jueves, 29 de marzo de 2018

El paso del escándalo Odebrecht por Venezuela

Trino Marquez

Pedro Pablo Kuczynski presentó su renuncia porque la mayoría opositora, controlada por su archienemiga Keiko Fujimori, lo forzó a dimitir. El motivo: sus relaciones con Odebrecht, el zar de la construcción en América Latina; y haber sobornado a diputados opositores para que votaran a su favor en el Congreso, cuando el fujimorismo intentó el juicio de vacancia contra él en diciembre del año pasado.
El Presidente negó haber mantenido cualquier tipo de vínculo con la empresa y haber comprado el voto de los opositores. Unas facturas mostradas por Odebrecht evidenciaron lo contrario: en realidad PPK había asesorado al gigante brasileño y su firma había cobrado importantes honorarios por esa labor consejera. El Presidente le había mentido al Congreso y a la nación. Además, unos videos (¡otra vez los videos!) demostraban cómo partidarios de PPK habían intentado sobornar a diputados de la bancada opositora para evitar el juicio que lo habría llevado a la destitución. Un acuerdo de última hora con Kenji Fujmori, hermano de Keiko, logró salvarlo. El compromiso, al parecer, incluía la liberación, invocando razones humanitarias, de Alberto Fujimori, el autócrata que durante la década de los noventa cometió toda clase de desafueros contra los derechos humanos y permitió el enriquecimiento obsceno de sus colaboradores más cercanos, entre ellos el siniestro Vladimiro Montesinos.
Una vez fuera del poder, a Kuczynski le corresponde defenderse de las acusaciones de sus enemigos políticos. Este proceso ejemplifica la rivalidad tan enconada que existe en Perú luego de casi veinte años de haber salido Alberto Fujmori del poder y de la enorme polarización que existe en esa nación. También muestra que las instituciones republicanas funcionan. El Presidente se vio forzado  a marcharse debido a sus errores y excesos. Su lugar lo asumió el primer Vicepresidente, Martín Vizcarra, a quien le corresponde concluir el período constitucional. El terremoto desatado por Odebrecht, además de PPK, se ha llevado por delante a Dilma Rousseff, a Lula, y a Jorge Glas, exvicepresidente de Ecuador. En esos países los órganos parlamentarios y de justicia han actuado para combatir la corrupción y castigar a los responsables de esos delitos.
En donde la onda sísmica desatada por Odebrecht no ha tenido ninguna  repercusión es en Venezuela. Los primeros desacuerdos serios entre Luisa Ortega Díaz y el gobierno de Maduro surgieron cuando la fiscal del Ministerio Público decidió enviar a algunos fiscales subalternos a Brasilia para que investigaran y recopilaran suficiente información sobre los sobornos y comisiones ilegales pagadas por Odebrecht en Venezuela. Este gesto de independencia no le fue perdonado. Luego, la Fiscalía de Tarek W. Saab, la Contraloría y el TSJ decidieron prohibir todo tipo de investigación por parte de la Asamblea Nacional y los organismos jurisdiccionales a la actuación de las autoridades venezolanas que habían sostenido algún tipo de relación o compromiso con Odebrecht. Es decir, quedaron absueltos de antemano. Ni siquiera por una mera formalidad abrieron una pesquisa, a pesar de las denuncias tan graves aparecidas en Brasil acerca de los sobornos multimillonarios repartidos en Venezuela por esa empresa.
Además de Brasil, Venezuela es el otro país del continente donde resulta indispensable realizar una investigación a fondo de la corrupción propiciada por Odebrecht. En ninguna otra nación la inversión de esa empresa desde hace quince años ha sido tan cuantiosa y con resultados tan opacos. Un rápido arqueo por las obras inconclusas dejadas por Odebrecht arroja el siguiente balance: Línea 5 del Metro de Caracas: debió entregarse en 2010, de los 15 km. de su recorrido, solo están listos 1,3 km; Sistema de Transporte Caracas-Guarenas-Guatire: su fecha de inauguración era para 2012, solo funciona un tramo; Aeropuerto de Maiquetía: el plan de trabajo comprendía el período 2013-2019, solo se han ejecutado nueve remodelaciones; Metrocable La Dolorita, con inversión inicial de 300 millones de dólares; Metrocable Mariche: presenta un avance de 40%, cuando debió estar culminado en 2016; Cabletren Bolivariano: se prometió para 2015, pero de 5 estaciones solo tres están operativas, contaba con una inversión total para su ejecución de 440 millones de dólares; Central Hidrológica Tocoma: la primera turbina debió  haber arrancado en 2012; Complejo Agroindustrial José Ignacio Abreu de Lima: su construcción lleva más de 7 años, en 2015 dejó de producir soya; Tercer Puente sobre el río Orinoco: debió estar listo en 2015, reporta un avance de 70,31%; Línea II del Metro de Los Teques: en construcción desde 2007, solo mantiene operativas tres de las siete estaciones.
Cálculos conservadores indican que la corrupción alrededor de Odebrecht puede rondar los treinta mil millones de dólares. Una exploración a fondo del fraude seguramente arrojará resultados escalofriantes, que dejaran los cobros de la empresa de PPK como menudas propinas. El madurismo celebró con fuegos artificiales la salida del expresidente peruano. Esperemos que un día no muy lejano podamos sonreír porque en Venezuela se impuso la Justicia.
@trinomarquezc

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