martes, 25 de agosto de 2009

Preludio de fracaso

Beatriz de Majo

EL NACIONAL, Agosto 25, 2009


El fracaso de las prácticas y propuestas revolucionarias y la angustia que esto genera en los círculos gubernamentales explican la radicalización y la represión grosera a la que asistimos en las últimas semanas. Todo lo que ocurre es que el Gobierno echa mano de cuanta estrategia puedan producir las mentes de su sala situacional cubano-española para evitar lo inevitable: el desplome del apego popular con que el Presidente contó cuando era fácil y había con qué alimentar al país de promesas.

El país se ha cansado de ver desvanecerse sus esperanzas por esa calidad de vida quE tanto ha cacareado el chavismo desde que tomó el poder.

Una década puede parecer un siglo cuando se trata del bienestar que nunca llega.

Las clases populares pudieran no comprender los alcances perniciosos de la Ley de Educación, cuyo plan es adoctrinar a sus hijos, ni comprender de qué manera sus bienes están amenazados con la Ley de Tierras Urbanas, ni calcular cómo es que la nueva Ley Electoral coloca a los no afectos al Gobierno en desventaja para alcanzar un puesto en la Asamblea.

Pero sí entienden de hijos asesinados, de parientes secuestrados, de matazones sin castigo, de violaciones sin culpables, de vacunas en los barrios y de la contaminación de sus hijos con la droga que se distribuye como caramelos. Hombres y mujeres de los segmentos más pobres viven con el desaliento continuo de ver a sus mujeres parir en las calles o de no poder recuperar los cadáveres dentro de morgues corruptas.

Las esposas y madres de los presos pueden contar relatos sobre la naturaleza oprobiosa de las requisas y de las condiciones infrahumanas para quienes son reos de delitos en las cárceles. Los pobres que en estos diez años han visto desfilar millones que se han dilapidado en comprar voluntades en otros países y en engordar a la banda de ladrones que pululan en torno al poder, saben qué y cómo cuesta llevar el pan a la mesa de sus hijos en tiempos de la revolución, ofrecerles algo de educación digna y atenderlos cuando están enfermos.

Ya no aceptan que no sea posible conseguir trabajo, y se rebelan porque el Estado no respeta ni el sudor ni los derechos de los trabajadores de las empresas intervenidas. El descontento se expresa en rechazo a la gestión revolucionaria, y en un declive lento, pero sostenido e indetenible, de la visión popular sobre la capacidad del Presidente de sacarnos de esta tormenta.

Por eso las estridencias del lado del Gobierno, los gritos y el puño al aire, el “gas del bueno”, los insultos y la guerra a los colombianos, el cierre de emisoras, el cuento de la invasión del imperio.

Es desesperación sólo, es el preludio del fracaso…


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