domingo, 26 de agosto de 2018

El plan de Maduro

Fernando Lus Egaña

El “plan” de Maduro no es de Maduro, y ni siquiera es propiamente de su predecesor. Es de los castristas que lograron colonizar al Estado venezolano, y destruir, poco a poco, a ese mismo Estado, a la República, a la democracia, a la economía productiva, y a la vitalidad de nuestra nación, hoy a medio camino entre la emigración masiva y la resignación angustiosa.
El llamado “programa de recuperación, crecimiento y prosperidad económica”, es una derivación de lo anterior, es decir una derivación del proyecto de dominación que, en mi caso, suelo denominar como hegemonía roja, y además destacando sus principales características: despótica, depredadora y envilecida.
Entrar en disquisiciones sobre tales o cuales medidas anunciadas o esbozadas en el referido “programa” no es lo más importante. Lo más importante es evaluar el asunto en la perspectiva del control hegemónico que ejerce el poder establecido, bajo la tutela del régimen cubano. Si esto no lo entendemos así, en el fondo no entendemos nada, y desde luego que es muy difícil luchar con eficacia en contra de lo que no se entiende. Y más que difícil, en verdad no es posible.
Una de las facetas de ese proyecto de dominación, es el disimulo seudo-democrático. Aprovechar valores, instituciones, factores de la cultura democrática venezolana, para crear la impresión, dentro y fuera del país, de que Venezuela es gobernada por una democracia tal vez “atípica”, de corte socialista, empeñada en combatir la pobreza con métodos quizás agresivos, pero que todo ello se desenvuelve en un marco constitucional y esencialmente democrático, sobre todo por la frecuencia de elecciones y otras consultas comiciales…
Semejante patraña ha sido vendida con habilidad. Eso no se puede desconocer. Como tampoco se puede desconocer que no pocos compraron la patraña, no porque cayeran por inocentes, sino porque pensaron, con razón, que podían sacarle un oneroso provecho a la situación. Al fin y al cabo, la hegemonía roja no es sólo despótica y depredadora sino también envilecida o radicalmente corrupta. Todo lo que toca lo corrompe y, por tanto, lo destruye.
El “programa económico” del que tanto se está ufanando Maduro, es una pieza en ese engranaje. No es ni mucho menos la pieza principal, pero sí es la que está presente en estos momentos, en lo que queda de discusión pública en Venezuela, bastante desbaratada, por cierto, en lo cuantitativo y cualitativo. La cantidad de disparates que se leen o escuchan en el país, mañana, tarde y noche, da buena cuenta de todo eso.
Disparates o barbaridades que no pocas veces provienen de “voceros prudentes” o de figuras de cierta resonancia pública en el campo de la oposición política, que, lamentablemente, se agotan en la minucia del día a día, y soslayan por completo el contexto general, sin el cual, los asuntos particulares o no se comprenden en lo absoluto, o se comprenden de una manera peligrosamente equivocada.
Este delirante “plan” que Maduro viene anunciado en medio de absurdos y ambigüedades, inflige daños gravísimos a la ya catastrófica condición de Venezuela –que si el padre Luis Ugalde señaló que era de terapia intensiva, hace más de un año–, hoy debe ser una condición que coloca al país al borde de la sepultura. Y me refiero, a la sepultura de Venezuela como nación viable.
El plan de Maduro no es la raíz y ni siquiera el tronco de la tragedia. Es uno de sus ramajes. Lo principal es el proyecto de dominación como tal, o la hegemonía despótica, depredadora y envilecida que destruye a la patria.

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Los cantamañas bolivarianos

Enrique Viloria Vera

Proverbios 6:16-19: 16 Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: 17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, 18 El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, 19 El testigo falso que habla mentiras, Y el que enciende rencillas entre los hermanos.

Un cantamañas, de acuerdo con el Drae es una persona informal, fantasiosa, irresponsable que no merece crédito. Los hay en todas partes del planeta, sin embargo, en el caso de nuestra sufrida patria, se han adueñado del gobierno, de las instituciones, dejando a su paso un reguero de escombros materiales y espirituales.
Desde hace casi dos décadas un par de cantamañas bolivarianos han usufructuado del poder del estado para – irresponsablemente – desplegar todas sus fantasías en nombre de un llamado Socialismo del siglo XXI. Han sido largos años de destrucción intencional de tolo aquello que tanto costo en erigirse y poner en funcionamiento.
El primero de ellos, amparado en un por ahora pronunciado en las cámaras de televisión, y vestido con un uniforme militar de camuflaje, entusiasmó a un electorado cansado del bipartidismo vilipendiado por los medios de comunicación y por un grupo de los llamados notables. El paracaidista ganó las elecciones y más temprano que tarde, comenzó a ejecutar un plan basado en la división y el desprecio por sus adversarios.
Envalentonado por el apoyo brindado el dictador cubiche y con la ayuda de la chequera petrolera, decidió crear una economía de puerto, apoyar a los presidentes populistas y a los movimientos revolucionarios en una nueva tricontinental socialista. Confiscó, expropió, importó, regaló divisas a granel, conculcó la separación de poderes, se endeudó con chinos y rusos, insultó a todo quisque, dilapidó las reservas internacionales, politizó a las fuerzas armadas y paremos de contar.
Afectado por una enfermedad terminal, falleció no sabemos cuándo ni dónde; antes del suspiro último designó como su sucesor a otro cantamañas, quien profundizó la ineficiencia del aparato estatal, persiguió sin miramientos a los líderes de la oposición, propició una de las mayores diásporas que conoce la humanidad, fortaleció el clientelismo y el nepotismo, quebró lo poco que funcionaba, bailó y se burló de todos aquellos que lo adversan, en fin, decretó la muerte de la República.
Inexperto, no sabe qué hacer con la economía nacional, devalúa la moneda, controla los precios, regula la actividad económica, quebró a la empresa de los huevos de oro negro, logró la unidad de muchos países del mundo: todos contra él.
Nuestro Robusto Guasón pasó de ser un cantamañas para convertirse en un verdadero tonto lava.

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sábado, 25 de agosto de 2018

OCTAVIO PAZ Y LA DESILUSIÓN DEL SANDINISMO


RAFAEL ROJAS

LETRAS LIBRES

 
Ante lo que sucede en Nicaragua vale la pena regresar a los artículos de Gabriel Zaid en la revista Vuelta a principios de los 80 y al “discurso de Frankfurt” de Octavio Paz, cuya transmisión por Televisa, en octubre de 1984, desató tanta furia en la izquierda mexicana. Habría que recordar, de entrada, que la crítica de Paz y Zaid a la “confiscación de la Revolución por una élite de dirigentes” y al avance de un modelo “burocrático-militar”, inspirado en Cuba, dentro de las guerrillas centroamericanas, no se oponía a la posición oficial del gobierno de México, sino que la complementaba.
Tras la llegada de Miguel de la Madrid a la presidencia en 1982, la cancillería mexicana dio el impulso decisivo para la creación, con Venezuela, Colombia y Panamá, del grupo Contadora, que intentó facilitar la paz en Centroamérica. El trasfondo ideológico de aquella iniciativa diplomática contemplaba tanto una clara oposición al apoyo militar de Estados Unidos a la contra nicaragüense y a los regímenes autoritarios de El Salvador, Guatemala y Honduras, como un llamado a Moscú y a La Habana para que no interfiriesen el curso nacionalista y democrático del sandinismo original.
Las palabras de Paz en la Feria de Frankfurt, al recibir el premio de los libreros, eran otra versión de su crítica a la Revolución Cubana en los años 60. El poeta pensaba que el cambio revolucionario, beneficioso en muchos sentidos, debía ser conducido sin atropellar las libertades públicas en Nicaragua. Cuando llamaba a los sandinistas a propiciar la paz y la democracia, por medio de elecciones limpias y competidas, Paz regresaba a la vieja idea de una reconciliación entre lo revolucionario y lo democrático, compartida por la propia izquierda mexicana desde 1968.
Las objeciones al intervencionismo de Estados Unidos en Centroamérica eran constantes en la revista Vuelta y, específicamente, en los artículos de Zaid. De ahí que fuera tan infamante como injusta la consigna de “Reagan rapaz, tu amigo es Octavio Paz”, coreada por los manifestantes en la avenida Reforma, frente a la embajada de Estados Unidos, en protesta contra la visita del secretario de Estado George Schultz. Armando González Torres reconstruyó el debate en torno al “discurso de Frankfurt”, en México, en aquel otoño de 1984.
La plana mayor de la izquierda mexicana no comprendió la crítica de Paz al sandinismo. Una crítica, valga la reiteración, articulada desde la lealtad a la tradición revolucionaria latinoamericana del siglo XX, fundada en México en 1910. Entre las pocas voces del campo intelectual mexicano que salieron en defensa de Paz (Gabriel Zaid, Enrique Krauze, José de la Colina, Alberto Ruy Sánchez, Salvador Elizondo, Ramón Xirau…) destaca, por su precisión conceptual, la del escritor socialista argentino, exiliado en México, Antonio Marimón. En un artículo aparecido en Unomásuno, decía Marimón:
El factor verdaderamente nuevo que sostiene Paz, aparte de reconocer a una oposición no restauradora del somocismo, y por lo tanto legítima, es que además emite su propia opinión, es decir, que toma partido por un sector y no oculta su desconfianza ante los comandantes sandinistas. Este rasgo puede ser observado como un gesto de compromiso del escritor con el asunto, mas no como un punto de acuerdo con Reagan. Criticar la tendencia de los comandantes a no atender las particularidades regionales ni los segmentos autónomos de la sociedad, a aplicar una colectivización al estilo cubano, a militarizar y cubrir de mitos ideológicos la educación, a obstaculizar la prensa independiente, no es sinónimo de reaganismo. Es disentir con un modelo autoritario, que no equivale a lo mismo.
Lo que Paz y Zaid intentaban argumentar era que la Revolución sandinista, como antes la cubana, era un proceso originariamente plural y antiautoritario que merecía evolucionar hacia un orden institucional democrático. Pero, a la vez, advertían que la corriente neoestalinista, es decir, procubana y prosoviética, de Ortega y otros comandantes, en caso de lograr la hegemonía del cambio, trataría de evitar que eso sucediera e impondría una dictadura comunista. La historia posterior de Nicaragua dio la razón a Paz: tras las elecciones de 1984, el gobierno de Daniel Ortega y Sergio Ramírez mostró una tensión interna, entre una corriente autoritaria y otra democrática, que inicialmente se liberó a favor de la segunda, como puede leerse en la Constitución pluralista de 1987.
En vista de la represión y el despotismo de este verano, en Nicaragua, es evidente que, a la larga, el polo autoritario del sandinismo prevaleció. Entre 1990 y 2006 siguió pugnando por la hegemonía hasta que la consiguió, paradójicamente, bajo la democracia. Daniel Ortega y Rosario Murillo son la prueba viviente de que la modalidad autoritaria del populismo de izquierda, que arranca con el chavismo en Venezuela, ha resultado una ruta más expedita hacia la dictadura, en América Latina, que el socialismo real de estilo soviético o cubano. El sandinismo antidemocrático no logró perpetuarse desde el modelo marxista-leninista, como temía Paz, sino desde el chavismo o el llamado “socialismo del siglo XXI”.
Hoy, muchos de quienes en 1984 rechazaron las palabras de Paz en Frankfurt, como Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez, coinciden con el poeta mexicano en lo fundamental. El orteguismo “desnaturalizó” a la Revolución sandinista, cuyas posibilidades de institucionalización democrática, sin divorciar derechos sociales y políticos, fueron dilapidadas por una nueva oligarquía, tan corrupta e intolerante como la somocista. La reconstrucción democrática de Nicaragua no es imposible, pero a estas alturas difícilmente tendrá a su favor el legado de una epopeya distorsionada por sus caudillos. 


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viernes, 24 de agosto de 2018

NI APÒSTATAS, NI PARAISO

MIBELIS ACEVEDO

EL UNIVERSAL

Llegar al infierno, aturdido por borracheras utópicas y creyendo que Caronte no es Caronte, que se navega en inefable “mar de la felicidad”; en la puerta, tener que abandonar toda esperanza -como cuenta Dante- para luego retornar, hirsuto, desengañado y al tanto del yerro, no debe ser travesía simple. La apostasía política -en tanto desafío al statu quo y la autoridad; en tanto rebelión y pública renuncia a la fe profesada hasta ese instante- implica no sólo agudeza sino instinto de conservación, talento para rectificar, para sobreponerse al orgullo y la indiferencia, soltar la traílla de la heteronomía y asumir responsabilidades. Penosamente, no todos cuentan con avíos para desandar sus propios abismos, más cuando el señuelo del poder hinca su uña en la conciencia. 

La realidad es terca, no obstante; ni credos ni voluntarismos alcanzan para desbancar “condiciones objetivas” como las que impone el mercado, ni aplican como medida de verdad individual. El desplome de la URSS y su proyecto de dirección centralizada, por ejemplo, marcó un hito que no pudieron soslayar sus devotos, y que llevó al economista marxista John Roemer a admitir que “el mayor problema de la izquierda es la ausencia de una teoría”, un modelo ideal que dé respuestas en lo económico. 

Las limitaciones de regímenes que apelan al estatismo y la colectivización para solventar las necesidades de la población, su incapacidad para mejorar la oferta de la sociedad abierta y el libre mercado se han hecho palmarias. El caso de la China de Mao sigue exhibiendo el más brutal testimonio al respecto: estiman que entre 1958 y 1961 la hambruna aniquiló a más de 30 millones de personas. Culpa del “Gran Salto Adelante”, ese abominable fiasco en el que el gobierno se revolcó dogmáticamente durante 3 largos años. 

Pero a contramano de esos espejos o de avisos como los del Premio Nobel de Economía, Amartya Sen, -quien demuestra que allí donde existen libertades democráticas no hay hambrunas- el socialismo, esgrimido por neopopulistas asidos al embeleco del discurso antisistema, toma un segundo aire en el s.XXI cabalgando sobre la ola del “control férreo” de crisis endosadas al “capitalismo salvaje”. En Venezuela, especialmente, mientras se salivaba con la redistribución de la renta, mientras se restituía el apego por una utopía en desuso y los apolillados tótems eran sacados del fondo del armario, se desecharon antecedentes de sensatez que emanaron incluso de antiguos camaradas. Un heredero de la bandera del estructuralismo cepalista de Prebisch como el mismo Fernando Henrique Cardoso, por cierto, quien tras haber avalado en los 60-70 la intervención del Estado como palanca del desarrollo, de haber ayudado a desarrollar la Teoría de la Dependencia que deslumbró entonces a la izquierda o de sufrir la cárcel y el exilio prescritos por la dictadura militar, entendió que sin reformas profundas que atacasen la distorsión estructural (afines a las del frustrado “Gran viraje” de CAP II) la debacle brasilera de los 90 no sería eficazmente domeñada. 

Adaptarse y evolucionar era lo vital. Como ministro de Hacienda, Cardoso impulsó el Plan Real que en tiempos de Itamar Franco abatió la hiperinflación (la variación mensual se redujo a 1,7% en 1995) y condujo a la revalorización real del salario. Estando en la presidencia no temió al “coco” de la privatización, y emprendió una fértil cruzada de licitaciones que llevó incluso a romper el monopolio de Petrobras; abrió el mercado interno a la inversión extranjera, con consecuente incremento de las reservas y recuperación de la confianza; transformó un sistema burocratizado y centralizado que consumía 70% del ingreso público, entre otras acciones que podrían servir de guía a la Venezuela de hoy. ¡Ah! Pero la ceguera continúa acá cobrando despojos. 

"Por mí se va a la ciudad doliente/ por mí se ingresa en el dolor eterno/ por mí se va con la perdida gente": el canto de entrada al infierno no parece brindar aún suficiente alarma. El plan de ajustes recién anunciado atrae a un híbrido inviable que respira entre dos mundos, que amarrado al prejuicio populista arranca por el final y promete ahondar la ruina, que atorado en lo coyuntural retoza con el espejismo de “una fórmula revolucionaria que pone al trabajo como centro para el reequilibrio, basado en la producción de bienes y la remuneración del salario”... ¿acaso eso no vuelve a la machacada tesis de Dieterich, un modelo que no atienda al precio de mercado ni a leyes de oferta y demanda sino a lo que llamó “Economía de valores”, fundada en el “valor del trabajo”: o sea, el tiempo que implica producir un producto o servicio? ¿Se pretende así omitir el forzoso incentivo a la productividad, el concurso del esfuerzo y del capital de los privados? 

Bajo sayo dudoso, el Socialismo del s.XXI insiste en imponerse, lo ideológico sigue nublando el foco. Está visto: sin apóstatas capaces de apartar los atavismos que nos retrotraen, la recuperación no será más que otro paraíso inalcanzable. 

@Mibelis

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NO ME DEFIENDA, COMPADRE

JEAN MANINAT

No me defienda, compadre, es una alarma del sentido común ante el entusiasmo de las buenas almas, desprovistas de toda prudencia que les contenga de hacer el bien no mires a quien. Los desvalidos suelen ser carne de cañón de toda clase de profetas, adivinos, curanderos, gurús, ascetas, mendicantes, vendedores de pomadas mágicas, siempre dispuestos a arreglarles la vida a los demás con una sonrisa beatífica o un ceño enfurruñado, sin pedir permiso ni tocar la puerta. 

Nadie pone en duda la buena voluntad del secretario general de la OEA, Luis Almagro, en sus múltiples iniciativas para contribuir con la recuperación democrática de Venezuela. No es que el secretario vea por la ventana de su oficina en el 1889 F Street, allá en el Big Belt, y se pregunte: “¿qué broma le echo ahora a los demócratas venezolanos?”. No, eso sería hasta más fácil de manejar, un enemigo descubierto puede ser menos letal que un francotirador. El problema es que se interroga -siempre viendo por la misma ventana- “¿cuál será mi buena acción del día para salvar a los venezolanos?”. Allí está el enredo.

Al secretario Almagro, le dio ahora por salvar la Asamblea Nacional (AN) lanzando un obús desde Washington D.C., en su peculiar manera de concebir su papel hemisférico. Se trata de un acto justiciero, necesario para “profundizar” las contradicciones, sacudir el polvo del descangallado hemiciclo. Soliviantar las conciencias de los adormecidos diputados, los mismos que tienen años llevando soga y palo oficialista. 

El dispositivo fragmentario -envuelto en un ramo de rosas- se unió a los que ya el régimen había puesto en marcha (¿recuerdan la ANC?) para deslegitimar la última “casamata democrática” que quedaba en manos de la oposición -junto a unas pocas y sitiadas gobernaciones-, luego de la estampida electoral de buena parte de la dirigencia opositora. 

Como tocados por un choque eléctrico, los sectores maximalistas de la oposición (nótese la corrección política del término) despertaron de sus vacaciones forzadas para reiniciar su labor destructiva en contra de los diputados de la AN. Los muros del Twitter se volvieron a llenar de los más terribles grafitis exigiendo martirio para los asambleístas, como en los buenos tiempos en que la MUD todavía respiraba y era la presa favorita de sus ataques. 

La insufrible levedad que supone que la redención del país vendrá de manos de factores externos -en un mundo con problemas aún más graves que los nuestros- solo ha logrado desarmar política y electoralmente a un país que ha resistido por más de veinte años los designios de una quimera ideológica devastadora como una plaga bíblica. 

Tienen razón los diputados opositores que han defendido el derecho a no asumir tutelas en la contienda democrática, vengan de donde vengan. El interés internacional se agradece sobremanera, si viene acompañado de respeto y consideración por los actores políticos opositores del país que, con sus altas y sus bajísimas tal como ahora, han asumido la riesgosa lucha por recuperar la democracia. 

¡Compadre, Almagro, no me defienda! 

maninatj@gmail.com

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jueves, 23 de agosto de 2018

COMUNICADO DE HENRIQUE CAPRILES RADONSKY


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Los problemas del paquetazo rojo

 Anabella Abadi M. y Richard Obuchi

PRODAVINCI


El pasado viernes 17 de agosto de 2018, el presidente Nicolás Maduro anunció el —hasta ahora— más agresivo conjunto de medidas en el ámbito económico, incluyendo temas que habían sido temidos por el gobierno como el aumento de gasolina a precios internacionales, un incremento de 2.311% en el tipo de cambio oficial y aumentos de los impuestos. Las medidas incluyeron la introducción de un complejo sistema con dos monedas como unidad de cuenta —el bolívar soberano y el petro—, la reconversión de la moneda para la eliminación de 5 ceros, un incremento de 5.900% en el salario mínimo y un plan de control de precios. Sin embargo, es poco probable que estas medidas en su versión actual contribuyan a resolver los problemas de hiperinflación y deterioro económico por profundos problemas de diseño, contradicciones e insuficiencia de las mismas. De hecho, de insistirse en este curso de acción sin correcciones o ajustes, tales acciones pueden generar un crecimiento explosivo de la inflación, incremento de la escasez y un mayor debilitamiento del aparato productivo.
Una guía para entender las medidas
En palabras del presidente Maduro el pasado 17 de agosto de 2018: “el programa de recuperación económica apunta, de manera directa, a sustituir y a acabar el dólar criminal y el sistema de fijación y dolarización de precios; y recuperar el salario y la capacidad de compra del pueblo de Venezuela, es el eje central de todo el programa de recuperación económica, restablecer equilibrios, establecer equilibrios nuevos, corrijo, establecer equilibrios nuevos, macroeconómicos que marquen definitivamente lo que tiene que ser el proceso de crecimiento económico, tiene que ser el proceso de fijación de salarios permanente y tiene que ser el proceso de fijación, con precios máximos de venta al público de todos los bienes y servicios del país, poniendo el acento en los bienes prioritarios del Plan 50; ahí va el objetivo central del programa de recuperación económica”.
Un primer conjunto de medidas está vinculado con la política fiscal. “Vamos a entrar en una etapa muy importante con una meta de déficit fiscal cero”, dijo por primera vez Maduro. Indicando además que toca “eliminar definitivamente la emisión de dinero no orgánico”.
A pesar del reconocimiento de estos problemas, las medidas anunciadas parecen aumentar más que reducir el déficit fiscal con base en el impacto del incremento e indexación del salario mínimo al petro en el sector público y anuncio de bonos y subsidios temporales a la pequeña y mediana empresa. Las acciones de políticas públicas en el área fiscal hasta la fecha comprenden las siguientes medidas:
  • Aumento del precio de la gasolina acompañado por un subsidio directo. La meta declarada es que la gasolina alcance el precio internacional, y tanto los ajustes del precio como la asignación del subsidio directo se harán de manera progresiva, comenzando por los estados fronterizos. No se ha indicado la fecha de entrada en vigencia del nuevo precio ni la magnitud del primer aumento del precio. Tan sólo se ha dicho que se va a iniciar el proceso de instalación de dispositivos para la implementación del subsidio y que durante el mes de septiembre se informará la manera en que funcionará el pago del subsidio. Para 2017, según Haiman El Troudi el consumo interno de combustibles líquidos fue de 516 millones de barriles diarios (MBD) y estimamos que el nivel de consumo de combustibles esté cerca de los 400 MBD en los actuales momentos, por los niveles más bajos de actividad económica y otras restricciones. Si el gobierno cumpliera la meta de alcanzar precios internacionales, una posible referencia sería el valor del precio de la gasolina en Cúcuta, el cual se encuentra en US$/lt 0,63 (en el resto de Colombia el valor es de US$/lt 0,79). Al tipo de cambio oficial al 21 de agosto de 2018 (60 BsS/US$), el valor del litro de gasolina sería BsS/lt 37,8 (BsF 3.780.000), con lo que llenar un tanque es equivalente a BsS. 1.512 (BsF 151.200.000 o US$ 25,2). En todo caso, más allá de la factibilidad de lograr en el corto plazo un ajuste de esta magnitud, el gobierno ha indicado que todo aquel que se registre en el censo automotor va a gozar de un subsidio por un tiempo y magnitud desconocido. Según el gobierno, el censo que servirá de base para el subsidio, alcanza a la fecha más de la mitad del parque automotor. Esta medida puede tener un alto impacto fiscal y en las finanzas de PDVSA, pero solo en la medida en que se concrete de forma eficaz.
  • Aumento de la alícuota del IVA de 12 a 16%. De acuerdo con el Decreto Presidencial N° 3.584 publicado en la Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.395 del 17 de agosto de 2018, “la alícuota impositiva general [del Impuesto al valor Agregado, IVA] a aplicarse en el ejercicio fiscal restante del 2018 y todo el ejercicio fiscal 2019, se fija en dieciséis por ciento (16%)” (artículo 1) a partir del 1 de septiembre (artículo 3). Según aclaró el ministro El Aissami, quedarán exentos del pago de IVA “la comida, la medicina, la electricidad, la telefonía, agua potable, otros servicios como el gas”. Según cifras oficiales del Seniat, entre 1999 y 2017, el IVA representó 55% en promedio de las recaudaciones tributarias no petroleras, por lo que su aumento tendrá un importante impacto en las recaudaciones. Sin embargo, dado el ya amplio y desordenado gasto fiscal y los aumentos del mismo que se anunciaron vía aumentos del salario mínimo, bonos e incluso del subsidio directo de la gasolina, nada parece indicar que tal aumento de la alícuota del IVA sea suficiente para cerrar el actual déficit fiscal.
  • Otras reformas tributarias (ISLR e IGTF). En su propuesta ante la ANC el martes 21 de agosto (que sería aprobada por unanimidad), el ministro El Aissami precisó que la declaración del impuesto al fisco cambiaría su periodicidad de quincenal a semanal y el pago se realizará con base en el impuesto declarado semanalmente. En cuanto al Impuesto Sobre La Renta (ISLR), aclaró que se establecería el pago de anticipos del 1% sobre las ventas diarias de los contribuyentes especiales, con excepción del sector financiero y asegurador que será del 2%. Por último, “en materia de impuestos a las grandes transacciones financieras [IGTF] (…) se propone incrementar la alícuota en 0,25 puntos porcentuales para ubicarla en 1% estableciendo un rango entre 0 y 2%”, exceptuando al sector industrial por ser “necesario para dinamizar la actividad productiva nacional”. Al igual que en el caso del IVA, mientras que estos aumentos mejorarán los niveles de recaudación, nada parece indicar ayudarán a cerrar el actual déficit fiscal.
  • Bono de BsS 600 (BsF 60 millones) para al menos 10 millones de hogares (incluyendo los 6 millones de Hogares de la Patria). Esto implica una erogación total de BsS 6 millardos (BsF 600 billones), equivalente al 15% de la liquidez monetaria (M2) de mediados de agosto 2018.
  • Aumento salario mínimo de BsF 3 millones a BsF 180 millones (BsS 1.800 o 0,5 petros), lo que representa un aumento de 5.900%. El aumento entrará en vigencia el 01 de septiembre. Según informó el Vicepresidente Sectorial del Área Económica, Tareck El Aissami, el gobierno central subsidiará el aumento por un máximo de 90 días “toda la población económicamente activa” (lo que incluye al sector informal). Para abril de 2016 (último dato oficial disponible), la población económicamente activa (PEA) era de 14.124.319 venezolanos. Suponiendo que el subsidio se asigne a 50% de la PEA, esto implicaría una erogación de más de BsS 12,7 millardos (BsF 1.271 billones), lo que equivaldría a casi un tercio de la liquidez monetaria (M2) de mediados de agosto 2018. Vale decir, dicho subsidio no es incondicional:
    • Para recibir el subsidio, las empresas deben registrar sus nóminas en el Sistema Tiuna del IVSS y estar al día con sus compromisos tributarios con el Seniat y solventes con el IVSS. Los trabajadores se pueden inscribir por cuenta propia si trabajan por cuenta propia o si sus empleados no están solventes.
    • En un documento oficial con los elementos más resaltantes de los anuncios, se precisó que “para evitar la excusa de la incidencia del incremento salarial en la estructura de costos, asumimos el incremento en el sector privado; como prestación, recibiremos el equivalente en producción que servirá para nutrir los CLAP y los aportes de alimentos y bienes al pueblo a precios justos”.
  • Aumento de las pensiones de BsF 3 millones a BsF 180 millones (BsS 1.800 o 0,5 petros), tal y como informó la Vicepresidenta Ejecutiva Delcy Rodríguez. En septiembre se pagará de forma fraccionada los días 7, 14 y 30 del mes. A marzo de 2018, había casi 3,5 millones de pensionados registrados en Venezuela. Este aumento implicará una erogación mensual de más de BsS 6 millardos (más de BsF 600 billones), lo que equivaldría a cerca de 15% de la liquidez monetaria (M2) de mediados de agosto 2018
  • Aunque no se han dado mayores detalles, el Constituyente Andrés Eloy Méndez afirmó que “se viene una sorpresa con la fijación del ticket de alimentación”.
Otro conjunto de medidas está vinculado con el ámbito monetario y cambiario, destacando el inicio del proceso de reconversión y la introducción del petro como unidad de cuenta. Estas acciones parecieran tener por objetivo intentar corregir el problema de funcionamiento del sector externo y corregir el nivel de precios de la economía, incluyendo las remuneraciones. Sin embargo, los problemas de diseño e implementación de las medidas auguran que terminarán agravando estos problemas y añadiendo algunos nuevos.
  • El petro como unidad de cuenta. El uso del petro como unidad de cuenta -pareciendo abandonar su uso como criptomoneda o mecanismo de financiamiento- da la sensación de intentar emular el Plan Real de Brasil (tal y como detalló Leonardo Vera en esta pieza para Prodavinci), el cual fue implementado en 1994 en el gobierno de Itamar Franco, para atacar el problema de hiperinflación. En este plan, se creó una moneda como unidad de cuenta -la Unidade Real de Valor (“URV”)- que era equivalente a un dólar. La URV era a su vez equivalente a una cantidad de cruzeiro real, la moneda en circulación efectivamente usada para las transacciones, según un tipo de cambio entre URV y cruzeiros reales que se actualizaba diariamente según la inflación. Los precios se expresaban en URV y los pagos se realizaban en cruzeiros; en la medida en que el tipo de cambio entre URV y cruzeiros reflejaba la inflación, había incentivos para usar la URV como referencia estable de precios. Esta medida fue precedida por un programa de ajuste fiscal y posteriormente por un cambio de moneda.
  • El petro y su vinculación con el tipo de cambio. Según Maduro: “Ha sido fijado su valor en dólares, en monto oscilante de 60 dólares o más; es el precio del barril petrolero. Ahora el petro va a anclar el precio del bolívar soberano y cada petro tendrá un valor de 3.600 bolívares [soberanos]”. Según el gobierno, el objetivo es “anclar” y expresar los precios de bienes y servicios y el salario mínimo en petros. Maduro indicó que el tipo de cambio sería único y fluctuante y se publicará diariamente por el BCV. El 21 de agosto se oficializó en la página del BCV un tipo de cambio inicial de BsS/US$ 60 (BsF/US$ 6 millones), lo que implicó una devaluación de 96% (respecto a la tasa Dicom de BsF 248.832 por dólar, vigente hasta el 20 de agosto). Si el tipo de cambio entre petros y BsS se llegase a ajustar según el tipo de cambio de mercado, entonces fijar precios en petros sería equivalente a dolarizar los precios. Queda por ver si efectivamente el gobierno tiene la disposición de realizar el ajuste del tipo de cambio a valores de mercado.
  • Nuevo régimen cambiario. Desde hace varias semanas, el gobierno ha indicado que vendría un nueva etapa del régimen cambiario, proceso que se inició con la derogación de la Ley de Ilícitos Cambiarios (Gaceta Oficial N° 41.452 del 2 de agosto de 2018). Según lo anunciado por el Presidente Maduro, se celebrarán 3 subastas (los días lunes, miércoles y viernes) por los próximos 60 días, para luego comenzar a celebrar 5 veces por semana. Tal vez el aspecto más relevante es que el gobierno central precisó que el sector público no va a ofertar divisas a través de DICOM, sino que —en palabras de Andrés Eloy Méndez, presidente de la Comisión de Economía de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC)— “el papel del Estado será ver el origen, el uso y el destino de las divisas”. Además se activarán 300 casas de cambio en todo el país (posiblemente para recepción de remesas). No queda claro que en este sistema vaya a existir libre convertibilidad o que el tipo de cambio efectivamente sea formado de manera competitiva. Un tipo de cambio único y más alto aliviaría las cuentas de la industria petrolera, pero en la medida en que no sea acompañado por la eliminación del control de cambio, entonces va a repetir las distorsiones de los controles anteriores. En todo caso, el gobierno tiene elementos muy en contra para estabilizar el valor del tipo de cambio por el bajo flujo de divisas, la ausencia de reservas en moneda dura para participar en el mercado, tasas de interés reales negativas, así como el efecto de las expectativas negativas en el mercado cambiario. Además, la persistencia del déficit fiscal y el enorme crecimiento de la liquidez, conducen a una fuerte presión de demanda de divisas.
El tercer conjunto de medidas tiene que ver con las políticas de control directo de las actividades económicas. Por un parte, se establece un incremento del salario mínimo de 5.900% vinculado al valor del petro. Así, se establecen nuevos controles de precios en niveles también vinculados con el petro, pero no necesariamente vinculados con las nuestras estructuras de costos. Por lo pronto, el gobierno también ha dado indicaciones de que va a actuar con fuerza en materia de fiscalización independiente de la situación económica de las empresas. Las reformas no establecen un espacio donde se construyan las condiciones para un mejor ambiente de funcionamiento de las empresas, o donde se apunte a una mayor flexibilización en el funcionamiento de la economía, con lo cual hay pocos incentivos para incrementar la inversión y la oferta.
  • Plan 50. Anunciado originalmente en enero de 2016, hasta la fecha no ha logrado ser implementado de manera eficaz. El ministro El Aissami, en su discurso ante la ANC el martes 21 de agosto, precisó que se habían acordado los precios de 25 bienes básicos por un lapso de 90 días. Estos precios fueron publicados en la Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.397 del mismo 21 de agosto. Dado que, según los datos de inflación calculados por la Asamblea Nacional, los precios se duplican cada 26 días (a razón de una inflación de 125% mensual para julio 2018), cuesta creer que los acuerdos sean sostenibles. Más aún, es importante recordar que los controles de precios, además de desincentivar la producción, generan fuertes incentivos para la formación de mercados negros e incluso para la corrupción.
  • Fiscalización. En su discurso del 17 de agosto, el Presidente Maduro precisó que se implementaría “un nuevo sistema de vigilancia y aplicación del precio máximo de venta”. Al igual que en el pasado, esto se traduce en la proliferación de campañas masivas de fiscalización e intervención directa a comercios y empresas, siendo la primeras grandes víctimas Smurfit Kappa y Farmatodo. Recordemos, por ejemplo, que en 2014 se registraron más de 26.000 fiscalizaciones.
  • Censo Automotor. Al viernes 17 de agosto, el Presidente Maduro afirmó que ya se habían registrado 2,4 millones de vehículos, poco más de la mitad del parque automotor del país el cual alcanza 4,5 millones de vehículos según El Troudi. Además, precisó que el Censo se extenderá hasta el 30 de agosto y, acto seguido, se comenzará una campaña para informar a la ciudadanía (por 20 días) sobre la implementación de la política de subsidio directo a la gasolina. El Censo es el paso previo para establecer el mecanismo de subsidio que a su vez requerirá, según el propio gobierno, la instalación de dispositivos especiales en más de 8 mil estaciones de servicio en todo el país.
¿Cuáles son los principales problemas?
Las medidas anunciadas tienen graves problemas de credibilidad. Por una parte, se asegura que un objetivo clave es corregir el déficit fiscal y el financiamiento monetario. Pero las medidas de aumentos de salarios y subsidios indican todo lo contrario: un incremento del déficit fiscal y un aumento de la liquidez en magnitudes sin precedentes. En tanto la medida que potencialmente podría contribuir más con el financiamiento del déficit, el aumento de la gasolina, no se conocen mayores detalles y no va a entrar en vigencia hasta por lo menos el mes de octubre. A la vez, se intenta corregir el ingreso de los trabajadores, pero no se permiten correcciones en las estructuras de costos de las empresas. El gobierno pone mano dura sobre los productores y comerciantes locales para que no aumenten los precios, pero obliga a aumentar salarios, lo que limita la sostenibilidad financiera de las empresas. Además, se establece un tipo de cambio fijo, en condiciones donde el gobierno no cuenta con los recursos para mantenerlo estable, lo cual puede conducir a que el precio de las divisas aumente por expectativas negativas sin ajustes en el petro, con lo que perdería credibilidad su uso como unidad de cuenta.
Medidas generan incertidumbre. Para implementar cualquier plan de recuperación, son puntos clave la claridad y la confianza. Un plan de reforma integral de la economía pasa por el concurso y apoyo de todos los actores. Hacen falta no solo medidas fiscales y monetarias, sino también acciones concretas que permitan incrementar la oferta, la producción, el abastecimiento y el crecimiento de la economía. Esto implica dar señales de cambio profundo en la orientación del modelo de gestión de políticas públicas, un modelo en donde se establezcan las bases para una economía mucho más libre. Además, estas acciones pasan por el reconocimiento de los gravísimos problemas de gestión de los servicios públicos y del funcionamiento del propio gobierno. Nada de esto es parte de los anuncios. Cuando hay incertidumbre, la reacción natural es intentar protegerse. Esto implica que muchos comercios e industrias pueden optar por no vender hasta entender la nueva realidad; o vender hasta agotar los inventarios o con precios que ofrezcan suficiente cobertura. La manera en que se realizaron los anuncios ha alimentado la incertidumbre, creando confusión y nuevos costos.
No hay financiamiento externo. Las medidas tienen la debilidad estructural de que no mejoran la posibilidad de acceder a financiamiento externo. Venezuela se encuentra en una situación de impago de deuda externa, la principal industria exportadora se encuentra en una situación precaria y persisten las sanciones económicas establecidas por el gobierno de los EEUU. Los socios comerciales de Venezuela, e incluso sus aliados geopolíticos, tienen pocos incentivos para proveer recursos internacionales.
No hay corrección precios relativos. Uno de los más graves problemas de funcionamiento de la economía venezolana son las profundas distorsiones en los procesos de formación de precios de los bienes y servicios, los salarios y el tipo de cambio. La intensa intervención gubernamental en el funcionamiento de los mercados acompañado por una economía cada vez más débil, impide que los precios den señales adecuadas para inversión, producción y consumo de los agentes económicos. Sin embargo, no pareciera que estas medidas apuntan a un ajuste eficiente de los precios a pesar del profundo impacto en la estructura de costos de todos los agentes económicos del aumento del salario mínimo y la devaluación del tipo de cambio oficial.
Medidas pueden incrementar inflación, escasez y recesión. En ausencia de cambios, las medidas anunciadas terminan por generar un profundo ajuste de precios en la economía como consecuencia del cambio del salario mínimo y el tipo de cambio oficial, en condiciones de fuertes restricciones y alta incertidumbre. Esto puede conducir a una mayor demanda de bienes y divisas, sin que haya una respuesta en la oferta, todo lo cual indica un impacto inflacionario sin los beneficios de corrección o estabilización.

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