martes, 28 de abril de 2020

SALARIO MINIMO Y PRODUCTOS REGULADOS 



Luis Manuel Esculpi: “En los sectores más lúcidos de la FAN está ...

  LUIS MANUEL ESCULPI



En algunos países europeos se ha venido estudiando la variación de los hábitos de consumo desde los inicios de la presencia del Corona Virus, así han establecido que en la primera semana los productos más demandados eran alimentos enlatados y aquellos dedicados a la higiene personal, llamó especialmente la atención el requerimiento excesivo de papel toallet.

A partir de la segunda semana se modificó el comportamiento inicial, adquiriendo equipos para ejercitarse desde los domicilios que han pasado a ser los solicitados en primera instancia, situación comprensible a partir de la realidad de esos países, radicalmente distinta a la que confrontamos en el nuestro.

Estamos convencidos que, de realizarse investigaciones semejantes en Venezuela, nuestro comportamiento mostraría una constante durante toda la cuarentena. La mayoría sale a buscar la manera de obtener algunos ingresos, para así poder adquirir los alimentos imprescindibles. Incluyendo a los empleados públicos que con sus modestísimos sueldos les resulta imposible resolver las necesidades básicas de sus familias.

Entre tanto la hiperinflación sigue haciendo estragos, junto al alza violenta del dólar y la escasez de la gasolina, han agudizado aún más la grave crisis que ya veníamos arrastrando y que imposibilita el cumplimiento estricto del «aislamiento social».

La intensificación de las protestas durante la semana pasada, en diversas regiones del país, son manifestaciones claras del hambre que está azotando a millones de venezolanos.

Los anuncios de, régimen de Maduro de la ocupación por ciento ochenta días de la empresa Coposa, en el estado Portuguesa, el denominado mecanismo de ventas supervisadas de alimentos Polar, Plumrose y el matadero de Turmero, junto a la regulación de veinte y siete productos, en lugar de operar como un paliativo, agravará la situación y sus consecuencias serán nuevamente la escasez y la reaparición de los bachaqueros. La regulación de los productos en dólares constituye el reconocimiento de una realidad; ya el bolívar no es la referencia para el intercambio comercial, con su devaluación ha dado paso a la moneda norteamericana.

En una economía distorsionada igualmente el salario mínimo, el monto de las pensiones o jubilaciones y los sueldos de la mayoría de los empleados del Estado, (por esa razón se viene produciendo numerosas deserciones de el personal técnico y profesional en Corpoelec, el Metro etc…) nuestra moneda dejó de ser desde hace mucho tiempo una medida para calcular los costos de los alimentos y de los bienes y servicios en general.

Para ser coherentes si mantienen la política de anunciar aumento de sueldos y del salario mínimo, a propósito de la conmemoración del Primero de mayo, en esta oportunidad deberían ser efectuados en dólares, para eliminar esa inmensa brecha existente entre el salario mínimo mensual, que no alcanza los dos dólares, mientras el más barato de los productos regulados ronda la unidad de la divisa norteamericana.

Para nosotros, lamentablemente, no habrá regreso progresivo a una supuesta «normalidad», antes de la pandemia ya lo que vivíamos no podía ser definido de esa manera. Ahora si añadimos la disminución de los precios del petróleo, la escasez de gasolina, las recientes medidas del régimen y la existencia del Corona Virus, por más que no lo deseamos, el panorama luce cada vez más triste y sombrío.

Existe una alternativa sobre la mesa: la conformación de un Gobierno de Emergencia y Unidad Nacional, para poder abordar acorde con las exigencias planteadas los graves problemas que confrontamos, agravados por las serias dificultades que se avecinan, si no estuvieran tan aferrados a conservar el poder a como dé lugar, procederían a dar un paso lateral, para facilitar una transición lo menos traumática posible.







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lunes, 27 de abril de 2020


COLLAGE SOBRE RÓMULO BETACOURT (X)
               (Tesis política, Programa y Estatutos del PDN)
Carlos Canache Mata (@CarlosCanacheMa) | Twitter
       CARLOS CANACHE MATA

En el mes de febrero de 1937, disueltas por el régimen las organizaciones políticas que lo integraban, el PDN pasó a la clandestinidad. Necesitaba ordenar los planteamientos ideológicos y programáticos que Rómulo Betancourt y otros de sus dirigentes hacían sobre la realidad política, económica y social del país, a la vez  que aprobar sus Estatutos y formalizar la designación de los integrantes de sus organismos de dirección. A tal fin, como se señaló antes, celebró en Caracas, entre el 27 y el 30 de septiembre de 1939, su Primera Conferencia Nacional, con la participación de delegados de sus seccionales y de sus fracciones periféricas (legislativas, edilicias, sindicales, profesionales, etc).

TESIS POLÍTICA



La Tesis Política contiene “la concepción pedenista sobre la realidad económico-social del país; su criterio con respecto a las fuerzas sociales sobre las cuales se inserta y sostiene el Estado venezolano; el análisis del tipo de transformación política y económica reclamado perentoriamente por la Nación, y las características fundamentales del PDN, el único partido capacitado, por determinismo histórico, para comandar al pueblo en su lucha por la revolución democrática y antiimperialista”.

A)     Análisis de la Realidad Económico-social de Venezuela

Esta parte de la Tesis anota que el 20% de la población vive en centros urbanos, y el resto en medios rurales, consecuencia de ser un país de economía agraria, casi carente de industrias. El latifundio es la característica fundamental de la propiedad rural venezolana. Así fue durante la colonia, cuando la mayor parte de la tierra cultivable se adjudicaba en encomiendas reales a los conquistadores y sus descendientes, y, después de la revolución de independencia, sólo hubo un cambio de personas en la propiedad de la tierra, puesto que quedó inmodificado el sistema agrario semifeudal existente. La Guerra Federal tampoco llevó a un cambio fundamental en el régimen de la tierra porque su victoria formal  fue defraudada por “los Convenios de Coche y de Caracas que le ponen término”, los cuales “consagran un cambio de camarillas en el Gobierno del Estado pero dejan intacta la estructura social que le venían sirviendo de base”.                La autocracia guzmancista y las guerras civiles, mal llamadas revoluciones, tampoco modificaron el orden económico semifeudal. Bajo el Gobierno de Juan Vicente Gómez, que se apodera de grandes latifundios, “la gran propiedad aumenta su extensión; el proceso de la centralización de la propiedad agraria en pocas manos se acelera y parte de nuestras mejores tierras de cultivo –como sucedió con las tierras de aluvión que circunvalan al Lago de Valencia- fueron transformadas en potreros de ceba y en hatos ganaderos, asestándose rudo golpe a la producción agrícola del país”. La Tesis hace una consideración certera: “Si, considerado desde el punto de vista social, el latifundio se revela como la perpetuación de una tremenda injusticia, que consagra la opresión de las masas campesinas por una minoría privilegiada, no es menos cierto que desde el punto de vista económico, aquél constituye una rémora para el progreso de la producción nacional”.



Luego, la Tesis se refiere ampliamente a la penetración imperialista en una industria de tipo extractivo y perecedero: la del petróleo. Dejemos que ella hable: “Desde 1917, el imperialismo extranjero afincó sus sólidas garras sobre la economía venezolana, explotando intensivamente nuestro subsuelo petrolífero y creando una forma de industria exhaustiva y destructora –como toda industria minera- sobre la cual ha terminado por girar la vida del país. El violento desarrollo de la producción petrolera, mientras en proporción inversa decrece la producción natural y las industrias de transformación progresan muy débilmente, ha terminado por hacer de Venezuela un país monoproductor, suerte de reserva del imperialismo internacional de la más codiciada entre las materias primas”. Se señalan unas cifras muy reveladoras: las compañías petroleras que operaban en el país, extraían para 1935 cerca de 154.000.000 de barriles, cuyo precio bruto era de 800 millones de bolívares, de los cuales solo quedaban al país –por concepto de tributos fiscales, gastos de administración y pago de mano de obra nativa- apenas 56 millones. La tiranía de Gómez garantizaba a los “trusts” petroleros el mantenimiento  de un sistema de tributación indirecta que dejaba a salvo la renta, el patrimonio y el exceso de beneficio de esos “trusts”. Ante esa situación, la Tesis del PDN aboga por “el establecimiento de un sistema impositivo directo, que descargue de gravosos tributos al trabajo y al consumo para hacer incidir los impuestos sobre la renta y la riqueza”. En el espectro del gran fraude impositivo realizado por las compañías petroleras durante la dictadura gomecista, hay que reseñar el originado por las exoneraciones de los derechos aduaneros  que debían pagar las compañías petroleras por sus importaciones de material de explotación y de mercancías, hasta el punto que el propio Gumersindo Torres, Ministro de Fomento (Despacho que para entonces tenía a su cargo los asuntos petroleros), hizo en un célebre Memorándum, a manera de autocrítica, esta terrible observación: “El monto de las exoneraciones asciende durante siete años a Bs 219.038.964,44 y los impuestos recaudados en igual período montan a la cantidad de Bs 187.019.954,82. De la comparación de estas cifras resulta el cálculo desconsolador de que hubiera sido preferible no cobrar impuesto alguno de explotación en cambio del pago de los derechos de aduana exonerados”.  Es necesario señalar que el régimen de López Contreras reformó la Ley de Hidrocarburos aumentando el royalty que cobra el Estado como participación suya en la producción y modificó otras disposiciones lesivas para el país, lo que, a pesar de su timidez, permitió al PDN decir en su Tesis que “el actual régimen político no ha adoptado una posición de incondicional entrega al capital extranjero”.

En resumen, el diagnóstico de la situación económica es éste: “Venezuela es un país semicolonial y semifeudal, un país atado al imperialismo económico, fiscal y políticamente, con una economía predominantemente agropecuaria estancada por el latifundio e incapaz en su forma actual para asegurar por sí nuestra independencia económica; carente de grandes industrias nacionales de transformación y que se halla forzado, por lo tanto, a importar mercaderías extranjeras por cantidades cinco veces mayores a la exportación agrícola y a depender fortuitamente del residuo que nos deja una industria extractiva de duración limitada y controlada en totalidad por el capital financieron internacional”.

B)      Ubicación de los diversos estratos sociales de Venezuela

Del análisis de la realidad venezolana surge la composición social que la Tesis comenta ampliamente. Me limitaré a su enumeración: 1) la clase latifundista; 2) la burguesía, formada por la alta banca, la industria, el fuerte comercio importador, el comercio exportador; 3) las capas medias; 4) el campesinado; 5) las clases trabajadoras urbanas, con la observación de que “debido al raquítico desarrollo industrial de Venezuela, el sector propiamente obrero o proletario sólo existe en escasas fábricas, en las explotaciones petroleras y en las compañías auríferas de Guayana, en las empresas de pesquería y en los centrales azucareros”.

La Tesis declara que “de todas estas diferentes capas sociales, el PDN encuadra en todas aquellas interesadas en la transformación democrático-antiimperialista del país, especialmente las integradas por las capas medias, los trabajadores intelectuales y manuales y el campesinado; que constituye la mayoría determinante en Venezuela”.

C-Analizada la estructura social, la Tesis pasa a indicar el modo cómo los diferentes sectores sociales actúan en el proceso histórico de Venezuela y a señalar las bases del Estado venezolano. Al respecto, concluye en “la idea de que el Estado está más capacitado en Venezuela que en otros países de América para ejercer, aún antes de que una transformación profunda de tipo democrático se opere en su estructura, una influencia determinante en la vida de la Nación”.

La Tesis Política finaliza sosteniendo que es necesaria una transformación económica, social y democrática del país, y que es el PDN, y no otro, el partido que puede realizar ese cometido, argumentando  que un partido reaccionario no podría “por representar a sectores de intereses opuestos a la Nación venezolana”, tampoco un partido de centro “por propugnar fórmulas tímidas, para cumplir esa tarea histórica”, y también estaría imposibilitado el Partido Comunista, como partido clasista, “para dirigir un vasto movimiento de alcance nacional”.

Programa y Estatutos

Simultáneamente a esa Tesis Política, la Primera Conferencia Nacional del PDN aprobó también el Programa del partido, cuyos puntos se ordenaron así: I-Afirmación del Estado Democrático; II-Reconstrucción Económica de Venezuela; III-Legislación del Trabajo; y IV-Educación, Sanidad y reformas a la Legislación.

Los Estatutos sancionados, teniendo en cuenta la clandestinidad del partido, establece la estructura organizativa del PDN, basada en pequeños comités o células de cinco miembros, que se reunían semanalmente, y sus decisiones las hacían llegar a los organismos directivos intermedios y nacionales (ver Séptimo Collage).

Nueva Dirección Nacional

La nueva Dirección Nacional del PDN, elegida por la Primera Conferencia Nacional celebrada en septiembre de 1939, quedó encabezada por Rómulo Betancourt, como Secretario General.

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Notas de actualidad:

No Habrá Segunda Arca de Noé

Arturo Sosa Abascal s.j., superior general de la Compañía de Jesús en el mundo, entrevistado el pasado 21 de abril  por la revista SIC, hizo unas reflexiones sobre la pandemia Covid-19 que estremece al planeta. Dijo: “En alguna parte, que no recuerdo en este momento, leí que la humanidad está en la misma tormenta, pero no todos en el mismo barco. Hay enormes diferencias en las condiciones en las que padecemos la pandemia. La lección que se puede derivar de esta tormenta puede ser muy diversa según la barca en que se atraviesa. Otra vez los más pobres resultan los más afectados”. A este respecto, añade: “Esta pandemia ha puesto de manifiesto los límites de los sistemas de atención a la salud que dejan por fuera a miles de millones de personas que siguen muriendo de enfermedades curables por ausencia de que alguien, la sociedad, se los eche al hombro”. Por eso, plantea la necesidad de “proponer cambios significativos en el sistema económico, político y social dominante en el mundo de hoy” y de  hacer “esfuerzos reales, sistemáticos y compartidos para cambiar la estructura de injusticia que caracteriza al mundo actual, que impide que la mayoría de los seres humanos no puedan tener una vida digna, que amenaza la suerte del medio ambiente, de la naturaleza y de la humanidad del único planeta que tenemos”. Y manifiesta su fe de que “esta pandemia no es el fin de la historia ni el final de la vida humana”.

Se infiere, por tanto, que la pandemia del Covid-19, afortunadamente, no hará necesaria una segunda Arca de Noé.

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domingo, 26 de abril de 2020

Francisco Monaldi: “Vamos a vivir un tiempo muy volátil”

HUGO PRIETO
PRODAVINCI


El negocio petrolero describe una órbita distinta al resto de la economía, incluso para ajustar la oferta a la demanda. Y esta particularidad, en alguna medida, le resta visibilidad a los ojos de los consumidores. Pero lo que no se hace hoy mañana tiene consecuencias desastrosas. Es el caso de Venezuela bajo la gestión del chavismo. Es el «modelo de negocios» de la nueva PDVSA. El país que tuvo el complejo refinador más importante del hemisferio occidental hoy no tiene gasolina. El paisaje desértico de la península de Paraguaná podría ser un escenario ideal para un remake de la película Mad Max. Gente guerreando por un litro de gasolina y bajo sus pies un océano de petróleo.
A escala mundial, el coronavirus llegó a asestar un golpe demoledor. Por primera vez en la historia, el crudo marcador, West Texas Intermediate (WTI), se cotizó en negativo. Un bien se transformó en un mal en apenas horas, luego de que se encendieran las alarmas en un pequeño pueblo de Oklahoma, Estados Unidos. En otra época, tan bellamente escrita por Scott Fitzgerald, un bróker se hubiera lazado de un rascacielos en Nueva York, pero el capitalismo ha perdido todo viso de romanticismo.
Nunca como antes la incertidumbre se había apoderado de nosotros. Pero dejemos que sea Francisco Monaldi, investigador en el Baker Institute de la Universidad de Rice (Houston, Texas), y director fundador del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA, quien proyecte algunas luces sobre lo que sin duda es un panorama sombrío. El petróleo nos va a servir de algo, pero no va a financiar los planes faraónicos ni los delirios de los vendedores de espejitos.
¿Qué tanto de realidad y que tanto de pánico hay en la caída de los precios del petróleo?
Hay una mezcla de ambas cosas. El crudo marcador (WTI) nunca había estado por debajo de 10 dólares. Y en un día llega a -40. A uno le cuesta explicarle a la gente cómo es que una cosa se cotiza en negativo. Es como si tuvieras escombros en tu casa y tienes que pagar para que se los lleven. Pero hay un tema estructural, que no es miedo, no es pánico. Antes de que estallara la pandemia, la demanda mundial de petróleo era de 100 millones de barriles diarios. Esa demanda cae en 30 por ciento (30 millones de barriles) por efecto del coronavirus: los aviones no están volando, los carros están estacionados y las fábricas están cerradas. Además, venimos de una guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia. Si bien los países productores llegan a un acuerdo cuya vigencia se hace efectiva a partir de mayo —la producción se reduce en 10 millones de barriles diarios—, eso no suficiente para restablecer el equilibrio entre oferta y demanda. Es cierto que hay yacimientos que están cerrando porque ni siquiera cubren los costos operativos. Esa es otra variable, que puede ajustar por el lado de la oferta. Pero la pregunta es: ¿Qué tan rápido ocurre eso?
¿Qué desencadena el pánico que lleva el petróleo a un precio negativo?
Si sigues produciendo y no hay demanda, vas haciendo inventario. Vas llenando los tanques. Pero eso tiene un límite y la señal de alarma se disparó en Cushing (Oklahoma) —el gran centro de almacenamiento de la industria petrolera estadounidense—, donde si bien aún queda 30 por ciento de capacidad disponible, ya se firmaron los contratos para almacenar el petróleo que en los próximos días van a llenar el 100 por ciento de esos tanques. Te quedan los tanqueros en el mar. Pero muy pocos consiguen comprador y esa es la peor circunstancia en la que puedes estar, porque tienes que vender a cualquier precio.
A largo plazo, la lectura que hacen los mercados es que esa reducción de la oferta, pactada por los países productores, no es creíble ¿O se trata de una percepción equivocada?
Desde el punto de vista estructural, que esa reducción pactada es insuficiente. Pero aquí también surgen las dudas. ¿Los países productores van a cumplir con esos recortes? Arabia Saudita y los países del golfo tienen una tradición de que sí. ¿Pero los rusos u otro país de la Opep van a cumplir? Eso está por verse. Y otra cosa muy importante, ¿Cuál será la demanda de petróleo a final de año? Actualmente, se calcula una reducción de entre 3 y 4 millones de barriles diarios en la demanda mundial de 100 millones de barriles. Diría que hay una gran incertidumbre sobre cuál pudiera ser el lapso en que se va a recuperar la economía mundial.
A lo largo de la historia, los Estados Unidos —la principal economía del mundo— han demostrado que se recuperan rápidamente. ¿En esta ocasión vamos a confirmar ese comportamiento o la recuperación será más lenta?
Si el tema del coronavirus estuviera controlado, yo creo que la recuperación sería rapidísima, tanto como ocurrió en China a raíz de la crisis financiera (2008), la demanda se recuperó y por eso el precio del petróleo ahí mismo rebotó. ¿Pero se podrá viajar en aviones como lo hicimos antes de la pandemia? Ya se está hablando de un repunte del virus para el otoño, particularmente en Estados Unidos. Son factores, incuantificables, que podrían llevarnos a una recesión muchísimo peor, ya la academia llama a esto no una recesión sino una depresión, una depresión como la del año 28 del siglo pasado. Todo va a depender de cómo y cuándo se recupere el consumo de la gente o si habrá una vacuna o no.
Todo virus tiene una primera y una segunda ola. No se trata de predicción. Eso va a ocurrir. Lo que no sabemos es si la segunda ola será peor que la primera o si el virus va a mutar con una mayor letalidad. En realidad, es muy poco lo que se conoce del nuevo coronavirus. Otra incertidumbre que ensombrece el comportamiento económico.
Tú eres mucho más conservador en tus gastos, si no sabes lo que va a pasar. Y eso lo podemos extrapolar a las empresas, más aún en el sector petrolero, donde los recortes de inversión son gigantes. Si vieras luz al final del túnel, si tuvieras alguna predictibilidad te atrevieras a invertir a mediano plazo. Pero en estas condiciones no. Sin duda, son factores que paralizan la economía. Lo otro es la volatilidad en el precio del petróleo que, en mi opinión, será gigantesca en los próximos meses, porque cada noticia relacionada con el tema de salud pública, por ejemplo, inmediatamente son evaluadas por los traiders y sacarán conclusiones. Esto va a significar que la gasolina de avión no se va a recuperar, o tendrá incidencia en esto y aquello. Esas informaciones, quizás contradictorias, indudablemente, van a tener un impacto en los mercados. Vamos a vivir un tiempo muy volátil.
El costo de operar un yacimiento en Arabia Saudita es de 2,8 dólares por barril. Debe ser el más bajo del mundo. Pero Arabia Saudita juega un papel de liderazgo en el mundo árabe y en el Medio Oriente, y eso cuesta muchísimo dinero. ¿Hasta qué punto ese país puede seguir siendo el fiel de la balanza energética del mundo?
Sí, ese país tiene el costo operativo más bajo y el yacimiento más productivo del mundo, ¿pero a qué precio debería vender el barril para cubrir su presupuesto fiscal? Hay diversas estimaciones, pero tan alto a veces como a 60 dólares, a 80 dólares. Eso depende mucho de los gastos planificados. Claro, ellos pueden recortar y bajar ese número. Pero hay una realidad estructural muy complicada: Arabia Saudita es una economía concentrada en el petróleo y en el mundo hay en marcha una transición energética. Mucho de ese petróleo se pudiera quedar en el subsuelo. El otro tema es que su población crece muy rápidamente y la producción por habitante más bien ha bajado. Van a seguir jugando el papel de banqueros del sector petrolero, porque son los únicos que tienen capacidad de producción ociosa. Pero esos planes del príncipe Mohamed bin Salmán, de crear en el desierto una ciudad que sea un polo de inversiones, de atraer el turismo, de diversificarse a los golpes, los he visto 20 veces en los países petroleros y normalmente no funcionan.
Otra de las grandes preocupaciones tiene que ver con las características de los yacimientos de petróleo. No es cuestión de abrir y cerrar la llave, porque hay una presión interna y si esa presión se pierde, esos yacimientos se dañan hasta el punto en que es muy difícil o imposible recuperarlos. ¿Qué afectación podría haber en la producción venezolana?
Yo no soy geólogo o ingeniero de petróleo. Pero eso varía muchísimo de yacimiento a yacimiento. Arabia Saudita y los países del golfo siempre han tenido un amplio margen para subir o bajar la producción, sin poner en riesgo su capacidad productiva. Pero en Venezuela no disponemos de esa capacidad, tendrías que ir, por ejemplo, a una recuperación secundaria (inyección de gas) y eso cuesta mucho dinero. Y, además, no recuperas el volumen de petróleo que obtendrías si hubieras desarrollado el yacimiento en condiciones óptimas. Esa es una de las grandes incógnitas que hay sobre Venezuela. Porque tienes una mezcla de incompetencia, de desinversión y ahora de sanciones, que han hecho que la producción caiga sistemáticamente. El barril de petróleo Merey 16 se está vendiendo a uno o dos dólares, según Reuters, eso no cubre ni los costos más básicos. Quiere decir que Venezuela va a tener que ir cerrando producción, adicional a la que ya ha cerrado. Y eso va a hacer que la recuperación del sector sea cada vez más costosa y más complicada.

Francisco Monaldi retratado por Roberto Mata
Estoy pensando en la producción del Lago de Maracaibo, cuya recuperación, ciertamente, será mucho más difícil en medio de condiciones tan adversas.
El lago, propiamente, es un desastre porque ahí hubo una combinación de desinversión, falta de mantenimiento y la expropiación de empresas de servicios que Chávez ordenó. Además, el lago es un desastre ecológico gigantesco. ¿Quién va a querer meterse en el lago cuando sólo la remediación ambiental supone costos elevados? Quizás se pueda recuperar algo. En la cuenca del Lago de Maracaibo, en tierra, hay áreas que tienen oportunidad, siempre y cuando se establezca un marco regulatorio e institucional adecuado para incentivar ese tipo de inversiones. Recuerda que ahí no se aplican nuevas tecnologías desde hace 20 años. Esto ha mejorado muchísimo en el mundo y hay empresas pequeñas que se dedican a explotar yacimientos maduros o casi ya agotados. De hecho, en el Plan País se incluye la recuperación secundaria de esos campos.
Por el nivel de producción, por el tamaño de su economía, por su vocación imperial, digamos, los Estados Unidos tienen agarrada por el mango la producción de combustibles fósiles. ¿Qué cambios vislumbra en el negocio petrolero?
Aquí hay varias aristas, pero antes de referirme a ellas hay que decir que en los Estados Unidos hay una revolución impresionante. Un país, cuya producción venía cayendo año a año, en un lapso muy breve se convierte en el primer productor de petróleo en el mundo, 13 millones de barriles diarios. Muy por encima de Rusia y Arabia Saudita. Y eso trajo consigo un cambio psicológico. De hecho, la administración de Trump utilizó el término Energy Dominance (dominación energética) para referirse a la capacidad energética de los Estados Unidos, pero el impacto del coronavirus vino a imponer una realidad muy diferente. Si bien el petróleo de esquistos es una inversión de bajo riesgo, es muy significativa y buena parte de los productores de altos costos están asentados en Texas. Es por esta razón que el presidente Trump medió entre Arabia Saudita y Rusia para ponerle fin a la guerra que amenazaba con llevar a la quiebra a los productores estadounidenses. En realidad, Estados Unidos no ha dejado de ser un país interdependiente y de una forma u otra tiene que seguir atento a lo que ocurre en el mundo energético.
¿Cómo afecta esto a Venezuela?
Estados Unidos no produce petróleo pesado, pero sus refinerías están diseñadas para procesar ese tipo de crudos. Sus proveedores son Canadá, Brasil, México y Colombia, que llegaron para sustituir a Venezuela. El competidor de Venezuela, por tanto, no son los propios Estados Unidos, en caso de que se restablezcan las relaciones diplomáticas y se levantan las sanciones económicas. Nuestro competidor sería Canadá. Si Venezuela quiere aumentar la producción de manera significativa va a tener que seguir enviando crudo a China e India. Pero, ciertamente, la capacidad energética de Estados Unidos es un factor que impide que los precios suban demasiado.
La producción venezolana viene cayendo año tras año, la capacidad de almacenamiento es muy limitada, entre otras cosas por falta de mantenimiento, y cada día cuesta más evadir las sanciones impuestas por el gobierno estadounidense. El cerco se cierra, ¿Qué podría decir sobre ese tema?
En las condiciones actuales todo eso se potencia. ¿Cómo es que Venezuela logró evadir, diría que con cierta eficacia, las sanciones? Básicamente porque la empresa Rosneft venía colocando una parte muy significativa de la producción venezolana, para lo cual exigía descuentos elevados (entre 20 y 30 por ciento). Esos embarques llegaban a China vía Malasia o vía algunas naciones de África. China reportaba cero importaciones desde Venezuela, pero sabemos que esos barriles llegaban a ese país. El otro mecanismo eran los Swap —los intercambios de petróleo por productos refinados— que se hicieron con empresas de India, con Repsol (España), con ENI (Italia), pero con un precio de 2 dólares el barril de Merey 16, no hay ninguna posibilidad de que ese negocio sea atractivo. Sin márgenes significativos, esos intermediarios no van a tomar riesgos. Eso, por un lado, pero agrégale a eso la presión que Estados Unidos le mete a Rosnef que, para sorpresa de algunos, decidió retirarse de Venezuela y le entrega sus activos en el país a una empresa 100 por ciento del Estado ruso. Pero los Estados Unidos han dejado muy claro que no le van a levantar las sanciones a las subsidiarias de Rosnef hasta que se demuestre que esa nueva empresa que opera en Venezuela, no es simplemente una fachada de Rosnef. Rusia va a tratar de seguir apoyando al gobierno de Maduro, pero muy disminuidos en su capacidad.
¿Se acabó el margen para evadir las sanciones?
Hay una empresa mexicana Libre Abordo S.A., detrás de la cual estaría el señor Alex Saab, el mismo de las cajas CLAP, que podría hacer algunos intercambios, pero al precio actual, creo que es poco o nada lo que puedan hacer. Mientras el precio esté en el piso, Venezuela está en una situación desesperada. La combinación de sanciones con precios bajos es letal. Si el precio se recupera, puede haber personajes como Wilmer Ruperti o el propio Saab, e incluso otras empresas, que le van a pedir a Venezuela un tremendo descuento, pero la podrían ayudar a evadir parcialmente las sanciones.
¿Cuál podría ser el comportamiento del precio del barril en el largo plazo, tomando en cuenta que para Venezuela ese lapso siempre ha sido un año?
De nuevo, depende muchísimo de cómo se recupere la economía. El barril de petróleo pesado tiene una ventaja, porque los aumentos de producción han sido de petróleo liviano. Si la economía se recupera y se levantan las sanciones, el barril venezolano tendría mercado y un precio razonable, aunque no sería el precio que teníamos en enero (alrededor de 60 dólares). Pero aquí hay una particularidad del negocio petrolero, porque si tú no inviertes en los yacimientos en los próximos tres años (a una tasa de 20 por ciento), eso no lo vas a notar ahora, pero los barriles que iban a entrar en 2022, 2023 y 2024, no estarán disponibles, lo que significa que si los precios se mantienen bajos, en los próximos dos tres años, vamos a ver un nuevo ciclo de precios altos. De nuevo la montaña rusa.
A la que estamos más que acostumbrados porque el precio del petróleo siempre refleja los ciclos de expansión y contracción que caracterizan al capitalismo.
Diría sí y no. El consumo de petróleo siempre sube hasta el momento en que se produce una recesión. En la parte de la demanda tal cual, el petróleo acompaña los ciclos naturales del capitalismo, pero por el lado de la oferta el petróleo es mucho más volátil que el resto de la economía, porque cuando bajan los precios la gente deja de invertir y eso no se refleja sino años después. Tienes un sobreajuste, caen los precios, cae la inversión y dentro de unos años, los precios suben muchísimo y la gente invierte significativamente en petróleo. Se hace eficiente el uso de la energía y viene el colapso de los precios y así una vez más.
¿Qué podría decir de la crisis de combustible que estamos enfrentando? Estamos viendo colas gigantescas en las estaciones de servicio y un floreciente bachaqueo, 15 litros de gasolina por 20 dólares. La respuesta del gobierno ha sido la militarización del sector.
El mundo al revés, actualmente se está contrabandeando gasolina de Colombia hacia Venezuela. Algo insólito. El primer dato, ya conocido: La gestión del chavismo destruyó la capacidad de refinación de la industria, de 1,3 millones de barriles ahora no llega ni a 100.000 barriles diarios. Hay una gran dificultad para obtener gasolina de suficiente octanaje para el uso de vehículos, entonces la tienen que mezclar con gasolina importada. Este es un problema viejo, lo nuevo es que llegó a Caracas. Y esta enorme crisis ocurre cuando la demanda de gasolina cae muchísimo en el mundo. Venezuela llegó a consumir 400.000 barriles de gasolina y antes de la pandemia consumía entre 100.000 y 120.000 barriles. ¿Cómo se estaba resolviendo el problema? Con los Swaps con los rusos, los indios, con Repsol y ENI, con el intercambio de petróleo pesado (Merey 16) por gasolina. Con eso parapetearon el asunto durante el año pasado. Pero la combinación del colapso de los precios del petróleo venezolano con las sanciones llevó a esta situación catastrófica.

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Yuval Noah Harari: del coronavirus al transhumanismo


PRODAVINCI


Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.
Woody Allen
En este tiempo de pandemia y sobreinformación, se agradece a cualquier pensador brindar un poco de luz, a fin de entender el sentido de los sucesos. A fin de poder distinguir lo importante de lo trivial. Es el caso de Yuval Noah Harari (1976), historiador y escritor de éxito. Harari, es un joven profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Su estilo culto, agudo y estimulante, proyecta la imagen de alguien que piensa hasta las últimas consecuencias, con una amplia perspectiva, sobre el devenir histórico. Tiene los dones de un buen docente. A través de una aguda combinación de erudición y curiosidad, nos conduce a considerar las amenazas y oportunidades que presenta el porvenir. “El recurso económico más importante es la confianza en el futuro, y este recurso está constantemente amenazado por ladrones y charlatanes”.
Es considerado un pensador muy crítico con los prejuicios. Su estilo es desenfadado, lo cual le permite tomar perspectivas audaces que ponen en entredicho los estereotipos compartidos. A pesar de su amplitud, observamos que hay algunos supuestos implícitos que obnubilan su visión.
Determinar esos prejuicios es importante, pues cuando Harari habla, capta la atención de un amplio público y de grandes líderes mundiales. Cuenta entre sus admiradores a Barack Obama, Bill Gates y Mark Zuckerberg, además es celebrado por el FMI y el Foro Económico Mundial. Por eso, es importante revisar los supuestos de sus discursos.
El animal deicida
Harari alcanzó notoriedad internacional con el bestseller Sapiens. De animales a dioses (edición en inglés y español, 2014). Se vendieron millones de ejemplares y se tradujo a treinta idiomas. En este libro, Harari nos plantea que, hace setenta mil años, nuestro antepasado prehistórico era solo un animal insignificante en un rincón de África, el cual, con mucha precariedad, se buscaba la vida. A pesar de tan humildes orígenes, en los siguientes milenios se transformó en el amo del planeta y, luego, en terror del ecosistema. Hoy está a punto de convertirse en un dios, preparado para adquirir no solo la eterna juventud, sino también las habilidades divinas de la creación y la destrucción. ¿Cómo es posible ese portento?
Harari explica que la especie Homo sapiens domina el mundo por ser el único animal capaz de cooperar en grandes grupos, y, además, flexiblemente. A diferencia de las hormigas, por ejemplo, las cuales trabajan en grandes colectivos, pero de formas rígidas. Por el contrario, los lobos son más dúctiles, pero se organizan en pequeñas manadas.
La clave de esta excepcional combinación humana, de colectividad y flexibilidad, se debe a su capacidad única de creer en entes que existen solamente en su imaginación, como los dioses, las naciones, el dinero o los derechos humanos. Harari afirma que todos los sistemas de cooperación humana a gran escala se basan, en última instancia, en ficción.
La conclusión a la que parece llegar Harari es que todo lo que da sentido a la vida asociada es una gran mentira. No existe Dios ni nación ni leyes, ni siquiera el dinero. De ser esto cierto, ¿qué existe? Da la impresión de que compartiera el clima posmoderno de la negación de todos los valores.
Muestra el historiador dos diferencias con respecto a los posmodernos. En primer lugar, no cae en la trampa nihilista, es decir, no toma partido por las soluciones totalitarias ni autoritarias. Más bien se declara liberal en el doble sentido, político y económico. Hay una interesante declaración de sus principios políticos en otro de sus libros, 21 lecciones para el siglo XXI.
En segundo lugar, también se distingue de los posmodernos europeos por no dudar de los resultados de la ciencia. Se podría calificar a Harari de cientificista. Como veremos, además, acaricia ciertas fantasías tecnocráticas transhumanistas.
El animal divino
¿Qué es el “transhumanismo”? Es la creencia que señala que el ser humano está a punto de dar un nuevo paso en la evolución, asistido por las ingenierías –especialmente la genética y la cibernética–, que cambiarán no solo su mundo sino su propia naturaleza. Esto solucionará todos los problemas humanos y hasta permitirá alcanzar la inmortalidad.
Harari expuso su ideario transhumanista en otro éxito de ventas: Homo deus (edición en inglés y español, 2016). El argumento de este libro es el siguiente: La humanidad ha podido superar las etapas históricas marcadas por las hambrunas, la guerra y la enfermedad. Ahora está en capacidad de ascender en la escala evolutiva sin esperar la natural y demorada mutación de los genes. Dicha mutación se puede acelerar por autogestión humana, con el concurso de la biotecnología, la inteligencia artificial y la nanotecnología. Dentro de poco tiempo, nos quedará pequeña la clasificación de Homo sapiens, seremos una nueva especie que sobrepasará a las deidades mitológicas: el Homo deus, el hombre-dios.
Todo esto tiene mucho de hybris. Ya el hombre no solo ha matado a Dios, sino que ahora quiere sus superpoderes. Además del dominio sobre la naturaleza, Harari nos vende un atajo para participar de la eternidad. La salvación del alma encontrará su sucedáneo en guardar nuestra mente en un disco duro, y, luego, la ingeniería genética proporcionará un cuerpo sintético para que encarne. El postulado suena a ciencia ficción. El porvenir se alinea con películas como Avatar o Robocop, aunque no parece considerar las denuncias morales que las acompañan.  Así que Harari sí tiene una fe, la fe tecnocrática. En sus reflexiones futurológicas no hay nada sobre el sentimiento trágico del progreso o la evolución de la conciencia de la humanidad.
Los riesgos de la vigilancia “hipodérmica”
Como decíamos al comienzo, hemos oído la voz de Harari respecto de la pandemia del Covid-19. En una conocida entrevista, declaró (Financial times, 19/3/2020) : “La humanidad se enfrenta a una crisis mundial. Quizá la mayor crisis de nuestra generación. Las decisiones que tomen los ciudadanos y los gobiernos en las próximas semanas moldearán el mundo durante los próximos años”.
Aunque muchos han pontificado sobre el porvenir, lo loable de Harari es que coloca el futuro como el resultado de las decisiones humanas. A este respecto, destaca el dilema que debemos enfrentar como humanidad: vigilancia totalitaria o empoderamiento ciudadano.
Esta pandemia es la ocasión ideal para los autoritarismos. Concede la excusa perfecta del estado de emergencia. Se alegará que la única solución posible es que el Estado vigile la población y castigue a quienes incumplan las reglas. Además hoy, por primera vez en la historia humana, la tecnología hace posible vigilar a todo el mundo todo el tiempo. Los gobiernos cuentan con la capacidad tecnológica de una vigilancia “hipodérmica”, es decir, del monitoreo sobre nuestras funciones vitales.
Harari nos aclara que la misma forma de presentar el dilema tiene algo de tramposo, si se plantea como el dilema entre derecho a la privacidad y preservación de la vida. Dicho así, se trata de un razonamiento falaz. “En el hecho de pedir a la gente que elija entre intimidad y salud reside, en realidad, la raíz misma del problema. Porque se trata de una falsa elección. Podemos y debemos disfrutar tanto de la intimidad como de la salud. Es posible proteger nuestra salud y detener la epidemia de coronavirus sin tener que instituir regímenes de vigilancia totalitarios, sino más bien empoderando a los ciudadanos”.
De esta declaración, se puede evidenciar que Harari no toma partido por gobiernos paternalistas y autoritarios que hagan cumplir las pautas sanitarias a través de vigilancia y los castigos. Apuesta por el poder de una ciudadanía políticamente educada que exige la comunicación de hechos científicos y de planes razonables. “Los ciudadanos pueden hacer lo correcto sin necesidad de la vigilancia de un Gran Hermano. Una población automotivada y bien informada suele ser mucho más poderosa y eficaz que una población controlada e ignorante”.
Corazón de cíborg    
Lo más valioso de Harari es que, a pesar de sus supuestos materialistas y mecanicistas, así como de su visión transhumanista, apuesta por el poder de los ciudadanos por encima de los estados totalitarios. En otras palabras: toma partido por soluciones humanistas en los temas que realmente importan.
Es oportuno aclarar que su postura no es la de un humanista inconsecuente, como sucede con Noam Chomsky, quien tiene bases teóricas sobre cómo el lenguaje hace posible la defensa de la dignidad humana, pero luego se olvida de eso para defender los regímenes totalitarios. El caso de Harari es el inverso.
Si bien Harari comparte con los posmodernos el escepticismo en cuanto a los valores, su coincidencia no es por vocación filotiránica, sino, más bien, una vocación modernista; es decir, cientificista. Aunque no fundamenta los valores democráticos y humanistas como punto de partida, más bien son destruidos en su concepción del animal creador de ficciones, su punto de llegada apunta a los principios éticos, aunque haya que conseguirlos debajo de una gruesa capa de tecnocracia, tal como sucede con la humanidad del protagonista de Robocop.



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