viernes, 19 de diciembre de 2014

LOS QUE MANDAN EN CUBA

Roberto Alvarez Quiñones

ABC

La comunidad internacional no acaba de terminar de comprender que el general Raúl Castro es el jefe de Cuba no por ser presidente del Consejo de Estado sino porque es el primer secretario del Partido comunista cubano (PCC); y que Machado Ventura es el segundo al mando de la nación porque es el vicejefe del partido único. «Machadito» (como le llaman los Castro) sigue siendo el jefe del civil Díaz-Canel, vicepresidente del Consejo de Estado, y no a la inversa.
No obstante, hay aquí una incongruencia no prevista por Fidel Castro cuando se proclamó en 1976 la actual Constitución. Esta señala que el presidente del Consejo de Estado es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Así lo concibió el comandante cuando era un «mozuelo» de 50 años de edad y su hermano tenía 45. Ambos tenían décadas por delante como presidente y primer vicepresidente.
Y así fue. Pero ya estamos en 2014 y si Raúl Castro no llega a 2018, Díaz-Canel sería el nuevo jefe de Estado. ¿Aceptarían a un civil como jefe supremo de las FAR las decenas de generales de tres y dos estrellas, y los restantes, así como los cientos de coroneles y demás altos jefes militares? Es poco probable.
En términos constitucionales el derecho a elegir al núcleo institucional de poder en Cuba, es privilegio de una versión moderna de patriciado romano al que pertenece sólo el 7 por ciento de la población, es decir, los 800.000 militantes del PCC. Los millones de adultos restantes no tienen ese derecho. Constituyen la plebe, son ciudadanos de segunda clase. O sea, en la isla el poder no emana de la voluntad del pueblo soberano, como lo llamaba Rousseau, sino de la elite de su gerontocracia,
Podrá ser muy constitucional, pero legítimo no es. Los cubanos no eligen a sus gobernantes desde 1948, cuando se celebraron las últimas elecciones democráticas. Fulgencio Batista dio un golpe de Estado en marzo de 1952, tres meses antes de los siguientes comicios, y luego fue derrocado por Fidel Castro. Desde entonces, durante 62 años, Cuba ha tenido solo tres gobernantes, y militares los tres (récord en Occidente).

Un poder invisible

Pero hay más, el máximo poder realmente no radica en el Buró Político del PCC como reza la Constitución, sino en un reducido grupo de militares, algunos de los cuales no integran el Buró Político. Constituyen de hecho una junta militar invisible para la comunidad internacional y para la mayoría del propio pueblo cubano, pues opera tras las bambalinas y ningún medio habla del asunto. Díaz-Canel no pertenece a esa «crême de la crême» que controla el país, y que tiene 14 miembros.
Encabezada por los hermanos Castro y por el comandante (hoy equivalente al grado de general) Machado Ventura, el selecto grupo lo conforman además los cuatro generales más poderosos de la isla: Leopoldo Cintra Frías, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR); Abelardo Colomé, ministro del Interior; Alvaro López Miera, viceministro primero de las FAR y jefe del Estado Mayor; y Ramón Espinosa, viceministro de las FAR; así como el comandante de la revolución Ramiro Valdés, y el coronel de inteligencia Marino Murillo, vicepresidente del gobierno a cargo de la «actualización» del socialismo. Todos integran el Buró Político.
Los no miembros del Buró Político son el general José Amado Ricardo, secretario ejecutivo del Consejo de Ministros (primer ministro en funciones, cargo que ejercía Carlos Lage); general Carlos Fernández Gondín, viceministro primero del Interior; general Joaquín Quintas Solá, viceministro de las FAR; y el coronel Alejandro Castro Espín, hijo del dictador y jefe de Coordinación e Información de los Servicios de lnteligencia y Contrainteligencia de las FAR y el Ministerio del Interior.
El otro integrante fue finales de 2013 el coronel Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, ex yerno de Raúl, a cargo de la actividad empresarial de las FAR. Pero al divorciarse de Deborah Castro Espín cayó en desgracia.

Vivir del engaño

Estos son los hombres más poderosos de Cuba y que, junto a los Castro, toman las decisiones más importantes. Ese fue el estilo de poder paralelo impuesto por Fidel, quien creó el todopoderoso Grupo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe que durante décadas fue el verdadero gobierno ejecutivo, por encima del Consejo de Ministros, el Estado, y el propio PCC. Por otra parte, 8 de los 15 miembros del Buró Político son militares (la mayoría), y 4 de los 7 vicepresidentes del Consejo de Ministros son también militares.
En fin, Cuba es el único país del mundo que teniendo una cúpula de poder militar la presenta en el exterior como civil, y así es aceptada. Si un general es presidente de una nación sin haber sido elegido nunca en unos comicios democráticos, y gobierna rodeado de generales, eso se conoce como dictadura militar, excepto si se trata de Cuba, que se pavonea como un Estado normal en los foros internacionales.
Vistas así las cosas, es positivo que Miguel Díaz Canel, un civil que nació ya con los Castro en el poder y no forma parte de la gerontocracia militar de los «históricos», haya sido elevado a primer vicepresidente del Consejo de Estado en sustitución de José Ramón Machado Ventura, uno de los pilares de la línea dura estalinista.

Todo atado

Como dijo Yoani Sánchez en La Habana, antes de emprender su gira internacional, tener en Cuba un vicepresidente con menos de 80 años ya es algo. Sin embargo, aunque es lógico que el nombramiento de Díaz-Canel suscitara en su día cierto optimismo y alentase las esperanzas de algunos de que pueda convertirse en el Gorbachov cubano, no conviene hacerse ilusiones. La única relevancia de la designación —que no elección— radicó en que él podría ser el nuevo jefe de Estado si Raúl muriese o quedase incapacitado para el cargo antes de 2018, cuando vence su último período presidencial.
Por lo demás, todo es aparente, no real. El primer vicepresidente del Consejo de Estado no tiene la fuerza política que sugiere el nombre de su cargo. La razón es simple, no forma parte de la élite militar que en verdad ostenta el poder en el país. La ascensión de Díaz Canel no significa el inicio del postcastrismo (al menos con Raúl vivo), ni él es el «número dos» del régimen. Es el segundo de a bordo del aparato estatal, que no es lo mismo. Además, ni siquiera se le ubica en el ala «liberal» de la nomenklatura, sino como un ortodoxo algo más moderno.
Pero la clave aquí es que la Constitución castrista establece que institucionalmente la máxima instancia de poder en Cuba país no es el Gobierno, sino el Partido Comunista (PCC), encabezado por un primer secretario (Raúl Castro) y un segundo secretario, que es Machado Ventura, y un Buró Político sometido a la voluntad del dictador y la cúpula militar.

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Oposición respalda sanciones de Estados Unidos a funcionarios

Jesús Chúo Torrealba / ARCHIVO

La Mesa de la Unidad Democrática dijo hoy que respalda toda iniciativa que tome cualquier parlamento o cualquier país del mundo para castigar a los violadores de derechos humanos, en alusión a las sanciones que aprobó Estados Unidos contra funcionarios venezolanos.

"La MUD, amplia alianza de fuerzas democráticas de Venezuela, respalda cualquier diligencia que haga cualquier parlamento y cualquier país del mundo para castigar a violadores de derechos humanos", dijo en rueda de prensa el secretario ejecutivo de la coalición, Jesús Torrealba.

El representante de la MUD recordó que "la violación de los derechos humanos es un delito imprescriptible" y señaló que los miembros de la alianza lamentan que no haya sido el gobierno o la Asamblea Nacional, los que promovieran una búsqueda y castigo.

Torrealba acusó a los funcionarios que serán sancionados de ser, además, "corruptos" porque entre los castigos figura la congelación de sus cuentas en divisas extranjeras y sus bienes fuera del país.
"Habría que preguntarse: '¿Cómo es eso que estos sujetos tienen cuentas en dólares en Estados Unidos?, ¿cómo es que tienen mansiones?, ¿cómo es que tienen carros de lujo? (...) ¿de dónde sale este dinero?", dijo.

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La transición


Eduardo Fernandez
Viene la Navidad. Viene el Niño Jesús. Viene de nuevo el mensaje de paz, de esperanza, de reconciliación que representa el nacimiento del niño Dios. Ojalá el niño Dios nos traiga una transición ordenada, pacífica y feliz.
De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) la transición es “la acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto”.
Los venezolanos queremos una transición que nos lleve de un estado de confrontación permanente e infecundo a un clima de armonía y de entendimiento.
Queremos una transición que nos lleve de la inflación, la recesión y el desabastecimiento, a una economía productiva sin inflación, con crecimiento y con mercados abastecidos con los productos que necesitamos para nuestros hogares.
Queremos una transición que nos garantice un árbitro electoral imparcial que genere confianza en todos los ciudadanos y un gobierno que nos garantice el respeto a la vida y a las propiedades y una Asamblea Nacional que legisle y que controle la marcha de la Administración Pública tal como lo ordena la Constitución Nacional.
Queremos una transición que nos dé a los venezolanos una administración de justicia independiente, autónoma y capaz de asegurar la plena vigencia de nuestros derechos humanos.
En definitiva queremos más y mejor democracia, y eso incluye profundizar la descentralización y darles un mayor protagonismo a los gobiernos regionales y locales. Acabar con el centralismo exagerado, con el modelo rentista petrolero y con la concentración patológica del poder en las manos del presidente de la República.
Los venezolanos queremos una transición que acabe con el control de cambios y con los controles artificiales de la economía y que estimule la diversificación y el fortalecimiento de nuestro aparato productivo.
Una transición que nos dé más y mejores empleos. Que defienda el poder adquisitivo del salario. Que haga de la educación la prioridad nacional y que nos garantice mejores escuelas y mejores salarios para nuestras maestras y maestros.
En definitiva, una transición que nos saque del atraso y nos permita disfrutar de un país más unido, más próspero y más feliz.
Ojala el Niño Dios nos conceda esa transición.

Seguiremos conversando
Eduardo Fernández  
@efernandezve 

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Nuevos poderes y nuevo año

GERARDO BLYDE 
En los próximos días la Asamblea Nacional producirá el nombramiento de varios magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (aunque no de la Sala Constitucional, pues sus siete magistrados aún no tienen sus períodos vencidos), algunos rectores del CNE y la trilogía constituida por quienes encabezarán la Fiscalía General de la República, la Contraloría y la Defensoría del Pueblo.
Mucho se ha dicho sobre la falta de independencia de los poderes públicos desde la entrada en vigencia de la Constitución de 1999, siempre resaltándose sus actuaciones en casos emblemáticos. 
Algunos han señalado que esto es afirmado sólo por la notoriedad de algunos casos, pero que en su actividad cotidiana de control de la constitucionalidad o legalidad de los actos emanados del Gobierno Nacional o de la propia Asamblea Nacional, los poderes públicos sí han actuado con independencia para restablecer el orden infringido. 
Un concienzudo estudio redactado a cuatro manos por los abogados Canova, Herrera, Rodríguez y Graterol demuestra que no es cierto que haya habido generalizaciones interesadas para dañar la imagen de los poderes. Al profundizarse en cómo ha decidido el Tribunal Supremo de Justicia los casos en los cuales se ha demandado al Estado alegando ilegalidades o inconstitucionalidades en sus actuaciones, este estudio revela verdades muy crudas. Ya está publicado bajo el título "El TSJ al servicio de la Revolución"(recomiendo particularmente su lectura, pues nos sitúa frente a la realidad existente).
Sólo algunas cifras tomo de este extraordinario trabajo a manera de ejemplo. Entre los años 2005 y 2013 la Sala Constitucional conoció de 1.732 demandas sobre control de los poderes públicos de las cuales sólo 116 fueron declaradas con lugar (es decir, a favor del accionante), lo que equivale al 7%. Al discriminarlas por tipo de procedimiento, las cifras que revela el estudio señalan lo siguiente: Amparo contra actos, 570 decisiones, sólo 12 con lugar (2%); Amparo contra leyes, 26 decisiones, ninguna con lugar; Recurso de Interpretación, 166 decisiones, sólo 23 con lugar (14%); Recurso de Nulidad, 495 decisiones, sólo 60 con lugar (12%); Recurso de colisión, 44 decisiones, 1 con lugar (2%); Controversia constitucional, 11 decisiones, ninguna con lugar; Omisiones de los poderes públicos, 40 decisiones, sólo 2 con lugar (5%); Avocamiento, 130 decisiones, 11 con lugar (8%); Protección de derechos colectivos, 53 decisiones, sólo 6 con lugar (11%); y, finalmente, Hábeas data, 197 decisiones, 1 con lugar.
Este es apenas un cuadro de todo lo que contiene este revelador libro. Valdría la pena realizar estudios similares con las actuaciones de cada uno de los otros poderes públicos.
Para que exista un Estado Democrático de Derecho y de Justicia, tal como reza nuestra Constitución, debe haber instancias a las que los ciudadanos puedan acudir a solicitar protección y tutela de sus derechos. Esas instancias deben, de manera imparcial y bajo el examen directo de los hechos y el derecho alegados, decidir sobre el restablecimiento del orden jurídico infringido por el Estado. Si esas instancias sirven al poder y no a los ciudadanos, han confundido y equivocado completamente su razón de ser, la causa misma de sus propias existencias. Han tergiversado quién es en democracia el verdadero soberano, que no es otro que el pueblo constituido por ciudadanos libres.
La división del poder existe sólo para proteger al ciudadano del poder mismo, para que exista un esquema institucional de pesos y contrapesos que pongan límites a excesos, abusos, actuaciones arbitrarias, ilegales o inconstitucionales. Cuando hablamos de independencia de poderes, hablamos esencialmente de un sistema que garantice que el orden jurídico establecido a favor de los ciudadanos -no del gobernante- tenga quien lo cuide, salvaguarde y lo haga prevalecer.
Por lo que se dice, amaneceremos el próximo año con nuevos integrantes en estos poderes. ¿Tendrán el valor de actuar de manera autónoma para garantizarles a los venezolanos el imperio de la ley? Si nos guiamos por la conducta asumida durante los últimos años por la mayoría de los que ahora ocupan los altos cargos, no tenemos muchas esperanzas de que eso suceda.
El 2015 será un año duro tanto en lo económico como en lo social. Ello derivará en profundización de la crisis política. Necesitaremos instituciones fuertes, comprometidas con el orden democrático y constitucional, independientes y defensoras del ciudadano. 


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NAVIDAD Y PERSECUCIÓN POLÍTICA

    LUIS UGALDE  sj
"Magnicidio" suena rotundo, contundente y grave. "Conspiración" es una inmensa playa donde las rumorosas olas repiten el suspiro de millones de venezolanos por un cambio, el de Maduro y el del régimen; solo que María Corina Machado lo dice de frente y argumenta. En respuesta, la voluntad de perpetuarse en el poder y su pérdida de respaldo reprimen y  persiguen.

La Navidad no es sólo algo que ocurrió hace dos mil años, sino que cada solsticio de invierno y Año Nuevo vuelve cargado de vida y simbolismos que tocan las fibras más básicas de la condición humana. En el mundo cristiano, en el Niño-Dios que nace humano y pobre, se abrazan el amor de Dios y la búsqueda humana más elevada. El misterio de Belén nos pregunta qué hacemos con la vida y la dignidad humana de los más débiles. Hoy en Venezuela no es posible vivir la Navidad de verdad sin encontrarnos con los presos políticos y perseguidos y sin desearnos un año realmente nuevo. La descarada persecución contra María Corina y la cárcel atropellante y arbitraria de Leopoldo López, Enzo Scarano, David Ceballos y otros muchos, conocidos o anónimos, claman al cielo. Esa persecución no es compatible con la sincera celebración cristiana  navideña, y no se encuentra con Jesús en Belén quien persigue, calumnia y priva de libertad a los que piensan distinto. Seguramente muchos de los que hoy abusan del poder fueron sinceros luchadores contra la explotación y la opresión, pero el poder tiene un rostro cuando está ausente y otro totalmente contrario cuando, hospedado en la casa, se apodera de quien lo recibe.

En el evangelio navideño de Mateo (2,1-14) se lee una curiosa narración llena de simbolismos que iluminan la búsqueda humana de la verdad, contrapuesta al uso criminal del poder. Unos magos van en camino tras una estrella que los conduce a Jesús, palabra que es amor incondicional de Dios,  encarnado en nuestra condi ción humana. En la tarde de su vida, el cruel asesino Herodes el Grande se alarma cuando esos magos le preguntan por el nacimiento del Mesías. El niño es vida y esperanza, y en su espejo quedan en evidencia los tiranos. Jesús no tiene ni riquezas ni ejércitos, ni aspira al trono de Herodes, pero el tirano tiene miedo y quiere arrancar de raíz la posibilidad de que en la humanidad se encienda la sencilla verdad de que la vida de un niño vale más que los reyes con todo su poder de dominio. Como si Herodes estuviera escuchando lo que Jesús, 30 años después, va a decir a sus apóstoles: "Saben que en el mundo los que son tenidos por gobernantes dominan a las naciones como si fueran sus dueños y los poderosos imponen su autoridad". "No así entre ustedes". "Más bien quien entre ustedes quiera llegar a ser grande que se haga servidor de los demás; y quien quiera ser el primero que se haga sirviente de todos". "Como el Hijo del Hombre que no vino a ser servido sino a servir y dar su vida por muchos" (Marcos 10, 35-45). Herodes el Grande era cruel y criminal. En su propia familia mató a su cuñado Aristóbulo, a los dos esposos de su hermana, a su suegra, a una de sus mujeres y a dos de sus hijos. La persecución política de entonces y la de hoy es contra todo el que cuestione el abuso y la imposición, contra todo el que critique el poder y lo debilite. Según la Constitución el Poder Ejecutivo es un servicio público limitado y no dueño de vidas, ni soberano absoluto al estilo de Luis XIV y de Stalin, que persiguen a quienes quieren poner el poder al servicio de la vida. Por eso cele bramos los "santos inocentes", esos niños que Herodes mandó a matar, porque son vida y esperanza  frente al poder que abusa.

La Navidad se opone a la persecución política y no nos habla solo del pasado, sino que renace en nuestro presente y revive nuestro compromiso con la vida y la paz. Los venezolanos que de verdad celebran la Navidad se encuentran con Jesús y son amenaza para el abuso de Herodes; son conspiradores. Los niños son vida y antipoder, son  rechazo del abuso de Herodes y de toda forma de tiranía y reclaman transformar el poder-dominación en poder-servicio y amor. El año 2015 solo será nuevo si renace con fuerza en millones y millones de venezolanos la firme voluntad de someter el poder que abusa  y acabar con la persecución política, para que los inocentes vivan.

fernandamujica@gmail.com


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LA PELUSA ROJA


JEAN MANINAT 
En medio de las malas noticias que cerraron ese año -annus horribilis como ninguno- hubo una que destacó sobremanera, una verdadera "bomba" que expandió un frío glacial sobre el poco entusiasmo que generaban aquellas navidades devaluadas que ponían fin al 2014: el presidente Maduro, anunció que delegaría la agenda política y se centraría en el tema económico. El frenesí que recorrió las principales plazas financieras quedó grabado en miles de secuencias donde corredores de bolsa asiáticos, anglosajones, afroamericanos, paulistas y chilangos, se arremolinan frente a esos monitores donde titilan unos signos verdes que semejan marcianitos, mientras vociferan órdenes y contraórdenes subrayadas por las grotescas contorciones de sus dedos: vendo, remato, todo lo que huela a Venezuela, es lo único que se logra oír entre el pánico ensordecedor que inunda the floor. Una tenue pelusa roja, esquiva al ojo humano, flota por doquier, anunciando la pava por venir. Dando traspiés, tumbando sillas y computadoras, los más jóvenes empezaron a caer agarrándose la garganta mientras unos filamentos umbríos les brotan como bachacos de la boca. Fue el primer ataque de la Pelusa roja.
En Pekín, en la sede del Politburó, un grupo de jerarcas despeinados, ojerosos y en pijamas, esperan con atención el informe del equipo encargado de dar cuenta del desplome inminente de la segunda economía mundial. Lucen impasibles, pero la incesante procesión de cigarrillos que no terminan de encenderse o apagarse, traiciona la elegante displicencia de sus costumbres. Quien preside la reunión lee con paciencia el informe secreto que solo él y sus autores conocen. De repente, el folio se le cae de las manos, y con el rostro estupefacto de quien ve un fantasma, deja escapar un maullido: Maduro, economía, préstamos, deudas, hambruna, mala racha... alcanzan a escuchar con asombro los camaradas, mientras sus bocas, orificios nasales y orejas empiezan a despedir una tenue pelusa roja que todo lo tiñe y sofoca, como un velo de mala suerte milenaria.
Es temprano en el palacio de Planalto, en Brasilia; ni la rígida arquitectura de Niemeyer, ni la seriedad que imprime quien manda en el recinto, evocan la alegría carioca de Vinicius. Es un set futurista de los años cincuenta plantado en plena selva. En poco se inaugura una cumbre extraordinaria más de Unasur; los mandatarios se aprestan a tomar sus sitios, y sus asesores a cubrirles las espaldas. No son buenas las noticias que preceden la convocatoria, hay, se diría, una mala racha. El precio del  petróleo se desploma, el crecimiento económico balbucea cifras escuálidas, la masa no está para bollos. La noticia se ha regado como pólvora y todos esperan con aprehensión el mensaje grabado del Presidente que abandonó todo por la economía. (Un ¡Dios qué iremos a escuchar! Les estruja el corazón). Compañeros y compañeras la guerra económica del imperio... se escucha en la sala; un magno estornudo explota alfabéticamente en primera fila, es el segundo secretario de la embajada argentina, que arroja unos filamentos rojos por la nariz que todo lo tiñen y sofocan. Alfabéticamente más atrás, la ministra consejera de Uruguay intenta sacarse una estopa roja que le obtura la respiración mientras corre hacia el puesto de primeros auxilios. Para entonces el pandemónium es generalizado, y al grito de: la Pelusa roja, la Pelusa roja, nos vamos a empavar, las dignatarias corren despavoridas con los tacones en las manos; y los mandatarios protegidos ingenuamente por los sacos bien cortados de sus embajadores, huyen dándose codazos, hacia las puertas de salida. Una nube de polvillo rojo lo va cubriendo todo mientras en el aire hasta los pájaros de mal agüero, intoxicados por tanta pava, se desploman a tierra con los picos cubiertos de una baba rojiza.

Me llamo Cornelius Cook, soy el único sobreviviente de la base estadounidense Amundsen Scott en la Antártida. Por un descuido imperdonable sintonizamos Telesur, en medio de una cadena del primer mandatario bolivariano. Hace dos días avistamos la nube rojiza que se aproximaba. Todos los instrumentos enloquecieron y nosotros también. Nos cayó la Pelusa roja.

(Hasta enero, gracias por la paciencia y la mejor de las fiestas navideñas).

@jeanmaninat

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¿Quién tendrá la razón, Obama o Castro?



   Jorge I. Dominguez

En El discreto encanto de la burguesía (1972), Luis Buñuel nos presenta unos personajes que se reúnen para cenar, conversar y celebrar. Cena que se interrumpe una y otra vez por razones reales o imaginarias, inverosímiles o comprensibles, pero todas adversas a la realización de un propósito compartido. Así ha sido en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos desde los años setenta y, en particular, desde finales de la guerra fría hacia finales de los ochenta.
El simultáneo anuncio en Washington y La Habana, del 17 de diciembre 2014, sobre la restauración de relaciones diplomáticas entre ambos países, y el canje de presos encarcelados bajo acusaciones respectivas de espionaje, señala un posible nuevo rumbo. Ambos presidentes comunicaron, además, medidas que caracterizaron como unilaterales pero evidentemente no habrían ocurrido sin coordinación. “De manera unilateral”, indicaba Raúl Castro en su alocución, el Gobierno de Cuba autorizó “la excarcelación de personas sobre las que el Gobierno de Estados Unidos había mostrado interés”. También de manera unilateral, Barack Obama instruye a su secretario de Estado que revise la inclusión de Cuba como Estado promotor del terrorismo en la lista oficial de EE UU sobre este asunto, lista en la que Cuba estaba incluida desde 1982. Igualmente unilateral, supongamos, fue el intercambio telefónico entre Obama y Castro, que duró casi una hora.
Lo real maravilloso, evidente en la película de Buñuel pero mucho antes en la novelística cubana y latinoamericana, ha sido, sin embargo, parte de lo divertido, y de lo frustrante, en las relaciones entre Cuba y EE UU. Imaginémonos a un extraterrestre. No sabe nada de historia, ni de contexto, ni de sutilezas, ni de rencores. Lo único que sabe es lo que observa a miles de kilómetros lejos de nuestro planeta. ¿Qué habría observado?
Frenesí diplomático
1.En los mismos antiguos edificios que fueron antes de 1959, respectivamente, las Embajadas de Cuba en Washington y de Estados Unidos en La Habana, encontramos a docenas de diplomáticos de estos dos países que se comportan como diplomáticos en una Embajada cualquiera, encabezados por un señor que se comporta como embajador. (Ahora habrá que cambiar el letrero del edificio).
2.En el perímetro de la única frontera terrestre entre Cuba y EE UU cerca de la ciudad de Guantánamo hay una colaboración profesional perfecta entre militares de Cuba y EE UU. Los de EE UU no quieren que los presos se escapen de la base militar rumbo a Cuba, y los de Cuba no quieren que los presos se escapen de la base militar y se cuelen en Cuba. Cuba es un aliado militar confiable de EE UU, indicaría nuestro extraterrestre, sin saber que esta relación militar comenzó bajo Bush 41 y se consolidó bajo Bush 43 con la llegada a esa base en 2001 de los primeros presos talibanes.
4.Observaría el extraterrestre que, a partir del fin de 2001, EE UU ha sido el principal suministrador de productos agrícolas importados por Cuba. Y, además, Cuba paga en efectivo. Nadie, excepto Cuba, paga a exportadores estadounidenses en efectivo antes de que esos productos crucen la frontera de EE UU. Cuba y EE UU, razonaría nuestro extraterrestre, son amigos entrañables, y el presidente de EE UU en 2001, George W. Bush, es indiscutiblemente un héroe nacional en Cuba.3.En el estrecho de la Florida hay otra colaboración profesional impresionante entre guardacostas de Cuba y EE UU para impedir el cruce de cubanos sin documentos. Capturados en alta mar por guardacostas de EE UU, estos retornan a esos cubanos a un puerto en Cuba. En este asunto, Cuba es el mejor aliado de EE UU al cooperar en la intercepción de migrantes indocumentados. Eso no lo hace México como favor a EE UU. Eso no lo hace Marruecos en colaboración con España. Pero sí lo ha venido haciendo Cuba en su relación con EE UU ya hace 20 años.
¿Qué hay, pues, de nuevo, que no habría visto nuestro extraterrestre? Lo primero es un cambio de tono. Esa es la clave del discurso de Obama y de la información distribuida al público por la Casa Blanca. De la misma manera, la alocución de Castro indica que la decisión de Obama “merece el respeto y reconocimiento de nuestro pueblo”.
Viajar y acceder a InternetNo menos importante es la aceptación y el reconocimiento público del útil papel de mediadores tales como el papa Francisco y el Gobierno de Canadá. Sucesivos Gobiernos de Estados Unidos se mostraban anteriormente enfadados cuando algún tercero intentaba “interferir”. Pero hay otros que se merecen agradecimientos. Uno es el Gobierno de Panamá, cuya decisión de invitar a Cuba a la próxima Cumbre de las Américas, que se celebrará allá en abril de 2015, impuso fecha que exigía que el Gobierno de EE UU indicase si el presidente Obama asistiría a la primera de estas Cumbres, a la que sería invitado el presidente de Cuba como miembro pleno. Obama dijo que sí. Otro es Nelson Mandela, a cuyo entierro asistieron Barack Obama y Raúl Castro, y donde se saludaron por primera vez, intercambiando breves y amables palabras. Ese encuentro fue el día del entierro, 15 de diciembre de 2013, y el fruto de ese saludo fue el 17 de diciembre de 2014. Mandela fue eficaz desde su tumba.
Pero la lupa que ayuda a vislumbrar el futuro observa la apuesta implícita entre Barack Obama y Raúl Castro. Obama apuesta que, tarde o temprano, la mayor apertura internacional facilitaría un cambio democrático en Cuba. Lento fue ese proceso en Polonia comunista; lento fue ese proceso en la España de Franco. Pero la experiencia al traspaso de décadas ofrece una hipótesis que es ahora la nueva política de EE UU. Se autoriza un aumento del dinero que se transmite por remesas, para que crezca una sociedad civil autónoma del Estado y que sea posible financiar el desarrollo de pequeñas empresas privadas. Se autoriza la exportación de equipos y materiales informáticos para dejar que EE UU siga colaborando con Seguridad del Estado en Cuba en impedir el fácil acceso de cubanos al Internet. Se liberalizan los procedimientos para viajar a Cuba, igualmente complicando la tarea de monitoreo de Seguridad del Estado sobre conversaciones entre cubanos y estadounidenses. Se abren mecanismos de involucración financiera (cuentas bancarias, tarjetas de crédito, etcétera) que permitirían el desarrollo de múltiples y más complejas relaciones. Se anuncian negociaciones por tener lugar tanto sobre la frontera marítima entre Cuba, EE UU y México, así como implícitamente sobre algún futuro acuerdo en aviación civil para acomodar los nuevos y necesarios viajes. Pero, recordemos, se mantiene el andamiaje de sanciones económicas que siguen codificadas en la llamada Ley Helms-Burton, no derogada ni por el Congreso ni ahora por el presidente.
Raúl Castro apuesta a lo contrario. “Ahora”, nos informa en su alocución del 17 de diciembre, “llevamos adelante, pese a las dificultades, la actualización de nuestro modelo económico para construir un socialismo próspero y sostenible”. Y, ¿de apertura política? “Hemos guardado profunda lealtad a los que cayeron defendiendo principios desde el inicio de nuestras guerras de independencia en 1868”, añade Castro. ¿Será una economía de mercado encartonada en un régimen político autoritario al estilo Chino?
¿Quién tendrá la razón, Barack o Raúl?
Jorge I. Domínguez es profesor de la Universidad de Harvard.


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