domingo, 24 de febrero de 2013


LUIS UGALDE: "Los cardenales pueden desaparecer"




ENTREVISTA DE ROBERTO GIUSTI A LUIS UGALDE S.J. |  
EL UNIVERSAL

Que Luis Ugalde, sacerdote jesuita, teólogo de una universidad alemana, licenciado en Filosofía y Letras de la Javeriana (Bogotá), sociólogo y doctor en Historia, proponga, de motu propio, una profunda reforma de la Iglesia, a partir de la renuncia del Papa Benedicto XVI, ya sería suficiente porque dispone de la autoridad necesaria. Pero que esa propuesta, incluyendo el papel de las mujeres en el sacerdocio y otros temas polémicos, sea un clamor, cada vez más perceptible, en la Iglesia Católica, lo convierte, entonces, en vocero igualmente autorizado. 

De eso habló con profusión, aun cuando, accediera, también, a pronunciarse sobre nuestro enfermo de cada día. 

-¿Qué pensar acerca de un papa que, aún lúcido, renuncia, en contraste con otro personaje que, estando en peores condiciones, pareciera persistir en continuar al frente de su mandato? 

-Es una tragedia para Venezuela tener un presidente a quien no podemos ver, cuya salud resulta incierta y que claramente no puede gobernar, aunque nos digan lo contrario. Por eso todo el mundo está asombrado de que llevemos dos meses sin poderlo ver. Es una tragedia nacional. 

-¿No hay que dejar al enfermo con su padecimiento?. 

-Eso no tiene que ver con que, como dicen, se le desee la muerte. Nada de eso. Como toda persona, tiene derecho a vivir el resto de su vida en paz y a morir también en paz. Pero los venezolanos también tenemos derecho a saber qué pasa con su salud y a tener un presidente que pueda gobernar y no a manipular todo eso con el elemento religioso. 

-¿A qué se refiere? 

-Hay miles de venezolanos que cuando rezan lo hacen de corazón. Eso es santo y bueno. Pero no lo es que quienes públicamente han dicho, en Venezuela y Cuba, que son ateos, (científicamente ateos), monten ahora un show. Sé que en el Gobierno hay creyentes y están en su derecho, pero ha habido demasiada manipulación y este episodio no pasará a la historia como un hecho glorioso, sino más bien triste. Y me refiero a las manipulaciones, ocultamiento y falsedades. 

-Los indios mayas le transmitieron al Presidente energía positiva. 

-Pueden rezar y si les sale de adentro lo pueden hacer desde allá, donde están. No hace falta que se gaste dinero trayéndolos al Teresa Carreño y pasándolo por televisión con Rigoberta Menchú. 

-Volviendo al Papa. ¿Qué perfil cree que tendrá el nuevo Pontífice? 

-No he pensado mucho en eso porque, además, no es fácil acertar. Alguien ha dicho que sería bueno un papa conocedor de la historia de la Iglesia. Eso para relativizar lo que tendemos a absolutizar: Es decir: "Esto no se puede tocar". No. Eso que no se puede tocar se inventó en el siglo XIV, o aquello en el siglo VIII. En este momento no es fácil saber quién puede ir por ese camino. Cuando se eligió a Juan XXIII se dijo que sería un Papa viejo, de transición. Sin embargo, convocó un Concilio y puso a temblar al Vaticano. Luego se negó a aceptar la propuesta de hacer una lista de hechos condenables y centró el Concilio en una reflexión de la Iglesia sobre sí misma, preguntándose por qué lo que desea transmitir no lo escucha el mundo. 

-¿Logró el objetivo? 

-Parcialmente. Por esos días un obispo me dijo en Alemania que Juan XXIII era un mal permitido por Dios de vez en cuando, pero que luego volverían las aguas a su cauce. Con todo, el mensaje del Concilio quedó y es hora de actualizarlo. 

-¿No ha sido la renuncia del Papa un acto de rebelión ante una situación que no puede controlar y de la cual no quiere hacerse cómplice? 

-Es un acto de rebelión, pero también de confianza en Dios. Cada quien piensa que él va a resolver, a los 85 años, unos problemas numerosos, grandes y complejos. El ha dicho: "Hasta aquí llego, escojamos a otro que tenga más fuerzas". Es un llamado para renovar esa actitud según la cual nadie es imprescindible. Sobre todo si le estamos dando al mundo lo que le pertenece de la herencia de Cristo. Hay una frase: "Devuélvanos a Jesús". Pues eso. Y vemos candidatos que suenan muy bien en ese sentido. 

-¿Lo que se plantea es una reforma? 

-En 2 mil años la forma de gobierno (en la Iglesia) ha variado de manera radical. Y cuando hablo de forma me refiero al estilo de una corte monárquica o imperial. Eso se estilaba en otra época por aparecer como reflejo de la grandeza de Dios. Pero hoy en día y desde hace mucho tiempo, eso no ayuda, sino todo lo contrario, porque al final el elemento central de la Iglesia no es la moda, pero tampoco lo que se ha establecido. Toda su razón de existir se centra en transmitir el mensaje de Jesús. 

-¿No está ocurriendo eso? 

-Hay que ver si en el siglo XXI esas formas ayudan a tal propósito. En la época de la cristiandad la ley eclesiástica era ley civil. De alguna manera uno nacía católico, respiraba católico, se bautizaba católico. Actualmente eso no existe y por eso es tan importante que cada persona reciba la ayuda de la Iglesia para darle sentido a su vida en su conciencia. Y no por lo que impone el medio ambiente , sino por una capacidad de inspiración que se hace mayor cuanto más se acerque uno al Evangelio. No se trata, entonces del respeto a una institución porque es poderosa o secular, sino de una inspiración religiosa-evangélica. 

-Sugiere usted que la Iglesia tiene mil años de atraso en relación con la sociedad. Si esta última avanzó en todos los órdenes, la Iglesia se fue quedando en el estado absolutista. Para modernizarla no se puede seguir el ritmo de aquellos tiempos (una evolución), sino saltarse los mil años y eso pareciera muy difícil en una institución donde el conservadurismo está tan arraigado. 

-No es que tenga mil años de retraso, pero hay formas en la Iglesia, algunas tomadas del Imperio Romano, que se van quedando como si fueran perpetuas y no es así porque se trata de circunstancias históricas. Aquí lo central es la inspiración evangélica, única razón de ser de la Iglesia. Si no puede dar eso, la Iglesia está de más. Sobra, porque esto no va de "cómo me perpetúo en el poder". Pero cuando Teresa De Calcuta o cualquier persona se entrega al servicio de los pobres, está yendo a la esencia. Mientras tanto, el modo de ejercer el papado o la existencia de los cardenales pudieran desaparecer porque no son algo que dejó estatuido Jesucristo. En esa perspectiva la necesidad y posibilidad de cambios son muy grandes y hay mucha gente en la Iglesia que, en voz baja, expresa esa esperanza y deseo. 

-¿Se refiere usted a una determinada porción geográfica del Catolicismo?

-El papado ha sido europeo, pero podría ser africano, asiático, latinoamericano. Esos son signos de que el mensaje del Evangelio no debe quedar atrapado en los moldes europeos. Esos moldes y el actual Papa son muy intelectuales porque la Ilustración, en Europa, fue un gran reto a la existencia misma de la Iglesia. Entonces esta desarrolló una reflexión muy poderosa para dialogar con esas sociedades que hoy en día son seculares y secularistas. Pero eso no ocurre en la India, en África y ni siquiera en América Latina. 

-¿Hay que estructurar una nueva doctrina? 

-La formulación de buena parte de la doctrina se hizo bajo la filosofía griega, hace mil 500 años. Usted puede afirmar y acoger eso, aunque no le dice nada. Por eso, más que la doctrina lo que se debe reformular es la inspiración vital que llega al corazón. Jesús carece de un sistema teológico y de propuestas académicas. Lo suyo es una irrupción en la vida de la gente y sobre todo de quienes asumían que su vida no valía nada. 

-Sería la vuelta al cristianismo primitivo. 

-Siempre debemos volver al cristianismo primitivo. Toda renovación, si es auténtica, impone la vuelta a las fuentes. Claro, si somos mil millones (de católicos en el mundo), no podemos actuar como los doce apóstoles del principio. Hay una complejidad plurilingüe, pluricultural, y entonces se impone buscar redes de comunicación para mantener los elementos fundamentales. Cuando usted construye un edificio monta unos andamios, pero al final los desecha. Lo mismo pasa en el cristianismo, hay estilos de gobierno, ropajes, formas litúrgicas, pero al final son medios para elevar la conciencia de la persona a esa dimensión trascendente que, en definitiva, es el amor. Pero además tenemos la libertad (hay que ganársela), la conciencia y la inteligencia. 

-Eso, llevado al mundo seglar, implica la necesidad de integrarse bajo una norma de vida civilizada que es, básicamente, la democracia. ¿Es lo que usted pretende para la Iglesia? 

-No. La democracia es una forma de gobierno, una manera de resolver el abuso del poder absoluto. 

-¿Y no es ese uno de los problemas de acuerdo con lo escrito por usted, al advertir como "la Iglesia no es el reino de Dios, sino su servidora humana con el Espíritu de Jesús, pero con la tentación del pecado dentro de sí"? 

-La forma de gobierno de la Iglesia es modificable. No se puede decir que san Pedro gobernaba a la Iglesia como se hace ahora. Lo que planteo es mucho más grave. Como el mal es el problema de la humanidad, la Ilustración advirtió que es un problema de conocimiento. Si usted ilustra las mentes, la humanidad logrará la desaparición del mal. Yo digo que eso es falso porque históricamente se ha demostrado lo contrario. Remontémonos apenas a las dos espantosas guerras mundiales del siglo pasado (50 millones de muertos), producto de la racionalidad instrumental y de unas potencias donde la inteligencia ha evolucionado más que en otras latitudes. Sobre esa base se está desarrollando el poder político y económico. La pregunta es: ¿Cómo se hace para que esos poderes sean instrumentos al servicio de la vida humana? Y eso va más allá de la democracia. 

-¿Cómo responde usted a esa pregunta? 

-El Evangelio dice que si usted tiene todo el poder y lo desarrolla a través de la inteligencia, lo mismo debe hacer a la hora de que todas esas conquistas no se conviertan en dioses absolutos, sino en instrumento al servicio de la humanidad. Jesús dice que quien da la vida por otro, pareciera que la pierde, pero en realidad la gana. No hay pareja posible si no se vive esa relación con alegría. No hay padre, ni madre, ni hijo que pueda vivir la familia, sin que yo le dé al otro y que en ese dar no haya pérdida, sino ganancia. Independientemente de que usted crea o no (en Dios). 

-Usted dice que no se pierde sino que se gana dando. Pero si usted da la vida por otro y no cree en Dios, el gesto será aún más valioso porque lo hace sin tener la esperanza de la trascendencia. 

-Cuando la militancia comunista, había gente que moría en la tortura por no denunciar a un compañero. Se era oficialmente ateo, pero había una convicción, más profunda que la racionalidad, según la cual el torturado sabía que no estaba perdiendo la vida sino que la estaba ganando. Pero dar no es solo morir, sino entender la vida como un don a los demás. Y allí aparece la noción de la gratuidad. Dios es gratuito y en la medida en que encuentra ese don se encuentra la vida, así sea budista o agnóstico. Entonces tenemos grandes fábricas para producir economía y generar poder, pero ¿quién enseña a producir el reconocimiento del otro, la convicción de que a medida que doy me encuentro conmigo mismo? Esa es la única misión que tiene la Iglesia. 

-La renuncia del Papa, ¿tiene que ver con todo esto? 

-Tiene que ver. El dice, "soy un servidor" y entonces mi autoridad no es absoluta, sino que va en función de ese servicio. De lograr que la Iglesia y yo nos sintonicemos en ese objetivo. 

-¿No es un desafío a los dogmas? 

-No necesariamente. Es un desafío para que los dogmas no queden vacíos de contenido cristiano. Usted puede tener libro con todos los dogmas y es un libro muerto. Cualquier libro, dogma o norma del derecho Canónico, si en definitiva se vacía de esto que estamos hablando, pierde su esencia. 

-¿El llenarlo de contenido no es el verdadero dogma? 

-Lo es. La gente no siguió a Jesús porque dijo una verdad filosófica, sino porque El lo reconocía a él, leproso o a ella, prostituta. En fin, que Dios te recibe como eres. Y como Jesús no pide cuentas, sino que te acepta plenamente, transforma a las personas. 

-Usted dice que todo lo que no es palabra de Cristo, se puede modificar, incluso habla de la desaparición de los cardenales. ¿No ocurriría lo mismo con el celibato? 

-Es evidente. Pedro era casado. El primer Papa era casado, lo dicen las escrituras. San Pablo le dice a los obispos: "Sean personas honradas y maridos de una sola mujer". El celibato no fue estatuido por Jesucristo y por tanto no es inamovible. Es producto de determinados problemas a los cuales la Iglesia fue dando respuestas. Así se estableció el celibato como condición para ser sacerdote. Que eso se pueda modificar, es obvio. Hay gente que simplifica, pero existe la libertad para que la Iglesia, en determinado momento y cultura, lo haga.

El objetivo de concentrar la tarea evangélica en los valores fundamentales del Cristianismo implica la necesidad de un Papa dispuesto a promover el debate sobre temas como el celibato y la pederastia. 

-¿Pero, acaso, existe en la Iglesia el clima como para elegir un pontífice que acceda a la investidura con ese talante? 

-Quizás eso no sea tan obvio, pero el tema está en discusión y hay países donde por escrito se ha manifestado la conveniencia de pensarlo. Aunque no creo que la salvación del cristianismo venga por ahí. Ahora, es discutible y cambiable. 

-Generalmente se atribuye los hechos de pederastia al celibato. 

-Cuando se hacen las investigaciones y uno lee los estudios sobre iglesias (protestantes) donde no hay celibato, el porcentaje es mayor y probablemente si se expande el estudio a personas casadas, también lo encontrará y probablemente en un porcentaje mayor. Ocurre, sin embargo, que una mujer haciendo el amor no necesariamente implica que la película donde actúa sea taquillera, pero si aparece una monja haciendo sexo entonces sí lo es, y cómo! . Lo que necesitamos es tener la suficiente libertad, conciencia y amor para que las posibilidades que hoy ofrece la humanidad, respondan a las necesidades. Hoy la humanidad no necesita analfabetos, ejércitos, bombas o armas. No somos capaces de reconocer al otro. Francia y Alemania resolvieron sus conflictos con guerras, hasta que en la última de estas decidieron ponerse de acuerdo, eliminaron las fronteras, se hicieron amigos y ahora nos les va mal. Ahora, eso no es fácil. El Papa Juan Pablo I venía de una diocésis, era un hombre muy carismático y recibió la misión de reformar las estructuras de la Curia Romana. Al final, no pudo. Pero alguien va a poder. De eso no queda la menor duda. 

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UN PACIENTE MÁS
Alberto Barrera Tyszka
Escribo estas líneas el miércoles en la noche y sospecho que Ernesto Villegas podría aparecer ahora, en cadena forzada de radio y televisión, leyendo uno de sus reportes, y nada cambiaría. Todo transcurriría igual, con la misma ambigüedad oportuna y veraz que ha caracterizado a la comunicación oficial en los últimos meses. El ministro podría decirnos, nuevamente, que el Presidente está siguiendo sus tratamientos, que el equipo de médicos cubanos asegura que está estable, que el pueblo debe seguir rezando, que ¡viva Chávez! El mensaje no tendría ninguna variación trascendente. Ciertamente, Chávez regresó al país. Pero todo continúa como si él todavía estuviera en Cuba.
La idea de un vuelo inesperado, en la madrugada del lunes pasado, con algunos mensajes desperdigados en el Twitter y ninguna imagen disponible, sólo funciona para seguir ensayando esa especialidad nacional que es la especulación.
Que si vino porque ya está curado y sólo le falta terminar un pelín del postoperatorio.
Que si vino porque anda mal y quieren dejar ya organizada la sucesión. Que todo es una patraña: que no vino. Que vino y entró caminandito a su habitación. Que vino porque ya no se aguantaba más allá, tan lejos.
Que no fue que vino sino que lo mandaron… Ahora todos somos expertos en el deporte extremo de las conjeturas.
Los silencios oficiales suelen multiplicar las teorías de las conspiraciones. Ante el vacío de información, resulta muy tentador imaginar que existe un orden oculto y enemigo, perfectamente orquestado para ocultarnos la realidad. Ya se sabe: los cubanos, además, estudiaron en la universidad de la Guerra Fría. Y llevan más de 50 años de autoritarismo consentido, construyendo una sociedad donde el control de la verdad es uno de los planes primordiales del gobierno. Al amanecer del lunes pasado, en muchos lugares del país, el oficialismo implementó un operativo para lograr generar una suerte de euforia colectiva: “Volvió-volvió-volvió”. Como si alguien lo hubiera expulsado. Como si estuviéramos ante un retorno glorioso. Por eso tal vez la estrategia fracasó. Porque se trató más bien de un regreso casi clandestino. Porque, en el fondo, todavía el Presidente sigue siendo una ausencia.
La terapia clínica es una geografía aparte, pertenece a otro mapa. Chávez realmente está en el territorio de la enfermedad. Y mientras no exista información clara sobre su salud, menos importará realmente dónde se encuentra. No se necesitan pasaportes para cruzar las frágiles fronteras del cuerpo. Y todo el misterio con que se ha manejado este caso forma parte de una historia mucho más oscura y quizás más siniestra. Un relato que tal vez no lleguemos a conocer bien nunca. La historia de cómo el poder se aprovechó y utilizó la enfermedad de Hugo Chávez Frías.
Yo sí creo que el Presidente debe ser tratado de manera especial, con los mejores recursos disponibles. El problema no está ahí, no es ese. Lo que resulta intolerable es el secreteo y la trampa, la permanente mentira, el uso de la inocencia de la gente, la farsa inmoral de querer hacer demagogia con la enfermedad. Ojalá que la indignación sea un recurso natural renovable. En el futuro nos hará falta. Hoy los mercaderes organizan sus negocios sobre un quirófano.
Nicolás Maduro dijo que el Presidente está como un paciente más en el Hospital Militar. Lo que no dice Nicolás Maduro es que, desde hace dos años, aproximadamente, el piso 9 de ese hospital fue acondicionado para recibir a ese paciente que es uno más. Que se hizo un trabajo especial de blindaje en paredes y vidrios.
Que se remodeló gran parte del lugar, poniendo mármol en algunos espacios. Que incluso un sector del piso 8, el área de hospitalización que atendía a las recién paridas, también fue cerrado y enrejado, para mayor seguridad de ese paciente cualquiera. Que de todos los ascensores del hospital se dedicaron dos de manera exclusiva al servicio del piso 9. Que a esos dos elevadores, aparte de los familiares y allegados, sólo puede ingresar el personal de la Casa Militar y los compañeros cubanos, por supuesto.
Que los tratamientos aplicados de manera estricta en ese piso ­desde la anestesia hasta la recolección de basura, pasando por los exámenes del laboratorio­ se realizan bajo una terapia del secreto. Nadie puede saber nada. El poder vive de lo que calla.
Lo que no dice Maduro es que un ciudadano normal tiene que acudir al hospital Pérez Carreño, donde la milicia bolivariana, esta semana, reprimió a los trabajadores que protestaban porque no hay equipos ni materiales para tratar a cualquier paciente más.

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sábado, 23 de febrero de 2013

                 EL REGRESO DE CHÁVEZ


   Manuel Felipe Sierra


¿Puede Chávez asumir plenamente sus funciones como presidente de la República? Ese y no otro es el problema de fondo. Su traslado desde La Habana hasta el Hospital Militar en nada despeja la interrogante, sino que más bien aumenta el misterio que rodea el caso. Es cierto que para sus partidarios ello alimenta la esperanza de una pronta recuperación, pero de cara al país persiste la incertidumbre. 

¿Por qué entonces se produjo el traslado? Es evidente que la prolongación de su hospitalización habanera ya resultaba políticamente inconveniente para el castrismo. La fórmula de la “continuidad administrativa” invocada por la AN y el TSJ para obviar la juramentación el 10 de enero obedecería a un acuerdo previo gestado en la isla entre varios países latinoamericanos, con el visto bueno de Washington. 

De allí las reiteradas declaraciones del asesor diplomático del gobierno brasileño Marco Aurelio García y las escalas en Cuba de altos funcionarios de los países de la región; sin contar con la gestión de la canciller colombiana María Ángela Holguín en su entrevista con Hillary Clinton y su posterior encuentro con Nicolás Maduro. Si esta operación ciertamente sirvió para eludir un debate en la OEA y solventar una crisis de gobernabilidad en el país, ya el tiempo se agotaba. No fue casualidad que el día que se conoció la famosa fotografía de Chávez con sus hijas el canciller brasileño, Antonio Patriota, y voceros del Departamento de Estado advertían sobre la necesidad de poner término al suspenso.

Al mismo tiempo, las denuncias sobre la injerencia fidelista en Venezuela cobraron fuerza ya con acciones concretas. La protesta estudiantil frente a la Embajada de Cuba en Chuao fue expresión de un sentimiento ya evidente de resguardo de la soberanía nacional. ¿Quién se imaginaba años atrás que un grupo de estudiantes quemara la bandera cubana? ¿No era acaso la incineración de la enseña norteamericana el símbolo de la rebeldía contra el “imperialismo yanqui”?. ¿Acaso Raúl Castro no viene haciendo esfuerzos por acelerar cambios económicos e integrar cada vez más a Cuba a la comunidad latinoamericana, lo cual explica su designación como presidente por un año de la Celac? Estos elementos, entre otros, debieron pesar para la decisión que finalmente se tomó.

En lo interno, la operación en marcha ha resultado útil para la “deificación del caudillo” (la imagen cuasi religiosa de Chávez) como manera de paliar los efectos de la devaluación y de otras medidas previsibles que tendrán un alto costo social y que habrán de influir en una situación potencialmente explosiva. Por supuesto, un cuadro agravado por la ausencia de Chávez y la sensación de que sus eventuales sucesores no tendrían la capacidad ni las destrezas de éste para abordar un escenario crítico.

(TOMADO DE EL NACIONAL)

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PERONISMO SIN PERÓN



CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ |  
Con frecuencia se afirma, contra la evidencia histórica, que el populismo es inmortal. Reverso a la tesis de Llovera Páez, -"pescuezo no retoña"-, sería una hidra que mientras más cabezas le cortan, más le crecen. De ese modo una sociedad que lo sufre, está condenada a recaer, tal vez hasta el fin de los tiempos. Esa supuesta hipótesis obedece a una preocupación con Venezuela. América Latina, desde los años 30, vivió una oleada de movimientos de ese tipo. En sentido estricto el populismo se puede definir como una emergencia de masas autoritaria, "nacionalista", participativa, "antiimperialista" y que desprecia las instituciones que molestan a los caudillos. 

Lo propio de sus gobiernos es llevar la redistribución de la riqueza hasta extremos que destruyen la rentabilidad y con ello se desploma la economía. Se diferencia de un Estado comunista porque no practica la estatización total ni los paredones de fusilamiento. Por eso Octavio Ianni sostiene que... "el control del poder surge como un producto político paradójico, porque contiene una paz de antagónicos... ". Una convivencia áspera de clases. 

En 1946 Argentina era la cuarta potencia mundial. Ese año eligen a Juan Domingo Perón (46-52) y lo reeligen en 1952 para un nuevo período que frustra el golpe de Eduardo Leonardi que lo derroca en 1955 y que aspiraba detener el hundimiento general de la nación ya quebrada por un gobierno sin seso. Fuera el caudillo, no logran estabilizar la nave que zozobra por avilantez de los líderes militares y democráticos. Así traen de nuevo a Perón en 1973 los mismos que lo tumbaron, con la tesis de "la muralla carismática" para detener la anarquía. 

Regresa al poder en 1973, muere en 1974 y deja en el gobierno a su esposa Isabel (lo que no pudo hacer con Evita) que perfecciona el caos y la secuencia de golpes militares. Después del melancólico gobierno de Alfonsín y el Partido Radical, gana un peronista liberal, Menem y hasta nuestros días el partido se mantiene en el gobierno "K". 

Latinoamérica vivió una oleada de populismo de variados matices desde los años 30 con Getulio Vargas en Brasil y su Estado Novo. Sin hacer una revolución en el sentido marxista, agiganta el Estado, funda empresas públicas y reparte beneficios hasta que los recursos se agotan, se producen crisis económicas y un deterioro crónico de la economía brasileña que sólo lo corregirá Fernando Henrique Cardoso, décadas más tarde. Desmoralizado por su fracaso, tuvo la cortesía de pegarse un tiro en 1954. 

A diferencia de Argentina, una vez bien enterrado Vargas y pagadas por todos las consecuencias de su irresponsabilidad, el país marcha en un sentido totalmente contrario hasta hoy con Rousseff. Colorín colorado. Omar Torrijos mantuvo una dictadura en Panamá desde 1968 hasta su muerte en 1982, se hizo nombrar en la Constitución "Líder máximo", pero su hijo gobierna desde 2004 a 2009 con recetas liberales y democráticas que impulsaron el "milagro panameño". 

Luego del ominoso ejercicio de Allende y el Partido Socialista Chileno, que provocaron la tragedia del golpe de Estado y la dictadura de Pinochet, esa organización regresa al poder con la Concertación, pero bien lejos del populismo. Perú después de décadas de estos extravíos que lo llevaron a la postración, entre ellos Velasco y Alan García, tomó la senda contraria desde hace veinte años, y el mismo García posteriormente contribuyó a limpiar la casa. 

Pese al prejuicio existente la única esquirla de recurrencia fatal populista es Argentina, que aún hoy arde en fiebre por la enfermedad. A veces se dice bona fide que una virtud del chavismo sería "haber puesto en la agenda la pobreza". La mala noticia es que ese precisamente es uno de los rasgos esenciales de populismo, que se llama así por su apelación "al pueblo", los "cabecitas negras" de Eva Duarte para lanzarlos contra otros grupos. Sólo que el resultado de tal honor, es que los pobres se hunden fatalmente en hiperinflaciones, hiperdevaluaciones, desempleo, delincuencia, prostitución, producto justamente de haber "entrado en la agenda", y estarán condenados hasta que gobernantes serios y sin demasiados aspavientos ocupan su lugar. 

Pero hay un fenómeno nuevo que merece atención. Lo que no pudo en Venezuela la autocracia bolivariana por incompetencia, corrupción, mediocridad, parece que si avanza en Bolivia y Ecuador donde se implanta un esquema autoritario sin afectar demasiado la eficiencia productiva, sin populismo económico. A lo mejor la revolución de aquí dependerá en el futuro de subsidios de esos países. 


(TOMADO DE EL UNIVERSAL)

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viernes, 22 de febrero de 2013


MARCO AURELIO GARCÍA: UN GRAVE CASO DE ENAJENACIÓN IDEOLÓGICA

 
                   Fernando Mires
Ya he perdido toda esperanza. Es más fácil conversar acerca de tolerancia con un talibán que discutir de política con algún ideólogo latinoamericano de la "nueva izquierda". Y, sin embargo, hay que seguir haciéndolo, aunque sea para denunciar los excesos ideológicos en los que incurren.
Probablemente Marco Aurelio García no se entiende a sí como ideólogo del "socialismo del siglo XXl", pero leyendo su artículo titulado "Los desafíos de los gobiernos" no hay más alternativa que alinearlo en esa tendencia, entre otras cosas, porque ahí subscribe punto por punto la doctrina de legitimación de las autocracias y neodictaduras sudamericanas.
Según MAG, las izquierdas sudamericanas, particularmente las del Cono Sur, fueron afectadas política, organizacional y militarmente por las dictaduras que asolaron esa región. Lo que no dice MAG es que esas dictaduras no sólo fueron ejercidas en contra de las izquierdas. Víctimas de ellas fueron otros sectores democráticos, no siempre de izquierda, como ocurrió en Uruguay y en Chile. Tampoco dice MAG que los comunistas argentinos (imagino que también son de izquierda) apoyaron la dictadura de Videla siguiendo ordenes de la URSS. Calla también MAG cuando oculta que un gran sector del peronismo, particularmente fracciones montoneras, apoyó a Galtieri durante la guerra de las Malvinas. Igualmente calla cuando no dice que los Tupamaros uruguayos y otras organizaciones similares apoyadas por Cuba, posibilitaron la salida militar en diversos países del continente. 
Nadie niega, por supuesto, que los sectores más afectados por la represión militar éramos de alguna izquierda. Pero reducir el drama padecido a la contradicción izquierda- dictadura, es faltar a la verdad. Prueba es que los pilares de la lucha ant-idictatorial no estuvieron centrados en las izquierdas, aunque ellas participaron en los bloques de restauración democrática que tuvieron lugar.
Para hablar con ejemplos: Si las Madres de la Plaza de Mayo tuvieron repercusión mundial no fue porque eran de izquierda sino porque eran madres. Y si gran parte de la lucha democrática de los chilenos reposó sobre la Iglesia Católica, no fue porque el Cardenal Silva Henríquez hubiera sido un personaje de izquierda.
Ni en Brasil, ni en Argentina, ni en Chile, ni en Uruguay, ni en Paraguay, ni en Bolivia, los primeros gobiernos democráticos post-dictatoriales fueron de izquierda. Pero tampoco, en sentido estricto, fueron de derechas. Fueron formaciones centristas orientadas a facilitar el retorno de usos democráticos y el retiro de los militares a sus cuarteles. De tal modo que el auge de la izquierda debe ser entendido como un fenómeno post-transición, pero no post-dictatorial. Adjudicar a los gobiernos post-dictatoriales un carácter neo-liberal sólo porque no practicaron programas estatistas, es un abuso ideológico de enormes proporciones.
Ahora, el periodo post- transición tuvo lugar en el marco histórico determinado por el fin de la Guerra Fría, hecho que MAG calla. Si no hubiera callado habría tenido que aceptar que la intervención militar no ocurrió sólo para proteger a los "ricos" de la derecha en contra de los "pobres" de la izquierda, sino porque gran parte de esa izquierda obedecía directrices internacionales contrarias a las que primaban en el espacio político occidental.
Hasta aquí la prehistoria. Lo central es que para MAG, el gran mérito de la "nueva izquierda gubernamental latinoamericana” (la del socialismo del siglo XXl) fue el de subvertir los programas neo-liberales puestos en prácticas durante el periodo de transición.
Acerca de que es lo que entiende MAG por neo-liberalismo, es un misterio. Misterio sólo descifrable si entendemos que es lo que significa "neo-liberalismo" para gente como MAG. Para decirlo en clave de síntesis, neo-liberalismo es para ellos todo lo que no es estatista. La izquierda latinoamericana en la visión de MAG no se define como lo hicieron las primeras izquierdas por su posición a favor de la democracia, de la clase obrera, por su laicismo o por la libertad de pensamiento. Izquierda es para ellos estatismo; y punto.
En ningún momento se les pasa por la cabeza a ideólogos como MAG que el estatismo puede ser mucho más opresivo que una economía liberal políticamente regulada. Tampoco se les ha ocurrido que el estatismo pueda llevar a la práctica una economía neo-liberal. Cuba, en ese sentido, es un gran ejemplo. En ningún país del continente los derechos de las organizaciones obreras han sido más violados que en Cuba. Venezuela es un caso parecido. Después de catorce años de vida autocrática, los otrora poderosos sindicatos obreros han sido desmantelados por el gobierno militar chavista. Pero como esos gobiernos son para MAG "de izquierda" quedan a salvo de toda crítica.
A fin de fortalecer su visión de una nueva izquierda anti-neo-liberal redentora, MAG intenta imponer una visión maniquea de la historia reciente. Citemos:
"La hegemonía de las ideas neoliberales en el plano económico durante el período de transición a la democracia proyectó personajes funestos como Carlos Menem en Argentina, Collor de Mello en Brasil, Sánchez de Lozada en Bolivia, figuras centrales de un movimiento del que también formaban parte Salinas de Gortari en México y Vargas Llosa o Fujimori en Perú".
En otras palabras, MAG toma a todos los gobiernos que no son de su agrado y los mete en el saco del neo-liberalismo. ¿Pero por qué Menem y no Kirchner? ¿No eran del mismo partido? ¿Dónde está el discurso de Kirchner en contra de Menem? ¿No son seguidores de Cristina muchos menenistas de antaño? 
Si MAG analizara la política europea, hasta Berlusconi podría ser de izquierda: ¿No se ha pronunciado recientemente en contra del "neo-liberalismo" alemán?¿No levanta Berlusconi la bandera de las libertades sexuales en contra del Vaticano?  
Hasta tal punto llega la alienación  ideológica de MAG que para él Fujimori y Vargas Llosa son lo mismo, no importando que el segundo se haya pronunciado en contra de todos los regímenes dictatoriales del mundo (y MAG en contra de ninguno) y el primero haya sido portador de una autocracia militarista y populista muy parecida a la que ejerce el chavismo en Venezuela.
MAG, siguiendo esa tradición economicista que caracteriza a la política latinoamericana (de izquierda y derecha) sólo conoce un límite: El neo-liberalismo. Todo lo que no es neo-liberal (estatista) es de izquierda, incluyendo a las FARC a los que alude con el hipócrita eufemismo de "importante insurgencia rural". En palabras de MAG: 
“A pesar de esas diferencias, algunos elementos programáticos estuvieron presentes, con distintos enfoques y perspectivas, en las luchas y movimientos de los distintos países: 1) énfasis en las cuestiones sociales (combate a la pobreza, la exclusión y las desigualdades), 2) democratización del Estado y participación social, 3) defensa de la soberanía nacional e 4) integración sudamericana y latinoamericana capaz de garantizar a la región un lugar en un mundo que vivía (y vive) una intensa y acelerada transformación”.
¿De dónde saca MAG que estamos frente a una nueva versión de la izquierda latinoamericana que sustituye una hegemonía de las derechas que casi nunca ha habido? En su propio país, Brasil, el lulismo no surgió de la nada. Desde Getulio Vargas, pasando por Joao Goulart, siguiendo por F. H. Cardoso, las tradiciones predominantes han sido de centro izquierda. Lo mismo ocurre en el Perú, donde un Humala recoge antiguas banderas del APRA. O en la Bolivia de Evo Morales cuyo gobierno sólo puede entenderse de acuerdo a las tradiciones iniciadas por el MNR, y así sucesivamente.
En la gran mayoría de los países latinoamericanos, el tronco grueso de la política ha sido siempre de centro-izquierda, a veces de centro-derecha, nunca de izquierda-izquierda o de derecha-derecha, como imagina, de modo abstruso, MAG
¿Y de qué defensa de la soberanía nacional habla el ideólogo del Brasil? ¿Quién amenaza la soberanía continental en estos momentos? ¿Rusia, China? ¿O es MAG otra viuda más del "imperialismo norteamericano" con el cual Brasil ha practicado siempre las más intensas relaciones, sobre todo en tiempos de Lula?
Tampoco la política social latinoamericana ha comenzado con los gobiernos del ALBA ni con los "nuevos" gobiernos de izquierda. Es, por el contrario, de muy larga data. Mucho menos, la democratización del Estado a la que MAG hace mención, a menos de entender por ella la creación de relaciones verticales entre masa-Estado y líder, o el control del Poder Judicial por el Ejecutivo, o la creación de partidos-estados, en fin, todas esas estructuras anti-democráticas que caracterizan a la nueva izquierda latinoamericana cuando se apodera de las palancas del poder.
SI MAG no estuviera tan alienado como aparenta, podría darse cuenta de que los valores que defiende el gobierno venezolano al cual ha amparado en todas sus múltiples violaciones constitucionales, son los de las más rancias derechas del continente: militarismo, culto irracional al líder, mistificación del pasado y, recientemente, fanatismo religioso.
A la inversa, MAG podría también advertir que en la oposición venezolana se encuentra el grueso de esa centro-izquierda que dio origen no a un sistema neo-liberal (como el neo-liberalismo de Estado que practica el chavismo) sino a un largo y estable periodo de convivencia política anti-militarista, sobre cuya base, nunca sobre su negación, deberán surgir los futuros proyectos de integración social. O dicho así: las tradiciones de la izquierda venezolana, las que vienen de Rómulo Betancourt y no de Fidel Castro, se encuentran en la oposición. No en los cuarteles.
En breve: Estamos frente a un grave caso de alienación ideológica. MAG, irremediablemente, sólo ve lo que su estrecha ideología le permite. Y si gran parte de la realidad no cabe en esa ideología, el problema estará siempre en la realidad. Así nos explicamos por qué, bajo su funesta influencia, Brasil en la ONU sólo supo practicar la más antipolítica abstención, protegiendo a regímenes tiránicos como Libia ayer, Cuba y Siria hoy.
Con ese tipo de conducción, Brasil solo será una potencia económica de "clase media". Una potencia política, jamás.

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