domingo, 27 de octubre de 2013

EL 99


ALBERTO BARRERA TYSZKA

Aquella mañana, ni tibia ni fría, se levantó unos segundos antes de que comenzara a sonar el himno nacional. Fue algo repentino, sorpresivo. Como si su inconsciente acabara de sentir un calambre. Apagó el despertador de un manotazo, evitando que se activara la radio, y permaneció unos segundos estático, mirando hacia el techo, que es como mirar hacia la nada. Por fin había llegado el día, el gran día, el día definitivo. Y él no quería estrenarlo. El diputado 99 deseaba quedarse así, en la cama, sin moverse, sin salir, sin ver a nadie. Solo eso. Solo cerrar los ojos y no ver pasar la historia.  
Con todo lo que ha ocurrido, con todo lo que ha hecho y deshecho el poder para conseguir un probable diputado 99, se podría escribir una gran novela de suspenso, intrigas y corrupción; un relato sobre el absurdo y oscuro manejo que ha tejido una casta dominante para gerenciar su fracaso y seguir controlando la riqueza pública y el orden institucional. La historia de un partido que, en nombre de la verdad, engaña a los ciudadanos.
Lo primero que habría que decir es que el proyecto de ley habilitante es un atentado contra el sentido común. Desde 2007 hasta el comienzo de este año, de 72 meses de trabajo, 36 han transcurrido bajo el régimen habilitante. La mitad del tiempo laboral de nuestros parlamentarios está muerto, o al menos está dedicado a faenas más intrascendentes y no su labor prioritaria, para la que fueron elegidos. No solo el diputado 99, sino también todos los otros 98, que como manada obediente sigue las órdenes superiores, están a punto de decirnos que ellos son inútiles, que no saben hacer su trabajo, que su praxis política es absolutamente prescindible. Así también se puede leer la petición de Maduro en la Asamblea Nacional. Ni siquiera siendo mayoría sirven para algo. Habilítenme, pendejos.
Porque el discurso del presidente, a pesar de las referencias eruditas, no ofreció una argumentación convincente. Demasiado Derrida y poca realidad. Y perdónenme la rima. Pero no hubo un solo planteamiento nuevo, distinto de la eterna rockola donde suenan las piezas de siempre: “La culpa es del Imperio”, “Maldita burguesía”, “No hay nadie como yo”, “No me dejes, Corazón”… Un hilo musical que el gobierno considera más potable que las promesas de Merentes y las teorías de Giordani.
Al final de su discurso, a manera de síntesis, Maduro destacó las tres razones que lo llevaban a pedir poderes especiales. La primera fue: “Para derrotar la guerra económica que se está haciendo contra nuestro pueblo”. Esta es la matriz de opinión que el oficialismo ha elegido e intenta imponer en el país. Es alienación envasada al vacío. Contaminación simbólica de alto calibre. Lo tienen todo. Tienen el capital, las leyes, las propiedades, los sindicatos… pero no quieren tener ninguna responsabilidad. Ahora la culpa es de una guerra, de un enemigo maligno. Es una propuesta tan Reagan o tan Bush que da vergüenza. ¿Acaso creen que nadie recuerda las tantas veces que nos repitieron que “la revolución” nos había salvado de “la crisis”? ¿O Chávez mintió cada vez que nos dijo que gracias al gobierno bolivariano Venezuela ya iba rumbo a ser una gran potencia económica?
El segundo motivo del resumen de Maduro fue “para acelerar las bases de la nueva ética que clama nuestra patria”. El tercero y último proponía: “Para colocar a nuestro país en la vanguardia, en la avanzada del siglo XXI”. Es difícil comentar seriamente este par de razones. Ya la inflación y los homicidios, por desgracia, nos tienen a la vanguardia del planeta. Y no hay mucho que agregar sobre la promoción ética en esta quinta república. El gobierno le ha enseñado al hombre nuevo que es mejor raspar tarjetas que trabajar.
El oficialismo quiere demostrarnos que la única forma de combatir la corrupción es con más corrupción. El 99 es un cuento cínico: la democracia es un estorbo. Para proteger al pueblo, hay que inhabilitar al pueblo.


EL NACIONAL

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ATERRIZA DENG EN ARGENTINA



Es un sueño armado con trampas encubridoras, como todos los sueños, y allí se imbrican ambiciones utópicas con abismos de frustración, recuerdos de épocas brillantes con impotencias y un deseo fuerte de encontrar la ruta de la luz. Así como en un tiempo se hablaba del "avión negro" que llegó sin ser negro (y no pudo aterrizar en Ezeiza), ahora otro avión trae en el sueño a un personaje de baja estatura, sonrisa fácil y extraordinaria flexibilidad mental. Es Deng Xiaoping, el creador de la actual China superpoderosa , que murió en 1997. ¿Para qué viene? Para repetirnos algo que ya es un lugar común: "No importa que el gato sea negro o blanco, importa que cace ratones". Deng acuñó esta reflexión mucho antes de ponerla en práctica. Quería decir: "Abramos los ojos y procedamos bien".
En la Argentina cuesta hacerlo. Nuestra cultura, nuestro espíritu, nuestros reflejos tienen tantas cadenas como China antes de la revolución que impulsó ese hombre lúcido. El culto a la personalidad de Mao y el prolongado lavado de cerebro al que fueron sometidos millones de personas, incluso más allá de las fronteras, hacían imposible generar un cambio. Más de mil millones debían resignarse a continuar bajo el modo de producción arcaico e inviable que imponía una ideología cadavérica.
Deng había formado parte de esa ideología. La había ayudado a triunfar e imponerse. Fue miembro del Partido Comunista Chino desde sus años de estudio en Francia y en la Unión Soviética. Ocupó posiciones destacadas en el partido cuando regresó a su país y estableció contacto con Mao Tse-tung, hasta ese momento poco valorado por los rusos. Entre 1927 y 1929 residió en la populosa Shanghai y organizó actividades clandestinas. La merma de muchos dirigentes comunistas provocada por la represión le dejó espacio para seguir ascendiendo en la jerarquía política. Pero las grandes ciudades se negaban a cambiar el curso de un capitalismo floreciente. Los asesores soviéticos del Komintern insistían en la movilización del proletariado urbano para hacer la revolución, como se habían convencido que sucedió bajo el mando de Lenin. Esta visión no era aplicable en todas partes, sin embargo. La cerrazón leninista-estalinista se empeñó desde sus inicios en taparse los ojos y no mirar objetivamente la realidad, aunque decía hacerlo. Frente a las dificultades de la estrategia urbana, Mao Tse-tung optó por el ambiente rural. El ejército de la República de China, más poderoso que las fuerzas rebeldes, hostigaba duro. Entonces se inició la histórica huida a través del interior del país, que se denominó Larga Marcha. Fue un acontecimiento épico, sin duda. Unos 80.000 hombres se dirigieron a zonas aisladas y montañosas, hasta llegar a la provincia norteña de Shaanxi. Pero sólo quedaba un 10% del número inicial.
La invasión japonesa de 1937 marcó el comienzo de la Segunda Guerra entre China y Japón. El ejército se olvidó de los comunistas. Pero terminada la conflagración, volvieron a enfrentarse el Partido Comunista resucitado y el Kuomintang dirigido por Chiang Kai-shek. Los comunistas siguieron fortificando sus posiciones en el campo, desde donde lanzaban devastadoras incursiones contra las ciudades. Cada vez más soldados se pasaban al bando comunista, que prometía pan, justicia e igualdad. En la última fase de esa guerra interna, Deng volvió a ejercer un papel decisivo como responsable de la propaganda y se instaló en la cúpula del poder, junto a Mao.
Sería largo detallar los vaivenes de su vida. Era un hombre que no se conformaba con el statu quo . Entendía que el estalinismo había sido un fracaso y que el maoísmo correría esa misma suerte luego del fallido -aunque muy promocionado- Salto Adelante. Propuso medidas reformistas que conmovieron al régimen, en particular al esclerótico Mao, cuyo culto a la personalidad le había disparado el narcisismo a las nubes y rechazaba cualquier cambio. Lanzó entonces una campaña contra los "derechistas" y "contrarrevolucionarios" e inició la llamada Revolución Cultural. Deng fue apartado de la cúpula del poder y decidió, con fina intuición, mantenerse en silencio y dedicado a tareas manuales.
Seis años después fue repuesto por Chou En-lai. Cuando el ímpetu reformista volvió a tomar impulso se formó la Banda de los Cuatro (con la última esposa de Mao entre ellos) y Deng sufrió otra expulsión. Recién la muerte de Mao facilitó cambios estructurales. Fue liquidada la Banda de los Cuatro y creció la tendencia modernizadora, con un revigorizado Deng Xiaoping a la cabeza, quien puso en marcha la verdadera revolución. Quizá vislumbraba los beneficios que llegarían, pero no pudo imaginar que en menos de un tiempo razonable su país se convertiría en la superpotencia mundial que es ahora.
Deng fue el audaz arquitecto de avances sísmicos. Racionalizó la planificación económica, liberó empresas del control estatal y reintrodujo el concepto del beneficio. Asombró al mundo cuando dijo: "La planificación y las fuerzas de mercado no son la diferencia esencial entre socialismo y comunismo, porque también se planifica bajo el capitalismo y la economía de mercado funciona de modo encubierto bajo el socialismo. No debemos tenerle miedo a la gestión empresarial que aplican los países capitalistas. La esencia misma del socialismo es la liberación y el desarrollo de las fuerzas productivas. El socialismo y la economía de mercado no son incompatibles. Debemos preocuparnos por el desviacionismo de derecha, claro; pero más por el desviacionismo de izquierda".
Si surgiera un Deng entre nosotros, nos haría ver cómo yacemos encadenados por ideas antiguas y prejuicios venenosos. La Argentina se ha convertido en un país marginal, fracasado, por obra de nuestros dirigentes, votados por la mayoría. Nos roe una corrupción sin límites, carecemos de una Justicia poderosa, nos saquea un Estado voraz lleno de una monstruosa burocracia improductiva, marean políticos enajenados por luchas menores y hay una enorme carencia de proyectos a largo plazo. Como se dice en la jerga marinera, somos un barco a la deriva. Pero no tiene por qué seguir así. China era un país del Tercer Mundo y cambió. La Argentina es un país del quinto mundo y también puede cambiar.
Para eso es necesario consensuar objetivos distintos. Basta de gastar en propaganda para la reina y su séquito, basta de tapar la brutal desocupación con cargos públicos que paga hasta el obrero más pobre, basta de usar el dinero de los jubilados para tapar agujeros. Todo eso es posible porque los recursos naturales y humanos sobran. Ocurre que son mal usados. Deng nos diría que ya es hora de dejar atrás el falso razonamiento populista, que promete un bienestar que jamás llega (excepto para los que se apropian del poder o funcionan como siervos del poder).
No es cierto que haya inclusión, porque se ha vuelto maciza la pobreza. No es cierto que se impulse la justicia social, porque el impuesto inflacionario es sufrido con más intensidad por el que menos tiene. No es cierto que se defienda la soberanía nacional aislándonos del mundo, porque aumenta la indefensión del país. Deng nos diría que urge la seguridad jurídica para que afluyan los millones de dólares que esperan volcarse en nuestra tierra. Diría que se deje de considerar un demonio al mercado y que dejemos de ser impotentes comunistas de un rosa anémico, dubitativo y vergonzante. Y tal vez confesaría que en China todavía queda mucho por hacer, especialmente en los campos de la democracia, los derechos humanos y la equidad. Pero nos recordaría que su revolución "capitalista" sacó de la pobreza a 300 millones de chinos (equivalente a la población de los Estados Unidos) y convirtió a su país en un polo del universo.


LA NACION
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LOS DOS ACCIDENTES DE ANGELA MERKEL
         Moisés Naim
A Angela Merkel le han pasado recientemente dos cosas importantes. De la primera nos hemos enterado todos y ha provocado un agrio debate mundial. La segunda se ha difundido poco y no ha tenido mayor repercusión: sin embargo es la que más atención merece, por sus enormes consecuencias sobre la seguridad internacional.
Comencemos por la primera. La canciller está furiosa. Tanto, que llamó por teléfono a Barack Obama para reprocharle que sus servicios de inteligencia estuvieran escuchando sus conversaciones telefónicas. Merkel después afirmó que las relaciones entre los dos países se habían visto severamente dañadas.
Y no es la única que está furiosa con Obama. Dilma Rousseff, su colega brasileña, canceló una visita de Estado a Washington cuando se supo que EE UU la espiaba. También está molesto el presidente francés, François Hollande. Y el primer ministro de Italia, Enrico Letta. Este expresó su indignación al conocerse que los servicios de inteligencia de EE UU y el Reino Unido monitorean las redes telefónicas de Italia: "Es inconcebible e inaceptable que ocurran actos de espionaje de este tipo".
¿De veras? ¿Inconcebible e inaceptable? Pues inaceptable sí, pero inconcebible no. Es tan concebible que a un jefe de Estado lo espíen como que él —o ella— espíe tanto a sus rivales como a sus aliados. ¿Estamos seguros, por ejemplo, de que Barack Obama es más culpable que sus homólogos de Rusia y China, o que cualquier otro mandatario que tenga a mano la tecnología para enterarse de lo que dicen los poderosos del mundo cuando hablan por teléfono o mandan un correo electrónico?
La diferencia es que, en este caso, se hizo público lo que todos sabían pero simulaban no saber. El enorme impacto que han tenido Wikileaks y las filtraciones de Edward Snowden es que la hipocresía ya dejó de ser un instrumento fácil de usar en las relaciones internacionales. Esta es la tesis de un fascinante artículo que acaban de publicar Henry Farrell y Martha Finnemore en la revista Foreign Affairs. Todos los Gobiernos del mundo mantienen en público posiciones que rechazan en privado. Más aun, todos los Gobiernos saben cosas sobre sus aliados que no pueden reconocer públicamente. Lo que las filtraciones de Manning y Snowden han cambiado es que ahora a los Gobiernos les resulta más arriesgado decir una cosa en público y hacer otra en privado. O decir que no saben. Merkel, Rousseff y los demás líderes que se han escandalizado al descubrir que los espías espían, lo sabían. Y ya no lo podrán seguir ocultando.
Pero todo esto no tendrá tantas repercusiones como algo que le pasó a Angela Merkel el 15 de septiembre en Dresden. Ese domingo la canciller participaba en un acto electoral al aire libre. La acompañaban en el estrado otros dignatarios, incluyendo su ministro de Defensa, Thomas de Maizière. Todo marchaba normalmente hasta que se oyó un zumbido y apareció un pequeño drone, un aparato volador teledirigido. El artefacto se dirigió directamente al estrado y se estrelló a pocos metros de la canciller. En las fotos del evento vemos a Angela Merkel con una sonrisa perpleja y a su ministro de Defensa con una mirada glacial.
¿Qué pasó? Inmediatamente el Partido Pirata se hizo responsable de lo ocurrido y uno de sus dirigentes explicó que era su manera de hacerle saber a la canciller y al ministro lo que significaba ser observados por un drone. Querían denunciar así la vigilancia del Estado alemán. El drone era teledirigido por un joven de 23 años, que explicó, al ser detenido, que su objetivo era tomarle fotos a Merkel con la cámara que había instalado en el aparato.
Las implicaciones son tanto obvias como aterradoras. ¿Qué hubiese pasado si ese drone, en vez de llevar una cámara, hubiese cargado un explosivo? Ahora que proliferan los drones de todos los precios y tamaños, ¿cómo impedir que caigan en manos de asesinos desequilibrados o de terroristas? ¿Y si se popularizan como armas para asesinar a mansalva en estadios deportivos o plazas públicas?
Los dos dispositivos militares más transformadores del siglo XXI son los artefactos explosivos improvisados (IED), tan comunes y letales en Irak o Afganistán, y los drones. La combinación de estas dos tecnologías puede hacer que los explosivos improvisados, en vez de estallar en polvorientos caminos de países remotos, comiencen a caer del cielo sobre los centros urbanos del mundo.
Es un drone casero, cargado de explosivos y en manos asesinas lo que más le debe preocupar, señora Merkel, y no tener el teléfono móvil intervenido por los espías.
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EL PAÍS

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sábado, 26 de octubre de 2013

LA GRAN FARSA



                 Américo Martin

Tuve con Heinz Dieterich unas incomprensiones que quizá no se aclararán nunca. Pero como finalmente las circunstancias lo han colocado en términos en alguna medida próximos a los míos, haré el comentario de rigor sin otro interés que tomar sus palabras como una prueba más del desmoronamiento del modelo fundado con atabales y pífanos por Hugo Chávez. Y coreado por una parte de la izquierda intelectual del mundo, en la que se ubicaba –y lo sigue haciendo- Heinz.
Por ciertas opiniones que explané sobre Raúl Castro y sus anunciadas reformas al sistema fidelista, Heinz me expresó que le parecían muy importantes y me hizo saber que las enviaría a sus amigos en la isla. Como le advertí que en las esferas dirigentes del gobierno sentían aversión por mí y en la oposición seguramente era un ilustre desconocido, me respondió –para mi sorpresa- que no imaginaba cuántos intelectuales del partido y funcionarios del Estado podrían compartir lo que yo había escrito. Comenzamos a intercambiar ideas y nos prometimos conversar en una próxima visita suya a Caracas, que nunca se realizó tal vez por lo que explico de seguidas.
Resulta que antes de nuestros prometedores intercambios yo había escrito a cuatro manos con Freddy Muñoz un libro sobre el Socialismo del siglo XXI, concepto éste falsamente novedoso del marxismo. La nueva fórmula procuraba superar las causas del hundimiento del “socialismo real” cuyo naufragio fue absoluto: incluyó todas sus variantes a lo largo de noventa años. Freddy y yo jugamos limpio. No desmantelamos lo que Chávez o sus epígonos entendían por socialismo. Eran tan evidentes sus incoherencias y disparates que habríamos sacado la tarea sin profundizar en el fenómeno mismo.
Pero convinimos que de todos los que con abuso de pedantería y pompa solemne habían pretendido definirlo, el único que de veras lo había intentado con seriedad era Heinz Dieterich y en menor grado Haiman El Troudi, todavía alto funcionario del gobierno de Maduro que ya no se ocupa del tema. Por algo será.
Lamentablemente el libro, escrito antes de mis cordiales conversaciones con Dieterich, fue editado después, de modo que sin mi culpa Heinz pudo sentirse de alguna manera engañado, pese a que –salvo mi referencia crítica a él- en contenido fue todo y lo mismo.
“Dieterich –escribí en ese libro- es el único que ha tratado de proporcionar una visión totalizadora del socialismo del siglo XXI. Pierde credibilidad con sus excesivas loas a Chávez, pero en conjunto creo que su argumentación puede debatirse aun desestimando aquellas”
Pero ya lanzado sin frenos por la autopista del ditirambo –agregué- “jura que Chávez trasciende a Simón Bolívar y actúa en forma semejante a Napoleón Bonaparte”. Solo que evocando a Hegel –acoté- asegura que el gran corso fue “el alma de su época” mientras que Chávez lo sería de la nuestra, lo que opaca severamente la obra del emperador. ¡Pobre Bonaparte! Su obra se habría contraído a los estrechos límites de una clase minoritaria, en tanto que su aventajado sucesor venezolano es “la especie humana” en cuerpo presente.
Las objeciones opuestas por Freddy y por mí al modelo chavista no solo fueron plenamente confirmadas por la realidad, sino que con una honestidad intelectual muy apreciable, Dieterich se ha acercado a ellas.
Es verdad que la muerte del caudillo pudo haberle facilitado la tarea, pero en justicia su condena del modelo antes tan venerado por él había comenzado en vida de Chávez, no obstante haber tocado el cielo con el rocambolesco y disparatado gobierno de Maduro.
Con más énfasis que nosotros, Dieterich llega a ponerle fecha de caducidad a la desdichada aventura de Maduro: “Si el gobierno no toma medidas inteligentes y drásticas de manera inmediata en lo económico y político, tiene los meses contados”, sentenció en uno de sus escritos. ¿Y cuándo sobrevendría el desastre en criterio de Heinz?
“Bajo esa premisa –escribió- considero que no llegará más allá de marzo/abril 2014. Los escenarios de la eventual caída son evidentes: movilizaciones callejeras dirigidas por Washington y la derecha, o una alianza destituidora y sustitutiva entre Fuerzas Armadas y Gobernadores”. El exabrupto pueril de esas movilizaciones “dirigidas desde Washington” no le resta importancia al comentario.
A mí no me gusta hacer pronósticos de esa índole. Me parecen como adivinanzas o juicios del tarot, y no lo digo por Heinz. Lo digo por quienes lo asaltan a uno en cada esquina para preguntar cuándo saldremos de esta tragedia. Yo confío en las tendencias y me aferro a la Constitución y las elecciones. En y con ellas la alternativa democrática, sin haber obtenido el triunfo total, ha crecido tan sostenidamente como ha venido retrocediendo el gobierno, especialmente en la singular era del madurismo.
“La política de Maduro y Cabello – remata Dieterich- se debe al intento surrealista de prolongar el modelo político-económico de Hugo Chávez, ya agotado estructuralmente en el 2010. Como el modelo no tenía nada de socialismo, el Comandante nunca tuvo la intención de destruir a la burguesía. Sólo quería que aceptara la legalidad de su gobierno. Que Maduro y Cabello ahora traten de realizar la tarea que el Comandante Chávez siempre evitó, es poco viable. No tienen su estatura, ni la voluntad, ni la ciencia para hacerlo. Tienen los dólares, los tanques, los medios y mayoría parlamentaria, pero carecen de software”
La farsa bolivariana toca a difuntos. “Llueve y escampa”, había dicho el presidente Carlos Andrés Pérez en frase más afortunada que su acosado gobierno. El enigma quedará resuelto con el gran cambio hacia la democracia.

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viernes, 25 de octubre de 2013

OCCIDENTE Y EL ISLAM


            Sadio Garavini


Las crisis en Siria, en Egipto y el reciente sangriento atentado de Al Shabab en Nairobi han puesto de nuevo el acento sobre el necesario combate al terrorismo fundamentalista islámico, para lo cual creemos necesario el conocimiento y el estudio de sus fuentes ideológicas. Occidentalismo es el título de un relativamente reciente libro en el cual los profesores universitarios Ian Buruma y Avishai Margalit hacen una breve historia del pensamiento antioccidental. En el mundo islámico, los autores subrayan y reseñan el pensamiento de tres pensadores, que han tenido y siguen teniendo una enorme influencia en el desarrollo de los grupos islámicos fundamentalistas. Los tres autores son el chiita iraní Sayyid Muhamud Talekani (1910-1979), el egipcio sunita Sayyid Qutb y el sunita pakistaní Abu-l-Ala Maududi. Talekani tuvo una muy relevante influencia en la conformación de la ideología de la revolución islámica en Irán. Rechazó tajantemente el secularismo modernizador de los gobiernos de Reza Shah Pahlevi y su hijo Mohammad Reza Pahlevi que, a la manera de Ataturk en Turquía, quisieron occidentalizar el país, a marchas forzadas, provocando la reacción inspirada por Talekani.

Talekani ataca el materialismo y la idolatría del dinero y del placer en el mundo occidental. Qutb, activista de la Hermandad Musulmana egipcia, lleva la lucha contra Occidente a extremos de mayor violencia. Después de dos años en Estados Unidos, Qutb regresó (1948) a Egipto viendo a Occidente como un enorme burdel, totalmente contaminado por la lujuria, la codicia y el egoísmo animales”.
El mundo se salvará de la inmoralidad y de la desigualdad solo si es gobernado por Dios y sus leyes. Qutb, además, fue ferozmente antijudío. Creía firmemente en una conspiración judía para controlar el poder financiero mundial. El gran choque global se dará entre la cultura del islam al servicio de Dios y la cultura de Occidente al servicio del materialismo y de las necesidades “bestiales”, como el sexo. Maududi quien fue muy activo entre los años 20 y 40 del siglo pasado fue un abanderado de un Estado regido exclusivamente por la ley musulmana (Sharia). La sociedad musulmana debía purificarse de toda influencia occidental. Maududi se opuso fuertemente al surgimiento del Estado indio secularizado promovido por Gandhi y Nehru.
La democracia es algo perverso porque es la negación del gobierno de Dios. Afirmaba que el Corán solo reconocía dos partidos: el Partido de Dios, donde militan los verdaderos musulmanes, y el Partido de Satán, donde están todos los demás.
Taleqani, Qutb y Maududi son los principales ideólogos del islamismo político fundamentalista, verdadero caldo de cultivo del terrorismo antioccidental. Hay que conocer al enemigo, para poder enfrentarlo eficazmente.

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Cambio político
  Eduardo Fernandez

El cambio más importante que habrá que asumirse en Venezuela es la construcción de un clima de unidad nacional en un país fracturado política y socialmente.

Políticamente, Venezuela está dividida en dos mitades. Dos mitades que, además, no se comunican entre sí y no parece existir ni cultura de diálogo ni voluntad para el entendimiento. Pero no es solo el factor político el que divide a los venezolanos. También estamos divididos por razones socioeconómicas y por razones culturales. Hay una minoría que tiene todo lo que necesita y una mayoría que carece de los bienes más indispensables para vivir una vida civilizada.

“Reino dividido no prevalecerá”, dice la Sagrada Escritura. Los países que tienen o han tenido éxito lo han logrado a partir de los consensos fundamentales alrededor de los objetivos compartidos por los ciudadanos de ese país.

Puedo recordar muchos casos: España, después de tres años de guerra civil y de cuarenta años de dictadura, fue capaz de lograr varias décadas de progreso sobre la base de los acuerdos logrados entre todos los actores políticos y sociales. Los Pactos de la Moncloa fueron un hito fundamental para ese progreso.

Chile, después de 17 años de dictadura, ha logrado convertirse en el país más próspero de América Latina y en la democracia más sólida, a partir de los acuerdos políticos logrados por la concertación democrática con la participación de factores sociales y económicos importantes.

En Venezuela vivimos unos largos años de progreso económico, político y social a partir de los acuerdos que se lograron en el Pacto de Punto Fijo.

Invito a los lectores a prestarle atención a lo que actualmente está ocurriendo en México, donde el presidente Peña Nieto está convocando a un Pacto por México a todos los partidos políticos y a otros actores económicos y sociales para asegurar el progreso de México por los próximos años.

En Venezuela, este gobierno o el que lo suceda, tendría que dar por cancelada la política de la confrontación y anunciar el nacimiento de un tiempo de diálogo y de búsqueda de consensos para enfrentar y resolver los gravísimos problemas que nos mantienen empantanados en el atraso y en el subdesarrollo.


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DECLARACIONES DE RODRIGO AGUDO EN NOMBRE DE LA MUD



"Las declaraciones del Ministro Agricultura Yván Gil y del Ministro de Energía, Presidente de PDVSA y Vicepresidente del Área Económica,  someten a prueba la capacidad de asombro de los venezolanos, la cual debe ser infinita.", según dijo Rodrigo Agudo, Coordinador de la Comisión Agroalimentaria de la Mesa de la Unidad Democrática.


“Cuando el ministro Gil,  señala que la “inflación está controlada” – expresó Agudo -  debe ser un gran reto para las amas de casa que se preguntarán, si es que el Sr. Ministro no hace mercado, o la comida que consume se la regala el gobierno o es que se está burlando de las familias venezolanas”.



El integrante de la Unidad Técnica de la MUD cuestionó lo dicho por Yván Gil, “¿Será que el Sr. Ministro es un gran desconocedor de la realidad del país?” y agregó, “mientras, el país, vuelve a vivir una muy alta inflación, la más alta de los últimos 15 años, agravada por una escasez sostenida durante más de 10 meses en más del 20% en términos generales, y alcanzando el 70% y 80% en productos básicos como la leche en polvo o harina precocida.



La justificación que da el señor Ministro es que hay “una guerra económica” generada contra el nuevo gobierno”.



“¿Cree el Sr Gil que el venezolano es tonto y que no viene observando la pelea de poderes que hay en la nueva administración?, como por ejemplo,  Giordani vs Merentes; o los cambios de ministros y jefes de compañías estatales; las declaraciones encontradas, protestas de trabajadores de las empresas oficiales por incumplimiento de ofertas laborales o las frustradas gestiones ante gobiernos “amigos de la revolución”, que ya no confían en la transparencia y eficiencia de la administración Maduro-PSUV, razón por la cual le niegan los préstamos para financiar el derroche y dilapidación de los recursos económicos del país”, acotó el experto agroalimentario de la MUD.



Agudo hizo referencia a la insistencia de Sr. Nicolás Maduro y su gobierno de estar en una “guerra económica”, agregando que esta es la que día a día viven las amas de casas y el venezolano en general para subsistir.



“Aquí la única guerra económica que existe, es la que tiene el Gobierno de Maduro contra la población venezolana y en especial contra el ama de casa, que debe día a día, ir zanqueando de mercado en mercado, en la búsqueda de los alimentos básicos para su familia, encontrándose que semana a semana le ajustan los precios y cada día le alcanza menos el presupuesto familiar. Todo como resultado de una gestión administrativa de un gobierno ineficiente, ignorante y altamente ideologizado”, expresó.



Agudo también destacó la contradicción existente entre lo que se establece en el Presupuesto de la Nación para el próximo año para el sector agrícola, versus lo dicho por Rafael Ramírez en cuanto a la importación masiva de alimentos,  y dijo que “es el colmo del cinismo oficial, Mientras el Ministro Gil ofrece que con el nuevo presupuesto estimado para el 2014, la agricultura se reactivará y crecerá como nunca el país lo ha visto, el nuevo Vicepresidente del Área Económica, anuncia la importación masiva de alimentos.



Ante esto, es importante recordar que este superfuncionario, refiriéndose a Ramírez,  es el mismo que anunciaba con bombos y platillos la participación fracasada de PDVSA en la refinería de Pernambuco, ¿Tendrán esas importaciones el mismo destino de esa frustrada participación?”, se preguntó.



Para Agudo, los ya escasos dólares que se invertirían en la importación anunciada, deberían destinarse en la incorporación de maquinarias y equipos; en la inversión de infraestructura productiva y en programas de transferencia tecnológica, además de  apoyo a la producción nacional, y no para seguir enriqueciendo economías de otros países en detrimento de los productores del país.



El representante del área técnica de la MUD llamó a la necesidad de establecer con urgencia un gobierno de entendimiento y diálogo para que de esa forma el país entre en la ruta del progreso. “Lo que hoy necesita el país es un gobierno que llame a la reconciliación, al trabajo mancomunado entre productores, empresarios y sector público, todos  con el único objetivo nacional de sacar el país del marasmo económico donde ha sido sumergido; un gobierno que deje atrás el odio, el llamado permanente a la guerra, a la confrontación entre hermanos, a la división de la familia venezolana, y que se dedique a trabajar por Venezuela y no por un pequeño grupo obsesionado por el culto a la personalidad e insaciable por concentrar poder”, concluyó.

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