domingo, 30 de marzo de 2014

De un neofascismo light al totalitarismo



Humberto García Larralde

La gestión de Hugo Chávez encajó bastante fielmente con los cánones del fascismo clásico: evocó mitos épicos (la epopeya independista) para legitimar sus ansias de poder; deliberadamente tergiversó la realidad para “justificar” estos designios; controló a los medios para proyectar una visión maniquea en la que “revolucionarios” se enfrentaban a poderosos enemigos de la Patria, tanto externos como internos; concibió a la política como una guerra por otros medios; organizó a los suyos según preceptos militares; desconoció los derechos de la disidencia para implantar un verdadero apartheid político; desató la violencia para aplastar opositores; y demolió las instituciones del Estado de Derecho liberal –entre otras cosas. No obstante, contó con dos recursos poderosos que le ahorraron tener que recurrir a los extremos de violencia, muerte y destrucción de sus antecesores: un carisma indiscutible que aglutinó tras de sí a buena parte del país, y unos ingresos petroleros jamás vistos. El reparto de la renta le hizo creer que no importaba destruir la economía privada, pues contaría para siempre con el apoyo popular. Como dolorosamente han descubierto los venezolanos durante el último año, ello resultó en “pan para hoy, hambre para mañana”.

Muerto el gran embaucador y dilapidada las arcas del Estado entre misiones dispendiosas, regalos y corruptelas, se desnuda la naturaleza fascista del régimen en toda su ferocidad. Lo que ha vivido el país durante el último mes y medio, con su secuela de represión salvaje, muertes y heridos, más de mil detenidos, persecución de dirigentes opositores y de periodistas, y la desolación desatada por bandas armadas y Guardias Nacionales, ha sido un amargo y brusco despertar. Con una eficacia digna de mejor encomio se ha concatenado un terrorismo de Estado contra el cual no parece haber amparo. Y si hubiese duda de que entramos al tenebroso túnel del totalitarismo, el régimen afianza su neolengua para encubrir crímenes e implantar la única verdad aceptable: la suya. Los “diálogos para la paz” se convocan insultando a opositores y conculcándoles sus derechos; los Guardias Nacionales que golpean y matan a mujeres desarmadas son “valientes”; se califica de “ejemplar” la conducta de las bandas paramilitares que aterrorizan a la población; los que cometen y amparan desde el poder estos desmanes llaman “fascistas” a los luchadores por la democracia; y, a pesar de la convulsión social y política que sacude al país, todo está “normal”.
Pero, al igual que salió a la superficie el rostro sanguinario y desalmado del fascismo duro, también emergieron, de manera cada vez más resuelta, las reservas morales, democráticas y libertarias que anidan en este noble pueblo, en particular, en su juventud. A estas alturas está bastante claro que la represión, lejos de aplacar la protesta, ha contribuido a afianzarla,en rechazo de estas prácticas dictatoriales. Entonces, ¿Por qué persiste el régimen en su camino destructivo y equivocado?
Es obvio que los que usufructúan a sus anchas el poder tienen demasiado que perder soltándolo. Las cifras oficiales del BCV permiten calcular que, durante los últimos quince años,pasaron por las manos de los que administran el Estado más de USA $1,3 billones (millones de millones), un promedio anual de casi $90 millardos, cifra varias veces superior a la de cualquier gobierno pasado. Más allá, la demolición de los contrapesos al Presidente, la falta de transparencia y de rendición de cuentas, y el usufructo discrecional y clientelar de estos dineros, se ha traducido en un formidable dispositivo de expoliación que ha enriquecido mucho a unos pocos, a la par que compró amplio apoyo político, interno y externo,para perpetuarse en el poder. Partir con estas mieles es simplemente inaceptable para quienes carecen notoriamente de méritos para justificarlas.
Sin embargo, aun más grave es la terrible descomposición moral y de valores que se ha producido en el ejercicio del poder. Las triquiñuelas en la OEA para evitar que María Corina hablara, la mentira descarada y repetida para enrostrarle a otros sus propias culpas –v.g. la estupidez de la guerra económica como coartada a su desastrosa conducción de lo económico-, la deshumanización y el desprecio por la vida de los demás puesta de manifiesto en los episodios de represión recientes, la depravación revelada en los testimonios de estudiantes torturados, la burla desvergonzada delas leyes por parte de un poder judicial demasiado presto a complacer al ejecutivo en todo, el desprecio por la voluntad popular al querer despojar a alcaldes y diputados electos,y la sustitución de toda norma legal por “el que me da la gana” -como es el caso de la negativa del alcalde Rodríguez en permitir que los estudiantes marchen al Distrito Libertador-, dibujan una situación de creciente anomia, en la que se enseñorea el malandraje y la violencia de bandas armadas protegidas por el Gobierno. Han soltado amarras con todo lo que significa decencia, respeto, convivencia democrática porque creen que con la barbarie se impondrán definitivamente a la protesta ciudadana.
Y en esta prolongada e intermitente versión criolla de la noche de los cristales rotos, resalta como máximo exponente de tanta perversión,el capitán Diosdado Cabello. Arremete con una absurda acusación contra Teodoro Petkoffy Tal Cual, y despliega toda su patanería para despojar “a lo macho” a María Corina Machado de su condición de diputada, porque no soporta que personas ampliamente reconocidas por su integridad, verticalidad y apego a principios de justicia y libertad, señalen con su verbo valiente y certero el abismo moral en que ha caído esta “revolución”. Como dice el dicho, “es a la sombra que prospera el crimen”. Lo humilla el honroso historial de luchas de Teodoro y la valerosa y digna actitud asumida por María Corina. Apelando a otro aforismo, la inquina y el resentimiento que exudan Cabello y los suyos en contra de ambos, no son más que“el tributo que paga el vicio a la virtud”.
De manera que hemos caído de nuevo en la disyuntiva entre civilización y barbarie que inmortalizó hace cien años Gallegos en Doña Bárbara. La acción política de los herederos de Chávez, como lo muestra Cabello, adquiere ahora una dimensión visceral en la que los bajos instintos tienen rienda suelta.En uno de sus escasas confesiones honestas, Diosdado señaló que el “comandante eterno” era quién los “contenía”. Pero tampoco el amado mentor sale liso de tanto desmán:se cosecha hoy sus catorce años de invectivas y de odios contra quienes lo adversaron.
Los militares fascistas creen estar en el país de Carujo, en el que predominan los fuertes. Toca a los venezolanos reivindicar a Vargas y hacer que el nuestro sea “el país de los justos”.


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LA ILUSIÓN DEL DIÁLOGO

Tulio Hernandez


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Cada vez que un demócrata ahonda en la naturaleza del conflicto que mantiene en vilo a Venezuela, termina en el mismo lugar: en la constatación de que estamos frente a un proyecto político que desconoce los principios básicos de la Constitución de 1999 y se niega a reconocer la existencia, los derechos e incluso, la dignidad y la humanidad misma, de la dirigencia y los millones de venezolanos que no lo adhieren.

La conclusión, entonces, es que el presente no se agota en la simple oposición a un mal gobierno, al cuestionamiento de los rojos por la inseguridad, la inflación, el despilfarro y la privación de libertades. Porque al final, gobiernos maulas siempre ha habido en todas las democracias.

Gran inseguridad hay también en México y El Salvador. Los argentinos son doctos en inflación. El Brasil de Rousseff vivió protestas masivas desatadas por las inversiones del mundial de fútbol. En el Chile de Piñera los estudiantes estuvieron con ardiente impaciencia reclamando educación gratuita. Y en casi toda Latinoamérica la libertad de expresión es motivo de conflictividad continua.

Pero, por ahora, nosotros somos el único país que en donde todas esas plagas llegaron juntas. El único, por lo menos en lo que va de siglo, donde las protestas han sido brutalmente reprimidas por el gobierno y han derivado en sublevaciones violentas, con visos de comuna de París, extendidas por el territorio y sostenidas en el tiempo. El único, además, donde salvo escarceos precisos como los ocurridos en Guatemala y Paraguay, con Zelaya y Oviedo, sus gobernantes mantienen la cantaleta incansable de un golpe de Estado en ciernes o un magnicidio inminente.

¿Dónde está la diferencia? Hay que buscarla en el hecho de que la mayoría de esos países, incluyendo Colombia que arrastra ese cadáver insepulto llamado FARC, han alcanzado niveles aceptables de convivencia pacífica entre sus ciudadanos gracias a haberse dotado de democracias, todavía insuficientes pero cada vez más avanzadas, que -con la obvia excepción de la nación cubana- permiten que haya diferencias internas con los modos de gobernar pero un acuerdo casi pleno con el sistema político conquistado.

No es ese nuestro caso. En Venezuela la élite en el poder, apoyada por una mitad de la población, se haya en estado de trance y, poseída por la idea mítica de “la revolución”, marcha obcecada -no importa cuanta institucionalidad, derechos humanos y vidas se lleve por delante-, intentando imponer a fuerza de ardides jurídicos, abusos de poder y represión militar un modelo político inconstitucional que genera resistencia convicta y confesa de la otra mitad que lo percibe como una violación de los pactos fundamentales que posibilitan la democracia. En condiciones semejantes, salvo que todos nos entregáramos a la pasividad resignada de la supresión del Estado de Derecho, la convivencia pacífica se hace imposible.

Así de simple. No estamos en una competencia democrática. En un forcejeo entre dos modos de gobernar. Estamos en una batalla entre dos proyectos de sistemas políticos divergentes y cuando eso ha ocurrido en la historia reciente de América Latina el dilema se ha resuelto por tres vías: el golpe o el autogolpe de Estado militar, abierto como en el Cono Sur, solapado como el fujimorismo en el Perú; la insurrección armada con -en algunos casos como Centroamérica de finales del siglo XX- visos de guerra civil; o, el diálogo, que lamentablemente, como en Nicaragua y el Salvador, siempre ha llegado después que la sangre de miles llegó al río.

El diálogo ha sido siempre la mejor salida. Lo sabía muy bien Adolfo Suárez al que toda España esta semana rinde homenaje. Se hace entre dos bandos que ya se mataron por miles y necesitan curar heridas. O entre dos que están a punto de hacerlo.

Pero diálogo no es monólogo con público escuchando. Ahora nos toca a nosotros. Nunca fue tan grande aquello de “Inventamos o erramos”. La frase de Simón Rodríguez a la que todo venezolano acude cuando no sabe qué hacer con su destino.     

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Relaciones desmedidas


Cristina Marcano

EL País



Cuando el doctor Janoi González aterrizó en el aeropuerto internacional Simón Bolívar, de Venezuela se sintió como si no hubiera salido de Cuba. "No había un solo venezolano, la estructura estaba dirigida por cubanos", afirma refiriéndose a una parte de la zona bajo control militar conocida como Rampa 4, de exclusivo uso oficial. El experto en radiodiagnóstico, natural de Pinar del Río, entró al país un mediodía de diciembre de 2012 sin que sus documentos fueran revisados por autoridad venezolana alguna. "No hay chequeo de migración. Unos funcionarios cubanos te dan unas palabras de bienvenida, vivas a Chávez y a la revolución, y te ponen un cuño [sello] en el pasaporte". Ese sello dice: "Válido solo Cuba Venezuela".
Janoi González es uno de los miles de cooperantes enviados por La Habana a Venezuela y, como muchos de ellos, se vio sometido a unas pésimas condiciones de trabajo y a una vigilancia aún más estrecha que la que normalmente sufre en su país natal. "Se cobraba una basura: 1.200 bolívares [entonces 200 euros según el cambio oficial y 50 en el mercado negro]". Carecía de libertad de movimientos y vivía hacinado. Al principio tuvo que compartir con seis personas una habitación de 20 metros cuadrados en un motel de Guanare, la capital agrícola de Venezuela. Luego, en la cercana Acarigua, eran “17 en cinco habitaciones, con un solo baño”, detalla por teléfono desde Estados Unidos, adonde escapó en 2013.
La Habana recibe diariamente de Caracas más de 100.000 barriles de petróleo en condiciones preferentes, que paga con trabajadores de la salud. Además, obtiene inversiones directas, créditos blandos, subsidios y millonarios contratos como intermediario de importaciones venezolanas de alimentos, bienes y equipos a terceros países.Si se observa detenidamente el mapa de América, Cuba luce como una pequeña lengua, un jirón de tierra que pareciera flotar a la deriva. Nada más lejos de la realidad. Anclada en una vieja dictadura comunista, la isla ha tenido claro dónde encontrar dólares para mantenerse a flote. En los últimos 15 años, esa lengua de 108.000 kilómetros cuadrados, con una de las economías más atrasadas, ha logrado saciar su apetito en Venezuela, un país nueve veces más grande, tres veces más poblado y con enormes recursos; entre ellos, las mayores reservas de crudo del mundo.
Miles de cubanos trabajan hoy en la Administración pública venezolana. En la presidencia, ministerios y empresas estatales. Como burócratas, médicos, enfermeras, odontólogos, científicos, maestros, informáticos, analistas, técnicos agrícolas, de electricidad, obreros y cooperantesculturales. También en seguridad, inteligencia e, incluso, en las Fuerzas Armadas.No es todo. En este caso, la lógica de la historia según la cual los países más poderosos suelen influenciar políticamente a sus vecinos más pobres se ha ahogado en el Caribe. Aparte de una ayuda estimada en 8.700 millones de euros anuales, Cuba tiene un poder sin precedentes sobre el Gobierno de la mayor potencia petrolera de Sudamérica. Y otra excepción. No ha sido impuesto. Los cubanos no han tenido que disparar un tiro. Desde finales de los noventa comenzaron a cruzar los 1.450 kilómetros que los separan de Venezuela por invitación del presidente Hugo Chávez, quien puso su seguridad, su salud y mucho más en manos de sus camaradas antillanos.
La mayoría son además milicianos. "Tenemos en Venezuela más de 30.000 cederristas cubanos de los 8,6 millones de miembros que tiene nuestra organización", reveló en 2007 Juan José Rabilero, entonces jefe de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) cubanos, en un acto público en el Estado de Táchira, al oeste de Venezuela. Nada hace pensar que esa cifra haya disminuido. Aproximadamente el 70% de la población cubana forma parte de ese sistema de vigilancia y delación.
Los cubanos manejan el sistema de identificación de los venezolanos, sus cédulas de identidad y pasaportes; sus registros mercantiles y notarías públicas. Saben qué propiedades tienen y qué transacciones hacen. También codirigen sus puertos y tienen presencia en aeropuertos y puntos de control migratorio, donde actúan a sus anchas. La firma cubana Albet, SA, de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), que maneja los sistemas del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME), tiene tanto poder que no permite el acceso de venezolanos al último piso de la sede central del servicio en Caracas. También son cubanos los sistemas informáticos de la presidencia, ministerios, programas sociales, servicios policiales y de la petrolera estatal, PDVSA, mediante la empresa mixta Guardián del Alba.
Aunque los cubanos suelen relacionarse solo lo estrictamente necesario con la población local debido a que el reglamento disciplinario sanciona las "relaciones desmedidas con nacionales", su presencia se siente. "Se produce la paradoja de que los cubanos dependen económicamente de nosotros y sin embargo tienen una influencia política sobre nosotros muy fuerte", destaca la historiadora Margarita López Maya, quien simpatizó con el proyecto chavista en sus primeros años y se apartó criticando su deriva autoritaria.La venta de estos servicios, de discutible calidad y cuyas web son de estética castrista, es obra de Ramiro Valdés, segundo vicepresidente del Consejo de Estado cubano, considerado el hombre más cercano a Caracas, después de Fidel y Raúl Castro, y su principal asesor en tácticas de represión política, según algunas fuentes.
Los cubanos saben casi todo de los venezolanos, pero estos desconocen en realidad cuántos cubanos trabajan en el país, cuánto cobran por sus servicios y los términos de los acuerdos de importación de sus servicios, mantenidos por el Gobierno venezolano en secreto.
Según las últimas cifras oficiales, de mediados de 2012, en Venezuela había un total de 44.804 cooperantes en las llamadas misiones sociales: 31.700 en salud (11.000 médicos, 4.931 enfermeros, 2.713 odontólogos, 1.245 optometristas y 11.544 no especificados), 6.225 en deporte, 1.905 en cultura, 735 en actividades agrícolas, 486 en educativas y 54 en atención a discapacitados. Sin embargo, se presume que podrían duplicar esa cantidad. No hay datos oficiales sobre los que trabajan en el sector eléctrico, de la construcción, en informática, en asesoría de seguridad al Gobierno y en otras áreas.

Los médicos cubanos son enviados en carácter de esclavitud moderna”, dice la ONG Solidaridad Sin Fronteras
El general retirado Antonio Rivero, excolaborador de Chávez, asegura que actualmente en el país hay más de 100.000 cubanos, entre ellos 3.700 funcionarios de su servicio de inteligencia, el G2. "Nada más en seguridad y defensa, estimamos que puede haber unas 5.600 personas". Y afirma que hay cubanos en las bases militares más importantes del país. "En la Fuerza Armada hay unos 500 militares activos cubanos que cumplen funciones de asesoría en áreas estratégicas: inteligencia, armamento, comunicaciones e ingeniería militar. También en el área operativa y en el despacho del ministro de la Defensa, que cuenta con un asesor cubano permanente con el grado de general".
Según el oficial, que trabajó como jefe de telecomunicaciones de la presidencia y fue director nacional de Protección Civil, la presencia de La Habana se remonta a 1997, cuando 29 agentes cubanos encubiertos se establecieron en Margarita y en 1998 ayudaron a Chávez en la campaña electoral en tareas de inteligencia, seguridad e informática.
Rivero pidió la baja en 2010 y denunció ante la Fiscalía y la Asamblea Nacional la injerencia de Cuba en las Fuerzas Armadas con documentos, grabaciones y casi un centenar de fotografías. Fue acusado entonces de ultraje al Ejército y de "revelar noticia privada o secreta en grado de continuidad”. Actualmente está en libertad condicional.
Ante sus denuncias, Chávez admitió entonces una cooperación menor con el Ejército. "[Los cubanos] nos han dicho cómo almacenar las brújulas, cómo reparar las radios de los tanques y cómo se debe almacenar la munición"."Los militares cubanos comienzan a llegar después de 2007. Su asesoría incluye un área educativa, de ingeniería militar en construcción de fortificaciones y en la doctrina, donde cambia el concepto de guerra planteado por el de la guerra asimétrica, que implica involucrar a la población civil en un sistema de defensa", explica el general.
En 2013, la oposición obtuvo y divulgó una grabación en la que el conductor de un programa de televisión en el principal canal del Estado, Mario Silva, confirmaba la presencia de antillanos en los cuarteles. En ella se le oía: "Ayer tuvimos una reunión de inteligencia con dos camaradas cubanos, dos oficiales cubanos, en Fuerte Tiuna", decía Silva al agente cubano Aramís Palacios. Rivero afirma que por el país han pasado y siguen pasando militares cubanos de alta jerarquía como el general Leonardo Andollo Valdés, segundo jefe del Estado Mayor de Cuba. “Él es el encargado de todo el trabajo militar que hacen los cubanos en el país en seguridad y defensa”, señala. Andollo y otros oficiales del Grupo de Coordinación y Enlace de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba en Venezuela (Gruce) han sido fotografiados en guarniciones militares del país mientras oficiales venezolanos compartían con ellos información estratégica.
"Chávez buscó siempre que nuestra Fuerza Armada Nacional (FAN) se adecuara a la cubana. Era vital para consolidar su proyecto socialista", sostiene Rivero. Un funcionario de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), que no quiso ser identificado, indicó que sus pasos son seguidos de cerca por agentes de La Habana.
Venezuela es el principal socio comercial de la isla, muy por encima de China, Canadá y España. "La economía cubana creció a costa de la venezolana durante la crisis financiera global. Cuba recibe créditos de Venezuela a tasas del 1% cuando, en promedio, Venezuela se endeuda con el resto del mundo a una tasa del 12% anual. Estamos hablando de una economía que obtiene en apoyos un total de unos 8.700 millones de euros al año, 726 millones de euros al mes", señala el economista venezolano Ángel García Banchs.
Se trata de un viejo sueño acariciado por Fidel Castro desde los años sesenta, cuando dio entrenamiento, dinero y hombres a la guerrilla venezolana. Ahora, como antes con la Unión Soviética, Cuba encontró en el único petroestado de Latinoamérica su gallina de los huevos de oro.Nada más en materia petrolera, agrega, "el subsidio está por el orden de los 3.600 millones de euros anuales, a razón de más de 100.000 barriles diarios".
A cambio, se desconocen los beneficios económicos que Venezuela obtiene de su alianza con la isla, que paga la factura petrolera con servicios profesionales y técnicos sobrevalorados. Cuba exporta a sus trabajadores a un precio muy superior de lo que les paga, en una exitosa modalidad de explotación laboral y penetración ideológica.
En 2010, Venezuela pagó unos 3.950 millones de euros en servicios profesionales, de acuerdo con un informe del economista cubano Carmelo Mesa-Lago, profesor de la Universidad de Pittsburgh, "un promedio de casi 100.000 euros anuales por profesional, 27 veces el salario promedio de un médico venezolano". Es decir, 8.225 euros mensuales por cooperante.
En 2011, Venezuela pagó aún más: 9.745 euros mensuales por cada cooperante de salud, según se desprende del Acuerdo de Compensación de Deudas suscrito entre la petrolera estatal PDVSA y el Banco Nacional de Cuba. El documento precisó que la factura de la Misión Médica Cubana por los servicios prestados en el último trimestre de ese año sumó más de 925 millones de euros. Pero solo una ínfima parte llega a los bolsillos de los trabajadores enviados por el Gobierno cubano. Según Solidaridad Sin Fronteras, ONG de Miami que en el último año y medio ha asistido a más de 3.000 cooperantes que han huido de este país sudamericano, cada médico recibe alrededor de 180 euros mensuales.
"Los médicos cubanos son enviados por el régimen de La Habana a otros países en carácter de esclavitud moderna, son sometidos a muchas horas de trabajo y la paga es prácticamente mísera mientras que la dictadura cubana recibe miles de dólares por cada profesional”, asegura Julio César Alfonso, de la ONG Solidaridad sin fronteras.Un cooperante de una de las misiones en Caracas, que pide anonimato para evitar represalias, asegura que actualmente el Gobierno venezolano le da un estipendio de 3.000 bolívares al mes (unos 180 euros en la tasa oficial y unos 26 en el mercado negro) y el Gobierno cubano le deposita en una cuenta en la isla 225 pesos cubanos convertibles (CUC), equivalentes a 225 dólares (163 euros). El margen de ganancia para el Gobierno de los Castro en este envío de trabajadores lo convierte en un negocio redondo y es considerado por Mesa Lago como un “subsidio encubierto”. En el caso de los técnicos de salud, a quienes Cuba paga al mes 125 CUC (90 euros), el margen de ganancia es todavía mayor.
Los funcionarios que dirigen a los cooperantes en Venezuela son de alto nivel. El jefe de la Oficina de las Misiones Sociales Cubanas en Venezuela, Víctor Gaute López, ocupa el lugar 16º en el Comité Central del Partido Comunista cubano, integrado por 118 miembros. El embajador cubano en Venezuela, Rogelio Díaz Polanco, es el último de esa lista.
La Habana también vende educación. Según datos oficiales, han formado 14.000 médicos venezolanos y actualmente forman a 19.000 más. Aunque se trata de una relación económicamente desigual, el Gobierno venezolano se comporta como si estuviera en deuda con Cuba. En palabras de Janoi González, "quien paga manda, excepto en Venezuela". Pero el chavismo nunca ha tenido expectativas de obtener beneficios comerciales, sino políticos. Y en ese terreno, hasta ahora los Castro han servido a sus propósitos de mantener un poder hegemónico y bloquear a la oposición.
El propio Chávez admitió en una ocasión que si no hubiera sido por Fidel y su idea de lanzar las primeras misiones sociales, que reflotaron su popularidad, hubiera perdido el plebiscito de 2004 que le mantuvo en el poder.
López Maya recuerda la influencia de las transnacionales petroleras en las primeras décadas del siglo XX y la del sector militar norteamericano en todos los ejércitos de América Latina, incluyendo el de Venezuela, durante la guerra fría. Pero entonces, dice, “había una subordinación económica y ahora con Cuba hay una subordinación en términos del socialismo”.La historiadora López Maya advierte la insólita situación de dependencia. "Sin la ayuda de los Gobiernos venezolanos, posiblemente ya hubiera colapsado la economía cubana, y sin embargo existe una situación de subordinación a políticas cubanas por la experticia que tienen en el socialismo, por la admiración que le profesan y por la desconfianza de este Gobierno a sus profesionales y a sus cuadros preparados para el ejercicio del poder". Ningún otro país había tenido tanto poder en Venezuela desde la época de la colonia. Ni siquiera Estados Unidos, en su momento de mayor injerencia en la región, llegó a tanto a pesar de que tuvo una oficina militar dentro de Fuerte Tiuna hasta 2002.
Por el momento, la dependencia está garantizada. El presidente Nicolás Maduro, fiel admirador de los Castro desde su paso por la Escuela de Formación Política de La Habana a mediados de los ochenta, parece necesitarlos aún más que Chávez para asegurarse el control político de los suyos y de toda la sociedad venezolana. A cualquier precio.

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¿ DE DONDE SACAR MAS DOLARES ?

Sergio Arancibia

 
         Tal Cual
Super simplificando las cosas podríamos decir que uno de los problemas centrales de la economía venezolana actual es que se quedó sin dólares. Aun cuando las exportaciones petroleras deberían aportar una cantidad más que suficiente de dólares como para mantener en funcionamiento una economía como la venezolana, el hecho concreto es que hoy en día hay escasez, inflación y falta de producción como consecuencia de la carencia de dólares. Una de las cosas casi milagrosas que ha logrado el régimen actual es haber convertido a un país como Venezuela en un país pobre, que carece de muchas cosas y que no puede enrumbarse en una senda de crecimiento, a pesar de tener los ingresos petroleros más altos que se han presentado en toda su historia.
El Banco Central de Venezuela - por pudor o por presiones inaceptables en un organismo que debería tener mayores grados de autonomía - no ha publicado hasta el día de hoy la balanza de pagos con que cerró el año 2013. No hay cifras oficiales, por lo tanto, sobre el origen y la utilización  de las divisas que recibió el país en el año inmediatamente anterior. Hasta el año 2012, la costumbre institucional era que esos datos se publicaban, aun cuando en forma provisoria, en los últimos días del mes de diciembre. Ahora, nada. Impidiendo la publicación de la cifras se pretende ocultar la realidad.  Pero todo el circo de este año con Cadivi y con el Sicad I y II no es sino la confirmación clara y nítida de que el país se quedó sin dólares y no hayan como repartir lo poco que queda.
Para que las cosas vuelvan a equilibrarse se necesita que fluyan más dólares hacia la economía venezolana y que se gasten menos dólares en gastos que se pueden evitar. Es decir, la vieja receta de tratar de aumentar los ingresos y reducir los gastos. 
Para aumentar los dólares que fluyen hacia la economía nacional las recetas no son muchas y no hay mucho de donde inventar. Hay tres mecanismos posibles: aumentar las exportaciones, aumentar le deuda externa, o aumentar las inversiones extranjeras que se realizan en el país. En otro contexto hubiera sido posible recurrir a los ahorros acumulados en los años de vacas gordas, pero en el caso de Venezuela esos ahorros no existen. Se gastó en su  momento todo lo que se pudo, e incluso un poco más, por la vía de endeudarse. Ahora no queda nada.
La alternativa de aumentar las exportaciones es enteramente posible. Es posible aumentar las exportaciones petroleras, en la medida que se profesionalice la industria petrolera y se hagan las inversiones necesarias. También la exportaciones no petroleras son posibles de aumentar en la medida que se tomen la medidas cambiarias correspondientes y en la medida en que se agilicen los procesos aduaneros. Seguir endeudándose no es tan  fácil, pues el sistema financiero internacional está más seco que hace algunos pocos años atrás, y el prestigio o la imagen de Venezuela, o por lo menos de este gobierno, no asegura la colocación de nueva deuda a una tasa de interés medianamente aceptable. Atraer inversión extranjera es bastante difícil en las condiciones actuales, donde el gobierno no deja sacar o repatriar las utilidades que ese capital obtiene de sus operaciones en el país.
El otro mecanismo de ajuste - que es el que en mayor medida trata de implementar el gobierno actual - es gastar menos en importaciones de todo tipo de bienes de producción o de consumo, con lo cual obliga a que los bienes correspondientes suban de precio – ya sea por su escasez y por el mayor precio de los dólares con  que se importan los insumos- y se reduzca, por lo tanto,  la capacidad adquisitiva o de consumo de la población. Paralelamente, se ha optado por retrasar el pago de  las deudas comerciales acumuladas, con lo cual se acelera el déficit de mercancías importadas, pues los proveedores internacionales no quieren seguir vendiendo nada a crédito a Venezuela.
Pero también otros mecanismos posibles de utilizar para reducir gastos. Se puede y se debe reducir la ayuda a las personas, movimientos, partidos  y gobiernos amigos en todo el mundo, que “chulean” abiertamente al gobierno venezolano. Se pueden reducir las ventas a crédito del petróleo a países extranjeros. No tiene sentido contraer deudas a elevadas tasas de interés, para poder canalizar crédito comercial barato a países amigos. Se  puede reducir la compra de armamento, que parece alcanzar a varios miles de millones de dólares, según declaraciones recientes de sus proveedores rusos. Se puede también adecentar la entrega de dólares, de modo que no veamos nuevamente la entrega de 20 mil millones de dólares a personajes todavía anónimos que hicieron importaciones chimbas, y cuyos nombres han pasado a ser secreto de estado para la actual administración.

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ENTREVISTA A MONSEÑOR PÉREZ MORALES

“El país está partido en dos y así no puede funcionar”


Monseñor Ovidio Pérez Morales, ex presidente de la Conferencia Episcopal  Venezolana y arzobispo emérito de Los Teques,  no oculta su profunda angustia por la crisis política en que está sumido el país. Por eso hace un llamado al presidente Nicolás Maduro y a las fuerzas políticas a buscar consensos para formar un gobierno de transición que logre encauzar la nación.
“No podemos salir adelante con un país descuartizado y dividido. El país no puede ser solo para algunos. La unidad de un pueblo no es uniformidad, una comunidad tiene que ser plural en su manera de pensar y en sus posiciones ideológicas y culturales”, dijo.
Afirmó que el país se mueve cotidianamente al margen de la Constitución y que se está frente a un proyecto totalitario que pretende tener control total sobre el ciudadano. “Es necesario volver a la Constitución”.
—Usted propuso la formación de un gobierno de transición, de integración, de unión que abra paso a una gobernabilidad sólida y estable. ¿Cómo surge esta propuesta?
—Va a dirigida al presidente Nicolás Maduro, y no se trata de una vía alterna a la Constitución. No es mi competencia cómo o quiénes serían los encargados de tejer estos acuerdos. El país está partido en dos y así no puede funcionar. Hay problemas económicos y políticos muy graves. Hay que buscar consensos que permitan el desarrollo de la nación. El problema más grande que enfrentamos es la pretensión del oficialismo de imponer el llamado Plan de la Patria, que es la concreción del socialismo del siglo XXI. Hay que salir de la parálisis de este país y tener una democracia pluralista. No se trata de quitar a unos para poner a otros, este país tiene que ser construido por todos.
—¿Ese documento que usted escribió sobre el gobierno de transición se lo envió al presidente?
—Sí. También lo he hecho llegar a otras instituciones, y a mis compañeros de la Conferencia Episcopal. No me mueve otro interés que el país, mi vida de cargos y posiciones, ya pasó.
—Por qué cree que el Plan de la Patria es el mayor problema que enfrentamos?
—En enero de este año la Conferencia Episcopal se manifestó en contra del Plan de la Patria porque está al margen de la Constitución y es moralmente inaceptable. El socialismo puede ser por momentos un concepto amplio, o vago, pero el socialismo del Plan de la Patria y el socialismo del siglo XXI bolivariano es de corte marxista-leninista, y tiene como modelo próximo el comunismo Castro-cubano. No es un socialismo democrático, sino un salvaje capitalismo de Estado.
—Usted ha dicho que Maduro pretende imponer un gobierno totalitario. ¿Cree que estamos ante una dictadura?
—Hay muchos rasgos de dictadura y, lo que es peor: un proyecto de tipo totalitario. El socialismo del siglo XXI busca el control del ciudadano. En una dictadura se tiene el control político y económico, y una persona puede mantenerse al margen sin ser afectada, un estado totalitario busca controlar a la persona en su globalidad. Aquí vemos cómo los medios de comunicación son aparatos de propaganda y se pretende ideologizar a través de la educación.
—¿Ese gobierno de transición incluye al presidente?
—El llamado que hago es para Maduro, no se trata de ninguna propuesta inconstitucional. El cómo construirlo es otro tema. Hay gente experta en diálogo y negociaciones. Cuando me refiero a los últimos resultados de las presidenciales, es para que se tenga en cuenta que este es un país diverso. No puede haber diálogo convocado desde un centro de poder, que sea como pasar por las Horcas Caudinas.
—¿Cómo cree que puede formarse ese gobierno de transición si Maduro no está abierto al diálogo con la oposición?
—La apertura al diálogo no se tiene por una especie de voluntad o decisión graciosa, son las circunstancias las que hacen posible el encuentro. O nos unimos, o nos hundimos.  La realidad presiona y llega un momento en que la necesidad obliga. Hay experiencias en la historia aleccionadoras: cuando cayó el muro de Berlín, allí nadie fue fusilado, no hubo heridos, ni ninguna hecatombe.
—¿Cómo evalúa el diálogo que tuvieron los estudiantes, MUD y ONG de derechos humanos con la Unasur, y la respuesta de la OEA ante la frustrada intervención de María Corina Machado?
—Los estudiantes están en la calle protestando por su futuro. Los organismos internacionales están mediatizados, pero es notable que no haya una conducta adecuada en relación con la democracia. Tienen doble balanza, para los amigos y los no tan amigos.
—¿Cómo evalúa la represión del gobierno ante las protestas de la ciudadanía?
—El primer factor de violencia en el país es la imposición de un proyecto socialista totalitaria. El gobierno ha exacerbado la violencia y, aunque los estudiantes hacen protestas que quizá debieran evitar, como las guarimbas, se han violado los derechos humanos y se ha abusado desde el poder. Parece que viviéramos en un país con tropas de ocupación.
—¿Cómo puede haber una transición con un gobierno que se apoya en grupos paramilitares de choque para garantizar su estabilidad?
—Estos grupos deben ser controlados por quienes tienen el poder. Simplemente no pueden existir. Recuerdan a las camisas pardas del fascismo. Eso entra en una negociación elemental para la paz.
—¿Qué mensaje les envía a los familiares de las 36 víctimas de este conflicto y a las 59 personas que han sido torturadas, según varias ONG de derechos humanos?
—Rezo por los fallecidos y sus familiares, y por las personas que han sido torturadas. El peligro es que esto se convierta en una estadística del horror. Una sociedad que se acostumbra a la muerte se deshumaniza, sea por violencia política o por el hampa. El principal responsable de la violencia en el país es el gobierno. De eso no hay duda.
ccarquez@el-nacional.com

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¿QUIEN VA GANANDO?

Elías Pino Iturrieta


El NACIONAL

En luchas como la que protagonizamos en Venezuela el tiempo no funciona como en las situaciones de normalidad. El horario de los eventos habituales no sirve para determinar la culminación de triunfos y descalabros que parecen definitivos pero que son apenas transitorios. Quizá se pueda marcar tarjeta cuando se inician las hostilidades para referirse al momento de su gestación, para colocar más o menos una fecha de origen, pero no se puede meter de manera anticipada la papeleta de control en la precisión de una máquina para asegurar que el asunto terminará en una jornada después de cuyo transcurso recogeremos los bártulos para celebrar o para bajar la cabeza. La historia es hija de la perseverancia, desde cuando ocurrió el primer conflicto de la humanidad. Tal vez se puedan hacer ciertos cálculos partiendo de la observación de la fortaleza de los rivales –la dictadura y la sociedad democrática, para identificarlos después de tomar partido– y en ese sentido resulta evidente que el primero de los combatientes lleva ventaja.
Parecerá extraño que ahora se hable de una situación ventajosa de la dictadura ante los factores que la desafían, especialmente porque, debido a su conducta, sobran elementos para acusarla por sus atrocidades. Esas atrocidades le hacen inmenso daño, se dirá, especialmente en el escenario internacional. Seguramente Maduro y sus secuaces, en atención a su deleite por el atropello, la tortura y la muerte de manifestantes, estén perdiendo posiciones en la consideración que se les tenía fuera de nuestras fronteras –no cabe posibilidad de obviar semejante apreciación–, pero no debe ser un problema que le impida al dictador el sueño de bebé del cual se ha ufanado. Maduro y su camarilla querían que los viéramos como ahora los vemos: férreos, feroces, sanguinarios. No soportaban las ataduras de la legalidad, se sentían incómodos ante las simulaciones de concordia aconsejadas y ensayadas por Chávez. Clamaban por una fase de “profundización revolucionaria”, para cuya realización debían deshacerse del estorbo de la convivencia civilizada, de los miramientos del parlamentarismo, de la mentira de los tribunales autónomos, de las formalidades de la democracia burguesa. Lo han logrado. Les hemos llevado el laurel en bandeja de plata. Punto a favor de la dictadura.
¿Sabía la oposición, especialmente los líderes de la facción denominada La Salida, que el madurismo se sentiría tan a gusto con la represión generalizada de la que hace gala? La falta de una respuesta convincente, la sensación que trasmiten de no saber exactamente cómo se recorrerá el siguiente tramo del camino, de no tener Plan B porque no se tuvo antes un Plan A, conduce a pronósticos desalentadores. A menos que el designio original consistiera en arrasar liderazgos legítimamente establecidos en las fuerzas democráticas y en menoscabar la unidad partidista que tanto ha costado. Si la fusión partidista se ha visto forzada a disimular su desacuerdo con las salidas supuestamente intrépidas, y a remendar el capote en la medida en que topa con las astas del toro, es mayor la debilidad que la fortaleza que muestra. Visto así el proceder de un sector fundamental de contrincantes, sería exagerado ponerse a anotar éxitos en su inventario.
Los estudiantes, en cambio, han establecido su lucha en todo el país, no dejan de pensar en las formas de renovar su acción y no se ven descoyuntados. Son el aliento y el fundamento de la contienda contra la dictadura, hasta el punto de que, gracias al énfasis que les ponen a sus movimientos y a la influencia de su conducta cristalina, depende de ellos que el pugilato se desarrolle sin solución de continuidad. Si el comentario contempla casos como el de San Cristóbal y del estado Táchira en general, excepcionales por su denuedo y por el compromiso de resistencia masiva que representan, solo queda esperar, en la más auspiciosa de las situaciones, que se enderecen las cargas de la sociedad democrática mientras la dictadura se adentra en un calvario que le saque llagas de verdad. ¿Cuándo se termina esto? ¿Quién va ganando? Esperar el sonido de la campana no es sensato a estas alturas, no hay campeón en la esquina.
epinoiturrieta@el-nacional.com 

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DIALOGAR CON LA REALIDAD

Alberto Barrera Tyszka

El Nacional
 


A veces pienso que la esquizofrenia se nos ha convertido en un patrimonio nacional. Enciendo el televisor y aparece Hermann Escarrá. Es el mismo Escarrá de siempre, con su voz endomingada y sus palabras redondas. El Escarrá que ha cambiado de bando varias veces sin dar explicaciones, que se muda de ideología pero no de pañuelo. Ese mismo. Dice Escarrá que “la Fuerza Armada ha actuado con mucha prudencia, con mucho cuidado (…) Que el gobierno nacional ha actuado en el marco de los derechos humanos”. Cambio de canal. Ahí está la defensora del pueblo, después de tantos días, reconociendo por fin que ha habido problemas. “Tenemos 757 actuaciones por violación de derechos humanos”, dice. Nos pide confianza y fe. Me regreso y veo de nuevo a Escarrá. Lo miro gesticular con parsimonia. Siempre habla como si estuviera citando la Constitución. Todo esto también es una evidencia de cómo el absurdo se nos ha vuelto una forma de normalidad.
Pero nada como Wills Rangel. La noticia salió este viernes en Últimas Noticias. Me apresuro a aclararlo porque el director de Conatel denunció que los “medios privados” quieren “criminalizar al Estado”. Últimas Noticias es un periódico privado pero tiene un director patriota, que censura los reportajes de investigación que no favorecen la verdad oficial. Así que lo de Wills es una noticia permitida, no subversiva. ¿Y qué dice el presidente de la Central Bolivariana Socialista de Venezuela? Nos anuncia el inicio del “entrenamiento militar de las milicias obreras”. El primer curso empezará con 1.500 trabajadores de la industria petrolera pero la meta es que lleguen a dos millones y medio de personas. “El ejército de Maduro somos los trabajadores”, exclama Rangel. Cierro el periódico y me viene la imagen de Maduro hablando de paz. ¿Qué puede pensar cualquier ciudadano? ¿Qué debe creer? ¿Acaso Wills y Maduro hablan de lo mismo? ¿Acaso se refieren a la misma paz?
El diálogo tiene una condición previa, mucho más sencilla y determinante que cualquier declaración de principios; mucho más simple y definitiva que cualquier propuesta o procedimiento burocrático. Es la condición de la confianza. Casi suena a truco de autoayuda y, sin embargo, es un requisito indispensable para cualquier intento de conciliación. Un mínimo de confianza, de sinceridad y de respeto. Eso es lo primero que hay que recomponer en el país. Y eso pasa, necesariamente, por las instituciones. Mientras el gobierno no comprenda y asuma esto, cualquier intento de diálogo será una morisqueta.
La imagen de Tibisay Lucena con un brazalete tricolor en la celebración del 4-F es más elocuente que todas las conferencias de paz. Es algo tan obvio como asistir a un clásico Caracas-Magallanes y que, de pronto, el árbitro principal salga vestido con una franela de los Leones. Quien no entienda eso, no entiende lo que ocurre en el país. Así de simple. No importa cuántas veces Maduro invoque, invite o proponga un diálogo. Lo que en verdad genera confianza, sinceridad y respeto, son las acciones. El cese de la represión. El fin de las milicias. La liberación de las instituciones… Han confundido la identidad del chavismo con la identidad del país. No es lo mismo. No somos lo mismo. La única manera de que Venezuela sea de todos, empieza por asumir que todos somos diferentes.
La violencia, en gran parte, se alimenta de la impotencia. De la impotencia de un sector del país que cree en el voto y no acepta más a los Reyes Reyes, a los Jaua, a los Villegas, derrotados en elecciones pero impuestos por decreto. La impotencia de un sector del país que no acepta que las reformas rechazadas en el año 2007 se le impongan de otra forma, tramposamente, abusando del poder. La impotencia de un sector del país que no es minoría, al que no pueden seguir carajeando, arrinconando, encarcelando.

De tanto no querer escuchar, el gobierno ha terminado hablando solo consigo mismo. Su único interlocutor es un espejo. Aunque ponga cadenas, se aísla. Aun antes de dialogar con la oposición, necesita aprender a dialogar con la realidad.

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