viernes, 24 de octubre de 2014

Vladimir Gessen: “La salida de Rodríguez Torres es la punta del iceberg” 


Sin lugar a dudas tendrá consecuencias políticas y militares la salida del ministerio del interior y de justicia del general Rodríguez Torres, apenas estamos viendo la punta del iceberg de lo que está ocurriendo en el seno del oficialismo, analiza el psicólogo Vladimir Gessen al ser consultado por El Diario de Caracas. “El nombramiento del general Vladimir Padrino como ministro de la defensa, sin dejar el cargo de comandante estratégico operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, lo convierte en el hombre fuerte de Venezuela” agrega Gessen. 
¿Cuál es su reacción ante la destitución de Miguel Rodríguez Torres como Ministro del Interior y de Justicia?
– Sin lugar a dudas tendrá consecuencias políticas y militares la salida del ministerio del general Rodríguez Torres, apenas estamos viendo la punta del iceberg de lo que está ocurriendo en el seno del oficialismo. Pero no solo es el cambio de Rodríguez Torres sino también el nombramiento del general Vladimir Padrino López como Ministro de la defensa, sin dejar el cargo de comandante estratégico operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Es decir ahora Padrino es el hombre fuerte de Venezuela.

¿Por qué?
– Muy hábilmente Hugo Chávez había dividido el mando militar. Por un lado, estaba el ministro de la Defensa que ejercía las funciones administrativas y políticas de las fuerzas armadas, y por el otro, el comandante estratégico operacional quien tenía realmente el mando militar de los componentes de las FANB. Ahora, Vladimir Padrino ejerce ambas funciones. Técnicamente, esto lo convierte en el hombre fuerte de Venezuela.

¿Se refiere a que es el hombre más fuerte militarmente?
– Militar y políticamente, porque no es un secreto que las fuerzas armadas venezolanas están altamente politizadas.

¿Por qué cree que el Presidente Maduro destituyó a Rodríguez Torres?
– No lo sé. El presidente explicó que Rodríguez Torres tomaría unos días de descanso y que luego iría a otras funciones de Estado… Pero la opinión pública y en las redes sociales se ha interpretado como una concesión a los colectivos que pedían la renuncia del ministro, por las inexplicables muertes de algunos de sus líderes. Lo cierto es que los altos mandos castrenses no están de acuerdo en que los colectivos estén armados, y pienso que respaldaban a Rodríguez Torres en el desarme de estos grupos paramilitares. Si al ministro lo destituyeron por esto, esta acción no va a caer bien entre los colegas de Rodríguez Torres.

¿Entre ellos el general Vladimir Padrino López?
– Tampoco es un secreto el vínculo solidario de ambos generales, Rodríguez y Padrino.

¿Qué está por debajo de la punta del “iceberg”?
– Una profunda crisis económica, política, militar y social. El oficialismo habla de la división de la oposición pero mientras ve la paja en el ojo ajeno, no ve la viga que tiene en su propio ojo. Chávez sabía convivir con la derecha extrema, la derecha moderada, la izquierda democrática y la izquierda radical que existen dentro del PSUV. Él era el líder claro que todos aceptaban y la última palabra. Ahora no es así y Nicolás Maduro trata de complacer a todos las partes, no obstante, aún no ha logrado el liderazgo y la jefatura que se requiere para manejar un partido tan complejo. Personalmente analizo la viabilidad de una posible división del PSUV si Maduro toma partido por alguna de las partes. Sin embargo, esta ambigüedad no le permite implementar las medidas necesarias para enderezar el rumbo económico ni definir un destino hacia donde debemos ir. Por ello, el país está paralizado y en franco deterioro.

¿Qué pasaría si Maduro respalda a los colectivos en este caso?
– No creo que eso ocurra, el costo para Maduro sería muy alto. Maduro tendrá que ceñirse a la Constitución. Las armas de guerra deben ser manejadas por las fuerzas armadas.

AR / DDC / @DivanGessen

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BRASIL NO TIENE DUEÑO

Juan Arias


En estas elecciones, el nombre de Brasil y de quién deberá gobernarlo en los próximos cuatro años ha sido pronunciado más que nunca. ¿De quién es, sin embargo, este país de más de 200 millones de habitantes, corazón del continente y en donde, hasta el domingo, tendrán puestos los ojos buena parte del mundo?
¿Es de los políticos que se arrogan a veces su derecho de propiedad? ¿Es del Gobierno que administra y a veces saquea sus riquezas para su provecho personal o de grupo? ¿Es de los bancos y empresas? ¿De las fuerzas del orden? ¿De los jueces? No. Brasil no tiene dueño. No lo tienen sus inmensas riquezas materiales y culturales; no tienen dueño sus gentes, que son ciudadanos libres de pensar y votar y no aceptan ningún tipo de esclavitud.
De esos millones de ciudadanos, ninguno es mejor ni más poderoso que otro. Lo revela el hecho de que un solo voto, sea el del mayor millonario o del más pobre ribereño de la Amazonia, sería capaz de decidir unas elecciones presidenciales. Es la grandeza de la democracia, que concede a cada ciudadano, sin distinción, un voto con el mismo peso y la misma fuerza de decisión.Ese Brasil tan codiciado estos días por todos no es de nadie y de todos. Dueños del país son todos los que en el nacieron y trabajan. Es de la gente: son los hombres y mujeres, niños, jóvenes y jubilados quienes tienen el derecho de sentirse dueños de Brasil.
Son las dictaduras las que despojan a los ciudadanos del derecho de votar y de decidir su futuro. Las dictaduras o los gobiernos que llamamos democráticos se las arreglan para comprar los votos al precio de la corrupción. En los gobiernos tiranos son los políticos y no la gente los dueños del país y se arrogan el derecho de usarlo a su gusto y antojo.
Considero cierta la afirmación que he leído en no pocas cartas de lectores en periódicos y redes sociales de que Brasil es mayor, más importante, más rico y hasta más ético que sus políticos y que todas sus elecciones. No deberían olvidar los que pretenden gobernar el país y que a veces caen en la tentación de sentirse sus dueños y herederos que los verdaderos propietarios, los que lo construyen día a día, los que hacen que crezca, que se modernice, que haya comida y libertad para todos, que se viertan menos lágrimas o que se enjuaguen mejor, son la gran masa de trabajadores.Brasil es un país que tiene hoy en el mundo el privilegio de gozar de una democracia que, aunque muchas veces enferma y sofocada, es real y en la que sus gentes tienen voz y voto. Quizás sea poco, pero es cierto que es mejor que en muchos de los países dictatoriales del mundo entre los que se incluyen algunos del continente. Y es la democracia la que otorga no sólo igual dignidad a cada ciudadano sin que pese su cuenta en el banco o sus títulos de estudio, sino también el derecho de sentirse dueño del país.
Nos olvidamos a veces que los que construyen este país no son sólo los poderosos, los ingenieros o arquitectos, los médicos famosos, sino esa multitud sin nombre de trabajadores de la construcción o del campo, esos miles y miles de enfermeros y enfermeras que vigilan día y noche nuestra enfermedad; esa masa de profesores que con sueldos a veces de hambre (mis padres pertenecían también a esa categoría nunca justamente valorizada) cuidan de lo más precioso que tenemos como lo es la mente de nuestros hijos.Los dueños de Brasil son esa caravana inmensa de personas de todas las edades y categorías, desde las más humildes a las más favorecidas, que cada día dedican su jornada laboral para sustentar a su familia, para hacer avanzar su pequeña o gran empresa. A veces me encuentro preguntándome a mí mismo qué sería de una ciudad sin aquellos que realizan las tareas más ingratas, desde los que recogen la basura a los que tienen que dormir de día porque necesitamos que vigilen o se encarguen de que tengamos temprano en la mesa el pan caliente para el desayuno.
Que cada brasileño vaya a votar con la conciencia de que él y nadie más que él es dueño del país porque lo construye cada día con fatiga y con orgullo. A veces con dolor, otras con alegría. Resignado a veces y también airado e indignado, pero siempre con el corazón puesto en conseguir un país mejor del que nadie, dentro o fuera de él, tenga que avergonzarse.Los ciudadanos con nombre y apellidos, incluidos los políticos, que aparecen en los medios y de los que podríamos creer que son los propietarios del país constituyen sólo un puñado. Los brasileños dueños de esta tierra rica y generosa, bendecida por los dioses, sin guerras y sin hambre, son en su inmensa mayoría anónimos. Son los que trabajan una vida sin que muchas veces se les agradezca. Más aún, sobre quienes acaba pesando la idea injusta y cruel de que más que dueños del país con los mismos derechos que los que se consideran importantes, son simples cartas de un juego de póquer. Cartas de póquer de las que se pueden befar quienes se arrogan el derecho de propiedad sobre ellos. Sobre sus vidas y sus sentimientos.

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Fue el estado

Hector E. Schamis
Así dice una consigna escrita e iluminada en el suelo. Es una protesta llevada a cabo en el mismísimo Zócalo, la plaza central del Distrito Federal. Esa voz y la protesta se propagaron por todo el país y de allí a muchos otros lugares en el mundo: “fue el estado”. La consigna tomo las redes sociales por asalto y el hashtag #FueElestado le da la vuelta al planeta. Los tuits van de a cientos por minuto.
La frase en sí misma aturde, es un sonoro cachetazo. Captura y retrata la realidad con inusitada crudeza. Los que torturan, asesinan, desfiguran el rostro de sus víctimas para que no sean reconocidas y luego las entierran en fosas comunes lo hacen con la anuencia, la protección y la complicidad del estado. Son el estado, como vimos en el caso del alcalde de Iguala, el último notable de una larga lista de autoridades asociadas a—o capturadas por—el narcotráfico. El terror cuenta con el poder político y usa los recursos de ese poder.
Si fue el estado, entonces eso se llama terrorismo de estado, como Videla y Pinochet, solo que es peor porque en muchos sentidos es incomprensible. Aquello se podía explicar—o al menos se intentaba racionalizar—por la lucha ideológica, las disputas políticas o las estrategias de dominación hegemónica de las superpotencias. Pero, ¿y esto? ¿Cómo se entiende y se explica que los carteles persigan aterrorizar a la sociedad, si solo se trata del mercado, demanda, consumo?
Pues sí que persiguen otra cosa. No es necesariamente el ejercicio directo del poder político, pero algo parecido. Persiguen un mercado, claro, pero habitado por una sociedad dócil, pasiva, incapaz de organizarse como sociedad civil. Sean campesinos, estudiantes o vecinos, siempre es problema para los narcos la organización de la sociedad, la acción colectiva, la información compartida; en definitiva, la normatividad social en cualquiera de sus formas. La conciencia colectiva genera organización, y la organización bien puede generar resistencia. Lo entendía bien Videla, lo saben los Guerreros Unidos.
Para los narcos, la anomia social es garantía de control territorial, es decir, del mercado, ganancias. El terror entra ahora en esta ecuación, necesario para desarticular toda forma de sociabilidad, que México naturalmente posee y en abundancia. El terror entonces tiene que ser cada vez más violento, dada esa abundante sociabilidad espontanea, al punto de parecer irracional. Pero no hay irracionalidad alguna en el terror. El terror es racional, capaz de llegar hasta el punto de quiebre, siendo el punto de quiebre en el México de hoy la propia disolución del tejido social.
El terror de los narcos tiene cómplices—#FueElestado—pero en un simultaneo proceso de desarmado del orden estatal. Suena contradictorio pero no lo es. Es la privatización del estado, la parcelación del poder, la reducción del estado, lo público, a un puro instrumento al servicio de un grupo de interés privado. El tema no es desconocido en la historia de América Latina, eso no es misterio para nadie, hayan sido los beneficiarios elites terratenientes, oficiales militares o firmas multinacionales extractivas, por nombrar algunos ejemplos. Hoy son los carteles que penetran, capturan o entran en colusión con el estado, especialmente a nivel sub nacional, como en Guerrero.
A todo esto ya van para dos años de gobierno del PRI, un PRI que parece haber regresado a donde lo dejó Salinas hace veinte años—allá por 1994—ni siquiera donde lo dejó Zedillo en 2000. El PRI se ocupa de los negocios del petróleo, se enfrenta a algún sindicato parasitario y diseña ambiciosos pactos políticos que nadie conoce demasiado bien. Ignora, desafortunadamente, que el país de este siglo no tiene nada que ver con el que gobernaron durante el siglo anterior, empezando por la violencia, el terror y la capilaridad del narcotráfico.
Esta semana el mundo se enteró que el estado Islámico, ISIS, usó gas cloro en sus ataques contra las fuerzas Iraquíes. Sería bueno que se entere que México también vive bajo su propio ISIS, expresado por múltiples ISIS regionales, fuerzas que también usan armas químicas contra su población, como el ácido usado para impedir la identificación de las víctimas. Los Guerreros Unidos, un cuasi estado sin estado, con normas coercitivas que reproducen el terror y cuya muy racional barbarie necesitan matar inocentes indefensos, precisamente, para garantizar la dominación y el sometimiento de la sociedad. Son solo un caso entre muchos otros.
Claro que fue el estado. Pero lo más desesperante es cuando el estado, en la figura de la máxima autoridad, no tienen demasiado para decir y casi nada para hacer. La salvación de México, esa que Peña Nieto supuestamente lograría, depende únicamente de una sociedad civil con enorme empatía y solidaridad, pero sola, huérfana, abandonada por el estado y la política como nunca había sucedido en la historia.
Twitter @hectorschamis

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UN MOTORIZADO EN MIRAFLORES



    Fausto Masó

Quizá pronto el gobierno prohíba circular a los automóviles por la autopista. Además, ya no hay automóviles nuevos, excepto los chinos en manos de la verdadera elite socialista, los militares, ellos si seguirían andando por donde les de la gana. También cerrarán los auto mercados por la desleal competencia que le hacen a los buhoneros  Si el gobierno olvidara su base social y persiguiera a los buhoneros porque venden apenas 5 o 10 veces más que los precios oficiales, incendiarían la ciudad. Pronto sabremos si Maduro habla en serio cuando amenaza con prohibir a los buhoneros vender al precio que le da la gana. Veremos.
No ensamblarán automóviles para la burguesía, importarán cientos de miles de motos para el pueblo. Pronto un presidente llegará a Miraflores manejando su propia moto, o pondrá su puesto de buhoneros frente al palacio presidencial;  reconocerá la verdad: los dueños del país son los buhoneros y los motorizados. Víctimas de prejuicios pequeño burgués, varios de mis conocidos de café con leche no se atreven  a ser buhoneros o andar en motos; temen las críticas de la derecha. No llegarán lejos en la vida, quedarán para siempre en la mesa del café, en realidad no es un destino desagradable
De haber nacido en Caracas Stalin hubiera sido buhonero y habría enviado al Gulag  a los dueños de carros. El que no está en un colectivo no está en nada. El chavismo sin Chávez dejó de ser un movimiento monolítico y las contradicciones entre civiles y militares saltan a la vista, colectivos contra guardia nacional, por ejemplo. Con razón los colectivos se quejan de que ya nos los consideran héroes, como cuando atacaban las manifestaciones de la oposición.
Sin  haber leído a Lenin los motorizados son marxistas leninistas, piensan que lo tuyo es de ellos, pero lo de ellos es de ellos, auténtico comunismo. Los buhoneros poseen un olfato para saber lo que escaseará, desde medicinas para la gripe a baterías. El gobierno crea legiones de inspectores para vigilar los centros comerciales, que se aburren revisando anaqueles vacíos. No se atreve con los buhoneros, porque defienden sus negocios como debe ser, en la calle, a como dé lugar, lo que no ocurre con la oposición que cuando le dan una bofetada ofrece la otra mejilla. Maduro, ¡en que lío te estás metiendo si tocas a un  buhonero!
Solo corren un riesgo los motorizados, caerse de la moto, parece que duele. No alcanzan las camas en los hospitales para ellos. ¿Habría que prohibir usar a los automovilistas clínicas y hospitales? Claro.
Los buhoneros solo corren el riesgo de que los atraquen camino de vuelta a sus hogares. No temen que la policía los obligue a salir de la calle, ni que los persigan por lo precios a que venden, el verdadero peligro para ellos es que esa policía en su función malandra los atraque, porque saben que cargan un motón de bolívares.  
¿Es posible volver a  ese pasado ignominioso donde  no circulaban motos por las autopistas, la gente creía en las cifras que publicaba el Banco Central, en el congreso permitía la anarquía de dejar hablar a los diputados de oposición, funcionaban los baños del aeropuerto? No, jamás; no pasarán, motorizados y buhoneros unidos jamás serán vencidos.
Si resucitarán Marx, Lenin y Gramsci sabrían lo que es darle poder a los motorizados y los buhoneros. Como en Venezuela existe un verdadero socialismo prohíben ensamblar automóviles, se conceden dólares para importar motos a precios subsidiados.  Avanza la revolución, pronto seremos otra Calcuta, la Calcuta de antes porque el gobierno hindú está cometiendo el crimen de imitar a China, desarrollar al país; exportar, producir, en vez de que el pueblo viva de la buhonería, ¡hasta están cometiendo la canallada de abrir auto mercados!
Los buhoneros dicen que están en pie de guerra. Se aproxima un gran episodio para el madurismo.

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Los dos candidatos brasileños apoyan reformar un Congreso ingobernable


Raquel Seco. Sao Paulo
El payaso Tirrica, llamado en realidad Francisco Oleira Silva, fue el segundo diputado federal más votado en la primera vuelta de estas elecciones en Brasil. Apenas ha hecho propuestas, sus propagandas electorales son chistes y al entrar en política tuvo que pasar un test de alfabetización. Este representante del minoritario Partido Republicano —uno de los 28 partidos que ocupan el Congreso Brasileño, formado por 513 diputados y 81 senadores— es el ejemplo extremo de un sistema electoral enmarañado y siempre pendiente de reforma. Un modelo proporcional que los dos candidatos a las elecciones presidenciales de este domingo, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), y Aécio Neves, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), plantean cambiar.
Las protestas de junio de 2013 pusieron en la agenda la necesidad urgente de una renovación en la democracia, aunque la reforma llevaba años en el debate público. Los últimos tres presidentes del Gobierno, Fernando Henrique Cardoso (PSDB), Lula da Silva y Dilma Rousseff (ambos del PT), trataron sin éxito de modificar la compleja legislación electoral. En 2006, por ejemplo, una norma que pretendía quitar poder a los partidos que no obtuviesen un porcentaje mínimo de votos, llamada “cláusula de barrera”, acabó siendo derribada en el Congreso precisamente por la presión de las siglas minoritarias. La paradoja: es difícil alcanzar consenso con 28 partidos para eliminar, precisamente, a una parte de ellos. El sistema proporcional de elección de diputados y concejales cuenta a la vez los votos recibidos por un candidato y los que obtiene la formación. Es decir, un candidato muy votado puede quedarse sin silla por concurrir con unas siglas débiles, y un partido ínfimo puede tener más representantes si tiene a alguien popular en su lista, lo que permite que Tiririca o el diputado federal más votado de la historia de Brasil, Eneás Carneiro, logren silla para compañeros de partido con muy pocos apoyos.
A su vez, formaciones grandes se alían con pequeñas para conseguir un bien preciado en tiempos de campaña: tiempo de propaganda electoral en televisión. En la primera vuelta de estos comicios, Rousseff contó con unos 12 minutos en pantalla gracias a la asociación del PT con otras ocho formaciones. Aécio Neves, del PSDB aliado con otros tantos, arrancó con cuatro minutos y medio.
Ubicar ideológicamente a una formación es complejo. En el último número de la revista brasileñaPiauí, dos personas se preguntan, mientras observan una gran masa informe de cerebros y vísceras: “¿Y ahora? ¿Cómo saber qué es izquierda y qué es derecha?”. Los medios internacionales suelen simplificarlo refiriéndose al PT como centroizquierda y a su rival, el PSDB, como centroderecha. Con estos dos es difícil pero más o menos funciona. Con los otros 26 partidos resulta literalmente imposible: el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) se alía a la derecha o a la izquierda en función del viento que sople, y a su vez tiene divisiones internas que apoyan al Gobierno o a la oposición. El diputado más votado del Estado de Río de Janeiro, Jair Bolsonaro, pertenece al Partido Progresista a pesar de ser un militar católico ultraconservador, que ataca y ridiculiza a los homosexuales, defiende la pena de muerte y describe la dictadura militar como dos décadas de “orden y progreso”, el lema de la bandera nacional.
Ambos candidatos a la presidencia han hecho suya la idea del cambio en estos comicios, pero cada uno a su modo: el candidato opositor, Neves, ha propuesto aplicar la ya mencionada cláusula de barrera y el fin de las “coaliciones proporcionales” para impedir que partidos poco representativos entren en la Cámara; también el fin de la reelección para cargos del Ejecutivo. Rousseff ha sugerido listas cerradas (votar a partidos y no a candidatos), además de un referéndum sobre la financiación privada de las campañas. “La reforma política se ha convertido en una especie de lema desprovisto de contenido concreto que solo conseguirá definir el que tenga una mayoría para aprobarla”, resume el politólogo Cláudio Couto.
Pocos cambios reales se han visto. Uno es la ley Ficha Limpia, que ha impedido presentarse a cargos públicos a 250 personas envueltas en delitos de corrupción. En septiembre, una votación popular y sin validez legal preguntó a los brasileños si estaban a favor de un plebiscito sobre la reforma. Casi ocho millones de personas votaron: el 97% se mostró a favor de un cambio. Pero para que este referéndum fuese aprobado sería necesario que el Congreso lo aprobase. Algo difícil debido a que los partidos minoritarios no están dispuestos a inmolarse. Y vuelta a empezar.

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CONFESIONES DE UN MILITANTE DE BASE

Jean Maninat
            JEAN MANINAT 
La reciente entrevista realizada por este medio de comunicación (El Universal, 19 de octubre, 2014)  al presidente de la Asamblea Nacional y vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, arroja muchas luces sobre cómo está calibrando el alto mando revolucionario la penosa situación por la que atraviesa el país, y además, nos regala de ñapa un ojo de cerradura por el cual colar la mirada curiosa en los corredores del partido oficialista.
No es que se aporten muchas novedades, pero a veces reiterar lo sabido traiciona lo guardado. Una vez más, se nos advierte que la oposición es un ente deleznable, indigno de confianza y menos aún de tomarlo en serio. Nada nuevo en el horizonte. Sin embargo, gracias a un arranque de sinceridad brota una confesión inesperada y nos enteramos que en realidad en la cúpula roja: "Quisiéramos una oposición de verdad, una oposición que ayude a que el país salga adelante".
Súbitamente se le enciende a uno el entendimiento al darse cuenta que lo que ha faltado todos estos años es "una oposición de verdad", y no una Asamblea Nacional que legisle con independencia, un  presidente del órgano legislativo que garantice los derechos de todos los diputados electos, a los que debería representar para que el organismo, bajo su presidencia, sea un contrapeso vigilante y democrático al Poder Ejecutivo, tal como contempla la Constitución y es parte del ABC de la democracia, no un petardo desestabilizador de "la derecha".  Así se rigió el Congreso Nacional durante la IV República (¡ugg, agg,vade retro, perdón por nombrarla!) y muchos de los que hoy gobiernan usufructuaron esos derechos para buscar debilitarlos una vez en el poder.
A la suerte de enlightenment anterior, habría que agregar la sensación de calma que produce saber que en el seno del PSUV no hay lucha interna, que cada quien está más que contento con lo que tiene y agradecido por el papel que le otorgó el líder fundador y podrían, entre todos, dedicarse a resolver los problemas del país. Las intriguillas acerca de una supuesta rivalidad con el presidente Maduro quedan rápidamente disipadas cuando el entrevistado  declara que: "Aquí gobierna un alto mando de la revolución, una dirección colectiva, con un Presidente al cual respetamos todos y que toma las decisiones". Más claro no canta un gallo: es el presidente Maduro el que toma las decisiones y por tanto uno podría inferir que es el responsable de todo lo que está sucediendo, incluyendo la caída estrepitosa en popularidad del gobierno que corre el riesgo de llevarse enredado en el paracaídas incendiado al alto, mediano y bajo mando de la revolución.

Y como si fuera poco, y para borrar cualquier sospecha de ambiciones desmesuradas, se asegura: "no tener aspiraciones políticas y que se sometería al destino que le ponga el partido". Lo cual no deja de causar una cierta decepción, como cuando en Juegos de Tronos los guionistas se cargan a uno de los protagonistas a cuyas diabluras uno se había acostumbrado, o en la lucha libre uno de los contendores le da los golpecitos de rigor en el hombro al otro para indicar que se rinde mientras el público grita enardecido: "vamos, tú si puedes, no te rindas, tú eres más bravo". Pero así es, hay momentos en que hay que saber retirarse y darles paso a los demás para dedicarse a realizar lo que la organización requiera. Un militante de base más.

Quizás se tenga un poco de suerte, y poco a poco este espíritu de entrega y desinterés por el poder contamine a otros dirigentes de la revolución, se muestren dispuestos a dejar sus curules cuando el caudal de insatisfacción que cunde en sus filas, y en el resto de la sociedad, se convierta en votos opositores en las elecciones parlamentarias del año entrante, y se dediquen con humildad y entrega a las tareas que Venezuela disponga. Sólo entonces, avalaremos crédulos las confesiones de nuestro militante de base.

@jeanmaninat


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AGENDA PARA LA UNIDAD

Eduardo Fernandez
Se trata de construir la unidad nacional. Resolver los problemas de la gente, del ciudadano común, del venezolano de a pie
Se trata de construir la unidad nacional. Resolver los problemas de la gente, del ciudadano común, del venezolano de a pie. Preguntarnos por qué Venezuela tiene la más grande inflación del mundo y por qué la economía venezolana no crece y más bien decrece.
Constatar, una vez más, el colapso del modelo rentista petrolero. Comprobar cien años de fracasos en el propósito de construir una economía diversificada que no dependa patológicamente de un solo producto: el petróleo.
Venezuela necesita desesperadamente un gobierno que asuma esas cuestiones. También necesita, con el mismo apremio, una alternativa capaz de inspirar confianza por su capacidad para presentar propuestas concretas que nos saquen de la crisis política, económica, social, cultural y moral.
Son cinco las crisis que está sufriendo el país y frente a las cuales no hay respuestas adecuadas.
Se impone la necesidad de abordar una agenda que convoque la unidad nacional. En esa agenda, el primer punto es el de sustituir la cultura de la confrontación por la cultura de la cooperación y del diálogo. Es lograr más y mejor democracia y promover la descentralización del poder y eliminar el exceso de presidencialismo.
El segundo punto es la modernización de la economía venezolana para generar los bienes y servicios que necesitamos y también los empleos modernos que se requieren.
El tercer punto es la crisis social. No es viable un país en donde existe una minoría que tiene demasiado y una mayoría que no tiene nada. La injusta distribución de la riqueza y de las oportunidades conspira contra la estabilidad nacional.
El cuarto punto de la agenda de unidad nacional trata el tema cultural. Para eso, hay que hacer de la educación, la ciencia, la tecnología y la informática prioridad nacional. Hay que sustituir la cultura del populismo, del estatismo y del centralismo por una cultura de la responsabilidad, de la productividad y de la eficiencia.
Por último, debemos abordar el tema de los valores. El país reclama una revolución ética que enfrente la corrupción galopante y la cultura de la muerte. Ya basta de robos y de ignorar la importancia de la propiedad privada. Pero, más grave todavía, ya basta de ignorar el carácter sagrado de la vida. Debemos sustituir la cultura de la muerte por la cultura de la vida, de la esperanza y del amor.
Seguiremos conversando.

@efernandezve

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