martes, 7 de abril de 2020


COLLAGE DE RÓMULO BETANCOURT (VII)

CARLOS CANACHE MATA

Como se señaló en el anterior Collage, el Sexto, desde el 3 de febrero de 1937, cuando fueron apresados varios dirigentes de la izquierda, Rómulo Betancourt y otros líderes de de la oposición pasaron a la clandestinidad. El 4 de febrero, de ese año 1937, se ilegalizaron los partidos y organizaciones que integraban el Partido Democrático Nacional (PDN), el primer PDN, cuya existencia formal, es decir, su legalización, no se llegó a materializar porque había sido negada el año 1936 (ver Quinto Collage), y el 13 de marzo de 1937, por decisión del presidente López Contreras, se decreta la expulsión del territorio nacional de 47 dirigentes políticos y sindicales, 23 de los cuales salieron del país el 26 de marzo a bordo del vapor “Flandre”.

Rómulo Betancourt, desde la clandestinidad, va a vivir entonces una de las etapas más difícil y combativa de su palmarés político. En Caracas hubo una reunión preliminar en la casa de Alfredo Conde Jahn –ubicada en el callejón Negrín de LaFlorida- en la que se eligió un Comité Ejecutivo Provisional del PDN, asumiendo Rómulo Betancourt la Secretaría General. Se trataba de reconstituir el PDN como partido único de las izquierdas, con los efectivos y vanguardias militantes de los partidos disueltos. Manuel Vicente Magallanes, en su libro “Los Partidos políticos en la Evolución Histórica Venezolana” (páginas 285-286) asienta: “Pequeños comités o células de cinco miembros constituían en la clandestinidad los grupos básicos del PDN. Semanalmente éstos se reunían y discutían los diversos aspectos de la organización. Servía de órgano periodístico el semanario “Izquierdas”, el que se repartía por las noches y circulaba de mano en mano, difundiendo el pensamiento del partido”.  Aun cuando en la clandestinidad es muy difícil en la práctica una democracia interna real, Arturo Sosa Abascal ha señalado: “El militante es activo en la toma de decisiones a través de la discusión semanal en los grupos de base y por medio de sus representantes en los organismos intermedios y nacionales. Activo también en el cumplimiento de las ‘tareas’ que asigne la dirección”. Para dificultar o evadir la persecución gubernamental, los dirigentes y activistas del PDN cambiaban sus ‘conchas’ frecuentemente y usaban seudónimos (Betancourt usó, entre otros, el de Roca; Leoni, entre otros, el de Arsenio; Valmore Rodríguez, entre otros, el de Telémaco, etc).

El PDN hizo un último intento de que se creara un partido democrático legal, apoyando la formación del “Partido Demócrata Venezolano”, encabezado por el general antigomecista José Rafael Gabaldón, que en su asamblea constitutiva  del 27 de diciembre de 1937 aprobó un programa moderado, donde se recogían planteamientos y soluciones sobre los problemas fundamentales del país. El gobierno y la Corte Federal negaron su legalización con el alegato, según dice Sanín (Alfredo Tarre Murzi) en su libro “Rómulo” (página 184), de que había aparecido una carta de Rómulo Betancourt “apoyando al nuevo partido, siendo afiliado al Partido Comunista, prohibido por la Constitución”.

 Rubén Carpio Castillo, en su libro “AD, bosquejo histórico de un partido”, escribe (páginas 39 -40): “El PDN continuó su actividad política clandestina, sorteando exitosamente las celadas que se tendieron para apresar a sus dirigentes y particularmente a Rómulo Betancourt, quien se convirtió en el hombre más solicitado por la policía política del régimen. Dentro de esa azarosa vida de perseguido político (nota mía, de CCM: En su libro “Venezuela, política y petróleo” (página 790) cuenta Betancourt que “en 1938, el gobierno dio a la publicidad la historia de una supuesta pelea entre un policía y yo; y la ilustraron con la que dijeron era una de mis orejas, conservada gentilmente en alcohol, que se aseguraba había cercenado la certera dentellada de mi contrincante, y tan de raíz como la del siervo de Caifás por el sablazo de Pedro, el Apóstol”), Betancourt dedicaba su tiempo a escribir en el diario “Ahora” artículos que representaban la más clara orientación política y en los cuales se analizaba de manera certera la realidad nacional. Y combinaba esa labor de propagación ideológica y programática  con la diaria tarea de organizar los cuadros del PDN y de insuflarles combatividad “.

El objetivo de consolidar el PDN como partido único de las izquierdas fue un proceso complejo que derivó finalmente hacia un deslinde ideológico. Se podría decir que las diferencias internas comenzaron prácticamente desde el inicio de la reestructuración del PDN en la clandestinidad para hacer oposición al gobierno de López Contreras. El día 8 de agosto de 1937 se realizó en Maracay la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Venezuela (PCV) en la que se aprobó “reafirmar la ideología marxista-leninista como base de la organización; crear la estructura nacional, independiente, organizativa y política del Partido Comunista de Venezuela; y ‘dar la cara’ dirigiéndose al pueblo con su propia propaganda clasista, sin perjuicio de continuar junto con otras fuerzas progresistas en organizaciones policlasistas y de frente único como el PDN”. El desenlace se hizo inevitable cuando el 8 de octubre de 1937 el Primer Pleno del Comité Central  del PCV exige a los que se “autodenominaban verdaderos comunistas” retirarse del PDN, militar solamente en su propio partido  y sacar propaganda legal.

En respuesta, el PDN publicó su manifiesto del 14 de febrero de 1938, donde se formaliza el deslinde total. Pero dejemos que sea Luis Troconis Guerrero, en su obra “La Cuestión Agraria en la Historia Nacional” (páginas 194-195), quien  lo describa: “Ocurrió que al reconstituirse clandestinamente el PDN, a sus cuadros se incorporaron los ciudadanos de pensamiento comunista que convivían con los demás miembros de los partidos disueltos y, al correr de los meses, tal grupo comunista organizado en fracción intentó imponer su ideología, su disciplina y sus tácticas al llamado ‘partido único de las izquierdas’. El propósito chocó con la oposición de Rómulo Betancourt, quien defendía, con apasionada justedad, la tesis de que no era un partido comunista lo que reclamaba la coyuntura histórica sino una organización policlasista, con raíz nacional y programa democrático, dotada de convicción revolucionaria, capaz de ser vanguardia en la lucha por la vigencia de libertades públicas amplias, por la afirmación de la justicia social, por la creación de la prosperidad colectiva y por la defensa de la nacionalidad frente al imperialismo…el 14 de febrero de 1938 un manifiesto del PDN anunció a la Nación que era un partido revolucionario, democrático, antimperialista y policlasista y que de sus filas se habían retirado cuantos diferían de su programa, advirtiendo que en lo sucesivo aparecería propaganda propia del partiddo comunista, distinta y –lógicamente- contrapuesta a la del PDN…sus adversarios de esa y otras filiaciones decían burlescamente que era ‘un partido que cabía en un automóvil’, a causa de su reducida militancia, pero su programa justo, su táctica ágil, su estrategia planeada sobre la realidad nacional, la devoción de sus miembros y la capacidad política de Rómulo Betancourt vencieron las duras circunstancias iniciales y el PDN fue, después de breve ejercicio, el eje de la oposición y una estupenda escuela política”. Troconis Guerrero agrega seguidamente que el PDN “galvanizó voluntades, despertó simpatías, capitalizó esfuerzos y así su organización creció en escala nacional” y que “fracciones edilicias, legislativas y parlamentarias de sus miembros hicieron oir la voz el partido en los cuerpos deliberantes del Estado; se publicaron sus periódicos en todas las grandes ciudades y hasta en pequeñas localidades de provincia”. Es necesario  precisar que el deslinde entre el PDN y el PCV no significó el cese total de las relaciones entre ambas organizaciones, y, en efecto, en un Boletín, de fecha 19 de febrero de 1938, se expresa categóricamente lo siguiente: “El CEN del PDN cree indispensable un acercamiento con los paquistas (así se llamaban a los miembros del Partido Comunista), para el trabajo en común sobre aquellos puntos en que mutuamente estén de acuerdo. El divorcio absoluto de las fuerzas revolucionarias del país sería hacerle el juego a la reacción. Por eso, el CEN procurará llegar a un acuerdo con el CC de Paco para trabajar de acuerdo, manteniéndose la absoluta independencia organizativa de ambas organizaciones, sobre aquellas cuestiones en que haya coincidencia entre los puntos de vista de ambos partidos”.

El 25 de septiembre de 1938, en las elecciones municipales de varios Estados, el PDN, junto a otras fuerzas de oposición, obtuvo una buena representación; y en las nuevas elecciones municipales del 11 de diciembre del mismo año 1938 en el Distrito Federal, de las 22 parroquias que integraban esa entidad, la oposición obtuvo 19 puestos, siendo la mayoría de los concejales electos miembros o simpatizantes del PDN, y ese control del Concejo Municipal de Caracas por la oposición permitió la elección como diputados del Congreso Nacional de efectivos pedenistas, el 27 de enero de 1939, entre los que destacan Andrés Eloy Blanco, Juan Pablo Pérez Alfonzo, P.B.Pérez Salinas, Luis A. Pietri y Carlos E. Lemoine, que, con estas y otras designaciones en algunos Estados, la oposición logró robustecer de manera significativa su representación parlamentaria. Fue tan importante el crecimiento pedenista que Arturo Sosa Abascal dice que “para finales de 1940, el PDN era ya una organización con autonomía a todos los niveles, había logrado convertirse en interlocutor del gobierno lopecista, que le reconocía su posición de izquierda, y se había convertido en el motor principal del movimiento democrático”.

Continuaremos con el análisis en la columna de la próxima semana.






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