domingo, 28 de mayo de 2017

OJOS SOBRE VENEZUELA.
Boletín número 6

ASAMBLEA NACIONAL DE VENEZUELA

(Actualización del 21 al 27 de mayo de 2017)


Se cumplen 57 días de protestas antigubernamentales. La cifra oficial de muertos llegó a 58 (55 civiles y 3 militares) el viernes 26.

La Fiscal General de la República, quien constitucionalmente tiene el monopolio de la acción penal, indicó que para el miércoles contabilizaban 1.000 heridos (761 civiles y 229 funcionarios de organismos de seguridad del Estado), 2.664 personas imputadas por homicidios, saqueos, lesiones y hurtos. 284 quedaron privadas de libertad. Hay 16 investigaciones en curso sobre grupos civiles armados (paramilitares denunciados por la Oposición). La Fiscal acusó al Estado de más de la mitad de las lesiones, incluyendo el homicidio de un joven por el impacto a corta distancia de una bomba lacrimógena en el pecho.

Según las denuncias de la Unidad Democrática, más de 40 diputados han sido agredidos por funcionarios policiales y la Guardia Nacional (GN) y se han producido 13 mil heridos. La ONG Foro Penal denunció que desde el 1 de abril al 25 de mayo se han producido 2.815 detenciones; 1.240 permanecen detenidos y 341 civiles han sido presentados en tribunales militares.



Poderes Públicos

El Consejo Moral Republicano (Fiscal General, Contralor General y Defensor del Pueblo) aprobó, sin la partición de la Fiscal, Luisa Ortega, la asamblea nacional constituyente convocada por Nicolás Maduro. La Fiscal profundizó su distanciamiento del Gobierno. Junto con la Asamblea Nacional, considera inconstitucional la constituyente propuesta por Nicolás Maduro.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) aprobó en tiempo récord las bases comiciales (condiciones de elección) presentadas por Maduro para escoger a 540 constituyentes por sectores. Fijó la inscripción de aspirantes para el 1 y 2 de junio y la elección para julio. Tibisay Lucena, presidente del CNE dijo que la decisión fue unánime, pero el rector Luis Emilio Rondón, la desmintió y dijo que votó en contra.

El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declaró constitucional la séptima prórroga del decreto de estado de excepción y emergencia económica. La Constitución exige aprobación del Parlamento, que la ha negado. Dos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Danilo Mojica y Marisela Godoy, manifestaron su rechazo, en declaraciones a la prensa, a la propuesta de constituyente. Exigen que se cumpla el requisito constitucional de hacer referendo.

Gobierno de Venezuela acusó a Colombia de ejecutar una “provocación” con el despliegue de vehículos blindados “a escasos metros de la línea fronteriza”. Colombia dijo que esos vehículos cumplen labores de control del delito y acusó a Venezuela de intentar crear una distracción con un incidente diplomático.

Asamblea Nacional (AN) rechazó el decreto con las bases comiciales entregado al CNE e instaló el Frente de Defensa de la Constitución, que organizará a la sociedad civil. La AN aprobó convocar el referendo que el Gobierno se niega a hacer, sobre la pertinencia de una constituyente.

Sala Constitucional del TSJ aprobó la sentencia 355 relativas a la elección de representantes municipales, que abre las puertas a la elección de segundo grado para cargos públicos, como aspira la constituyente corporativa que impulsa Maduro.

Ministerio de Educación amenazó con sanciones civiles y penales a propietarios de centros educativos que permitan a sus alumnos participar en actividades de protestas.

Nicolás Maduro acusó al gobernador y excandidato presidencial, Henrique Capriles, de repartir armas en su residencia a manifestantes. Capriles solicitó a la Fiscal General que lo investigue.

Nueve alcaldes de Oposición ratificaron que permitirán el derecho constitucional a la protesta pacífica en sus municipios capitales y rechazaron la amenaza del TSJ de encarcelarlos (de 6 a 15 meses) si no las impiden.

El presidente de la Asamblea Nacional, diputado Julio Borges, reiteró el llamado a la Fuerza Armada Nacional (FAN) para que “se ponga del lado de la democracia, de la libertad y de la Constitución”.



Entorno sociopolítico



El partido de Gobierno (PSUV) amenazó con usar la constituyente para “voltear patas arriba” a la Fiscalía General de la República y destituir a Luisa Ortega. Nicolás Maduro felicitó personalmente a funcionarios de la Guardia Nacional mientras obstaculizaban una marcha de la Oposición. Se filtra a la prensa presunto plan del Gobierno para socavar apoyos a la Fiscal General en el Ministerio Público mediante sobornos a subalternos. Ministro del Interior acusa a la Fiscal Ortega de ser responsable del aumento de la inseguridad ciudadana por permitir impunidad.

Gobierno devaluó 200% el bolívar, según el tipo de cambio oficial bajo control. El dólar en el mercado negro subió a más del triple de ese valor. 

Manifestantes hicieron llegar mensaje a la FAN. Exigen cesar la represión y dejar de ser sostén de Nicolás Maduro en su golpe de Estado.

La encuestadora Datincorp determinó que 73% rechaza la constituyente de Maduro y 80% apoya continuar las protestas. 

Mayor general (retirado) Clíver Alcalá, solicitó a la Fiscalía investigar plan de la FAN para usar francotiradores contra manifestantes.

Gremios de la prensa registraron 256 casos de violaciones, restricciones y agresiones a la libertad de expresión desde el 1 de abril. 17 periodistas fueron detenidos arbitrariamente, uno de ellos durante 16 días. Aumentan lesiones graves e incapacitantes causadas por la GN y la Policía a los periodistas. 

Aumenta violencia en zonas del interior del país, especialmente fuertes en la región natal de Hugo Chávez, donde hubo seis civiles muertos en una sola jornada.

Médicos hicieron marcha para denunciar grave crisis sanitaria que pone al país en situación de crisis humanitaria. Fue reprimida violentamente por el Gobierno.

Federación de Agricultores (Fedeagro) alerta que se agudiza la escasez de alimentos por caída de la producción. Gobierno amenaza con expropiaciones a ganaderos que se sumaron a las protestas. También presionó a aerolíneas nacionales para que no vendan boletos a diputados opositores.



Entorno internacional

El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, expresó preocupación por la crisis en Venezuela, en encuentro del Eurolat. "No se puede hacer oposición desde la cárcel, faltan medicamentos, hay niños que no pueden comer". Pidió instalar a la brevedad una "mesa de diálogo". El presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, fue invitado a participar el 31 de mayo en una reunión de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Eurocámara.

Agencia Reuters revela, según documentos militares confidenciales, que Venezuela posee 5.000 misiles tierra-aire de fabricación rusa, el mayor arsenal en Latinoamérica. Esto preocupa a los Estados Unidos.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, dijo que el pueblo de Venezuela sufre una “guerra sucia y sin cuartel” por su lucha contra la “dictadura” del presidente, Nicolás Maduro.

Antigua y Barbuda se distanció de la línea de apoyo al gobierno de Maduro. Propuso en una reunión preparatoria de la reunión de cancilleres, prevista para el 31 de mayo, que la OEA exhorte a la cancelación de la constituyente.

Comisión Interamericana de Derechos Humanos exige al Gobierno suspender enjuiciamiento de civiles en tribunales militares. Gobierno de Canadá reiteró su preocupación por escalada de violencia y muertes de manifestantes en Venezuela.



EG/eg

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EL KREMLIN HA VUELTO

YOANI SANCHEZ

Después de décadas de intenso contacto, los rusos dejaron escasas huellas en Cuba. Algunos jóvenes con el nombre de Vladimir o Natacha y las matrioskas decorando unas pocas salas son los últimos vestigios de aquella relación. Sin embargo, en los últimos años los vínculos entre La Habana y Moscú han ganado fuerza. El Kremlin ha vuelto.
Rusia lleva tiempo desembarcando en América Latina de la mano de esos mismos Gobiernos que reclaman en los foros internacionales por un mayor respeto a la soberanía y a “la libre elección de los pueblos”. Sus líderes populistas, en parte para molestar a Estados Unidos, hacen alianzas con Vladimir Putin bajo la premisa de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.
 Ese tipo de asociación permitió al Palacio de Miraflores, en Venezuela, pertrecharse con 5.000 sistemas de defensa aérea portátil (Manpads, por sus siglas en inglés), según un documento publicado recientemente por la agencia Reuters. El arsenal comenzó a acumularse en la época del fallecido presidente Hugo Chávez, pero resulta ahora más peligroso en medio de la inestabilidad política que hace tambalearse a Nicolás Maduro.
En Centroamérica, Nicaragua funciona como la puerta de entrada para la voraz superpotencia. Daniel Ortega cuenta con medio centenar de tanques de combate enviados por Moscú y su territorio sirve de emplazamiento para asesores militares rusos. El corrupto sistema en que ha derivado el sandinismo crea un escenario propicio para las ansias de expansión del exoficial del KGB.
Esta vez, Moscú se ha quitado la máscara ideológica que envolvía sus ansias geográficas
Sin embargo, La Habana sigue siendo el principal aliado en este lado del mundo. La suspicacia que surgió entre ambos países, tras el desmembramiento de la Unión Soviética y la llegada al poder de Boris Yeltsin, se ha ido despejando. Con Putin al mando, algo de aquella URSS ha renacido y los vínculos diplomáticos vuelven a estrecharse.
En la barriada de Miramar, al oeste de la capital cubana, la embajada de Rusia parece haber ganado en importancia en el último lustro. Con la forma de una espada clavada en el pecho de la ciudad, la construcción es llamada jocosamente “la torre de control”, desde donde la severa madrastra escruta todo lo que ocurre en su antiguo y añorado dominio.
Rusia acaba de sacar del atolladero a Raúl Castro tras el recorte de los envíos petroleros desde Caracas. En los años del idilio con Chávez, Cuba recibió unos 100.000 barriles diarios de crudo venezolano, pero en los últimos meses esa cantidad se ha reducido en más de un 40%. El Gobierno se vio obligado a recortar la entrega de combustible a los vehículos del sector estatal y restringir la venta de gasolina premium o especial.
La petrolera rusa Rosneft ha llegado en auxilio de Castro y se comprometió a proveer a la Isla con 250.000 toneladas de petróleo y diésel, unos dos millones de barriles. La operación de salvamento deja un reguero de dudas sobre la forma en que la Plaza de la Revolución pagará a Moscú, en medio de la falta de liquidez y de la recesión que padece el país.
Rusia está recibiendo en la zona información de inteligencia que la hará “más grande otra vez”
Se le suman a las señales alarmantes el hecho de que en los últimos días el hijo del presidente cubano, el coronel Alejandro Castro Espín, se reunió con el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolái Pátrushev para abordar la cooperación entre ambas naciones en la esfera de la seguridad informática. En 2014, el delfín había firmado en Moscú un memorando de cooperación en el área de inteligencia.

El reencuentro entre los viejos aliados lo ha sellado un gesto simbólico. Rusia se está ocupando de la reparación de la cúpula del Capitolio de La Habana a la que cubrirá con piedra natural, nuevas planchas de bronce y láminas de pan de oro que relucirán bajo el sol tropical. Un desafiante mensaje dirigido directamente a Washington, la ciudad donde se erige el hermano -casi gemelo- del imponente edificio cubano.

Mientras la avanzadilla rusa se despliega en varios puntos de América Latina, Donald Trump mira hacia otro lado. Envuelto en el escándalo de una posible interferencia de Putin en las elecciones que favoreció su llegada a la Casa Blanca, el magnate se muestra más interesado en el Medio Oriente o en levantar un muro fronterizo con México que en acercarse a esa región que discurre más allá del Río Bravo.
Su indiferencia se evidencia no solo en sus palabras. El mandatario estadounidense acaba de proponer sustanciales recortes presupuestarios a la asistencia proporcionada a todos los países del continente, una postura que contrasta con el terreno que gana el Kremlin en la esfera económica y militar, apuntalando regímenes autoritarios y decadentes. La Guerra Fría está renaciendo en tierras latinoamericanas.
Pero esta vez Moscú ha vuelto sin aquella máscara con la que envolvía sus ansias geopolíticas y que adornaba con frases al estilo del “apoyo a los proletarios del mundo” o “la desinteresada ayuda al desarrollo de las naciones más pobres”. Ahora muestra una diplomacia más descarnada y directa. No está dispuesta a subsidiar sino a comprar. No se esconde ya bajo el ropaje ideológico, sino que se exhibe con ese crudo pragmatismo que rezuma el capitalismo que terminan por hacer los comunistas.
Si una vez perdió posiciones y debió refugiarse -puertas adentro de su propio orgullo- para lamerse las heridas, ahora Rusia quiere apurar el paso y recuperar el terreno perdido en América Latina. Sabe que cuenta con aliados en la región dispuestos a saltarse todos los considerandos éticos y patrióticos para ayudarla a plantar cara a los Estados Unidos. Debe apurarse, porque muchos de esos compadres cada día se vuelven más impresentables.
Sus compinches de este lado necesitan a un Moscú que les provea de armamentos y les cuide las espaldas en los organismos internacionales. Lo ven como un fornido oso dispuesto a enseñarle los dientes a Washington todas las veces que haga falta. A cambio, le están dando posicionamiento en el terreno, información de inteligencia y la calculada fidelidad de quien espera mucho a cambio. Ellos sueñan con hacer a Rusia “grande otra vez”.

Yoani Sánchez es periodista cubana y directora del diario digital 14ymedio

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DEMOCRACIA DE TODOS

HECTOR SCHAMIS

De Perú en 1979 a Chile en 1989, esa fue la década del cambio democrático en América Latina. La pregunta central era acerca del método más efectivo de llevarlo a cabo, aquel con mayores probabilidades de éxito. La política debía descubrir la trayectoria que llevaría al objetivo final: la consolidación de las instituciones democráticas.
Inequívocamente, se fue delineando un camino marcado por la negociación, por pactos. Acuerdos para involucrar a todos los actores importantes, moderar las intransigencias, generar tendencias centrípetas y reducir la incertidumbre típica de la transición. Era un razonamiento eminentemente inductivo. Así habían sido los pactos de La Moncloa y la transición española.
Y así lo había hecho antes Venezuela con el Punto Fijo: desde 1958 una democracia estable en una América del Sur violenta y autoritaria. El exilio venezolano de tantos argentinos, chilenos y uruguayos había contribuido, a su vez, a prestarle atención al país y su fórmula política. Venezuela, tolerante y con democracia pactada, era el ejemplo a imitar.
La democratización de América Latina fue de ese modo una construcción colectiva, beneficiada por la solidaridad y el derecho internacional, y anclada en la arquitectura hemisférica de derechos humanos. La visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la Argentina de Videla en 1979 fue un hito. Hizo explícito que no hay soberanía ni jurisdicción nacional en esta materia.
Chavismo mediante, Venezuela vuelve a ser ejemplo. Claro que en sentido contrario. Sus simultáneas crisis—de la economía, el régimen político y el Estado—resuenan en el resto del continente. Por empezar porque viola los principios jurídicos del sistema interamericano, especialmente el que estipula la Carta Democrática de 2001 desde su artículo primero: la democracia es un derecho de los pueblos.
Por lo tanto, la obligación de la OEA respecto a la democracia no es con los Estados ni con los gobiernos sino con los pueblos. Invocar la Carta Democrática, entonces, es importante no únicamente desde el punto de vista jurídico. Lo es porque habla por aquellos que, despojados de sus derechos, han sido silenciados.
No termina de sorprender, en este sentido, la persistente falta de convicción de varios gobiernos de la región y de su diplomacia, (mal) entendida como el arte de decir eufemismos. Hay amnesia o ignorancia sobre las lecciones de la democratización en la región, la solidaridad internacional que la llevó adelante y los buenos ejemplos que le dieron sustento.
A pesar de la represión descontrolada y 60 muertes en dos meses, sigue prevaleciendo el apaciguamiento de la dictadura por sobre la censura normativa y moral, además a costa de la debida presión internacional. Y al que habla, como Almagro, se le pretende callar, según han propuesto algunos países caribeños—alguna vez clientes de Petrocaribe—para la próxima reunión de cancilleres en la OEA.
Siguen utilizando los mismo clichés. "Diálogo", término que cada vez que fue invocado sirvió para vaciar las calles y garantizarle continuidad al régimen. Y no es que no haya que hablar con Maduro y Cabello, pero hay que hacerlo con un temario y un cronograma sobre la mesa: las condiciones y los plazos de la transición.
Es una negociación lo que sigue y tal vez hasta sea necesario conceder algún exilio dorado. Solo eviten la palabra "diálogo", pues está contaminada. A fuerza de repetición, la han convertido en sinónimo de complicidad.
Es que hay amnesia e ignorancia, pero también miopía. No se logra comprender que el quiebre de la democracia en un país del sistema inevitablemente implica el deterioro de la misma en el vecino; por ello se trata de un "sistema". Y agréguese la amenaza a la propia seguridad nacional causada por una organización delictiva en control del Estado petrolero más importante del hemisferio occidental.
De ahí que Venezuela represente la crisis medular de la región, al mismo tiempo que el test ácido de viabilidad democrática. Si se la recupera, será un mensaje virtuoso. La propia idea de democracia recobrará robustez; el sistema de derechos humanos conservará su vitalidad y su autoridad moral; las instituciones multilaterales habrán cumplido su cometido.
Si, por el contrario, la Constitución de soviets prospera y la dictadura se estabiliza, será un terrible mensaje y un peor ejemplo. La cubanización total de Venezuela sería una invitación explícita a otros autócratas; y erosionará el principio que definía la democracia de partidos, separación de poderes y libertades individuales como el único gobierno legítimo en las Américas.
Lo que está en juego lo está para todo el continente.
Twitter: @hectorschamis

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UNA CONSTITUYENTE SIN LEGITIMIDAD

ROBERTO VICIANO / RUBEN MARTINEZ


La Gaceta Oficial del 1º de mayo de 2017 pasará a la historia negra de la política latinoamericana. En sus 16 páginas, el presidente Nicolás Maduro convocó a una Asamblea Nacional Constituyente y creó una comisión presidencial con el objeto de elaborar “una propuesta de bases comiciales y sectoriales” para la conformación y funcionamiento de la citada asamblea.
Es por todos conocida la profunda crisis social, económica y, por ende, política que atraviesa Venezuela. Tras el fallecimiento de Hugo Chávez Frías, quien fue nombrado como su sucesor, Nicolás Maduro, ganó las elecciones del 14 de abril de 2013. Inició con esa presidencia un régimen poschavista que ha demostrado tener poco o nada que ver con el proceso de cambio iniciado en diciembre de 1998, cuando la partidocracia sucumbió ante los empujes populares que clamaban por un cambio del sistema político desde las raíces. En cuatro años el régimen de Nicolás Maduro ha socavado los cimientos populares que sustentaban con fuerza el proceso de cambio, ha violado los derechos humanos y ha sumergido al país en una ola de represión y de dificultades. Mientras, la corrupción ha campado a sus anchas. Una nueva aristocracia petrolera se ha conformado bajo el paraguas de la renta del crudo, el clientelismo, las comisiones por el manejo del mercado interior y la especulación de divisas en un ineficiente mercado cambiario controlado por el Gobierno.
El madurismo, consciente de la erosión de legitimidad que no pudo suplir con palabras vacías, alusiones permanentes e imágenes repetidas del fallecido presidente Chávez, ha evitado en los últimos años cualquier confrontación democrática en las urnas. Dificultó la convocatoria del referéndum revocatorio presidencial previsto en la Constitución (artículo 72 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, CRBV), persiguió a cuanto movimiento, interno o externo, se le oponía y postergó sine die las elecciones a gobernadores y parlamentos de los Estados, incumpliendo la Constitución de 1999 y actuando con pretensiones autoritarias. El intento en abril de 2017 del Tribunal Supremo de finiquitar las competencias legislativas de la Asamblea Nacional, mayoritariamente opositora, radicalizó el conflicto y desnudó las verdaderas intenciones del madurismo.
La última sorpresa ha sido la convocatoria a una Asamblea Constituyente que Maduro realizó el pasado 1 de mayo y que se tradujo en el citado decreto, norma que requiere ser analizada desde dos puntos de vista: el de su oportunidad y el de su constitucionalidad.
La propuesta del Gobierno arrasa con los avances de la Constitución de 1999
Desde el punto de vista de la oportunidad, el decreto está dividiendo aún más a un país al borde de un definitivo conflicto violento. Se trata de una huida hacia adelante que fácilmente puede ser leída como un intento de mantener el poder a toda costa, a pesar de la imparable pérdida de popularidad y legitimidad. La propuesta del Gobierno significa arrasar con los avances democráticos de la Constitución de 1999 y redactar un texto constitucional que responda a los intereses de quienes ahora gobiernan y quieren seguir haciéndolo. El decreto no prevé un referéndum de activación del poder constituyente, como el que convocó Hugo Chávez en 1999; se plantea la elección de constituyentes representantes de los sectores sociales de incierta procedencia y elección. Pero el asunto más grave es que se trata de una convocatoria acomodada a los intereses del Gobierno y que desecha la idea de integrar a todos los sectores sociales, incluidos aquellos que se posicionan contra el madurismo. Por tanto, no se podría hablar de una Asamblea Constituyente democrática.
Quienes crean que los sectores que confrontan al actual Gobierno venezolano son exclusivamente la oposición golpista, aquella que siempre se ha posicionado contra el proceso de cambio, están totalmente equivocados. Por supuesto, también existen poderosos sectores de oposición no democrática. Pero en la actualidad buena parte de los sectores contrarios al Gobierno están formados por personas que participaron a favor del chavismo y que entienden que el madurismo ha traicionado los fundamentos democráticos del proceso iniciado en 1998. Estos sectores no se han movido de la posición ideológica que mantuvieron durante los últimos años y han reclamado en innumerables ocasiones una rectificación por parte del Gobierno. Rectificación que nunca ha llegado.
Desde el prisma de la constitucionalidad, el decreto es inconstitucional. Una lectura del artículo 347 de la CRBV (“El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente...”) y del artículo 348 CRBV (“La iniciativa a la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrán tomarla el presidente o presidenta de la República en Consejo de Ministros...”) solo puede tener una lectura democrática: la Constitución diferencia entre la decisión de convocar la Asamblea Constituyente y la iniciativa para tomar tal decisión. La iniciativa corresponde al presidente de la República, entre otros órganos; pero la decisión compete en exclusiva al pueblo. Por tanto, es requisito necesario el referéndum constituyente. En definitiva, Maduro tiene competencia para preguntarle al pueblo si quiere activar un nuevo proceso constituyente, pero no para convocarlo.
Se equivocan quienes creen que frente al madurismo solo está la oposición golpista
Consiguientemente, tanto desde la perspectiva de la oportunidad como desde un análisis jurídico, el presidente Maduro no puede convocar legítima y directamente una Asamblea Constituyente democrática. De consolidarse el decreto del 1º de mayo, el resultado sería una farsa que tristemente confirmaría la tendencia autoritaria del Gobierno.
Es por ello por lo que la convocatoria de una Asamblea Constituyente por parte del presidente Maduro, si se produce sin consultar al pueblo, sería un nuevo atentado a la voluntad democrática del mismo. Corresponde por tanto denunciarlo, en particular por quienes, fieles a la memoria del presidente Chávez, no pueden permitir que se acabe con el último vestigio del modelo impulsado por el creador de lo que se ha dado en llamar chavismo: la Constitución que Hugo Chávez Frías impulsó y que, bajo su Gobierno, permitió generar en Venezuela un modelo democrático y unas políticas públicas que, por primera vez en décadas, mejoraron el nivel de vida de las clases desfavorecidas y generaron un sistema de atención médica, educativa y social como escasas veces se ha dado en Latinoamérica.
Los argumentos anteriores no pueden descartar que en un futuro no deba pensarse en un nuevo proceso constituyente que mejore y actualice la Constitución de 1999. Pero este proceso debería ser democrático, fruto del principio una persona, un voto, impulsado desde la ciudadanía, producto de un auténtico diálogo social donde se incluya a los sectores opositores, y que huya de la violencia y la confrontación.
Roberto Viciano Pastor y Rubén Martínez Dalmau son profesores de Derecho Constitucional de la Universitat de València y fueron asesores del proceso constituyente venezolano de 1999.

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LEGALMENTE RUBIA

CARLOS RAUL HERNANDEZ

La Fiscal Ortega matiza la situación política. Con serenidad, sin estruendo ni destemplanzas, devuelve a la Fiscalía funciones que le corresponden en un país civilizado. Su sex-appeal político basa en que lleva las palabras hasta el borde, con sutil toque de pudor, y no se extralimita como es la regla por aquí. Asume sus funciones como sus colegas en Perú, Salvador o Argentina, por no decir Brasil donde los poderes, luego de decapitar a la Presidenta, están a punto de detonar el más grande escándalo de corrupción en la historia latinoamericana. El proceso Odebrecht, la primera gran multinacional socialista del continente será medalla de oro de corrupción continental y se coloca en competitividad con las grandes pestilencias del mundo. Casi todos los países de la región serán afectados cuando estalle el escándalo.
El caso lo construye pacientemente  el Ministerio Público de Brasil en una pesquisa que ya lleva dos años.  A la Fiscal de Venezuela la tienen sitiada, los organismos regulares le niegan información sobre brutalidades contra la ciudadanía  durante la movilización por elecciones generales 2017, pero ella la recibe por los caminos verdes. Así pudo desbaratar los falsos números de heridos y detenidos en las movilizaciones, y la endeble coartada en el caso del estudiante asesinado por impacto de una lacrimógena en el pecho. Algunos de su bando comienzan a infamarla, pero dentro y fuera del país su imagen crece y se convierte en efigie de equilibrio y sensatez, virtudes tan escasas en el sistema político como los diamantes. La opinión que emitió sobre el proceso constituyente fue meramente política, pero sabemos que desde el punto de vista jurídico la propuesta es un ornitorrinco.
Sin mañana
“Ud. que se hace el copete y yo que se lo rebajo” dice Florentino. Le baja el copete al gobierno al increparlo con lo que piensa la mayoría de los bolivarianos, a los que pretenden tocarles su Constitución, su vellocino de oro. Ella tiene a favor ser una figura histórica del chavismo, pertenecer al inner circle de Chávez, gozar de amplio respeto en la FF.AA, y quién sabe si se exagera al pensar que uno de los fines principales de la tal constituyente es desaparecerla de la cartografía. El balance de los estrategas del gobierno los conduce a una peligrosa jactancia por sus victorias fácticas frente a  los gestos de sacarlos desde 2014 con movilizaciones de calle, derivadas en guarimbas. Les ardía la ponzoña por el ascenso sostenido de las fuerzas opositoras, que alcanzó una mayoría demoledora el 5D. Hablan de “sacarse el clavo” con la constituyente. Según Mario Puzzo “odiar al enemigo quita frialdad para derrotarlo”.
La rabia les nubla el pensamiento estratégico  y les hace ver las cosas con visión de pollito, grano a grano, hormiga por hormiga. Ciertamente se han lucido hasta ahora al abatir tan grande amenaza estratégica que pondría en jaque hasta la Quinta Flota de  EEUU civiles en las calles y muchachos en escaramuza con la GN, y por eso asombra que haya tantas bajas como en combates de guerras regulares. Pero deberían saber que pese a tales victorias sobre no-amenazas, navegan el Andrea Doria y ganan altercados menudos mientras la estructura de la nave colapsó. Crece la ingobernabilidad porque no saben, ni les interesa qué hacer con el hambre generalizada, y aunque logren gloriosas victorias militares contra estudiantes y amas de casa armados del 350, el río de rabia truena, salvo en un pequeñísimo sector de privilegiados. No hay mañana.
Pedro Navaja, matón de esquina…
Los complicados meandros de esa caricatura llamada constituyente, peligrosa porque se hace real como los pulp fiction japoneses de Tarantino, llevarán la oposición a abstenerse. Y no por falta de ductilidades que apunten a los movimientos reales de la política y desdeñen las ideas fijas, sino porque está concebida para que solo participen los camaradas. Pero alguien debería estar atento porque pueden presentarse catalizadores, fenómenos que induzcan interesantes sorpresas, en virtud de la falla geológica que resquebraja los fundamentos del gobierno. Es posible que el desengaño chavista se haga sentir y le dé algunas sorpresas desagradables al gobierno. Los esfuerzos por hacer cada vez más excluyentes las condiciones de la “constituyente” la harán posiblemente el episodio más grotesco de la política venezolana y sus costos serán incalculables. En el lenguaje político había una pintoresca categoría: los submarinos.
En procesos de votación, militantes de una tendencia se hacían elegir delegados en las listas de la opuesta. En el triunfo de Chávez en 1998 el submarinismo se hizo épico. Los partidos del status, AD, PV, Copei, con las operaciones electorales acarreaban sus electores a las mesas, solo para que terminaran votando por “el comandante”. En este caso el REP es desconocido, lo decide el gobierno, pero pueden llevarse sorpresas. Una de las leyes de la termodinámica dice que no hay espacios vacíos en el universo y que el lugar de un cuerpo ausente lo ocupa otro. Hay que estar atentos ante la posibilidad de que nazca una nueva tendencia crítica en el chavismo, porque otros de sus grupos disidentes lucen integristas, mormones, hablan un lenguaje que los divorcia de su base natural y eso pudiera condenarlos a la grupusculización. La constituyente privada parece una lápida.
@CarlosRaulHer


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¿DÓNDE ESTÁ EL PILOTO?

Luis Vicente León

El Universal

Llegué al aeropuerto para volar a Maracaibo. La bajada fue un thriller. Con la autopista y la Cota Mil cerradas, serpenteamos por avenidas, callecitas y caminos verdes, llenos de gente y cola, de protestas pacíficas, reprimidas brutalmente, pero también más adelante vimos saquear un camión y matraquear a los carros que intentaban pasar de un lado a otro. Finalmente, llegamos al otro lado del polvorín y entonces, como si se tratara de una película en la que el protagonista cruza por un espejo encantado, nos encontramos con otra ciudad donde no pasaba absolutamente nada.
Resulta que hay tres ciudades distintas, pese a que las encuestas indican que el 90% de la población cree que el país está mal y quiere cambio. Una protesta pacíficamente. Otra que enloqueció con violencia y vandalismo y una tercera, donde parece que ni se han enterado.
Ya comentamos antes que las probabilidades de éxito de una protesta está vinculada a su masificación. A que la población de todos los estratos participe en sus propias áreas de influencia. “Abajo cadenas gritaba el señor y el pobre en su choza libertad pidió”. ¿Adivinen en qué parte no estaba pasando nada? 
Una condición clave para la masificación es evitar la violencia. Yo la rechazo por convicción. Pero para quienes no comparten este valor conmigo, tengo otro argumento más potente como el anterior. Resulta que la violencia espanta la participación. Que los actos violentos (espontáneos o provocados) son desarrollados por grupos muy específicos, pero la mayoría de la población regresa a casa atemorizada cuando la violencia se apodera de la ciudad. Puede que los actos de protesta violenta sean muy mediáticos, lo que no son es masivos.
Conozco los argumentos que se dan para justificar la violencia (soy inmune porque nunca la justifico), pero separando mi posición personal y llevándolo al plano netamente funcional, los argumentos usados para explicar la violencia no resuelven el problema central de que no funciona para lograr el objetivo planteado por la oposición.
Está claro que en esa ciudad que se violenta hay cuatro grupos perfectamente identificados. 1) Los colectivos armados, que se pavonean abiertamente con su violencia para atemorizar, especialmente a sus vecinos y cohibirlos de participar. 2) Los opositores radicalizados (claro que los hay), provocados por la represión y la injusticia y dispuestos a todo, bajo la tesis de que el gobierno no reaccionará a la negociación ni a la protesta en paz. 3) Los infiltrados, que aunque son enviados por el mismo actor que los colectivos, tienen una diferencia fundamental. No desean que se sepa de donde vienen. Se mimetizan con la oposición con un doble objetivo: encender la mecha (cortica) de algunos opositores sensibles y crear la imagen de insurrección armada y terrorismo opositor, que tanto le interesa a quien los mandó. Y 4) un grupo auténtico y transparente. Los malandros de siempre. Esos que ven en la protesta popular y en la anarquía una oportunidad de oro para cometer sus delitos, como saquear negocios (que entenderán que es robar), cobrar peaje (que supongo que sabrán que es chantajear) o pedir plata a cambio de que no te pase nada (que espero entiendas que es cobrar vacuna) y con una franela adecuada y una consigna atractiva, por primera vez en su vida le harán odas a sus fechorías, confundiendo lucha con vandalismo.
Claro que es difícil controlar todo esto, pero de eso hablamos cuando les decía que las experiencias exitosas requieren de un líder influyente que guíe, motive y alinee. Sin eso, incluso los que acusan esta realidad mundial de caudillismo local, terminarán preguntándose, lo que yo me empiezo a preguntar: ¿dónde está el piloto?
luisvleon@gmail.com
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CRIMEN DESTITUYENTE

RAUL FUENTES

EL NACIONAL

Un viandante madrugador inmune a colas y rebatiñas ya que –así lo pregona– no tiene caso disputarse lo inexistente, llama mi atención, no por conversar con nadie cual un lunático, sino por la pretensión magisterial de sus engolados comentarios. Camina sin premura y se detiene ante el escaparte de una zapatería. Mira fugazmente sus ruinosos y anticuados botines de andariego pertinaz y, al ver los escandalosos precios de modelos que días atrás costaban la centésima parte de lo ahora marcado, espeta casi que una por una las quince letras de una sonora, iracunda y muy bien modulada mentada de madre al domador de pájaros y mariposas, extensiva a sus parientes, amigos, relacionados, ancestros y descendientes. Baja el tono, ¿temor a los patriotas cooperantes?, y habla consigo mismo, pero con suficiente volumen para que le oiga quien quiera oírle:
—La precariedad nos ha convertido en seres procaces.
Su aseveración tiene un no sé qué de disculpas sin destinatario definido. Tras una ligera pausa, que conjeturo ensayada, prosigue en registro de ayayay:
—Ya no me extraña que las panaderías no vendan pan y que en las farmacias no haya fármacos. Ni siquiera me asombra que las cafeterías no sirvan café y las gasolineras no expendan gasolina.
Al parecer eso era todo lo que guardaba en el buche; su lamento, empero, encuentra súbita reverberación en el gaznate de otro transeúnte que, sin desmarcar sus pasos del apremio matutino, replica con dejo retrechero:
—No tendría por qué sorprenderle. Tampoco en las pulperías se consiguen pulpos.
El sarcasmo me hizo sonreír y temí que el improvisado diálogo derivara en bizantina discusión sobre la denominación de estos establecimientos que alguna vez fueron motores del comercio y el esparcimiento pueblerinos, pero no fue así. El hombre de zapatos que me hacían recordar una vieja canción infantil –las muchachas se reían/ de ese viejo Don Ramón/porque tenía los zapatos/ sin puntera y sin tacón–, no se dio por enterado y se alejó con el rabo entre las piernas. Era, quizá, un diablillo travieso derrotado por el mordaz escepticismo de quien se cree inmune a lo que acontece en su entorno y que logró trastocar mi sonrisa en mueca de desprecio cuando, a modo estocada, remató:
—A mí la política ni me va ni me viene; me resbala y no me alimenta. Si yo no trabajo, no como.
Nos topamos aquí con el artero y acomodaticio argumento, ¿ni-ni?, de quien reputa de patrañas las sospechas de que perros realengos y gatos callejeros estén siendo sacrificados para servir de farsa en empanadas y pasteles comercializados a precios que desestabilizan el lenguaje y provocan sonoras imprecaciones e interjecciones hipócritas del tipo ¡ñooo! Es argucia venerada por una sinrazón moral autorizada a gritar ¡vayan a trabajar!, sin que el gritón repare en que la producción no es asunto prioritario para un régimen que importa hasta el modo de caminar (Umberto Eco, desde el más allá, y Pablo Antillano, más acá, deben estar horrorizados con tantos paréntesis, encomillados, citas y lugares comunes, mas, ¿cómo hacemos?, es lo que hay). Esa falacia fue también el alegato de la impotencia frente al Leviatán rojo que nos atemorizó mientras el miedo pudo más que la desesperación, y que está a punto de sucumbir aplastado por un incontenible tsunami de indignación en el que no hay espacio ni tiempo para el desaliento.
A la torera, violando los procedimientos previstos en la carta magna que según él agoniza, Maduro presentó ante el CNE, con la intención de adicionarlo al rompeolas represivo con el que no ha podido apaciguar la bravura ciudadana, su proyecto de un dique de contención –regresivo, fascista y corporativo– cargándose la universalidad del voto y evadiendo olímpicamente la imprescindible consulta al soberano, para ver si está o no de acuerdo con la convocatoria y sus bases comiciales; un dique susceptible de colapsar antes de que fragüe el concreto: ya se han pronunciado públicamente en su contra la fiscal general de la República y dos magistrados del TSJ. También ha expresado dudas y formulado reparos el incondicional Ramírez –¿venganza o pena de que le vean feo en la ONU?–. A esta disidencia se adherirán otros funcionarios de alto coturno con posturas similares. Son los autoproclamados fieles al legado del redentor, a los que el fraude en progreso con la celestina asistencia del árbitro electoral les parece un crimen. No uno más de los consumados a diario por los esbirros de Maduro, Cabello, Padrino & Co.; no el asesinato al uso con el que procuran ciegamente afirmar el poder de un Estado fallido y la fuerza un gobierno forajido, no: para la novísima contra escarlata se estaría perpetrando un crimen de leso chavismo.
Parafraseemos a Fouché, Talleyrand o a quien quiera haya sido el autor de la frase: «Más que un crimen es una estupidez». El país, claro, corre el riesgo de hundirse en estupideces sin que pueda Nicolás evitar el catastrófico derrumbe de su disparate. Se quedará con las ganas de emular al pequeño héroe de un popular cuento holandés que salvó de una inundación a su pueblo entero, introduciendo uno de sus dedos en un agujero que descubrió en el muro frontal de una represa. Son demasiados los huecos a tapar y no hay dedos suficientes. Nada de raro tendría que nuestro andarín tempranero agregue el tumultuario concilio comunero a su catálogo de establecimientos que no hacen lo que deben hacer: una constituyente para destituir en lugar de constituir, es decir, ¡la propia destituyente! De no atajar a tiempo esta locura, ¿qué sentido tendría votar a unos gobernadores a ser borrados del mapa político-administrativo por un colectivo empoderado, cuyo diseño Maduro delegó en Escarrá con supervisión de Jaua? Por eso, la oposición democrática debe permanecer en las calles y, si es consecuente con sus exigencias mínimas, boicotear el bingo sufragista anunciado por Tibisay, ajustándose al cronograma triangulado entre La Habana, Fuerte Tiuna y Miraflores.
Con una retrógrada ordenación territorial centralizada y medio millar de comuneros creyendo, ¡ahora sí!, que la vida es verdad porque el azar los colocó donde les necesitaban a fin de usurpar la soberanía popular, hasta el ni-ni de mi fábula tendría que rebelarse contra una prostituyente que sí prostituirá y contribuirá a consolidar la narco-corrupción generalizada, esa enfermedad incurable que, como indica su nombre, ataca con preferencia a quienes lucen soles en su charreteras.

rfuentesx@gmail.com
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LOS BONOS DEL HAMBRE

RICARDO HAUSMANN

La inversión suele crear dilemas morales en cuanto a sus metas: ¿se debería buscar solo que a uno le vaya bien o también hacer el bien? ¿Es apropiado invertir en empresas tabacaleras? ¿O en compañías que venden armas a bandas de narcotraficantes?
La reciente popularidad de los llamados fondos de inversión de impacto, que prometen retornos buenos y al mismo tiempo promueven objetivos sociales o ambientales, se basa en esta preocupación. Las fundaciones a menudo descubren que estos instrumentos de inversión les ayudan a hacer el bien tanto con el dinero que gastan en filantropía como con las inversiones que hacen con su patrimonio, cuyos retornos permiten financiar su filantropía.
Hoy día, lo que tendría que causar incomodidad moral son los mercados emergentes como inversión. ¿Debería la gente decente colocar su dinero en fondos de bonos de mercados emergentes?
Los retornos del Emerging Market Bond Index (EMBI+) [Índice de bonos de mercados emergentes] de JP Morgan se encuentran profundamente influenciados por lo que ocurra en Venezuela. La razón es simple: aun cuando este país constituye apenas alrededor de 5% del índice, representa cerca de 20% de su rendimiento, ya que la rentabilidad de la deuda venezolana es casi cinco veces más alta que la de los otros países del índice, lo que refleja la enorme prima de riesgo que enfrenta Venezuela. Más aún, la volatilidad de los precios de la deuda venezolana –la más alta del EMBI+– constituye una parte desproporcionada de los movimientos diarios de los precios del índice.
Podemos invertir en el EMBI+ porque este promete rendimientos altos, o porque queremos que un segmento más amplio de la humanidad tenga acceso a nuestros ahorros. En cualquier caso, después de invertir uno estará deseando que a la deuda venezolana le vaya bien, lo que, en el contexto actual, entraña desear que cosas realmente malas les acontezcan a los venezolanos.
Como los medios han informado ampliamente, Venezuela está pasando por uno de los colapsos económicos más calamitosos de la historia mundial, acompañado de dosis masivas de represión política y violaciones de los derechos humanos. De modo que invertir en el EMBI+ significa que uno se alegra cuando los analistas de Wall Street le informan que el país está haciendo pasar hambre a su población con el fin de evitar la reestructuración de los bonos que uno posee.
La alegría se explica fácilmente: las importaciones venezolanas, luego de caer 75% entre 2012 y 2016, se han reducido más de 20% en el primer trimestre de 2017. Estas son buenas noticias para los inversores en el EMBI+ porque significan que queda más dinero para el pago de intereses y capital de sus bonos. Mientras tanto, los venezolanos están bajando de peso involuntariamente y buscando alimentos en pilas de basura. Claro, esto es una catástrofe humanitaria, pero para el inversor se trata de una fabulosa oportunidad de inversión.
Ahora supongamos que uno quiere poseer deuda venezolana porque alberga la esperanza de que el presidente Nicolás Maduro pierda el poder y que surja un gobierno más sensato, de orientación más democrática, más en línea con los valores morales que uno tiene. Aun en este caso uno va a desear que los ingresos que produzca la futura recuperación de Venezuela se empleen preferiblemente en el servicio de la antigua deuda emitida para financiar la corrupción y la destrucción nacional generada por Maduro y su antecesor, Hugo Chávez. Uno no va a estar apoyando la recuperación del bienestar que merecen los venezolanos después de haber pasado por esta pesadilla.
El inversor también va a estar de acuerdo con que jueces estadounidenses ordenen el embargo de bienes y la confiscación de dinero para que le paguen. De hecho, los analistas que son bullish [alcistas] con respecto a la deuda venezolana han estado haciendo lobby ante el gobierno y los líderes de la oposición con una amenaza velada: tan solo considerar la reestructuración de sus bonos, les advierten, permitirá causar estragos en Venezuela a quienes administran esos bonos.
Cualquier persona decente que invierta en bonos venezolanos debe sentirse "levemente nauseabunda", para emplear los términos utilizados hace poco por el ex director del FBI, James Comey, en su testimonio ante el Congreso de Estados Unidos. Los administradores de fondos de mercados emergentes sienten un malestar semejante. En la actualidad dedican una parte desproporcionada de su tiempo a "acertar con la predicción sobre Venezuela", puesto que sus bonificaciones se basan en que sus resultados excedan al índice –del que Venezuela es el principal determinante.
Quienes tienen menos principios morales disfrutan del reconocimiento que reciben por haber acertado cuando predijeron que el gobierno de Maduro optaría por dejar que la población pasara hambre antes que reestructurar los bonos. Analistas y bonistas también han hecho lobby ante el gobierno y la oposición para que estos se abstengan de buscar el apoyo financiero del Fondo Monetario Internacional, ya que temen que la comunidad internacional exija que se reestructure la deuda existente con un importante recorte en su valor, como se les ha exigido a los acreedores de Grecia.
Ello probablemente no sería bueno para el valor de los bonos. Analistas y tenedores de bonos también han hecho lobby ante la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, para que ella reconozca la deuda externa de Venezuela a cambio de la libertad de los presos políticos, lo que implica que se puede lograr el pago los bonos que uno posee exigiendo un rescate por liberar a inocentes.
Entonces, ¿debería uno de dejar de invertir en fondos de mercados emergentes solo porque 5% de los recursos irían a comprar bonos de Venezuela? Claramente, esto castigaría a países que son meros espectadores inocentes del caos venezolano. Tiene que haber una solución mejor.
Y la hay. La solución es exigir que JP Morgan excluya de inmediato a Venezuela de los índices de bonos de mercados emergentes que calcula, liberando así a los administradores de los fondos de la necesidad de comparar sus resultados con los bonos del hambre. A través del tiempo, JP Morgan debería crear un nuevo índice de mercados emergentes Decentes, el que al incluir solamente a países que se ciñen a estándares mínimos de respeto a su ciudadanía, disiparía la angustia moral del inversor. El MED permitiría que uno pueda aspirar a rendimientos más altos en sus ahorros sin para ello tener que desear sufrimiento humano. A uno le podría ir bien, sin sentirse mal.

Copyright: Project Syndicate, 2017.
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UNA Y OTRA VEZ

ELSA CARDOZO

EL NACIONAL

Hay mucho que contar sobre lo que está sucediendo en Venezuela a casi dos meses de sostenida protesta en las calles con el ánimo de cambiar a mejor rumbo, a pesar o precisamente para superar los obstáculos que con creciente agresividad interpone el gobierno. Es necesario e ineludible hablar de los muertos, desaparecidos, torturados, apresados arbitrariamente, juzgados sin debido proceso y llevados a tribunales militares. Aterra la suma de casos y piensa uno en cada víctima, la mayoría jóvenes estudiantes, e imagina o lee sobre su historia personal y lo que hubiera sido de ellos si en Venezuela hubiese habido un buen gobierno. Conviene recordar que el reclamo que alienta a protestar cada día no es nada extraordinario, es precisamente ese, el clamor por un buen gobierno. Así hay que recordarlo, una y otra vez.
Los venezolanos demandamos lo que debería fluir normalmente si se respetara la Constitución: un cronograma electoral con garantías de integridad en todo el proceso, el reconocimiento de la independencia y competencias de la Asamblea Nacional –incluida su parte en la designación de los poderes Electoral, Judicial y Ciudadano–, la plena garantía de los derechos de asociación y participación política, la procura del “desarrollo humano integral y una existencia digna y provechosa para la colectividad” como se lee en la Constitución de 1999. Y así, contándolo desde la Constitución, desde abril se ha ensanchado el abismo entre el régimen que la ley fundamental define y el que a punta de violencia procura seguir imponiendo el gobierno (entiéndase por tal los poderes Ejecutivo, Judicial, Electoral y Ciudadano, salvo por las notables muestras recientes de independencia de la Fiscalía). Y para desaparecer el abismo ese gobierno ha encontrado dos vías: someter a la disidencia por la fuerza y cambiar la Constitución. Tenemos que decirlo, una y otra vez.
Sobre lo del sometimiento de la oposición, si en las primeras concentraciones y marchas orientadas a la restitución del orden constitucional la labor de la Policía Nacional y la Guardia Nacional fue detener el avance hacia la sede de los poderes públicos, rápida y violentamente fueron instruidas –casi siempre con el acompañamiento y la agresión sin contención alguna de bandas armadas– para disolver, perseguir y acosar en espacios públicos y privados a los manifestantes y a los dirigentes políticos que han encabezado cada evento de protesta; también ha habido puerta franca para penetrar violentamente, hacer y dejar hacer al bandidaje en vecindarios y negocios aledaños a la protesta. Así es como desde el gobierno, que ha destinado incuantificables recursos para hacerse de un enorme arsenal para reprimir, se ha sembrado y alentado la violencia sin dar muestra alguna de disposición a escuchar, ni al liderazgo democrático al que descalifica como golpista ni a los manifestantes que expresan lo que la vasta mayoría del país reclama: medicinas, alimentos, elecciones íntegras, que se respete a su representación legislativa, que no haya presos políticos y, ahora, con urgencia, el cese de la represión. Eso hay que contarlo, una y otra vez.
La pérdida de garantías al espectro completo de los derechos de los venezolanos, tan detalladamente enunciados en la Constitución de 1999 como rasgo distintivo del régimen que se decía refundador de la democracia, es en efecto otra faceta de nuestra secuencia. La pérdida de derechos políticos se fue acelerando con la suspensión del referendo revocatorio, el desconocimiento de la Asamblea Nacional y la postergación de las elecciones regionales y locales. Ahora, con la convocatoria a una supuesta asamblea constituyente sin que medie un referendo consultivo y sobre bases comiciales inconstitucionales como las recién anunciadas, se completa la negación del voto directo y universal y, en esos términos, ni esa convocatoria inmediata a elecciones ni la de gobernadores en diciembre resuelven electoralmente la crisis venezolana; en cambio, reafirman la negación a reconocer el derecho de elegir un cambio a buen rumbo. Esto hay que repetirlo, dentro y fuera de Venezuela, una y otra vez.
elsacardozo@gmail.com

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¿CÓMO SE DESMANTELA UNA SUPERPOTENCIA?

MOISES NAIM

Una de las sorpresas que los historiadores estudiarán por muchos años es la decisión de Estados Unidos de renunciar a su liderazgo mundial. Más aún, tendrán que explicar por qué lo hizo unilateralmente y sin que nadie le arrebatara el inmenso poder que acumuló durante el siglo pasado.
Esta abdicación no fue el resultado de una decisión específica sino de un complejo y largo proceso. Y si bien la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca aceleró las cosas, la cesión de poder ya venía dándose desde hace un tiempo.
La fragmentación política interna de Estados Unidos y su dificultad para tomar decisiones fundamentales tienen mucho que ver con la declinación de su influencia. En 2015, Larry Summers, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, alertaba que la rigidez ideológica y la consecuente incapacidad para forjar consensos debilitaba el papel de su país en el mundo. Según Summers: “Mientras uno de nuestros dos partidos políticos siga oponiéndose siempre a los tratados comerciales con otros países y el otro partido se resista a financiar a los organismos internacionales, Estados Unidos no estará en posición de moldear el sistema económico mundial”. Cuando Summers dijo esto, el ejemplo que ilustraba los daños que se autoinfligía Estados Unidos era la renuencia de su Congreso a aprobar reformas destinadas a fortalecer instituciones como el Fondo Monetario Internacional, (FMI). Organizaciones como esa o como el Banco Mundial forman parte importante de un orden mundial que beneficia a Estados Unidos. Por lo tanto, su fortaleza y relevancia deberían ser una prioridad para Washington. Sorprendentemente, esto no es así.
En el caso de las reformas del FMI, los gobiernos de 188 de sus 189 países miembros las aprobaron. Estados Unidos no lo hizo y, sin su voto, las reformas no podían ser puestas en práctica. Después de 5 años de espera a que el Congreso estadounidense actuara, el gobierno de China decidió crear un nuevo organismo financiero internacional en el cual Washington no tendría influencia. Así, hoy existe el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), del cual son miembros 57 países y al que están a punto de integrarse otras 25 naciones, incluyendo Canadá e Irlanda. Desde el inicio Estados Unidos fue invitado a formar parte del BAII, pero esto aún no ha sucedido.
Otro ejemplo reciente de la cesión unilateral de poder fue la decisión de Donald Trump de sacar a Estados Unidos del tratado comercial transpacífico, el llamado TPP por sus siglas en ingles. El TPP no incluye a China y el propósito de Barack Obama al proponerlo fue el de crear un organismo permanente para fomentar la integración de Estados Unidos con sus aliados en Asia. Naturalmente, un acuerdo de este tipo también aspiraba a servir de contrapeso a la creciente influencia de China en esa región.
Una de las primeras decisiones que tomó Trump como presidente fue la de retirar a Estados Unidos del TPP. China reaccionó de inmediato y se activó para aprovechar el inusitado regalo. Beijing inició contactos al más alto nivel con los 11 otros países miembros del TPP para proponerles un atractivo acuerdo comercial. Estados Unidos no fue invitado.
Pero para Xi Jinping, el presidente chino, este acuerdo comercial no era suficiente y decidió expandir una iniciativa que había propuesto en 2013: la nueva ruta de la seda.
Invocando la legendaria red de caminos que en la Antigüedad conectaba China con el resto de Asia y llegaba hasta el Mediterráneo, el presidente Xi convocó a 64 países a unirse a un enorme proyecto de construcción de carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos, que unirían a China con Asia, el Medio Oriente, África, Europa y hasta con países latinoamericanos, como Argentina y Chile. En estos 64 países más China vive 60 % de la humanidad y juntos representan un tercio de la economía mundial. Hace poco 44 jefes de estado asistieron a una reunión en Beijing y firmaron un comunicado en el cual afirman: “Nos oponemos a todas las formas de proteccionismo… y defendemos un comercio internacional universal y abierto, basado en reglas, que no discrimine y que sea equitativo”. Esto por supuesto contrasta con las posturas más proteccionistas del actual gobierno de Estados Unidos.
El comercio internacional no es la única área en la cual Washington está perdiendo liderazgo e influencia internacional. La lucha contra el calentamiento global y la proliferación nuclear, la ayuda al desarrollo y el control de pandemias globales, la intervención para contener las crisis financieras, la regulación de Internet, la gestión de la actividad humana en los océanos, el aire, el espacio, el Ártico y la Antártica son solo algunas de las áreas en las cuales la importancia de Estados Unidos ha menguado.
¿Quién llenará estos vacíos de poder? La respuesta a esta pregunta definirá el nuevo orden mundial. En la columna de la semana entrante ofreceré algunas respuestas. Anticipo una: no será China.

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UN TRECHO HECHO

FERNANDO RODRIGUEZ

EL NACIONAL

Un trecho difícil, doloroso y victorioso estos cincuenta y tantos días de faena cotidiana, en esta aguda fase de lucha contra el despotismo, pero que ya hace necesario redefinir o afinar algunas líneas de acción. A lo mejor las que siguen.
A medida que crece, y lo hace vertiginosamente, la pasión en nuestras protestas limita nuestra capacidad de sopesar racionalmente el camino y los medios para llegar a dar al traste con este gobierno criminal. Por supuesto que la ira y el coraje sin cálculos producen este insospechado empuje y expansión de la vejada voz de un país llevado a sus límites, con una fuerza que seguramente ha conocido muy pocas veces en el pasado. Esta es la materia prima del necesario y radical viraje histórico para evitar la decadencia definitiva de la república en manos de sus verdugos. Pero sería igualmente irresponsable no ver los peligros que la radicalización, sobre todo violenta y serializada, siempre atizada por la infame represión gubernamental, puede acarrear para mantener el perfil que la mayoría de la oposición organizada ha definido para su proyecto político, pacífico, masivo, crecientemente incluyente.
Creo que era muy difícil hace unas pocas semanas predecir cómo se ha llenado el mapa nacional, hasta sus más alejados y pequeños espacios, de esa gigantesca avalancha de rebeldía que enfrenta la ferocidad armada y hace temblar la osamenta de un despotismo sembrado durante casi veinte años y que ha roto literalmente el país. Pero justamente ese carácter aluvional es el que produce el efecto de descentrar en buena medida la unidad opositora; dicho de otra forma, que la dirigencia de la MUD vea producirse amplias acciones fuera de su control y que se distancian de sus designios y objetivos. Por supuesto, no para coartar la espontaneidad y pluralidad de un movimiento que por su naturaleza misma no puede ser monocorde y centralizado en exceso, sino porque es difícil armonizar ambas tendencias si se alejan demasiado y se contraponen. Por ello necesita nuevas síntesis que entiendan la necesidad de muchos de estos fenómenos y los valores y los excesos que implican para dialogar con ellos y tratar de integrarlos a sus líneas mayores.
Valga al respecto el ejemplo reciente de la marcha por la salud, que como es obvio pretendía reunir el mayor número de trabajadores del área y tenía un alto contenido simbólico, la más dramática de nuestras penurias, y fue limitada en su significación y hasta en su desarrollo por un conjunto de “trancas” y protestas paralelas por lo visto no concertadas. Tanto que generó reclamos, en tiempo real, de Capriles y otros dirigentes. Roces inevitables y superables en el difícil camino.
Ahora bien, el gobierno ha jugado esta semana una de sus cartas mayores: la presentación ante el CNE de las bases comiciales para la constituyente mussoliniana y su aceptación exprés, a pocas horas, por el lacayuno CNE con todo y acompañamiento de un cínico y cursi llamado a la paz y el amor de Tibisay Lucena, para engalanar ese misil bélico. Se completa el plato electoral con un llamado a las elecciones regionales para diciembre, en plena acción de la constituyente, la cual, soberanísima, podrá postergarlas, anularlas, mussoliniarlas, o lo que quieran sus titiriteros. La Asamblea ha respondido cabalmente rechazando cualquier participación y solicitando un irónico referéndum sobre la pertinencia de esa asamblea todopoderosa que ha de arreglar nuestras vidas según la visión del mundo de Maduro y su banda. En definitiva, los juegos están hechos, parece. Lo cual es un nuevo reto, político, para la MUD y que ya no es solo de calle. A lo mejor una oportunidad para atender uno de los factores mayores de este enfrentamiento sin retorno: la frágil cohesión del PSUV que tantos signos da de sus fracturas.
Como igualmente la inminente reunión de cancilleres de la OEA para ponernos en la mesa de disección ha de necesitar de mucha atención y astucia para ser realmente aprovechada. Sabemos que la salvación no va a venir mágicamente de afuera, pero sí vientos muy fuertes que pueden horadar el poder ya ilegítimo de la cúpula dictatorial y sus cañones. Trabajo por hacer.
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La mejor Constitución del mundo


Elias Pino Iturrieta

El título es de Chávez, mil veces repetido. La Constitución de 1999, cocinada en el horno de un cuerpo legislativo dominado por sus fuerzas, no solo conduciría a la regeneración de Venezuela sino que serviría también como modelo para la humanidad. Era el nacimiento de un portento, sobre el cual deberían correr cascadas de alabanzas mientras ocurría el deslave de Vargas. La suerte de los vecindarios inundados podía colocarse en segundo plano a pesar de su magnitud, porque debía privilegiarse la celebración de un manual de convivencia gracias a cuyo contenido se iniciaba la etapa dorada de Venezuela. Se vivía una fiesta cuyo anfitrión era el gozoso comandante, quien había jurado su cargo ante una “Constitución moribunda” que ahora reemplazaba por un texto insuperable.
Nicolás Maduro se sumó al coro de los entusiasmos. Su voz fue una de las más sonoras en el repertorio de los que aparecían en la feria cívica. Había participado en su hechura como miembro del Legislativo. También era uno de los padres de la criatura, un fragmento de la fuerza de sus luces se podía encontrar en los contenidos del documento. Si no sus luces, para no exagerar, algo dijo porque lo mandaron a decir, o porque tuvo algún arrebato de creatividad, y pudo estampar la firma en el pie del texto. Si nos ponemos a revisar la lista de los parteros, toparemos con el nombre de Nicolás Maduro.
El empuje del comandante convirtió la Constitución de 1999 en una parte esencial de la vida cotidiana. Primero, porque se refería a ella cuando tenía oportunidad, esto es, en las infinitas presentaciones que hacía en los medios radioeléctricos. Segundo, porque ordenó una edición masiva de sus contenidos para que cada venezolano los guardara en su domicilio y en el centro de su corazón. El librito azul de 1999 se volvió parte de la rutina. Llegó a ser uno de los manuales más socorridos de la historia patria, la impresión más familiar y encarecida. Se hicieron festivales para su distribución gratuita en todos los rincones del país. Los funcionarios públicos la llevaban en el bolsillo y la echaban en la cara del adversario en los debates. Quizá no se colocó como la edición más influyente desde el período colonial, porque probablemente fueron más los que la manosearon que los que la leyeron, pero quedó marcada en la piel del soberano como pocos documentos anteriores. Si se agrega el hecho de que fue aprobada en elecciones universales, estamos ante un documento excepcional.
A los líderes de la oposición no les quedó más remedio que leerla, porque era parte de sus trajines, y poco a poco fueron descubriendo sus aspectos positivos, o los preceptos incluidos en sus páginas que podían garantizar un desenvolvimiento democrático en el marco de un régimen autoritario. Entonces fue panorámica su influencia, no en balde podía ser escudo contra las tropelías de un gobierno cuyos tentáculos pretendían el dominio de todos los aspectos de la vida pública y aun de la vida privada, en flagrante contraste con la celebrada fuente. No en balde servía y sirve para detener la corrupción galopante de quienes la propusieron como norma de conducta. En consecuencia, más que una preceptiva famosa, la Constitución de 1999 es un fenómeno social. Se metió en la sensibilidad colectiva, en términos de intimidad. Se puede considerar como el logro estelar de Chávez y del chavismo, seguramente el único, gracias al sentido material y simbólico que adquirió en los hábitos de la colectividad. Quien busque un código que no permaneció en el aire, lo encuentra en la Constitución de 1999.
Pero ahora resulta que no es la mejor Constitución del mundo, de acuerdo con la palabra de Maduro. El hombre que antes la celebró y que participó en su redacción ahora la condena, o la ve como un capote maltrecho y relativamente inútil que necesita remiendo. Los regocijos del PSUV sobre sus artículos han devenido reproche fulminante que clama por su sustitución, partiendo de una solicitud sin correspondencia con la realidad que fue su fábrica y su baluarte. La aprobación del documento de 1999 coincidió con el deslave de Vargas. La necesidad de borrarlo del mapa coincide con el deslave de la dictadura.



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sábado, 27 de mayo de 2017

Un viaje a las ruinas de Venezuela


Detrás de las noticias de un país en llamas hay ciudadanos que no consiguen qué comer, que evitan salir a la calle y que gastan sus sueldos en el pasaporte que les dará la llave de la libertad. Un periodista de El País viajó a cubrir un partido de fútbol y esto fue lo que se encontró.
gente que no tiene dinero para comer. Jóvenes que quieren juntar dólar por dólar para irse del país. Niños que preguntan constantemente a sus padres qué es lo que pasa. Alimentos que escasean al igual que la libertad, un presente desastroso y un futuro incierto pintan el panorama actual de Venezuela.
Desde hace un mes y medio, cuando se desató la protesta opositora en las calles, más de 50 personas murieron y decenas desaparecieron. Estas noticias recorren el mundo, pero la información de lo que realmente pasa se oculta o se censura. Los venezolanos utilizan más las redes sociales (Twitter, Facebook y WhatsApp principalmente) que los medios de comunicación para informar, coordinar y pactar sus movilizaciones porque, de lo contrario, nadie se entera.
En medio de ese contexto, El País viajó a Maracaibo para cubrir el partido que Nacional jugó frente a Zulia el martes 16 por la Copa Libertadores de América y, dentro de las posibilidades de un clima hostil, recorrió algunas calles, recogió testimonios y vivió de cerca una realidad devastadora.
Así y todo, la tercera ciudad más importante de Venezuela le dio un caluroso recibimiento a la delegación tricolor que incluía jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y tres periodistas.
"Bienvenidos. Es un placer tenerlos aquí. Siéntanse como en su casa. Estamos para servirlos", fueron las primeras palabras que se escucharon al bajar del avión en el Aeropuerto "La Chinita", una pequeña terminal aérea venida a menos, bastante precaria, sin obras a la vista y con escaso tráfico.
La vocera era Ingrid, directora de Deportes del Gobierno Bolivariano del Estado de Zulia. En ningún momento se desprendió de la delegación y junto a ella trabajaron unas 10 personas. El objetivo era claro: que el contacto con el mundo exterior fuera mínimo y si acaso se generaba algún problema, ella o sus colaboradores estarían para resolverlo.
El arribo a Maracaibo sucedió a las 6:30 del lunes 15. Los trámites migratorios llevaron minutos dada la celeridad del personal. Afuera esperaban cuatro vehículos. Un ómnibus para los futbolistas y el cuerpo técnico, otro para los dirigentes, un minibus para los periodistas y uno más para los asistentes de la delegación: Ingrid y su grupo de compañeros.
En alrededor de 40 minutos, escoltados por una camioneta militar y dos motos que iban abriendo el paso, el grupo de uruguayos recorrió unos 20 kilómetros y llegó al Intercontinental Hotel, pero no fue fácil. Para ese día el pueblo venezolano tenía previstas varias movilizaciones a lo largo de todo el día. Desde antes de las 7:00 de la mañana había gente reclamando por sus derechos de manera pacífica, pero el tránsito comenzaba a tornarse imposible.
La caravana que trasladaba a los uruguayos sufrió una interceptación en la entrada a una autopista. Un puñado de venezolanos había cortado la calle e impedía el pasaje de vehículos, salvo de quienes se dirigieran a sus trabajos o estudios.
Luego de cinco minutos de diálogo entre los militares y los manifestantes que llevaban consigo algún distintivo de Venezuela (remera, camiseta de fútbol, un gorro o bandera), los vehículos lograron seguir su camino.
El recorrido permitió ver la cara más fea de una ciudad que tiene unos cuatro millones de habitantes. La basura desparramada por todos lados inunda las calles. Los grupos de manifestantes se repiten con cánticos, gritos, pancartas y un fin en común: hacerse escuchar.

Foto: AFP

"Aquí dentro no les va a pasar absolutamente nada. Estamos nosotros, están los militares. No se preocupen. Eso sí, no salgan a la calle, y menos solos". Esas fueron las palabras de bienvenida de José Carlos, uno de los trabajadores del Gobierno Bolivariano de Zulia que recibió a los uruguayos dentro del hotel. "Afuera está todo mal. La gente está desesperada por dinero y por comida y es capaz de hacer cualquier cosa para conseguirlo", explicó.
La advertencia desestimulaba la posibilidad de hacer locuras o patriadas innecesarias en Maracaibo, pero las ganas de saber qué pasaba afuera eran incontenibles. Según los militares que custodiaban el hotel —expresamente por la llegada de un equipo de fútbol para jugar un partido—, la situación en las calles era "normal". Claro que ellos intentaban dar la menor información posible.
Otros ratificaban las palabras de José Carlos. "Está todo muy mal. La gente está desesperada por dinero para poder comprar comida o irse del país. No salgan del hotel, y si lo hacen tengan muchísimo cuidado porque se dan cuenta de que son extranjeros y les puede pasar de todo", dijo un empleado del Intercontinental.
En los supermercados escasean los alimentos de primera necesidad, en las farmacias faltan los medicamentos e ir a comer a un restaurante puede salir tres o cuatro veces más de lo normal, aun con un menú incompleto por falta de materia prima.
Así las cosas, las recomendaciones para los visitantes son claras: evitar andar en la calle, no usar el teléfono celular allí ni sacar dinero a la vista; tampoco parar taxis en la vía pública porque "quién sabe dónde se puede llegar a terminar". Los robos son constantes y la violencia está a flor de piel.
La gente se las tiene que ingeniar para poder conseguir los alimentos básicos porque las compras están limitadas. Una persona puede obtener un solo producto en un supermercado. Entonces, cuando saben que hay stock, las familias numerosas marchan todas hacia el local para poder llevarse la mayor cantidad posible.
"Hace no más de 10 años nos sobraba la comida. Hoy nos falta y lo sufrimos muchísimo. Es incomprensible cómo hemos llegado a este punto en un país que tiene todo para estar bien. Aquí haces un pozo y sale petróleo, oro o lo que quieras. Hay riqueza, pero estamos sumergidos en la pobreza", contó José Carlos. Hoy no hay arroz, pastas, aceites, harinas ni azúcar, y cuando esos productos llegan a los supermercados se forman largas colas. La gente se desespera y pueden llegar a desencadenarse discusiones y peleas, porque nadie quiere quedarse sin alimentos.
Boris es argentino y hace unos 15 años que vive en Venezuela. Llegó, consiguió trabajo y se asentó en Maracaibo. Es el encargado de mantenimiento del hotel y su sueldo asciende a 16 dólares mensuales (menos que un salario mínimo, que actualmente está en unos 22 dólares). Con eso apenas logra sobrevivir dos o tres semanas como mucho y luego tiene que hacer malabares.
Un periodista venezolano que llegó a Maracaibo para cubrir el partido entre Zulia y Nacional desde San Cristóbal, contratado por una radio uruguaya, renovó su pasaporte para poder emigrar junto a su novia ni bien junte el dinero necesario. Contó que debió pagar algo así como 10 sueldos mínimos, más de 220 dólares, para lograr la renovación y estar en regla a la hora de irse del país. "Cuando lo recibí fue como celebrar un gol en una final", expresó. Además tuvo suerte, porque enseguida que terminó el trámite, el gobierno hizo que se enviara un mensaje desde el sistema para que la renovación de pasaportes no estuviera disponible.
A César Miguel Rondón, uno de los periodistas más reconocidos de Venezuela, le quitaron su pasaporte y se lo anularon mientras estaba por viajar a Miami a dar una charla sobre la situación de su país. El presidente Nicolás Maduro lo nombró en cadena nacional la noche antes y no pudo irse. Al gobernador de Miranda, opositor y rival de Maduro y Chávez en las últimas elecciones, Henrique Capriles, también le revocaron el pasaporte saliendo del país. Se dirigía a Nueva York para dar una conferencia ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Por lo general esto sucede con representantes importantes de la oposición y al ciudadano común no debería pasarle nada, pero nadie se quiere arriesgar. "Cuando me vaya no voy a asumir el riesgo de que me quiten el pasaporte y cruzaré la frontera con Colombia a pie", contó el periodista que, tras el partido, debió quedarse cuatro días más en Maracaibo debido a la situación de su ciudad y los problemas en las rutas.
Tampoco fue tan malo. El viernes 19 jugaban Zulia y Táchira, club de San Cristóbal, y como el partido no era televisado aprovechó, trabajó y pudo hacerse de unos bolívares más, por lo menos para pagarse el regreso a su casa.
"Lo hago para ahorrar mi plata, pero yo quiero estar con mi familia. Les mandé dinero pero no han podido conseguir comida. No llega nada desde hace más de un mes y medio, cuando comenzaron las protestas", lamentó.
Así está hoy Venezuela, un país que tiene una gran variedad de riquezas para sobrellevar el día a día, pero que está inmerso en una crisis política, social y económica que se respira en el aire. Muchos quieren irse ya y buscan todos los medios posibles para hacerlo cuanto antes porque no soportan más. Otros optan por quedarse, luchar, hacerse escuchar y cambiar una realidad que asusta. El tiempo dirá qué le depara a esta tierra.
Desde que la situación política y social de Venezuela comenzó a agravarse, los jugadores de fútbol de todos los clubes menos de los chavistas Deportivo Táchira y Zamora, comenzaron a hacer un minuto de silencio antes de los partidos. Los futbolistas tomaron la iniciativa sin la autorización de la Federación Venezolana de Fútbol y a pesar de la prohibición expresa del régimen de Nicolás Maduro. Hasta los medios han censurado este acto. El objetivo es solidarizarse con las personas fallecidas y desaparecidas. Previo al inicio del encuentro entre Zulia y Nacional, Juan Arango (capitán del equipo local) se acercó a los jugadores de Nacional para explicarles la situación y los tricolores accedieron, algo que los locales agradecieron.
En este contexto de caos, algunos jóvenes venezolanos optan por no salir de sus hogares, pero la mayoría busca alternativas para pasarla bien. María cumplía 21 años y con un grupo de ocho amigas se instaló en el Intercontinental Hotel para festejar. "Vinimos porque salir a tomar algo a un bar o ir a bailar no estaría siendo muy seguro y no queremos arriesgarnos", contó la joven que junto a sus amigas disfrutó de las bondades de un complejo con piscina, bar, varios restaurantes a la carta, gimnasio, sauna y hasta una discoteca.
Seis hinchas de Nacional se la jugaron al viajar a Maracaibo para ver al club de sus amores. Pasaron por Caracas y allí vieron la cruda realidad: "No estuvo bueno ir ahí. La Policía te para, te pide plata, si no te saca el pasaporte y ya no te podés mover para ningún lado. Las calles están imposibles. No fue buena idea ir, la pasamos mal", relató Dilan. Pero en Zulia recorrieron playas "paradisíacas" y salieron a bailar. "La zona a la que fuimos estaba llena de boliches y con mucha gente. Por cómo está la situación acá pensamos que no iba a haber nadie, pero nos sorprendimos", contaron. Igual, fue "el viaje más peligroso" que han hecho hasta ahora.

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