domingo, 1 de febrero de 2015

COMPRA Y VENTA DE  PERIÓDICOS


Elias Pino Iturrieta

El asunto de la libertad de expresión merece un tratamiento cuidadoso, a través del cual se contemplen los matices que lo distinguen. No es tema que se deba tratar en sentido panorámico, debido a las maneras que han caracterizado su ataque en Venezuela desde el advenimiento del chavismo. ¿Por qué la preocupación? En atención a la trascendencia del problema, desde luego, vital para la preservación de la democracia que todavía nos queda; pero también debido a cómo ha sido examinado por los periodistas, es decir, por las personas involucradas directamente con un oficio que experimenta limitaciones capaces de estorbar su trabajo en términos particulares.
Hace ocho días, en una primera reunión con los expresidentes Pastrana y Piñera, los periodistas insistieron en denuncias sobre el caso Globovisión, mientras los enigmáticos tratos sobre la compra y venta de periódicos ocuparon segundo plano. No caben reproches sobre la conducta de quienes se han sentido lesionados por las modificaciones ocurridas en un canal de televisión como consecuencia del cambio de patrón, pero conviene distinguir entre los manejos que produjeron el cambio y los trajines relacionados con lo que se ha visto en el escandaloso caso de los impresos que estrenan propietarios flamantes.
¿Cuál es la diferencia? El canal fue adquirido por un señor con nombre y apellido que, con el derecho que legítimamente asiste a quien tiene la sartén por el mango porque guardaba dinero para hacerla suya, modifica la orientación de su nuevo predio, la anuncia y la convierte en realidad. Estamos ante un caso como el de don Guido, ese caballero andaluz de Antonio Machado que quiere sentar cabeza de una manera española y olvida las francachelas y las manzanillas para dedicarse a los altares y a las cofradías hasta cuando doblan las campanas por su beatífica muerte. Tal vez este don Guido de nuestras cercanías (a quien no conozco personalmente ni está en la libreta de mis citas próximas) buscó una metamorfosis drástica de sus vivencias y le dio por informar a su modo desde la pantalla chica. No deja de ser una maroma curiosa, una cabriola de las más llamativas, pero capaz de resistir objeciones debido a que se llevó a cabo sin ocultamiento para que los habitantes de la casa y los espectadores asumieran las consecuencias. Como sucedió, en efecto: muchos renunciaron a su trabajo, mientras centenares de destinatarios cambiaban de canal. Fue el precio que debió pagar nuestro tropical y adinerado don Guido para hacer realidad un anhelo secreto, o un capricho personal, o un trato que fue de su conveniencia.
La diferencia con el caso de la adquisición de impresos es ostensible, y grave de veras, por el simple hecho de que no sabemos a ciencia cierta quién los compró. Sabemos quién los vendió, operación que no es digna de la vuelta al ruedo en medio de ovaciones, pero obedece a una voluntad personal en torno a la cual apenas es permisible una irritación por el hecho de que permite el ocultamiento de la identidad de los compradores. Después de la operación los impresos cambiaron drásticamente el rumbo para producir informaciones, o para ocultarlas, sin que sepamos a quién criticar por una nueva y deplorable navegación que no solo se ha ocupado de cambiar la imagen de las publicaciones, sino también la esencia de sus contenidos. ¿Quién es el responsable de la metamorfosis? ¿Quién quita y pone ahora informaciones y opiniones en términos sectarios y autoritarios? ¿Quiénes nos ponen a leer solamente lo que ellos quieren? ¿Quiénes censuran y expulsan periodistas o columnistas, sin tomarse la molestia de una explicación decente? ¿Quiénes manejan ahora un proyecto que es lo más parecido a una patente extendida a corsarios anónimos y tendenciosos? Misterio bolivariano.
La poca atención que se prestó a estas criticables operaciones de compra-venta de periódicos en la primera reunión llevada a cabo entre dolientes y expresidentes aconseja un tratamiento realmente equilibrado del asunto de la libertad de expresión, en el cual se eviten las generalizaciones para poner el ojo en lo que más importa sin detenerse demasiado en consideraciones o agravios personales. Yo contemplo todos esos negocios con el pañuelo en la nariz, pero, si tengo que escoger a la fuerza, me quedo con don Guido.

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SEÑALES CONFUSAS


Tulio Hernandez



El Nacional

“Son unos improvisados, no me convencen, pero tal vez vote por ellos sólo para fastidiar al PP y al PSOE”. Eso fue lo que le escuché decir, refiriéndose a Podemos, a una amiga venezolana ahora con nacionalidad española.
La entrada por la puerta grande de Pablo Iglesias y de Podemos en la escena política nacional es el gran tema que se debate por estos días en España. Y el triunfo de Alexis Tsipras en las elecciones del pasado domingo en Grecia, la noticia que pareciera alimentar y de alguna manera naturalizar el nuevo fenómeno electoral.
Tanto Iglesias como Tsipras son algo así como la única alternativa electoral para una parte significativa y mayoritaria de la población que ha llegado a un hartazgo absoluto con los partidos políticos tradicionales y no guarda esperanza alguna en cuanto a su capacidad de rectificar, suscitar entusiasmo y dibujar el futuro.
 No estamos ante dos proyectos políticos cuidadosa y reflexivamente concebidos. Ni mucho menos ante un trabajo que cosecha mayorías luego de largos años de intensa siembra proselitista. Iglesias y Tsipras, Podemos y Syriza, son básicamente un entusiasmo basado más que en sus ideas, en su propuesta moral que permite el desahogo de millones de españoles y griegos cuyas identidades políticas se han roto y ahora navegan en el barco de la desafección.
Algunos venezolanos que hace rato viven en España confiesan que se sienten viviendo algo conocido. “Esa barajita ya la tenemos”, dicen. Y no les falta razón. En el caso de España, el PSOE y el PP, luego de largos años de alternancia, se fueron deshidratando ideológicamente, ensordeciendo ante los reclamos y expectativas de los electores y, sobre todo, sobreviviendo en el abuso poder confiados en que nada grave les iba a pasar.
Pero no fue así. Como AD y Copey en Venezuela, los partidos del estatus español fueron poco a poco sirviendo la mesa para la llegada, sin invitación, de nuevos comensales en el festín del poder. Iglesias, como Hugo Chávez en su momento, lo ha sabido entender y oficia ahora una carrera vertiginosa para mantener y multiplicar el entusiasmo de unos electores que, como rezaba aquel grafiti, no piden realidades, sólo quieren promesas.
Los analista sostienen que los dos grandes anhelos de los griegos son salir del hueco económico donde se encuentran y dejar de ser tratados como una colonia, “vivir mejor y no ser humillados” dice Francesc-Marc Alvaro en La Vanguardia del 29 de enero. Y Tsipras conecta entusiastamente con esa ilusión.
Podemos, un partido de profesores universitarios, recoge viejas banderas de la izquierda mundial, entre ella, la más importante, acabar con las desigualdades. Pero aún no ha explicado como va a lograrlo. Si en el marco de un “capitalismo decente”; en el retorno a las fórmulas estatistas anticapitalistas que los venezolanos, como los cubanos, ya lo sabemos, conducen directamente a sufrimientos cotidianos como el racionamiento y la escasez de leche, café o de papel tualé, o lo que sería estupendo, a través de nuevos tipos de propiedad social y economía solidaria que generen equidad sin acabar con las libertades democráticas.
El fantasma malévolo del chavismo, que contribuyó a la derrota del primer intento de Ollanta Humala y al último de López Obrador, gravita sobre la imagen de Podemos. Los venezolanos sabemos que los entusiasmos electorales son como los grandes enamoramientos. Indetenibles. Pero igualmente hemos experimentado en carne propia que, en asunto de políticas y de gobiernos, siempre puede haber algo y alguien peor que aquel o aquello de lo que nos quisimos divorciar.
En medio de La Boqueria, el legendario mercado de Barcelona, la periodista venezolana Andrea Daza comenta: “Que paradoja, mientras en Venezuela abandonan el chavismo, en España se entusiasman con sus aliados”. Ojalá y el costo social del frenesí no sea del mismo tamaño que el nuestro. Ni España ni Grecia, se lo merecen. Tampoco nosotros lo merecíamos.

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ARMAS Y JERINGAS



EL NACIONAL

Tiene un efecto viral. Parece una paradoja, pero no lo es. Más que un contagio, se trata de una invasión. “Para un familiar necesito Meticorten de 5 mg Favor RT”. La urgencia farmacéutica ha tomado las redes. Al principio, fue algo más o menos esporádico, luego los casos comenzaron a repetirse hasta que su frecuencia resulta alarmante. Gente que necesita medicinas y que no las consigue. Gente desesperada, en una emergencia donde ya ni siquiera hay colas. Gente persiguiendo farmacias invisibles. Cada vez hay más fórmulas viajando en Twitter. 140 caracteres lanzados al aire. Pidiendo auxilio.
La tragedia de los servicios de salud, públicos y privados, suele ser silenciada por el gobierno y todos sus medios. Prefieren la discreción, desean pasar agachados. Ya lo sabemos. En este país hay noticias oficiales y noticias clandestinas. Los enfermos suelen estar en las segundas. La crisis hospitalaria o la escasez de suministros y medicamentos no tienen mucha visibilidad en los medios de comunicación que descaradamente controla el poder. No deja de ser indignante la diferencia abismal entre la forma como este gobierno atendió la enfermedad de Hugo Chávez, y la manera como se desentiende de la enfermedad de miles de venezolanos.
Según Cristino García, director de la Asociación Venezolana de Clínicas y Hospitales, esta semana por fin apareció en la Gaceta Oficial un decreto que agiliza los trámites para la importación de insumos médicos. Lamentablemente, esto (que solamente es una simplificación de un trámite burocrático) ocurre cuando la situación es casi insostenible. 92,4% de los insumos que se utilizan son importados. Las perspectivas siguen siendo terribles. A los proveedores extranjeros se les debe casi 400 millones de dólares. A la industria farmacéutica se le deben 3.000 millones de dólares. El 9 de septiembre de 2013, después de constituir un pomposo “Estado Mayor de Salud”, Nicolás Maduro exclamó: “Es una orden que les doy, compañeros del Estado Mayor, tenemos que conformar ya, pero ya, una empresa que sea una Corporación de Servicios Tecnológicos para Equipos Médicos”. ¿Qué habrá pasado con esa empresa? ¿Qué habrá pasado con ese Estado Mayor?
La historia siempre ofrece extrañas coincidencias. Esta semana, también en la misma Gaceta Oficial, se publicó una resolución del Ministerio de la Defensa que permite el “uso de la fuerza potencialmente mortal, bien con el arma de fuego o con otra arma potencialmente mortal”, como último recurso para “evitar los desórdenes, apoyar la autoridad legítimamente constituida y rechazar toda agresión, enfrentándola de inmediato y con los medios necesarios”. Se trata de una sorprendente legitimación de la represión hasta sus últimas consecuencias. No hay disfraces, engaños, maquillajes. Se trata de un permiso para matar.
Uno de los elementos fundacionales de este proceso que se autoproclama como “revolución” es, supuestamente, el 27 de febrero de 1989. Siempre han invocado, como punto de origen, el rechazo a la orden de un poder que mandó al ejército a reprimir a un pueblo que se manifestaba. Tantos años después, le dan legitimidad a esa misma forma de hacer la muerte. El único destino del chavismo es traicionarse.
¿Qué hará el ministro Vladimir Padrino cuando deba enfrentar a enfermos y médicos que toman una avenida y protestan juntos porque no hay insumos médicos? ¿Qué será mejor? ¿Qué será más revolucionario? ¿Dispararles ahí mismo o dejar que se mueran en el hospital?
El miércoles pasado, la periodista Maolis Castro escribió en su cuenta personal de Twitter: “Mi hermana estuvo horas recorriendo farmacias hoy en un intento de conseguir una jeringa. No consiguió, por supuesto”. Frente a esta realidad, el Estado propone esta semana dos soluciones. Una es más rápida que otra. O esperas a que se agilice un trámite o te arriesgas a que llegue una bala.
¿Qué futuro tiene un país donde hay más armas que jeringas?

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Ugalde: La estatización convertirá al país en una granja

Luis Ugalde, Asdrúbal Aguiar y Julio César Pineda debatieron sobre la política nacional | Foto: Alexandra Blanco

La situación de desabastecimiento y escasez le pasa una gran factura al gobierno como lo haría en cualquier país, afirmó el padre Luis Ugalde, ex rector de la UCAB. Considera que el modelo del Estado hizo crisis.
“El modelo que tenemos irremisiblemente entró en un callejón sin salida, porque es un modelo que con la estatización pretende convertir esto en una granja. Ustedes pidan, yo les voy a dar. No lo digo yo, lo dice la gente, los propios chavistas y está a la vista. En Venezuela llevamos 16 años, pero mire usted a Cuba. Al comienzo se creó cierta ilusión porque los precios del petróleo se dispararon. Pero se insiste en crear una limosnería general: yo, Estado, le voy a dar a todo el mundo. Debe facilitarse la capacidad y la oportunidad de producir”, indicó.
Subrayó que en política hay que tener resultados.
Durante el foro Rehabilitar la política, en homenaje a los 99 años del expresidente Rafael Caldera, Ugalde señaló que, pese al pesimismo general, tiene mucha esperanza en el país. “Venezuela necesita hoy una utopía, dónde quiere estar en 2020 y expresarlo de una manera que movilice a todos de forma constructiva. La utopía sola termina en un populismo desbocado. Un político debe meterse en el barro de la realidad”, expresó.
El sacerdote se hizo eco del papa Francisco y manifestó que la política debe buscar el bien común como expresión de la caridad.
El jurista Asdrúbal Aguiar recordó el pensamiento de Caldera según el cual la democracia concede al hombre la posibilidad de decidir sobre su vida. Cree que llegó el tiempo de la posdemocracia, la cual implica la relación del líder con el pueblo. Señaló que de allí deriva la importancia que Hugo Chávez y Rafael Correa le dieron al control de los medios y abandonaron el ejercicio formal del gobierno.
Refirió que  el Estado se retiró del sistema interamericano, se han violado la totalidad de los artículos de la Convención Americana de Derechos Humanos y no pasa nada. “En este momento de globalización, el Estado tiene como base de poder en el siglo XXI el espacio de 140 caracteres en Twitter, hace 30 años se requería de discursos”.
El internacionalista Julio César Pineda valoró la política exterior desarrollada por Caldera, quien era consciente de que los asuntos diplomáticos eran del Estado no del gobierno.
En el foro se señaló la necesidad de combatir la “anomia” del país.
Los hijos del expresidente bautizaron el tercer volumen del libro Justicia Social internacional, publicado por la Biblioteca Rafael Caldera. Rafael Tomás Caldera dijo que en sus escritos el político llamó a combatir las raíces profundas de los males de los pueblos.


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ABAJO LA LEY DE GODWIN

Javier Cercas

La ley fue promulgada por Mike Godwin en 1990, cuando los foros en línea eran una novedad, y suele formularse así: “A medida que una discusión en línea se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno. Y en ese momento la discusión se acaba”. La ley suele ser aducida con notable entusiasmo, aunque algunos la confunden con la reductio ad Hitlerum acuñada por Leo Strauss, según la cual “un punto de vista no queda refutado por el hecho de que Hitler lo compartía”; así es: que Hitler fuera vegetariano no descalifica para siempre a los vegetarianos, y que a Hitler le gustase Wagner no significa que Wagner sea a la fuerza un horror ni que, como le pasa a un personaje de Woody Allen, cada vez que se oye su música entren ganas de invadir Polonia.

La ley de Godwin es menos indiscutible. Porque no hay duda de que, a medida que se caldea una discusión (sea en línea o no), las personas normales sentimos un deseo cada vez más urgente de pegarle un garrotazo a nuestro interlocutor, sobre todo si sus argumentos son mejores que los nuestros, y compararle sin más con Hitler parece un sucedáneo educado de la violencia: decir que lo que dice nuestro interlocutor lo dijo o lo insinuó Hitler es una forma de dejarlo fuera de combate (o de intentarlo) sin necesidad de fracturarle el cráneo. Todo esto es verdad y es razonable, pero ¿significa que hay que extirpar a Hitler y al nazismo de todo debate (sea en línea o no), porque cualquier referencia a ellos constituye un intento de agresión? No tiene ni pies ni cabeza. Todo es comparable con todo –en el fondo, es casi imposible pensar sin comparar– y Hitler y el nazismo no son ninguna excepción; más aún: dado que se trata de hechos centrales en la historia moderna, de una perversidad política y moral inigualada, lo inteligente sería tenerlos siempre presentes como puntos de referencia, para aprender ex contrario de ellos y desactivar los mecanismos que los generaron. Inteligente y utilísimo, siempre que no hagamos trampas.
Afirmar que un gobernante democrático (Mariano Rajoy, por ejemplo) no es bueno sólo porque mejore la economía, dado que Hitler también la mejoró, no equivale a identificar a Rajoy con Hitler y a nuestra democracia con una dictadura; equivale a recordar que, por muy importante que sea la economía, la política no es sólo economía. Otro ejemplo. Desde que empezó la crisis escuchamos sin parar que lo que la gente quiere en política son “proyectos ilusionantes”, horizontes de expectativas que, apelando a su imaginación e incluso a sus sentimientos, satisfagan su deseo justísimo de superar una situación pésima y conquistar un futuro radiante; a juzgar por el éxito aparente obtenido por los dos grandes proyectos ilusionantes surgidos durante la crisis en nuestro país –el independentismo catalán y Podemos–, no hay duda de que eso es cierto. En este contexto, recordar que Hitler y el nazismo también crearon un proyecto que ilusionó a millones de alemanes y les hizo soñar con cambiar una crisis espantosa por un futuro paradisiaco no significa identificar a Hitler con Artur Mas y a Podemos con el partido nazi, sino recordar, simple y prudentemente, que una cosa son los proyectos y otra la realidad, que a veces los diagnósticos son acertados pero las soluciones equivocadas, que más que proyectos ilusionantes necesitamos realidades ilusionantes y que a veces buenas personas cometen errores gravísimos con la mejor voluntad.
No hay duda de que, a medida que se caldea una discusión, sentimos un deseo cada vez más urgente de pegarle un garrotazo a nuestro interlocutor
Ya lo sé: hay quien piensa que las comparaciones con Hitler y el nazismo banalizan al nazismo y a Hitler, y de paso a sus millones de víctimas. Yo pienso exactamente lo contrario: banalizar el nazismo consiste en considerarlo un hecho del todo excepcional, incomparable, inhumano y ahistórico, y por tanto irrepetible, cuando la realidad es que fue un fruto de los hombres y la historia, y que –bajo formas todo lo distintas que se quiera– puede volver. La única manera de que el nazismo o algo parecido al nazismo no ocurra de nuevo es tenerlo siempre presente, recordarlo para evitarlo, evitarlo para evitar que sus millones de víctimas hayan muerto en vano. Aunque sólo sea por esto, hay que abolir la ley de Godwin. La discusión no termina al mencionar a Hitler. La discusión empieza ahí.
elpaissemanal@elpais.es

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ENTRE BOLSAS

Foto de perfil de leandro area
Leandro Area
 
Las calles de Venezuela sin distingo de nacionalidad, ubicación geográfica u otras excentricidades, están llenas de gente que lleva o trae alguna bolsa. Es más, tal performance se ha convertido en expresión de éxito personal y social, en orgullosa exhibición, y si acaso llegaran a llamarte bolsiclón deberás sentirte antes que ofendido, honrado.

No me referiré a las colas pues ni en su acepción vial o animal, ni tampoco pedestre,  en la que dándonos la espalda unos a otros, en fila india de hormigas amaestradas, desfilamos hacia nuestro destino vergonzante. Así que más que sobre las colas discurriré  sobre las bolsas que cual botín pirata se terminan rebuscando en el mercado de la casualidad.

Aquí entonces resulta que, por obra y desgracia del castro-socialismo vernáculo, bolsa, en la dialéctica de las contradicciones, es pariente cercano al éxito, al logro, a poder de compra, a la prosperidad, y no son sino expresiones del orgullo social y patrio que nos embargan, y si no, tómele usted la foto, perdón que está prohibido, a la cara de orgullo de la gente que sale del mercado con un par de estas tripas transparentes sobre la grupera, envidia de los demás colíferos mortales, que ni el mismo Don Juan Ramón Jiménez en su “Platero y Yo” imaginó en lo que de insólito y denigrante tiene tal desprecio para un jumento que se estime.

A todas éstas, soy proclive a pensar que esta realidad requiere del análisis científico, en el que el tema de las colas, por ejemplo, sea abordado por la Sociología y si no que lo diga Lipotevski, sí, Gilles, y el de las bolsas por la Psicología Social que ha dado algunos pasos en tal sentido a través de los descubrimientos de la Teoría de la Comparación Social o de la Disonancia de Festinger. Ni siquiera Cortázar, con todo lo argentino que se quiera, logró en “La Autopista del Sur”, afrancesado cuento, describir lo que podían tutearse la necesidad y la genuflexión.

Más volviendo al terruño, no quedan dudas de que el asunto no está tanto en la cola como en la bolsa, la que en definición marxista pudiera ser concebida como una mercancía, pero que en nuestro caso, más allá de su valor de uso y de cambio, habría que agregar otro, su inusitado estado de revelación, de Dios existe, carnet de membrecía del jet set consumista.

El que ostenta una bolsa, sin distingo de clase, raza, religión o preferencia política, en lo que llena aquél macuto transparente, se transmuta, es persona distinta, echona ella. Tal vez por eso sea que hay individuos que salen de su casa ya con las bolsas llenas para que les pregunten, para sentirse henchidas de placer por el reconocimiento social que despiertan en las vidriosas y envidiosas miradas del prójimo ni tanto.

Allá en Cuba balseros, aquí no más bolseros. Así estaremos de bien que aquél espantapájaros filosófico que era Jean Paul Sartre lo expresó  iluminado en El Ser y la Nada: “el hombre es una pasión inútil”. La bolsa o la vida diríamos más bien por aquí, en todo caso protagónicos.

Leandro Area

leandro.area@gmail.com
http://leandroareaopina.blogspot.com/
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viernes, 30 de enero de 2015

1,7 MILLONES DE HOGARES VIVEN EN LAPOBREZA EXTREMA EN VENEZUELA

Un estudio conjunto de las universidades Central de Venezuela, Católica Andrés Bello y la Simón Bolívar ubican en 48,4% de los hogares viven en pobreza
La pobreza en Venezuela alcanzó en el 2014 a 48,4% de los hogares, superando los registros de los últimos años, señala una encuesta social difundida este jueves por tres de las principales universidades del país.
La crisis económica que enfrenta Venezuela, dominada por una desbordada inflación, golpeó con mayor intensidad a los sectores más vulnerables del país e hizo que los hogares en condición de pobreza por ingreso llegaran a 48,4%, reveló un estudio nacional que realizaron en 2014 de forma conjunta la Universidad Católica Andrés Bello, Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar.
Según registros del estatal Instituto Nacional de Estadísticas, para el segundo semestre del 2013 los hogares en condición de pobreza por ingresos alcanzaron a 27,3%, mientras que para el segundo semestre del 2004 representaban 47%,. De acuerdo a una encuesta social de 1998 que realizó el gobierno, los hogares en condición de pobreza por ingresos representaban 45%.

Entre el 2005 y 2013 Venezuela vivió una etapa relativa estabilidad económica gracias a altos precios petroleros que permitió que un porcentaje significativo de la población mejorara su poder adquisitivo y saliera de la pobreza. Esa situación comenzó a revertirse a partir del año pasado debido a una importante aceleración de la inflación, entre otros factores.
El profesor e investigador de la Universidad Católica Andrés Bello, Luis Pedro España, afirmó el jueves, en un foro en el que se divulgaron los resultados de la encuesta, que de los 3,53 millones de hogares que para el 2014 estaban en condición de pobreza por ingresos, un 33% corresponden a "nuevos pobres''.
The Associated Press intentó obtener una reacción del Ministerio de Comunicación, pero no hubo comentarios de momento.
El estudio de las tres universidades encontró que 1,7 millones de hogares están en condición de pobreza extrema. La encuesta se realizó a nivel nacional entre 1.500 familias en los meses de septiembre y octubre del 2014.
España indicó que existe un "riesgo importante'' de que ese 33% de nuevos pobres puedan caer en "pobreza estructural'' en 2015 ante la agudización de los problemas económicos y la falta de programas sociales para atender ese sector.
Venezuela alcanzó el año pasado una inflación sobre 64% - la mayor tasa de la región -, y el aparato productivo se contrajo en 2,8%. Analistas y bancas de inversión estiman que ante la caída de los precios del petróleo, que es la principal fuente de ingresos del país sudamericano, la crisis económica venezolana podría complicarse y la inflación podría superar el 100%.

Leer más en: http://www.elmundo.com.ve/noticias/actualidad/universidades/1-7-millones-de-hogares-viven-en-la-pobreza-extrem.aspx#ixzz3QKWUz2rS
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