viernes, 28 de octubre de 2011


El bebedizo de la dolarización

MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
viernes 28 de octubre de 2011  
Conozco a alguien que apenas lea esto me va a decir: "¡No le hagas swing a piconazos!". Y quizás tenga razón. Pero en cualquier caso, hay que reconocer que un grupo nada despreciable de personas (aparecen en los foros de noticias, hacen preguntas en las conferencias, en Twitter) piensan que la dolarización podría ser una suerte de panacea para la economía venezolana. "¡Mira a Ecuador, a Panamá!" (nunca miran a Chile, o lo despachan diciendo "es que allá hubo una dictadura... "). 

La dolarización consiste en la adopción del dólar como moneda de curso de la economía. Eso equivale a eliminar de raíz la política monetaria: Si quieres tener más circulante tendrás que exportar más, atraer más inversión, o endeudarte más. En contrapartida, déficits en cuenta corriente, salidas de capital o pagos netos de deuda, disminuirán la cantidad de dólares en circulación. El único mecanismo de equilibrio en un sistema así es la tasa de interés. Con frecuencia se asocia la eliminación de la moneda local con la homologación automática de nuestra inflación con la de EEUU. Quienes así piensan no sólo olvidan que esto rara vez ha ocurrido, sino también que la inflación suele tener componentes no sólo de demanda, sino también de oferta (en particular en nuestro caso). 

Habría que sentarse a buscar con cuidado para encontrar un país en donde la dolarización sea menos apropiada que en Venezuela. Nuestro ingreso de dólares está asociado al petróleo, una fuente muy impredecible y volátil que provocaría cambios constantes e igualmente impredecibles en la cantidad de moneda en circulación. Equivaldría a inyectarle toda la volatilidad de los precios del petróleo a nuestra economía. Sería imposible reducir nuestra dependencia petrolera exportando alguna otra cosa. ¿Dolarización con fondo de estabilización? Eso ya equivale en la práctica a tener Banco Central. 

La adopción de una moneda común suele ser consecuencia de un conjunto de pasos previos, no al revés. A la Comunidad Europea no se le ocurrió adoptar el marco alemán, y a partir de ahí sentarse a esperar bucólicamente que los déficit fiscales se redujeran, la inflación se estabilizara, el desempleo cayera. A la adopción del euro, le precedieron los acuerdos de Maastricht: Se fijaron los niveles de inflación, déficit y desempleo máximos aceptables que los países interesados debían alcanzar antes de entrar al euro (no después). Si nosotros llegamos a eso, ya no hará falta la dolarización. En fin, va mucho más allá de la chocarrería de preguntarle a la gente: ¿Tú quieres ganar en bolívares o en dólares? Entre otras cosas porque, para ganar algo, primero hay que tener empleo. 

Todo esto sin entrar a pensar en nuestra coyuntura. Una eventual administración de oposición no tendría capital político para levantar de la noche a la mañana los controles (y si lo tuviera tampoco es conveniente que así lo hiciera, también el capital político puede ser muy volátil). Los cambios deben introducirse poco a poco, en la medida en que se garantice la gobernabilidad y se vaya ganando la credibilidad de la gente y de los mercados. Y es muy poco probable que eso se consiga simplemente porque nos metimos dentro de una camisa de fuerza. 

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jueves, 27 de octubre de 2011


La irresistible tentación del fracaso


Antonio Sánchez García
27 Octubre, 2011


En memoria de Franklin Brito
“Nuestro país es la simple superposición cronológica de procesos tribales que no llegaron a obtener la densidad social requerida para el ascenso a nación. Pequeñas Venezuelas que explicarían nuestra tremenda crisis de pueblo. En los distintos órdenes del progreso no hemos hecho sino sustituir un fracaso por otro fracaso”.
Mario Briceño Iragorri, Mensaje sin destino, 1950


1
Todos, absolutamente todos los desmanes que hoy son carne viva de nuestra pesadilla fueron reconocidos y pronosticados en detalle durante el proceso electoral que llevó a los venezolanos a cometer en 1998 uno de los más graves errores de sus vidas. Para mayor INRI reiterado en varias oportunidades, sin que a nadie se le pusiera un puñal en el pecho. Nadie puede esgrimir su ignorancia como causal de los daños y perjuicios que estamos sufriendo. Elegir a Chávez era un gigantesco error. Cometerlo, el comienzo de nuestra disgregación y nuestra anarquía. Y como lo establecen todos los códigos penales del mundo: la ignorancia de la ley no exime del castigo al delito cometido al violarla.

Lo dijo Manuel Caballero, con todas sus letras. Salpicadas en él por su lógica y coherente aunque polémica animadversión contra quienes hegemonizan el uso de las armas de la república. Entregarse en brazos de un soldado, en este caso ágrafo, inculto y golpista, era transitar la dudosa caminata al cadalso. Lo alertó con su inconmovible lucidez el entonces rector de la Universidad Católica Luis Ugalde, uno de los más ilustres y nobles venezolanos de nuestra minusválida modernidad. Nada legitimaba claudicar ante el avance de la barbarie, que él y muchos veíamos asomarse en nuestro horizonte inmediato. Lo analizó Juan Nuño, pensador, escritor y hombre comprometido con una azarosa lucha contra la estupidez de las dictaduras. Rendirse ante el poder amorfo y amenazante de mayorías descontroladas, una traición al pensamiento y la acción.
No sirvió de nada. Un pobre infeliz – en palabras del tardíamente arrepentido Uslar Pietri – se hizo con el mando de la república en andas de la euforia colectiva y el aterrador silencio de los inocentes. En esa y anteriores ocasiones siempre hubo otras opciones electorales, despreciadas por la ignorancia, la comodidad y la irresponsabilidad colectivas. No había que ser un experimentado historiador como Caballero, un esclarecido hombre de espíritu como Ugalde o un preclaro filósofo como Juan Nuño para saber que el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías era un traidor – había conspirado desde que ingresara a la Academia militar, había protagonizado no uno, sino dos golpes de Estado y su analfabetismo era tan manifiesto como su imprudencia – bastaba oírlo para saber que el clásicocaudillo autocrático que se revolvía por expresarse en su interior era iletrado; un malvado – ¿quién no vio las horrorosas imágenes de sus cuerpos armados ametrallando con artillería pesada el domicilio oficial de la familia presidencial ocupado por su esposa, sus hijas, sus nietos?
Venezuela corrió a golpear las puertas del infierno pujando por derribarlas como el tanque de los militares felones lo hicieran por orden de Chávez Frías contra las de Miraflores. Y lo hizo provocando no el horror, sino una desenfadada, cómica e irresponsable algarabía. Pensadores, comediantes, publicistas, editores, guionistas, empresarios escribieron las páginas de uno de nuestros más insólitos dislates. Y lo hicieron, allí descansa la brutal irresponsabilidad, perfectamente consciente del tercio que entronizaban. Ponían gozosos el arma con que serían degollados en manos del verdugo. ¿O tendremos el descaro de afirmar hoy, a trece años del trágico suceso, que nadie podía prevenirlo, que no habíamos sido alertados?
2
Hoy, ninguno de los principales protagonistas de nuestro drama y muchísimo menos la dirigencia política, académica y empresarial del país puede sostener impunemente que así como ayer desconocía los verdaderos propósitos de Hugo Chávez hoy desconoce la magnitud de la crisis existencial en que hemos venido a parar desde ese trágico error. Es una crisis de excepción, sin duda la más grave vivida por la República en estos doscientos años de historia. Así el saldo en sangre derramada, la devastación de nuestros medios materiales y el derrumbe moral de nuestra cultura no hayan sido el producto inmediato y brutal de una sangrienta conflagración. Como lo fuera la Guerra Federal, el único episodio comparable. Así el resultado sea tanto o más aterrador que el de aquella llamada Guerra Larga.
Han faltado el brillo de los machetes y el hedor de la pólvora enlutando los hogares en el fragor de cruentas batallas. Pero sólo nuestra insólita apatía puede soslayar el espanto ante el número de venezolanos asesinados por otros venezolanos durante el imperio del régimen. Ya supera la cifra de 150 mil bajas, la más alta adelantada al hacer el balance de un país consumido por la guerra civil como la de la Guerra Federal. Sin que esas bajas se hayan producido en combates: son simples asesinatos cometidos con una aterradora violencia, con tanta barbarie como la que se expresara durante la Guerra a Muerte, todas o casi todas ellas cometidas a mansalva, en despoblado, con agavillamiento y alevosía. Bebés, niños, adolescentes, ancianos, mujeres embarazadas, familias enteras acribilladas por jóvenes, hasta niños venezolanos, carentes del más mínimo sentido de la compasión. Y de la conciencia del horror cometido contra los seres privilegiados por Dios para rendir testimonio de su grandeza.
Si el dantesco panorama que estos hechos describen, y del que ninguno de nosotros es ignorante, no fuera suficiente, podría describirse el paisaje de nuestra decadencia moral, del imperio del crimen en el tráfico de armas, de personas, de estupefacientes elevados a la enésima potencia por el gobierno que las mayorías y nuestras élites no sólo cometieran la insondable estupidez de elegir, sino reelegir mediante buenas o malas artes durante tres períodos sucesivos. Venezuela ha llegado a un nivel de degradación tal, que se ha convertido en la capital de la droga, de la prostitución y el crimen globalizado, entronizado en las fuerzas armadas, en los altos mandos ejecutivos del gobierno, en todas las instancias estatales y paraestatales.
Quienes a pesar de las revelaciones suficientemente difundidas por parte del rey de los capos de la droga a nivel planetario, el sirio venezolano Walid Makled, no se sientan conmovidos – y por lo menos 20 generales de nuestras fuerzas armadas y cinco parlamentarios del oficialismo han sido inculpados con nombres y apellidos – pueden recurrir a la documentación hecha pública por Moisés Naim en su libro Ilicito: Cómo Traficantes, Contrabandistas y Piratas Están Cambiando el Mundo. Son revelaciones que provocan nauseas, desasosiego y pesar.
¿Puede alguien con dos dedos de frente invocar su ignorancia frente a estos hechos, ya forme parte del régimen o sea un activo o pasivo militante opositor? ¿Puede desconocer que se trata de hechos documentados, públicos y notorios? ¿No pesan a la hora de comprar o responder encuestas, de asumir candidaturas, de proclamar livianas e irresponsables estrategias?
3
Y sin embargo seguimos cabalgando en la inconsciencia, en la irresponsabilidad, en el culposo crimen de lesa política en que hoy navegamos en la más satisfecha y agradecida liviandad. Seguimos mirando de soslayo, pretendiendo ocultar el pantano en que chapoteamos con las carantoñas de nuestros programas nocturnos de política ficción, con el circense entretenimiento de encuestas amañadas, de columnistas tarifados, de políticos que apuestan sus vidas en el juego del toma y daca del mercantilismo electoral. Poco importa que chavistas de uña en el rabo recién desprendidos del autócrata se sumen a quien hasta hace unas horas descalificaban por ultra derechista, golpista y conservador. Recibidos con los brazos abiertos por quienes hacen alarde de su apoliticismo. Y para quienes la política – una de las sagradas vocaciones del hombre – no es más que el acarreo a las urnas de masas votantes por cualquier medio.
Hoy el capricho inducido por la irresponsabilidad colectiva no apunta a un payaso de manos ensangrentadas que promete freír las cabezas de sus enemigos. Apunta a la veleidad de imágenes absolutamente ajenas a las necesidades profundamente políticas que la historia nos impone. No es la experiencia, es la inmadurez; no es la sapiencia, es la ignorancia; no es la comprobada capacidad de enfrentarse a grandes desafíos, es la juventud; no es la cultura, es la espontaneidad. Seguimos embriagados de anti política, encaprichados con el anti partidismo, resentidos con nuestra propia identidad. Seguimos negando nuestra historia, negando nuestros valores, negando nuestros mejores logros.
Pero por sobre todo: seguimos trastornados por el mal del siglo: la política como espectáculo. El líder como entertainer. El desprecio a los partidos, considerados cofradías de forajidos o administraciones de voraces clientelas. Apenas si se escucha a quienes siguen poseídos por la necesidad de enaltecernos, de convertirnos en un colectivo responsable de su historia, de su pasado, de su presente y de su futuro. ¿Es esa “la corriente” que tanto apreciannuestros recién llegados al frágil entramado de la democracia? ¿Son esas las tendencias que aúpan quienes ayer auparan la necesidad de un hombre fuerte que llegara a vengarnos de nuestros imaginarios victimarios?
Nos encontramos en un momento crucial de nuestro devenir. A medio siglo de ese conmovedor reclamo místico de Mario Briceño Iragorri, cuando en su estremecido Mensaje sin destino escribiese: “nuestro país es la simple superposición cronológica de procesos tribales que no llegaron a obtener la densidad social requerida para el ascenso a nación. Pequeñas Venezuelas que explicarían nuestra tremenda crisis de pueblo…En los distintos órdenes del progreso no hemos hecho sino sustituir un fracaso por otro fracaso”. Corría el año de 1950. Hacía dos años del derrocamiento del gobierno constitucional de Rómulo Gallegos. Faltaban todavía ocho años de tiranía y represión para el gran amanecer de nuestra libertad. Imposible olvidarlo.
@sangarccs

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BRASIL LE DIO SU TATEQUIETO A CHÁVEZ EN LA OEA

Simón Bocanegra

Antier finalmente un latinoamericano perdió la paciencia ante las repetitivas monsergas de los representantes del gobierno en cualquier organismo o reunión internacional. El representante brasileño ante la Comisión de Derechos Humanos, después que el venezolano Saltrón dijo lo mismo de siempre ("el imperialismo", "la conspiración internacional" y todo el aliño acostumbrado), tomó el micrófono y sentó sobre sus posaderas no sólo al pobre Germán Saltrón (que en fin de cuentas dice lo que le escriben en el guión, sin poner ni un acento de su propia cosecha, porque pendejo no es y el cargo depende de la obediencia más perruna) sino a todo el régimen criollo. "¡Hasta cuándo van a seguir con esa misma música de la conspiración internacional!" "¡Hasta cuándo van a seguir acusando a esta misma comisión de estar al servicio del imperialismo yanqui!" y por ahí se fue, cada vez más irónico, penetrante e incluso furioso, contra la eterna cantinelachavista contra "el imperialismo" y su "lacaya" Comisión y Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ya era hora de que alguien pusiera en su sitio a este régimen de charlatanes y la intervención del brasileño resultó hasta divertida, por el poco de verdades que soltó. Es interesante lo que dijo sobre tres países que tienen, entre los tres, más de 400 denuncias ante la Comisión y ninguno de ellos comete laridiculez de acusar a ésta de ser cómplice o instrumento del "imperialismo". Porque, en fin de fines, lo que demostró el brasileño es el infinito ridículo que caracteriza buena parte de las posiciones internacionales del gobierno de Chacumbele. Ojalá que esto marque el necesario precedente para ver cuál va a ser el comportamiento de la OEA ante el desacato del Gobierno venezolano a la decisión de la Corte Interamericana sobre Leopoldo López.


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miércoles, 26 de octubre de 2011

La revolución endeuda al país

José Guerra
Tal Cual 26 de octubre de 2011
Cuando se termine de escribir la historia de un endeudamiento absurdo, se tendrá que relatar con precisión de orfebre, lo que ha sucedido en Venezuela especialmente desde 2008, cuando la administración de Hugo Chávez, su ministro de Finanzas, Jorge Giordani y el presidente del BCV, Nelson Merentes, de forma temeraria incrementaron la deuda pública y algún día tendrán que comparecer ante tribunales de honor para que expliquen cómo ha sucedido el milagro de que en el mayor auge de los precios petroleros que ha experimentado el país, simultáneamente la deuda pública está alcanzando proporciones siderales, que va a cuestionar la estabilidad financiera y política, tal vez en el mediano plazo. Emitir deuda es algo tan tentador como peligroso. Los gobiernos usan la deuda para posponer las medidas que corrijan el desajuste que conduce a la colocación de deuda, todo ello para financiar el déficit fiscal.
Sin embargo, en Venezuela está sucediendo algo realmente novedoso con al creación del SITME. Este engendro financiero funciona de la siguiente manera: quienes requieran las divisas que no les otorga CADIVI en vista del racionamiento que aplica este organismo, concurren a sus bancos para que le haga la tramitación ante el BCV. El ente emisor a cambio de los bolívares del cliente le entrega un bono de la deuda pública o de PDVSA denominado en dólares y ese bono es negociado con un descuento en el mercado mundial y el cliente obtiene sus divisas a la tasa de cambio de Bs 5,50 por US$. El asunto crítico del SITME reside en que se alimenta con bonos y sin bonos no hay transacciones. Y esta adicción a los bonos es lo que ha hecho que la República y PDVSA tengan que estar emitiendo deuda en dólares que luego se transa en el BCV para que llegue a los demandantes de divisas. En promedio el SITME negocia diariamente entre US$ 35 millones y US$ 40 millones para tratar de satisfacer algo que no se puede satisfacer: el exceso de demanda de dólares a tasas de cambio bajas como la mencionada. El resultado de ello es que el SITME ha creado, a parte de toda la corrupción que ya está generando para acceder a esos dólares baratos, un mecanismo perverso de endeudamiento en divisas para financiar importaciones baratas o salidas de capital. Las operaciones que realiza el SITME no son otra cosa que una venta de divisas a futuro para acumular la devaluación del bolívar. Así de simple.
Siempre se justificó el endeudamiento de una economía porque con los préstamos en divisas se financiaban proyectos para generar divisas para a futuro cancelar la deuda y construir un sector exportador. La política de endeudamiento que ha seguido el presidente Chávez, Giordani y Merentes es para otra cosa. Se trata de un endeudamiento para financiar el sostenimiento de un régimen político inviable por donde quiera que se le mire y para intentar oxigenar a un muerto: el sistema de tipo de cambio fijo como mecanismo para importar de todo y así procurar contener la inflación. En el camino están construyendo un cementerio de empresas quebradas, aniquilando el acervo de capital de la economía, creando empleos en el exterior y de paso imponiendo un peso muerto sobre las generaciones venideras. La deuda aumenta y la inversión disminuye. La deuda aumenta y las exportaciones no petroleras declinan. Este es el absurdo económico de Venezuela. Entonces presidente Chávez ¿para qué endeuda usted a Venezuela de esta forma tan ilógica? ¿Será por qué usted no estará como presidente cuando esa deuda haya que cancelarla?
En el gráfico que se adjunta se puede ver la trayectoria del endeudamiento y su composición entre externa e interna, sin incluir en esos montos lo adeudado a China que ya remonta los US$ 30.000 millones y la deuda de PDVSA que hace rato paso la cota de los US$ 25.000 millones. El gráfico refleja el festival de deuda que con Venezuela ha montado la administración del presidente Chávez. También resulta explicable, en vista de lo comentado sobre la mecánica del SITME, que las deuda que emite y coloca Venezuela tenga tasas de país en quiebra. Las últimas colocaciones de bonos de PDVSA y la República se han hecho a tasas entre 11,75% y 12,00% con todo y un precio petrolero que supera los US$ 100 por barril, mientras que los bonos de Colombia y el modesto Uruguay tienen tasas cercanas al 6,0%. La deuda se pagará como siempre se ha hecho en Venezuela: cargándola como pasivo sobre el gasto social y los jóvenes que hoy no perciben todavía el sacrificio que están haciendo y el que tendrán que hacer.


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Paralizar la Faja del Orinoco y cerrar Petrocaribe

José Suárez Núñez

26 de octubre de 2011

La actual Pdvsa tiene que desaparecer. No para despedir a todo el mundo como hizo el actual gobierno, ni para que regresen todos los que se fueron o sacaron porque ha pasado una década de este desorden

Arévalo Guzmán Reyes, ex director de Pdvsa, considera que el nuevo gobierno debe hacer una auditoria de Pdvsa
Asimismo dice que debería asociarse con transnacionales para que retorne la producción a 14 mil pozos cerrados
Cuando el presidente Hugo Chávez abandone el poder tendrá más importancia que nunca el petróleo. El día siguiente, el nuevo gobierno tendrá un ingreso aproximado de 160 millones de dólares diarios para cubrir sus gastos, estimando que exporte 2 millones de barriles diarios, a un promedio de 80 dólares el barril.
Es muy importante saber cómo operar el negocio, y distribuir la gigantesca masa de dinero que ingresa al país. La administración del presidente Chávez ha conducido el negocio como una inmobiliaria que cobra la renta todos los meses, pero los nuevos descubrimientos mundiales en áreas petroleras que consideraban exhaustas, las nuevas tecnologías y los nuevos actores indican que el método chavista está agotado.
El ingeniero Arévalo Guzmán Reyes, el número dos después de la nacionalización al frente del Ministerio de Minas e Hidrocarburos y luego director de Petróleos de Venezuela, advierte que lo primero que se debe hacer durante la transición de un cambio de gobierno es la contratación de las principales empresas auditoras del mundo, incluyendo a la KPMG que dispone de toda la información actual, para escrutar las actividades de exploración, producción, transporte, comercio y los contratos internacionales, para que hagan un diagnóstico del negocio.
Se debe actuar con cautela y responsabilidad, porque Pdvsa está acosada por múltiples deudas monetarias y demandas internacionales. También deben participar los colegios de ingenieros petroleros, geofísicos y geólogos, para que aporten sus conocimientos y experiencias.
La actual Pdvsa tiene que desaparecer. No para despedir a todo el mundo como hizo el actual gobierno, ni para que regresen todos los que se fueron o sacaron porque ha pasado una década de este desorden. Hay que pagarles todo lo que le deben, pero no deben pensar que el puesto que dejaron los está esperando.
NO VOLVER AL PASADO Arévalo señala que deberá modificarse la Ley de hidrocarburos y buscar socios para impulsar el negocio. No repetir con los problemas que nos trajo el artículo 5, porque nos pasamos 10 años después de la nacionalización para subir la producción de 2.2 millones de barriles diarios que dejaron las transnacionales para elevarla a 2.8 millones de barriles diarios. Vinimos a encontrar resultados en 1986 con el descubrimiento de El Furrial.
"Yo opino que se debe paralizar el proyecto de la Faja del Orinoco, y sacar los números de nuevo con un criterio comercial y no político, porque el actual es irreal y lento", considera Arévalo.
Hay que plantear una sociedad frontal con las empresas transnacionales que tienen músculo financiero, tecnología novedosa y gerencia operativa. Eso lo hemos perdido. No vamos a cometer los mismos errores de 1976.
Sacar a licitación con las grandes corporaciones todos los campos que sean necesarios para reactivar 14.000 pozos cerrados capaces de producir, e intensificar la exploración de las áreas convencionales la cuales han olvidado, ante el "dorado" de la Faja del Orinoco.
Hay que hacer contratos firmes y a largo plazo con las compañías, porque hay nuevos campos por donde nunca han pasado los taladros. Un objetivo importante es que pequeñas empresas venezolanas operen campos, así como las internacionales expertas en campos marginales. El financiamiento para operarlas se paga con la propia garantía del valor del petróleo. Hay que dividirlos en campos maduros y campos nuevos.
INFRAESTRUCTURA OBSOLETA Reactivar la actividad de Citgo. La gente no compra petróleo, compra gasolina y diesel y ese es un ingreso importante. El crudo sólo no sirve, hay que procesar productos para exportación.
Arévalo agrega que la infraestructura está en el suelo.
Por suerte no se han producido desastres en las refinerías, las obsoletas redes de oleoductos y gasoductos. Eso se puede negociar con contratos a compañías de expertos. También hay que olvidarse de esa cifra que se utiliza para todo: 70 para el gobierno y 30 para la empresa. Eso no es soberanía, es un desconocimiento del negocio.
Sobre PetroCaribe, Arévalo opina que no es una empresa sino una organización política, porque no se ha dado cuenta de que lo que vende va a parar a las transnacionales, porque el petróleo y productos que Pdvsa entrega, con el financiamiento y los trueques se convierte en descuentos que reciben los gobiernos y las transnacionales porque el consumidor final no recibe descuentos, y los productos los venden a precios internacionales.

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domingo, 23 de octubre de 2011

DEL EMPROBECIMIENTO A LA FURIA POLÍTICA

Moisés Naim


Estar atrapado en el tráfico es más tolerable si los coches en los otros carriles avanzan. Ver a los demás moverse abre la esperanza de que, tarde o temprano, a nosotros también nos llegará el turno de avanzar. Y al revés, si todos los carriles permanecen atascados durante mucho tiempo, la paciencia se agota y los ánimos se caldean. Y si, además, la policía llega y permite a unos cuantos coches muy seleccionados salir de su carril y avanzar por un camino especial abierto solo para ellos, la furia de los demás será inevitable.
Esta metáfora, que ilustra las consecuencias políticas de la movilidad social, fue propuesta originalmente en 1973 por el profesor Albert Hirschman para explicar la sorprendente tolerancia a la desigualdad en los países pobres. La idea es tan sencilla como interesante: en los países pobres, tan solo un atisbo al ascenso económico de otros le aporta mucho apoyo político al régimen de turno. El crecimiento siempre termina por hacer progresar a algunos, y esto aviva las esperanzas de sus familiares, amigos y vecinos, que piensan: “Pronto me tocará a mí también”. Esta es la expectativa que nutre la paciencia política que vemos en muchos lugares.
La metáfora de Hirschman se refiere a los países pobres, pero también es útil para entender lo que sucede en algunas de las naciones más ricas del mundo. Salvo que en este caso, los indignados de todas partes y los manifestantes que chocan con la policía antidisturbios no se movilizan solo porque ven sus carriles de tráfico horriblemente atascados. Es, más bien, porque están siendo forzados a retroceder y porque ahora están prestando más atención al hecho de que otros están avanzando gracias a lo que ellos perciben como trucos, trampas y privilegios.
Hace más de un siglo, Alexis deTocqueville escribió que los estadounidenses mostraban una mayor tolerancia que los europeos hacia la desigualdad económica. Según él, esto se debía a que en Estados Unidos la movilidad social era mayor que en el viejo continente.
Esto se acabó. En estos tiempos, la larga convivencia pacífica con la desigualdad económica ya no forma parte del panorama político norteamericano. Los estadounidenses están furiosos porque los ejecutivos de las mayores empresas de ese país ganan 343 veces más que un trabajador medio, y porque el 1% de los más ricos concentra más riqueza que todo el resto. Si bien las cifras son alarmantes y en los últimos años las disparidades de ingresos en EE UU se han agudizado, nada de esto es nuevo. La novedad es la intolerancia al hecho de que la riqueza se concentra en unas pocas manos y a que los ricos no se han visto afectados por la crisis. Algunos, por el contrario, se han beneficiado de los rescates de empresas y otras medidas de estímulo a la economía. Y claro está, son inmunes a la austeridad fiscal que los gobiernos de los países más endeudados están adoptando.
Y nada hace salir a la gente a protestar en la calle tanto como los recortes en el gasto público. Sobre esto vale la pena recordar los resultados del estudio de Jacopo Ponticelli y Hans-Joachim Voth, profesores de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Utilizando una vasta base de datos que les permitió cuantificar los actos de violencia política ocurridos en 26 países europeos entre 1919-2009, los profesores encontraron que “los recortes en el gasto público aumentaron significativamente la frecuencia de disturbios, marchas anti-gobierno, huelgas generales, asesinatos políticos e intentos de derrocar el orden establecido. Si bien estos son eventos de baja probabilidad en años normales, son mucho más comunes cuando se implementan medidas de austeridad”.
En estos días basta encender el televisor para comprobar cuán válida es esta conclusión. En el caso de EE UU, se hace obvia la nueva realidad política cuando Mitt Romney,el candidato con mayor opción de ser elegido por el Partido Republicano para enfrentarse a Barack Obama en las presidenciales de año próximo, dice: “Veo lo que está pasando en Wall Street y entiendo bien cómo se siente esa gente…La gente en este país está muy molesta”.
Así es. La gente está molesta. De hecho, muchos están furiosos. Y lo seguirán estando hasta que sus carriles no comiencen a moverse de nuevo. O, como diría Hirschman, hasta que vean que los de sus familiares, amigos y vecinos comienzan a moverse.

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sábado, 22 de octubre de 2011

LOS FINALES
Yoanni Sánchez


Ceausescu se iba en su helicóptero, Sadam Husein se ocultaba en un hueco, el tunecino Ben Alí huyó al exilio, Gadafi se fugaba en un convoy y terminó escondido en un desagüe. Los autócratas escapan, se van, no se inmolan en los palacios desde los que dictaban sus arbitrarias leyes; no mueren sentados en las sillas presidenciales con la banda de tela roja cruzándoles el pecho. Siempre tienen una puerta escondida, un pasadizo secreto por el que se escabullen cuando sienten el peligro. Por décadas construyen su búnker secreto, su “punto cero” blindado o su refugio bajo tierra, pues temen que ese mismo pueblo que los aplaude en las plazas puede ir a por ellos cuando les pierda el miedo. En las pesadillas de los dictadores, los demonios son sus súbditos, los abismos toman forma de turbas que quieren derribar sus estatuas, escupir sobre sus fotos. Estos señores despóticos sufren de un sueño ligero por estar atentos a los gritos, a los golpes contra su puerta… viven –de presagiarla– muchas veces su propia muerte.
Me hubiera gustado ver a Muamar el Gadafi frente a un tribunal, encausado por los crímenes que cometió contra su país. Creo que la muerte violenta de los sátrapas sólo les otorga un halo de martirio que no merecen. Deben quedar vivos para escuchar el testimonio público de sus víctimas, ver a sus países marchar sin el estorbo que ellos representaban y comprobar la veleidad de los oportunistas que un día los apoyaron. Deben sobrevivir para presenciar el desmontaje de la falsa historia que reescribieron, observar como las nuevas generaciones empiezan a olvidarlos y recibir sobre sí la diatriba, el escarnio, la crítica más feroz. Linchar a un déspota es salvarlo, otorgarle una puerta de salida casi gloriosa que le evita el castigo perdurable de ser juzgado ante la ley.
Continuar el ciclo de la crispación que estos tiranos han sembrado en nuestras naciones resulta extremadamente peligroso. Matarlos porque han matado, agredirlos porque nos han agredido, prolonga la violencia y nos convierte en seres como ellos. Ahora que las imágenes de un Gadafi ensangrentado y balbuceante recorren el mundo, no hay un solo totalitario que no se mire asustado en el espejo de ese final. Por estos días, las órdenes de reforzar los túneles secretos y de ampliar los planes de fuga deben rondar por más de un palacio presidencial. Pero cuidado, los dictadores tienen muchas formas de escapársenos y una de ellas es la muerte. Mejor que sobrevivan, que se queden y así comprobarán que ni la historia ni sus pueblos los absuelven jamás

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