domingo, 28 de septiembre de 2014

VENEZUELA: LA TERCERA INVASIÓN

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   Antonio Navalón

El cambio geoestratégico que se está produciendo en América tiene varios componentes. El más importante es la sustitución, aunque sin repercusiones políticas inmediatas, de la potencia aún dominante (Estados Unidos) por otras fuerzas económicas, como ocurre con la paulatina ocupación de la zona por China.
Prestarle dinero al país que sigue teniendo las mayores reservas de petróleo del mundo tiene poco misterio, en el sentido de que —si Venezuela no estalla políticamente— siempre se podrá recuperar la inversión.
Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de Caracas, con un flujo cercano a los 70.000 millones de dólares anuales. Sin embargo, de golpe, como pasó un día con los chavistas y luego con los cubanos, los chinos empiezan a multiplicarse en todos los sectores de la economía venezolana.
No es sólo que Venezuela sea el mayor consumidor de celulares fabricados en China de toda América Latina, no es sólo que nadie sepa la cifra de los médicos cubanos que trabajan en las misiones o el número exacto de consejeros militares, es que en un país con una población relativamente pequeña (menos de 31 millones de habitantes) hay más de 400.0000 chinos.
Chinos y venezolanos han establecido una relación económica bilateral que ha crecido exponencialmente en los 15 años de chavismo y que en el fondo se ha convertido en la trinchera de resistencia del régimen. Las cifras son claras: el intercambio comercial entre ambos países ha pasado de 12.000 millones de dólares en 2000 a más de 230.000 al año.
Nicolás Maduro comenzó su mandato con un viaje a China. Ahora la presencia china en Venezuela (como en otros países latinoamericanos) adquiere características peculiares porque ya no solo se trata de financiar al país a cambio de productos —petróleo y materiales estratégicos mineros—, sino que también significa entrar e intercambiar bienes de consumo. La compra de grandes almacenes lo prueba.
Pekín no es un enemigo ideológico de los otros equilibrios de la zona, pero sí es una potencia económica emergente. Además, tiene una doble estrategia: el peso específico y súbito que le da la población de origen chino y una exportación masiva de técnicos (uno de los grandes campos en los que Pekín ha invertido en los últimos diez años) para ocupar no sólo los espacios físicos a través del dinero, sino los intangibles mediante el desarrollo tecnológico propio.
China está propiciando, con créditos especiales, la recuperación de infraestructuras y la creación de nuevos sistemas de comunicación en la zona, lo que le permite enlazar y ocupar territorios como antes Estados Unidos o la Unión Europea.
Los trenes y los grandes puertos son los mejores ejemplos. Así, los caminos de hierro regresan a América Latina de la mano de los chinos, que acaban de prestar 7.500 millones de dólares a Venezuela para la construcción de una línea ferroviaria de 468 kilómetros, de la que China Railways Engineering poseerá un 40%. China invierte unos 1.900 millones de dólares al año en la nación bolivariana.
Y no hay que perder de vista que Chávez se dedicó a rearmarse y a buscar el equilibrio en la zona con compras masivas de material militar a la Rusia de Putin. Ahora, por primera vez, los chinos no sólo financian al país a cambio de obtener petróleo y productos de los que carecen, sino que, en una repetición de la historia, acaparan materias primas para seguir manteniendo su nivel de desarrollo.
La posibilidad de cooperación en los sectores del transporte ferroviario y el energético, así como el empeño chino en convertirse en una potencia en trenes de alta velocidad en el continente americano, donde no tienen competencia directa estadounidense, se traduce en acuerdos como el firmado en el área de Junin —considerada el cinturón de petróleo de Orinoco— entre China International Trust and Investment Corporation y Petróleos de Venezuela SA (PDVSA).
Asimismo, se prevé la creación de una compañía entre PDVSA y la empresa china de tecnología Sinotec para explorar y explotar yacimientos. El Banco de Desarrollo de China otorgará un préstamo por 500 millones de dólares para la compra de maquinaria y tecnología petrolera.
China importa de Venezuela más de 500.000 barriles de petróleo diarios, un 10% de sus importaciones totales de crudo. Se prevé que para el 2016 la cifra se duplique. Pero, para llegar a ese punto, primero debe convertirse en dueña de la capacidad de explotación de los pozos petrolíferos.
Otro problema que se presenta en esta macrolucha estratégica deriva del equilibrio entre chinos y rusos. No es casual la vuelta del activismo ruso a Cuba porque, a fin de cuentas, la segunda invasión de Venezuela, llevada a cabo por los cubanos durante el mandato de Chávez, es un fenómeno de penetración ideológica, militar y de control social que no debe menospreciarse.
En términos absolutos, Estados Unidos es en apariencia el gran ausente en la lucha por el control de Venezuela, dada la penetración física y en sistemas de seguridad de los cubanos. Y ahora se presenta la tercera invasión que es la financiera y tecnológica a cargo de China. Los vacíos siempre se llenan.

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Xi Jinping consolida con mano dura la autoridad del Partido Comunista

Macarena Vidal Liy

El presidente chino, Xi Jinping, introdujo nuevos aires tras su llegada al poder. Modos populistas insólitos en un líder chino —un paseo a pie por las callejuelas de Pekín en un día contaminado, una visita a un restaurante de comida rápida— y una serie de reformas económicasbasadas en el mercado.
Pero en sus dos años de mando ha dejado claro que su prioridad es afianzar la estabilidad social y consolidar la autoridad del Partido Comunista al frente del país. Las reformas políticas no entran en su agenda o tienen una prioridad muy baja. Ejemplos como el “no” a las exigencias de elecciones libres en Hong Kong, la detención del líder del movimiento estudiantil de la excolonia o la cadena perpetua para el intelectual uigur moderado Ilham Tohti esta semana lo han dejado claro.
Los estudiantes en Hong Kong mantuvieron toda esta semana unahuelga para protestar contra la propuesta de reforma de Pekín para las elecciones locales, que se asegura de que los candidatos deban contar con el visto bueno del Gobierno central. Las protestas se han saldado con enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, y la detención del líder del movimiento estudiantil Scholarism, Joshua Wong, de 17 años, al que se ha denegado la libertad bajo fianza, según la exlegisladora Tanya Chan, simpatizante del movimiento pro democracia.
No debería de sorprender. Xi siempre ha dejado claro desde su nombramiento como secretario general del Partido Comunista en noviembre de 2012 que su principio de gobierno es salvaguardar la legitimidad del régimen comunista al frente de su país. Como principito, o hijo de uno de los padres de la patria, Xi Zhongxun, lleva grabado en sus genes la creencia en que solo a través del Partido Comunista de China el país puede progresar. Cualquier reforma que emprenda será para proteger esa legitimidad. Y en ningún caso adoptará medida alguna que pueda poner en duda el liderazgo del partido. “Xi comparte metas políticas que han sido vitales para sus predecesores: mantener el orden social y la estabilidad política, mantener al Partido Comunista de China en el poder”, explica Jacques deLisle, catedrático de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Pennsylvania.La dureza en la actitud del Gobierno también había quedado patente esta semana en la condena contra Tohti, un catedrático de Teoría Económica que defiende los derechos de los uigures pero siempre ha abogado por el diálogo como vía para solventar los desacuerdos. Su sentencia deja claro que China no está dispuesta a tolerar nada que pueda oler ni remotamente a separatismo, o a críticas a su manera de actuar contra él.
Una de sus prioridades ha sido la reforma de la economía, imprescindible para lograr un crecimiento sostenible y, con ello, apuntalar el orden social. Su otro gran proyecto ha sido la campaña contra la corrupción, mucho más larga y profunda de lo que calculaban los observadores. En ella han caído cientos de funcionarios de bajo nivel (“moscas”, según la famosa metáfora que ha empleado Xi) y algunos “tigres”, como el antiguo mandamás de los servicios de seguridad, Zhou Yongkang.
Parece que Xi, más que sus predecesores, “piensa que el problema de la corrupción se ha hecho lo suficientemente grave, en lo que respecta a privar de legitimidad al partido o impedir un gobierno efectivo, como para que haya que hacer algo serio al respecto”, puntualiza deLisle.
El modelo político que ha guiado a Xi ha sido Deng Xiaoping. Su primer viaje fuera de Pekín tras su nombramiento emuló el que el gran modernizador de China emprendió al sur en 1992 para apoyar las reformas económicas. Pero si Deng fue un ardiente entusiasta de la introducción de la economía de mercado, no fue un gran amigo del reformismo democrático. En 1989 fue tajante contra los estudiantes concentrados en la plaza de Tiananmen.
Pero Xi Jinping ha recurrido también en ocasiones a la figura de Mao Zedong, el padre de la Nueva China. Xi, quizás prestando atención a la popularidad que logró el hoy defenestrado Bo Xilai con su recuperación de la cultura maoísta cuando era secretario general del Partido en la ciudad de Chongqing (en el centro de China), ha adoptado prácticas de los tiempos del Gran Timonel caídas posteriormente en desuso, al igual que las sesiones de autocrítica. Incluso su campaña de lucha contra la corrupción y defensa de la frugalidad despierta ciertos ecos de aquella época.
En recientes discursos Xi ha descartado cualquier tipo de cambio político al estilo occidental. Los dirigentes tienen que “adherirse al liderazgo central del partido” y “mejorar la coordinación general” para evitar que el Gobierno se fragmente. Consultas al pueblo sí, pero siempre mediante comités e instituciones estrictamente controladas y donde no quede duda de que quien está al mando es el Partido.
El presidente chino ha introducido reformas económicas y nuevos aires en la sociedad, pero también reprime las protestas democráticas en Hong Kong
El presidente chino, Xi Jinping, introdujo nuevos aires tras su llegada al poder. Modos populistas insólitos en un líder chino —un paseo a pie por las callejuelas de Pekín en un día contaminado, una visita a un restaurante de comida rápida— y una serie de reformas económicas basadas en el mercado.
Pero en sus dos años de mando ha dejado claro que su prioridad es afianzar la estabilidad social y consolidar la autoridad del Partido Comunista al frente del país. Las reformas políticas no entran en su agenda o tienen una prioridad muy baja. Ejemplos como el “no” a las exigencias de elecciones libres en Hong Kong, la detención del líder del movimiento estudiantil de la excolonia o la cadena perpetua para el intelectual uigur moderado Ilham Tohti esta semana lo han dejado claro.
Los estudiantes en Hong Kong mantuvieron toda esta semana una huelga para protestar contra la propuesta de reforma de Pekín para las elecciones locales, que se asegura de que los candidatos deban contar con el visto bueno del Gobierno central. Las protestas se han saldado con enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, y la detención del líder del movimiento estudiantil Scholarism, Joshua Wong, de 17 años, al que se ha denegado la libertad bajo fianza, según la exlegisladora Tanya Chan, simpatizante del movimiento pro democracia.
La dureza en la actitud del Gobierno también había quedado patente esta semana en la condena contra Tohti, un catedrático de Teoría Económica que defiende los derechos de los uigures pero siempre ha abogado por el diálogo como vía para solventar los desacuerdos. Su sentencia deja claro que China no está dispuesta a tolerar nada que pueda oler ni remotamente a separatismo, o a críticas a su manera de actuar contra él.
Una de sus prioridades ha sido la reforma de la economía, imprescindible para lograr un crecimiento sostenible y, con ello, apuntalar el orden social. Su otro gran proyecto ha sido la campaña contra la corrupción, mucho más larga y profunda de lo que calculaban los observadores. En ella han caído cientos de funcionarios de bajo nivel (“moscas”, según la famosa metáfora que ha empleado Xi) y algunos “tigres”, como el antiguo mandamás de los servicios de seguridad, Zhou Yongkang.No debería de sorprender. Xi siempre ha dejado claro desde su nombramiento como secretario general del Partido Comunista en noviembre de 2012 que su principio de gobierno es salvaguardar la legitimidad del régimen comunista al frente de su país. Como principito, o hijo de uno de los padres de la patria, Xi Zhongxun, lleva grabado en sus genes la creencia en que solo a través del Partido Comunista de China el país puede progresar. Cualquier reforma que emprenda será para proteger esa legitimidad. Y en ningún caso adoptará medida alguna que pueda poner en duda el liderazgo del partido. “Xi comparte metas políticas que han sido vitales para sus predecesores: mantener el orden social y la estabilidad política, mantener al Partido Comunista de China en el poder”, explica Jacques deLisle, catedrático de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Pennsylvania.
Parece que Xi, más que sus predecesores, “piensa que el problema de la corrupción se ha hecho lo suficientemente grave, en lo que respecta a privar de legitimidad al partido o impedir un gobierno efectivo, como para que haya que hacer algo serio al respecto”, puntualiza deLisle.
El modelo político que ha guiado a Xi ha sido Deng Xiaoping. Su primer viaje fuera de Pekín tras su nombramiento emuló el que el gran modernizador de China emprendió al sur en 1992 para apoyar las reformas económicas. Pero si Deng fue un ardiente entusiasta de la introducción de la economía de mercado, no fue un gran amigo del reformismo democrático. En 1989 fue tajante contra los estudiantes concentrados en la plaza de Tiananmen.
Pero Xi Jinping ha recurrido también en ocasiones a la figura de Mao Zedong, el padre de la Nueva China. Xi, quizás prestando atención a la popularidad que logró el hoy defenestrado Bo Xilai con su recuperación de la cultura maoísta cuando era secretario general del Partido en la ciudad de Chongqing (en el centro de China), ha adoptado prácticas de los tiempos del Gran Timonel caídas posteriormente en desuso, al igual que las sesiones de autocrítica. Incluso su campaña de lucha contra la corrupción y defensa de la frugalidad despierta ciertos ecos de aquella época.
En recientes discursos Xi ha descartado cualquier tipo de cambio político al estilo occidental. Los dirigentes tienen que “adherirse al liderazgo central del partido” y “mejorar la coordinación general” para evitar que el Gobierno se fragmente. Consultas al pueblo sí, pero siempre mediante comités e instituciones estrictamente controladas y donde no quede duda de que quien está al mando es el Partido.

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La tormenta perfecta

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ |  

EL UNIVERSAL
Venezuela fue desde 1950 hasta comienzos del siglo XXI el gran foco de inmigración en Latinoamérica, tal como Argentina a comienzos del siglo XIX. Españoles, italianos, portugueses y europeos de otras partes, vinieron llamados por la industria de la construcción que se expandía con la "política de cemento armado" de Marcos Pérez Jiménez, y luego con el milagro de Leopoldo Sucre Figarella, que convirtió un país aldeano en una nación de infraestructura moderna en los primeros diez años de democracia. El impacto del nuevo componente demográfico fue tan grande que en dos décadas alteró los patrones étnicos, tallas, medidas, colores de piel, ojos y cabello, y continuó el proceso de mestizaje que nunca se había detenido, en el país más mestizo de la región. En cualquier rincón del más apartado cuadrante del mundo, a la voz de "venezolano" el comentario entre pícaro y anuente era "Venezuela... petróleo". 
Con una moneda tan dura como el bolívar, a un viajero de Caracas o Maracaibo, perdido en el planeta, le parecía un curioso espectáculo ver mexicanos o colombianos contar penosamente calderilla para pagar la cuenta, mientras el grito de guerra nacional era "(es)tá barato, dame dos". En el plano interno, a diferencia de países vecinos que mantuvieron (mantienen) barreras étnicas, Venezuela asimiló también las poblaciones indígenas que dejaron de serlo y pasaron a ser ciudadanos a plenitud de derechos, profesionales, estudiantes, comerciantes, sin andar con un sello discriminatorio en la frente. Los partidos populares hicieron diputados, gobernadores y militares a negros, mulatos, indígenas que crearon el país igualitario, el étnicamente más mezclado, tolerante y libre de xenofobia y racismo en toda la región. 

Todos venían
Pero así como técnicos, trabajadores especializados, artesanos y profesionales venían de Europa a buscar destino, también lo hicieron oleadas de obreros rasos arrojados por las crisis económicas en Argentina, Chile, Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador y Centroamérica, atraídos por el progreso de la sustitución de importaciones y luego por el desarrollo de Guayana en los 70. Mientras en el resto del continente arrasaban golpes militares, hiperinflaciones, hiperdevaluaciones, tortura y represión, Venezuela era "arca de la alianza, casa de oro". Y el país recibió con su calor y solidaridad los perseguidos políticos, entre ellos destacados escritores, académicos, periodistas, que llegaron a trabajar a pleno derecho, sin peajes, con toda libertad para ejercer sus oficios. Los partidos políticos competían por el poder, pero sus dirigentes tenían relaciones cordiales en el Parlamento y en la vida institucional y las cosas marchaban igual que en cualquier país civilizado. 
El país pasó indemne por medio del caos latinoamericano y no tuvo jamás un Pinochet, Videla o Castro. Pese a eso los resentidos históricos tramaban destruir todo, acabar el sistema, desacreditar las instituciones, enlodar el oficio político para levantarse ellos después como la gran alternativa. Pero como a todo político tonto, le salió el mundo al revés y hoy cargan con la culpa de ser los grandes propiciadores de algo que no se sabe a dónde va pero huele muy mal. Antes de lo que se avisora como un desenlace oscuro, muchos sintieron que la tormenta venía, y por eso un millón y medio de venezolanos, 5% de la población, se ha ido en 15 años. El sociólogo Tomás Páez, con otros investigadores venezolanos, Mercedes Vivas, Rafael Pulido, Paula Vásquez y Frank Briceño, configuraron un equipo para estudiar la composición, los destinos, la distribución y las causas de este éxodo que rompe con la tradición venezolana. 

¿Por qué se van?

Han consultado hasta ahora 850 emigrantes y evalúan la diáspora hacia 22 países. No hay manera distinta de denominar lo ocurrido sino de desangramiento intelectual. 90% de los emigrantes son profesionales universitarios, 40% tienen estudios de maestría y 12% son doctores. La decisión de migrar tomada por muchos, tiene que ver con dos situaciones de persecución interna contra ciertos grupos. La campaña de Hugo Chávez contra los médicos, a los que no dejaba de denigrar, calificarlos de comerciantes; y la ofensiva contra los trabajadores petroleros, que buscaba premeditadamente producir la huelga que efectivamente se realizó, para botarlos a todos. Como señalan Tomás Páez y su equipo al tratarse de gente altamente calificada, no es solo "fuga de cerebros" sino de potenciales generadores de riqueza y empleo, que rápidamente desarrollan actividades de creación en países que los acogen. 
Se señala la experiencia de las petroleras "españolas, mexicanas, colombianas y canadienses que se han nutrido de la experticia de horas-hombre que en algún momento tuvo la industria petrolera venezolana". La fuga de médicos seguramente se desarrollará en el estudio, agravada por el intento de sustituirlos por cubanos sin la calificación elemental con subsecuentes problemas de salud pública. Lo peor de todo es que pareciera que el gobierno ha decidido por consejo de Fidel Castro, más radicalmente expulsar las clases medias, es decir, el conocimiento que la sociedad ha acumulado y que se materializa en personas, como una insólita manera de enfrentar la crisis política que crece.

@carlosraulher

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Entrevista a Jesús "Chuo" Torrealba, secretario ejecutivo de la MUD

"Propongo un pacto con los pobres y la clase media"

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Roberto Giusti
El Universal

Por ahora despacha desde su camioneta, su secretaria es el celular y no sabe aún desde donde va a cumplir su novísima y arriesgada función como Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática. Pero, eso parece tenerlo sin cuidado porque lo suyo es recomponer el esquema unitario de la oposición venezolana a partir de premisas como aquella según la cual "hoy la polarización es una nostalgia" porque el país que antes se dividía en chavistas y antichavista ahora concentra una gran mayoría descontenta que ha roto el ya viejo esquema: "Durante mucho tiempo me hicieron el planteamiento sobre la Secretaría Ejecutiva y yo respondía que no porque mi espacio está en la construcción de ciudadanía, en el ámbito de lo social y comunitario, dentro de un proceso político convencional. Hace dos domingos Antonio Ledezma insistió y yo le di la respuesta de siempre. Pero tres días después Henrique Capriles me reiteró la propuesta y eso me llamó la atención porque se trataba del mismo planteamiento, hecho por dos personas que se mueven en distintos espacios de la alianza democrática. Le comenté el hecho a la gente que me acompaña en la Asociación Civil Radar de los Barrios, hicimos el análisis y concluimos que había una suerte de consenso creciente" 

-¿Solo sobre tu nombre?
-También se logró un consenso sobre definiciones básicas. Hay un documento, con fecha 6 de agosto, aprobado por unanimidad, donde se establece el objetivo político de la alianza y la estrategia común para conseguir un cambio político urgente a través de métodos constitucionales, democráticos, pacíficos y electorales.
-¿Cuál es la estrategia?
-La construcción de una mayoría que haga posible el cambio y garantice gobernabilidad.
-Entiendo que tú argumentabas, para no aceptar la propuesta, que se requería un constructor de consensos. ¿No te sentías capaz de asumir ese rol?
-Pensaba que si ese era el rol, otros lo podían cumplir con igual énfasis que yo, mientras que la actividad que ejerzo en la calle no tiene muchos candidatos. Pero la circunstancia del consenso creciente en una oposición hasta entonces con problemas para encontrarse, indicaba que podíamos aportar en esa dirección. Otra razón era la peculiaridad del perfil. No soy militante partidista ni tengo aspiraciones político-electorales. Tengo, sí, una trayectoria de lucha social y entonces la pregunta es si el gesto se asume como inicio de un estrechamiento de relaciones entre el liderazgo político-partidista y el social-comunitario.
-¿No se reconoce, con ese gesto, que los partidos de la Unidad han estado divorciados de la realidad social?
-No. En una década que tengo de activismo social y en todos los conflictos en los cuales me he visto involucrado, siempre me encontré con militantes y dirigentes de los partidos.
-Dirigentes de base.
-Dirigentes de todos los niveles. Ahora, en pocas ocasiones ese militante o dirigente, involucrado en la lucha social, recibía de su mismo partido respeto, reconocimiento y visibilidad. No es una desconexión de los partidos con respecto a la lucha social , sino un problema de comunicación entre la base militante y la dirección política que le da la cara al país.
-Una primera conclusión. El consenso surgido al alrededor de tu nombre es la primera señal de reunificación de la MUD.
-Creo que puede leerse así.
-Luego hay un reconocimiento tácito sobre la necesidad de acercarse a una porción del país que no termina de ubicarse en el lado de la oposición.
-Esa es la parte más importante. Yo no estoy aquí por mi frondosa cabellera o por mi simpatía desbordante. Estoy porque tengo perfil de luchador social y ante eso hay dos posibilidades. Se puede pensar, por ejemplo, que esto es una operación de fachada: pongamos al frente una cara que sugiera vinculación con el tema y utilicémoslo en una operación de mercadeo. Pero yo creo que esto responde a la comprensión de que se impone un acercamiento entre dos liderazgos complementarios e incluso, yendo más allá, la perspectiva de que se plasme un pacto entre la clase política que quiere ser alternativa y los pobres y empobrecidos 
-¿Por qué hablas de "pobres y empobrecidos"?
-Nosotros no incurrimos en el nefasto error de contraponer sectores populares y clase media. Primero porque nuestra clase media es una realidad reciente, aparecida durante la democracia. Esto quiere decir que el nexo entre los sectores populares y la clase media, no solo es teórico, sino consanguíneo. Toda familia de clase media tiene a su papá o a su abuelito viviendo en el barrio. Por tanto, la clase media es pueblo que aprovechó las oportunidades de la democracia para mejorar su condición de vida.
-Pero ahora esa clase media, está "empobrecida".
-El problema de la pobreza no lo inventó Chávez, pero lo agravó al punto de crear una nueva realidad : las de los "pobres" y los "empobrecidos" Y sí, la clase media está seriamente empobrecida. Por eso, cuando hablamos de acercarnos a los sectores populares no se trata solo del barrio, sino también de la clase media.
-El hecho es que tú provienes de los sectores populares y tu designación reta el perfil convencional del político de salón. Contigo se quiebra un estereotipo (no se sube cerro sino el cerro baja) y eso constituye el reconocimiento implícito de que los dirigentes deben salir de las grandes mayorías.
-Hay una frase hermosísima del papa Francisco: "El que quiera ser pastor debe oler a oveja". Yo creo que quien quiera ser dirigente político, en la Venezuela del presente y del futuro, tiene que oler a pueblo y saborear pueblo.
-¿Y ese no es el problema de la dirigencia de la Unidad, que no huele a pueblo?
-Ese es un problema de la clase política venezolana y no solamente la dirigencia opositora. En la versión oficialista de la clase política hay problemas terribles. El pretendido origen popular de muchos de sus integrantes choca estruendosamente con su actual nivel de vida de nuevo ricos boliburgueses. No hay cosa más distinta y distante al pueblo que un enchufado en una camioneta blindada con cinco malandros motorizados de escoltas. Eso repugna e indigna al pueblo.
-Puede que carezcas de esa parafernalia que da el poder, pero tampoco te metes en la candela. 
-En el ámbito de la oposición veo, desde hace tiempo, la comprensión de que en Venezuela la pobreza no es incidental, sino estructural y mayoritaria. Los pobres no son un nicho del mercado, son el mercado. El 54% de la población vive en barrios y 16% en urbanizaciones populares, es decir, 7 de cada 10 venezolanos habita espacios económicamente deprimidos y socialmente segregados. Entonces, si quieres hacer política democrática actúa desde la mayoría y para la mayoría. Si lo haces desde una sede partidista o un hotel 5 estrellas, es inevitable que rebotes en esos espacios donde está la mayoría.
-Considerando tu conexión con los sectores sociales y la debilidad de los partidos, ¿no puede ocurrir que trasciendas la tarea encomendada y asumas el papel de líder político nacional?
-Eso no es posible. Le doy gracias a la vida porque este momento me ha llegado cuando tengo claro quién soy y se como quiero que me recuerden mis hijos, es decir como servidor social. Hay una pregunta clave: ¿A quién le es útil lo que haces? Como activista social puedo responder, como dirigente político no sé. Prefiero entender que, como lo definió Rafael Poleo, mi designación es una decisión atípica para una situación atípica. Y Venezuela no vive una situación, sino una crisis. El de Maduro no es un mal Gobierno sino una catástrofe. Un país con 80% de restricción en su inventario de medicinas está viviendo una crisis haitiana. Frente a eso no es posible abstenerse por cuidar militancias sociales. 
-¿No tienes la desventaja de que se te identifica con posiciones moderadas? ¿Cómo concilias esa posición con las tesis más radicales?
-Yo no tengo una desventaja sino un gran defecto: pasé por el Pedagógico de Caracas. En fin, soy un maestro de escuela, asumo mis tareas como un hecho pedagógico y desde esa perspectiva pretendo que el país logre llenar de significado 4 palabras: moderación, radicalidad, calle y diálogo. En un escenario envenenado desde hace 15 años por los antivalores de la violencia, donde el militarismo no es más que un machismo de uniforme y el populismo, transformado en política de Estado, alienta posturas supuestamente radicales, se debe tener valor para asumir la moderación. En cambio, para ser "radical" basta con deslizarse por el tobogán de la verborrea incandescente. Ser moderado exige valentía, convicciones, un compromiso profundo y una visión de futuro con el país. En cambio para ajustarse a la visión machista de la radicalidad basta con tener odio.
-Hay quienes sostienen la idea de ir a Constituyente, mientras otros señalan como prioridad prepararse para las elecciones legislativas del 2015. ¿Por cuál de las dos opciones te decantas?
-La polarización no es solo un problema político, sino un morbo, una forma de estructurar la visión que se tiene de la vida y nosotros, por facilismo de la cultura petrolera, la practicamos desde hace mucho tiempo. Así, nos pronunciamos por uno de dos marcas de gaseosas, por una de dos marcas de cigarrillos, por uno de dos partidos políticos. Con el chavismo eso se transformó en una pandemia, (chavistas y antichavistas), en lamentable proceso de estupidización.
-En este caso la polarización es en la oposición. 
-En ese marco nos preguntamos si las elecciones parlamentarias y la Constituyente son irreconciliables. Y yo creo que no. El documento del 6 de agosto plantea que la estrategia de la Unidad implica la lucha democrática y la Constituyente lo es. Tiene el problema de que no es consensual, ni en el país ni dentro de la alianza. Por su parte las legislativas presentan el inconveniente de que no dependen de la inspiración de un líder o de la voluntad de un partido. Están en un cronograma electoral y no asumirlas sería irresponsable. Entonces tenemos un reto que enfrentar y ganar. No solo porque se puede lograr cambios sustanciales en los poderes públicos, que faciliten la solución electoral de la crisis, sino porque se trata de que el poder legislativo cumpla su papel de control del Ejecutivo. Ahora, puede ocurrir cualquier cosa porque dos voceros del chavismo, los diputados Cabello y Farías, han llamado la atención sobre la inconveniencia de unas parlamentarias en medio de una crisis económica y una erosión de su base electoral. Hay que tener cuidado porque una propuesta como la Constituyente podría significar la puerta falsa del oficialismo para huir hacia adelante. 

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sábado, 27 de septiembre de 2014

Otro Quijote pensando

El politólogo Luis Salamanca estudia la relación entre democracia, dictadura y autoritarismo. El exrector del CNE y doctor en Ciencias Políticas, tiene algo que contar acerca de estos 15 años
SEBASTIÁN DE LA NUEZ
Tal Cual

¿Para qué editar un libro más sobre Chávez, si hay como 4 mil rondando por el mundo? Luis Salamanca, quien debe tener un montón de chiripas en su casa pues colecciona recortes de periódico desde que el comandante ascendió al poder, o antes, al producirse la noticia, es inasequible al desaliento.
En el fondo le preocupa un tema, aun cuando no lo exprese de esta forma tan cruda: ¿qué demonios le ha pasado a este pueblo, dándose trancazos una y otra vez contra la misma piedra caudillista? Con mayor precisión, ahora estudia la relación entre democracia, dictadura y autoritarismo .
Este es el tema del siguiente libro. Salamanca es un caballero que afinó lecturas y juicios en el Instituto de Estudios Políticos de la UCV junto a lumbreras como Juan Carlos Rey yHumberto Njaim. "Creo que en la cultura política nuestra la palabra autoritarismo no tiene casi ningún significado", dice. "Vemos los regímenes políticos en blanco y negro: o dictaduras o democracias".
Para él, el autoritarismo es un género de varias especies; en alguna de ellas mora el chavismo aferrándose al poder como una garrapata.
Ha recolectado más de veinte calificativos para el Gobierno chavista. Fiel seguidor del profesor Juan José Linz, no halla un apellido definitivo que pueda nombrar esto. Sencillamente porque el régimen no ha llegado a un punto de implantación del modelo completo, como es. Piensa Salamanca que sí, que la democracia se ha reducido, que el venezolano la vive desde la precariedad y que el modelo autoritario ha avanzado fuertemente, pero aún no ha logrado cristalizar como dictadura básicamente porque no se lo ha permitido la resistencia democrática. Linz, el alemán con sangre española, dio lecciones sobre estos temas pero no pudo alcanzar tampoco a escanear el chavismo.
LA HISTORIA NO ABSUELVE
Salamanca se teme lo peor. Este Gobierno está acorralado y Maduro sabe (desde el mismo momento en que cacarea "me llamarán dictador") el camino que ha emprendido. El futuro luce negro: la imposición del silencio absoluto sigue, se utiliza cualquier arma, cualquier argumento. Sin embargo, hay algo que no entiende mucha gente de la derecha: esto no es una dictadura porque la gente lo ha impedido; y cada elección es una batalla entre democracia y dictadura.
Salamanca adelanta una teoría aun cuando se halla en plena batalla para extraer conclusiones del conjunto de sucesos que le quitan el sueño: "A esta forma de gobierno autoritaria se ha llegado de manera evolutiva, gradual. Si Chávez hubiera triunfado el 4 de febrero, hubiese implantado una dictadura de una vez. Iba a desconocer los poderes existentes. Pero no llega por las armas sino por los votos, y eso le impone una dinámica distinta. Se le ocurre ir acabando a sus contrincantes, irlos minando. El gobierno comienza con el pretorianismo. Lo único que Chávez tenía claro al comenzar era que quería un gobierno militar, pues para él son más eficaces que los civiles". Lo que ha sucedido en estos quince años está tomando forma en los textos del politólogo.
Su lectura transversal da cuenta de un proceso de destrucción. Camino bordado de episodios: desde la eliminación del principio de la representación proporcional de las minorías, que hubiera hecho de la Constituyente un proceso más democrático; el Kino, la ñapa que le regaló el TSJ a Chávez, el triste papel de la opositora Cecilia Sosa; más tarde la declaración de omisión constitucional a partir de la cual la Sala Constitucional pasó a designar directamente a los nuevos rectores del CNE... En fin, de allí al cuento de las firmas planas. "Chávez dio una demostración de descaro anticonstitucional al agarrar aquellas firmas, en televisión, y nombrar a algunas personas: aquí está Fulanito de Tal, esto es una firma plana...
Una cosa increíble: un presidente metiéndose en las funciones de otro poder, que por su naturaleza es autónomo. Y el poder no hizo nada".
Y apareció por primera vez en la historia del país una lista negra: La Lista Tascón. Chávez logra con el amedrentamiento y con el arrebatón del TSJ, más la mesa servida por la oposición en las parlamentarias de 2005, sumar todo el poder. Y probó que no estaba dispuesto a que nadie lo sacara de allí. Se dispuso a crear un sistema de control que a su vez no lo pudiera controlar a él. Pero eso se fue dando, no era algo premeditado. De allí que Salamanca aventure al final nombre y apellido: este régimen es un autoritarismo evolutivo.
El país sigue sufriendo de amnesia. Se necesita más reflexión, más memoria, más libros, mayor digestión sobre lo que ha pasado y sigue pasando. Luis Salamanca es solo otro Quijote más.

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“Los árabes deben repensar el islam”


Javier Rodriguez Marcos
El Pais

Adonis no cree en Dios, pero vive cerca del cielo, en una torre de 37 plantas de La Défense, el barrio financiero de París. No parece el ambiente típico para un poeta. “Antes de instalarme en este apartamento pasé por casi todos los distritos”, explica señalando por la ventana la ciudad en la que vive desde hace casi tres décadas. “Aquí hay más luz, menos contaminación… Parece Manhattan, ¿verdad?”. Precisamente, el escritor sirio, de 84 años, acaba de reeditar en España, en versión de Federico Arbós, Epitafio para Nueva York, publicado originalmente en 1971, uno de los libros más famosos de un autor traducido a una docena de lenguas y al que muchos consideran el gran poeta árabe vivo. Crítica al capitalismo deshumanizado y homenaje a Lorca y Walt Whitman, en ese libro se habla de torres que un día caerán, y Adonis recuerda que un crítico lo acusó después del 11-S de haber inspirado a Bin Laden. “Ridículo”, zanja él sonriendo.
Su última obra, Zócalo, publicada en francés antes que en árabe, aparecerá en unos días en español traducida por Clara Janés. Esas prosas poéticas nacieron en un viaje a México durante la primavera de hace dos años, pero se hace difícil leer páginas tan llenas de dioses, sacrificios y sangre sin pensar en otra primavera, la árabe, aquel dominó de revueltas que empezaron admirando al mundo en Túnez a finales de 2010 y, desbordado por los extremismos, ha terminando espantándolo en Irak y Siria a manos del llamado Estado Islámico. En ese tiempo, Adonis hizo dos cosas que le ganaron un alud de críticas: sostener que la primavera árabe no era una revolución y escribir, en 2011, una carta abierta al presidente sirio, Bachar El Asad, pidiéndole que dialogara con la oposición. “Tibio” fue lo más suave que le dijeron. Más tarde escribió reclamando que dimitiera por la represión desencadenada bajo su mando. “Lo que yo pretendía con aquella carta”, explica el escritor, “era evitar la destrucción del país y que cambiara un régimen fundado en un golpe de Estado y en el partido único. Desgraciadamente los políticos no escuchan a los poetas”.
¿Por qué no era una revolución la primavera árabe?
—Porque una revolución debe tener un discurso, y no lo había: los opositores jamás hablaron de laicidad, de liberación de la mujer, de cambiar la ley coránica. ¿Qué revolución es esa? Solo querían cambiar de régimen, y cambiar de régimen no sirve de nada cuando permanece la misma mentalidad. Los árabes tienen que hacer su revolución interior, es decir, repensar la religión a la luz de la modernidad y separar lo religioso de lo cultural, político y social para que se convierta en una creencia individual. En Europa se hizo esa revolución y se separó el Estado de la Iglesia, que en la Edad Media era peor que los musulmanes de hoy. Yo no tengo nada contra la religión como fe individual, pero estoy contra una religión institucionalizada e impuesta a toda una sociedad. Hay que anular las diferencias entre confesiones. El reto es, por ejemplo, que en Egipto los cristianos coptos tengan los mismos derechos que los musulmanes.
—¿Estamos mejor o peor que antes?
—No está mal Túnez, un país más homogéneo, sin minorías, dicho sea de paso. Allí hay cierto diálogo. Pero se han destruido países enteros: Libia, Siria, Irak. ¿Para qué? Para nada, para resucitar viejas nociones religiosas. ¡Se vuelven a usar palabras de hace quince siglos! Se ha producido una regresión vergonzosa, humillante. El islam actual es una religión sin cultura. No hay más que ritos y leyes. No hay un solo pensador. Y cuando surge alguno, se le rechaza.
Adonis dice desconfiar de “toda revuelta que salga de una mezquita con proclamas políticas”, pero extiende su desconfianza a las soluciones salidas de los despachos de Estados Unidos o de Europa. ¿Occidente no se ha interesado por la oposición laica? “Los políticos occidentales, no Occidente, no quiero generalizar”, responde. “Desgraciadamente, los políticos no se interesan de verdad por los árabes, los ven como fuente de riqueza —el petróleo— y como espacio estratégico. No se interesan por las fuerzas progresistas aunque sean, es cierto, poco numerosas. Lo que hacen las intervenciones extranjeras es revitalizar las fuerzas oscurantistas en el mundo árabe. Lo emponzoñan todo. Cuando uno compra y arma a unos supuestos combatientes, a una supuesta oposición, inventa un ejército de mercenarios. El Estado Islámico es una creación de Arabia Saudí y Estados Unidos. Ahora tienen que combatir a aquellos a los que armaron ellos mismos”.
Como en el caso de Egipto, dice resignado, en Siria toca elegir el mal menor y combatir al Estado Islámico. Partidario acérrimo de la laicidad, más de una vez ha expresado sus dudas hacia eso que suele llamarse islam moderado: “No existe. Es una expresión política. Lo que hay son musulmanes moderados. Y son pocos. Hay un islam y una interpretación que es ideológica. En eso es como los otros monoteísmos: hay un profeta que es el último y que transmite verdades últimas. Dios lo ha dicho todo y el hombre debe obedecer. En el monoteísmo el otro no existe. No se le reconoce como parte de la búsqueda de la verdad porque la verdad ya la tengo yo. La base de nuestros problemas no es el islam como religión, es la visión monoteísta del mundo. Por eso es necesario separar la religión del Estado. No habrá democracia mientras eso no cambie. No hablo de democracia como sistema perfecto, sino como reconocimiento del otro. Y de reconocimiento no como tolerancia, porque la tolerancia esconde un aspecto racista: yo te tolero porque tengo la verdad y te dejo hablar. El ser humano exige la igualdad. El monoteísmo es antidemocrático”.
—¿Usted cree en Dios?Autor de una veintena de libros de poemas y de varios ensayos de literatura y política, Adonis tiene tanta fe en la poesía como poca en la religión. Una y otra, dice, están en los antípodas porque “la gran poesía siempre es laica. La poesía es la pluralidad, la unidad de los contrarios. Es lo opuesto a la religión incluso en términos históricos: en nuestra historia de musulmanes no ha habido ni un solo gran poeta que fuera creyente. Nunca”. ¿Ni los místicos? “Son un caso aparte”, responde un autor que ha dedicado a las relaciones entre sufismo y surrealismo una obra de referencia. “Cambiaron la noción de realidad y de Dios. Por eso se les rechazó. Para el monoteísmo Dios es una fuerza que dirige el mundo desde el exterior, para el misticismo es inmanente, forma parte del mundo. Dios es el mundo”.
—No. Creo que en el mundo hay algo misterioso y que hay que estar atentos a ese misterio. De ahí la actitud de cuestionarse las cosas. Llame a eso como quiera, pero no soy creyente. Soy arreligioso. La religión es una ideología y toda ideología es falsa.
—¿Y recuerda cuando era creyente?
—Sí. Mi padre lo era. Era agricultor, pero conocía bien la cultura clásica. Nunca me dijo haz esto, esto no lo hagas. Siempre me decía: “Decidir, hijo mío, es fácil. Todo lo que quiero de ti es que piensen bien, que vuelvas a pensar bien y que luego decidas”.
—¿Y su madre?
—Era analfabeta. Era pura naturaleza, como un árbol, una fuente, una estrella.
—¿En su casa se seguía la ley islámica?
—No. La ley estaba, pero yo nací en una comunidad chií, no suní. Era más abierta. La comprensión individual tenía su espacio. Las mujeres, por ejemplo, no usaban velo.
—¿Usted está contra el velo?
—Totalmente.
—¿Es una imposición o un derecho?
—No se trata de defender una cosa u otra, sino de principios. Uno puede incluso defender el mal. Si una mujer insiste en llevar el velo, que lo lleve, pero hay que decir que está mal. La belleza del ser humano no debe velarse.
Cuenta Adonis que hasta su madre terminó llamándole así: Adonis. Su nombre civil es Alí Áhmed Said Ésber. No ha faltado quien diga que eligió un seudónimo “blasfemo”, por pagano, para provocar —“hay ignorantes en todas partes”—, pero la verdad es que acababa de leer la historia de ese mito griego cuando buscaba un alias para enviar sus poemas a una revista que siempre se los rechazaba. Acertó. La audacia parece haber marcado su vida. Nacido en 1930 Al Qassabin, una aldea del norte de Siria, con 13 años recitó un poema de su cosecha delante del presidente del país, de gira por la comarca. Cuando este le ofreció una recompensa, el muchacho respondió: “Ir a la escuela”. Siete décadas después, el escritor lo cuenta como si le hubiera pasado a otro, aunque recuerda con admiración la buena memoria de aquel niño: “Me sabía la poesía árabe completa, el Corán, todo. ¿Ahora? Se me ha ido olvidando. Hay que olvidar para crear. Uno de los problemas de los árabes es que viven en su memoria, no en la vida”.
Fiel a su carácter inquisitivo, el escritor aprovecha cualquier momento para criticar los males de su pueblo. Aunque la misma noción de pueblo le espanta: “Es una idea política interesada. Dentro de un pueblo hay miles. Un pueblo nunca permanece unido más que por ideas superficiales”. ¿Y la identidad? “Según la noción al uso, la identidad es una pertenencia en la que es central el pasado: de una familia, de una raza, de un pueblo… Para mí lo esencial es el individuo, aunque el individuo no se entiende sin el otro. No podemos imaginar a un ser que nace solo y vive solo. La identidad es una creación perpetua, una apertura, no una adquisición. No se hereda porque el ser humano es una proyección hacia el futuro: crea su identidad al crear su obra”.
Adonis afirma sin dudar que no tiene miedo de decir lo que dice, pero reconoce que lo tuvo. Por eso se marchó de Siria en 1956, después de pasar un año en la cárcel por criticar al régimen. “Pasaba como con el monoteísmo: un partido único [el Baaz] con una ideología laica, pero racista. Según la Constitución, el presidente de la República siria debe ser musulmán. Un partido verdaderamente laico no hace algo así”. Al salir de la cárcel se marchó a Líbano. Sin papeles, convertido en apátrida. En el país vecino había una rama de su familia —“en el fondo son el mismo país”— y no le fue difícil obtener la nacionalidad libanesa, que todavía conserva. Pasó veinte años sin poder volver a su pueblo. Por eso dice que nació tres veces: en Al Qassabin, en Beirut y en París. En Líbano nacieron sus dos hijas y él se convirtió en uno de los modernizadores de la poesía árabe abriéndola a la vanguardia universal y a formas como el poema en prosa y el verso libre.
Después de publicar títulos comoCanciones de Mihyar el de Damascoo Libro de las huidas y mudanzas por los climas del día y de la noche, la invasión israelí de Líbano dio lugar al descarnado Libro del asedio. En 1985 se marchó a París: “No había nada que hacer en Beirut. Todo estaba destruido, incluida la universidad en la que era profesor de literatura”. En Francia ha seguido escribiendo poemarios ya clásicos en la literatura contemporánea como el monumental El Libro —la Ilíada de las letras árabes para algunos— oHistoria que se desgarra en un cuerpo de mujer, una versión feminista, erótica y crítica de la leyenda de Agar, concubina de Abraham y madre de Ismael, padre mítico de los musulmanes. “Sí, es una versión antirreligiosa”, reconoce Adonis. “Un profeta que destierra a su mujer y a su hijo y los abandona en el desierto. ¡Un profeta! ¿Nadie se pregunta por qué?”.
Los integristas piden recurrentemente que se quemen sus libros. La última vez, hace unos meses en Argelia. Él lo sabe pero no calla: “No creo hacer mal a nadie. Expreso mis ideas. Si no, siento que no existo”. No duda siquiera cuando se le recuerda que se empieza quemando libros y se termina quemando escritores. O intentando quemarlos. Baste pensar en la fetua contra Salman Rushdie: “Lo de Rushdie fue más algo político que religioso, causado por una crítica suya a Jomeini. Su libro reproducía algo ya dicho. Mucha gente ha hablado más radicalmente que él y no ha pasado nada. ¿Que la mayoría de los que querían matarlo no lo habían leído? Eso es la ignorancia. Por eso digo que hoy el islam es una religión sin cultura. Rushdie tenía todo el derecho a hacer lo que hizo”. ¿Y los caricaturistas que dibujaron a Mahoma? “También. Pero hay que saber con quién se discute. No se habla igual a un niño que a un profesor. Los periodistas tienen derecho a dibujar lo que quieran, pero deberían tratar de no humillar a la gente. Si uno busca la verdad, debe estar a la altura de la verdad. Insultar es fácil, pero no sirve para nada”.
En unos días se concederá el Premio Nobel. Adonis figura en todas las quinielas desde hace años, pero, como era de esperar, él dice no pensar en eso. ¿En qué piensa? “En cómo escribir poesía. Y en cómo poetizar el mundo. Por eso hago collages, para prolongar la poetización del mundo. Sin poesía, el mundo se muere de frío, de cerrazón. Los tres pilares del universo son el amor, la amistad y la poesía. El resto es comercio”. Sabe de qué habla: vive rodeado de multinacionales. El barrio le gusta. El mundo, algo menos.

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El extraño viaje de un exmilitar español al Estado Islámico, con parada en Malí


Jorge A. Rodríguez
El País

La red de captación de yihadistas descabezada este viernes en las ciudades vecinas y fronterizas de Nádor (Marruecos) y Melilla (España) había sido inspirada por Zakaria Said Mohamed, un exmilitar español que ahora combate con el EI en Irak o Siria. Este, un antiguo soldado del cuerpo de ingenieros en Melilla, le había encargado a su hermano Mohamed la organización de una red que captase desde la ciudad española a nuevos acólitos en Marruecos para el EI. Mohamed era el jefe y ponía sus contactos. Zakaria coordinaba en la distancia.
La operación fue iniciada por los servicios policiales de Marruecos, extremadamente preocupados por la afluencia de compatriotas a las filas del ISIS: se cifra en 2.000 los marroquíes que combaten en Siria e Irak. Los hermanos, uno en directo y otro de forma remota, había constituido un grupo que, según el Ministerio del Interior español, “desarrollaba actividades propias de una auténtica milicia terrorista”. Ya estaban realizando “entrenamientos físicos específicos” y se movían adoptando medidas de seguridad.
Los conocimientos, la “experiencia yihadista”, los aportaba el exmilitar, “especialista en el manejo de armas y explosivos”, según Interior. Era una especie de coordinador de la célula. El modelo a seguir. Zakaria Said Mohamed fue soldado profesional en el Regimiento de Ingenieros 8 con base en Melilla entre 2007 y 2010. No renovó contrato. En 2012 se le perdió la pista. Se unió al Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental (Muyao), franquicia de Al Qaeda. Con este grupo luchó en Malí, según los servicios antiterroristas.
Los ahora detenidos (ocho marroquíes en su país y un español en Melilla) habían estado inicialmente relacionados con las células terroristas Attaouhid y Al Mouahidine, ambas encuadradas de Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Estas células fueron golpeadas por la policía en mayo de 2013 durante una operación antiterrorista en Nador.
A partir de ese momento, según el Ministerio del Interior de Marruecos, el grupo de Zakaria y su hermano comenzó a girar hacia el EI. Sus primeros pasos en este sentido fueron los robos de coches para venderlos con el objeto de “financiar el viaje de miembros de la célula a Siria e Irak”. En estos países, Zakaria, no solo recibía aspirantes a terroristas. También se sospecha que estaba haciendo volver a combatientes con el objetivo de encuadrarse en “células activas para la comisión de atentados tanto en Marruecos como en Europa”.

Marruecos ha llevado el peso de la operación, pero para detener al supuesto jefe de la célula, el hermano de Zakaria, pidió la colaboración de la Comisaría General de Información, que lo detuvo en el barrio de la Cañada de Hidum, a espaldas de la mezquita blanca, fuera del control de los imanes marroquíes. La operación, calificada de “preventiva para eliminar la amenaza terrorista” sigue abierta y bajo el secreto que ha dictado el juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez. El exsoldado Zakaria sigue libre. Su hermano pasa este domingo a disposición judicial a efectos de extradición. Le espera, con una alta probabilidad, la cárcel.
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