martes, 27 de julio de 2021

 La trampa-jaula económica que se construyó el chavismo

       Humberto García Larralde


La reciente visita de Delcy Rodríguez a la Asamblea de Fedecámaras, como la de su hermano en enero y la declaración de Maduro de rescatar el Consejo Nacional de Economía --ahora adjetivándola de “Productiva”--, pudieran indicar un cambio de actitud del régimen ante el sector empresarial, otrora ubicado en el campo enemigo. El colapso es tal que sienten la necesidad de ir a hacerle carantoñas, en aras de salir del hueco. Como gusta decir mi esposa, “oyen campanas, pero no saben de dónde vienen”.

Cuando llegó al poder, Chávez no tenía un proyecto económico elaborado, más allá de ciertas alusiones nacionalistas y de justicia social. Tan así, que conservó por año y medio a la ministra de Hacienda del gobierno anterior, Maritza Izaguirre. Es por razones políticas, al toparse con la resistencia de los empleados de PdVSA de ver vulnerada su cultura corporativa y con el hecho de que la agenda del sector privado no tenía por qué coincidir con la suya, que desata su ofensiva contra las instituciones que resguardan la actividad económica. Más pudieron sus ansias por controlarlo todo, impulsadas por ese inmenso ego de creerse heredero genuino de Bolívar, que consideraciones racionales acerca del manejo sano de la economía. Por demás, ahí estaba el petróleo que, creía, daba para todo.

Para ponerle la mano a esta fuente aparentemente inagotable de recursos, tendió la trampa que --confesaría luego—“justificaría” el despido de los gerentes, profesionales y operarios más cualificados de PdVSA, la mitad de su nómina. A pesar de los azarosos sucesos que provocó en abril, 2002, logró finalmente ufanarse ante los suyos de que, “Ahora PdVSA es de todos”. Transmutó la misión corporativa de la empresa por una de naturaleza política: financiar el socialismo de reparto que, a instancias de su mentor, Fidel Castro, debía instaurar. Entre 2003 y 2016 PdVSA desvió más de $ 250 millardos de sus ingresos para financiar misiones y fondos de desarrollo social. Encima, fue atiborrada de empresas de construcción, alimentarias, de servicios y manufactureras. Pero no sólo le creó una carga que terminó drenando sus recursos, sino que se privilegiaron criterios políticos discrecionales para la distribución de sus proventos, instaurando una dinámica que se fue apoderando, no sólo de PdVSA, sino del sector público en general. Precios del crudo en torno a los $ 100 por barril entre 2008 y 2014 (salvo 2009), parecían permitirlo todo. Chávez pudo comprar alianzas internacionales para evitar la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela por la OEA y subsidiar a la economía cubana. Pero, como lo atestiguan los escándalos destapados a cada rato en la prensa internacional, hubo destinos aún más turbios. Maduro carece de la ascendencia, carisma e ideas de Chávez. Supo que su permanencia en el poder dependería de su capacidad de comprar a los mandos militares más corruptibles, haciéndolos cómplices de sus desmanes, traicionando su mandato constitucional. Además de ponerlos al frente de buena parte de las responsabilidades económicas del Estado, contratar con las empresas que ellos creaban, entregarles el control de puertos, aeropuertos y de la minería de Guayana, y otorgarles el monopolio de la importación de alimentos y medicinas, ¿qué mejor premio que entregarles también PdVSA? En 2017, nombró como su presidente al general Quevedo, sin experiencia alguna en la materia, con un resultado tan desastroso que el mismo Maduro, tres años más tarde, se vio en la necesidad de destituirlo.

El viejo John D. Rockefeller, fundador del imperio petrolero de la Standard Oil que, luego de ser desmembrada por la Ley Sherman (Antimonopolio), dio lugar a la Exxon, Socony, Mobil, Chevron y a otras empresas poderosas, solía decir que el mejor negocio del mundo era una empresa petrolera “bien administrada” y que el segundo mejor, una “mal administrada”. No vivió para apreciar la asombrosa capacidad destructiva de Chávez, Maduro y los suyos. ¡Es que hay que echarle bolas! Lamentablemente, la acción destructiva no terminó ahí. La abundancia petrolera permitió subyugar aún más a la actividad económica privada. Los controles de precio, las expropiaciones y confiscaciones, y la sobrevaluación del bolívar oficial, junto a la ausencia de garantías de propiedad y procesales, acabó con buena parte del parque industrial y agrícola. En su reemplazo, Chávez cuadruplicó, entre 2004 y 2012, las importaciones, muchas exentas del pago de impuestos. Las empresas agrícolas, manufactureras y de servicio que confiscó fueron, en su mayoría, pasto de la depredación de sus nuevos administradores “socialistas”. La renta cubriría los faltantes. Al destruir a PdVSA y achicar la base impositiva doméstica, menguaron los recursos para sostener el gasto público. Se acudió, entonces, a la emisión monetaria del BCV, desatando una dinámica hiperinflacionaria que ha empobrecido brutalmente a los venezolanos.  Como hemos venido insistiendo, la terrible ruina de la economía venezolana no es (sólo) producto de la ignorancia y la incompetencia, aunque de éstas ha habido a borbotones. Al desmantelar los resguardos institucionales que amparaban las actividades productivas y comerciales, y al supeditar lo económico a criterios políticos discrecionales --a cuenta de “revolución”-- se terminó asentando un Estado Patrimonial. Se fue conformando un régimen de complicidades, sobre todo con los militares corruptos, para expoliar la riqueza nacional, incluyendo también a bandas criminales, tanto nacionales como extranjeras. Independientemente de que Chávez y/o algunos de sus acompañantes hayan podido al comienzo creer en sus motivaciones justicieras, el “Socialismo del Siglo XXI” fue excusa para la parasitación del país por parte de los más poderosos, inescrupulosos y “vivos”. Con el canto de sirena de redimir al pueblo aboliendo las garantías constitucionales, nos construyeron una trampa-jaula que nos ha llevado a la pobreza más extrema. Lo irónico es que los chavistas se dan cuenta, ahora, que también los incluye.

La reactivación económica sólo será posible con base en la iniciativa privada. Requiere restituir al Estado de Derecho, con sus seguridades y previsibilidades, y sustituir el financiamiento monetario del gasto público con recursos externos para abatir la inflación, sujetos, claro está, a una reforma profunda del Estado para elevar la pertinencia, eficacia y eficiencia del gasto. Pero esto significa desmantelar las bases del régimen de expoliación sobre el cual descansan las alianzas mafiosas que sostienen a Maduro. ¿Cómo retornar al ordenamiento constitucional, reafirmando sus garantías civiles, políticas y económicas, y acceder a reformas que acaben con la discrecionalidad, falta de transparencia y la no rendición de cuentas si, con ello, desaparecen los privilegios que son la razón de ser de la dictadura? ¿Qué posibilidades hay de conservar el poder si la obtención de recursos para su sobrevivencia, ya sean aquellos provenientes del levantamiento de algunas sanciones y/o contratando financiamiento internacional, obliga a desmantelar el régimen de control social y de terror que mantiene sometida a la población y ampara sus desmanes? ¿Cómo sostenerse en un ambiente de medios de comunicación libres que exigen responsabilidades, que se enderecen las cuentas y se encaucen culpabilidades?

Y he ahí el conflicto existencial de Maduro y los suyos: luchar para mantenerse con un arreglo poco sostenible en el tiempo y con el riesgo de ser desalojados eventualmente del poder por cualquier medio, o acceder a las reformas requeridas para dotar a la economía de la estabilidad, confianza y viabilidad deseadas, a sabiendas que marcaría el fin de su cruel autocracia. De tanto destruir la institucionalidad para forjar el régimen de expoliación con el que se lucraron a sus anchas durante años, se encuentran ahora sin opciones. Sin percatarse, se incluyeron en la trampa-jaula que forjaron, y no saben cómo salir.

La Academia Nacional de Ciencias Económicas, como las demás academias, valiosos profesionales de la economía y especialistas de variadas disciplinas, tienen años señalándole al régimen las insuficiencias y errores de sus políticas, e instándole a corregirlas. Pero sus personeros prefirieron refugiarse en la excusa de una “guerra económica” para negar estos cambios y continuar depredando al país.

Todo apunta a la necesidad de una salida política que obligue a este régimen criminal a convencerse de que debe acceder a desmantelar sus privilegios e impunidades. ¿A qué precio?


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lunes, 26 de julio de 2021

Trino Márquez: “Esto es una versión 

degradada del estalinismo”


PRODAVINCI

 

De los balances urgentes que el país necesita para salir del abismo en el que caímos, sobresale uno -lamentablemente no es el único- que refiere al campo político y al papel que la izquierda ha jugado desde la derrota que sufrió en los años 60. Partidos políticos que se dividen una y otra vez, quiebres institucionales, ausencia de crítica y una proverbial insistencia en el error… sin ensayo. La equivocación fatídica más reciente fue subirse al autobús de Hugo Chávez.

En la destrucción que estamos viviendo, la izquierda ocupa un asiento VIP. He querido hablar de este tema con Trino Márquez*. La izquierda, que disfrutó de espacios de poder a partir de las elecciones de 1973, lo desechó todo en el cesto de la basura y asumió el papel de víctima maltratada. Pero el silencio, la complicidad y el resentimiento -esa enfermedad del alma que no tiene cura- siguen su curso como el remanso de un río, cuyas aguas cloacales lo contaminan todo. La historia ha sido cruel porque nos enseña sin ahorrarse los costos más elevados de una pavorosa crisis que parece interminable.

En una ocasión, el poeta cubano Octavio Armand, no sin una expresión de ironía en el rostro, me dijo que mientras la guerrilla en Cuba se alzó en armas en contra de una tiranía despiadada, en Venezuela lo hizo contra de un Gobierno legítimamente electo. ¿Usted cree que, en términos electorales, la izquierda fue consecuente con el juego democrático y la institución del voto?

La izquierda que entendió la derrota de los años 60 -el Carupanazo, el Porteñazo, la invasión por Machurucuto, la invasión por Falcón-, la izquierda que entendió que la estrategia desarrollada por Fidel Castro y por la dirección del Partido Comunista y del MIR había sido derrotada, fue leal con la democracia a partir de los años 70, fue la izquierda que participó en las elecciones de 1973, cuando salió electo Carlos Andrés Pérez por primera vez. Y fue una izquierda que se incorporó, de manera leal, a las discusiones en el Congreso de la República y que asumió la lucha electoral, dentro del esquema del Estado republicano que se diseña en la Constitución del 61. Esa izquierda, además, internalizó los valores de una democracia con rasgos republicanos, liberales y, por supuesto, democráticos. Sin embargo, hubo una izquierda residual que nunca aceptó la derrota de los años 60. Que siempre enarboló la lucha armada como una vía legítima para alcanzar el poder, que siempre asumió una crítica despiadada de lo que ellos llaman «la democracia burguesa», y que siempre creyó en el modelo (la teoría del foco) establecido por Fidel Castro y el che Guevara para América Latina, pero anterior a eso por el modelo maoísta, que fue el que le permitió a Mao Zedong tomar el poder en 1949.

Entonces, ¿podríamos hablar de dos izquierdas?

Sí. Dos izquierdas distintas. Una socialdemócrata, que creía en los valores republicanos, incluso, en los valores liberales, en el sentido de que al Estado hay que ponerle límites en su actuación. Y una izquierda insurreccional, revolucionaria, muy autoritaria, que nunca aceptó plenamente la derrota de la lucha armada. Esas dos izquierdas coexistieron durante mucho tiempo. La izquierda democrática fue muy exitosa y su expresión más acabada fue el MAS. Durante la década del 70, el MAS eclosionó y tuvo una gran relevancia en la lucha política nacional. Mientras que la otra izquierda, la izquierda insurreccional, representada por Bandera Roja, por la OR (Organización de Revolucionarios) y otras organizaciones, algunas de ellas se legalizaron después del triunfo electoral de Luis Herrera Campíns, una de ellas -la OR- tenía un frente legal, la Liga Socialista, donde militaba Jorge Rodríguez padre, David Nieves y una figura que todavía existe, que se llama Julio Escalona.

El MAS y la Causa R crecieron electoralmente en los años 80, incluso durante la crisis de la democracia, recrudecida en los años 90. Esa izquierda ganó gobernaciones importantes (Zulia, Bolívar, Aragua). Una década después esa izquierda abandona esos espacios de poder para subirse al autobús de Chávez. ¿No resulta paradójico a estas alturas?

Lo primero que habría que decir es que un sector de la izquierda sigue adherido al proyecto democrático. Dentro del MAS, por ejemplo, hubo una discusión muy intensa y dirigentes históricos (Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez y Freddy Muñoz) detectaron en Chávez una figura nociva, una contrafigura que iba a destruir la democracia. Otros sectores, creo que estaba allí Felipe Mújica, más tendidos a la izquierda, no vieron ningún peligro y fueron ellos los que terminaron apoyando la candidatura de Hugo Chávez. Pero el MAS se dividió en esa oportunidad. Es decir, la discusión dentro de la izquierda fue muy intensa y un sector institucional se mantuvo como defensor de la democracia representativa. Recordemos las definiciones de Teodoro, él hablaba de una izquierda borbónica, que no olvidaba ni aprendía y una izquierda liberal. Digamos, Teodoro asumió, durante gran parte de su vida, el proyecto democrático, reconoció los errores que había cometido en la década de 1960. En su libro Proceso a la Izquierda hizo un balance muy descarnado de lo que ocurrió en esos años. No dudaba en llamar (a la izquierda residual) cavernícola y sobre todo muy autoritaria. Era una izquierda que no creía en la alternancia del poder, en la división de poderes. Por el contrario, creía en el Estado unitario y de la eternización de la casta dominante en el poder. Teodoro fue muy crítico de esas posturas y por eso no apoyó las proposiciones de Hugo Chávez.

Podríamos mencionar el caso de la Causa R, que también había aceptado el juego electoral y la democracia representativa. Hubo personalidades que fueron consecuentes, pero los aparatos políticos, los aparatos de control, los aparatos ideológicos, no lo fueron. Se pusieron al servicio de Hugo Chávez. Sin ninguna crítica, sin mayores reflexiones sobre cuál era la propuesta del señor Hugo Chávez. ¿Tiene una explicación sobre eso?

En efecto, hay un sector en la izquierda que jugó al oportunismo más rampante, más descarado, que había asumido política e intelectualmente la derrota de los años 60, la derrota de la lucha armada, que entendía que el camino para Venezuela era la democracia representativa, si bien había que mejorarla y perfeccionarla, que incluso apoyó los proyectos de reforma política e institucional promovidos por la Copre, a partir de mediados de los años 80, que se entusiasmó con el proyecto de descentralización política y administrativa del Estado y con la propuestas de reforma de los partidos políticos, que también se entusiasmó con la reforma del Poder Judicial, que apuntaba a garantizar su autonomía, frente a un Poder Ejecutivo, tan poderoso como el que ha habido en Venezuela, sobre todo después de la nacionalización petrolera. Hubo una izquierda que se entusiasmó con esas reformas democráticas y que lucharon por impulsarlas.

Una de las propuestas de la Copre fue la elección directa de gobernadores y alcaldes. Un paso fundamental para la reforma institucional del Estado. 

Esa izquierda participó activamente en las elecciones regionales. Por eso, Carlos Tablante, un militante del MAS, resultó electo en la gobernación de Aragua; Andrés Velásquez, de la Causa R, en la gobernación de Bolívar, y Lolita Aniyar (MAS) en la del Zulia. Ese liderazgo regional tenía proyección nacional. Dentro de ese cambio institucional tan importante, la izquierda -más a la izquierda- de la socialdemocracia (representada por AD) se comprometió con la democracia y con las reformas que iban a remozar el Estado democrático, el Pacto de Punto Fijo y la Constitución del 61. Pero hubo otra izquierda que se mantuvo indeleble y firme en sus posturas pro cubanas, pro fidelistas. Que creía que el poder había que tomarlo para construir una democracia distinta a la democracia representativa. Que había que construir un Estado distinto al Estado republicano y una sociedad distinta a la sociedad liberal. Que había que redefinir la democracia representativa para llamarla democracia directa y participativa. Esa es una izquierda que no fue leal con la democracia y la que se entronizó en el poder a partir de 1998, cuando ganó Hugo Chávez. Si revisas lo que fue Quinta República y lo que luego se llamó el chavismo, hubo allí una mezcla muy extraña, sectores encumbrados de la clase media, sectores empresariales (industriales importantes), desencantados con AD y Copei y con el segundo gobierno de Caldera. Pero el núcleo central de ese movimiento estaba constituido por residuos de la izquierda insurreccional. Allí estaba Tercer Camino de Douglas Bravo y sectores de la Liga Socialista, donde militó el señor Nicolás Maduro. Además de sectores que nunca abandonaron la idea del entrismo en las Fuerzas Armadas, que vieron a las Fuerzas Armadas como un trampolín para destruir la democracia representativa.

La propuesta de democracia directa y protagónica está perfilada en las posturas del teórico argentino Ernesto Laclau. 

Y también en el primer apoyo teórico importante de Hugo Chávez, el señor Norberto Ceresole. Además del italiano, Tony Negri.

Todo esto desemboca en la idea de que un solo hombre (un caudillo) podía gestionar las demandas y el malestar de sectores importantes del pueblo, que había sido defraudado, una y otra vez, por las democracias endebles, cuyas instituciones eran ineficaces y corruptas. La izquierda estaba en conocimiento de eso. 

Esa izquierda, de la que estamos hablando, es muy mesiánica. Después de 40 años de dictadura comunista seguía admirando a Fidel Castro. Decía que Pinochet era un dictador despiadado, pero que Fidel Castro era un demócrata que no había podido desplegar su proyecto social por culpa del bloqueo de Estados Unidos. Esa es una izquierda que siguió apegada al caudillismo, al personalismo, al Estado centralista, vertical. No creo que se pueda hablar de una izquierda homogénea, sino de una izquierda con grandes grietas. Por eso me gusta la definición de Teodoro, que habló de la izquierda borbónica y la izquierda progresista, porque, en efecto, hay una izquierda que alguna vez fue marxista, que alguna vez creyó en la dictadura del proletariado, como creyó Teodoro, pero que luego se desprendió y entendió que la dictadura no era buena, pusiésele el apellido que se le pusiese. La dictadura terminaba siendo tiránica, acabando con las libertades y los derechos humanos. Tal como ocurrió en Cuba. Yo creo que es muy importante agarrar el bisturí y hacer esa disección entre esas dos izquierdas.

Trino Márquez retratado por Lara Blacklock | RMTF

Las organizaciones de izquierda que se plegaron al proyecto de Chávez fueron desechadas, apartadas a un lado. En sus inicios, es cierto, el Movimiento Quinta República era muy variado, pero luego de 20 años, el chavismo se muestra compactado, decantado. Uno ve que figuras del PPT, de Tupamaros que, al cabo de unos años, o Hugo Chávez o Nicolás Maduro le dijeron… hasta aquí llegó el autobús, bájese. 

Eso pasó hasta con el Partido Comunista, al que le dieron una patada.

Sí, pero ninguna de esas organizaciones ha hecho un balance, una autocrítica de lo que ocurrió. El proceso político venezolano, desde la izquierda, merece una reflexión. 

El PPT que dirige Rafael Uzcátegui, el Partido Comunista y otras organizaciones, que, en su momento, integraron el gran Polo Patriótico, fueron excluidas porque en principio se negaron a integrarse al PSUV (2007), la organización que Hugo Chávez crea bajo la idea de que sea el partido único de la revolución, un partido hegemónico como llegó a ser el Partido Comunista de China o el Partido Comunista de la Unión Soviética. Una de las primeras decisiones que toma Lenin (después del asalto al Palacio de Invierno) es el cierre de la Duma (Parlamento) y acabar con los partidos políticos. Esas fueron las decisiones que se adoptaron porque había que crear un partido único. Esa es la idea de Fidel Castro. De hecho, en Cuba, están eliminadas constitucionalmente las organizaciones opositoras y existe solo el Partido Comunista de Cuba. Esa idea, la del partido único de la revolución, es la que asoma Hugo Chávez en el año 2007. Lo que ocurre es que estas organizaciones, empezando por el Partido Comunista, dijeron: «No, nosotros no nos vamos a disolver dentro del partido que propone Hugo Chávez, porque el Partido Comunista es una organización creada en 1931».

No se disolvieron en el PSUV, pero se disolvieron en un torrente autoritario, en esta exponencial concentración del poder. A fin de cuentas, perdieron toda esa significación que habían ganado en los años 80. Los sectores de izquierda, aunque estemos hablando de la izquierda borbónica, también dilapidaron un capital político. 

Yo creo que el problema es que esa izquierda, ¡esa izquierda!, no asumió nunca el proyecto democrático, que incluye muchas cosas, entre otras, no solamente creer en el voto popular, sino en que tú necesitas un Estado que se pueda controlar, que tenga «checks and balances», como dicen los gringos, que tenga organismos contralores, que el Ejecutivo sea controlado por el Legislativo, que el Poder Judicial sea, realmente, un árbitro entre los dos poderes, que la sociedad -a partir de sus organizaciones de base, de sus organizaciones políticas, de sus sindicatos, de sus gremios, de sus asociaciones vecinales, de sus organizaciones estudiantiles y ligas campesinas- tenga capacidad de control sobre el Estado. Esa oposición de la que tú hablas no cree en la independencia de los medios de comunicación. Por el contrario, cree que los medios de comunicación tienen que estar maniatados y subordinados a leyes que provengan del Ejecutivo nacional en el Gobierno. El problema es que esa oposición no asume las consecuencias de la democracia factual. No entiende que las minorías tienen que ser incorporadas y respetadas.

Cuando uno entiende que la izquierda democrática tiene cabida legítima en el sistema político -por más diferencias que se tengan o existan- entonces son tus adversarios políticos, pero no tus enemigos, y eso solo es posible en la democracia representativa. El único espacio que le brindaba a esa izquierda retrógrada cabida, espacios de deliberación y de poder político.

Esa izquierda no entendió la naturaleza autoritaria del proyecto político del chavismo. Algunos de esos sectores quizás pensaron que era posible controlar a Hugo Chávez. Pero no entendieron la dimensión del personalismo y del militarismo y, por lo tanto, el autoritarismo que encerraba el proyecto chavista. A pesar de la claridad con la que habló Hugo Chávez todo el tiempo. Al entronizarse, al cohesionarse, el proyecto chavista como un proyecto hegemónico, excluyente, ellos quedan descolocados, porque tenían dos opciones: se plegaban de manera incondicional como segundones o pasaban a una oposición que nadie entiende. ¿Cuál es la oposición que dirige Rafael Uzcátegui? No tiene ninguna resonancia, ninguna proyección. El Partido Comunista tampoco, creo que ni siquiera sacó un diputado en las últimas elecciones legislativas.

¿No es una ironía que haya sido Hugo Chávez, primero, y luego Nicolás Maduro, quienes le hayan dado a la izquierda «borbónica» una lección de lo que es el leninismo? 

No solamente de leninismo, sino de estalinismo. Porque esto es una cosa estaliniana lo que ha impuesto el señor Nicolás Maduro. Aunque no del todo, porque el Partido Comunista de la Unión Soviética era una columna dentro del andamiaje del poder soviético, que además lo tenía controlado en ese imperio que era la URSS. Eso no tiene nada que ver con el PSUV. Un partido que tiene el 11 por ciento en las preferencias populares y que se ha convertido en una máquina electoral, exclusivamente. ¿Pero dónde están los sindicatos importantes en el PSUV? ¿Dónde está el PSUV en el movimiento gremial, en el movimiento magisterial, por ejemplo? Aquí lo que hay es una versión degradada del estalinismo. Una versión pervertida, porque esto, más que estalinismo, es militarismo. La columna vertebral del gobierno de Nicolás Maduro descansa en dos pilares, por un lado, las Fuerzas Armadas y por el otro los grupos paramilitares, regulares e irregulares.

¿Cuál cree que es la influencia del castrismo en Venezuela?

Me acabo de leer un libro, La Invasión Consentida, que describe -con un sólido apoyo documental-, la manera en que los cubanos fueron ocupando todos los espacios -política, social, económica, cultural e institucional- del país. Es alarmante el poder de los cubanos dentro de la estructura del Estado y el control que tienen sobre instituciones como los cuerpos de seguridad y las Fuerzas Armadas. Sigue siendo enorme la presencia cubana, la presencia del fidelismo, aquí en Venezuela. No tengo duda de que la presencia cubana es importantísima y el trade off es el envío de cargamentos de petróleo -a pesar de la pronunciada caída de la producción de PDVSA- por la asesoría en seguridad y políticas represivas.

Han transcurrido más de 20 años del chavismo en el poder. ¿No cree que a estas alturas se pudiera escribir una versión actualizada de «Proceso a la Izquierda»? ¿Por qué no se ha escrito ese libro? ¿Por incapacidad intelectual? ¿Por cobardía política? ¿Por dejadez? ¿O por una combinación de estas tres cosas?

Yo creo que se combinan varios factores. Un intelectual «orgánico», para utilizar la expresión de Gramsci, como lo era Teodoro Petkoff, no es fácil de reproducir. Un pensador como él no lo veo en el campo de la izquierda. Diría que esa es una primera razón. Y la otra es que quienes podrían asumir este balance crítico y esta ruptura radical con el autoritarismo, con el militarismo, que representa Hugo Chávez y de forma más degradada Nicolás Maduro, este saldo de cuentas con el pasado, es difícil hacerlo si no estás plenamente convencido de que se cometió un error gigantesco con Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Que el país cometió un enorme error, creo que fue un país que se dejó llevar por el resentimiento, que se dejó engañar (y auto engañar) porque los problemas del período democrático se abultaron de manera interesada. Se creó la leyenda negra de la democracia representativa. Se denostó del Pacto de Puntofijo y de la Constitución del 61. Y, bueno, reconocer que esos fueron gravísimos errores es difícil.

***

*Trino Márquez. Sociólogo. Profesor titular de la UCV. Doctor en Ciencias Sociales, con posdoctorado en esa disciplina (UCV). Ensayista. Autor de varios títulos, entre otros: Hugo Chávez, Caudillo, Cómo el populismo destruyó la democracia venezolana, El ascenso de Hugo Chávez al poder. Articulista permanente en distintos portales. Asesor de Consultores 21.


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Fedecámaras: ¿business is business?

 El discurso de Delcy Rodríguez en Fedecámaras sucedió 

por el fracaso de la oposición

Jorge Roig, expresidente de esa organización entre 2013-2015


Preguntas a los previos y al actual directorio de Fedecámaras que coexiste bajo el régimen ilegítimo, usurpador, militarista y delictual. Antes y durante la democracia, por sus estatutos, fue una asociación civil, sin fines de lucro, que reunió a diversos gremios empresariales en representación del agro, la ganadería, industrias, comercios y otros afines. Durante los años democráticos, los presidentes constitucionales asistían a la inauguración de su asamblea anual. Esta se caracterizó por la presencia de la vicepresidenta ilegítima Delcy Rodríguez Gómez y anunciaron próximos encuentros.

A los venezolanos de adentro y de afuera les corresponde el derecho de exigir varias aclaraciones.

¿Fue invitada por ustedes?

¿Se autoinvitó Mirafloresfuertetiuna?

¿Invitaron a Juan Guaidó, legítimo presidente interino constitucional?

¿Cuántas veces en veinte años totalitarios, los anteriores y presentes directivos en su conjunto, han protestado por la ilegitimidad del régimen?

¿O por las masacres, matanzas, genocidio a paso lento de etnias indígenas, políticos disidentes presos?

¿Cuáles de sus miembros asistieron personalmente a manifestaciones multitudinarias populares durante el mandato expropiador de Hugo Chávez Frías?

¿Alguno de ellos ha perdido un familiar por disparos a quemarropa durante protestas pacíficas del pueblo hambreado y de la sociedad civil opositora? ¿O se lo han torturado, lo tienen desaparecido, encadenado en mazmorras para políticos opositores sin derecho a juicio inmediato según las leyes de la violada Constitución vigente? ¿Qué expresaron luego de los asesinatos y maltratos contra la población en las protestas de los años 2014 y 2017?

¿Es que el empresario venezolano asume que es clase aparte sumida en sus negocios cuyos clientes “bachaqueros” alivian solo a quienes sobreviven con remesas y agotan sus reservas en dólares?

¿Basta quejarse, pedir, suplicar, rogar, mendigar a palacios y cuarteles para que los ayuden a producir?

¿Qué opinan públicamente sobre bolibanqueros, bolichicos, bodegones?

¿Cuándo han manifestado su activa discrepancia a través de huelgas, paros, callejazos, contra el castrochavismo criminal exigiendo el cumplimiento de leyes que les atañen?

¿Les parece suficiente permitir a sus asalariados que voluntariamente asistan o no a concentraciones que exigen libertad si saben que dos millones y medio de empleados públicos deben asistir a los eventos oficialistas?

¿Dónde están sus comunicados denunciando censura, compra de medios independientes y cierre de periódicos, emisoras, canales televisivos que dejan en la calle a propietarios privados, profesionales y obreros?

Esa posición pasiva origina desgracias colectivas padecidas a diario y siempre las hemos detectado en literatura, cine y teatro internacionales. Una conducta que merece varias respuestas y acciones. Hay más preguntas, pero no pueden responder con la verdad mientras dependan de limosnas o negocios mixtos otorgados por represores que a voz en cuello los han despreciado, despojado, insultado, expropiado, marginado y solo por ahora los utilizan por urgencia y conveniencia, propiciando que esa postura pase a complicidad automática en crímenes de lesa humanidad.

Porque otro gallo estaría cantando si, además del business is business, aplicaran el fuerte sentido ético que usan muchos capitalistas decentes en el llamado Mundo Libre: “Give them the business” que significa “Dales duro”.

El país secuestrado, el ambulante paria y el diaspórico laborioso los tienen en la mira.

 


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CORRELACIÓN DE FUERZAS Y DEMOCRACIA

      Marta DE LA VEGA


Se supone que la democracia hoy no es solo representativa, como desde la Modernidad. Es también participativa, deliberativa, comunitaria y ciudadana a la vez. Esto significa que la acción política de la gente es clave, más allá de las instituciones convencionales de participación como los partidos, los sindicatos, los gremios, los grupos de presión, mediante las cuales se canalizan las demandas sociales, se ejerce la cultura cívica y se consolidan la cohesión y el tejido social de una nación.  Existen nuevos mecanismos de participación política no partidista ni sectorial de los ciudadanos.

Igualmente, en el actual proceso de globalización la naturaleza de las relaciones internacionales se ha transformado. Las interacciones internacionales de alcance planetario, que trascienden las relaciones exclusivamente entre Estados, abarcan movimientos sociales o de intereses de ciertos sectores, organismos de derechos humanos, de protección ambiental y ecológica, de grupos minoritarios de la sociedad que han logrado proyectar su propia voz. 

Pero nos preguntamos ¿qué podemos hacer cuando, pese a que la correlación de fuerzas de poder a favor de la verdad, las ideas libertarias y democráticas es mayoritaria, no se logra resquebrajar la dominación de quienes detentan el poder sin méritos ni legalidad ni autoridad legítima, pero siguen imponiendo su voluntad de poder?

No basta una correlación de fuerzas favorable para impulsar una transición democrática. Evaluar las acciones claves que afiancen una correlación de poder a favor de un proceso irreversible de reconstrucción del país, para restablecer la confianza, para deshacer la degradación del país, para despertar la esperanza y un futuro deseable al alcance de las mayorías, más allá de la indignación y el miedo, son la estrategia requerida para no sucumbir a los cantos de sirena que hacen naufragar determinación y coraje hasta de los mejores líderes. ¿Cuáles son estas cuestiones forzosas?

¿Cómo quebrar los poderosos intereses económicos y financieros de grupos internos y externos oportunistas en fusión con los del régimen, sin escrúpulos para medrar desde la miseria de las mayorías y que se benefician de la anomia moral del gobierno de facto, que privilegian la ética narcisista del “sálvese quien pueda” y del “todo vale” mientras siguen usufructuando de la opulencia y el favoritismo clientelar que los exime de penurias y escasez?

¿Qué pasa cuando la democracia representativa no nos representa? ¿Qué implica cuando no hemos elegido a aquellos a quienes se piensa que delegamos nuestro poder para que actúen en nuestro nombre? ¿Qué significa que el Estado se halle de espaldas a los ciudadanos y en función de sus intereses particulares en lugar de estar al servicio del bien común? ¿Qué supone votar sin poder efectivamente elegir ni hacer respetar la voluntad soberana y libre de los electores y sin que ello produzca cambios políticos?

¿Qué hacer cuando se impide que los casi seis millones de venezolanos desarraigados y forzados a salir del país no puedan ejercer su legítimo derecho al sufragio? ¿Qué acuerdo unitario se necesita para exigir la única solución viable a la crisis multiforme del país que es la de elecciones creíbles presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales que sean justas, transparentes, libres, universales y con observación internacional rigurosa de acuerdo con las normas democráticas?

¿Cómo actuar cuando en Venezuela el régimen, usurpador, ilegítimo, autocrático, mafioso y criminal sigue violando los derechos humanos con persecuciones, detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, torturas y asesinatos viles mientras aparenta pretender negociaciones con condiciones previas imposibles de satisfacer y con todas las ventajas para estabilizarse y ser reconocido? O sea, para no llegar a ningún acuerdo… ¿Y cuando la camarilla militar civil continúa mintiendo, compulsiva y reiteradamente, para dominar, engañar y manipular a la numerosa población alienada o sometida por el control policíaco contra los medios informativos independientes, mediante la hegemonía comunicacional de la tiranía, disfrazada de régimen político democrático y de Estado de derecho respetuoso de instituciones públicas que no son sino cascarones vacíos?

La respuesta debe brotar de la inteligencia, el corazón y la conciencia ética de todos los ciudadanos de bien, dentro y fuera de Venezuela.


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El culto narcisista del “nosotros”


     LEANDRO AREA P.


Mientras el mundo ha ido cambiando de paradigmas conflictivos, de la lucha de clases a la guerra entre civilizaciones y así hasta la problemática actual sobre los géneros, por ejemplo, qué no habremos ensayado los venezolanos desde la Independencia hasta el presente. Hiperquinéticos y nebulosos como somos, militares, curas y civiles, con todas sus variantes y productos posibles, hemos insistido en la ambición de inventarnos un “nosotros”, resbaladizo pronombre personal de nuestras cuitas, con el cual concedernos identidad y sentido en común.

En ese fangoso dilema, propio de adolescentes, del cual los historiadores y más dan cuenta reiterada, divagamos sostenidamente, hoy también; es el  laberinto interminable que la realidad impone que es tan solo uno de los rostros de nuestra crisis de identidad.

No existe acta, himno, declaración, exhortación pública, comunicado, bandería, invitación al voto, que no se apoye en una supuesta legitimidad de origen asentada en el plural representativo y que no se adjudique a su vez presumida validación sostenida en un fantasma: las grandes mayorías, los abajo firmantes, la  ilusión traumática por el plural; el culto narcisista del elusivo por inexistente y cuántas veces más “nosotros”. El culto por la figura de Bolívar, por ejemplo, el héroe, ese caudillo originario convertido en filosofía criolla, que tantas veces por criticado de narcisista y ególatra no se hace más que invocarlo, reiterarlo e implorarlo como mito, se acompaña y complementa en fingida contradicción con otro culto ahora por lo plural, el pueblo por ejemplo, que trata de convertirse con relativo éxito en un nuevo mesías; lo propio de las partes trasladado al común y rasante denominador por debajo de la vieja letanía libertaria e igualitaria y fatalmente simplificadora. ¿Fatalmente? Y esa construcción del particular “nosotros” como sinónimo de todos, requiere para existir de una debilidad que le dé oxígeno y justificación, territorio, que no es otra que la de una crisis política existencial como expresión de un expediente íntimo colectivo que adjudica o atribuye los males propios defensivamente siempre a otros, presentes o ausentes, sean estos los vecinos, el imperio, la burguesía apátrida, los traidores internos y demás, entre ellos el pasado. 

Sobre ese colchón de complejos antes apuntado se momifican las justificaciones, los prejuicios, los miedos, el poder; se valida la construcción social de una identidad interrumpida o postergada por culpa de otros, por lo que no hemos podido llegar a ser por nuestros propios medios lo que íbamos a ser. Pretextos, dictaduras, siempre pretextos. Así, y pienso que Venezuela no sea caso único, subsiste la plañidera obsesión por el plural, el mito de la conciencia de lo colectivo, a menos que se evoque la figura almidonada e idolatrada del héroe salvador ausente, que no sería más, así lo venden, que la encarnación del ente, del alma colectiva: los padres civiles y militares de la patria.La Venezuela de hoy, que es la de siempre, repartida como en la colonia entre majestades, militares, curas y civiles, no ha alcanzado la madurez suficiente, necesaria y requerida, para construir con arrojo y sentido de siembra histórica un país durable, estable, civil-civilizado y próspero de y para todos . "Pasajeros en tránsito” pudiera definirnos. Buscadores de minas, de dioses, de héroes sustitutos, de coraje también.Este discurso tantas veces reiterado vale la pena recordarlo no como reiteración de una visión trágica de lo que hemos sido y vamos a seguir siendo cual interminable gerundio, sino para que nos permita ver en adelante lo que podemos hacer y sin miedo con nuestra responsabilidad individual intransferible, que cada quien posee como tesoro heredado y propio.


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domingo, 25 de julio de 2021

EL INEFABLE LOPEZ OBRADOR

          RAMON PEÑA


México celebra este 2021 el bicentenario de su independencia y medio siglo de la caída de Tenochtitlan ante los españoles. El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha aprovechado esta efeméride para enmarcar a México como nación latinoamericana y caribeña. Un gesto bastante inusitado en la diplomacia tradicional de la nación norteña.

En ese contexto invitó a dignatarios latinoamericanos a compartir estas fechas patrias. En febrero, para conmemorar la firma del Plan de Iguala, documento fundamental de la independencia de México, invitó al Presidente Alberto Fernández de Argentina. En mayo, en un acto de rectificación histórica, para ofrecer disculpas a los pueblos mayas por agravios sufridos bajo gobiernos mexicanos, el invitado de honor fue el Presidente Alejandro Gianmattei de Guatemala. En marzo, fecha aniversario de la Batalla de Champotón, librada entre españoles e indígenas, la distinción recayó en el Presidente Luis Arce de Bolivia.

En un gesto, sospechoso, de admiración hacia Simón Bolívar, no obstante la poca relación de éste con la independencia y los héroes patrios mexicanos, López Obrador incluyó este 24 de julio, fecha natalicia de nuestro Libertador, como uno de los actos importantes del bicentenario. No es difícil inferir el propósito de utilizar a Bolívar como símbolo del proyecto, que él aúpa, de una nueva integración geopolítica regional, que repudia a la OEA y excluye a EE.UU.

Pero también llamativo de este gesto, es que López Obrador no invitó a quien le habría correspondido, natural e institucionalmente, la representación de la patria de Bolívar. En su lugar, escogió a una escritora, la chilena Isabel Allende, persona que, en todo caso, merece nuestro respeto. López Obrador, quien es además dirigente del Grupo de Puebla, que congrega a los gobiernos y organizaciones de izquierda anti imperialista del hemisferio, tiene aura de inefable ¿Será que, no obstante la identificación ideológica, cuestiona la legitimidad de quien hoy ocupa el Palacio de Miraflores?

 

 


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5 días de julio

             Raúl Fuentes 

EL NACIONAL


El miércoles 22 de julio, en deplorable conchupancia entre una plutocracia parasitaria, siempre arrimada a quienes cortan el bacalao y arropada con la cobija de los subsidios, el cambio diferencial y otras prerrogativas impropias de una economía de mercado, y un gobierno ilegítimo, empoderado gracias a la genuflexión de instituciones claudicantes en resguardo de privilegios grupales y no de los intereses nacionales, se instaló la LXXVII asamblea de la Federación Venezolana de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción (Fedecámaras). No se trató de la convención de un partido político, cierto, y quizá resulte cuesta arriba esperar de ese foro un pronunciamiento categórico y estremecedor en torno a la crisis nacional, en concordancia con la cacareada responsabilidad social de la empresa privada. «Es importante que la sociedad civil sea también protagonista de la crisis actual», les recordó el Vaticano a los asambleístas en misiva de Prieto Parolin, canciller del Estado pontificio; pero… no pueden pedírseles peras al olmo.

En el acto de apertura, semivirtual, con muchos asientos vacíos y un tufillo a expiación por el ya casi olvidado carmonazo, tuvo estelar figuración la vicenico, quien, entre otras memeces, afirmó: «Nos asiste la verdad histórica», palabras evidentemente inspiradas en la frase más conocida y difundida del alegato de Fidel Castro en su autodefensa cuando fue procesado por el asalto al cuartel Moncada —«La historia me absolverá»—, y propias de la alienación del funcionariado chavista al discurso de los titiriteros cubanos.

La Rodríguez acababa de regresar de un viaje relámpago a La Habana. Acompañada del embajador Adán Chávez Frías, manifestó el solidario y automático apoyo del régimen madurista al gobierno de Díaz-Canel, ante las alarmantes protestas contra la sexagenaria satrapía antillana —en fotografía del Gramma se la ve enmascarillada y calzada de zapatos color rubí a juego con su falda (¿y labios carmesíes?), reunida con el primer ministro Manuel Marrero Cruz y otros burócratas de alto octanaje—; de allí, conjeturo, el swing fidelista de su arenga. Para el exultante Ricardo Cusanno, ¡ojo!, no gusano, presidente saliente de la patronal, fue «histórica», así lo destacó la prensa digital, «la presencia de Delcy Rodríguez en la septuagésima séptima asamblea anual» …o anal, tal se estilaba decir en épocas remotas, confundiendo el culo con las témporas. Coincidieron el adulador y la adulada en sus alusiones a la historia, intentando aderezar con una pizca de fatua trascendencia sus soflamas y la coyuntural convergencia de ambiciones y aspiraciones contrapuestas.

Sin la belleza atribuida por Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont, al «encuentro fortuito, en una mesa de disección de una máquina de coser y un paraguas», pero sí con la patética ineficacia de dos mochos juntados para rascarse, la entente circunstancial de voluntades excluyentes no constituye un enganche a aquella  tercera vía tan del gusto del Chávez inicial —sin masticar y menos digerir lo de tanto mercado como sea posible y tanto estado como sea necesario, máxima príncipe del modelo económico más exitoso de todos los tiempos, la economía social del mercado—,  sino un S. O. S. del gobierno de facto a quienes saben de finanzas y producción —música para los oídos de apostadores de apetitos diversos—, apremiante e inevitable en virtud de la ineptitud gerencial del primero, los brazos cruzados de los segundos y las agallas de aventureros engolosinados con las oportunidades derivadas de la incompetencia roja. Como ya apuntamos, adulada y adulador echaron mano de la historia a objeto de justificar sus escarceos conciliatorios. Nosotros también lo haremos. En otra dirección y con diferente sentido, pues estamos en julio, mes con nombre de dictador (vainas del azar), y de regocijo para el chauvinismo tricolor, fomentado por el afán chavomadurista en mistificar hechos pretéritos y sustanciar con apócrifa heroicidad el expediente de felonías del socialismo del siglo XXI.

«ThE future is not what it used to be» —El futuro no es lo que solía ser— es la frase atribuida indistintamente a personajes tan disímiles como Yogi Berra, Robert Graves, Paul Valery o Laura Riding. No falta quien la repute anónima y probablemente ninguno de los nombres citados corresponda al verdadero autor. Siempre la creí salida del magín y la pluma de Arthur Clark, escritor de ciencia ficción y guionista de 2001, odisea del espacio, para quien, un buen día, la ciencia llegaría a eclipsar cualquier fantasía imaginable por el hombre. No me propongo dilucidar la autoría del aforismo, sino, parafrasearlo —el pasado no es como antes— y traer a colación el escamoteo de la realidad con el propósito deliberado de urdir una épica del líder, en función de una determinada concepción del mundo, como han hecho y continúan haciendo los exégetas y hagiógrafos de Chávez.

La manipulación indebida del pasado y su ideologización con fines doctrinarios (lavado de cerebro, especialmente el de niños y adolescentes) son rasgos característicos del totalitarismo y fue práctica rutinaria en la Italia fascista, la Alemania nazi y la Rusia comunista. La historia de Venezuela se ha incivilizado y militarizado en extremo y, en consecuencia, el procerato es exclusivamente guerrero. No difiere la weltanschauung chavista de la perezjimenista.  El tachirense encargó a Luis Malaussena el diseño del Paseo Los Próceres —el copódromo lo llamábamos en la Facultad de Arquitectura— y sobre dos monolitos de mármol negro se erigieron las estatuas de los 11 generales en jefe del ejército libertador; el barinés abrumó con una diagramación a base de los rostros de paladines de uniforme las páginas del pasaporte vinotinto. En el evangelio según san Hugo, un civil no vale medio de mierda y, con las excepciones reglamentarias —Luisa Cáceres, Simón Rodríguez—, es comparsa o personaje secundario de la tragedia o comedia bélica. Por eso, los civiles al servicio del modo de dominación nicochavista lucen chaquetas y gorras tricolor o se disfrazan con trajes de camuflaje, como hace a menudo Nicolás el obrero. Y no puede ser de otra manera, menos en estos días cuando hay razones y fechas para ebriedad patriotera. Ayer, sábado 24, se conmemoró la natividad del Libertador, suprema deidad de un sincrético culto mágico religioso, cuyo profeta y sumo sacerdote fue el comandante galáctico, paracaidista con licencia para jurungar su osamenta; también se rememoró a otro dictador,  Juan Vicente Gómez, pacificador de esta tierra de gracia, montonera, y generales de hacienda, y fundador de la fuerza aérea venezolana; y, por si fuese poco, se cumplieron 198 años de la batalla naval del lago de Maracaibo, enfrentamiento final de la larga guerra de emancipación, donde José Prudencio Padilla, almirante pardo de origen colombiano, al mando de una flotilla de goletas y bergantines saboreó la gloria, mas no lo suficiente porque, en 1828, fue enjuiciado sumariamente y ejecutado en Bogotá, «siguiendo instrucciones de Bolívar y oficiando de juez el general Rafael Urdaneta, quien lo sentenció bajo cargos de conspiración y tracción» —de nuevo Saturno devorando a su hijos—. En atención a estas efemérides, el Ejército, la Aviación y la Armada estuvieron de plácemes y juerga, y la oficialidad superior debió navegar en un mar de güisqui y marchar a paso de vencedores con voladoras antológicas. 

Hoy, domingo 25, Caracas cumple 454 años de fundada. El bonche será discreto: la hispanofobia del comandante có(s)mico puso coto a festivas evocaciones de la Conquista y la Colonia, y los ediles pesuvecos están loquitos por borrar de los libros de enseñanza el nombre de Diego de Losada y el toponímico Santiago de León; ansían, asimismo, revolucionar la heráldica y diseñar un nuevo blasón capitalino. Afortunadamente Chávez no era caraqueño; de lo contrario, ya su panóptica mirada ocuparía, sobre esmalte sanguíneo, la totalidad del escudo capitalino —falta de exceso del sentido del ridículo, opinaría Cantinflas—. También hoy, recuerdan los orientales a Santiago Mariño, general en jefe margariteño, defensor a ultranza del fuero militar, cabecilla de la «revolución de las reformas» y del golpe de Estado —carujada o carajada— perpetrado contra José María Vargas. Los golpistas en el poder brindarán por él in memoriam. ¡Ah!, y no se nos olvide: tal día como hoy, en 1812, capituló en San Mateo el generalísimo Francisco de Miranda y feneció la república parida el 5 de julio de 1811 en un congreso constituyente predominantemente civil. Como debe ser. ¿Y mañana? ¡Ay, mañana!

Mañana lunes 26 de julio, Maduro, Padrino & Co.  celebrarán con la metrópoli habanera los 68 años de la mencionada y frustrada toma del cuartel Moncada. Durante mucho tiempo ese día fue la única fiesta nacional de Cuba, y la intentona es considerada embrión de la revolución. Se oficiarán en el patio rituales de santería a la manera del comandante muerto (el de aquí, no el cubiche) quien, si mal no recuerdo, fue el primero en pronunciarse acerca de una posible unión entre las patrias de Bolívar y Martí. Una suerte de anschluss para proporcionar espacio vital al caimán barbudo (lebensraum). Y, como buenos y dóciles vasallos, los usurpadores beberán mojitos, cantarán “Guantanamera” y bailarán danzones. En este punto debería escribir ¡basta!, y poner punto final a la descarga; empero, no puedo hacerlo sin hacer mención del próximo miércoles 28 de julio y el sexagésimo séptimo aniversario del nacimiento de quien es tenido en el imaginario de la involución bonita como el redentor y segundo libertador de nuestro pobre país rico, petrolero y endeudado; es decir, del responsable de todos los males padecidos por el sufrido pueblo venezolano a lo largo de los últimos 22 años. ¿Tuvieron en cuenta esta monumental verdad quienes cursaron las invitaciones al Estado Mayor chavomadurista para participar en la comentada asamblea de Fedecámaras? De haberlo hecho, Jorge Roig, expresidente de la corporación, no hubiese colgado en su cuenta de Twitter este parecer: «El discurso de Delcy Rodríguez en Fedecámaras fue todo lo malo que se podría esperar, pero su aseveración de que los empresarios venezolanos generamos envidia a los empresarios de otros países fue la gota que derramó el vaso. Me consta que lo que generamos es lástima y compasión». Y no va más; estas divagaciones se alargaron en demasía. Asiento un adiós de rigor, pensando en cómo hacer nuestro agosto con el cono sin vírgula


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