viernes, 21 de julio de 2017

LA HORA DE COMETER CERO ERRORES
  
                     JEAN MANINAT
Salvo aquellos a quienes les corre plomo en las venas y en el pecho acunan una roca de kriptonita, nadie pudo dejar de sentirse emocionado con la muestra de valor cívico y democrático que dieron los venezolanos en las estropeadas calles del país y en las difíciles avenidas de nuestra diáspora. El 16/J fue una fiesta democrática, que, en medio de todo, alegró la lucha y dejó constancia de la gran tenacidad que tienen los demócratas venezolanos para no dejarse vencer por un régimen autoritario y cada día más aislado. 
La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), merece un reconocimiento por su creatividad política y su capacidad organizativa para concretarla en un hecho público y notorio. Sus detractores de oficio, una vez más, mordieron el polvo de su inagotable maledicencia.
Ya cada quien ha arrimado ese domingo a su candela, (el pueblo nos ha dado un mandato claro, y es…), como todo éxito que se respete le han saltado encima los más diversos progenitores, cada uno con su lectura propia del ascua que recogió en la mano. Hay quien quedó insatisfecho con la votación obtenida porque las expectativas se inflaron gracias a la encendida retórica de nuestros días. Aún así, y gracias a ese número de votantes, los jerarcas del gobierno pasaron dos días groggy tratando de negar infructuosamente lo que todo el mundo había presenciado. Mientras más lo negaban, más lo recalcaban.
Voceros de la oposición se han apresurado a anunciar la llegada de una “hora cero” que habría empezado a marcar su tic-tac tan pronto se conocieron los resultados de la consulta popular. Hoy miércoles, cuando esta columna todavía trastabilla, no tenemos muy claro en qué consiste y cuánto dura una “hora cero”. Sospechamos, eso sí, que esconde un aliento épico, que anuncia “el momento de los valientes”, y sugiere que una vez más la testosterona podría nublar el juicio político. Sin embargo, en la MUD confiamos, y le rogamos a sus deidades protectoras que le permitan contar hasta diez y reflexionar bien sobre los pasos que va a tomar en los días por venir.
Habrá que administrar sabiamente el reload que se obtuvo el 16/J, urge calibrar, sopesar; quienes dirigen a la oposición democrática no deberían lanzarse por un tobogán sin fin para calmar los rugidos de la primera fila. De ser cierto que el fin está cada día más cerca, que en Miraflores hay un helicóptero con las aspas en permanente rotación dispuesto a partir, de ser así, pues entonces lo más eficaz sería no armarle un infranqueable “trancazo” político para impedirle su despegue. ¿O no?
Si algo queda claro del pasado domingo, de entre todos los “mandatos del pueblo” que de ese día emergieron, es que el instrumento más eficaz que tienen los demócratas venezolanos es su capacidad de movilizarse pacífica y democráticamente para ejercer su derecho -hoy conculcado- a escoger su futuro mediante el voto. A eso, y a más nada, le teme el régimen. Y en eso hay que insistir.
Hay que obligar al régimen a retomar el calendario electoral, a sentarse a negociar una salida democrática y pacífica a la crisis política, económica y social que vive el país por su empeño en aferrarse al poder a como de lugar, así sea repartiendo hambre. Este es el momento, luego podría ya ser muy tarde.
¿Hora cero? Sí, es la hora de cometer cero errores.  
@jeanmaninat

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A PROPÓSITO DE LOS CHAVECITOS DE ESQUINA

MILAGROS SOCORRO

Después de la jornada del 16 de julio, cuando más 7.500.000 venezolanos suscribieron una declaración de rechazo a la dictadura, así como de voluntad de terminar esta oscura etapa e iniciar una nueva, de retorno a la democracia y a las libertades, este día 20 el país acató el llamado al paro cívico convocado por la Unidad Democrática. En esta ocasión, las adhesiones fueron aún mayores, puesto que al no tener que firmar ni dejarse ver en una cola, muchos que no acudieron el domingo sí se sumaron el jueves.
Ambos eventos transcurrieron con el signo del éxito. Inmenso. Verdaderamente abrumador. Y también con la marca de haber sido organizados por la coalición de partidos opositores. Fueron, pues, actos políticos, pacíficos, planificados y diseñados como parte de un proyecto mucho más amplio, que los incluye y articula.
El panorama venezolano dio un cambio muy visible ese domingo 16 de julio. El número de voluntades expresadas con firma y huella digital no es una opinión. Es un hecho muy concreto y contundente. Y, otra vez, un hecho político de gran pegada: colectivo, orquestado, sin solistas, mesías ni iluminados. Sin violencia. Una voz coral que se expresó con potencia y afinación.
La inmensa y bien coordinada (en tiempo récord) consulta popular no evitó la proliferación de trancones, esos actos “espontáneos”, focos de caos que suelen montar en las zonas opositoras para impedir el paso de los residentes. Siguieron produciéndose, sin llamado de la Unidad, sin liderazgo reconocible y, por tanto, sin una fuerza que reditúe la acción. Sin orden, sin mayor resultado. Pero ahí han estado. La diferencia es que después del 16J han salido muchas voces a denunciarlos. El contraste entre el acontecimiento nacional, de alto voltaje político y notable repercusión internacional, y las agitaciones fuera de agenda arrojaron sobre estos una luz que los mostró como son: expresión de antipolítica, brotes de abuso en los que cualquiera se erige en jefe y atropella a quienes intentan oponérsele. Se han visto casos de seria agresión física.
Sé de lo que hablo. En 2014 sufrí un ataque perpetrado por unos desconocidos que clausuraron la esquina de mi calle y pretendían restringirme el paso. Era la primera vez que veía a aquellos hombres, a quienes no dudé en señalar de infiltrados por el régimen para desprestigiar la lucha opositora y hacernos más difícil la vida a quienes nos le oponemos. La violenta reacción de aquellos tipos fue apoyada por algunos vecinos, efectivamente. Pero a los que estaban parados en la esquina, junto a las tablas que habían terciado como alcabala, no volví a verlos. Fue una experiencia muy desagradable y traumática. La revivo cada vez que veo gente apilando piedras para confiscar la libertad de tránsito de los demás. ¿No te gusta? ¡Te la calas! No se evalúa si en verdad tiene un efecto en la lucha por la liberarnos de la dictadura. Mucho menos importa si reproducen en cada cuadra aquello de lo que dicen abominar. Contra Chávez, mil chavecitos. Porque sí, porque ellos los libertadores y no les importa lo que diga la MUD.
Todos hemos visto atropellos cometidos en ese contexto. Pero unos pocos nos plantamos y los denunciamos. En 2014, cuando fui víctima del acoso callejero de infiltrados con respaldo de mis vecinos, hice pública mi indignación y fui objeto de reconvenciones. “No es el momento…”. “No hay que darle argumentos al adversario…”. “La gente tiene que desahogarse…”. Como si la rebelión fuera una tanda de cine, con horario y fecha de estreno. Solo tengo un adversario: aquel que pretenda violar mis derechos. Con la excusa, método, ideología y discurso que sea. Y quien quiera desahogarse, que dé diez paso en retroceso y luego se arroje de cabeza contra un muro, pero que no descargue su ira y sus frustraciones contra los inocentes.
Pero era 2014, año nacional de la antipolítica y los salvadores de la patria. Ahora es distinto. El 16J es un parteaguas. Inauguró la era de la política. Y los políticos tendrán que acogerse a ese mandato. Los líderes tendrán que serlo. Tendrán, pues, que ejercer la pedagogía. Ponerse en la delantera y no en la cola de las masas.
Estos chavecitos de esquina, a quienes oímos maltratar con obscenidades a quienes no se les doblega y los vemos esponjarse cuando un vecino les ruega para que los deje seguir camino al médico, no solo son hijos de la antipolítica desparramada por Chávez y de la soberbia que este impuso como modelo. En realidad, tienen padre y madre. Son hijos de Chávez, de quien aprendieron que el mundo es de los arrechos, de los gritones, de los que se imponen por la fuerza y desconocen el trabajo paciente y la labor de persuasión, pero también son hijos de esa oposición que dio ejemplo de falta de disciplina; de los que salen de las asambleas unitarias a dar declaraciones de signo contrario a lo acordado; de los opositores que fingen unidad porque saben que de otra manera están peinados, pero no la ejercen, no se la creen y no la respetan; de los dirigentes que salen de venados a decir que las guarimbas son “más contundentes” que las acciones concertadas por ellos mismos; de los voceros de oposición que no tienen el guáramo de defender las manifestaciones y permiten que se las iguale con los trancazos; de esa oposición que ha estimulado la desconfianza, porque exhibe sus suspicacias con respecto a sus compañeros en la Unidad, porque no tiene una conducta transparente y de auténtico desprendimiento en aras del beneficio común.
Los chavecitos de esquina encontraron modelo en el chavismo necesitado de galácticos y en la oposición inconsistente, que no termina de comprometerse con la política, con la persistencia, con la resistencia pacífica e inteligente. Unos y otros fantasean secretamente con otro Boves. Los chavecitos lo saben y ahí están, haciendo méritos, levantando barricadas, ¿para cortarle el paso al tirano? No, mijo. A la gente. A una gente que ya tiene dos décadas castigada por las imposiciones abusivas.
La oposición pusilánime ha permitido que logros formidables, como los del 16J y el 20J, sean opacados por la anarquía, por los radicales sueltos de madrina. Y da la impresión de que les tienen miedo a los chavecitos de esquina, porque no vemos que los llamen a capítulo, ni que se deslinden de sus tropelías, ni que desplieguen un mínimo gesto pedagógico dirigido a ellos. En vez de eso, les hacen la corte y los dejan correr.
Por lo menos, después del domingo que revocó a Maduro (aunque el único que lo sabe es él), se abrió el debate en torno a los trancones no convocados por la MUD. Es una discusión, en realidad, en torno a la política, la disciplina y un plan de trabajo serio, sostenible y a largo plazo. Un plan que tranque la vía a los tiranitos que creen que hacen historia porque cierran una calle. Eso sí, en zona opositoras.

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jueves, 20 de julio de 2017

SALIÓ EL SOL

Jose Curiel R.

¡Después de una larga noche empezó a salir el sol! El pueblo de Venezuela en un torrente humano -un tsunami-  salió el 16 de julio a decirle NO a la dictadura comunista y SI a la nueva democracia. Un rechazo rotundo a la constituyente propuesta por Maduro, siguiendo instrucciones de sus jefes cubanos.
Nos mueven múltiples y poderosísimas razones:
*Recuperar la soberanía nacional que está comprometida por la injerencia de poderes extranjeros: rusos, chinos, iraníes y cubanos castro-comunistas que se han apoderado de las riquezas del país.
*Recuperar la libertad y la democracia, cercenadas por las permanentes violaciones a la Constitución Nacional por parte del régimen.
* Recuperar la libre elección a punto de ser abolida por el intento constituyente, instaurando un régimen fascista-comunista que niega el voto a los ciudadanos en general y los concentra en organismos intermedios, tales como las comunas, designados desde el poder central.
*Defender los derechos humanos violentados permanentemente por la represión, las cárceles y las torturas que el gobierno practica así como por el hambre y las enfermedades, que el gobierno insensible pretende ignorar.
* Eliminar el tráfico de drogas y la corrupción. Bajo el régimen de Chávez-Maduro nuestro país se ha convertido en puente hacia otros países del 20% de la cocaína producida en Colombia, con participación activa, se señala, de altísimos personajes de esta administración.
*Evitar que Venezuela se siga convirtiendo en centro de propagación del marxismo en el continente, financiado con recursos que el gobierno le niega al pueblo, pudiendo establecerse aquí bases militares de naciones comunistas que serían amenaza para otros países del área.
*Por último, pero no de último, lograr la reconstrucción moral y material del país, que ha sido destruido económica, social y políticamente.
La próxima administración democrática debe sacar a Venezuela de la terapia intensiva en que se encuentra, ponerla a caminar y posteriormente a correr. La nación cuenta con múltiples recursos, entre otros, petróleo, minería y posibilidades agrícolas e industriales que pueden ser desarrollados con el valioso personal que hay en nuestro territorio, así como con la colaboración del múltiple talento de compatriotas que han emigrado y que esperamos podrán regresar.
¿QUÉ HACER?
La Mesa de la Unidad Democrática y otras instituciones nacionales y extranjeras han preparado muy valiosos diagnósticos y recomendaciones importantes para tal propósito que hay que aplicar.
El punto está en la urgencia del caso. La nueva administración se encontrará con un país devastado. ¿Qué va a hacer el próximo presidente al no más encargarse? Debe tener clara una hoja de ruta. Unas prioridades, urgentes no, URGENTÍSIMAS, para evitar un caos y pueda peligrar la estabilidad del gobierno.
Me permito señalar algunas:
*¿Cómo pagar a los millones de empleados públicos si el gobierno de Maduro deja las arcas vacías? Deben preverse medidas de emergencia.
*Debe tenerse listo un plan de emergencia de alimentos y medicamentos, aceptando de inmediato la ayuda humanitaria que han ofrecido diversos países e instituciones. En las escuelas garantizar el suministro de al menos el almuerzo a los estudiantes.
*Debe aplicarse un plan de emergencia de empleo rápido, en particular de reparaciones de hospitales, escuelas y vías.
*Disminuir al máximo los regalos petroleros para dedicar esos recursos a las necesidades más urgentes.
*Plan inmediato de desarme de los grupos irregulares y paramilitares.
*Bloquear el uso de celulares en las cárceles e instalar teléfonos públicos controlados.
Y así podemos señalar algunas más.
Lo importante es tener claro lo que hay que hacer de inmediato y hacerlo.
¡Dios mediante pronto brillará el sol en lo alto del cielo!


JOSE CURIEL R     

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HORAS CRUCIALES
CARMEN BEATRIZ FERNANDEZ
El domingo la oposición venezolana logró una consulta popular de gran visibilidad nacional e internacional. Fue un proceso admirable que demostró capacidad logística, compromiso democrático, y una valentía ciudadana que raya en el heroísmo. Se convocó y organizó en menos de un mes y participaron 7,5 millones de venezolanos, incluyendo unos 700 mil ubicados en el exterior. Sin tiempo, sin recursos, sin apenas medios de comunicación. No contó con el arbitraje y capacidad organizativa de la institución electoral ni tampoco con la custodia de la Fuerzas Armadas Nacionales, aspecto éste que demuestra que ambas son prescindibles en la organización de un evento electoral nacional. Tampoco fue una elección propiamente dicha, y hacía visible para quienes participaron, que el ser opositor al régimen, en Venezuela entraña riesgos.
Es claro que el gobierno trató de obstaculizar e invisibilizar la convocatoria, y que una vez ocurrida viene tratando de desprestigiarla e invalidarla. Sin embargo, la consulta tuvo un enorme valor simbólico y los símbolos en política son los elementos más poderosos, los grandes articuladores de la narrativa política.
Y en esa competencia entre narrativas el gobierno ha perdido: millones de venezolanos salieron a expresar su protesta pacífica y democráticamente. El domingo hubo un acto de desobediencia ciudadana que clamó y visibilizó las demandas por el retorno a la democracia. El relato que se ha tratado de articular desde el gobierno desde que iniciaron las protestas hace más de 100 días, es el de definirlas como violentas y focalizadas, minoritarias y alejadas del sentir mayoritario de la población. Esa narrativa cuenta con el apoyo de toda la batería comunicacional al servicio del gobierno, incluyendo en los planos internacionales la de TeleSur y Rusia Today. Ese relato busca categorizar a quienes protestan como terroristas y allanar caminos para un desenlace a lo Siria.
El relato alternativo de la oposición es que la protesta es pacífica, constitucional y clama por un desenlace electoral. Esa ha sido la clara línea de la Unidad, y ha contado a su favor con la visibilización de las muchas demostraciones de protestas pacíficas, así como las más amplias y variadas manifestaciones musicales y culturales en general. En Venezuela están dadas todas las condiciones para la rebelión social y si ella hasta la fecha no ha sido más violenta es sólo por el carácter profundamente democrático de un pueblo que ha vivido bajo democracia durante más de dos generaciones.
Siempre se ha pensado que quien tiene necesidades de existencia no puede darse el lujo de tener necesidades existenciales. Sin embargo en los más de 100 días de protesta que van en Venezuela coinciden ambas cosas. La rebelión popular que se vive en el país tiene que ver con la lucha por la propia existencia, pero también con la lucha por los valores democráticos y el régimen de libertades que el gobierno de Nicolás Maduro ha venido confiscando día a día. La lucha por la existencia es literal: en el país hubo 70 homicidios por cada cien mil habitantes el año pasado (el promedio del mundo es de 7 y el de las Américas, como un todo, de 15). Pero además una hiperinflación que es récord mundial, y que ya va por su quinto año consecutivo siéndolo, alcanza el 700% anual, y el desabastecimiento en fármacos básicos alcanza el 85% del mercado. Son sólo tres de los indicadores que hablan de la dura lucha por la existencia que libran a diario los venezolanos.
Erica Chenoweth, académica de la Universidad de Denver, lleva un registro histórico de la resistencia civil en el siglo XX y es activista de la lucha no violenta en el siglo XXI. Identifica como un patrón la “regla del 3,5%”, la noción según la cual ningún gobierno ha podido soportar un desafío de más del 3,5% de su población movilizada sin acometer cambios profundos o desintegrarse. Pues bien, se calcula que en las protestas venezolanas más de 4 millones de venezolanos han salido a las calles a protestar en estos 100 días, representando casi un 20% de la población (Datanálisis, junio 2017). Y en el acto de este pasado domingo la protesta casi se duplicó, cuantitativamente hablando.
¿Qué pasará a partir de aquí? Está por verse. En gran medida el desenlace dependerá de lo que ocurra en el plano internacional. La comunidad internacional parece haber entendido la oportunidad del momento. La tiranización de Venezuela, por un régimen forajido sentado sobre las reservas de crudo más grandes del planeta, implica un riesgo geopolítico global real.
Venezuela está sentada sobre una bomba de tiempo, unas condiciones de vida infrahumanas afectan a más del 80% de su población, y está un default económico en puertas. La situación humanitaria puede aún empeorar. El vecino colombiano Juan Manuel Santos así lo ha entendido, y teme al impacto que ello tendrá sobre su propio país, pues una frontera viva de 2.200 kilómetros hace imparable una migración muy masiva si no aparecen soluciones urgentes. Ayer hizo un llamado a detener la convocatoria de Maduro a la Constituyente. Lo hizo, además, apenas regresando de un viaje a Cuba donde se habría encontrado con Raúl Castro. Por su parte, también ayer, Donald Trump amenazó con sanciones de proseguir el camino de la constituyente. Y la Unión Europea hizo lo propio.
Enrique Krauze ha propuesto una “salida sin precedentes” con la intervención de la comunidad internacional, inspirada en la llamada doctrina Betancourt formulada en 1959:
“Regímenes que no respeten los derechos humanos, que conculquen las libertades de sus ciudadanos y los tiranicen con respaldo de las políticas totalitarias, deben ser sometidos a riguroso cordón sanitario y erradicados mediante la acción pacífica colectiva de la comunidad jurídica internacional”.
Plantea una alianza entre Europa, América Latina y El Vaticano que permita una intervención en la situación venezolana. “Un cordón sanitario –diplomático, financiero, comercial, político– al régimen forajido de Maduro, persuadir al papa Francisco de ser más agresivo en este esfuerzo y presionar juntos a Raúl Castro para aceptar la salida democrática: cese a la represión, elecciones inmediatas, respeto a las instituciones, libertad a los presos políticos”.
Por su parte el presidente peruano Pedro Pablo Kuczysnki ha planteado una solución más americanista, con la mediación del presidente canadiente Justin Trudeau como fiel de la balanza y un trío de países escogido por cada una de las partes, que apunte a una negociación que arroje un desenlace electoral.
Contra todo pronóstico Nicolás Maduro y su gobierno vienen aguantando y podrían seguir empecinados en la convocatoria “constituyente”, aún a sangre y fuego. Se aferran a la represión como instrumento de sobrevivencia. Lo que hay detrás de este apego al poder es la convicción de no tener salidas alternativas. Varios altos cargos gubernamentales tienen serias cuentas pendientes en materia de narcotráfico y derechos humanos. La tiranización de la sociedad es en parte consecuencia de la construcción de un Estado forajido. Si bien es cierto que la represión aún no alcanza niveles masivos ni tan desmedidos como los de otras dictaduras de la historia, el régimen va claramente encaminado a ello. Con más de 90 muertos en las protestas, más de 400 presos políticos y más de 3000 procesos legales abiertos contra opositores, podríamos decir que se aplica aún la “represión al por menor”; sin embargo, el gobierno avanza hacia la hechura de una Constitución a la medida, prevista a través de un fraudulento “proceso constituyente” que secuestra el derecho a voto universal y directo, y que planea avanzar en la confiscación de libertades fundamentales. El proceso plebiscitario del domingo ha dejado al desnudo el carácter conflictivo e impopular de esa “Constituyente”, que merece ir entre comillas porque cualquier constitución implica un arreglo mínimo de convivencia y consenso social, del que ésta carece.
En el zigzagueante camino hacia la dictadura constitucional, Leopoldo López, el preso político más emblemático, ha sido beneficiado con una medida de “casa por cárcel”. La medida apunta a aligerar presiones nacionales e internacionales, y también a agrietar la unidad opositora. No debe confundirse con una señal de renovado afecto humanitario por parte del gobierno, pues se contabilizan 15 nuevos presos políticos, que han entrado a prisión desde que López fuera liberado la semana pasada, en lo que activistas de derechos humanos han denominado “la puerta giratoria de la represión”.
En Venezuela se juegan los valores democráticos del continente americano y son las próximas horas muy relevantes para escribir el futuro.

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16J DEMOCRÁTICO VS CONSTITUYENTE ESPERPÉNTICA

          EMILIO NOUEL V.

Se puede palpar, sin mucho esfuerzo, la dimensión histórica descomunal de la consulta popular que tuvo lugar el 16J en Venezuela. Propios y extraños lo reconocen.
Este evento político no tiene parangón, por lo original, inusitado. Los venezolanos fuimos,  al mismo tiempo, privilegiados actores y espectadores, de este hecho inédito, cuyo fundamento, justificación y valor superior son eminentemente políticos, más allá de lo numérico, que también fue excepcional.
El resultado exitoso alcanzado es el fruto de una iniciativa puesta en práctica por una dirigencia política y social que ha venido dejando la piel ante un entorno hostil y desfavorable. Partidos y sociedad civil, en virtuosa comandita, actuaron en función del interés de toda la Nación.
El extraordinario número de personas movilizadas, siendo un enorme logro, es menor al  positivo efecto cualitativo en términos de moralización y autoestima de las fuerzas democráticas. El ADN libertario del venezolano, de nuevo, se manifestó sin ambages, categórico, derrotando los obstáculos, la propaganda engañosa y las amenazas lanzadas desde el gobierno.  
La dictadura militar-cívica ha recibido un varapalo contundente. Alrededor de  7 millones y medio de ciudadanos rechazan no solo su ejecutoria autoritaria y desastrosa, sino también sus intenciones de perpetuarse en el poder.
No hicieron falta ni milicos ni ley seca, ni siquiera el arbitrario y sumiso mamarracho que es el CNE, para que la mayoría democrática del pueblo venezolano se pronunciara contra el gobierno militar-cívico.
El 16J el pueblo se expresó también por la constitución de un nuevo gobierno de transición o de unidad nacional que nos saque del calamitoso y destructor que nos agobia.
Los lineamientos (COMPROMISO DE GOBERNABILIDAD) que seguiría ese nuevo gobierno los presentó la MUD ya, en el marco de la agenda de lucha que está en curso.
 Pero lo más importante es que una millonada de ciudadanos se oponen a la inconsulta e inconstitucional constituyente convocada, que, además, se preanuncia esperpéntica, si nos atenemos a los candidatos que se promocionan con los dineros de todos a través de los medios.
Sí, de instalarse tal asamblea, tal adefesio, estaría conformado por freakys, ignorantes, ágrafos, cuando no, farsantes y/o delincuentes. Esa Corte de los Milagros sólo podría producir un despropósito mayor, que nos hundiría  más en el caos y la miseria.
El 16J, un aplastante número de venezolanos dejamos en claro que es con mecanismos democráticos y pacíficos que deseamos corregir el mal rumbo que ha seguido el país durante 18 años.  Que aspiramos a un gobierno que reconstruya a la Nación y lo encamine por senderos de prosperidad para todos.
El señor Almagro de la OEA, muy bien lo señala en su Tercer Informe sobre la crisis venezolana, presentado esta semana:
“La Consulta realizada representa un verdadero ejemplo de vocación cívica y de democracia directa ejercida por los venezolanos a pesar de los crímenes de la represión del Estado. El pueblo se expresó a favor de recuperar sus libertades fundamentales y el Estado de derecho. Dio, además, una profunda lección a gobernantes y oposición; está en manos del pueblo encontrar los caminos que saquen a Venezuela de la crisis política, social y económica en la que se encuentra”.
En efecto, nuestro pueblo habló y expresó su disposición a resolver la crisis por mecanismos civilizados. Sólo aspiramos a que en el mundo se produzca una acción concertada, firme y eficaz, que termine de doblar el brazo a un gobierno tiránico, obligándolo a negociar los términos de un arreglo que ponga fin a tanto infortunio, infelicidad y muerte en nuestro país. Ojalá los últimos movimientos que se están dando en el seno de la comunidad internacional nos conduzcan a buen puerto.


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COMPROMISO DE GOBERNABILIDAD

TRINO MARQUEZ

Si la Mesa de la Unidad Democrática fue capaz de organizar un evento tan extraordinario en tan pocos días y con escasos recursos, como la consulta popular del 16 de julio, también está preparada para conducir la reconstrucción nacional en todos los órdenes. El 16-J ha sido, desde el Firmazo y el Reafirmazo, a comienzos de la década pasada, la manifestación de rebeldía y desobediencia civil, nacional e internacional, más impactante expresada por la sociedad venezolana a lo largo de la historia contemporánea. Comparable con los actos de Solidaridad en Polonia, durante el régimen comunista, y con el movimiento de los negros en defensa de sus derechos civiles en los momentos álgidos del racismo en Norteamérica. La claridad y determinación de los dirigentes de la MUD, junto a la mística y disciplina de los voluntarios, permitieron materializar un proyecto que al comienzo parecía quimérico.
        El plebiscito ha sido leído con perfecta claridad por la comunidad internacional. La Unión Europea, los Estados Unidos, los gobiernos latinoamericanos y de diversas regiones del mundo, han entendido que la constituyente madurista es un fraude inaceptable a la voluntad de la inmensa mayoría de los venezolanos y le han pedido al gobierno que la retire. Esta glamorosa victoria contrasta con el sonoro fracaso del simulacro organizado por el gobierno -y su aliado incondicional, el CNE- para promover la constituyente comunal.
        El domingo 16-J quedó claro que el pueblo no acepta una constituyente que se convoque a sus espaldas, que desea que la grave crisis nacional se resuelva a través de elecciones populares, que condena la violencia gubernamental y propicia una fórmula de entendimiento entre el oficialismo y el gobierno para hacer posible la resolución pacífica del conflicto. El pueblo, en nombre del principio de la soberanía popular establecido en la Constitución de 1999, le ordenó a Maduro acatar la voluntad de la gente y, en consecuencia, suspender el llamado a la Asamblea Nacional Constituyente. De esa orden debería tomar debida nota la Fuerza Armada, institución vertical y monolítica, concebida para someterse a los dictámenes emanados del soberano, en este caso el pueblo.
        El otro mandato que partió de las urnas va dirigido a la MUD: hasta que el pueblo decida cambiarla, la única Constitución vigente es la del 99. El Estado que aparece diseñado en sus artículos es el único legítimo. Lo diputados actuales representan la expresión de la voluntad del pueblo y esa representación no puede ser conculcada por unos forasteros usurpadores. Todos los funcionarios, incluidos los militares, están obligados a cumplir la Carta Fundamental.
        El Compromiso de Gobernabilidad propuesto por la MUD se inscribe en ese propósito de recuperar el hilo constitucional trazado en la Carta del 99. Los temas tratados son los fundamentales para restablecer los equilibrios institucionales básicos y crear la confianza indispensable para comenzar a recuperar la nación, tan maltrecha por los estragos causados por los rojos. Los destinatarios fundamentales de ese mensaje son los ciudadanos acosados por tantas incertidumbres frente al futuro, los militares, el chavismo disidente y la comunidad internacional.  En el mensaje queda claro que la salida de Maduro de Miraflores  no será un salto al vacío, ni se correrá el riesgo de que el país entre en un período de mayor inestabilidad y violencia. El acuerdo convoca a la nación entera, sin exclusiones odiosas, a enfrentar el reto de rehacer la nación. Deja sin argumentos a quienes de forma machacosa insisten en que la gente no apoya a la oposición democrática porque no la ve como alternativa de poder, ni sabe qué ocurrirá una vez el madurismo sea desplazado, pues no se ve una proposición concreta y confiable. Bueno, pues allí está cubierta esa exigencia.
        Lo que falta para darle credibilidad al Compromiso y consolidar la plataforma de cambio, es cohesionar  el mando. La MUD debe ser el eje del proceso de resistencia, combate y transformación. Tiene que haber un mando unificado, con planes y acciones que respondan a una línea común en esta etapa tan dura. Las acciones intempestivas, espontáneas, cuando son violentas o confrontacionales, causan daño. No es verdad que cada quien debe protestar como se le ocurra. En sociología y en teoría política rige un principio esencial: el todo no está en las partes. Los hechos sociales no surgen de la sumatoria de acciones individuales, sino de la forma específica en la que esas acciones se combinan. Nada de rendirle culto al espontaneísmo o a la anarquía. Así como la MUD puede equivocarse y, en consecuencia, habría que criticarla, la sociedad civil puede hacerlo. Los líderes de la MUD deben demostrar coraje suficiente para unificar la dirección y cuestionar las acciones erráticas que conspiren contra el propósito fundamental: resolver al menor costo posible la enorme crisis nacional.

        @trinomarquezc

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miércoles, 19 de julio de 2017

EL ABC DEL COMPROMISO PARA EL 
GOBIERNO UNITARIO DE 
GOBERNABILIDAD DE LA MUD 
LAURA WEFFER
EFECTO COCUYO
“Cuando un país se decide a cambiar, no hay fuerza que pueda detenerlo. Por tanto, el cambio político en
 Venezuela no sólo es indetenible sino inminente”, así comienza el documento publicado hoy por la 
Unidad Democrática (MUD) y que fue titulado, “Compromiso Unitario para la Gobernabilidad”.
Es un plan de ruta con los puntos que consideran más urgentes y que implementarían
una vez que alcancen el poder político:
-El próximo gobierno tendrá la justicia social como prioridad. Hará caso omiso del modelo
político enfocado en la ideología y “tendrá a los venezolanos más desfavorecidos y vulnerables
como objetivo central”.
-El primer paso que darán es la aplicación de un Plan de Atención Inmediata a la Crisis
Humanitaria, con énfasis en alimentación (abastecimiento y precios) y salud
(medicamentos y atención).
-Asimismo ofrecen un plan inmediato para abordar la grave crisis de inseguridad que
incluye:  depuración y saneamiento de los cuerpos policiales (incluida la Guardia Nacional
Bolivariana); la justa remuneración y equipamiento de sus efectivos; el desarme y
desarticulación de los grupos paramilitares.
-Se comprometen a la unidad y a aplicar un Programa Común de Unidad Nacional
“como indispensable y como condición necesaria tanto para el logro del cambio político
como para la viabilidad, estabilidad y gobernabilidad de los próximos gobiernos”.
-Ofrecen la conformación de un Gran Frente Social “donde estarán presentes todos los
sectores del país, incluso los que hoy adversan la necesidad de cambio, siempre y cuando
lo hayan hecho en el marco de la ley, el respeto de los derechos humanos y el resguardo
del patrimonio de la Nación y su Estado”.
-Ratifican su estrategia civil, constitucional, democrática, electoral y pacífica. Enfatizan
que el próximo gobierno será de naturaleza civil; aunque también aseguran que trabajarán
para “la recuperación del prestigio, independencia e institucionalidad de la Fuerza Armada
Nacional” y en la incorporación de sus funcionarios “para el rescate nacional”.
-Una vez logrado el cambio de gobierno, aseguran la gobernabilidad con un plan  diseñado a
través de una amplia consulta nacional.
-El Plan incluye la definición consensuada de un Programa Común que distingue las siguientes
etapas: (1) Atención de la emergencia social; (2) Estabilización del país bajo el criterio de un
nuevo modelo social y económico; y (3)  Ejecución de las reformas necesarias para que el
país entre en la modernidad.
-Garantizan que no habrá discriminación por ideología u origen partidista y que no aceptará
entre sus filas la hegemonía de ninguno de los factores.
-Para escoger al candidato de la Unidad en el próximo gobierno, se realizarán elecciones
primarias nacionales. Y una vez escogido, esta persona renunciará a su derecho a la
reelección inmediata.
-Explican que los” titulares de los poderes públicos que hayan sido escogidos de manera
legal y constitucional, les será debidamente respetado el tiempo que les corresponda
seguir en funciones y serán convocados, como el resto de los ciudadanos, a contribuir
 con la noble tarea de reconstrucción nacional”. Igualmente ocurrirá con los gobiernos
regionales y locales e instancias de participación comunitaria.
-Sin embargo, los funcionarios  que hayan cometido graves violaciones o delitos contra
los venezolanos o contra la Constitución o que hayan “obstaculizado de manera ilegal
el derecho ciudadano a expresarse libremente en elecciones, la Asamblea Nacional
procederá a iniciar su proceso de destitución y nombramiento de sus reemplazantes”.
Por último hacen un llamado para que los ciudadanos que se sientan llamados o
identificados con esta propuesta se adhieran a ella.

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DIPUTADOS DE LA UNIDAD DEMOCRÁTICA PRESENTAN ACUERDO DE GOBERNABILIDAD

 LA PATILLA

                       

La Mesa de la Unidad Democrática anuncia el primer paso para un acuerdo de gobernabilidad para un gobierno de Unidad, el cual fue anunciado por el vocero de la oposición y primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, Freddy Guevara.
Ángel Oropeza fue el vocero de la Unidad quien dio inicio a la presentación. Aseguró que “no basta con pedir cambios para el país. Por eso vamos a presentar cómo funcionará el próximo gobierno que llegue al país”.
Acto seguido le cedió la palabra al diputado por Acción Democrática (AD), Henry Ramos Allup, quien dio lectura al documento.
“Todo cuanto tiene este documento está basado en la consulta popular del pasado 16 de julio. El próximo viernes, la AN elegirá a los magistrados del TSJ en un acto único que será anunciado por la directiva. El sábado se dará respaldo a esta decisión”, indicó entre las primeras acciones.
Expresó  que “este documento fue producto de muchas horas de trabajo y consulta con muchos sectores importantes del país, para un gobierno participativo, democrático”.
“El documento ha sido titulado ‘Compromiso unitario para la gobernabilidad’ porque el cambio político no sólo es indetenible sino inminente”.
Aseveró que el documento de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) estará basado en varios puntos de interés nacional, entre ellos:” atención a la crisis humanitaria y se procederá de inmediato a plan efectivo de ataque a la delincuencia desatada, seguridad con saneamiento de cuerpos policiales como la GNB, desarme de grupos armados del régimen”, entre otros puntos.
“El próximo presidente debe renunciar a la reelección inmediata, de naturaleza civil”, agregó e insistió en el compromiso de hacer cumplir la Constitución basados en el artículo 328, así como también “a la recuperación del prestigio, independencia e institucionalidad de la FAN como instrumento neutral al servicio de todos los venezolanos”.
“La Unidad reitera su compromiso sagrado de respetar a quienes piensen políticamente distinto. Nunca habrá retaliación política o persecución a quienes militen en partidos políticos distintos al del gobierno de unidad”, recalcó.
“Hacemos un llamado a los venezolanos comprometidos con el desarrollo del país para que adhieran a este compromiso unitario para el progreso de la nación”, finalizó.
Este documento fue firmado por todos los partidos que conforman la Unidad Democrática: Primero Justicia, Voluntad Popular, Vente Venezuela, Un Nuevo Tiempo, Acción Democrática, Movimiento Progresista, Avanzada Progresista, entre otros.
El enlace al documento:

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VENEZUELA: EL BOSQUE AVANZA
IBSEN MARTINEZ
El domingo pasado fuimos a votar por el sí en el centro electoral de la calle 125B, al norte de Bogotá. La multitud que se congregó allí, al igual que la que votó en la Plaza de Bolívar, dejó ver cuán grande es la comunidad venezolana opositora residente en Colombia.
Aunque la consulta no pudo realizarse en Medellín y Barranquilla (populosas ciudades donde es también muy notoria la presencia de emigrantes venezolanos), y se redujo a la capital colombiana y a Chía, un municipio de la Sabana de Bogotá, la participación habló inequívocamente del enorme predicamento del que goza hoy la MUD entre el electorado venezolano, dentro y fuera del país.
Según cifras del Movimiento Libertador, la agrupación opositora que, exitosamente y en poco más de 15 días, organizó aquí el referéndum, alrededor de 30.000 venezolanos expresaron su rechazo a la fraudulenta elección de una Asamblea Constituyente convocada por Maduro para el 30 de julio. En las pasadas presidenciales venezolanas tan solo 3.000 ciudadanos venezolanos votaron en Bogotá.
Todos los que votaron esta vez lo hicieron atendiendo exclusivamente a llamados difundidos por las redes sociales. Así ocurrió también en toda Venezuela y en más de cien lugares del mundo donde viven venezolanos que optaron por emigrar.
Muchos observadores de la escena venezolana habían señalado unánimemente que la consulta, desconocedora del obsecuente colegio electoral venezolano, sería por ello no vinculante para Nicolás Maduro.
Esto pudo ser cierto, pero solo en la medida en que ningún resultado electoral adverso ha sido jamás vinculante para el trapacero régimen chavista. Pensaban los analistas, con razón, que no sería la primera vez que el chavismo desconociese un mandato electoral para seguir con vida.
Ahora, sin embargo, se advierte el enorme significado político que entrañan los resultados de la consulta del 16 de julio.
En una columna anterior señalábamos que entre las mejores virtudes de la convocatoria opositora estaba la de haberle roto sorpresivamente el servicio a Nicolás Maduro, luego de cien días de protestas pacíficas y casi otras tantas víctimas fatales de la violencia desatada por el sanguinario aspirante a dictador.
En efecto, así ha resultado, y hoy el desconcierto cunde en la cleptócrata oligarquía chavista. La oposición ha asestado un golpe decisivo que, sin lugar a dudas, precipitará en el futuro inmediato la disolución del régimen de Maduro.
Quizá la historia contemporánea del continente esté discurriendo demasiado rápidamente como para tomar nota de que el régimen dictatorial que propició Hugo Chávez va a ser derrotado por la creatividad política demostrada por los líderes demócratas, apoyada vivamente por la gran mayoría de los venezolanos, y no por la fuerza de las armas.
Resulta irónico que sea precisamente un referéndum, la provisión constitucional impuesta por Hugo Chávez como arma absoluta de la “democracia directa”, lo que haya nutrido la inteligentísima estrategia opositora venezolana: darle una precisa forma electoral y pacífica al derecho a la rebelión consagrado en el artículo 350 de la misma Constitución refrendaria que Chávez se hizo aprobar un día antes de comenzar a violarla.
Los resultados de la consulta, “no vinculantes” para Maduro, sí lo han sido para el resto del mundo. Ellos testimonian que la MUD no solo representa y dirige a la masa opositora, sino que tiene la musculatura organizativa capaz de derrotar la intimidación y la violencia, y conducir el rechazo a la Constituyente dictatorial.
Después del 16 de julio, el derecho a la rebelión ha cobrado forma electoral. Convocar a una huelga general que preludie el exilio de Maduro y un Gobierno de unidad nacional que convoque a elecciones generales no luce hoy en absoluto descabellado.

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Una Venezuela democrática para todos



Gustavo Dudamel

El País

Son días cruciales para el presente y futuro de Venezuela. Mi país vive momentos oscuros y complicados, recorriendo un peligroso camino que nos lleva inevitablemente a la ruptura de nuestras más profundas tradiciones republicanas.
Nos encontramos en una bifurcación de tal importancia que todos los ciudadanos tenemos el deber de hacer aquello que esté a nuestro alcance para superar la situación actual. Al igual que muchos otros venezolanos, me siento en la obligación personal de ayudar en la más importante tarea del presente: defender los valores democráticos fundamentales, evitando así que la sangre de nuestros compatriotas continúe siendo derramada.
Como director de orquesta, he aprendido que nuestra sociedad, al igual que una orquesta sinfónica, está formada por un gran número de personas, todas ellas diferentes, singulares e irreductibles; todas ellas con sus propias ideas, convicciones y visiones del mundo. Esta maravillosa diversidad conlleva a que en la política, al igual que en la música, no existan las verdades absolutas y que para prosperar como sociedades –al igual que para alcanzar la excelencia musical– debamos crear un marco de referencia común en el que todas las individualidades se sientan incluidas más allá de sus diferencias. Un marco de referencia que contribuya a evitar el ruido y la cacofonía del desencuentro, permitiendo afinar un acuerdo que, desde la pluralidad y las divergencias, logre alcanzar una armonía política y social.
Desde esta fe inquebrantable en el respeto a la diversidad humana, siento la necesidad y la obligación como ciudadano venezolano de manifestarme en contra de las elecciones para conformar una Asamblea Nacional Constituyente en los términos en que fueron convocadas por el Gobierno de Venezuela para el próximo 30 de julio.
La forma en que las autoridades de mi país han llevado adelante esta medida no hace más que avivar el conflicto nacional antes que solucionarlo. Nuestro marco constitucional vigente no ha sido respetado. A pesar de los eventos del pasado domingo, en los que millones de mis compatriotas –en Venezuela y en el exterior– expresaron su rechazo a los planes gubernamentales, los venezolanos aún no nos hemos podido manifestar públicamente a través de una consulta popular previa y vinculante. La voluntad del pueblo debe poder expresarse libremente por medio de los canales institucionales establecidos en nuestra constitución nacional.
Pido encarecidamente al Gobierno venezolano que suspenda la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente; pido encarecidamente a todos los líderes políticos sin excepción que cumplan con su responsabilidad como representantes del pueblo venezolano y se encarguen de crear las condiciones necesarias para lograr un nuevo marco de convivencia. Nuestro país necesita urgentemente sentar las bases de un orden democrático que garantice la paz social, la seguridad, el bienestar y el futuro próspero de nuestros niños, niñas y jóvenes.
No puede haber dos constituciones, ni dos procesos electorales, ni dos Asambleas. Venezuela es una sola nación, un solo país en el que cabemos todos y en donde todas las sensibilidades han de participar y expresarse libremente, sin temor a la represalia, la violencia, la inseguridad en las calles y la represión. Buscar la victoria a través de la fuerza y la imposición de las ideas propias es y será siempre una derrota colectiva para Venezuela. La única victoria posible y legítima debe darse a través de las urnas, el diálogo constructivo, la negociación y el más absoluto respeto a las leyes que nos gobiernan.
Pienso en todas las víctimas mortales de estos meses con gran angustia y dolor; no pueden imaginarse lo que me duele mi país. Pero también pienso en algunos de los eventos recientes de mi país como momentos de gran esperanza, como primeros pasos y oportunidades reales de cambio que se abren para Venezuela.
Los venezolanos necesitamos de estos momentos de esperanza para poder recuperar al fin la armonía que tanto anhelamos. Porque tener la voluntad de encontrar soluciones significa generar esperanza, significa creer en un proyecto colectivo, plural e integrador de país, significa creer en un futuro mejor para nuestros hijos. Tener voluntad de encontrar soluciones significa, en última instancia, creer en una Venezuela democrática, pacífica y alineada en la búsqueda de mejores condiciones de vida para todos y todas.
Yo creo en esa Venezuela.
Gustavo Dudamel es director musical de la Filarmónica de Los Ángeles y de la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela y defensor de la música y la educación artística como formas de lograr la armonía social.



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martes, 18 de julio de 2017

REBELIÓN ELECTORAL

CARLOS TABLANTE

Casi ocho millones de voces ciudadanas gritaron con fuerza a través del voto que no quieren a Maduro ni a su falsa constituyente, a la vez que enviaron un claro mensaje: la mayoría aspira a un cambio político urgente en paz, sin más violencia, sin más derramamiento de sangre.
La exitosa Consulta Popular del pasado domingo fue el mayor acto de desobediencia ciudadana que se haya conocido en la historia. Como bien dice Fernando Mires, desde el Solidarnosc de Walesa y el NO chileno, no había habido un acto tan democrático en el mundo.
La comunidad internacional ha sido contundente al exigirle a Maduro que retire la convocatoria de la falsa constituyente.
La fuerza mayoritaria del país debe mantenerse unida y combativa para lograr con la presión de la calle que el régimen del autócrata Maduro entre en el carril constitucional, libere a todos los presos políticos, permita el retorno de los exiliados, cese la persecución a los que piensan distinto, anule las inhabilitaciones políticas, acepte la entrada de la ayuda humanitaria de alimentos y medicinas, respete a la Asamblea Nacional y a la Fiscalía General de la República.
También es necesario que la Fuerza Armada Nacional cumpla su rol legal y no continúe al servicio de los intereses partidistas y personales de la cúpula madurista. Del mismo modo, debemos lograr un CNE y un TSJ equilibrados y al servicio de todos.
Para ello es indispensable mantener la presión ciudadana y, al mismo tiempo, abrir espacios para la negociación política hasta alcanzar un cronograma electoral que permita la realización de otra rebelión de los votos que facilite el inicio a un gobierno de amplitud y unidad nacional para lograr la reconciliación del país, para lo cual no es descartable la realización de una verdadera constituyente con respeto estricto a los artículos 333, 347, 348, 349 y 350 de la Constitución.
Ese nuevo gobierno requiere de acuerdos mínimos entre todos los actores políticos y sociales para llevar adelante una agenda que libere a Venezuela de la dictadura de la corrupción y la saque de la profunda crisis de gobernabilidad y gobernanza que padece en lo político, económico y social.
Debe ser un esfuerzo de todos y para todos, con un liderazgo que actúe con grandeza, desprendimiento y firmeza. Toda reforma económica debe incluir la atención prioritaria a los sectores más necesitados.
Hay que sustituir este modelo fracasado que convirtió al Estado de Derecho en un Estado delincuente. Reformar y re-institucionalizar el Estado supone una reorganización del aparato administrativo con más poder para la gente a través de la descentralización y una economía de producción donde el petróleo sea una palanca, al igual que el denominado arco minero, para transformar materia prima en productos terminados hechos en Venezuela, respetando siempre el medio ambiente, el equilibrio ecológico y los derechos ancestrales de nuestras comunidades indígenas.
Debemos atraer, no solo inversiones sino también tecnología, y sobre todo, recuperar el capital social representado en todo ese talento venezolano convertido hoy en diáspora, que es fundamental para tener emprendimiento, innovación y alcanzar así un desarrollo sostenible y sustentable.
Todo ello supone tener seguridad jurídica en un ambiente de confianza basado en principios fundamentales como la transparencia, la eficiencia y la solidaridad, entre otros.
La clave de la reconstrucción del país es el consenso y el diálogo. Solo así podremos atender la desbordada demanda social que hoy existe. Estamos en una situación de emergencia . Debemos atender la crisis humanitaria, las reformas urgentes del sistema de salud y educacion.
Es fundamental sanear y modernizar el sistema de justicia que incluye la fiscalía, los tribunales, los cuerpos policiales y las penitenciarías, para enfrentar el desbordamiento de la inseguridad personal.
Al mismo tiempo, hay que ejecutar las obras de infraestructura que están pendientes y revisar las expropiaciones y confiscaciones que causaron el desmantelamiento del aparato productivo.
La reestructuración de la deuda externa es fundamental. Cualquier apoyo de organismos multilaterales debe tener como prioridad al ser humano y no el pago de interese a los especuladores financieros, tenedores de los bonos del hambre.
Por todo ello hemos dicho que la salida es por la vía electoral, a través de elecciones democráticas e independientes. Es lo que hemos denominado la rebelión electoral o de los votos, que no significa aplastar al adversario, entre otras razones, porque ello no es ni posible ni deseable. Tendremos que aprender a convivir y a no repetir las desviaciones totalitarias y antidemocráticas que tanto le criticamos a quienes ahora desgobiernan.
Es el momento del ejercicio de un liderazgo responsable. Los dirigentes no pueden actuar solo en base a las encuestas, diciendo lo que la gente quiere escuchar. Muchas veces hay que nadar contra la corriente. Los líderes, como la palabra lo indica, deben liderar como lo ha hecho hasta ahora la mayoría de los jóvenes que hoy representan el nuevo liderazgo y la renovación de la política venezolana.
Mantener la Unidad es indispensable, así como acordar una hoja de ruta cuyos objetivos políticos sean realizables para lograr entre todos la Venezuela que queremos, que seremos y que merecemos.

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