lunes, 17 de junio de 2019

DICTADURA TOTALITARIA Y CORRUPTA


CARLOS CANACHE MATA

Avergüenza a los venezolanos el régimen que tenemos. Es una dictadura distinta a las que habíamos conocido. No se limita a la abolición de la libertad y la democracia, sino que anda de manos tomadas con el terrorismo y el narcotráfico, dos fenómenos que, aunque viejos, ahora, gracias a la globalización y los avances de la comunicación, tienen condiciones más propicias para alcanzar mayor relevancia.

   Desde hace 20 años comenzó el largo entierro del Estado de Derecho. No estamos ante la clásica dictadura que secuestraba para sí el poder político, sin la tentación de arropar el resto del acontecer nacional. Se le han pedido préstamos al fascismo  y al comunismo staliniano para ahogar el país en el puño totalitario. Sería una fábula decir que en Venezuela hay separación de poderes. Actualmente en nuestro país, el poder ejecutivo es omnímodo, controla la Asamblea Constituyente que se inventó para invalidar la Asamblea Nacional, controla el poder judicial de arriba abajo, controla el Poder Ciudadano (el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo y la Contraloría General de la República), controla el Poder Electoral (que ejerce como ente rector, el tristemente célebre CNE). Montesquieu decía que el poder es el peor enemigo de la libertad, pero como el poder es necesario, sólo mediante la división de éste (que “el poder detenga al poder”) se puede garantizar la libertad. Ese mecanismo de pesos y contrapesos entre los poderes, fue pulverizado por el autodenominado “socialismo del siglo XXI”.

   Por lo expuesto anteriormente, es que no hay libertad en Venezuela y se cierran las puertas a la disidencia. Según el investigador y profesor universitario Marcelino Bisbal, hace 20 años había 334 periódicos impresos en nuestro país, ahora apenas circulan 28. La ONG Espacio Público informó que en el pasado mes de mayo hubo 114 violaciones de la libertad expresión, entre las que hay que contar el cierre de RCR por darle cobertura a los sucesos del 30 de abril, los frecuentes bloqueos a las redes sociales, a portales y plataformas web, especialmente cuando Juan Guaidó  participa en actividades públicas. El abogado Fernando Fernández ha declarado que se está aplicando “el derecho penal del enemigo” a los que discrepan del oficialismo. Está prohibido pensar distinto.  Además del dominio político-institucional, el régimen obstaculiza la iniciativa privada, dirige su gestión al control de la economía nacional e invade áreas que no le competen. Se prodiga en un afán totalitario que no oculta.

   Por si fuera poco lo dicho, la dictadura que nos oprime navega a velocidad de crucero en el mar  de la corrupción. Recientemente, un reportaje publicado por el rotativo estadounidense The Washington Post reveló que el llamado “Cartel de los Soles” traslada miles de toneladas de cocaína desde Venezuela que finalmente llegan a EEUU y Europa, y que “el entorno inmediato de Maduro no está solo inmerso en tráfico de drogas, sino también en otras actividades ilícitas como la minería ilegal, el contrabando de gasolina, la corrupción en la venta de divisas, así como el control de las importaciones de medicinas y comida”.  Si se cuestiona ese reportaje por provenir desde “el imperio”, valga citar entonces a los países del Grupo de Lima que en un comunicado del día 4 de este mes de junio “instan a la comunidad internacional a tomar acciones ante el creciente involucramiento del régimen ilegítimo de Nicolás Maduro en distintas formas de corrupción, narcotráfico y delincuencia organizada transnacional que implica a sus familiares y testaferros, así como el amparo que otorga a la presencia de organizaciones terroristas y grupos armados ilegales en territorio venezolano y el impacto en la región de sus actividades”.

   Un cuadro dantesco.

  



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miércoles, 12 de junio de 2019


ELECCIONES: LOS FACTORES VAN ALINÉANDOSE


TRINO MARQUEZ

Ningún país, ni remoto ni cercano, desea participar en un conflicto bélico contra el régimen de Nicolás Maduro, a pesar de todo el daño que su permanencia en Miraflores causa. El éxodo masivo y creciente de venezolanos hacia Colombia, Ecuador y Perú, con todas las dificultades que ese flujo continuo genera; la actividad cada vez más evidente del ELN y de fracciones disidentes de las Farc en territorio nacional; la presencia de oficiales rusos en el país; la existencia de agentes terroristas del Medio Oriente y la importancia cada vez mayor alcanzada por Venezuela en el tráfico de drogas, al parecer no son suficientes para que los Estados Unidos y los demás  países afectados por estos hechos irregulares, se planteen seriamente una confrontación armada con el causante de estas calamidades. Todos evitan el choque. El mundo y la región enfrentan demasiados problemas para desatar uno nuevo. Una conflagración en Venezuela podría desbordarse. Maduro es un incordio que debe removerse sin causar grandes traumas.

         La tesis que ha venido ganando fuerza en el plano internacional, se sintetiza en obligarlo a aceptar  la convocatoria de unas nuevas elecciones presidenciales, que corrijan los entuertos del 20 de mayo de 2018. En esta línea se inscriben el Grupo de Lima, la Unión Europea, el Grupo de Contacto Internacional, los Estados Unidos, Canadá y hasta el sinuoso López Obrador. El leve giro de Rusia y China, expresado en Moscú la semana pasada con las declaraciones de los cancilleres de ambos países, indica que Vladimir Putin y Xi Jinping, también podrían estar contemplando esa posibilidad. Cuba todavía no se ha pronunciado de forma categórica, pero si las sanciones norteamericanas continúan, no habría que extrañarse si apoya la moción. Las piezas del tablero internacional se han ido colocando en esa línea.

         En donde se perciben más dudas y confusión es el plano interno. Las tres fases propuestas por Juan Guaidó –cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres- hay que quienes las asumen como un dogma. Intentan ajustar la realidad a las consignas, cuando lo sensato consiste en seguir el curso inverso: ajustar las consignas a lo que permite la realidad. Proponer el objetivo del  cese de la usurpación tenía sentido cuando se suponía, o se creía poseer  información fidedigna, que el estamento militar se fragmentaría y un sector muy amplio apoyaría a Guaidó. A partir de esa premisa era válido plantearse formar un gobierno de transición. Por las razones que sea, los planes abortaron. Padrino López no se sumó al proyecto de desplazar a Maduro, o nunca formó parte de él. No cesó la usurpación, ni se pudo formar el gobierno de transición. Queda en pie el último eslabón de la cadena: las elecciones libres.

         Entiendo que Juan Guaidó insista en la trilogía. Su giro hacia el reconocimiento de la realidad debe ser progresivo y lento. Lo que no comprendo y no comparto es que otros líderes opositores se aferren de manera ortodoxa a la tríada, cuando todas las evidencias indican que los esfuerzos hay que dirigirlos a arrinconar a Maduro para que acepte ir, en un plazo cercano, a unos  comicios tal como lo manda la Ley  Orgánica del Sufragio aprobada por ellos en 2009, cuando mantenían la hegemonía de la Asamblea Nacional. Para lograr este propósito ya se tiene el soporte internacional y podría obtenerse el respaldo del Alto Mando, núcleo al cual se le está haciendo cada vez más costoso sostener a Maduro en el poder. Si los militares calzan en este mecano, Maduro tendrá que medirse sin apelaciones.

Imponerle a Maduro su propia Ley no resulta nada sencillo. Le aterroriza una consulta transparente y justa, con un nuevo CNE, con la posibilidad de que los venezolanos en el exterior sufraguen, con un REP depurado, sin presos políticos, ni inhabilitados. Llegar a un acuerdo en el que participen los actores internacionales y los líderes que aún quedan en el país, será el resultado de una batalla gigantesca. Para alcanzar esta cota, Maduro deberá aceptar, aunque sea de forma indirecta, que los comicios de 2018 fueron fraudulentos y que, en consecuencia, tendrá que someterse a una nueva evaluación popular. Este vuelco sería fenomenal. Hasta ahora, su argumento más firme ha sido que la consulta del 20-M fue más cristalina que agua de manantial. Tal fue su razonamiento ante el periodista Jorge Ramos y en numerosas comparecencias públicas. Tendrá que tragar grueso para aceptar el escamoteo.

Para obligarlo a admitir la trampa existen varios factores cruciales en los cuales apoyarse: el respaldo y la presión internacionales, que no cederán mientras Maduro se pasee por los pasillos de Miraflores; la grave situación nacional, el descontento y la conflictividad social que lo acompaña; las diferencias dentro de Psuv; el malestar dentro de los militares y la brecha entre los cuadros bajos y medios con el Alto Mando.

Los países que apoyan la salida pacífica y electoral han ido cuadrando. Falta alinear los factores internos fundamentales.

@trinomarquezc

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lunes, 10 de junio de 2019

¡Y TODAVÍA SIGUE ALLÍ!

HUMBERTO GARCÍA LARRALDE
Por más increíble que parezca, el monstruo que tanto daño ha infligido a los venezolanos, que es repudiado por la inmensa mayoría, desconocido por los gobiernos de más de 60 países democráticos, acusado de violar sistemáticamente los derechos humanos en foros internacionales, continúa usurpando el poder después de seis meses. Seis meses, tenemos padeciendo de un enfermo sin escrúpulo alguno para proseguir, al costo que fuera, con sus políticas de destrucción y expoliación nacional. Decían que dónde pisaba el caballo de Atila no crecía la hierba, expresión de la saña con que su jinete destruía todo vestigio de civilización (romana). El régimen de Maduro lo ha superado con creces.
Al verlo en la entrevista con el periodista Jorge Ramos, sorprende su empeño en eludir preguntas embarazosas repitiendo sandeces aprendidas de manuales comunistas de los años sesenta. Se presenta al entrevistador como presidente “obrero” (¡!), como si tal farsa confiriera a sus opiniones alguna autoridad. Sumido en la más absoluta estulticia, repite clichés acartonados para despachar a Ramos como de “derecha”, “militante político de la oposición” “agente del imperialismo”. En fin, un personaje de lo más patético, incapaz de abordar el mundo real sin muletillas ideológicas obsoletas, cayéndose repetidamente a embustes en un intento por obviar el juicio demoledor de sus compatriotas. Por si las dudas, se hizo patente que estamos en manos de un energúmeno totalmente ajeno a cualquier posibilidad de compartir salidas a la terrible situación del país.
Pero peor todavía son los militares que lo mantienen en el poder. Sorprende que, durante todos estos años, ninguno haya hecho nada para librar a los venezolanos de tanto sufrimiento. Son resultado de un proceso de “selección adversa” aplicado deliberadamente durante años para promover a los más viles y ruines como encargados de su custodia y para ocupar los cargos de mando de la Fuerza Armada y, en particular, de los cuerpos de seguridad de estado. Proporcionan una medida de las labores de limpieza y desintoxicación que habrá que emprender una vez desalojemos a las mafias del poder. Aun así, asombra que ninguno haya sentido siquiera la más mínima angustia ante los crímenes de Maduro y los suyos como para tomar la determinación de ponerles fin. Parece que estamos ante un núcleo duro y curtido de desalmados, que erradicaron toda sensibilidad o criterio moral ante tanto padecimiento.
Para los investigadores Yates y Farah, constituyen la Empresa Criminal Conjunta Bolivariana[1] que ha esquilmado centenares de miles de millones de dólares del país, extendiendo sus tentáculos a cuentas bancarias y negocios turbios a nivel internacional. El agravante es que, además de la solidaridad intermafiosa para depredar a sus anchas un coto de caza tan lucrativo como ha sido Venezuela, se inviste de una farsa “revolucionaria” para encubrir sus desmanes y legitimarse ante el pensamiento “progre” mundial. Este ardid tiene gran efectividad, no porque la mafia se crea realmente su impostura, sino porque está obligada a hacer de ella una realidad alternativa, inexpugnable, como refugio ante sus crímenes. Busca aislarse en una burbuja autocomplaciente cargada de epítetos con los cuales auto-absolverse y revertir la carga en contra de sus acusadores, como se evidenció con la patética actuación de Maduro con Jorge Ramos. Al haber traspasado todo límite moral, ético y humano en su trato con los venezolanos, los mafiosos se han trasladado a un limbo sin contacto con la realidad, cuyos únicos referentes son aquellos que los eximen de todo cargo de conciencia, Así pueden proseguir, sin remilgos, sus negocios. Representa una necesidad existencial, un asunto de sobrevivencia.
La gran pregunta es, ¿Con estos señores se puede negociar un acuerdo para que se vayan?
Por supuesto, cualquier posibilidad de resolver la grave situación actual sin derramamiento de sangre, es preferible.  Pero hay que tener claro con quién se negocia y para qué. De tratarse de una dictadura militar habría un piso de racionalidad y de intereses definidos, con base en el cual una adecuada combinación de amenazas, concesiones y ofertas de perdón podría generar eventualmente una solución consensuada que abriese las puertas a la recuperación del país. Pero no es una dictadura militar porque los militares dejaron hace tiempo de ser una institución. No existe unidad de mando, respeto por las jerarquías, un cuerpo de valores y/o de directrices que los unifiquen en torno a objetivos compartidos, ni la confianza requerida para coordinar esfuerzos ni el apresto, los repuestos y servicios de apoyo requeridos para ser operativos. La mentida columna vertical del régimen fascista de Maduro está carcomida por la anomia que resulta de apetencias y prácticas mafiosas que se imponen a todo lo demás. Se trata de una mafia militarizada, no de una institución. Con Pinochet se pudo negociar porque detrás de él había una institución capaz de ponderar la gravedad de la situación a que se enfrentaban de desconocer los resultados del plebiscito de 1988.
Y, si se examina el resto de la oligarquía expoliadora, tampoco se consigue piso sólido como para sostener una negociación seria. A pesar de las expectativas creadas ante la imperiosidad de encontrarle salidas a la terrible crisis que está acabando con el país, los venezolanos nos enteramos de que el matrimonio reciente de la hija de Cabello dilapidó la bicoca de 16 millones euros, que el susodicho se fue para la Habana para organizar el Foro de Sao Paulo en nuestro país el próximo mes, que la fraudulenta asamblea constituyente se auto extendió su “vigencia” hasta finales de 2020, y que Maduro quiere elecciones, ¡pero de la Asamblea Nacional! Mientras, unos 33 parlamentarios son perseguidos o presos, habiéndoles allanado arbitrariamente su inmunidad. La vida de los mafiosos sigue como si nada. ¿En qué planeta habitan? Estamos frente a un estado fallido que no respeta a Maduro pero lo mantiene ahí como ”pararrayo” que los ampara ante toda crítica a sus negocitos particulares. ¿Quiénes serán los negociadores, qué garantías ofrecen?
Es erróneo plantearse la negociación como alternativa a una solución de fuerza. Es, más bien, el último paso para evitar una solución de fuerza que, de otra manera, parece inexorable. El apaciguamiento no funcionó con Hitler. Tampoco lo va a hacer con los fascistas venezolanos y sus mentores cubanos. Para eso el blindaje ideológico. Pero la solución de fuerza no parece depender de nosotros, a menos que aparezca el mítico militar institucionalista venezolano dispuesto, como Larrazábal hace 50 años, a liderar el desplazamiento de Maduro. De no ser así, estamos a merced de nuestros aliados internacionales, la mayoría de los cuales son renuentes a una intervención militar. Un desafío de la diplomacia democrática es saber explicar las complejidades del problema que enfrentamos. Y, ante el reproche de que corresponde a los venezolanos resolver nuestros problemas, me remito a los alemanes bajo Hitler.

Dos grandes problemas acotan las posibilidades de una solución negociada factible. Una, que el gobierno de transición que surja sea económicamente viable. Dada la devastación sufrida, ello será imposible sin un generoso financiamiento internacional. Ahora bien, ningún ente va a prestar ingentes cantidades de dinero a un gobierno en que participen representantes de la mafia. ¿Es posible que las mafias accedan a una coalición en la que no estén? El segundo problema es la necesidad de contar con un estamento militar confiable que sirva, en última instancia, como sostén de un principio de autoridad en torno al orden constitucional. ¿Un contrasentido? Muy posible, pero estamos frente a un país que puede dejar definitivamente de ser ante el arrase que han hecho de sus instituciones, normas y valores de convivencia, las mafias y los contingentes de malandros “revolucionarios” empoderados. El demonio de la anomia y la anarquía. ¿Estaremos a la altura de este desafío?


Humberto García Larralde, es economista, profesor de la UCV, humgarl@gmail.com


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MÁS SOBRE EL MILITARISMO VENEZOLANO

CARLOS CANACHE MATA 

En mi columna de la semana pasada –Tiempo de Armas vs Tiempo de Leyes- hice  reflexiones y consideraciones sobre el militarismo venezolano, que ahora continúo. Desoyendo a Bolívar que había dicho “el hombre armado no debe deliberar; desgraciado el pueblo cuando el hombre armado delibera”, los militares que habían protagonizado la Independencia, alarmados porque la Constitución de 1830 (aprobada al separarnos de la Gran Colombia) había eliminado el fuero militar, se unieron y autoasignaron el supuesto derecho a dirigir políticamente la patria que habían alzado con las hazañas de sus sables. Por eso, desde el nacimiento mismo de la República, se enfrentan los partidarios del poder civil y los partidarios del poder militar.

   En 1834, cuando está por cumplirse el período presidencial de Páez, se manifiesta ese enfrentamiento entre el militarismo y el civilismo al presentarse, las candidaturas, entre otras, para el período 1835-1839, del general Mariño y del sabio José María Vargas. Este último, es electo Presidente por los Colegios Electorales con procedimiento perfeccionador del Congreso, y toma posesión, prestando el juramento de ley, el 9 de febrero  de 1935. Dirigida por la mayoría de los jefes militares, estalla la conspiración, conocida con el nombre de ‘revolución de las reformas’, el 8 de julio de 1835 (es cuando hay el célebre y conocido diálogo entre Carujo, “el mundo es de los valientes”, y Vargas, “el mundo es del hombre honrado”), finalmente derrotada por Páez, quien el 28 de julio ocupa a Caracas, abandonada por los reformistas, y designa una comisión que vaya a buscar a Vargas a  la isla de San Thomas, adonde había sido desterrado, para ser restituido en su cargo.

   Después, en las guerras de  ese siglo XIX, eran hombres civiles quienes empuñaban las armas al frente de ejércitos irregulares, son los caudillos autoproclamados generales y coroneles ante la ausencia de un verdadero ejército, devenidos en jefes políticos que no volvían a su oficio anterior. En ´Navegación de Altura´,  certeramente observa Andrés Eloy Blanco  que “no se avenían a criar ganados o sembrar café cuando más daba la tierra de galoparla que de sembrarla”. Es el 5 de julio de 1910, bajo el gobierno de Juan Vicente Gómez, que entra en funcionamiento la Academia Militar, creada por Cipriano Castro mediante decreto del 4 de julio de 1903, la cual tenía por objetivo la formación y profesionalización de un ejército nacional permanente. A partir de 1913, cuando el gobierno de Gómez se convierte en una dictadura y persigue y comienza a torturar a la disidencia opositora,  es que, como dice Angel Ziems en su libro ‘El Gomecismo y la Formación del Ejército Nacional’,  el Ejército pasa a ser un “Ejército de ocupación dentro del propio territorio, para contribuir al control de la sociedad venezolana y reprimir a los sectores populares”. Eso mismo ocurre ahora en el régimen chavista-madurista, tenemos un Ejército de ocupación que, con la ayuda adicional de los llamados “colectivos” y otros grupos paramilitares, oprime y dispara contra los venezolanos  en marchas y concentraciones públicas.                                  

   En su ‘Navegación de Altura´, también escribió Andrés Eloy: “Muy equivocado estaría quien creyera que la fuerza del partido militarista estuvo exclusivamente en manos de los militares. Hubo momentos en que un solo militar llegó a ser el centro, la bandera, el pretexto nacional del movimiento; en su derredor, metida en sus levitas, bajo el palio de los sombreros de copa, la oligarquía de turno formaba base y apuntalamiento”. Ese rol de segundones servido por civiles durante todos los regímenes militares que padecimos en el siglo XIX y parte del siglo XX, también lo cumplen ahora, en el siglo XXI, civiles togados, como pudimos verlo el 26 de enero del año 2006, con motivo de la Apertura del Año Judicial, cuando los jueces en la mismísima sede del Tribunal Supremo de Justicia, aclamaron al entonces comandante-presidente de la república, al grito de “¡uh, ah, Chávez no se va!”. En ese momento nos faltó un Velásquez, pintor de la Rendición de Breda, que nos mostrara las togas postradas ante el representante de las armas.

   Y en esas desviaciones pretorianas, tampoco se habían quedado atrás los constituyentes chavistas de 1999 cuando aprobaron, entre otras normas que disminuían el poder civil, los fueros y los privilegios militares, “lo que –como señala Simón Alberto Consalvi en su ensayo ‘El Carrusel de las Discordias’- la República de Páez había negado y negaron desde entonces, en los textos, hasta Juan Vicente Gómez, y a partir de 1936, los regímenes democráticos que siguieron a la muerte del viejo tirano…los fueros y los privilegios militares fueron la gran conquista de los conjurados del Samán de Gúere”, es decir, los que se treparon al poder en 1999.

   La última expresión de la contraposición venezolana implícita en el binomio de poder civil-poder militar, fue la decisión, tomada a comienzos de junio de este año, del Consejo Legislativo del Estado Vargas, de aprobar el cambio del nombre de esa entidad al de Estado La Guaira, a solicitud de su actual Gobernador, un militar. Como apuntó el internacionalista y analista político Emilio Figueredo, “cambiar el nombre de Vargas al estado muestra que estos patarucos en el poder aborrecen todo lo que en nuestra historia es nuestra civilidad; en ellos lo que prevalece es la barbarie junto a la codicia y el desprecio a todo lo que los civiles han contribuido para hacer país”.

   Pero, en las piedras está escrito que el poder civil se impondrá, en definitiva, sobre el brillo fugaz de las bayonetas.









  

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EL SINCRETISMO BOLIVARIANO


ENRIQUE VILORIA
 
A ese inmenso, complejo e indetenible crisol sanguíneo en el que se fraguó el mestizaje latinoamericano, cada raza además de aportar su fenotipia, sus genes, su sangre, incorporó también su particular cosmogonía, su especial cosmovisión, sus peculiares creencias y expresiones religiosas, las que -  mezcladas - produjeron renovadas concepciones religiosas, nuevas visiones para entender al mundo, a Dios y a los semejantes. De esta forma, el sincretismo religioso imperante en América Latina, es decir, el producto de la mezcla, de la combinación de religiones precedentes, puede también ser considerado como una de las manifestaciones relevantes de nuestro mestizaje cultural. 
Este sincretismo religioso comienza a gestarse desde el mismo momento de la conquista, cuando unos hombres que traían a su Dios en sus convicciones  y en cuatro carabelas, se encontraron con otros dioses distintos, profanos y con una religiosidad aborigen que no tenía nada que ver con los ritos, iconos, símbolos y creencias de una cristiandad que tanto había costado consolidar, y que ahora, frente a estos infieles ignorantes, desasistidos, relegados, ignorados, había que defender, difundir y catequizar. Comienza entonces un largo proceso de transculturación religiosa; los españoles se encuentran convencidos de que deben realizar una labor no sólo de conquista, sino también de evangelización, debían catequizar a los infieles del Nuevo Mundo, imponerles las creencias y enseñarles a adorar un mismo Dios, aquel, Cristo el Redentor, que los conquistadores trajeron en sus navíos, pero, sobre todo, en sus corazones. La Iglesia se suma a este proceso; a los soldados españoles les corresponde la conquista territorial, a los frailes la espiritual.
 
Así, en lo que concierne a los indios, el sincretismo religioso permitió que los ídolos autóctonos (las fuentes, los árboles, las piedras sagradas, los astros) se sumarán también al estructurado y riguroso compendio y repertorio de vírgenes, santos, preceptos, ritos y de tres personas en un mismo Dios, que los frailes y misioneros españoles se encargaron de difundir, de catequizar, sin que pudiesen impedir que todas sus enseñanzas se fusionaran con las creencias propias y ancestrales de los aborígenes para producir un cristianismo particular. Recordemos que en la cultura azteca existía una estrechísima relación entre las diosas madres. La deidad femenina Tonantzin designaba a la gran diosa Madre-Tierra: Coatlicue o Cihuacóatl. Esta diosa autóctona era venerada en un santuario ubicado en Tepeyac, al norte de ciudad de México. Muy pronto, los franciscanos decidieron suplantar ese santuario pagano por una ermita cristiana, dedicada ahora a la adoración de una virgen católica, la de Guadalupe de Extremadura, en cuya devoción militaba el propio Hernán Cortés. Virgen de Guadalupe que, sin embargo, lo que hizo fue complementar el arraigado y no extinto culto indígena a la madre tierra: Tonantzin, generando, en una ignorada complicidad, una religiosidad mixta, híbrida, sincrética.
 
Este sincretismo religioso se enriquece y se complejiza con la introducción de los negros provenientes del África, quienes llegaron para trabajar como esclavos en las nuevas tierras conquistadas por los españoles. Los africanos también realizan su aporte a este proceso sincrético que produjo una religiosidad peculiar, con usanzas, simbologías, ritos, similitudes y analogías entre los santos y vírgenes cristianos y los orishas que estos esclavos africanos trajeron bien dentro de sí, en sus almas, en aquello que va más del cuerpo, para protegerlos del látigo del amo blanco y de la palabra catequizadora de los misioneros católicos. Estos africanos y, muy especialmente los del país yoruba, practicaban ritos ancestrales y tenían una religiosidad mucho más acendrada, interiorizada, que las demás etnias que vinieron del África a América.
 
Sobre la base de las creencias religiosas aportadas por estos africanos, en la América Latina y caribeña, se produce un sincretismo de analogías y semejanzas entre dioses de distinto cuño y proveniencia que luego tendrán una misma y única significación Como expresión de este sincretismo se produce una asimilación entre vírgenes y santos, dioses y provenientes de uno y otro lado del mundo: de la España católica y del África pagana. En Cuba: Yemayá, es la Virgen de regla, patrona de la ciudad de La Habana; Changó, Santa Bárbara; Ochún, la Virgen de la Caridad del Cobre; Obatalá, la Virgen de las Mercedes.
 
Fruto de estas contribuciones africanas, y muy especialmente de las yorubas, en América se construyeron manifestaciones religiosas sincréticas de extendido alcance y renovado vigor como lo son: la Santería afrocubana, la Macumba también denominada Camdomblé afrobrasileña, el Vudú haitiano y otras expresiones de menor impacto que se practican en diferentes países del continente y del Caribe.
En lo concerniente a la realidad venezolana, Juan Liscano confirma que “en Venezuela tampoco se constituyeron sistemas religiosos comparables a los de Haití, Cuba y Brasil. En primer, lugar conviene señalar que nuestro país no recibió emigración yorubana, pues cuando ésta empezó a efectuarse, ya Venezuela había abolido el comercio de esclavos. Los rasgos culturales más evidentes son bantúes, con islotes de supervivencia dahomeyanas y de la Costa de Oro”. Sin embargo, los líderes del socialismo del siglo XXI, de la Revolución Bolivariana han adoptado las prácticas de los santeros, de los paleros cubanos, a fin de que la brujería les permita seguir disfrutando de la manguanga socialista.
Como vivimos en democracia participativa, todos están invitados a visitar el sótano del palacio de gobierno, siempre que vayan vestidos de blanco babalao y lleven su respectivo gallo negro para degollarlo y ofrecerlo en ofrenda de la memoria de los dos más grandes comanadantes que ha dado el mundo. 
 
 
 

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domingo, 9 de junio de 2019

TIERRA DE HORIZONTES ABIERTOS

Américo Martin
TALCUAL
En nuestra atormentada Venezuela el entusiasmo y el pesimismo se alternan debido al desconocimiento teñido de prejuicios sobre lo que sea la política. En discurso en el Congreso para evocar a Andrés Eloy Blanco, un hombre dotado del don de la palabra y de la política como Manuel Alfredo Rodríguez, reconocía esos mismos dones en el poeta que lograba concitar sentimientos afectuosos, incluso entre los peores de sus enemigos.
¿Incluso entre ellos? Invocaré un testimonio casual para explicarlo. Un perezjimenista condiscípulo mío en el Liceo Andrés Bello, entreviendo mi militancia y sabiendo que las normas clandestinas me impedirían contestarle, me soltó en ácida burla:
Todos los dirigentes de AD son corruptos, el único que se salva es Andrés Eloy
Pero Andrés Eloy es alto dirigente adeco. Si tolera la corrupción que imputas, no entiendo por qué lo “salvas”.
Es el único que se salva, insistió, ahora desconcertado
La declaración de Mike Pompeo sobre aspiraciones presidenciales en la oposición no deja de tener sentido. El 5 de enero se consagró la unidad alrededor de Juan Guaidó y la Asamblea Nacional. 56 presidentes diplomáticamente relacionados con Venezuela desconocieron a Maduro y la ANC, y reconocieron expresamente a la Asamblea Nacional y a Juan Guaidó. Tan sólido cimiento debió convertir en historia la tradicional división opositora.
“Debió” pero no fue así. A través de las redes sociales fluyen agrios ataques contra Guaidó y la AN, ejes graníticos de la unidad. Naturalmente, la orden del desafuero partiría de la cumbre del Poder en la que reina un desencuentro más grande que el de la oposición, lo que ya es decir
Aunque sea impensable destruir la alianza con un mundo que nunca en la historia fue tan solidario con Venezuela, lo que enciende el ánimo es la política que deba guiarla. Se enfrentan el corazón, residencia metafórica de la pasión y sus azotes, y el cerebro, sede de la razón y la toma decisiones. Las derrotas más profundas y en principio inesperadas tienen su origen en el desequilibrio “pasión-razón” Hablo de mí mismo y de mis grandes e ilusos compañeros de los años 1960.
Con el corazón caliente, componente de notables movimientos siempre que no pretenda dirigirlos, extraviamos la vía, sufrimos derrotas fulminantes pero ganamos una experiencia valiosa que desesperamos por transmitir a las nuevas generaciones para que sepan valorar y administrar lo que tienen. Cuentan con un inédito respaldo mundial que tampoco es incondicional: ha preferido la negociación a la violencia y en eso está.
Se incurre en la candidez de creer que basta pedir que nos invadan (cosa que muchos no haremos nunca) para que así suceda. El análisis de la complejidad de una operación de esta índole debería ser obra de cerebros fríos y no de corazones encendidos. “Condenar” a quienes tanto tenemos que agradecer es un error y a la vez una injusticia. Al fin y al cabo nadie está obligado a pasar de un buen gesto en asunto de solidaridades; menos, de asumir el protagonismo alcanzado en Venezuela.
El fenómeno crece. Rusia busca una nueva alineación y declara junto a Colombia, principal aliado de EEUU, bajo los términos que prevalecen: presionar incansablemente la salida incruenta del infierno. Importantes razones geopolíticas que la pasión no ve, alientan a Putin.
Nuestra tragedia se agrava al son de deserciones civil-militares, en contraste con una disidencia que pese a todo sigue confundida con la Nación. Toda crisis busca salidas. Democrática, libre y próspera es la reservada a la noble Venezuela, la bien llamada por don Rómulo Gallegos “Tierra de horizontes abiertos”.


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POLITICA DEL CORAZÓN

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  CARLOS RAUL HERNANDEZ

Hace décadas viajaba de Maracaibo a Caracas vía San Antonio, el DC-9 tuvo un accidente en la escala y los pasajeros decidieron no proseguir el viaje. Vine solo, entonces, con la tripulación y amablemente me pasaron a la cabina. Volando sobre Barquisimeto, el piloto me cuenta que está deprimido por una separación sentimental y me toma de confidente. En algún momento me dice “no sé cómo trabajo en esto, porque tengo miedo a volar. Además estoy seguro de que este avión se va a caer… recuerda -me dijo- lo reconoces porque tiene los emblemas de las dos líneas, Avensa y Aeropostal ¡No te montes. Se estrellará cualquier momento!”. 

Me recorrió un velado ataque de pánico al verme en manos de un piloto despechado que temía volar y anunciaba la ineluctable catástrofe de la nave que conducía. La misma turbación me aparece cuando descubro los esquemas mentales de varios dirigentes, expresados por ellos o por sus escuderos y comentaristas en los chats. Circulan profusamente y hay abundante evidencia de que demasiados carecen de la menor idea de cómo se resuelve un diferendo (sueñan rendiciones). La sociedad destruyó sus partidos en busca de un príncipe azul, no tuvo tiempo de formar adecuadamente relevos y hasta ahora ha besado quintales de sapos. 

Es la machtpolitik, la prepolítica, la antipolítica. Hegel la llama política del corazón, frenesí de la arrogancia, de respuestas simples y agresivas como el puñetazo contra la palma de la mano que usamos hasta hace poco. El crimen a nombre de la moral, declamado por el bien. Dice Hegel, “simula ser una muestra de excelencia, como si procurara el bienestar de la Humanidad… cuando se atraviesa esta etapa de destrucción, la ley del corazón es la perversión de sí misma, es la conciencia enloquecida”. Arteras embestidas, canalladas contra personas rectas como Mibelis Acevedo, María Eugenia Mosquera, Eduardo Fernández, entre tantas. 

El aporreador digital
Revolucionarios de izquierda y de derecha llevan veinticinco años de destrucción y rechazan acuerdos. El pensamiento crítico, democrático y la política racional están condenados y perseguidos por disposición de prepolíticos. Durante algún tiempo pensamos que la “conciencia enloquecida” contra la convivencia se debía a aludes pasionales, pero la explicación es básicamente otra: el gamberro digital, ni sus patronos, tienen más nada que decir ni otra manera de enfrentar un argumento. Sus cabezas eriales como las de Marat y Desmoulins suelen terminar olisqueadas por los perros, reales o figurados. 

La machtpolitik practica la infamia contra el interlocutor, como en el pasquín jacobino El amigo del pueblo, y mientras llega el momento de la agresión física, siembra calumnias sobre aquél, que “le pagan” por lo que dice. Hegel ironizó esa peste ética aunque le preocupaban las tragedias que produce. La primera revolución moderna, la francesa que comenzó imbuida del humanismo y la Ilustración, terminó chapoteando en el lodo sangriento de Robespierre, como toda revolución de izquierda o de derecha. 

El Incorruptible intentó convertir Notre Dame en templo de la Diosa Razón, deidad que no era más que el otro nombre de la guillotina. Si alguien daba un paso hacia el centro y la convivencia, fuera de la estupidez criminal, le caía el hacha. A Condorcet símbolo de la sabiduría y la tolerancia, lo obligaron a suicidarse. No hay razón sino odio y muerte. Los jacobinos estaban intoxicados de principios, estupideces éticas y potenciales crímenes, igual que todos los revolucionarios. Después del Incorruptible vienen Lenin y Stalin, Mao, Hitler, Mussolini, Fidel y demás. 

Mente de pollo 
A ellos les importaban tanto los muertos como al que pide una invasión militar. Quienes no han vivido más política que la revolucionaria actúan así por reflejo, y vale como escribió Bertold Brecht, matar, hacer trampa, engañar, para salirse con la suya. Los reos siempre son los demócratas, los que practican el pensamiento crítico y quieren convivir. El gamberro fanático de la actualidad apela a lo único contundente: el machete de carnicero digital hasta que le toque uno de verdad. Es más fácil romper que transar y si decido que encarno el bien, la justicia, los grandes ideales, una opinión contraria es contra el bien, la justicia y los grandes ideales. 

La visión del mundo del gamberro es primitiva, hormonal y se caracteriza por la incapacidad para concatenación. La realidad para él es un montón de episodios desarticulados, mientras el proceso comprensivo nace de establecer conexiones. Así piensan que Chávez fue un benefactor y Maduro traicionó el legado, cuando lo cierto es que ahora cosechamos lo que sembró aquél, y éste es su continuador. Otros no vinculan abstenerse en 2005 con la subsecuente entronización del chavismo y la caída de la alternativa democrática por una década, raíz de nuestras desgracias. 

Ni cómo se relaciona la presión de no juramentarse hecha al gobernador electo en 2017 y el infierno que vive el Zulia. Ni cómo el skeetch del 30 de abril trae el arrase contra la AN. Ni qué tiene que ver la debilidad extrema de los demócratas hoy, con los errores precedentes. Los que decidieron abandonar todo en las elecciones regionales y municipales y en la presidenciales de 2018, nos privaron de mecanismos de poder y solo les queda rogar a Dios, los militares y EEUU, como el perrito que ante un perro grande se tira patas arriba y gime. 

@CarlosRaulHer


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