martes, 29 de mayo de 2018

PARA AFIANZAR EL ESPERADO CAMBIO
 
MARTA DE LA VEGA
 
El resultado de la farsa electoral confirma la pretensión totalitaria de Maduro con su camarilla militar civil que pareciera arrojarnos a un callejón sin salida. Por estar al margen de la Constitución, según sus artículos 25 y 137, la supuesta elección presidencial es jurídicamente inexistente.

No quedan dudas del carácter anticonstitucional de la convocatoria y la ilegitimidad del proceso, que excluyó a los adversarios políticos, inhabilitó, apresó u obligó al exilio a los dirigentes y probables candidatos de las fuerzas democráticas, ilegalizó a los partidos políticos de oposición, adelantó arbitrariamente la fecha de los comicios y violó todas las garantías efectivas para ejercer el derecho al sufragio. Queda claro que también por origen Maduro es hoy usurpador del cargo de presidente de la República.

Los medios de comunicación audiovisual hicieron evidente a escala internacional el fraude perpetrado con cinismo y alevosía. También visibilizaron el repudio masivo de la población pese a las presiones, coacción económica, amenazas y miedo, al mostrar las mesas electorales vacías, las calles desiertas, la bajísima participación real de los votantes. Esta no alcanzó al 30% de los ciudadanos registrados.

En silencio, al rechazar este evento, la mayoría del país ejerció el mandato constitucional recogido en los artículos 333 y 350. Nadie se cree la cantidad de votos anunciada por la presidenta del cne. No es esta la primera vez que “inflan” los resultados. La más reciente y trágica, con 14 asesinados durante la jornada, fue la de la impuesta “elección” de la anc a fines de julio de 2018.

Parar la sistemática violación a la libertad de expresión y las agresiones contra medios audiovisuales de comunicación, periodistas y legítimos representantes de la voluntad mayoritaria de la ciudadanía que integran la Asamblea Nacional. Militares como el funesto Lugo y sus secuaces, no han hecho sino degradarse al irrespetar y violentar las instituciones democráticas.

La responsabilidad histórica de la dirigencia democrática está comprometida. Pasarán como pusilánimes y serán despreciados si no ejercen su liderazgo con firmeza, proactivamente, con altura y visión de largo plazo. La ciudadanía espera de los dirigentes demócratas decencia y ética, siguiendo el artículo 2 de la Constitución. Urge que actúen sin cálculos de corto alcance ni prebendas a lo Judas Iscariote, por el cambio político, la restitución del Estado de derecho y la democracia, el rescate de una justicia imparcial, pronta y transparente.

Recuperar la confianza requiere no solo justicia oportuna, proporcional y objetiva. Se necesita un viraje de 180° del modelo económico, la reinversión sin opacidad en la infraestructura, la recuperación de la industria de hidrocarburos, producción agroindustrial y manufacturera, la profesionalización en el área de los servicios públicos, el ataque frontal a la corrupción que se ha enquistado en todos los niveles y la implementación de políticas sociales que alivien los estragos de la crisis humanitaria.

No basta el apoyo externo. Hay tres retos del liderazgo para afianzar el cambio indetenible frente al desastre cada vez peor del actual régimen de muerte. Hacer pública una estrategia clara con unidad de propósitos y metas compartidas a favor del cambio político, con plan de gobierno, liberación de los presos políticos, gobierno de transición y nuevas elecciones con las debidas garantías. Aliviar con la ayuda humanitaria internacional el horror cotidiano de tantas familias por la carencia de nutrientes, medicamentos y tratamientos médicos eficaces. Reconstruir el país y la esperanza mediante una reconciliación nacional basada en la justicia, no en la venganza.

 

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lunes, 28 de mayo de 2018

CARTA RESPUESTA DE EDUARDO FERNANDEZ A JOSE MENDOZA ANGULO

Apreciado amigo: una mano amiga me ha hecho llegar una carta escrita por ti para mí, Después me he enterado de que la carta circula por la red. Aunque a mí no me ha llegado directamente procedo a formular algunos comentarios.

Lo primero; que me llama la atención es que mi artículo de la semana pasada te haya causado “estupor”.

En mi artículo que procedí a releer no encuentro nada que no se ajuste a la más dolorosa verdad. “Ganó la abstención y, como consecuencia, se queda Maduro”. ¿No es así? En el artículo refiero como la abstención viene ganando casi todas las elecciones desde 1993. Esta vez las ganó abrumadoramente.

Yo hubiera preferido que las ganara la oposición abrumadoramente. Eso es lo que ha debido haber ocurrido. A finales del año pasado viajé a Mérida y tuve el honor y el privilegio de ser invitado, una vez más, a la prestigiosa peña que tú integras junto con otros distinguidos intelectuales merideños y que creo que ustedes han denominado “la tertulia de los martes”. En esa ocasión les expliqué, con lujo de detalles, como veía yo la situación, desde el punto de vista político, que se nos presentaba para el año 2018 y hasta les dejé un memorándum que explicaba mis puntos de vista. (Espero que conserven ese documento, pero en todo caso te adjuntaré una copia). Les dije, con suficiente antelación a la fecha electoral, que si todos los que nos oponemos al actual régimen nos uníamos alrededor de una plataforma de unidad, con un candidato de unidad, con un programa consensuado que interpretara la tragedia que estamos viviendo los venezolanos y presentara soluciones serias a sus problemas, con una organización eficiente y con una estrategia inteligente, nosotros, los que nos oponemos al gobierno de Maduro, podíamos obtener una contundente victoria como la que obtuvo la oposición en diciembre del 2015  con ocasión de la elección de la Asamblea Nacional. Y los instaba a contribuir a la búsqueda y promoción de esa c andidatura de unidad.

En aquella reunión, muy grata y muy cordial, no sentí que hubiera discrepancias con los puntos de vista que expresé, en los términos más claros que pude, a favor de una solución electoral.

Ese memorándum lo hice circular en manos de dirigentes muy calificados del liderazgo nacional solicitándoles igualmente que trabajaran en la dirección de construir una candidatura de unidad. Lamentablemente mi propuesta no tuvo eco. No fue posible la unidad. Prevalecieron ls intereses sectarios y las ambiciones personales.
Fiel a la línea política que siempre he sostenido y que sostuvo la oposición política en los últimos años he luchado porque los venezolanos encontremos una solución pacífica, electoral, democrática y constitucional a la grave crisis en la que estamos sumergidos desde hace más de 20 años. Consecuente con esa posición he actuado siempre.

Cuando me opuse al golpe de estado contra la Constitución Nacional que pretendió derrocar al gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez el 4 de febrero de 1992, dije a toda la nación: “los problemas de Venezuela se resuelven con votos y no con balas”. Esto lo he sostenido toda mi vida. Desde que compañeros de generación me invitaron a tomar el camino de la lucha armada para cambiar la dolorosa realidad de Venezuela, les dije que yo prefería siempre el camino de los v otos y no el camino de las balas, de la violencia, de la sangre.

Por eso no entiendo como nadie puede sentir ”estupor” por mi posición de concurrir a un proceso electoral, lleno de abusos y arbitrariedades como lo he denunciado en todos mis artículos y en todas mis apariciones en los medios de comunicación social, pero un proceso que correspondía, de acuerdo con la Constitución Nacional, para el año 2018 y que pudimos haber ganado como lo aseguraban todas las encuestas de opinión pública y como lo evidencian las cifras electorales.

Ganó la abstención. De segundo, muy lejos, llegó Maduro. Si todos hubiéramos estado unidos en la estrategia que la MUD había recomendado en años anteriores consistentemente: solución pacífica, electoral, democrática y constitucional, estaríamos celebrando nosotros y no Maduro y su entorno.

Yo hubiera preferido que nuestro liderazgo político hubiera tenido el coraje cívico y la reciedumbre que tuvieron líderes como Jóvito Villalba y Rafael Caldera, que en 1952 desecharon el camino de la abstención y asumieron la lucha popular y democrática para enfrentar a una tiranía que venía de derrocar al maestro Rómulo Gallegos, de ilegalizar a los partidos políticos y de asesinar al Secretario General de Acción Democrática, Dr. Leonardo Ruiz Pineda.

Con todo el respeto que siento por ti, creo que estás equivocado. No tienes por qué preocuparte mucho porque estás equivocado junto con la inmensa mayoría de la gente en Venezuela y en la comunidad internacional que se interesa por nuestros asuntos. No creo, por cierto, que tu equivocación sea consecuencia de un derrame biliar, ¡Dios te libre! Creo más bien que tu equivocación obedece a dejarse arropar por la frustración que intelectuales de tu valía han sentido fren te a la tragedia que vive Venezuela y a la impotencia que han manifestado sus sectores dirigentes para encontrarle una salida inteligente y civilizada a esta crisis espantosa y desoladora. Por eso comprendo tu carta aunque no la comparto.

Por último déjame decirte que el triunfo de la abstención nos deja en el limbo. La abstención fue la línea política del gobierno. El gobierno sabía que si los venezolanos votábamos, votaríamos en contra del gobierno. Por eso hizo todo lo necesario para que la abstención triunfara y, en consecuencia, ellos pudieran quedarse en el poder. Lo que ocurrió el 20 de mayo representa un salto en el vacío y deja la solución de nuestra tragedia nacional en manos del azar. Estoy seguro de que no se trata del caso tuyo, pero hay muchos “abstencionistas” (aunque sé que a muchos de los que se abstuvieron les molesta que les diga “abstencionistas”) que sueñan con una intervención extranjera o con una acción militar endógena para superar la crisis. Cualquiera de las dos hipótesis me parece poco probable y nada aconsejable.

Lo cierto es que habiendo renunciado a la ruta electoral, pacífica, democrática y constitucional hemos dejado la suerte de Venezuela en manos del azar. El 20 de mayo, gracias a la abstención se desperdició la que podría ser la última oportunidad de lograr una solución pacífica, electoral, democrática y constitucional a la crisis venezolana.

Es una tragedia decir que el régimen le puso fin a la ilusión electoral. Más trágico todavía es saber que ese abandono de la vía electoral lo promovió con la complicidad de buena parte del liderazgo opositor.

Yo tengo la tranquilidad de conciencia de haber dicho y hecho lo que creía más conveniente para los intereses de Venezuela. No es la primera vez que me toca nadar contra la corriente. La historia nos enseña que con mucha frecuencia las mayorías se equivocan. Hace 2000 años, en Jerusalén, la mayoría prefirió a Barrabás en contra de Jesús de Nazaret.

Aprovecho la ocasión para reiterarte mi respeto, mi admiración y mi afecto

Cordialmente,



Eduardo Fernández
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EL GRITO SORDO DE UN PUEBLO

LUIS GARCIA MORA

PRODAVINCI

Vivimos el más frágil y peligroso desequilibrio cargado de acechanzas. Podemos derivar en una dictadura abierta al estilo cubano, si Maduro avanza más en la radicalización ante el caos. Pero podría pasar otra cosa si ante la realidad de su deslegitimación, después del fiasco electoral, la estructura del bloque de poder que le sostiene se resquebraja, y toma conciencia del nivel catastrófico de la situación.
Podría así abrirse de manera pragmática la tan esperada negociación de un acuerdo que conduzca, sobre la marcha, a una transición. Impostergable, dada la magnitud de su aislamiento internacional, el cual aconsejaría, para bien del país —y de la propia supervivencia democrática de su movimiento— adelantar los pasos en la búsqueda de una solución definitiva que de una vez por todas encuentre una salida pacífica, inteligente e imaginativa a esta crisis de gobernabilidad y de gestión.
La hiperinflacion galopante ha pulverizado todas las barreras “seudoinstitucionales” que este régimen levantó —el TSJ y la Constituyente—. Como diría el periodista Alan Riding, ha llegado el momento de un cambio drástico en Venezuela.
El pasado domingo se rompieron los diques de contención que no dejaban ver esa emocionalidad sumergida, insofocable de aquí en adelante a través de soluciones dictatoriales. En crisis de este tipo, el tejido social se tensa al máximo y surgen manifestaciones emocionales de alto voltaje.
El creciente sufrimiento de la gente pide a gritos el cambio.
Es mentira —y la estructura de poder que lo sostiene se llamaría engaño si lo creyese— que Maduro puede con esto. Y menos solo. Sin el apoyo de las fuerzas que mayoritariamente han expresado su rechazo. Ninguna de las dos corrientes políticas en pugna —y este es el dato fáctico determinante en la solución de la ecuación actual— puede por sí sola implementar un gobierno de salvación nacional. Mucho menos dotarlo de la gobernabilidad necesaria que lo sostenga y le dé el carácter estratégico que se requiere para garantizar la estabilidad política y social necesaria, de cara a la urgente aplicación de un programa de ajuste económico inevitable.
Pero para abrir un proceso de transición, no solo luce imprescindible que se produzca una grieta en la estructura madurista de poder. También del lado de la oposición: tras el rechazo de Falcón del resultado de las elecciones del domingo, antes de que el CNE lanzase sus cifras —que consideramos ha descuadrado completamente el escenario politico—, ha llegado el momento de revisar la estrategia y la acción.
Como dice Capriles en su carta, llegó la hora de que la unidad opositora evolucione, se replantee le lucha democrática y sobre todo se reconecte con los venezolanos y con la esperanza.
La oposición no puede seguir haciendo equilibrios sobre la cuerda del rechazo popular que entre otras razones nos ha traído a este desmadre político, que se manifestó en el rechazo casi absoluto de los venezolanos a los partidos de oposición y sus líderes, junto a los del gobierno.
La responsabilidad histórica les obliga a plantar cara a la situación, replanteándoselo todo, y a entrar en un debate autocrítico constructivo que de paso a una reorganización interna, coloque los liderazgos de masas por encima de cuadros y aparatos, y dé respuestas con contenido movilizador.
A “deselitizar” su conducción y a ampliar su abanico a la totalidad de liderazgos “reales” existentes, incluso más allá de sus fronteras partidistas, en un afán claro de reconectarse con la “agenda del país”. Es decir, de la crisis, colocándola por encima de la agenda política del poder, que tanto les obsesiona y paraliza, consumiéndolos en un endogámico canibalismo cainita, tan caro al logro de esa tan ansiada unificación.
No hay que confundir desencanto con desinterés. Gracias a que suponemos que la voluntad popular opera a través de la representación política (cuando la representación se toma en serio) se espera la articulación de demandas que no han llegado. En su discurso, en sus actuaciones, los líderes lucen distanciados de la realidad. Del peso humano de la mayor crisis de nuestra historia.
Y esa distancia, esa insensibilidad hacia los problemas de la gente a la que en principio representan, pasa factura. Más cuando en crisis descomunales como esta, tiene que haber una obligada ponderación del significado social de las decisiones.
Se sabe que la política es una ocupación para la que se necesita capacidad de juicio, visión de conjunto, prudencia, intuición, sentido del tiempo y la oportunidad, capacidad de comunicación y disposición a tomar decisiones. Pero si no existe un compromiso en el que el político esté dispuesto a jugárselas por su proyecto y por lo que dice representar (como nuestros líderes de la Generación del 28, la del 36 y del 58), y la complejidad se diluye en la sola lucha por el poder, entonces la base popular se advierte huérfana y se desencanta.
Más cuando se enfrenta una crisis de dominación política en la que las contradicciones de sus dirigentes, sus marchas y contramarchas, encuentros y desencuentros, y sobre todo sus silencios, es lo que dejan en el ambiente.
Después de la muerte de más de cien jóvenes en las protestas de 2017, detenciones, persecuciones y torturas, supuestamente para impedir la celebración de la inconstitucional Asamblea Constituyente, escasos días antes de la votación, la dirigencia política desapareció hasta el día de hoy, sin ninguna reflexión ni explicación.
El alma se encona, se enrarece, en medio del desamparo.
Por lo que de cara a lo que nos espera de aquí en adelante, no hay que dejar de lado el sufrimiento y el dolor popular a la hora de reflexionar sobre lo ocurrido. Y para quienes creen aún que quien así procede desde la política es populista, es bueno saber de una vez por todas que, debajo de ese sufrimiento y ese dolor, laten demandas sociales y culturales que atender.
Porque diera la impresión de que los partidos han dado prioridad —o eso es lo que reflejan las encuestas— a su papel como instrumentos de sí mismos  en detrimento de su función representativa. Hasta el punto de, como diría Daniel Innerarity, ser incapaces de cumplir las expectativas de orientación, participación y configuración de la voluntad política que se espera de ellos.
Es tiempo de reflexión y de acción. Y para hacer el cuento corto, terminaremos diciendo que el desconocimiento del proceso y sus resultados por parte de Falcón en las elecciones del 20-M, repotenció el impacto del fiasco del régimen, documentándolo. Y de manera simultánea podría abrir el camino al necesario intento de reunificación de la oposición.

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Serafín cucurusero

 Georg Eickhoff

Negro, muy negro es el cucurusero, como los angelitos negros de Andrés Eloy Blanco. Serán los angelitos negros que liberarán a Venezuela de la miseria y muerte orquestadas por la tiranía de Maduro. Naturalmente, no serán ellos solitos, pero ayudarán. Veamos.
¿Por qué serán los angelitos negros que liberarán a Venezuela? – Pedro Infante dedicó, hace 70 años, toda una película a los angelitos negros y los catapultó más tarde a la telenovela. Antonio Machín cantaba el bolero de Manuel Álvarez Rentería, luego repetido por muchos, así por Celia Cruz y, en su versión más sublime, por Eartha Kitt quien fue, como dijo Orson Welles, “la mujer más excitante en la tierra”. Pero todos quitaron al poema su famosa entrada que le da un sentido aún más marcado de crítica social:

¡Tan sano que estaba el negro!
Yo no le acataba el pliegue,
yo no le miraba el güeso;
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco,
como yo me iba poniendo.
Se me murió mi negrito
Dios lo tendría dispuesto;
ya lo tendrá colocao
como angelito del cielo.
Los angelitos negros son las víctimas del hambre como sus madres enflaquecidas. “Se me iba poniendo flaco, como yo me iba poniendo. Se me murió mi negrito.” – Para el bolero, para la película y para la telenovela lucía mejor quitar esta parte tan cruda y violenta. Pero es esta parte que hoy está viviendo de nuevo la tierra de Andrés Eloy, la Venezuela que sufre bajo la miseria inducida por Maduro y su organización criminal transnacional que envilece al país para usarlo como base para el narcotráfico y el terrorismo produciendo una nueva generación de serafines cucuruseros, niños muertos antes del tiempo.
Ahora, ¿por qué serán los angelitos negros los que salvarán a Venezuela de la muerte? Porque el crimen de lesa humanidad perpetrado contra los niños de todos los colores, cucuruseros o no tan negros, indios, trigueños, rubios, blancos que van “comiendo mangos por las barriadas del cielo”, este crimen de lesa humanidad listado en el Estatuto de Roma es lo que puede provocar la intervención humanitaria que libera a esta tierra y su cielo con su sol “que tuesta blancos”, con su sol “que suda negros”.

La acción militar contra la tiranía de Maduro es tan venezolana como los angelitos negros. Privar a la población de alimentos y medicamentos como lo hace el grupo criminal hecho Estado liderado por Maduro, es uno de los crímenes sujetos a la jurisdicción de la Corte Criminal Internacional de La Haya. Venezuela ratificó el Estatuto de Roma por el cual fue creada esta Corte tipificando el “crimen contra la humanidad” que engloba expresamente la privación generalizada y sistemática de alimentos y medicamentos. Por ello, Maduro y sus cómplices pueden ser juzgados en La Haya si no pierden la vida durante su captura en tierra venezolana como hoy pierden la vida sus víctimas pequeñas y cucuruseras.
Desde el desarrollo del Derecho Internacional producido por la cumbre de los Jefes de Estado en Nueva York, en 2005, quizás la mayor reunión de gobernantes en la historia de la humanidad, y según el documento final de esta cumbre emitido por la Asamblea General de la ONU, los crímenes tipificados en el Estatuto de Roma desencadenan la llamada “responsabilidad de proteger”. Esto significa que, si un gobierno ataca a su población sistemáticamente, incluyendo a los niños, los gobiernos de los otros Estados deben asumir su responsabilidad de proteger a los desprotegidos. Así se justifica la “intervención humanitaria” considerada en el documento, esto es: el uso de la fuerza contra un gobierno criminal. Es por los angelitos negros.
Además del apoyo bienvenido de serafines cucuruseros, se deben cumplir tres tipos de condiciones para una intervención humanitaria: condiciones internas de Venezuela, condiciones de entorno internacional y condiciones internas de Estados Unidos. Primero, hace falta un engranaje funcional entre el exilio y la resistencia territorial para crear una oposición con vocación de gobierno, lo cual es lo opuesto a la colaboración y el diálogo con el presente desgobierno. Segundo, hace falta un entorno propicio latinoamericano como lo promueve el Grupo de Lima y como toma cuerpo en la OEA, con Colombia dispuesta a prestar apoyo a una acción norteamericana. Tercero, una mayoría de las fuerzas que apoyan al Presidente Donald Trump y él mismo deben considerar que una intervención contundente y corta pueda producir el resultado deseado, conforme a sus intereses.

Organizaciones no gubernamentales de larga trayectoria como el Council of Foreign Relations y el Center for Strategic and International Studies han publicado sus análisis estructurales y cuantitativos sobre la crisis humanitaria en Venezuela y sobre las causas políticas de la misma. Las Naciones Unidas por medio del World Food Program han alertado sobre las consecuencias regionales de la crisis inducida. Está comprobado el crimen contra la humanidad que están cometiendo Maduro y su grupo. Es hora de actuar.
La reciente farsa electoral venezolana ha expuesto la falta de legitimidad del grupo de Maduro encaramado en el poder, así como de los grupos colaboracionistas. Las elecciones colombianas, en cambio, refuerzan el frente internacional contra la tiranía de Maduro la cual expulsa a millones de venezolanos de su país creando problemas de todo tipo en los países vecinos. Donald Trump puede entrar en la historia de los grandes presidentes republicanos y demócratas, pero sobre todo republicanos, como Abraham Lincoln y Ronald Reagan, por medio de un hecho militar. Este hecho militar puede ser la liberación de Venezuela.
Eartha Kitt (“I never had sex with Orson Welles”) canta la versión domesticada del desgarrador poema de Andrés Eloy Blanco en un sorprendente español, tan auténtico como excéntrico. Fue ella quien hizo llorar a Lady Bird Johnson, esposa del presidente, en la misma Casa Blanca al nombrar a los hijos, muchos de ellos negros, que iba matando la guerra de Vietnam. Le valió la persecución obscena de la C.I.A. Pero Eartha Kitt sobrevivió a halcones y palomas y luego se hizo aún más famosa, sobre todo con una gran canción que lleva un título emblemático para este momento venezolano: “Where is My Man?”

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domingo, 27 de mayo de 2018

Extraña aversión o fobia
 

El Pais

Uno de los mayores signos de civilización es, para mí, la capacidad de pedir disculpas y la disposición a hacerlo, y por consiguiente veo a la actual España como uno de los países más incivilizados que yo conozca. Da la impresión de que disculparse, rectificar, retractarse, reconocer una equivocación o un comportamiento inadecuado (no digamos arrepentirse), se hayan convertido aquí en baldones insoportables que menoscaban la virilidad de los hombres y la dignidad de las mujeres. Las únicas disculpas que se oyen, desde hace ya muchos años, son genéricas y forzadas por un clamor, nunca espontáneas o motu proprio. Cuando un político o un personaje público suelta unas declaraciones o unos tuits improcedentes, y mucha gente se enfurece por ellos, sólo entonces el metepatas dice algo como esto: “Mis palabras eran una broma, o fueron pronunciadas en un ambiente distendido y jocoso, o se me calentó la boca y no supe refrenarme. Pido perdón a cualquiera que se haya sentido ofendido por ellas”. Es decir, se presentan excusas más o menos universales, y por lo tanto impersonales: “A cualquiera que…” Y únicamente porque el ofensor está a punto de ser defenestrado por la indignación que ha levantado.

En este país se dicen muchas cosas, sin cesar; la población es lenguaraz y precipitada. Se lanzan acusaciones, se insulta, se hacen predicciones sobre la conducta de otros, se vaticina lo que alguien va a decir o hacer. A menudo se comprueba que las acusaciones eran infundadas, los insultos injustos y sin base, las predicciones y los vaticinios errados. Se llama “fascista”, “franquista”, “machista”, “misógino”, a cualquiera, simplemente porque esa persona no da a los injuriadores la razón en todo, los critica o les opone argumentos. Los argumentos nunca son contestados, se replica a ellos con el denuesto y el agravio. Si queda demostrado que quien fue tildado de franquista padeció persecución bajo Franco, o que quien lo fue de machista ha defendido en numerosas ocasiones a las mujeres, nadie reconoce su error o su destemplanza, jamás nadie se disculpa. Si ustedes se fijan, son incontables las entrevistas a celebridades en las que éstas aseveran: “Yo no me arrepiento de nada”. A mí me parece siempre una afirmación brutal, porque no conozco a nadie, en la vida real, que no se arrepienta de un puñado de dichos o hechos. Las vidas suelen ser lo bastante largas como para que uno lamente algunas cosas, bien que llevó a cabo, bien que no se atrevió a llevar a cabo. ¿Por qué admitir eso en España supone un enorme oprobio?
Hay centenares de ejemplos, pero uno reciente fue el de la alcaldesa Colau tachando frívolamente de “facha” al Almirante Cervera cuando lo desposeyó de su calle en la Barceloneta para otorgársela a un cómico que —desde mi personal punto de vista— maldita la gracia que tenía. (Espero que se me permita reírme con lo que me hace gracia y no con lo que no me la hace; hoy en día ya no se sabe.) Un montón de personas, incluidos varios descendientes de Cervera, le han salido al paso señalándole que éste murió en 1909, mucho antes de que existiera el fascismo en ningún sitio; que fue más bien liberal, y víctima de gobernantes irresponsables que le ordenaron fracasar sin remedio durante la Guerra de Cuba. ¿Ha habido alguna rectificación, matización o disculpa por parte de Colau, ha retirado su improperio producto de la ignorancia y la demagogia? En absoluto. Ella, como la mayoría de los españoles, es soberbia, y se considera tan infalible como hasta hace poco lo era el Papa. Yo me pregunto por qué cuesta tanto reconocer: “Me he pasado, he hablado atolondradamente; he sido injusto, me he excedido; retiro lo dicho y me disculpo”.
No sé. Hace unos días, mi ayudante ML-B debía enviarle por mail una nota a CLM, la editora de Reino de Redonda, relativa a unos fallos observados por un lector en la traducción de nuestro libro Los Papas. Era ya la segunda vez que me advertía, y le comenté a ML-B cuán puntilloso era ese lector. En la nota, ella convirtió “puntilloso” en “plasta”, y en vez de enviársela a CLM, por error se la mandó al amable señor que se tomaba tantas molestias. Me lo comunicó compungida (“Dimito, soy imperdonable”, me dijo). Inmediatamente le escribimos otro mail al lector pidiéndole disculpas, y aún no sé si nos las habrá aceptado. Comprendería que no. Pero era lo mínimo y no cuesta nada. Al contrario, uno se siente ligeramente aliviado del peso que lo agobia cuando ha sido grosero o injusto o desabrido o ha metido la pata. En España casi nadie siente ese peso, por lo visto. Los políticos, por desgracia, influyen más de lo que deberían en el resto de la gente; también los periodistas, que si tratan indebidamente a alguien durante meses, a lo sumo confiesan su falta una sola vez, y en letra pequeña, o a veces nunca. Mientras eso no cambie, mientras la población siga dedicada a arrojar venablos sin reflexión ni fundamento y jamás retirarlos, España —con parte de Cataluña a la cabeza en los últimos tiempos, por cierto— seguirá siendo un lugar habitado por individuos brutos e incivilizados. 

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VENEZUELA LUEGO DEL PROCESO ELECTORAL

LUIS VICENTE LEON

EL UNIVERSAL

Habíamos escrito en este espacio sobre los posibles escenarios electorales para Venezuela, las incertidumbres críticas que los definían, así como sus predeterminados. Ocurrió en fecha, la variable definitoria fue la participación y el escenario al que dimos mayor probabilidad de ocurrencia se cumplió: Maduro retuvo el poder, empujado por una fuerte abstención y por el control institucional del Estado, en medio de una elección llena de vicios, miedo y ventajismo. 

Aún sí, el resultado anunciado por el CNE para Maduro es muy pobre en términos de la participación de su propia base de soporte. Ni siquiera el chavismo, con toda su maquinaria, los recursos del Estado y la presión social fue capaz de mover una cantidad de electores chavistas similar a los eventos electorales previos. Se vanagloria de obtener 68% de los votos, en una elección que presenta la más alta tasa de abstención de un evento presidencial en Venezuela y en el que obtiene menos de un tercio de los votos potenciales del país. Esta elección adelantada no logró el objetivo de legitimación que buscaba. Todo lo contrario, se multiplican y refuerzan las denuncias de fraude y abuso de poder, se reunifica puntualmente la oposición, al menos en el aspecto de desconocimiento electoral y de legitimidad de origen, y la comunidad internacional reacciona en negativo, como era de esperar, agudizando sanciones y restringiendo, incluso en el caso de países de América Latina, las relaciones diplomáticas con Venezuela.

Las probabilidades de que el gobierno logre salir de la crisis de legitimidad por medio de una negociación política que distienda la situación interna son muy bajas y los escenarios que se plantean para el futuro cercano son negativos. Más sanciones, más crisis económica, más tensión interna e internacional y más represión del gobierno para evitar los riesgos inherentes a un país en crisis. El discurso de Maduro hacia el sector privado es amenazante, por lo que la posibilidad de un acuerdo por esa vía, se ve limitada. Y las amenazas y la represión, tampoco servirán -nunca han servido- para controlar el desborde cambiario y de precios, que hace la situación económica del país insostenible. La hiperinflación, por otra parte, hará lo que siempre ha hecho: incrementar sus costos exponencialmente y obligar a cambiar el modelo, quieran o no. 

Las sanciones internacionales económicas, financieras y petroleras que se disparan contra la economía en general, afectarán a todos los actores internos, no sólo al gobierno. Este último probablemente intentará construir un nuevo mapa de relaciones económicas internacionales, una estrategia clásica en países bajo sanciones. Aliados económicos no convencionales, pagos por compensación de deudas (para evitar transferencias), reorientación de clientes y proveedores, y primitivización de la economía. Pero algo parece claro. La situación interna del chavismo es compleja. El triunfo de Maduro es débil y los propios chavistas tienen que ver su futuro y el de sus familias en riesgo severo frente a un mundo que los tiene en la mira. 

El riesgo de fractura sigue presente y Maduro intenta controlarlo, por lo que la persecución interna en el chavismo clásico y el sector militar continuará y se agudizará, generando quizás miedo, pero también riesgos de implosión. Mientras tanto, la oposición sigue teniendo el reto gigante de abandonar la retórica política y todo aquello que los debilite y divida, y convertir su símbolo de ilegitimidad del gobierno en acción para provocar los cambios antes de que se la coma la desesperanza y la frustración, como ocurrió antes en países con gobiernos ilegítimos y sancionados como Cuba, Corea, Zimbabue y Siria. 

luisvicenteleon@gmail.com

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EL DESIERTO ROJO
 
Carlos Raul Hernandez
 
El Universal
 
Maduro matriculó para seis años más y como evidencia de lo preocupado que está ante las acciones del grupo de países que lo desconocen, expulsó groseramente al señor Todd Robinson, máximo representante de EEUU, y da una bofetada diplomática a su país. La victoria del 20M fue muy trabajada a lo largo de varios años, a lo que lo ayudaron la tremendamente sus adversarios que cometieron una cadena de asombrosos errores. El gobierno se dedicó a desmoralizar y dividir a los opositores, a provocarlos para que cayeran en trampas y se autodestruyeran, como finalmente ocurrió. Y la abstención revela una sociedad sin norte y un destino en claroscuro.

Después de esguinces y torceduras de tobillo, el diablo cojuelo del radicalismo parecía devuelto a la caverna de donde salió, pero reaparece en 2016 y toma el control de las almas. Agitó su colita cuando la MUD decidió el barranco del referéndum revocatorio. Al ver el celaje, los jefes del gobierno deben haber respirado hondo, satisfechos y tranquilos. Era el resbalón que necesitaban para cortarles el pescuezo, y ya tenían al TSJ y el CNE amolando sus hachas de carnicero. Fracaso en ciernes. 

Descabezados ante la ciudadanía, pero no satisfechos aún con el tamaño del entuerto, se lanzan a pedir la salida del gobierno en 2017 con una insurrección desarmada en la que ambos grupos observaron detenidamente a la muerte por goteo de manifestantes, que nadie intentó detener. El gobierno feliz porque tenía de nuevo la ocasión de dejar sus adversarios desnudos y en la calle, apaleados y llenos de moretones. En las puertas de Troya, cuando la ciudad pudo ver la cobardía y la incapacidad militar de Paris, Agamenón le gritó a Helena “¿por ESTO me dejaste?”. 

Poder para desacreditar
Nuevo pastel de crema revienta en la cara opositora ante la ciudadanía, en la que prendió la idea de que amateurs no podían ganar ni en la liga de los criollitos. En entredicho una vez más ante su gente, que se los cobró en la elección de gobernadores. A partir de ahí vino la entropía total, el caos, el Titanic emocional, nadie sabía qué hacer en el naufragio, todo salía mal y la sádica astucia decidió meter el estoque hasta la empuñadura: “Uds. querían elecciones rápido (acordaron en Dominicana que fueran para abril). Ahí las tienen”. 

El Estado Mayor opositor en barrena, la hora loca, tanto que parecía el de Hitler en el bunker tal como cuenta la película de Oliver Hirschbiegel y el desbarajuste se hizo fractura. No estaban dispuestos a apoyar al único de los dirigentes en condiciones tácticas de ser candidato. Primero muertos. De ahí nace la candidatura de Henri Falcón y el regreso del abstencionismo, que se abrió como un pavo real cuando la última esperanza, Mendoza, declinó el áspid que le entregaban entre la cesta de higos. Pidieron a Mendoza que aceptara la candidatura y ante la negativa decretaron: “no hay condiciones”. 

Derrotado Falcón el 20 de mayo por la monumental maquinaria nacional e internacional de calumnias, estamos de nuevo ante la desaparición de las fuerzas democráticas, y la alucinación, el autoengaño, los espejismos, llevan a los conductores de la hecatombe opositora a sentirse triunfadores, cuando lo que queda es un mar de cenizas. -“Te doy primero la buena y después la mala noticia”- dice el cirujano al paciente al que amputó la pierna- “la buena, hermanazo, es que saliste perfecto en la operación. La mala es que te cortamos la pierna que no era”-. El público espera que caiga el “deslegitimado” porque eso le dijeron que ocurriría.

Su concesionario Miraflores
Ahora el gobierno tiene las gobernaciones, las alcaldías, los consejos regionales, la Presidencia de la República, la Asamblea Constituyente, con lo que acumula un poder del que no disfrutó Chávez, ni siquiera cuando le regalaron la abstención de 2005. Como si fuera poco, se destruyó la confianza en el voto, el único instrumento si no se produce una invasión extraterrestre, o la intervención militar democrática, y va a ser difícil convencerlos en el futuro de que hay que votar. Para lograr alguna identificación con el público, en vez de hacerlo elevar su nivel de comprensión de la realidad, decidieron acostarse en el piso boca abajo. 

No se han dado cuenta de lo que pasó. Para amortigua los efectos de cualquier sanción económica ahí están Rusia y China, a cambio de acciones en minerales estratégicos. Tal vez compren hasta el salto Ángel y el llamado Palacio de Miraflores podrá ser pronto una concesionaria de automóviles Chery. Las sanciones nunca alcanzarán a la nomenclatura que vivirá gorda y feliz. Se ha dicho varias veces: durante el período especial, cuando los cubanos comían conchas de plátano, Castro aparecía fotografiado con delegaciones extranjeras devorando langostas, y no eran crustáceos socialistas.

Ojalá Maduro entienda por fin que la serranoeconomía lleva la inflación a 200.000% y que entre sus monstruosas no políticas económicas, muy pronto todos los venezolanos vamos a comer basura, y eso cuando haya basura que comer. Si se produjera un embargo comercial a Venezuela por “la comunidad internacional”, Maduro podría establecer un gobierno definitivamente tiránico, sin más elecciones ni medios de comunicación. Cuando los triunfadores de la abstención se despierten de ese sueño incomprensible que los hace sentir victoriosos, y no lleguen los marines, entenderán que nos metieron en un desierto interminable. 

@CarlosRaulHer

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