jueves, 27 de julio de 2017

30-J: se cierra un ciclo, se abre otro


TRINO MARQUEZ

Escribo estas líneas en un momento en el cual parecen liquidadas todas las posibilidades de suspender la elección de la constituyente comunal convocada por Nicolás Maduro para el domingo 30 de julio. Da la impresión de haberse impuesto la línea más dura, guerrerista, militarista y obtusa, cuya cabeza -o mazo, para hablar con mayor precisión- es el teniente Diosdado Cabello. De nada sirvieron la movilización de millones de venezolanos en la jornada épica del 16 de julio, las gigantescas marchas y protestas durante varios meses, y el asesinato de más de un centenar de venezolanos, la mayoría jóvenes, que han demostrado su rechazo a la constituyente fraudulenta. El régimen decidió imponerla contra viento y marea,  afincado en el poder que le confieren las tanquetas y los abyectos integrantes del TSJ y el CNE. Diez por ciento de los venezolanos resolvieron pasarle la aplanadora al otro noventa por ciento, al mejor estilo estalinista, o fidelista, para tropicalizar el atropello.
            El domingo 30 de julio se cierra un ciclo de luchas y se abre otro, más dramático y aún más decisivo. Hasta esta fecha podríamos decir que la confrontación al régimen militar cívico presidido por Maduro, a pesar de haber sido violento, se ha mantenido dentro de los límites de la democracia republicana. Las protestas han contado con el apoyo de nuestros diputados en la Asamblea Nacional y, desde hace algunos meses, de la fiscal general Luisa Ortega Díaz, de los partidos de oposición, el compromiso de los rectores, gremios estudiantes de las universidades autónomas, el respaldo de los gobernadores, alcaldes, diputados regionales y concejales democráticos,  la neutralidad o el sostén tímido de los dueños de las grandes televisoras nacionales y la difusión masiva de las informaciones a través de las redes.
            Este cuadro podría transformarse rápidamente a partir del momento en el cual se instale la asamblea constituyente originaria. Siendo el objetivo principal de Maduro, Cabello y compañía crear las condiciones que les permitan perpetuarse en el poder sin ninguna clase de contrapeso, todas las instituciones públicas o privadas que puedan obstaculizar o supervisar el poder omnímodo del madurismo-diosdadismo, estarán en un grave peligro. La lucha será contra el totalitarismo desenfrenado. Las órdenes de captura contra Gustavo Marcano y Ramón Muchacho, dos alcaldes opositores, revelan que el futuro comenzó ya.
La asamblea constituyente cerrará la Asamblea Nacional y destituirá a la Fiscal General, les pondrá enormes obstáculos al funcionamiento de los partidos políticos, sindicatos, gremios y federaciones independientes; acabará o desdibujará, hasta prostituirlas, las figura de los gobernadores, alcaldes, diputados regionales y concejales; las gobernaciones y alcaldía, si es que subsisten, se convertirán en apéndices de los consejos comunales o de las organizaciones que surjan de ese bazar; la autonomía universitaria quedará restringida, de modo que el gobierno pueda intervenir directamente en la elección de sus autoridades. Ya lanzaron un globo de ensayo con la designación del Vicerrector Administrativo de la USB, un militarote que a lo mejor no conoce ni el campus de esa hermosa universidad. Los medios de comunicación quedarán aún más sometidos al control de Conatel y las cadenas atormentarán todavía más la precaria vida de los venezolanos. El gobierno desplegará todos los esfuerzos necesarios -como en China, Cuba y los demás países totalitarios- para limitar el uso de internet; la autopista de la información podría transformarse en un camino vecinal donde circulan a placer los amos del poder.
Algunos podrán pensar que me he vuelo orwelliano y que proyecto una distopía, pero, ¿cómo no imaginarse este cuadro tan negativo si lo único que le interesa al régimen es engraparse al poder y no aflojarlo jamás, a pesar de que el proyecto socialista fracasó  y de que representa una minoría desprestigiada internacionalmente y despreciada aquí en Venezuela? Si los dirigentes del gobierno creyesen y practicasen la democracia y la alternancia que le es intrínseca, jamás habrían organizado un bodrio como la constituyente, que le arrebata la soberanía al pueblo y viola el sufragio universal, directo y secreto.
Desde el 30 de julio en adelante la oposición tendrá que reforzar su presencia en los sectores populares, enraizarse en las organizaciones de la sociedad civil, obligadas a batirse por su supervivencia. Los partidos, legales o no, habrán de formar tejidos muy firmes con el movimiento sindical, gremial, empresarial, estudiantil y social, en general, para tratar de impedir que la dictadura fidelista se reproduzca en nuestra nación, bajo los rostros de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Tarek el Aisami y Vladimir Padrino López. Estos personajes no darán tregua. Intentarán  cerrar todos los espacios donde se ejercita la democracia; apelarán a la represión abierta o encubierta, según les convenga, con el Sebin, el ejército la GNB o los paramilitares. Sin Fiscalía y con un Defensor del Pueblo complaciente con la tiranía, podrán reprimir cuanto quieran.
Los tiempos que vienen serán muy duros. Las estrategias y líneas de acción de los demócratas habrá que redefinirlas. Si sabemos rehacernos, podremos derrotar la dictadura en un plazo relativamente corto. El gobierno tendrá que lidiar con una crisis económica feroz, un pueblo indignado que lo detesta y una comunidad internacional que lo presionará por múltiple flancos para que retorne al camino democrático.

@trinomarquezc 

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¡A SABLAZO LIMPIO!
                                                                                    Enrique Viloria Vera

Recurro una vez más al DRAE a fin de tener certeza del significado de términos y vocablos de nuestro rico idioma español, leo que una de las acepciones de sablazo es el acto de sacar dinero a alguien, pidiéndolo, por lo general, con habilidad e insistencia, y sin intención de devolverlo.
Acertada definición, muy aplicable a lo que los cabecillas de la Revolución bolivariana han hecho con el erario nacional, con el Tesoro Público, convertidos en un verdadero botín, en una rebatiña de dólares que luego depositan sin ningún rubor en sendas y buchonas cuentas en Andorra, Suiza, Libia o en paraísos fiscales, a nombre propio o de complacientes e interesados testaferros.
¡Nos han sableado! A plena conciencia, agavillados, indolente e impunemente, despacito, despacito, han dejado las arcas nacionales exhaustas, las reservas internacionales en límites de país en quiebra, progresivamente y con saña con mucha saña, han derruido el país, colocándolo a nivel de las naciones menos afortunadas del mundo.
En medio de nuestras locuras bolivarianas, de los desvaríos de El Robusto Guasón, de las paradojas socialistas, resulta que vivimos en un país bizarro, donde el mérito tiene visos de insensatez y todo se concibe al revés. Se premia al que roba, al que reprime, al que se asocia con pranes y delincuentes, al que malversa, al que prevarica, al que se enriquece con jugosas comisiones, al que roba descaradamente, al que insulta, al que tortura, al que adula y jala bolas y galones, al que es ineficiente y conduce a la empresa pública bajo su mando a la bancarrota, al que regala El Esequibo, al que prohíbe mencionar en vano el sagrado nombre de El Supremo, en fin, al asesino, al delincuente, al corrupto, al enchufado y al cómplice.
En un acto televisivo, de esos que generan náuseas y vómitos, El Bailarín Mayor de la comarca socialista del siglo XXI, aparece -  papeado y burlón - premiando a los castigados por El Imperio, entregándoles una réplica de la espada de El Libertador que los beneficiados y beneficiadas agitan aguerridamente reclamando venganza en nombre del Comandante Eterno, semejan más a un jenízaro, a un combatiente de la Yihad socialista dispuesto a entregar su vida a nombre del proceso, aunque - a la hora de las chiquitas -, saldrán corriendo a refugiarse en las embajadas de los países que  han chuleado al nuestro.
Si antes nos sableaban diariamente en nombre de Bolívar, ahora con la espada de El Libertador empuñada en nombre de la revolución, debemos poner la cartera en sitio seguro, y prescindir de tarjetas de crédito, joyas, celulares, tabletas y no alardear de lo poco que se pudo comprar en el mercado o en la farmacia, y sobre todo no sacar los carros a la calle.

 ¡QUÉ DIOS NOS COJA CONFESADOS!
 ¡BOLÍVAR: NO LOS PERDONES, QUE SÍ SABEN LO QUE ROBAN!       

     



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miércoles, 26 de julio de 2017


EL PAÍS COMO HERIDA
ANA TERESA TORRES

¿Pero qué puede el sol en un pueblo tan triste?
Virgilio Piñera, La isla en peso
Muchas cosas han cambiado en este tiempo. Sobre todo, la gente, las necesidades, los miedos, las heridas. Quizás también las ideas. Y los liderazgos, los objetivos políticos, la visión de Venezuela. En la ya casi remota era Chávez nos inundaba un imaginario utópico en el que, desde el gasoducto del sur hasta el satélite chino, la revolución nos llevaría más allá del porvenir. En la era Maduro las metas se han minimizado y pareciera que el logro más rotundo sería entregar un Clap mensual a cada familia revolucionaria, es decir, provista de su carnet de la patria. Es como si el país se hubiera redimensionado desde las proporciones gigantes de la imaginación a la miseria mínima del hambre y la escasez. Para aquellos que pusieron su fe y su confianza en la revolución bolivariana el golpe ha debido ser sorprendente y muy duro. Para quienes siempre vimos con pesar lo que estaba ocurriendo hay menos asombro, pero igual duele. El tiempo ha hecho su trabajo y muchos de los que empezaron esta lucha ya no están, o tuvieron que irse lejos, o simplemente fueron relevados por otros, y una, o quizás dos, generaciones de venezolanos nacieron en este trance. Así que nosotros, los que hemos sido agonistas y antagonistas, testigos y víctimas de esta tragedia, tampoco somos los mismos. Vemos un nuevo paisaje. Es lo que tiene el tiempo, coloca las cosas en su lugar.
Inicialmente los opositores nos dedicábamos a combatir la ideología del régimen, ahora es perder el tiempo. Ahora el problema no es ideológico. Es decir, lo es, pero en una medida insignificante, o si se quiere, en un plano diferente al que ocupan las circunstancias. Ni siquiera la banda delictual que rige al país se preocupa ya demasiado por la ideología; su problema es permanecer en el poder. Y para Venezuela el problema, aquí y ahora, es la supervivencia de la nación, de su población, de su Estado. Ya sé que todo pasa por la democracia, pero de momento estamos en lamaldita circunstancia que decía Virgilio Piñera: “Un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios… sintiendo como el agua lo rodea por todas partes”.
Y, no sé cómo llamarlo, la gente, las personas, los venezolanos, aunque no estamos rodeados de agua como en la isla de Piñera, sino que más bien el peso de la isla ha caído sobre nosotros, y aunque él escribiera ese poema tantísimos años antes de la maldita circunstancia, ahora no geográfica sino humana, estamos también rodeados de agua por todas partes, es decir, sintiendo (¿presintiendo?) el naufragio. Por si acaso queda la duda, no es que yo no pueda medir y celebrar el triunfo ciudadano del 16J, e incluso el acuerdo de gobernabilidad del 19J, sino que, por ese mismo triunfo, y por esas mismas razones, siento el peso en la mano del jugador que tira su última carta. Ah, que en la historia no hay últimas cartas. Aquí vuelve la maldita circunstancia, y es que en la vida sí hay últimas cartas. Estoy pensando en los testimonios del pueblo que se hace y se deshace; en los jóvenes, escuderos o no, que miran su futuro y solo ven agua por todas partes; en los niños a los que les tocó la maldita circunstancia de que no hubiera comida para ellos; en los enfermos que, maldita circunstancia, no tendrán salvación; en tantas familias que creyeron en una revolución traidora y ahora vivirán la circunstancia maldita de tener que separarse, cerrar sus negocios, y hasta abandonar sus perros. En los amigos que se han ido y que tanta falta nos hacen y le hacen al país. En los que cruzan a pie las fronteras. Mientras tanto ya sé que es necesaria la devolución de la democracia (por favor, no es preciso que me lo recuerden), pero mientras tanto, insisto, la vida sigue corriendo, y me quiero detener un instante en su velocidad.
En el paisaje que yo veo, escucho, leo, el signo común es la herida. El grito de los heridos, de los hirientes. Un signo doliente de muchas caras, de distintos ángulos. El grito ahogado del miedo. Creía solo haber vivido guerras de cine y libros, pero esto que veo ahora me hace pensar que quizás las guerras no son todas iguales y que esta, la que ocurre hoy en Venezuela, es una de ellas con sus propias modalidades y matices. Que la clase media se vea acosada por asaltantes que incendian, saquean y disparan contra los edificios residenciales, es como en las guerras ¿no? Que en los barrios populares falte la más elemental alimentación, además del acoso armado, también se parece ¿no? Que en el hospital Vargas de Caracas se acabe el oxígeno, que en el Hospital de Niños J.M. de los Ríos, los niños se mueran por infección hospitalaria, que las cifras de mortalidad neonatal y materna sean impublicables, que en algunos centros de salud hayan sido lanzadas bombas toxicas, que el hospital de la Cruz Roja de Caracas se viera en la necesidad de desplegar su bandera cuando las fuerzas represoras asolaban la parroquia de La Candelaria; que todos los días alguien va preso por traición a la patria y es sometido a tribunales militares sin derecho a defensa; en fin, estos ejemplos, y todos los que el lector quiera añadir, son como para preguntarse ¿en qué guerra estamos? Para abreviar diría que en una en la que en 90 días la represión armada de militares y paramiltares, ha ocasionado 92 muertes, de las cuales 67 fueron asesinatos directos. Bajas por desnutrición e inasistencia médica son por ahora incuantificables.
Así que a la pregunta de dónde estamos, la respuesta es que estamos en el ojo de mira de una banda cívico-militar dispuesta a dejar tierra arrasada con tal de quedarse en el poder; por cierto, este no es un rasgo común a todas las dictaduras, es así en algunas, como en esta que vivimos. Esta es una guerra en la que un bando minoritario, convertido en banda, mantiene el poder de las armas y la renta petrolera, así sea menguada, y perdido todo soporte ideológico y moral, despliega su lucha a muerte contra el bando mayoritario, que es toda la población y que tiene prácticamente nada. Y como ocurre en las guerras, se abre el fantasma de la negociación. Hay opiniones para todos los gustos; desde los pronegociación hasta los que prefieren morir de pie. En este tema, que además me parece propio de expertos porque negociar este tipo de conflicto no es para opinadores, me siento perdida. Hay días en que me digo, al enemigo ni agua; y días en que tengo ganas de sacar una bandera blanca con las manos en alto. Pero estoy segura, quiero asegurarme, de que contamos con personas capaces de presentar alternativas de negociación que sobrepasen la reunidera de viejos zorros, y piensen en el país que vive esta maldita circunstancia.

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"LOS REVOLUCIONARIOS NO PACTAN"
Aníbal Romero

La frase es de Hugo Chávez. La pronunció en 1999 con motivo de la convocatoria a la asamblea constituyente de ese año y la hallé citada en el más reciente estudio de Juan Carlos Rey, distinguido politólogo venezolano, titulado “La Constitución sirve para todo”. Chávez dijo esto: “Nada de consensos ni de acuerdos con los demás. Los revolucionarios no pactan”. Esta admonición podría tomarse como hilo conductor del ensayo de Rey, cuyo tema central es el proceso que ha conducido a la convocatoria, vigente hasta el momento en que escribo estas líneas, de otra asamblea constituyente en 2017. Lo que durante estos días experimentamos los venezolanos hunde sus raíces en 1999 y continúa hasta el presente. La constituyente de 2017, de concretarse, sería punto culminante de la ruta iniciada por Chávez y conducida por sus sucesores hasta el borde del abismo.
Rey expone, entre otros, los siguientes planteamientos, que resumo en apretada síntesis:
En primer lugar, y desde 1999, la Constitución significaba para Chávez la instauración de una especie de revolución permanente, encabezada e impuesta con los medios necesarios por la dirigencia revolucionaria. La Constitución chavista no fue concebida, a la manera de la carta fundamental de 1961, como un pacto o contrato destinado a conciliar intereses diversos y forjar compromisos en una sociedad pluralista, sino como herramienta de transformación radical.
En segundo lugar, para Chávez y sus seguidores el poder constituyente del pueblo, encarnado en la voluntad de sus guías revolucionarios, debe estar siempre listo para ser activado. Dicho poder es por consiguiente un principio subordinado a la decisión de los que controlan el proyecto revolucionario, a ser usado cuando las exigencias de la revolución lo demanden y no cuando la voluntad popular le dé aliento.
En tercer lugar, y a pesar de las amenazas de Chávez, la Constitución de 1999 no alcanzó el poder total que se deseaba, pues las condiciones del momento no lo permitían. Si bien fue aprobada por 68,5% de votantes, estos solo representaban 30,2% de todos los inscritos en el registro electoral. Y aunque parezca sorprendente, el propio Fidel Castro se encargó de explicar a los más exaltados y radicales de ese tiempo, que la aplicación a rajatabla del modelo cubano de socialismo no era coyunturalmente pertinente en una Venezuela que eligió a Chávez con base en otras perspectivas.
En cuarto lugar, habiendo aseverado en numerosas ocasiones que la Constitución de 1999 era la mejor del mundo y debía durar doscientos años, ya en 2007, sin embargo, Chávez pidió que se llevase a cabo una reforma “integral y profunda” de ella. Su objetivo era producir un texto que despejase la vía al denominado socialismo del siglo XXI.
En quinto lugar, haciendo caso omiso al rechazo que su reforma a la Constitución de 1999 recibió por parte del electorado, en el referéndum de 2007, Chávez y sus herederos optaron por seguir adelante y cerrar el círculo de la dictadura, con el empleo de leyes especiales habilitantes y decisiones arbitrarias, apalancadas en el abuso de poder.
En sexto lugar, la asamblea constituyente de 2017 configuraría el clímax de un rumbo que ha combinado un crudo realismo político, de un lado, con el empuje delirante de la utopía revolucionaria latinoamericana, utopía que ha formado parte el desarrollo histórico del régimen chavista y de la trayectoria de su caudillo y sucesores.
He intentado hacer justicia al estudio de Rey; no obstante, sugiero a los lectores interesados que acudan al texto completo, publicado en la edición XIII de la excelente Revista Electrónica de Investigación y Asesoría de la Asamblea Nacional de Venezuela (www.estudiosconstitucionales.com). El ensayo también se encuentra publicado en el muy útil blog del autor (https://ucv.academia.edu/JuanCarlosRey).
Deseo añadir algunos comentarios personales a partir del análisis de Rey, sin que mis reflexiones le comprometan en modo alguno, abordando estas interrogantes: ¿Por qué una asamblea constituyente ahora y no antes o más tarde? ¿Es la decisión del régimen sobre la constituyente un síntoma de fortaleza o debilidad? ¿Qué pretenden lograr Maduro, sus jefes cubanos y sus aliados militares y civiles, y qué pueden estar vislumbrando como resultado de un ejercicio que conlleva el más elevado riesgo político? Por último: ¿podría el régimen a estas alturas retirar la constituyente, y a cambio de qué?
Maduro y sus jefes cubanos han convocado la constituyente ahora debido a su temor a que la colonia venezolana se pierda para siempre, como consecuencia de la crisis política interna, del desastre humanitario, del crecimiento de la oposición y el resquebrajamiento del régimen. La voz de alarma fue elevada por el triunfo opositor en las elecciones de la Asamblea Nacional en diciembre de 2015. El forcejeo institucional y la reacción popular ante el caos existente, detonaron en La Habana y Caracas la iniciativa de la constituyente, asumiendo sus peligros.
Se trata por tanto de un síntoma de debilidad y no de fortaleza. Para los amos cubanos de la revolución bolivariana el juego de la ambigüedad, sostenido desde 1999 y hasta este año, era aceptable. Su colonia venezolana no es principalmente un trofeo ideológico sino una vital fuente de sostén económico para los veteranos comunistas en Cuba, que han disfrutado del suministro de recursos de parte de sus subalternos sin hacer estallar una crisis geopolítica regional. Barack Obama y el papa Francisco de visita en La Habana, y Maduro mandando en Venezuela al mismo tiempo, constituía un arreglo con el que Raúl Castro y su junta de militares podían vivir. No obstante, la crisis interna les está forzando la mano.
En función de lo anterior, recuerdo a los que se oponen a unas todavía conjeturales sanciones de Washington, que a la causa de la liberación de nuestro país no le conviene la estabilidad sino la confrontación regional, y mientras más intensa mejor.
Los jefes cubanos de Maduro no asumen la constituyente como una salida deseable sino como una alternativa generada por asfixiantes circunstancias. En Venezuela murió el mito de la revolución bolivariana, ya nadie cree que el tal socialismo del siglo XXI puede traer algo positivo al país, se ha roto la unidad de lo que los marxistas llaman “el bloque en el poder” como consecuencia de las fracturas del chavismo y el pueblo perdió el miedo. A medida que se acumulan muertos, heridos y presos políticos, crece la decisión de los venezolanos de no dar marcha atrás.
Presumo que los jefes cubanos de la revolución bolivariana y sus subordinados esperan que la represión ejercida sin miramientos desembocará en la instalación definitiva en Venezuela del modelo de control totalitario bajo mando militar que impera en Cuba. Sin caer en un optimismo ingenuo, lo dificulto. El fin de la ambigüedad, la masiva protesta popular y el cambio en el marco geopolítico regional convierten la constituyente cubana de Maduro en un osado albur, una temeridad, una ruleta rusa, en lugar de ser una medida táctica realizada con el pulso y visión que caracterizan una estrategia exitosa.
Como los revolucionarios no pactan, no habrá a mi parecer negociación posible que permita a la oposición, en el supuesto de que lo buscase, entenderse con un régimen que el pueblo venezolano ya condenó a su terminación. A menos que una vez más una parte de la dirigencia opositora pierda de vista que una retirada táctica del régimen solo tendría lugar para recuperar fuerzas, y luego reanudar el camino de costumbre. “Los revolucionarios no pactan”, pero no son estúpidos. Si la oposición venezolana lanza a Raúl Castro y Maduro una nueva tabla de salvación, la tomarán. No pactarán, pero se aferrarán a una tregua.
En ese orden de ideas, es de interés analizar lo que acontece en Venezuela bajo el chavismo como una guerra de desgaste. Son casi dos décadas de luchas, que ciertamente no se enmarcan dentro del concepto de “guerra de decisión rápida”, sino que más bien asemejan el caso venezolano, como analogía, a situaciones que conocemos por obras literarias e históricas como la guerra de Troya, la Primera Guerra Mundial y el combate por la libertad del pueblo polaco frente al comunismo. Todos estos, con sus peculiaridades, fueron casos de “guerras de desgaste”.
En estas tres instancias y otras similares, un factor externo a la narrativa hasta entonces prevaleciente condujo la confrontación a un desenlace decisivo: el Caballo de Troya, la invención del tanque de guerra y su uso en el frente occidental en Francia en 1918, y la intervención del papa polaco Juan Pablo II y su entrega a la causa de la libertad.
Cabe preguntarse qué factor novedoso desempeñará un papel en la crisis venezolana, o si tal vez la constituyente cubana es el Caballo de Troya que, paradójicamente y como hicieron los troyanos, el propio régimen ha introducido dentro de sus agrietadas murallas, creando las condiciones para su derrumbe final. ¿Se han percatado de ello Castro y Maduro? ¿Negociarán el retiro de la constituyente a cambio de otra tregua? ¿La admitirá la oposición?
www.anibalromero.net

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Leopoldo López insta a «contener la fuerza» para acabar pacíficamente con «la amenaza de la Constituyente»

EP
ABC

El dirigente opositor venezolano Leopoldo López ha instado al pueblo venezolano a«contener la fuerza con acciones de lucha pacífica organizada» para hacer frente a «la amenaza de la Constituyente de Nicolás Maduro», un proyecto que tomará forma este domingo mediante la celebración de elecciones para elegir a 537 de sus 547 integrantes.
La amenaza de la Constituyente «busca, lo primero, aniquilar la República y el Estado democrático y, lo segundo, la sumisión absoluta del pueblo venezolano», ha indicado López en un vídeo difundido a través de su cuenta de Twitter.
«Venezuela, estamos ante una amenaza muy clara por parte de Nicolás Maduro y quienes lo acompañan con el proyecto de la Constituyente», ha manifestado. «No lo van a lograr por la convicción y la fuerza que tiene cada uno de ustedes. Tenemos que contener esa fuerza para conquistar la democracia, la paz y la libertad para todos los venezolanos», ha aseverado.
López, que permaneció tres años y medio encarcelado en la prisión de Ramo Verde tras ser condenado a 14 años de cárcel por incitar a la violencia en las protestas antigubernamentales de 2014, ha agradecido «todo el cariño del pueblo de Venezuela», así como «su sinceridad».
Asimismo, ha destacado la labor de la comunidad internacional, que «se ha solidarizado con los presos políticos y se ha pronunciado por la causa de la libertad y la democracia que piden millones de venezolanos».
«Quiero mandar un mensaje muy claro a todos los funcionarios sobre sus obligaciones de cumplir la Constitución y no ser parte de un proyecto de aniquilación», ha señalado López, que ha destacado que el las Fuerzas Armadas de Venezuela «contarán con el respaldo de la Constitución, del pueblo y de las leyes» si deciden colaborar en la desactivación de la Venezuela de Maduro.
«No mancillen la integridad de las Fuerzas Armadas haciéndose cómplices de la República que juraron defender», ha añadido el líder opositor, que fue puesto en libertad a principios de julio y se encuentra bajo arresto domiciliario, una medida que en el país se conoce como «casa por cárcel».
«Durante mi tiempo en prisión sufrí humillaciones y tratos crueles. Sin embargo, nunca perdí la fe ni la esperanza en la más profunda razón de ser de la lucha que llevamos a cabo», ha afirmado.

Paro de dos días

En relación con la huelga de dos días convocada para este miércoles por la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en un intento más por frenar las elecciones para la formación de una Asamblea Nacional Constituyente, López ha reafirmado que «la lucha que comenzó en las calles y que continuará en las calles debe mantenerse hasta que se conquiste la libertad, la democracia y la paz» en el país.
«La única forma de fijar el cambio que buscamos, el bienestar y el progreso, es si cada uno nos incorporamos de manera activa en este esfuerzo», ha explicado. «Los trabajadores y el pueblo organizado han convocado una huelga de 48 horas. Yo quiero sumarme de manera convencida, activa, a ese llamado que ha hecho el sector de los trabajadores comprometidos con la democracia», ha dicho.
La tensión política en Venezuela alcanzó un nuevo pico el pasado marzo, cuando el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) despojó de sus poderes a la Asamblea Nacional --controlada por la oposición desde 2016-- y dejó sin inmunidad parlamentaria a los diputados.
El Gobierno de Nicolás Maduro ordenó dar marcha atrás en ambas decisiones, algo que el TSJ cumplió, pero la oposición y la Organización de Estados Americanos (OEA) consideran que se ha producido una «ruptura del orden constitucional» que requiere elecciones anticipadas.
Desde entonces, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) no ha dejado de convocarmanifestaciones multitudinarias que han acabado en duros enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. La oposición venezolana, por su parte, convocó una consulta sobre la Asamblea Constituyente.

«El 16 de julio tuvo lugar una manifestación de esta lucha incansable, cuando en una consulta ciudadana pacífica, apegados a los artículos 333 y 350 de la Constitución salimos millones de venezolanos a votar para desconocer el proyecto de imposición y desmantelamiento de la República y para recomponer y restablecer los poderes públicos», ha dicho López.


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DISCURSO DE EDUARDO FERNANDEZ SOBRE UNIDAD NACIONAL


Me dirijo a todos mis compatriotas en esta hora tan crítica de Venezuela.
Hablo en nombre de la Fundación Alberto Adriani que preside el doctor Román José Duque Corredor, en nombre de la Fundación Punto de Encuentro que preside Rafael Simón Jiménez y en nombre de la Fundación Arístides Calvani, IFEDEC, que tengo el honor de presidir.
Las políticas equivocadas del gobierno y el clima de polarización que esas políticas han generado amenazan seriamente la paz de la República y el bienestar de los venezolanos.
La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente en contra de lo dispuesto en la Constitución Nacional agrava todavía más la situación y contribuye a incrementar el clima de confrontación política.
Se está condenando a Venezuela y a los venezolanos al hambre, a la desesperación, a la violencia y al empobrecimiento creciente.
Se destruye la democracia.
Se destruye la economía.
Se incrementa el hambre, el desabastecimiento de alimentos y medicinas y la pobreza.
Se está conduciendo al país a una situación de ingobernabilidad.
La violencia condena al país a la anarquía y al vandalismo.
En el clima de confrontación que prevalece en el país, ningún gobierno podrá hacerle frente a la situación con éxito.
El propósito de destruir al adversario conspira contra el interés nacional. Es decir, hace imposible la solución de la tremenda crisis que estamos atravesando.
Más de cien venezolanos han perdido la vida en los acontecimientos de los últimos meses.
La crisis económica y la destrucción del aparato productivo condenan a miles de compatriotas al hambre.
Es toda una generación que está en riesgo de sufrir las consecuencias físicas e intelectuales de la desnutrición.
Venezuela producía diariamente, en el año 2012, más de tres millones de barriles de petróleo y los vendíamos a más de 100 dólares cada barril.
En este año 2017 la producción de petróleo está disminuyendo aceleradamente. A finales de año estaremos produciendo menos de 2 millones de barriles y los estamos vendiendo a menos de 40 dólares por barril.
Como las políticas del gobierno han acabado con la producción interna de alimentos, de medicinas y de los bienes y servicios que necesitamos para tener una vida decente, todo habrá que importarlo del exterior y lo que estamos percibiendo por el petróleo no alcanzará para comprar todo lo que hace falta.
Esta es la realidad que enfrenta este gobierno y que enfrentará cualquier gobierno que venga a sustituirlo.
Esta realidad nos impone la búsqueda de un clima de entendimiento que nos permita superar la crisis política y la dramática situación económica y social.
Mantener el ambiente de confrontación y de polarización extrema nos conduce a más violencia, más inestabilidad, más anarquía y más hambre.
Estamos frente a tres escenarios:
1.     Que el gobierno ignore la protesta de la inmensa mayoría de los venezolanos que nos oponemos a la Asamblea Constituyente y lleve adelante su propuesta. 
El gobierno no ganará nada con esa maniobra. Al contrario, se agravará la crisis política y por tanto la crisis económica y la crisis social.
En este escenario pierde Venezuela y perdemos los venezolanos.

2.     La protesta popular logra derrocar al gobierno. En esta hipótesis la Fuerza Armada tomaría el control de la situación en un escenario de impredecibles consecuencias. En este segundo escenario tampoco se resuelve la crisis nacional. Se agravará la crisis económica y aumentará el hambre y la inestabilidad.

3.     Es el escenario de un gran entendimiento nacional que permita conformar un gobierno de unidad nacional que tenga el apoyo indispensable para tomar de inmediato las medidas que permitan resolver la crisis y atender a las urgentes necesidades populares.  


El llamado que hacemos es al sentido común, a la razón, a la inteligencia y al patriotismo.
Hagamos lo que más le conviene a Venezuela y a los venezolanos.
Son treinta millones de venezolanos que estamos esperando que prevalezca la inteligencia, el patriotismo y el pragmatismo de nuestros líderes políticos.
Los intereses de Venezuela tienen que estar por encima de intereses partidistas o de proyectos personales y por encima del odio y del deseo de venganza.
Las tres fundaciones aquí representadas estamos promoviendo un gran Movimiento de Unión Nacional sin exclusiones de ninguna especie. Un Movimiento que contribuya a la solución de la crisis.
Son tres nuestros objetivos en esta hora:
1.     Recuperar la institucionalidad democrática y la plena vigencia del estado de derecho.

2.     Resolver el problema económico para acabar con la inflación, el alto costo de la vida y el desabastecimiento.


3.     Poner en marcha un ambicioso programa social para atender las necesidades de los sectores más vulnerables, de los que más directamente están sufriendo las consecuencias de la crisis.


El gobierno tiene la principal responsabilidad en la crisis que estamos viviendo  tiene también la obligación de procurar una solución inteligente y patriótica.
Treinta millones de venezolanos estamos esperando una respuesta a nuestra angustia y a nuestra desesperanza.
Nos toca a los ciudadanos venezolanos, en ejercicio del derecho de vivir en paz y en democracia, reclamar, al gobierno y a todos los agentes políticos, el máximo esfuerzo de patriotismo para el logro de una solución que nos conduzca a la democracia verdadera que aspiramos.
Ese camino exige la defensa de nuestra Constitución, en la cual se encuentran consagrados los valores de la Unión Nacional. 
Muchas gracias.




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martes, 25 de julio de 2017

LOS ESCENARIOS Y LA NEGOCIACIÓN

GUSTAVO LUIS VELASQUEZ

En cuanto a escenarios se refiere, los últimos meses han resultado muy interesantes en las redes sociales y los portales de opinión, que han estado llenos de importantes aportes, de sesudos y originales análisis, cada uno complementado con datos financieros, geopolíticos, sociológicos, diplomáticos, históricos y constitucionales. Análisis que muestran las posibles consecuencias y estrategias en una confrontación política de importantes dimensiones.
Si bien en esos estudios la multiplicidad de factores es inmensa, en mi opinión el marco central del que no podemos separarnos, para no perder la perspectiva política e histórica es el avance del largo proceso de la sociedad venezolana en su lucha por conquistar una democracia consolidada como la razón de ser del país.
El éxito de la consulta popular fue rotundo y al mundo le dimos una demostración de civismo y de compromiso con la paz y la democracia. Los cálculos ahora se hacen sobre el fraude constituyente y si se realizará o no y qué pasaría en cualquiera de ambas circunstancias.
Es un ejercicio complejo y casi interminable pues es inmensa la combinación de todas las variables políticas, militares, económicas, sociales y diplomáticas que entran en juego.
Lo cierto es que haya o no haya constituyente fraudulenta, todos concuerdan que será necesario sentarse a negociar y llegar al mejor acuerdo posible donde necesariamente ambas partes tienen que ceder en sus intereses en función del interés superior de la nación.
Por eso es esencial tratar de descubrir y deducir cuáles son los intereses de las partes involucradas y hasta qué punto se pueden generar opciones que permitan satisfacerlos sin menoscabo de los intereses de las mayorías.
En primer lugar vemos cómo ambas partes se encuentran encerradas en lo que los expertos llaman un juego de “posiciones”, es decir ambos quieren ser los abanderados de “un nuevo Estado venezolano” ambos quieren ser los protagonistas exclusivos de un mismo asunto; las fuerzas democráticas quieren establecer el nuevo Estado distinto al actual apoyadas en la consulta popular y en la soberanía del pueblo, apelando a normas constitucionales, mientras que por otro lado el régimen quiere imponer un nuevo Estado apoyado en un fraude constituyente y la fuerza del poder militar que circunstancialmente detentan.
Negociar con base a “posiciones” es la causa de miles de conflictos interminables, pues no tiene solución ya que se centra solamente en algo que la gente quiere y no en identificar para qué lo quiere, precisamente allí radica la gran diferencia: una “posición” es algo que quiero y punto, un “interés” es el objetivo de para qué lo quiero, que busco con eso. Allí deben centrarse la negociaciones.
Si nos preguntamos para qué quieren las fuerzas democráticas un nuevo Estado podríamos en un breve análisis identificar que los principales intereses de las fuerzas democráticas al menos serían estos :
– Restablecer el orden democrático
– Lograr la estabilidad y gobernabilidad dentro de un régimen democrático
– Detener la violencia
– Detener la corrupción
– Atender la crisis social
– Garantizar los DD.HH.
– Restablecer el aparato productivo
– Generar empleo
– Conducir la transición
– Ser opción de cambio
Haciendo el mismo ejercicio para el régimen militar actual, podemos ver que sus principales intereses serían:
– Mantener el poder / gobernaciones y alcaldía
– Ganar tiempo
– Tener control de la gobernabilidad
– Desprestigiar a la oposición
– Mostrarse democráticos y dialogantes
– Mantener la unidad de mando
– Reivindicarse con el pueblo
– Mantener su fortuna
– Evitar ser juzgados
– Asegurar la familia
– Proteger el legado de Chávez
– En caso de ruptura:
– Poder salvarse
– Tener una vía de escape
– Sobrevivir física y políticamente
– Intereses de Maduro (y otros a su lado)
-Terminar su período
– No fallarle a Cuba y al socialismo
– No pasar a la historia como un dictador criminal
– No ser juzgado en la CPI
– Contar con medios para sobrevivir
Bien se podría hacer el mismo análisis para otros actores como la OEA, los Estados Unidos, China, Rusia, Cuba, la banca internacional y muchos otros, pero a los efectos de este artículo y sin desconocer la importancia de otros actores, nos vamos a enfocar en las fuerzas democráticas y el actual régimen.
Hay un tercer gran actor, que es la gente, el ciudadano común que no tiene voz directa en esa negociación y que representan los intereses supremos de la nación y que especialmente para la oposición deberían ser guía en cualquier proceso de negociación pues a ellos se debe. La lista es larga pero vale la pena mencionar los que hemos visto como más importantes:
– Restablecer el orden constitucional y democrático
– Contar con instituciones independientes que permitan:
– Elecciones transparentes
– Frenar la corrupción
– Rescatar a PDVSA y la CVG
– Bajar la conflictividad
– Recuperar la justicia
– Rescatar el papel del los medios de comunicación
– Hacer énfasis en la estrategia educativa para
– Reafirmar los valores democráticos
– Aumentar su cobertura y calidad
– Profundizar en el federalismo y la descentralización
– En lo político:
– Reinstaurar el ideario democrático
– El reconocimiento y cohesión de los actores
– El libre juego democrático
– Acciones sociales
– Acabar con el hambre
– Recuperar los servicios públicos
– Activar los programas sociales sin politización
– Rescatar el sistema de salud
– Contar con un canal de apoyo internacional social
– En lo económico:
– Lograr el apoyo financiero internacional
– Impulsar el empleo productivo
– Aclarar las cuentas públicas
– Redefinir el sector público
– Rescatar la independencia del BCV
– Atender las obligaciones internacionales
– Recuperar los talentos en el exterior
– Acordar un plan de rescate de la infraestructura pública
– Restablecer la seguridad ciudadana
– Reafirmar nuestra soberanía
– No perder el Esequibo
– Reafirmar la soberanía en las fronteras
– Controlar el narcotráfico
– Rescatar el rol profesional y meritocrático de las FF.AA.
Seguramente se podrán agregar muchos otros, pero la idea es que cualquiera que vaya a negociar tenga el retrato claro de para qué lo está haciendo, todo lo que vaya en contra de lo anterior no va por buen camino.
Pero en toda negociación cada parte debe analizar e inclusive debe tener preparada su alternativa en caso de no triunfar o de no llegar a un acuerdo con la otra parte, así pues ¿cuáles serían las alternativas o el plan B de las fuerzas democráticas en caso de no triunfar sobre el otro o de no llegar a ningún acuerdo? Son acciones que puede tomar por su cuenta, al menos sin necesidad de preguntarle al gobierno y que puede ser utilizadas como elemento disuasivo. Sin menoscabo de las que puedan agregar los lectores, vemos al menos las siguientes:
– Continuar en la calle hasta que algo pase
– Convocar un paro o huelga nacional
– Crear un nuevo gobierno
– Abandonar la lucha
– Inmolarse
– Someterse al régimen
– Salir del país
– Volverse chavistas
– Meterse a guerrilleros
De esta lista, el negociador debe escoger cuál es la mejor alternativa y debe tratar de mejorarla y siempre comparar si esa mejor alternativa es más conveniente que el acuerdo que pueda negociar, es algo muy dinámico pero allí está el quid del asunto: qué es lo que más me conviene en función de los intereses que represento.
Y nos preguntamos, de no poder mantenerse en el poder o llegar a un acuerdo con la oposición, ¿qué alternativas o plan B tendrían los jefes del régimen?
– Resistir hasta el final
– Aumentar la represión
– Entregar el poder a los militares
– Sacar el ejército a la calle y masacrar a los manifestantes
– Decretar estado de sitio
– Expulsar del país a los opositores
– Darse un auto golpe
– Convocar una constituyente para relegitimarse
– Huir
– Inmolarse
Al igual que en el caso anterior el régimen deberá analizar sus alternativas y definir cuál es la que más le conviene en función de sus intereses y contrastarla con una posible negociación.
Vale decir que ya ambos grupos apelaron a algunas de sus alternativas que tenían, como lo fueron la consulta popular, el paro y el aumento de la represión y la convocatoria a una constituyente.
El análisis de estas alternativas nos dice que el costo y el riesgo de cualquiera ellas son muy elevadas para ambas partes, y con muy malas consecuencias para los intereses del país.
De tal manera que al país y a la dirigencia política de ambas partes, pareciera que lo que más conviene es buscar una solución negociada, donde ambas partes cedan y se cubran su principales intereses.
Quienes conocen de estos procesos, no recomiendan que haya cuatro voces diferentes en una misma mesa de negociación, eso solo haría complicar la cosas. Por eso lograr primero un consenso interno es una clave de éxito. Cualquier procesos de este tipo, donde están involucradas la emociones y donde se necesita una comunicación interna muy clara y transparente, debería requerir de apoyo profesional que guíe a los actores políticos, tal y como se ha hecho en conflictos de este tipo en todas partes del mundo.
A este punto del análisis tendríamos que analizar cuáles son las opciones o posibilidades de acuerdo que podrían ponerse en la mesa, planteamientos que deben exponerse casi como una lluvia de ideas, sin que ellos implique compromiso por ninguna a de las partes, y así tener la posibilidad de analizarlas de manera conjunta y sin que ello implique la sujeción de ninguna de ellas. Algunas ideas generales no excluyentes entre sí, a las cuales se pueden agregar muchas otras y tratar de lograr un acuerdo, podrían ser:
– Lograr una transición pactada
– Cronograma electoral con garantías (CNE – TSJ)
– Renuncia / Enmienda para acortar el período
– Hacer una constituyente con bases comiciales justas y referéndum popular
– Un programa de emergencia y de consenso nacional para dar un alto a la violencia, la corrupción y el dispendio.
– Nuevo VP Ejecutivo
– Crear un equipo de consenso que ejecute un plan de emergencia nacional, mientras avanza la reinstitucionalización y el cronograma electoral
– Acordar sobre asuntos importantes y urgentes como:
– Liberación de presos
– Fin de las inhabilitaciones
– Normas de justicia transicional
– Comisión de la verdad bajo estándares internacionales
– Cambio del Contralor
– Directorio Banco Central
– Directorio PDVSA
– Nuevo alto mando
A estas posibilidades seguramente se pueden agregar muchas, esta discusión es necesaria dentro de un plazo determinado, no es para pasar meses en esa discusión porque el país generaría otras salidas.
Ya no se puede volver atrás pero esto debió hacerse hace un año, sin embargo es evidente que los enviados del gobierno con toda la buena voluntad que hayan querido expresar, lograron uno de los principales objetivos del gobierno: ganar tiempo. Una vieja táctica sustentada en la manipulación del otro, orientada a crear confusión y desánimo, haciéndole creer que se está dispuesto a negociar, cuando en verdad no tiene ninguna intención, lo único que quiere es ganar tiempo para ver si se salva. Nada de eso benefició a al país, más bien nos perjudicó a todos. Las fuerzas democráticas siempre ha sido muy clara en sus planteamientos por la vía constitucional y democrática, eso ha sido positivo pues logró calar nacional e internacionalmente los temas fundamentales: celebración de elecciones, respeto a los DD.HH., respeto a las instituciones y solución a la crisis social.
Tanto es así que la gran exigencia nacional e internacional, es que debería existir un acuerdo mínimo para la celebración de elecciones libres y transparentes. Si eso se lograra los expertos señalan que en una negociación a lo último que se llega es al compromiso y para ello se requieren garantías de cumplimiento que hagan factible el compromiso. La única garantía para unas elecciones libres y transparentes, son esencialmente dos: la primera es contar con un CNE independiente y la segunda es tener igualmente un TSJ imparcial. Si esto se lograra, me atrevería a decir que el conflicto comenzará a resolverse.
Si no llegamos a un acuerdo, lo cual es muy posible, por favor vuelva a revisar la lista de las alternativas de ambas partes, eso sin considerar la alternativas que individualmente tiene cada venezolano y que forman parte sustancial del actual proceso.
Es posible que no se logre una negociación temprana o que los niveles de satisfacción de las partes no sea el esperado, lo clave es que no se pierda de vista que el interés principal está en la paz de la república y ello solo es posible en democracia y mediante elecciones libres, justas y transparentes en los que sea el compromiso ciudadano quien respete el resultado y no hagan falta los hombres de uniforme para guiar a la democracia. Tara que había desaparecido y que es necesario volver a erradicar como en todos los países democráticos del mundo.
Al final, lo que buscamos los venezolanos en esta instancia, es la reinstitucionalización democrática del país. Más importante que la fecha salida de un presidente, es la fortaleza institucional de un Estado, que impida los abusos de poder del jefe del Estado y la entronización de grupos militares en el manejo de los asuntos públicos.
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