viernes, 14 de diciembre de 2018

Ética

Eduardo Fernandez


Yo sueño con una Venezuela en la que los ciudadanos y, sobre todo los gobernantes y los líderes, sean honestos, respetuosos de las reglas del juego y conscientes de que los dineros de la nación son sagrados.
El próximo gobierno tendrá que promover y liderizar una gran revolución moral en Venezuela.

Siempre hemos tenido corrupción en nuestro país. Sin embargo, en los últimos veinte años la corrupción ha alcanzado niveles escandalosos. Nunca había habido tanta corrupción en Venezuela como la que se ha hecho presente desde que irrumpió el llamado socialismo del siglo XXI.

No se trata solo del bochornoso enriquecimiento de los altos niveles del gobierno, es que la corrupción  ha permeado por todo el cuerpo social. Hoy tenemos un país en el que prevalecen las trampas, las comisiones, los abusos, las arbitrariedades, el enriquecimiento ilícito, los atropellos contra la propiedad ajena, la delincuencia y el hamponato.

Venezuela merece otro destino. Los venezolanos merecemos tener gobernantes honestos, líderes correctos, dirigentes respetuosos de los principios morales y figuras públicas ejemplares que se conviertan en ejemplo para las nuevas generaciones.

El problema hay que atacarlo desde tres puntos de vista: En primer lugar, la educación. Hay que educar contra la corrupción. Más importante todavía es que hay que educar a favor de la honestidad, de la rectitud, del respeto al derecho de los demás.

En segundo lugar, hay que ponerle las cosas difíciles a los ladrones. Es importante una reforma de la administración pública para hacer desaparecer todas las instancias que facilitan la corrupción. Podríamos decir que una de las razones por las cuales no hay corrupción en los países escandinavos es que allá la educación enseña a ser correctos y en la administración pública es muy difícil robar. En cambio en Venezuela es muy fácil encontrar mecanismos que facilitan la corrupción como por ejemplo el control de cambios.

Finalmente, hay que castigar a la corrupción y a los corruptos. En Venezuela no hay sanciones para los corruptos. Al contrario, hay reconocimiento público a los que todos sabemos que son corruptos.

En Finlandia no hay corrupción porque la educación enseña desde niños a los ciudadanos que robar es malo. Además porque es muy difícil robar y además, porque si se le ocurre a alguien robar, será descubierto y será sancionado ejemplarmente.

Yo sueño con una Venezuela en la que los ciudadanos y, sobre todo los gobernantes y los líderes, sean honestos, respetuosos de las reglas del juego y conscientes de que los dineros de la nación son sagrados.

Seguiremos conversando.


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jueves, 13 de diciembre de 2018

LA ALIANZA DE PUTIN CON MADURO

TRINO MARQUEZ

Nicolás Maduro se prepara para llegar al 10 de enero en las mejores condiciones posibles. En el plano interno, trata en vano de evitar que  las Navidades y el Año Nuevo estén  signadas  por la desesperanza de los sectores populares y el deterioro provocado por la hiperinflación. Aumenta el sueldo mínimo de forma compulsiva, entrega bonos, promete perniles de cochino, obliga a los comerciantes a rebajar los juguetes, la ropa y los pocos productos electrodomésticos existentes en el país. El triunfo en las elecciones de concejales, a pesar de la enorme abstención, fortaleció su control de las instituciones políticas.
         En el nivel internacional, busca consolidar la alianza con las grandes potencias económicas y militares del planeta, gobernadas por regímenes autoritarios. Estrecha los  vínculos con Rusia, China, Turquía e Irán. Intenta pasar a formar parte del juego geopolítico mundial y moverse en el tablero internacional sobre la base de las enormes riquezas petroleras y mineras de la nación. Ya se sabe con suficiente certeza que Venezuela, además de contar con una de las reservas de petróleo y gas más grandes del mundo, posee oro, bauxita, uranio, coltán y otros minerales en abundantes cantidades. El potencial hidroeléctrico y el caudal de agua dulce también son gigantescos. Todas estas riquezas atraen la atención de esos países que ven a Venezuela con codicia. Maduro está sacándoles provecho a esas ventajas para contrarrestar las presiones de la Unión Europea, el Grupo de Lima, el Secretario General de la OEA, los Estados Unidos, los expresidentes iberoamericanos y todos los grupos democráticos preocupados por la forma como se extingue la democracia venezolana.
         En el marco de las coaliciones internacionales, los vínculos con Vladimir Putin han ido adquiriendo una relevancia creciente. El autócrata ha venido aumentando la presencia rusa en toda la zona oriental de Europa. Aspira a recrear el dominio que tuvo la antigua Unión Soviética, aunque dentro de un esquema distinto al estatismo económico comunista.  La única líder que lo ha encarado con decisión es la canciller alemana, Ángela Merkel, 
         En América Latina, la influencia rusa es mucho menor que en Europa oriental. Por esa razón, Venezuela aparece para  Putin como una plataforma desde la cual podría lanzar una ofensiva que proyecte la ascendencia rusa en todo el continente. Está repitiéndose la experiencia de Cuba, aunque con otros rasgos. El Kremlin en aquella época pretendió propagar la revolución comunista, en clara oposición a la economía de mercado y al capitalismo como forma de organizar el sistema productivo.  Para esos fines, no importaba que la isla caribeña fuera un territorio pequeño, poco poblado y cuyo principal producto de exportación era azúcar. Lo relevante era  confrontar las virtudes del socialismo con la decadencia del capitalismo. Se trataba de una lucha geopolítica con aristas ideológicas muy marcadas.
         En la actualidad, el conflicto es de otra naturaleza. Es más de   carácter nacional. Putin aspira a recuperar el prestigio, importancia y grandeza  que Rusia tuvo en el pasado. No se intenta reeditar la rivalidad entre el capitalismo y el socialismo, sino de dirimir cuál o cuáles países detentan la supremacía mundial. Es una pelea por la hegemonía planetaria. Putin no se conforma con ser él  y Rusia unos segundones en el escenario mundial. Aspira regresar a la Rusia  de Pedro El Grande o, más contemporáneo, de Stalin.
         Vladimir Putin se mete en el patio trasero de los Estados Unidos y reta a Donald Trump, no porque tenga algún grado de afinidad ideológica con Nicolás Maduro, o porque sienta algún grado de simpatía por el mandatario venezolano, quien, por cierto, le debe de parecer un personaje pintoresco. El interés del gobernante ruso reside en valerse del grado de aislamiento, desprestigio y soledad continental de Maduro, quien ni siquiera se atrevió a asistir al discurso inaugural del López Obrador, para  extraer la mayor cantidad posible de los beneficios que puede brindarle un país tan rico como Venezuela. Para esa finalidad, por cierto, los rusos, y también los chinos, podrían valerse de algún civil o militar más eficiente que Maduro.
         La presencia de la amenazante aviación rusa en el país, ciertamente constituye un alarde del poderío militar de Putin y una provocación a Trump y a los Estados Unidos. Podría decirse que estamos en presencia de una invasión militar extranjera. No la que quieren quienes desean desplazar a Maduro por la fuerza, sino la de quienes buscan  endosarlo a Miraflores para que siga siendo un obediente peón.  
         Pero, no hay que encandilarse con las apariencias. Putin ha demostrado que la ideología le importa un bledo. Vemos su cercanía con la Iglesia Ortodoxa, celestina de todos sus desmanes autoritarios.  Pensar que está dispuesto a librar una guerra con Estados Unidos y, digamos, con Colombia, para defender al régimen de Maduro, me parece exagerado. Ladrar no significa estar dispuesto a morder para someter la desgastada economía rusa a una confrontación con la primera potencia militar y económica del globo.  Si el general Padrino López estima que cuenta con Putin para defender “hasta el último palmo” del territorio nacional,  está muy equivocado. Más le conviene pensar en una transición pacífica a parir del 10-E, en la que pueda ser consultado Putin.
         @trinomarquezc

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El castillo de arena


Cuando me preguntan sobre la estabilidad del régimen de Nicolás Maduro, tengo una respuesta que es, cada día, más elaborada y más contundente. No se trata del descubrimiento del agua tibia. Afirmo que un gobierno que ha conducido a Venezuela a la crisis descomunal que vivimos, producto de la ineptitud, la mediocridad, la corrupción, los trasnochos ideológicos y sin el menor propósito de enmienda, no puede durar mucho. La pregunta no es cuándo ni cómo va a caer, sino cómo puede sostenerse. También suelo comentar que en el momento en que los historiadores, dentro de 50 años, estudien la situación venezolana de 2018, dirán: “Pasó lo que tenía que pasar, ese desastre tenía que acabarse”.
Mis argumentos son muy poderosos, pero encierran una gran debilidad: Maduro sigue allí. Más de una vez, después de dar mi impecable demostración, recibo este implacable comentario: “Oye, Gustavo, todo eso está muy bien, pero me dijiste lo mismo el año pasado…”.
Recientemente, mi amigo Luis Raúl Matos Azócar me dio una explicación que ayuda a entender lo que ocurre.
Matos es un político veterano, en un tiempo fue una de las grandes promesas de Acción Democrática. Ministro en varias oportunidades. Desde hace más de 20 años se dedicó a la vida académica. Actualmente es director del Programa de Gobernabilidad de la Escuela de Gerencia Política de la George Washington University. Tengo un gran respeto por la inteligencia, la bonhomía y el sentido del humor de Luis Raúl y siempre lamento que no tuviera mejor suerte en la política venezolana.


¿Cuál es la explicación? Luis Raúl ha hecho investigaciones sobre la inestabilidad y me cita un libro del físico norteamericano Mark Buchanan, intitulado Ubiquidad: ¿Por qué ocurren las catástrofes? Su explicación tiene que ver con la teoría del caos, la teoría de la complejidad y con los Estados inestables.
A ver, todos, en alguna oportunidad, estando en la playa hemos tratado de hacer una torre de arena. Lo hacemos vertiendo arena en una pila que se hace cada vez más grande hasta que, por algún lado, comienza a desmoronarse.
Imagínense, dice Buchanan, dejando caer un grano de arena tras otro sobre una superficie plana. Pronto se hace una montaña de arena y finalmente, con un solo grano adicional, comienza el derrumbe.
Destacados científicos han estudiado el problema (no porque les interesen los castillos de arena, sino para tratar de comprender lo que llamaron “sistemas sin equilibrio”). Después de una gran cantidad de pruebas con millones de granos de arena en laboratorios y con computadoras, encontraron que no hay un número típico. Algunos involucraron 1 solo grano; otros, 10, 100 o 1.000. Otros fueron cataclismos que derribaron casi toda la montaña. En cierto momento, literalmente, con cualquier cosa, podría estar a punto de ocurrir el derrumbe.
Las torres de arena devienen algo completamente caótico, en su imprevisibilidad. Lo que resulta realmente interesante, de acuerdo con Buchanan comentado por Matos, es que se desarrolla una imagen mental que nos ayuda a comprender la organización de los mercados financieros y la economía mundial. Luis Raúl agrega: los sistemas políticos.
Un solo grano de arena puede desencadenar una reacción en cadena cataclísmica.
En un sistema político como el venezolano, signado por una inestabilidad total, los granos de arena caen irregularmente sobre la torre. A veces es uno solo, otras veces son muchos. Los granos de arena son la muerte en la carretera de dos grandes peloteros o la venta de perniles podridos o la hiperinflación de cada día, o las estupideces de Maduro o unas elecciones municipales amañadas o la detención de un líder sindical o un reloj de oro del Tuerto Andrade, o un artículo de Thaís Peñalver o de Leonardo Padrón, o una carta de Laureano Márquez o una declaración de Rafael Cadenas o la muerte de un niño en el Hospital J. M. de los Ríos por falta de medicamentos o la caída diaria de la producción de petróleo. Uno o varios granos de arena precipitarán la caída.
Cada día seguirán cayendo, inexorablemente, granos de arena y por lo tanto la inestabilidad permanecerá. ¿Cuándo se derrumbará el castillo? No se puede dar una fecha exacta, pero de que se cae, se cae.

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miércoles, 12 de diciembre de 2018

Bolivia, forzada al supremo derecho de la rebelión
 Carlos Sánchez Berzaín
 
Aplicando el guion de Cuba ejecutado en Venezuela y Nicaragua, Evo Morales acaba de manipular al Tribunal Supremo Electoral de su régimen haciéndose declarar habilitado como candidato para las elecciones de 2019 y posteriores, imponiendo su reelección indefinida. Los bolivianos ya no tienen duda que están sometidos a una dictadura, mientras el régimen arrecia el amedrentamiento, control político y de prensa. Está en evidencia la falsificación de democracia y el pueblo de Bolivia es forzado al supremo derecho de la rebelión contra la tiranía y la opresión.
El derecho al “supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión” es un derecho natural y jurídico reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Aleksandar Marsavelski lo resume como el “derecho de los pueblos frente a gobernantes de origen ilegítimo o que teniendo origen legítimo han devenido en ilegítimos durante su ejercicio, que autoriza la desobediencia civil y el uso de la fuerza con el fin de derrocarlos y reemplazarlos por gobiernos que posean legitimidad”.
El derecho de rebelión fue proclamado por Platón y fundamentado por Santo Tomas de Aquino. Está incluido en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que luego de proclamar los derechos “a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” establece “que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios…”.
El artículo 35 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa expresa que “cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el mas sagrado de los derechos y el mas indispensable de los deberes“. Todas las constituciones al reconocer que “la soberanía reside en el pueblo y que su ejercicio está delegado” fundamentan el derecho de rebelión.
El socialismo del siglo XXI o castrochavismo aplica la metodología de suplantar el orden democrático con leyes infames para “violar legalmente” los derechos humanos, las libertades fundamentales y cometer todo tipo de crímenes con impunidad. Lo que sucede en Bolivia es solo el cierre de un proceso que comenzó en octubre de 2003 con el derrocamiento del Presidente Constitucional con la falacia de defender los hidrocarburos con un golpe de estado que los golpistas llaman “guerra del gas”. Luego suplantaron la Constitución y liquidaron la República de Bolivia con una írrita constituyente.
La proclama de la “reelección indefinida” para Evo Morales culmina un “iter criminis” de 15 años y se abre otro de duración indefinida y de consecuencias imprevisibles. Repitiendo a Chávez y Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua, Evo Morales que llegó al poder por un periodo de 5 años y que debió haber entregado la presidencia el 2011, cumplirá 13 años detentando el poder y tiene todo montado para “ganar elecciones preparadas a su medida”. Lo hará con una cadena de crímenes que van desde la suplantación constitucional, la desaparición del estado de derecho, la concentración de todos los poderes, el desconocimiento de la voluntad popular expresada en el referéndum del 21 de Febrero de 2016 (21F), hasta el fraude electoral con control de la identificación, registros ciudadanos, publicidad, prensa y de todas las autoridades que debería ser imparciales pero que ahora integran “la banda delictiva de los 6” al servicio del dictador.
La situación es tan grave que Evo Morales como “dictador electoralista” controla incluso los candidatos de oposición a los que tiene en un proceso de elecciones primarias para consumar el desconocimiento al 21F en un ambiente simulado de democracia. Los líderes bolivianos tienen el desafío urgente de desactivar la farsa electoral del dictador haciendo que los candidatos realmente democráticos abandonen el proceso, denunciando su naturaleza, pues quienes se queden lo harán como funcionales y cómplices para legitimar al dictador.
La dictadura de Evo Morales y la intervención internacional castrochavista de Cuba y Venezuela en Bolivia fuerzan a los bolivianos al supremo derecho de la rebelión. “Bolivia no es Venezuela” proclaman y ojalá tengan razón, pues hace unos años los venezolanos decían “Venezuela no es Cuba”.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracia

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UNA PROVOCACIÓN INNECESARIA

CALOS CANACHE MATA


Hace tres días, el lunes 10, aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía una escuadrilla de aviones de Rusia, con inclusión de dos bombarderos estratégicos Tu-160 que tienen capacidad de transportar misiles crucero con ojivas nucleares en un radio de 5.500 kilómetros, lo que evidentemente es una provocación que tiene implicaciones en el equilibrio geopolítico de la región.
   La razón de esa demostración de fuerza, fue dada explícitamente, sin eufemismos, en el momento de la bienvenida a la Fuerza Aérea Rusa, por el Ministro de Defensa Vladimir Padrino López: “Nos estamos preparando para defender a Venezuela, hasta el último palmo cuando sea necesario, eso lo vamos a hacer con nuestros amigos, que defienden las relaciones respetuosas  entre los Estados”. ¿De quién y ante quién  se va a “defender a Venezuela”?  Varios países de América Latina han manifestado que no acompañarían una acción militar contra Venezuela, y, por su parte, aún cuando Trump en 1917 no descartó la opción militar y conoce las vinculaciones con el narcotráfico y el terrorismo internacional, también sabe que una intervención militar unilateral  tendría un alto costo político porque no estamos en los años de 1980 cuando ocurrieron las invasiones de Granada y Panamá.   Una semana antes de estar en tierra venezolana los aviones rusos, Irán (otro “amigo”) anunció el envío de dos o tres destructores que utilizan tecnología para evitar ser detectados por radares, con capacidad de transportar helicópteros, lanzar torpedos y derribar aviones, en el marco de una misión “que podría durar cinco meses”, lo que, sin duda, se suma a la ya grave  provocación rusa.
   La presencia militar extranjera se produce pocos días después de que Nicolás Maduro visitara Rusia y se entrevistara con Putin, quien se enfrenta al Estados Unidos de Donald Trump. Esto ha hecho decir al presidente del Consejo Venezolano de Relaciones Exteriores, Kenneth Ramírez, que “Maduro se ha convertido en un mero peón geopolítico”, en la lucha entre Estados Unidos y Rusia por la disputa global. Ratón en medio del ruido de las altas montañas.
   Montado sobre la cresta de la provocación innecesaria, Maduro, en verdad, acuerpa los temores por las nuevas sanciones que los países democráticos de América y Europa, que desconocieron la elección presidencial del pasado 20 de mayo, están dispuestos a adoptar  a partir del 10 de enero del año que está por llegar.
  





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martes, 11 de diciembre de 2018

Venezuela registra inflación de casi 1.300.000 % en un año, según Parlamento

11 de diciembre,  (EFE).-El indicador de inflación en Venezuela alcanzó entre noviembre de 2017 y el mismo mes de este año los 1.299.724 puntos según datos divulgados el lunes por el Parlamento, que controla la oposición, y que ofrece estos números "frente a la opacidad" y falta de información del Banco Central (BCV).
Solo en el mes de noviembre la inflación registró el 144,2 %, mientras que la acumulada -enero a noviembre de 2018- es de 702.521 %, unas cifras que confirman el proceso de hiperinflación que atraviesa Venezuela desde hace 13 meses.
"Esta es la obra de Miraflores - palacio presidencial-, esto es lo que se hace en Miraflores, destruir el poder adquisitivo de los venezolanos", dijo al presentar los datos en una rueda de prensa el diputado opositor Rafael Guzmán, jefe de la comisión de finanzas del Parlamento.
La inflación diaria, informa la Cámara, se mantiene en 3 %, un número que se repite al menos desde septiembre pasado.
Con estos números, la Cámara proyecta que la inflación supere con facilidad los 2.000.000 % al cierre del año, una previsión que ya hizo hace meses el Fondo Monetario Internacional (FMI), que sitúa el indicador en 2.500.000 % a fin de 2018, y en 10.000.000 % para 2019.
http://www.finanzas.com/noticias/economia/20181210/venezuela-registra-inflacion-casi-3960714_age.html
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Chávez, Maduro y la irrelevancia del voto

Ibsen Martinez

El libro de Fareed Zakaria sobre las democracias no liberales apenas acababa de salir a la luz, en 1997, cuando Hugo Chávez, exmilitar fracasado como golpista, salía de la cárcel. Intentó entonces capitalizar su carisma y su inmensa popularidad propagando el evangelio abstencionista.
Sin embargo, Venezuela, acostumbrada en el curso de 40 años a todas las liturgias, protocolos y fastos de la democracia representativa, pronto hizo sentir a Chávez que predicaba en el desierto. Los venezolanos de entonces valorábamos el voto, nos gustaba votar, gozábamos jacarandosamente del carnaval publicitario que eran nuestras campañas electorales. El astuto futuro demagogo tomó cumplida nota de ello y se hizo candidato presidencial.
Su oferta primordial fue la convocatoria a una Asamblea Constituyente. La viga maestra de su proyecto de Constitución fue la consulta directa: la palabra referéndum saltaba a cada pocos párrafos. Veinte años más tarde, Venezuela es una sangrienta distopía narcomilitarizada, al tiempo que satélite de Cuba.
La historia de cómo esto pudo llegar a ser puede contarse de muchas maneras y una de ellas es la de cómo Chávez logró paulatina y finalmente hacer de cada elección presidencial un plebiscito amañado y de cada referéndum un algo irrelevante. Si quisiésemos hablar de un método, lo esencial del mismo consiste en desconocer todo resultado electoral adverso y convertir el referéndum en instrumento de un tiránico apartheid político.
Como ejemplo de ello, téngase primero el referéndum revocatorio del mando que la oposición quiso activar en 2004 ante los desafueros de Chávez.
El caudillo saludó con cínico aspaviento que la oposición depusiese lo que hasta entonces había sido una estrategia insurreccional y abrazase la vía electoral. Acto seguido contraatacó, violentando una garantía fundamental en toda democracia: el secreto del voto.
Chávez hizo públicas las listas de centenares de miles de opositores venezolanos que firmaron la solicitud de que se realizase un referéndum revocatorio. De este modo, Chávez convirtió una lista de ciudadanos en una lista de apestados a quienes aún hoy se les niega la posibilidad de trabajar en la administración pública o contratar con organismos del Estado. La extorsión del voto de los empleados públicos —el Estado venezolano es, con mucho, el mayor empleador del país— se unió a la indignación, el desánimo y el miedo de muchos opositores. Chávez ganó, y pudo además ufanarse de una elevada participación electoral: la del pleno de los intimidados empleados públicos. Años más tarde, en 2007, los resultados de otro referéndum, convocado esta vez por el propio Chávez, le fueron adversos.
El caudillo bolivariano buscaba hacerse aprobar por vía refrendaria decenas de enmiendas que habrían dado a Venezuela una Constitución comunista. Luego de tortuosos tejemanejes en la trastienda del concejo electoral, Chávez debió reconocer la victoria opositora, no sin calificarla, echando espumarajos, de “victoria de mierda”. A pesar de ello, andando el tiempo, el tirano hizo aprobar por su mayoría parlamentaria las reformas rechazadas en el referéndum de 2007.
Las elecciones regionales de 2008, destinadas a renovar gobernadores, resultaron en un verdadero varapalo para Chávez. La oposición ganó holgadamente en los cinco Estados que concentran más de la mitad de la población del país, la mayor parte de la industria petrolera y el grueso de la actividad industrial del país. Se alzó, además, con la alcaldía mayor de Caracas y con la gobernación del vecino y populoso Estado Miranda.
La respuesta de Chávez sentó el patrón que Maduro ha prolongado: escamotear las atribuciones y los presupuestos de las gobernaciones y alcaldías en las que el régimen resulte derrotado y nombrar protectores para cada región, a la manera de los gauleiters nazis. En casos extremos, se encarcela al alcalde problemático. O bien, se arroja desde un décimo piso al concejal electo, batallador e irreductible.
Todo hay que decirlo: la cúpula opositora, al acudir a las elecciones regionales de 2017, convocadas por una espuria Asamblea Constituyente madurista, desconoció cínicamente un referendo convocado por ella misma para repudiar la inminente y fraudulenta elección de la Constituyente.
El abstencionismo venezolano no responde a una campaña en Twitter, como afirman algunos comentaristas. Es fruto de un largo proceso, alentado por el régimen, de desvalorización del voto como fundamento democrático, ¿puede extrañar la elevadísima abstención del domingo pasado?
Con todo, adviértase que hay veces en que abstenerse es elegir.

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