miércoles, 28 de mayo de 2014

Jaime Lusinchi, demócrata y patriota


Demetrio Boersner

El Nacional
Ha fallecido un venezolano insigne: gobernante digno, demócrata y patriota; valiente luchador de la resistencia y por la libertad y el progreso social; político de firmes principios generales a la vez que conciliador de conflictos, y persona de desbordante generosidad y bondad.
De su vocación de médico pasó a la de militante político socialdemócrata que, muy joven, participó en el ensayo del “trienio adeco” y después jugó un distinguido papel en la resistencia contra la dictadura militar y pagó su cuota de prisiones, maltratos y exilios. Luego de la liberación del país, formó parte de la dirección nacional de Acción Democrática y tuvo una brillante actuación parlamentaria. La política internacional fue un área de su especial interés, y el que esto escribe conoció a Jaime y trabó estrecha amistad con él, como uno de sus colaboradores en la Secretaría de Asuntos Internacionales de AD a partir de 1958.
En la problemática interna de Acción Democrática, Jaime Lusinchi se ubicaba en posición intermedia, a la vez crítica y conciliadora, entre el “betancourismo” y las tendencias disidentes del mismo. Su pensamiento general apuntaba más a la izquierda que el de Betancourt y por ello pudo servir útilmente para contactos o como puente hacia el MIR, el Grupo ARS, el MEP, e incluso los elementos dialogantes del PCV. 
Cuando Jaime Lusinchi fue elegido presidente de la república, hubo un momento de euforia y esperanza compartido por adecos y todos los que se habían ido del partido pero aún guardaban nostalgias de los viejos tiempos (“adeco es adeco hasta que se muera”). Miristas, arsistas y mepistas de pronto se preguntaban si el nuevo presidente cumpliría su velada promesa de hacer un gobierno en el que cupieran todos ellos. Pero no fue así porque era históricamente imposible. Venezuela y América Latina se encontraban en la plena crisis de la “década perdida” (“década perversa” la llamó Carlos Andrés Pérez), de recesión, aplastante deuda externa y contrarrevolución neoliberal global. Con todo, Lusinchi mantuvo el país a flote, salvó mucho de los programas de inclusión social, e impulsó la reforma del Estado.  Mostró su ejemplar firmeza y valentía patriótica al enfrentar, como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el reto de la fragata “Caldas” y hacer retroceder la pretensión extranjera. 
Su gestión quedó parcialmente empañada por errores de su vida afectiva y debilidad ante influencias íntimas y públicas perniciosas. Pero mucho mayor fue lo positivo que lo criticable. Con razón, Venezuela se une hoy en un homenaje sentido y unánime a un expresidente que la honró y la enalteció.

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INICIÓ HUELGA DE HAMBRE SIMONOVIS

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ALICIA DE LA ROSA |  

EL UNIVERSAL
Iván Simonovis, condenado a 30 años de prisión por los sucesos de abril de 2002, se cansó de esperar respuesta de la titular del Juzgado de Ejecución, Ada Marina de Armas, y del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) sobre una medida humanitaria a su favor. A partir de este martes inició una huelga de hambre. 
"Estoy cansado de actuar de acuerdo con la Ley y que nadie me escuche, pese a mi delicado estado de salud y en contra de la voluntad de mi familia, a quien ya no le cabe una gota más de dolor, he decidido iniciar una huelga de hambre en mi calabozo", escribió el exsecretario de Seguridad de la Alcaldía Mayor en una carta leída por su abogado José Luis Tamayo, al salir del TSJ, donde acudió junto a María del Pilar Pertinez de Simonovis, a reiterar la solicitud de avocamiento presentada ante la Sala Constitucional el 26 de marzo por denegación de justicia. 
"Iván tiene 10 meses esperando una decisión. Agotamos todos los recursos y ya pasaron dos meses que se solicitó el avocamiento y lo único que se hizo fue designar como ponente a Francisco Carrasquero. Simonovis había guardado cierta esperanza de un pronunciamiento. No lo hubo. Revisamos expediente, consignamos escrito y él tomó la decisión de ir a la huelga de hambre hasta tanto el sistema de justicia le dé una respuesta a su solicitud", explicó Tamayo.
Según el abogado, el problema es que no hay respuesta ni a favor ni en contra de la medida . "Nadie decide nada. No hay ningún Tribunal que decida y la huelga de hambre se convirtió en el último mecanismo".
"El sistema de justicia continúa actuando de manera arrogante y cruel, sin dar respuesta a mi justa solicitud", reza la misiva.
Aseguró Tamayo que ni la defensa ni la familia están de acuerdo con la decisión: "Él está consciente de que puede correr con la misma suerte que el productor Franklin Brito (fallecido en 2010)".

Miedos y alertas
La diputada Delsa Solórzano, miembro de la Comisión de DDHH de la Mesa de la Unidad, expresó su preocupación y aseguró sentir "miedo", pues Simonovis "padece 19 patologías, entre ellas una gran afección estomacal que se le incrementó con la peritonitis y que significa que el comisario se puede descompensar muy rápidamente". 
Para Marino Alvarado, coordinador de Provea, Iván Simonovis debe reconsiderar su decisión porque "el Gobierno ha demostrado insensibilidad, lo vivimos con Franklin Brito. No les importa sacrificar vidas sin atender reclamos". 

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¿Quién ha robado en el mes de abril?

MIGUEL ÁNGEL SANTOS  

EL UNIVERSAL
Políticamente, Venezuela luce dividida en dos partes relativamente iguales, convencidas de sus propias ideas, cuyos extremos desprecian las motivaciones de otros y estarían dispuestos a mantener o tomar el poder a cualquier precio. Ya lo dijo Pepe Mujica, en lo que ha sido acaso su única declaración sensata en relación con Venezuela, nadie va a poder gobernar con el 50% del país. Siendo así, se hace necesario un liderazgo capaz de articular una visión común y conformar una mayoría significativa, con base en una narrativa integradora alrededor de los principales problemas de la gente y sus correspondientes soluciones. Tengo para mí que esa narrativa se debe construir alrededor de los valores de la paz, la esperanza y la alegría; en contraposición a la lucha permanente, la desesperación o el sacrificio.

Visión
Usted puede pensar: "Ajá, ¿y con qué se come eso?". Lo que pasa es que antes de empezar a comer hay que ponerse de acuerdo en qué es lo que se va a cocinar. No todo el mundo está de acuerdo con esa visión. Ya he escuchado varias veces por ahí, de gente de buen pensar y buena preparación, que las mayorías se constituyen "con posterioridad a los hechos", citando a destajo algunos elementos de nuestra accidentada y desmembrada historia, muy particularmente los que giraron alrededor del 23 de enero de 1958. No quiero decir que en aquél entonces fue diferente -desconozco los detalles- pero no se trata de eso. Se trata de que no siempre se debe evaluar las cosas desde el punto de vista de lo que funciona y de lo que no, sino desde los principios que las fundamentan, y de las cosas en las que creemos y en las que no creemos. 
Eso de la mayoría que se conforma "con posterioridad a los hechos", me suena francamente a Von Bismarck ("al pueblo se le debe dar lo mejor, pero ellos no lo saben"). Una línea de argumentación peligrosa que se aproxima demasiado a la de aquellos a los que decimos adversar.

Dinamitando
No se trataba de política, en cualquier caso, aunque se me haya hecho largo el preámbulo. Se trata de reconocer, que si bien en la política hará falta un compromiso común para reconocer al otro, en economía la revolución está dinamitando cada vez más las posibilidades de un ajuste gradual. Se entiende que la gradualidad en economía no es un tema de eficiencia, sino más bien de si tienes suficiente dinero para ser gradual o no. No se discute si conviene alinear el consumo con la producción, los ingresos con los gastos, la tasa de crecimiento con el interés que pagamos por la deuda, de una sola vez o de a poco, sino si tendremos suficiente dinero.

Desesperanza
Abril, en ese sentido, ha sido uno de los meses más desesperanzadores. Muchos creyeron que el Sicad-II representaría el levantamiento de facto del control de cambio. Se habló inclusive de que Pdvsa vendería dólares a la tasa Sicad-II e iría pagando la descomunal deuda que ha ido acumulando con el Banco Central de Venezuela (BCV). De ser así, se hubiese producido una absorción de liquidez que serviría como dique de contención a la inflación. Se habló de la eliminación de controles de precios y de cambio. Nada de eso ha ocurrido.
En abril, la cantidad de dinero que ha fluido del BCV a Pdvsa ha sido positiva en términos netos, es decir, el financiamiento monetario ha excedido con mucho a cualquier eventual amortización de deuda. El dinero base ha crecido 95% en los últimos doce meses. Peor aun, fuentes internas en el BCV indican que la cantidad de dólares entregados por Pdvsa en abril apenas alcanzó los 2.000 millones, cuando se preveían unos 3.500 millones que resultarían en un total anual de 42.000 millones de dólares al año. No era mucho pedir: puestos a comprarles las cifras al BCV a valor facial, eso representa menos de 50% de nuestras exportaciones.

¿Unificación?

Cada día hay más evidencias de que el emperador va desnudo. Y no es que va desnudo ahora, lleva rato en eso. Aún así, hay muchos que creen en las disponibilidades de efectivo ex reservas en el exterior, y en la unificación cambiaria. En mi opinión, no puede haber unificación sin acabar con la brutal represión que remunera depósitos a 15% con inflación de 60%. Visto así, el sacrificio económico de hoy no es un paso necesario para la salud financiera, sino más bien una suerte de serpiente que se muerde la cola y se retuerce, un ciclo vicioso que se retroalimenta sin fin. Aunque haya quien vender y venderse como el salvador a muy bajo costo, cada día es más evidente que en materia económica quedará muy poco espacio para medias tintas.


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Que la gente sufra menos

ANGEL OROPEZA |  

EL UNIVERSAL

Todo el mundo sabe que el gobierno del madurocabellismo dista mucho de ser un ente homogéneo. La cacareada  "unidad interna" del oficialismo no pasa de ser un cuento de hadas, solo útil para la propaganda y para  convencer a los tontos y distraídos. Existe una tendencia que podría calificarse de más "civilista", que defiende los postulados de su modelo de dominación pero en el marco de reglas democráticas mínimas, y otro sector más militarista (no exclusivamente militar) que no compra la tesis de la solución política a la actual crisis.
Ambas tendencias están en la práctica enfrentadas, lo cual es una de las razones que explica tanto la parálisis del Gobierno en términos de rendimiento, como el discurso aparentemente esquizofrénico de Maduro, quien pasa de moderado a radical en cuestión de minutos, porque tiene que estar "tirándole algo" a 2 sectores antagónicos pero a ninguno de los cuales puede descuidar, so pena de poner la estabilidad de su régimen en alto riesgo.
Esto es muy distinto, tanto en naturaleza como en comportamiento, de lo que sucede en la acera de la oposición venezolana. A pesar de las legítimas y esperables discusiones que existen a lo interno, ellas difieren no en el qué de la lucha sino en el cómo llevarla adelante.
Ninguna de las distintas perspectivas de la alternativa democrática, por ejemplo, ha planteado salidas violentas o extraconstitucionales. Quienes hayan asomado tan terrible como estúpida idea no pertenecen ni se identifican con la verdadera oposición venezolana organizada. Hay diferencias en la lectura de la coyuntura, en el diagnóstico de la situación, en las actividades necesarias y en los tiempos. Pero más allá de la pugna normal entre tendencias, la oposición –como un todo- parece estar entrando en un proceso de redefiniciones, donde se está entendiendo cada vez más la importancia de conquistar el país antes de conquistar el poder, la necesidad de transformar el enorme e innegable descontento social en fuerza y apoyo político a la alternativa del cambio democrático.
En esta etapa de redefiniciones, mucha gente en la calle, incluyendo algunos dirigentes de la oposición, se preguntan: ¿y qué hacemos? Sin embargo, puede que esa pregunta no sea la correcta. De hecho, una cosa es preguntar qué podemos hacer y otra cuál es el objetivo, qué es lo que se quiere lograr. La primera pregunta lleva simplemente a elaborar una lista desordenada de acciones, muchas de las cuales pueden no tener el impacto deseado.  En cambio, la segunda implica una estrategia, donde las acciones que de ella se deriven persiguen de manera ordenada y sistemática la obtención de un objetivo.
El objetivo último de la alternativa democrática es, sin ambages, cambiar de Gobierno y cambiar de modelo en la primera oportunidad que sea políticamente posible. Pero para que ello sea viable, hay un objetivo previo que es producir un cambio político. Pero, contrario a lo que algunos puedan pensar, no se trata de esperar llegar al Gobierno para que ocurra el cambio político. Se trata de construir el cambio político para que sea inevitable llegar al Gobierno.
El gobierno del madurocabellismo está agotado y además es malo como ninguno de sus antecesores. Pero eso no es suficiente para que se despida del poder. Hay que reemplazarlo a través de un cambio político, que comienza no solo cuando la gente está insatisfecha y en desacuerdo con el rumbo de la nación (lo cual ya está ocurriendo), o cuando está molesta con la forma como el régimen dirige el país (lo cual también está ocurriendo), sino cuando siente y se convence que cuenta con otra opción política que sufre con ella, le ayuda, le conoce, es a ella a quien le habla, y la percibe como suya, porque le defiende de los ataques de un gobierno explotador e insensible. Construir progresivamente ese cambio en la población es el reto que nos queda por asumir, el camino que hay que recorrer, para que sea indetenible e inevitable la superación del actual modelo de dominio.
¿Cuál es el gran reto hoy por hoy de la oposición? Que la gente sufra menos, acompañarla en desarrollar estrategias para que padezca menos, ayudarla a defenderse del Gobierno y, en último caso, que entienda que su sufrimiento no es por casualidad sino que está asociado a las políticas y acciones de un gobierno indolente, solo preocupado en la conservación del poder y sus propios beneficios.
Que la gente sufra menos pasa por construir junto con el pueblo alternativas creíbles y viables para superar la crisis, acompañar a la gente en sus demandas y luchas cotidianas, plantear desde todos los frentes propuestas (leyes, iniciativas, acuerdos) que sirvan para aminorar el enorme sufrimiento popular. 
Cuando la gran mayoría de la población esté convencida que tiene una oposición que la defienda y cuya labor principal en la crisis es que el pueblo sufra menos, ese cambio político hará indetenible un cambio de Gobierno. Lo demás es sólo cuestión de tiempo. Pero sin eso, el tiempo puede ser muy largo.

@angeloropeza182


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LUSINCHI Y EL GOLFO DE VENEZUELA



(A la memoria del Coronel Alberto Contramaestre Torres)

Leandro Area

Recurrido y recurrente es el tema de la valiente postura del recién fallecido Presidente Jaime Lusinchi frente a la atrevida decisión belicista del gobierno de Colombia de invadir territorio marítimo de Venezuela en agosto de 1987. Próximos a cumplir 27 años de esa afrenta volvemos a ella con motivo de la muerte de quien administró los destinos y desatinos del país entre 1984 y 1989,  y también porque los pueblos necesitados de recordar victorias la más de las veces militares para dar respiro al presente casi siempre ingrato y excesivo, se inventan muletas para atravesar la pesada realidad.
El apetito de Colombia por invadir territorio venezolano ha sido histórico, permanente y persistente, y constituye una política de Estado desde los tiempos en que en 1830 nos separamos de aquel sueño imposible que fue el de la Gran Colombia. Aún tibio el cadáver de Bolívar, los afanes colombianos de expansión territorial se disparan y comienza una historia, aún sin terminar, latente, que se expresa en tres fechas terribles para nuestra integridad territorial, a saber: el Laudo Español de 1891, el Laudo Suizo de 1922, y el Tratado de Límites entre Venezuela y Colombia de 1941.
Aunque con algunos escarceos en 1952, con los que se pretendía desconocer los legítimos derechos del país sobre el Archipiélago de Los Monjes, no es en verdad sino en la década de los 60 cuando reaparecen, aunque ahora marinas y sub-marinas, las ambiciones expansivas del hermano país, de agallas puestas en el Golfo de Venezuela, símbolo vital de nuestra identidad. A todas éstas las grandes potencias han puesto de moda el nuevo Derecho del Mar y se ha maximizado la importancia geo-estratégica del petróleo.
En esas circunstancias, y ya durante el gobierno de Leoni se produce un escándalo denunciado en el Congreso venezolano alrededor de los contratos otorgados por el Gobierno colombiano en áreas que Venezuela considera como propias, a empresas norteamericanas vinculadas al tema petrolero. Estas imprecisiones a la larga explican las posteriores conversaciones de Roma durante el gobierno de Caldera y las de Caraballeda en el gobierno de Luis Herrera, e incluso las derivadas de los Acuerdos de San Pedro Alejandrino en 1989, todas sin ningún resultado específico más allá de la frustración colombiana.
Virgilio Barco gana las elecciones en 1986 y nombra Canciller al Coronel Julio Londoño Paredes, quien ya había ejercido funciones en la Dirección de Fronteras durante el gobierno del Presidente López Michelsen. En Venezuela mientras tanto gobierna desde 1984, Jaime Lusinchi. Todo normal dentro de lo acostumbrado, hasta que en mayo de 1987 llega a la Cancillería venezolana una “sorpresiva” comunicación en la que se solicita, sin motivo aparente alguno, la reconstitución de una Comisión de Conciliación prevista en el Tratado de No Agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial suscrito por ambos países en el lejano 1939, con lo cual se intentan dos cosas sin decirlo: romper con el mecanismo establecido por las partes de la negociación directa y además, desconocer el carácter vital, de independencia e integridad territorial que implicaría la intervención de tal Comisión en lo atinente al Golfo de Venezuela.
Simón Alberto Consalvi, Canciller venezolano, responde a Londoño el 6 de agosto: “…el Gobierno de Venezuela no puede ignorar que, aunque la Nota de Vuestra Excelencia no se refiere expresamente a ninguna cuestión pendiente entre ambos países, sin embargo la prensa colombiana ha vinculado tal iniciativa a la supuesta intención de su gobierno de someter a la Comisión de conciliación el tema de la delimitación de áreas marinas y submarinas entre nuestros dos países…”
Colombia da un nuevo paso y provoca un estado de tensión militar en áreas donde, según la versión colombiana, no están claros los límites. Venezuela envía una Nota de Protesta en la que argumenta que el buque de guerra se encontraba  “en aguas interiores de Venezuela” y “al sur de la línea de prolongación de la frontera terrestre”. Londoño por su parte responde  alegando que ningún país puede establecer unilateralmente las fronteras marítimas entre dos Estados. La crisis se alarga entre dimes y diretes y el conflicto crece peligrosamente. En Miraflores ya se ha tomado la decisión de abrir fuego.
A estas alturas de su aventura, el gobierno colombiano entiende que el juego del “brinkmanship” ha terminado y se sabe que todo ha concluido cuando el Presidente Barco lo anuncia desde Bogotá en cadena de radio a las 11.45 de la noche del  día 17 de agosto. La crisis interna en Colombia seguía en pie y si lo de la incursión de la Corbeta ARC Caldas en nuestra más sensible pertenencia, el Golfo,  tenía la intención de distraer a la opinión pública en otros menesteres, el tiro les había salido por la culata.
Aquí en Venezuela habla el Presidente Lusinchi el 18 de agosto, en horas de la noche. Ya las corbetas colombianas han dejado el lugar. Es un discurso bien pensado y discutido, mejor escrito, y leído con suprema convicción a la nación. Claro, firme, prudente y hasta diría que histórico si observamos su vigencia ya que dicta la pauta central de los que vendrían a ser los principios que se siguieron a partir de 1989, ya las aguas calmadas, en las relaciones entre Colombia y Venezuela, y que aún permanecen vigentes: conversaciones respetuosas, directas y globales, sin presión ni plazo fijo. Además, tal vez como nunca antes presidente alguno, gozó del respaldo unánime de todo el país: partidos, medios de comunicación, gremios, personalidades y pueblo todo. Las Fuerzas Armadas hicieron lo que se debía hacer, principalmente nuestra Armada, por lo que nos sentimos, durante tanto tiempo, orgullosos, representados y defendidos. La presión internacional hizo su tarea al entender que estábamos a punto de un conflicto armado impensado. Jaime Lusinchi será recordado para bien por esa gesta: evitó un desastre defendiendo los principios fundamentales de nuestra nacionalidad. Un héroe civil sin ambición de guerra.


Leandro Area, 27 de mayo 2014

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martes, 27 de mayo de 2014

Declaraciones de Ramon Jose Medina:


"En lugar de fabricar fantasmas, el gobierno debe hacer frente a los problemas y al compromiso  del diálogo"
El secretario Ejecutivo Adjunto de la Mesa de Unidad Democrática MUD, Ramón José Medina, desestimó las acusaciones de Nicolás  Maduro "al intentar  fabricar culpables en todas partes de la crisis que está viviendo el país a causa de la ineficiencia de su gobierno".
En este sentido,  Medina exigió respeto a  Nicolás Maduro, "quien está siendo irresponsable al intentar llevar al país al colapso político, social y económico al no tomar las medidas necesarias para retomar el rumbo".
Reiteró que el éxito o fracaso del diálogo está en las manos del gobierno. "La pelota está en la cancha del gobierno, de sus decisiones y sus rectificaciones depende sacar al país del caos y evitar una confrontación entre venezolanos".
Ramón José Medina instó a Maduro  para que "asuma los cambios que espera Venezuela y tome seriamente el diálogo con El Vaticano y Unasur. El éxito de estas conversaciones dependerá exclusivamente de las posturas que asuma el gobierno nacional".

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LOS ESLOGANES DEL BUENISMO


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Tulio Hernandez

Ahora que han pasado tantos años, quince creo, y que podemos evaluar objetivamente sus resultados, cualquier persona sensata puede concluir que no ha habido en la historia republicana de Venezuela una clase política más inocua e inútil, hipócrita y arrogante, cruel y dañina, onanista en extremo, como la élite chavista.
Ahora que hemos visto lo que han hecho y desecho, sabemos que son un club exclusivo de emprendedores de la nulidad; capitanes del extravío humano; traficantes de sueños y exclusiones convertidas en pretexto para sus placeres personales; oportunistas del rentismo petrolero camuflado en utopías igualitarias; herederos histéricos de dogmas decimonónicos. Héroes de la nada. Constructores del vacío.
Todo eso me lo ayudó a entender, hace unos pocos días, Zigmunt Bauman, el sociólogo polaco que al filo de los 90 años sigue por el mundo oficiando el papel de maestro de pensamiento que ya pocos pueden ejercer. En una entrevista concedida el 17 de mayo a Nuria Escur, del diario La Vanguardia, Barcelona, explicó la diferencia, a su juicio fundamental, entre los nazis y los comunistas.
Los nazis, dijo este hombre lúcido, “eran transparentes, querían infligir el mal y lo hicieron”. “Sin espacio para dudas”, agregó. Los comunistas en cambio fueron una gran estafa, “nos defraudaron”. Y, citando a Albert Camus, el inolvidable autor de La peste, precisó lo que quería decir: “el comunismo es el mal bajo los eslóganes del buenismo. Por eso en las filas comunistas surgió la rebelión intelectual”.
“Los eslóganes del buenismo” es la frase fundamental. El chavismo, ahora degenerado en rodrigueztorrecismo, se ha ocultado en el buenismo. Los pobres primero, los demás después. Los ricos son malos. Los gringos también. La oligarquía, los medios privados, la derecha, los escuálidos, la clase media tonta, perversos todos. Y, en nombre de esas causas buenas arruinaron el país y lo convirtieron en campo de tiro colectivo y plantación bananera administrada a su antojo.
Es muy temprano para entenderlo, pero algún día sabremos por qué esa élite conformada por militares golpistas surgidos de la clase media baja de pueblos del interior; ultraizquierdistas de la Liga Socialista, el Cler y Ruptura; comandantes de apellido que fueron los últimos en bajar del ensueño guerrillero; pequeños y grandes burgueses oligárquicos que como José Vicente Rangel han estado siempre, gozones, en el corazón del poder; académicos de nivel, pero comunistas atávicos, como Jorge Giordani; ex militantes del MAS y la Causa R reconvertidos en seguidores del militarismo; conformaron esta estrategia del odio, esta fascinación por la exclusión, que hoy tiene a Venezuela al borde de la guerra con el papa rezando por ella, al mismo nivel que Sudán y Siria, y tres cancilleres de países amigos tratando de impedir que la sangre llegue al río.
Personalmente ya no me llamo a engaños. Como era muy joven cuando Pincohet dio su golpe y Somoza reinaba en Nicaragua, creí por mucho tiempo que los malos, los dictadores y los tiranos tenían tras de sí algo genético. Eran militares prusianos, usaban lentes oscuros, comían niños y escupían los huesos sin más.
Ahora, cuando veo como guardan silencio ante los abusos de poder y la espantosa violación de derechos humanos que el régimen rojo oficia en Venezuela, entendí que no es genético, que alguno de tus mejores amigos de infancia, compinche de la universidad o compañero de trabajo, no importa si escriben poemas o hacen películas, si no son ordinarios y toscos como el teniente Cabello y saben comer con cubiertos y pronuncian correctamente el francés, puede ser un parapinochetico, un decistalin, un minifranco, solo porque un día compraron una ideología integrista y meses después de hacerse ministros, embajadores, artistas o intelectuales del régimen, sintieron que era muy tarde para abandonar la zona VIP del Titanic. Y allí viajan. Sedados. Pensando que los derechos humanos solo son buenos cuando estás en la oposición. No cuando arribas al  gobierno.
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