis para sanear las finanzas. Pero en enero cuando los recursos se entregaron, aseguran altas fuentes de la casa de estudios, Marambio y el PC acordaron que los US$8 millones deberían entrar a la Inmobiliaria Libertad S.A., y ser derivados a la Corporación por esta.
Libertad S.A. fue creada en octubre de 2004 cuando Marambio y el PC ingresaron como “socios estratégicos” a la Universidad para ayudar a paliar “solidariamente” el déficit económico de Arcis. Libertad nació con un aporte de 600 millones de pesos de la Fundación Joel Marambio, 600 millones de ICAL (provenientes de la venta de inmuebles devueltos al PC por el Estado), y cerca de 320 millones contribuidos por Fundación Salvador S.A., creada para estos efectos por los miembros de la Corporación, Jorge Arrate, Roberto Celedón, José María Bulnes y Adil Brkovic. El porcentaje de propiedad de la Inmobiliaria quedó establecido en un 25% para cada socio y el 25% restante fue a la Corporación Universidad Arcis, que siguen integrando los académicos.
La condición impuesta por los históricos para aceptar a Marambio y el PC como “socios estratégicos” bajo la nueva estructura fue que la sociedad duraría hasta salir de la crisis. Luego Libertad S.A. debería restituir los bienes inmuebles a la Corporación Universidad Arcis, y los socios estratégicos, una vez recuperado el capital invertido, dejarían de participar en la sociedad.
El viernes 4 de abril pasado, Marambio en su calidad de presidente de la Corporación, citó una asamblea de directorio y planteó algo distinto. En la reunión, dicen testigos del encuentro, el empresario y sus aliados de ICAL pidieron la salida de la Fundación Salvador, y el despido del contralor de la Universidad y socio de Salvador, Adil Brkovic, así como de Sergio Trabucco, artífice de las gestiones con la embajadora Urbaneja, la cual se habría enterado por boca de su amigo de lo que estaba pasando.
A través de Nazareno S.A. Marambio compró en tres cuotas las acciones de la Fundación Salvador en una cifra cercana a los 320 millones de pesos que la empresa puso en 2004. De esta forma, el ex GAP se convirtió en socio mayoritario seguido por ICAL. Así, apenas cuatro años después de haberse incorporado al proyecto, el empresario y el PC se transformaron en los únicos dueños de la Universidad.
Las armas de ayer y hoy
Tras su retiro del directorio de la Corporación y ser despedido de su trabajo en Arcis, Trabucco entró en un silencio que sólo rompió en junio pasado cuando envió una carta abierta a la comunidad académica.
Titulada “La Comunidad Arciana frente a Las Armas de Hoy”, en directa alusión a las memorias de Marambio “Las Armas del Ayer”, Trabucco calificó la operación como un “Golpe Blanco” y dio a conocer su versión de los hechos.
Denunció también que para llevar a cabo su plan, Marambio y el PC “vendieron y se compraron a si mismos y sin consultarle a sus dueños, el 25% de las acciones que la Corporación tenía en la inmobiliaria de la Universidad, haciéndose así de un porcentaje que corresponde a toda la comunidad ¡y que nunca estuvo en venta!”.
El último párrafo de la extensa misiva no deja lugar a dudas respecto a la animadversión a sus ex socios: “Las Armas de Hoy, las del saqueo y el lucro, estrenadas por la derecha, pareciera que están dando resultados en una universidad libertaria como la nuestra”.
Trabucco no quiso conversar con El Mostrador. Argumentó que está preparando acciones judiciales contra los nuevos dueños de la Universidad y que no hablará hasta hacerlas efectivas.
Reconocimiento a medias
La versión de petrodólares fluyendo hacia las arcas universitarias fue desmentida en todos los tonos por las máximas autoridades de Arcis cuando Hugo Chávez recibió el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad. Entonces Marambio aseguró que el único nexo con Venezuela es académico.
Consultado por El Mostrador, Eduardo Contreras, abogado de Marambio, militante PC y secretario del directorio de la corporación universitaria, dijo desconocer todo lo relativo a los dineros venezolanos.
Sin embargo, la llegada de las platas de Chávez a Arcis sí fue informada a los trabajadores en junio pasado. Sin detallar el origen chavista del dinero, Jorge Echeverría, ex gerente general de Los Silos de Nazareno (empresa de Marambio que intentó impulsar la creación de un aeródromo en Buin), aseguró a la directiva del Sindicato de Trabajadores que “ingresaron nuevos aportes de los socios de la corporación” en forma de un préstamo blando de $4.000 millones pagadero a 20 años con un 3,3 por ciento de interés anual y con 1 año de gracia.
Los dineros irán a cancelar la deuda histórica de la Universidad, a la creación de una Escuela de Postgrados y a publicidad y marketing para admisión de nuevos estudiantes. “Nada se menciona para invertir en el capital humano, ni menos cancelar la deuda a los trabajadores”, se indica en el acta de la reunión realizada el 1 de julio, donde la directiva del Sindicato informó a sus socios la noticia y analizó si el gremio irá a huelga para presionar por mejoras salariales.

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ISIS: TACTICA, ESTRATEGIA Y EFICACIA

Mauricio Meschoulam

No habían transcurrido demasiados días del inicio de los bombardeos estadounidenses en contra del grupo militante llamado Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS por sus siglas en inglés, o simplemente Estado Islámico), cuando el video que mostraba la decapitación del periodista estadounidense Foley, circulaba por todas las redes. A pesar del intento de parar su viralización, el efecto había sido provocado.
Los temas en la agenda no eran ya los éxitos de dichos bombardeos contra ISIS, o la recuperación por los kurdos de la presa de Mosul. ISIS, con una estrategia psicológica altamente eficaz, reorientaba la discusión hacia temas sumamente escabrosos para Obama, tales como lo “apresurado” del repliegue estadounidense de Irak, su “pasividad” en cuanto a la guerra civil siria, o incluso su negativa al pago de rescate por sus connacionales secuestrados, a diferencia de algunos gobiernos europeos. Mientras tanto, ISIS redirigía sus esfuerzos nuevamente desde Irak hacia Siria y capturaba rápidamente una importante base aérea en ese país, ocasionando ahora que la atención de la Casa Blanca se destine a la necesidad de atacarle no solo en Irak, sino también en Siria.
Este es solo un ejemplo que muestra primero, la capacidad de ISIS de mantener la iniciativa a través de acciones veloces, sorpresivas y sumamente efectivas. Segundo, el empleo de tácticas terroristas en su más estricto sentido: el uso de la violencia para conseguir un efecto psicológico en amplias audiencias y de este modo generar alteraciones en opiniones, actitudes y conductas, y así provocar presión sobre sus enemigos. Y tercero, su muy hábil combinación de este tipo de instrumentos psicológicos con tácticas que incluyen tanto el ataque y repliegue, como la toma y conservación del control de posiciones estratégicamente pensadas.
Es decir, ISIS es a la vez un grupo terrorista, un ejército y ahora un gobierno. Lo primero lo aprendió de su amplia experiencia como parte de Al Qaeda en Irak, por cierto, el país con más ataques terroristas del 2003 a la fecha. Sus métodos incluyen desde ataques contra edificios públicos, mercados o autobuses, entre otros objetivos similares, hasta el uso de redes sociales para publicitar la violencia perpetrada a soldados enemigos, o a civiles que no cumplen con las demandas del grupo y así provocar pánico masivo ante la sola mención de su presencia. Lamentablemente, la eficacia de este tipo de tácticas, nos hace suponer que seguirán siendo empleadas con frecuencia. Y más, a medida que el grupo se sienta cada vez más asediado por bombardeos de ejércitos regulares.
Pero lo que sorprende a muchos, es que ISIS no se comporta como un grupo terrorista típico. Esta organización ha sido capaz de tejer una compleja alianza con exmilitares iraquíes sunitas, con experiencia procedente de tiempos de Saddam Hussein y quienes hoy están resentidos no solo con Washington, sino también con el gobierno iraquí, cuyas prácticas sectarias les han aislado a lo largo de los años. Así, la mano castrense se puede apreciar con claridad: ISIS ha trazado con mucho detenimiento sus líneas de operación y ha implementado un control efectivo sobre buena parte de los territorios sirio e iraquí, asegurando posiciones estratégicas no solo desde la óptica militar, sino también desde la perspectiva económica.
Por último, a medida que esta organización toma control de más y más localidades, debe también comportarse como gobierno, manteniendo la operación de funciones cruciales, que van desde el sostenimiento financiero del autodeclarado califato, hasta las funciones cotidianas desempeñadas por técnicos y burócratas.
Por consiguiente, el nombre de Estado Islámico cobra sentido y muestra con claridad que las metas de esta organización no solo están en las mentes de su dirigencia, sino en la eficacia del modo como las están alcanzando. Y esto último es lo que está produciendo un doble efecto: Por un lado, el grupo consigue posicionarse ante seguidores actuales y potenciales, como el más legítimo y efectivo portador de la Jihad, frente a otros como Al Qaeda, con quienes entran directamente en colisión. Y por el otro lado, ISIS se proyecta como ese grupo que mantiene siempre la iniciativa, que consigue amenazar a enemigos estatales y no estatales, que logra hacer que se hable de lo que quiere que se hable y que, ante cada una de sus acciones, se reaccione precisamente como quiere que se reaccione. Combatirle, por tanto, va a implicar un mucho mayor entendimiento de su modo de operar que el que hasta ahora se ha exhibido.

Analista internacional

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ARGENZUELA Parte I

Editorial La Nación Argentina
30 de agosto 2014

Américo Vespucio bautizó "pequeña Venecia" a las nuevas tierras que hoy conforman Venezuela. Se equivocó Vespucio en su predicción, pues bajo la cuenca de Maracaibo había un enorme mar de petróleo y el diminutivo le quedó chico. El nombre de nuestro país, en cambio, nunca fue diminuto. Nació asociado a la prosperidad, pues la Argentina era el camino hacia el "argentum", la plata que se encontraría remontando el río color león. Aquí se equivocó el poeta Martín del Barco Centenera, pues la "plata" provino del cultivo de la tierra y no de tesoros del inca peruano.
La pequeña Venecia fue una gran nación, cuna de Simón Bolívar, Francisco Miranda, Andrés Bello, Rómulo Gallegos y Arturo Uslar Pietri, entre tantos patriotas e intelectuales. Lamentablemente, también tuvo al dictador Marcos Pérez Jiménez y a su admirador, Hugo Chávez Frías, presidente de la República Bolivariana de Venezuela desde 1999 hasta su muerte, en 2013. Dos militares, uno de extrema derecha y el otro, socialista. Ambos unidos en su visión totalitaria del gobierno, en su populismo y corrupción.
El kirchnerismo encontró en Venezuela el modelo para construir un Estado desmesurado en una Argentina diminuta. Para hacer de la Argentina una Argenzuela.
Néstor Kirchner advirtió que la soja argentina, como el petróleo venezolano, servía para acumular poder mediante empleos públicos, subsidios tarifarios y estrafalarios, jubilaciones sin aportes, pensiones sin razones, sometimiento provincial y clientelismo popular. Y muchos planes para militar y haraganear antes que para trabajar.
En ambos países, la desmesura presidencial pretendió hacer añicos la división de poderes, la independencia del Poder Judicial y la libertad de prensa. Poco quedó del nombre "República" a la designación oficial de las dos naciones.
Como todo proceso autoritario, aquí y allí se atemorizó a la población con la amenaza de enemigos internos y externos. Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, denunciaron conspiraciones. Cristina Kirchner, buitres de adentro y buitres de afuera. Al momento de definir aliados, Irán, Siria, Libia y los gigantes Rusia y China fueron los socios dilectos de chavistas y kirchneristas. Esto es, países de una ostensible fragilidad institucional.
La enorme billetera de Chávez permitió soslayar al Fondo Monetario Internacional. La Argentina emitió bonos por más de 4000 millones de dólares que tomó nuestro mentor, a una tasa usuraria. El dinero corrió también en sobres y valijas, en aviones y vehículos oficiales. Una inspectora descubrió allá por 2007 una valija repleta de dólares de Guido Alejandro Antonini Wilson, que según su portador estaban dirigidos para la campaña de Cristina Kirchner. De acuerdo con Antonini, la valija era de Claudio Uberti, por entonces mano derecha del ministro Julio De Vido. Uberti fue sobreseído. No ocurrió lo mismo con Eduardo Sadous, ex embajador en Venezuela, quien denunció una "embajada paralela" en Caracas, manejada por Uberti, para hacer negocios non sanctos. Como en el reino del revés, quien fue injustamente procesado por falso testimonio agravado fue Sadous.
Como en todo populismo, en Venezuela y la Argenzuela (nos duele escribirlo así) se destruyó la cultura del esfuerzo y del trabajo, el ahorro y la inversión privada, se politizaron todos los ámbitos del quehacer colectivo y la población fue cada vez más dependiente del Estado.
Chávez lanzó diversas "misiones", para lograr "en la próxima década, cero pobreza". Las misiones se financiaron con la burbuja petrolera, inflada con precios de 150 dólares por barril en 2008, que cayeron a la cuarta parte a fines de ese año. La soja había llegado a 600 dólares la tonelada y también cayó a menos de 400 en un santiamén. Al agotarse los recursos públicos, el rey quedó desnudo y ambos países se arroparon en la inflación, los controles y la persecución empresaria para ocultar el lado más oscuro de sus partes pudendas.
El año pasado, Venezuela tuvo la mayor inflación del mundo: un 56,2%. Su mejor alumna, la Argentina, hizo un gran esfuerzo imprimiendo billetes y acaba de obtener el bronce, con el 36,9% de inflación interanual. En contrapartida, países como Chile, Perú, Ecuador o Colombia registraron tasas inferiores al 3%. Aun Bolivia y Paraguay tienen niveles de inflación apenas superiores a ese dígito y muy distantes del argentino.
La inflación genera pobreza, exclusión e inequidad. En Venezuela y en la Argentina, la pobreza supera el 27%. Si la violencia es resultado de la desigualdad, no es de extrañar que la inseguridad haya crecido en ambos países. Entre los venezolanos, la tasa de homicidios es de 53,7 por cada 100.000 habitantes, cuando la tasa promedio mundial es algo inferior a 7. En nuestro país, la tasa es creciente, sobre todo en el conurbano, y es indecorosa la referida a las muertes de agentes policiales. La pobreza y las drogas colocan a la Argentina en la tasa de robos más alta de América, 973 cada 100.000 habitantes, cuando el promedio es de 456.
Con su tercer mandato, Chávez abandonó la actitud reformista, para adoptar el llamado socialismo del siglo XXI, con el lema "Patria socialista o muerte", semejante a nuestro "Vamos por todo". A partir de entonces, su dedo índice bastó para señalar el límite entre lo público y lo privado: "¡Exprópiese, exprópiese!", fue el latiguillo del comandante de Sabaneta para ordenar expropiaciones, como los zares rusos.
Al compás de sus humores, dispuso una ola de expropiaciones de empresas en áreas estratégicas, como la telefónica, la alimentaria y la petrolera. Se nacionalizaron 1168 compañías en una década. En su impulsiva ignorancia, mezcló industrias básicas con alimentos y supermercados con ferries o teleféricos.
Así, expropió la Biblia y también el calefón. En la Biblia del estatismo están los teléfonos, el petróleo, la energía y el acero. Para la petrolera Pdvsa, los yacimientos en la Faja de Orinoco, de ExxonMobil. Para los sindicatos, la siderúrgica Sidor, subsidiaria de la argentina Tenaris, y toda la industria cementera: la colombiana Cemento Andino, la francesa Lafarge, la suiza Holcim y la mexicana Cemex. También la energía pasó a la gestión burocrática, como Electricidad de Caracas (ex AES). Y para incomunicar al país, estatizó la Compañía Anónima Nacional de Teléfonos de Venezuela.
"Ordeno que se abra un expediente con miras a un proceso expropiatorio de la cadena Éxito", bramó el comandante y allí se encontraron los franceses del grupo Casino, sin su supermercado. "Exprópiese", dijo respecto del principal fabricante de envases de vidrio Owens Illinois, supuestamente por explotar a los trabajadores y contaminar el medio ambiente. Cargill fue intervenida por atentar contra la ley de producción de alimentos. Y para garantizar la seguridad alimentaria, la petrolera Pdvsa adquirió Lácteos Los Andes. Por la misma época, el gobierno compró el Banco de Venezuela al Santander y, de manera forzosa, la cadena Hilton.
Las empresas de capital local tampoco fueron exceptuadas. Supermercados Cada, Molinos Nacionales, la Industria Nacional de Ferretería, la textilera Silka y el Teléferico de Caracas, entre otras. Hasta el ferry a la Isla Margarita pasó a la gestión pública.
Como indica el manual bolivariano, antes de que desaparezca el capitalismo, se debe beneficiar a los amigos para que ahorren en el exterior, una derivación tropical del socialismo que sorprendería al propio Marx. En Venezuela, la "boliburguesía" se enriqueció con Pdvsa, el narcotráfico, la sobrefacturación de importaciones y las operaciones con bonos argentinos.
En la Argentina, se crearon varios imperios particulares, a contrapelo del éxodo de inversores externos, con el apoyo estatal. Cristóbal López pudo hacer rentable Alcalis de la Patagonia; pagó a Petrobras sus estaciones de servicio con el impuesto a los combustibles, y se quedó con Radio 10 y C5N. Este Cristóbal tuvo más suerte que el genovés, pues fue coronado como rey del juego mediante el inolvidable decreto que lo "intimó" a quintuplicar las tragamonedas de Palermo y le extendió la concesión por muchos años más.
El imperio patagónico de Lázaro Báez incluyó estancias sumergibles y hoteles alquilados y no ocupados, además de sociedades en el estado de Nevada, EE.UU. Otros amigos del poder se las ingeniaron para convertirse en grandes contratistas del Estado. Y la sumisión al relato oficial hizo posible que el grupo Szpolski, financiado con pauta publicitaria, ahora también aspire a operar en telefonía móvil, si logra comprar Nextel en la región.
El capitalismo de Estado, al estilo de Venezuela, nunca fue la idea de Néstor Kirchner. Prefería controlar las empresas y, eventualmente, que las comprasen los amigos (capitalismo de amigos), como intentó con Telecom o con Telefé.
Las estatizaciones se produjeron por motivos coyunturales o fracasos de gestión, llámense Correo Argentino, Aguas Argentinas, Aerolíneas Argentinas, Tandanor y varias líneas ferroviarias. Luego Kicillof apuntó a YPF, motivado por sus apuros de tesorería. Y desde allí se entrometió en Profértil, Compañía Mega, Petroken y Metrogas.
La expropiación de los fondos de las AFJP permitió a la Anses gastar el ahorro de los jubilados en planes "de cadena nacional" y designar jóvenes camporistas para disciplinar los directorios de numerosas empresas de capital abierto.
En tiempos de la Argentina mayúscula, se adoptó el modelo de los países exitosos, fomentando la educación y el trabajo verdadero. Ese modelo permitió atraer a todos los excluidos del mundo, quienes formaron aquí sus familias, construyendo sus casas, ahorrando con libreta y enorgulleciéndose de tener un "hijo dotor". Inexplicablemente, las actuales autoridades parecen decididas a borrar de nuestra memoria ese pasado y a convertirnos en Argenzuela, paria mundial donde crecen la inflación, la pobreza, la violencia, el narcotráfico y la drogadicción. Como ocurre en nuestro actual modelo, la Venezuela chavista

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La tercera guerra mundial



   Loretta Napoleoni

La tercera guerra mundial es una nebulosa de conflictos que recuerdan a los de la era premoderna, engendrados no por Estados soberanos, sino por caudillos, terroristas y mercenarios, cuyo supremo objetivo es la conquista del poder para explotar poblaciones y recursos naturales. De Nigeria a Siria, del Sahel a Afganistán, la víctima de las nuevas guerras es la población civil. En Nigeria, Amnistía Internacional calcula que han muerto en los últimos 12 meses 4.000 personas, sobre todo civiles, por los ataques de Boko Haram y el ejército nigeriano.
También hallamos datos similares en Europa. Según Naciones Unidas, desde abril de este año, el conflicto entre los separatistas prorrusos y el ejército nacional ucranio ha causado la muerte de más de 2.000 personas, si bien muchos consideran que esa cifra es inferior a la realidad. Es decir, nos encontramos con unas guerras premodernas en la era tecnológica, un binomio letal que multiplica por cien los riesgos para la población civil. El ejemplo más claro es el derribo “por error” de un avión de la compañía Air Malaysia cuando sobrevolaba el este de Ucrania a 10.000 metros de altitud.
Han desaparecido las trincheras, los campos de batalla y las normas internacionales que rigen el comportamiento de los ejércitos regulares. El Convenio de Ginebra es papel mojado. Los crímenes de guerra, el genocidio, la limpieza étnica y la limpieza religiosa forman parte integrante de la nebulosa bélica. De nuevo en Nigeria, Amnistía Internacional ha rodado imágenes de soldados nigerianos y miembros de la milicia civil, la Civilian Joint Task Force, degollando a prisioneros acusados de pertenecer a Boko Haram y arrojando después los cuerpos decapitados a una fosa.
De acuerdo con Mary Kaldor, profesora en la London School of Economics y autora de Las nuevas guerras. Violencia organizada en la era global (Tusquets, 2001), la globalización ha hecho que algunas regiones hayan retrocedido a unas condiciones no muy distintas de las que describía Hobbes cuando decía que la vida en estado natural era brutal y breve debido a la anarquía en que se veía obligado a vivir el hombre. De hecho, la globalización ha socavado la estabilidad de los regímenes autoritarios, por ejemplo, en Siria y Libia. La caída de Gadafi en 2011 produjo un vacío político que las milicias tribales, desde los grupos liberales hasta los islámicos, han ocupado con la violencia. El objetivo de todos es la conquista del poder político y económico para sacar provecho, no la creación de un Estado democrático ni mucho menos de una nación nueva.
La globalización ha contribuido al bienestar en algunos lugares, como China o Brasil, y a la pobreza en muchos otros, como Oriente Próximo y África. La crisis alimentaria en ciertas regiones africanas, vinculada en parte al cambio climático y en parte a la carrera de los países ricos para apoderarse de los recursos alimentarios del continente, ha extendido la inseguridad y ha fomentado los conflictos armados de tipo religioso y étnico. En Mali, los tuaregs separatistas y varias facciones islámicas luchan entre sí y contra el Gobierno; en la República Centroafricana, las milicias cristianas y musulmanas están envueltas en una guerra sanguinaria que corre peligro de convertirse en genocidio; en el Magreb, Al Qaeda está en activo en casi todos los países.El proceso de degeneración del Estado es, por consiguiente, la causa principal de que los conflictos actuales sean de carácter premoderno, siempre ligados a motivos económicos, es decir, al empobrecimiento de la población, que es un rasgo que desmoderniza la sociedad. Durante el decenio de sanciones económicas contra Irak, el país pasó de tener la escolaridad más elevada del mundo árabe a ser un Estado en el que las mujeres no tenían derecho a trabajar. El proceso de islamización ha avanzado en paralelo al de empobrecimiento.
Lo que da homogeneidad a la nebulosa es la violencia, tan brutal como la de la era premoderna. El último ejemplo es el asesinato del periodista estadounidense James Foley a manos del Estado Islámico (EI o ISIS en sus siglas en inglés), un vídeo que ha recorrido el mundo. Sin embargo, es un error pensar que la guerra de conquista para crear el califato islámico pertenece a la categoría de los conflictos premodernos descritos. El EI constituye una mutación nueva y peligrosa porque, a diferencia de los demás grupos, su objetivo es apoderarse de recursos estratégicos, como los pozos de petróleo y las presas, para construir una nueva nación que sea la versión contemporánea del califato antiguo. Es decir, su propósito es muchísimo más ambicioso.
Su sofisticada propaganda pretende fomentar la imagen de un Estado legitimado por los musulmanes, no solo los que habitan dentro de sus fronteras, sino también los de fuera; Abubaker al Bagdadi no se presenta como un caudillo, sino como el nuevo califa, el descendiente del profeta Mahoma. El Estado Islámico difunde las imágenes de un ejército regular, muy distinto de los grupos armados de Al Qaeda y Boko Haram, que lucha en el campo de batalla con armas modernas, en su mayoría de origen estadounidense y ruso, robadas respectivamente al ejército iraquí y al sirio. Aunque uno de sus empeños es la limpieza sectaria y religiosa, es ecuménico, y ofrece a cualquiera la posibilidad de convertirse al salafismo suní y convertirse así en súbdito del califato.
El Estado Islámico es una amenaza no solo para los regímenes de Oriente Próximo, sino para la idea fundamental de Estado moderno, que no se basa en la sumisión, como hacía el premoderno, sino en el consenso de quienes forman parte de él. Su victoria sería devastadora para el mundo entero.
Loretta Napoleoni es economista.
Traducción de M. Luisa Rodríguez Tapia.

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