domingo, 24 de febrero de 2019

EN VENEZUELA SE LIBRA LA BATALLA POR EL RELATO 

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                    Thaelman Ürgelles

ACTO I.
Cuando todo estaba perdido y los militares se disponían a entrar al Palacio de la Moneda; cuando quienes resistieron unas horas comenzaban a rendirse, Patricio de la Guardia ordenó a sus subalternos: “vamos a evacuar, según el plan trazado, espérenme que voy a acompañar al presidente". Los hombres se reunieron en el lugar convenido para iniciar el escape de aquella batalla desigual y al cabo de un rato regresó De la Guardia: “El presidente está muerto, luchó como un valiente, vámonos …"
Este es el relato que dieron a sus colegas, los guardaespaldas cubanos del “Compañero Presidente" Salvador Allende, destacados allí por Fidel Castro y aceptados gustosamente por el presidente chileno. Todo veraz, aunque no incluía la escena correspondiente al encuentro entre Patricio de la Guardia y un desesperado Allende, quien según testigos se comportó muy valiente pero al ver todo perdido clamaba a esa hora por una tregua de cinco minutos, según algunos “para negociar la rendición”.
De la escena INT. DESPACHO PRESIDENCIAL – DIA dieron cuenta años después dos agentes cubanos que desertaron en Europa: Dariel Alarcón Ramírez (a) “Benigno" y Juan Vives, quienes se lo contaron al periodista francés Alain Ammar para el libro Cuba Nostra, Los Secretos de Estado de Fidel Castro. El propio De la Guardia se los habría narrado a ellos, a su regreso a La Habana luego de su bien planeado escape del Palacio Presidencial de Santiago de Chile.
Estos serían los hechos: Patricio De la Guardia entró al despacho de Allende, quien muy angustiado ordenaba solicitar la tregua para negociar la rendición, entonces él lo tomó por los hombros, lo hizo sentar en un sofá y le espetó: “Los presidentes revolucionarios no se rinden" y seguidamente le arrojó una ráfaga de su ametralladora. Luego colocó en manos del cadáver el fusil personal que le había obsequiado Fidel Castro, el mismo con el que aparece Allende en otras fotos del mismo día.
Las instrucciones del alevoso magnicidio le fueron dadas telefónicamente al militar por el propio Castro, en términos tales como: “Patricio, no podemos permitir que Allende se rinda o asile en una embajada, el presidente tiene que morir como un héroe… la revolución chilena necesita un final heroico”. En la lógica tanática de Fidel Castro, y en su arrogancia triunfalista que no admite fisuras en la infalibilidad comunista, un proceso político a cuya polarización él apostó tanto no debería tener el infeliz desenlace de una rendición.
Recordemos cómo el dictador cubano –a través de sus secuaces chilenos, de sus propios agentes infiltrados y de su presencia agitadora personal durante 23 días, insólita duración para una visita de Estado-trabajó activamente para profundizar el conflicto chileno y hacer imposible todo curso pacífico como el propuesto inicialmente por Allende y la mayoría de los partidos que lo apoyaban.
 
Castro no podía permitir que el proyecto socialista chileno naufragara en su propio fracaso. Una premisa de todos los totalitarismos –Hitler y Mussolini incluidos- es la negación a toda salida pacífica, y mucho menos electoral, de su poder. Porque una salida de ese tipo evidencia que la supuesta “revolución popular”, encabezada por el proletariado y apoyada por las “mayorías depauperadas”, ha sufrido el abandono por parte del pueblo debido a su imposibilidad esencial para cumplir con las promesas de redención que las llevaron al poder. En tal sentido, la revolución no fracasa, ella sólo finaliza como producto de la acción demoníaca del opresor imperialista y sus lacayos.
ACTO II.
Cuando en julio de 2011 comienzan a aparecer los primeros síntomas de una dolencia física en el cuerpo del presidente Hugo Chávez, era automático que el primero en saberlo sería Fidel Castro, tal era el grado de control que ya había instalado ese maligno político sobre todos los aspectos del poder en Venezuela. Los médicos, guardaespaldas, asesores de mayor confianza y hasta ciertas amantes del líder respondían directamente al régimen cubano. Chávez fue examinado en Cuba a fines de ese verano y Castro conoció el diagnóstico primero que él: su gravedad, posibilidades de recuperación, posibles tratamientos, etc.
Así que Castro tuvo la oportunidad de evaluar opciones y escenarios, antes que el propio dueño del cuerpo en peligro. Pronto concluyó que estaba ante un dilema: o salvar la vida de Chávez o salvar el proceso revolucionario venezolano, que desde hacía 12 años fungía de única tabla de salvación para una isla hundida en la peor de las miserias por obra del siempre ruinoso socialismo más la corrupción e incompetencia de él y su corte. El dilema estaba fundado en la proximidad de las elecciones presidenciales de Venezuela, previstas para diciembre de 2012; de modo que, para someter  a Chávez a los tratamientos requeridos que efectivamente curasen, o al menos detuviesen por unos cuantos años el cáncer que crecía dentro de él, tendría que retirarse de la presidencia y de la política activa por al menos 18 meses. Y esos plazos no cuadraban con la participación de Chávez como candidato presidencial ante una oposición que se veía crecer unificada, mientras que en el campo chavista no existía una figura de reemplazo que, en tan poco tiempo, pudiera garantizar una victoria electoral.
Con la capacidad de seducción y manipulación que lo hizo famoso, Castro entró en acción. Y con el apoyo del cuerpo médico cubano, y hasta de santeros y paleros en los que Chávez tanto confiaba, logró convencerlo de que su mal no tenía remedio, que a él le correspondía librar su última batalla, perder la vida y ganar la eternidad, como el líder revolucionario que dio su vida por la felicidad de su pueblo. Sólo habría que adelantar las elecciones un par de meses, para garantizar que él llegara con fuerza hasta ese momento.
Chávez aceptó su destino y su misión; y vaya que la cumplió con creces, hay que reconocerlo. Baste no más recordar el acto de cierre de campaña, en octubre de 2012, cuando habló un buen rato con su energía habitual y bajo un aguacero, hasta caer desmayado en el vehículo donde prácticamente lo arrojaron luego de recorrer un buen tramo de la multitud. La historia siguiente la conocemos: Chávez ganó la elección de 2012 –la ganó, dejémonos de pendejadas- y le salvó la mesada a Fidel Castro por seis años más.
ACTO III.
Los acontecimientos recientes permiten ahorrarnos el recuento y caer en el neto presente, sin mayores descripciones: la dictadura de Maduro se encuentra en una posición insostenible, todo el mundo sabe que el régimen no podrá librarse de este nuevo desafío y que es cuestión de días, a lo más semanas, para que sea echado del poder por el pueblo venezolano, su dirección política y una poderosa coalición internacional a la que estaremos históricamente agradecidos. Ante una situación que no admite dudas, las voces más sensatas del mundo le piden a Maduro que negocie ya su salida; existen diferencias sobre el tono, la forma y las condiciones de esa salida, pero no queda nadie que le pida mantenerse.
Salvo Cuba y su decreciente corte de gobiernos satélites y un puñado de mohicanos individuales. Para ellos resulta indispensable que la salida de Maduro y su pandilla ocurra por una vía violenta, lo más parecida que se pueda a una invasión imperialista con víctimas civiles, mejor si se presentan algunos bombardeos y toda la escenografía victimizada para la ocasión. Si eso ocurriese, no importan las condiciones en que sea provocado, quedaría salvado el tesoro más preciado de esta gentuza: El Relato, la posibilidad de mantener viva la salvaje mentira de que “el socialismo es la mejor vía para la felicidad de los pueblos”. Un sueño milenario que, cuando está a punto de fructificar es truncado por los malvados burgueses e imperialistas.
Hasta ahora la premisa de resistir como Numancia les ha funcionado. Aunque todo el mundo sensato sabe que el ensayo de un “socialismo electoral y pacífico” en Chile fracasó miserablemente, un sector del mundo -minoritario pero muy eficaz y ruidoso para la propaganda- mantiene la tesis del pueblo marchando unido hacia su felicidad, arrebatada por la diabólica "derecha", representada por "la burguesía aliada con el Imperio".
EPÍLOGO.
Lo dicho, sumado a todo lo que hemos visto desde 1999 y particularmente en estos días, me lleva a pensar que Maduro y su corte más íntima resistirán hasta lo indecible, incluso poniendo su vida en ello. No tengo dudas de que Raúl Castro le ha pedido eso a Maduro y que ha ordenado las medidas para que un final como ese se produzca, aun cuando Maduro se eche para atrás a última hora.
 
Corresponde a nuestro pueblo, a su dirección política y a los gobiernos de la coalición aliada, hacer los mayores esfuerzos para que el designio del comunismo internacional no se produzca de nuevo en Venezuela. No regalarles fácilmente el relato. Tales esfuerzos se han hecho y se siguen haciendo, hay que reconocerlo.
Por supuesto, tampoco podemos regalarles por ello un tiempo más en el poder. Si el afán castro-chavista de que esto termine de un modo violento se hace muy difícil de sortear, y si por ello resulta muy costoso sacarlos por medios pacíficos, no dudo en aprobar que los complazcamos en su obsesión.
Que salgan entonces con las patas por delante.
@TUrgelles


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EL EFECTO GUAIDÓ

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   LUIS VICENTE LEÓN

A finales del año pasado, las encuestas mostraban una mayoría contundente de la población que rechazaba a Maduro, su gobierno y su modelo. Era (y sigue siendo) un país contundentemente opositor. Pero esas mismas encuestas eran también demoledoras para la oposición institucional. Ningún líder lograba obtener más de 25%, con un gran grupo de personas que siendo opositora, no se conectaban con nadie. 

Era obvio que los venezolanos se habían decepcionado de sus líderes y pedían cambio, de Maduro y de la misma oposición. Los partidos políticos exhibían una popularidad decepcionante, la MUD estaba por debajo del PSUV y, lo más impactante era que el nivel de respaldo a la Asamblea Nacional alcanzaba apenas el 17,5%, empatada con la Asamblea Nacional Constituyente. 

Esta realidad generaba la condición perfecta para el surgimiento de un “Outsider”. Por injusto que pareciera, la población se había desconectado de esos líderes opositores que tanto trabajo, esfuerzo y sacrificio habían asumido y estaba exigiendo algo claramente distinto y, como escribí en varias oportunidades en el pasado, la demanda siempre genera su propia oferta. Sin saber quien era, lo estábamos esperando. 

Por supuesto que era imposible imaginarse cómo ni quién llenaría ese vacío. Los outsiders salen de donde menos los esperas y Juan Guaidó no estaba ni en la lista más extensa de posibilidades, entre otras cosas porque no sería técnicamente un outsider, toda vez que tiene un trabajo político previo, participa en uno de los partidos formales y fue elegido como diputado a la AN. 

Pero resulta que este actor casi desconocido, resultó tener precisamente las condiciones del outsider que esperábamos y en el momento perfecto. 

A Guaidó le vino su oportunidad de oro por carambola. Era un líder inteligente, exitoso y trabajador, pero sin proyección pública. Su partido es la cuarta fuerza en la AN y por lo tanto le tocó asumir la presidencia al cuarto año del triunfo opositor. Dentro de su propio partido, no era el heredero natural, pues sin contar con su líder fundamental, Leopoldo López, quedaba primero en la jerarquía partidista Freddy Guevara, hoy asilado en la embajada de Chile, y Luis Florido, expulsado del partido por diferencias irreconciliables. Así, luego de todo este tránsito de directorios cambiados y líderes fuera de juego, llega Guaidó a la presidencia de la Asamblea en el momento estelar en el que Maduro toma posesión para un segundo mandato, en medio del rechazo contundente de la oposición y el desconocimiento masivo de su legitimidad de origen por parte de un grupo relevante de países, encabezados por EEUU, Europa y el Grupo de Lima (sin Uruguay y México). 

Y entonces aquí está. Un líder joven y fresco que la gente no vincula ni con el pasado ni con su propio partido ni con sus líderes tradicionales. Un “Insider” que reúne todas las condiciones de un “Outsider” capaz de llenar el enorme vacío de liderazgo y confianza que tenía la mayoría de la población venezolana y que colocado en el cargo perfecto y en el momento justo, se convierte en semanas en un líder sin sombras, con una popularidad que sólo había tenido en el pasado reciente Chávez, lejos del soporte popular de cualquiera de su compañeros de lucha y, lo más relevante, con un nivel de rechazo estadísticamente despreciable. Un líder que hoy es capaz de mover la fibra de las mayorías, articular a la oposición por acuerdo o por la propia fuerza de su respaldo popular (cuando no es posible llegar a acuerdos) y que, más allá de su posición de sustituto constitucional, ganaría cualquier elección, sin que nadie le quede ni cerca. Y pensar que hace dos meses, pocos sabían quien era. Cosas de la política.

luisvleon@gmail.com




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LA MUERTE TE QUEDA BIEN

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CARLOS RAUL HERNANDEZ

El socialismo del siglo XXI muere como tenía que morir, trágicamente. Fue un nuevo error de la historia y de los pueblos que parecen tener por costumbre equivocarse con demasiada frecuencia, hacer constantes ironías que no se entienden y dar lecciones que nadie consigue aprender, como pudiera pasar ahora en México. ¿Cómo pudo caber en la cabeza colectiva de alguien volver a tropezar con la misma eterna piedra, después de lo ocurrido en los cuarenta y tres años desde la denuncia de Kruschev en 1956 hasta la Perestroika de 1989, y cuando ya la NASA estudiaba cómo desviar un meteorito y evitar que choque con la Tierra, tal según podría ocurrir en 2022? 

De aquella frase escrita por Rafael Correa con caracteres góticos aunque en la arena, “Latinoamérica vive un cambio de era”, Unasur, Mercosur, Alba, Celac y demás pamplinas antinorteamericanas, quedan hoy unos precarios gobiernos acorralados en Caracas y Managua ¡Cuánto cambió el mundo! López Obrador no deja de ser una amenaza pero debe haber visto en los espejos trizados del camino los mil rostros del fracaso del siglo XXI y del siglo XX. La historia regional repite hasta las arcadas el eterno retorno. Un caudillo astuto, con habilidad de pandillero, carismático, demagógico y cabeza hueca seduce a las elites para que le abran todas las puertas. 

Y por la venerable costumbre de meter sinvergüenzas en el Poder Judicial, -vigente hasta la fecha- también le dan las llaves. A pesar de eso el eje rojo o rosado que cruzaba el continente en los 2000 se reduce ahora a unos manchones de color indeterminado, porque nadie podrá decir que Ortega o Morales impusieron modelos económicos comunistas en sus países. Son dictaduras bastante depravadas como suelen serlo ellas, pero también mercados en funcionamiento. Serán locos pero no tontos. 

El mar de la conciliación
La extravagancia absurda del esquema económico venezolano, salió de los retortijones mentales de un oficial de precaria formación, un comediante que se presentó, para seguir con los lugares comunes, de una vez directamente como comedia. Aquellos oropeles retóricos de la primera década del siglo, solo dejaron malos recuerdos y un país despanzurrado. Muchos de los que convencieron a la gente para arrojarse al mar de la felicidad, hoy piden con razón que no se hable de eso y los que decían que no teníamos democracia sino un “sistema de conciliación de elites” desean intensamente y con justicia que haya conciliación. 

Se acabó de nuevo la promesa de una nueva sociedad, una nueva civilización, la democracia protagónica, los gobiernos de cumbre en cumbre y los pueblos de abismo en abismo, el maldito puntofijismo. Resalta que el intento revolucionario volvió a fracasar porque no sirve para nada, nunca sirvió, y siempre tuvo el corazón podrido. Por mucho tiempo la pobreza extrema, la hambruna o sus prolegómenos en las revoluciones socialistas se atribuían al “cerco occidental” contra la URSS o China y al “bloqueo norteamericano” de que hablaban los Castro. 

Hoy llegaron a balbucear una supuesta guerra económica y sobre un tal bloqueo, cuando lo cierto es que Venezuela recibió la increíble, abrumadora monumental suma de dos billones de dólares, principalmente de Estados Unidos, con lo que debería ser hoy un país plenamente desarrollado. Cuando termine el ciclo de destrucción será preciso conquistar una estabilidad suficiente para iniciar la regeneración de la democracia e implantar un bloque de reformas económicas estructurales y coyunturales para recuperar el crecimiento y el camino de la civilidad. 

Primero lunes, luego martes
Las posibilidades de recuperar del país serán muy altas una vez se neutralice el sarcoma que corroe sus estructuras y muchos países se levantaron de situaciones parecidas. La experiencia indica que hubo éxito donde grupos dirigentes pudieron resolver por sí mismos, con sus propias fuerzas, el problema interno y demostraron que tenían capacidad endógena suficiente para responder al compromiso y recuperar sus países. Así ocurrió con gran parte de Latinoamérica, particularmente Chile, Perú, Argentina, Ecuador, Brasil, Salvador, Guatemala. En el caso de México los factores de poder lo lograron después de 19 años de guerra y millón y medio de cadáveres. 

Muchas naciones en las que los grupos dirigentes no pueden conquistar la democracia por sí mismos y requieren prótesis sine qua non, arrastran demasiadas dificultades para la reconstrucción y tienden a perderse en piélagos de inestabilidad crónica (Bolivia tuvo 20 gobiernos de facto en 20 años). Otros terminan como estados fallidos y entre ellos son muy recientes Libia, Irak, Siria en los que la incapacidad interna para conseguir acuerdos de gobernabilidad se tradujo en imposibilidad para la sobrevivencia. 

Hay boxeadores que entran al ring buscando el golpe para obtener knockout, lo que requiere una aplastante superioridad y suerte. Pero la mayoría de los combates se gana por votación dividida de los jueces. La actitud de la UE y también la que menos claramente se percibe detrás de las palabras fuertes de algunos factores de la política norteamericana, parecen producto de haber evaluado los riesgos de que malas salidas a las crisis pueden ser tan indeseables como las no salidas, caldo de cultivo para recaer. 

@CarlosRaulHer




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sábado, 23 de febrero de 2019

A LO PABLO ESCOBAR











  HUMBERTO GARCIA LARRALDE


Estoy terminando de ver por Netflix la excelente serie de Caracol, “Pablo Escobar, el patrón del mal” que relata en detalle la carrera de este temible capo. De un bandido sagaz y ambicioso que medía fríamente sus pasos en la prosecución de su negocio –el tráfico de drogas a EE.UU.—, se convierte en un monstruo sanguinario embriagado por el enorme poder que acumuló, dispuesto a retar al Estado colombiano con una guerra a base de atentados terroristas. Obnubilado, pierde toda capacidad de discernir sus límites y se embarca en una temeraria y cruel confrontación que provoca muchas muertes y, finalmente, la suya: “el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente” (Lord Acton dixit). La serie revela a un psicópata que no se detiene ante consideraciones morales, políticas o legales para subirle la apuesta al Estado por cada revés sufrido. Lo insólito es que va “justificando” sus crímenes con una curiosa ética que considera legítimo su oficio. Deshonestos, injustos, marrulleros y corruptos son los funcionarios públicos, no él. Culpabiliza a la oligarquía colombiana por arrinconarlo como un antisocial. La organización criminal que forjó, absolutamente obsecuente y vertical, junto a los demás capos socios, le refuerzan su conducta ciega de violencia, empujándolo a la conflagración final. 
Escobar quiso capturar al Estado desde afuera, desde su posición de poderoso capo mafioso, uno de los hombres más ricos de Colombia. Tuvo en su nómina a oficiales de policía, funcionarios públicos y por lo menos un senador de la República. Coqueteó incluso con la idea de una candidatura presidencial suya. Más, en definitiva, no pudo poner las instituciones del Estado a su servicio, a pesar de haber intentado arrodillarlas asesinando a un ministro, a altos oficiales de la policía, al procurador y a Luis Carlos Galán, quien se perfilaba como próximo presidente de Colombia. 
El paralelo con Maduro y sus cómplices es ineludible, a pesar de que sus negocios se centran más en la depredación de la riqueza social que en el narcotráfico. Pero donde fracasó Escobar, la mafia militar civil venezolana tuvo éxito. Se evitó tener que buscar el control del estado desde afuera porque ya lo había conquistado desde adentro. Habiendo capturado la presidencia en elecciones legítimas, Chávez empezó a desmantelar sus instituciones y a arrinconar las fuerzas de mercado, abriéndole oportunidades a allegados para toda suerte de corruptelas. La acumulación de fortunas pasó a depender cada vez más de la correlación de fuerzas derivadas de la estructura de poder, fomentando complicidades internas que terminaron colonizando al aparato estatal. Central a ello fue corromper la cúpula militar.
Igual que “el patrón del mal”, Maduro, siendo dictador, se fue embriagando con el poder desmedido, perdiendo la perspectiva de sus limitaciones. Cuando los precios del crudo revirtieron desde los niveles extraordinarios alcanzados, prefirió recostarse en la complicidad de militares corruptos que en intentar legitimarse corrigiendo sus políticas. Le declaró así la guerra a la sociedad venezolana, labrando trincheras fraudulentas para ello: una asamblea constituyente y un tribunal supremo desvergonzado. Y como Escobar, desafía abiertamente al mundo y recluta malandros para su defensa. Rota su conexión con la realidad, no se da cuenta que se le acabó la partida, que debe negociar su salida. 
El temible capo de Medellín hizo explotar un vuelo de Avianca y a edificios públicos, matando a muchísimos inocentes. La crueldad de Maduro sacrifica millares de vidas igualmente inocentes impidiendo la entrada de ayuda humanitaria. Y, como el capo --quien alegaba ser de izquierda--, se encubre en una retórica justiciera para echarle la culpa a otros de sus crímenes. 
Escobar, abandonado por sus antiguos compinches, termina acribillado por la fuerza pública. Se le había cerrado toda otra salida. ¿Qué va a decidir la mafia venezolana una vez termina de resquebrajarse la complicidad militar? Para bien de los venezolanos, se les está ofreciendo salida.
 

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viernes, 22 de febrero de 2019

WOODSTOCK EN CÚCUTA














           JEAN MANINAT

En agosto de 1969, en un pequeño condado del estado de Nueva York, un granjero lugareño accedió a conceder 240 hectáreas de su granja para la organización de uno de los eventos culturales colectivos más importante del siglo pasado: el Festival de música y arte de Woodstock (Woodstock Music & Art Fair). Más de 400.000 jóvenes (y otros menos jóvenes) asistieron a un pandemonio de lodo y rock que vendría a ser considerado como el gran ícono fundacional de la cultura hippie. Fue una marea transgresora, un hito que marcó la cultura popular norteamericana, siempre presta a absorber las más disímiles influencias culturales sin que se le escape un estornudo. El documental que recogió el evento, muestra que los organizadores no tenían el menor atisbo de estar realizando un hecho histórico, una multitudinaria protesta en contra del establishment y la incapacidad de las élites para escuchar los ventarrones de cambio que soplaban. (The times they are A-Changin, ya había vaticinado unos años antes Bob Dylan).

Desde el punto de vista musical fue una de esas raras flores que brotan en el fango y que ya no hace posible que escuchemos música de la misma manera. ¿Cómo hacerlo después de escuchar atónitos la desgarradora voz de esa tragedia rockera llamada Janis Joplin, o electrizarse con la transgresora versión del himno americano que espetó Jimi Hendrix con su guitarra? Pero Woodstock fue sobre todo un hecho político-cultural, el primer gran temblor de una sacudida social que cambiaría la fisonomía de la sociedad norteamericana de manera sustancial.

El concierto Venezuela Aid Live tiene de cabezas a la nomenclatura gobernante, sus principales voceros lucen totalmente desquiciados, haciendo aspavientos y diciendo pavadas. Mientras se ufanaban de estar preparados para resistir hasta la muerte (qué gusto por la necrofilia caballero) para enfrentar la temible invasión yankee, dan vueltas gruñendo y mordiéndose la cola a la hora de enfrentar a un grupo de notables artistas tan solo armados de sus instrumentos musicales y sus voces.

Uno entiende el escalofrío que les pudo recorrer la espina dorsal cuando escucharon que la “intervención extranjera” ha sido organizada por el general Richard Branson, jefe militar de los temibles cuerpos especiales, los Virgin Seals, toda una leyenda en los sectores más duros del Pentágono. Pero, bueno, un poco de compostura nunca está de más.

La “estrategia Guaidó” ha desconcertado a la nomenclatura gobernante, acostumbrada como estaba a una oposición democrática que había cedido ante el chantaje radical de la testosterona y las poses histriónicas. Parece haber regresado el hada de la política, el único instrumento que ha podido vencer al régimen y contra el cual no son totalmente efectivas las armas de la represión.

Hasta ahora, el pulso lo vienen perdiendo los aparatich de Miraflores. Si en algún momento supieron vender el cuento de una revolución asediada por la derecha internacional, se han quedado cada día más íngrimos en su afán de perdurar en el poder a pesar del creciente desapego popular hacia su lamentable gestión gubernamental. Hablando para atrás y para adelante, han terminado por aceptar que hay una crisis humanitaria que solo los rusos tienen derecho a paliar. Están sitiados hasta por sus propias palabras.

Millones de gentes -como decimos en México- verán y escucharán el concierto Venezuela Aid Live a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Un ejercito de voluntades multinacionales solidarias con la tragedia venezolana. Eso no podrán pararlo con poses y bravuconadas militaristas, ni con imitaciones de carpa remendada y con goteras.

Será nuestro Woodstock… en Cúcuta.

@jeanmaninat


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