martes, 20 de septiembre de 2016

CUANDO EL SEBIN LLEGA ASI DE ESA MANERA


VLADIMIR VILLEGAS

EL NACIONAL

Estoy realmente preocupado. Muy preocupado con las actuaciones de la policía política. Es un tema delicado, peligroso. Arriesgado. Es verdad. Pero no queda más remedio que expresar mi desazón por el uso del Sebin como instrumento de persecución política bajo argumentos francamente deleznables. Muchos son los casos en estos últimos tiempos, y seguramente también en el pasado reciente. Lo cierto es que cada día al gobierno le cuesta mucho hacer ese juego de palabras y decir que no hay presos políticos sino políticos presos.
Hay presos hasta por un dron, como es el caso de Alejandro Puglia, un joven que hasta el mes de enero estaba cursando sus estudios de Finanzas en la Universidad Internacional de la Florida .Y, por cierto, fue uno de los primeros de su promoción. Hoy está en una celda del Sebin, junto a varias decenas de detenidos, según me han informado, entre ellos Carlos Melo, preso político que los amigos del PSUV conocen porque militó con ellos en el MVR. Ignoro si el presidente de la República está al tanto de las condiciones en las que se encuentran muchos detenidos por razones políticas. Lo invitaría a interesarse personalmente por esa situación.
Encima de que, según mi criterio y el de mucha gente, hay muchos detenidos de manera arbitraria, por casos que no resisten el menor análisis jurídico, se les tiene en condiciones deplorables. En la cuarta república había represión, es innegable, pero nadie me echa cuentos. Yo visité presos políticos y en la antigua Disip no se daban esos casos de hacinamiento, de presos haciendo necesidades fisiológicas en latas o papel. Los sacan al baño cada 12 horas. Ojalá la Defensoría del Pueblo pueda constatar esta situación. Y ojalá permitieran que los diputados puedan ingresar y verificar las innumerables denuncias al respecto. Como pude hacerlo yo, en mis tiempos de parlamentario, cuando las víctimas eran muchos de los que hoy gobiernan, entre ellos Nicolás Maduro, a quien vi preso en un tigrito. ¿Lo recuerda, señor presidente?
Volviendo al caso de Alejandro Puglia, ¿ustedes creen que ante instancias internacionales puede ser visto como un caso judicialmente sólido que un joven sea detenido por portar e incluso haber volado, que no creo sea el caso, un dron? ¿O realmente un aparato de esta naturaleza, que se consigue en cualquier tienda del mundo, puede poner en peligro la seguridad del Estado?
Ese es apenas un caso, como he dicho. Pero hay otros. Un año pasó en la policía política Fray Roa, dirigente de una agrupación gremial de licoreros, por haber anunciado un supuesto paro cervecero que no ocurrió. Algunas decisiones se originan por la voluntad de un juez, tal vez con origen en una orden política. Otras dependen del criterio que prive en la policía política, sin importar, como ha venido ocurriendo últimamente, la decisión del Ministerio Público. En concordancia, con el título de este artículo, y con el permiso del siempre recordado Simón Díaz, el Sebin es como ese caballo de la canción: cuando le sueltan las riendas es caballo “desbocao”. ¿Quién le pone control a la arbitrariedad? ¿Sabe el señor presidente de esta situación?
Me cuentan que hay presos con boletas de excarcelación y nada que salen en libertad, entre ellos funcionarios de Polichacao, porque el Sebin no quiere. O alguien más arriba. En el calabozo donde están Melo y Puglia hay, según me cuentan, alrededor de 15 presos con boletas de excarcelación. No los sacan al sol y deben tolerar temperaturas de 30 grados. Los familiares de todos esos detenidos están desesperados. A esa celda la llaman Guantánamo. Allí en el Helicoide, que fue construido por una dictadura. Vaya ironía. Y a los presos por razones políticas se les mete en calabozos con detenidos por robo, secuestro u homicidio.
Otro tema es el de las visitas. Me cuentan que los presos de Polichacao, que tienen boleta de excarcelación, no reciben visita. Si eso es así, imagínense lo que eso significas para un país que tiene una Constitución de vanguardia en materia de derechos humanos y una Defensoría del Pueblo... Es una verdadera desgracia que estas cosas ocurran y que todavía algunos dirigentes del oficialismo hablen de derechos humanos con el retrovisor puesto en los años sesenta y setenta, sin percatarse o haciéndose los suecos frente al aquí y al ahora de lo que ocurre en la Venezuela de 2016.

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