viernes, 28 de agosto de 2020

Black is not black


        ZOE VALDEZ
EL título de la más célebre obra de Agatha Christie, con la que entró la novela moderna de suspense en Francia, Los diez negritos, ha sido modificado. Razones socio-raciales, dicen. Ahora se titula Y fueron diez, o alguna espantosa cosa parecida.
La ignorancia es atrevida, censurar un título original, corrigiéndolo para complacer las exigencias supuestamente raciales de una comunidad, no cambiará en nada el contenido de la novela, ni su lenguaje. A menos que deseen censurar también la novela en toda su integridad. El que ha leído Los Diez Negritos, digo Y eran diez, o lo que sea que se llame ahora, conoce que varios de los personajes de la obra se expresan de esa manera tan precisa señalando como blanco lo que es blanco y lo negro como negro; la autora sólo describía una época, sin ánimos de ofender a nadie, por Dios, sólo hacía literatura.
Pero resulta que ahora vivimos en una época de ofendidos, todo el mundo se ofende por cualquier tontería. Tengo una tesis sobre eso: la gente esconde, oculta su ignorancia tras la extrema sensibilidad, que tampoco es sensibilidad en demasía, es comemierdería a pulso, y nada más. Lo que ignoran les ofende.
Si seguimos por ese camino de ignorancia y pretendidas culpas, ofendidos y censurados, no quedará nada. Por ejemplo, aquella hermosa canción de Los Bravos, Black is black también tendría entonces que ser modificada. No sé verdaderamente cómo lo harían. ¿Oscuro es oscuro? ¿Incoloro es incoloro? ¿Black is not black? Cuando es evidente que lo es. Se nos avecina una humanidad tarada.
El Museo Británico acaba de bajar de su pedestal y esconder la estatua de su fundador, porque según la época en la que vivió fue esclavista. Bueno, también hubo negros esclavistas de blancos, y muchísimos más blancos esclavizados que negros esclavizados, como se puede leer en el extraordinario libro de Jim GoadManifiesto Redneck.

Es más, todavía en la misma África, hoy en día, existen negros esclavizando negros. Y en Sudáfrica los negros no sólo anhelan esclavizar a los blancos, sino que los asesinan, los masacran, y nadie habla de ello, el mundo calla, la prensa calla. Sin contar la trata de blancas.

Hoy leí en un diario británico que una joven fue aplaudida porque supo resistir a las hordas de afro-británicos o afro-loquesean, las que la asediaron en un restaurant por el mero hecho de ser blanca. ¿Cómo se llama eso? ¿Reivindicación o racismo anti-blanco? Para mi lo segundo con todas sus letras.
Durante los cuatro años de presidencia de Donald Trump se le ha acusado de todo, pero todavía más de racista y de forma injusta. Una buena parte de seguidores de Donald Trump son negros, perdón, afroamericanos. Ya ven… Trump se ha casado en dos ocasiones con mujeres inmigrantes, y además de eso tuvo una novia mulata, o afrocaneladescendiente… Ya ni sé cómo se diría.
El tema es que nadie acusa a Pedro Sánchez de racista por este vídeo en el que se ve claramente que se limpia las manos después de saludar a una familia de afrohispanos. Tampoco acusan a Raúl Castro por la carencia de ministros afrocubanos en su gobierno (porque el que gobierna es él y no el Mario Neta Canel), ni siquiera por tener a todo un pueblo blanco, indio, mulato, mestizo, negro, esclavizado y encarcelado.
Y, hablando de censuras. Podríamos suponer que si censuraron a la gran Agatha Christie, también lo harán con el bodrio totalmente prescindible titulado ‘Negra’, de Wendy Guerra. ¿O es que este fenómeno de borrado y desaparecido sucederá como siempre one way?

Este artículo fue publicado originalmente en Libertad Digital el 27 de agosto de 2020

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Venezuela, entre la vida y la muerte








HUMBERTO GARCÍA LARRALDE






A Jorge Díaz Polanco y otros venezolanos de bien, comprometidos con su país,
que no alcanzaron a ver el final de esta pesadilla.
El país se debate entre dos eventualidades, decisivas para su futuro. No es la pregonada disyuntiva entre un proyecto socialista y otro capitalista, entre una alardeada “revolución” o un supuesto desarrollo neoliberal. A pesar de la repetición, ad nauseam, de consignas y giros retóricos izquierdosos, el proyecto comunistoide nunca tuvo sentido y jamás será posibilidad en Venezuela. No sólo por su inviabilidad y porque fracasó rotundamente ahí donde se intentó imponer –sobre millones de cadáveres—, sino porque no es la intención de quienes hoy comandan el aparato estatal. Cuba y el otro museo del terror, Corea del Norte, con los cuales suele asociarse el término “socialismo”, son regímenes totalitarios dinásticos, retrógradas, dedicados a consolidar, a sangre y juego, privilegios para su casta militar dirigente. Como terminó por reconocer el propio Fidel Castro, no representan opción para nadie. Pero como el vocablo “socialista” es polisémico, sirve también para referirse a los estados de bienestar existentes en algunos países europeos –Dinamarca y otros países escandinavos, el Reino Unido, hoy gobernado por el Partido Conservador, Alemania, bajo el liderazgo de la socialcristiana, Angela Merkel–, diametralmente diferentes: economías de mercado robustas, instituciones sólidas que aseguran derechos individuales, civiles y políticos para todos, seguridad social omnicomprensiva y los más altos niveles de vida del globo. Se trata de prósperos países capitalistas, pero con profundo contenido social. Pero, al provenir de una cultura política que tuvo fuerte impronta marxista, la socialdemocracia europea ve obnubilada su percepción de la abominación comunista, que niega toda idea de justicia y de libertad. No entiende que cierta prédica de izquierda sirve, hoy, para encubrir prácticas que en nada se diferencian de las peores expresiones fascistas.
Lo que se juega Venezuela en los próximos meses son sus posibilidades reales de vida como país o, alternativamente, de segura muerte. Ya ha avanzado demasiado su desintegración. El 2020 será el séptimo año consecutivo de contracción: para diciembre, el tamaño de nuestra economía estará en torno a la cuarta parte de la existente en 2013. No es una mera estadística. Es el cierre y la quiebra continuada de empresas, la destrucción de empleo, el colapso de la producción de alimentos y de los servicios públicos, la hiperinflación desatada por un gasto público financiado con emisión monetaria, la práctica desaparición del poder de compra de los sueldos y salarios. Es la consecuente desnutrición, la desesperación y angustia de tantos. Son las muertes evitables –de haberse podido conseguir los medicamentos y salvaguardado el sistema de salud–, es el secuestro del futuro para una generación de jóvenes, el robo de una jubilación digna para quienes trabajaron toda su vida. Son los millones que han tenido que huir, buscando su sobrevivencia. Y ahora emerge la enorme vulnerabilidad de la población ante la pandemia mortal que azota el mundo, dada la falta de equipos e insumos, y el colapso de los hospitales, a pesar del heroico esfuerzo de los trabajadores de la salud.
Pero no sólo es el desplome económico. Con el desmantelamiento del marco institucional que aseguraba nuestros derechos y señalaba nuestros deberes, desaparecen las bases normativas para la convivencia en sociedad. Se asienta la anomia, el dictamen arbitrario del más fuerte, del que posee las armas. Las palancas del Estado están, hoy, en manos de militares corruptos y esbirros cubanos y, crecientemente, de una variada gama de organizaciones delictivas que aseguran la permanencia de Maduro en el poder Sin posibilidades de ciudadanía, sin apego a normas de convivencia civilizadas y con la absoluta ruina de nuestros medios de subsistencia, Venezuela está dejando de ser. Se considera un “Estado fallido”.

Esta consunción no es fruto de guerras ni del azar. Es el resultado inevitable de un régimen de expoliación articulado en torno al poder, devenido en Estado Patrimonialista. La narrativa “socialista” ha servido para justificar el desmantelamiento del Estado de Derecho y el arrinconamiento de los mecanismos autónomos de mercados en competencia para la asignación eficiente de recursos productivos. Los sustituye el arbitrio de la fuerza y la lealtad hacia quienes la comandan, conformando verdaderas mafias que controlan de manera exclusiva y excluyente al Estado: la “revolución” puesta al servicio de una oligarquía criminal [1]. Son los verdugos de Venezuela, en primer lugar, la cúpula militar corrupta y los agentes nazi-cubanos: Maduro, los hermanitos Rodríguez, El Aissami y cía., quienes se han adueñado del país. En próximas entregas, haremos referencia a ello.

Insólitamente, a pesar del desastre urdido por Maduro y la descomposición de su gobierno, el rechazo masivo de la población y el repudio internacional a su gestión, se mantiene aferrado al poder. No ha habido límites éticos, morales o políticos que no haya traspasado con tal de seguir depredando al país. Su perversidad y capacidad para hacer el mal, al costo que fuese, ha superado toda expectativa racional. Cuenta, para ello, con más de 60 años de experiencia represiva cubana. Pone en evidencia, una vez más, que el fascismo concibe a la política como una guerra conducida por otros medios, ahora contra una mayoría decisiva de venezolanos. Su última agresión ha sido cerrar definitivamente los mecanismos constitucionales para que ésta exprese su voluntad, maquinando una farsa para “elegir” en diciembre el parlamento para el período 2021 – 2026, sin auditoría alguna de máquinas y del registro electoral, y cambiando los procedimientos de votación y de asignación de diputados. Para asegurar su triunfo, el tsj de Maduro confiscó los partidos opositores principales y trampeó la designación del CNE, además de perseguir dirigentes opositores, muchos presos o en el exilio. Tales comicios, tan burdamente amañados, han sido denunciados por los voceros de las democracias occidentales.
No hay forma que la oligarquía criminal ceda el poder, que no sea por la fuerza. De ahí la imperiosa necesidad de una respuesta unida, que aglutine la mayor cantidad de voluntades, para convertir a la farsa electoral de Maduro en una gran derrota política. Ello contribuirá a minar, aún más, sus bases de sustento, de manera de forzar las puertas de una transición política que restituya las condiciones necesarias para recuperar la libertad y el sustento de los venezolanos.
La propuesta lanzada por el presidente (e) Juán Guaidó debe ser vista con este fin. No es tiempo para visiones de parcela, sino para aunar esfuerzos que logren la salida del usurpador. En este orden, organizaciones de la sociedad civil proponen realizar una consulta vinculante, conforme al artículo 70 de la Constitución, sobre el cese de la usurpación. Con tal mandato, la Asamblea Nacional electa en 2015 designaría, en un lapso no mayor de dos meses, un gobierno de unidad nacional y el nombramiento o ratificación de los otros poderes públicos, seguido de la convocatoria a elecciones generales libres y justas en un plazo perentorio, solicitando el apoyo y certificación de la comunidad internacional.
El compromiso de los venezolanos demócratas es evitar que desaparezca nuestro país. No se trata de regresar al pasado –de esos polvos rentistas, vinieron estos lodos totalitarios—sino de construir una economía social de mercado, competitiva, de fuerte protagonismo ciudadano. Dependerá de todos.

Humberto García Larralde, economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, humgarl@gmail.com
[1] (https://transparencia.org.ve/project/crimen-organizado-y-corrupcion-en-venezuela-un-problema-de-estado/).

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Punto de vista

     
















     Eduardo Fernandez

Vendrán tiempos mejores. Más temprano que tarde Venezuela y los venezolanos viviremos tiempos de alegría, de unión, de progreso, de justicia, de bienestar y de democracia.
La pandemia del coronavirus pasará. El socialismo del siglo XXI con todas sus nefastas consecuencias también pasará y amanecerá una nueva y resplandeciente oportunidad para todos los que hemos tenido el privilegio de nacer en esta tierra de gracia y para todos los que han escogido vivir, trabajar, luchar, sufrir y gozar con nosotros.

Estamos viviendo una hora muy oscura, pero “si sobrevives -como dijo el poeta Andrés Eloy Blanco- será tu tiempo el tiempo de la verdad triunfante.” Nuestra tarea es convocar la unidad de todos los venezolanos. Unidad que sólo es posible alrededor de un gran sueño, alrededor de un programa compartido. Ese programa, desde mi punto de vista, debe contemplar cinco aspectos fundamentales: democracia política, progreso económico, igualdad social, valores éticos y servicios públicos eficientes que nos permitan a todos vivir decentemente y disfrutar un ambiente de paz y de convivencia.

Ese es el programa que propone la tarjeta Unión y Progreso. En momentos estelares de nuestra historia los venezolanos hemos demostrado capacidad para entendernos y para progresar. Así ocurrió, por ejemplo, a la muerte del general Juan Vicente Gómez. El programa de febrero de 1936 presentado por el presidente López Contreras fue una convocatoria a la unión y al progreso de todos los venezolanos.

La constitución de 1947 fue una nueva invitación a la unidad de los venezolanos para luchar por la democracia, por el progreso económico, por la justicia social, por la erradicación de la corrupción administrativa y por la conquista de un ambiente de convivencia civilizada.

El Pacto de Punto Fijo en 1958 representa otra de esas oportunidades en las que los venezolanos fuimos capaces de atender un llamado a la unidad detrás de un programa compartido en medio de las diferencias propias del pluralismo democrático.

Hoy suenan de nuevo las trompetas que nos convocan a la unidad nacional. Veinte años de graves errores, de confrontaciones inútiles y pleitos infecundos nos han conducido a una situación deplorable y catastrófica. Es la hora de pensar más en Venezuela y en el sufrimiento de los venezolanos que en las agendas partidistas y en las ambiciones personales. Venezuela necesita unión y progreso.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
@EFernandezVE

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Carlos Rangel, el profeta que anunció la catástrofe 


MILAGROS SOCORRO
LA GRAN ALDEA 
15-1-2020

La multitud va por una vía, ruidosa, gesticulante; y por la otra, la contraria, viene un hombre solo, que habla con voz suave y cuidada dicción. Mientras aquellos gritan culpando a otros de sus males, este advierte que el resentimiento no es consecuencia de las injusticias sino uno de sus causantes, por ser paralizante e inhibidora de las fuerzas creativas individuales. Mientras aquellos vociferan la necesidad de reinstaurar, con revolucionarios buenos, la supuesta naturaleza seráfica de los habitantes de un pasado remoto y angelical, el de acá desmonta estos y otros mitos, con abundancia de argumentos. No hubo, insiste, tal reino silvestre en el que todo era perfecto, y quien dice procurar su restauración terminará convirtiéndose en el amo y opresor, multiplicando los males, la violencia y la miseria.
Ese hombre es Carlos Rangel Guevara, quien falleció un 15 de enero de 1988, cuando tenía 58 años. Se suicidó. Se dice que tenía una depresión muy severa. Nadie hubiera podido predecirlo. Hasta el último momento de su febril agenda, se mostró apolíneo y dueño de sí. Pero, como escribió The New York Times en su obituario, «el jueves por la tarde grabó el programa de televisión que se transmitiría al día siguiente, un especial en conmemoración de los 30 años de democracia venezolana, y regresó a casa y luego fue encontrado muerto».
Es un misterio. El suicidio siempre lo es, me imagino, pero uno ve las grabaciones de los programas de televisión de Sofía Ímber y Carlos Rangel, de días antes de la funesta acción, y no puede creer que, bajo esa cubierta serena, ese autocontrol, esa mirada de aplomada inteligencia, estuviera taladrando la desesperación.
“Periodista, escritor, intelectual, figura de la televisión y uno de los más notables difusores del liberalismo en América Latina, Carlos Rangel falleció un 15 de enero de 1988, cuando tenía 58 años”
Periodista, escritor, intelectual, figura de la televisión y uno de los más notables difusores del liberalismo en América LatinaCarlos Rangel nació en Caracas, el 17 de septiembre de 1929. Era hijo de José Antonio Rangel Báez y Magdalena Guevara Hermoso. Por vía materna, su abuelo fue el general Lorenzo María Guevara Ron, presidente del estado Bolívar y uno de los defensores de Cipriano Castro en 1899; y la esposa de este, Magdalena Hermoso Salom, nació en Coro, en el seno de una familia muy próspera. Por vía paterna, era nieto de Ana Teresa Báez Eliozondo y del general y médico Carlos Rangel Garbiras (San Cristóbal, 1854 – Caracas, 1910), quien, a su vez, era nieto del doctor y coronel de la Guerra de Independencia de Venezuela, José Antonio Rangel y Becerra, así como del médico zuliano Arístides Garbiras, presidente del estado Táchira en dos oportunidades. El general Carlos Rangel Garbiras, abuelo de Rangel Guevara, quien empezó a estudiar Medicina en la UCV y terminó en París, fue gobernador de Táchira en diversos periodos, parlamentario y, sobre todo, conspirador. La historiografía lo alude como “el caudillo aristócrata”.
Carlos Rangel cursó la primaria y el bachillerato en Caracas, siempre con las más altas calificaciones. Y al graduarse de bachiller, se fue a Nueva York, donde egresaría, con el título de Bachelor of Arts en el Bard College. Luego hizo estudios de posgrado en La Sorbona de París y un máster en la Universidad de Nueva York, donde en 1958 se desempeñó como profesor. De regreso a Caracas, entre 1961 y 1963, dictó la cátedra de Opinión Pública en la Universidad Central de Venezuela.
En 1960, cuando tenía 30 años, se dedicó al periodismo y fue moderador en programas de televisión como Frente a la Prensa. Ya antes de 1960 había seguido la senda de varios de sus antepasados y se había iniciado en el periodismo, durante una década ejerció la dirección de la revista Momento. En 1969, ya casado con la periodista Sofía Ímber, creó el programa “Buenos días”, que empezó en Venezolana de Televisión, y se extendió durante 20 años por otros canales, con distintos nombres, formatos e, incluso, combinación de conductores.
Antes de contraer matrimonio con Sofía Ímber, con quien no tuvo descendencia, había estado casado con Barbara Barling, con quien tuvo cuatro hijos: Antonio Enrique, Carlos José, Magdalena Teresa, y Diana Cristina. 
“Ver hoy, en Venezuela, las grabaciones de las entrevistas que le hicieron a Carlos Rangel a propósito del libro “Del buen salvaje al buen revolucionario” es escalofriante, porque ahí está anunciada la tragedia del país”
Denigrado por la izquierda, por sus inclementes ataques al marxismo, Rangel aprovechó la rendija de libertad que ofrecía la democracia de Venezuela y se dedicó a difundir sus ideas en los medios de comunicación, donde alternó el trabajo en televisión con el columnismo en publicaciones venezolanas e internacionales, como los diarios locales El NacionalEl UniversalLa Verdad y 2001; y medios extranjeros como Newsweek InternationalWall Street Journal, en los Estados UnidosVuelta, en MéxicoPolitique Internationale, en Francia; Estado, en Sao Paulo, y Cambio 16, en España.
Como ha dicho el profesor universitario y antiguo militante de izquierda Trino Márquez: “[Yo] Era su detractor a priori. Lo consideraba de ‘derecha’. Para un marxista todo intelectual que no profesase nuestro credo era descalificado de antemano por ‘reaccionario’. Luego, cuando fui capaz de aceptar lo que ocurría en el mundo comunista y diversifiqué mis lecturas con la de los grandes defensores de la libertad, me di cuenta de cuán extraviado andaba.
Carlos Rangel -sigue Trino Márquez- se alzó con coraje y claridad contra los errores, deformaciones y prejuicios que se habían instalado en Venezuela y en América Latina. Con rigor conceptual y presencia de ánimo enfrentó los dogmas del marxismo en economía y política, denunció los desmanes del populismo, el colectivismo, el nacionalismo y el estatismo, y desenmascaró el autoritarismo intrínseco al marxismo”.
“Carlos Rangel se cansó de explicarle a los venezolanos el inmenso peligro que corría el país si escuchaba los cantos de sirena de los comunistas”
                               Carlos Alberto Montaner
Esa titánica labor intelectual la hizo Rangel con su libro “Del buen salvaje al buen revolucionario”, publicado primero en francés, en 1975, y unos meses más tarde, en español, por Monte Ávila Editores, que puede leerse íntegramente en línea, gracias a Cedicehttp://libreriacedice.org.ve/wp-content/uploads/2019/06/Del-Buen-Salvaje-al-Buen-Revolucionario.pdf Léase bien la fecha de publicación de ese clásico de la filosofía política en español: 1976, un año después de la nacionalización de la industria del hierro y víspera de la del petróleo. El país estaba babeado por el “capitalismo de Estado”, que, en realidad, es socialismo puro, y ahí estaba Carlos Rangel aguándole la fiesta a Carlos Andrés Pérez y a los mil repetidores de las bondades del Estado gordo y metiche.
Tal fue la pataleta que en la Universidad Central de Venezuela (UCV) ciertos grupos izquierdistas hicieron una pira para quemar el libro, que nada más salir se convirtió en el más vendido de ese año en Venezuela. Y nunca dejó de leerse, sobre todo fuera del país, donde Rangel fue objeto de denuestos, pero también de homenajes y numerosas entrevistas. Ver hoy, en Venezuela, las grabaciones de las entrevistas que le hicieron a Rangel a propósito de ese libro es escalofriante, porque ahí está anunciada la tragedia del país. En todos sus detalles, dictadura militarrepresióndevastación económicaemigración en masa. Todo. Bastaba oírlo y calibrar con inteligencia sus advertencias. Pero Carlos Rangel fue, como dijo el periodista cubano Carlos Alberto Montaner “el hombre al que no le hicieron caso los venezolanos.
Rangel se cansó -dijo Montaner- de explicarle a los venezolanos el inmenso peligro que corría el país si escuchaba los cantos de sirena de los comunistas, la izquierda festiva o a esos populistas de diversas procedencias que, en lugar de explicar que la riqueza se construye y acumula mediante el trabajo, la responsabilidad individual y el buen funcionamiento del Estado de derecho, predicaban alguna suerte de evangelio ‘revolucionario’. Esa nefasta y rencorosa superstición que asegura que nuestros infortunios son invariablemente la consecuencia del comportamiento malvado de los otros: Los yanquis, los ingleses, los empresarios, o hasta los judíos, porque el antisemitismo, desgraciadamente, sigue vivo en medio planeta, aunque ahora lo disfracen con la solidaridad propalestina”.
Después de “Del buen salvaje al buen revolucionario”, apareció “El tercermundismo” (Monte Ávila, 1982) y, en 1988, la obra póstuma “Marx y los socialismos reales y otros ensayos”, recopilación de artículos de prensa, discursos y conferencias.

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miércoles, 26 de agosto de 2020


BIELORRUSIA: UN MUNDO DE AUTÓCRATAS


Trino Márquez: Chile, del espejismo a la realidad - Noticiero Digital
           TRINO MARQUEZ

Luego de la destrucción del Muro de Berlín -muro del oprobio, símbolo de la dictadura y la incompetencia comunista- buena parte del mundo político e intelectual creyó que se haría realidad la profecía de Francis Fukuyama, según la cual el planeta avanzaría de forma acompasada hacia la democracia liberal y la economía de mercado. Después de treinta años de haberse derrumbado los autoritarismos inspirados en el marxismo-leninismo, han surgido otras formas de autocracia; o se han maquillado un poco las antiguas tiranías basadas en la ideología elaborada por Carlos Marx.
Alexander Lukashenko, Vladimir Putin, Xi Jinping, Daniel Ortega y Nicolás Maduro –para solo mencionar unos pocos  personajes de la misma estirpe- forman parte de la galería de neoautócratas vinculados con lo que fue el comunismo hasta la extinción de la Guerra Fría.
Las elecciones del 9 de agosto en Bielorrusia volvieron a mostrar las aristas más filosas del ‘último dictador europeo’, como se le conoce a  Lukashenko en el viejo continente. Al déspota le parece poco haber permanecido 26 años al frente de ese pequeño país. Quiso extender el lapso cinco años más. Para conseguirlo apeló a sus acostumbradas malas mañas. Cometió un fraude escandaloso, que le dio un ‘triunfo’ con más de 80% de los votos. La victoria fue inmediatamente reconocida por Vladimir Putin y Nicolás Maduro, su amanuense  en América del Sur. Antes de perpetrar la estafa, el mandamás bielorruso había encarcelado al jefe de la oposición; luego, en vista de que la valiente esposa del líder apresado tomó el testigo dejado por su marido y triunfó en la consulta, la acosó hasta obligarla a salir del país, para no ser víctima de otro secuestro por parte de los cuerpos de seguridad del régimen.
Frente a las inmensas  movilizaciones provocadas por el escamoteo, el cobarde Lukashenko salió corriendo a pedirle auxilio a su jefe Putin, amo y señor de la Federación Rusa al menos hasta 2036, último año que le autoriza gobernar la reforma legal que hace poco tiempo logró que le aprobaran en un referendo popular totalmente manipulado por el expolicía de la KGB, quien acostumbra a despacharse a sus adversarios con el milenario método del envenenamiento. Lukashenko es su marioneta. Su representante plenipotenciario en un territorio que limita por el frente occidental con Europa, convertida en barrera de las pretensiones expansionistas del nuevo zar, mezcla extraña de marxismo con la doctrina de la Iglesia Ortodoxa rusa.
Al trío formado por Lukashenko, Putin y Maduro hay que agregar a Xi Jinping y a Daniel Ortega. El jefe del Partido Comunista Chino logró que la dirección del partido le aprobara  una reforma que le permite reelegirse indefinidamente en la jefatura del partido y, por lo tanto, del Estado. El señor Xi ha concentrado tanto poder como en su momento tuvo Mao Zedong. Xi promueve las formas más ominosas de control sobre los ciudadanos. La tecnología G-5 se ha puesto al servicio del espionaje descarado e implacable de la actividad individual y colectiva. El espacio para la libertad se ha reducido a su mínima expresión. Este panorama es el que vislumbran los jóvenes de Hong Kong y ante el cual se sienten aterrorizados. Por eso, prefieren dejar la vida en las calles de esa pequeña isla, antes que caer en las garras de esa cruel burocracia. El último personaje de la serie es Ortega, a quien solo vale la pena mencionar por el terrible daño que el inflige al pueblo nicaragüense.    
Lo peor de esta atmósfera tan degradada es que  algunos países democráticos han generado sus propios engendros durante las décadas recientes. Turquía, con un Estado laico a pesar de que su población mayoritaria es musulmana, produjo al dictador Recep Tayyip Erdogán, quien pretende islamizar el Estado. Polonia y Hungría, dos países que giraban en la órbita de la antigua Unión Soviética, han dado un vuelco preocupante hacia la derecha reaccionaria, conservadora y retrógrada. Andrzej Duda, presidente polaco, y Víktor Orbán, primer ministro húngaro, son la viva encarnación de ese pensamiento retardatario,  incompatible con el canon liberal.  Lo más preocupante es que el eclipse de la democracia no sólo ocurre en la periferia; en naciones colocadas en la  segunda línea de las democracias occidentales. Está sucediendo en el corazón de la cultura. En el Estados Unidos de Donald Trump. El aspirante a la reelección emite declaraciones cada vez más preocupantes y provocadoras. Amenaza con desconocer los resultados electorales en el caso de perder frente a Joe Biden; y  descalifica al Servicio Postal, órgano emblemático de la fortaleza y eficacia institucional de la nación más poderosa de la Tierra.
Además de  la Covid-19, gran parte del planeta ha sido tomada por estos asaltantes del poder, quienes aspiran a eternizarse en sus cargos, aplastar las instituciones del orden democrático y erigirse en reyezuelos que solo le rinden cuanta a la almohada porque se consideran predestinados.  
Si los partidos y las naciones democráticas del planeta no se unen para enfrentar con determinación los embates de esta clase de seres, la libertad será demolida. Las restricciones provocadas por la pandemia parecerán un picnic.
@trinomarquezc


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¿Víctimas del estalinismo? No: del socialismo

Luis Alberto Buttó
TALCUAL

No hace mucho, apenas desde 2009, por disposición del Parlamento Europeo, cada 23 de agosto se «celebra» el denominado «Día Europeo de Conmemoración de las Víctimas del Estalinismo y el Nazismo», más popularmente conocido como «Día del Listón Negro». Al rompe, luce chocante que se constriñera a un determinado espacio geográfico el hecho de que tales aberraciones políticas hayan dejado víctimas a su paso.
Empero, quizás, la excluyente delimitación pueda hacerse potable si se repara en el hecho de que, si bien el recuerdo debiera ser mundial, el acuerdo que lo estableció se generó a lo interno de la Unión Europea. Cosas de la política a escala, se entiende. En todo caso, perentoria es la advertencia de que en la suma del costo en vidas humanas causado por el totalitarismo, a secas y sin sustantivos que apunten a la particularización, no hay espacio indemne en el planeta.
Lo que en modo alguno puede ser digerible es que en el acuerdo que dio origen a la efeméride en cuestión se hayan establecido marcos diferenciadores que pretendan sembrar confusión en la opinión general al obviar, en la concreción discursiva, que no es el estalinismo, como supuesta desviación del socialismo, la variante de totalitarismo a condenar. En lo absoluto.
Lo condenable sin vacilación alguna es el socialismo como tal, independientemente de cualesquiera adjetivos que se le quiera dar, en tanto y cuanto modelo socioeconómico y modelo sociopolítico perverso por antonomasia por representar el más infame de los mecanismos de dominación social desarrollados en el siglo XX, con aberrantes ramificaciones aún en el siglo que transcurre.
La experiencia histórica lo demostró con creces: el socialismo, llámesele como se le llame, e instáurese en la época en que se instaure, solo acarreó (acarrea) penurias inimaginables a la población de los países que lo sufrieron (lo sufren) en carne propia. ¿Las razones de que así sea? Sencillas: en el socialismo se utilizan los instrumentos de coerción a disposición del Estado para la consecución del objetivo estratégico de edificar una sociedad definida por la supresión de la libertad, en aras de que el hombre, al no poder ejercer aquélla, se vea obligado a depender de la maquinaria institucional para asegurarse la subsistencia.
Dicho por la calle del medio, el socialismo no es más que un entramado de relaciones de subordinación entre el universo de menesterosos, que es la gente en su totalidad, y el gran decisor-controlador, que es el leviatán parido de las iniquidades teóricas del marxismo. Brutales relaciones sociales de subyugación cínicamente justificadas por la autodenominada vanguardia revolucionaria mediante sofismas intragables del tipo la construcción del hombre nuevo y la consecución de la verdadera independencia, verbigracia. En la dirigencia socialista se encarna la impostura. Ése es su patrón de conducta.
Así las cosas, es una añagaza intragable pretender mostrar al estalinismo como fenómeno político diferente al socialismo. Aquí no cabe delimitación válida.
Estalinismo, maoísmo, castrismo, lo que sea, en cualquiera de sus expresiones, el socialismo es una estafa ideológica, que no a la larga y sí a la corta, se convierte es desgracia inenarrable para todo aquel incauto que interiorice las consignas desfasadas y anacrónicas extraídas de los burdos manuales disponibles, salvo que, por supuesto, se pertenezca a la nomenclatura, la clase social hipócrita e indecorosa que, en la práctica, con las variantes que al respecto puedan identificarse, termina erigiéndose segmento social con primacía en el usufructo de la poca o mucha riqueza que se genere fronteras adentro.
En definitiva, todo experimento socialista es despiadado, cruel, injusto, inhumano.
Toda variante de socialismo arrastra tras de sí el empobrecimiento generalizado de la población, el anclaje de estructuras económicas y sociales propias del subdesarrollo y la consolidación en el poder político y económico de camarillas que al monopolizar los asuntos del Estado y del gobierno incurren descaradamente en prácticas tiránicas.
Víctimas del socialismo
Por consiguiente, allí donde impera el socialismo, se aplastan sin pudor las libertades fundamentales del ser humano y se destruye de plano la construcción de ciudadanía, pues la persona no importa, es anulada, frente al fin supremo del ideal revolucionario.
De manera imperturbable, el socialismo deviene en totalitarismo. Desconocerlo con juegos de palabras es tenderle la alfombra roja a la vileza política.

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ATORNILLAR LA DICTADURA
Apertura Venezuela: ¿QUE PASO EL DOMINGO 15 DE OCTUBRE?, por ...
       FREDDY NUÑEZ
TALCUAL

Hace días, TalCual realizó un foro virtual denominado: ¿Hay o nó condiciones electorales para el 6 D? Los invitados fueron, Luis lander, Eugenio Martínez, Juan Manuel Rafalli y Leonardo Morales. Salvo este último, quien actuó como vocero del partido Avanzada Progresista, los demás no representaban a ninguno. El moderador fue el director del diario, Xabier Coscojuela.
Todas la intervenciones –salvo la de Leonardo– luego de analizar los aspectos técnicos, jurídicos y políticos involucrados en el proceso electoral en el que se ha empeñado el régimen, coincidieron en que el mismo carece de garantías, es Luis Lander es parte del Observatorio Electoral Venezolano, ha estudiado la materia y en entrevista anterior a TC, había señalado que casi el 13% de los votantes están fuera del país, destacó que la forma en que fue electo el cne, no era casualmente la mejor manera de estimular el voto de la ciudadanía.
Eugenio Martinez es un estudioso de la materia electoral.
Juan Manuel Rafalli, al referirse al contexto en el cual ocurre la elección del cne, destacó su ilegalidad y señaló algunas de las violaciones constitucionales que configuran un fraude electoral.
Desde el punto de vista político el único que defendió la conveniencia de participar en la farsa de diciembre fue Leonardo Morales, quien en sus intervenciones desestimó como si se tratara de simples bagatelas, toda la sólida argumentación técnica y jurídica, que evidencia la ilegalidad de esas elecciones, y que al decir de Rafalli, solo sirven como ocurre en el caso de Cuba o Rusia, para atornillar gobiernos autoritarios.
El discurso de Leonardo Morales es en efecto, el de su partido y el de sus socios de «la mesita», uno en el cual “lo político” pasa a ser una especie de ente superior a la realidad en cuyo nombre La Constitución y las leyes son prescindibles en aras de un supuesto futuro diálogo entre una Asamblea Nacional surgida del fraude, y un gobierno cuya legitimidad tampoco existe. “No somos noruegos” dice, y recuerda una frase infeliz de un secretario general de AD, quien dijo “no somos suizos”, en ambos casos para justificar que la bellaquería política, la viveza criolla sustituyan el esfuerzo civilizatorio que dote al ciudadano de la capacidad real de enfrentar regímenes dirigidos por sátrapas vendedores de ilusiones y constructores de desgracias.
En el 2018 escribí en TalCual un artículo titulado, Falcón debe Renunciar. Allí preguntaba: ¿Que le dirá al país al día siguiente, cuando habiendo perdido haya contribuido a barnizar de legalidad al régimen? ¿Cantará fraude? En efecto eso hizo ante el mismo tsj al cual acudió ahora a pedirle nombrara un nuevo cne. Dije en ese artículo algo que sigue teniendo vigencia: “La gran tarea de un demócrata hoy, es trabajar por la unión y organización de ese 80% de descontentos que están urgidos de salir del hambre y la miseria”.
Pues bien, nuevamente Falcón, ahora acompañado por “la mesita” y un lote de traficantes de la política, le dan la espalda al pueblo, para unirse al régimen que lo destruye.
Todo el esfuerzo de ese sector por justificar la participación electoral sabiendo que es un fraude grotesco, se estrella contra la evidencia de los hechos.
La oposición participó unida en el 2015 y obtuvo los 2/3 de la AN, el régimen desconoció el triunfo, eliminó los diputados indígenas y la declaró en desacato. ¿Porque va a ser distinto ahora? Le robó las elecciones a Andrés Velázquez, le robó el triunfo a Guanipa en el Zulia, “Eligieron” una anc ilegal, ¿porque ahora actuarían apegados a una constitución que violan a diario?
Este cne es una vergüenza, es inocultable como ya afirmó Rafael Simón Jiménez, que trabaja de acuerdo con “la mesita” para cocinar la gran estafa, cuyos únicos beneficiarios serán los fraudulentos diputados que obtendrán una indigna sinecura.
Será difícil explicarle esto a cualquier persona, como un gobierno cuyo desempeño atroz supera cualquier estándar internacional, con menos del 15% de respaldo, logró (no sabemos por cuánto tiempo más) mantenerse en el poder. El colaboracionismo, el oportunismo, serán parte clave de la explicación.
  del orden constitucional vigente, y no permitirá solventar ninguno de los problemas que padece el país.

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