miércoles, 18 de mayo de 2011

Un Programa. Un solo Programa

El Programa es el que la situación nos dicta y sugiriéndonos de cuánto tiempo disponemos para intentarlo

ANTONIO COVA MADURO | EL UNIVERSAL
miércoles 18 de mayo de 2011 12:00 AM

Por cuanto programa de radio o televisión, por los medios alternativos que como un virus han caído sobre Venezuela para que cada quien ventee lo que siente y lo que su humor le dicte, un grito resuena en la comarca: necesitamos un Programa, uno que enamore a los venezolanos desde el primer día.

Es una lástima que los venezolanos, sobre todo los más angustiados, no se vean en el espejo de Barack Obama. ¿Recuerdan aquella emoción de miles de jóvenes que de pronto se sintieron convocados por el "Yes, we can" que resonó por todo aquel vasto país? Y las promesas que, por fin, se convertirían en realidad: el ansiado nuevo"Healthcare", las humanas leyes migratorias, y, ya era hora, impuestos a quienes más tienen, y repartir hacia abajo lo que por arriba se recogiera, ¿lo recuerdan?

Pero lo que no pasó por la mente de Obama, ni de sus colaboradores -y menos de sus ardientes seguidores- fue que quienes realmente iban a poner en práctica el grito de guerra "yes, we can" iban a ser -¿lo imaginan?- los resentidos que en el Sur profundo y en otras apartadas regiones organizarían el Tea Party.

Eran las bases del flanco derecho del Partido Republicano que se organizaban aceleradamente, mientras Obama y los suyos se desgastaban en la lucha dentro del Congreso, dejando que su oportunidad de oro se fuese por las cañerías... agravado por la severa crisis económica con la que la Historia recibió a Obama sin avisarle.

Este ejemplo, que tenemos ahorita ante nuestras narices,una vez más nos impone entender que "el Programa" no es el que nosotros traemos a cualquier gestión de gobierno: un magnífico y prometedor documento elaborado por las mejores mentes de un país. No. El Programa es el que lasituación nos dicta y casi siempre sugiriéndonos de cuánto tiempo disponemos para intentarlo.

El Programa es una carrera de obstáculos, como en cualquier pista de atletismo, con un agravante, empero: en las pistas los obstáculos los vemos completos y sabemos que están dispuestos de una forma determinada cada cuantos metros. En la vida política de un país no. Ellos brotan, sorpresivos luego de un feroz aguacero, o a raíz de un apagón de horas o, como en Perú, de la idiotez de tres candidatos que querían lo mismo y por eso pusieron al país a escoger entre el abismo y el despeñadero.

Hace ya muchos años, en el país de Obama precisamente, un joven profesor de la Universidad de Yale, al que sus investigaciones y publicaciones convertirían en un gurú de eso que ahora llaman "Políticas públicas" -Charles Lindblom- publicó en la revista "Public Administration Review", un importante artículo que haría historia. Lo tituló "The Science of Muddling Through", al que en una traducción libre podríamos llamar "La ciencia de ir saliendo del paso".

Según él, nuestros objetivos y propósitos pueden estar muy claros, pero la posibilidad de irlos logrando sólo se hará evidente cuando lo intentemos. Por eso mismo animaba a sus lectores -sobre todo a quienes tendrían que conducir esas políticas públicas- a no perder el tiempo en formalidades ni angustiarse porque la propuesta clara y terminante del Plan o Programa de gobierno no estuviese saliendo a pedir de boca. Era la situación, concluía, la que impondría las rutas y los ritmos.

Los venezolanos nos toparemos, cuando esta pesadilla concluya, con algo adicional: comienza otra. Por fortuna será una pesadilla con nosotros bien despiertos y con un cierto control de la situación.

Esa nueva pesadilla, empero, y esto hay que tenerlo muy, pero muy claro, comienza con una obscuridad total: desconocemos la magnitud real del desastre que Chávez y su pandilla han construido esmeradamente. Carecemos de datos sobre el dinero que ya se dilapidó, las deudas que el hombre contrajo, el estado real de empresas vitales como Pdvsa, Edelca y el resto.

Pudreval nos dio un adelanto, nada más. Los resultados del fulano Ministerio de Electricidad, así como las protestas laborales por deudas del Jurásico nos sugieren la magnitud del cataclismo, pero el tsunami sólo lo conoceremos al llegar a ministerios vacíos y a empresas desmanteladas.

Será allí y entonces donde comenzará el verdadero Programa, no antes. Por ello, tener propuestas demasiado concretas y hacer promesas atractivas podría ser un salto en el vacío. Será cuando estemos ante el abismo que con realismo podremos medir lo que podemos hacer y en cuánto tiempo. Así que a callar y trabajar sin descanso para desalojar del poder a esta secta a la que, por fin, ya le llegó su hora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario