martes, 26 de septiembre de 2017

EL APARTHEID DEL HAMBRE
CARLOS TABLANTE
Esta semana se conoció que la mortalidad por desnutrición en los hospitales pediátricos ha aumentado en los últimos tres años en 260 %. Los niños venezolanos están muriendo de hambre. Esto sucede en un país que solo hasta 2014 había destinado mas de 2.400 millones de dólares a la compra de un millón de toneladas de comida. De esa suma, solo se habría entregado el 14 por ciento. El resto fue hallado en estado de descomposición en contenedores ubicados en Puerto Cabello, Valencia y Tinaquillo, en lo que se conoce como el caso Pudreval.
No había interés en distribuir los alimentos, comprados con sobreprecio y en su mayoría a punto de caducar, sino en obtener dólares preferenciales a través de sobornos a los responsables de asignar contratos en CASA, Veximca, Suvinca, Pdvsa-Pdval-Bariven y de certificar el ingreso al país, deber del Seniat, el Ministerio de Salud y la GNB.
Lo que debió ser un plan para alimentar a los sectores más vulnerables con la importación de alimentos a dólares preferenciales, terminó siendo el episodio mas escandaloso en la historia de la corrupción. Además, es el caso con mayor impunidad ya que ni un solo funcionario o contratista ha sido condenado por este macro fraude a la nación.
Robar los recursos destinados a la alimentación no sólo es un delito penal, es un delito contra los derechos humanos, es decir, contra los Derechos económicos, sociales y culturales de la Humanidad (DESC).
Más allá del perjuicio al patrimonio público hay un daño profundo e irreversible: la muerte de venezolanos por desnutrición. Se trata de una violación directa del derecho a la salud y a la vida.
En la actualidad, continúan las operaciones irregulares en la adquisición de alimentos por parte del régimen de Maduro. Los escándalos alrededor de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción o programa CLAP, así lo confirman.
Como si fuera poco, a la corrupción se suma la discriminación política con la venta de las cajas CLAP, a las que solo tienen acceso los ciudadanos que poseen el denominado “carnet de la patria”.
El acceso a la alimentación como arma proselitista queda en evidencia en la forma descarada en como los candidatos del PSUV a las elecciones regionales utilizan el programa, en el que solo tienen cabida sus supuestos seguidores, que seguramente no votarán por ellos porque saben que son los responsables de la tragedia que vivimos.
El jefe del Centro Nacional de Control de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, Freddy Bernal, ha dicho que “las cajas de los CLAP son solamente para los sectores “más vulnerables” de Venezuela, porque “las clases media y media alta tienen recursos suficientes para comprar en el mercado normal venezolano, e incluso traerlos importados”.
Nosotros nos preguntamos ¿A qué clase media se refiere Bernal? A la misma que eliminó este sistema anacrónico, fiel copia del fracaso cubano? La clase media venezolana no existe. Actualmente solo hay dos clases, los pobres, que son la mayoría, y los ricos, los enchufados y sus relacionados.
Estas declaraciones demuestran claramente que el régimen está consciente de que está condenando a morir de hambre a una gran parte de la población venezolana, a la que cínicamente considera de clase media, la cual en la realidad no tiene los recursos necesarios para comprar alimentos a los monstruosos precios que marca la hiperinflación generada por la corrupción y el despilfarro del propio régimen.
Tampoco es cierto que este programa llegue a la mayoría empobrecida en todo el país, como demuestran los altos indicadores de pobreza extrema y crítica que aumentan aceleradamente, así como el constante reclamo de los sectores populares por la ausencia de alimentos. No hay carne, no hay pollo y ahora ofrecen conejos como la gran solución. Es una burla macabra inaceptable.
Someter a un pueblo a la tortura del hambre y a la muerte por desnutrición de manera selectiva (los que no tienen el carnet de la patria) y sistemática (antes con Pdval y ahora con las cajas Clap), es una brutal violación de los derechos humanos que puede ser incluida en el expediente del Tribunal Penal Internacional de La Haya.

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domingo, 24 de septiembre de 2017

 Félix Seijas: “La estrategia del gobierno es desactivar el voto opositor”


HUGO PRIETO

PRODAVINCI

LA "D" DE LA DERROTA DE MADURO ESTÁ EN MANOS DE LOS OPOSITORES

El gobierno de Maduro viene deteriorádose desde que se impuso por una sucesión de fraudes constitucionales y electorales en el poder. Casi que lo único que le queda es la represión, represión a través de leyes injustas, represión a través de amedrentamiento, chantajes, persecusión, cárcel, tortura y asesinatos si es necesario. Maduro ha convocado para el 15-O las elecciones regionales que debieron efectuarse en 2016, y no se efectuaron porque Nicolás Maduro y Cuba sabían que las perdían de forma abumadora.
La oposición no tiene forma de perder estas elecciones si la ciudadanía sale y vota, en Venezuela el rechazo al gobierno de Maduro alcanza hasta niveles del 90%. Los argumentos de los opositores para no ir a votar es porque dicen que con este Poder Electoral, que realmente fue transformado en el Ministerio de elecciones de Maduro es imposible ganar y que de antemano hay un fraude cantado. Veamos tres escenarios posibles en dado caso que los comicios si se celebren el 15-O.
Escenario 1 (el cual ya no existe): Que la oposición como algunos querían no se presentara para las elecciones regionales. Este escenario sería catastrófico, ya que Maduro le taparía la boca a toda la comunidad internacional, ya que convocó unas elecciones, que es la aspiración de la oposición y de la comunidad internacional, y ante esta convocatoria la oposición de manera inmadura no asiste. Si esto hubiese ocurrido habría sido el Waterloo para la MUD y para los venezolanos que demandan un cambio.
Escenario 2: Que la oposición concurra de manera masiva el 15-O y meta los casi 8 millones de votos que logró en la consulta popular del 16J pasado. En este escenario la oposición seguramente ganaría las 23 gobernaciones, y Maduro se quedaría en una posición sumamente precaria políticamente hablando, en lo interno y ante el mundo. Ante esa situación Maduro tiene dos opciones: o reconocer el triunfo o perpetrar un fraude monumental. Si lo reconoce, pierde, y si comete el fraude también.
Escenario 3: Que los opositores no se movilicen masivamente a votar el 15-O. Si eso Maduro ganaría unas gobernaciones y la oposición ganaría otras, y además en este escenario sería más fácil para Maduro perpetrar fraudes.
De acuerdo a lo anterior, la caída de Maduro, en esa ocasión si depende enteramente de los opositores, ya que en esta oportunidad no luchan contra las armas sino la lucha en es las urnas y en la participación masiva.
El destino de Venezuela está esta vez en manos de sus ciudadanos, y dependerá de la madurez política de estos el clavarla una estaca más al gobierno moribundo de Maduro que se mantiene por la fuerza, pero también por la falta de entendimiento de una parte de la oposición de que es necesario jugar en todos los tableros y de manera contundente, para que Maduro o reconoce o comete fraude, que si hace esto último generarían muchas más sanciones y acciones de una comunidad internacional, que cada día parece más comprometida con restaurar la democracia en Venezuela.
Especial de LaRepúblicaDelOeste para HolaIberoamérica.
En esta ocasión exploramos los colores que podrían pintar el mapa de Venezuela, una vez que se realicen las elecciones de gobernadores del próximo 15 de octubre.

Félix Seijas: “La estrategia del gobierno es desactivar el voto opositor”       
Félix Seijas retratado por Roberto Mata
En esta ocasión exploramos los colores que podrían pintar el mapa de Venezuela, una vez que se realicen las elecciones de gobernadores del próximo 15 de octubre. Si el gobierno logra pintar de rojo la mitad de la geografía nacional, la percepción que tendrá la gente, dentro y fuera del país, es que las fuerzas políticas están equilibradas. ¿Cuál sería el argumento que tendría la unidad opositora para denunciar a un gobierno minoritario que cercena derechos constitucionales? Se diluiría una de las principales conquistas alcanzadas durante cuatro meses de protestas y enfrentamientos en las calles que dejó un saldo de 160 venezolanos fallecidos.
Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos, estadístico por la Universidad Central de Venezuela y Phd en Análisis de Datos por la Universidad de  Southampton, Inglaterra, analiza las variables cualitativas que están en juego. Quedarse en la casa sería tanto como suicidarse en primavera.
Tenemos una Asamblea Nacional Constituyente “plenipotenciaria”, que dispone de la institucionalidad del Estado a su real saber y entender, cuyas atribuciones le permitirían, acatando una sugerencia del presidente Nicolás Maduro destituir a futuros gobernadores, si estos —una vez electos— no se subordinan a su poder. La pregunta es si vale la pena votar, si a fin de cuentas quedamos sujetos a lo que disponga esta instancia, cuya naturaleza es monárquica e imperial.
Lo primero que hay que señalar es que esa Asamblea, ilegítima y cuestionada a nivel internacional, es una realidad, está allí. No la podemos negar. Existe. Entonces, hay que manejar la comunicación en torno a ese tema. Su elección fue interpretada como una derrota, aunque hubo varias victorias allí, pero la gente no lo ve así. ¿Por qué? Por el discurso… hasta que se vaya Maduro, la hora cero, el punto sin retorno… Todo eso planteaba un todo o nada. Pero cuando la gente vio a los constituyentistas juramentándose en el Palacio Legislativo, el golpe fue muy fuerte y la sensación es que lo perdimos todo. ¿Qué fue lo que ocurrió? La oposición trabajó en dos frentes. Uno, trató de impedir que se eligiera la ANC. Dos, si llegase a elegirse, que nazca deslegitimada. Ese segundo objetivo se logró. Son 48 países los que desconocen o están en desacuerdo con esta iniciativa del gobierno. El problema de haber planteado el todo o nada es que la gente no termina de visualizar las victorias que se obtuvieron.
El problema es que ese planteamiento del todo o nada ha sido una constante en cada episodio —electoral o no—, en que se ha jugado la confrontación política. En paralelo corre esa sensación de derrota. Vamos a la elección de gobernadores, imbuidos en un estado de ánimo en el que predomina la confusión, por decir lo menos. ¿Cuál es la perspectiva?
La MUD tiene varios problemas, uno de ellos es la dificultad que tiene para llegar a acuerdos o concertar decisiones. Tú no puedes transmitir lo que no tienes. La gente empieza a percibir eso. Lo vimos en medio de las protestas de este año y también en el marco del diálogo que tuvo lugar en 2016, así como en la ronda que comienza en República Dominicana. El mensaje no llega, porque tienes problemas de comunicación, porque ni siquiera tienes un vocero único. Eso crea una confusión tremenda. Ante ese vacío, la gente empieza a llenar los espacios, según su propia experiencia y lo que va percibiendo… ¡Ah, Estos son unos traidores… estos nos vendieron, estos están negociando con el gobierno… Todas esas son opiniones que llenan el vacío que dejan los problemas de comunicación. Realmente, las organizaciones que integran la MUD, cuyos intereses son distintos y eso es natural, no han podido establecer una estructura para llegar a esos acuerdos, ni tampoco hay una estructura para comunicarlos.
Sí tomamos en cuenta los argumentos de voceros calificados de la academia, aquí hay mil razones para ir a las elecciones regionales, pero también hay otras mil razones para no ir. No creo que sea un problema argumental. Esto es algo de mayor envergadura. ¿Quizás de convicción, digamos, o de compromiso con una política que aglutine a todos aquellos que se identifican como opositores?
La decisión se tomó. Y la manera de invitar a la gente para que te acompañe, es explicarle los motivos que te llevaron a tomarla. Eso, además, tiene que sonar coherente. Tiene que haber una conexión con lo que viene. Es decir, ¿Cuál es tu objetivo principal? El cambio político. Estamos hablando de cambio de modelo, de cambio de gobierno. Pero si no eres capaz de conectar tus acciones con ese objetivo principal, la gente se va a perder y no va a valorar el esfuerzo que estés haciendo o la acción que estás llevando a cabo. ¿Cómo esto encaja en ese rompecabezas que es producir un cambio de gobierno? Ahí está la clave. Si no logras que la gente haga esa conexión, estas elecciones regionales pierden valor para esas personas. Pero, en cambio, si la gente ve dónde encaja perfectamente esa pieza y la utilidad que tienen dentro del trayecto que te va a llevar al objetivo principal, te va a acompañar de inmediato. Lo va a entender. Y los convencidos se van a convertir en factores multiplicadores del mensaje.
No estoy tan convencido de que la MUD sea una plataforma electoral exitosa. Aquí se hicieron unas elecciones internas y lo que vimos desdice de ese acuerdo. Podemos mencionar el caso de Aragua, de Yaracuy, de Amazonas. Hay caras identificadas con la vieja política. El tema electoral no está del todo claro.
La MUD, como tal, ha enfrentado procesos electorales adversos, porque ha sido minoría, y lo ha hecho bastante bien. Es el caso de la elección de 2012, entre Hugo Chávez y Capriles Radonsky. Algo por el estilo podríamos decir de la elección de 2013, entre Maduro y Capriles. ¿Quién ganó? Creo que nunca lo sabremos. Nunca abrieron las cajas. Lo cierto es que fue una elección muy pareja y la MUD llevó el proceso hasta allí. Aparte de las elecciones regionales, en las que confluyeron varios factores que no se pudieron manejar, tenemos la elección parlamentaria de 2015, ¿Cuál fue el gran éxito de la oposición? Transmitirle al electorado la importancia que esa elección tenía como parte de su objetivo principal. Esto es, el cambio político por medio de una elección presidencial. Eso lo logró la unidad. Ahora viene esta elección regional y la consulta interna. Bueno, son partidos políticos que están buscando el poder. La disputa, la controversia, eso es intrínseco a la lucha electoral. Eso es lo que se espera, ¿no? Lo ideal sería no general ruidos, porque está en juego el objetivo principal. Pero sucedieron cosas.
Vamos a decirlo: El país no está para esas cosas.
Totalmente de acuerdo, pero hubo acuerdos en varios estados y se llegó a unas bases electorales que llevaron a una campaña que pudo ser mucho más agresiva, que pudo ser mucho peor. Hubo un gran escándalo en un estado y en otros no fue tan notorio. ¿Debió haber sucedido? No. ¿El País está para eso? No. Bueno, podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío. Medio lleno es decir, hubo elecciones internas en casi todos los estados, en tres o cuatro hubo problemas, eso tuvo un pico, pero ya nadie habla de eso. En seguida, la Unidad está ensamblando su maquinaria, toda su organización, para enfrentar una campaña de tres semanas.
Ciertamente, la gente hizo una conexión entre las elecciones parlamentarias de 2015 y el objetivo principal. Vale decir, el cambio político. ¿Pero eso es así con las elecciones regionales? Pareciera que no.
En las parlamentarias, la oposición enfrentó un dilema. Ellos no vendieron que esas elecciones eran un paso en la dirección al cambio, sino que eso era una piedra importante, que eso era el cambio. Eso, en parte, explica la victoria contundente que se obtuvo. Pero también creaba el problema de cómo cumplir con esa expectativa. Ese ha sido un punto donde la oposición ha mostrado ciertas fallas. Que es el tema de poner grandes expectativas que después no se van a cumplir. Eso va creando desconfianza, un electorado desconfiado se muestra capcioso ante cualquier cosa que le vas a decir. Eso es lo que actualmente está sucediendo con mucha gente. La oposición dice, ¿eso es verdad o no es verdad? Si ya lo han dicho antes, ¿Por qué ahora sí? Ese ahora sí lo tienes que comunicar también. En este momento no vas a convencer a la gente que la elección regional es el cambio. No puedes hacerlo, no debes hacerlo y, si lo intentas, no lo vas a lograr. Uno supone que la campaña va a establecer esa conexión. ¿Cómo las regionales se conectan con el objetivo principal? En el mundo nadie vota por el pasado, la gente vota por el futuro. Carlos Andrés Pérez ganó su segunda presidencia diciendo: Eso que tú viste en el pasado es lo que te voy a dar en el futuro. Si no conectas con el futuro, tú no vendes en política. ¿Nos pueden inhabilitar gobernadores? Sí, es verdad. ¿Van a tratar de hacer trampa? Absolutamente. Entonces, tienes que empezar a dar respuestas. A decir, por ejemplo, cómo te vas a defender.
¿Cuáles serían las motivaciones primarias que podrían atraer a la gente? Venezuela necesita urgentemente una esperanza. ¿Pero eso es lo que se está construyendo, digamos, alrededor del mensaje y del tema del cambio? ¿La cosa es difícil, no?
Es muy complicada, porque ya no puedes vender el cambio como lo vendiste en las elecciones de la Asamblea Nacional (dic. 2015). No debes hacerlo tampoco. Tienes que empezar a hablar crudo. Tienes que empezar a manejar las expectativas reales. No puedes seguir con el juego de crear falsas expectativas. ¿En la medida en que hablas crudo estás vendiendo menos esperanza? Es posible, pero tú puedes conectar el hablar crudo con la esperanza. Tú puedes, por ejemplo, decirle a un paciente lo difícil y doloroso que puede resultar un tratamiento, pero después te vas a curar. El gran reto de la oposición es decirle a sus electores: Estas elecciones no resuelven el problema, pero son parte del camino. ¿Cómo son parte del camino? Primero, estás poniendo presión en el gobierno. Si bien corres el riesgo de sufrir una derrota, puedes demostrar que el gobierno es minoría y está seriamente cuestionado. Segundo, el gobierno va a perder presencia en los Estados. Es decir, va a perder recursos e infraestructura. Tercero, pones en cuestión el esquema clientelar y de dependencia que le sirve de apoyo al gobierno. Toda esa estructura se desmontaría, lo que significa más presión sobre el gobierno. Las tres cosas le plantean al gobierno una disyuntiva. O deja correr eso, lo que conlleva una pérdida de poder. O tiene que actuar para anularte. Demos por hecho que la elección se da, ¿cuál será la estrategia del gobierno? Desactivar el voto opositor. Más en este momento, en que el gobierno no tiene cómo crecer. Todo su discurso agresivo del gobierno —la guerra económica, el Imperio, Trump—, lo que busca es aminorar el ritmo al que está decreciendo. Activar su voto es dificilísimo. Por lo tanto lo que le queda es desactivar el voto del contrario.
¿Qué beneficio obtendría el gobierno si llegase a tener éxito en su estrategia?
Sería más competitivo en algunos estados. En otros nada, porque la diferencia es muy grande. Si empieza a ser competitivo, se activan los mecanismos que pudieran tener alguna incidencia. Pudieras utilizar el poder a tu favor, pudieras cambiar algunas reglas que, ante una diferencia mínima, alterarían el resultado. Recordemos la elección entre Maduro y Capriles. ¿Hubo trampa?… Lo otro es que donde pierdas pongas corporaciones o a un protector de estado que, en realidad, son gobernaciones paralelas. Estas no son, propiamente, unas elecciones regionales, porque los consejos legislativos no están en juego, que son los que te pueden inhabilitar a un gobernador. Y todos esos son rojos. Pero todo lo que hagas supone un costo para el gobierno. Hay quien dice. ¿Acaso al gobierno le importa pagar el costo? Ahí es donde la oposición no ha sabido vender las victorias parciales. Pero eso es lo que ha hecho que el gobierno tenga una comunidad internacional en contra y se vea obligado a sentarse en la República Dominicana.
El marco constitucional y las disposiciones legales se han erosionado profundamente. Se han sacrificado derechos constitucionales. De ahí la etiqueta de dictadura. El gobierno ha quedado al descubierto. ¿Por qué esto no se presenta como parte de los logros o del éxito que haya podido tener la oposición?
Precisamente por la dinámica complicada que tiene la oposición a la hora de transmitir mensajes. Eso es. No hay una sola estrategia comunicacional única porque es difícil dentro de la unidad llegar a ese acuerdo. Tú no puedes transmitir lo que no tienes. Más allá de si los medios son los adecuados, ¿Cuál es el mensaje que vas a transmitir? Lo que tienes es una cantidad de voceros hablando de distintas cosas. Algunos hablando más por el interés de su partido que de la propia unidad. Ese tipo de cosas las hemos visto. Ahí empiezan las contradicciones. La gente empieza a percibir esas señales cruzadas y al final no termina de saber en qué creer. El mensajero pierde credibilidad y a partir de ahí, empiezas a cuestionar al mensajero. Empiezas a cuestionar el mensaje porque sabes que mañana puedes oír otra cosa dicha por otro vocero de lo que se hace llamar la unidad. Pero esos son mensajes que se han tratado de transmitir. Algunos voceros lo han hecho, pero no termina de ser el mensaje. No termina habiendo una estrategia para poder instalar ese mensaje dentro de la opinión pública. No tienes una estrategia, porque no hay un acuerdo para que ese sea el mensaje.
La oposición ha obligado al gobierno a delinquir, pero como no se transmite ese mensaje, se le percibe como cómplice.
Si tú dejas vacíos en los mensajes, la gente los va a llenar y eso es un dibujo libre.
O la gente pudiera hacerse una pregunta. ¿A la unidad no le importa si aquí se termina de imponer una dictadura?
Y más bien les conviene porque se están beneficiando de ella, son opiniones que empiezan a salir. Bueno, es la gente llenando esos vacíos. Pero nuevamente, si el objetivo principal es el cambio de gobierno, tú tienes que mostrarle a la gente que el camino de aquí para allá es complejo. Es difícil. Han sobrado las salidas mágicas, en 2014 con #La Salida, en 2015 con la elección de la Asamblea Nacional y más recientemente con las protestas en la calle. Entonces, no terminas de instalar, en el imaginario colectivo, que para ir de aquí a allá es un camino con obstáculos.
Un usuario de Faceboock posteó una foto de Héctor Rodríguez con la siguiente leyenda: <>. A unos les resultará una imagen terrorífica, ¿pero eso es suficiente para activar el voto opositor? ¿Digamos, con la fuerza necesaria para demostrar que la oposición sigue siendo mayoría? Porque a fin de cuentas el meollo de esta elección es dilucidar si la mayoría sigue siendo mayoría o el gobierno de alguna manera se recupera. Si el gobierno obtiene la victoria en 10 gobernaciones eso sería una gran derrota para la oposición.
Ganar la mitad de las gobernaciones sería un golpe tremendo para la oposición y para el objetivo del cambio político. Primero, va a tener una fuerte incidencia en la presión que actualmente ejerce la comunidad internacional. Seguirán los argumentos de violaciones a los Derechos Humanos y la ausencia del marco constitucional, pero al final lo que se verá es el mapa de un país donde las fuerzas políticas están equilibradas. Tu tarea es activar el voto y lo puedes hacer de muchas maneras, aunque todas tienen que pasar por el objetivo central. Si no logras colocar esta pieza en el engranaje del cambio, podría ocurrir que gente que ha manifestado su intención de ir a votar se quede en su casa, porque no ve mayor interés. También hay otra forma de transmitir esa idea. Si no somos mayoría, el gobierno va a ser más gobierno. Si no lo debilita, esto lo puede fortalecer. La foto de Héctor Rodríguez, en realidad, lo que transmite o pudiera transmitir es: Mira, esto es más gobierno. Esto fortalece al gobierno.
De alguna manera todo gira alrededor del objetivo principal. ¿Usted cree que la gente tiene clara cómo se vincula la elección de gobernadores con la elección presidencial?
Eso es algo que tienes que explicarle a la gente, por la sencilla razón de que no lo tiene claro. Y no lo tiene claro porque en la comunicación la unidad ha trabajado en función del todo o nada. Ahora vamos a la protesta, a la manifestación en las calles, este es el todo o nada. Ahora vamos al diálogo, este es el todo o nada. Algunos dicen que esto se puede jugar en varios tableros, yo creo que se puede jugar en uno solo, en el que se presentan distintas situaciones y tú tienes que ir atendiéndolas todas con las piezas a tu alcance, a veces con alfiles y caballos, otras con peones y la reina. No hay varitas mágicas, ni soluciones simples. Esto es un problema complejo y por serlo, la solución es compleja. Eso tiene que terminar de entenderlo la gente. Esto tiene varios frentes. Uno es la elección regional. Otro es la negociación. Otro es la presión de calle. Al igual que la presión internacional.
Hay una sensación de derrota muy marcada. Basta ir al aeropuerto de Maiquetía, donde la expresión pudiera ser <>. ¿Cómo está incidiendo ese estado de ánimo en esta elección?
Al haberse interpretado como una derrota total, la elección de la Asamblea Nacional Constituyente impone un proceso de recuperación de varias etapas para superar la depresión. En eso consiste el trabajo de la unidad. Tiene que enviar señales de que esto no se ha acabado. Ya no se trata del todo o nada, sino de batallas que se pueden librar y victorias que se pueden obtener y como el objetivo primario se va construyendo. La oposición tiene que construir un mensaje claro y coherente. La unidad es el operador político, cuyo éxito está asociado a la posibilidad que tiene de derrotar al gobierno. Eso lo tiene que ver la gente. Es decir, la esperanza en el futuro pasa por la esperanza que tengas en el operador político. Lo primero que tiene que ser la oposición es fortalecer y cuidar su imagen, porque es parte del componente que impacta en el ánimo de la gente. Vuelve a visualizar el objetivo principal que se puede alcanzar, el hecho de que hay un camino que tienes que recorrer. Se eligió la Asamblea Nacional Constituyente, sí. Pero al presidente de la Asamblea Nacional lo recibieron los presidentes de los países europeos. Eso vale y vale mucho. Resalta eso. Una cosa muy importante, muchos de los que se sienten derrotados han manifestado que igual van a votar para las elecciones regionales.

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 REVOLUCION (CIVICA) PERMANENTE

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                           HECTOR SCHAMIS
“Revolución permanente” es un concepto central en Karl Marx y Friederich Engels. Es la noción según la cual el proletariado debía mantenerse activo para llevar el proceso revolucionario más allá de su fase democrático-burguesa. Fue León Trotsky quien hizo del término el punto medular en su idea de internacionalismo revolucionario, contrapuesta a la concepción de Josef Stalin de limitar la revolución a la Unión Soviética.
Pero no se trata de la historia de la Revolución Rusa. Todo esto porqué si cualquiera de ellos hubiera conocido la Guatemala de los últimos años también habría hablado de una revolución permanente, aunque de naturaleza cívica. Es decir, en favor de la ciudadanía democrática, de los derechos de las personas, de las instituciones independientes del Estado y de la probidad del gobierno.
Se trata, en definitiva, de una revolución contra la corrupción que se prolonga en el tiempo. La misma comenzó en 2006 con un acuerdo de asistencia judicial entre Guatemala y las Naciones Unidas. Así se creó la CICIG (Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala), a cargo de la investigación de importantes casos de violación de derecho.
El caso más renombrado tal vez haya sido el de defraudación fiscal aduanera perpetrada por una organización—denominada “la línea”—que llegaba a lo más alto del poder político. La CICIG y el Ministerio Público demostraron la existencia de una amplia red de importadores-evasores dirigida desde desde la propia oficina de la Vicepresidencia. Ocurre que impunidad y corrupción van de la mano.
Ello produjo movilizaciones populares exigiendo la renuncia de la vicepresidenta Roxana Baldetti y del presidente Otto Pérez Molina. Las protestas fueron pacíficas y cívicas, tan cívicas que los manifestantes barrían la plaza de la Constitución al concluir la jornada…para volver a congregarse en el mismo lugar al día siguiente. Ello durante semanas hasta que Baldetti renunció en mayo de 2015 y Pérez Molina, en septiembre. Ambos están con prisión preventiva bajo cargos de corrupción.
Los eventos de 2015 ocurrieron en plena elección que llevó a Jimmy Morales a la presidencia. Comediante de televisión devenido en político, sus promesas de campaña prácticamente se redujeron a una: no ser corrupto. No fue poca cosa en una región en la cual el crimen captura el Estado con demasiada frecuencia, práctica que garantiza la impunidad.
Claro que la compulsión a la repetición también parece tener lugar en la política. Así es como en enero pasado el hermano y el hijo del presidente Morales fueron acusados de malversación de fondos públicos. Pero luego la CICIG decidió investigar el financiamiento electoral ilícito, incluyendo la campaña presidencial de Morales en 2015. En América Latina, el financiamiento irregular de campañas es un crimen ya casi tipificado con nombre propio: Odebrecht.
El presidente replicó ordenando la expulsión del país del comisionado Iván Velásquez, abogado colombiano a cargo de la CICIG. La medida lo asemeja a su predecesor, Pérez Molina, quien había intentado caducar el mandato de la CICIG. Como entonces, la lucha contra la corrupción volvió a sacar a la sociedad a la calle. Y esta vez además produjo renuncias en el gabinete y un amparo de la Corte de Constitucionalidad invalidando la expulsión de Velásquez.
En su afán de neutralizar a la CICIG, el presidente Morales avanza en la misma, equivocada, dirección que Pérez Molina. Logró aprobar en el Congreso una ley para limitar la imputabilidad en los casos de financiamiento ilegal de campañas y otra para la conmutación de penas asociadas a dicho crimen, un evidente traje a la medida.
El Constitucional también anuló esas leyes y la movilización ciudadana expresó su apoyo una vez más, reflejo ambos de la soledad del presidente y la crisis política en la que habita su gobierno. Y todo ello por no haber aprendido la lección de Pérez Molina y Baldatti, ni las lecciones que vienen de afuera: ante la creciente internacionalización de la corrupción, asimismo se internacionalizan los instrumentos para combatirla.
Guatemala emite un mensaje de esperanza, ético y democrático para toda la región. La sociedad civil señala un camino. Los guatemaltecos de a pie se resisten a ser súbditos, piezas desechables de la maquinaria de la corrupción. Son ciudadanos, reclaman sus derechos, demandan calidad institucional, tienen voz y capacidad de acción colectiva. Han iniciado una verdadera revolución cívica, una revolución que no abandonan, es permanente.
Lo que falta en América Latina es que las élites políticas comiencen a darse cuenta de la realidad. Desafortunadamente, van muy por detrás de las sociedades que supuestamente representan y deberían gobernar. Y ese quizás sea el problema más grave de la democracia.

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REGRESO AL FUTURO

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              CARLOS RAUL HERNANDEZ

EL UNIVERSAL

Nuestros candidatos andan en los altos hornos de la campaña contra una maquinaria poderosa y abusiva, aunque repudiada e impopular. Pero también mordidos en las piernas por el malderrabia de los resistencios y calle-calle, doble ponchados en sus aventuras de estos dos dolorosos años, pero en extremo útiles al gobierno. Debería convocarse un Rosario en Familia para pedir que paren el malentretenimiento, el descrédito abstencionista contra los que se la juegan en serio en barrios y aldeas. 2018 toca el examen final del gobierno y no luce fácil eludirlo. La comunidad internacional está orientada a que haya elección presidencial y sea limpia, a los diálogos dominicanos, y eso intensifica con la cercanía de la dead-line. Desde arranque de los 2000 en la aurora del régimen, cuando se habló de prepararse para las elecciones pautadas entonces, sonó el canto pavoso: “¿esperar?… ¡el país no aguanta más!”.
“¡La solución es ya!” (y vino el calvario: RR contra Chávez, fracaso del paro petrolero y la marchitis, payasadas del 11 de abril, plazaltamira, retiro de candidaturas 2005). A quien invocara el sentido de la realidad, lo execraban “los gerentes” que quebraron empresas, salieron a quebrar la política y siguieron en eso para desventura de sus asesorados, que si no están presos los andan buscando. De no ser por la ominosa participación de la gerencia en la política, el chavismo tal vez sería hoy un recuerdo fastidioso. La locura recomenzó en 2014 y a quienes pedían prepararse y ganar las parlamentarias de 2015, les caía de nuevo el Niágara de frases de rigor, “colaboracionistas”, “con este CNE”, “quieren legitimar…” y nociones extraídas del país de Alicia, donde las distorsiones oníricas de la mente sustituyen la realidad, la reina celebra todos los días su no cumpleaños y los caminos no van a ninguna parte.
Intervención militar democrática
Ante la propuesta de presionar en 2016 por las elecciones regionales, la respuesta de la Reina fue ¡qué gobernadores ni qué niño muerto; vamos al revocatorio!¡Maduro vete ya! Igual soñaron en 2017 las elecciones generales y la intervención militar democrática. Quienes recordaban que el reto era asegurar las elecciones de 2018, que detrás de la prisa se escondía un áspid y una equivocada evaluación política, eran cómplices (hay unas y unos en el congelador, los sacan cada año a meter la pata, y los vuelven a esconder). Los resistencios creían tener la máquina del tiempo para adelantar todo: bastaba la frase mágica y genial: ¡el hambre no espera! y el mundo se desplomaría. En concreto hoy vamos a 2018 en el cuadro de la negociación. Al parecer los calle-calle y la gerencia regresaron del futuro con el DeLorean hecho chatarra y el gobierno sigue hacia la fecha electoral.
No luce tan descabellada la distopía de campamentos de refugiados en la frontera. ¿Aceptarán los vecinos semejante perspectiva? ¿Podría aparecer en Venezuela el nuevo Al-Azhad-Sadam-Fidel-Kim Jon Un-Mugabe, el dictador sanguinario del Estado fallido que desafía al mundo? Quizás pero con un costo social y político tal que la sacaría del cuadro de las naciones civilizadas (del que está de salida). ¿A cambio de qué y para qué cargarían Rusia y China con la responsabilidad de una especie de Somalia en Latinoamérica, cuando dependería de ellos una intervención humanitaria de la ONU? Y no es descartable que no salga de este contexto un Al-Ashad sino otro Milosevich. Por eso es de vida o muerte seguir las conversaciones, que los candidatos asistan si la constituyente los convoca, y no se haga nada que salve al gobierno de su sino.
¡Regresa Isabel!
Resistencios y gobierno llevan 18 años de fracasos, sin el más mínimo pudor, ni siquiera una exigua capacidad de auto reflexión. Desde que comenzó la pesadilla revolucionaria, el desenfreno se hizo modo de vida. Toda revolución impone como paradigma social la falacia y la exageración, contra la democracia cuyo centro político debe ser relativamente sobrio, porque si no lo es y cae en manos de irredentos, se acaba. La tragedia ya asomaba sus fauces y las bielas del sistema traqueaban cuando en el Parlamento de los 90 se exhibían en varas las cabezas cortadas de los “corruptos” sin pruebas, y unos diputados-gladiadores, como el Podemos que amenaza la democracia en España, sin el pudor del saco, ni la hoja de parra de la corbata, paseaban sus propias barrigas exultantes por el Hemiciclo.
Sostienen que El Príncipe de Maquiavelo es realmente Isabel la Católica. Ella según sus palabras no tenía que “decir la verdad sino lo que convenía al Reino”. Churchill utilizaba el humor como navaja y en general los demócratas resaltan las buenas noticias para disimular las malas. A los políticos medios en general la cautela los enseña hablar sin decir, como satirizaba Cantinflas (“¡a ese señor yo ni lo ignoro!”). Al contrario Fidel, Pinochet, el Galáctico convirtieron la inmoderación, “el decir las verdades en la cara”, la carencia de entendimiento, la piratería, la irreverencia, el estilo zumbao y guapetón que cultivan los resistencios y los calle-calle, el extremismo mental y verbal, en el alien de este sistema político. Su imagen de culto con chaqueta de guacamaya tricolor y el librito azul en la mano mientras gritaba “verdades” -generalmente calumnias- nos marcó con yerro candente. 
@CarlosRaulHer

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Ortega Díaz: “Tengo pruebas necesarias para condenar a los culpables"

EL NACIONAL

Las evidencias para que el presidente Nicolás Maduro sea condenado ante la justicia internacional están en poder de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, aseguró la funcionaria durante una entrevista con Perfil.
“Tengo los expedientes  y pruebas de las investigaciones sobre corrupción que abrimos en el Ministerio Público y todo lo necesario para que un juez imparcial condene a los culpables”, sostuvo Ortega Díaz.
Acerca de los documentos en su poder, indicó que posee declaraciones de testigos y consultas a bancos e instituciones financieras que dan fe sobre delitos de corrupción no solo en Venezuela, sino también con el caso de Odebrecht.
“Las personas que detentan el poder en Venezuela han hecho un negocio de la miseria, el hambre y la enfermedad de nuestro pueblo”, agregó.
Desde que huyó de territorio venezolano, la fiscal visitó países como Colombia y Brasil, al tiempo que prometió introducir denuncias ante la Corte Penal Internacional.



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LA COMISION DE LA VERDAD

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                            GUSTAVO TARRE

Las “comisiones de la verdad” se han convertido en una práctica corriente en países que han vivido períodos de violencia y transiciones democráticas. Buscan afrontar la impunidad, romper el ciclo de violencia y de violación de los derechos humanos y lograr establecer, de manera objetiva e imparcial, qué fue lo que realmente ocurrió en un determinado lapso histórico. Todo ello para propiciar una reconciliación auténtica, basada en recomendaciones de políticas que buscan identificar y atender las causas de los abusos y de las violaciones con el fin de prevenir su futura repetición.
Históricamente, las comisiones de la verdad se han creado durante períodos de cambio político, cuando se derrumban regímenes dictatoriales o con la finalidad de ayudar a la resolución de un conflicto armado. No suele ocurrir que sea el régimen autoritario y represivo el que la promueva.
La característica más importante de una verdadera comisión de la verdad debe ser su absoluta imparcialidad. A estos efectos, sus miembros deben estar totalmente alejados de toda parcialidad o influencia política, así como gozar de una intachable honorabilidad y reputación moral y profesional. Los procedimientos para las investigaciones deben ser absolutamente transparentes y no pretender sustituir a los tribunales de justicia. No les corresponde establecer responsabilidades penales individuales y sus actuaciones solo pueden servir como elementos de juicio para los procesos judiciales
En Venezuela, la mal llamada e ilegítima asamblea nacional constituyente ha creado una “comisión para la verdad, la justicia y la tranquilidad pública”; una suerte de tribunal de inquisición, con amplios poderes de investigación y atribuciones sancionatorias.
Este mamotreto, que desvirtúa la esencia de las comisiones de la verdad, es totalmente inaceptable y merece un rechazo general que aún no ha ocurrido. No olvidamos los muy acertados comentarios del Observatorio Venezolano de la Justicia que dirige la profesora Laura Louza y otras valiosas opiniones de organizaciones no gubernamentales como Transparencia Venezuela que, con legítima indignación, han señalado que más que una comisión de la verdad es una comisión de la venganza que busca perseguir a la oposición política y a quienes se atreven a pensar distinto.
¿Quiénes integran este adefesio? Empecemos por señalar que su presidente es
Delcy Rodríguez. Está integrado por el defensor del pueblo, el fiscal general, tres miembros de la ANC, tres de organizaciones de víctimas de la violencia política 1999-2017, un miembro de una organización venezolana de derechos humanos; dos personas designadas por su “competencia profesional, integridad y ética”, y tres diputados de la Asamblea Nacional en representación de la “derecha”.
Muy correctamente, la Asamblea Nacional se negó a participar en esta parodia. Las más prestigiosas organizaciones de derechos humanos no fueron ni siquiera consultadas y solo las “víctimas” afines al gobierno fueron tomadas en cuenta. En resumen, los 14 miembros de la comisión son militantes o declarados simpatizantes del PSUV.
La presidente de la ANC y de la comisión anunció que esta abordará varias investigaciones, entre ellas: los planes desestabilizadores promovidos por Julio Borges contra el sistema socioeconómico y financiero del país; la violencia y el terror que generaron grupos de choque opositores durante los últimos meses, dirigidos por el diputado Freddy Guevara; y la presunta red de corrupción y extorsión encabezada por la fiscal general Luisa Ortega Díaz y por su esposo. No hay ninguna intención de investigar los asesinatos de cientos de manifestantes ni los miles de heridos en las calles de las ciudades venezolanas, ni la tortura sistemática, ni las detenciones arbitrarias, ni los juicios por tribunales militares, ni el saqueo de los dineros públicos, ni las violaciones de la libertad de expresión.
¿Engaña a alguien esta payasada? No lo creo, pero sí pienso que el repudio a esta manipulación espuria, a este patético mamarracho, debe ser mucho más sonoro y contundente, antes de que empiece a “establecer verdades” y a imponer “la tranquilidad pública”. Nadie con un átomo de respeto por sí mismo puede participar en actividades promovidas o auspiciadas por una comisión de odio y de venganza.
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Se alzó la clase media mundial

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                        MOISES NAIM

¿Qué tiene en común un agricultor de Iowa, un diseñador gráfico de Chile, un jubilado del Reino Unido y un contador en China?  Dos cosas: son miembros de la clase media de su país y están furiosos con sus políticos.
Sus desilusiones están transformando la política y creando sorpresas como la elección de Donald Trump, el Brexit, la defenestración política de presidentes y una ola mundial de protestas callejeras.
En los países ricos donde la clase media se ha perjudicado, los ánimos políticos están caldeados. La globalización, las crisis financieras, la inmigración, la automatización, las desigualdades, los nacionalismos y el racismo abren oportunidades para aventureros de la política que venden como buenas ideas malas.
Y esto no solo sucede en los países ricos. La clase media de países pobres como Brasil, Turquía, Indonesia, China o Chile, comparte las angustias que acosan a sus pares en Norteamérica y Europa. Y también ellos están protestando en las calles y en las urnas electorales.
Esto es paradójico puesto que en las últimas tres décadas cientos de millones de personas en Asia, Latinoamérica y África han salido de la pobreza y forman parte de la clase media más numerosa que jamás ha existido. Pero esta nueva clase media tampoco está contenta.
Estas convulsiones no son nuevas. En 2011 escribí que “la principal causa de los conflictos que se avecinan no serán los choques entre civilizaciones, sino la indignación generada por las expectativas frustradas de una clase media que está en declive en los países ricos y en ascenso en los países pobres”.
“Es inevitable”, escribí, “que algunos políticos de los países desarrollados achaquen el declive económico de su clase media al ascenso de otros países”.  Y descubriremos que el aumento de la prosperidad económica de una sociedad no la protege de la inestabilidad política.
El economista Homi Kharas calcula que hoy 42% de la población mundial pertenece a la clase media y que cada año aumenta en 160 millones de personas. Según Kharas, los mil millones de personas que se van a incorporar a la clase media en los próximos años vivirán, en su inmensa mayoría (¡88%!), en Asia.
Es natural que cuando la clase media crece, también crecen sus expectativas. Sus nuevos integrantes suelen ser más educados y ser más conscientes de sus derechos. Tienen más capacidad de exigir y presionar a sus gobiernos, quienes a menudo no tienen los recursos ni la capacidad institucional para responder adecuadamente a las nuevas demandas.
Muchos de estos países de menores ingresos están empezando a mostrar fisuras similares a las de Estados Unidos y Europa. En los países pobres donde la clase media ha aumentado, la situación política se ha trastocado.  Los partidos y los políticos “de siempre” son crecientemente derrotados por nuevos e improbables políticos.
Hay muchos motivos para que haya este gran descontento en el mundo a pesar de que los niveles de vida están mejorando. Pero sin duda el más fácil acceso a la información es un factor crucial. Las personas mejor informadas son más difíciles de controlar. Cuando miles de millones de personas, solo con tener un teléfono móvil, pueden enterarse de cómo viven los demás, hay muchas más probabilidades de que se sientan insatisfechas con su situación. Las nuevas clases medias aspiran a salarios cada vez más altos, sanidad más barata, mejor educación para sus hijos, igualdad, mejores servicios públicos o libertad de expresión. Pero la “conectividad” más barata y accesible no es el único factor que nutre la inestabilidad política. También cuentan la urbanización, las migraciones, el aumento de las desigualdades e incluso una nueva intolerancia con la corrupción, la autoridad y las jerarquías.
¿Qué va a pasar? Está claro que vamos a seguir viendo grandes cambios impulsados por los miembros de la clase media. En los países ricos, donde los niveles de vida de la clase media se han deteriorado, estas exigirán a sus políticos reivindicaciones y cambios en las reglas imperantes. Los reacomodos políticos serán inevitables y el rechazo al “más de lo mismo” inevitable
Por su parte, las nuevas clases medias de los países de menores ingresos continuarán sacudiendo los sistemas políticos que permitan que siga ensanchándose la brecha entre las expectativas de la gente y la capacidad del gobierno para satisfacerlas. 
Sigamos en twitter @moisesnaim

 


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