jueves, 31 de octubre de 2019

ALGO PEOR
LUIS UGALDE SJ
Nuestra catástrofe nacional solo puede agravarse mientras dure este régimen. Nada puede ser peor que esta carrera desbocada hacia el precipicio, pensábamos. Pero he llegado a la conclusión que sería mucho peor el fracaso del nuevo gobierno en el primer año. Fracaso muy probable si los contrarios a la dictadura no ponemos desde ahora todos los medios para el pleno éxito de la democracia rescatada. Todos unidos desde ahora para el éxito de Venezuela en la reconstrucción del país. Para ello necesitamos ver con claridad las causas que nos llevarían al fracaso poschavista y cuáles son las condiciones indispensables para evitarlo.
Los alemanes tuvieron un éxito extraordinario en la transformación de la asfixiante y fracasada cárcel de Alemania Oriental protegida por el Muro de Berlín; rescataron la libertad, la democracia y la elevación de su nivel de vida en una Alemania unificada. Otros como Libia o Irak salieron de la dictadura y consumieron su energía en matar al dictador, enfrentarse entre rivales y hoy siguen revolcándose en la impotencia y el fracaso.
Condiciones para el éxito del nuevo gobierno
1-Una gran unidad política centrada desde ahora en el cambio económico-social con drástico freno a la hiperinflación con refinanciamiento de la deuda, inversión multimillonaria y rescate del empleo y del salario. Evitando toda otra distracción.
2-Masiva ayuda humanitaria internacional con movilización nacional solidaria para el inmediato alivio de la población y temprana activación de la empresa productiva.
3-Millones de venezolanos que fueron chavistas deseosos y comprometidos sin miedo con ese cambio. Reducida al mínimo la resistencia.
Esto significa que Venezuela nace de nuevo con un extraordinario espíritu de reconciliación y de reconstrucción reforzado con el instinto de conservación nacional que nos avisa del gravísimo peligro y nos da sano pragmatismo. Perdón y reconciliación, actitudes espirituales aliadas e impulsadas por la sabiduría del instinto de conservación, sin linchamientos ni venganzas en cadena. Evitar todo lo que frene y distraiga la reconstrucción del nuevo país guiada por el nuevo gobierno. Sin malgastar energías de la población en tomar venganza de agravios y sufrimientos pasados. Los delitos graves que no prescriben serán procesados por la justicia nacional e internacional.
Atravesé muchas veces el Muro de Berlín hacia el terrible régimen dictatorial de eficaz y sofocante control policial. La población parecía resignada y su silencio no manifestaba su profundo descontento; parecía que nunca tendría fin De pronto ese muro y ese régimen cayeron, no tumbados por los cohetes y bombardeos americanos, sino derrumbados por la profunda rebelión de los espíritus que no se resignan a la cárcel. Empezó en Leipzig con la oración de cada lunes por la paz con el pastor acompañado de unas decenas deciudadanos en la iglesia de San Nicolás. Las oraciones se fueron contagiando incluso a los ateos y expandiéndose, hasta que un día centenares de miles de berlineses corrieron al muro y los represores armados no dispararon, sino que se sumaron a la celebración de la libertad.
El nuevo gobierno rechazó la tentación de dedicarse a apresar y dar su merecido a los principales responsables del régimen policial opresor por los crímenes cometidos durante 40 años, e inteligentemente concentró todas sus fuerzas en la difícil tarea de reconstruir una Alemania reunificada. Hasta aceptaron respetar el gran monumento a Stalin y al soldado ruso como liberadores de Berlín (porque al pie estaban enterrados muchos soviéticos). No hubo paredones de fusilamiento, sino invitación a todos a nacer de nuevo y concentrar todas las fuerzas y capacidades en la construcción de la nueva realidad. Tarea compleja y difícil, como será la nuestra. No concentraron su rabia y agravios como ocurrió años después en Libia e Irak en la ejecución de sus dictadores y persecución de sus secuaces. Esto les permitió a los alemanes no dividir sus fuerzas sino sumarlas y lograr la reunificación y convivencia, aunque todavía hoy haya desniveles y resquemores.
En Venezuela tenemos la tarea formidable de poner en marcha inmediata la recuperación económico-social y al mismo tiempo cambiar el CNE, el TSJ, la Fuerza Armada y las instituciones públicas para ponerlas de acuerdo con la Constitución, y eliminar la ANC. Para ello hemos de partir de la unidad en torno al único núcleo legítimamente elegido que son la AN y su presidente Juan Guaidó, a quien corresponde constitucionalmente (artículo 233) encargarse de la Presidencia para llevar rápidamente al país a la elección limpia de un presidente legítimo.
Cada vez me cuesta más entender y me parece más suicida la actitud de aquellos opositores que parecen concentrar sus recursos en disparar contra la oposición y hacer lo posible para que el primer gobierno poschavista fracase, lo que obviamente sería una tragedia nacional mucho peor que lo que tenemos y refuerzo para un futuro sin esperanza.
Luis Ugalde SJ


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miércoles, 30 de octubre de 2019

LOS PECADOS DE EVO

TRINO MARQUEZ


Evo Morales intenta violentar la soberanía popular expresada en las elecciones del 20 de octubre, tal como lo hizo con el resultado del  referendo de febrero de 2016, cuando la mayoría de los bolivianos le dijeron NO a la reelección indefinida. Ese pronunciamiento era vinculante y obligatorio para el mandatario. En esa ocasión, Morales presionó al Tribunal Constitucional para que declarara con lugar la solicitud presentada por un grupo de sus partidarios, quienes señalaban que el gobernante había perdido la consulta por un margen muy estrecho -51% contra 49%-  y que tenía todo el derecho como ser humano a ser reelecto Presidente cuantas veces quisiera.

El Tribunal Constitucional, en un acto insólito de abyección, invocó la Convención Americana sobre Derechos Humanos, Pacto de San José, para darles la razón a los simpatizantes del caudillo. Dictaminó que de aceptarse los resultados de  la consulta, se violarían los “derechos humanos” del gobernante. Sin más trámites, lo habilitó para presentarse como candidato en los comicios de 2019. La decisión favoreció también a Álvaro García, su eterno vicepresidente. El exabrupto del Tribunal no se detuvo allí: sin ningún tipo de reforma previa, declaró inconstitucional el artículo 168 de la Constitución, que limitaba la cantidad de períodos que Morales podía ser Presidente. Los magistrados no se anduvieron con rodeos. Se entregaron en brazos del gamonal sin pudor.

A partir del dictamen del Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo Electoral autorizó la inscripción de Morales como aspirante a la presidencia de la República. Todo esto ocurrió después que el cacique había declarado que acataría sin chistar la opinión expresada en el referendo y se iría “feliz” del Palacio de Gobierno, si perdía la consulta. Toda una farsa para esconder la inmensa presión que luego desató sobre las instituciones.

En esta oportunidad a Morales le ha sido más difícil torcer la voluntad de la gente. Carlos Mesa, el principal candidato opositor en las elecciones presidenciales, asumió la conducción de la lucha. Denunció el escandaloso fraude que Evo intenta perpetrar. El autócrata ordenó detener el conteo rápido cuando los cómputos lo desfavorecían. Veinticuatro horas después, el mismo conteo, que había dejado de ser ‘rápido’, le dio una ventaja apreciable y definitiva. La adulteración fue legitimada por el Tribunal Electoral, organismo que lo declaró Presidente en la primera vuelta, a pesar de que la diferencia con relación a Mesa fue sólo de 0.57% por encima del 10% exigido por la Constitución, y luego de un episodio tan sospechoso y cuestionable como fue detener la información sobre el conteo rápido.

La respuesta de Mesa consistió en movilizar sus partidarios e insistir en que será Presidente o irá preso. Ahora no se trata, como en 2017, de la defensa difusa de un referendo popular que pertenecía a todos los bolivianos, pero en realidad no pertenecía a ninguna persona o fracción particular. En la actualidad, el afectado tiene nombre y apellido. Evo Morales cree que porque es de ascendencia indígena y posee arraigo popular en los estratos pobres de la población, puede perpetrar toda clase de abusos. En esta oportunidad  se enfrenta con un adversario que también cuenta con apoyo de masas y está dispuesto a confrontar  el proyecto hegemónico, el ventajismo y la corrupción representados por el señor Morales.

Debido a la presión interna e internacional, Evo se ha visto obligado a aceptar una auditoria internacional de las elecciones del 20 de octubre. En ella podrían participar la OEA, la Unión Europea y otros países. Morales dice que los resultados que arroje esa investigación serán vinculantes y obligatorios para él. Sin embargo, ya se sabe lo que estas palabras significan para el mandatario boliviano, acostumbrado a hacer durante trece años lo que le place. 

Derrotar las andanzas del autócrata resulta crucial para quienes consideramos que la salida a la crisis nuestra debe ser pacífica, democrática y electoral. En Bolivia, de nuevo se busca aplicar el modelo cubano usado en Venezuela: valerse de las elecciones como fachada para crear la ficción de democracia y participación; actuar convencidos de que los comicios se ganan por las buenas o por las malas, pues los revolucionarios no conquistan mayorías legítimas, sino que se imponen por la vía del control de la fuerza y la manipulación de las instituciones.

En Venezuela, se libra una batalla sin cuartel para derrotar, en las filas de la oposición, el escepticismo con relación a los procesos comiciales y por recuperar la confianza en que a través del voto es posible impulsar los cambios que la sociedad exige, salir de la dictadura y construir una nación próspera y equitativa. Todavía está muy cerca en la memoria de la gente la dolorosa experiencia de las elecciones de la Asamblea Nacional, en 2015, cuando el régimen amputó las competencias fundamentales del Parlamento. Nos toca lidiar con esa inmensa frustración, y con el prejuicio de que quien confíe en la transparencia del voto, es porque todavía cree en la cigüeña. La agresión de Morales a la soberanía popular contribuye a reforzar la desconfianza de nuestros escépticos. Las instituciones democráticas del continente deben obligarlo a ir a una segunda vuelta supervisada y confiable.

A Evo no puede permitírsele que siga pecando contra el voto. Los demócratas salimos afectados.

@trinomarquezc.

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martes, 29 de octubre de 2019


FRANCO, EXHUMACIÓN Y NUEVO ENTIERRO
Carlos Canache Mata

Antes de referirme a la exhumación de los restos mortales del dictador Francisco Franco en la basílica del Valle de los Caídos y su segundo entierro en el cementerio de Mingorrubio (cerca del palacio de El Pardo, que fue la residencia oficial de Franco) el día 24 de este mes, es pertinente hacer algunas consideraciones sobre el personaje y la guerra civil, 1936-1939, que culminó con la derrota y desaparición de la II República española, proclamada el 14 de abril de 1931.

    El 12 febrero de 1936, se celebraron en España las elecciones generales que dieron el triunfo al Frente Popular, una coalición de partidos de izquierda (usamos la terminología tradicional, que nos ahorra especificaciones más extensas) que proponía una reforma agraria (los propietarios rurales, el 1% de la población, poseían los dos tercios de las tierras cultivables), un manejo adecuado del problema de las autonomías regionales, la amnistía de los presos políticos que habían sido encarcelados por el gobierno de la derecha (que había surgido de las elecciones generales de noviembre de 1933) durante las huelgas obreras de octubre de 1934, y ratificaba la separación de la Iglesia y del Estado y la libertad de cultos que habían sido decretadas en mayo de 1931, al comienzo mismo del proceso republicano  que sucedió a la monarquía.

   Como se dice, ardió Troya. La derecha se alarmó con la victoria del Frente Popular, y  sus piezas se empezaron a mover de inmediato. El personaje de este artículo, el general Francisco Franco, que era para el momento el Jefe del Estado Mayor del Ejército, y el político de derecha José María Gil Robles, líder de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) presionaron fuertemente al Jefe del Gobierno, Manuel Portela Valladares (al que Franco visitó personalmente), para que desconociera el resultado electoral y decretara la ley marcial en todo el país. El gobierno de Portela sólo cedía a decretar el estado de alarma, anterior al de guerra. Es más, el general Franco le pidió  al director general de la Guardia Civil, Sebastián Pozas, que sacara sus efectivos a la calle, a lo que no accedió. Como las presiones seguían, Portela presentó la dimisión al Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, y Manuel Azaña fue su sustituto interino, quien se arriesgó a enviar al general Franco a Canarias como Comandante General. Las nuevas Cortes, electas el 12 de febrero, se instalaron en abril, y el 10 de mayo de 1936 se nombra a Azaña nuevo Presidente de la República y a Santiago Casares Quiroga Jefe del Gobierno.



   La conspiración militar siguió activada y el general José Sanjurjo, exiliado en Portugal, era reconocido  como el líder indiscutible y jefe de la futura junta militar de gobierno. En una reunión de principios de julio, se fijó la fecha del 18 de julio de 1936 para el alzamiento militar. Los acontecimientos se precipitan. El 13 de julio es asesinado el dirigente conservador José Calvo Sotelo, y la sublevación en el protectorado del Marruecos español se adelantó y se produjo el día  17 ante el rumor de que los conjurados iban a ser detenidos. El  día 20  muere en un accidente aéreo el general Sanjurjo cuando viajaba a España para ponerse al frente de la situación militar. Es por eso que Franco pasa a ser la primera figura del alzamiento: es nombrado por la Junta de Gobierno de Burgos Generalísimo de las fuerzas de tierra, mar y aire (29 de septiembre de 1936) y Jefe del Estado, del Gobierno y de los Ejércitos de España (30 de enero de 1938). La guerra civil de tres años concluye el 1° de abril de 1939 con la derrota y desaparición de la II República.

   Después de establecer un régimen dictatorial de 36 años, Franco muere el 20 de noviembre de 1975. La exhumación de los restos de Franco y su nueva inhumación han suscitado opiniones encontradas. Para unos  es reabrir las ya lejanas heridas de la guerra civil, para otros, en cambio, con la exhumación “se alivian” los tormentos provocados por quien los encabezó  en una España  que tiene “todavía la impresionante espina de un mausoleo que homenajeaba                 a uno de los responsables de su desgracia colectiva, a un tirano que se cebó contra los restos de los republicanos a quienes había derrotado cuando inició una lucha fraticida después de un alzamiento militar contra el gobierno legítimo” (editorial de El Nacional del 25-10-19).

   Los familiares del dictador, en un comunicado público, dicen que lo ocurrido es “un impúdico circo mediático, que solo busca propaganda y rédito electoral”,  seguramente aludiendo a los pocos días que faltan para los comicios del 10 de noviembre. La verdad es que la exhumación ya estaba contemplada en la Ley de la Memoria Histórica  del año 2007 y no se sabe si beneficiará a los competidores de la derecha o de la izquierda de la próxima cita electoral.

   Desde una acera de la Gran Vía de Madrid, un día del año 1952 yo ví al dictador Franco que iba de pie en coche descubierto al lado de un gobernante árabe visitante, seguidos de una larga fila de automóviles que garantizaban, en lo posible, protección y seguridad. Me latigueaban la mente versos del poema “España, aparta de mi este cáliz” del gran poeta peruano César V allejo:

       …si la madre

      España cae –digo, es un decir-

       salid, niños del mundo; id a buscarla!...

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Algunas consideraciones sobre las recientes elecciones

LUIS MANUEL ESCULPI


Consciente o inconscientemente tenemos la propensión a analizar los procesos en otros países a través de la óptica de la situación que confrontamos en el nuestro. En general, se pretende trasladar mecánicamente la polarización existente en Venezuela a otras latitudes. Visualizamos el mundo igual de polarizado, las opiniones no aceptan matices, solo existen dos colores, no se admiten ni siquiera los grises.
Nos referimos a un comportamiento tan extendido que no sólo se manifiesta a través de las redes sociales, vínculo mediante el cual circula buena parte de la información que recibimos, sino también voceros políticos, periodistas y los denominados “influencers” a menudo incurren en la simpleza y elementalidad descrita.
Si observamos buena parte de las opiniones emitidas a raíz de los sucesos en Ecuador y Chile, podremos constatar la veracidad de estas afirmaciones, más recientemente al analizar los procesos electorales realizados al sur del continente, en especial el de Argentina. Si bien, tomando en cuenta el comportamiento del gobierno de Macri en relación a nuestro conflicto, lo más deseable hubiese sido para nosotros su triunfo, aunque no lucia muy probable, al final descontó la gran ventaja que le llevaba el candidato ganador; tampoco se trata de considerar como una tragedia insalvable el resultado que se produjo. Es de destacar la alternancia como una característica esencial de la democracia, en fin de cuentas es lo que aspiramos para Venezuela.
El reconocimiento del Presidente Mauricio Macri es el de un auténtico demócrata, seguramente entre sus reflexiones posteriores contemplará los errores cometidos, especialmente en materia económica, que incidieron claramente en la derrota.
No se puede obviar los vínculos consanguíneos entre Cristina y Alberto Fernández -son hermanos- pero se conocen ampliamente las diferencias publicas entre ambos, la reconciliación que les permitió conformar la fórmula se produjo hace apenas un año, Alberto no se ha comportado como un hombre dócil ante los designios de Cristina, ahora cuando será el Presidente de la república, no pareciera lógico suponer que será fácilmente manipulable, aunque tampoco podremos considerarlo un aliado como el Presidente actual.
La prudencia aconseja, conociendo otros antecedentes, como el caso de Ecuador, donde el desenvolvimiento de Lenin Moreno como primer mandatario, no tiene nada que ver con su antecesor Rafael Correa, situación que era impredecible en el tiempo que lanzó su candidatura y en el momento que resultó electo.
Los resultados electorales del Uruguay conllevan la realización de una segunda vuelta, el retroceso del Frente Amplio, le abre una gran posibilidad a Luis Lacalle, sin embargo hay que recordar, para quienes le atribuyen una inmensa influencia en todo lo que ocurre al Foro de Sao Paulo, que esa representación de la izquierda uruguaya se negó a asistir a la reunión de Caracas, después de conocer el informe Bachelet.
Las elecciones regionales en Colombia arrojaron la emergencia de nuevos actores y la derrota del uribismo en zonas donde poseía un respaldo decisivo, es de subrayar la elección de la Alcaldesa Claudia López candidata de la Alianza Verde, destacada por su lucha contra la corrupción y su pertenencia a la Izquierda Democrática.
Aproximarse al estudio de la realidad latinoamericana, requiere hacerlo tomando en cuenta su complejidad. Asumiendo la existencia de la diversidad de expresiones de lo que en general denominamos izquierda; comprendemos que el régimen de Maduro ha desprestigiado a todo lo que se asocie a esa corriente, salpicando hasta su versión más democrática, pero ubicarse en el otro extremo no debiera ser la opción para quienes luchamos por reconquistar la libertad, la democracia, la justicia social y la igualdad de oportunidades. Importantes vertientes emergentes en el mundo contemporáneo ubicadas en ese espacio del pensamiento democrático, pueden constituirse en aliados fundamentales de nuestra lucha.


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domingo, 27 de octubre de 2019

Carlos Rangel: contra la mitología del resentimiento

Wolfgang Gil Lugo






PRODAVINCI

¿Qué es lo que somos? ¿Personas? ¿O animales? ¿O salvajes? 
William Golding: El señor de las moscas (1954)

Hay un selecto grupo de intelectuales que se resistió al canto de sirenas de las ideologías autoritarias del siglo XX. Dentro de dicho grupo, quienes lograron mayor éxito de audiencia fueron los literatos, esencialmente aquellos cuyas metáforas sobre el terror del totalitarismo quedaron grabadas en el imaginario mundial. Es difícil pensar en Stalin y sus herederos sin que venga a nuestra mente el recuerdo de la obra de George Orwell, 1984, así como La rebelión en la Granja. Ambas han quedado como arquetipos para comprender a las dictaduras revolucionarias. 
Encontraron menos receptividad los filósofos que trataron de hacer esa misma advertencia a nivel conceptual. Un buen ejemplo de esto fue Raymond Aron, quien denunció el carácter opiáceo de la ideología, y mostró cuál era la moral apropiada para un intelectual democrático. Lamentablemente, su estilo prudente y moderado quedó apocado por la demencial glorificación de la violencia revolucionaria de Sartre. 
Una excepción fue Albert Camus, quien unió a su trabajo filosófico un gran talento literario para denunciar las amenazas de las ideologías mesiánicas. Pero igualmente, su gran libro, El hombre rebelde, fue muy desprestigiado por la intelectualidad de izquierda y no logró producir el impacto que se merecía.
Las glorificaciones de la violencia redentora, tal como la sartreana, se alimentan del resentimiento. Si alguna cosa buena tiene Nietzsche es una profunda agudeza psicológica. En tal sentido, uno de sus mayores aciertos fue el determinar que el resentimiento era la peor enfermedad para el alma. Lo formula de genialmente en La genealogía de la moral como el “paralogismo del corderito”. Un paralogismo es un argumento falaz donde me engaño a mí mismo. El corderito piensa que el águila que se lo va a comer es malvada, mientras que él se considera bueno porque no come corderitos. Esta es la lógica del victimismo.  
El victimismo puede afectar a una sola persona, pero también puede afectar toda una civilización, tal como lo muestra el éxito de un libro: Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, texto que ha promovido el resentimiento hasta conducirlo al cauce de la tentación totalitaria.
Existe un verdadero bloqueo mental para entender que somos responsables de nuestras acciones, y con ellas, de nuestro destino. Es mucho más fácil culpabilizar a otros de nuestros fracasos. En este sentido, los sospechosos habituales son el fantasma del imperialismo norteamericano, y lo que Antonio Negri llama “el Imperio”, como conjunto difuso de todo el capitalismo mundial. Estos son los chivos expiatorios que le dan sentido a nuestras desdichas, en vez de asumir la responsabilidad de que somos dueños de nuestro destino. 
La ingrata tarea de inducirnos a reconocer y asumir nuestra responsabilidad histórica ha sido asumida por egregios intelectuales. Entre ellos, destaca el venezolano Carlos Rangel (1929-1988), periodista y ensayista, sobre todo, en su libro Del buen salvaje al buen revolucionario, publicado por Monte Ávila en 1976. Una obra que ya cumplió más de cuarenta años y cuya pertinencia histórica se ha hecho evidente con el paso del tiempo. Lamentablemente, todo eso no parece compadecerse con su poco éxito de lectura en las universidades latinoamericanas. 
El origen del mito
El trabajo crítico de Rangel comienza con la genealogía de la mitología del resentimiento. En primer lugar, nos aclara que los mitos sobre América no son autóctonos, son un producto europeo, como el relato griego de la Edad de Oro. En definitiva, son proyecciones del inconsciente colectivo del viejo continente sobre el nuevo. En nuestros hombros recae la carga de la utopía de Tomás Moro y de otros muchos escritores que pensaban escapar a las miserias europeas a través del hallazgo del paraíso perdido en las tierras recientemente descubiertas. 
“Cuando los latinoamericanos despiertan (en el siglo XIX) a la conciencia nacional, van a encontrar hecha una base mítica que les servirá para intentar reivindicar como propio el pasado precolombino de América; y más recientemente, hoy mismo, para intentar excusar o enmascarar el fracaso relativo de Latinoamérica, hija del Buen Salvaje, esposa del Buen Revolucionario, madre predestinada del Hombre Nuevo.” (Del buen Salvaje, p. 28).
Si bien Marx comparte el mito que supone que con la revolución se recuperará la sociedad originaria anterior a la lucha de clases, en este autor no hay rastro de justificación de que el atraso secular de algunos países se deba al desarrollo de otros.  
“(A Marx) no se le ocurrió jamás sostener que el desarrollo de los países imperialistas y el atraso de los territorios coloniales se debiera en forma sensible a las relaciones (por otra parte odiosas, quién lo duda) de dominación de los primeros sobre los segundos, nexos en los cuales veía más bien Marx la única promesa de progreso para las áreas que hoy llamamos “Tercer Mundo”. (Del buen salvaje, p. 173).
Para un pensamiento de estirpe roussoniana, nuestros aborígenes, aunque no eran civilizados, poseían almas nobles. Ellos representaban la inocencia perdida por el pecaminoso devenir de la civilización. A partir de allí, es fácil fantasear que la inocencia originaria puede ser recuperada por la vía de la violencia redentora. De ese modo, el inicio de la historia se reconectará con la recuperación del paraíso perdido. Tal advenimiento será posible gracias a la acción liberadora del moderno revolucionario como heredero legítimo del buen salvaje.  
“Para entender la transmutación del Buen Salvaje en el Buen Revolucionario, notemos que hay no sólo relación, sino identidad entre el estado del hombre antes de la caída y después de la salvación. El intermedio es un paréntesis en la beatitud natural. Los últimos días, serán como los primeros; el fin de la historia será el regreso a la Edad de Oro.” (Del buen salvaje, p. 37).
Tras la idea del cambio social mesiánico hay toda una teología histórica, la cual parece copiada del filósofo medieval Joaquín de Fiore, quien profetizó que la historia humana culminará en una etapa de paz perpetua debido a la realización perfecta del Espíritu Santo. 
Las distorsiones
Rangel reconoce la prepotencia política y económica de los Estados Unidos de América sobre todo el continente, pero también considera que esa primacía no es la causa del retraso latinoamericano. Debemos estar alerta acerca de que uno de los recursos de la ideología es invertir las relaciones de causalidad, es decir, poner los caballos detrás de la carreta:
“El imperialismo norteamericano en América Latina no es, desde luego, ningún mito. Sólo que es una consecuencia y no una causa del poder norteamericano y de nuestra debilidad. Hasta el despojo más inicuo, por reprobable que sea, no excusa de buscar una explicación racional para la fuerza del ladrón y la debilidad de su víctima.” (Del buen salvaje, p. 55)
Desde que la América Española comenzó su vida independiente, ha tenido problemas para encauzarse en sociedades republicanas saludables. No ha logrado formas de gobiernos democráticos estables, sino que su historia ha estado plagada de caudillos militares y revoluciones que han conspirado contra su evolución política, económica y social: 
“Hacia fines de 1822, la independencia de la América Española estaba prácticamente consumada. A la vez, la debilidad, vulnerabilidad y nula preparación para la vida autónoma de las nuevas repúblicas, eran perfectamente aparentes para los contemporáneos, y preocuparon a los norteamericanos.” (Del buen salvaje, p. 57).
Rangel enfatiza cómo el atraso de la región ha sido un problema no solo para nosotros, los directamente afectados, sino también para los mismos Estados Unidos, pues eso causa un desequilibro regional.
La inversión de los valores
Después de la independencia, hubo muchas guerras civiles en la América Española, las cuales tomaron la forma de confrontación entre liberales y conservadores. Dichas denominaciones eran más nominales que reales. Así que los liberales resultaron tan retrógrados como sus rivales conservadores. 
“No surgió, no podía surgir ninguna burguesía ilustrada de esas reformas liberales, puramente teóricas, letra muerta en códigos importados, y en ningún caso reflejo de las verdaderas relaciones de producción y de las verdaderas estructuras de poder.” (Del buen salvaje, p. 130).
La ausencia de un sector realmente ilustrado, que fuese capaz de liderar a nuestras naciones, provocó que nos convirtiésemos en adictos a las mitologías resentidas y a las ideologías antiliberales. 
“La verdad es demasiado desagradable, y por eso Latinoamérica es extremadamente vulnerable a las interpretaciones históricas y a los proyectos políticos construidos sobre la mentira, o que apelan a la verdad sólo a medias. Y en esa forma llegamos a declarar execrable a lo mejor de nosotros mismos (e.g. Sarmiento o Jorge Luis Borges) y admirable lo peor (e.g. Juan Manuel de Rosas o Perón).” (Del buen salvaje, p. 133).
El miedo a la verdad, y también a la libertad, han conducido a un tóxico resultado en nuestra cultura: hemos terminado glorificando a nuestros villanos, a los destructores, y despreciando todo aquello que buscase una fórmula de superación. 
Educación para la libertad
En estos momentos, cuando muchas ciudades latinoamericanas arden en el resentimiento populista, el pensamiento de Carlos Rangel tiene un peso inobjetable para evitar quedar atrapado por las pasiones políticas. 
Rangel coadyuva a pensar el porvenir desde el liberalismo político, la ideología más benigna de todas, pues la democracia es, tal como afirmaba Churchill, el menos malo de los sistemas de gobierno. Es difícil pensar una vida civilizada sin los logros históricos del pensamiento ilustrado: elecciones libres, parlamentos, separación entre iglesia y Estado, y, sobre todo, las libertades. 
Es importante señalar que Rangel no parece ser neoliberal, o lo que es lo mismo, un defensor a ultranza de los privilegios capitalistas a costa del bien común. Más bien se presenta preponderadamente como un liberal político. El neoliberal está más preocupado de las libertades del mercado que del bienestar social y de las libertades políticas. Este no es el caso de Rangel, quien hace una defensa histórica del APRA, partido peruano que se erigió en decano de la socialdemocracia latinoamericana. Un neoliberal ortodoxo no se permitiría expresar tal tipo de simpatías.  
Tanto el populismo como neoliberalismo piensan en términos de “enemigos complementarios”, en el sentido que le asigna Todorov: o ustedes o nosotros. Por eso, a la larga, son peligros para la democracia. Esto pone en riesgo el Ethos democrático, el cual está constituido por el respeto mutuo, la compasión y el diálogo. 
Las nuevas generaciones pueden aprender de Rangel a distinguir y neutralizar las ideologías mesiánicas, que aspiran a la utopía, al costo de sacrificar la ética en nombre del poder, lo cual tiene como resultado tanto la tiranía como el genocidio. 
En contraste, desde la perspectiva del humanismo y el liberalismo político, Carlos Rangel denunció la mitología autoritaria que constituye un peligro para los derechos humanos. En conclusión, este importante pensador venezolano nos ha enseñado a no añorar el salvajismo resentido, cuando lo que necesitamos es preservar la dignidad propia de la civilización democrática. 





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