viernes, 24 de febrero de 2017

COMO ARIEL YO QUIERO SER


                JEAN MANINAT

Yo quiero ser como Ariel,
yo quiero ser como él,
que escribe, canta, diseña,
y hasta le baila ballet…
Billo’s Caracas Boys

Un sector de la oposición -importante por influyente- pasa buena parte de su tiempo suspirando públicamente por los procesos de liberación democrática que se dan en otros países. Si la Primavera Árabe triunfa porque centenares de miles salen a la calle y derrocan, a punta de muertos y heridos,  al entonces presidente Mubarak, inmediatamente reacciona: “Ven, esa gente si tiene cojines, hay que seguir su ejemplo”. En Ucrania, surgen las manifestaciones proeuropeas de Euromaidán que terminan con la renuncia del presidente Viktor Yanukóvich, e inmediatamente truena el razonamiento urológico: “Ahí está, es que esa gente si tiene cojines”. Los resultados posteriores de ambos procesos -un régimen militar represivo en Egipto, y la anexión de Crimea por parte del presidente de Rusia, Vladimir Putin- poco importan ante la exhibición de  tanta testosterona.
Ahora, nos toca la evocación de las recientes elecciones presidenciales en Ecuador -cada quien ya tiene su interpretación prêt -à -porter- y sin esperar los resultados de la segunda vuelta, ya estamos cantando loas a los cojines de los ecuatorianos que no se dejaron birlar los estrechos resultados electorales. Por lo demás, es una muestra de coraje cívico y democrático que hay celebrar. Pero de allí a extrapolar la situación ecuatoriana a Venezuela -para acomodar el pasado al relato mítico de la calle- hay un trecho largo de falta de decoro intelectual.
Lo que subyace es la cicatera vendetta de culpar a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) del fracaso del Referendo Revocatorio (RR) por no haber conducido  las manifestaciones del año pasado hasta las puertas de Miraflores para que de un soplido de muertos y heridos el régimen se desplomara como un castillo de naipes.
(Luego de conocerse los controvertidos resultados de las elecciones presidenciales de 2013, quien fuera el  candidato opositor, Enrique Capriles, fue sometido a una intensa campaña de descrédito por tomar la acertada decisión política de no marchar hacia una masacre anunciada para denunciar fraude).
Quienes de nuevo anhelan clonar en Venezuela procesos políticos que son producto de condiciones diferentes a las nuestras omiten -mezquinamente en muchos casos­- que la lucha democrática en Venezuela ha tenido éxitos, y por supuesto derrotas, frente a un contendor que no tiene escrúpulos para afianzarse en el poder. Aún así, la oposición democrática sigue siendo una alternativa válida y cierta para recuperar la democracia plena en el país.
Los que hoy se encargan de desacreditarla soterradamente al compararla artificiosamente con otros esfuerzos exitosos, son los mismos que cantan sus tropiezos con alboroto y oscurecen sus logros con argumentos especiosos.
Corresponde a la dirección democrática de la oposición, a sus líderes principales, reconocer errores, pero también defender los aciertos sin indecisión alguna. Ya estamos a punto de que el gran éxito del 6D/2015 sea considerado un fracaso pues, “¿para qué elecciones si ganamos pero el gobierno sigue allí?” según un diletante razonamiento que cabalga entre las redes sociales.
Hay que celebrar los éxitos de otros demócratas en la región, sanamente, aprender de ellos, sanamente, sin utilizar sus logros para enlodar los nuestros. Para pegar de mampuesto hay que ser muy hábil pero también de muy baja índole.
Si yo fuera como Ariel, cuantas cosas iba a tener, hoy por hoy yo no las tengo, porque no soy como él, remataba la Billo’s Caracas Boys.
@jeanmaninat

Leer más...
No es fácil

EDUARDO FERNANDEZ


Vale la pena ser cristiano, pero no es fácil. La mayoría abrumadora de los venezolanos nos declaramos cristianos. No siempre actuamos como tales. Si todos los que nos decimos cristianos actuáramos conforme a lo que dicen los evangelios, el país estaría viviendo mucho mejor y todos nos sentiríamos más felices.

Estos comentarios los hago a propósito de lo que dice el evangelio del domingo pasado: “Jesús dijo a sus discípulos: ustedes han oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente, pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide dale, y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda.

”Han oído ustedes que se dijo: ama a tu prójimo y odia a tus enemigos; yo, en cambio les digo: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? Y si saludan tan solo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto” (Mt. 5,38-48).

A estas alturas supongo que mis amables lectores entenderán cuando digo que vale la pena ser cristianos, pero que no es fácil. El Maestro nos pide, nada menos y nada más, que seamos perfectos, como nuestro Padre celestial es perfecto.

Pero estarán de acuerdo conmigo también en que si practicáramos el mandamiento del amor, Venezuela sería un país en el que prevalecería la justicia, la fraternidad y la verdad.
Desde hace muchos años se ha impuesto en Venezuela la cultura del odio, de la lucha de clases, de la fractura de la unidad nacional, de la violencia, de la confrontación y de la muerte.

El cambio más importante que tenemos que lograr los que soñamos con una nueva Venezuela es el de sustituir la cultura del odio por la cultura del amor. Sustituir la cultura de la muerte por la cultura de la vida. La cultura de la confrontación por la cultura de la unidad nacional, del entendimiento y de la búsqueda de los consensos fundamentales que hagan posible que resplandezcan la verdad, la justicia, la fraternidad y la paz.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
@EFernandezVE


Leer más...
CARTA ABIERTA DE ENRIQUE OCHOA ANTICH A MARÍA CORINA MACHADO


Caracas, 23 de febrero de 2017

María Corina Machado

Ciudad

Querida María Corina:

Quisiera comentarte, a título estrictamente individual, algunos de los conceptos de tu última declaración a los medios, en la que, como te es habitual, cuestionas cualquier intento de propiciar el diálogo gobierno/oposición. Lo hago con inmenso respeto. Admiro tu capacidad de lucha, tu pasión, tu inteligencia y tu carisma, y suelo decirles a mis amigos que, parafraseando a Bolívar, en política el talento sin acierto es un desperdicio. Me duele ver cómo se dilapida tanto ingenio por el camino equivocado. Por eso desde la ong Foro Cambio Democrático te pedimos por escrito una entrevista para debatir nuestras diferencias contigo y con Vente.

Veamos:

En la agobiada Venezuela de hoy día, que reclama a gritos diálogo, negociación y reconciliación para salir adelante, dos actores extremos criminalizan a quien piensa diferente: el gobierno y tú. ¿No te parece curioso?

Claro que estás en tu derecho de desconfiar del diálogo, pero ¿por qué arrojar siempre una sombra de duda sobre quienes lo propician? En tu declaración de ayer lo hiciste: ¿por qué, María Corina, calificar de "oscura" e "inmoral" la negociación que dices está en marcha?
Una de nuestras tragedias recientes es que, cada vez que se está cerca de que el diálogo y la negociación encuentren senderos ciertos, desde afuera se somete a sus actores a un verdadero chantaje moral que, exaltando a las partes más radicalizadas de ambas bases sociales, asusta e inhibe a quienes tienen el deber de, por encima de cualquier estridencia, ejercer su liderazgo. Ese chantaje, esa apelación al pensamiento elemental y a la suspicacia de los sectores más extremistas del chavismo y de la unidad democrática, suele ser la sostenida actitud tuya y, muy mala compañía, de Diosdado Cabello.

Ya está bueno, querida amiga, de criminalizar el diálogo.

En tu alocución expresaste, como una suerte de anatema, que la transición que se estaba buscando era una transacción. Resulta difícil explicarse que una mujer inteligente y culta como tú no comprenda que toda transición es de suyo una transacción y que no tiene nada de malo que así sea. La transición fue transacción con Pinochet en Chile, con el franquismo en España, con la minoría blanca en Sudáfrica, y los ejemplos sobran.

Creo que una de tus equivocaciones es la de imaginarte que una Mesa de Diálogo es un escenario de rendición incondicional del gobierno, al que acudiría Maduro de pie juntillas y de manos atadas sólo a preguntar los términos de su renuncia, sin hacer un detenido análisis de la correlación de fuerzas que, si lo hicieras, te llevaría a admitir que aún rechazado por la inmensa mayoría, el gobierno tiene el control del poder, de casi todo el poder. Si la unidad democrática tiene el favor de la mayoría del pueblo, el régimen autoritario tiene la mayoría del poder. Si no, María Corina, ¿cómo es que no ha sido derrocado aún en medio de esta tragedia que padecemos todos los venezolanos? Su única debilidad para mantenerse en el poder es su fuente de legitimidad política que es, hasta nuevo aviso, electoral y democrática pues no llegaron al poder el 4F con las armas ni bajaron de Sierra Maestra como Fidel y sus barbudos, sino que ganaron una elección y luego muchas otras. Es entonces allí, en la exigencia de elecciones, donde las fuerzas democráticas deben focalizar su presión, comenzando por las regionales. Si el diálogo consigue llegar a ese puerto, démonos por bien servidos. Luego se verá. Luego habrá que evaluar qué capacidad se tiene, con 17 o 20 gobernaciones en manos de demócratas, para provocar los cambios políticos incluso en la presidencia de la república antes de tiempo.

Pero dices que es casi una traición admitir que Maduro llegará hasta 2019 (es decir, hasta las elecciones presidenciales de 2018). Bueno, ésa es una posibilidad, y debemos admitirla sin complejos, no tanto porque lo queramos sino porque sencillamente el chavismo tiene suficiente fuerza para que así sea. Al menos tiene más fuerza para mantenerse en el poder que la que tienen ciertos opositores que una y otra vez viven diciendo que "la transición ya empezó", que es cosa de días o semanas el cambio político, y proponiendo una fantástica "salida ya" que nunca ocurre (sin darse cuenta de cómo socavan su credibilidad, cuando se superan esos lapsos autoimpuestos y luego nada pasa).

Estoy de acuerdo contigo cuando dices: “Es hora de hablar con la verdad". Y la verdad es que sí, quizá Maduro llegue a 2018/2019. Sigamos aquel consejo de Churchill: No creemos falsas ilusiones que luego han de ser barridas por la realidad de los hechos.
Y hablando de verdades y mentiras: ¿No es al menos una exageración, María Corina, decir que ésta es la peor dictadura de toda nuestra historia? ¿Y Gómez y Pérez Jiménez?

Por cierto, hablando de dictadura, algunos, tú entre ellos, consideran que no debe hacerse ninguna concesión (como aprobar el presupuesto, según afirmas) a cambio de conseguir una fecha inamovible para las elecciones regionales pues, se argumenta, éstas son un derecho constitucional que no debe ser negociado. Es en esos momentos cuando el extremismo se contradice a sí mismo: ¿y no se dice que este régimen es una dictadura, al menos un régimen autoritario con prácticas dictatoriales, como es mi criterio? Si lo es, es decir, si ejerce el poder a su saber y entender, por encima de la Constitución y las leyes, ¿no será que está en capacidad de posponer esas elecciones, con todo y que sean constitucionales, ad infinitum? La ruda realidad es que de no acudir prestos a la Mesa de Diálogo, único lugar donde es posible lograr lo contrario, le serviremos al gobierno en bandeja de plata la posibilidad de posponer quién sabe hasta cuándo las elecciones regionales y municipales. Luego no nos quejemos. Si es una dictadura feroz, ¿es un crimen negociar y ceder aquí para obtener una conquista democrática allá? ¿No será que debemos negociar para conseguir esa fecha para unas elecciones regionales que las fuerzas democráticas necesitan como el aire? ¿No cedieron los demócratas chilenos ante el sangriento Pinochet o, en su momento, los nicaragüenses ante los sandinistas? ¿No designó Mandela a De Klerk como su primer vicepresidente? Los aleccionadores ejemplos, como te he dicho, son muchos.

Así las cosas, resulta de una torpeza inconmensurable convertir a J. L. Rodríguez Zapatero y M. Torrijos, reconocidos como facilitadores por la ONU y la OEA (nada más y nada menos) en nuestros enemigos, cuando precisamente de ellos, y del Vaticano y de L. Fernández , depende que la negociación pueda llegar a feliz término. Pero qué esperar de un radicalismo infecundo para el que ¡hasta el Papa es un enemigo!

Ojalá, María Corina, puedan serte útiles estos comentarios y reflexiones sobre ellos. A tu orden para cuando quieras que nos reunamos para debatir, entre Vente y el Foro, acerca de éstos y otros temas.


Un saludo afectuoso.


Enrique Ochoa Antich

Leer más...

jueves, 23 de febrero de 2017

José Luis Cartaya: “Lo que daña la Unidad es la cizaña del Gobierno”


sdhfddbfvdrfv

José Luis Cartaya asume la coordinación general de la MUD tras la reestructuración de la coalición y la salida de Jesús “Chúo” Torrealba. Asegura que la línea de lucha de la alianza de partidos opositores es el rescate del voto y la realización de las elecciones porque esa es la reconquista de la democracia.
Despejadas las dudas sobre quién asumiría la coordinación operativa general de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), lo que apremia ahora es el trabajo que desplegará la nueva estructura, la cual estará encabezada por José Luis Cartaya, quien está claro que el norte de la lucha es recuperar el voto a través de la celebración de elecciones.
Aunque desde hace años ejerce posiciones en la vida política del país desde la hilera opositora al Gobierno, y forma parte de la plataforma unitaria desde su  creación, aseguró en entrevista telefónica con La Verdad, que la diversidad de visiones entre los partidos que integran la MUD no es lo que daña la Unidad, sino la “cizaña” del Gobierno, por lo que ahora con un equipo más compactado, buscarán cambiar el actual régimen.
El politólogo, cuyas raíces en la política las sembró en el partido Copei, del cual su padre fue fundador, tratará de mantener una misma línea en el mensaje dentro y fuera de la Unidad, soportando sus esfuerzos en la secretaría de política, la técnica y la social que fueron diseñadas para hacer esa labor en conjunto.
– ¿Cuáles son los retos de la MUD?
– El mayor reto que tiene la Mesa de la Unidad será vincularse cada vez más con la sociedad civil, los gremios, sindicatos, estudiantes y con las minorías, los más desposeídos. Articular el trabajo de la calle de los partidos con los problemas de los ciudadanos, y buscar un cambio de gobierno lo más pronto posible.
– ¿La MUD está fortalecida con este relanzamiento?
– La MUD es una alianza de partidos que cree en la diversidad del pensamiento, que estamos en contra del partido único, del pensamiento único, creemos en la diversidad de pensamiento, porque así se hace democracia. Ahora volvemos a compactarnos en una misma línea y dirección que es la Unidad frente a la crisis que tiene el país.
– ¿Cuál será el trabajo que usted desarrollará en la MUD?
– Mi trabajo con la Unidad viene desde Ramón Guillermo Aveledo que me llamó para acompañarlo y después con Jesús “Chúo” Torrealba. Mi trabajo será articular y hacer política entre todos los partidos con un fin único, con una propuesta única, lograr que todos los partidos se mantengan unidos en la MUD.
– ¿Cuáles serán sus funciones dentro de la coordinación operativa de la MUD?
– Las funciones, de la antes secretaría ejecutiva, era la vocería de la mesa. Ahora la asumen nueve partidos políticos, con un vocero rotativo, ese es uno de los cambios con este relanzamiento. Ahora, yo en la coordinación operativa voy a trabajar para vincular y coordinar las actividades con los partidos políticos para tomar las mejores decisiones.
– ¿Cómo hará para que los intereses internos de cada partido no dañen la Unidad?
– Los partidos no dañan la Unidad, quien busca dañar la Unidad es el Gobierno, los partidos lo que hacen es plantear sus posiciones democráticas como es su deber y su derecho. Lo que daña la Unidad no es la diversidad, lo que daña la Unidad es la cizaña del Gobierno. Mientras que haya un lugar donde los partidos de la oposición se sienten a hablar, a discutir y a tomar las mejores decisiones para este país, se mantendrá la Unidad.
– ¿Cómo va a hacer la Unidad para no caer en los mismos errores que cometió el año pasado?
– Haciendo más unidad, fortaleciendo más la Unidad. 
– ¿Cuál será la forma de lucha de la oposición y cómo harán para recuperar la calle?
– Estamos empezando a coordinador la nueva estructura, terminando de coordinador el relanzamiento de lo que será la política de la Unidad para que el ciudadano tenga la certeza de que la MUD trabaja por mejorar su condición en este proceso. Nuestra línea de lucha es el rescate del voto, el rescate de las elecciones, porque ese es el rescate de la democracia, la lucha para que todos los presos políticos puedan lograr la libertad así como los exiliados puedan volver al país y acabar con la persecución política.
– ¿Qué pasará con las MUD regionales, en especial el caso del Zulia, donde la Unidad está dividida en dos mesas?
– Me comuniqué con los 24 secretarios de la Mesa de la Unidad regionales, quienes se merecen aprecio por la constancia que han tenido, mi mensaje para ellos ha sido que mantengamos el mismo ritmo de trabajo, y lo que se está terminando de ajustar es cómo hacer un espejo del reglamento, como ha sido tradición en la Mesa. Estamos dando un ajuste mínimo, porque hay un trabajo nacional que no se puede hacer a nivel regional, como por ejemplo el área internacional. Son unos detallitos para que las mesas regionales adapten su trabajo a la nueva estructura de la MUD.
– ¿Los venezolanos pueden confiar en que cuentan con una oposición que los va representar en todos los espacios sin caer en tantos errores como en 2016?
– El pueblo venezolano nunca ha desconfiado ni ha dejado de creer en la Unidad. En el 2010 la votación de la oposición fue mayoritaria aun cuando la representación parlamentaria no lo reflejó por las condiciones electorales, igual cuando no llegamos a la presidencia, pero en los comicios del 2012, 2013, 2014 y 2015 fue mayor y llegamos al 2016 con un respaldo de más de 14 millones de electores, eso evidencia, además de las encuestas, que más del 70 % confía en la política de la Unidad, casi el 90 % rechaza la del presidente Nicolás Maduro, allí se puede ver que la gente todavía no pierde la esperanza en la oposición.
– Es decir, ¿La MUD ahora sí es una alternativa democrática?
– Siempre hemos sido una alternativa democrática, y lo podemos ver en los resultados electorales.  


Perfil
José Luis Cartaya 
Nació en Barquisimeto, estado Lara
Edad: 52 años
Profesión: Politólogo
Estudió en la Universidad de los Andes 
Investigador de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB)
Profesor de la Universidad Metropolitana (Unimet) en Caracas
Fue coordinador general de la Red de Veedores
Fue secretario de la fracción parlamentaria de Copei 
Trabajó en la secretaría de la MUD, en el 2009, junto a Ramón Guillermo Aveledo y en los dos últimos años y medio con Jesús “Chúo” Torrealba  
Fue presidente de la comisión de primarias de la MUD en el 2015
Actualmente es subsecretario de la Asamblea Nacional. 
Leer más...

Adela Cortina: Para qué sirve la democracia




1463655529_173595_1464780852_noticia_normal_recorte1
 
El punto de partida de las sociedades democráticas es la existencia de desacuerdos, y parte de su tarea consiste en generar acuerdos. Según ‘The Economist’, los países escandinavos son los mejores ejemplos
Desde que en los años 2007 y 2008 empezamos a tomar conciencia de la crisis, la insatisfacción con la situación económica de nuestro país se convirtió en indignación, con motivos más que sobrados, que existían en realidad desde mucho antes. Las voces de la indignación no exigían otro régimen político, distinto a la democracia, sino todo lo contrario: pedían su realización auténtica. Nadie sugería que imagináramos otra forma de gobierno, como podría ser un despotismo ilustrado, empeñado en dar al pueblo lo que supuestamente necesita, aunque no lo sepa, sino una democracia radical.
Se habló entonces de falta de legitimidad de la política, pero equivocadamente, porque los representantes y las instituciones eran legítimos, como lo son ahora. Lo que había sufrido un serio desgaste era la credibilidad de unos y otras, lo cual no es determinante desde el punto de vista legal, pero resulta gravísimo para la vida cotidiana, porque sin confianza no funciona la democracia.
Los episodios nacionales que empezaron el 20-D no han hecho sino iniciar una nueva etapa, la del aburrimiento, la sensación de que todo está dicho y oído, la resignación ante las nuevas actuaciones y sobreactuaciones. Nos preparamos otra vez para asistir al espectáculo de las descalificaciones mutuas, los pactos en pro del puro número, el juego de los sillones, las declaraciones panfletarias o insustanciales. ¿Pero es esto la democracia? ¿Es para esto para lo que sirve?
Según dicen los textos del ramo, una sociedad democrática tiene como punto de partida la existencia en ella de desacuerdos, y parte de su tarea consiste en generar acuerdos, porque son los miembros de esa sociedad los que tienen que resolver sus problemas conjuntamente y no puede haber exclusiones. Las sociedades democráticas tienen que ser de alguna manera un sistema de cooperación.
En las totalitarias y dictatoriales, el supuesto acuerdo se impone oficialmente, y la tarea política se reduce a clausurar medios de comunicación molestos, a silenciar a los disidentes con la cárcel, el asesinato y otros medios persuasivos. Pero en las democracias este modo de proceder está desautorizado de raíz, precisamente porque los destinatarios de las leyes, los ciudadanos, tienen que ser de alguna manera sus autores, y son ellos los que tienen que encontrar los puntos comunes, directamente o a través de representantes. Para lograrlo hay en realidad tres caminos.

No existe la Verdad en política. Existe la búsqueda conjunta de lo justo y lo conveniente

Uno de ellos consiste en agudizar los desacuerdos de los que se parte, convirtiéndolos en conflictos que instauran la política amigo-enemigo, hasta asaltar los cielos y desde ellos forzar la supuesta utopía del mundo nuevo. Hace unos días, en un encuentro sobre temas políticos, uno de los intervinientes aseguró que en nuestro país la verdad ha sido secuestrada y eliminada en los últimos tiempos, y recurrió como colofón al bello proverbio de Antonio Machado: “¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla; la tuya, guárdatela”. Con lo que venía a decir que en el mundo político existe la Verdad, que en él tratamos de lo verdadero y lo falso, afirmación peligrosa si las hay porque, si es así, quienes encuentren la verdad se sienten obligados a imponerla. Como decían los viejos inquisidores, no se puede dar las mismas oportunidades a la verdad que al error. De donde se sigue que la defensa del pluralismo y la tolerancia serían papel mojado.
Pero sucede que las cuestiones políticas no se miden por parámetros de verdad y falsedad. Eso ocurre en las ciencias, que deben comprobar si sus afirmaciones se dejan validar por la realidad. En el ámbito político hablamos de legitimidad de las instituciones y de justicia de las normas. Y las decisiones acerca de lo justo y lo injusto requieren el uso público de la razón desde el respeto y la tolerancia. No existe la Verdad en política, existe la búsqueda conjunta de lo justo y lo conveniente.
Por eso, un segundo camino para generar acuerdos consiste en agregar los intereses en conflicto de modo que se satisfagan los de la mayoría, o los de la suma mayoritaria de minorías, que es lo que hay y es donde estamos; pero necesita un norte para llegar a políticas no sólo legítimas, sino también justas. Ese norte consistiría en economizar desacuerdos, en tratar de encontrar la mayor cantidad de acuerdos posible, buscando un núcleo compartido de exigencias básicas, que una sociedad democrática del siglo XXI debería satisfacer para estar a la altura de los valores sobre los que se sustenta. Los partidos que defiendan ese núcleo deberían conjugar sus esfuerzos para convertirlo en realidad, a través de pactos; y sobre todo, a través de realizaciones.

Hay que economizar desacuerdos y esforzarse para conseguir pactos y realizaciones

Y en este sentido, de la misma manera que Tocqueville viajó a América para descubrir por qué allí la democracia funcionaba mejor que en Francia y para aprender de sus mejores usos, convendría ahora dirigir la mirada hacia los países ejemplares en el quehacer democrático, hacia los que pueden servir de referentes. Según el índice de democracia, elaborado por la unidad de Inteligencia de The Economist, que pretende determinar el rango de democracia de 167 países, en los últimos años son países escandinavos los que figuran a la cabeza de la clasificación, especialmente Noruega. ¿Las razones de esa buena situación? Fundamentalmente, unas instituciones públicas sólidas, una cultura basada en la confianza, baja desigualdad, buenos servicios públicos financiados con impuestos, un sistema de bienestar social que nivela desigualdades, y un índice elevado de participación política. Resulta interesante comprobar que Suiza, dotada de estructuras sumamente participativas, no encabeza el índice de consolidación democrática, entre otras cosas porque los resultados de las consultas populares en ocasiones son antidemocráticos.
Este es el sueño europeo de la socialdemocracia, que en España está en franco retroceso por el empobrecimiento de parte de la población, que ha reducido las clases medias en 3,5 millones de personas, según datos del estudio que el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas y la Fundación del BBVA han dado a conocer. Lo cual es malo por sí mismo, pero también porque el funcionamiento de la democracia exige igualación. Si a esto se añade que el núcleo de la socialdemocracia no es para España y para la Unión Europea un simple sueño, sino un compromiso, encarnarlo en la vida política es lo que nos corresponde.
 
Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, y directora de la Fundación ÉTNOR.

Leer más...
ZAPATERO Y EL ALCALDE CAUTIVO

IBSEN MARTINEZ

La Alcaldía Mayor de Caracas fue creada en 2000 por la Asamblea Constituyente con jurisdicción sobre el llamado Distrito Metropolitano de Caracas. El primer Alcalde Metropolitano chavista tomó posesión en Termidor del Annum II de la Revolución Bolivariana. Para 2009 ya había abandonado el país y era buscado activamente por Interpol por malversación de fondos. Murió en el exilio.
Su sucesor en el cargo fue otro chavista, electo en 2004 y quien al final del mandato de cuatro años fue imputado ante el Ministerio Público, también por corrupción, ¿qué cosa, no? Que se sepa, no ha prosperado juicio alguno y, así, este exalcalde es hoy un alma en pena que anda suelta por ahí, en plan “disidente” y francotirador.
Con lo que llegamos al alcalde cautivo, Antonio Ledezma. Su caso ejemplariza los métodos con que el chavismo logró ganar numerosas elecciones democráticas, solo para minar, envilecer y, en últimas, destruir las instituciones republicanas.
Ledezma, veterano congresista socialdemócrata que alcanzó a ser el Senador más joven del Parlamento bicameral borrado del mapa en 1999 por la Constitución Bolivariana, fue dos veces Gobernador del desaparecido Distrito Federal, y en otras dos, alcalde del populoso municipio caraqueño Libertador. Cumplió toda esta brillante hoja de servicios en lo que podríamos llamar el ancien regime.
En 2008 se disputaron de nuevo las elecciones regionales en las que los candidatos del dedazo de Chávez recibieron un verdadero varapalo a manos de las fuerzas opositoras y su estrategia de unidad.
Los cinco Estados donde ganó la oposición concentran más de la mitad de la población del país, la mayor parte de la industria petrolera y el grueso de la actividad industrial del país. Pero el resultado de mayores consecuencias políticas fue, sin duda, el triunfo de la oposición en la zona capital, al alzarse con la Alcaldía Mayor de Caracas y con la gobernación del vecino Estado de Miranda, uno de cuyos municipios, el de Sucre, forma parte de la zona metropolitana de Caracas y es el más poblado del país, con más de millón y medio de habitantes.
¿Qué hizo Chávez ante esa derrota? Algo que todavía no ha dejado de ser la estrategia del chavismo ante cada derrota electoral: desconocerla y despojar a la entidad opositora de todas sus atribuciones y, muy especialmente, del dinero.
Fue así como el Alcalde Mayor más votado en tiempo chavistas se vio de manos atadas cuando, característicamente, Chávez ignoró el triunfo de Ledezma y, entre gallos y media noche, mientras Ledezma se declaraba en huelga de hambre ante la sede local de la OEA (Organización de Estados Americanos), los áulicos de Chávez sacaron de la chistera una Autoridad Única del Distrito Capital. Algo parecido fue dispuesto para disminuir las potestades del Gobernador Henrique Capriles: le fue nombrado una especie de gauleiter, un “protector regional” cuya misión es embarazar la gestión de líder opositor.
Despojado a la brava de su investidura, imposibilitado hasta de ocupar la sede de la Alcaldía Mayor, Ledezma vio llegar las nuevas elecciones regionales de 2013 y las ganó con mayor número de votos que la vez anterior. De nuevo fue desconocido. Dos años más tarde, los esbirros bolivarianos apresaron a Ledezma y le acusaron de ¡fraguar un magnicidio!, el duodécimo que denuncia Maduro. Desde entonces se halla privado de libertad, sin cargos verosímiles ni debido proceso.
Junto a Leopoldo López, Ledezma es el preso político más conspicuo cuya libertad exigimos los demócratas, junto con la de más de un centenar de prisioneros políticos.Pero ¡a no desesperar!, el señor Rodríguez Zapatero se encuentra de nuevo en Caracas para promover el diálogo.

Leer más...

miércoles, 22 de febrero de 2017


Ecuador: la importancia del voto y de las Fuerzas Armadas





Trino Marquez

A lo largo de diez años Rafael Correa trató de construir un régimen personalista y autoritario para controlar todos los poderes públicos y sectores de la vida nacional fundamentales, entre ellos los medios de comunicación. Los ataques y amenazas a la prensa han sido constantes durante su mandato. En 2010 abortó un supuesto golpe de Estado, encabezado por la Policía Nacional, cuyo verdadero fin parecía proveerse de una justificación que le permitiera alcanzar el liderazgo indiscutible dentro de las Fuerzas Armadas y el resto del país. Luego de muchas idas y venidas, y sobre todo luego de que su popularidad y aceptación mermaran, renunció a impulsar una reforma constitucional que le autorizara presentarse como candidato para las elecciones presidenciales del pasado 19 de febrero. A cambio optó por respaldar a Lenín Moreno, aspirante de Alianza PAIS, movimiento político creado por el propio Correa.

        Para concurrir a estos comicios asegurando la continuidad de su poder, Correa intentó blindar los resultados colocando en el Consejo Nacional Electoral (CNE) a algunos de sus incondicionales. Durante la campaña electoral el candidato oficialista aparecía con una clara ventaja sobre el resto de los aspirantes. La oposición ecuatoriana no se aglutinó en torno de una formula unitaria, sino que corrió el enorme riesgo de ir a esa consulta dividida. El sistema electoral establece que para que el candidato ganador obtenga la Presidencia de la República en la primera vuelta, debe obtener al menos 40% del total de los votos emitidos y sacarle a su inmediato competidor no menos de diez puntos porcentuales. Durante las semanas finales de la contienda comenzó a perfilarse que Guillermo Lasso, principal representante opositor, obtendría una sólida votación y que sería muy difícil para Moreno ser proclamado Presidente en la primera ronda.

        El 19 de febrero ocurrió lo que los sondeos de opinión habían pronosticado: Moreno, aunque resultó ganador con 38%, no obtuvo la victoria rotunda; Lasso se colocó segundo y a menos de diez puntos porcentuales. Comenzaron entonces las maniobras del CNE. Su presidente, Juan Pablo Pozo, declaró que había 5% de actas con inconsistencias numéricas y, por lo tanto, que el organismo no podía dar resultados definitivos hasta que se tuviese el total de las actas escrutadas. En el ambiente ventajista que había caracterizado la campaña, aquella declaración se entendió como una señal de que el Gobierno preparaba un fraude para favorecer a Lenín Moreno.

        La oposición a Correa, que aunque dividida constituye la mayoría del país, decidió movilizarse hasta las sedes del órgano electoral en Quito, Guayaquil y otras ciudades ecuatorianas. La tensión fue aumentando. El clima se enrareció. Se vio claro que el Gobierno sólo podría imponer el fraude si reprimía las concentraciones populares en defensa del voto opositor.

        En este momento intervienen las Fuerzas Armadas. El general de división, Luis Castro A., comandante general del Ejército, se dirige al  teniente general César Marizalde P., jefe del Comando Conjunto de las FF.AA.,  para proponerle que convoque una reunión de urgencia del Comando con el fin de analizar la situación nacional y, de ser necesario, emitir un pronunciamiento de la institución con el fin de “garantizar el bienestar y la convivencia pacífica y democrática en el país”. El documento en cuestión, que ha circulado ampliamente por las redes, iba dirigido con copia a los comandantes de las otras fuerzas. Este comportamiento institucional de los militares acabó con las pretensiones del CNE ecuatoriano. El día martes 21 de febrero, Pozo señaló que, a pesar de que no se había contabilizado la totalidad de las actas, ya existía una “tendencia marcada que no podrá cambiar”, que aseguraba la realización de la segunda vuelta. El pueblo en la calle y el apego de los militares a la Constitución obligó a retroceder al autócrata de Ecuador. Las FF.AA., colocadas ante la disyuntiva de ser cómplices de la estafa y reprimir a los ciudadanos, o colocarse del lado de la Constitución, escogieron esta última opción

        No se sabe quién ganará la segunda vuelta, que será en abril. Por ahora sólo se conoce que  Cyntia Viteri, quien obtuvo casi 17% de los sufragios, apoyará a Lasso, y que la alternativa al correísmo, no obstante su insensatez inicial (unida habría ganado la Presidencia en la primera jornada), puede anotarse el triunfo en la próxima cita.   

        Quienes no creen en la salida electoral para Venezuela, deben aprender de lo ocurrido en el país meridional. Los procesos electorales suelen desencadenar cambios fundamentales. Aquí la prioridad reside en exigir elecciones de gobernadores ya.

        @trinomarquezc



Leer más...