martes, 24 de abril de 2018

SEMEJANZAS NO CASUALES

LUIS MANUEL ESCULPI

Confieso que fui seguidor del duro proceso que condujo al derrocamiento de la feroz dictadura somozista. Aquel mes julio, al cumplirse dos años del triunfo de los sandinistas estaba ubicado en la tarima entre los invitados especiales, en el acto de conmemoración de la victoria, entre los oradores figuraban Tomas Borges y Daniel Ortega.
Recuerdo que en alguna de las acostumbradas tertulia que hacíamos al salir de la reunión semanal del Comité Ejecutivo del MAS, una parte del grupo – debe haber sido en el primer semestre del año 79 -Luis Bayardo Sardí confidencialmente me comentó que Gabriel García Márquez estaba en el país y que se habían reunido, este último le había contado que venía en una misión de enlace entre Fidel Castro y Carlos Andrés Pérez para contribuir con la lucha de las fuerzas que combatían la dictadura en Nicaragua.
Era la época en que se iniciaba la ofensiva final que dio al traste con la dinastía somozista. Al poco tiempo el presidente venezolano se distanciaría de la denominada “Revolución Sandinista” y respaldaría a la presidenta Violeta Chamorro quien derrotó electoralmente a Daniel Ortega. Por esas ironías de la historia luego sería condenado por el uso de recursos de la partida secreta para contribuir con la seguridad de la presidenta nicaragüense. La cantidad por la cual se le juzgó de 17 millones de dólares, resulta irrisoria ante el desfalco multimillonario cometido contra el país durante la administración de los gobiernos del llamado socialismo del siglo XXI.
Un año antes del triunfo del FSLN se habían unificado las tres tendencias que componían el frente (proletaria, guerra prolongada y terceristas), casualmente la oposición civil que al lado de los militares logró derrocar a Perez, también se unificaron alrededor de la Junta Patriotica un año antes del 23 de enero.
Al regreso a Venezuela después de pasar varios días en ese país – famoso por sus poetas, volcanes y lagos- en diversas charlas y conferencias que participe destacaba la influencia negativa que podían ejercer la presencia cubana, de la URSS y los países de Europa Oriental en el desarrollo de ese proceso.
Independientemente de la presencia de la corriente terceristas que jugó un rol determinante para alcanzar la victoria, de la originalidad de sus planteamientos, de la presencia de intelectuales y sectores religiosos, donde la presencia del escritor Sergio Ramírez -quien ayer recibió el premio Cervantes-el poeta Ernesto Cardenal,de su hermano Fernando, y de las comandantes guerrilleras Dora Margarita Téllez y Mónica Baltodano, todos a la postre disidentes de la evolución que siguió el FSLN. El líder de la tendencia terceristas Daniel Ortega era el más proclive -por encima de los otros 8 comandantes de la dirección sandinista- a copiar el modelo cubano, como quedó demostrado con el tiempo.
No es casual que estas denominadas revoluciones que prometen respetar los derechos humanos que alcanzan el poder en nombre de la libertad y la democracia y combatiendo la corrupción. En el ejercicio del gobierno reproducen las deformaciones, vicios y atropellos que antes combatieron. El pasado heroico, la épica de toda la lucha contra las dictaduras se borra con la implantación de la represión salvaje, la desaparición de la formas democráticas y la presencia dominante del autoritarismo.
En su libro “Adiós Muchachos ” Sergio Ramírez relata como la autocracia se va apoderando del estado y reacciona fieramente cuando se manifiesta la menor disidencia a sus planes. Esos modelos han fracasado rotundamente, para mantenerlos están dispuestos a todo empleando la represión como un recurso. Su comportamiento tienen denominadores comunes que nos resultan harto conocidos. Quienes los adversan son considerados enemigos. Los sucesos recientes en Nicaragua no nos son ajenos, las semejanzas no son casuales.
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El fracaso militar

CARLOS TABLANTE
 
Investigar la corrupción es una labor peligrosa, más aún si se realiza en un país como Venezuela que dejó de ser una de las democracias mas avanzadas de Latinoamérica para convertirse en una dictadura.
Por eso tiene mucho mérito lo que hacen las organizaciones no gubernamentales que defienden los derechos humanos y la transparencia en la gestión pública. Nuestro reconocimiento a las mujeres y hombres que integran Foro Penal, Provea, Observatorio Venezolano de Violencia, Ipys, Espacio Abierto, Observatorio Venezolano de Prisiones, Paz Activa, Transparencia Venezuela y Control Ciudadano, entre otras. Sin su constante labor de investigación, formación y divulgación los venezolanos estaríamos aún más desinformados y desprotegidos.
Control Ciudadano, la organización civil especializada en temas militares que dirige Rocío San Miguel, publicó un excelente trabajo sobre los militares responsables de la importación, distribución y venta de artículos de primera necesidad. Según el mismo, más de 500 militares han sido responsables del control de alimentos, medicinas y otros artículos básicos desde 2016 cuando Maduro creó la Gran Misión Abastecimiento Soberano (GMAS).
La investigación evidencia, una vez más, el gran fracaso de los militares al frente de tareas de civiles. Con un promedio de 24 nombramientos mensuales en 21 meses, la GMAS no solo no ha solucionado el problema de abastecimiento, sino que lo ha agravado, inclusive para la misma FAN que es incapaz de alimentar apropiadamente a sus efectivos.
El sistema político-económico trasnochado y fracasado que se ha intentado instaurar en Venezuela acabó con 8 mil industrias. Hoy en día prácticamente no producimos nada. Dependemos totalmente de las importaciones. Vistos los multimillonarios fraudes realizados alrededor del otorgamiento de divisas preferenciales para importar, es evidente que una cosa llevó a la otra y no por casualidad: Se destruyó el aparato productivo porque para la élite corrupta que gobierna resulta mejor “negocio” importar que producir.
Es urgente un cambio político para darle plena vigencia a la Constitución y que se le devuelva a la FAN el rol de una institución al servicio de todos los venezolanos y no de los intereses de una parcialidad política. Por ello es indispensable movilizarnos de frente y en todos los frentes para la realización de unas verdaderas elecciones presidenciales con todas las garantías a finales de 2018.
Unidad, resistencia y perseverancia para lograr el cambio!

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lunes, 23 de abril de 2018

El caso contra la participación
                                     

El debate sobre si la Mesa para la Unidad Democrática debe apoyar la candidatura de Henri Falcón no puede abordarse sin primero desenredar los argumentos a favor de la participación en las elecciones presidenciales.
El primero es el que esgrime Falcón mismo: la oposición venezolana debe participar porque tiene chance de ganar y no tiene mejor opción. La mayoría de los venezolanos quiere votar; los gobiernos no suelen ser reelectos durante períodos de hiperinflación; las encuestas favorecen a Falcón y otro fraude podría provocar una crisis que abra las puertas a una transición. No participar, por otro lado, lleva a la oposición a una calle ciega. Los boicot rara vez funcionan y la MUD y el Frente Amplio no tienen una propuesta seria para luchar contra el gobierno en un escenario que no sea electoral.
El segundo argumento reconoce las bajas probabilidades de que la dictadura le ceda el poder a la oposición. Pero señala que Henri Falcón no es un candidato opositor “normal”. Es un disidente del chavismo con vínculos con el gobierno al que Nicolás Maduro podría endosar la presidencia bajo ciertas condiciones. Por ejemplo, el régimen podría darle libertad a Falcón para actuar en varios frentes, especialmente el económico, sin aflojar su control sobre la Fuerza Armada, los servicios de inteligencia y el Poder Judicial. Este arreglo le permitiría a la dictadura entregar a alguien más competente el manejo de la economía sin poner bajo riesgo su permanencia en el poder; facilitar una transición dentro del chavismo que les permita implementar reformas para solucionar la crisis humanitaria.
¿Son convincentes estos argumentos? Para mí ambos desestiman las desventajas de participar bajo la realidad política actual en un proceso amañado que Maduro puede manipular para fabricar su triunfo. Con la participación las probabilidades de forzar un cambio a través del voto son demasiado bajas como para tomar el riesgo de profundizar y crear más divisiones dentro la oposición, y desestimar el daño que provocaría otro fraude si una parte de la MUD —porque ya un consenso es inviable — decide apoyar a Falcón.

El escepticismo sobre la salida electoral…bajo estas condiciones

Desde 2015, la dictadura ha dado muchas señales de que no está dispuesta a ceder poder a través de elecciones. Colocó toda clase de obstáculos para frenar el proceso de convocatoria del referendo revocatorio para luego suspenderlo; le arrebató las competencias a la Asamblea Nacional; durante las protestas de 2017 prefirió reprimir, encarcelar y asesinar a sus adversarios antes que hacer una sola concesión; e instaló mediante un descomunal fraude una Asamblea Nacional Constituyente.
A mediados del año pasado, el gobierno decidió por fin convocar las elecciones regionales. La encuestas auguraban un contundente triunfo para la MUD; en base a ellas algunos analistas estimaron que la oposición ganaría 16 o más de las 23 gobernaciones.
Pero el chavismo hizo lo que muchos consideraban imposible. En medio de una contracción económica sin precedentes en la historia de América Latina, que llevó al país a una tragedia humanitaria que persiste hasta hoy, ganó 17 de las 23 gobernaciones.
¿Cómo logró este resultado?
Utilizando todas las palancas de un poder casi ilimitado para inclinar el terreno a su favor, presionar a los votantes y deslegitimar a su adversario. La lista de abusos incluye la inhabilitación de candidatos; la manipulación arbitraria de la fecha electoral y la infiltración de la MUD para dividir y desprestigiar al liderazgo opositor; la orquestación del fraude de la ANC con la convocatoria electoral para promover la abstención; la reubicación de centros; y la inclusión en el tarjetón a los candidatos que habían perdido en las primarias opositoras.
También incluye un mecanismo relativamente nuevo y particularmente perverso: la explotación política del hambre a través de las bolsas CLAP y el Carnet de la Patria. El gobierno fraguó una innovadora forma de clientelismo que aprovecha la escasez de alimentos para presionar a los venezolanos a votar por los políticos que causaron la escasez. Un estudio estima que la probabilidad de que un opositor con Carnet de la Patria vote por el gobierno es mas del 25%. Cabe suponer que la probabilidad de que no vote es aún más alta.

Los límites de la participación

Las regionales, sin embargo, no solo demostraron hasta dónde está dispuesto a llegar el régimen para “ganar” una elección. También demostraron cuánto está dispuesto a ceder. La oposición obtuvo apenas seis de las 23 gobernaciones y poco después el oficialismo le quitó dos de esa seis, Bolívar y Zulia. Casi la mitad.
A los cuatro estados restantes Maduro los despojó de competencias e intervino sus policías. El régimen, pues, no se conformó con forjar un sistema que le permitió obtener 17 de las 23 gobernaciones a pesar de su baja popularidad. Le arrebató a la oposición otras dos gobernaciones.
Más importante aún, las regionales dejaron claro que Maduro cuenta con abanico de posibles acciones que puede estirar y encoger a su conveniencia para abrir o cerrar totalmente los espacios de verdadera competitividad electoral. Cuenta con los mecanismos para ceder solo hasta el punto que desea ceder.
Si en las regionales, unas elecciones que no acarreaban la posibilidad de una transición, el régimen no toleró que la oposición obtuviera siquiera seis de las 23 gobernaciones, ¿qué podemos esperar entonces de las presidenciales?
La estrategia electoral tiene límites. Por ejemplo, nadie participaría en una elección donde solo se permite el voto a miembros de organizaciones chavistas.
Falcón admitió que estos límites existen cuando prometió retirarse si el gobierno incumplía el acuerdo que firmó con Avanzada Progresista, Copei y el MAS. De los once puntos de ese acuerdo el gobierno solo ha cumplido uno cabalmente. Falcón, sin embargo, no ha anunciado todavía su retiro ni ha explicado porqué decidió romper su promesa.
 

Falcón no puede unir a la oposición

Con una oposición unida sería un reto ganar las elecciones y luego presionar al gobierno para que entregue el poder.
Pero los desafíos son mucho mayores si los principales partidos de la oposición deciden no participar. Sin una maquinaria para movilizar y defender el voto, las probabilidades de que Falcón alcance sus objetivos son aún menores de lo que ya son.
Falcón no puede ni pretende sumar los apoyos de Voluntad Popular y Soy Venezuela. Pero ¿puede convencer al resto de la oposición?
En los partidos más grandes, Primero Justicia y Acción Democrática, hay barreras que ahora lucen insuperables. Henrique Capriles está coqueteando con apoyar a Falcón. Pero Julio Borges, que tiene más influencia que Capriles en PJ, reafirma a cada rato la decisión de su partido de no votar. Durante su gira internacional, Borges le ha comunicado este mensaje a presidentes, ministros, congresistas y líderes de organizaciones internacionales (muchos países ya le han prometido no reconocer las elecciones). De hecho, la reciente conferencia de prensa del diputado Alfonso Marquina llamando a no votar “desde Primero Justicia” fue probablemente un mensaje a Capriles: si decide apoyar a Falcón, el partido no lo respaldará.
Por otro lado, el todopoderoso líder de AD, Henry Ramos Allup, se ha mantenido también firme en su decisión de no participar. Los líderes de la generación de 2007, que militan en diferentes partidos, difundieron un video con el hashtag #NoLoLlamesElección. El Frente Amplio ha asumido la misma línea.
PJ y AD, por el otro lado, no quieren exponerse a que los critiquen por inconsistentes. La oposición y el gobierno no firmaron un acuerdo en República Dominicana porque Maduro se negó a ofrecer garantías electorales mínimas.
Cuando después del diálogo algunos asomaban la posibilidad de participar muchos con razón se preguntaron: si se va a participar con las condiciones que la MUD rechazó, ¿por qué se rechazaron entonces?
Falcón tiene además otra limitación: no tiene el capital político para arrear a la oposición detrás de su candidatura. Tanto en el liderazgo opositor como en la base, Falcón genera suspicacias por la misma razón por la cual algunos lo ven como la persona ideal para pactar una transición con el chavismo.
A estas alturas, pues, es difícil imaginar a la oposición forjando un consenso a favor de la participación. Falcón solo puede aspirar a que una parte de la MUD lo respalde. No puede lograr que PJ lo apoye pero sí puede dividir al partido si consigue el respaldo de Capriles. No puede lograr cambiar la postura de la MUD pero sí puede profundizar sus divisiones y la desconfianza mutua entre las diferentes facciones. Su espacio para sumar apoyos es tan restringido que su éxito significa polarizar y fragmentar más a una oposición que ya está fragmentada.
Una lección que nos ha dejado el chavismo es que las cosas siempre se pueden poner peor. La oposición ahora está mal; una división en torno a Falcón podría sepultarla.

Pacto con el gobierno: ¿una opción realista?

Algunos analistas sostienen que hay sectores del chavismo dispuestos a cederle la presidencia a Falcón bajo ciertas condiciones. Un pacto de esta naturaleza, dicen, es la única salida realista a la crisis porque el chavismo no va a soltar el poder sin las garantías de protección que solo Falcón puede ofrecer. Si las opciones se reducen a Maduro por otros seis años o un acuerdo de cohabitación entre Falcón y el régimen, ¿no sería razonable apoyar la segunda?
El problema es que esto no es un dilema en base a una realidad sino un dilema en base a una posibilidad; una posibilidad, por lo demás, que uno debe ver con escepticismo.
¿Cuán fácil es pastorear a las diferentes facciones del gobierno hacia una transición pactada? ¿Se les puede convencer de que es posible reemplazar a Maduro por Falcón sin poner bajo riesgo su permanencia en el poder? Cierto: el statu quo también trae consigo riesgos. El colapso del país podría provocar caída del régimen y Maduro no tiene la capacidad de solucionar la crisis. Pero es probable que los chavistas sean mucho más sensibles a los potenciales riesgos de un cambio que a los riesgos de dejar las cosas como están. Si un cambio grande y difícil de implementar genera miedo, la inercia tiene todas las de ganar.
Pero supongamos que los escépticos están equivocados. Ante la posibilidad de una transición controlada, ¿qué debe hacer la oposición? ¿Y por qué Falcón necesita a la MUD? ¿Acaso tiene que ganar las elecciones por una amplia ventaja para que los sectores chavistas que quieren una transición lo respalden? Si ese el caso, ¿no es una exageración pintar este escenario como realista?
A la MUD no se le puede pedir que apoye a Falcón porque hay un chance de que el gobierno le entregue el poder bajo condiciones; nadie le puede pedir a Borges, Ramos Allup y Leopoldo López que sacrifiquen su credibilidad y capital político apoyando en secreto un acuerdo de cohabitación con los jerarcas del régimen cuando ni siquiera hay garantías de que la cúpula chavista esté dispuesta a sellar ese acuerdo.

El caso contra la participación

Hay un conjunto de realidades que se niegan a aceptar los defensores de Falcón. La primera es que la mayor parte del liderazgo opositor se opone a participar y tienen razones legítimas para oponerse. Sin el apoyo de los principales partidos, Falcón no contará con recursos para movilizar y defender el voto.
La segunda es que los líderes de la MUD están cada vez más comprometidos con no participar (con sus seguidores y con la comunidad internacional) y Falcón no tiene el poder para cambiar esta situación.
La tercera es un resultado de las primeras dos: aunque Falcón no puede unir sí puede dividir. El apoyo de Capriles, por ejemplo, podría resquebrajar a PJ e infligir un enorme daño a la MUD.
Es verdad que ahora la alternativa a la participación no es ideal. El Frente Amplio no ha presentado una propuesta seria para luchar contra la dictadura. Nada cambiará si la oposición no vota en las presidenciales. Pero la candidatura de Falcón no tiene mejores perspectivas. La única diferencia es que podría dejar a la oposición en una posición mucho más débil para hacer frente a la situación que muy probablemente tendrá que encarar después de la farsa electoral del 20 de mayo.

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domingo, 22 de abril de 2018

C.A.P. 

Ramón Peña 

“Quiera Dios que quienes han creado este conflicto absurdo no tengan motivos para arrepentirse”.

 Carlos Andrés Pérez, mayo de 1993 Se cumplen 25 años de la defenestración del Presidente Carlos Andrés Pérez (CAP), enjuiciado por haber dispuesto –indebidamente- de la partida secreta del Estado para colaborar con la consolidación de la democracia en Nicaragua. Hoy, un ante juicio de mérito es aprobado contra otro mandatario, el actual, indiciado de recibir de la empresa Odebrecht 35 millones de dólares a cambio de privilegiar la concesión de obras públicas. No son comparables los hechos imputados. El primero quedó calificado como “malversación genérica” por utilizar la partida secreta fuera de las fronteras del país, el de ahora, un delito de cohecho en detrimento del patrimonio nacional. Tampoco hay semejanza en la calidad política y humana de ambos enjuiciados. Uno, un hombre de Estado, demócrata convincente y respetuoso de la institucionalidad, el otro, un advenedizo caracterizado por su apego a la arbitrariedad y la infinitud de su ignorancia. CAP ambicionaba el rol histórico de modernizador de la socialdemocracia venezolana. Su acusación y condena fue un linchamiento político, una cayapa que congregó resentimientos personales, facturas de su propio partido por haberle suprimido inmerecidos privilegios, dueños de medios y empresas que
pretendían la continuidad del proteccionismo estatal y rezagos de la subversión castrista de los años sesenta. Una lapidación que complacía a los corifeos de la anti política, soterrados conspiradores civiles cómplices de la felonía militar golpista. Un ataque que, como ocurre con las radioterapias mal aplicadas, no solo acabó con CAP, sino que hirió de muerte al sistema de partidos y a la propia democracia. La presidente Violeta Chamorro en un acto público en Cartagena, declaró: “Gracias a Carlos Andrés Pérez por haber establecido la democracia en mi país”. Un cuarto de siglo después, CAP es digno de una reivindicación histórica por su inmerecida muerte política. Ramón
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ESCENARIOS: 1) LOS SUPUESTOS 

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           LUIS VICENTE LEON

EL UNIVERSAL 

Resulta absurdo hacer una proyección lineal sobre lo que esperamos que ocurra en Venezuela. La incertidumbre nos obliga a plantear escenarios. Pero antes es necesario construir el marco de supuestos. Son esas cosas que creemos que estarán pasando, independientemente del escenario en el que estemos. No son seguros, pero parecen más probables que las incertidumbres críticas que definen los escenarios.

El primer supuesto es que la votación ocurrirá en la fecha convocada: 20 de mayo. En adición, consideramos que no se producirán nuevas negociaciones que mejoren las condiciones de este evento, con lo cual se mantiene su condición de opacidad, sesgo y ausencia de competitividad. (Ojalá me equivoque).

Sin cambios en las condiciones electorales, la comunidad internacional, que ya ha manifestado su posición negativa sobre él, no reconocerá esos resultados como legítimos, con lo que ocurre un fenómeno inédito. Un presidente legítimo de origen podría pasar a ser ilegitimo de origen para la mayoría del mundo, al pasar por una votación y eso generará dilemas relevantes, especialmente para esa comunidad internacional y para la oposición institucional que desconoce la votación y tendrá el reto de desconocer también al presidente que resulte de ella y actuar en consecuencia. Aquí entran dos supuestos derivados del resultado de esa votación, que sí es una incertidumbre. El primero es que, si Maduro gana, habrá discursos y profundización de sanciones contra la selección y el presidente, pero no se producirá la aparentemente lógica ruptura diplomática entre quienes no reconocen la votación y ese gobierno que detentará y ejercerá el poder, legítimo o no. Los embajadores permanecerán y el presidente resultante también. Mientras tanto, la oposición se fracturará frente al reconocimiento, explícito o implícito, de ese gobierno a futuro.
  
Pero si se produce el triunfo electoral de un opositor contra Maduro (un escenario que sólo puede ocurrir con participación medianamente alta y la implosión chavista, actuando juntas), éste estará sujeto a la “ley de la ventaja”. Es la ley que indica en fútbol que una vez cantada la falta, si el jugador afectado continúa con el balón, dispara al arco y convierte gol, ese gol vale. Y si no lo convierte, la falta sigue viva y se exige la reparación correspondiente. La falta se pita para proteger al afectado, pero si éste se las arregla para ganar sin tiro libre, el resultado será asimétrico: si Maduro gana sería ilegítimo para quienes lo han denunciado, pero si la oposición gana y puede cobrar, terminará reconocida y legitimada internacionalmente.
No hay espacios tampoco para muchas negociaciones integradoras hacia el interior de la oposición. Los grupos institucionales que no presentaron candidato y han llamado al boicot electoral, mantendrán su posición y atacarán a Falcón tan duro como a Maduro. Pero es posible que se produzcan algunas sorpresas como el llamado al voto por parte de algunos líderes nacionales influyentes y de algunas personas notables del país, saliéndose de las líneas de sus partidos e instituciones y fortaleciendo la posición de los pro voto, entendiendo al proceso no como una elección sino como un evento de movilización de masas que puede poner en peligro la estabilidad del gobierno a nivel de la población o, más importante aún, hacia el interior de sus propios grupos chavistas, civiles o militares, quienes podrían usar la defensa del resultado como una excusa para huir hacia delante y protegerse de las sanciones personales a futuro.

Con este marco de supuestos, sobre los que nos podemos equivocar, pero son nuestros, la próxima semana desarrollaremos los escenarios electorales del país y sus consecuencias.

luisvleon@gmail.com 

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 DE CUMBRE EN ABISMO, DE ABISMO EN CUMBRE

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CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ

El Universal

El senador Marco Rubio tuvo el coraje de decir la verdad sobre el resultado de la Cumbre de Lima: “no hubo consenso para introducir una referencia a la situación venezolana en la declaración final”. Esto debiera servir para evaluar cuáles son los instrumentos con los que la “comunidad internacional” puede incidir positivamente en los países. Y aunque el odio hace olvidarlo, no hay otro mejor que una fuerza electoral, triunfante o derrotada con respaldo masivo. En la solicitud de varios magistrados para el antejuicio de mérito contra Maduro, se juega a una intervención extranjera que por improbable podría decepcionar a los ilusionados o, de ocurrir, abrir la caja de Pandora.

La misma frustración de los que creyeron que el referéndum popular (16/07/17) era la hora cero para sacar al gobierno. Políticos que merecen el título, saben que las acciones simbólicas son armas traicioneras que vuelan las manos de quienes las manejan torpemente. La Cumbre de Presidentes americanos se creó a comienzos de los 90 para darle operatividad al ALCA (Asociación de Libre Comercio para las Américas) y la primera de las ocho realizadas fue la de Miami en 1994. Con el Socialismo del Siglo XXI, la periódica reunión cambió de naturaleza, se abortó el ALCA y surgió en su lugar el ALBA (Alianza Bolivariana), un engranaje revolucionario.

Se frustró un proyecto que hubiera contribuido a mejorar las economías y acercarlas al siglo XXI y las cumbres tuvieron un sentido antiimperialista y no comercial. La de Mar de Plata, Argentina (2005), fue la del tercermundismo contra EEUU, la “economía neoliberal”, el furor anticapitalista, la segunda independencia y demás. Pero la de 2018 en Lima es un claro enjuiciamiento de las cumbres anteriores y de lo único que dejó el Socialismo del siglo XXI: la corrupción masiva, sistémica, estructural, Odebrecht. Y la destrucción de Venezuela, desdichada tierra en la que nació la pesadilla.

De un error a otro
Chávez, Lula, Kirchner, hoy son iconos de las miserias latinoamericanas y demuestran que el único socialismo bueno es el socialismo derrotado. La corrupción de Odebrecht corroyó el continente de arriba abajo, tanto que se asordina el desastre porque las consecuencias de enfrentar lo ocurrido en por lo menos 14 países serían más graves que el silencio (ya cayeron dos cabezas). Esta Cumbre de Lima revela crudamente las equivocaciones dolorosas, la frivolidad de los países y los liderazgos, la volubilidad de la comunidad internacional. Ayer el continente, los mandatarios, las muchedumbres deliraban a las insensateces que decía Chávez.

Hoy se inclinan ante otros y el señor Luis Almagro, secretario general de la OEA, es una evidencia de esa debilidad del juicio que contribuyó a que la revolución se entronizara en Venezuela en medio del aplauso de la “comunidad internacional” hoy arrepentida. En marzo de 2014, con Maduro un año en la presidencia, el entonces canciller Almagro de Uruguay, dijo que Chávez “reinventó Latinoamérica” y que “hay un norte que tiene que ver con la integración que Chávez fue construyendo ladrillo a ladrillo”.

También dejó para la pequeña historia, esta joya: “Es claro que si todos fuéramos más como Chávez, habría mejores condiciones de democracia… mejores condiciones de derechos humanos para todos nuestros pueblos en Latinoamérica. Ojalá que cada uno de nosotros, en el ámbito que corresponda, recoja su ejemplo y lo lleve adelante, como de alguna manera intento yo cada día”. En septiembre de 2015, hace apenas cinco semestres, el ahora secretario general de la OEA dejó escapar estas aladas palabras.

Los dos Almagro
Dijo Almagro para el récord Guinness del bandazo: “Chávez cambió completamente la arquitectura de las relaciones en nuestros países, demostró una generosidad extraordinaria, una dimensión humana como muy poca gente”. Y la guinda del pastel: “Si yo tuviera que decir algo de Hugo Chávez, diría que es el político latinoamericano más grande, más genial en su dimensión intelectual y moral de los últimos 52 años”. Al verlo derretido chavista, y apenas dos años y medio después tragasables, jefe del abstencionismo destructivo, hay razones para pensar que está tan equivocado en una como en la otra (ver Mario Villegas: Quinto Día, 13/04/18).

El péndulo se desplaza hacia el error contrario. La falta de sentido de la realidad política, lleva a países hoy preocupados por la democracia a tal torpeza que ayudan al gobierno que quieren derrotar. Que gran parte de la región haya tomado esas incoherentes y ciegas ruta de adular a Chávez, y que ahora boicoteen el proceso electoral de Venezuela, complica la salida del gobierno y aumenta su costo. No tienen la Cumbre, ni la OEA, ni el Grupo de Lima, los mecanismos para la única opción que sustituiría el voto: una intervención externa. 

Y la ONU, que si lo tiene constitucionalmente, no puede usarlo por el veto de Rusia y China. Da la impresión que las acciones latinoamericanas contra la revolución no conducen al cambio sino a la incertidumbre. Es tiempo ya de hacer balance de las sanciones aplicadas para tener claros sus resultados. Y mientras más sanciones, más miseria, inflación, devaluación. En momentos de casi hambruna, las fotografías nos enseñaban a Fidel Castro devorando langostas con visitantes extranjeros. Los recursos que vienen del petróleo, siempre irán a la nomenclatura y el hambre siempre irá a las mayorías. 

@CarlosRaulHer

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Venezuela saqueada
 José Guerra

Venezuela ha sido objeto de un saqueo. Una especie de fuerza de ocupación a cargo de la administración de los fondos del Estado ha consumado entre 1999 y 2018 el mayor despojo de los recursos públicos para provecho personal, hasta constituirse una especie de nueva oligarquía del dinero, tal como la describió Domingo Alberto Rangel en aquella obra monumental denominada La Oligarquía del Dinero, cuya primera edición se publicó en 1971. Narraba Rangel en ese libro el proceso de formación de los grupos económicos que movidos por el espíritu empresarial trabajaron día y noche para formar empresas, aprovechando la ventaja de un ingreso petrolero sostenido que se transformaba en riqueza material. Así se construyó la Venezuela moderna con el concurso del capital privado y sobre la base de un Estado interventor pero que no obstaculizaba la actividad privada. Los otrora comerciantes del cacao y el café, luego devinieron unos en industriales y otros en financistas o constructores. Allí están las empresas todavía, sus fábricas y su capacidad e instinto empresarial averiado por el socialismo, pero vivo, a la espera de mejores oportunidades.
Pero la Venezuela que corre desde 1999 es diferente. Acá se trata de una acumulación originaria del capital relancina, violenta, que no construyó sino que hizo del robo, el tráfico de influencias y el porcentaje corruptor su razón de ser. Se tejió una estructura compleja de nuevas figuras de la política con nuevos actores en lo económico, ubicados este engranaje en posiciones claves. Así, proviniendo las divisas del petróleo, no se podía hacer dinero rápido y con bajo riesgo sin adentrarse en la fuente primigenia de donde brotan los dólares: Pdvsa. Luego con el control de cambio, era racional que las organizaciones y grupos aspirantes a capturar la renta petrolera para su propio peculio, arroparon la administración de las divisas preferenciales y baratas. En tercer lugar, había que tomar la distribución de la renta del petróleo a través de los contratos de obras públicas y es allí donde entra Odebrecht. Los escándalos de Pdvsa con contratistas mil millonarios ahora reos en Estados Unidos y los beneficiarios de la asignación de divisas preferenciales para importaciones de alimentos permiten afirmar que en un plazo de apenas quince años esos traficantes de contratos y privilegiados con los dólares baratos acumularon una fortuna superior a la que produjeron todos los empresarios tradicionales juntos. Para verificar esta hipótesis hay que valorar cuánto fueron las importaciones y el monto de los contratos de Pdvsa.
No obstante, el caso de Odebrecht hace palidecer a quien lo estudie. El presidente Chávez le asignó, por intermedio de Lula Da Silva, a esa empresa contratos sin licitación por montos millonarios para la realización de obras que en algunos casos su precio resultó ser hasta cuatro veces mayor al monto presupuestado y la gran mayoría de ellas ni siquiera han sido ejecutada. En muchas de esas autorizaciones está la firma del presidente Maduro. Esa empresa recibió en Venezuela la mayor cantidad de contratos de América Latina pero fue donde menos obras realizó. La Venezuela decente exige justicia y que este asalto al patrimonio de los venezolanos, hoy arruinados, no quede impune.

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