jueves, 28 de noviembre de 2013

ZAPATAZOS


Zapatazo de este jueves 28 de noviembre de 2013
Leer más...
ESPERANDO EL 8D

autro image
Luis Pedro España


Estamos a escasas dos semanas de los comicios municipales. El evento se ha convertido en una elección cuyas lecturas van a ser mayores que las motivaciones que tuvieron los electores. Para unos, el porcentaje de la población más politizado, esta elección es un plebiscito. Puede que casi ya más de 30% de la población sabe lo que hay detrás de cada consulta popular. El gobierno siempre se adjudica mayores permisos de los que en verdad se le han dado. Por ello y sin importar la cualidad del candidato, para estos electores votar por la oposición es una línea.
Algo similar ocurre del lado del oficialismo. Parte convicción, parte interés y, la más importante, parte por dependencia socioeconómica del gobierno, estos también votaran por cualquiera que ponga el jefe de la clientela. Es así como para estas elecciones, así como las anteriores, la suerte estará del lado de ese 40% de venezolanos que por distintas razones se sienten no alineados.
Por lo poquito que van diciendo las encuestas, parece que el resultado en número de alcaldías será de un tercio para la oposición y el resto para el gobierno. Como el tercio de las alcaldías que ganará la MUD son las más pobladas, la votación seguramente será 50-50. Similar al resultado del pasado 14 de abril.
Varios eventos no medidos pueden hacer variar de manera importante este resultado. El “efecto Daka”, puede haber favorecido al gobierno al inicio, pero sus consecuencias ya visibles de desabastecimiento, abuso, discrecionalidad, recesión y desempleo pueden contrarrestar su primer impacto, lo que a su vez puede que tampoco logren medir las últimas encuestas que se hagan.
En todo caso, la volatilidad de la opinión pública quizás sea mucho mayor que la que tienen las preferencias políticas. Por ello no resulta descabellado afirmar que las elecciones del 8-D no van a ser tan malas para la oposición, como aspiraba el gobierno después de su operación electorera y suicida, pero tampoco serán tan desastrosas para el gobierno como cabría esperar después de este año de preajuste económico y, especialmente, del ajuste que nos viene en 2014.
Si ese resultado tiene lugar, pues, ni el gobierno va a tener fuerzas y respaldo para pasar liso en materia de gobernabilidad, ni la oposición tendrá cómo plantearse de manera nucleada una propuesta electoral tipo reforma constitucional, referéndum revocatorio o cualquiera de los dispositivos de salida de emergencia que están previstos en la Constitución.
Lo anterior es una mala noticia. Por un lado, y a corto plazo, el gobierno va a leer que le dieron permiso para seguir loqueando y, por el otro, la difícil tarea de consolidar una ruta y un liderazgo nacional opositor puede correr el riesgo de los loquitos de siempre.
Obviamente, es posible exactamente lo contrario. Que 52% o más de votos nacionales que pueda obtener la oposición sirva, en un contexto de agravamiento de la situación socioeconómica, como recurso al cual apelar para darle al país una nueva viabilidad política con bases constitucionales. Como se recordará, los constitucionalistas y el país “compraron” el alargamiento del período presidencial porque se crearon medios legales para acortarlo, de presentarse una crisis como la que se nos viene encima. De allí, como tantas veces se ha dicho, la importancia de estas elecciones para augurar caminos en el futuro.
Si, como se está previendo, el resultado del voto nacional no será holgado para nadie, entonces las interpretaciones cualitativas van a ser importantísimas. Caracas, como gran vitrina nacional, será la primera en marcar al “ganador nacional” con sus resultados. Posteriormente, algunos emblemas como Barinas, Maracaibo y San Francisco, Valencia y Maracay, serán el complemento del nuevo mapa político.
En definitiva, y aunque como en muchas otras oportunidades este no es otro nuevo último capítulo, la cosa está tan compleja y peligrosa para el futuro que, por favor, salga a votar.

Leer más...

¡No dejes de votar!









    LEANDRO AREA
Sería un error imperdonable dejar de ir a votar, sobre todo si te jactas de demócrata y honesto, porque estarías entregando el manejo de tu vida cotidiana a manos inescrupulosas capaces de cualquier tropelía con tal de seguir mandando y controlando a los demás !Y qué de tus principios!
Sería un error de juicio también pensar que votar es la única forma de lucha democrática. Eso es verdad. Hay mil modos posibles de ejercer tu conciencia, tu voluntad, adhiriéndola a otros o en tu yo solitario, desde el pequeño grano de arena que eres. Pero nada sobra en este momento de penurias y trances, todo falta, y tu voz, tu decisión, tu voto, puede ser la diferencia que ahnelamos, el punto de partida hacia otra perspectiva.
Sería un error de apreciación además creer que tu voto no pesa matemáticamente, porque entre tantos que son, el tuyo se diluye y así supones convertirte en estadísticamente irresponsable. No saques esa cuenta a favor de tu desazón. Enséñate a sumar y crece así con los que tenemos la esperanza, como tú, de ver en vida a un país diferente y próspero de todos.
Sería un error mayúsculo de tu parte dejar de ir a votar, más aún considerándote de oposición, porque abstenerse es abrir las puertas a lo inconcebible de que los candidatos perdedores del gobierno a alcaldías y concejos municipales ganaran por la desidia  de los que afirmamos que el gobierno de Maduro es irrecuperable por tantas razones conocidas, y el 8 de diciembre no fuimos a votar.
Sería entonces  error irreparable dejar de ejercer tu derecho electoral sobre todo si te consideras y dices ser antidictatorial y libertario, porque esta oportunidad no es igual a las otras. Esta coyuntura de ahora es la más cercana al abismo socialista al que ha llevado al país el gobierno militar-cívico, con políticas equivocadas y planificadas en La Habana para hacer el mal en vez del bien.
Sería un error de insensatez incomprensible dejar de votar, sobre todo si te sientes venezolano, patriota y digno, porque después no tendrás oportunidad frente a tu conciencia de pedirte perdón por tu falta de decisión, tu dejadez, tu abulia. ¡Qué mentira le dirás a los tuyos! A todos podrás engañar, mas no a ti mismo.
Sería pues error fatal dejar de ir a votar y entregar tu destino y el de los tuyos, en este lodazal patético de atraso a los que nos convierten en compinches y “mulas”, complices de su estilo, cargando con el fardo de tener que “caribear” a otros para conseguir un kilo de lo que sea.
Si estas letanías amigo te convencen o al menos han llamado tu atención preocupada, pónte las pilas, no te importe la edad, incorpora tu fe, sal a la calle, toma el teléfono, escribe un mail, pasa la bola, aférrate a un amor, ideal o bandera, propón una canción, baila pegao, que no quede en tu corazón la más mínima duda.
Por estas razones y más, vayamos a votar para después no andar soportando la vergüenza de ser los venezolanos que, arriados como vacas sumisas, marcharon al matadero socialista.


Leer más...
¿QUE BUSCA EL PRESIDENTE?


                  Teodoro Petkoff

TalCual

Es evidente que a Nicolás Maduro se le han subido los humos a la cabeza. Desde que asumió la presidencia su conducta se ha caracterizado por una progresiva acentuación de un talante agresivo y pugnaz que hasta ahora no se le había manifestado. Lo peor es que sus desplantes son absolutamente gratuitos. Arremete contra la oposición sin motivo alguno, en un patético empeño en imitar a Chávez, no sólo en lo que José Vicente Rangel llamó, para justificar sus intemperancias, el “estilo” de aquel, sino hasta en algunas entonaciones de la voz, que realmente caricaturizan su pretensión. Pero, en fin, esto es anecdótico.
En cambio, no lo es la atmósfera conflictivista a la cual Maduro intenta dar cuerpo. No existen hoy razones válidas para tal actitud. La desaparición de Chávez ha contribuido a crear una extraña atmósfera en el país. Es como si la gente, de todos los sectores, quisiera tomarse un respiro, lograr una “taima”, después de más de una década de incesante confrontación. Por lo demás, es natural que así sea.
De allí que el empeño del Presidente luzca extemporáneo, fuera de lugar. En vez de aprovechar el cambio de guardia producido en las alturas del poder para salir al encuentro del ansia de paz que mueve a tirios y troyanos, Maduro ha apelado a lo que cree sería la voluntad de Chávez: buscar pleito a troche y moche, venga o no a cuento. Pero, se equivoca y yerra el tiro. No es la supuesta voluntad de su antecesor la que debería impulsar sus acciones sino la voluntad del pueblo. No se necesita una finura especial de olfato para percibir que el país, es decir, el pueblo, aspira a vivir en un ambiente menos cargado de violencia, menos amenazante. La coyuntura favorece la satisfacción de esta muy natural aspiración. Gobierno no busca pleito, dijo alguien cierta vez. Y es verdad. Una cosa es que el gobierno ­cualquiera­ se defienda de ataques, o esté a la ofensiva en una situación de real confrontación, y otra muy distinta es que proceda, cuando la situación no lo aconseja, como si entendiera que su rol es vivir en permanente búsqueda de pelea.
Este camino tomado por Maduro no presagia nada bueno. Donde hay en la oposición una actitud de satisfacer la aspiración general de menos conflictividad, Maduro cree ver una pérdida de fuelle. Esta carencia de sentido de la realidad podría conducir a graves equivocaciones en el Presidente. En verdad resulta difícil entender el propósito de Nicolás Maduro. ¿Qué persigue realmente? Podría intuirse que ese lenguaje agresivo y duro está dirigido más bien a la base chavista.
¿Pensará Maduro que los chavistas del común añoran el característico comportamiento del “comandante eterno” y pretende satisfacerlos con una imitación? Si fuere así se equivocaría de medio a medio. La oposición lo ha entendido. ¿Lo ha entendido el gobierno?


Leer más...
EL 8D NO DETENDRÁ LA RADICALIZACIÓN

EUGENIO G. MARTÍNEZ 

Otra vez en una elección se venden a los ciudadanos como la última batalla entre dos modelos. Aunque ciertamente lo que ocurra el 8 de diciembre condicionará el corto plazo en Venezuela, suponer que el país se acabará ese día si gana el chavismo o que el país retomará caminos menos convulsionados por el simple hecho de que gane la oposición, es engañarse.

Existen tres formas de evaluar los resultados de las elecciones municipales del 8 de diciembre. El análisis inicial, al tratarse de 337 elecciones distintas (335 alcaldes municipales y dos alcaldes metropolitanos) se orienta a identificar a la fuerza política que obtenga más alcaldías.
El resultado de este primer análisis es muy sencillo de inferir, especialmente si se recuerda que el chavismo controla en este momento 84% de las alcaldías del país, lo que refleja el crecimiento sostenido de su control municipal en la última década. En el año 2000 el chavismo apenas gobernaba en 80 municipios; para las elecciones locales del año 2004 lograron expandir su poder a 163 municipalidades y en los comicios de 2008 obtuvieron la victoria en 265 alcaldías.

La segunda forma de evaluar los resultados del 8D es analizando la fuerza política que logre obtener (o mantener) el control de los principales municipios del país. La forma de evaluar la importancia de los municipios está asociada a su ubicación y población (municipios dentro del corredor electoral o que sean capitales de estado). Pongamos un ejemplo. Si utilizamos como referencia las encuestas que cerraron hasta el 12 de noviembre (siempre recordando que las encuestas no predicen el futuro) es de suponer que el chavismo mantendrá el control del Municipio Libertador (Distrito Capital) y la oposición logrará retener la simbólica Alcaldía Metropolitana. En este ejemplo, la tercera plaza más importante será la Alcaldía del Municipio Maracaibo (Zulia) en donde las encuestas muestran a dos candidatos apoyados por bloques políticos de similar tamaño.
La tercera forma de analizar los resultados está relacionada con el total de votación que obtenga el chavismo y la oposición.

Evidentemente el voto nacional está directamente relacionado con las alcaldías en las que pueda ganar cada fuerza electoral, más que en la cantidad de municipios que voten favorablemente por el chavismo o por la oposición.
Hasta el 9 de noviembre (antes de los anuncios económicos) distintos estudios de opinión sugerían que la imagen del gobierno de Maduro se debilitaba de forma lenta, pero sostenidamente. En este escenario no era una sorpresa inferir que la oposición (a pesar de no poder capitalizar la mayoría de las alcaldías) obtendría la mayoría en el voto nacional. No obstante, los últimos anuncios realizados por el Ejecutivo Nacional constituyen una variable que podría tener un impacto relevante en los resultados del 8 de diciembre.

Obviando el análisis del impacto negativo que tendrá las decisiones adoptadas en las últimas semanas en la vida de los venezolanos durante 2014, se debe  suponer que los anuncios de Maduro lograrán, como mínimo, detener el avance que experimentaba la oposición en las encuestas, además de reactivar el voto oficialista en sectores que exhiben un creciente desencanto con la revolución bolivariana. En otras palabras, gracias a la rebaja de precios los candidatos del chavismo podrían reducir considerablemente la brecha en municipios en que la oposición se sentía cómoda para el 8D.

Expongamos algunas hipótesis sobre el voto nacional. Tomando como referencia los resultados de ambos bloques en la elección presidencial del 14 de abril y suponiendo que la participación será de 60% del electorado (20 puntos menos de participación) se puede inferir que la oposición lograría ganar en, al menos, 96 municipios, y obtener 49,12% del voto nacional. Si se repite el escenario de abril el chavismo capitalizando 50,61% del voto nacional, lograría controlar 239 alcaldías.
No obstante, si la votación del chavismo aumenta (linealmente) en cinco puntos porcentuales con relación a los resultados del abril podría estar ganando en 254 municipios, jurisdicciones que le darían el control de 53% del RE. ¿Y si el incremento es de la oposición? Si los candidatos de la MUD logran incrementar en cinco puntos porcentuales la votación del antichavismo (en comparación a los resultados de abril) podrían tener el control de 116 municipios, que equivaldrían a  51% del Registro Electoral.

El 8 de diciembre se celebran elecciones municipales sin ninguna característica legal que le confiera el rol de plebiscito. No obstante, los resultados del voto nacional (y los municipios emblemáticos) condicionarán la actuación de los dos bloques políticos en el corto plazo. El chavismo continuará su proceso de radicalización política en 2014, gane o pierda el voto nacional. Si obtiene más votos que la oposición podría posponer algunas decisiones mientras recompone el desequilibrio económico generado para ganar; no obstante la radicalización vendrá, aunque se convierta a Venezuela en un país inviable. Incluso, si obtiene menos votos la radicalización será necesaria para cohesionar a sus electores y no ceder cuotas de poder.
Por el contrario la oposición necesita ganar el voto nacional y controlar las alcaldías más emblemáticas (o al menos repetir el escenario del 14 de abril de 2013) para tener el suficiente músculo político que le permita defender los espacios ganados (que seguramente serán desconocidos en el mediano plazo con la creación de comunas) y convertirse en una alternativa que logre, al menos, contener el avance de un modelo político totalitario que amparándose en el discurso de igualdad social está dispuesto a desconocer -y a penalizar- a todo aquel que se atreva a convertirse en una voz disidente de las ideas del supremo.


En twitter: @puzkas


Leer más...
SOBRE "PRECIOS JUSTOS"
          MAXIM ROSS   

EL UNIVERSAL

La andanada de actuaciones gubernamentales de las dos últimas semanas está montada sobre la tesis de los "precios justos", remontándonos a una era pretérita de la economía, por lo que el tema amerita un examen más riguroso, más allá de la simple retórica y la propaganda que engaña al hombre común. Como hoy no existe tal cosa les expongo una breve historia de ese concepto, ahora recuperado por la revolución bolivariana.

En sus orígenes: la usura

Desde Aristóteles hasta Lionel Robbins, filósofos y economistas han tratado de explicar el valor de las cosas, de los bienes que intercambiamos, pero si bien algunos los percibieron en la vida cotidiana del intercambio, otros los concibieron desde un punto de vista ético o de justicia. Estos encontraron un asidero perfecto para defender la idea de lo justo y lo injusto en esa "perversa" relación del dinero con el dinero: la usura, porque, al generarse un valor, los intereses en ella, no cabía explicación para su origen, salvo desde luego, la de lo justo y lo injusto. Pero la historia no se detuvo allí.

La usura, el dinero, el interés y el tiempo

Mucho tardó la humanidad en entender que el dinero tenía un valor en sí mismo y que fue el gran facilitador del intercambio, del ahorro y de la inversión y que, por consecuencia, tiene una remuneración que llamamos interés. Tampoco se conocía que los intereses tenían que ver con el tiempo. La usura, entonces, desapareció del lenguaje económico porque quedó arrinconada solo para los que se separaban de las reglas de la competencia, como veremos.

Valor de uso y valor de cambio

De aquellas antiguas explicaciones de los precios, principalmente atadas al tema de la justicia, el hombre da un "salto vital" y, como he venido indicando, es con Aquino que aparecen las primeras ideas de su uso, su utilidad, el costo y el trabajo como determinantes de los precios, hasta llegar a ese embrión del precio donde el verdadero valor de las cosas proviene de la "estimación común" que de él tiene el conglomerado social que lo intercambia, esto es, valor común, valor de todos, valor de mercado.

Del valor de cambio al precio de mercado no hay sino un solo paso, con el "salto copernicano" de Adam Smith, quien separa la historia de la prehistoria económica. La introducción de la escasez y su relación con la oferta y la demanda completa el círculo de la teoría de los precios y la competencia.
Las ideas de usura y precios justos habían desaparecido hasta ser redescubiertas por los funcionarios y legisladores gubernamentales.

Los marxistas y la justicia del valor

Todo iba muy bien hasta que Marx se atraviesa en el camino y argumenta que la justicia del valor está mal "repartida" porque unos trabajan y otros se quedan con el valor del trabajo, la plusvalía, por lo que hay de entrada un precio justo y uno injusto, solo que a Marx se le pasaron algunos detalles, entre ellos que los tiempos cambian y la relación capital–trabajo se hizo bastante más compleja que la del trabajo y el capital.  No es de extrañar, entonces, que los agentes del Gobierno hayan apelado a esa vieja tesis de los "precios justos" para justificar la intervención de los comercios y la rebaja a la fuerza de los precios.

Lo que podemos entender hoy por precio justo

Ese largo proceso de investigación condujo a la única posibilidad que tienen los seres humanos de encontrar un referente objetivo de un "precio justo", el precio de competencia, aquel en que oferentes y demandantes equiparan sus fuerzas y llegan a una "estimación común" de lo que vale una cosa, siguiendo a Aquino.  Toda diferencia sobre el precio de competencia, como por ejemplo el de monopolio, no se considere "ni "justo, ni "injusto", sino que, por definición se sale de la normal, perjudica a algunos y debe ajustarse al de competencia.
También podría considerarse "injusto", siguiendo esa jerga, cualquiera que fuese impuesto sin satisfacer a todos, como es el caso que nos ocupa de las intervenciones porque, si bien se puede considerar "justo" el que pagaron los consumidores, muy lejos están los vendedores de considerarlo "justo". La regla, volvemos, es muy sencilla: solo será justo aquel que acepten voluntariamente todos, el de libre competencia. No hay otro.

Cuando hay inflación

Cuando la economía sufre esa enfermedad endémica, la inflación, ella sí que genera un precio verdaderamente "injusto", cuando el Estado se apropia de los ingresos de las personas, de los salarios y los beneficios. Es el "impuesto inflacionario" el más "injusto" de los precios, pues infla los ingresos gubernamentales a costa de los de la sociedad.  Cuando un país se maneja con déficits fiscales crónicos, excesiva liquidez y constantes devaluaciones de la moneda origina la inflación, el reflejo del inmenso fracaso de un modelo económico que paga toda la sociedad, sin Fiscalía, Asamblea, Guardia Nacional, Milicias o Guardia del Pueblo que la proteja.

maximross@cantv.net

Leer más...
VOTAR


Diego Bautista Urbaneja


Estando ya a diez días de las elecciones del 8D, procede hacer una recapitulación de lo que tal fecha significa y de cuánto depende de lo que allí ocurra. O más exactamente, cuánto depende de lo que nosotros hagamos que ocurra. 

Para empezar por esto último, hay algo que tiene que estar completamente claro. La única forma en que la fecha del 8D no constituya un triunfo para la oposición democrática y unida es que los ciudadanos que no están de acuerdo con este gobierno se abstengan de votar en una proporción mayor a la que lo hagan los votantes oficialistas. La conclusión es obvia: hay que ir a votar. Hay mil excusas, motivos, razonamientos, que cualquiera puede invocar o hacer para no ir a votar. Todos nos los sabemos de memoria. Pero una vez que todo se ha dicho, queda en el fondo, como una realidad transparente e indiscutible, que todos y cada uno de los que se abstuvieron contribuyó a que el oficialismo obtuviera un triunfo que no corresponde a lo que la mayoría del país piensa, o a que su derrota fuera menos amplia de lo que hubiera correspondido al verdadero sentir nacional. 

Argumentos

A lo largo de la campaña, los dirigentes de la oposición, los candidatos de la Mesa de la Unidad Democrática, Henrique Capriles Radonski, han ofrecido toda una batería de argumentos para llevar a la gente a votar y para que lo hagan por esos candidatos. Los argumentos válidos van desde lo más local, a lo más nacional. Todos ellos ciertos, y todos ellos pertinentes, en grado variable según las circunstancias de cada municipio. La campaña de los candidatos ha sido en general excelente y es muy satisfactorio ver que los candidatos de la oposición democrática son de gran calidad. Lo han mostrado en sus campañas, en las que han hecho gala de gran estatura y gran sentido de sus propias circunstancias, a lo hora de mezclar los elementos de la política local con los de la política nacional. 

En cuanto a lo que está en juego en las elecciones del 8D, ha habido una variedad de mensajes, que creo se pueden resumir y unificar en algo como lo que sigue. De ser, como con seguridad serán si vamos a votar masivamente, favorables a la oposición democrática, se abrirá un nuevo panorama político en el país. Quedará consagrada una nueva mayoría. Será un veredicto de la ciudadanía en cuanto a que rechaza el rumbo que el gobierno le quiere imponer al país. Este es un resultado de importancia fundamental. Será un poderoso mensaje para el país y para el mundo. No podemos perder la oportunidad de enviárselo y de enviárnoslo. Tanto más poderoso y genuino será ese veredicto, cuanto que ocurrirá poco después de las medidas que el gobierno ha tomado para forzar una disminución de precios de numerosos artículos. Se suponía que tales medidas debían redundar en un aumento de la popularidad del gobierno, y el que siendo tan efectistas como lo son no vayan a lograr su objetivo, subraya la solidez del rechazo al rumbo gubernamental. 

Consecuencias

Las consecuencias exactas de un triunfo opositor dependen de muchos factores, por lo que no es posible predecirlas con la precisión que muchos quisieran. Dependen, por ejemplo, de cómo lea el gobierno un resultado adverso. Dependen de la magnitud del triunfo. De tantas otras cosas. Lo que quedará establecido es que la legitimidad democrática del proyecto político y económico que el gobierno proclama habrá quedado destruida. Que quede destruida la del gobierno mismo dependerá, como acabo de decir, de cómo reaccione éste ante su derrota. Si se empecina en continuar por un camino al que el país dice no, se agravarán todas las crisis: la política, la económica, la social, la espiritual, en un infernal círculo de retroalimentación. Si lee los resultados como todo gobierno democrático debe hacer, como un mandato de revisión y rectificación, estaremos en otros escenarios.

No creo que sea necesario detallar los efectos de un triunfo gubernamental el 8D, que sólo puede ocurrir si nosotros mismos, con nuestra abstención, lo producimos. Por ello he escrito este artículo en tiempo futuro y no en modalidad condicional. "Será", "ocurrirá"; en vez de "sería", "ocurriría". No se puede aceptar la posibilidad de que seamos tan ciegos como para no ver que el triunfo del 8D es un imperativo al que no podemos fallarle y que abrirá las puertas a una nueva situación política de la que todos los venezolanos, la democracia, el país como un todo, saldrán fortalecidos.

dburbaneja@gmail.com
Leer más...