miércoles, 27 de enero de 2021

RAMON GUILLERMO AVELEDO: LA LÓGICA DE LOS EXTREMOS NO DEBE SEGUIR IMPONIÉNDOSE


A. R.

El Cooperante

La ecuación de Ramón Guillermo Aveledo para salir de la crisis pasa por la combinación de distintos factores: la actuación de la comunidad internacional, la protesta, y que los actores políticos ofrezcan una promesa atractiva y creíble «en la que nadie se sienta excluido», pues las elecciones parlamentarias y la consulta popular evidencian que «la mayor parte de los venezolanos está desencantada de las opciones políticas y quiere otra cosa». 

Aveledo es doctor en Ciencias Política con Diplomacia en Gerencia, Literatura Inglesa y Técnica Legislativa. Profesor de Postgrado en la Universidad Metropolitana (Unimet) y de Maestría en Derecho Constitucional de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Desde 2010 preside el Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro y en 2018, fue elegido miembro de número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales. Aveledo se desempeñó como secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) desde marzo de 2009 hasta julio de 2014. En una entrevista concedida a El Cooperante afirmó que mientras el grupo en el poder insista en «hacer trampa» y «violar la constitución» no se resolverá la crisis política.

Sobre la continuidad legislativa y la existencia de dos parlamentos, expresó que la de mayoría oficialista no es reconocida por la mayoría de los venezolanos ni por la comunidad internacional, mientras que la que preside Juan Guaidó, tiene un funcionamiento «bastante impedido», ambas han devenido en una grave crisis de representatividad donde el más afectado es el ciudadano de a pie.

Los venezolanos deben vencer la antipolítica y la lógica de los extremos no debe imponerse sobre la inmensa mayoría que se mueve alrededor del centro. Para Aveledo una parte de la solución al problema es la negociación, pero advierte que el país no puede esperar a pagar el precio de una dictadura o la guerra para un reencuentro con la política y la convivencia, extraviadas desde hace más de 20 años

¿Cuál es el balance que usted hace de un país cuyos bloques en disputa buscan legitimar dos parlamentos? 

Esta circunstancia evidente es un síntoma de la grave y prolongada crisis no resuelta en el país y es una realidad que ocasiona graves perjuicios a la mayoría absoluta de la población, población que reclama un liderazgo como salida a la situación política. Por eso ninguno de los dos grupos puede insistir en los caminos que hasta ahora se han trazado. El gobierno cree que puede superar la situación desconociendo la realidad, haciendo trucos y trampas a la Constitución para mantenerse, desconociendo la realidad compleja y plural de la sociedad y el lógico descontento de la mayoría. Mientras que un sector de la oposición viene insistiendo en una ruta que parece orientada por la creencia de que esto no puede seguir así y que el grupo en el poder colapsará. Esto ha producido un empate catastrófico que siempre favorece al que maneja el poder y la realidad es que a quien perjudica es a la inmensa mayoría.

¿Cuál es la AN que representa hoy a los venezolanos? 

Uno de los problemas más serios es ese. Lo que ha llamado el profesor Penfold -politólogo venezolano muy distinguido-, la crisis de la representatividad. Tenemos recién instalado un parlamento electo que no ha sido reconocido por la mayor parte de la población venezolana ni por la comunidad internacional. A esta “nueva AN” no la reconocen nuestros vecinos del Grupo de Lima, ni los Estados Unidos, Japón ni muchos otros países, que son factores muy importantes en las posibilidades de que Venezuela se recupere económicamente. Por otro lado, tenemos a la AN elegida en 2015, cuyo mandato constitucional culminó este 4 de enero y por obra de la modificación del Estatuto de la Transición ha resuelto prolongar su mandato. Sin embargo, sabemos que su funcionamiento esta físicamente bastante impedido, con una cantidad de diputados que no están en el país; no tiene sede para funcionar, es perseguida y sus decisiones no tienen ninguna eficacia jurídica dentro de Venezuela, aun cuando es muy evidente que tiene mucho apoyo internacional y un apoyo popular que es crucial. 

El apoyo popular a uno u otro bloque es minoritario, la proporción mayor del país no se siente representada por la oposición, ni por el grupo en el poder. Pero, eso no quiere decir que no haya un segmento de respaldo popular también, evidentemente lo hay porque sería imposible no reconocerlo. Más bien, lo que podríamos decir como colofón y línea principal es que estamos frente a una gravísima crisis de representatividad. En una democracia, el control del poder  y la legislación se confía a un órgano representativo, un cuerpo plural y que habla en nombre de esa diversidad de la sociedad. La convicción monocolor es impropia en los parlamentos, porque por definición son plurales y cuando no es plural deja de ser parlamento en la práctica, o nunca lo ha sido.

Las sanciones no han servido para presionar una negociación efectiva. Hay quienes argumentan que en Estados Unidos «mostraron el garrote y no la zanahoria»  con las sanciones. ¿Qué necesita la oposición para ejercer contrapeso a la hora de negociar? 

Efectivamente, las sanciones son un arma de doble filo porque hay una historia en el mundo que no es favorable a las sanciones. La supervivencia de regímenes autoritarios a pesar de las sanciones ha sido muy largo: el régimen de Sudáfrica, la dictadura de las dinastías de los Castro y el “régimen franquista” en España. Cito esos 3 ejemplos para recordar que la eficacia de las sanciones hay que pensarla muy bien. Siempre he distinguido mucho de las sanciones personales. Las sanciones más generales, en cambio, que tienen efecto en la población y hace que «paguen justos por pecadores», son usadas por regímenes autoritarios para excusarse de sus fracasos en la conducción del país. 

Durante años el régimen cubano se ha excusado en el embargo de EE . UU. para la situación de pobreza, de penurias a la que está sometida Cuba y aquí en Venezuela empezó desde el decreto de Obama. En ese entonces, hubo toda una campaña del oficialismo, una recolección de firmas que a toda velocidad proclamó Tibisay Lucena. En ese entonces, el decreto de Obama era culpable de los problemas que vivía la población y en realidad, eran causados por las malas decisiones e indecisiones del grupo en el poder. 

Esto se ha prolongado, y culpando al presidente saliente Donald Trump, ha comenzado también el gobierno venezolano con una propaganda tramposa que solo cuenta una parte de la verdad. Yo sí creo que la vía diplomática siempre  es preferible a la vía bélica. Debemos tener en cuenta lo que puede hacer el apoyo internacional sobre la causa democrática y un cambio político. Pero para esto, debe haber señales claras en cuanto a la disposición a negociar, porque que los grupos en el poder capitulen y se entreguen parece poco realista. Debe haber una disposición y tener muy clara la conducta de la comunidad internacional, u otros como Rusia o China que tienen otra visión del asunto. Pero también hay un componente que no debemos olvidar: el componente interno. 

No podemos decir que el componente interno es el factor determinante, pero es un condicionante mucho más fuerte lo que pase en el país. Por eso insisto en una ecuación que combine distintos factores: la comunidad internacional, la protesta pacífica, la protesta social y que los actores políticos ofrezcan una promesa atractiva y creíble, que sea una invitación al cambio en la que nadie se sienta excluido. Uno de los defectos principales que ha tenido la política predominante en estos 22 años y nos ha llevado a lo que tenemos ahora, ha sido el unilateralismo. Es pensar que los demás sobran o somos mirones de palo en el dominó.

¿Es posible una negociación con el chavismo para salir de esta crisis? 

Respecto a eso le puedo decir que la política no es exactamente el arte de lo posible. En realidad, es hacer posible lo que es necesario. La necesidad es el motor y lo que dinamiza la política; y la posibilidad es lo que le va dando fisionomía, lo que va pasando, la interpretación de los problemas en el campo de la realidad. Hay que subrayar que lo necesario es el objetivo, pero lo posible es la medida de lo que se va logrando. Por definición, me expreso a favor del gradualismo porque a medida que se van logrando posibilidades en el camino de avanzar hacia los cambios necesarios, esos logros van acercándonos y ampliando las posibilidades del cambio. Pero, nos acerca a zonas de riesgo, a cables de corriente que hay que ir detectando para evitar el colapso del proceso. 

Cada transición es una experiencia propia y lo mismo pasará con Venezuela, tarde o temprano. Hay un ingrediente importante que es la capacidad de negociar; y esto en Venezuela ha sido desprestigiado, porque así lo ha querido el grupo en el poder. Los venezolanos debemos vencer la antipolítica, porque no solo hay antipolítica desde sectores radicales de la oposición. Recordemos que también hay antipolítica desde el gobierno, a través de la imposición, la extorsión y la negación de la legitimidad. 

Insisto en no tener que ir a la negociación después de una cantidad enorme de muertos, se puede lograr si hay una actitud política y no antipolítica en los actores. Con esto se pueden disminuir los riesgos y la violencia. Evitemos caer en lo inevitable y que decidamos negociar cuando haya que recoger los vidrios de un desastre y una confrontación interna. 

Venezuela fue un país muy violento y pagó un precio muy alto para pacificarse en la primera mitad del siglo XX. Este es un país raro que desde el fin de la Batalla de Ciudad Bolívar en 1903, vivió un siglo entero sin guerras externas ni  internas. Debemos ver que no tengamos que pagar el precio de una dictadura extrema o el precio de una guerra para poder reencontrarnos con la política y la convivencia

La lógica de los extremos no puede imponerse sobre la inmensa mayoría que se mueve alrededor del centro, unos más conservadores y otros más izquierdistas, pero el mundo del centro y el mundo variado de la reforma es el mundo que hace posible la democracia. La democracia no es posible cuando la confrontación es entre extremismos.

El gobierno interino cumplirá dos años. Hay un descontento palpable en algunos sectores del G4 con el desempeño de Guaidó. ¿Cuál es la radiografía actual del interinato?.

ALrededor de la responsabilidad asumida por la AN y por Juan Guaidó hace 2 años, rescato su valentía, su valor personal para afrontar la responsabilidad de estar aquí y la ubicación que el espacio le dio a la aspiración del pueblo venezolano. Por otro lado, la insatisfacción se debe a que la gente entiende que la promesa de cambio no se ha cumplido y claro, en este análisis, los alegatos se dejan de lado y se olvidan las circunstancias en las cuales se desarrolla. Se ignora la complejidad, porque esto ocurre en una sociedad donde el grupo en el poder controla las Fuerzas Armadas, la violencia, la identificación, la seguridad, la administración tributaria; y todo esto le da muchas más herramientas para hacer su voluntad. No siempre la evaluamos correctamente y en la evolución debe incluir que la responsabilidad no solo es de los ciudadanos, sino también del liderazgo que no ha logrado colocarlo a la par de las dificultades que existen. Porque lo que tiene por delante y los obstáculos que debe vencer la aspiración de cambio no son obstáculos pequeños y para vencerlos hace falta lo que yo he estado insistiendo: alma y calma. 

Cuando digo alma me refiero a que se dote a la alternativa democracia de un significado, es decir,  es lo que nos caracteriza si queremos un cambio. No somos solamente los que no queremos a Maduro en el poder. Si no que queremos otra manera de vivir en Venezuela, otra manera de progresar, sin exclusión, sin división, sin diseminación y eso hay que demostrarlo para que la gente sienta que de verdad es algo que nos importa. 

Mientras que, la calma se refiere a la estrategia. Tiene que haber una estrategia que comprenda la gente. No es que la tarea hay que hacerla destapada, porque ya bastante ventaja tiene el grupo en el poder para darle la ventaja de que la oposición juegue con las cartas sobre la mesa; pero sí debe lograrse que los ciudadanos puedan entender de qué se trata, que sepan que tenemos un rumbo y un camino, y entiendan el valor de comprar a crédito en ese camino. Es lamentable que ahora todos quieren ver los resultados antes de pagar, pero resulta que la cosa no es tan rápida, es a crédito. Uno compra y vende a crédito cuando confía en el otro…

¿Cuál es su valoración jurídica y política sobre la continuidad constitucional de la AN de 2015? 

Es evidente que un juicio estrictamente jurídico formal de la situación actual es insuficiente. Está demostrado en la realidad que existen ambas asambleas, una tiene reconocimiento limitado y otra tiene el apoyo externa e internamente. Esto significa que el problema principal es político y debe resolverse con la política, no con antipolítica; y debe resolverse en el marco de la Constitución, porque ha sido la separación y distanciamiento de la Constitución la que nos ha llevado a esta situación, a la crisis política económica y social. 

Si se hubiera respetado el derecho a la propiedad que está consagrado en la Constitución, y las expropiaciones se hubieran hecho de acuerdo al procedimiento, no tendríamos la ruina que tenemos en la producción industrial y en la agricultura. Si se hubieran cumplido los preceptos constitucionales como garantes contra la inflación y protectores del valor de la moneda no tendríamos una moneda pulverizada, en la cual ni el propio grupo en el poder cree, porque sabe que la moneda nuestra se ha diluido y se ha atomizado como si fuera un aerosol. 

Recuperar la senda de la Constitución como marco para la convivencia debe ser el desafío principal de todos los actores políticos, eso va a pasar por supuesto por profundas revisiones internas. Ambos deben quitarse cualquier tentación de pensar que están en el camino de la victoria definitiva porque ningún lado lo está, aunque tenga la apariencia. Deben atreverse a un dialogo político que sea significativo, que no sea ninguna farsa, que sea una cosa verdadera y sincera. La búsqueda de acuerdos nacionales parciales para irse aproximando al diálogo es un camino sensato, pero debe haber mucha sinceridad porque la falta de franqueza en este caso no sirve para nada. Nadie quiere que lo tomen por idiota, ni se prestará para una farsa a menos de que sea un farsante en sí mismo, y mientras esto se demore los que la pasan peor son los ciudadanos. Todos pagamos un precio muy alto ante esta falta de soluciones.

¿Qué dejó el ejercicio de la Consulta Popular en términos prácticos, más allá de la movilización de base? 

Es una manifestación importante que significó una organización, una movilización y una expresión ante el país y al mundo de que la inconformidad está viva y que necesita canales de expresión. Sin embargo, los números oficiales de cada sector representan y nos dicen lo que las encuestas dicen: la mayor parte de los venezolanos está desencantada de las opciones políticas y quiere otra cosa. 

Los venezolanos quieren otra manera de ver las cosas, no a otros protagonistas. No confundamos esto: “Como estos líderes están a la mala, queremos otros salvadores”. No es así. La gente quiere verle el queso a la tostada, que sus problemas se atiendan y el liderazgo político tiene en ambos procesos, lecciones que podría y debería aprender.


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El nuevo juego de la oposición para restaurar la democracia en Venezuela


Antonio de La Cruz


La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca produce una revisión de la estrategia que venía manejando la oposición venezolana para restaurar la democracia en el país. La política de máxima presión del anterior gobierno estadounidense al régimen de Nicolás Maduro pasará a una nueva que buscará “elecciones democráticas, libres y justas que representen al pueblo venezolano”, así como “focalizar de manera más efectiva” las sanciones y brindar una mayor asistencia humanitaria al país.

Antony Blinken, secretario de Estado nombrado por Biden, dijo en la confirmación del nuevo cargo la semana pasada: “Necesitamos una política efectiva que pueda restaurar la democracia en Venezuela, comenzando con elecciones libres y justas”. También afirmó que la solución deberá ser concertada con los actores internos y la comunidad internacional, además de estar en concordancia con aliados y el propio Senado de Estados Unidos.

El núcleo de la nueva política estadounidense propone el establecimiento de un proceso de negociación que conduzca a unas elecciones creíbles, inclusivas y transparentes con la participación de representantes del régimen de Maduro, de la oposición democrática y de las organizaciones de la sociedad civil.

El nuevo juego de la oposición exige entonces unidad de propósito y dirección de los factores democráticos, aglutinando la mayoría de los partidos, movimientos y organizaciones políticas y de la sociedad civil. Sin estos sería difícil avanzar en la restauración de la democracia en Venezuela en el corto y mediano plazo, pues existiría el riesgo de que después de ocurridas las venideras elecciones de gobernadores y alcaldes con la participación de una parte de las fuerzas democráticas, la nueva administración estadounidense y los gobiernos europeos coexistan con Maduro como ocurrió con el régimen autoritario de Cuba durante y después de la Guerra Fría. Por ello, es necesario una imperativa convergencia nacional de los que hoy plantean “volver al voto”, “el interinato”, y los que solicitan la activación del principio de la Responsabilidad de Proteger, entre otros.

En esta difícil coyuntura (negociación) todos los actores deben dar prioridad a la restauración de la democracia, por lo que habría que desarrollar la hoja de ruta para legitimar los poderes Ejecutivo y Legislativo, y las elecciones regionales y de alcaldes.

Una posibilidad sería la realización de una megaelección a finales de 2021 que las incluya a todas. Es la solución óptima, porque al ser observadas por la Unión Europea los resultados permitirán iniciar en 2022 el camino para superar la grave crisis socioeconómica que atraviesa el país y por ende el éxodo de venezolanos.

Una segunda solución es efectuar un referéndum revocatorio a Maduro con la observación de la UE el próximo año. Si es revocado se realizaría la megaelección propuesta anteriormente en 2022. El revocatorio debería ser a principios del segundo semestre y la megaelección en el tercer trimestre del año entrante. Si no es revocado, se desarrollaría la megaelección como se señala arriba.

El referéndum permitiría conseguir una salida airosa al oficialismo en cualquiera de los casos, porque Maduro cesa su función o se mantiene con el concurso popular, lo que generaría la legitimidad de origen. Y, en consecuencia, el reconocimiento de los casi 60 países democráticos que respaldaron a Juan Guaidó como presidente interino desde 2019. Esto permitiría establecer las condiciones para empezar a resolver la grave crisis que vive Venezuela en 2023.

Otra solución es similar a la segunda, solo que se cambia el orden de los comicios. Primero se realizan las elecciones regionales y de alcaldes a finales de este año. Y en 2022 el referéndum revocatorio a Maduro y la elección de la AN. Por supuesto, todas las votaciones serían observadas por la UE. 

El riesgo de la última opción es que, una vez sucedidas las elecciones de gobernador y alcaldes, el régimen de Maduro logre disminuir la presión internacional, por lo que podría aspirar a seguir en el poder con su AN hasta 2025. Por lo tanto, la solución a la crisis y al éxodo de venezolanos sería parcial, además de que tampoco habría una restitución de la democracia.

El nuevo juego exige unos árbitros diferentes, por lo que las fuerzas democráticas deben proponer los dos suyos más el principal. También deben abocarse al registro de los millones de venezolanos que están en el exterior, determinantes para la elección y el referéndum revocatorio presidencial. Asimismo, proponer una votación manual. Otros aspectos importantes son el levantamiento de las restricciones de la libertad de expresión, la restitución de los partidos a sus legítimos dirigentes y el restablecimiento de los derechos políticos de los líderes inhabilitados.

En el nuevo juego, las fuerzas democráticas deben lograr con la ONU la entrega de ayuda humanitaria para evitar el control social de la población. También se deben eliminar las leyes habilitantes, sobre todo en materia fiscal, para que el país pueda producir. Cabe recordar que el régimen de Maduro promulgó en octubre de 2020 la ley antibloqueo.

En conclusión, el nuevo juego exige la alineación de las fuerzas democráticas nacionales e internacionales para lograr en primera instancia la solución óptima este mismo año. Y si este no fuera el caso, se debe conseguir el referéndum revocatorio a Maduro en 2022, dejando como último recurso las elecciones regionales y de alcaldes –con el cronograma electoral amarrado para el revocatorio y la elección de la AN en 2022–.


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martes, 26 de enero de 2021

 HORA DE DEFINICIONES


            LUIS MANUEL ESCULPI


En estos primeros días del año se ha difundido distintas reflexiones, que se venían realizando con anterioridad, la temática general trata sobre la necesidad de redefinir la ruta a seguir por las fuerzas del cambio. Llama particularmente la atención que tales expresiones, al menos la que se conocen públicamente, no provienen del universo partidista, sino de personalidades independientes con experiencia política, académicos e intelectuales, representante gremiales y de diversas  organizaciones de la sociedad civil.

Las organizaciones partidistas, más allá de uno que otro llamado general a la unidad y eventualmente a la necesidad de rectificar, no han proyectado hacia la sociedad, los contenidos de sus debates internos y las alternativas que analizan. Parecieran inhibidas y también presas de la incertidumbre presente en diversos espacios sociales. Los esfuerzos que realiza Juan Guaidó no se ven compensados con el acompañamiento de los partidos que lo respaldan.

Ya desde mediados del año pasado se vislumbraba la necesidad de redefinir la estrategia y recomponer la unidad opositora. De tal manera que las distintas iniciativas provenientes de la sociedad civil no resultan sorpresivas. Independiente del respaldo a los distintos documentos de reciente circulación, lo cierto es que provienen de la necesidad legítima de debatir la política a seguir por las fuerzas del cambio.

Lo ideal hubiese sido que la iniciativa partiera de las fuerzas representadas en la Asamblea Nacional electa en el 2015, como en otras oportunidades en que la dirección política promovió su recomposición y las redefiniciones en materia estratégica. Al no haberse procedido de esa manera, naturalmente el vacío dejado tiende a ser llenado por otros sectores.

No se trata, en general, de la pretención de sustituir o disminuir  el rol que le corresponde a los partidos políticos. Pareciera existir conciencia de su importancia para conducir la lucha democrática por el cambio. Resulta inexplicable la inhibición de las organizaciones partidistas, pareciera que ella se debe a conflictos internos en la alianza, o a concepciones distintas que dificultan el consenso.

La actual situación no debiera continuar prolongándose en el tiempo, es hora de definiciones y hay instituciones que por su propia naturaleza no pueden eludir el papel que le corresponde. 

El surgimiento de la iniciativas de la sociedad civil ha posibilitado colocar el debate en la agenda de la opinión pública, siendo un factor de presión hacia el mundo político, que necesariamente tendrá que abordarlo, superando la mutua desconfianza  existente entre las organizaciones políticas y las de la sociedad civil. No se trata de revivir la experiencia de la Coordinadora Democrática, ni repetir la del Frente Amplio. Está planteada iniciar la búsqueda de un nuevo tipo de relación, respetando el perfil y el rol que cada quien está llamado a desempeñar.

Ese encuentro puede ser muy fructífero y significar una importante contribución en el diseño estratégico, colaborando en despejar varias de la interrogantes planteadas en los escenarios previstos en el campo de la oposición. Superando el déficit en elaboración política de los últimos tiempos. No se trata de generar expectativas exageradas, las reflexiones no constituyen un material acabado, pero sí pueden ser una buena base para la realización de un debate profundo y enriquecedor, necesario para responder a las difíciles circunstancias en que se desarrolla la lucha hoy.

Asumir la discusión sin posiciones mineralizadas, con la flexibilidad necesaria para recoger los matices existentes en las distintas opiniones, para generar consensos y el relanzamiento de una plataforma política en torno a definiciones estratégicas constituye un objetivo de primer orden, dadas la situación en la que se encuentran las fuerzas de la oposición venezolana.




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Cinco desafíos de la oposición democrática



              RICHARD CASANOVA 


Urge una reflexión del liderazgo político opositor. Y no me refiero a esa “oposición” fracasada que acudió al TSJ de Maduro a pedir que designe al “árbitro” electoral y apoyó el colosal fraude del 6D. Tampoco a esa otra que se prestó para que el régimen se robara las tarjetas de los principales partidos democráticos. Me refiero a la verdadera oposición, aquella que exhibe un claro reconocimiento nacional e internacional. Ella es quien debe colocar el tímpano en el palpitar angustioso del país y valorar los riesgos de no asumir los desafíos que el momento exige, entre otros: 1. Que el régimen prolongue indefinidamente su permanencia en medio de una aterradora profundización de la crisis. 2. Inimaginables escenarios de violencia con una alta incertidumbre. 3. Desplazamiento del actual liderazgo opositor por una fuerza militar o por algún otro demagogo contumaz, tal como sucedió en 1998 como consecuencia de un vacío de liderazgo. En fin, sentados en un polvorín nadie puede tener certeza absoluta sobre el camino a seguir, en estas líneas solo intento reflexionar en torno a retos que lucen impostergables, incluso por razones de supervivencia.

Resulta insólito que en un país azotado por una brutal dictadura y una crisis devastadora, la oposición no sea capaz de ponerse de acuerdo en torno a una hoja de ruta para enfrentar al régimen. La tarea no es nada fácil: hay distintas visiones e incluso intereses diversos pero nada justifica la insensatez de no centrarse en ese objetivo. ¿Qué hacer?

Hace años participe en una reunión con el dirigente del Partido Socialista Chileno, ex Ministro de Estado de los gobierno de Allende, Ricardo Lagos y Bachelet –el senador Sergio Bitar- quien valoraba con gratitud la mediación de Venezuela para consolidar la unidad opositora y dar al traste con el régimen de Pinochet. Visto en perspectiva, consideró inexplicable que frente a esa cruenta dictadura militar, ellos estuviera centrados en sus diferencias y atacándose mutuamente de manera despiadada, un cuadro que le sonará familiar a mis admirados lectores. Para superar aquella absurda discordia, en junio de 1975 -con la anuencia de los principales partidos venezolanos- el presidente Carlos Andrés Pérez invitó a figuras prominentes del mundo opositor chileno a un encierro en la Colonia Tovar, el cual se prolongó hasta que se logró un acuerdo mínimo para enfrentar al tirano.

Regresando a nuestra realidad actual, hasta ahora en Venezuela se han promovido iniciativas internacionales de mediación ante el régimen para negociar una transición democrática. Pero ¿Hará falta una mediación internacional para lograr la unidad interna indispensable para emprender cualquier iniciativa de cambio? ¿O está el liderazgo a la altura de las circunstancias y es capaz de demostrar madurez política, sentido de responsabilidad y capacidad para enfrentar la coyuntura? Estas son las preguntas que se hacen los venezolanos y en la medida que no encuentran respuesta, se distancian de la política, crece la frustración y se alejan las esperanzas de superar la crisis. Estas preguntas también deben hacérsela los observadores internacionales con consecuencias similares. Unos y otros deben recordar a Einstein y sus reflexiones sobre la estupidez humana. 

Respeto y tolerancia 

Insisto, cualquiera sea la ruta adoptada -electoral o no- estará condenada al fracaso si no existe cohesión interna entre las fuerzas democráticas. La dictadura lo sabe y juega siempre a dividirnos, le dan volumen a nuestras diferencias e invisibilizan nuestros logros, que son muchos, por cierto. Cuando vemos a un opositor descalificando a otro, o nos hacemos ecos de tales agresiones, simplemente se le hace el juego al régimen. Comencemos entonces por respetar las opiniones diversas y ser tolerantes con las posturas contrarias para garantizar la convivencia. Increíble pero esta práctica que debería ser habitual entre demócratas, ha sido arrollada por el canibalismo que impera hoy en el mundo opositor. Y no me refiero solo al liderazgo político, desafortunadamente recuperar el respeto y la tolerancia como valores esenciales de la cultura del venezolano, termina siendo una tarea primordial.

¿Cómo construir una propuesta unitaria, si cada vez que alguien promueva una reflexión sobre la ruta a seguir y sugiera revisar la estrategia, se le descalifica e insulta, es lanzado al mismo saco de los “opositores” que abiertamente colaboran con el régimen? Si vemos una conspiración malévola cada vez que alguien exprese sus diferencias –que podemos compartir o no, eso es otro asunto- será imposible recomponer la unidad. Quienes piensan que todos están equivocados, son traidores, vendidos o conspiradores, “excepto mi líder y yo”, en nada se diferencian del chavismo. ¿Cuál es el futuro del país por ese camino? Ha llegado la hora que cada ciudadano demuestre su condición de demócrata y quienes aspiren conducir, muestren sus capacidades políticas en la construcción de una alternativa unitaria, integradora. La crisis son desafíos para los verdaderos liderazgos y la historia no perdona.

Cerrar la brecha

Se ha producido un distanciamiento entre el ciudadano común y la política, muchos sienten que los políticos están centrados en sus problemas de partido, sus rivalidades y que la acción política nada tiene que ver con las penurias que padecen a diario. Una prolongada y muy dura lucha contra el régimen -sin lograr el cambio anhelado- puede haber minado las esperanzas de la población y abrir esta brecha pero además de la falta de unidad, lo más lesivo para el ánimo opositor ha sido una agenda política tan distante de las expectativas reales de un país agobiado por esta pavorosa crisis. Una Venezuela que sufre el colapso de los servicios públicos, donde el desempleo galopa, el salario de los trabajadores lo han pulverizado y el alto costo de la vida tiene pasando hambre a amplias capas de la población, debe ser la prioridad política en la agenda opositora. Hoy es vital recomponer y consolidar la relación entre el liderazgo político y la gente. Cerrar la brecha para organizar y movilizar a la sociedad, ello nos sugiere el desafío de innovar y rediseñar la agenda para hacer política enfocados en los necesidades y demandas de la población.

El valor del voto

La abstención en la coyuntura no puede interpretarse jamás como una renuncia al voto como instrumento de cambio. Esa equivocada lectura ha llevado a algunos dirigentes a plantear que es necesario “recuperar la ruta electoral”, como si alguna vez la oposición democrática ha estado fuera de ella. En la ruta electoral hemos estado siempre: toda la presión internacional, incluyendo las sanciones, apuntaban y apuntan a forzar al régimen a unas elecciones libres ¿O acaso esa no ha sido una exigencia constante? Por eso no hablo de recuperar la ruta electoral sino de “rescatar el valor del voto”, tanto en el ámbito de la opinión pública como en la praxis político-electoral. Recuperar el valor del voto no supone participar en futuras elecciones porque si, a todo evento y en las condiciones que sean. ¡No! Pero abrir cauces a la participación debe ser un objetivo, de manera que el desafío es como replantear la acción política en el plano nacional e internacional para torcerle el brazo al gobierno y arrancarle las condiciones mínimas que efectivamente permitan rescatar el valor del voto.

Se trata también de elevar la conciencia colectiva sobre nuestro poder en el terreno electoral, generar confianza y ampliar nuestras capacidades para movilizar a la sociedad en condiciones adversas y defender la voluntad expresada. Hay que borrar del imaginario popular pendejadas como “dictadura no sale con votos” y otros slogans necios que se han convertido en credos para una parte de la oposición y sólo han servido para fortalecer al régimen. Los dogmas tienen validez en la iglesia, no en la política. Este debate hay que abrirlo sin prejuicios ni complejos ¿O nos encadenamos a una única estrategia? ¿Nos quedamos eternamente en la abstención, así el gobierno tenga 95% de rechazo y logremos observación internacional o algunas condiciones mínimas que permitan la derrota del régimen? Participar o abstenerse, ambas son posiciones válidas en un determinado contexto estratégico, en una coyuntura, pero ninguna de ellas puede ser permanente o incondicional.

La negociación viable

¿Realmente será posible una negociación con la dictadura? ¿Negociar con delincuentes es un problema ético? Veamos… La situación de la oposición no es fácil pero la del gobierno es mucho peor. Repudiado por una inmensa mayoría, aislado, bajo sanciones, con juicios penales en puerta y sus cabezas con precio. Además, tiene conflictos internos ocultos bajo el manto de la corrupción. Ha engañado tanto que no tiene capacidad para generar confianza y así, no hay posibilidad alguna de revertir la crisis, cuya profundización conduce a un colapso que amenaza su permanencia en el poder.

Pudiéramos decir que tal permanencia depende del financiamiento y del apoyo de China y Rusia. Pero ¿Hasta cuándo estos países lanzarán dinero en ese saco roto? ¿Cuánto tiempo financiarán la corrupción de la élite boliburguesa? Un país en ruinas amenaza sus inversiones y lanza a fondo perdido una cuantiosa deuda. ¿O este gobierno fracasado y corrupto tendrá capacidad de pagar esa deuda mil millonaria? En la política -sobre todo en la internacional- no hay amigos o enemigos, solo intereses. Por eso, supuestos aliados -como España- ya le exigen a Maduro elecciones libres y justas. O sea, desconocen la farsa del 6D, un duro golpe para la dictadura, tratándose del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Claro, ninguna dictadura quiere negociar y mucho menos entregar el poder pero todas terminan haciéndolo en determinadas circunstancias. En este cuadro, el gobierno debe pensar en negociar, necesita una salida que le permita preservar un espacio político y debe hacerlo antes que la bomba le estalle en la cara, lo cual sucederá cuando los pocos aliados que quedan le saquen la alfombra. Con relación al dilema ético de negociar con malandros, hay que decir que si no fueran delincuentes, cumplirían con las leyes y no fuese necesario negociar. Repetir esa falacia solo demuestra ignorancia, basta revisar la historia. Si ese dilema ético existiera, Churchill, Roosevelt y luego Truman, no se hubieran sentado a negociar con Stalin -uno de los más grandes genocidas de la historia- para garantizar la paz mundial.

El desafío entonces es como forzar al régimen a una negociación y como evitar que la utilice nuevamente para ganar tiempo o para burlarse de los venezolanos: como garantizar que la negociación derive efectivamente en una salida electoral. Asumir el reto supone redefinir la estrategia en ese terreno, entendiendo que desde hace tiempo el caso venezolano está en el tablero de la geopolítica mundial y que es necesario involucrar a China y Rusia en el proceso, a partir de sus propios intereses. En este momento es cuando no podemos olvidar que se trata de un régimen con amplia e inocultable vocación delictiva.

Optimismo, como punto final

Si el liderazgo opositor está o no en capacidad de asumir estos desafíos lo sabremos en poco tiempo, la exigencia de unidad es un clamor en la calle y el país espera…. Una cosa mantiene el optimismo encendido: luego de más de dos décadas, con todo el poder imaginable, el régimen no ha podido doblegar el espíritu democrático de los venezolanos. No hay razones para pensar que puedan lograrlo ahora, en esta hora menguada. ¡Venezuela no se rinde!

Twitter: @RichCasanova


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lunes, 25 de enero de 2021

 Sobre el gorila que un militar criollo debe tratar de digerir

                    TULIO HERNANDEZ


LA GRAN ALDEA


Es un viejo chiste. De los años 1970. Cuando los Estados Unidos, aún en plena Guerra Fría, aupaban y defendían en América Latina cruentos golpes de Estado conducidos por militares de derecha y ultraderecha.

Quien cuenta el chiste pregunta: “¿Por qué en los Estados Unidos no hay golpes de Estado?”. El interlocutor responde: “No lo sé”. Entonces el del chiste dice: “Porque no hay embajada americana”.

Era un desplante muy celebrado. Al menos en los ambientes universitarios de izquierda. Porque describía con exactitud el intervencionismo gringo que había promovido y defendido para entonces las dictaduras de PinochetGaltieriBordaberry. Y antes las de StroessnerPérez Jiménez y Somoza.

La frase reseñaba con precisión aquello que el Premio Nobel Octavio Paz, un hombre nada de izquierda, había señalado como la contradicción fundamental del gran país del Norte. Su profunda cultura democrática en la vida interna versus su implacable capacidad intervencionista en sus relaciones internacionales que lo había hecho parte de tantas guerras crueles en lugares tan diferentes como CoreaVietnamJapón y Laos. Más las invasiones a República DominicanaGranada y Panamá.

Ahora, gracias a los desajustes profundos causados por la arbitrariedad de Donald Trump, que por primera vez han hecho temer seriamente por el destino de la democracia estadounidense, he recordado el viejo chiste verificando, sin embargo, que aquella respuesta era una media verdad.

Porque si bien servía para explicar la actuación imperialista del Imperio, y perdonen la redundancia, no era suficiente para entender por qué, efectivamente, en los más de dos siglos de historia democrática de los Estados Unidos de América -salvo con Trump– nunca se había puesto en riesgo la transmisión pacífica de mando de un presidente que concluye su período de gobierno al sucesor recién electo. Y por qué tampoco, nunca, los militares de ese país siquiera habían intentado, amagado, sugerido, o pensado en la posibilidad de un golpe de Estado.

Y la razón es muy clara: Porque uno de los principios sagrados -y aquí “sagrado” no es una frase retórica- de la democracia estadounidense es que sus Fuerzas Armadas, su ejército, marina y aviación, son absolutamente apolíticas y leales solo a la Constitución no al presidente, partido o parcialidad política alguna. Y eso marca la diferencia.

Sagrado es sagrado. Habla de una ética militar de sometimiento disciplinado a la voluntad popular expresada en las elecciones que se ha transmitido de generación en generación como una cultura política profunda y como un orgullo, una forma suprema de la dignidad y el honor personal, de todo aquel que hace el juramento constitucional.

Los Estados Unidos no son la paloma de la paz. Lo sabemos. Hemos visto a los marines ametrallando talibanes en las montañas rocosas de Afganistán. O a caballerías de helicópteros coreográficos bombardeando sin piedad, con bombas de napalm pacíficas aldeas vietnamitas al ritmo de Sympathy for the devil.

Pero imaginar una escena franquista y rural, como la del comandante Tejero, con su medieval gorro de tricornio, en el Congreso de los Diputados de Madrid, 1983,amedrentando pistola en mano a los parlamentarios de su propio país para que le entreguen el poder que no ganó por elecciones; o aun teniente coronel bocazas como Hugo Chávez en traje de campaña, con la cara pintada de negro camuflaje, aprovechando la oscuridad de la media noche para masacrar a tiros, 1992, al presidente de la República legítimamente de su propio país, en su residencia de La Casona, en Caracas; eso es algo absolutamente inimaginable en los Estados Unidos.

Digamos mejor que lo era. Ya no. Porque desde que entró en escena el “guerrero sioux”, comandante en jefe de los ejércitos de Trump, todo cambió. Tanto que en un gesto poco común los siete generales y el almirante que conforman el Estado Mayor Conjunto de la Unión han dirigido una circular a los miembros del ejército recordándoles que: “La violenta protesta en Washington D.C., el 6 de enero, fue un asalto directo al Congreso, al edificio del Capitolio y a nuestro proceso constitucional (…) Cualquier acto contra el proceso constitucional no solo atenta contra nuestras tradicionesvalores y juramento; también va en contra de la ley”.

Queda claro. No hay en este recordatorio un solo titubeo, una pizca de duda sobre la preeminencia de la Constitución sobre cualquier presidente individual. Sobre la no intromisión de los militares en otra cosa que no ordene la Constitución. Sobre su papel decisivo para que la democracia exista. Sobre su compromiso absoluto con la nación y el pueblo norteamericano. Algo absolutamente extraño a la tradición militar venezolana.

Porque en Venezuela, desde 1830 hasta hoy, un militar es y ha sido -con la excepción hecha de la tregua de los cuarenta años de democracia-, un mandón, un felón, un político armado, como lo define Thays Peñalver. Alguien que entre más ego y testículos tenga, y más ambición de poder, más derecho impune cree detentar para tomar las armas de la nación, dar un golpe de Estado, y hacerse jefe de gobierno.

Como lo hicieron Castro y Gómez terminando el siglo XIX. Y después Pérez Jiménez y Delgado Chalbaud, cuando se cargaron a Rómulo Gallegos en 1948. Igual que lo intentaron militares como Castro León (de derecha) o Hugo Trejo y Víctor Hugo Morales (de izquierda) contra Rómulo Betancourt entre 1960 y 1962. A seguidas Chávez, de izquierda, contra Pérez en 1992. Y un año después, 1993, el almirante Radamés Muñoz León, de derecha, contra Ramón J. Velásquez.

El alto mando militar de los Estados Unidos ha condenado los sucesos del 6 de enero en Washington. El nuestro, al mando de un Padrino, los hubiese aplaudido y, seguramente, hubiese mandado refuerzos para que la bella piel de búfalo del guerrero sioux no fuese maltratada. Para que, como han hecho con los Tupamaros, La Piedrita, o cualquier otro círculo de vándalos paramilitares, estos militares sin honor, esta saga de caporales verde oliva, actúen como protectores de la barbarie y no de la Constitución.

Son dos tradiciones militares. Una, la de ellos, hecha para la democracia. La nuestra contra ella. Una cosa es formarse en West Point. Otra en una escuela militar donde el golpismo y el militarismo forman parte del currículo informal.


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 Ambiciones y miserias


     LEANDRO AREA P.


Desde el miradero en el que me encuentro se observa un panorama de país inhumano y ruinoso que requiere de respuestas urgentes que no son siempre de encuentro fácil ni de provecho definitivo.

No se visualizan desde aquí ni escenarios internos ni externos, ni púlpitos valederos, ni voluntad política concertada, que nos permitan predecir, tan siquiera imaginar en el corto plazo, salida satisfactoria a la profunda crisis que vive Venezuela.

En estas interrogo, a falta de hombres vivos y sabios, a aquellos que nos precedieron en el tiempo y dedicaron toda una vida de esfuerzo por comprender y escribir tantas veces sobre estos ultrajes a la vida de las naciones y de la mayoría de los seres humanos que las habitan y las sienten, y tanto las padecen.

Son ellos monumentos que se sostienen en el milagro insuficiente de construir felicidad en ideas pero echando mano del salvavidas según el cual no aspiran a la verdad sino a la duda que alumbre nuestra afanosa búsqueda. Pero esa no es la respuesta que persigo.

Necesito, el país requiere, de certidumbres orientadoras y así escojo al azar de multitud de biblioteca un libro escrito por uno de esos seres que uno supone y desea sabio y me encuentro y dejo llevar por “El pecado original de América” donde H. A. Murena afirma en párrafo casual y resaltado en amarillo por el dueño anterior de tal volumen, que: “!Cuánta desesperanza, cuánta tensión, cuántas posibilidades y cuánto fracaso!”.

La frase me encontró y ya sé que
[W11]  razón no le falta pero huyo de tal constatación empírica, tan poco auspiciosa de tan cierta, que cierra el capítulo a la posibilidad de ser, de construir, de dar, aunque difícil sea en este caso, mensaje de optimismo y esperanza.

Sigo confieso distraído entre los volúmenes maravillosos cada uno mientras la realidad me exige disimulada en los ruidos que llegan de la calle y me detengo en nuevo brinco de casualidad en el título “Los libros de mi vida” de Henry Miller y busco entre sus líneas, y me lee : “Nuestro mundo acercase rápidamente a su fin. Está por abrirse otro mundo nuevo. Para que florezca ese mundo nuevo tendrá que descansar tanto en los actos como en la fe. El mundo tendrá que hacerse carne”.

Utopías, cierro el libro, discurso, fantasías del espíritu, canciones, aspiraciones milagrosas y románticas, falsos ídolos, dictaduras, palabras, Iba a decir literatura, religiones, pensamiento mágico al servicio de la mano de todos sin siquiera movernos de la casa cada uno. Soluciones delivery, express y además a la carta.

Lo siento, les reclamo, allí no está lo que buscamos. Lo que nos urge es de paciencia y tino, aunque estemos hartos de tanta paciencia y de tan poco tino para nombrar y construir una posibilidad cierta, una intención creíble mayoritariamente de superación de realidad y de constitución de una conciencia.

Pareciera fácil repetir hasta el cansancio, al papel qué le importa, pero seguimos atascados en la orilla de nuestros desencuentros sin saber qué hacer frente a los ojos atónitos y expectantes de tantos que nos miran ansiosos y de otros que gustosos y satisfechos se burlan desde el poder que nos domina y amilana.

!Qué se sepa que estamos aprendiendo en dictadura lo que queremos ser en Democracia! No se olvide tampoco una tendencia perniciosa a vivir aletargados bajo los efectos del Lexotanil de la nostalgia; de la mala por que la buena hay que conservarla. Pero en verdad estamos reconociendo lo que deseamos como sociedad desde las penurias que impone la dictadura. Y el deseo es libre y habilidoso para lograr desde la miseria de lo que no tenemos o de lo que perdimos, desde la necesidad, lo que anhelamos.

Los que no vieron o no vivieron en la bonanza de ciudadanía que teníamos pareciera tuvieran esa ambición, ese gen democrático, memoria de lo no vivido, en lo que la democracia alienta de apetito insatisfecho. Pareciera nuestra fatalidad esta la de la permanente lucha por alcanzar lo que no tenemos o lo que bien tuvimos y al fin perdimos.

La democracia que queremos es un largo camino y es tiempo ahora de destrezas, de ponerlas en marcha para satisfacer nuestra histórica ambición de República civil y ciudadana tantas veces repetida pero no por ella lograda o de inútil recuerdo, con posibilidades de progreso en libertad y paz 

No menos que eso esperamos aunque haya que comenzar por aprender desde el principio el abecedario germinal que dejaron los que nos precedieron para que pudiéramos soñar y trasmitir lo que soñaron.

Leandro Area Pereira 


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domingo, 24 de enero de 2021

Consejos políticos de la Iglesia


Con el 90% de la población en pobreza de ingresos, con un PIB que en seis años ha perdido el 80%, con una hiperinflación que roza 4.000 % y destruye todo salario y valor económico, con todos los servicios públicos en ruinas y con el derrumbe de las exportaciones petroleras de más de 50.000 millones de $ anuales a menos de 3.000 millones, la tragedia venezolana es una hecatombe inocultable e incomprensible con triquiñuelas y malabarismos del psiquiatra. Tampoco se arregla echando la culpa al imperio y sus sanciones, ni dejando correr los problemas que se agravan cada día. Salir de esto y recuperar la vida en el país exige el esfuerzo de todos los venezolanos y toda la colaboración internacional.
Recientemente (11-1-21) los obispos católicos reunidos en Asamblea nos dan algunos consejos que más vale sean escuchados porque contienen sabiduría  y expresan el sentir de la inmensa mayoría de venezolanos.
La hora de la sociedad civil. Una sociedad políticamente constituida no es una multitud amorfa de individuos sobre un territorio, ni un rebaño de ovejas  siguiendo ciegamente  a su pastor. Un habitante se  transforma en ciudadano cuando se reconoce parte de un pacto social  y sujeto responsable de derechos y de deberes de la polis o civitas (ciudad), que han creado. Avanzar en esta dirección es politizar a los venezolanos como responsables de su bien común. Por el contrario una dictadura totalitaria exige renunciar a esa responsabilidad y arrodillarse con sumisión y servilismo. Es lo que nos lleva a la catástrofe. Los obispos “acompañando e interpretando el sentimiento de la mayoría de los venezolanos, volvemos a insistir que el país necesita un cambio radical en la conducción política, lo cual requiere  por parte del gobierno, la suficiente entereza, racionalidad y sentimiento de amor al país para detener el sufrimiento del pueblo venezolano; y la urgente disposición a fin de encontrar el camino legal y pacífico  más expedito, que facilite una transición democrática y nos lleve cuanto antes a unas elecciones Presidenciales y Parlamentarias en condición de libertad e igualdad para todos los participantes y con acompañamiento de Organismos Plurales” (n.9). 

Bien común y cuerpos intermedios fortalecidos. En la enseñanza social de la Iglesia católica la sociedad no es un rebaño pero tampoco una suma de individuos donde cada uno se encierra en sus intereses, ni tampoco es la usurpación del poder por un grupo. El bien común necesita de una sociedad articulada, con cuerpos intermedios  responsables en sus áreas e instancias  y movidos por tres principios: la igual dignidad de toda persona, la solidaridad  de unos con otros y el principio de subsidiariedad  por la que las instancias superiores y el Estado central y su gobierno no aplastan al resto de la sociedad. “Insistimos- dicen los obispos- en la necesidad de garantizar la libertad de acción de las instancias sociales intermedias y de permitir que las organizaciones no gubernamentales puedan ayudar a aportar soluciones a problemas de las comunidades en materia de alimentación, salud, educación y en general, en la promoción de los derechos humanos. El gobierno no puede solucionar todos los muchos problemas que sufrimos, mientras que las comunidades organizadas, con el apoyo de distintas instituciones sociales, pueden aportar pequeños, pero valiosos granitos de arena. No se puede politizar la ayuda humanitaria, pues todo el país sufre la terrible crisis que padecemos” (n.19).

Ahora que el Estado está  en manos de una dictadura en quiebra (salvo para reprimir) hay que abrir y fortalecer la sociedad civil en sus múltiples formas,  promoviendo también la economía no estatizada. Con una sociedad civil donde avancen la reconciliación de los que se creyeron enemigos, la reconstrucción del tejido social, el perdón y la curación de heridas. Mucho hacen Caritas  y las organizaciones  parroquiales y educativas, pero todo es poco para la inmensa tarea. Por eso, inspirados por el Evangelio y con el ejemplo de José Gregorio Hernández “estamos comprometidos en nuestras diócesis, parroquias, movimientos de apostolado etc. en construir espacios que nos lleven al diálogo y reconciliación nacional para hacer realidad la verdad, la justicia, la libertad y la fraternidad que vienen del amor de Dios” (n.11). No es una llamada a una actividad confesional, sino la invitación a todos los venezolanos  a escuchar de Jesús “ vengan benditos de mi Padre” porque tuve hambre y me dieron de comer, estuve enfermo y me visitaron y curaron, preso y rompieron las cadenas y me abrieron la puerta, en el exilio y me trajeron a casa…
Es importante lo que se hace pero está muy por debajo del inmenso potencial. Si algo parecido a lo que hacen las 13 vicarías de religiosas en sus barrios se hiciera en un millar de parroquias, centros y agrupaciones, cambiaría Venezuela.
Negociación sin falsedad. De nada sirven las pequeñas maniobras dictatoriales que tratan de aprovechar la debilidad y necesidad de grupos a cambio de que abandonen e incluso traicionen a los demás. Dictadura dedicada a dividir y engañar.
No, la solución si no es integral no va a resolver nada. Como dicen los obispos “Sufrimos en nuestro país las nefastas consecuencias de un modelo económico, impuesto por un régimen y una ideología de corte comunista que nos ha empobrecido a todos, especialmente a los más débiles. Y, por otro lado, vemos a un grupo minoritario de venezolanos que se va enriqueciendo en detrimento de la mayoría de la población. Padecemos los desaciertos de un mal llamado “Plan de la Patria que pretende imponer leyes para ir creando el estado comunal” (n.4).

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