domingo, 26 de junio de 2016

LOS JUSTOS DE ISRAEL



MARIO VARGAS LLOSA

Yehuda Shaul tiene 33 años pero parece de 50. Ha vivido y vive con tanta intensidad que devora los años, como los maratonistas los kilómetros. Nació en Jerusalén, en una familia muy religiosa y es uno de 10 hermanos. Cuando lo conocí, hace 11 años, todavía llevaba la kipá. Era un joven patriota, que debió destacar en el Ejército mientras hacía el servicio militar, pues, al cumplir los tres años obligatorios, el Tsahal le propuso seguir un curso de comandos y estuvo un año más en filas, como sargento. Al retornar a la vida civil, igual que muchos jóvenes israelíes, viajó a la India, a aclarar sus ideas. Allí reflexionó y pensó que sus compatriotas ignoraban las cosas feas que hacía el Ejército en los territorios ocupados y que su obligación moral era hacérselo saber.
Para ello, Yehuda y un fotógrafo, Miki Kratsman, fundaron el 1 de marzo de 2004 Breaking the Silence (Rompiendo el silencio), una organización que se dedica a recoger testimonios de exsoldados y soldados (cuyas identidades mantienen en secreto). En exposiciones y publicaciones destinadas a informar al público, en Israel y en el extranjero, exhiben la verdad de lo que ocurre en todos los territorios palestinos que fueron ocupados luego de la guerra de 1967. (El próximo año se cumplirá medio siglo de la ocupación). Textos y vídeos pasan, antes de ser expuestos, por la censura militar, pues Yehuda y su medio centenar de colaboradores no quieren violar la ley. Los testimonios recogidos superan el millar.
Hasta hace relativamente poco tiempo, gracias a la democracia que reinaba en el país para los ciudadanos israelíes, Breaking the Silence podía operar sin problemas, aunque fuera muy criticada por los sectores nacionalistas y religiosos. Pero, desde que entró en funciones el Gobierno actual —el más reaccionario y ultra de la historia de Israel— se ha desatado una campaña durísima contra los dirigentes de la institución, acusándolos de traidores y pidiendo que sean puestos fuera de la ley, en el Parlamento, por boca de ministros y líderes políticos y en la prensa. Y abundan los insultos y amenazas en las redes sociales contra sus fundadores. Yehuda Shaul no se siente intimidado y no piensa hacer ninguna concesión. Dice ser un patriota y un sionista y estar empeñado en lo que hace no por razones políticas sino morales.
Hay en la milenaria historia judía una tradición que nunca se interrumpió: la de los justos. Esos hombres y mujeres que, de tanto en tanto, surgen en los momentos de transición o de crisis, y hacen oír su voz, enfrentados a la corriente, indiferentes a la impopularidad y a los peligros que corren actuando de ese modo, para exponer una verdad o defender una causa que la mayoría, cegada por la propaganda, la pasión o la ignorancia, se niega a aceptar. Yehuda Shaul es uno de ellos, en nuestros días. Y, por fortuna, no es el único.
Allí está todavía, impertérrita, la periodista Amira Hass, que se fue a vivir a Gaza para padecer en carne propia las miserias de los palestinos y documentarlas día a día en sus crónicas de Haaretz. A ella le debo haber pasado, hace unos años, en la asfixiante y atestada ratonera que es la Franja, una noche inolvidable en casa de una pareja de palestinos dedicada a la acción social. Y su colega Gideon Levy, incansable escribidor, a quien encuentro, luego de un buen tiempo, siempre batallando por la justicia con la pluma en la mano, aunque con el ánimo menos enhiesto que antaño porque a su alrededor se encoge cada día más el número de los defensores de la racionalidad, de la convivencia y de la paz y crecen sin tregua los fanáticos de las verdades únicas y del Gran Israel que tendría, nada menos, que el respaldo de Dios.
Pero en este viaje he conocido otros, no menos limpios y valientes. Como Hanna Barag, que, a las cinco de la madrugada, en el cruce de Qalandiya, lleno de rejas, cámaras y soldados, me fue mostrando la agonía de los trabajadores palestinos que, pese a tener permiso y trabajo en Jerusalén, deben esperar horas de horas antes de poder entrar a ganarse el sustento. Hanna y un grupo de mujeres israelíes se apostan cada madrugada, ante esas alambradas, para denunciar las demoras injustificadas y protestar por los abusos que se cometen. “Tratamos de llegar hasta los jefes”, me dice, señalando a los soldados, “porque estos ni siquiera nos escuchan”. Es una anciana menudita y llena de arrugas pero en sus ojos claros brillan una luz y una decencia cegadoras.
Y también es un justo, aunque ni siquiera lo sospeche, el joven Max Schindler, a quien conozco en Susiya, una aldea miserable de las montañas del sur de Hebrón; es muy tímido y tengo que sacarle con sacacorchos que me diga qué hace aquí, rodeado de niños famélicos, en este lugar fuera del mundo al que los colonos de la vecindad vienen a cortarle los árboles y a destruir sus cosechas, y a veces a apalear a los vecinos, y sobre cuyas escasas viviendas pesa una orden de demolición. Es un voluntario, que se ha venido a vivir a Susiya —a sobrevivir más bien— por unos meses y dedica su tiempo a enseñar a los aldeanos el inglés. “Quisiera que sepan que hay otro Israel”, me dice, señalando a los aldeanos.
Sí, lo hay, el de los justos, muchos, aunque no sean tantos como para ganar las elecciones. La verdad es que, desde hace años, las pierden, una tras otra. Pero no se dejan abatir por esas derrotas. Son médicos y abogados que van a trabajar a las poblaciones medio abandonadas y a defender en los tribunales a las víctimas de los abusos, o periodistas, o activistas de los derechos humanos que registran los atropellos y los crímenes y los sacan a la luz pública. Hay una asociación de fotógrafos por ejemplo, conformada por muchachas y muchachos muy jóvenes, que eternizan en imágenes todos los horrores de la ocupación. Me siguen a donde voy y no les importa caminar entre basuras malolientes y abrasarse de calor en el desierto, si pueden documentar con imágenes todo aquello que el Israel oficial oculta, y la gente bien pensante no quiere conocer. Pero, aunque la prensa oficial no publique sus fotos, ellos las exhiben en pequeñas galerías, en paneles callejeros, en publicaciones semiclandestinas. ¿Cuántos son? Miles, pero no lo bastantes para rectificar ese movimiento de opinión pública que va empujando cada vez más a Israel hacia la intransigencia, como si el ser la primera potencia militar del Oriente Próximo —y, al parecer, la sexta del mundo— fuera la mejor garantía de su seguridad.
Ellos saben que no es así, que, por el contrario, convertirse en un país colonial, que no escucha, que no quiere negociar ni hacer concesiones, que sólo cree en la fuerza, ha hecho que Israel pierda la aureola prestigiosa y honorable que tenía, y que el número de sus adversarios y sus críticos, en vez de disminuir, aumente cada día.
Dos días antes de partir, ceno con otros dos justos: Amos Oz y David Grossman. Son magníficos escritores, viejos amigos y, ambos, incansables defensores del diálogo y la paz con los palestinos. Los tiempos que enfrentan son difíciles, pero ellos no se dejan abatir. Bromean, discuten, cuentan anécdotas. Dicen que, hechas las sumas y las restas, ninguno podría vivir fuera de Israel. Gideon Levy y Yehuda Shaul, que están presentes, se declaran de acuerdo. Vaya, menos mal, en todos los días que llevo aquí es la primera vez que un grupo de israelíes se pone totalmente de acuerdo en algo.

Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2016.
© Mario Vargas Llosa, 2016.

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EL CHAVISMO ES UN PEREZJIMENISMO

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  TULIO HERNANDEZ

1.
No hay que esperar el final. Las fuerzas democráticas de Venezuela deberían asumir desde ahora, como tarea política clave, investigar, redactar, diseñar y publicar el Libro negro o el Libro rojo, ya se decidirá el color, del militarismo chavista.
Un libro en el que se compilen y expliquen en detalle –responsables directos incluidos– todas las atrocidades; abusos de poder; violaciones de derechos, humillaciones y agravios; persecuciones, encarcelamientos sin debidos procesos; juicios arreglados, abusos sexuales y torturas físicas o psicológicas a militantes opositores en prisión; amedrentamientos a través de amenazas a la integridad familiar, exilios forzados, privaciones del derecho al trabajo y apartheids masivos como el organizado por el legendario finado Luis Tascón; agavillamiento callejero, creación y financiamiento de grupos paramilitares para impedir la protesta de los sectores democráticos; usos amañados del poder electoral, fraudes, ventajismo gubernamental, conversión del aparato de Estado en agencia proselitista del proyecto político en el poder, y operaciones viles como la que actualmente está en marcha con las acciones de torpedeo a la validación de firmas que corre por todo el país sin que las obedientes gallinas negras pavlovianas del CNE puedan impedirlo.
2.
El modelo inspirador está a mano, el Libro negro de la dictadura, una publicación clave en la lucha clandestina contra el poder total del perezjimenismo, en cuya redacción participaron Ramón J. Velásquez, Simón Alberto Consalvi, José Agustín Catalá, el valiente impresor, y Leonardo Ruiz Pineda, por entonces jefe de Acción Democrática en la clandestinidad, asesinado un mes después tras un encuentro fatal con funcionarios de la Seguridad Nacional, la policía política del régimen.
 A pesar de que para el momento de su aparición, octubre de 1952, la dictadura apenas había comenzado a mostrar sus fauces criminales, el Libro negro, que reseñaba la saga de violaciones de derechos humanos –encarcelamientos masivos, torturas, asesinatos, exilios–, fue un golpe duro contra Pérez Jiménez y su red de delatores de oficio –patriotas cooperantes, los llaman ahora– que con pericia y buenos salarios vigilaban la acción política de las fuerzas democráticas.
Más temprano que tarde, Velásquez y Consalvi fueron encerrados por tres años en la cárcel de Ciudad Bolívar, pero nadie, ni Pedro Estrada –el Padrino López de la época–, les podía arrancar del rostro ese esbozo de sonrisa triunfante cada vez que imaginaban la ira de Pérez Jiménez ordenando con el Libro Negro entre las manos: “¡Me buscan vivos o muertos a los autores de esta infamia!”.
3.
Una sonrisa más o menos semejante debe ser la que ocupa el rostro de Leopoldo López en la cárcel de Ramo Verde cada vez que recuerda la mañana cuando mandó a la mismísima Extremadura al emisario de Maduro, y de Timoteo Zambrano, que le llevaba como propuesta cambiar el revocatorio por la posibilidad de irse a casa y como oferta añadida, dicen los buenos periodistas, nombrar un nuevo Tribunal Supremo, mitad de miembros del régimen rojo, mitad para los demócratas, y un jefe mayor elegido por consenso.
Leopoldo, lo sabemos todos, es un preso del Hugo Chávez perezjimenista, no del socialista del siglo XXI. Las dos facetas que marcaron la vida del teniente coronel. Quería ser guerrillero pero solo pudo ser milico. Manuel Rosales también es preso de Chávez, cuando aún parecía sano desde Aló, presidente, le anunció su prisión, sin investigación ni juicio de por medio. A Ledezma, Hugo Chávez, le arrebató todas las propiedades y competencias de la Alcaldía Metropolitana una vez que el dirigente de Alianza Bravo Pueblo, sin armas, con votos, lo desplazó del que era su gran bastión, la Gran Caracas.
Nunca Pérez Jiménez tuvo encarcelados a un mismo tiempo a tres de los jefes políticos de los grandes partidos de entonces. Hugo Chávez, mediante su ectoplasma, sí. Descabezó a Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo y Alianza Bravo Pueblo. Y a Henrique Capriles, el candidato de la MUD, ya le había hecho pagar su prisión. El perezjimenismo del siglo XXI.

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DELINCUENCIA Y POLÍTICA

  Emilio Nouel V.

Hace unos años atrás, Robert D. Kaplan en su libro ‘La anarquía que viene’, escribía sobre cómo el mundo del crimen estaba ya permeando crecientemente hacia la política en algunos países africanos. No se refería sólo al soborno y al financiamiento de ciertos movimientos políticos por parte de grupos delincuenciales, también apuntaba a la participación directa de los mismos criminales en la política activa. Ya no serían tanto “el poder detrás del trono”, ahora buscaban  sentarse en él.

El venezolano Moisés Naim, en un importante trabajo titulado ‘Ilícito’, también subraya el fenómeno de la influencia creciente del delito en los asuntos de la política.

Otro autor, historiador muy reconocido en la academia mundial, el inglés Eric Hobsbawn, escribió mucho antes sobre el tema y abunda en casos de distintos ámbitos, europeos y americanos (‘Bandidos, rebeldes primitivos y revolucionarios’). Allí registra ejemplos de personajes que en la historia son bien conocidos por su relevancia en la vida pública de los países, incluso admirados y venerados, y cuyo origen es el bandidaje, el cual no dejaron de practicar.

Así, la política, una actividad social plausible, no ha estado exenta de ser salpicada por la delincuencia.

No obstante, es importante destacar que particularmente los movimientos insurgentes y revolucionarios hicieron uso del ímpetu anárquico, violento y anti-establisment de los grupos al margen de la ley, para sus propósitos políticos. Bolcheviques, nazis y la guerrilla latinoamericana contaron entre sus filas a delincuentes, a los que veían como émulos de Robin Hood.

Lo nuevo de todo esto es que ha crecido el número de malandros que se dedican a la política, lo cual plantea desafíos complejos y riesgosos a esta actividad y a la democracia.

Esta apretada introducción me sirve para puntualizar al fenómeno en nuestro entorno más cercano y actual, sobre todo, cuando observamos el espectáculo sórdido y repugnante que está teniendo lugar en ciertos países.

Me contaba un amigo abogado con vocación por la defensa de los DDHH, que a comienzos del gobierno de Chávez, un dirigente de ese partido que, por cierto, con el tiempo ha ostentado altos cargos, se le acercó exultante para decirle que ahora sí iban a ganar mucho dinero con casos de violaciones a tales derechos, pues en el nuevo gobierno iban a tener más influencia para aligerar esos asuntos.

A mi amigo, que no estaba en esa lucha por lo que pudiera obtener crematísticamente, el comentario no le cayó muy bien, a pesar de simpatizar por la misma causa política.

Es ésta una clara muestra de cómo aquel personaje veía utilitariamente y desde sus intereses personales, la militancia y un asunto de tanta impacto social.

En los días que corren ha estallado en España una trama que evidencia también la degeneración de las luchas sociales por parte de una delincuencia organizada que se vistió de justiciera, adornada con una retórica supuestamente reivindicadora de los derechos de los ciudadanos y de los atropellados por el poder.

Manos Limpas’ y ‘Ausbanc’ son dos ONG de ese país que gozaban de prestigio por las causas sociales que habían abrazado. La lucha contra la corrupción en el gobierno y la protección de  los usuarios bancarios.

Ahora se demuestra que sus dirigentes chantajeaban y extorsionaban con las demandas que introducían dizque en nombre de las víctimas de banqueros y  gobiernos. Si mediaban grandes sumas cantidades de dinero, los justicieros, o no intentaban o retiraban sus querellas de los tribunales. Así era el modus operandi de estos delincuentes.

En nuestro país, ha habido casos de fiscales del ministerio público que extorsionan a empresarios para excluirlos de algunas causas a cambio de fuertes cantidades de dinero.

A estos delincuentes de la política le erigen estatuas, y denominan instituciones o vías públicas con su nombre. Les rinden homenajes y los ponen de ejemplo ante sus colectividades, presentándolos como grandes ciudadanos y/o revolucionarios inmaculados.

Afortunadamente, estos ídolos con pies de barro se han ido derrumbando. Estamos viendo, entre otros, las tropelías y atracos al tesoro público de la banda de los Kirchner en Argentina, el gang de Lula Da Silva y en nuestra Venezuela, la pandilla chavista, todos hermanados en una suerte de internacional de la corrupción.

En los espacios institucionales internacionales, como UNASUR, por ejemplo, vemos una efigie de un depredador del erario público a la entrada de su sede: Néstor Kirchner. Una vez revelada la obscena y monumental trama de corrupción que tejió  en su país, lo menos que deberían hacer es removerla.

Mientras en nuestros países no haya una transformación cultural sobre este asunto y no exista una fuerte institucionalidad que erradique la impunidad, como ha ocurrido desgraciadamente en Venezuela en los años recientes, la delincuencia organizada tomará la política por asalto y seguiremos padeciendo de este grave mal, que a quien más perjudica es a los más pobres, pues el efecto directo del peculado, la malversación de fondos y el tráfico de influencias, es la resta de recursos para las políticas sociales que las mayorías demandan.



EMILIO NOUEL V.

@ENouelV  

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'BREXIT Y EL STALINGRADO ITALIANO'


           MOISES NAIM

Para entender mejor la potencia de las fuerzas que impulsan el huracán Brexit es útil recordar lo que pasó en 1994 en Sesto San Giovanni, un suburbio en el norte de Milán. En sus años de apogeo económico la zona se llenó de fábricas, obreros y combativos sindicatos comunistas. Tanto, que se hizo famoso como el “Stalingrado de Italia”. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta 1994, cada vez que había una elección local, regional, nacional o europea donde los habitantes de Sesto/Stalingrado tenían la oportunidad de votar, más de 80% lo hacía por el partido comunista o por su candidato. Esto cambió en 1994 cuando en el Stalingrado de Italia ocurrió un terremoto político tan inesperado como el de Brexit. Era un año más de la crisis que afectó duramente al sector industrial italiano. Ese también fue el año cuando Silvio Berlusconi, aliado con los partidos de derecha, se lanza como candidato y enfrenta directamente a la izquierda y –muy específicamente– a los partidos de origen comunista. Más de 80% de los habitantes de Sesto San Giovanni votaron por Berlusconi.
La crisis económica, la corrupción de los políticos y la desesperanza llevaron a los electores comunistas a darle una patada a la mesa y votar por alguien que simbolizaba la antítesis de sus candidatos tradicionales. Pero fuera de darles una oportunidad de protestar contra todo y contra todos los políticos “de siempre” a través de su voto, fue muy poco lo que los habitantes del Stalingrado italiano lograron para ayudar a Berlusconi a llegar al poder. El empresario, convertido en primer ministro ni produjo el “nuevo Milagro Italiano” con el cual había ilusionado a sus electores, ni mejoró las condiciones de los trabajadores ni hizo mucho contra la corrupción, otra de sus promesas que llevó a tantos a creer en él. En muchos sentidos elegir a Silvio Berlusconi como Primer Ministro fue un autogol que se marcaron los italianos, (¡cuatro veces!).
Los británicos acaban de hacer lo mismo. Quizás el ejemplo más temprano y más ilustrativo del autogol británico nos lo ha ofrecido el gobierno local del condado de Cornualles en el sureste de Inglaterra. El 56,5 de quienes sufragaron en Cornualles lo hicieron a favor de Brexit, lo que quiere decir que allí el entusiasmo con la ruptura con Europa es mayor que el promedio del Reino Unido.
Pero la celebración de esa victoria les duró poco. La misma mañana cuando se supo el resultado favorable a la salida de Inglaterra de la Unión Europea, el consejo de Cornualles emitió un llamado urgente en el que exigieron se les garanticen los 60 millones de libras al año que durante 10 años ha recibido de Europa. Y Cornualles no será el único caso de autogol. Una sorprendente estadística revela que las regiones del Reino Unido que más exportan a Europa fueron las más proclives a votar a favor de Brexit. Cabe suponer que en esas zonas será donde más puestos de trabajo se perderán al disminuir las exportaciones. Otro triste ejemplo lo ofrece la doctora Anita Sharma: “He dedicado mi carrera a la investigación sobre cáncer, que ha sido posible gracias a los fondos de la Unión Europea. Espero que los que votaron a favor de Brexit entiendan la devastación que esto va a causar en la Medicina”
La respuesta más común a este tipo de observaciones es que el voto a favor de Brexit fue motivado más por el temor al “exceso” de inmigrantes, y su impacto social y cultural que por cálculos económicos. Sin embargo, otra paradoja que revelan las estadísticas es que el temor a la inmigración es más anticipatorio que real. Las áreas donde más concreta y real es la experiencia con los inmigrantes votaron a favor de permanecer en la Unión Europea.
“Recuperemos el control”, es el eslogan que hábilmente utilizó la campaña a favor del Brexit. Esta es la ilusión –retomar un presunto control perdido– que se vendió bien en el Reino Unido y que se va a vender bien en otros países de Europa, por la cohorte de “terribles simplificadores”, demagogos y oportunistas que hoy proliferan en el continente. Los devastadores resultados de esta búsqueda de “control” tardaron solo horas en aparecer en Inglaterra. Entre otros, el más dramático es que la devaluación de la moneda que tumbó la libra esterlina a niveles de 1985 ya ha hecho contraer drásticamente la economía británica.
“Recuperar el control” le está resultando prohibitivamente costoso a los británicos. Y más aún porque es una ilusión falsa. En el mundo de hoy el control que prometen los demagogos no existe. Quizás esta sea una de las muchas lecciones que dejará el Brexit. Otra lección –que está por verse– es si las sociedades aprenden de los errores que otros cometen.
Sigamos en Twitter @moisesnaim.

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¿CUANDO SE ACABÓ ESTO?

LUIS VICENTE LEÓN


La pregunta que todo el mundo nos hace: ¿Cuándo se acaba esto? La única respuesta válida, seria y técnica es: ni la más remota idea.
No hay forma de proyectar tiempos en las ciencias inexactas. Pero sabiendo que 94% de la población dice que el país esta muy mal, 75% votaría en contra del Presidente en un referéndum, la economía sigue deteriorándose exponencialmente y ya hay una situación de convulsión social, desarticulada pero permanente, me puedo permitir una macro proyección tendencial: el cambio en Venezuela empezó y difícilmente va a parar.
Pero de ahí a proyectar que eso va a ocurrir de inmediato, hay un salto mortal con triple tirabuzón. No estoy diciendo que no puede pasar. Estoy diciendo que no lo podemos proyectar, como tampoco ninguno de quienes lo hacen sin que les tiemble el pulso. (En esta parte se alborotan los linealpensantes e insultan por Internet, lo cual me llena de satisfacción)
No voy a desarrollar el escenario donde el Presidente podría salir del poder rápidamente. De eso hay ríos de artículos y opiniones, algunos de ellos con argumentos impecables, racionales y posibles. Sólo quiero poner el tema en balance objetivo y para eso analicemos entonces lo que menos les gusta discutir a mis amigos.
Primero, debo decir que la historia demuestra que las crisis económicas severas suelen ser desastrosas para los gobiernos en elecciones, pero no son disparadores clásicos de las rebeliones populares que tumban gobiernos.
Segundo, vale la pena aclarar que la tesis de que el gobierno está totalmente debilitado y la oposición fortalecida, es una afirmación atrevida. Una situación en la que el gobierno defenestra diputados adversarios, se vuela la súper mayoría calificada en su contra, bloquea todas las decisiones de la Asamblea Nacional y los pone a hacer maromas inventadas para bloquear el ejercicio de un evidente derecho constitucional como el referéndum, mientras la oposición no puede hacer absolutamente nada más allá que jugarle el juego, no luce un argumento muy sólido para demostrar la hipótesis de reversión en las fuerzas del país.
Tercero, la relación entre el gobierno y el sector militar, que participa activamente en una especie de cogobierno es, por ahora, fuerte. No hay que ser demasiado perspicaz para entender que deben pasar muchas cosas primero antes de que se revierta esa relación.
Cuarto, las organizaciones internacionales regionales, que intentan presionar cambios o negociaciones, tienen algunas limitaciones vinculadas al hecho de que los poderes ejecutivos que monopolizan la representación en ellos no pueden hacerle a otro lo que no les gustaría que les hagan a ellos.
Quinto, la oposición se divide frente a la forma de lucha contra el gobierno. Algunos creen en el referéndum, otros preferirían socavarlo con una elección de gobernadores y otros piensan que los anteriores son una partida de gafos que no entienden que esto no será electoral.
Sexto, si finalmente la situación se hace insostenible y la crisis genera una explosión espontánea, la evidencia nos muestra que nadie suele ganar en la anarquía, pero sí hay un sector, vestido de verde y con cachucha, que puede agarrar el toro por los cachos. Les regalo, con lacito y todo, el resultado que eso podría tener para el país, por lo que ese sueño erótico de algunos radicales podría terminar siendo peor que la enfermedad.
Nos guste o no, este proceso, para que sea estable, necesita una negociación política. El trabajo inteligente es presionar para que ella ocurra y se logren acuerdos concretos entre las partes para provocar cambios sostenibles en el tiempo. No hay acuerdos… no habrá estabilidad, ni cambio ni paz.
luisvleon@gmail.com

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PICO COMO UNA AVISPA, VUELO COMO UN F-18

CARLOS RAUL HERNANDEZ

El doctor Atanaukas Debello, apellido de extraña antinomia con Pagallo, por su nombre y oficio hubiera podido ser personaje de una ficción borgiana. Se graduó de filósofo creo que con José Rafael Herrera, otra flecha en el aire del pensamiento venezolano, y luego de licenciado en idiomas de la UCV a comienzos de los ochenta. Callado y solitario, nunca se involucró en las pequeñas y medianas subversiones de esa época cuando Jaua el encapuchado cerraba la UCV todos los jueves para disfrutar fines de semana largos. Atanaukas pasaba calladito al lado de las barricadas, cargado de libros y cuadernos. Estuvo un tiempo de profesor y luego se fue a estudiar filología en Tubinga; de ahí pasó a Heidelberger a hacer la tesis doctoral y ya con el Ph.D en el bolsillo se fue a trabajar a Viterbo –ciudad homónima de la inolvidable Beatriz de Borges, por cierto– donde se casó y se quedó a vivir.
El año pasado me lo conseguí en Bogotá por la Zona Rosa, nos reconocimos y luego de estruendosos abrazos fuimos a tomarnos un vino. Andaba en un evento sobre el populismo y el lenguaje político latinoamericano y me invitó a su ponencia el día siguiente, sobre la jerga de los líderes venezolanos. Naturalmente asistí, no solo porque pagó el vino y las tapas –rechazó enérgicamente cuando fingí llevarme la mano a la cartera– sino porque lo aprecio personal e intelectualmente. Su exposición fue excelente y reproduzco algunos párrafos referidos a temas muy cercanos. Oigamos a Atanaukas: “…el estilo político tuvo un macrosismo con la entrada de Hugo Chávez en la escena. La vestimenta (¿te acuerdas los chalecos de drill con muchos bolsillos?), las palabras, la manera de entonarlas y construir metáforas y símiles. Se siente la presencia sobre los adversarios”...

Como aves del paraíso
…“En la Venezuela de mi juventud los dirigentes, concejales, gobernadores, parlamentarios, andaban siempre empaltosados y encorbatados, aunque de  Montecristo, como los políticos en cualquier parte del mundo... Vine hace poco a observar una de las muchas campañas electorales en una capital del interior y me asombró que todos se vestían como guacamayas con la bandera. En Yaritagua a 40 grados, estaban embutidos en esas chaquetas de plástico y gorras tricolores y uno no sabe cómo podían sobrevivir, mientras en la cuarta la ley prohibía a los partidos usar los símbolos de la patria… Chávez quiso lesionar la majestad del poder para afirmar su ego y eso se comprende en un caudillo revolucionario, pero no en demócratas que saben la importancia del culto a las instituciones… Otra es como meten los íconos religiosos en las campañas, particularmente a la Virgen, como los cristeros en la revolución Mexicana…”.
…“Nunca se ha visto a Rajoy cantar saetas en la Semana Santa de Sevilla, ni a Merkel vestida de Nuestra Señora de Schoenstatt, pero si a los musulmanes en el equivalente. En sus presentaciones reproducen la estructura del discurso chavista: una primera parte de quejumbre con brío, enumeración de las malignidades, execraciones, iniquidades cometidas por el gobierno, pero bien matizadas con mentadas de madre, acusaciones de corrupción y demás crímenes. Eso lo llaman ‘habló clarito’ y se supone virtuoso, aunque al final de la presentación uno queda sabiendo lo mismo que al llegar. A diferencia de los líderes de la desaparecida democracia, los de ahora desprecian los planteamientos que contengan ideas, que revelen que el expositor es un estadista y no un mero agitador”.
Brexit y palometa
… “Por ejemplo, si a alguno le preguntan por los efectos del Brexit y cómo podría influir en las economías latinoamericanas, con frecuencia la respuesta es así: ‘yo acabo de estar en Barinas y allá nadie está pendiente de eso. Al pueblo le preocupa que no se consiguen bagre salado ni cachama y apenas hay corocoro solo para hacer sopa, porque tiene mucha espina’ …Eso profundiza la clásica ojeriza entre las clases medias y el liderazgo… Y el centro de la mitad del corazón de arquetipo galáctico: un yo infantil. Según indican las lecturas de centenares de discursos, el trasfondo es de una película mexicana… yo soy bravo, valiente, guapo, inderrotable, duro como un diamante, pico como una avispa y vuelo como un F-18. Cuántas veces hemos oído esas declaraciones de valor reiterativas porque todo el mundo sabe que quienes se oponen al gobierno venezolano se la juegan…”.
…“Es herencia del Galáctico que necesitaba que lo reconocieran, y reconocerse el mismo a cada instante, un caso modélico de narcisismo. O la extraña manía de comparecer con la Constitución en la mano, en el país donde el respeto a ella es cero y la cambian cuando le da la gana a cualquier atorrante en el poder. Jamás he visto a Clinton, Bush u Obama con semejantes alardes de constitucionalismo. Pienso que los opositores deberían salirse del universo simbólico autoritario. Se ven bien los parlamentarios con corbata y nos recuerdan lo importante que es la casa del pueblo, la Asamblea, elegida por más del 60% a todo riesgo y sacrificio, que se magnifica en la misma medida que la atropellan, porque agreden la voluntad del país”. Ese es un resumen de lo que dijo el Dr. Atanaukas Debello, venezolano como la arepa de chicharrón, en la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá.
  @CarlosRaulHer
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CRITERIO MARXISTA

RAUL FUENTES

Suelo escribir estas líneas la noche del miércoles o, a más tardar, la mañana del jueves; esta semana, sin embargo, aguijoneado por la temprana lectura de dos trabajos firmados por un par de javieres, colaboradores habituales de El País semanal y de obra justamente reconocida y laureada, Javier Cercas (El lado humano) y Javier Marías (Perrolatría), estuve tentado a acometer esta tarea el mismísimo domingo. ¿La razón? Ambos mencionan a Hitler y a los perros: el primero, al referirse a la bondad que subyace en los hombres, aun cuando sean arquetipos de iniquidad –en la época de Pérez Jiménez, una actriz sureña vinculada sentimentalmente a Miguel Silvio Sanz, decía que este, a pesar de ser un torturador de sádico y sobresaliente desempeño (no en balde fue mano derecha de Pedro Estrada), tenía un corazón de oro–, sostiene que “Hitler no era (…) un perro inhumano; si lo hubiese sido, el problema estaría resuelto: muerto el perro, se acabó la rabia. Pero no era un perro y la rabia no se ha acabado”; en otro registro, acaso para irritar a los hombres que aman a los perros, Marías, al tildar de lerda la idea de que los “perrólatras gozan de superioridad moral y de un salvo conducto de ‘bondad”, nos recuerda en un paréntesis que el bueno de Adolfo era uno de tales canófilos.
Si a esa convergencia añadimos unas palabras de Hermann Göring, relegadas al depósito de los ya veremos para qué sirven –“...El pueblo puede ser persuadido. Esto es fácil. Todo lo que hay que decir es que está siendo atacado y denunciar a los pacifistas como faltos de patriotismo porque quieren exponer su país al peligro. Da resultado en todas las naciones”–, el mandado estaba hecho; había nomás que extrapolar: muerto Chávez no sucumbió el chavismo –el líder perdura a través de un médium que, no es ni su sombra y, más faramallero y peleón que él, dice tener su corazón, balbuciendo un remedo de su jerga belicista y rabiosa, llena de conflictos asimétricos y conflagraciones de cuarta o quinta generación–. Seguir por esa senda e hilvanar un previsible alegato antirrojo era un tiro al piso, porque, como reza el refrán, perro que ladra no muerde, menos aún el alimentado con guerrarina económica.
Ya con los pies en el lunes, quise saber qué sucedía con el esfuerzo ciudadano para hacer respetar su decisión de prescindir de los servicios de Nicolás ¿Podíamos ignorar jornadas que, pase lo que pase, serán memorables, sobre todo porque la voluntad del soberano se ha revelado inquebrantable frente a los obstáculos que el Ejecutivo y los poderes alcahuetes siembran en el camino del cambio? No. El martes, empero, cuando proyecciones conservadoras señalaban que la validación de firmas, malgré las morrocoyas del CNE, podría alcanzar la cantidad requerida para seguir adelante con el largo adiós –quedaría pendiente la certificación de las mismas, otro as bajo las mangas quelonias–, el señor José Luis Rodríguez Zapatero –¡CLAP!, ¡CLAP!, ¡CLAP!–, actuando en la práctica (para solaz de Podemos) como enviado del gobierno bolivariano (írrito de origen y ejercicio), intentaba en la OEA desconcentrar a la nación invocando un diálogo imposible, porque entre las premisas que listó no incluyó la petición de Fuenteovejuna para deponer al comendador, cuestión no negociable para la mayoría opositora.
Oyéndole desgranar su rosario de razones para “mediar” con miras a una “reconciliación nacional”, entre las que silencia, u olvida a posta, la voluntad de un pueblo –presumible y constitucionalmente– partícipe y protagonista de su destino, aumenta en uno la certidumbre de que el sosias de Mr. Bean y los otros miembros del trío tocan de oídas o guiados por la batuta de Maduro. Se aferró a “tantos y tan tontos tópicos”, que perecía repetir una lección aprendida para la ocasión. Sostuvo que ni él ni sus pares, el istmeño Torrijos y el quisqueyano Fernández, “han perdido el tiempo”. ¡Por supuesto que no, lo ganan para Nicolás! No procuran deshacer el nudo gordiano de la crisis, sino de asegurar un fílmico happy end a su patrocinante. Y la gata subió a la batea al sacar a relucir la “comisión de la verdad”, parapeto ingeniado por el régimen militar para ocultarla. Discurría, no hay otra, un nefelibata o un hipócrita que pasó por Venezuela sin que la realidad alterase sus preconceptos.
Y llegamos al atravesado miércoles barruntando que no es necesario hacer hoy lo que podemos hacer mañana, de modo que el jueves 23, víspera de tambores y desfiles, decido que es mejor meter la pata que cruzarse de brazos y pongo en negro sobre blanco mis pareceres. Si estos no gustan a los lectores, puedo parafrasear a Marx –Groucho, naturalmente– y ofrecerles otros. En ocasión distinta y sin ladridos, ¡claro!

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