domingo, 17 de diciembre de 2017

EL FUTURO DE LA NEGOCIACION EN DOMINICANA

MICHAEL PENFOLD

PRODAVINCI

Es probable que contra todo pronóstico el país culmine con un acuerdo en República Dominicana. El acuerdo, si bien no será perfecto, puede llegar a cambiar la situación política tan desfavorable que actualmente enfrenta Venezuela. Ciertamente, después de los resultados electorales tanto del 15 de octubre como del 10 de diciembre, el gobierno asiste a la negociación para ver cómo se queda con el poder. En ningún momento esta negociación es vista por el oficialismo como un mecanismo de transición democrática y mucho menos de abandono de su dominio sobre la totalidad del país. Su principal objetivo en la negociación es otorgarle suficientes concesiones a la oposición para que la comunidad internacional, luego del desmantelamiento institucional que ha sufrido el sistema político venezolano, relegitime una potencial reelección del presidente Maduro para el período 2018-2024. Como veremos, esta negociación pasa por tres temas centrales, sin los cuales la comunidad internacional difícilmente puede llegar a reconocer una potencial reelección: cambio en las condiciones electorales, reconocimiento de la Asamblea Nacional y disolución de la Asamblea Constituyente.
La negociación se mueve sobre dos ejes. Una primera dimensión está referida al intercambio de mejoras en las condiciones electorales (cronograma, renovación del CNE y observación internacional) a cambio de acceso a las aprobaciones de crédito publico necesarias por parte de la Asamblea Nacional, lo cual supone tanto su reconocimiento formal como la eliminación del desacato judicial. En teoría, esta parte de la negociación, también incluye la abolición o por lo menos ciertas limitaciones en el funcionamiento de la Asamblea Nacional Constituyente, que continúa siendo la principal motivación por parte de los EEUU para mantener vigente las sanciones económicas introducidas en agosto de este mismo año. Un segundo eje está vinculado a la eliminación de las inhabilitaciones y de la liberación de los presos políticos a cambio de un desmantelamiento progresivo o una flexibilización parcial de las sanciones económicas e individuales tanto de los Estados Unidos como de Europa.
Este último tema es fundamental para el gobierno. Aún si suponemos que el presidente Maduro logra ser reelecto en el 2018, su viabilidad futura está seriamente afectada por unas sanciones que en la práctica impiden cualquier reestructuración o refinanciación de la deuda; y adicionalmente limitan severamente la capacidad de PDVSA de utilizar a Citgo para realizar la procura de bienes y servicios de la industria petrolera al restringir a 90 días el crédito comercial de corto plazo en los Estados Unidos. PDVSA, debido a su situación financiera así como a la corrupción y a su pésima gestión gerencial, paga en el mejor de los casos a más de 150 días o sencillamente no paga. Esta realidad financiera supone que en la práctica el crédito comercial de la empresa estatal se cerró y sus proveedores dejaron de prestar servicios. China y Rusia tampoco han salido al rescate con dinero fresco tal como el gobierno anticipaba. Bajo estas condiciones, y sin un cambio radical en la política económica, es virtualmente imposible estabilizar la producción petrolera y mucho menos resolver el problema del financiamiento internacional que enfrenta tanto el gobierno central como PDVSA. En los últimos dos meses, PDVSA ha perdido más de 200,000 barriles diarios de producción. A esta tasa de decrecimiento de la producción, PDVSA podría llegar a caer a poco menos de 1.6 millones de barriles diarios para el primer trimestre del 2018. En el mejor de los escenarios –incluso con una producción de 1.9 millones barriles y con un precio para la cesta venezolana de cincuenta dólares– las necesidades de financiamiento de Venezuela superan los 7 mil millones de dólares.
¿Cuánto va a ceder el gobierno? Lo suficiente como para garantizar un reconocimiento internacional, pero tampoco tanto como para permitir unas elecciones perfectamente competitivas. ¿Cuánto va a aceptar la oposición? Todo aquello que le permita mostrar algunas mejoras en las condiciones electorales, la eliminación de las inhabilitaciones y la liberación de los presos políticos. A pesar de la voluntad de ambas partes de hacer concesiones, la incertidumbre de la negociación radica en un tema que ninguna de las partes controla: las sanciones. Dentro de este proceso de negociación, la comunidad internacional, y muy especialmente los Estados Unidos y la Unión Europea, deben aceptar definir unilateralmente las condiciones bajo las cuales podrían estar dispuestos a desmontar las sanciones en un futuro inmediato. Para la comunidad internacional esto es un tema complejo: las sanciones fueron diseñadas para producir un cambio político en Venezuela y su desmantelamiento nunca fue pensado para legitimar una potencial reelección del presidente Maduro.
La alternativa para el chavismo
La reelección del oficialismo, sobre todo su sostenibilidad, pasa por la negociación. Esto es indudable. Ir a la reelección, sin una negociación exitosa, implica asumir una presidencia que es inviable y que plantea unos problemas de gobernabilidad que son totalmente insuperables tanto desde el punto de vista internacional como económico y financiero. De ahí que el gobierno haya dicho que sin negociación y sin remoción de las sanciones no habrá elecciones presidenciales en el 2018. Pero esta amenaza es poco creíble. Unas condiciones económicas signadas por la hiperinflación y en especial por el colapso de la producción petrolera, le imprimen un sentido de urgencia a un gobierno, que a pesar de la retórica, entiende perfectamente las consecuencias políticas de un aceleramiento del deslave social. El gobierno, en cualquier caso, pareciera preferir adelantar contra viento y marea estos comicios a más tardar para finales del primer semestre del año entrante.
La alternativa para el chavismo frente a la negociación es sustituir a su candidato a la presidencia sin necesariamente sacrificar su hegemonía sobre el control institucional del país; lo cual implica no hacer concesiones electorales ni políticas a la oposición. Con ello se sacrifica la reelección de Maduro, se abandona la negociación en Dominicana y se busca resolver tanto el tema internacional y financiero a través de un nuevo gobierno que asegure la continuidad chavista, pero que produzca una ruptura con el modelo económico actual. Esta alternativa buscaría consolidar el poder sin necesariamente aceptar la negociación, aceleraría las elecciones presidenciales sin cambio en las condiciones electorales y conllevaría a impulsar un programa de estabilización económica sin cooperación del mundo opositor. No obstante, para el chavismo este escenario continúa siendo incierto, pues aún si lograran alternar el candidato para promover un refrescamiento controlado en el gobierno, es difícil pensar que obtendrían el reconocimiento internacional. Las sanciones, al menos en el corto plazo, difícilmente serán removidas. Para flexibilizar las sanciones, tanto los Estados Unidos como Europa, tendrían que cambiar su objetivo de política exterior de una política orientada al “cambio de régimen” a una mucho más pragmática que busque tan sólo un “cambio de comportamiento”.
Hasta ahora la voluntad de Maduro de impulsar su reelección pareciera que se va imponiendo. Su aspiración a ser reelecto se basa en haber forzado la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente así como su amplia victoria en las elecciones regionales y locales. Su carta de presentación frente a sus rivales internos son su control total sobre la Constituyente, el triunfo en 19 gobernaciones y 308 alcaldías. ¿Quién dentro del chavismo apostó que iban a estar en esta situación luego de cuatro meses de protestas y de haber permitido el colapso de la economía más grande de la historia venezolana? Pero aún con estas fortalezas, el futuro de Maduro se muestra incierto si no logra un nuevo reconocimiento internacional y un cambio en las sanciones. Y sus rivales internos, quienes también aspiran sustituirlo, y quienes prefieren un sistema hegemónico de partido como el del PRI en México, es decir, sin reelección, entienden perfectamente estas limitaciones.
La oposición tiene que enfrentar este dilema a la inversa. Dejar de negociar con Maduro es permitir que se imponga un tercero dentro del chavismo que a su vez no va a aceptar ninguna negociación. Estos potenciales sustitutos chavistas desean imponerse y apuestan a que la comunidad internacional estará más dispuesta a entenderse con ellos, si hay un “cambio de comportamiento”, que si Maduro decide quedarse en la presidencia. Desde este punto de vista, la Revolución queda mejor blindada con alternabilidad partidista y sin negociación que con concesiones políticas y reelección. Para los rivales internos, e incluso también para una parte del estamento militar, la negociación más bien podría ser riesgosa, pues un cambio tanto en las inhabilitaciones como en las condiciones electorales podría aumentar las oportunidades de triunfo de un candidato opositor (sea alguno que actualmente está inhabilitado o de un potencial “outsider”). Frente a esta realidad, la oposición tiene pocas alternativas. Su única opción es abordar con seriedad la negociación, tal como lo viene haciendo, especialmente porque los incentivos para que Maduro efectivamente acepte un acuerdo son mucho más altos que los que muchas personas suponen.
El problema es la implementación
Culminar con éxito una negociación en Dominicana probablemente sea más sencillo que implementarla. La razón tiene que ver con los “holdouts” políticos, es decir, los grupos que decidieron “ex profeso” no sentarse en Dominicana, tanto del mundo opositor como de las esferas chavistas. Los grupos que no apoyan la negociación van a tratar de impedir a toda costa que cualquier acuerdo se implemente, tanto elevando su costo en la opinión pública, como obstaculizando la toma de decisiones dentro del poder judicial, el estamento militar, la Asamblea Nacional, la Asamblea Constituyente y también dentro de los partidos políticos. La implementación también será compleja porque los diversos actores que se resisten a la negociación promoverán un cabildeo activo sobre los Estados Unidos y Europa para impedir cualquier flexibilización de las sanciones, incluso en caso que se haya verificado la implementación de las partes centrales del acuerdo. De modo que el éxito del pacto depende de múltiples actores que no necesariamente van a estar comprometidos con su ejecución.
La única forma de resolver este problema central es que la negociación incluya un tema sobre el cual ninguna de las partes hasta ahora ha querido hablar: una amnistía general. La inclusión de este tema permite que la implementación sea mucho más sencilla para todos. La razón es que una amnistía general crea beneficios en toda una gama de asuntos (fiscal, derechos humanos y políticos) que haría que aún aquellos actores que se oponen a un potencial acuerdo se beneficien abiertamente de su implementación. Hasta ahora este es un tema que el gobierno esquiva recurrentemente (en parte porque percibe que está seguro que se mantiene en el poder y prefiere seguir hablando de una Comisión de la Verdad) y porque es un asunto que también divide a las diversas facciones opositoras (pues tendrían que abortar su deseo de llevar adelante una justicia transicional). Esta percepción es un verdadero escollo. Lo cierto es que Venezuela es un país que ha vivido un conflicto civil, que si bien no es una guerra civil, igual ha dejado un saldo negativo tanto en lo económico y en lo social de la misma envergadura. Sin una amnistía general difícilmente el país pueda enfrentar con éxito la estabilización económica, la emergencia social y su urgente reinstitucionalización.
¿Maduro puede ganar una elección presidencial?
Tal como hemos visto, lo único que justifica la negociación desde el punto de vista del gobierno es la percepción que tiene, sobre todo después de los últimos eventos comiciales, que aun haciendo concesiones sustantivas puede llegar a ganar la reelección y obtener el reconocimiento internacional que carece en estos momentos. ¿Realmente puede Maduro ganar una elección aceptando un cambio en las condiciones electorales? La evidencia estadística de la reelección en América Latina (aun en condiciones de normalidad democrática) no es alentadora para la oposición: la probabilidad que un presidente que aspira a la reelección obtenga el triunfo es altísima. Son pocos los casos de derrotas, entre ellos los de Daniel Ortega en Nicaragua o Hipólito Mejías en República Dominicana, y más bien la regla es que la reelección presidencial termina siendo exitosa. El mejor inductor a la alternabilidad democrática en América Latina es limitar la reelección y lamentablemente en el caso venezolano la reelección es indefinida. Los cambios políticos en América Latina suelen surgir cuando quien aspira a la reelección no puede presentarse, tal como acabamos de ver en Ecuador con Rafael Correa o en Argentina con Cristina Kirchner. Son las limitaciones constitucionales y no las elecciones las que promueven la alternabilidad.
Maduro tienen un problema central que es innegable: más allá de controlar la presidencia, para poder garantizar su reelección debe frenar en seco la hiperinflación. Sin un programa de estabilización económica, Maduro corre el mismo riesgo que Daniel Ortega en Nicaragua a finales de los ochenta, quien perdió la reelección luego de una guerra civil y en medio de un proceso hiperinflacionario de larga duración. Los paralelismos con el caso venezolano son evidentes. El gobierno se ha volcado al Carnet de la Patria y al uso clientelar de los CLAPS como mecanismo de compensación social para inflar con esteroides su desempeño electoral. Los efectos de ambos instrumentos son significativos. 71 por ciento de la población dice tener acceso (aunque irregular) a los CLAPS; de ese grupo que recibe las bolsas de comida, 70 por ciento dice ser oficialista y 30 por ciento opositor. 63 por ciento de la población dice también poseer el Carnet de la Patria; de aquellos que poseen el plástico –y se autodefinen como oficialistas, y dicen también haber participado en las elecciones regionales–, el 95 por ciento terminó efectivamente votando por el gobierno. En el caso de los que se autodefinen como opositores, el 31 por ciento dice haber terminado votando por el PSUV (probablemente porque se sintieron coercionados). Es evidente que el Carnet de la Patria tiene un poder significativo en su capacidad para reforzar por la vía de los hechos la lealtad partidista y en su capacidad (parcial) de lograr la conversión del voto por parte de aquellas personas que dicen no ser oficialistas.
La fragilidad del país
En Venezuela los problemas son cada vez más estructurales: 82 por ciento de la población vive actualmente en situación de pobreza y los niveles de inseguridad alimentaria son verdaderamente alarmantes. Hemos perdido en términos reales en los últimos cuatro años casi un 40 por ciento de nuestra economía. La producción petrolera ha retrocedido a los niveles de la década de los ochenta mientras que la población es tres veces más grande. Una hiperinflación que puede cerrar por encima de 1600 por ciento en el 2017 implica que en cuestión de días una persona de clase media puede pasar a ser vulnerable y otra que vive en situación de pobreza puede pasar a vivir en la pobreza extrema. Venezuela es simplemente un país que agoniza.
La negociación también debería estar orientada a resolver estos problemas estructurales. Ambas partes deben reconocer que el país requiere enfrentarlos colectivamente, lo cual conlleva inexorablemente a construir instituciones para resolver los dilemas del desarrollo, para impulsar el crecimiento económico, el bienestar, la calidad de vida y la equidad social. Sin estos factores, el proceso de negociación es más débil y muchos venezolanos lo percibirán como irrelevante o al menos lo verán con mucho escepticismo.
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ABSTENCION PASIVA

Ramón Peña Ojeda

Al parecer, nunca se hizo un examen postmortem de la lamentable huida abstencionista de 2005, inducida por la arenga de “¡no hay condiciones para votar!”, la cual abrió las compuertas para que el chavismo se apoderara desde la Asamblea Nacional de todos los poderes públicos. Fue el beneplácito para la instalación de la dictadura por voluntad de la dirigencia opositora. Con la excepción, vale recordar, de Julio Borges y su partido Primero Justicia. En la medida en que merma la popularidad del régimen, el voto popular se convierte en el arma de la oposición más temida por la banda gobernante. Es ese miedo terrible que los lleva a recurrir a las imaginables marrullerías electorales, desde las artimañas cocinadas en el CNE hasta la vil manipulación de la pobreza mediante los puntos rojos, el carnet del hambre y otros medios de chantaje para cosechar en la miseria. En lugar de luchar para imponer y defender el derecho a votar, se glorificó una fantasiosa madre de todas las batallas, de la cual nunca se dijo ni el cómo ni el cuándo. Esta arenga se aderezó con afirmaciones de clisé como esa de “¡dictadura no sale con votos!”, entrelazadas con insinuaciones de colaboracionismo o soborno de todo dirigente opositor que promoviera el voto. Lamentablemente, las voces que sembraron la idea del voto como un recurso inútil frente al ventajismo oficialista tuvieron eco en la ciudadanía, centenas de miles de electores no entendieron que aquello era bajar los brazos y entregarse antes de la batalla. A los dirigentes y sus partidos les faltó entereza para enfrentar estas aventuradas argumentaciones, pero también fue torpe y poco unitaria la manera cómo algunos
líderes llamaron a votar.
Quedará como un hecho histórico pusilánime la entrega de gobernaciones y alcaldías al régimen, por un abstencionismo pasivo que, de pretendido acto de rebeldía, terminó en contubernio con las trapisondas del régimen.

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LAUREANO Y SU SOS VENEZUELA

LUIS VICENTE LEON 

Cuando suena mi chat y veo un mensaje de Laureano se produce un efecto equivalente al de ese experimento del que la señorita Calatrava me hablaba en tercer grado: los perritos de Pavlov, que acostumbrados a recibir comida después de escuchar la campanita, salivaban al oírla, incluso sin que les tiraran algo. Sólo que en mi caso, el estímulo no se trata de comida para la barriga, sino alimento para el alma, en forma de comentarios inteligentes, agudos y divertidos que siempre vienen después de un contacto con Laureano. 
Por eso, cuando estaba en el avión de regreso a Venezuela y la aeromoza había mandado a apagar el celular, vi la señal del mensaje de Laureano, me reí y no dude en hacer lo que muchos venezolanos en un avión despegando: encorvarme y ponerme el celular encaletado entre las piernas para chequear el mensaje.
Laureano me invitaba a escribir el prólogo de su último libro. Pero no lo hacia de una manera convencional. Resulta que me contaba que él no me lo iba a pedir (¿es decir, que yo era una opción alternativa después de que otros  lo rebotaron?). Que su editor le había obligado a pedírmelo en contra de su voluntad (¿él sabe que poner un prólogo mío puede bajar las ventas del libro y excluir algunos de sus lectores, quienes no me pueden ver ni en pintura, algunos con razón?). 
Por primera vez un mensaje de Nano no me había dado risa y ni podía responderle porque ya estábamos en el aire. Ni comí en el vuelo.  Era el aterrizaje más esperado porque necesitaba mandarlo al c…
Pero tan pronto agarró la señal mi celular en Maiquetía, se disparó la cadena de mensajes que Laureano había escrito. Me explicaba que no quería pedírmelo porque sabía que estaba súper ocupado, pero había sido presionado por su editor porque creía que podía hacer algunos comentarios sobre su escrito, evaluando la realidad venezolana.
No había nada más que hablar. Si de algún libro me daba nota escribir el prólogo era de éste: “Mándame el borrador. 
Mi agenda oculta era tener el libro cuanto antes para lograr ese “Soft Landing” que uno requiere cuando viene de viaje largo y regresa a Venezuela. Antes uno se recuperaba rápido viendo el Ávila y las Guacamayas, pero ahora, con la inseguridad, la escasez de comida y medicinas, el dólar por el cielo, la inflación más alta del mundo, los presos políticos, las sanciones y, para remate, el que te conté desatado en cadena nacional, tendría que haber Tiranosaurios Rex correteando en Sabas Nieves y Pterodáctilos posados en el balcón para pensar en otra cosa.
Estaba seguro que con el libro se me quitaría el guayabo. Pero al terminar de leerlo me di cuenta de mi error. Es exactamente lo contrario a light y si me permiten un consejo, no intenten usarlo como colchón para aclimatarse a su llegada al país. Para eso mejor tomarse un whisky doble, algo que también hace maridaje perfecto con el libro. Lo segundo es que no se lo pueden perder, no sólo porque encontrarán en él una descripción impresionantemente elaborada, descarnada y brillante de la situación venezolana, sino porque con la crisis aquí descrita, más vale que Laureano venda burda de libros para pagar la Universidad de Laura, su hija. 
Sobre el reto de hacer comentarios, paso y gano.  No tiene sentido, porque este autor refleja estupendamente bien el sentimiento de un país. Describe nuestras realidades, historia, problemas, frustraciones, miedos, pesadillas y sueños. No hay nada que pueda o deba agregar.
Pero, si es mi deber advertirles algo, para ser consistente con mi fama de aguafiestas.  Si esperaban reírse al comprar este libro, en el prólogo está su última oportunidad, porque lo que viene de ahí en adelante es candela pura y les va a provocar de todo… menos reír.

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SEXO. MENTIRAS Y VIDEO

CARLOS RAUL HERNANDEZ

Harvey Weinstein cayó desde su alzada de máximo productor y distribuidor de cultura del planeta Tierra desde los años 80 hasta nuestros días.  Probablemente ni siquiera su extraordinaria obra pueda defenderlo porque tal vez tampoco ella se salve de la venganza y ya en cantidad de artículos la desmerecen. Sesenta años atrás García Márquez describe la figura patética, dolorosa, de quienes pierden el poder, con el inolvidable personaje del ángel caído en una tormenta, Un hombre muy viejo con alas enormes. La deteriorada, marchita, abatida criatura, termina postrada en un maloliente gallinero donde los animalitos la picaban para comerse los parásitos de sus sucias alas. Ahí lo guarecieron Pelayo y Elisenda, los dueños de la finquita por cuyos lodazales fue cuesta abajo en su rodada. Al final la pareja decidió sacar partido y cobrar a quien quisiera ver el espécimen, doloroso espectáculo de circo.
Yacía en el piso, entre píos y deyecciones de pollitos, mascullando su derrota en lenguas incomprensibles y sin embargo la gente iba a verlo para pedir consuelo a sus sufrimientos (el hombre que no podía dormir porque lo atormentaba el ruido de las estrellas, una que llevaba la cuenta de sus latidos desde niña y se le acababan los números, una mujer pesarosa porque perdió el amor de su vida por maltratarlo). El amo del cine también desplegó una inédita capacidad para hacer  masivas películas “cultas” o de bajo presupuesto, esas que antes de él solo se veían en cinematecas. Miramax, su primera empresa llamada así en honor acrónimo a sus padres,circuló pequeñas cintas de muchos países, como Eréndira basada  en el libro de ya sabemos quién. Así Mi pie izquierdo, la melcochosa Cinema Paradiso, ese desconcertante pilar del cine gayJuego de lágrimas.
 
Un gordo contra el Olimpo
Por él conocimos el nuevo cine chino que apasionó a occidente con Adiós a mi concubina. Lanzó a Tarantino en Reservoir dogs, e incontables otras obras que sin el maldecido, nadie hubiera visto fuera de los cenáculos. Ahora lo acusan de explotar el cine de autor, comercializarlo, le endilgan ex post como pecado lo que antes llamaban virtud. Un izquierdoso español dijo “que (Weinstein) le había sacado plata a obras que no eran para hacer plata”. Según la nueva revelación no fue que El paciente inglés le ganó el Oscar a la también extraordinaria FargoShakespeare enamorado derrotó a Rescatando al soldado Ryan, sino que Weinstein impuso sus películas por “empeño, dinero y lobby” como si Spielberg fuera un desvalido. Hoy por lo menos cincuenta mujeres maravillas, bellas, poderosas, ricas, sobrehumanas, lo acusan de acciones muy feas y hasta su hermano lo repudió.
Eso demuestra que puso la mano donde no debía o se presentó en una de esas ridículas batas de seda que supuestamente dan sensualidad masculina, ante Gwyneth Paltrow, Angelina Jolie, Asia Argento, Ashley Judd, Lena Headey, Kate Beckinsale, Daryl Hanna, Annabella Ciorra, y otras diosas del siglo XXI. Hoy ellas configuran un equipo de fiscales que ninguna defensoría en la galaxia se atrevería a desafiar. Pero preocupa la tormenta de denuncias de acoso una vez que estalla el caso Weinstein, porque corre el riesgo de convertirse en una oleada conservadora, arribista, de buscadores de escándalo, en esta época de lenguaje apocado y políticamente correcto. De entre las más de cincuenta víctimas de las cuestionadas acciones, algunas cedieron a sus proposiciones y otras no, pero todas continuaron con sus carreras y tuvieron éxito.
 
¡Abusadora, abusadora!
Pudieron superar la presión que no solo ocurre en Hollywood sino en cualquier ambiente humano. Y varias de las acosadas de entonces, paradójicamente, a su vez hoy reciben denuncias de acoso. ¿Dónde está la frontera entre el ataque -“la conquista” de nuestros padres- y el acoso? No existe acto de seducción en el que un sujeto no invada la privacidad, tome una iniciativa violatoria de la sagrada persona del otro (tocarlo, besarlo de improviso, decirle algo incitante). ¿Cuándo la expresión “vamos a mi casa” después de unos vinos no es seducción sino harassment? En Acoso sexual, una impactante película de los noventa, Demi Moore (hoy señalada de acosadora en la vida real, igual que Jennifer López) hace el papel de una jefa de oficina que pone el ojo a un barrigoncito Michael Douglas, hasta que triunfa la virtud y ella paga su abuso. Pareció quedar clara la doctrina: acoso es cuando quien toma la iniciativa tiene poder sobre el otro.
Pero como la estructura de la sociedad es piramidal, siempre hay alguien por debajo y por arriba jerárquico (que nos gusten los superiores pero no  los inferiores, pero aquellos no pueden ni mirarnos. Galimatías al fin). Una novela de Phillip Roth La bestia moribunda, cuenta que el profesor David Kepesh -interpretado en el cine por Ben Kingsley- escribe en la cartelera universitaria: “acepto insinuaciones de las estudiantes solo terminado el curso”, una burla a lo políticamente correcto. Que un jefe no puede enamorarse de un subordinado, desconoce la realidad de todas las oficinas del planeta  y va contra el poder erótico de la admiración. El punto crucial es que la capacidad para calificar si es ataque o acoso, está en quien lo recibe. Ella dirá a sus amigas qué ocurrió, o se burlará del que no se atrevió a actuar. Será acoso de no haber correspondencia, y seducción si efectivamente la hay y el asunto muere ahí.
@CarlosRaulHer
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EPOPEYAS MINIMAS

ELIAS PINO ITURRIETA

Las elecciones municipales han sido objeto de una subestimación que merece comentarios. Ciertamente, no fueron una hazaña que tiene lugar de excepción en los anales patrios, pero tampoco la nimiedad a partir de la cual se las ha querido presentar. En medio de una apatía generalizada, el simple hecho de llevar a cabo un conjunto de escaramuzas para la protección de unas pocas ciudadelas amenazadas por la dictadura es un hecho digno de encomio. Si el régimen, con los recursos que todavía maneja y con la complicidad del CNE, se ha empeñado en un proyecto de hegemonía que pretende la dominación absoluta del territorio y de los individuos que lo habitan, la existencia de parcelas que lo impiden desde su reducido espacio, desde la pequeñez de su estatura, es un suceso digno del respeto negado por los discursos grandilocuentes que se divulgan desde la tribuna de la “alta política” y que anuncian, como si fuera asunto de coser y cantar, la cercanía de la democracia a través de una gesta masiva que no se ve por ninguna parte.
Las pretensiones de la dictadura han debido enfrentar la resistencia de contadas jurisdicciones que no se han dejado avasallar. No han podido con un conjunto de ciudadanos que hacen su vida en la escala municipal para cuidarla y vigilarla a su manera. ¿Por qué importan esas parcelas, aparentemente insignificantes frente a las agallas de la “revolución” y ante los planes colosales de una oposición que los mira con desdén? Han mantenido una rutina de administración cuyas raíces se depositaron en el abono de la democracia representativa que distinguió la segunda mitad del siglo XX venezolano. Han custodiado una forma de convivencia alejada de los usos autoritarios que campean en la actualidad. Han tratado de manejar con pulcritud los pocos recursos públicos que pasan por sus manos, aunque no hayan logrado un manejo impoluto de las economías lugareñas. Son aire fresco en medio de la inmundicia generalizada, gente parecida a la de antes que persiste contra el dominio de los “hombres nuevos” y contra los pontífices de la contrarrevolución radical.
Lucharon contra la abulia de los vecindarios y mantuvieron el fuero municipal. Se pelearon entre ellos, pero, en la mayoría de los casos, se dejaron aconsejar por la sensatez. Toparon con numerosos aventureros y con la visita de los advenedizos, pero los echaron a tiempo de la casa. Debieron soldar el rompecabezas dejado por los líderes nacionales de los partidos, para llegar después a meta cierta. Se me dirá que no cosecharon laureles como los de Carabobo, pero nadie puede negar que ganaron una batalla que parecía perdida en medio de una ciénaga de derrotismo, de oportunismo y de ínfulas vacías. La historia no se hace en las conflagraciones campales que describen los libros de los escolares, sino en las minucias de una rutina que se vuelve trascendental cuando el entorno lo requiere. Los héroes no son solo aquellos que se empinan en estatuas reverenciadas, sino esa gente cercana, ese amigo de la cuadra, ese contertulio del kiosco que se duele de su destino y ese concejal de presencia modesta que da la cara cuando la adversidad lo desafía. De ellos se trata en estas líneas, hacia ellos va un reconocimiento que ha destacado por su renuencia y por su miopía.
No proclamamos una victoria olímpica porque no sucedió. Sin embargo, advertimos la influencia de un civismo dispuesto a sobrevivir, la permanencia de una cultura orientada a la cohabitación que se apuntala en cimientos antiguos; la existencia de vestigios de republicanismo y la presencia de liderazgos humildes sobre cuya valía, aunque en pequeña escala, conviene detenerse. Gracias a su trabajo sentimos que no todo está perdido, que unas minúsculas redenciones pueden acceder al crecimiento si así lo entienden de veras sus protagonistas, sus electores que hicieron mutis por el foro y, en especial, los líderes de las alturas que los consideran como subalternos y los tragan como si fueran aceite de ricino.

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EL CHIQUERO ELECTORAL

FERNANDO RODRIGUEZ

Hoy miércoles que proso estas líneas no sé lo que usted ya comienza a saber, lo que pasó en Santo Domingo el fin de semana y que sin duda, para bien o para mal, ha de ser trascendente. Qué se hace.
Pareciera que el tema entre opositores hoy es el papel de la MUD en los pasados comicios. Bendita o maldita abstención. Loable actitud rebelde o falta de mínimas perspectivas políticas. Yo creo que en esta ocasión había sobradas razones para revelarse radicalmente, abstenerse, pues. No se debía ir a hacer genuflexiones ante la constituyente que prostituye, y había también que rechazar los delictivos atropellos, un escandaloso fraude, que abundaron en las previas elecciones de gobernadores y, quizás, sentar un precedente para buscar condiciones de unas elecciones presidenciales realmente limpias. Hasta aquí suscribo el lance.
Lo que sí fue desastroso es cómo se llevó, o mejor no se llevó, esta decisión política de los partidos opositores mayores, dejando esa carta sobre la mesa y dedicándose a otros menesteres como si ese no fuese un compromiso realmente conminante, una apuesta mayor. Otros partidos de la MUD, independientes serios y manadas de saltimbanquis de todo tipo se lanzaron al ruedo y predicaron los mandamientos del voto siempre y la de no ceder nunca espacios de poder, sobre todo el vecindario. Esto terminó produciendo el absurdo de que cada abstención opositora era un voto menos y cada voto un mentís más a la rebelión abstencionista, una contradicción perfecta. Numéricamente, el resultado no pudo ser peor. Las razones de esta sinrazón, de ese silencio atronador, no las sé, a lo mejor no ahondar las diferencias en la MUD, jugar en dos tableros, mirar solo la transacción en ciernes… Solo recién han comenzado a darse justificaciones tardías y desarticuladas, hay que reconocer la impetuosa presencia de María Corina, y a elaborar un discurso digerible y hasta capaz de obtener algún rédito ideológico.
Esto hay que ahondarlo. Para empezar porque la abstención, en versión oficial, fue superior a los votantes y como han dicho expertos fue seguramente mucho mayor, la que se trampeó por la falta de testigos de opositores, disímiles y desorganizados. Se perdieron muchas alcaldías pero ese “no” hay que hacerlo significante y actuante, lo cual es el difícil objetivo de toda abstención, ganar perdiendo. Tanto más que estas elecciones municipales fueron todavía más infamemente fraudulentas que las anteriores.
Me limitaré a pocos ejemplos paradigmáticos de lo anterior, porque todos conocemos los habituales métodos gansteriles del gobierno: de los colectivos agresores a las triquiñuelas en las mesas que expulsan los testigos adversos. A mí me parece, por ejemplo, paradigmática la actitud del general Padrino, capo de nuestras fuerzas armadas, que con todo desparpajo dijo que iba a hacer votar supervisadamente a sus subordinados, porque para un soldado votar es también un deber. Esto indica hasta qué punto la Constitución, que consagra el voto solo como un derecho, es un estropajo para nuestros generales en mando. El manejo del chantaje del carnet de la patria fue esta vez de una imposición impúdica, de un descaro miserable, las órdenes eran trasmitidas públicamente desde el más alto poder. Y habrá que conservar para el futuro, como parte de la memoria más negra de la época, el video en que el general-ministro Mota Domínguez no introduce el voto en la urna para practicar “el carrusel”, es decir, cederlo para que otro votante sea obligado a mostrar su “lealtad”. Y ese delito, infame y flagrante, a ninguna autoridad parece importarle. Como habrá que recordar a Maduro colérico, en pleno proceso, seguramente en conocimiento de la corrosiva abstención, decir que los partidos que se negaron a votar en las siniestras condiciones actuales no podrían hacerlo en las presidenciales, de suyo iban a desaparecer. Yo acepto que optar, como optamos muchos, por la abstención es una opción que puede ser dilemática, en extremo riesgosa, pero ¿queda otra opción decente en este chiquero electoral?, ¿no seguirá siendo un ejemplo ético persistente Juan Carlos Guanipa así se haya “cedido el espacio” zuliano? La moral y la pragmática se fueron al campo un día…

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viernes, 15 de diciembre de 2017

El mundo alucinante del millonario boliburgués parido en la Era Chávez y purgado por Nicolás Maduro
Juan Carlos Zapata 
(ALN)

Diego Salazar canta salsa

Dieguito Salazar era un afiche. Y era un cantante. Era una figura en smoking blanco con pajarita negra cantando Amor de mis Amores. Dieguito Salazar ensayaba en el Hotel Marriot de Caracas acompañado de una banda de 50 músicos. ¿Era un sueño? Qué desafuero. Qué capricho de telenovela. Al principio fue un rumor. Al señor de los relojes le gusta cantar salsa. Al hombre de los seguros de PDVSA le gusta cantar boleros. Después fue el CD, Piensa en mí. De lujo el empaque. El CD despejó la incógnita. El lanzamiento incluyó un afiche. Y él era ese afiche gigantesco que duró pocas horas en las entradas de algunas discotiendas. Era el colmo. Llamaba la atención. Había que retirarlo. A finales de 2010, el diario El Universal de Caracas le dedicó esta reseña: “El cantante salsero venezolano Diego Salazar concluye el año que termina con la satisfacción de que su primer sencillo promocional ‘Amor de mis amores’ logró la posición número 2 del renglón de salsa del Record Report, luego de sonar insistentemente en las emisoras del país durante varias semanas”. La nota agregaba que el cantante era empresario. No hacían falta elementos adicionales para adivinar el dejo de ironía en la reseña. El cantante. El salsero. El sueño cumplido. Tal vez faltó una coletilla: Operador de PDVSA y primo de Rafael Ramírez. Pensándolo mejor, estaba de más. Los entendidos sabían de quién se trataba. Aunque extraña un detalle. Era el único artista que se escondía de las cámaras y no firmaba autógrafos.

Míster Rolex

Pasar de incógnito, sin embargo, era imposible. Porque Dieguito Salazar era una sombra viva y activa en PDVSA. En la PDVSA de la Era Chávez. En la PDVSA de Rafael Ramírez. En la PDVSA de los precios altos del petróleo. En el entorno de los negocios se le conocía como Míster Rolex, o Míster TAG Heuer. Por su gusto casi enfermizo por los relojes de estas marcas. Los solía regalar sin mayores o menores explicaciones a aquellos con quienes se reunía. A quienes lo visitaban en su oficina. O a quienes él visitaba en la oficina de ellos. O con quienes comía en un restaurant. O a quien le provocaba agasajar por algún favor. O por simpatía. O simplemente para dejar constancia de su nuevo estatus de boliburgués, los nuevos ricos formados bajo la revolución bolivariana. Lo que hacía era más extravagante que la anécdota aquella del Tigre Emilio Azcárraga, el empresario mexicano fundador de Televisa, que le regaló su reloj al empleado que en el ascensor le señaló que era bonito. También a Dieguito lo conocían con el sobrenombre de Señor Edificio. No sólo por sus inclinaciones a las inversiones inmobiliarias. Esto sería de lo más normal. Sino por ocupar pisos completos. Y allí estaba el personal que lo asistía. Y allí desarrollaba sus extravagancias boliburguesas. Corredores de inmuebles aseguraban que, en 2008, Dieguito Salazar poseía inversiones millonarias en pisos de oficinas en Caracas, tomando en cuenta que es dueño de buena parte de la exclusiva Torre Edicampo. Además, hay que sumar la inversión hecha en varios edificios residenciales en los que además de vivir alojaba al tren de acompañantes, escoltas y hasta chefs que le servían a tiempo completo. Entonces eran los banquetes. Entonces las reuniones de negocios. Y los músicos. Y el micrófono. Y un tren de mises para engalanar las veladas. Todo se traducía en decenas de millones de dólares en inversión y varios millones de dólares en gastos mensuales. Antes de la crisis de la Era Maduro, cuando los inmuebles tenían precio en Caracas, comenzó con una oficina en el Centro Lido, la que dejó para mudarse a la Torre Edicampo. Un ejecutivo que trabajó de manera directa con él, recuerda que el piso lo tumbó varias veces hasta que por fin quedó conforme con la remodelación, en cuyas paredes sobresalían dos pinturas de Armando Reverón, un Michelena y varios Jesús Soto. Tal vez el Reverón que Nicolás Maduro enseñó este fin de semana. En la cava de vinos no faltaban entre 30 y 40 botellas de Dom Pérignon. Y ahora, en su casa, según Maduro, se halló el juego de ajedrez con piezas en oro.Dieguito Salazar era una sombra viva y activa en la PDVSA de la Era Chávez / Foto: PDVSA

Socio del Caracas Country Club

Cómo ocultar detalles. Tan evidentes como la decisión de hacerse socio del Caracas Country Club. He allí la evidencia. Decía otro informante que ahí sí, que por tal audacia, Rafael Ramírez se molestó, lo regañó y hasta momentáneamente se distanciaron. Porque este tipo de conducta ya rayaba en la opulencia. No le bastaba acumular sino demostrarlo y ser reconocido al mismo tiempo. Que eso pasa con el dinero. Después de la acumulación, quiere el reconocimiento. La verdad es que Dieguito Salazar le indicó la ruta a Carlos Aguilera, exjefe del Sebin, y al extesorero Nacional Alejandro Andrade, ambos de la Era Chávez: Golfista aquél, hípico el segundo, asiduos del Country Club. Pero Aguilera era de más bajo perfil hasta que los escándalos de los contratos lo dejaron al descubierto. En cambio, Andrade y Dieguito se parecen en cuanto a mostrarse y no escatimar gastos. A Andrade, de sombrerito, antes de buscar refugio en Estados Unidos, se le veía en las caballerizas del Country Club. En familia, con la esposa, con el hijo que entrena y compite. Que el joven es ecuestre. En Venezuela, la equitación es un deporte de cinco o seis clubes. Es un mundo pequeño en el que se conocen todos. El reclamo de Rafael Ramírez, de primo a primo, era que haciéndose socio del Country Club traicionaba la memoria del padre, el legendario guerrillero Diego Salazar Luongo, amigo de Chávez, constituyente en 1999, amigo de Alí Rodríguez, también expresidente de PDVSA, protector de Ramírez. ¿Qué pensaría Diego Salazar Luongo en estos momentos? La respuesta viene de uno de los viejos camaradas: “Nada, Diego no diría nada. Además, Dieguito está haciendo honor a la clase en que nació. Dieguito no es ningún revolucionario. Nació en la clase media acomodada y lo que ha hecho es ascender. Rafael tampoco puede quejarse. Él mismo es de la clase media alta. ¿Y con quién se casó?”. Si Ramírez se molestaba, en el Country había otros que reventaban. De hecho, uno de los socios, una tarde, lanzó a la entrada de la Casa Club un cargamento de papel sanitario y dijo a los porteros que el regalo era para que los miembros se limpiaran el trasero, el sucio trasero después de haber permitido el ingreso de Diego Salazar Carreño. El viejo Diego Salazar Luongo estaba casado con una hermana del padre de Ramírez. Exguerrillero, era conocido como “bravo entre los bravos”. Un libro suyo es un clásico en la literatura guerrillera: Después del túnel. Al abandonar la guerrilla y la clandestinidad entró en el negocio de los seguros. Era socio de Germán Ferrer, el esposo de la fiscal general destituida, Luisa Ortega Díaz, en una firma de corretaje llamada Presente. Hacía negocios con el Estado. Pero no en la magnitud que los haría Dieguito. De hecho, el padre vivió de manera modesta hasta la muerte. En la guerrilla se hizo amigo de otro guerrillero, Alí Rodríguez. Más tarde, Rafael Ramírez conoce a Adán Chávez, hermano mayor de Hugo Chávez. Por allí vino el enlace. En los comienzos de la Era Chávez, Rafael Ramírez pasa a presidir el Ente Nacional del Gas. Después será presidente de PDVSA y ministro de Petróleo. Todo un poder. Y él se ufana de ello, de la confianza que Chávez depositó en él. También hay que destacar la confianza que Ramírez depositó en Dieguito.

El asesor de los millones

Todo estaba el descubierto. Ido Ramírez en 2014 de PDVSA, comienza la investigación de los seguros. Ya Ramírez había admitido el papel del primo en calidad de asesor de PDVSA en materia de seguros y reaseguros. Lo admitió en una entrevista en Globovisión con Vladimir Villegas. Sólo asesor. Ya desde 2006, a Dieguito Salazar Carreño se le había encomendado la tarea de los seguros de Cadafe y La Electricidad de Caracas. El primo Rafael Ramírez le había pedido al primo que le acomodara el desarreglo en la póliza de salud de Cadafe, empresa eléctrica en la que había colocado a otra prima. Los costos se habían ido por el cielo y Ramírez temía que la situación se le escapara de las manos. En descargo de Dieguito, hay que apuntar que buscó especialistas en el mercado y logró bajar en un 50% los gastos y, de paso, a otro familiar de Rafael -que no es familiar de Dieguito- lo removieron del cargo. Ese fue un tiempo en que Ramírez se empeñaba en unificar las pólizas de salud de Cadafe con PDVSA o con el Ministerio de Energía y Petróleo. En la idea lo acompañaba Nervys Villalobos, presidente de Cadafe. Después, en julio de 2007, fue que Chávez creó Corpoelec. En 2015, Villalobos suena en los escándalos de los bancos de Andorra. Como Dieguito hoy, acusado por el fiscal general Tarek William Saab y el propio presidente Nicolás Maduro. Ramírez reconoció que era asesor. Pero el entorno de los negocios prefería llamarlo gestor. También operador. Y eso se debe a que en virtud del afán de no atraer la atención, desviaba hacia firmas aliadas lo grueso de las colocaciones. O sea, garantizaba los contratos de PDVSA. Contratos que son luego intermediados por segundas y terceras firmas de corretaje que a su vez se encargaban de la colocación en aseguradoras y reaseguradoras de prestigio. En esto último no hay duda. “De su parte no hay compañía. No hay corretaje. El corretaje de Dieguito es él mismo. Directamente. Y todo lo que viene después es magia financiera”. Lo apuntaba un asegurador que fue de su entorno. ¿Y si no hay compañía cómo se hacen los pagos? “Dándole la vuelta al dinero”. Después, claro, tuvo que montar estructura propia, la compañía Inverdt, C.A., pero no para manejar los seguros y reaseguros, sino con el fin de entrar en otros negocios, ya que desde cierta fecha, 2009-2010, la diversificación comienza a ser evidente con la visita de personajes chinos de estatura china, con ojos chinos, español con acento chino, inglés con acento chino, con voluntad y ambiciones chinas, que lo visitaban en su oficina del piso 9 de la Torre Edicampo. Después, caído el Banco Espírito Santo es que se confirma una extraña operación en la que una empresa china, Wison Engineering Services Co., ha recibido el mandato de hacer recuperaciones a la Refinería Puerto La Cruz, en el estado Anzoátegui, oriente de Venezuela. El caso no hubiera trascendido de no saberse, más tarde, a raíz del derrumbe de BES de Portugal, que los chinos no contaban con el músculo financiero. Que el responsable chino estaba preso. Y que el propio gobierno de China había hecho la advertencia. Hay que apuntar que los acuerdos con China toman vuelo impulsados por el combustible de Chávez, PDVSA y Ramírez. De todas maneras, en el área que Dieguito Salazar ha tenido mayor resonancia -al menos en los círculos privados del poder chavista y empresarial- es en la trama de los seguros y los reaseguros, que con ello bastaría para hacer figurar a una persona en la lista Forbes. Tómese en cuenta la gama de empresas manejadas por PDVSA. O como dijo Ramírez en aquella entrevista con Villegas: Es una empresa de 140.000 millones de dólares en activos.

El expediente de la época Del Pino

Hay un expediente. No el de Andorra, al que se refieren Saab y Maduro. El otro. El de los seguros. Elaborado en el periodo post Ramírez. En los inicios de la presidencia del hoy también defenestrado y detenido Eulogio Del Pino. Ese expediente da cuenta de sobreprecios en los seguros por espacio de casi una década. Sobreprecios de 200 millones de dólares anuales. Y sobreprecio en pólizas que nunca se contrataron. Con el petróleo a 100 dólares el barril cualquier iniquidad se tapaba. Tampoco la empresa dispuso de los contratos. Así como se lee. La documentación escrita no existe en PDVSA. El “asesor” se quedaba con ella. De modo que la empresa no sabía de la cobertura pese a los millones que cancelaba. Es el siniestro de la Refinería de Amuay, en el estado Falcón, occidente del país, el que enciende las alertas. No había cobertura. Si antes se sospechaba que eran algunas áreas las que no estaban reaseguradas, hoy no hay duda de que la cobertura era inexistente. Por no decir nula. Por ello se tejió la versión del sabotaje. Por ello PDVSA pagó los daños colaterales. Para que no se investigara. ¿Lo sabía Hugo Chávez? Este compró y defendió la versión del sabotaje. Y atacó a la oposición. Los aseguradores del país manejaban otra versión. Es la administración de Eulogio Del Pino la que le puso la lupa al asunto. El ahorro en seguros y reaseguros en 2016 alcanzó los 330 millones de dólares, y ello a pesar de que la cobertura era más amplia. Para calcular el sobreprecio de los 200 millones en los periodos anteriores, se corrió un modelo una vez que determinó el ahorro en los nuevos contratos. La ironía es que el asesor cobraba. Pasaba una factura a PDVSA de apenas tres millones de dólares. Eso reza el expediente. Pero el sobreprecio es otra cuenta. Y es por ello que no debe extrañar la cifra aportada por Tarek William Saab de que Diego Salazar, detenido desde el pasado viernes, movió en las bancas de Andorra más de 1.300 millones de euros. Otro detenido, Roberto Rincón, en Houston, también movilizó volúmenes similares. Y aquí cabe la pregunta: ¿Cuánto acumuló todo ese grupo vinculado a PDVSA? Una cifra sideral. Es como dice un banquero venezolano: Antes los ricos acumulaban con el petróleo a 10 dólares. Los de Chávez lo hicieron con el petróleo a 100 el barril.

Todos se tapan los ojos

En 2013, una fuente del entorno de Ramírez señaló que Diego Salazar, en efecto, había manejado “las pólizas de PDVSA, pero las perdió en 2009”. Esta frase era para protegerlo. Porque el siniestro de la Refinería de Amuay, ocurrido a mediados de agosto de 2012, puso en evidencia que aún los seguros, en particular los reaseguros, estaban bajo su tutela, aunque manejados por firmas especializadas. ¿Lo sabía todo Rafael Ramírez? ¿Y cuánto sabía Alí Rodríguez Araque? Este, expresidente de PDVSA, uno de los protectores de Ramírez, ha sido designado por Maduro presidente honorario de PDVSA. Alí Rodríguez todavía conserva la imagen de hombre honesto y firme en sus principios, pero cabe la duda de si en nombre de los principios y la revolución, le permitió algunas licencias al entorno. Se subraya que entre 2008 y 2009, durante su gestión en el Ministerio de Finanzas es cuando se suceden compras e intentos de compra de bancos por parte de boliburgueses, amparados en esquemas poco ortodoxos de financiamiento. Y no era sólo que los compradores recibían el beneficio de depósitos de bancos estatales para concretar la operación, sino que además se dieron situaciones premeditadas de debilitar y poner bajo observación la solvencia de entidades, justo las que eran objeto del apetito de los nuevos operadores. Todo eso ocurría a la vista del ministro. ¿Desconocía Alí Rodríguez Araque el papel del tesorero Alejandro Andrade en ese escenario de compras y recompras? Hay que decir que el juego de Andrade llegaba al punto de que algunos de los bancos pudieron sortear la situación favorecidos por las ayudas y auxilios que les prestó desde la Tesorería; por supuesto, no del todo gratuitas. Al banquero salvado eso poco le importaba. Se limitaba a decir: “Andrade es un estadista”. Cuando cayeron los boliburgueses dueños de bancos en la minicrisis de 2008, el esquema de Andrade quedó al descubierto. ¿Por qué no actuó antes Alí Rodríguez? ¿Y Chávez? ¿Dónde estaba Hugo Chávez?Eulogio Del Pino, la penúltima cabeza en caer / Foto: Agencia ANDES

Lo que destapa la explosión de la Refinería

Pero luego explota Amuay, un siniestro de grandes proporciones. Un informe técnico de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha determinado que “el costo total estimado de los daños ocasionados por la explosión e incendio se calculó en el orden de 1.835 millones de dólares, discriminados en los siguientes aspectos: Activos de la Corporación 173,8; pérdidas de inventario 170,9; lucro cesante 1.200 millones; control y extinción del incendio 10,3; daños a terceros 234,7; indemnización a víctimas 35,2; daños ambientales 10 millones de dólares”. El Gobierno rebajó la cifra a 1.000 millones de dólares, y se insistió, bien Chávez, bien Maduro, y también Rafael Ramírez, en la opción del sabotaje, una manera de achacarle la culpa a la oposición y desviar el tema de los seguros. De hecho, transcurrido un año de la tragedia se insistía en el sabotaje, y cada vez que algún periodista intentaba preguntarle a Ramírez sobre Dieguito Salazar y la versión de que era el intermediario de la póliza de la Refinería de Amuay y otras de la corporación, se negaba a responder. Es más, la Gerencia de Comunicaciones de PDVSA condicionaba cualquier encuentro con el ministro y presidente de la empresa a que no se le tocara el punto. Es en verdad un aspecto que los mantenía ocupados y enredados. Mantener en reserva al intermediario, al primo. ¿Y cómo justificar que a la vuelta de un año y más, el siniestro siguiera sin pagarse y aún se estuvieran levantando informes y estudios? “No me preguntes de qué manera han ‘revolteado’ ese siniestro y que las cosas queden así”, señalaba uno de los antiguos camaradas empresariales de Dieguito Salazar. Por las declaraciones de uno y otro funcionario gubernamental se podía inferir que había la intención de confundir aún más el asunto. Ramírez hablaba de la necesidad de “cobrar pero no le puedo entregar el informe a las aseguradoras antes de que la Fiscalía determine lo que podemos hacer”. Esta frase está tomada del diario El Nacional. Y ese mismo día, 27 de agosto de 2013, el director de Finanzas de PDVSA, Víctor Aular, hablaba del “cambio parcial” del broker, en el entendido de los riesgos que no habían podido ser colocados. “Hubo un cambio parcial con el broker porque no se pudo colocar la totalidad de los riesgos, y tuvimos que buscar otro con el que se colocó la diferencia. Así que estamos en una situación donde una parte está con Cooper Gay y el resto con otras compañías”. La versión de El Nacional, firmada por Andrés Rojas Jiménez, amplía que “ahora figura Swiss Broker con la cual se gestionó pólizas con aseguradoras de Reino Unido, Francia y Suiza”. En estas declaraciones está el meollo. “No se pudo colocar la totalidad de los riesgos”. La pregunta es ¿por qué? La respuesta se encuentra en el expediente Del Pino, que será ahora que salga a la luz pública. Pues sigue siendo un misterio que mantenía al mercado en la expectativa, crítico del silencio en cuanto a los términos de las pólizas y del intermediario que llevó a la sociedad de corretaje el negocio, el contrato.

Un problema de comisiones

Para variar, bajo la espesa sombra de misterio, como la niebla londinense, el centro mundial del reaseguro, otro de los exaliados de Dieguito Salazar, uno de los que gozaban en el pasado del privilegio de entrar en el anillo de los seguros de PDVSA, al conocer el siniestro de Amuay señaló, sonreído: “De lo que me salvé. Dios protege al inocente”. La expresión se explica por una sencilla razón: Entre 2010 y 2011, Dieguito Salazar lo había dejado por fuera. Dieguito Salazar venía abrigando sospechas de que el intermediario no le estaba entregando la comisión completa. Ya una vez había logrado que subiera el monto. Pero las dudas siguieron acosándolo. Toda esta incertidumbre provenía, tal vez, de un antecedente. Remite a la Fórmula K, la cual conduce al miedo de los testaferros que se halaban los cabellos porque querían salir del núcleo de los acuerdos, recibir su parte y disfrutar los beneficios, pues, apuntaban, mientras hubiera Chávez para rato, la toma de ganancias no iba a ocurrir. Esta aprehensión, luego, se transformó en rabia. Los grupos en el poder sospechaban o descubrían que los operadores los habían timado. Por una carambola habían descubierto que no se les daba lo que les correspondía suponiendo el riesgo incurrido ya que, según los funcionarios, son ellos quienes llevan la mayor parte del riesgo. Descubrieron la trampa y se pusieron quisquillosos. ¿Cómo dieron con la pista? Por la terrible Fórmula K. La fórmula Kauffman la revela el mismo Carlos Kauffman. Se le sale, sin querer, en el juicio de Miami a propósito del coletazo del maletín incautado en el aeropuerto de Buenos Aires a Guido Antonini Wilson, otro escándalo que remite a la PDVSA de Ramírez y Chávez. La fórmula es que de una utilidad de 100 millones de dólares en bonos de la deuda él y Franklin Durán, socio de Kauffman, habían repartido casi 24 millones de dólares a sus contactos del Ministerio de Finanzas. Sólo el 24% que no es poco ni mucho menos. No obstante, la confesión era una bofetada para el jerarca o los funcionarios que hasta ese momento estimaban estarse quedando con la mayor parte del botín. 24% resulta ser una medida baja para el riesgo incurrido, pues era un 24% repartido entre varios. Y cuando Carlos Kauffman confiesa que sólo el 24% llegó a manos de sus cómplices del Ministerio de Finanzas, en las jerarquías de PDVSA, las gobernaciones, alcaldías, y los distintos organismos y ministerios, tomaron nota del dato, pasando a desconfiar de los operadores que hasta ese momento habían considerado confiables. “¿Cuánto en realidad nos entregaron?”, preguntaban. Cuánto en realidad, porque si es como lo dice Kauffman, no vale la pena tomar el riesgo. Para los jerarcas, 24 de 100 millones de dólares era poco dinero, y desde la delación, la búsqueda de nuevos operadores y nueva gente de confianza pasó a rangos de mayor exigencia. Ante la evidencia de que lo dicho por Kauffman desbarataba las reglas de juego, la proporción del reparto de Kauffman comenzó a conocerse entre los funcionarios como la Fórmula K. “No me apliques la Fórmula K”, decían entre broma y en serio. Sin fantasía, esta era la expresión, en noviembre de 2008, manifestada por uno de los operadores vinculados a PDVSA. ¿Qué habrán pensado Tobías Nóbrega, Alejandro Dopazo y Lenin Aguilera al enterarse de la delación de Kauffman en Miami? Ellos que habían sido, según confesión de Kauffman, beneficiarios de comisiones. Ellos, jerarcas del Ministerio de Finanzas. ¿Era ésta también la duda que abrigaba Dieguito Salazar? Cierta o no, la verdad es que en varias oportunidades cambió de agentes de confianza. Y en algún momento, la asesoría técnica no fue la correcta. Y de allí las costuras en el siniestro de la Refinería de Amuay. Y de allí la confesión de Víctor Aular sobre los riesgos no colocados. “Cambiaron hasta las condiciones del reaseguro”. Apuntó uno de sus exsocios. “Por ejemplo, aumentaron el deducible una barbaridad”. El deducible es el margen establecido en la póliza, el cual mientras no sea superado por la magnitud del siniestro, no se cancela.
-¿Y con qué objetivo amplías el margen del deducible?
-Es menos riesgo para el reaseguro y más comisión para el gestor. Así de fácil.
Otro de los exasesores de Dieguito Salazar manejaba una versión diferente.
-El deducible o la cautiva es lo de menos. Es un margen, una primera capa que no afecta a PDVSA. Lo que yo creo es que la cobertura del lucro cesante no estaba vigente.
-¿Cómo puede ocurrir tal cosa en una corporación de esta naturaleza?
-La póliza tiene tres coberturas medulares. El riesgo industrial, el riesgo de transporte y el lucro cesante, que es lo que se te paga cuando un siniestro afecta tus operaciones y te paralizas. El lucro cesante se calcula sobre la base de cuánto es lo que produces. Para determinarlo, tienes que decirlo, tienes que presentar balances. Como en PDVSA todo ha pasado a ser secreto, es casi un imposible determinar el costo de la operación -en este caso era Amuay- y, en consecuencia, calcular el lucro cesante.
-La poca transparencia dejó a PDVSA sin la cobertura.
-Esos contratos tienen que ser transparentes. El que los toma y cómo distribuye. Antes, 14 aseguradoras venezolanas manejaban esos seguros y existía la Reaseguradora Nacional. Ahora se reparten con el mayor sigilo. En la administración de Humberto Calderón Berti (presidente de PDVSA en los años 80), se creó PdvRe para encauzar los reaseguros. La reaseguradora líder y la distribución que esta haga, no pueden ser secretas. Te pongo el ejemplo de Polar. Una empresa de estas dimensiones está en su derecho de saber no sólo cuál es la reaseguradora líder sino cómo la líder ha distribuido la cobertura. Y está en su derecho, pues debe contar con la seguridad de que se ha hecho con criterio técnico, pues a la hora de un siniestro lo menos que quiere es sufrir demoras y reclamos. Si esto es así para Polar, ¿por qué no para PDVSA que es de todos los venezolanos?
Esta explicación remite a las declaraciones ya citadas de Aular y al misterio de Ramírez, Chávez, Maduro y todo el Gobierno en torno al siniestro que había dejado 40 muertos. Aunque tal cosa no parecía quitarle el sueño a ninguno. Por el contrario, se acumulaba más poder en las instancias de PDVSA. Y Hugo Chávez, en su recorrido por el sitio de la tragedia, soltó esta frase que dice mucho y explica por sí sola por qué el enredo de los seguros y los reaseguros era apenas una minucia en su esquema de poder, o de su crueldad personal: “Algún filósofo dijo, no me acuerdo quién, la función debe continuar, con nuestros dolores, nuestros pesares y nuestros muertos”.Maduro avanza en su purga, sólo le falta Diosdado Cabello / Foto: nicolasmaduro.org

PDVSA busca la fórmula para proteger a Salazar

Era Seguros La Occidental, empresa del grupo de Víctor Vargas Irausquín, la que oficialmente debería haber dado la cara en el siniestro de la Refinería de Amuay. La Occidental era el fronting necesario del reasegurador y el intermediario del corretaje -léase Dieguito Salazar-, obligado a buscarse una empresa de seguros que asumiera el contrato local y al mismo tiempo formalizara el reaseguro necesario. “La realidad de los hechos, que tiene pleno respaldo documental, es que la Refinería de Amuay estaba protegida por una póliza de seguros colocada a través de Seguros La Occidental, y que fue cedida en un 100% en reaseguro a empresas reaseguradoras internacionales de primera línea”, precisa un documento interno del grupo de Vargas, de lo cual se confirma el manejo de la póliza. Pero el siniestro de Amuay fue quedando en el olvido casi hasta la conveniencia de otras aseguradoras que llevaban las pólizas de los negocios de los particulares afectados por la explosión. Y es que era PDVSA, empeñada en que no se siguiera hablando del caso y de que no se procediera con averiguaciones más que incómodas, la que asumía los pagos de los siniestros en cuestión. Este proceder confirma el interés por parte de PDVSA de apaciguar los rumores, que se hacían más sonoros producto de las contradicciones manifiestas en las declaraciones de los funcionarios para explicar los términos de la cobertura y de los riesgos que habían quedado fuera y que condujeron al cambio parcial del broker. En fin, la petrolera buscó la vía a través de Pdvic, o lo que es lo mismo, PDV Insurance Company LTD. (Pdvic), la subsidiaria de manejar los seguros. Es que una vez que La Occidental cede la póliza al reaseguro, Pdvic, emite un comunicado el 17 de mayo de 2010 en el que asume, alegando razones estratégicas, que los siniestros pasan a ser manejados directamente por la Gerencia de Riesgos y Seguros Corporativos, salvando a La Occidental de involucrarse directamente en el siniestro de Amuay, y a las otras aseguradoras, en cuanto a los afectados periféricos por la explosión. Y es que pese a la solicitud de aseguradores y reaseguradores de realizar los peritajes correspondientes, PDVSA-Pdvic optó por asumir el pago de las indemnizaciones. Era preferible esto a que se demostrara, por ejemplo, que el siniestro no fue producto del sabotaje o que el escándalo no se apagara -como sí se apagó el fuego- y se siguiera hablando de Diego Salazar. Con la fórmula propuesta por Pdvic, ya no se habló más de Amuay ni tampoco de Salazar, hasta que Rafael Ramírez es sacado de PDVSA y se levanta el expediente en la época de Del Pino, y aparece Tarek William Saab hablando de la mafia de Andorra y de todos los millones del mundo. Y Maduro habla de la lucha contra la corrupción. Y Saab también. Y Ramírez intenta defenderse escudándose en Hugo Chávez, en la memoria de Chávez, pero la memoria ya no lo salva porque detrás de las detenciones, 65, en el mundo de PDVSA, también se esconde una lucha por el poder.

La sentencia

Si había dudas sobre la purga. Sobre la lucha del poder de Maduro contra Ramírez, la caída del primo Dieguito Salazar es la constancia definitiva. Y es que Ramírez piensa en el desastre del gobierno de Maduro y sin que le pese el desastre de la gestión suya en PDVSA, piensa en la candidatura presidencial, piensa en el rescate del chavismo original. Por ello Maduro lo ha ido atacando por los costados, por los flancos, y ahora de frente, y ya se prepara para hacerlo de manera envolvente. La historia le reclamará a Ramírez su corresponsabilidad en haber acabado con la corporación energética que era PDVSA; haberla endeudado; haberla convertido en una extensión del aparato político y del proselitismo chavista; y haber permitido que permeara la corrupción a gran escala. La historia le reclamará el trasvase de recursos al gobierno para el uso clientelar. Le reclamará haber convertido una empresa modelo en un brazo del Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV. Los escándalos lo perseguirán. Las pólizas de seguros, el siniestro de la refinería de Amuay, la estafa del fondo de pensiones de PDVSA, la conformación de una casta, la boliburguesía petrolera; el manejo de la tesorería de la corporación en el Banco Espirito Santo, a pesar de los riesgos que esta entidad entrañaba, y donde aún es un misterio la cantidad de dinero que se perdió. Le perseguirá el plan para vender por piezas a Citgo, empresa propiedad de PDVSA en Estados Unidos, sus nexos con Roberto Rincón, el empresario detenido en Houston; los escándalos de la BPA y Banco Madrid, la mafia de Andorra, como la llama ahora Maduro, quien antes habló de los malos manejos en la dirección de mercadeo interno de combustible, y aunque Ramírez ya había dejado la empresa, se supone que las irregularidades y la penetración de las mafias que hacían posible el contrabando de gasolina, correspondían a su tiempo a PDVSA. Sin embargo, Ramírez, en entrevista con José Vicente Rangel del 14 de septiembre de 2014, se limitó a apoyar la decisión -PDVSA entra en otra etapa, dijo- necesaria en la lucha contra el contrabando de los combustibles. La respuesta sonó a algo así como que eso no es conmigo. La verdad es que Maduro lo quería fuera de PDVSA. La relación con Chávez era una cosa y otra con Maduro. Inclusive, Jorge Giordani, el eterno jefe de Economía de Chávez, en su carta de despedida del gobierno de Maduro, señaló a PDVSA de actuar como ente autónomo y a Ramírez de ser un poder dentro del poder chavista. Cuando la crisis económica se le encimó al gobierno de Maduro, Ramírez sumó a su anillo de poder el cargo de vicepresidente económico. Desde allí presentó una primera solución que a los meses había fracasado y es por ello que a mediados de 2014 aparece como todo un pragmático ofreciendo una receta de ajuste económico en cuyo diseño había contado con la ayuda de Lazard, el Banco Central de Venezuela, el equipo del representante de Venezuela en el FMI, José Rojas, y de otros banqueros de inversión. Maduro, en una clara estrategia de exponerlo y dejarlo al descubierto, dejó que él solo corriera con los riesgos de la exposición del plan, el cual incluía aumento del precio de la gasolina, convergencia cambiaria y una reforma tributaria. Ramírez creía que Maduro había comprado el programa, puesto que en la práctica las medidas eran inobjetables e improrrogables. Sólo que Maduro consideró que había llegado el momento de darle la estocada final, pese a que Ramírez no se cansaba de repetir que todo lo que hacía PDVSA y él mismo, estaba supeditado a las políticas de Estado, lo cual podía leerse como una respuesta a Giordani. Pero en la izquierda del chavismo, el plan era criticado por pragmático y capitalista mientras que el empresariado, la banca de inversión y los analistas económicos, lo aplaudían. Escándalos de última hora -como que Venezuela compraría petróleo a Argelia- terminaron de minar la credibilidad de Ramírez, y Maduro aprovechó el momento no sólo para moverlo a él, sino para sacudir el entramado gubernamental, colocar en los puestos claves a gente de su mayor confianza, y descabezar -moviéndolo a canciller y luego a embajador en la ONU- al hombre que había manejado la chequera petrolera en casi toda la Era Chávez. Disminuyendo a Ramírez, Maduro acababa con el triunvirato del poder que había dejado Chávez antes de morir. Sólo le falta Diosdado Cabello para terminar de consolidar su poder interno. Por ahora Ramírez se escuda en una frase que apunta en muchas direcciones: Todo lo hice respondiendo a lo que indicaba Chávez. ¿Es una amenaza?

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