domingo, 27 de diciembre de 2015

AGRADECER

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             ELSA CARDOZO

Los días que anteceden el paso de un año a otro y las celebraciones que los acompañan, aun en medio de la austeridad a la que obligan los tiempos que corren, tienen mucho de luminoso. Es la alegría que acompaña las celebraciones decembrinas multiplicada por los resultados de una jornada electoral que nos deja mucho que celebrar y, sin duda, personas a las que agradecer y corresponder. Recordarlo y cultivarlo puede ayudarnos a mantener la cabeza y el corazón en lo esencial.
Por mi parte, agradezco a los candidatos de la unidad democrática que tantos obstáculos debieron salvar al asumir su compromiso de representación contra viento y marea; a las miles de personas que trabajaron en la protección de los votos; a quienes lograron la atención y presencia de organizaciones políticas y personalidades internacionales, como María Corina Machado, Lilian Tintori, Mitzy Capriles y otros representantes de la MUD; a quienes estructuraron equipos de acompañamiento internacional desde la unidad, junto a la labor de observadores nacionales como la Asamblea de Educación y el Observatorio Electoral Venezolano; a las iniciativas que, como la Misión de Estudio Idea Internacional-UCAB, contribuyeron a hacer visible y escrutable, dentro y fuera de Venezuela, el impacto del ventajismo y las amenazas oficialistas. No es menos grande el agradecimiento especial a todos los electores cuya cota de participación fortaleció la legitimidad de la elección y el peso político de la mayoría que se ha pronunciado por un cambio de rumbo.
Al recibir palabras de agradecimiento, los ilustres visitantes internacionales que dejando de lado muchos obstáculos y ofensas de hicieron presentes en nuestro país, no dudaban en responder que lo consideraban su deber. Y bien que así sea, pero también sabemos que desde el secretario de la OEA, Luis Almagro, hasta los seis ex presidentes latinoamericanos y la infinidad de periodistas que permanecieron en Venezuela, actuaron en condiciones que el gobierno descalificó y entorpeció tanto como le fue posible. En la limitación a la arbitrariedad tuvo mucho peso esa presencia internacional, por quienes estuvieron aquí y por la atención que su presencia multiplicó.   
Aunque se diga que, a fin de cuentas, es una obligación de propios y extraños garantizar la integridad de los procesos electorales, en nuestra circunstancia es de agradecer que hayamos contado con voluntades empeñadas en que el resultado fuese en mejor reflejo posible de lo expresado en las urnas. Lo es porque venimos de una inercia de pérdida de confiabilidad en el sistema electoral y de un deliberado plan gubernamental de desmantelamiento de la observación internacional; bien sabemos que no solo de garantías electorales, sino de derechos humanos y ejercicio democrático.  
Creo que agradecer lleva consigo el sentimiento de corresponder y, también, el de preservar afectos, apoyos y solidaridades que apreciamos y necesitamos. También creo que si en los laberintos de la política que rodearon el 6 de diciembre constatamos que estuvimos bien acompañados, ahora nos toca mantenernos comprometidos, no obstante las dificultades a la vista, con un nuevo rumbo que nunca antes tuvo mayores posibilidades.
Agradecer y propiciar las buenas compañías que seguimos necesitando: las que cultivamos entre nosotros y las que nos ofrecieron otros. Por ahí puede estar la clave de un feliz 2016.

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HICIERON FALTA

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ELIAS PINO ITURRIETA

En la madrugada del 7 de diciembre, después de los primeros sentimientos que produjo el resultado electoral, vinieron a mi memoria los amigos desaparecidos que hubieran expresado regocijo al enterarse del triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias. ¿Qué hubieran gritado? ¿Cómo hubiesen manifestado ante los suyos lo que sentían, después de sus escaramuzas contra una especie curiosa de “revolución” a la que adversaron sin darse tregua, y en cuya cara había sonado una clamorosa bofetada popular mientras ya no estaban? Pienso, claro, en una atmósfera de exaltación próxima  a la gloria con ellos en el centro, porque no hay otra manera de manejar con propiedad esa fantasía. Hoy, como homenaje por lo que hicieron para que lleváramos a cabo entre todos la faena de propinarle una paliza al oficialismo, los quiero recordar frente a los lectores.
Las damas primero, no solo porque lo aconsejan las buenas costumbres, sino también porque la de marras sabía de esoterismos y tal vez los pueda manejar desde la eternidad para reclamar precedencia ante el último de sus compinches. Como profesora de la universidad, como manejadora de cónclaves sobre los misterios de los cultos populares, como autora de estudios importantes sobre los rasgos de los venezolanos de la actualidad, como escritora de novelas históricas que remontan hacia nuestros orígenes republicanos y, en especial, como comunicadora de alegría, Michaelle Ascencio estuvo en la vanguardia de la resistencia intelectual frente a lo que consideró como una barbarie difícil de desarraigar, pero ante cuya oscuridad jamás se amilanó. “De que vuelan, vuelan”, me dicen que dijo contoneándose desde su falda floreada cuando la señora triste del CNE leyó el primer escrutinio.
Zapata se hubiera expresado en una caricatura de antología. Lo imagino pidiendo dibujos viejos que refirieran la trascendencia del hecho, me dijo Mara en días pasados. Lo veo en el trabajoso movimiento que debía hacer en sus últimos días para proponer las palabras más adecuadas que se fijaran en la sensibilidad del lector, agregó. Lo imagino completamente feliz, concluyó Mara. Al maestro Pedro León Zapata no le alcanzó el tiempo para realizar esa viñeta histórica, pero hoy hacemos memoria de sus sapos con charreteras, de sus pesadas y hegemónicas botas militares, de sus espadas parlantes e idiotas, de sus Coromoticos todavía más decepcionadas del siglo XXI, porque fueron inspiración primordial, al alcance de todos, de una lucha que cristalizó el 6 de diciembre. Quizá no hubiésemos llegado a esta primera meta sin el apoyo del genial artista, me atrevo a asegurar.
Simón Alberto Consalvi está en la sala de su casa, en su sillón de cuero de gran señor, mirando los retratos del general  Gómez que le pintó Zapata y rodeado de los amigos que esperamos su opinión. Dice entonces pocas palabras porque no se lleva bien con las estridencias, pero tiene ganas de desembuchar las bullas que jamás salieron de su boca. Debido a que se resiste a soltarlas, los presentes nos conformamos con comentar sus artículos semanales en El Nacional y los desayunos que convocaba en la mesa de Luis José Oropeza para hablar del chavismo y de la oposición con la intención de que las tertulias sigilosas se volvieran después acción en la calle, en las aulas y en el seno de los partidos. También recordamos, desde luego, que ese gran señor que ahora guarda silencio se jugó el pellejo en la resistencia contra una dictadura, cuando comenzaba una guerra que acaba de enderezarse en la proximidad de la pascua gracias a una victoria titánica.
Manuel Caballero es otro asunto, otro tipo de levantado paladín. No para de hablar, se mueve con una agilidad que no le conocíamos, se le entienden, créanme, las frases apelmazadas; pide las copas que jamás consumió en la vida, reclama las felicitaciones que merece, se despoja por primera vez de la boina azul y se prepara para salir en tres programas de televisión. Hasta llega, asunto inusual, a contar un chiste gracioso de veras. Si cree, como afirma sin vacilar, que fue artífice esencial de lo que sucedió, tiene razón. Sus letras valientes y su encono contra las militaradas, pero también sus aportes densos de historiador, fueron guía certera para los hombres convertidos poco a poco en ciudadanos y, también poco a poco, en héroes electorales.
En el amanecer del 7 de diciembre extrañé la compañía de cuatro grandes venezolanos.

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¿PARA QUÉ SIRVIÓ EL AÑO 2015?


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               MOISES NAIM

El 2015 fue un año tumultuoso, lleno de acontecimientos noticiosos. ¿Cuáles pasarán al olvido y cuáles serán recordados por los historiadores del futuro?
Es difícil saberlo. Situaciones que hoy nos parecen trascendentales pueden terminar siendo irrelevantes. Pero también puede ocurrir que los eventos de 2015 que hoy parecen importantes tengan, en efecto, inmensas consecuencias y se conviertan en hechos históricos. Un buen ejemplo de esto es la reunión de Naciones Unidas sobre medio ambiente –la llamada COP21– que se llevó a cabo en París hace unas semanas. Allí más de 200 naciones se comprometieron a hacer esfuerzos para reducir las emisiones de CO2 que contribuyen a calentar el planeta. Si se cumplen estos acuerdos, la COP21 habrá sido un hito histórico para la humanidad. De no ser así, pasará a ser una más de las muchas reuniones cumbre que generan más ruido que consecuencias.  
Pero no todas las noticias de 2015 son tan difíciles de calibrar. Este año también vivimos acontecimientos cuya importancia suscita pocas dudas. Uno de ellos ocurrió en nuestro sistema solar y otro, en nuestro planeta. 
A continuación, mi muy idiosincrática y arbitraria lista de los eventos de 2015 que podrían pasar a la historia. 
1) La NASA, tras las huellas de agua en Marte. A finales de septiembre, la agencia espacial estadounidense anunció que sus científicos habían encontrado los indicios más contundentes hasta ahora de la existencia de agua líquida en Marte (agua líquida en contraste con agua congelada o vapor de agua). Las implicaciones de esto son enormes. Van desde el hecho de que pueda haber partes de Marte que podrían ser habitables hasta la posibilidad de que haya ciertas formas de vida allí. Ya veremos. 
2) Este ha sido el año más caluroso de la historia desde que se comenzaron a llevar registros estadísticos. Y 2015 rompió el récord de 2014. El problema es que esta marca histórica también puede ser efímera. Los expertos pronostican que en 2016 la temperatura promedio del planeta será aún más alta que la de este año. ¿Necesitamos más señales de que es urgente hacer algo al respecto?
3) Mas de 200 países acuerdan reducir sus emisiones de CO2. Y esta es una buena noticia de 2015, siempre que los países cumplan de manera sostenida y disciplinada con los compromisos adquiridos en París. Aun así, hay quienes creen que estamos haciendo poco y tarde. Otros piensan que, por fin, en París se comenzó un proceso histórico importantísimo. Ojalá sea así. Nos estamos jugando la civilización tal y como la hemos conocido hasta ahora.
4) La economía china crece menos. Lo que pasa en China nos afecta a todos, dondequiera que estemos. Y este año hicieron erupción múltiples enfermedades económicas del gigante asiático. Entre otros problemas, su economía está creciendo menos. ¿Cuánto menos? No se sabe. Los expertos dudan de los números oficiales (crecimiento de 7% este año) y creen que son mucho peores. La pregunta es si se trata simplemente de una desaceleración de un par de años o de un descarrilamiento y, por tanto, la economía va a tardar mucho más en recuperar su senda de rápido crecimiento. Queda por verse. Pero este año quedó claro que China es más frágil de lo que parecía.
5) Caen drásticamente los precios internacionales de las materias primas –especialmente el del petróleo– y muchos países emergentes entran en crisis a raíz de esto. La disminución de la demanda de materias primas por parte de China y una inesperada abundancia de petróleo han provocado una caída de 34% de los precios de los commodities este año (están 80% por debajo de su precio más alto). El petróleo cuesta ahora 30 dólares por barril, frente a los casi 100 de hace solo 2 años. De Rusia a Venezuela y de Argentina a Indonesia, los países cuyas economías dependen de venderle materias primas al resto del mundo lo están pasando muy mal. Les vienen ajustes económicos importantes que, en muchos casos, tendrán consecuencias políticas aún más importantes. 
6) Llegan a Europa 1 millón de inmigrantes. Esta cifra es 5 veces mayor que la del año pasado y, según la Organización Internacional para las Migraciones, constituye el mayor movimiento de personas que ha habido en el continente desde la Segunda Guerra Mundial. La crisis de la inmigración no es solo una desgarradora tragedia humanitaria, sino que también plantea un grave dilema institucional. ¿Europa responderá a la avalancha de inmigrantes integrándose más y trabajando colectivamente o lo hará fragmentándose y erigiendo de nuevo barreras, fronteras y obstáculos entre países?
7) Termina en América Latina la hegemonía de gobiernos que han estado en el poder durante todo este siglo. Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua han tenido el mismo gobernante o la misma élite política en el poder en lo que va del siglo XXI. Estos países se beneficiaron de los altos precios de sus materias primas, y los gobernantes expandieron enormemente el gasto público, lo que les hizo ganar gran popularidad. Y aprovecharon esto para impulsar un hiperpopulismo sin precedentes, tolerar inéditos niveles de corrupción, hacer sistemáticos –y a veces brutales– esfuerzos para impedir cualquier intento de limitar su hegemonía y por prolongar indefinidamente sus mandatos. Con la caída de los precios de sus exportaciones y crecientes evidencias del fracaso de las políticas –y los políticos– dominantes, se comienza a resquebrajar la hegemonía de las oligarquías y dinastías imperantes en América Latina. Estos grupos y sus ideas no están en peligro de extinción y seguirán teniendo mucha influencia. Pero menos que hasta ahora.
8) Donald Trump cambia la política de Estados Unidos. En 2015 la gran sorpresa no es que Trump y sus odiosos mensajes hayan tenido tanto éxito entre los simpatizantes del Partido Republicano. La sorpresa aún mayor es que ese partido, una de las maquinarias políticas más antiguas y eficaces del mundo, no haya tenido el poder de parar a Trump. Los líderes del establishment republicano saben que Trump y sus mensajes le están haciendo un daño irreparable a ese partido. Y en 2015 comprobaron que no tienen el poder de pararlo. Y esta es una tendencia global: el poder político se diluye y fragmenta y a los “de siempre” les cuesta cada vez más ser “los de ahora”.
9) Primer año en la historia sin nuevos casos de poliomielitis en África. Esta es una buena noticia promovida por Bill Gates. El polio paralizaba a 350.000 niños cada año en todo el mundo. Desde 1988 a hoy, el número de casos cayó 99,9%. En 2015 serán menos de 100 (predominantemente en Pakistán y Afganistán) y por primera vez no hay nuevos casos en África. A veces cuando la humanidad quiere, puede.
10) Estados Unidos inicia un proceso de normalización con Irán y Cuba. La evolución de esta “normalización” es aún muy incierta. Pero este año se reabrió la Embajada de Cuba en Estados Unidos y viceversa. Y los archienemigos Irán y Estados Unidos (más cinco otras potencias) se dieron la mano en un controvertido pero importante acuerdo para limitar el programa nuclear de Teherán. Ambas son buenas noticias.
¡Feliz 2016!  
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LA GRAN COALICIÓN


      MARIO VARGAS LLOSA

Todo el mundo parece de acuerdo en que las recientes elecciones en España acabaron con el bipartidismo y una inequívoca mayoría parece celebrarlo. Yo no lo entiendo. La verdad es que ese período que ahora termina en el que el Partido Popular y el Partido Socialista se han alternado en el poder ha sido uno de los mejores de la historia española. La pacífica transición de la dictadura a la democracia, el amplio consenso entre todas las fuerzas políticas que lo hizo posible, la incorporación a Europa, al euro y a la OTAN y una política moderna, de economía de mercado, aliento a la inversión y a la empresa produjo lo que se llamó “el milagro español”, un crecimiento del producto interior bruto y de los niveles de vida sin precedentes que hizo de España una democracia funcional y próspera, un ejemplo para América Latina y demás países empeñados en salir del subdesarrollo y del autoritarismo.
Es verdad que la lacra de esos años fue la corrupción. Ella afectó tanto a populares como socialistas y ha sido el factor clave —acaso más que la crisis económica y el paro de los últimos años— del desencanto con el régimen democrático en las nuevas generaciones que ha hecho surgir esos movimientos nuevos, como Podemos y Ciudadanos, con los que a partir de ahora tendrán que contar los nuevos Gobiernos de España. En principio, la aparición de estas fuerzas nuevas no debilita, más bien refuerza la democracia, inyectándole un nuevo ímpetu y un espíritu moralizador. Acaso el fenómeno más interesante haya sido la discreta pero clarísima transformación de Podemos que, al irrumpir en el escenario político, parecía encarnar el espíritu revolucionario y antisistema, y que luego ha ido moderándose hasta proclamar, en boca de Pablo Iglesias, su líder, una vocación “centrista”. ¿Una mera táctica electoral? Tengo la impresión de que no: sus dirigentes parecen haber comprendido que el extremismo “chavista”, que alentaban muchos de ellos, les cerraba las puertas del poder, e iniciado una saludable rectificación. En todo caso, el mérito de Podemos es haber integrado al sistema a toda una masa enardecida de “indignados” con la corrupción y la crisis económica que hubieran podido derivar, como en Francia, hacia el extremismo fascista (o comunista).
¿Y ahora qué? El resultado de las elecciones es meridianamente claro para quien no está ciego o cegado por el sectarismo: nadie puede formar Gobierno por sí solo y la única manera de asegurar la continuidad de la democracia y la recuperación económica es mediante pactos, es decir, una nueva Transición donde, en razón del bien común, los partidos acepten hacer concesiones respecto a sus programas a fin de establecer un denominador común. El ejemplo más cercano es el de Alemania, por supuesto. Ante un resultado electoral que no permitía un Gobierno unipartidista, conservadores y socialdemócratas, adversarios inveterados, se unieron en un proyecto común que ha apuntalado las instituciones y mantenido el progreso del país.
¿Puede España seguir ese buen ejemplo? Sin ninguna duda; el espíritu que hizo posible la Transición está todavía allí, latiendo debajo de todas las críticas y diatribas que se le infligen, como han demostrado la campaña electoral y las elecciones del domingo pasado que (salvo un mínimo incidente) no pudieron ser más civilizadas y pacíficas.
La aparición de Podemos y Ciudadanos no debilita la democracia sino que la refuerza
Sólo dos coaliciones son posibles dada la composición del futuro Parlamento, el PSOE, Podemos y Unidad Popular, que, como no alcanzan mayoría, tendría que incorporar además algunas fuerzas independentistas vascas y/o catalanas. Difícil imaginar semejante mescolanza en la que, como ha dicho de manera categórica Pablo Iglesias, el referéndum a favor de la independencia de Cataluña sería la condición imprescindible, algo a lo que la gran mayoría de socialistas y buen número de comunistas se oponen de manera tajante. Pese a ello, no es imposible que esta alianza contra natura, sustentada en un sentimiento compartido —el odio a la derecha y, en especial, a Rajoy— se realice. A mi juicio, sería catastrófica para España, pues probablemente las contradicciones y desavenencias internas la paralizaría como Gobierno, retraería la inversión y podría provocar un cataclismo económico para el país de tipo griego.
Por eso, creo que la alternativa es la única fórmula que puede funcionar si las tres fuerzas inequívocamente democráticas, proeuropeas y modernas —el Partido Popular, el Partido Socialista y Ciudadanos—, deponiendo sus diferencias y enemistades en aras del futuro de España, elaboran seriamente un programa común de mínimos que garantice la operatividad del próximo Gobierno y, en vez de debilitarlas, fortalezca las instituciones, dé una base popular sólida a las reformas necesarias y de este modo consiga los apoyos financieros, económicos y políticos internacionales que permitan a España salir cuanto antes de la crisis que todavía frena la creación de empleo y demora el crecimiento de la economía.
Esto es perfectamente posible con un poco de realismo, generosidad y espíritu tolerante de parte de las tres fuerzas políticas. Porque este es el mandato del pueblo que votó el domingo: nada de Gobiernos unipartidistas, ha llegado —como en la mayoría de países europeos— la hora de las alianzas y los pactos. Esto puede no gustarle a muchos, pero es la esencia misma de la democracia: la coexistencia en la diversidad. Esa coexistencia puede exigir sacrificios y renunciar a objetivos que se considera prioritarios. Pero si ese es el mandato que la mayoría de electores ha comunicado a través de las ánforas, hay que acatarlo y llevarlo a la práctica de la mejor manera posible. Es decir, mediante el diálogo racional y los acuerdos, con una visión no inmediatista sino de largo plazo. Y ver en ello no una derrota ni una concesión indigna, sino una manera de regenerar una democracia que ha comenzado a vacilar, a perder la fe en las instituciones, por la cólera que ha provocado en grandes sectores sociales el espectáculo de quienes aprovechaban el poder para llenarse los bolsillos y una justicia que, en vez de actuar pronto y con la severidad debida, arrastraba los pies y algunas veces hasta garantizaba la impunidad de los corruptos.
España está en uno de esos momentos límites en que a veces se encuentran los países, como haciendo equilibrio en una cuerda floja, una situación que puede precipitarlos en la ruina o, por el contrario, enderezarlos y lanzarlos en el camino de la recuperación. Así estaba hace unos 80 años cuando prevaleció la pasión y el sectarismo y sobrevino una guerra civil y una dictadura que dejó atroces heridas en casi todos los hogares españoles. Es verdad que la España de ahora es muy distinta de ese país subdesarrollado y sectarizado por los extremismos que se entremató en una guerra cainita. Y que la democracia es ahora una realidad que ha calado profundamente en la sociedad española, como quedó demostrado en aquella Transición tan injustamente vilipendiada en estos últimos tiempos. Ojalá que el espíritu que la hizo posible vuelva a prevalecer entre los dirigentes de los partidos políticos que tienen ahora en sus manos el porvenir de España.
 
Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2015.
© Mario Vargas Llosa, 2015

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MITZY CAPRILES A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

La injusticia no ha cedido en Venezuela. A pesar del inmenso rechazo manifestado por los ciudadanos en las últimas elecciones el gobierno insiste en no cambiar. No cambia su política económica que coloca a todos los venezolanos en la ruta de un empobrecimiento acelerado. No cambia su política institucional, viciada de prepotencia y desconocimiento de la legalidad. Y no cambia tampoco en su decisión de perseguir y mantener presos a líderes políticos de la talla de Antonio Ledezma.
Mi esposo es un líder de una larga trayectoria y compromiso democrático. El gobierno no le perdona que haya sido el primero que rompió el cerco electoral en Caracas logrando su elección y reelección como Alcalde Metropolitano. Tampoco le perdonan el rol político que siempre ha desempeñado, practicante de la unidad, articulador de consensos y firme en sus convicciones de convocar la insatisfacción del pueblo para transformarla en opciones políticas. El gobierno no le perdona su capacidad para disentir y el coraje moral con el que constantemente se mantiene al lado de los intereses más genuinos del pueblo.

Mi esposo es el titular de la autoridad civil electa más significativa después del Presidente de la República, pero ahora se estremece en el silencio y el aislamiento impuesto por la injusticia. Sus derechos ciudadanos fueron totalmente arrebatados por un régimen que notoriamente administra cárcel, silencio y aislamiento como mecanismos de anulación de los liderazgos y amedrentamiento a la comunidad de demócratas.

Antonio Ledezma lleva 10 meses en condición de secuestro institucional sin que hasta ahora haya podido defenderse porque no se ha realizado la audiencia ante el juez. 10 meses que ha sufrido intensamente el no ser lo que ha sido toda su vida: un político entregado a tiempo completo a servir a su pueblo.
Nadie puede tener dudas sobre la detención arbitraria que sufre Antonio Ledezma. Así fue calificado por la ONU quien exigió al régimen su inmediata libertad, requerimiento que es desacatado, porque su encierro no obedece a ningún criterio jurídico,, tal como se consigna en el documento nº 27 del 03 de Septiembre de 2015, del Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que recomienda la liberación inmediata de la Segunda Autoridad Civil más votada de nuestro país.

Fue la policía política la que allanó sus oficinas y se lo llevó a la fuerza. Fue el gobierno el que dispuso de su detención y el que valiéndose del control de todas las instituciones lo mantiene en total indefensión, arrebatados sus derechos y separado de los ciudadanos que lo eligieron.
 
Por eso invoco una vez más a la comunidad internacional. Contamos con la buena voluntad y preocupación democrática de Jefes de Estado, ministros, cancilleres, parlamentarios, alcaldes, gobernadores, intelectuales, artistas, movimientos religiosos, estudiantes, gremialistas, activistas de derechos humanos y a toda la gente que en cualquier rincón del mundo ame la libertad tanto como repudie la injusticia, para que sumen su clamor y en conjunto exijan una y otra vez el cese de la indebida detención de Antonio Ledezma y de todos los presos políticos.
Apelo a la capacidad movilizadora de la indignación de todos aquellos que no se resignan a la indiferencia porque se sienten conmovidos por la persecución y el sufrimiento de los venezolanos. Antonio Ledezma solo es un símbolo más de un país que sufre injusticia y acoso, pero no es el único.  Mi esposo merece la libertad plena cuanto antes.
Venezuela se merece una democracia sin exiliados y presos de conciencia. En las democracias de verdad no se persiguen los disensos.  Y eso solamente será posible con el concurso de todos ustedes, exigiendo una y otra vez que cese la represión de la que todos somos objeto.
 
Atentamente
Mitzy Capriles de Ledezma.

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sábado, 26 de diciembre de 2015

SOBRE EL DECRETO DE AMNISTÍA ANUNCIADO POR LA MESA DE LA UNIDAD DEMOCRÁTICA PARA SER DICTADO POR LA NUEVA ASAMBLEA NACIONAL
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Allan R. Brewer-Carías 

I

Con razón política, e interpretando la voluntad popular expresada abrumadoramente en la rebelión popular mediante el sufragio contra el autoritarismo expresada en elección legislativa del pasado 6 de diciembre de 2015, la Mesa de la Unidad Democrática, ha publicado en su página web el 10 de diciembre de 2015, una Oferta Legislativa para el Cambio, como compromiso de base de todos los diputados electos, en la cual se expresa, con razón, que “es imperioso procurar la liberación de los presos políticos con la finalidad de crear condiciones de paz y entendimiento nacional,” para lo cual se ha propuesto dictar una “Ley de Amnistía General” cuyo objeto sería: “conferir Amnistía general y plena a favor de todos aquellos ciudadanos bajo investigación criminal, administrativa, disciplinaria o policial, y a procedimientos administrativos o penales con ocasión de protestas políticas y posiciones disidentes. Esta Amnistía supondría también la finalización de las inhabilitaciones políticas y los procedimientos relativos al allanamiento de la inmunidad parlamentaria.”

II

Ahora bien, frente a esa oferta, debe tenerse en cuenta que decretar amnistías es una prerrogativa o privilegio de la Asamblea Nacional, como lo dispone el artículo 187.5 de la Constitución, así como también es una prerrogativa del Presidente de la República conceder indultos (art. 236.19).

Tratándose en ambos casos de unas prerrogativas exclusivas o atribución privativa de esos órganos del Estado, su ejercicio no puede verse interferido por ningún otro órgano del Estado, y la única limitación constitucional que se establece para ambas prerrogativas y beneficios, es que ni la amnistía ni el indulto se pueden decretar ni conceder respecto de delitos de humanidad, violaciones graves de los derechos humanos y los crímenes de guerra (art. 29), que sería, por lo demás, lo único que podría ser sometido a control de constitucionalidad ante la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, cuando sea procedente.

III

Este privilegio de la Asamblea Nacional de decretar amnistías, en materia penal significa, decretar la despenalización de determinados hechos, lo que significa la remisión, el olvido o la abolición de los delitos derivados de los mismos, y de sus penas. Con la amnistía, por tanto, el Estado, renuncia a la persecución penal y al castigo por determinados hechos, quedando borrado el respectivo delito con todas sus huellas. La amnistía, por tanto, se refiere a los hechos considerados como punibles y no a las personas individualizadas, de manera que si el hecho queda despenalizado y por tanto, borrado o extinguido como hecho punible, la amnistía opera para todas las personas que pudieran haber sido investigados, imputados, acusados o condenados por los mismos.

Por ello, por su naturaleza, un decreto de amnistía no puede hacer excepción de personas. Como lo dispone el artículo 104 del Código Penal: “La amnistía extingue la acción penal y hace cesar la ejecución de la condena y todas las consecuencias penales de la misma”. Por tanto, decretada una amnistía, todos los órganos del Estado (Poder Judicial, Poder Ejecutivo, Poder Ciudadano, Poder Electoral) están obligados a acatar la decisión legislativa y a dictar los actos que fueren necesarios para ejecutar el decreto de amnistía, de manera que el derecho o beneficio que otorga pueda ejercerse por las personas que se beneficien de la misma. Ellas no pueden quedar sujetas a juicio o apreciación de ninguna otra autoridad, y mucho menos de parte del Poder Ejecutivo, cuando en particular haya sido el artífice de la persecución política, o del Ministerio Público, cuando haya sido el brazo ejecutor de la misma como acusador en los procesos que se busca extinguir.

Es un disparate constitucional, por tanto, que quien ejerce la Presidencia de la República, ante la iniciativa anunciada por la Mesa de la Unidad Democrática, y después de la abrumadora derrota que sufrió el gobierno y su partido, haya declarado el 9 de diciembre de 2015 que: “"No aceptaré ninguna ley de amnistía. Me podrán enviar mil leyes pero los asesinos de este pueblo tienen que pagar."


IV

Y ello es un disparate porque no necesariamente el decreto de amnistía debe revestir la forma de una “ley” que tenga que remitirse para su ejecútese al Presidente de la República. Siendo la decisión de decretar amnistías un privilegio de la Asamblea Nacional, a ésta le corresponde, única y exclusivamente, determinar en cada caso, cuándo, cómo, con cuál extensión y en qué forma va a decretarla. Por ello, lo primero que hay que tener en cuenta, como antes dije, es que no necesariamente el decreto legislativo de amnistía debe tener la forma de una “ley.” En efecto, la Constitución al enumerar las atribuciones de la Asamblea Nacional lo que indica es que tiene competencia para “decretar amnistías,” (art. 187.5) sin exigir, como lo hace en otras normas que el acto parlamentario tenga que ser necesariamente emitido con forma de “ley,” como por ejemplo ocurre, en el mismo artículo 1876, en materia de tratados o convenios internacionales que solo deben ser aprobados por ley (art. 187.18). Esto significa que es potestad exclusiva de la nueva Asamblea Nacional escoger la forma que revestirá el acto parlamentario contentivo del decreto de amnistía, que puede ser mediante ley o mediante un acto parlamentario sin forma de ley, que bien puede tener la denominación constitucional de “decreto” de amnistía.

V

Por supuesto, si la Asamblea Nacional opta por emitir el decreto de amnistía mediante un acto parlamentario sin forma de ley, el mismo no tiene que enviarse al Poder Ejecutivo en forma alguna, para nada, y menos para su “ejecútese” o publicación, que solo procede respecto de las leyes (art. 213). En ese caso, si la Asamblea Nacional opta por emitir el decreto de amnistía como un acto parlamentario sin forma de ley, quien ejerce la Presidencia de la República se quedará eternamente esperando para tratar de ejecutar la bravuconada amenaza de que “no aceptará ninguna ley de amnistía.” El Presidente de la república no tiene competencia ni atribución constitucional para aceptar o negar la decisión que pueda adoptar la Asamblea nacional como representante del pueblo en materia de amnistía.

 VI

Pero por supuesto, la Asamblea Nacional también tendría la prerrogativa de decretar la amnistía, actuando para ello como cuerpo legislador y utilizando la forma de “ley” (arts. 202, 212), pero en ese caso, si bien como tal “ley” tendría que ser remitida para su promulgación al Poder Ejecutivo, la misma, como ya lo hemos indicado, “como Ley de carácter político, no puede ser vetada por el Presidente de la República.” Es decir, si la nueva Asamblea Nacional llegase a decretar la amnistía anunciada, sancionando para ello una “Ley de amnistía,” si al remitírsele al Ejecutivo para su promulgación, éste, mediante exposición razonada adoptada en Consejo de Ministros, llegase a solicitarle a la Asamblea que modifique alguna de sus disposiciones, o que le levante la sanción en todo o en parte (art. 214), ello solo implicaría que la Asamblea, luego de decidir sobre los aspectos planteados por el Ejecutivo por el voto de la mayoría absoluta de los diputados presentes, volvería a remitirle el texto para su promulgación. Y éste, sin
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formular nuevas observaciones, debe proceder a promulgar la Ley en un lapso de cinco días, y de no hacerlo, corresponde a la directiva de la Asamblea Nacional a promulgarla directamente (art. 216) Y además, para el caso de que la Asamblea Nacional optara por decretar la amnistía mediante una “Ley de amnistía,” el Presidente, cuando se la remita para su promulgación, tratándose de una decisión de carácter político, solo podría ejercer su facultad de objetar la ley por razones de inconstitucionalidad, ante la Sala Constitucional del Tribunal Supremo, como se regula en el artículo 215 de la Constitución, únicamente basado en consideraciones respecto de los límites impuestos en la Constitución al decreto de amnistía que no puede implicar la despenalización de hechos punibles correspondientes a delitos de lesa humanidad, a violaciones graves a los derechos humanos y a crímenes de guerra.


 New York, 11 de diciembre de 2015  

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LO ANUNCIÓ HECTOR LAVOE

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               FAUSTO MASÓ


Crecen los que están convencidos de que a Nicolás Maduro le queda poco en el poder, sin que nadie adivine cuál será el episodio final, en ningún caso imaginan un trágico desenlace. No, esto es de risa. A Nicolás le quedaría por lo menos un año en el poder: no cabe imaginar que los militares lo saquen de Miraflores, no es tan fácil que unos militares desplacen a los otros militares que ocupan los ministerios. Además, la oposición que repite ser democrática, en teoría rechazaría un golpe de Estado. En teoría, claro, porque puesta contra la pared lo aceptará, con tal de que se lo disfracen un poco. Ese no sería el final de esta crisis, sino otro episodio de la comedia.
Venezuela no es Cuba, ni de lejos. Cuba emprendió una guerra de 100 años contra Estados Unidos. Ahora los Castro pusieron, por fin, los pies en el suelo, dejaron de despreciar la geografía y abandonaron un heroísmo fanfarrón. Los defensores de esta Numancia del Caribe siempre han soñado con tomar vacaciones, salir de putas, comprar calzado de moda, ¡viajar a Estados Unidos! Ya lo están haciendo.
Después de prepararse tantas mañanas para enfrentar una invasión, ya están hartos de trasladarse en bicicleta. Todos los días saben que algún conocido en Miami cambia de carro cada año y lleva a sus hijos al McDonald’s. Están cansados, muy cansados. Perdieron la fe en el hombre nuevo… y en el viejo. Ellos que vigilaban en el horizonte la aparición de la flota enemiga, agarraron una insolación.
Todavía recitan en los colegios de la isla algún poema a la fidelidad revolucionaria. Verdad que también envejecieron sus enemigos de Miami que se convirtió en una gigantesca ciudad artificial. Unos y otros representan un espectáculo sin interés.
No se volvió inmortal el Che por haber sido un buen ministro de Industrias, o un invencible jefe guerrillero, sino por su muerte patética: nunca fabricó una buena bicicleta ni le ganó una batalla al Ejército boliviano: coleccionó fracasos en todos los continentes. Tenía un ojo certero para equivocarse, pero aun así un soñador despierta más simpatía que un realista consumado como Fidel. Una amiga, gerente de relaciones públicas del hotel Tamanaco, que conoció de cerca a este último cuando fue huésped de Chávez, dice que le parecía un vendedor de autos usados.
El caso venezolano es peor, mucho peor. Esto se apagará como una vela sucia consumida. No hay mañana para esta revolución, ni tampoco pasado. Pero, ¿tiene futuro la oposición? Vamos a toda marcha hacia ninguna parte.
A la Revolución cubana la representan unos caudillos envejecidos; además, quieren hacer negocios con Estados Unidos, olvidaron las razones que los movió a jurar vencer o morir. Les fallan las articulaciones, las rodillas no les aguantan el cuerpo. Les pasó el tiempo igual que a los cubanos de Miami, aunque estos se consuelan con los cachivaches de la sociedad de consumo: carros, televisores, juegos electrónicos. La guerra entre cubanos se convirtió en una trifulca en un asilo entre ancianos que agitan sus bastones en el aire, mientras las enfermeras tratan de calmarlos. ¡Ustedes no están para esos trotes!, les dicen.
Los cubano-americanos volvieron Miami la mayor Colonia Tovar del mundo, donde hacen el papel de cubanos para distracción de los futuros visitantes.
¿Cuál será el destino de los revolucionarios venezolanos? ¿Habrá revolucionarios para fines de 2016? Hemos emprendido un viaje sin destino donde solo hay un consuelo, como cantaba Lavoe: “Todo tiene su final”.

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