martes, 17 de noviembre de 2020

 COLLAGE SOBRE RÓMULO BETANCOURT  (XXXIX) 

                   (Gobierno Constitucional 1959-1964: -I-)


              Carlos Canache Mata

Antes de la toma de posesión, Rómulo Betancourt, en su condición de Presidente Electo, durante el mes de enero y principos de febrero del año 1959, a través de declaraciones, entrevistas y encuentros con diversos sectores  –industrial, agrícola, banca, sindical, universitario-  en visitas al interior del país, ratifica e insiste en su planteamiento hecho en la campaña electoral sobre la necesidad de mantener, en el marco unitario del “espíritu del 23 de enero”, la tregua política, la convivencia entre los venezolanos y la formación del gobierno pluripartidista previsto en el Pacto de Punto Fijo. Quería hacer buenas las palabras de Rómulo Gallegos cuando, poco antes de las votaciones del 7 de diciembre de 1958, había expresado: “En el Nuevo Circo de esta ciudad donde inicié mi campaña hace 10 años, dije que yo deseaba ser, que yo aspiraba a ser el Presidente de la Concordia Nacional. Eso no pudo ser entonces por propias y ajenas culpas, no importa que vengan parejas si con los escarmientos de todos podemos acumular aciertos y eficacia para la experiencia de hoy. Yo confío en el triunfo de Rómulo Betancourt. Yo tengo puesta inquebrantable fe en el talento político y en su rectitud moral. Y le entrego esa confianza y esa esperanza en este deseo que formularé en presencia de él: que tú seas, que tú logres ser el Presidente de la concordia venezolana” (1).

Las circunstancias históricas y políticas, como se verá más adelante, no solo estropearon esa voluntad, ese propósito del Presidente Betancourt, sino que se juntaron para intentar, afortunadamente sin lograrlo, el derrocamiento de su gobierno.

Como estaba consciente de los recelos y reservas que existían sobre él en el seno de las Fuerzas Armadas como consecuencia de la cruzada de diez años de la dictadura perezjimenista contra él, Betancourt, en sus visitas a guarniciones y cuarteles, decía ante los auditorios militares, con invariable franqueza: “Yo soy un político y por tanto un hombre polémico, un hombre sobre quien se discute con pasión. Ustedes durante diez años, han sido objeto de una campaña encaminada a desfigurar  mi  pensamiento  así como el programa  de Acción Democrática. Hoy  soy  Presidente  de la República por la voluntad mayoritaria del pueblo expresada en  las urnas el pasado 7 de diciembre. Sería faltarme el respeto a mí mismo y faltarles a ustedes el respeto pedirles que cambien de opinión sobre Rómulo Betancourt por el simple hecho de que ahora no es un exilado, sino el Presidente Constitucional de la República. Yo sólo voy a pedirles que respeten el orden institucional de la República, que sean guardianes de la Constitución y de la voluntad del pueblo. Por mi parte les garantizo que durante mi mandato, la Institución Armada no será objeto de ninguna maniobra partidista y que se respetará en todo momento el espíritu y la fisonomía que a la misma conforma, de institución al servicio de la República y no del personalismo” (2).

Con motivo del primer aniversario de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez el 23 de enero, Fidel Castro, a escasos días del triunfo de la guerrilla de Sierra Maestra contra la dictadura de Fulgencio Batista, llega a Caracas y habla en el Aula Magna de la Universidad Central, en el Colegio de Abogados, en el Concejo Municipal, en el Congreso Nacional, y en un mitin en la plaza de El Silencio, precisamente el 23 de enero de 1959, donde dijo que “si alguna vez Venezuela se llegare a ver bajo la bota de un tirano, cuenten con los cubanos de la Sierra Maestra: con nuestros hombres y nuestras armas, que aquí en Venezuela hay muchas más montañas que en Cuba, que sus cordilleras son tres veces más altas que la Sierra Maestra, que aquí  hay un pueblo heroico y digno como el de Cuba”. Esas palabras fueron objeto de muchos comentarios por los medios de comunicación social y algunos las calificaron como una provocación a nuestras Fuerzas Armadas. También se atrevió  -todavía no se había identificado con el marxismo- a refutar la frase de Lenin de que “se puede hacer una revolución con o sin el apoyo del Ejército, pero no contra el Ejército”, al afirmar “pues bien, nosotros hicimos una revolución contra el Ejército”. En la entrevista que tuvo con el Presidente Electo Rómulo Betancourt, Fidel Castro le solicitó que su gobierno próximo a iniciarse le diera un préstamo de 300 millones de dólares, a lo que Betancourt respondió diciéndole que, debido al déficit fiscal dejado por la dictadura perezjimenista, él tendría que seguir buscando un empréstito a corto plazo por 200 millones de dólares y continuar las conversaciones adelantadas por el gobierno provisorio con un grupo de banqueros de Nueva York. Entonces Castro presentó la alternativa, ya que no hay dinero contante y sonante, de que el préstamo fuera en petróleo. Ante ese nuevo planteamiento, Betancourt le aclaró que el petróleo que el gobierno pueda recibir por el ‘royalty’ o regalía, las empresas, al liquidar anualmente el pago de impuestos, deducen, según la ley,  el equivalente en bolívares de la cantidad de petróleo en forma física entregada al gobierno, lo que tampoco podría implementarse por la crisis fiscal venezolana. Ahí está el origen del posterior apoyo cubano en armas, expertos y financiamiento a las guerrillas en Venezuela.

Las conversaciones para la integración del gobierno de coalición con AD, Copei y URD, de conformidad con los acuerdos básicos del Pacto de Punto Fijo, fueron laboriosas. Originalmente Betancourt propuso concederle dos Ministerios a cada uno de los partidos coaligados, que se complementarían con Ministerios ejercidos por técnicos independientes. Finalmente, se confirieron tres ministerios a Copei, tres a URD y dos a AD (Luis Augusto Dubuc en Relaciones Interiores y Juan Pablo Pérez Alfonzo en Minas e Hidrocarburos). También, con criterio unitario, se hizo las asignaciones de las Gobernaciones de los Estados y el nombramiento de directivos en los institutos autónomos y empresas del Estado.

Las Cámaras Legislativas  se instalaron el 19 de enero de 1959, ocupando Raúl Leoni  la presidencia del Senado y Rafael Caldera  la de Diputados.

Hay manifestaciones de desempleados y agitación política y social en los días previos a la  transmisión del mando presidencial, con incendio de vehículos y saqueo de algunos comercios, por lo que el Gobierno Provisorio tomó medidas para el control del orden público y evitar alteraciones de la paz ciudadana el día del cambio gubernamental.

El día 13 de febrero fue señalado para la toma de posesión de Rómulo Betancourt. El doctor Raúl Leoni, Presidente del Senado, tomó el juramento de Ley y le colocó a Rómulo Betancourt la banda presidencial, que acababa de entregarle el doctor Edgar Sanabria, Presidente de la Junta de Gobierno.

En el próximo Collage seguiremos con el análisis del Primer Mensaje presentado ese día al Congreso Nacional por el Presidente Betancourt.

Notas

1-María Teresa Romero. “Rómulo Betancourt”. Biblioteca Biográfica Venezolana. El Nacional. Volumen 13. Caracas. 2005. Pág.114.

2-Ramón J. Velásquez. “Aspectos de la Evolución Política de Venezuela en el Último Medio Siglo”. Venezuela Moderna. Fundación Eugenio Mendoza. Caracas. 1976. Pág. 185-186.

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