lunes, 27 de enero de 2020

LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE LAS RATAS
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ENRIQUE VILORIA V.
Se inicia el nuevo año chino bajo el signo de la rata, y de repente aparecen en el recuerdo unos párrafos que – en relación con ese roedor -, escribí en Madrid, en 2002, recogidos en Ocho lustros y medio, dietario personal, libro de memorias hasta mis 45 años.
“Regreso de nuevo a nuestra primera casa de San José, al final del Callejón Santa Elena, juego en un corredor que en mis primeros años semejaba un inmenso estadio. Fue mi primera cancha deportiva, allí circulaban raudos carritos de todos colores, las metras, las bolondronas rodaban libertarías, los soldaditos de plomo libraban confusas e interminables batallas, muriendo y resucitando para volver a entrar en combate. Las ratas también hacían lo suyo; para recoger el agua de lluvias, paralela al corredor, había una cuneta, donde más de una vez una que otra rata se asomaba para que mi abuela Berta, cual combatiente medieval, luego de atraerla con algo de comer, le arrojara, desde las almenas de su castillo familiar, una olla de agua hirviente que desollaba pieles y aprehensiones.
Desde entonces mi temor a los roedores, a su curiosidad olfativa, a su cara de yo no fui, todo sin haberme enterado aún de que esas pulgas que anidan y crecen golosas en su cuerpo fueron las culpables de la gran peste negra que diezmó a Europa en la Baja Edad Media. Todavía recuerdo las nuestras, no aquellas magras, flacas, como las que llegaron de Crimea cómodamente instaladas en las bodegas de los barcos de los comerciantes venecianos, sino las mías, gordas, grises como ratas grises, dientonas, impávidas, poco gentiles, retadoras, apostando por su capacidad para desaparecer con ardides de magas o hechiceras, mostrando audacias de paracaidista, de escaladoras del Himalaya.
Mis odiadas ratas muchas veces acudieron, por sí solas, a mi encuentro, incluso a mi pent-house de Caracas, mi ático caraqueño, hasta allí, un sexto piso alejado del suelo, llegó una de mis ancestrales enemigas descifrando el laberinto de los ductos de basura, atraída por el olor seductor e incitante de una familia que aprecia el queso francés bien fait. Aquella rata, descarada y aventurera, terca e insistente, pereció valientemente en recia batalla con nuestra señora de servicio de la época, Teresa, quien pacientemente la aguardó y con gusto la apaleó, pensando, disfrutando, gastando anticipadamente la jugosa recompensa que le había ofrecido si la traía viva o muerta. No me atreví a ver su cadáver, me bastó la palabra de la decidida combatiente barloventeña.
Tiempo después, estudiando, viviendo, siendo en París, en el París de los setenta del siglo XX, tuve otra vez noticias de mis ratas, de muchas de ellas, un ejército de roedores nos acompañaba solidario e indiferente en nuestras correrías nocturnas por el viejo barrio de Les Halles, cuando el restaurant Au pied de cochon era exclusividad de bohemios, borrachos y marchantes del hoy desaparecido mercado. Mis amigas, sus incontenibles e innumerables descendientes continúan seguramente ahí, en el Beaubourg, esperando silentes el menor descuido de vigilantes y curadores para darse el gran banquete con un collage de Picasso o más chauvinistamente con un lienzo de Georges Braque.”
El Socialismo del siglo XXI, con su deliberada política de no mantener las tuberías de aguas negras, de no recoger la basura ni los detritus orgánicos de los desmantelados hospitales, ni aplicar programas de desratización, ha promovido la aparición de millones de ratas que campan a sus anchas en las ciudades, pueblos, aldeas, terrenos baldíos, fábricas cerradas, comercios quebrados, haciendas confiscadas, otorgando una asquerosa identidad a la destruida Venezuela., más parecida ahora a la ciudad de Orán y sus mortíferas ratas tan bien descritas en La Peste.
En coherencia con este nuevo icono bolivariano, sería conveniente modificar el escudo nacional, sustituyendo el ya modificado caballo blanco por una gorda rata roja – rojita, buchona, danzante y bigotuda.
Así honoramos merecidamente a las ratas bolivarianas que se adueñaron de la sufrida Venezuela Bolivariana. destruida dolosamente por los ratos socialistas que pululan en palacio, ministerios, embajadas, colectivos y cuarteles.
Recordemos esta apocalíptica visión de Patrick Süskind, en su libro El perfume:
En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excremento de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre; las curtidurías, a lejías cáusticas; los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo; el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno.


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domingo, 26 de enero de 2020

ALTERNATIVA DEMOCRÁTICA

EDUARDO FERNANDEZ

Es difícil explicar que un gobierno tan malo y que ha causado tanto daño a Venezuela y a los venezolanos haya podido sobrevivir durante tanto tiempo.
Una de las razones que explica el fenómeno es que los adversarios a este gobierno no hemos sido capaces, durante todos estos años, de construir una verdadera alternativa democrática seria y confiable. Es decir, no hemos sido capaces de dar el salto cualitativo de ser oposición a ser Alternativa Democrática frente al régimen.
Una Alternativa Democrática es una fuerza capaz de interpretar el anhelo de cambio que existe en la abrumadora mayoría de los venezolanos.
Para que exista esa Alternativa Democrática tienen que darse algunas condiciones.
1.- Tiene que haber una Dirección Política unida y coherente. Hasta ahora hemos tenido algunos esfuerzos para coordinar a las diferentes fuerzas políticas que aspiran a liderizar el cambio. Hemos tenido una federación de pequeños proyectos partidistas, pero no hemos logrado construir una fuerza opositora con una dirección política única.
2.- La Alternativa Democrática tendría que contar con una narrativa compartida acerca de la situación en la que estamos y el proyecto de país que queremos construir entre todos. Prevalecen los proyectos partidistas y las agendas personales. No hay un proyecto común. Hay que asomar un programa ilusionante que inspire la confianza de los ciudadanos.
3.- Para que exista una Alternativa Democrática tiene que haber una organización presente en toda la geografía nacional y en todos los sectores sociales que actúan en la vida del país.
4.- La Alternativa Democrática tendría que contar con una estrategia claramente definida. O son los votos o son las balas. No puede estar cambiando de estrategia en cada coyuntura. Si es la ruta electoral, que es la que yo aconsejo y recomiendo, tenemos que ordenar todos los esfuerzos a lograr el mejor resultado posible y las mejores condiciones en la dirección de aprovechar la ventaja comparativa que tenemos en ese campo.
Eso significa contar con un mensaje atractivo, con una organización eficiente y con una estrategia inteligente.
Eso significa no seguir esperando una salida mágica por la vía de un golpe militar o de una invasión extranjera. Eso significa ganarnos la confianza y el respaldo de los ciudadanos.
Seguiremos conversando.
@EFernandezVE


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DISCUTAMOS LA VIA ELECTORAL

ISMAEL PÉREZ VIGIL
Es evidente que el llamado “mantra” en 2019 – cese a la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres – logró movilizar a los venezolanos e insuflar ánimos a una oposición decaída a finales del 2018. Pero no logró su objetivo de poner fin a este régimen de oprobio. Se erige entonces para 2020 una posición que plantea y privilegia la vía electoral.

Pero no todos los que apostamos a esta vía nos referimos a lo mismo cuando hablamos de la vía electoral.
Algunos están dispuestos a aceptar unas elecciones de lo que sea; por ejemplo: únicamente elecciones parlamentarias –que corresponde hacerlas este año, por lo que no se trata de una concesión del régimen– y descartan cualquier intento por luchar y lograr una elección presidencial que corrija la ilegal elección de 2018, origen del gobierno de usurpación.
Están dispuestos además a aceptar esas elecciones en los términos que sea; y eso implica que están dispuestos además a aceptar que se hagan con cualquier CNE. Por ejemplo, uno designado por el régimen a través del TSJ, de la irrita AN de Parra y su pandilla de diputados corruptos. Incluso uno designado por la ANC. Es más, le han puesto en bandeja de plata al régimen que así se haga, al solicitar al TSJ que se pronuncie acerca de cuál directiva de la AN es la “legal” –como si eso fuera dudoso o discutible– y solicitando que el TSJ declare la omisión legislativa y proceda de una vez a designar el CNE.
Si quedaba alguna duda del carácter pro régimen de la llamada “mesita de diálogo”, con su actitud ante lo ocurrido el 5 de enero y esas dos propuestas, se les ha caído la máscara. Está clara la intención, sus curules los esperan. Está claro también que no los podemos considerar opositores.
No es esa la vía electoral que otros hemos venido planteando. Desde luego que aspiramos a un CNE imparcial y unas elecciones libres, observadas por la comunidad internacional, entre otras cosas. Pero conscientes de las limitaciones y fuerzas que tenemos, de darse esa lucha y no lograrse el objetivo, lo que plantemos es que, de todas maneras, hay que enfrentar al régimen en todos los terrenos, incluso el electoral.
Por supuesto, planteamos también unas condiciones mínimas para esta vía electoral. Pero se trata de una sola condición mínima, que no es precisamente electoral: la unidad. La vía electoral que planteamos es una estrategia unitaria, única, de consenso y esto –la unidad política– es una condición fundamental, básica, que no puede ser sustituida ni mediatizada. Es más, quien no esté de acuerdo con mantener esa posición una vez que se adopte como estrategia, debe ser dejado de lado.
Llega a tal extremo la idea de unidad que, aun cuando sería un grave error si unitariamente se decidiera no acudir al proceso electoral, la vía electoral hasta se podría sacrificar, abandonar, en pro de la unidad.
La unidad es lo que permitirá, entre otras cosas, que la vía electoral que planteamos sea una que utilice al proceso electoral como una forma de organizar al pueblo, de una manera eficiente y segura, para enfrentar a la opresión. Y desde luego, que sirva también de base para reorganizar y modernizar a los partidos políticos, hoy diezmados por la persecución del régimen a sus dirigentes, la inhabilitación y la falta de recursos.
Pero hay otros, a los que si consideramos del campo opositor, que dicen que tal elección no es posible con el actual régimen, sin un cambio completo del CNE electo por la AN y sin suficientes garantías de elecciones libres e imparciales supervisadas por la comunidad internacional. ¡Claro que todos queremos eso!
Pero estas afirmaciones generan algunas interrogantes.
Las preguntas, entonces, son: Sí estamos bajo un régimen dictatorial, tiránico y despótico, que tiene toda la fuerza de las armas y los cuerpos represivos a su favor, ¿es factible pensar que tal régimen va a ceder en su poder y aceptar un CNE imparcial, que va a dar garantías electorales y permitir una observación internacional independiente?
Y si eso no se logra, ¿entonces qué? ¿No acudimos al proceso electoral, que el régimen de todas maneras va a realizar y con participación de una “oposición” dócil, comprada y favorable a sus intereses? ¿Lograremos con esa conducta abstencionista algo distinto a lo que no se pudo lograr en 2005 o cuando nos abstuvimos de participar en elecciones locales y regionales?
Y la eterna pregunta, y perdonen los muchos que no les gusta que se formule: ¿Cuál es la vía, entonces?
Con estos interrogantes no pretendo cambiar la posición de quienes están en contra de la vía electoral y plantean otras opciones, sin que esté muy claro cuáles, excepto la abstención frente a cualquier proceso electoral. Estas preguntas, son para la reflexión del ciudadano común. Ese que está confundido. Desalentado, por años de predica constante contra la vía electoral y en contra del voto como instrumento, pero que no se quiere entregar ni rendir ante el régimen, que quiere participar con alguna opción que le permita manifestarse y a la vez continuar su vida, que no la tiene nada fácil.
El ciudadano común es el blanco, además, de la estrategia del régimen de negar el valor del voto y sembrar dudas frente a los procesos electorales. Para propiciar la abstención. La falta de participación que le permita a la dictadura apoderarse sin resistencia de la AN, que es su objetivo fundamental en este momento. Para mantenerse en el poder y que la AN le sirva de trampolín frente a la comunidad internacional y sobre todo frente a sus “aliados internacionales” –Rusia, China, Cuba, Irán, Turquía, y otros– algunos de los cuales “aspiran” a una AN que legalice, bendiga y apruebe sus inversiones y contratos en petróleo, oro, minerales, etc. y sus “negocios” en general con el régimen.
Pongamos la discusión de la vía electoral en sus justos términos y sobre todo seamos sinceros y realistas al plantear alternativas diferentes. Las fantasías y las alternativas utópicas, irrealistas no nos han ayudado a salir del régimen. Esa labor de hormiga de arrebatarle al régimen espacios –gobernaciones, alcaldías, AN–, sí.
En todo caso, de manera abierta o soterrada se intensifica la discusión sobre las opciones políticas que tiene la oposición para enfrentar el régimen. Lastimosa y paradójicamente, en buena medida, es una discusión inútil. Sobre esta inutilidad desarrollaré mi próximo artículo.
Politólogo


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EL TEATRO DE LAS MARIONETAS

VLADIMIRO MUJICA

De manera muy dolorosa y persuasiva se ha ido estableciendo un hecho muy inquietante: los venezolanos no podremos salir solos del agujero sin fondo en que estamos metidos. Un esquema de gobierno de colaboración con fuerzas extranjeras se ha ido imponiendo sobre nuestro país, de manera similar a lo que ocurrió en Francia y otro países europeos después de la invasión nazi en la II Guerra Mundial, donde la liberación de Europa exigió la acción coordinada de los aliados, encabezados por Estados Unidos, Inglaterra y Rusia.
Esto de ninguna manera quiere decir que la única salida que se despeja para nosotros es una intervención extranjera armada para desalojar a Maduro y su camarilla de Miraflores. Pero proseguir repitiendo la cantinela simplona de que “los problemas de Venezuela los resolvemos los venezolanos” hace un flaco servicio a la causa de la recuperación de la democracia y la libertad para nuestro país.
Es necesario internalizar la realidad, crudamente y sin cortapisas, de lo que está ocurriendo en Venezuela para tener alguna oportunidad de confrontar al régimen colaboracionista. Ello incluye contemplar escenarios específicos de presión internacional, especialmente de los países vecinos de Venezuela, Colombia y Brasil, que no se traduzcan en una intervención unilateral de los Estados Unidos. Algo que difícilmente va a ocurrir, y que tendría un costo político inmenso tanto para ese país como para los sectores democráticos venezolanos.
En el nefasto libreto del teatro de las marionetas en que se ha convertido la realidad venezolana, es necesario distinguir con claridad a los titiriteros y a los monigotes.
En un artículo reciente de Moisés Naím se precisa la identidad de Cuba como uno de los agentes de control más importantes que operan en Venezuela, en realidad literalmente un ejército de ocupación de alrededor de 50.000 hombres, como lo denunciara recientemente el Secretario General de la OEA, Luis Almagro. Como ya se ha establecido, los cubanos tienen entre sus labores esenciales la seguridad del régimen y la represión brutal de la disidencia militar venezolana. Ello aparte de funciones de control de comunicaciones, identificación y diseño de la política internacional. Naím señala con toda claridad que no puede resolverse Venezuela sin resolver Cuba, con todas las implicaciones que esto tenga.
Pero la dimensión cubana es solamente una. Rusia controla prácticamente todo el mercado petrolero venezolano. De hecho, una buena parte de nuestro crudo circula en tanqueros rusos para eludir el control internacional. A ello hay que añadirle los préstamos leoninos otorgados por Rusia a Venezuela y el control que se ejerce sobre las FAN por la vía de los equipos militares de fabricación rusa. A los titiriteros se les añade Irán, aliado importante en la explotación del arco minero, conjuntamente con la guerrilla colombiana no pacificada. Los estimados sobre el negocio del oro, de magnitud en buena parte no certificada, indican que está alcanzando los mismos niveles del negocio petrolero.
Y, por último, está el gran titiritero oriental, China, que a través de su condición de acreedor de Venezuela y su control de parte del negocio petrolero, tiene una influencia importante sobre la Gran Hetaira del Caribe en que lamentablemente se ha convertido nuestra patria.
A este cuadro de intereses de al menos cuatro naciones extranjeras y una banda guerrillera, se suma el grupo terrorista fundamentalista musulmán Hezbollah, con vínculos cercanos con la casta gobernante. Todo ello conforma un entramado sumamente complejo donde las presuntas marionetas tienen también vida propia a través de la utilización del Estado fallido venezolano como un centro de distribución de privilegios y recursos inmensos, comercializados a través de canales legales e ilegales. Un verdadero paraíso de sinergia del crimen.
Dentro del caos en que se ha transformado la economía venezolana han surgido astutos esquemas de control de la población que van desde la dolarización de la economía, la aniquilación del bolívar y la pretensión de usar el petro, una criptomoneda creada para evadir las sanciones internacionales para todas las transacciones comerciales. Todo ello ha aliviado las penurias de parte de la población a través de los bodegones y otros centros de evasión de impuestos destinados a disminuir la presión social corrompiendo a toda la población. Dentro de esa aparente bonanza, que permite la entrada al país de millones de dólares en remesas, enviadas por los venezolanos que se han visto obligados a dejar el país, y el lavado de capitales mal habidos que tienen obstaculizado el tráfico internacional, el régimen se permite continuar con su abierta política de represión contra la legítima Asamblea Nacional, burlándose de la comunidad internacional.
En resumen: Todo lo que está haciendo el presidente encargado Guaidó y su gobierno legítimo y accidentado es necesario y ha significado un aumento del apremio sobre El Usurpador. Todo lo que se está haciendo en términos de acumular presión internacional es indispensable, especialmente el hito de la demostración en la Plaza del Sol de Madrid.
Pero en algún momento habrá que terminar por caer en cuenta que el control de Venezuela está en manos de un grupo de poderosos actores internacionales, y que difícilmente se logrará recuperar el país dentro de un esquema puramente electoral. Las elecciones son un espacio indispensable cuando sea posible ejercerlas, pero es necesario que como ciudadanos terminemos por entender que recuperar a Venezuela requiere una acción conjunta y coordinada que va mucho más de todo esto.


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DE TRAICIONES

RAMON PEÑA

En junio de 1940 el mariscal Phillippe Pétain, al mando de un ejército arrodillado ante el poderío de la Wermacht alemana, aceptó convertirse en líder colaboracionista de Hitler, en la Francia ocupada, asentándose en la ciudad de Vichi como delegado del poder nazi para la porción sur del país. El viejo héroe de la batalla de Verdún, gloria de la Primera Guerra Mundial, admitía a Hitler como su protector y traicionaba a sus connacionales para satisfacer una vetusta avidez de poder.
Hoy, en nuestras latitudes, en pusilánime remedo de esa misma doblez, y sin sonrojo, el Golem gobernante le concede facultades supra ministeriales al embajador de Cuba. El diplomático, cual procónsul de la nación que nos invade por amancebamiento, es empoderado para la surveillance de Venezuela, suerte de provincia, por autoridad delegada de Raúl Castro a quien el Golem reconoce orgulloso como su “hermano mayor y protector”.
No es novedosa esta deslealtad anti patria bajo la bandera del Socialismo del SXXI. Ya antes, su predecesor, Hugo Chávez, aconsejado por Fidel Castro, había traicionado el histórico reclamo venezolano del territorio Esequibo. Como Judas Iscariote por doce denarios, éste lo hizo por la docena de votos en la OEA de los países del Caricom que apoyaban a Guyana. Su cúpula militar acató su orden de darle la espalda al Atlántico y atender los mandatos que venían del Caribe.
Por gracia de esta claudicación, esta misma semana, Guyana se inauguró oficialmente como exportador de petróleo, despachando un millón de barriles de crudo dulce extraído del bloque Stabroek, sito en aguas de la proyección atlántica de nuestro desatendido territorio en reclamación.
Tras la liberación de Francia, en 1945, Phillipe Pétain, vergüenza histórica para los franceses fue sentenciado a muerte. Charles de Gaulle, en consideración a su avanzada edad y a sus lauros en la Grande Guerre, le conmutó la horca por prisión perpetua.
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viernes, 24 de enero de 2020

EL MUNDO DE GRETA

CARLOS RODRIGUEZ BRAUN

Mi amigo Santi Siri me regaló el libro de Greta Thunberg, que se titula Cambiemos el mundo. Así, sin restricciones, como si eso fuera posible y deseable; y lo cambiaremos haciendo una huelga que, como prácticamente todas las huelgas modernas, no es contra los empresarios sino para presionar a los gobernantes para que suban los impuestos y dificulten y encarezcan aún más las condiciones de vida de la gente.  
Leyendo a Greta uno puede estar leyendo a numerosos políticos, burócratas, intelectuales, sindicalistas, etc., para quienes la complejidad de lo real ha desaparecido ante la urgencia. “Esto es blanco o negro. No hay grises cuando se trata de sobrevivir. O continuamos existiendo como civilización o no…Nuestra casa está ardiendo. Según el IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático), en menos de doce años ya no podremos corregir nuestros errores”. Si la ciencia afirma sin matices que estamos en la “sexta extinción masiva” y que, por tanto, lo único que debería importar es “la justicia climática y que el planeta siga vivo”, ningún derecho, libertad o contrato valen realmente. Y mucho menos tendría Greta que ir al colegio: “¿Por qué debería estar estudiando por un futuro que pronto podría dejar de existir?”. 
Ese es el mundo de Greta, y el de tantos niños y jóvenes, con la edad de los diagnósticos dogmáticos y simplistas, la de reprochar a los mayores que hagan tanto mal, “viajando por el mundo en avión y consumiendo carne y lácteos”; de acusarlos de no saber nada, “la inmensa mayoría no tiene ni idea”; y de tener cautelas y prevenciones, cuando “no podemos salvar el mundo acatando las reglas, porque las reglas tienen que cambiar”.  
Lo realmente malo es cuando los políticos utilizan esta forma de razonar de Greta y muchos jóvenes para violar los derechos de todos, pretendiendo que solo quebrantarán los de una minoría porque, como dice la joven sueca: “estamos a punto de sacrificar nuestra civilización por las oportunidades de ganar enormes cantidades de dinero para un reducido número de personas”. No me preocupa que una joven diga eso, sino que su retórica pueril y falaz sea replicada por los poderosos, que nos miren severamente, como ella, y nos digan: “No quiero que sean optimistas. Quiero que entren en pánico. Quiero que sientan el miedo que yo siento todos los días”.
Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 18 de enero de 2020.


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