domingo, 24 de septiembre de 2017


 REVOLUCION (CIVICA) PERMANENTE

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                           HECTOR SCHAMIS
“Revolución permanente” es un concepto central en Karl Marx y Friederich Engels. Es la noción según la cual el proletariado debía mantenerse activo para llevar el proceso revolucionario más allá de su fase democrático-burguesa. Fue León Trotsky quien hizo del término el punto medular en su idea de internacionalismo revolucionario, contrapuesta a la concepción de Josef Stalin de limitar la revolución a la Unión Soviética.
Pero no se trata de la historia de la Revolución Rusa. Todo esto porqué si cualquiera de ellos hubiera conocido la Guatemala de los últimos años también habría hablado de una revolución permanente, aunque de naturaleza cívica. Es decir, en favor de la ciudadanía democrática, de los derechos de las personas, de las instituciones independientes del Estado y de la probidad del gobierno.
Se trata, en definitiva, de una revolución contra la corrupción que se prolonga en el tiempo. La misma comenzó en 2006 con un acuerdo de asistencia judicial entre Guatemala y las Naciones Unidas. Así se creó la CICIG (Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala), a cargo de la investigación de importantes casos de violación de derecho.
El caso más renombrado tal vez haya sido el de defraudación fiscal aduanera perpetrada por una organización—denominada “la línea”—que llegaba a lo más alto del poder político. La CICIG y el Ministerio Público demostraron la existencia de una amplia red de importadores-evasores dirigida desde desde la propia oficina de la Vicepresidencia. Ocurre que impunidad y corrupción van de la mano.
Ello produjo movilizaciones populares exigiendo la renuncia de la vicepresidenta Roxana Baldetti y del presidente Otto Pérez Molina. Las protestas fueron pacíficas y cívicas, tan cívicas que los manifestantes barrían la plaza de la Constitución al concluir la jornada…para volver a congregarse en el mismo lugar al día siguiente. Ello durante semanas hasta que Baldetti renunció en mayo de 2015 y Pérez Molina, en septiembre. Ambos están con prisión preventiva bajo cargos de corrupción.
Los eventos de 2015 ocurrieron en plena elección que llevó a Jimmy Morales a la presidencia. Comediante de televisión devenido en político, sus promesas de campaña prácticamente se redujeron a una: no ser corrupto. No fue poca cosa en una región en la cual el crimen captura el Estado con demasiada frecuencia, práctica que garantiza la impunidad.
Claro que la compulsión a la repetición también parece tener lugar en la política. Así es como en enero pasado el hermano y el hijo del presidente Morales fueron acusados de malversación de fondos públicos. Pero luego la CICIG decidió investigar el financiamiento electoral ilícito, incluyendo la campaña presidencial de Morales en 2015. En América Latina, el financiamiento irregular de campañas es un crimen ya casi tipificado con nombre propio: Odebrecht.
El presidente replicó ordenando la expulsión del país del comisionado Iván Velásquez, abogado colombiano a cargo de la CICIG. La medida lo asemeja a su predecesor, Pérez Molina, quien había intentado caducar el mandato de la CICIG. Como entonces, la lucha contra la corrupción volvió a sacar a la sociedad a la calle. Y esta vez además produjo renuncias en el gabinete y un amparo de la Corte de Constitucionalidad invalidando la expulsión de Velásquez.
En su afán de neutralizar a la CICIG, el presidente Morales avanza en la misma, equivocada, dirección que Pérez Molina. Logró aprobar en el Congreso una ley para limitar la imputabilidad en los casos de financiamiento ilegal de campañas y otra para la conmutación de penas asociadas a dicho crimen, un evidente traje a la medida.
El Constitucional también anuló esas leyes y la movilización ciudadana expresó su apoyo una vez más, reflejo ambos de la soledad del presidente y la crisis política en la que habita su gobierno. Y todo ello por no haber aprendido la lección de Pérez Molina y Baldatti, ni las lecciones que vienen de afuera: ante la creciente internacionalización de la corrupción, asimismo se internacionalizan los instrumentos para combatirla.
Guatemala emite un mensaje de esperanza, ético y democrático para toda la región. La sociedad civil señala un camino. Los guatemaltecos de a pie se resisten a ser súbditos, piezas desechables de la maquinaria de la corrupción. Son ciudadanos, reclaman sus derechos, demandan calidad institucional, tienen voz y capacidad de acción colectiva. Han iniciado una verdadera revolución cívica, una revolución que no abandonan, es permanente.
Lo que falta en América Latina es que las élites políticas comiencen a darse cuenta de la realidad. Desafortunadamente, van muy por detrás de las sociedades que supuestamente representan y deberían gobernar. Y ese quizás sea el problema más grave de la democracia.

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REGRESO AL FUTURO

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              CARLOS RAUL HERNANDEZ

EL UNIVERSAL

Nuestros candidatos andan en los altos hornos de la campaña contra una maquinaria poderosa y abusiva, aunque repudiada e impopular. Pero también mordidos en las piernas por el malderrabia de los resistencios y calle-calle, doble ponchados en sus aventuras de estos dos dolorosos años, pero en extremo útiles al gobierno. Debería convocarse un Rosario en Familia para pedir que paren el malentretenimiento, el descrédito abstencionista contra los que se la juegan en serio en barrios y aldeas. 2018 toca el examen final del gobierno y no luce fácil eludirlo. La comunidad internacional está orientada a que haya elección presidencial y sea limpia, a los diálogos dominicanos, y eso intensifica con la cercanía de la dead-line. Desde arranque de los 2000 en la aurora del régimen, cuando se habló de prepararse para las elecciones pautadas entonces, sonó el canto pavoso: “¿esperar?… ¡el país no aguanta más!”.
“¡La solución es ya!” (y vino el calvario: RR contra Chávez, fracaso del paro petrolero y la marchitis, payasadas del 11 de abril, plazaltamira, retiro de candidaturas 2005). A quien invocara el sentido de la realidad, lo execraban “los gerentes” que quebraron empresas, salieron a quebrar la política y siguieron en eso para desventura de sus asesorados, que si no están presos los andan buscando. De no ser por la ominosa participación de la gerencia en la política, el chavismo tal vez sería hoy un recuerdo fastidioso. La locura recomenzó en 2014 y a quienes pedían prepararse y ganar las parlamentarias de 2015, les caía de nuevo el Niágara de frases de rigor, “colaboracionistas”, “con este CNE”, “quieren legitimar…” y nociones extraídas del país de Alicia, donde las distorsiones oníricas de la mente sustituyen la realidad, la reina celebra todos los días su no cumpleaños y los caminos no van a ninguna parte.
Intervención militar democrática
Ante la propuesta de presionar en 2016 por las elecciones regionales, la respuesta de la Reina fue ¡qué gobernadores ni qué niño muerto; vamos al revocatorio!¡Maduro vete ya! Igual soñaron en 2017 las elecciones generales y la intervención militar democrática. Quienes recordaban que el reto era asegurar las elecciones de 2018, que detrás de la prisa se escondía un áspid y una equivocada evaluación política, eran cómplices (hay unas y unos en el congelador, los sacan cada año a meter la pata, y los vuelven a esconder). Los resistencios creían tener la máquina del tiempo para adelantar todo: bastaba la frase mágica y genial: ¡el hambre no espera! y el mundo se desplomaría. En concreto hoy vamos a 2018 en el cuadro de la negociación. Al parecer los calle-calle y la gerencia regresaron del futuro con el DeLorean hecho chatarra y el gobierno sigue hacia la fecha electoral.
No luce tan descabellada la distopía de campamentos de refugiados en la frontera. ¿Aceptarán los vecinos semejante perspectiva? ¿Podría aparecer en Venezuela el nuevo Al-Azhad-Sadam-Fidel-Kim Jon Un-Mugabe, el dictador sanguinario del Estado fallido que desafía al mundo? Quizás pero con un costo social y político tal que la sacaría del cuadro de las naciones civilizadas (del que está de salida). ¿A cambio de qué y para qué cargarían Rusia y China con la responsabilidad de una especie de Somalia en Latinoamérica, cuando dependería de ellos una intervención humanitaria de la ONU? Y no es descartable que no salga de este contexto un Al-Ashad sino otro Milosevich. Por eso es de vida o muerte seguir las conversaciones, que los candidatos asistan si la constituyente los convoca, y no se haga nada que salve al gobierno de su sino.
¡Regresa Isabel!
Resistencios y gobierno llevan 18 años de fracasos, sin el más mínimo pudor, ni siquiera una exigua capacidad de auto reflexión. Desde que comenzó la pesadilla revolucionaria, el desenfreno se hizo modo de vida. Toda revolución impone como paradigma social la falacia y la exageración, contra la democracia cuyo centro político debe ser relativamente sobrio, porque si no lo es y cae en manos de irredentos, se acaba. La tragedia ya asomaba sus fauces y las bielas del sistema traqueaban cuando en el Parlamento de los 90 se exhibían en varas las cabezas cortadas de los “corruptos” sin pruebas, y unos diputados-gladiadores, como el Podemos que amenaza la democracia en España, sin el pudor del saco, ni la hoja de parra de la corbata, paseaban sus propias barrigas exultantes por el Hemiciclo.
Sostienen que El Príncipe de Maquiavelo es realmente Isabel la Católica. Ella según sus palabras no tenía que “decir la verdad sino lo que convenía al Reino”. Churchill utilizaba el humor como navaja y en general los demócratas resaltan las buenas noticias para disimular las malas. A los políticos medios en general la cautela los enseña hablar sin decir, como satirizaba Cantinflas (“¡a ese señor yo ni lo ignoro!”). Al contrario Fidel, Pinochet, el Galáctico convirtieron la inmoderación, “el decir las verdades en la cara”, la carencia de entendimiento, la piratería, la irreverencia, el estilo zumbao y guapetón que cultivan los resistencios y los calle-calle, el extremismo mental y verbal, en el alien de este sistema político. Su imagen de culto con chaqueta de guacamaya tricolor y el librito azul en la mano mientras gritaba “verdades” -generalmente calumnias- nos marcó con yerro candente. 
@CarlosRaulHer

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Ortega Díaz: “Tengo pruebas necesarias para condenar a los culpables"

EL NACIONAL

Las evidencias para que el presidente Nicolás Maduro sea condenado ante la justicia internacional están en poder de la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, aseguró la funcionaria durante una entrevista con Perfil.
“Tengo los expedientes  y pruebas de las investigaciones sobre corrupción que abrimos en el Ministerio Público y todo lo necesario para que un juez imparcial condene a los culpables”, sostuvo Ortega Díaz.
Acerca de los documentos en su poder, indicó que posee declaraciones de testigos y consultas a bancos e instituciones financieras que dan fe sobre delitos de corrupción no solo en Venezuela, sino también con el caso de Odebrecht.
“Las personas que detentan el poder en Venezuela han hecho un negocio de la miseria, el hambre y la enfermedad de nuestro pueblo”, agregó.
Desde que huyó de territorio venezolano, la fiscal visitó países como Colombia y Brasil, al tiempo que prometió introducir denuncias ante la Corte Penal Internacional.



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LA COMISION DE LA VERDAD

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                            GUSTAVO TARRE

Las “comisiones de la verdad” se han convertido en una práctica corriente en países que han vivido períodos de violencia y transiciones democráticas. Buscan afrontar la impunidad, romper el ciclo de violencia y de violación de los derechos humanos y lograr establecer, de manera objetiva e imparcial, qué fue lo que realmente ocurrió en un determinado lapso histórico. Todo ello para propiciar una reconciliación auténtica, basada en recomendaciones de políticas que buscan identificar y atender las causas de los abusos y de las violaciones con el fin de prevenir su futura repetición.
Históricamente, las comisiones de la verdad se han creado durante períodos de cambio político, cuando se derrumban regímenes dictatoriales o con la finalidad de ayudar a la resolución de un conflicto armado. No suele ocurrir que sea el régimen autoritario y represivo el que la promueva.
La característica más importante de una verdadera comisión de la verdad debe ser su absoluta imparcialidad. A estos efectos, sus miembros deben estar totalmente alejados de toda parcialidad o influencia política, así como gozar de una intachable honorabilidad y reputación moral y profesional. Los procedimientos para las investigaciones deben ser absolutamente transparentes y no pretender sustituir a los tribunales de justicia. No les corresponde establecer responsabilidades penales individuales y sus actuaciones solo pueden servir como elementos de juicio para los procesos judiciales
En Venezuela, la mal llamada e ilegítima asamblea nacional constituyente ha creado una “comisión para la verdad, la justicia y la tranquilidad pública”; una suerte de tribunal de inquisición, con amplios poderes de investigación y atribuciones sancionatorias.
Este mamotreto, que desvirtúa la esencia de las comisiones de la verdad, es totalmente inaceptable y merece un rechazo general que aún no ha ocurrido. No olvidamos los muy acertados comentarios del Observatorio Venezolano de la Justicia que dirige la profesora Laura Louza y otras valiosas opiniones de organizaciones no gubernamentales como Transparencia Venezuela que, con legítima indignación, han señalado que más que una comisión de la verdad es una comisión de la venganza que busca perseguir a la oposición política y a quienes se atreven a pensar distinto.
¿Quiénes integran este adefesio? Empecemos por señalar que su presidente es
Delcy Rodríguez. Está integrado por el defensor del pueblo, el fiscal general, tres miembros de la ANC, tres de organizaciones de víctimas de la violencia política 1999-2017, un miembro de una organización venezolana de derechos humanos; dos personas designadas por su “competencia profesional, integridad y ética”, y tres diputados de la Asamblea Nacional en representación de la “derecha”.
Muy correctamente, la Asamblea Nacional se negó a participar en esta parodia. Las más prestigiosas organizaciones de derechos humanos no fueron ni siquiera consultadas y solo las “víctimas” afines al gobierno fueron tomadas en cuenta. En resumen, los 14 miembros de la comisión son militantes o declarados simpatizantes del PSUV.
La presidente de la ANC y de la comisión anunció que esta abordará varias investigaciones, entre ellas: los planes desestabilizadores promovidos por Julio Borges contra el sistema socioeconómico y financiero del país; la violencia y el terror que generaron grupos de choque opositores durante los últimos meses, dirigidos por el diputado Freddy Guevara; y la presunta red de corrupción y extorsión encabezada por la fiscal general Luisa Ortega Díaz y por su esposo. No hay ninguna intención de investigar los asesinatos de cientos de manifestantes ni los miles de heridos en las calles de las ciudades venezolanas, ni la tortura sistemática, ni las detenciones arbitrarias, ni los juicios por tribunales militares, ni el saqueo de los dineros públicos, ni las violaciones de la libertad de expresión.
¿Engaña a alguien esta payasada? No lo creo, pero sí pienso que el repudio a esta manipulación espuria, a este patético mamarracho, debe ser mucho más sonoro y contundente, antes de que empiece a “establecer verdades” y a imponer “la tranquilidad pública”. Nadie con un átomo de respeto por sí mismo puede participar en actividades promovidas o auspiciadas por una comisión de odio y de venganza.
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Se alzó la clase media mundial

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                        MOISES NAIM

¿Qué tiene en común un agricultor de Iowa, un diseñador gráfico de Chile, un jubilado del Reino Unido y un contador en China?  Dos cosas: son miembros de la clase media de su país y están furiosos con sus políticos.
Sus desilusiones están transformando la política y creando sorpresas como la elección de Donald Trump, el Brexit, la defenestración política de presidentes y una ola mundial de protestas callejeras.
En los países ricos donde la clase media se ha perjudicado, los ánimos políticos están caldeados. La globalización, las crisis financieras, la inmigración, la automatización, las desigualdades, los nacionalismos y el racismo abren oportunidades para aventureros de la política que venden como buenas ideas malas.
Y esto no solo sucede en los países ricos. La clase media de países pobres como Brasil, Turquía, Indonesia, China o Chile, comparte las angustias que acosan a sus pares en Norteamérica y Europa. Y también ellos están protestando en las calles y en las urnas electorales.
Esto es paradójico puesto que en las últimas tres décadas cientos de millones de personas en Asia, Latinoamérica y África han salido de la pobreza y forman parte de la clase media más numerosa que jamás ha existido. Pero esta nueva clase media tampoco está contenta.
Estas convulsiones no son nuevas. En 2011 escribí que “la principal causa de los conflictos que se avecinan no serán los choques entre civilizaciones, sino la indignación generada por las expectativas frustradas de una clase media que está en declive en los países ricos y en ascenso en los países pobres”.
“Es inevitable”, escribí, “que algunos políticos de los países desarrollados achaquen el declive económico de su clase media al ascenso de otros países”.  Y descubriremos que el aumento de la prosperidad económica de una sociedad no la protege de la inestabilidad política.
El economista Homi Kharas calcula que hoy 42% de la población mundial pertenece a la clase media y que cada año aumenta en 160 millones de personas. Según Kharas, los mil millones de personas que se van a incorporar a la clase media en los próximos años vivirán, en su inmensa mayoría (¡88%!), en Asia.
Es natural que cuando la clase media crece, también crecen sus expectativas. Sus nuevos integrantes suelen ser más educados y ser más conscientes de sus derechos. Tienen más capacidad de exigir y presionar a sus gobiernos, quienes a menudo no tienen los recursos ni la capacidad institucional para responder adecuadamente a las nuevas demandas.
Muchos de estos países de menores ingresos están empezando a mostrar fisuras similares a las de Estados Unidos y Europa. En los países pobres donde la clase media ha aumentado, la situación política se ha trastocado.  Los partidos y los políticos “de siempre” son crecientemente derrotados por nuevos e improbables políticos.
Hay muchos motivos para que haya este gran descontento en el mundo a pesar de que los niveles de vida están mejorando. Pero sin duda el más fácil acceso a la información es un factor crucial. Las personas mejor informadas son más difíciles de controlar. Cuando miles de millones de personas, solo con tener un teléfono móvil, pueden enterarse de cómo viven los demás, hay muchas más probabilidades de que se sientan insatisfechas con su situación. Las nuevas clases medias aspiran a salarios cada vez más altos, sanidad más barata, mejor educación para sus hijos, igualdad, mejores servicios públicos o libertad de expresión. Pero la “conectividad” más barata y accesible no es el único factor que nutre la inestabilidad política. También cuentan la urbanización, las migraciones, el aumento de las desigualdades e incluso una nueva intolerancia con la corrupción, la autoridad y las jerarquías.
¿Qué va a pasar? Está claro que vamos a seguir viendo grandes cambios impulsados por los miembros de la clase media. En los países ricos, donde los niveles de vida de la clase media se han deteriorado, estas exigirán a sus políticos reivindicaciones y cambios en las reglas imperantes. Los reacomodos políticos serán inevitables y el rechazo al “más de lo mismo” inevitable
Por su parte, las nuevas clases medias de los países de menores ingresos continuarán sacudiendo los sistemas políticos que permitan que siga ensanchándose la brecha entre las expectativas de la gente y la capacidad del gobierno para satisfacerlas. 
Sigamos en twitter @moisesnaim

 


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Cartas sobre la mesa

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                   FERNANDO RODRIGUEZ

EL NACIONAL

El Comandante Eterno nos echó un cuento que comenzaba por allá por los abuelos de Guaicaipuro y terminaba en el cafecito que se tomó esa madrugada. Dos estaciones mayores había en esa larga marcha, si no era una, la vida milagrosa de Bolívar, fundador del socialismo del siglo XXI, y la suya propia, especie de reencarnación de aquella. La prueba tangible de esa transmigración podría ser el retrato del Bolívar mulato. La cháchara era interminable, fastidiosa, mendaz, egolátrica: imposible de digerirla sanamente, solo apta para estómagos de foca. Pero su efecto mayor y más importante era inducir en muchos la sensación de que nuestra historia, charreteras y charreteras de por medio, había logrado que nuestro futuro estuviese ya claramente diseñado: el teniente mandaría por décadas, y, por ende, era seguro que mañana llovería si este lo había dicho. Efímeras ventajas de los déspotas.
Ya sabemos en qué terminó el cómic, peor para todos imposible, cosa que seguramente no presintió jamás Chávez como tampoco que la muerte cercenaría tan temprano su predestinada existencia. Así de sorprendentes y arbitrarias son las decisiones de Zeus las veces que se acuerda de nosotros cuando se lo permiten sus muchos amoríos. Pero mientras existió aquel delirio dominante, la incertidumbre fue solo ocasional para los vestidos de colorado.
Recuerdo el episodio porque los colectivos humanos necesitan de algunos relatos para funcionar socialmente. Y este es mi tema: la oposición, nosotros, no hemos construido nunca uno satisfactorio y funcional: sensato, verosímil, novedoso, breve, racional, impersonal… que en algo trate de explicarnos lo terrible que hemos vivido y vivimos y que nos señale con alguna claridad no lo que va a pasar, cosa imposible, sino lo que queremos que pase y cómo pase. Por supuesto que los opositores han dicho y hecho cosas invalorables, me refiero más concretamente a una especie de concentrado mapa de ruta o quizás a un estilo de procesar los acontecimientos de los días o a un juego de códigos para sincronizarnos con prontitud y claridad, y hasta a alguna simbología rimbombante… una ideología o un lenguaje políticos si se quiere.
Y en cierto modo hay una razón fundamental para esa diferencia: Chávez era uno, el Taita, ningún otro alzaba la voz. Nosotros siempre hemos sido varios, demócratas y distintos, lo cual hace más difícil sincronizar el discurso. (Esto, verbigracia, da lugar a un problema muy concreto y polémico actualmente, el tipo de vocerío de la MUD, o la voz principal a lo Ramón Guillermo Aveledo o la pluralidad en uso. Mas no entremos ahí, por ahora). Pero, en general, de esa pluralidad se derivan lógicamente muchas trabas y evidentemente no solo comunicacionales. También su mayor victoria: una unidad noble, duradera y resistente.
Lo que me interesaría subrayar es que creo que el mayor defecto comunicacional de la MUD ha sido su secretismo, a ratos determinado por el temor a una opinión pública ruidosa y artera pero insignificante. Y esto tiene un escenario inmejorable para ejemplificarlo: el diálogo. Cuánto mal se ha originado por no haber encontrado la manera de nombrar las cosas por su nombre en ese campo. Por no haber enfrentado el desafío de decir la verdad cuando había que hacerlo y no cuando la realidad, como era de esperar, terminó evidenciándola. Un ejemplo que no es único pero sí sonoro: se dialogaba mientras se hablaba de la hora cero, la batalla final, de una muy prolongada y dolorosa jornada de combates callejeros. Lo cual no quiero decir que fuese negativo per se, pero sí desmoralizante para todos aquellos, tantísimos, que creían hacer la historia en el duro macadam cuando se pretendía buscarle salidas en otros lugares sin iluminación pública. Fue duro el despertar y altos los costos. Pero creo, igualmente, que es una lección aprendida y otra voz es la que narra lo que comienza a suceder en tierra dominicana. O camino del 15 de octubre. Las cartas sobre la mesa. “No se dará un solo paso sin que el país conozca los resultados alcanzados”, acaba de decir Borges sobre las negociaciones. Ojalá.
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De la Camorra al Estado malandro

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                     TULIO HERNANDEZ

EL NACIONAL

I
Mirado desde lejos, el pequeño rústico verde descapotado, un Méhari, fabricado por la Citroën a finales de los años sesenta, sugiere algo festivamente juvenil. Pero al acercarnos nos enteramos de que es el testimonio de una tragedia. El 23 de septiembre de 1985, dentro de ese auto fue asesinado por la Camorra Giancarlo Siani, un joven periodista que se atrevía a escribir sobre los horrores de la legendaria organización criminal del sur de Italia.
La exhibición del auto, aparte de un homenaje a Siani, es también un símbolo, un alerta siempre encendido, en relación con las amenazas a las que se enfrentan el buen periodismo y los periodistas en su tarea de detectar la verdad y comunicarla.
La sala-homenaje se ubica dentro del Palacio de las Artes de Nápoles, donde esta semana se celebra Imbavagliati, en italiano, “amordazados”. Un Festival Internacional de Periodismo Civil concebido “para ofrecer a los periodistas que trabajan en naciones donde la censura dictatorial no les permite expresarse libremente, o donde el contexto social es una constante amenaza, un espacio para que cuenten sus historias y las confronten con sus colegas napolitanos”. Es lo que dice la invitación oficial.
II
Desirée Klein, creadora y directora del evento, inicia la instalación explicando que los invitados de este año somos comunicadores de Turquía, Libia, Irán, Egipto, Siria y Venezuela. Entonces comprendo que el país al que pertenezco, internacionalmente ya no juega en democracia sino en las ligas mayores de los gobiernos más autoritarios del planeta. Rusia y Zimbabue estaban en el programa, pero no pudieron llegar.
Escribo esta nota el jueves 21, un día antes de la exposición sobre Venezuela, a mi cargo, en una sesión que bajo el título de Censura del régimen: Venezuela y Turquía, periodistas en el visor compartiré con Fehim Tastekim, un periodista turco perseguido por su gobierno.
Fehim perdió su puesto de trabajo en el diario Radikal de Estambul por la presión que sobre sus directivos ejerció el aparato represivo de Erdogan. Y, por si fuera poco, la policía recogió algunos de sus libros calificándolos de "pruebas de delito", a pesar de que no ha sido condenado en proceso legal alguno. Lo que es una suerte para Fehim. Porque en Turquía en este momento hay alrededor de 140 periodistas presos y en lo que va del mes de septiembre, como lo informa el portal de Reporteros sin Fronteras, se juzgó a 30 periodistas, columnistas y trabajadores del diario Zaman, enfrentado a cargos por “intentar derrocar o interferir en el trabajo de la Asamblea Nacional a través del uso de la violencia o la fuerza”, e “intentar derrocar o interferir en el trabajo del gobierno”.
La mayoría lleva entre doce y catorce meses en prisión provisional y ahora los fiscales oficialistas solicitan para ellos cadena perpetua. En ninguno de los casos la acusación formal incluye datos específicos o directos de su vinculación al golpe de Estado o de incitar a la violencia.
III
Conversando con Fehim le explico que todo lo que él cuenta me resulta, salvo diferencias de grado, absolutamente familiar. En Venezuela, ni siquiera para Leopoldo López, el perseguido mayor del régimen, se piden condenas perpetuas, y el asedio a los medios y los periodistas ha sido más sofisticado pero igual de descarnado que en Turquía.
Centenares han perdido sus empleos por presiones de la cúpula gobernante a los directivos de medios. Numerosos medios han sido clausurados o comprados y neutralizados por el gobierno. Muchos periodistas han sido detenidos sin el debido proceso, otros acosados hasta empujarlos a huir del país. Muchos otros golpeados, acuchillados, robados sus equipos e incendiados sus vehículos por los grupos paramilitares que el gobierno entrena y financia.
Por suerte muchos se han quedado y fundado medios digitales que compensan el secuestro gubernamental de la información. Muchos investigadores han producido libros que registran rigurosamente la expoliación. Diversas organizaciones no gubernamentales hacen seguimiento permanente de las violaciones de la libertad de expresión y comunicación que sirven para acudir a los organismos internacionales de derechos humanos.
Los verdugos de hoy –Villegas, Izarra, Castillo­, Silva– serán estudiados en el futuro en las cátedras de Ética y Periodismo como modelos de la degradación. La tesis se llamará De la Camorra al Estado malandro.
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Mandarines y gobernadores

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    ELIAS PINO ITURRIETA

EL NACIONAL

El vínculo actual de los mandatarios regionales con las jurisdicciones que administran es un hecho reciente y relativamente establecido, si se recuerdan los períodos en los cuales fue una decisión del gobierno central. Desde la fundación de la república, los cargos fundamentales en las provincias que después se denominaron estados fueron una dependencia de la cúpula reinante en la capital, sin que las colectividades sobre las cuales ejercían dominio tomaran parte en un asunto que les concernía de cerca. Conviene recordar esta anomalía, contraria a los principios de participación divulgados en el discurso político desde el siglo XIX, debido a que la proximidad de la elección de gobernadores puede ser una oportunidad para ver cómo hilamos en la breve madeja del nexo entre electores y elegidos que no ha pasado de ser un fenómeno excepcional.
Durante las guerras de Independencia el control de las regiones dependió de la suerte de las batallas, para que el manejo de las comarcas sirviera el designio de deshacerse de los enemigos. Lo mismo sucedió en el tiempo de la Guerra Federal, porque la atmósfera no estaba para ensayos de cohabitación pacífica ni para colocar personas de levita y corbatín en las casas de gobierno. En los plazos pacíficos que siguieron se miró hacia burócratas leales y, si posible, eficientes, siempre que dependieran de las exigencias de sucesivos personalismos. No tuvimos entonces administradores cabales de las regiones, sino representantes de Páez, de los Monagas, de Guzmán y Crespo, una realidad que no reflejaba solamente la potencia de la fuente de la cual manaba el poder, sino también la necesidad de colocar individuos de una confianza sin fisuras en el archipiélago del país incomunicado y levantisco.
La situación llega a extremos escandalosos con Gómez, quien no aplana la topografía con gobernadores dignos de respeto por su apego a la legalidad, sino con un desfile de procónsules que lo representan a título personal como señores de horca y cuchillo. Funcionarios obedientes, capataces de uniforme o vestidos a la moda, pioneros en los negocios del país petrolero y en el trabajo de abarrotar las cárceles, representan el clímax de un centralismo descarnado en el cual apenas habitaban con comodidad los súbditos de las parcelas más obsecuentes, o los más atentos al llamado de la corrupción. Sin llegar a extremos tan groseros, fue el sistema que predominó durante los mandatos del posgomecismo para que los adecos del octubrismo lo criticaran sin animarse a despacharlo.
Pese a sus alharacas sobre el gobierno del pueblo, los revolucionarios de 1945 se opusieron a la elección de gobernadores. La impidieron en la Constituyente con su bosque de manos alzadas, para que Pérez Jiménez continuara la tradición sin remendar las regulaciones. ¿Por qué proponer el tema después de 1958, cuando pocas voces se animaron a sugerirlo? ¿Por qué tentar al demonio de las sorpresas? Debemos esperar hasta 1984 para que el asunto se ventile y concrete. La Comisión Presidencial para la Reforma del Estado, alarmada por el declive del sistema democrático, encuentra una posibilidad de reanimación a través de la elección de los gobernadores. La primera sucede en 1989 e inicia un procedimiento insólito, si calculamos el tiempo durante el cual se mantuvo en hibernación. Pero no significó del todo una valoración de las necesidades de los estados, ni una selección vinculada de veras con los anhelos de los electores, debido a que el centralismo no dejó de estorbarlas; especialmente a partir de la llegada del chavismo, cuando las ansias de dominio de un hombre fuerte y ambicioso prefirieron el retorno de la manera gomecista de dominar el territorio con procónsules maquillados.
El tema necesita mayor profundidad. Ahora solo se ha hecho un viaje apresurado, con el objeto de llamar la atención sobre la trascendencia que pueden tener las elecciones regionales que ya vienen. No solo nos invitan a salir de los mandarines dependientes del dictador, sino también a desarrollar un protagonismo de las regiones que apenas se ha perfilado y sin el cual no puede existir una república cabal. Si cada estado ve por sus intereses desde su estatura para relacionarlos con el destino de la sociedad, los espacios históricamente desestimados pueden ofrecer aportes inimaginables para una mudanza de la vida. Sería útil que los candidatos de la oposición se pasearan por una alternativa tan importante.
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