domingo, 28 de julio de 2013

Declaración del Grupo Ávila sobre la persecución política en Venezuela

Una vez más, la Asamblea Nacional, aplicando una suerte de terrorismo de estado, pretende allanar la inmunidad parlamentaria del Diputado Richard Mardo con vistas a iniciarle un juicio penal basado en pruebas falsas y obtenidas de manera irregular.

Expresamos nuestra preocupación por esta nueva arremetida impulsada por el presidente de la Asamblea Nacional en contra un parlamentario de la Unidad democrática, que intenta tomar una decisión tan grave como el allanamiento de la inmunidad parlamentaria por mayoría simple, sin respetar las disposiciones constitucionales que exigen los dos tercios de los votos para este tipo de decisiones.

Denunciamos que este tipo de maniobras lo que persiguen es incrementar el clima de tensión política, el acoso y persecución al que están siendo sometidos los diputados de la alternativa democrática.

Alertamos a los gobiernos democráticos de la región y del mundo por esta situación que amenaza la representación ciudadana y la investidura parlamentaria.


Caracas, julio de 2013   

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La agresiva política comercial china





Ian Bremmer
¿Por qué una empresa china semidesconocida ha puesto en marcha un plan para construir un canal que atraviese Nicaragua? No se ha escogido aún ninguna ruta concreta y las dificultades medioambientales y de ingeniería a las que se enfrenta la obra son enormes, pero el Gobierno nicaragüense aprobó hace poco una concesión de 50 años a la empresa para la realización y explotación del proyecto. Se calcula que el plan tendrá un coste aproximado de 40.000 millones de dólares, una suma que es cuatro veces mayor que el PIB anual del país centroamericano. Sabemos por qué el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, está interesado en que se lleve adelante. La construcción del canal podría reducir drásticamente el número de desempleados en el país, y los ingresos obtenidos por los derechos de tránsito podrían contribuir a la lucha contra la pobreza.
Ahora bien, ¿qué motivo es el que impulsa a una empresa china a asumir los inmensos costes y riesgos asociados al proyecto? Según un portavoz de la compañía, el tráfico de buques petroleros crecerá a toda velocidad en paralelo al comercio mundial, en especial cuando la revolución energética en Estados Unidos impulse un aumento de las exportaciones de recursos energéticos a Asia desde los puertos situados en el golfo de México. Además, como ocurre con los proyectos de infraestructuras financiados por empresas chinas en África y otras partes del mundo en vías de desarrollo, las obras crearán puestos para trabajadores chinos, y el canal garantizará el paso del petróleo, el gas, los metales y los minerales que China necesita para alimentar su crecimiento.
Esta historia contiene importantes enseñanzas para los Gobiernos y las empresas que compiten con grupos chinos en todo el mundo. En primer lugar, las compañías chinas pueden permitirse correr unos riesgos que para otros son inasumibles. Las empresas de propiedad estatal cuentan con el respaldo político y económico de sus Gobiernos, y ese es un factor que les da una ventaja comercial fundamental. Pero incluso las firmas que no son propiedad directa del Estado pueden obtener condiciones de financiación muy favorables si Pekín considera que sus planes de inversión son creíbles y que redundan en beneficio de los objetivos del Gobierno. En algunos casos, incluso pueden permitirse el lujo de sufrir pérdidas cuantiosas.
Lo que tenemos ante nuestros ojos es capitalismo de Estado, un sistema en el que los Gobiernos utilizan las empresas de propiedad estatal, otras empresas de propiedad privada pero políticamente leales, bancos y fondos soberanos para hacer realidad sus objetivos políticos. Se trata de un intento sistemático de usar los mercados para construir prosperidad y, al mismo tiempo, hacer todo lo posible para garantizar que sea el Estado el que decida quién resulta beneficiado. Y ningún Gobierno practica el capitalismo de Estado a mayor escala ni con tanto éxito como China.En segundo lugar, las empresas chinas pueden hacer negocios con socios que otros consideran que representan un riesgo excesivo. La mayoría de las empresas de todo el mundo se lo pensarían antes de invertir en un proyecto cuyo éxito depende de la fiabilidad de un Gobierno como el de Nicaragua, que es históricamente hostil a los intereses de Occidente, carece de calificación de solvencia para los inversores y podría nacionalizar el canal en el futuro. Sin embargo, Nicaragua no dispone de suficientes amigos internacionales como para atreverse a enemistarse con los ricos socios comerciales de Pekín. De hecho, las empresas chinas podrían utilizar su peso diplomático para obtener unas condiciones comerciales mucho más favorables que las que proporciona el canal de Panamá.
Por supuesto, esta estrategia no se limita en absoluto a Nicaragua. China es el país cuyas inversiones más están creciendo en Latinoamérica y es ya también el mayor socio comercial de pesos pesados de la región como Brasil y Chile. Las exportaciones latinoamericanas a China aumentaron de 5.000 millones de dólares a 104.000 millones de dólares entre 2000 y 2012. La reciente visita de Estado de tres días del presidente Xi Jinping a México culminó con el anuncio de un partenariado estratégico y la expansión de los lazos comerciales, así como la garantía de que México reconoce oficialmente que Tíbet y Taiwán forman “parte inalienable del territorio chino”. Además, Canadá está desarrollando una intensa campaña para expandir su comercio con Asia en general y con China en particular.
En algunos círculos de Washington preocupa que las inversiones chinas en el hemisferio occidental sean un elemento más de la rivalidad geopolítica con Estados Unidos. Es indudable que, en Pekín, algunos piensan que el giro estadounidense hacia Asia, que incluye un mayor énfasis del Gobierno de Barack Obama en los vínculos comerciales y el traslado de recursos militares a la región, ha despertado la indignación de los dirigentes chinos, algunos de los cuales han llegado a decir que Estados Unidos quiere rodear China e impedir su crecimiento.
Sin embargo, el hecho de que la agresiva política comercial e inversora de China no sea un avance estratégico en el gran tablero de ajedrez no significa que las empresas y los Gobiernos extranjeros no deban estar preocupados por ella. Para empezar, en todos los países en vías de desarrollo, las empresas multinacionales de propiedad privada tienen que competir con las empresas estatales que cuentan con el respaldo del Estado chino y un considerable apoyo económico y político de sus respectivos Gobiernos, por lo que no compiten en condiciones de igualdad.Pero China no está creando nuevos lazos comerciales en Centroamérica y América Latina como parte de una campaña de estilo soviético para establecer una cabeza de puente en el patio trasero de Washington. China y las empresas chinas están desarrollando también cada vez más actividad en África, Oriente Próximo, el sureste asiático y Europa, donde buscan obtener beneficios de sus inversiones, tener acceso a un número cada vez mayor de consumidores capaces de comprar las exportaciones chinas y asegurar a largo plazo el abastecimiento de los recursos que necesita el país para sostener el crecimiento, crear nuevos puestos de trabajo y reforzar la estabilidad interna. Eso sin contar con que, en Pekín, muchos funcionarios bien relacionados están ganando mucho dinero con estos acuerdos y contratos.
Y, si las empresas de otros países deben estar preocupadas por la fortaleza de China, por otra parte, a los Gobiernos deberían inquietarles todos los factores que hacen a China vulnerable. Al establecer todas esas nuevas relaciones en el mundo en vías de desarrollo, Pekín está asumiendo de forma precipitada unos riesgos políticos que no va a poder gestionar por falta de experiencia. En especial, a medida que el aumento de la producción nacional de energía en Estados Unidos le haga depender cada vez menos del crudo procedente de Oriente Próximo y África, China, con sus grandes necesidades energéticas, irá involucrándose cada vez más en los problemas de la región.
Y esa es una posibilidad que debe preocuparnos a todos, porque esta potencia, aún en pleno desarrollo y con un futuro que puede ser inseguro, pronto será la mayor economía del mundo, y eso hará aflorar unas debilidades que tendrán consecuencias para todos los que hacen negocios con China y para todos cuya vida depende de la estabilidad de la economía mundial.
Ian Bremmer es fundador y presidente de Eurasia Group, la principal firma mundial de consultaría e investigación sobre riesgos políticos. Su libro más reciente esEvery nation for itself: Winners and losers in a G-Zero World, details risks and opportunities in a world without global leadership.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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UN DINTEL EN EL VIENTO

      Mario Vargas Llosa

Un voto de aplauso para el secretario de Estado John Kerry, que, luego de seis visitas al Medio Oriente, consiguió que el Gobierno de Israel y la Autoridad Palestina anunciaran que retomarían las conversaciones, interrumpidas desde hace cerca de tres años. Sólo la presión de Estados Unidos hace posible esta reanudación del diálogo, ante el cual los dos participantes parecían desganados y aprensivos. No sin razón: la última vez que lo intentaron, en 2010, la negociación duró apenas 16 horas y terminó en el fracaso más completo.
¿Habrá más suerte esta vez con esa llamita que empieza a titilar una vez más en medio del ventarrón? Hay que desearlo ardientemente, por Israel, por Palestina, por el Medio Oriente y por el mundo entero, pues si palestinos e israelíes llegan por fin a un acuerdo sensato y justo para coexistir en la paz y la colaboración, se habrá resuelto uno de los conflictos más graves y potencialmente más capaces de sepultar a buena parte del planeta en una guerra de proporciones cataclísmicas.
Pero, no hay que engañarse, los obstáculos para este acuerdo son enormes y han frustrado hasta ahora todos los intentos de lograrlo, pese a que ambas partes aceptan, en principio, la idea de que dos Estados independientes compartan la región y se establezca un sistema que garantice de manera inequívoca la seguridad de Israel. Los problemas comienzan cuando se trata de establecer la naturaleza y los límites de estos Estados soberanos. La Autoridad Palestina reclama para el Estado palestino los territorios que la división de la región por las Naciones Unidas le otorgaba antes de la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando Israel ocupó Jerusalén Oriental y buena parte de Cisjordania, una zona que hoy día está literalmente sembrada de asentamientos donde viven —armados hasta los dientes— más de medio millón de colonos israelíes, convencidos de que aquellas tierras les corresponden por derecho divino y prefiguran lo que será su designio final: Eretz Yisrael, La Tierra de Israel bíblico, que abarque desde el Mediterráneo hasta el Jordán. Los colonos no sólo no quieren un Estado palestino; harán todo lo que sea necesario para impedir que nazca.
Al movimiento ultra e intransigente de los colonos equivale, en el ámbito palestino, Hamás, una organización que practica el terrorismo, no reconoce el derecho a la existencia de Israel, quiere echar a los judíos al mar y tiene en la actualidad el control absoluto de la Franja de Gaza y un incierto pero abundante número de partidarios entre los palestinos que viven bajo la Autoridad del Gobierno de Mahmud Abbas, controlado por Al Fatah, adversario acérrimo de Hamás. Así como los colonos, cada vez que han querido frenar o impedir las negociaciones instalan un nuevo asentamiento ilegal que el Gobierno israelí se siente obligado a proteger enviando al Ejército, Hamás, que ha visto siempre con hostilidad la posibilidad de una solución pacífica y negociada con Israel, dispara cohetes desde la Franja de Gaza que causan destrozos y víctimas en granjas, comunas y ciudades de Israel, lo que, naturalmente, provoca represalias y encrespa el ambiente hasta hacerlo irrespirable para cualquier negociación.

Vivimos en una época en la que se han convertido en posibles cosas que parecían imposibles
Sin embargo, nada de esto debería bastar para impedir que, por encima o por debajo del fanatismo, los chantajes y sabotajes recíprocos, se impongan la sensatez y la razón. Ocurrió ya una vez, cuando los Acuerdos de Oslo pusieron en marcha una dinámica de paz que levantó enormes esperanzas tanto entre los hombres y mujeres comunes y corrientes de Israel como en las ciudades palestinas. Yo estuve allí en esos días de 1993 y la atmósfera que se vivía era exaltante. Y es probable que, sin el asesinato de Rabin, el proceso hubiera continuado hasta forjar una paz definitiva.
Resucitó siete años después, en 2000 y 2001, por insistencia del presidente Clinton, y probablemente en aquellas conversaciones, primero en Camp David, Washington, y luego en Taba, Egipto, es cuando estuvo más cerca de forjarse un acuerdo serio y sostenido entre ambos adversarios. Israel, a través del Gobierno de Ehud Barak, hizo en aquella ocasión una oferta que Arafat (bueno, la OLP) cometió una verdadera locura en rechazar, pues proponía devolver cerca del 95% de los territorios ocupados en la orilla occidental del Jordán y por primera vez aceptaba que Jerusalén oriental fuera la capital del futuro Estado palestino. El rechazo de esta oferta, que implicaba muy importantes concesiones de lo que hasta entonces había sido la postura de todos los gobiernos israelíes, tuvo efectos trágicos. El peor: la opinión pública israelí, profundamente frustrada por lo ocurrido, concluyó que un acuerdo era simplemente imposible y que Israel no tenía otro camino que imponer la paz a su manera. Eso explica la subida al poder de Sharon, con la tesis de que la solución la buscaría Israel por la fuerza, y luego de Netanyahu y el desplome monumental del movimiento pacifista de Paz Ahora y la izquierda más conciliadora israelí. Aquel fracaso, además de las acusaciones de corrupción y mal gobierno, contribuyó también decisivamente a debilitar a Al Fatah y permitir el crecimiento de Hamás y a popularizar su prédica extremista contraria a todo acuerdo.
Ese es el impasse del que pretenden sacar a la región los esfuerzos del Gobierno del presidente Obama. Israel ha anunciado, en señal de buena voluntad, que excarcelará a cerca de un centenar de presos palestinos, algunos detenidos desde antes de los Acuerdos de Oslo de 1993. El ministro Yuval Steinitz ha precisado que entre los liberados “habrá algunos pesos pesados”. También ha hecho saber que las conversaciones tendrán lugar en Washington, a partir de la próxima semana, y que presidirá la delegación de Israel la ministra de Justicia, Tzipi Livni, y la de la Autoridad Palestina, el antiguo negociador Saeb Erekat.
Otro de los grandes obstáculos para el acuerdo es la exigencia palestina del “derecho al regreso” de los varios millones de refugiados que, desde la guerra de 1948, debieron exilarse y viven dispersos por el mundo, a veces en campos y en condiciones misérrimas como en el Líbano. Su número es incierto, pero oscilaría entre tres o cuatro millones de personas. Israel sostiene que, si reconociera ese derecho, el país dejaría de ser un Estado judío y se convertiría en un Estado palestino, porque la población de este origen superaría largamente a la hebrea. Alega, además, no sin razón, que, al igual que los palestinos, cientos de miles de judíos han sido expulsados desde 1948 de Egipto, Irán, Irak, Yemen, Libia y demás países musulmanes.

Si la idea de los dos Estados no llega a concretarse, probablemente en el futuro volverá a incendiarse la región
Se podría seguir enumerando durante mucho rato todos los peligros que convierten en un campo minado la negociación entre palestinos a israelíes. Y, sin embargo, sería absurdo adoptar al respecto una actitud pesimista. Vivimos en una época en la que hemos visto convertirse en posibles cosas que parecían imposibles, como la transformación pacífica de África del Sur en un país multirracial y democrático, o la conversión de China Popular —el más radical de los Estados colectivistas y estatistas del socialismo marxista— en el valedor más exaltado del capitalismo (autoritario). A Myanmar (Birmania), una típica satrapía militar tercermundista, mudada en un régimen que motu proprio decidió reformarse y orientarse hacia la legalidad y la libertad. Ya no es imposible pensar que Cuba o Corea del Norte puedan mañana o pasado mañana abandonar el anacronismo ideológico que los está deshaciendo y resignarse a la mediocre democracia.
Si este nuevo intento fracasa, acaso no haya una nueva oportunidad, y sigan reinando la incertidumbre y la inseguridad que los fanáticos de ambos bandos creen favorecen a sus tesis respectivas. No es así. Si la idea de los dos Estados —uno palestino y otro israelí— no llega a concretarse, probablemente, en algún momento del futuro, volverá a incendiarse la región en un conflicto armado con miles de víctimas y enormes estragos materiales. Se equivocan quienes piensan que Israel, gracias a su potencia económica y su gran poderío militar, es ya invulnerable y que la fuerza le garantiza el futuro. Un país no puede vivir rodeado de enemigos que ansían su destrucción y esperan sólo la ocasión de hacerle daño. Y los fanáticos que creen que echarán a los judíos al mar están ciegos: a lo más que pueden aspirar es a provocar un nuevo holocausto del que serán las primeras víctimas.
En un excelente artículo en el que pasa revista a todos los desafíos que deben enfrentar israelíes y palestinos en la negociación que se va a reanudar y confiesa su propio pesimismo, Roger Cohen, en The New York Times del 23 de julio, escribía: “Mi corazón sangra. Y, sin embargo, no puedo dejar de oír lo que debe estar murmurando Mandela en su cama del hospital: ‘Pruébenme que estoy equivocado, cobardes, decidan de una vez si ganar una discusión es más importante que salvar la vida de un niño”.
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2013.
© Mario Vargas Llosa, 2013.

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Cien días de discordia

El País
Nicolás Maduro se dispone a celebrar mañana, por todo lo alto, sus 100 días en la presidencia de Venezuela. Sin embargo, instalado en una línea de confrontación permanente, el heredero de Hugo Chávez no ha logrado construirse en estos meses una imagen de gobernante, si no ya legítimo, sí por lo menos creíble.
Lejos de buscar una salida a la grave crisis política abierta tras las cuestionadas elecciones del 14 de abril, el Gobierno se afana por achicar los espacios a una oposición que crece incluso entre las antiguas bases chavistas, asediando a sus dirigentes con procesos judiciales, desatando una caza de brujas entre empleados públicos sospechosos de simpatizar con Henrique Capriles y cerrando los espacios en los medios y en la propia Asamblea Nacional.
La misma pauta destemplada aplica en el exterior. El reciente incidente con el avión del presidente boliviano, Evo Morales, provocado por la torpeza inaceptable de varios Gobiernos europeos y resuelto, como no podía ser menos, por la vía diplomática, dio pie a Maduro para arremeter contra Mariano Rajoy, al que llamó “indigno” y “abusador”. Esta misma semana se ha referido al presidente español como “corrupto” y “padrino político de la derecha fascista venezolana”. Lo mismo ha dicho de Barack Obama. Y acaba de romper el diálogo abierto con EE UU después de que la nueva embajadora ante la ONU, Samantha Power —a quien llamó “loca”— aludiera a la represión en varios países, entre ellos Venezuela. En su corto mandato no han faltado tampoco graves tensiones con Perú y Colombia. Las reacciones desproporcionadas de Maduro suelen encontrar el silencio por respuesta, lo cual podría interpretarse como que, finalmente, los líderes internacionales prefieren ignorar a su homólogo venezolano como se esquiva a un vecino pendenciero. Y eso resulta muy poco alentador.

Editori

Venezuela se halla en una situación calamitosa. Con una devaluación del bolívar del 172%, una caída del 13% en las ventas petroleras, una inflación acumulada del 25% y un desabastecimiento generalizado, la potencia petrolera está en bancarrota. El inicio de negociaciones con el sector privado es de las pocas buenas noticias en estos 100 días, en los que se registró, además, una media de 42 asesinatos diarios. Esta realidad exige de Maduro algo más que declaraciones altisonantes y denuncias de conspiraciones. Sobre todo si quiere ser tomado en serio. Dentro y fuera.

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ENTREVISTA RICHARD MARDO, DIPUTADO A LA ASAMBLEA NACIONAL (PJ)

"Me estoy enfrentando a una mafia que se disputa el poder"


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ROBERTO GIUSTI  
EL UNIVERSAL
28 de julio de 2013 
Buhonero y "humilde plebeyo", Richard Mardo representa, para los chavistas, la contrafigura del arquetipo que ellos pretenden reivindicar. Contra la postura clásica de que el pobre sólo puede ser redimido a través de la revolución ante una sociedad inmóvil, petrificada, donde la movilidad social es un imposible, Mardo encarna el arquetipo del esfuerzo individual, construido al margen del Estado, como modelo de servicio público. Un político exitoso, un self made man(el anglicismo les repele) que, para colmo de males, es el político más popular del estado Aragua. Pero Mardo, por ser todo eso y algo más, se encuentra, ahora, a un paso de la hoguera

-¿Estás plenamente consciente de que luego del allanamiento de tu inmunidad parlamentaria, ¿puedes terminar en la cárcel?

-Sí. Desde el cinco de febrero le dije al país que iba a pagar las consecuencia de no saltar la talanquera. Por eso me montaron esta olla donde participan Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Pedro Carreño, la Fiscal Ortega Díaz y los 32 magistrados del TSJ. Pero a mí no me van a derrotar todos esos poderes porque tengo la conciencia tranquila. Sigo firme y consciente de que estoy ante un caso político porque los cambios sólo se logran haciéndole frente a situaciones como ésta. Dios me la puso en el camino y la asumo con toda responsabilidad.

-¿Por qué tú?

-El 5 de febrero el Presidente de la Asamblea Nacional me llamó corrupto, ladrón, narcotraficante. Pero yo le demostré que las presentadas por él eran pruebas chimbas. Un cheque por un monto de 107 mil 336 bolívares, donde aparece Richard Mardo como beneficiario, cuando ese cheque jamás ingresó a ninguna cuenta a mi nombre. Eso sí es un delito y debe ser investigado porque es un cheque forjado. Tienen el tupé, además, de enseñarle al país una transferencia por 200 mil bolívares, que presuntamente ingresó a mi cuenta, totalmente falsa. Como lo es también otro cheque, producto de una supuesta venta de un vehículo (Toyota). Yo desarmo todo ese montaje con pruebas indiscutibles. Se trata de una vil olla mal montada y, a pesar de eso, la Fiscal Ortega Díaz me abre un antejuicio de mérito con una fotocopia. 

-El otro aspecto es la forma en que se pretende allanarte la inmunidad parlamentaria.

-Todos mis derechos han sido violados desde que nombraron al Fiscal número 10 con competencia nacional. Por eso el 25 de junio, en plena audiencia oral, les demostré cómo me negaron el acceso al expediente. Hasta ahora todas las investigaciones se han hecho a mis espaldas, inclusive en la Comisión de Contraloría. Fui condenado y nunca tuve el derecho de presentar mis argumentos.

-Si tienen conciencia de que la intención es sacarle de circulación, incluso con la cárcel, violando, como dice todas las normas y cometiendo delitos, ¿por qué entregarse, por qué prestarse a ese juego con un resultado ya cantado?

-Yo tengo una niña de casi dos años y quiero que algún día, pueda decirle, a ella y a quienes me quieren en Aragua, que tuve la voluntad de afrontar, sin miedo, las peores circunstancias. Que lo inmoral no es eterno. Que me estoy enfrentando a una mafia que se disputa el poder. Pero más temor me da irme,abandonar la lucha, que quedarme. Conozco y respeto a todos los exiliados, quienes en los últimos años han debido irse del país, pero lo he conversado con mi familia, con mi almohada y, en verdad, prefiero hacerle frente a esta situación. Quiero demostrarle al mundo que se condena primero y se investiga, cuando se hace, después. ¿Que he vivido momentos duros? Sí, pero también lo es que no tengo nada que temer.

-¿Estás seguro?

-Yo conozco las dificultades de la dura existencia desde siempre. Cuando hablo de la pobreza no es porque leí un libro o me enteré de los pobres gracias a una novela. Yo viví la pobreza. Mi origen es muy humilde. Casi siempre viví alquilado en el centro de Maracay. Y sólo hace unos seis años pude comprar un apartamento.

-¿Qué hacías?

-Mi primer grito de guerra en la vida fue "tarjeta, papel de regalo y lazo". Ahora me consigo colegas buhoneros con quienes trabajé, hombro a hombro, en el Boulevard Pérez Almarza de Maracay. Nunca tuve la oportunidad de estudiar en colegio privado. Vengo de la educación pública, incluyendo la universidad, donde me gradué de licenciado en Administración. Fui paciente, por más de diez años, en el Hospital Central. Allí supe lo que significa, para una madre, levantarse a las tres de la mañana a pedir una consulta para su hijo, volver a la casa y luego montarse en una camionetica por puesto para volver, a las seis, a esperar que atiendan al niño.

-Y el niño eras tú.

-Yo fui el menor de ocho hermanos y siempre tuve el sueño de progresar, de salir adelante. Hasta que hace unos veinte años, con un hermano, montamos una fábrica de batas maternas. Comenzamos con tres maquinitas de coser , progresamos, expandimos el negocio, nos convertimos en saneros y llegamos a tener sesenta máquinas. Pero no era fácil estudiar y trabajar y una vez tuve que dejar la universidad por un tiempo. En realidad yo quería ser odontólogo, pero esa carrera no me permitía trabajar y estudiar a la vez.

-¿Cómo y cuándo llegaste a la política?

-Esa experiencia existencial me llevó a pensar que podía ponerla al servicio de mi pueblo. Hace diez años comenzamos a pintar la primera cancha en un barrio de Palo Negro, sector Las Vegas. Pero lo hicimos con la comunidad. Así se inició una experiencia de participación popular que hoy en día nos permite decir que hemos logrado la operación de mujeres con cáncer. Pero todo eso ha requerido mucho sacrificio y voluntad política. Eso sí, sin ningún sectarismo porque las ayudas que entregamos incluye a gente de franela roja.

-Si careces de bienes de fortuna y desarrollas una política de beneficencia pública, al margen del Estado, ¿de dónde salen los recursos?

-Hay gente honesta que ayuda. Si pintamos una cancha donan pintura, balones. Si hay alguien que necesita una operación hablamos con un médico para que la haga sin cobrar. En Aragua es evidente nuestro compromiso con el pueblo, pero se ha llegado a decir (Pedro Carreño) que es un delito ayudar a la gente cuando eres funcionario público. Para mi delito es quedarse de brazos cruzados. Yo comencé a ser funcionario el 5 de enero de 2011, antes no lo era. Y durante ese tiempo organizábamos rifas, cenas, conseguíamos la colaboración de empresarios honestos. Quiero que me demuestren si me robé un solo bolívar. Además, si voy a hacer algo, ¿crees que deposito el dinero, mal habido, en una cuenta a nombre de Richard Mardo? Lo que les duele es el trabajo social que hemos desarrollado, sin muletas, porque los diputados oficialistas le deben el cargo a Chávez.

-Dices que te enfrentas a una mafia, pero para hacer esa afirmación debes tener algún tipo de evidencia.

-La evidencia más clara es que utilicen documentos forjados para llevarme a juicio.

-¿Sabes que si logran allanarte la inmunidad después vendrán otros y no pocas comunidades quedarán huérfanas de líderes?

-No voy a dejar huérfano a nadie. Seguiré luchando desde donde me encuentre. Mi pasión es tenderle la mano al necesitado. No concibo la política de otra manera. El 90% de mi vida se lo dedico a eso. En este momento estoy a punto de salir a hacer un recorrido por el barrio San Vicente de Maracay. Este fin de semana tenemos jornadas médicas en el barrio Los Olivos. Esto es lo que me gusta y lo que voy a seguir haciendo.

Si me quieren sacar háganlo con un referendo, como lo dice la Constitución, pero no utilicen la justicia y los poderes para hacerle daño a quien piensa diferente.

-¿No crees que llegó el momento de rebelarse y salir a la calle?

-Todo tiene su momento. Yo no acudo a los atajos. Mi vía siempre será la electoral. Lo poco que he construido ha discurrido por allí. No estoy en desacuerdo con las protestas consagradas en la Constitución. Ellos pueden pisotear la Constitución, pero jamás podrán hacerlo con la justicia y menos aun con la justicia divina. El poder no puede ser para joder a la gente, sino para ayudarla. A mí me están cobrando ser partidario y amigo de Herique Capriles. Pero creo que saldré adelante porque todo tiene su final y hay cosas que tienen sus días contados. 

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PIMIENTA IDEOLÓGICA

               CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ |  

EL UNIVERSAL
28 de julio de 2013
Sería necesario analizar las carencias de la alternativa democrática. Quien piense que puede conducir mejor que ella, debería asumir el reto, en pasos muy sencillos: ganarse la gente, conquistar el triunfo y recibir el agradecimiento eterno. Pero hasta la llegada de los superhéroes de Kriptón, la oposición real que remontó hasta 50% por lo menos, que desafía poderes económico, político e institucional tan monstruosos, merece una evaluación positiva. Encajó una estrategia y un lenguaje que sacó la esperanza de las catacumbas donde el radicalismo y la insensatez quieren devolverla. Se le puede ubicar en la centro izquierda democrática, modernizadora y popular. Pero le falta pimienta. Que el PSUV se edifica sobre abusos, corrupción y clientelismo, es una explicación necesaria, pero no suficiente. Su fortaleza descansa también en que sus seguidores se sienten protagonistas de un "proceso histórico", una "revolución", tal como ocurre en todas los totalitarismos y populismos. 
El gobierno se puede equivocar, pero "la revolución", "la causa", "la patria", están por encima de los errores. Algunos hablan de una "etapa plebeya" del comunismo y el fascismo. Después el "pueblo" despierta en la peor de las pesadillas: una gerontocracia criminal y la sociedad envilecida por la chivatería y la prostitución inevitables. 
Pero para derrotar una ilusión hay que crear otra. Lejos del "fin de las ideologías", la democracia venezolana sucumbió por tener unos defensores manetos, pero también frente una ideología revolucionaria, marcada por el igualitarismo populista, el odio social que Rómulo Betancourt aplastó en los 60, porque compitió con el castrismo con una plataforma que tenía misma potencia simbólica e ideológica (¡venezolano siempre, comunista nunca!) 

Betancourt: ideología victoriosa

Entre 1958-1998, la democracia fue para los venezolanos esa gran causa. Una ideología poderosa en la que se imbricaban la libertad, el progreso y la modernización, con los necesarios ingredientes emocionales que permitían la movilización popular. Por eso el gran rival del comunismo fueron siempre la socialdemocracia que Betancourt logró separar claramente del comunismo, y el social- cristianismo, -incluso a escala mundial-, y nunca los liberales, conservadores o "progres". A diferencia de lo que ocurre hoy, cuando expulsan a Honduras y Paraguay, hizo expulsar a Cuba de la OEA. A diferencia de lo que pasa en Venezuela, la democracia del siglo XXI es democracia social o no es nada. Es la que existe en el planeta, libertad y cambios sociales. Algunos sectores identifican todavía lo social con populismo, demagogia, estatismo, confiscaciones, "antiimperialismo", violencia, improductividad, control de cambios y precios, miseria. 
Ideólogos confundidos se encargan de inventar oposiciones entre fantasmas: capitalismo vs. socialismo, reformismo vs. revolución, libertad vs. justicia, incluso izquierda y derecha, y demás tonterías subsidiarias. Los progresistas por mucho tiempo eran los "rosados" que se colocaban entre la socialdemocracia y el comunismo, a los que Lenin llamó la charca, "tontos útiles" de la revolución. Por eso el olor a Perón, Castro, Velasco, Ortega, Torres, Torrijos y toda clase de badulaques, terminators, e inútiles, como los dinosaurios de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. 
El progresismo tendría que identificarse claramente con la democracia social y contrastar el cementerio de cadáveres ideológicos. A partir de los 80 se produjo una transubstanciación esencial para la política contemporánea. Felipe González, Clinton y Blair, Mitterrand, Cardoso y Lula, Fernández, Carlos Andrés Pérez, Sánchez de Losada, Bachelet, hasta llegar a Torrijos (hijo) y Alan García,aggiornaron la idea de democracia social. 

Globalización y democracia social

La izquierda rompió con el colectivismo y ahora sus componentes inseparables son democracia representativa, globalización, superación efectiva de la pobrezajoint venture entre Estado e inversión de capital, propiedad, descentralización, cambio tecnológico y reforma educativa. Romper con viejos mitos del welfarestate le permitió a Clinton ser el mejor presidente de EEUU en el siglo XX. Colocó su país (ya Reagan había dado el empuje inicial) a la cabeza del mundo. Creó 20 millones de empleos y nace en su gobierno la Sociedad de la Información. González hizo el equivalente, e incorpora España a Europa. Esa renovación se frenó porque Zapatero, Papandreu, Soares, Obama (¿) y otros no hicieron los cambios necesarios, convirtieron al mundo en un trastorno, y los tres primeros son auténticas desgracias. 

Con ellos la socialdemocracia y la democracia cristiana permitieron que los problemas se amontonaran hasta llegar a las lamentables circunstancias en que tiene que resolvérselos Merkel. Las grandes referencias pasaron ahora a Latinoamérica: Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Perú, y demuestran que ser de izquierda no debe implicar automáticamente ser tarado, pese a los esfuerzos para demostrar lo contrario desde Venezuela y el ALBA. El progresismo consiste en entrar al Siglo XXI, retomar el carril de la historia del que lo sacaron en estas dos décadas. Conquistar la democracia social.


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jueves, 25 de julio de 2013


EL VIAJE DE CAPRILES

                 Ramón Guillermo Aveledo

Vengo impresionado por el impacto político y noticioso del viaje de Henrique Capriles a Chile y Perú. Estuve allí, sus liderazgos y en la calle, la gente sencilla que quiere a Venezuela, entienden la naturaleza de nuestra lucha, que es la de David ante un Goliat con plata y sin escrúpulos.
Habló con todos los sectores y los medios siguieron paso a paso sus actividades. En Santiago conversó con líderes del Gobierno y la oposición, del presidente de la República, Sebastián Piñera, a la alcaldesa de Santiago, Carolina Toha, hija del ministro socialista de Interior y Defensa de Allende José Toha, asesinado cuando era preso de la dictadura. Los ex presidentes Aylwin y Frei, los principales dirigentes de la democracia cristiana, UDI y Renovación Nacional, el titular del Senado y el arzobispo de Santiago. En Lima se vio con la asociación Amigos de Venezuela, encabezada por el aprista Jorge del Castillo, los ex candidatos presidenciales Lourdes Flores y Pedro Pablo Kucinsky y el ex primer ministro Luis Solari, entre otras personalidades políticas e intelectuales. El ex presidente Alan García lo recibió por más de una hora. Oficialmente, el Gobierno de Humala (quien estaba en Puno) le dio la bienvenida y así lo declaró en comunicado oficial de Cancillería.
El punto de más alta emotividad fueron las reuniones con los venezolanos residentes en esos países. En la elección presidencial, Capriles superó 90% del voto en ambas comunidades. El Salón de Honor del Congreso se llenó de venezolanos el jueves. El Aula Magna de la Universidad de Lima se puso tricolor el sábado.
El Gobierno venezolano, que no entiende ni quiere entender, dedicó insultos a Capriles y a sus anfitriones. En dos puntos de Santiago y dos de Lima, militantes de extrema izquierda movilizados por la Embajada hicieron coro a la grosería oficialista y, en el caso austral, agredieron a venezolanos. En Maiquetía, un grupo organizado y uniformado nos esperaba en el mismo plan, pero la gente espontáneamente le respondió con saludos y vivas. La más clara reacción la leí en un diario santiaguino cuando, a raíz de la infeliz declaración de un ministro rojo, el jefe de los senadores socialistas de Chile dijo: "Cuando un canciller no encuentra mejor manera de referirse al diálogo entre autoridades de distintos países que términos llenos de descalificaciones, llenos de intolerancia, llenos de odio, la verdad es que uno se preocupa, se cuestiona qué tipo de democracia es la que existe hoy en Venezuela".

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