martes, 20 de febrero de 2018

ALIANZA DEMOCRATICA PARA LA LIBERACION 












 LUIS UGALDE SJ

Venezuela se desangra y marcha acelerada al abismo. Hay hambre en todos los rincones y muerte por falta de medicinas. Con inflación desbocada, el bolívar sin valor y el salario disminuyendo, a pesar de los aumentos. Riadas humanas revientan las fronteras huyendo de esta espantosa tragedia, como ocurría antiguamente en las ciudades apestadas. El gobierno responde que estamos muy bien, que somos un país envidiable en el mundo, gracias al “socialismo del siglo XXI” y convoca por medio de la ilegítima y fraudulenta constituyente “supraconstitucional” a una votación tramposa para perpetuar este régimen de muerte. Asegura el resultado con árbitro incondicionalmente suyo, inhabilita tarjetas, líderes, partidos y votantes opositores. Así, la votación del 22 de abril no es ni justa ni libre ni democrática.
1-Ante la trampa mortal. De manera valiente e inteligente los demócratas en el diálogo de República Dominicana se negaron a esta elección dictatorial. Luego de forma clara y contundente catorce grandes países latinoamericanos denunciaron en Lima que esta votación, impuesta por el gobierno precipitadamente para perpetuarse, no es libre y no reconocerán su resultado. La Conferencia Episcopal Católica hace dos meses denunció la “asamblea nacional constituyente es inconstitucional e ilegítima en su origen y en su desempeño” y recientemente la presidencia episcopal calificó de “despropósito ético y humano, un verdadero crimen que clama al cielo” lanzarnos a una votación precipitada sin atender el hambre, la salud y las necesidades básicas de la gente. Sorprende que, luego de la negativa en Santo Domingo, los partidos políticos unidos no se hayan manifestado de inmediato en el mismo sentido.
Nada hay más urgente e importante para la vida en Venezuela que frenar esta trampa que lleva al matadero el 22 de abril y exigir las verdaderas elecciones libres establecidas en la Constitución para este año para salir del presidente y cambiar este modelo de miseria y corrupción. Chavistas y no chavistas queremos salir de esta muerte nacional y debemos movilizarnos para exigir cambio de presidente y de modelo socioeconómico con elecciones libres entre octubre y diciembre 2018. No hacerlo es ser cómplice (queriendo o sin querer) de la perpetuación del desangramiento.
2-No somos abstencionistas y debemos evitar el peligro cierto de que el rechazo a la tramposa votación de abril se convierta en pasividad. Los dirigentes políticos y todas las organizaciones sociales, por encima de las demás diferencias e intereses, tienen que activarse para salvar al país exigiendo la debida elección democrática este año y constituir un frente nacional, y juntos desde ahora, a poner las bases para pasar del actual caos y muerte a la gobernabilidad y la reconstrucción para que en Venezuela haya vida para todos.
La Constitución fue elaborada y aprobada mayoritariamente por chavistas que hoy son dolientes y testigos de su sistemática violación por el madurismo. También los militares y el ministro de la Defensa saben que con este gobierno vamos hacia la muerte. En toda sociedad racional estas situaciones empiezan a resolverse con la renuncia del presidente, elecciones democráticas y cambio de modelo. A los venezolanos la Constitución por el artículo 333 nos obliga a movilizarnos para restablecerla. El mundo democrático nos dice que está dispuesto y obligado a ayudar para salir de la tragedia venezolana y reconstruir; pero nosotros debemos hacer nuestra parte. Necesitamos que de inmediato la sociedad civil organizada con toda su variedad (trabajadores, vecinos, empresarios…) se manifieste de manera breve, clara y contundente por el cambio. Que todos los partidos de alguna significación se manifiesten y activen. Que las universidades democráticas y las academias lo hagan juntas. Que los estudiantes universitarios a una inviten al país a retomar este camino de esperanza. Que las diversas iglesias juntas nos llamen a activar las fuerzas espirituales imprescindibles para la salvación nacional. Finalmente, que todos unidos nos muestren un acuerdo programático básico para la elección presidencial este año con condiciones democráticas y justas.
3-¿Contrarios o complementarios? Nuestra democracia es plural, por eso alarma ver que algunos tratan como contrarios y gastan su tinta en atacarlos como enemigos a los opositores que son distintos a ellos. Unos y otros deben reconocerse y aceptarse mutuamente como complementarios e imprescindibles para la reconstrucción nacional: los diversos partidos, empresarios y trabajadores, las múltiples formas de asociaciones gremiales y vecinales, las diferentes creencias… Hacerlo también a escala regional. La salvación de Venezuela exige que todos ellos en quince días le digan al país con voz coincidente que la votación dictatorial del 22 de abril es un fraude y que se activen e inviten a la acción, exigiendo elecciones presidenciales este año para cambiar el gobierno y el modelo. No hay dictadura que pueda resistir a un país consciente y movilizado, sobre todo si el 22 de abril queda solo y con los demócratas movilizados y activos también luego de ese día.
Ahora los venezolanos cambiarán de ánimo si ven a todas las organizaciones respetables coincidir en una manifestación (una y múltiple) de liberación y rescate de la vida. Necesitamos cuanto antes un equipo, plural pero unido, que coincida en la respuesta a esta emergencia. Ojalá también llegue al consenso y la proclamación de la persona de mayor esperanza y aceptación para coordinar el paso de la muerte a la vida del país. La Cuaresma es tiempo de examen, de conversión y de preparación para la Resurrección. Que Dios nos ilumine y nos movilicemos para el renacer democrático venezolano, venciendo la actual situación de miseria, corrupción y muerte dictatorial.
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GRUPO LA COLINA A.C. : EL MADURISMO CONFESÓ SUS CULPAS

AHORA ES NECESARIA LA ARTICULACIÓN SOCIAL  

A confesión de parte, relevo de pruebas
Las negociaciones en República Dominicana no arrojaron un acuerdo firmado, pero sirvieron para confirmar realidades que el régimen autoritario hegemónico de Maduro ha estado negando.
En el denominado "preacuerdo" que la misión gubernamental propuso el pasado 6 de febrero y que la misión opositora se negó a firmar porque el mismo no precisaba detalles previamente discutidos por las partes, el oficialismo aceptó términos que ponen claramente de manifiesto violaciones que ha estado cometiendo al margen de la Constitución y las leyes, pues convenía:
"…que sean seleccionados los dos rectores designados en fecha 13 de diciembre de 2016 por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia…fruto del consenso…
"…una delegación de acompañamiento y observación electoral…

"Se asegurará y favorecerá en el acceso a los medios públicos y privados, y redes sociales nacionales e internacionales en el desarrollo de la campaña electoral…

"los centros nacionales de votación serán reinstaurados a sus lugares originales…
Es decir, la camarilla madurista confesó que la composición del CNE no es equilibrada e imparcial, que se ha estado sustituyendo la figura de observadores internacionales por simples y decorativos acompañantes, que no hay equidad en el acceso comunicacional durante las campañas y que han cometido manejos indebidos con los centros de votación, entre muchas otras violaciones.

LA UNIDAD ES NECESARIA, AHORA MÁS QUE NUNCA
Al convocar precipitadamente elecciones presidenciales y traspasar de nuevo la raya de lo inconstitucional, el régimen pretendió evitar que la debacle económica siga haciéndole disminuir votos y, como consecuencia, perder el poder que antidemocráticamente cree haber ganado para siempre.
Pero la situación de tragedia económica del pueblo venezolano y el desenmascaramiento ante la comunidad internacional harán inviable que el madurismo se salga con la suya.
En las actuales circunstancias, los partidos políticos democráticos están obligados a dar demostraciones superiores de la unidad necesaria, por encima de beneficios grupales.
Por su parte, las organizaciones sociales debemos apoyar crítica pero responsablemente al liderazgo partidista unido, entendiendo que toda sociedad democrática se basa en el funcionamiento de organizaciones con fines políticos que nos representen ante el Estado.

DESPUÉS DE LA TEMPESTAD VENDRÁ LA CALMA
Se avecinan tiempos difíciles si quienes detentan el poder no entienden que su tiempo ya pasó, que no tienen derecho a seguir ocasionando tan grandes daños a los venezolanos: muerte, hambre, pésimas condiciones de vida…
Para contrarrestar una posible situación de inestabilidad, el Grupo La Colina llama a la articulación de las agrupaciones civiles, en función de los mejores intereses de la nación, no solamente a defender la Constitución y la Democracia contra los intentos del madurismo para mantenerse indefinidamente en el poder, sino a contribuir en la transición hacia la democracia, la paz y el progreso de todos los venezolanos.

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Vargas Llosa y sus siete maestros

El Nobel peruano explica en su nuevo libro, ‘La llamada de la tribu,’ su viaje del marxismo al liberalismo gracias a la lectura de Karl Poppe

Juan Cruz

ario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) es quizá el escritor más vilipendiado entre los autores vivos de la lengua española. Por haber hecho un viaje del marxismo al liberalismo que detalla en su nuevo ensayo, La llamada de la tribu (Alfaguara), cuya publicación está prevista para el 1 de marzo.
A lo largo de su vida le dijeron de todo, también cuando era un muchacho que quería llegar a París para hacerse escritor. Y cuando ya era algo más popular le insultaron también, porque ya no era el sartrecillo valiente” (como lo llamaron sus coetáneos, por la pasión que mostraba por Jean Paul Sartre), sino un agente anticubano.
En esas épocas más juveniles se tomaba muy en serio los insultos y las burlas. Un día de 1990, tras ser derrotado por Fujimori en su intento de ser presidente (liberal) de Perú, le contó a un periodista del Paris Review algo que le había sucedido con Pablo Neruda cuando celebraban en Londres el cumpleaños del gigante chileno.
Estaban en la cubierta de un barco, y Vargas Llosa había tenido un disgusto: “un artículo me había alterado e irritado porque en él se me insultaba y se decían mentiras sobre mí”. Neruda le profetizó: “Te estás volviendo famoso. Quiero que sepas lo que te espera: cuanto más famoso seas, tanto más te atacarán. Por cada elogio, recibirás dos o tres insultos. Yo tengo un cajón lleno de todos los insultos, villanías y maldades que un hombre es capaz de soportar. No me ahorraron ninguno: ladrón, pervertido, traidor, delincuente, cornudo... ¡Todo! Si te haces famoso, tienes que pasar por eso”.
Han pasado décadas. Vargas Llosa pasó del comunismo y del marxismo al liberalismo, y al final de ese tránsito, desde mediados de los años 70 del siglo pasado, cuando en Cuba se produjo el caso Padilla y el escritor peruano rompió con la revolución, abandonó las posiciones tradicionales en la izquierda y se hizo más de Albert Camus que de Sartre, se cumplió la profecía de Pablo Neruda. No lo llamaron pervertido. Lo llamaron liberal.
La llamada de la tribu es una respuesta al epíteto y, sobre todo, es una especie de cena con siete de los maestros que lo convirtieron a la fe liberal de la que ahora se siente tan orgulloso como de haber abrazado la fe en Faulkner, Borges o Flaubert. Vargas Llosa explica como un recién salido de unas jornadas intensivas con tales maestros liberales (su tribu) qué hicieron por la salvación de su alma Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich August von Hayek, sir Karl Popper, Raymond Aron, sir Isaiah Berlin y Jean François Revel.
De esos liberales que se sientan a su mesa, tres son a los que debe más, “políticamente hablando”: Popper, Berlin y Hayek. Con todos establece en el libro una esgrima afectiva. A Smith, padre de la economía moderna, lo sitúa en la campiña escocesa, hablando solo; a Ortega no le ahorra ningún rasgo de su carácter, a Hayek lo encuentra cuando ya Vargas transita el aledaño liberal, pero el maestro lo sorprende hablándole, en coña, de Bakunin...
“No lo parece”, dice al principio del volumen, “pero es un libro autobiográfico”. Porque no está escrito en virtud de las ideas o las teorías de sus siete comensales, sino que los entraña y los sitúa como parte ahora imprescindible de su propia vida personal y política.
Como si hablara de amigos con los que en el pasado tuvo reyertas, tampoco les escatima reproches. Por ejemplo, a Hayek, por haber caído en las redes de la propaganda pinochetista, o a otros liberales por haber dejado que la palabra liberalismo se quedara en manos de lo estrictamente economicista. Por citar al más cercano, de Ortega y Gasset revela grandezas y dudas, pero a los españoles les recuerda que si hubiera sido inglés o francés o alemán hoy aquí se le tenderían alfombras al paso de su memoria y de sus enseñanzas.

Sacar pecho

No es, por decirlo así, una cena tranquila con ninguno de ellos. Discute con todos. Ya nadie podrá insultarlo como liberal. Es que es lo que es. Aquí el vilipendiado liberal saca pecho, “¿liberal?, ¿Y qué?” parece decir.
En El pez en el agua (1993), sobre su fallida experiencia política para optar a la presidencia de Perú, cuenta una anécdota que ocurrió durante la campaña. El Servicio de Inteligencia de Estados Unidos divulgó que su candidatura inquietaba al país. Parecía mentira, pero el embajador estadounidense le dijo que esa información en efecto salía de la CIA. “Le comenté”, dice Vargas en El pez..., “que lo bueno de esto era que los comunistas ya no podrían acusarme de ser un agente de la celebérrima organización”.
Ahora los que lo insultan por liberal tienen 311 páginas de explicación del propio Vargas sobre las razones que lo llevaron al liberalismo. Este fin de semana, el Nobel se lo explica a Maite Rico en una entrevista que se publica el próximo domingo en El País Semanal.


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SE SABE QUé REGIMEN TENEMOS

MARTA DE LA VEGA

No hay duda sobre la naturaleza del régimen venezolano. Es mentiroso, incumple sus compromisos, no respeta la normativa constitucional vigente y engaña incluso a los cancilleres garantes en las negociaciones en República Dominicana.
El manifiesto del Grupo de Lima del 13 de febrero ha sido contundente al respecto. Los 14 cancilleres, “frente a la decisión adoptada por el Consejo Nacional Electoral de Venezuela de convocar unilateralmente a elecciones presidenciales para el 22 de abril de 2018, sin haber alcanzado un acuerdo con la oposición, tal como se había comprometido el Gobierno”, expresaron “su más firme rechazo a dicha decisión, que imposibilita la realización de elecciones presidenciales democráticas, transparentes y creíbles, con la participación de todos los actores políticos venezolanos, con observación y estándares internacionales, y reiteran que unas elecciones que no cumplan con esas condiciones carecerán de toda legitimidad y credibilidad”. Por ello exhortan al gobierno venezolano a presentar un nuevo calendario electoral, apegado a la ley.
Es usurpador y criminal. Hoy gobierna una camarilla militar corrupta y mafiosa, ligada al crimen organizado y dominada por un poder extranjero. Maduro perdió legitimidad como primer magistrado, a pesar de las maniobras del Tribunal Supremo de Justicia para darle fundamento legal a su pretensión, aunque haya sido legalmente proclamado presidente de la república, cuando se lanzó a la presidencia siendo presidente encargado por la ausencia absoluta de Chávez, en lecho de muerte en Cuba desde diciembre de 2012. Luego, con la rotura del hilo constitucional a raíz de las desacertadas decisiones 156 y 157 del TSJ del 30 de marzo de 2017, el ilegítimo se convirtió en usurpador.
Además, informes como los de la OEA de 2016 y 2017, o declaraciones como las de Luis Almagro, secretario general de la OEA en entrevista con Fernando del Rincón en CNN el 12 de febrero, o el informe de la Comisión Interamericana de DDHH que acaba de ser publicado -sobre el serio deterioro de la vigencia de los derechos humanos y la grave crisis política, económica y social que atraviesa Venezuela-, ponen de relieve el carácter criminal del régimen.

Las fraudulentas elecciones presidenciales impuestas por el poder de facto, inconstitucional e ilegal que es la ANC, colocan a Maduro y su gobierno fuera de la democracia, como régimen tiránico y forajido”

No se trata solo de la brutal represión, torturas y asesinatos viles de manifestantes desarmados en las protestas de 2014, 2016 y 2017 por fuerzas policiales y delincuentes paramilitares sostenidos por el gobierno, que constituyen en conjunto crímenes de lesa humanidad, o la masacre atroz después de haberse rendido del comisario piloto Óscar Pérez y su grupo.
Es criminal por la destrucción de la economía, el derrumbe institucional, la manipulación y coacción por hambre o miedo como mecanismos de control social, el abandono de las obligaciones estatales y la falta de respuesta oportuna frente a las carencias gravísimas de la gente.
Tampoco la comunidad internacional democrática reconoce esta convocatoria electoral, como declaró el Grupo de Lima: “no puede haber elecciones libres y justas con presos políticos, sin la plena participación de los partidos políticos y líderes detenidos o inhabilitados arbitrariamente, con una autoridad electoral bajo el control del gobierno, sin la participación de millones de venezolanos en el extranjero imposibilitados de votar, convocada originalmente por la Asamblea Constituyente, órgano carente de legitimidad y legalidad, cuya existencia y decisiones no reconocemos”.
Y la Conferencia Episcopal Venezolana declaró: “es (…) un despropósito ético y humano, un verdadero crimen que clama al cielo, que en medio de una situación de penuria, hambre, parálisis de servicios, muerte y colapso nacional, se privilegie un espectáculo de distracción y alienación, en condiciones desiguales, contra todo sentido de equidad y servicio a la población”.
Se sabe qué régimen preside Maduro. ¿Se sabe cómo construir la alternativa civilista y democrática que permita la transición para recuperar el estado de derecho y la justicia, con participación ciudadana plural y unidad de propósitos, en acuerdo con la comunidad internacional?

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lunes, 19 de febrero de 2018

Los cinco dogmas del populismo geopolítico

Francisco de Borja Las heras 

 Letras Libres


Los populistas geopolíticos, con su fascinación por la lógica de los grandes poderes, fomentan teorías de la conspiración que benefician a líderes autoritarios.
 En uno de los pasajes de El mundo de ayer, Zweig habla de su amistad con uno de los padres de la geopolítica moderna, Karl Ernst Haushofer, a quien conoció en sus viajes por Asia. Un perplejo Zweig confiesa su sorpresa cuando escuchó más tarde una posible vinculación del trabajo de ese sesudo militar alemán “cultivado, de cara huesuda y aguda nariz aguileña” con el “feroz agitador obsesionado con el nacionalismo alemán en su sentido más brutal” (Hitler). Todavía se discute en qué medida las enseñanzas de Haushofer, que tuvo a Rudolf Hess entre sus discípulos, impulsaron la idea de lebensraum y el proyecto nazi de un imperio colonial en el Este basado en la esclavitud de razas “inferiores” (Untermensch). Poco después de ser exonerado en Nuremberg, Haushofer y su mujer seguirían el destino de Zweig y la suya, suicidándose. Zweig invocaba el paso del tiempo para justificar a su antiguo amigo en perspectiva, a pesar de que atribuía a sus teorías gran responsabilidad en el refuerzo conceptual de la política agresiva del nazismo. El lebensraum, decía, justificaba en términos de necesidad “cualquier anexión exitosa, incluida la más autocrática”.
La geopolítica, con su visión determinista de Estados y poderes regionales como entes orgánicos con necesidades propias como los animales –y no circunstanciales al ser dirigidos por personas concretas– y con su énfasis en grandes poderes, hace suya la máxima de Tucídides de que “los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren lo que tienen que sufrir”. Esta escuela reinventa viejas nociones de esferas de influencia y tiende a dar un barniz de legitimidad a políticas propias del imperialismo clásico y sus abusos. La geopolítica, sin duda, está en auge en esta era de líderes autoritarios, en pleno declive del multilateralismo y de la visión normativa de la escena global que parecía afirmarse en los 90. A ello se une una confusión discursiva que identifica erróneamente las relaciones internacionales o la geoestrategia con la geopolítica, una disciplina de pretendida naturaleza descriptiva, pero que preconiza una visión muy concreta del mundo y donde no hay margen para valores democráticos o derechos humanos.
También asistimos a otro auge, el del populismo como forma y lenguaje político, que no solo se limita a los partidos calificados como tales: impregna todo nuestro espacio público y nuestro deteriorado debate democrático, especialmente en las redes sociales.
Cinco mantras del populismo geopolítico
La confluencia de ambos fenómenos, junto con otros factores sobre los que volveré luego, está dando lugar a la generalización de lo que denominaré populismo geopolítico. Es un lenguaje político fácil de identificar tanto por sus portavoces como sobre todo por los mantras que se repiten. Por lo menos cinco son claves:
1. La verdad alternativa. Estos populistas insisten machaconamente en que los medios, gobiernos, tribunales internacionales, líderes políticos y sociales, etc., “no dicen la Verdad” –entendida esta en términos absolutos–. Ellos serían los únicos defensores de la, valga la redundancia, verdadera Verdad. A menudo siguen a Kellianne Conway, la consejera de Donald Trump, en su retórica sobre “hechos alternativos”.
2. La gran conspiración. En esencia, todo hecho político, social y/o internacional relevante de las últimas décadas, especialmente si “Occidente” está presente de alguna manera –desde la Primavera Árabe, el Maidán, ISIS, etc.– sería parte de una conspiración más amplia para dirigir el mundo a nuestras espaldas. En sus versiones más sorprendentes, algunos de estos populistas coquetean con teorías como los Protocolos de Sión, lo que roza el antisemitismo.
3. Soros (CIA), el Gran Masón. El magnate y filántropo George Soros estaría inevitablemente detrás de todo lo anterior. Ordenaría a través de las ONGs que financia el curso de los acontecimientos (a menudo con la CIA). Es decir, procesos tan complejos y necesitados de matices como las revoluciones en Europa del Este, la revuelta de 2000 contra Milosevic en Serbia, el Maidán ucraniano o las propias protestas en Moscú y San Petersburgo de 2011/2012 o de los últimos meses no pueden tener un elemento remotamente orgánico, como la frustración popular acumulada o disparidad entre la estructura social y el sistema político.
4. Ironía y frivolidad. Los populistas geopolíticos recurren de forma asidua a la ironía, el sensacionalismo y en general a la banalización de cuestiones como la guerra, atentados o hechos históricos como las hambrunas soviéticas. Esta frivolidad también se manifiesta en un reiterado “y tú más” (el llamado whataboutism). Es una lógica de esgrimir el bombardeo de Dresde cuando sale el Holocausto o Sudetes 1938 –no para explorar la justa dimensión de lo primero, sino para difuminar la entidad histórica de lo segundo– o sacar Arabia Saudí cuando la votación concreta versa sobre Venezuela, Rusia o Irán. Este discurso suele justificar diversas formas de revisionismo histórico, sobre el genocidio de Srebrenica o hechos más recientes.
5. Disparar al mensajero. El insulto y formas más o menos evidentes de difamación son otros recursos habituales. Así, mensajes sobre pruebas “irrefutables” de la financiación de actores de sociedad civil, ONGs, think tanks o políticos que constituyen su objetivo, y la presunta ideología que sería su irremediable consecuencia (premisa: no existen opiniones individuales, acertadas o no). Así también el simplismo del insulto y epítetos como “neoliberal”, “neocon”, “propagandista”, etc., vacíos de significado. Como concluía Orwell en Homenaje a Cataluña, al abordar la propaganda, es “como si en medio de una competición de ajedrez un participante empezara a gritar que el otro es culpable de piromanía o bigamia. El objetivo es hacer imposible la discusión seria, sin abordar la cuestión que está realmente sobre la mesa”.
El emperador está desnudo
El crecimiento del populismo geopolítico es un síntoma de varios problemas y procesos más amplios. Uno es la triste atrofia moral de una parte de la izquierda que, anclada en conceptos dogmáticos y atávicos sobre Estados Unidos, Rusia u Occidente, hace tiempo que pasó de forma decidida del lado de regímenes autoritarios frente a democracias pluralistas y sociedad civil. Además de esta que algunos han llamado izquierda regresiva, también influye una profunda y preocupante pérdida de confianza en las instituciones colectivas, dada la retahíla de abusos (por ejemplo, la “guerra contra el terrorismo”) y excesos (por ejemplo, las políticas de austeridad) de las últimas décadas. No hay aún un relato convincente que apueste por el refuerzo de las democracias abiertas y aborde las fallas que las ponen en riesgo, sin caer en la tentación autoritaria o populista, algo que requeriría referencias colectivas morales e unificadoras más allá de líderes como Macron.
La incredulidad extrema va de la mano de una pasmosa credibilidad absoluta con un discurso que fomenta teorías conspirativas, sin duda aupado por la fragmentación del espacio público y el impacto amplificador de las redes sociales. Las ventajas que tiene esta pluralización se descompensan por la debilidad de filtros y el empoderamiento desmesurado de figuras mediocres y trolls, dando lugar a un ruido que silencia el debate racional.
En este contexto, el populismo geopolítico contribuye poco o nada al debate democrático, pero sí al embrutecimiento del debate político y a la normalización de un absurdo discurso conspiranoico. Contribuye a envenenar nuestra democracia deliberativa de modo que ya no podemos hablar de forma normal sobre política. A veces, sí, hace hincapié en contradicciones y sombras de algunas políticas y posiciones que es preciso abordar y revisar, pero nada que no aporte un buen periodista, una ONG seria o un comité parlamentario de investigación que haga bien su trabajo. Este discurso, con su hostilidad a hechos establecidos, su repetición interminable de mensajes simplistas, enlaza con algunos elementos básicos del discurso fascista que describe Snyder en Sobre la tiranía.
No hay verdades alternativas. Hay un gran elenco de claroscuros en muchas crisis internacionales que aconseja evitar maniqueísmos y simplificaciones. Pero ante todo hay hechos contrastados que conforman algunas verdades sólidas, como que unos 8.000 bosnios musulmanes fueron exterminados en Srebrenica en pocos días en julio de 1995. O que, tal y como confirmó una investigación internacional, el MH17, con sus 300 pasajeros, fue derribado en julio de 2014 por un misil Buk traído desde Rusia, y no por i) cazas ucranianos, ii) un misil tierra-aire ucraniano, iii) la CIA que derribó un avión cargado de cadáveres y iv) otras versiones alternativas). La CIA tuvo un papel nefasto en América Latina en los 60 y 70, como lo tuvo Washington en la Guerra de Irak y tiene con Guantánamo y otros abusos que no podemos ignorar. Dicho esto, abordar hoy cada acontecimiento desde este prisma unidimensional es infantil y revela, como la ironía de la que hablaba antes, una mezcla de pereza intelectual, ausencia de pensamiento crítico y/o extremo dogmatismo. Uno puede apoyar el informe Feinstein sobre las torturas en Estados Unidos y a la vez condenar en el Parlamento Europeo o el español las violaciones de derechos humanos en Rusia, Venezuela u otros países.
También es falaz el mantra de los populistas geopolíticos de que son voces silenciadas o “alternativas”. Su tremendismo les hace muy populares y convierte en habituales en televisión y otros medios. Snyder nos recuerda que “antes de que desprecies el periodismo mainstream, ten en cuenta que ya no lo es y que es el desprecio lo que es mainstream y fácil, y el periodismo en sí lo que es tenso y difícil”. Hoy lo alternativo y crítico es defender activamente nuestras instituciones y adoptar posiciones firmes, por ejemplo, con el Kremlin, desde luego en España (por no hablar de en la propia Rusia). Snyder afirma que la verdadera conspiración es “esa que quiere tenerte online, buscando conspiraciones”.
Estas voces dicen que buscan la imparcialidad y que son voces críticas. En la práctica, el sentido de sus intervenciones públicas o votaciones muestra que tienden a justificar lo injustificable y a proteger del legítimo escrutinio democrático a actores hostiles y grandes poderes. Algunas de estas figuras públicas muestran una sorprendente falta de ética, sentido democrático y, en fin, sentido común al compartir propaganda de medios de regímenes autoritarios donde se asesina a periodistas, líderes de oposición, etc. Ciegos o tontos útiles como tantos antes que ellos, caen así en la trampa y contribuyen a una agenda negativa que une parte de la izquierda con la extrema derecha.
Es legítimo clarificar fuentes de financiación de organismos públicos y privados con agenda pública. Es cierto que Open Society de Soros cofinancia plataformas y organizaciones en Europa Central y Oriental. Cualquiera que conozca bien estos países, conocerá los problemas de la agenda de democratización en tales contextos y la dificultad de trabajar en estas áreas –incluidos riesgos personales– y sostenerse sin donaciones o subvenciones. A menudo, tales ONGs promueven reformas contra la corrupción o a favor de los derechos de minorías e inmigrantes, y reciben para ello fondos europeos o de países nórdicos. Por ello, uniendo sus voces a campañas contra ONGs y sociedad civil, sectores de la izquierda van de la mano de Viktor Orbán en Hungría y el PiS polaco, y la eurofobia más visceral; fuerzas teóricamente prorefugiados con políticos islamófobos y homófobos, etc., en una lógica absurda.
Los populistas geopolíticos, en fin, con su fascinación por la lógica del gran poder en Moscú, Washington o Pekín, caen en un pseudocolonialismo que olvida que las personas suelen tener su propia opinión y que, a veces, sale a las calles a exponerla y defenderla, a menudo con grandes sacrificios. Con su propensión al revisionismo histórico, este discurso fomenta un nacionalismo irredento que se basa en algo tan primitivo como el deseo de venganza y revancha.
Cuando Soros ya no esté, sospecho que el argumento será insistir, en programas televisivos de misterio de medianoche, en el legado de Soros para gobernar el mundo desde el Más Allá. Siempre ha habido nostálgicos de imperios en declive y apologéticos de dictadores, tentados por el morbo del poder y la dominación. También hasta bien entrada la Segunda Guerra Mundial había voces –algunas respetadas– que negaban los abusos nazis, al igual que, en plena Guerra Fría, hubo intelectuales occidentales que minimizaban el gulag o Katyn.
¿Los demás? Escuchemos más a voces humanistas y trabajemos juntos por recomponer nuestro tejido social, frenar el deterioro de nuestro debate público y apostar por grandes consensos entre las familias políticas democráticas.

Francisco de Borja Lasheras: (San Sebastián, 1981) es director del European Council of Foreign Relations (ECFR) en Madrid.




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Ex presidente de banco portugues Espírito Santo pagó 100 millones de euros en sobornos a oficialistas venezolanos



El ex presidente del banco y grupo Espírito Santo (BES/GES), Ricardo Salgado, fue señalado por haber pagado cerca de 100 millones de euros en sobornos a políticos oficialistas venezolanos para garantizar que grandes empresas públicas del país hicieran negocios con el banco.
La acusación proviene de un recurso presentado ante el Tribunal de Apelación de Lisboa a la que tuvo acceso el periódico Correio da ManhãTal recurso fue presentado por João Alexandre Silva, exdirector del BES en Madeira y ex representante de la entidad en Venezuela, actualmente bajo arresto domiciliario por cargos de corrupción y blanqueo de capitales.
Los sobornos fueron pagados con fondos de ES Enterprises, la conocida “bolsa azul” de la entidad, por decisión de Salgado, afirma la sentencia, y fueron transferidos a más de 30 sociedades offshores, cuyas cuentas se encontraban en el ES Bankers Dubai.
De acuerdo al periódico, la mayoría de los receptores de los fondos son personajes políticos de la era del fallecido presidente Hugo Chávez.
“Las inversiones obtenidas de entidades venezolanas en el GES, área financiera y no financiera, se basaron en el compromiso asumido en nombre, y con el acuerdo, del acusado Ricardo Salgado, de que se efectuaran pagos a personas venezolanas que los hicieron posibles ante responsables de las decisiones entidades públicas afectadas “, se lee en la sentencia.
El documento añade que “por determinación de Ricardo Salgado, se desarrolló un pago de comisiones oculto de cuentas oficiales del BES y del GES, para engañar su existencia”.
“Entre 2009 y 2013, ES Enterprises consiguió pagar casi 100 millones de euros” en beneficio de personas que directa o indirectamente son portadores de intereses patrimoniales de personas políticamente expuestas, responsables de la naturaleza de los negocios entre entidades venezolanas y el GES ”
Petróleos de Venezuela (Pdvsa) era uno de los mayores clientes del banco liderado por Ricardo Salgado y también fue inversora en el Grupo Espírito Santo, incluso hasta el colapso de las empresas del GES. Una de las materias que está siendo investigada también por el Ministerio Público es la carta de confort firmada por Ricardo Salgado, aún presidente del BES, a comprometer al banco en la garantía de reembolso a las inversiones realizadas por la petrolera venezolana en el Grupo Espírito Santo.
De Dubai a Madeira
João Alexandre Silva también es señalado por ayudar a los venezolanos a transferir fondos del ES Bankers Dubai a Madeira, entidad que dirigía.
El banco en Dubai fue investigado por la autoridad financiera del territorio en 2012 por haber sido identificados como beneficiarios de las cuentas varios políticos de Venezuela ligados al régimen de Chávez.
Actualmente, autoridades portuguesas están siendo investigados por sospechas de corrupción con el comercio internacional, con especial participación de los políticos venezolanos en el marco de las investigaciones a irregularidades en el GES.


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domingo, 18 de febrero de 2018

Alianza democrática para la liberación



Venezuela se desangra y marcha acelerada al abismo. Hay hambre en todos los rincones y muerte por falta de medicinas. Con inflación desbocada, el bolívar sin valor y el salario disminuyendo, a pesar de los aumentos. Riadas humanas revientan las fronteras huyendo de esta espantosa tragedia, como ocurría antiguamente en las ciudades apestadas.
El gobierno responde que estamos muy bien, que somos un país envidiable en el mundo, gracias al “socialismo del siglo XXI” y convoca por medio de la ilegitima y fraudulenta Constituyente “supraconstitucional” a una votación tramposa para perpetuar este régimen de muerte. Asegura el resultado con árbitro incondicionalmente suyo, inhabilita tarjetas, líderes, partidos y votantes opositores. Así la votación del 22 de abril no es ni justa, ni libre, ni democrática.
1-Ante la trampa mortal. De manera valiente e inteligente los demócratas en el diálogo de República Dominicana se negaron a esta elección dictatorial. Luego de forma clara y contundente 14 grandes países latinoamericanos denunciaron en Lima que esta votación, impuesta por el Gobierno precipitadamente para perpetuarse, no es libre y no reconocerán su resultado.
La Conferencia Episcopal Católica hace dos meses denunció la “Asamblea Nacional Constituyente es inconstitucional e ilegítima en su origen y en su desempeño” y recientemente la Presidencia Episcopal calificó de “despropósito ético y humano, un verdadero crimen que clama al cielo” lanzarnos la votación precipitada sin atender al hambre, a la salud y a las necesidades básicas de la gente. Sorprende que, luego de la negativa en Santo Domingo, los partidos políticos unidos no se hayan manifestado de inmediato en el mismo sentido.
Nada hay más urgente e importante para la vida en Venezuela que frenar esta trampa que lleva al matadero del 22 de abril y exigir las verdaderas elecciones libres establecidas en la Constitución para este año para salir del Presidente y cambiar este modelo de miseria y corrupción. Chavistas y no chavistas, queremos salir de esta muerte nacional y debemos movilizarnos para exigir cambio de presidente y de modelo socio-económico con elecciones libres entre octubre y diciembre 2018. No hacerlo es ser cómplice (queriendo o sin querer) de la perpetuación del desangramiento.
2-No somos abstencionistas y debemos evitar el peligro cierto de que el rechazo a la tramposa votación de abril se convierta en pasividad. Los dirigentes políticos y todas las organizaciones sociales, por encima de las demás diferencias e intereses, tienen que activarse para salvar al país exigiendo la debida elección democrática este año y constituir un frente nacional y juntos desde ahora a poner las bases para pasar del actual caos y muerte a la gobernabilidad y la reconstrucción para que en Venezuela haya vida para todos.
La Constitución fue elaborada y aprobada mayoritariamente por chavistas que hoy son dolientes y testigos de su sistemática violación por el madurismo. También los militares y el Ministro de la Defensa saben que con este gobierno vamos hacia la muerte. En toda sociedad racional estas situaciones empiezan a resolverse con la renuncia del Presidente, elecciones democráticas y cambio de modelo. A los venezolanos la Constitución por el artículo 333 nos obliga a movilizarnos para restablecerla.
El mundo democrático nos dice que está dispuesto y obligado a ayudar para salir de la tragedia venezolana y reconstruir; pero nosotros debemos hacer nuestra parte. Necesitamos que de inmediato la sociedad civil organizada con toda su variedad (trabajadores, vecinos, empresarios…) se manifieste de manera breve, clara y contundente por el cambio.
Que todos los partidos de alguna significación se manifiesten y activen. Que las universidades democráticas y las academias lo hagan juntos. Que los estudiantes universitarios a una inviten al país a retomar este camino de esperanza. Que las diversas Iglesias juntas nos llamen a activar las fuerzas espirituales imprescindibles para la salvación nacional. Finalmente, que todos unidos nos muestren un acuerdo programático básico para la elección presidencial este año con condiciones democráticas y justas.
3- ¿Contrarios o complementarios? Nuestra democracia es plural, por eso alarma ver que algunos tratan como contrarios y gastan su tinta en atacarlos como enemigos a los opositores que son distintos a ellos. Unos y otros deben reconocerse y aceptarse mutuamente como complementarios e imprescindibles para la reconstrucción nacional: Los diversos partidos, los empresarios y trabajadores, las múltiples formas de asociaciones gremiales y vecinales, las diferentes creencias… Hacerlo también a nivel regional.
La salvación de Venezuela exige que todos ellos en quince días le digan al país con voz coincidente que la votación dictatorial del 22 de abril es un fraude y que se activen e inviten a la acción, exigiendo elecciones presidenciales este año para cambiar el gobierno y el modelo. No hay dictadura que pueda resistir a un país consciente y movilizado, sobre todo si el 22 de abril queda sólo y con los demócratas movilizados y activos también luego de ese día.
Ahora los venezolanos cambiarán de ánimo si ven a todas las organizaciones respetables coincidir en una manifestación (una y múltiple) de liberación y rescate de la vida. Necesitamos cuanto antes un equipo, plural pero unido, que coincida en la respuesta a esta emergencia. Ojalá también llegue al consenso y proclamación de la persona de mayor esperanza y aceptación para coordinar el paso de la muerte a la vida del país. La Cuaresma es tiempo de examen, de conversión y de preparación para la Resurrección. Que Dios nos ilumine y nos movilicemos para el renacer democrático venezolano, venciendo la actual situación de miseria, corrupción y muerte dictatorial.
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