SOMOS UNA ONG INSPIRADA EN LOS VALORES DE LA LIBERTAD, LA DEMOCRACIA Y EL RESPETO A LOS DERECHOS HUMANOS. NUESTRO FIN FUNDAMENTAL ES EL DEBATE LIBRE DE IDEAS SOBRE TEMAS SOCIALES, POLÍTICOS, ELECTORALES Y ECONÓMICOS. EN ATENCIÓN A TAL FIN NOS PROPONEMOS REALIZAR INVESTIGACIONES, ESTUDIOS Y FOROS, ASÍ COMO LA FORMULACIÓN DE PROPUESTAS CONCRETAS, EN EL MARCO DE LA REALIDAD VENEZOLANA Y CONTINENTAL, DE CONFORMIDAD CON LA CONSTITUCIÓN NACIONAL Y LAS LEYES VIGENTES VENEZOLANAS.
martes, 26 de septiembre de 2017
EL APARTHEID DEL HAMBRE
CARLOS TABLANTE
Esta semana se conoció que la mortalidad por desnutrición en los hospitales pediátricos ha aumentado en los últimos tres años en 260 %. Los niños venezolanos están muriendo de hambre. Esto sucede en un país que solo hasta 2014 había destinado mas de 2.400 millones de dólares a la compra de un millón de toneladas de comida. De esa suma, solo se habría entregado el 14 por ciento. El resto fue hallado en estado de descomposición en contenedores ubicados en Puerto Cabello, Valencia y Tinaquillo, en lo que se conoce como el caso Pudreval.
No había interés en distribuir los alimentos, comprados con sobreprecio y en su mayoría a punto de caducar, sino en obtener dólares preferenciales a través de sobornos a los responsables de asignar contratos en CASA, Veximca, Suvinca, Pdvsa-Pdval-Bariven y de certificar el ingreso al país, deber del Seniat, el Ministerio de Salud y la GNB.
Lo que debió ser un plan para alimentar a los sectores más vulnerables con la importación de alimentos a dólares preferenciales, terminó siendo el episodio mas escandaloso en la historia de la corrupción. Además, es el caso con mayor impunidad ya que ni un solo funcionario o contratista ha sido condenado por este macro fraude a la nación.
Robar los recursos destinados a la alimentación no sólo es un delito penal, es un delito contra los derechos humanos, es decir, contra los Derechos económicos, sociales y culturales de la Humanidad (DESC).
Más allá del perjuicio al patrimonio público hay un daño profundo e irreversible: la muerte de venezolanos por desnutrición. Se trata de una violación directa del derecho a la salud y a la vida.
En la actualidad, continúan las operaciones irregulares en la adquisición de alimentos por parte del régimen de Maduro. Los escándalos alrededor de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción o programa CLAP, así lo confirman.
Como si fuera poco, a la corrupción se suma la discriminación política con la venta de las cajas CLAP, a las que solo tienen acceso los ciudadanos que poseen el denominado “carnet de la patria”.
El acceso a la alimentación como arma proselitista queda en evidencia en la forma descarada en como los candidatos del PSUV a las elecciones regionales utilizan el programa, en el que solo tienen cabida sus supuestos seguidores, que seguramente no votarán por ellos porque saben que son los responsables de la tragedia que vivimos.
El jefe del Centro Nacional de Control de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, Freddy Bernal, ha dicho que “las cajas de los CLAP son solamente para los sectores “más vulnerables” de Venezuela, porque “las clases media y media alta tienen recursos suficientes para comprar en el mercado normal venezolano, e incluso traerlos importados”.
Nosotros nos preguntamos ¿A qué clase media se refiere Bernal? A la misma que eliminó este sistema anacrónico, fiel copia del fracaso cubano? La clase media venezolana no existe. Actualmente solo hay dos clases, los pobres, que son la mayoría, y los ricos, los enchufados y sus relacionados.
Estas declaraciones demuestran claramente que el régimen está consciente de que está condenando a morir de hambre a una gran parte de la población venezolana, a la que cínicamente considera de clase media, la cual en la realidad no tiene los recursos necesarios para comprar alimentos a los monstruosos precios que marca la hiperinflación generada por la corrupción y el despilfarro del propio régimen.
Tampoco es cierto que este programa llegue a la mayoría empobrecida en todo el país, como demuestran los altos indicadores de pobreza extrema y crítica que aumentan aceleradamente, así como el constante reclamo de los sectores populares por la ausencia de alimentos. No hay carne, no hay pollo y ahora ofrecen conejos como la gran solución. Es una burla macabra inaceptable.
Someter a un pueblo a la tortura del hambre y a la muerte por desnutrición de manera selectiva (los que no tienen el carnet de la patria) y sistemática (antes con Pdval y ahora con las cajas Clap), es una brutal violación de los derechos humanos que puede ser incluida en el expediente del Tribunal Penal Internacional de La Haya.
Félix Seijas: “La estrategia del gobierno es desactivar el voto opositor”
HUGO PRIETO
PRODAVINCI
LA "D" DE LA DERROTA DE MADURO ESTÁ EN MANOS DE LOS OPOSITORES
El gobierno de Maduro viene deteriorádose desde que se impuso por una
sucesión de fraudes constitucionales y electorales en el poder. Casi
que lo único que le queda es la represión, represión a través de leyes
injustas, represión a través de amedrentamiento, chantajes, persecusión,
cárcel, tortura y asesinatos si es necesario. Maduro ha convocado para
el 15-O las elecciones regionales que debieron efectuarse en 2016, y no
se efectuaron porque Nicolás Maduro y Cuba sabían que las perdían de
forma abumadora.
La oposición no tiene forma de perder estas elecciones si la
ciudadanía sale y vota, en Venezuela el rechazo al gobierno de Maduro
alcanza hasta niveles del 90%. Los argumentos de los opositores para no
ir a votar es porque dicen que con este Poder Electoral, que realmente
fue transformado en el Ministerio de elecciones de Maduro es imposible
ganar y que de antemano hay un fraude cantado. Veamos tres escenarios
posibles en dado caso que los comicios si se celebren el 15-O.
Escenario 1 (el cual ya no existe): Que la oposición como algunos
querían no se presentara para las elecciones regionales. Este escenario
sería catastrófico, ya que Maduro le taparía la boca a toda la comunidad
internacional, ya que convocó unas elecciones, que es la aspiración de
la oposición y de la comunidad internacional, y ante esta convocatoria
la oposición de manera inmadura no asiste. Si esto hubiese ocurrido
habría sido el Waterloo para la MUD y para los venezolanos que demandan
un cambio.
Escenario 2: Que la oposición concurra de manera masiva el 15-O y
meta los casi 8 millones de votos que logró en la consulta popular del
16J pasado. En este escenario la oposición seguramente ganaría las 23
gobernaciones, y Maduro se quedaría en una posición sumamente precaria
políticamente hablando, en lo interno y ante el mundo. Ante esa
situación Maduro tiene dos opciones: o reconocer el triunfo o perpetrar
un fraude monumental. Si lo reconoce, pierde, y si comete el fraude
también.
Escenario 3: Que los opositores no se movilicen masivamente a votar
el 15-O. Si eso Maduro ganaría unas gobernaciones y la oposición ganaría
otras, y además en este escenario sería más fácil para Maduro perpetrar
fraudes.
De acuerdo a lo anterior, la caída de Maduro, en esa ocasión si
depende enteramente de los opositores, ya que en esta oportunidad no
luchan contra las armas sino la lucha en es las urnas y en la
participación masiva.
El destino de Venezuela está esta vez en manos de sus ciudadanos, y
dependerá de la madurez política de estos el clavarla una estaca más al
gobierno moribundo de Maduro que se mantiene por la fuerza, pero también
por la falta de entendimiento de una parte de la oposición de que es
necesario jugar en todos los tableros y de manera contundente, para que
Maduro o reconoce o comete fraude, que si hace esto último generarían
muchas más sanciones y acciones de una comunidad internacional, que cada
día parece más comprometida con restaurar la democracia en Venezuela.
Especial de LaRepúblicaDelOeste para HolaIberoamérica.
En esta ocasión exploramos los colores que podrían pintar el
mapa de Venezuela, una vez que se realicen las elecciones de
gobernadores del próximo 15 de octubre.
Félix Seijas retratado por Roberto Mata
En esta ocasión exploramos los colores que podrían
pintar el mapa de Venezuela, una vez que se realicen las elecciones de
gobernadores del próximo 15 de octubre. Si el gobierno logra pintar de
rojo la mitad de la geografía nacional, la percepción que tendrá la
gente, dentro y fuera del país, es que las fuerzas políticas están
equilibradas. ¿Cuál sería el argumento que tendría la unidad opositora
para denunciar a un gobierno minoritario que cercena derechos
constitucionales? Se diluiría una de las principales conquistas
alcanzadas durante cuatro meses de protestas y enfrentamientos en las
calles que dejó un saldo de 160 venezolanos fallecidos.
Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos, estadístico por la
Universidad Central de Venezuela y Phd en Análisis de Datos por la
Universidad de Southampton, Inglaterra, analiza las variables
cualitativas que están en juego. Quedarse en la casa sería tanto como
suicidarse en primavera.
Tenemos una Asamblea Nacional Constituyente “plenipotenciaria”,
que dispone de la institucionalidad del Estado a su real saber y
entender, cuyas atribuciones le permitirían, acatando una sugerencia del
presidente Nicolás Maduro destituir a futuros gobernadores, si estos
—una vez electos— no se subordinan a su poder. La pregunta es si vale la
pena votar, si a fin de cuentas quedamos sujetos a lo que disponga esta
instancia, cuya naturaleza es monárquica e imperial.
Lo primero que hay que señalar es que esa Asamblea, ilegítima y
cuestionada a nivel internacional, es una realidad, está allí. No la
podemos negar. Existe. Entonces, hay que manejar la comunicación en
torno a ese tema. Su elección fue interpretada como una derrota, aunque
hubo varias victorias allí, pero la gente no lo ve así. ¿Por qué? Por el
discurso… hasta que se vaya Maduro, la hora cero, el punto sin retorno… Todo
eso planteaba un todo o nada. Pero cuando la gente vio a los
constituyentistas juramentándose en el Palacio Legislativo, el golpe fue
muy fuerte y la sensación es que lo perdimos todo. ¿Qué fue lo que
ocurrió? La oposición trabajó en dos frentes. Uno, trató de impedir que
se eligiera la ANC. Dos, si llegase a elegirse, que nazca deslegitimada.
Ese segundo objetivo se logró. Son 48 países los que desconocen o están
en desacuerdo con esta iniciativa del gobierno. El problema de haber
planteado el todo o nada es que la gente no termina de visualizar las
victorias que se obtuvieron.
El problema es que ese planteamiento del todo o nada ha sido una
constante en cada episodio —electoral o no—, en que se ha jugado la
confrontación política. En paralelo corre esa sensación de derrota.
Vamos a la elección de gobernadores, imbuidos en un estado de ánimo en
el que predomina la confusión, por decir lo menos. ¿Cuál es la
perspectiva?
La MUD tiene varios problemas, uno de ellos es la dificultad que
tiene para llegar a acuerdos o concertar decisiones. Tú no puedes
transmitir lo que no tienes. La gente empieza a percibir eso. Lo vimos
en medio de las protestas de este año y también en el marco del diálogo
que tuvo lugar en 2016, así como en la ronda que comienza en República
Dominicana. El mensaje no llega, porque tienes problemas de
comunicación, porque ni siquiera tienes un vocero único. Eso crea una
confusión tremenda. Ante ese vacío, la gente empieza a llenar los
espacios, según su propia experiencia y lo que va percibiendo… ¡Ah, Estos son unos traidores… estos nos vendieron, estos están negociando con el gobierno… Todas
esas son opiniones que llenan el vacío que dejan los problemas de
comunicación. Realmente, las organizaciones que integran la MUD, cuyos
intereses son distintos y eso es natural, no han podido establecer una
estructura para llegar a esos acuerdos, ni tampoco hay una estructura
para comunicarlos.
Sí tomamos en cuenta los argumentos de voceros calificados de la
academia, aquí hay mil razones para ir a las elecciones regionales, pero
también hay otras mil razones para no ir. No creo que sea un problema
argumental. Esto es algo de mayor envergadura. ¿Quizás de convicción,
digamos, o de compromiso con una política que aglutine a todos aquellos
que se identifican como opositores?
La decisión se tomó. Y la manera de invitar a la gente para que te
acompañe, es explicarle los motivos que te llevaron a tomarla. Eso,
además, tiene que sonar coherente. Tiene que haber una conexión con lo
que viene. Es decir, ¿Cuál es tu objetivo principal? El cambio político.
Estamos hablando de cambio de modelo, de cambio de gobierno. Pero si no
eres capaz de conectar tus acciones con ese objetivo principal, la
gente se va a perder y no va a valorar el esfuerzo que estés haciendo o
la acción que estás llevando a cabo. ¿Cómo esto encaja en ese
rompecabezas que es producir un cambio de gobierno? Ahí está la clave.
Si no logras que la gente haga esa conexión, estas elecciones regionales
pierden valor para esas personas. Pero, en cambio, si la gente ve dónde
encaja perfectamente esa pieza y la utilidad que tienen dentro del
trayecto que te va a llevar al objetivo principal, te va a acompañar de
inmediato. Lo va a entender. Y los convencidos se van a convertir en
factores multiplicadores del mensaje.
No estoy tan convencido de que la MUD sea una plataforma electoral
exitosa. Aquí se hicieron unas elecciones internas y lo que vimos
desdice de ese acuerdo. Podemos mencionar el caso de Aragua, de Yaracuy,
de Amazonas. Hay caras identificadas con la vieja política. El tema
electoral no está del todo claro.
La MUD, como tal, ha enfrentado procesos electorales adversos, porque
ha sido minoría, y lo ha hecho bastante bien. Es el caso de la elección
de 2012, entre Hugo Chávez y Capriles Radonsky. Algo por el estilo
podríamos decir de la elección de 2013, entre Maduro y Capriles. ¿Quién
ganó? Creo que nunca lo sabremos. Nunca abrieron las cajas. Lo cierto es
que fue una elección muy pareja y la MUD llevó el proceso hasta allí.
Aparte de las elecciones regionales, en las que confluyeron varios
factores que no se pudieron manejar, tenemos la elección parlamentaria
de 2015, ¿Cuál fue el gran éxito de la oposición? Transmitirle al
electorado la importancia que esa elección tenía como parte de su
objetivo principal. Esto es, el cambio político por medio de una
elección presidencial. Eso lo logró la unidad. Ahora viene esta elección
regional y la consulta interna. Bueno, son partidos políticos que están
buscando el poder. La disputa, la controversia, eso es intrínseco a la
lucha electoral. Eso es lo que se espera, ¿no? Lo ideal sería no general
ruidos, porque está en juego el objetivo principal. Pero sucedieron
cosas.
Vamos a decirlo: El país no está para esas cosas.
Totalmente de acuerdo, pero hubo acuerdos en varios estados y se
llegó a unas bases electorales que llevaron a una campaña que pudo ser
mucho más agresiva, que pudo ser mucho peor. Hubo un gran escándalo en
un estado y en otros no fue tan notorio. ¿Debió haber sucedido? No. ¿El
País está para eso? No. Bueno, podemos ver el vaso medio lleno o medio
vacío. Medio lleno es decir, hubo elecciones internas en casi todos los
estados, en tres o cuatro hubo problemas, eso tuvo un pico, pero ya
nadie habla de eso. En seguida, la Unidad está ensamblando su
maquinaria, toda su organización, para enfrentar una campaña de tres
semanas.
Ciertamente, la gente hizo una conexión entre las elecciones
parlamentarias de 2015 y el objetivo principal. Vale decir, el cambio
político. ¿Pero eso es así con las elecciones regionales? Pareciera que
no.
En las parlamentarias, la oposición enfrentó un dilema. Ellos no
vendieron que esas elecciones eran un paso en la dirección al cambio,
sino que eso era una piedra importante, que eso era el cambio. Eso, en
parte, explica la victoria contundente que se obtuvo. Pero también
creaba el problema de cómo cumplir con esa expectativa. Ese ha sido un
punto donde la oposición ha mostrado ciertas fallas. Que es el tema de
poner grandes expectativas que después no se van a cumplir. Eso va
creando desconfianza, un electorado desconfiado se muestra capcioso ante
cualquier cosa que le vas a decir. Eso es lo que actualmente está
sucediendo con mucha gente. La oposición dice, ¿eso es verdad o no es verdad? Si ya lo han dicho antes, ¿Por qué ahora sí? Ese ahora sí
lo tienes que comunicar también. En este momento no vas a convencer a
la gente que la elección regional es el cambio. No puedes hacerlo, no
debes hacerlo y, si lo intentas, no lo vas a lograr. Uno supone
que la campaña va a establecer esa conexión. ¿Cómo las regionales se
conectan con el objetivo principal? En el mundo nadie vota por el
pasado, la gente vota por el futuro. Carlos Andrés Pérez ganó su segunda
presidencia diciendo: Eso que tú viste en el pasado es lo que te voy a dar en el futuro. Si
no conectas con el futuro, tú no vendes en política. ¿Nos pueden
inhabilitar gobernadores? Sí, es verdad. ¿Van a tratar de hacer trampa?
Absolutamente. Entonces, tienes que empezar a dar respuestas. A decir,
por ejemplo, cómo te vas a defender.
¿Cuáles serían las motivaciones primarias que podrían atraer a la
gente? Venezuela necesita urgentemente una esperanza. ¿Pero eso es lo
que se está construyendo, digamos, alrededor del mensaje y del tema del
cambio? ¿La cosa es difícil, no?
Es muy complicada, porque ya no puedes vender el cambio como lo
vendiste en las elecciones de la Asamblea Nacional (dic. 2015). No debes
hacerlo tampoco. Tienes que empezar a hablar crudo. Tienes que empezar a
manejar las expectativas reales. No puedes seguir con el juego de crear
falsas expectativas. ¿En la medida en que hablas crudo estás vendiendo
menos esperanza? Es posible, pero tú puedes conectar el hablar crudo con
la esperanza. Tú puedes, por ejemplo, decirle a un paciente lo difícil y
doloroso que puede resultar un tratamiento, pero después te vas a
curar. El gran reto de la oposición es decirle a sus electores: Estas elecciones no resuelven el problema, pero son parte del camino.
¿Cómo son parte del camino? Primero, estás poniendo presión en el
gobierno. Si bien corres el riesgo de sufrir una derrota, puedes
demostrar que el gobierno es minoría y está seriamente cuestionado.
Segundo, el gobierno va a perder presencia en los Estados. Es decir, va a
perder recursos e infraestructura. Tercero, pones en cuestión el
esquema clientelar y de dependencia que le sirve de apoyo al gobierno.
Toda esa estructura se desmontaría, lo que significa más presión sobre
el gobierno. Las tres cosas le plantean al gobierno una disyuntiva. O
deja correr eso, lo que conlleva una pérdida de poder. O tiene que
actuar para anularte. Demos por hecho que la elección se da, ¿cuál será
la estrategia del gobierno? Desactivar el voto opositor. Más en este
momento, en que el gobierno no tiene cómo crecer. Todo su discurso
agresivo del gobierno —la guerra económica, el Imperio, Trump—, lo que
busca es aminorar el ritmo al que está decreciendo. Activar su voto es
dificilísimo. Por lo tanto lo que le queda es desactivar el voto del
contrario.
¿Qué beneficio obtendría el gobierno si llegase a tener éxito en su estrategia?
Sería más competitivo en algunos estados. En otros nada, porque la
diferencia es muy grande. Si empieza a ser competitivo, se activan los
mecanismos que pudieran tener alguna incidencia. Pudieras utilizar el
poder a tu favor, pudieras cambiar algunas reglas que, ante una
diferencia mínima, alterarían el resultado. Recordemos la elección entre
Maduro y Capriles. ¿Hubo trampa?… Lo otro es que donde pierdas pongas
corporaciones o a un protector de estado que, en realidad, son
gobernaciones paralelas. Estas no son, propiamente, unas elecciones
regionales, porque los consejos legislativos no están en juego, que son
los que te pueden inhabilitar a un gobernador. Y todos esos son rojos.
Pero todo lo que hagas supone un costo para el gobierno. Hay quien dice.
¿Acaso al gobierno le importa pagar el costo? Ahí es donde la oposición
no ha sabido vender las victorias parciales. Pero eso es lo que ha
hecho que el gobierno tenga una comunidad internacional en contra y se
vea obligado a sentarse en la República Dominicana.
El marco constitucional y las disposiciones legales se han
erosionado profundamente. Se han sacrificado derechos constitucionales.
De ahí la etiqueta de dictadura. El gobierno ha quedado al descubierto.
¿Por qué esto no se presenta como parte de los logros o del éxito que
haya podido tener la oposición?
Precisamente por la dinámica complicada que tiene la oposición a la
hora de transmitir mensajes. Eso es. No hay una sola estrategia
comunicacional única porque es difícil dentro de la unidad llegar a ese
acuerdo. Tú no puedes transmitir lo que no tienes. Más allá de si los
medios son los adecuados, ¿Cuál es el mensaje que vas a transmitir? Lo
que tienes es una cantidad de voceros hablando de distintas cosas.
Algunos hablando más por el interés de su partido que de la propia
unidad. Ese tipo de cosas las hemos visto. Ahí empiezan las
contradicciones. La gente empieza a percibir esas señales cruzadas y al
final no termina de saber en qué creer. El mensajero pierde credibilidad
y a partir de ahí, empiezas a cuestionar al mensajero. Empiezas a
cuestionar el mensaje porque sabes que mañana puedes oír otra cosa dicha
por otro vocero de lo que se hace llamar la unidad. Pero esos son
mensajes que se han tratado de transmitir. Algunos voceros lo han hecho,
pero no termina de ser el mensaje. No termina habiendo una estrategia
para poder instalar ese mensaje dentro de la opinión pública. No tienes
una estrategia, porque no hay un acuerdo para que ese sea el mensaje.
La oposición ha obligado al gobierno a delinquir, pero como no se transmite ese mensaje, se le percibe como cómplice.
Si tú dejas vacíos en los mensajes, la gente los va a llenar y eso es un dibujo libre.
O la gente pudiera hacerse una pregunta. ¿A la unidad no le importa si aquí se termina de imponer una dictadura?
Y más bien les conviene porque se están beneficiando de ella,
son opiniones que empiezan a salir. Bueno, es la gente llenando esos
vacíos. Pero nuevamente, si el objetivo principal es el cambio de
gobierno, tú tienes que mostrarle a la gente que el camino de aquí para
allá es complejo. Es difícil. Han sobrado las salidas mágicas, en 2014
con #La Salida, en 2015 con la elección de la Asamblea Nacional y más
recientemente con las protestas en la calle. Entonces, no terminas de
instalar, en el imaginario colectivo, que para ir de aquí a allá es un
camino con obstáculos.
Un usuario de Faceboock posteó una foto de Héctor Rodríguez con la
siguiente leyenda: <>. A unos les resultará una imagen terrorífica, ¿pero
eso es suficiente para activar el voto opositor? ¿Digamos, con la fuerza
necesaria para demostrar que la oposición sigue siendo mayoría? Porque a
fin de cuentas el meollo de esta elección es dilucidar si la mayoría
sigue siendo mayoría o el gobierno de alguna manera se recupera. Si el
gobierno obtiene la victoria en 10 gobernaciones eso sería una gran
derrota para la oposición.
Ganar la mitad de las gobernaciones sería un golpe tremendo para la
oposición y para el objetivo del cambio político. Primero, va a tener
una fuerte incidencia en la presión que actualmente ejerce la comunidad
internacional. Seguirán los argumentos de violaciones a los Derechos
Humanos y la ausencia del marco constitucional, pero al final lo que se
verá es el mapa de un país donde las fuerzas políticas están
equilibradas. Tu tarea es activar el voto y lo puedes hacer de muchas
maneras, aunque todas tienen que pasar por el objetivo central. Si no
logras colocar esta pieza en el engranaje del cambio, podría ocurrir que
gente que ha manifestado su intención de ir a votar se quede en su
casa, porque no ve mayor interés. También hay otra forma de transmitir
esa idea. Si no somos mayoría, el gobierno va a ser más gobierno. Si no
lo debilita, esto lo puede fortalecer. La foto de Héctor Rodríguez, en
realidad, lo que transmite o pudiera transmitir es: Mira, esto es más gobierno. Esto fortalece al gobierno.
De alguna manera todo gira alrededor del objetivo principal.
¿Usted cree que la gente tiene clara cómo se vincula la elección de
gobernadores con la elección presidencial?
Eso es algo que tienes que explicarle a la gente, por la sencilla
razón de que no lo tiene claro. Y no lo tiene claro porque en la
comunicación la unidad ha trabajado en función del todo o nada. Ahora
vamos a la protesta, a la manifestación en las calles, este es el todo o
nada. Ahora vamos al diálogo, este es el todo o nada. Algunos dicen que
esto se puede jugar en varios tableros, yo creo que se puede jugar en
uno solo, en el que se presentan distintas situaciones y tú tienes que
ir atendiéndolas todas con las piezas a tu alcance, a veces con alfiles y
caballos, otras con peones y la reina. No hay varitas mágicas, ni
soluciones simples. Esto es un problema complejo y por serlo, la
solución es compleja. Eso tiene que terminar de entenderlo la gente.
Esto tiene varios frentes. Uno es la elección regional. Otro es la
negociación. Otro es la presión de calle. Al igual que la presión
internacional.
Hay una sensación de derrota muy marcada. Basta ir al aeropuerto
de Maiquetía, donde la expresión pudiera ser <>. ¿Cómo está incidiendo ese estado de ánimo en
esta elección?
Al haberse interpretado como una derrota total, la elección de la
Asamblea Nacional Constituyente impone un proceso de recuperación de
varias etapas para superar la depresión. En eso consiste el trabajo de
la unidad. Tiene que enviar señales de que esto no se ha acabado. Ya no
se trata del todo o nada, sino de batallas que se pueden librar y
victorias que se pueden obtener y como el objetivo primario se va
construyendo. La oposición tiene que construir un mensaje claro y
coherente. La unidad es el operador político, cuyo éxito está asociado a
la posibilidad que tiene de derrotar al gobierno. Eso lo tiene que ver
la gente. Es decir, la esperanza en el futuro pasa por la esperanza que
tengas en el operador político. Lo primero que tiene que ser la
oposición es fortalecer y cuidar su imagen, porque es parte del
componente que impacta en el ánimo de la gente. Vuelve a visualizar el
objetivo principal que se puede alcanzar, el hecho de que hay un camino
que tienes que recorrer. Se eligió la Asamblea Nacional Constituyente,
sí. Pero al presidente de la Asamblea Nacional lo recibieron los
presidentes de los países europeos. Eso vale y vale mucho. Resalta eso.
Una cosa muy importante, muchos de los que se sienten derrotados han
manifestado que igual van a votar para las elecciones regionales.
“Revolución permanente” es un concepto central en Karl Marx y Friederich Engels.
Es la noción según la cual el proletariado debía mantenerse activo para
llevar el proceso revolucionario más allá de su fase
democrático-burguesa. Fue León Trotsky quien hizo del término el punto medular en su idea de internacionalismo revolucionario, contrapuesta a la concepción de Josef Stalin de limitar la revolución a la Unión Soviética.
Pero no se trata de la historia de la Revolución Rusa.
Todo esto porqué si cualquiera de ellos hubiera conocido la Guatemala
de los últimos años también habría hablado de una revolución permanente,
aunque de naturaleza cívica. Es decir, en favor de la ciudadanía
democrática, de los derechos de las personas, de las instituciones
independientes del Estado y de la probidad del gobierno.
Se trata, en definitiva, de una revolución contra la
corrupción que se prolonga en el tiempo. La misma comenzó en 2006 con un
acuerdo de asistencia judicial entre Guatemala y las Naciones Unidas.
Así se creó la CICIG (Comisión
Internacional Contra la Impunidad en Guatemala), a cargo de la
investigación de importantes casos de violación de derecho.
El caso más renombrado tal vez haya sido el de defraudación
fiscal aduanera perpetrada por una organización—denominada “la
línea”—que llegaba a lo más alto del poder político. La CICIG y el
Ministerio Público demostraron la existencia de una amplia red de
importadores-evasores dirigida desde desde la propia oficina de la
Vicepresidencia. Ocurre que impunidad y corrupción van de la mano.
Ello produjo movilizaciones populares exigiendo la renuncia de la vicepresidenta Roxana Baldetti y del presidente Otto Pérez Molina.
Las protestas fueron pacíficas y cívicas, tan cívicas que los
manifestantes barrían la plaza de la Constitución al concluir la
jornada…para volver a congregarse en el mismo lugar al día siguiente.
Ello durante semanas hasta que Baldetti renunció en mayo de 2015 y Pérez Molina, en septiembre. Ambos están con prisión preventiva bajo cargos de corrupción.
Los eventos de 2015 ocurrieron en plena elección que llevó a Jimmy Morales a la presidencia. Comediante de televisión devenido en político,
sus promesas de campaña prácticamente se redujeron a una: no ser
corrupto. No fue poca cosa en una región en la cual el crimen captura el
Estado con demasiada frecuencia, práctica que garantiza la impunidad.
Claro que la compulsión a la repetición también parece tener
lugar en la política. Así es como en enero pasado el hermano y el hijo
del presidente Morales fueron acusados de malversación de fondos
públicos. Pero luego la CICIG decidió investigar el financiamiento
electoral ilícito, incluyendo la campaña presidencial de Morales en
2015. En América Latina, el financiamiento irregular de campañas es un
crimen ya casi tipificado con nombre propio: Odebrecht.
El presidente replicó ordenando la expulsión del país del comisionado Iván Velásquez,
abogado colombiano a cargo de la CICIG. La medida lo asemeja a su
predecesor, Pérez Molina, quien había intentado caducar el mandato de la
CICIG. Como entonces, la lucha contra la corrupción volvió a sacar a la
sociedad a la calle. Y esta vez además produjo renuncias en el gabinete
y un amparo de la Corte de Constitucionalidad invalidando la expulsión
de Velásquez.
En su afán de neutralizar a la CICIG, el presidente Morales
avanza en la misma, equivocada, dirección que Pérez Molina. Logró
aprobar en el Congreso una ley para limitar la imputabilidad en los
casos de financiamiento ilegal de campañas y otra para la conmutación de
penas asociadas a dicho crimen, un evidente traje a la medida.
El Constitucional también anuló esas leyes y la movilización
ciudadana expresó su apoyo una vez más, reflejo ambos de la soledad del
presidente y la crisis política en la que habita su gobierno. Y todo
ello por no haber aprendido la lección de Pérez Molina y Baldatti, ni
las lecciones que vienen de afuera: ante la creciente
internacionalización de la corrupción, asimismo se internacionalizan los
instrumentos para combatirla.
Guatemala emite un mensaje de esperanza, ético y democrático para toda la región. La sociedad civil señala un camino.
Los guatemaltecos de a pie se resisten a ser súbditos, piezas
desechables de la maquinaria de la corrupción. Son ciudadanos, reclaman
sus derechos, demandan calidad institucional, tienen voz y capacidad de
acción colectiva. Han iniciado una verdadera revolución cívica, una
revolución que no abandonan, es permanente.
Lo que falta en América Latina es que las élites políticas
comiencen a darse cuenta de la realidad. Desafortunadamente, van muy por
detrás de las sociedades que supuestamente representan y deberían
gobernar. Y ese quizás sea el problema más grave de la democracia.
Nuestros candidatos andan en los altos hornos de la campaña contra
una maquinaria poderosa y abusiva, aunque repudiada e impopular. Pero
también mordidos en las piernas por el malderrabia de los resistencios y calle-calle,
doble ponchados en sus aventuras de estos dos dolorosos años, pero en
extremo útiles al gobierno. Debería convocarse un Rosario en Familia
para pedir que paren el malentretenimiento, el descrédito abstencionista
contra los que se la juegan en serio en barrios y aldeas. 2018 toca el
examen final del gobierno y no luce fácil eludirlo. La comunidad
internacional está orientada a que haya elección presidencial y sea
limpia, a los diálogos dominicanos, y eso intensifica con la cercanía de
la dead-line. Desde arranque de los 2000 en la aurora del
régimen, cuando se habló de prepararse para las elecciones pautadas
entonces, sonó el canto pavoso: “¿esperar?… ¡el país no aguanta más!”.
“¡La solución es ya!” (y vino el calvario: RR contra Chávez, fracaso del paro petrolero y la marchitis, payasadas del 11 de abril, plazaltamira,
retiro de candidaturas 2005). A quien invocara el sentido de la
realidad, lo execraban “los gerentes” que quebraron empresas, salieron a
quebrar la política y siguieron en eso para desventura de sus
asesorados, que si no están presos los andan buscando. De no ser por la
ominosa participación de la gerencia en la política, el chavismo tal vez
sería hoy un recuerdo fastidioso. La locura recomenzó en 2014 y a
quienes pedían prepararse y ganar las parlamentarias de 2015, les caía
de nuevo el Niágara de frases de rigor, “colaboracionistas”, “con este
CNE”, “quieren legitimar…” y nociones extraídas del país de Alicia,
donde las distorsiones oníricas de la mente sustituyen la realidad, la
reina celebra todos los días su no cumpleaños y los caminos no van a
ninguna parte.
Intervención militar democrática
Ante la propuesta de presionar en 2016 por las elecciones regionales, la respuesta de la Reina fue ¡qué gobernadores ni qué niño muerto; vamos al revocatorio!, ¡Maduro vete ya! Igual soñaron en 2017 las elecciones generales y la intervención militar democrática.
Quienes recordaban que el reto era asegurar las elecciones de 2018, que
detrás de la prisa se escondía un áspid y una equivocada evaluación
política, eran cómplices (hay unas y unos en el congelador, los sacan cada año a meter la pata, y los vuelven a esconder). Los resistencios creían tener la máquina del tiempo para adelantar todo: bastaba la frase mágica y genial: ¡el hambre no espera! y
el mundo se desplomaría. En concreto hoy vamos a 2018 en el cuadro de
la negociación. Al parecer los calle-calle y la gerencia regresaron del
futuro con el DeLorean hecho chatarra y el gobierno sigue hacia la fecha
electoral.
No luce tan descabellada la distopía de
campamentos de refugiados en la frontera. ¿Aceptarán los vecinos
semejante perspectiva? ¿Podría aparecer en Venezuela el nuevo Al-Azhad-Sadam-Fidel-Kim Jon Un-Mugabe,
el dictador sanguinario del Estado fallido que desafía al mundo? Quizás
pero con un costo social y político tal que la sacaría del cuadro de
las naciones civilizadas (del que está de salida). ¿A cambio de qué y
para qué cargarían Rusia y China con la responsabilidad de una especie
de Somalia en Latinoamérica, cuando dependería de ellos una intervención
humanitaria de la ONU? Y no es descartable que no salga de este
contexto un Al-Ashad sino otro Milosevich. Por eso es de vida o muerte
seguir las conversaciones, que los candidatos asistan si la
constituyente los convoca, y no se haga nada que salve al gobierno de su
sino.
¡Regresa Isabel!
Resistencios y
gobierno llevan 18 años de fracasos, sin el más mínimo pudor, ni
siquiera una exigua capacidad de auto reflexión. Desde que comenzó la
pesadilla revolucionaria, el desenfreno se hizo modo de vida. Toda
revolución impone como paradigma social la falacia y la exageración,
contra la democracia cuyo centro político debe ser relativamente sobrio,
porque si no lo es y cae en manos de irredentos, se acaba. La tragedia
ya asomaba sus fauces y las bielas del sistema traqueaban cuando en el
Parlamento de los 90 se exhibían en varas las cabezas cortadas de los
“corruptos” sin pruebas, y unos diputados-gladiadores, como el Podemos
que amenaza la democracia en España, sin el pudor del saco, ni la hoja
de parra de la corbata, paseaban sus propias barrigas exultantes por el
Hemiciclo.
Sostienen que El Príncipe de Maquiavelo es
realmente Isabel la Católica. Ella según sus palabras no tenía que
“decir la verdad sino lo que convenía al Reino”. Churchill utilizaba el
humor como navaja y en general los demócratas resaltan las buenas
noticias para disimular las malas. A los políticos medios en general la
cautela los enseña hablar sin decir, como satirizaba Cantinflas (“¡a ese
señor yo ni lo ignoro!”). Al contrario Fidel, Pinochet, el Galáctico
convirtieron la inmoderación, “el decir las verdades en la cara”, la
carencia de entendimiento, la piratería, la irreverencia, el estilo
zumbao y guapetón que cultivan los resistencios y los calle-calle, el extremismo mental y verbal, en el alien de
este sistema político. Su imagen de culto con chaqueta de guacamaya
tricolor y el librito azul en la mano mientras gritaba “verdades”
-generalmente calumnias- nos marcó con yerro candente.
Ortega Díaz: “Tengo pruebas necesarias para condenar a los culpables"
EL NACIONAL
Las evidencias para que el presidente
Nicolás Maduro sea condenado ante la justicia internacional están en
poder de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, aseguró
la funcionaria durante una entrevista con Perfil.
“Tengo los expedientes y pruebas de
las investigaciones sobre corrupción que abrimos en el Ministerio
Público y todo lo necesario para que un juez imparcial condene a los
culpables”, sostuvo Ortega Díaz.
Acerca de los documentos en su poder,
indicó que posee declaraciones de testigos y consultas a bancos e
instituciones financieras que dan fe sobre delitos de corrupción no solo
en Venezuela, sino también con el caso de Odebrecht.
“Las personas que detentan el poder
en Venezuela han hecho un negocio de la miseria, el hambre y la
enfermedad de nuestro pueblo”, agregó.
Desde que huyó de territorio
venezolano, la fiscal visitó países como Colombia y Brasil, al tiempo
que prometió introducir denuncias ante la Corte Penal Internacional.
Las “comisiones de la verdad” se han convertido en una práctica
corriente en países que han vivido períodos de violencia y transiciones
democráticas. Buscan afrontar la impunidad, romper el ciclo de violencia
y de violación de los derechos humanos y lograr establecer, de manera
objetiva e imparcial, qué fue lo que realmente ocurrió en un determinado
lapso histórico. Todo ello para propiciar una reconciliación auténtica,
basada en recomendaciones de políticas que buscan identificar y atender
las causas de los abusos y de las violaciones con el fin de prevenir su
futura repetición.
Históricamente, las comisiones de la verdad se han creado durante
períodos de cambio político, cuando se derrumban regímenes dictatoriales
o con la finalidad de ayudar a la resolución de un conflicto armado. No
suele ocurrir que sea el régimen autoritario y represivo el que la
promueva.
La característica más importante de una verdadera comisión de la
verdad debe ser su absoluta imparcialidad. A estos efectos, sus miembros
deben estar totalmente alejados de toda parcialidad o influencia
política, así como gozar de una intachable honorabilidad y reputación
moral y profesional. Los procedimientos para las investigaciones deben
ser absolutamente transparentes y no pretender sustituir a los
tribunales de justicia. No les corresponde establecer responsabilidades
penales individuales y sus actuaciones solo pueden servir como elementos
de juicio para los procesos judiciales
En Venezuela, la mal llamada e ilegítima asamblea nacional
constituyente ha creado una “comisión para la verdad, la justicia y la
tranquilidad pública”; una suerte de tribunal de inquisición, con
amplios poderes de investigación y atribuciones sancionatorias.
Este mamotreto, que desvirtúa la esencia de las comisiones de la
verdad, es totalmente inaceptable y merece un rechazo general que aún no
ha ocurrido. No olvidamos los muy acertados comentarios del
Observatorio Venezolano de la Justicia que dirige la profesora Laura
Louza y otras valiosas opiniones de organizaciones no gubernamentales
como Transparencia Venezuela que, con legítima indignación, han señalado
que más que una comisión de la verdad es una comisión de la venganza
que busca perseguir a la oposición política y a quienes se atreven a
pensar distinto.
¿Quiénes integran este adefesio? Empecemos por señalar que su presidente es
Delcy Rodríguez. Está integrado por el defensor del pueblo, el
fiscal general, tres miembros de la ANC, tres de organizaciones de
víctimas de la violencia política 1999-2017, un miembro de una
organización venezolana de derechos humanos; dos personas designadas por
su “competencia profesional, integridad y ética”, y tres diputados de
la Asamblea Nacional en representación de la “derecha”.
Muy correctamente, la Asamblea Nacional se negó a participar en
esta parodia. Las más prestigiosas organizaciones de derechos humanos no
fueron ni siquiera consultadas y solo las “víctimas” afines al gobierno
fueron tomadas en cuenta. En resumen, los 14 miembros de la comisión
son militantes o declarados simpatizantes del PSUV.
La presidente de la ANC y de la comisión anunció que esta abordará
varias investigaciones, entre ellas: los planes desestabilizadores
promovidos por Julio Borges contra el sistema socioeconómico y
financiero del país; la violencia y el terror que generaron grupos de
choque opositores durante los últimos meses, dirigidos por el diputado
Freddy Guevara; y la presunta red de corrupción y extorsión encabezada
por la fiscal general Luisa Ortega Díaz y por su esposo. No hay ninguna
intención de investigar los asesinatos de cientos de manifestantes ni
los miles de heridos en las calles de las ciudades venezolanas, ni la
tortura sistemática, ni las detenciones arbitrarias, ni los juicios por
tribunales militares, ni el saqueo de los dineros públicos, ni las
violaciones de la libertad de expresión.
¿Engaña a alguien esta payasada? No lo creo, pero sí pienso que el
repudio a esta manipulación espuria, a este patético mamarracho, debe
ser mucho más sonoro y contundente, antes de que empiece a “establecer
verdades” y a imponer “la tranquilidad pública”. Nadie con un átomo de
respeto por sí mismo puede participar en actividades promovidas o
auspiciadas por una comisión de odio y de venganza.
Leer más...
Se alzó la clase media mundial
MOISES NAIM
¿Qué tiene en común un agricultor de Iowa, un diseñador gráfico de
Chile, un jubilado del Reino Unido y un contador en China? Dos cosas:
son miembros de la clase media de su país y están furiosos con sus
políticos.
Sus desilusiones están transformando la política y creando
sorpresas como la elección de Donald Trump, el Brexit, la defenestración
política de presidentes y una ola mundial de protestas callejeras.
En los países ricos donde la clase media se ha perjudicado, los
ánimos políticos están caldeados. La globalización, las crisis
financieras, la inmigración, la automatización, las desigualdades, los
nacionalismos y el racismo abren oportunidades para aventureros de la
política que venden como buenas ideas malas.
Y esto no solo sucede en los países ricos. La clase media de
países pobres como Brasil, Turquía, Indonesia, China o Chile, comparte
las angustias que acosan a sus pares en Norteamérica y Europa. Y también
ellos están protestando en las calles y en las urnas electorales.
Esto es paradójico puesto que en las últimas tres décadas cientos
de millones de personas en Asia, Latinoamérica y África han salido de la
pobreza y forman parte de la clase media más numerosa que jamás ha
existido. Pero esta nueva clase media tampoco está contenta.
Estas convulsiones no son nuevas. En 2011 escribí que
“la principal causa de los conflictos que se avecinan no serán los
choques entre civilizaciones, sino la indignación generada por las
expectativas frustradas de una clase media que está en declive en los
países ricos y en ascenso en los países pobres”.
“Es inevitable”, escribí, “que algunos políticos de los países
desarrollados achaquen el declive económico de su clase media al ascenso
de otros países”. Y descubriremos que el aumento de la prosperidad
económica de una sociedad no la protege de la inestabilidad política.
El economista Homi Kharas calcula que hoy 42% de la población
mundial pertenece a la clase media y que cada año aumenta en 160
millones de personas. Según Kharas, los mil millones de personas que se
van a incorporar a la clase media en los próximos años vivirán, en su
inmensa mayoría (¡88%!), en Asia.
Es natural que cuando la clase media crece, también crecen sus
expectativas. Sus nuevos integrantes suelen ser más educados y ser más
conscientes de sus derechos. Tienen más capacidad de exigir y presionar a
sus gobiernos, quienes a menudo no tienen los recursos ni la capacidad
institucional para responder adecuadamente a las nuevas demandas.
Muchos de estos países de menores ingresos están empezando a
mostrar fisuras similares a las de Estados Unidos y Europa. En los
países pobres donde la clase media ha aumentado, la situación política
se ha trastocado. Los partidos y los políticos “de siempre” son
crecientemente derrotados por nuevos e improbables políticos.
Hay muchos motivos para que haya este gran descontento en el mundo
a pesar de que los niveles de vida están mejorando. Pero sin duda el
más fácil acceso a la información es un factor crucial. Las personas
mejor informadas son más difíciles de controlar. Cuando miles de
millones de personas, solo con tener un teléfono móvil, pueden enterarse
de cómo viven los demás, hay muchas más probabilidades de que se
sientan insatisfechas con su situación. Las nuevas clases medias aspiran
a salarios cada vez más altos, sanidad más barata, mejor educación para
sus hijos, igualdad, mejores servicios públicos o libertad de
expresión. Pero la “conectividad” más barata y accesible no es el único
factor que nutre la inestabilidad política. También cuentan la
urbanización, las migraciones, el aumento de las desigualdades e incluso
una nueva intolerancia con la corrupción, la autoridad y las
jerarquías.
¿Qué va a pasar? Está claro que vamos a seguir viendo grandes
cambios impulsados por los miembros de la clase media. En los países
ricos, donde los niveles de vida de la clase media se han deteriorado,
estas exigirán a sus políticos reivindicaciones y cambios en las reglas
imperantes. Los reacomodos políticos serán inevitables y el rechazo al
“más de lo mismo” inevitable
Por su parte, las nuevas clases medias de los países de menores
ingresos continuarán sacudiendo los sistemas políticos que permitan que
siga ensanchándose la brecha entre las expectativas de la gente y la
capacidad del gobierno para satisfacerlas.
Este es el Blog del Grupo La Colina. Aquí encontrarás artículos, discusiones, noticias, comentarios, estudios, foros, análisis y demás informaciones relacionadas con las actividades de este grupo. Eres bienvenido a participar en este blog, emitiendo tus opiniones y comentarios a la información desplegada.