jueves, 28 de abril de 2016

Y después de la planilla ¿qué? 



El gobierno tiene su agenda más que cantada. Consiste en posponer hasta enero de 2017 la consulta del referéndum revocatorio. Para ello se valdrá de demoras injustificadas, de normalillas, de incisos y letras pequeñas. Con su fachada hipócrita tratará de alargar todo lo que pueda la consulta. Sabe que la pierde. Cualquier elección la perderá. Por eso lo mejor es posponer lo inevitable.
En el camino puede que la oposición se desanime, que la invada la desesperanza, que surja de su seno esa vocecilla que gusta a tanto sabiondo: “Otra vez no pudimos, hagamos lo que hagamos ellos siempre ganan, el pueblo se acostumbró”.
Quienes así piensan no solo son colaboradores del gobierno, sino que además expurgan sus temores anticipando el fracaso. Si no se logra el objetivo, ya lo sabían; y si se da, pues, disfrutan de las mieles del triunfo como si hubiesen ayudado en algo. Son, con o sin intención, parte de nuestros enemigos.
Pero esa agenda de la desesperanza puede y debe ser vencida por la oposición. La fulana planilla del revocatorio puede que se haya entregado dos o tres semanas antes de lo que en su agenda de posposiciones tenían previsto. La movilización, la amenaza de ir juntos a reclamar el derecho constitucional, les adelantó el reloj de su macabra demora. Ténganlo por seguro, sin presión no se habría entregado este primer requisito.
Vienen nuevos y más intentos de retrasar lo inevitable, el trabajo de la oposición es modificar el guion del gobierno, el cual, como sabemos, responde a una agenda de supervivencia y de ningún modo a una de reconstrucción o de soluciones para el país.
Si, efectivamente, pueblo y oposición logran superar todas y cada una de las barreras hasta convocar el referéndum revocatorio, ganarlo como lo estipula la Constitución (obtener 7,6 millones de votos) y, además, celebrarlo antes de 2017, pues entonces el mandado estará hecho y el próximo capítulo será convocar a un gobierno de unidad nacional, ganar las elecciones y enfrentar la crisis con haberes que este gobierno simplemente no tiene.
Pero si ello no es posible, si no se logra el referéndum para la fecha límite o, peor aún, si no se logra ganar el referéndum con la cantidad de votos necesarios, entonces los escenarios cambian completamente. De las dos malas noticias para la oposición, perder el revocatorio parecería un escenario descartable, siempre y cuando este tenga lugar antes de 2017. La crisis, la torta que definitivamente es el señor presidente, junto al entusiasmo de una nueva esperanza, garantizan el triunfo. Después de esa fecha será difícil movilizar a la población, nos embargará la desesperanza que, como sabemos, es el juego preferido (o quizás el único) que le queda al gobierno.
Dicho esto, las elecciones de gobernadores serían la opción de acumulación de poder para la oposición. Una buena mayoría de gobernaciones haría casi obligado un gobierno de cohabitación. Si las cosas se agravan (hiperinflación de por medio) no es descabellado pensar en un gobierno de transición dentro del propio chavismo (negociar desde el poder siempre es ventajoso). Se trataría de una retirada ordenada que pondría en apuros a la oposición y su necesaria unidad. Radicales y moderados irían a un match en el cual el único ganador sería el gobierno.
Así las cosas, no superar todos los escollos para ir al referéndum revocatorio es muy costoso para la oposición y para el país. Se le daría aire, así esté envenenado, a un gobierno sin futuro que no importa lo que haga perdería abrumadoramente en 2019.
¿El costo? Tres años más de espera y de sacrificios. Más tiempo perdiendo el autobús de la historia. De allí que después de la planilla solo queda seguir bregando para cambiar la agenda del pasado y de privilegios mezquinos que quiere el gobierno.

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¿Dónde están los estadistas?

   

                 LUIS UGALDE sj

Sorprende que en un naufragio tan catastrófico y evidente no hayan surgido ya dirigentes decididos a salvar el barco y persuadir que a todos nos va la vida en ello, no importa el color político. Con un gobierno empeñado en ignorarlo, negarlo o convertirlo en conspiración del imperialismo capitalista, la gente echa de menos a estadistas. Estos no son extraterrestres y hacen falta del lado del gobierno y de la oposición. Al estadista lo distingue su capacidad de superar la parcialidad electoral inmediatista y el beneficio personal o partidista, con una visión y voluntad de país que reta y convence a la sociedad  y suscita una creatividad nueva e inclusiva.
Cada día aumentan en todos los sectores el sufrimiento y la conciencia de la gravedad, pero no  la sensación de que las soluciones están más cerca, y el malestar se incrementa con el juego de pin-pon entre la Asamblea que hace nuevas leyes y el Ejecutivo que manda bloquearlas. En los que se alegraron por la profunda derrota electoral madurista, se va enfriando la esperanza, pues les parece que la MUD se diluye como voluntad y estrategia unitaria alternativa y que se van imponiendo los intereses particulares partidistas, o que hacen propuestas  inviables con la ideología reinante.
Por otra parte, el gobierno sorprende y disgusta a muchos de sus propios simpatizantes nacionales e internacionales, por su parálisis mental e incapacidad de tomar decisiones, mientras la catástrofe se agrava y crece la agresividad política y social.
El pesimismo también reaviva teorías fatalistas sobre la inferioridad de nosotros como nación con un determinismo genético-histórico que nos predestina al fracaso. Les parece de mal gusto soñar con una Venezuela de esperanza, recordar lo que nuestro país logró en circunstancias difíciles del pasado, con pactos entre adversarios y tolerancias sociales ejemplares; incluso les parece evasivo poner ante los ojos a países latinoamericanos que  sufrieron situaciones catastróficas peores y se refugiaban en nuestra amplia hospitalidad. Esas naciones superaron las coyunturas adversas y quienes nos envidiaban son hoy nuestra envidia. Pasan los días y lo que en diciembre fue esperanza y primavera se va transformando en invierno fatalista y  se contagia la enfermedad de la antipolítica.
Por lo contrario, la realidad clama por estadistas guiados por la Constitución democrática y capaces de soñar con los pies en la tierra y de encontrar razones para ir juntos, como única posibilidad de construir exitosamente. Estadistas capaces de crear un relato de esperanza novedoso y transformador donde la muerte se convierte en vida, por el esfuerzo de la gente. Crear el relato y creer en él, contagiar esa fe a toda la población, transmitir convicciones, convocar y aglutinar. No pedimos milagros, pero sí sensatez. No hacen falta genios de la economía ni doctores de la política, sino voluntades con ética, remeros decididos a remontar corrientes adversas, concertar una decena de medidas claves y aplicarlas con decisión; su éxito depende de que sean deseados y apoyados por la gente y por líderes significativos de la actual oposición, del  chavismo y de la Fuerza Armada, decididos a cumplir la Constitución y hacerla cumplir. Los  comunicadores y sus diversos medios son decisivos, pues la población debe sentir en carne propia la propuesta y sus efectos en la llegada inmediata de medicinas, alivio en los supermercados, mercales, abastos, farmacias y centros de salud, y signos de liberación en las cárceles políticas…Decisiones negociadas internacionalmente con más pragmatismo y menos ideología. Decisiones que no se quedan en ayudas momentáneas, sino que van a políticas económicas que desbloquean la  actividad empresarial y hacen a nuestro país atractivo para la inversión y la productividad. Medidas que combinen el estímulo a la creatividad empresarial con la nueva visión social inclusiva de la empresa, como camino de superación de la pobreza y esperanza de los pobres, con políticas que fortalecen su organización y productividad y multiplican sus oportunidades.
Camino de drástica recuperación ética y lucha por el rescate constitucional de las instituciones y el implacable castigo a la corrupción y al saqueo público. Necesitamos un gobierno de salvación nacional capaz de hacer más con menos, tomar decisiones difíciles, responder al país que a gritos silenciosos pide reconciliación. Un gobierno de transición que se pone límite temporal a sí mismo, pues los partos felices no pasan de nueve meses de embarazo.


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UNA APELACION A LA CONCIENCIA DEMOCRÁTICA DEL HEMISFERIO


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El rechazo y descrédito del gobierno venezolano aumentan aceleradamente en el ámbito internacional.
La probabilidad de que la crisis política y económica de Venezuela pase a ser un tema de evaluación multilateral en las instancias hemisféricas no es descartable. Lo fue a comienzos de la década pasada, luego de los acontecimientos en que tuvo lugar la renuncia de Chávez.
El gobierno de Maduro y/o de los militares sigue cerrado tercamente a las necesarias  soluciones nacionales concertadas para enfrentar la crisis.
No admiten que sin un amplio acuerdo para la gobernabilidad no hay salida pacífica.
Para que se dé un compromiso de esta naturaleza se debe partir del reconocimiento de la legitimidad de la oposición democrática y el gobierno de forma absurda se niega a  ello.
La utilización del Tribunal supremo para violentar el Estado de Derecho y pretender anular los poderes constitucionales de la Asamblea es la prueba del desconocimiento de la legitimidad democrática conferida el 6D.
Mientras se produce este zarpazo a la institucionalidad democrática, que al mundo tiene alarmado, se va pudriendo más y más la crisis venezolana, y con ella el gobierno que la generó.
En paralelo, la vida de los venezolanos, no sólo la de los más vulnerables, también la de los distintos estratos de la clase media, se va deteriorando a una velocidad  aterradora.
Es un espanto lo que está ocurriendo a diario. Ya no es sólo la falta de alimentos, medicinas o repuestos, es también la carencia de electricidad, el agua y un hampa enseñoreada y sin freno que mantiene bajo terror a la población.
Opositores y hasta simpatizantes del gobierno no soportan más la situación económica, y desean mayoritariamente que el gobierno se vaya por incapaz.
Con extrema preocupación los vecinos del hemisferio y más allá, están observando la hecatombe social en desarrollo en nuestro país. No alcanzan a comprender cómo puede ser posible que hayamos llegado a estos extremos de necesidad y desasosiego, un país que obtuvo tantos recursos en los últimos años.
No pocos piden que entes internacionales, como la OEA o Mercosur, adopten una posición firme frente a esta tragedia, que obligue al gobierno a entenderse con los factores de oposición democrática y evitar caer en un caos de ingobernabilidad.
A pesar del entusiasmo que crearon las elecciones de diciembre pasado, y las esperanzas de cambio que produjeron, hoy de nuevo crece el desaliento y la frustración, visto que el gobierno no quiere corregir el mal rumbo que ha llevado y obstruye las iniciativas que parten de la Asamblea de modificarlo.
Esta desesperanza que estimula el gobierno, desafortunadamente, arrastra a la oposición democrática, a pesar del esfuerzo que ésta hace por cambiar las cosas. De allí que deba afinar y reforzar su mensaje señalando, por ejemplo, que las colas, la falta de alimentos y medicinas, y las demás carencias, se deben a que un tribunal supremo espurio, arrodillado ante el poder ejecutivo, anula las leyes que van en beneficio de la población y apuntan a solucionar los graves problemas que padecemos.
Sin duda, salir del gobierno nefasto que ha destruido el país será obra de los venezolanos. Pero para ello es crucial que los organismos internacionales coadyuven a la salida menos traumática posible. Hay normas y principios que Venezuela ha asumido en esas instancias. Son compromisos obligatorios. La democracia y la vigencia de los derechos humanos deben ser Ley efectiva en nuestro territorio, y su no cumplimiento puede acarrear sanciones políticas y económicas. Ejercer presión en tal sentido, por parte de tales entes, es legítimo y necesario.
Obviamente, es dificultoso lograr pronunciamientos en esos escenarios, habida cuenta de los intereses de toda naturaleza en juego. Las interpretaciones que hagan los gobiernos de los demás países de los hechos de Venezuela y su gravedad, es lo que determina las acciones o medidas que puedan adoptarse.
Sin embargo, el mayor conocimiento y la alarma sobre Venezuela hacen posible alguna valoración colectiva que contribuya a una solución.
Los venezolanos comienzan a impacientarse. Hay hechos que muestran un malestar creciente que puede desembocar en violencia. Es sobremanera turbador lo que se vive a diario. Hay tiempo aun para evitar el derrumbe. Queremos salir de esta terrible situación de la mejor manera. Desde Venezuela apelamos a la conciencia democrática del continente y el mundo. 

EMILIO NOUEL V.



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Un capitalismo sin alternativa

Ignacio Sotelo

Desde la caída de la Unión Soviética, va a hacer ya un cuarto de siglo, y desaparecidos prácticamente los sistemas de producción tradicionales, el capitalismo se ha universalizado sin que se divise una alternativa. La sedicente China comunista es ya un país capitalista, aunque manejado desde el poder concentrado en el partido.
Desde el capitalismo comercial que se consolida en el siglo XIV, pasando por el industrial que comienza a finales del XVIII, hasta el financiero que con carácter dominante avanza desde los años 80 del siglo pasado, la novedad consiste —aunque no se haya recalcado lo suficiente— en que el capitalismo en esta última etapa no se enfrenta ya a un orden socioeconómico alternativo, como en la pasada centuria lo hiciera al socialismo. Ni siquiera a uno en su forma socialdemócrata menos drástica, convertida ya en el capitalismo de nuestro tiempo.
En un mundo globalizado —al menos en el futuro que cabe atisbar—, pocos dudan de que el capitalismo no sea nuestro único destino. Afirmar que navegamos en un barco del que ya no cabe bajarse parece algo tan obvio como trivial. No tanto porque hayan menguado los inconvenientes que le atribuimos: el mayor, la enorme desigualdad social que lleva en su entraña; ni porque sean menos atractivas sus ventajas, la principal, la enorme dinámica productiva que pone en marcha.
Desde los que detentan el poder, la idea fuerza es proclamar el bien común como el vínculo que une a todos los miembros de una comunidad política organizada. Si la nave es la vieja metáfora del Estado, todos navegamos en el mismo barco. En cambio, para los que aspiran a conquistarlo, es indispensable distinguir entre los que lo poseen y los que lo pretenden.
Qué quiere decir entonces izquierda, si se define, o al menos se definía, por aspirar a un nuevo orden social más igualitario y justo; y hoy muchos coinciden en que dentro del orden establecido cabría alcanzar esta meta por la vía democrática. Al dejar de confrontarse como dos órdenes socioeconómicos opuestos, los conceptos de izquierda y de derecha han perdido gran parte de su sentido, aunque con matices ideológicos propios cada una aún retenga a un público fiel.
Lo más llamativo es que tomar conciencia de ello no ha modificado el comportamiento ni el lenguaje político, necesitados ambos de contraponer ellos a nosotros; si se quiere, rememorando a Carl Schmitt, el enemigo al aliado. En cuanto lo político se define como lucha por el poder, implica siempre una contienda entre bandos enemistados.
En el marco en que se daba por supuesto que el capitalismo se contraponía al socialismo, la lucha quedaba planteada entre los defensores-beneficiarios del orden socioeconómico establecido y los que pretendían sustituirlo por otro que se ajustase mejor a sus intereses.
Ahora bien, desde la percepción hoy mayoritaria, el socialismo se muestra tan difuso como poco atractivo. De hecho, se ha evaporado como alternativa deseable, y con ella se ha desmoronado la anterior construcción ideológica, montada sobre las ventajas de uno y otro sistema.
Antes se aspiraba al poder para defender, o para sustituir, el orden socioeconómico vigente. Pero cuando se ha aceptado el capitalismo como un destino ineludible, el combate no reside ya en sustituirlo, sino en conquistarlo. Permanece la lucha entre la minoría que lo detenta y la mayoría que aspira al poder —es un combate inacabable—, pero se ha desplomado la anterior construcción ideológica, montada en la oposición capitalismo-socialismo y en sopesar las ventajas de un sistema u otro.
¿En qué argumentos se ha de apoyar entonces la actual pretensión de alcanzar el poder? ¿Desde qué postulados y con qué objetivos una mayoría organizada disputa el poder a los que lo detentan?
La dificultad radica en que todos los contendientes acuden a los mismos argumentos, aunque modulando mejor o peor sus aspectos más demagógicos. El empeño es encontrar algunos que les sean propios, pero todos pasan por enfrentar la mayoría —que representarían ellos— a la minoría en el poder.
Desprendida de su raíz capitalista, la cúpula del poder político, social y económico queda desvirtuada. Resulta difícil identificar a los de arriba, la casta, sin vincularla al sistema socioeconómico vigente. Pero es exactamente lo que ocurre cuando se asume el capitalismo como un factor permanente, definitivo y, por tanto, se deja de tomar en consideración.
La antigua estructura en clases sociales se comprime en una mayoría, como si formara un solo bloque, gente, cuando, en realidad, sucede lo contrario: las clases han perdido consistencia, pero por haber sido pulverizadas en grupos sociales tan variados como poco homogéneos. Una parte creciente de la población queda aislada, desintegrada, difícilmente recuperable para un movimiento político unitario.
En este contexto, los partidos tradicionales —mucho más evidente en la izquierda que en la derecha— han perdido buena parte de su base social, multiplicándose el número de fracciones políticas, con la consiguiente fragilidad institucional. Fraccionamiento social que conlleva el político, que a su vez repercute en la débil estabilidad institucional.
Si a esta coyuntura política vinculamos la infraestructura socioeconómica, tan diversa según las regiones y con una congénita debilidad ocupacional —una tasa alta de desempleo es el primer rasgo de nuestra estructura productiva— y añadimos el bajo nivel cultural de nuestra población, que se perpetúa con un sistema educativo harto deficiente en sus tres niveles de la enseñanza (primaria, secundaria y universitaria) es difícil avanzar un pronóstico demasiado optimista; pese a algunos factores, como nuestra situación geográfica entre dos continentes y el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, con un clima, unas costas y una red hotelera que permiten augurar un futuro brillante a la industria turística, máxime cuando nuestros competidores (Túnez, Egipto, Turquía) se enfrentan a graves problemas internos.
Nuestra pertenencia a la Unión Europea, aunque cada vez más decepcionante, permite, sin embargo, abrigar esperanzas a mediano plazo, así como otros factores coyunturales, como el bajo precio del petróleo o el incremento de nuestras exportaciones.
Pero el factor decisivo es la capacidad que tenga la sociedad española de conducir el proceso, aprovechando los factores externos que en un sentido o en otro, según como se traten, o dejen de hacerlo, son siempre retos que nos abren nuevas posibilidades. Ahora bien, son tantos y tan distintos que cualquier pronóstico resulta harto arriesgado. El lenguaje de los políticos es aventurar un futuro dichoso si se les hace caso. Callar la respuesta de los prudentes, a la vez que animar a no permanecer ociosos, porque no hacer nada suele ser el peor de los comportamientos.

Ignacio Sotelo es catedrático de Sociología.

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El racionamiento eléctrico provoca protestas y saqueos en Venezuela


Alfredo Meza

el País

Saqueo. Esa palabra está proscrita del léxico del Gobierno de Venezuela, pero se ha hecho realidad en siete Estados del país —Zulia, Miranda, Bolívar, Trujillo, Lara, Vargas y Carabobo— como consecuencia de las penurias ocasionadas por el severo racionamiento de energía eléctrica. El régimen no ha reconocido oficialmente los disturbios.
Maracaibo, capital del Estado petrolero de Zulia, en el oeste de Venezuela sintió el martes, por segundo día consecutivo, la furia de una colectividad que debe soportar sin fluido eléctrico las crueles temperaturas del húmedo calor caribeño.
Según el diario Versión Final, los zulianos pasaron desde la madrugada del lunes, cuando entró en vigencia un severo cronograma de cortes de electricidad, 30 horas sin energía. Ese mismo medio ha documentado el saqueo de al menos 12 establecimientos entre panaderías, electrodomésticos, supermercados e instituciones del Gobierno.
El gobernador chavista Francisco Arias Cárdenas hizo un balance más preciso ayer. Más de 70 locales comerciales destruidos o saqueados en siete parroquias de Maracaibo, así como en la ciudad de Machiques y en la costa oriental del lago de Maracaibo, y 103 detenidos. El funcionario calificó los actos “como una acción de desestabilización que cabalga sobre la crisis eléctrica, y que no ayudan en la búsqueda de una solución”. Arias reconoció que algunas de las protestas tienen su origen en el descontento. Sin embargo, matizó sus declaraciones: “Algunos sectores de la extrema derecha pretenden echarle mano al poder”.
Colapso
En Valencia, Estado de Carabobo, en el centro de Venezuela, hubo cierre de vías y neumáticos quemados por el mismo motivo. Ayer, en la capital del Estado de Miranda, Los Teques, intentaron asaltar algunos comercios y los dueños cerraron apresuradamente sus puertas. Protestas similares, aunque de menor intensidad, se reportaron en la ciudad andina de Valera y en Puerto Ordaz, la más importante del Estado de Bolívar.
Venezuela se encuentra al borde del colapso por una suma de factores: la prolongada sequía ocasionada por el fenómeno climatológico conocido como El Niño, la falta de inversión en el sector eléctrico (que controla el Estado desde 2007) y el fracaso que ha significado la dotación de plantas termoeléctricas que ayuden a minimizar la dependencia de la generación de energía hidroeléctrica que proviene del sur del país, en el marco de la emergencia del sector decretada en 2010 por el entonces presidente, Hugo Chávez. Parte de los equipos comprados no funcionan. Pero además, hay sospechas de que el dinero aportado por el Estado para la adquisición de estos equipos ha sido desviado.
Tampoco se han culminado obras de gran envergadura como la represa de Tocoma, también ubicada en el sur del país, que aliviaría la demanda porque generaría la mitad de la energía que hoy produce la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar.
El ministro de Energía Eléctrica Luis Motta Domínguez ha confesado que la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, que genera el 70% de la energía que recibe el país, está a 1,60 metros sobre el nivel del punto de colapso.
La confesión demuestra que las medidas tomadas por el Gobierno no han surtido el efecto esperado. A principios de año se redujo la jornada laboral en dos horas, luego se decretó como festivo el viernes, se declararon no laborables todos los días de la Semana Santa y finalmente la Administración pública, durante al menos 15 días, trabajará solo lunes y martes hasta la una de la tarde. Nada ha podido detener el paulatino descenso de las aguas de la presa.

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Pompeyo Márquez: un honor



 
                 Leandro Area



Cumple 94 años Pompeyo Márquez. De ellos ha dedicado más de 80 a la lucha política con dimensión social y sustancial acento humano. Ha enfrentado retos físicos e intelectuales que sólo la capacidad, la astucia y la suerte le han permitido sortear. Ha sido, es, un hombre de entrega vital a las ideas que defiende y por las cuales se ha batido con honestidad a lo largo de toda su existencia. Ha escrito, dicho y hecho.

La historia política de la Venezuela contemporánea es incomprensible sin su presencia. Márquez ha estado allí, en el ojo del huracán, buscando hacer historia por transformar una sociedad que ha considerado injusta en un país próspero y de todos.

Luego de una niñez rebelde, que sufre su primera cárcel en la época de Juan Vicente Gómez, se hace comunista. Se juega la vida desde ese bautismo. A partir de allí habla, organiza, estudia, escribe, lee, se esconde, hace familia, va nuevamente a prisión y sigue adelante. Son los años de la dictadura y contra ella se define y asume riesgos de vida con responsabilidad. Cae la dictadura.

Estamos en 1958. Crece la esperanza democrática dentro del “Espíritu del 23 de Enero”. Los comunistas son excluidos del pacto puntofijista que firman los partidos Acción Democrática, COPEI y URD, pero logran representación en las cámaras del congreso naciente. Desde allí como tribuna popular, aportan trabajo diario, ideas y proyectos con preocupación venezolanista.
Paralelamente, en el mundo se vienen produciendo cambios políticos que encuentran repercusión en el continente latinoamericano. Se afirma que las condiciones están dadas para la insurgencia política armada y para la toma del poder. En 1959 Cuba se muestra como espejo roto en el que se sienten reflejados partidos nacionales y se levanta como faro de ejemplo en la política tropical. Toma cauce un singular período de nuestra historia: Los años 60. La lucha de Pompeyo Márquez continúa con nuevo rostro. Pelea, es perseguido, se disfraza, se esconde, cae otra vez preso, construye túneles y escapa.

Tiempo de derrotas y de reconstrucciones, de tránsito difícil hacia nuevos estadios de la lucha política. Exilio interior. Ruptura con el comunismo. Paciencia enjaulada. Aparición del Movimiento al Socialismo (M.A.S.). Pompeyo, como imán protagónico, hecha sobre sus hombros, que no son tan sólo los de él, el difícil proceso de componer en un movimiento político la fe aporreada de hombres que han creído y luchado por ideales ahora vueltos trizas frente a la fuerza de las evidencias. Día a día, en la oposición o en el gobierno, pasión constante. Cae la democracia.

El Pompeyo de hoy no ha cambiado en la médula, sigue siendo un político que no elude las embestidas. Que conserva la majestad de la política. Que pelea por lo que cree con franqueza porque no tiene flancos débiles. Que no se esconde ni huye de lo hecho. Que no lo ha cegado la ambición de poder. Que no se ha corrompido. Que cree en la conciliación a través del debate. Que es querido, respetado y enfrentado. No hay términos medios en las respuestas a su química personal.

Venezuela cuenta con un incansable trabajador por la libertad y por la democracia. Su energía se traduce en la labor que desarrolla día a día. Transmite confianza. Es amigo en todo trance. Es un honor para Venezuela tenerlo como hijo y un privilegio ser de los que lo acompañamos.

Leandro Area.



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miércoles, 27 de abril de 2016

La recesión atenaza a América Latina por segundo año consecutivo


Jan Martínez Ahrens

El País

América Latina no encuentra salida al túnel. Por segundo año consecutivo, la zona sigue en recesión. Un desplome que no se veía desde la crisis de la deuda de 1982-1983 y que da cuenta de la enorme resaca que sufre la región que tiempo atrás deslumbró al mundo con crecimientos del 5%. Muy lejos de aquellos días de abundancia, el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé para este año una caída del PIB del 0,5%. Brasil, Venezuela, Argentina y Ecuador, aunque con fuertes diferencias, concentran el golpe.
La contracción no tiene una causa única. En un ambiente mundial gélido, donde la recuperación avanza cuesta arriba, la atonía china, la caída de las materias primas y la vertiginosa crisis del petróleo han actuado como detonantes. Pero no agotan la explicación.
EL FMI alerta del riesgo de creer que la recesión afecta por igual a toda la zona. Por el contrario, una mirada más detallada revela que gran parte de la implosión se debe a la caída de unas pocas, pero significativas piezas del tablero. Entre ellas destaca Brasil. El gigante de América del Sur, lejos ya de la era de las burbujas y el confeti, se ha precipitado en el abismo. Con su clase política minada por la corrupción y la presidencia al borde del desfallecimiento, su economía se muestra incapaz de frenar la caída y repite números negativos (-3,8).
“La actividad económica se ha contraído debido a la escasa confianza de las empresas y los consumidores, el elevado nivel de incertidumbre respecto a la política interna, el debilitamiento de los precios de las exportaciones y la escasa competitividad”, indica el informe.
En este descenso, que combina de fragilidades macroeconómicas y errores políticos, Brasil no anda solo. Le supera con creces Venezuela. El ejemplo de todos los males para el FMI. Ahogada en una hiperinflación que llegará al 720% a finales de año, su recesión (-8%) es la mayor de Latinoamérica y un indicador claro de la vorágine en la que ha sumido el régimen chavista a la antigua perla petrolera.
“Las condiciones económicas de Venezuela no dejan de deteriorarse, con distorsiones políticas y desequilibrios fiscales que siguen sin resolverse. Su situación a medio plazo no es sostenible y exige un viraje sustancial. Los efectos sobre la salud y la calidad de vida empiezan a ser importantes”, advirtió el director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner, quien presentó el informe en la Ciudad de México.
El club de la tristeza lo completan Ecuador, con un descenso del PIB de 4,5%, y el otro coloso austral: Argentina, con una caída de un punto. El pronóstico para este último país, sin embargo, tiene un mejor color que el de sus compañeros de viaje. El efecto Macri gusta al FMI. En su informe alaba su “ambiciosa transición” y sus medidas para reactivar la inversión y la competitividad. Desde la reducción del tipo de cambio al aumento de las tarifas de servicios públicos.
“El cambio de Administración ha venido acompañado de un cambio en la política económica muy importante que permitirá reducir la inflación, contener el déficit público y reinsertar a Argentina en los mercados internacionales. Esto generará un aumento de la inversión y un crecimiento en 2017”, afirmó Werner.
Brasil, Venezuela, Argentina y Ecuador. Esos son los países que impiden este año a América Latina salir a flote. Pero otros avanzan con normalidad y muestran la poliédrica realidad del hemisferio. México es uno de ellos. La previsión de crecimiento del PIB, del 2,4% para este año, le deja en aguas tranquilas. Es prácticamente la misma que en 2015, y en un horizonte recesivo y con una fuerte crisis del crudo podría ser tomada como una buena noticia, excepto por un motivo: México tiene 55 millones de pobres, un 20% de ellos en condiciones extremas. Un agujero que mina todo ascenso por debajo del 3%.


La posibilidad de superar este techo, uno de los grandes desafíos del país norteamericano, es vista con optimismo en el FMI. “Los retos de México son ajustar las finanzas públicas a la caída del precio del petróleo y seguir desarrollando las reformas estructurales en energía, telecomunicaciones y educación. Estos cambios más el comportamiento positivo de Estados Unidos permitirán una aceleración y una buena senda de crecimiento sostenido en los próximos cinco años”, señaló Werner.
A vista de pájaro, el cuadro continental también mejora si se mira a medio plazo. Para 2017, el FMI prevé que la recesión ya habrá acabado para Latinoamérica. México, América central y el Caribe seguirán los pasos de Estados Unidos, en plena expansión, mientras que el hemisferio austral languidecerá por el cansancio de China y sólo podrá salir del atolladero “cuando hayan resuelto sus desafíos internos”. Unos retos que en el caso de Brasil y Venezuela aún siguen sin despejarse.

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